Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 27
El panteísmo empírico o positivista. Schopenhauer

La reacción contra el idealismo apriorístico, iniciada por Herbart, fue desarrollada y consolidada por Schopenhauer, cuyas ideas adquirieron grande boga durante los últimos años de su vida. Sólo que Schopenhauer y sus discípulos conservaron la tesis esencial del idealismo germánico, o sea la tesis panteísta, cuidando de ponerla en armonía con el materialismo, de apoyarla en el método experimental y de afectar procedimientos positivistas. De aquí el nombre de panteísmo empírico o positivista que hemos dado a esta escuela, cuyo primer representante caracterizado es Schopenhauer.

Este filósofo, que nació en Dantzig (1788), y fue hijo de un rico banquero, pasó los primeros años de su juventud en viajes y dedicado al comercio, hasta que en 1809 se entregó al estudio de la medicina y ciencias naturales en la universidad de Gotinga. Schulze, discípulo de Kant, le inspiró afición a los estudios filosóficos, y le aconsejó que antes de leer las obras de los demás filósofos, estudiara con detenimiento y exclusivamente la Filosofía de Platón y de Kant. Este consejo, que Schopenhauer siguió con fidelidad, explica ciertos rasgos y determinadas direcciones de su doctrina.

Atraído por la fama de Fichte, acudió a Berlín para oír sus lecciones públicas; pero su doctrina, lejos de satisfacerle, le inspiró aversión y desdén. Entró después en relaciones con Goethe, y en 1816 publicó un tratado Sobre la visión y los colores, en el cual se descubren ya indicios de su teoría filosófica, que expuso y desarrolló tres años después en su obra capital: El mundo como voluntad y representación.

A pesar de su originalidad, esta obra, lejos de llamar la atención del mundo sabio, permaneció en la obscuridad, lo mismo que la que publicó en 1836 con el título de La voluntad en la naturaleza, hasta que el nombre de Schopenhauer llamó la atención de los sabios con motivo de una disertación sobre la libertad, que fue premiada por la Real Academia de Ciencias de Noruega. De entonces más, los hombres de letras y las revistas científicas comenzaron a ocuparse en las publicaciones y teorías filosóficas de Schopenhauer, y acudieron a su lado discípulos entusiastas, que se encargaron de la propaganda de su nombre y doctrinas. En 1851 dio a luz sus Parerga und Paralipomena, especie de miscelánea por el estilo de los Stromata de Clemente Alejandrino, que contiene ensayos, estudios y trabajos parciales sobre diferentes materias. Cuando el prestigio de su nombre y la fama de sus escritos habían alcanzado su mayor brillo, Schopenhauer bajó al sepulcro repentinamente en 1860.

La concepción filosófica de Schopenhauer puede condensarse y resumirse en las tres siguientes afirmaciones fundamentales:

1.ª La Filosofía consiste en conocer la esencia verdadera e íntima del mundo, elevándose y pasando de los fenómenos y apariencias a la esencia y a la cosa en sí. El método único para llegar a este conocimiento, y las fuentes verdaderas de la metafísica misma, deben buscarse en la experiencia, tanto externa como interna. El objeto verdadero y propio de la Filosofía es conocer la esencia (quid sit) del mundo, pero de ninguna manera debe investigar ni puede conocer su origen, su fin o su causa: la investigación filosófica debe mantenerse siempre en el terreno cosmológico, sin entrar jamás en el terreno teológico, porque, en realidad, la Filosofía y la metafísica se reducen a la cosmología: nicht nach dem Woher und Wohin und Warum, sonden inmer und überall nur nach dem Was der Welt fragt.

2.ª Los fenómenos todos que percibimos, inclusa la inteligencia y la razón, los diferentes individuos y seres particulares que observamos en el mundo, son efectos, evoluciones, fases, productos de una esencia única, que es la voluntad, la cual existe y se manifiesta como fuerza inconsciente en unas cosas, y como fuerza consciente en otras. Los astros con sus atracciones y repulsiones, los cuerpos minerales con sus fuerzas químicas, las plantas, los animales, el hombre, y, en general, las cosas todas con sus gradaciones y diferencias, son resultado y representan otras tantas objetivaciones de esa fuerza o esencia única que Schopenhauer apellida voluntad (Wille), y que coincide o se resuelve en la cosa en sí de Kant. Esta voluntad, considerada en sí misma y abstracción hecha de sus manifestaciones en el hombre, o sea en cuanto los individuos humanos constituyen una de sus varias evoluciones y productos, es impersonal y carece de conciencia, la cual adquiere sólo en el hombre y por el hombre, y desaparece, por consiguiente, al desaparecer el individuo humano, o sea la unión del alma con el cuerpo.

