Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 18
Krause

Mientras que el pensamiento hegeliano absorbía la atención pública de los hombres de letras, y el nombre de Hegel servía de centro y de bandera a diferentes escuelas, descendía al sepulcro Krause (Carlos Crist. Federico), contemporáneo de aquél (1781-1832), y que representa una fase relativamente nueva del panteísmo germánico. Su nombre, su sistema y sus escritos{1}, que llamaron muy poco la atención pública durante la vida de Krause y aun después de su muerte, adquirieron cierta importancia relativa, gracias a la propaganda ejercida de algún tiempo a esta parte por algunos adeptos y partidarios de su doctrina. Traída ésta a España por Sanz del Río, sostenida y propagada por sus discípulos, y acaso más todavía por el espíritu racionalista y anticatólico que lleva en su seno, cuenta también con partidarios más o menos celosos y fieles en Bélgica y Alemania, distinguiéndose entre ellos, además de los ya citados, Leonhardi, Lindemann, Altmeyer, Oppermann, Röder, Bouchitté, Ahrens, Tiberghien, con algunos otros.

Las líneas generales del sistema filosófico de Krause pueden reducirse a lo siguiente:

La ciencia, si ha de ser digna de este nombre, si ha de ser verdadera ciencia, debe ser una y entera, debe constituir un todo orgánico (ein organisches Ganze), informado y vivificado por un solo principio, el cual sea a la vez principio del ser y del conocer; porque la unidad de la ciencia sólo puede ser unidad verdadera, a condición de que el objeto fundamental de la ciencia sea también uno y solo uno (Gegenstand einer, und nur einer ist); pero no debe creerse por eso que la ciencia y su objeto excluyen o niegan la pluralidad y variedad; porque en un todo orgánico la unidad del principio vital y de la ciencia no excluye la variedad de manifestaciones de la vida, ni la pluralidad de fenómenos, ni siquiera la de miembros.

Infiérese de lo dicho que la función propia, o digamos el constitutivo de la ciencia, consiste en el conocimiento de la cosa que es principio uno y fundamental del ser y del conocer, o sea de todas las verdades, como derivadas y contenidas en una verdad científica, y de todos los seres, como derivados y contenidos o fundados en un ser.

El método para construir esta ciencia una y entera, apellidada también por Krause armonismo y sintetismo absoluto (absoluter Synthetismus), abraza dos procedimientos o caminos, el analítico o subjetivo, y el sintético u objetivo. Con auxilio del primero, nuestra razón se eleva paulatinamente por medio de conceptos precientíficos y de percepciones más o menos claras de los sentidos, desde el yo, primer principio cronológico y elemento subjetivo del movimiento constructor de la ciencia, hasta Dios, principio uno y lógico, objeto uno, fundamental y universal de la ciencia.

El punto de partida en el procedimiento analítico, y por consiguiente de la ciencia, el tema fundamental (die Grundaufgabe) para llegar al principio esencial de la ciencia una y entera, es la intuición del yo (die Anschaung des Ich); pero entiéndase bien, no del yo como cuerpo, ni como espíritu, como activo y como pasivo, como cosa pensante, sensitiva o volitiva (die Grundschauund Ich, auch nicht bezeichnet werden durch: Ich denke, ich empfinde, ich will), como sujeto o como objeto, sino del yo puro e indeterminado.

Analizando, determinando y comparando lo que la conciencia, la razón y la experiencia descubren dentro y fuera del yo, adquiere el hombre la convicción, bien que antecientífica, o, si se quiere, la presunción de la existencia de la Razón o Espíritu, de la Naturaleza y de la Humanidad, los cuales constituyen tres esferas o reinos del ser, infinitos cada cual en su género, y conteniendo cada cual un número infinito de seres de su orden; por ejemplo, el número de los espíritus finitos contenidos en el Espíritu, es infinito.

