Zeferino González
Filosofía novísima
§ 19
Crítica de Krause
En nuestro sentir, la concepción filosófica de Krause representa un ensayo de conciliación entre el panteísmo y el teísmo cristiano; y aquí debe buscarse precisamente la causa de su fracaso y de sus errores, porque no podía menos de fracasar una tentativa que tenía por objeto armonizar, fundir y conciliar cosas absolutamente incompatibles e inconciliables. Todos los esfuerzos de Krause y de sus discípulos no lograron ni lograrán jamás llenar el abismo profundo que separa al teísmo cristiano del panteísmo. Porque el teísmo cristiano, que afirma la pluralidad de esencias finitas y su distinción real y substancial de la esencia y existencia de Dios; el teísmo cristiano, que afirma la trascendencia perfecta de Dios y su existencia extramundana; el teísmo cristiano, que afirma que el mundo y todos los seres que contiene, inclusa la materia, comenzaron a existir con el tiempo y no desde la eternidad, y fueron producidos o sacados de la nada, lleva consigo la negación radical del panteísmo, cuya tesis entraña la afirmación de una esencia que constituye el fondo esencial de todas las cosas, y fuera de la cual no hay esencia ni substancia alguna que sea otra o distinta de aquella; que afirma la inmanencia de la substancia divina en el mundo; que afirma la eternidad de éste y de la materia, y que niega su producción ex nihilo. Y el sistema de Krause, que contiene todas estas afirmaciones, es un sistema esencialmente panteísta, a pesar de todas sus reclamaciones en contra, de todos sus alardes de panenteísmo y del empeño que pone en emplear fórmulas de locución semejantes a las empleadas por el teísmo cristiano para significar las relaciones entre el mundo y Dios.
El mundo, dice el krausismo, no está fuera de Dios, sino en Dios; no existe al lado de Dios, sino bajo Dios; no existe por sí mismo, sino por Dios{1}, y el mundo se compara a Dios como el efecto a la causa, como la parte al todo, como la criatura al creador, lo cual coincide con la doctrina del teísmo cristiano. Por de pronto, el teísmo cristiano no admite que el mundo se refiera o se compare a Dios como la parte al todo,
a) Ya porque para el teísmo cristiano, Dios es quid simplicissimum, que excluye toda composición de partes, aun metafísicas;
b) Ya porque la substancia del mundo es absolutamente distinta y diferente de la substancia divina;
c) Ya también porque la existencia del mundo es finita en duración y tuvo principio, mientras que la de Dios es eterna y sin principio.
Añádase ahora que la semejanza entre las fórmulas del panteísmo y las del teísmo cristiano es más aparente que real, siendo muy diferente el sentido o significación que puede y debe atribuirse a algunas de ellas. El mundo está en Dios, dice el panteísmo krausista, sobreentendiendo que está como la esencia determinada y particular en la esencia indeterminada y universal, como la parte en el todo, como desarrollo substancial e inmanente de la esencia divina; pero el teísmo cristiano, si alguna vez dice que el mundo está en Dios –locución que no suele emplear,– sobreentiende que está en Dios como el efecto está virtualmente en la causa, y también en cuanto que Dios contiene en la simplicidad de su esencia cuanto hay de perfección y realidad en el mundo, no por identidad de esencia, según supone el krausismo, sino de una manera eminente, y por equivalencia, si es lícito hablar así, eminenter. El mundo no existe al lado de Dios, añade el krausismo, sino bajo Dios; y al hablar así, intenta significar que el mundo está bajo Dios, porque es una determinación particular y finita, pero esencial e interna, de la esencia una divina; y al decir que no está al lado de Dios, quiere significar que la esencia del mundo no es una esencia substancialmente diferente de Dios, no es una esencia otra de la de Dios. Para el teísmo cristiano, que tampoco suele emplear estas fórmulas de locución, éstas sólo serían aceptables en el siguiente sentido: el mundo no está o no existe al lado de Dios, es decir, no es un ser independiente de Dios y extraño a su acción, como suponían los maniqueos; pero sí está al lado de Dios como ser distinto real, substancial y esencialmente de Dios: como substancia otra de Dios; el mundo está y es bajo Dios, porque y en cuanto todo efecto está subordinado y es inferior a su causa, porque y en cuanto todo ser finito está y es bajo el ser infinito, ya porque es menos perfecto que éste, ya porque depende del mismo en cuanto a su origen, existencia y conservación. Y esto basta para comprender al propio tiempo en qué sentido admite el teísmo cristiano que el mundo es o existe por Dios, no ciertamente porque el mundo sea un desarrollo eterno y necesario de la esencia divina, como supone el panenteísmo, sino porque comenzó a ser en virtud de la omnipotencia y de la voluntad libre de Dios, y, sobre todo, porque Dios es el que conserva su ser, su substancia y sus fuerzas, influyendo y obrando continuamente en él, por medio de su poder infinito, según el apotegma de la Teología cristiana: Conservatio est veluti continuata creatio.