3.ª La voluntad, que, según queda dicho, constituye la esencia una e idéntica de todas las cosas, que las produce todas por medio de su actividad esencial, y que después de haberse manifestado como fuerza ciega e inconsciente en la naturaleza, se manifiesta o revela como fuerza consciente en el hombre, es por su misma esencia una fuerza viva, un esfuerzo enérgico y permanente, no sólo para existir y vivir, sino para acrecentar la existencia y la vida. El esfuerzo para perfeccionar su ser y su vivir, en tanto existe y se revela en la voluntad consciente del hombre, en cuanto y porque experimenta y siente necesidades, cuya satisfacción se halla retardada e impedida por mil obstáculos, y cuando, por último, alguna de ellas queda satisfecha, resulta espontáneamente de esta misma satisfacción una nueva necesidad que lleva consigo nuevos impedimentos, y, por consiguiente, nuevos dolores; pues el dolor o sufrimiento resulta y existe mientras que la necesidad o deseo no son satisfechos. Luego la vida del hombre, vida que se resume en la volición y deseo, es una serie continua e inevitable de sufrimientos. La sed inextinguible de felicidad y dicha que acompaña a los actos de la voluntad, sin poder conseguirla jamás; el esfuerzo continuo para llegar al bien o descanso perfecto, el cual huye y se aleja siempre, son causa de que la vida humana se resuelva en una serie de necesidades, dolores y sufrimientos, los cuales sólo pueden desaparecer y morir con la desaparición y muerte de la misma voluntad, o al menos de sus actos como fuerza consciente. Luego la verdadera ciencia del hombre consiste en comprender que la realidad es una ilusión, un conjunto de fenómenos o apariencias, y que la vida es un dolor permanente, un foco de sufrimientos. Luego el destino final a que debe aspirar el hombre, el fin último de sus deseos, debe ser la destrucción y aniquilamiento de la voluntad, y, por consiguiente, de la vida y del ser que radican en ella: la extinción de la vida, la desaparición y aniquilamiento (nirvana) de la existencia individual.

Como consecuencias y aplicaciones más o menos lógicas de estas tres tesis fundamentales, Schopenhauer enseña:

A) Con respecto a la primera:

a) Que la verdadera Filosofía es ateológica por su misma naturaleza; porque nada sabe ni puede saber acerca de la existencia de un Dios personal y ultramundano, cuya idea, lejos de ser innata o connatural al hombre, como pretenden ciertos filósofos, es resultado de la educación (ist anerzogen) y de la enseñanza.

b) Que la Filosofía rechaza igualmente la distinción substancial y la oposición vulgar entre el espíritu y el cuerpo; pues las palabras alma y espíritu son palabras vacías de sentido, toda vez que la experiencia nada nos dice sobre su naturaleza y existencia. La palabra espíritu sólo es aceptable, si con ella se quiere significar una inteligencia, pero no una inteligencia como función de una substancia simple e inmaterial, sino como una de las funciones del cerebro, a la manera que la digestión es una función del estómago.

c) La metafísica, cuyo objeto es la interpretación de la vida, o sea el conocimiento de la esencia y del término de la vida, constituye una necesidad esencial de la naturaleza humana, necesidad que la Filosofía satisface con respecto a los hombres de la ciencia, al paso que con respecto a la generalidad de aquéllos, aun en las naciones civilizadas, es satisfecha por la religión. De aquí se desprende que las diferentes religiones positivas pueden considerarse como formas alegóricas y soluciones místicas del problema filosófico, y constituyen, por decirlo así, la metafísica del pueblo.

B) Con respecto a la segunda:

a) El universo o mundo sensible, única realidad que existe para la Filosofía, la cual no reconoce más método de investigación ni más criterio de verdad que la experiencia, entraña dos modos de existencia: la existencia ideal o fenomenal, y la existencia real u objetiva. En el primer concepto, la existencia del mundo coincide y se identifica con la representación que de él formamos en nuestro interior, puesto que las cosas en tanto existen para nosotros y de tal modo existen para nosotros, en cuanto y según el modo con que las pensamos. En este sentido debe tomarse la afirmación o pronuntiatum de Schopenhauer, cuando escribe: el mundo es mi representación (Die Welt ist meine Vorstettung), o, en términos más claros y sentido más propio, es mi percepción.

b) La voluntad, que constituye la realidad única, la esencia interna del mundo, como se ha dicho, considerada en sí misma, en su fondo primitivo y con abstracción de sus evoluciones y manifestaciones a través de los diferentes reinos (sideral, mineral, vegetal, animal y humano), es una fuerza infinita, pero instintiva, una tendencia necesaria y ciega a vivir (blind Drang zum Leben), y los diferentes seres que pueblan el mundo son la objetivación sucesiva, múltiple y ascendente de esa fuerza-substancia, o sea de la necesidad de existir y vivir que le es inherente. Los astros con sus movimientos, las combinaciones químicas, la vida, la sensibilidad, el instinto, las pasiones, la inteligencia, representan objetivaciones parciales de esa voluntad absoluta y universal.

c) Toda vez que la voluntad es el ser absoluto, el principio esencial y la razón última y universal de las cosas, síguese de aquí que la inteligencia no es anterior ni superior a la voluntad, sino más bien inferior y posterior; es una derivación de ésta, un fenómeno o hecho accidental, al paso que la voluntad es el principio, el antecedente, la esencia. Síguese también que la libertad, aplicada a los individuos, es una palabra vacía de sentido; porque aunque la voluntad, considerada como la esencia interna, como la cosa en sí, es libre, considerada como fenómeno, como objetivada en la existencia individual, está sujeta al determinismo absoluto; la libertad, en una palabra, conviene al ser, es decir, a la voluntad como cosa en sí y esencia única e interna del mundo, pero no a la acción que ejecutan los individuos, productos y derivaciones de aquélla: In esse, nicht in operari liegh die Freiheit.