Este triple concepto del Espíritu, la Naturaleza y la Humanidad, al cual llega el entendimiento por evoluciones lógicas, aunque precientíficas, hace surgir espontáneamente la presunción o presentimiento (Wir ahnen) de la necesidad de un ser infinito, absoluto y superior por ende a los tres seres expresados, en el cual y por el cual tengan su fundamento uno{2} y su esencia: este ser no es otro que el mismo Dios, cuya esencia es toda esencia, y fuera del cual nada es, o sólo existe la nada: Wir Gott erkennen als das ganze Wesen, ausser dem gar Nichts ist.

Aquí termina el procedimiento analítico, o sea el processus subjetivo-analítico, y comienza el processus objetivo-sintético, que constituye la parte más importante, la parte verdaderamente importante del sistema krausista, y a la vez su parte más flaca. Sin saber cómo ni por qué, por una transición completamente gratuita y arbitraria, el simple presentimiento precientífico de Dios, como fundamento esencial de los tres seres indicados, como esencia una y toda, de la cual son determinaciones necesarias y esenciales, el Espíritu , la Naturaleza y la Humanidad, se convierten repentinamente en intuición de Dios (Schauung Gottes), esencia una, infinita y absoluta, de la cual son meras determinaciones la Naturaleza, el Espíritu y la Humanidad; de manera que Dios, como Ser uno y absolutamente infinito, es todo lo que existe (dieses Fine unendliche Wesen anch Alles ist, was ist), es el Ser-Todo, fuera del cual nada es.

Una vez colocados en la intuición del Ser o de Dios, término del movimiento analítico y principio a la vez del sintético, y, por consiguiente, lazo común de los dos, Krause y sus discípulos, marchando por la vía sintética, esfuérzanse en transformar en conclusiones científicas las anteriores presunciones o anticipaciones subjetivo-científicas, mientras que, por otra parte, se lisonjean de construir la ciencia una y entera como organismo sistemático y completo de la verdad, en relación y armonía con el organismo sistemático del objeto o del ser. El fundamento uno, idéntico y esencial de este doble organismo, es Dios, organismo infinito y absoluto del ser y del conocer.

Como aplicaciones y deducciones de este principio, Krause y su escuela establecen, entre otras, las tesis siguientes, sin contar las que se indicaron al hablar del procedimiento analítico:

a) Dios es la esencia una, infinita y total, fuera de la cual nada hay: es el Ser indeterminado e infinito, todo el ser, y, por consiguiente, es todo lo que es, realidad o esencia inmanente en todas las cosas (il est tout ce qui est, il est immanent en toutes choses); si bien, cuando este ser es comparado con la Naturaleza, el Espíritu y la Humanidad, en cuanto representan esencias determinadas y finitas, puede decirse trascendente y distinto del mundo. Sin embargo, esta trascendencia y distinción tienen más de nominales que de reales, toda vez que la relación del mundo con Dios es como la relación de la parte al todo (de la partie au tout), lo cual excluye la verdadera trascendencia, y no se puede decir que el mundo es otro con respecto a Dios. Pour la Nature il y a un autre, c’est l’Esprit; pour Dieu il n'y en a point.

b) Así como la esencia de Dios, considerada como esencia una, entera e infinita, contiene en sí todos los seres finitos, no ya sólo como la causa al efecto, sino como el todo a la parte, y como ser idéntico y no-otro respecto del mundo, así también es una vida, y siendo además el organismo de todos los seres finitos (in sich seiend der Gliedbau aller Endeesen), síguese de aquí que la vida de Dios contiene en sí la vida de la razón, de la naturaleza y del espíritu. Pero esta vida una de Dios no es eterna, ni inmutable, sino que, por el contrario, es producida libremente por el mismo Dios, de manera que está en un desarrollo o fieri continuo (Gott verursacht freí das stetige Werden seines Einen Lebens) o perpetuo; y como quiera que la vida del hombre está contenida esencialmente en la vida de Dios, síguese de aquí que vivir, para el hombre, es realizar la esencia divina, convirtiendo en actual lo posible y virtual de la misma. La voluntad libre del hombre representa y entraña un poder eterno (porque eterna y divina en su esencia es la vida del alma), en virtud del cual comunica existencia y realidad a lo que era puramente posible: Wir die ewige Macht sind, wodurch das Mögliche wirklich wird.