Estas indicaciones son igualmente aplicables a las demás fórmulas tomadas del teísmo cristiano, fórmulas que suelen aducir o citar algunos partidarios del krausismo, sin tener en cuenta que su significación teístico-cristiana apenas tiene nada de común{2} con la que les atribuye el panenteísmo. Porque el Dios del teísmo cristiano es un Dios cuya esencia es perfectísima e inmutable desde la eternidad, con anterioridad e independencia de todo desarrollo en el tiempo, al paso que el Dios del panenteísmo realiza en el tiempo, o sucesión infinita, su esencia, su divinidad: Gott in der Einen unendlichen Zeit seine ganze Wesenheit, seine ganze Gottheit vollwesenlich darbildet.
Aparte de la tesis panteísta que entraña incontestablemente la concepción de Krause y que constituye su vicio radical, hay en esta concepción otro punto flaco, cual es la afirmación gratuita de la intuición o visión de Dios. Cuando al llegar al término de la analítica, Krause nos habla de la intuición de Dios (Anschaung Gottes) como resultado de la ascensión subjetivo-analítica y principio del descenso o construcción sintética, el filósofo alemán supone y afirma lo que necesita para levantar su edificio, pero no demuestra su realidad y existencia, y, por consiguiente, transforma en tesis una hipótesis gratuita y convierte en verdad axiomática lo que era sólo un postulado.
Por lo demás, el sistema filosófico de Krause, mirado en conjunto, considerado por parte de su método y de sus elementos históricos e internos, representa una especie de fusión y conciliación entre el elemento spinozista{3}, el psicologismo cartesiano, –cuya influencia se descubre a través del procedimiento o método subjetivo-analítico;– el idealismo panteísta e intuitivo de Schelling, cuyas reminiscencias y cuyo espíritu se revelan en la parte analítica y en la concepción cosmológica de Krause, y, finalmente, el eticismo naturalista de Kant, del cual son encarnaciones y derivaciones evidentes el imperativo categórico de Krause, lo mismo que sus mandamientos de la humanidad y la mayor parte de sus ideas morales.
Hemos dicho arriba que el materialismo y el ateísmo constituyen la consecuencia última y como la evolución final de la Idea de Hegel, a través de la izquierda hegeliana; y aquí podemos decir que la superstición espiritista es la consecuencia y aplicación lógica de la humanidad universal de Krause, con la única diferencia que el espiritismo, considerado en el terreno de la lógica, se halla más cerca del panenteísmo krausiano que el materialismo y el ateísmo de la concepción de Hegel.
{1} «Le monde n’est pas hors de Dieu, mais en Dieu; le monde n’est pas par lui-même, mais par Dieu. Les rapports du monde avec Dieu sont des rapports... de l’effet à la cause, de la partie aut tout, rapports de la créature au créateur.» Tiberghien, Introduc. à la philos. et prépar. à la metaphysiqne, pág. 244.
{2} Cuando en la Escritura se dice, por ejemplo: in ipso (Deo) vivimus, movemur et sumus, esto sólo significa que Dios, además de ser el autor de la vida, fuerzas motrices y existencia del hombre, y además de conservarlas perennemente y en cada instante del tiempo, obra, mueve (praemotio physica) e influye como causa primera en todas las manifestaciones y actos vitales. Y esta interpretación es igualmente aplicable a la Escritura, cuando dice: Ex ipso, et per ipsum, et in ipso sunt omnia; porque, en efecto, todas las cosas finitas son ex ipso, por cuanto que reciben la esencia y la existencia de Dios, como de su caso ejemplar y eficiente; per ipsum, por cuanto se mantienen en la existencia por razón o mediante el influjo actual y perenne de Dios; in ipso, por cuanto existen en Dios de una manera eminente y como el efecto está contenido en la causa.
{3} Scholten observa, no sin razón, que «el Dios de Krause no es otra cosa más que la substancia, cuyos accidentes principales son la naturaleza, el espíritu y la humanidad, así como para Spinoza estos atributos principales se resumen y condensan en el pensamiento y la extensión», añadiendo que, en este concepto, Hegel y otros representantes del panteísmo son superiores a Krause.