Síguese, finalmente, que por más que la voluntad como cosa en sí, como esencia independiente de las condiciones del espacio y del tiempo, sea eterna, la voluntad-fenómeno, o sea la personalidad individual, desaparece y muere. Cuando muere el hombre, permanece la voluntad que constituye el fondo de su ser; en este concepto, no hay aniquilamiento completo, y puede decirse que el hombre es inmortal; pero muere como individuo, perece como persona consciente y como yo singular. Desear la inmortalidad de la persona, añade Schopenhauer, es, en rigor, querer perpetuar una ilusión hasta lo infinito. La existencia del hombre como persona, desaparece y muere, como muere y desaparece la burbuja que se forma en la superficie del agua, perseverando ésta en su esencia y substancia en disposición de producir otras y otras burbujas in infinitum, es decir, otras formas o manifestaciones individuales del entendimiento. Schopenhauer dice, en efecto, terminantemente: «por la muerte, la voluntad, que es indestructible, se separa del entendimiento, que es perecedero y que reviste o adquiere en cada nacimiento una nueva fase o existencia individual, que no conserva recuerdo alguno de la existencia anterior». Como se ve, la teoría de Schopenhauer sobre este punto se reduce a una especie de metempsícosis, que tiende a conciliar la eternidad de la materia y la palingenesia del entendimiento.

C) Con respecto a la tercera:

a) Toda vez que el dolor y los sufrimientos son inseparables de la vida humana, manifestación y producto de la voluntad en el hombre; toda vez que el dolor y los sufrimientos son inseparables de la voluntad como tendencia y esfuerzo para satisfacer las necesidades, que renacen sin cesar y que crecen a medida que crece y se desarrolla la energía de su actividad, síguese de aquí que la vida es esencialmente dolor, y que éste sólo puede desaparecer, desapareciendo la voluntad, que es su origen y su razón suficiente.

b) El destino final o desiderátum del hombre, la única felicidad a que puede aspirar, es la extinción nirvánica de la vida, es la negación y la muerte de la voluntad y de su actividad, condición indispensable para llegar al descanso verdadero, para conseguir la exención del dolor y los sufrimientos. La liberación, el reposo real, la libertad perfecta del mal, consisten en destruir y negar la voluntad de vivir: die Verneinung des Willens zum Leben.

c) Luego los medios más conducentes para amortiguar, disminuir y matar las fuerzas de la vida y de la voluntad, como son los ayunos, la resignación pasiva, la inacción, el celibato, &c., son los medios más a propósito y más eficaces para la perfección del hombre, y consiguientemente para su felicidad única posible, la cual consiste, según se ha dicho, en el aniquilamiento o extinción de la vida y de la voluntad consciente.

d) La base de la moral es la compasión mutua, la simpatía recíproca, pero a condición de reconocer que el mundo de los fenómenos es una ilusión; que el yo, como individuo, equivale a la nada; que la felicidad es un sueño y un accidente pasajero en la vida del hombre, en la cual sólo el dolor es permanente, real y efectivo.

e) El optimismo de este mundo, predicado por Leibnitz y otros filósofos, es un error y un contrasentido; pues el mundo que habitamos es el peor entre los posibles.

Resumiendo y sintetizando la concepción de Schopenhauer: el mundo, el Universum, en todos sus órdenes y seres, es una manifestación y también un efecto de la Voluntad, ser absoluto, substancia única y esencia interna de todo. Vivir es la tendencia fatal y la ley instintiva de esta voluntad, y de aquí el egoísmo absorbente y destructor que la acompaña a través de sus evoluciones, y que es el origen o razón suficiente de ese pesimismo que se revela y existe en el mundo; éste no es otra cosa, en realidad de verdad, sino un numeroso campo de batalla en que los seres luchan y se destruyen mutuamente (darwinismo) por amor a la existencia. Luchar siempre, sufrir sin descanso, querer sin motivo, agitarse en el vacío y el dolor, he aquí la vida de los seres y la del hombre en particular. Luego el bien y la perfección para éste deben consistir y consisten en renunciar y negar la voluntad con sus deseos y aspiraciones, hasta llegar al quietismo completo de la misma, a la supresión total de su movimiento, o sea a la extinción nirvánica de su actividad y de su vida. La aspiración y los esfuerzos para conseguir esto constituyen la virtud, la santidad, la perfección moral del hombre.