c) Esta teoría de la vida y de su desarrollo en Dios y en el hombre nada tiene de extraña, toda vez que Dios es el fundamento temporal (zeitliche Grund) de su misma vida, y que Dios se determina a sí mismo perennemente en el tiempo, realizando su propia esencia por medio de determinaciones infinitas: Gott selbst bestimmt sich stetig in der Zeit, seine eigene Wesenheit in unendlicher Bestimmtheit darzustellen.

d) La libertad humana o finita, puesto que es un desarrollo y realización de la esencia y vida de Dios, es producida eternamente en Dios y por Dios (ewig verursacht in und durch Gott); de donde se infiere que hasta el mal uso de aquella libertad es producido o causado en Dios por Dios: Ist hier offenbar, dass auch der Misbrauch endlicher Freiheit auf endliche Weise in Gott durch Gott verursacht sei.

El bien es la esencia misma de Dios (seine eigene Wesenheit), esencia que éste realiza en la vida por medio de determinaciones y desarrollos sucesivos y permanentes en el tiempo. Y como quiera que la vida y la libertad del hombre son una parte, una determinación de la vida y de la libertad de Dios, el bien para el hombre consiste en realizar una parte de la esencia de Dios. De aquí el imperativo categórico o precepto fundamental del orden ético: quiere y obra el bien porque es bien, o sea porque es una parte de la esencia divina como realizable y realizada en el tiempo: Wolle und vollbringe das Gute, weil es gut ist, d. h. weil dasselbe ein Theil ist der in der Zeit erscheinenden Wesenheit Gottes.

Según queda apuntado, la doctrina expuesta contiene solamente las líneas generales del sistema krausista. Hacemos aquí abstracción de otros puntos menos fundamentales, pero que constituyen aplicaciones y consecuencias más o menos inmediatas y lógicas de los principios establecidos. Tales son, entre otras, la eternidad de la materia, la negación de la creación ex nihilo, la preexistencia ab aeterno de las almas humanas, la persecución por parte de las mismas de un ideal infinito y por ende inasequible, el origen espontáneo del lenguaje, con algunas otras tesis e ideas semejantes que encontramos en Tiberghien, Sanz del Río y otros discípulos de Krause.

Entre estas tesis, relativamente secundarias, hay una sobre la cual debemos llamar la atención, a causa de sus relaciones con esa superstición de nuestros días que se llama espiritismo. Tal es la que se refiere a la existencia y transformaciones de las almas humanas en diferentes puntos del espacio y del tiempo, a la existencia de humanidades parciales en los diferentes cuerpos celestes, en los cuales se verifica el desarrollo progresivo y gradual de la vida humana, pero en relación y unión con las demás humanidades (eine jede Theilmenschheit auf jeder Stufe ihrer Leben enwickelung mit andern Theilmenschheiten des Himmels in Verbindung leve) parciales, de manera que la humanidad universal se halla distribuida y como diseminada en los astros habitables, en los que cada humanidad parcial posee una vida relativamente independiente y propia, pero teniendo a la vez conciencia de su unión (versteht sich in bewuster Verbindung mit andern Theilmenschheiten) y relación íntima con las demás humanidades parciales, reconociendo que es una parte del todo-humanidad, una fase de la vida universal humana, la cual es una y la misma considerada como vida de la Humanidad, en medio y a pesar de las transformaciones y fases varias que presenta en las humanidades parciales distribuidas en los cuerpos celestes: «So findet sich, dass die Menschheit vertheilt ist auf die einzelnen für sie bewohnbaren Himmelkörper, in Theilmenschheiten, wovon jede ein selbständiges Leben führt, aber auch bestimmt ist mit andern Theilmenschheiten verein zu leben

Los discípulos de Krause, que han mirado con cierta predilección esta teoría de su maestro, no se olvidaron de sacar las consecuencias y aplicaciones a que se presta. Entre éstas es acaso la más importante la negación de la inmortalidad del alma en el sentido propio de la palabra, y la consiguiente negación de la vida eterna futura como recompensa y premio de la virtud practicada en la vida presente. Porque si esta vida no es más que una de las etapas infinitas que nuestra alma debe recorrer a través de mundos infinitos y de transformaciones sin término, claro es que la inmortalidad personal, en el sentido propio de la palabra, es la posesión de la felicidad perfecta y última del hombre que no puede verificarse nunca. El mismo Sanz del Río, al comentar el Ideal de la humanidad de su maestro, nos dice expresamente que está «destinada a nacer y renacer y revivir infinitas veces en infinitos mundos; jamás alcanzará el fruto último, la posesión absoluta de su objeto en el sentido vulgar de la palabra».

Puesto que el alma es inmortal, escribe Tiberghien, otro de los discípulos más fieles de Krause, debe continuar en el cielo el desarrollo adquirido en la vida terrestre, así como esta es a su vez un desarrollo de otra anterior. «Los hechos de la vida presente, añade, son la consecuencia de una actividad anterior, como son el preludio de una actividad futura. Las tierras celestiales son el teatro de estas vidas sucesivas. Todo se encadena en el espacio y en el tiempo. Así como la tierra no es el mundo todo, así la vida terrestre no es tampoco toda la vida... La tierra es un planeta, y la vida terrestre es una etapa en la serie de los desenvolvimientos del alma.»

Excusado parece advertir que esta teoría del krausismo entraña grande afinidad con ciertas teorías espiritistas, que bien pueden considerarse como consecuencias lógicas del primero. La parte que pudiéramos llamar filosófica o metafísica del espiritismo, consiste en la hipótesis de que nuestras almas están sujetas a una serie sucesiva de encarnaciones y reencarnaciones, de nacimientos y renacimientos, que responden a diferentes fases y estados de su actividad. Sin contar que esto coincide en el fondo con la teoría expuesta del krausismo, el citado Tiberghien nos habla de las encarnaciones sucesivas del alma (cette loi s'applique aussi aux incarnations successives de l’âme); afirma terminantemente que la muerte es un renacimiento, y que este renacimiento en un medio diferente, en lugares y condiciones diferentes de las actuales, determinará una nueva fase de la actividad del alma, así como nuestro nacimiento en este planeta está en relación con el desarrollo actual de nuestra actividad: La mort est une renaissance, et cette renaissance dans un autre milieu, aura sans doute les memes conséquences pour notre activité future, que la naissance pour notre activité présente.




{1} Son estos bastante numerosos, pudiendo citarse, entre los más importantes, los siguientes: Bosquejos del sistema de Filosofía.– Sistema de moral.– El ideal de la humanidad.– Lecciones sobre el sistema de Filosofía.– Sistema de la Filosofía del derecho.– Lecciones sobre las verdades fundamentales de la ciencia. Sus discípulos Leonhardi y Lindemann publicaron algunas obras póstumas de su maestro, a las cuales añadió otras Röder, y entre ellas la que lleva por título: Vorlesungen über Rechtsphilosophie für Gebildete aus allen Ständen, título que no se distingue ciertamente por la modestia de sus aspiraciones, y que revela la importancia exagerada, suprema, y por ende ridícula, que los partidarios de Krause suelen atribuir a la doctrina de su maestro.

{2} «Ahnen wir dann ein höheres Wesen über ihnen, ein Urwesen; wir ahnen, dass Geist und Leib und Menscheit in einem unbedingten und unendlichen Wesen sind, in Gott, verursacht durch Gott, vereint auch durch Gott als Urwesen.» Vorselungen über Rechtsphilosophie, herausg. von Röder, 1847, pág. 158.