Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 39
Crítica de Víctor Cousin

Si prescindimos de la primera fase de la vida intelectual de Cousin, fase que carece de importancia filosófica, como queda indicado, y fijamos la atención en las dos últimas etapas, bien puede decirse que el pensamiento filosófico de Cousin abraza dos períodos, que son el período panteísta y el período espiritualista.

Durante el primero de estos períodos, que llega hasta 1833, y que tiene su expresión más completa en el Curso de 1828 y en los Fragmentos filosóficos, el jefe del eclecticismo no es más que el eco más o menos fiel y completo de las ideas y concepciones apriorísticas y panteístas de Schelling y Hegel. Y decimos eco más o menos fiel y completo, porque Cousin, en su calidad de verdadero ecléctico, se reserva el derecho de transformar y modificar aquellas ideas y concepciones de los dos filósofos germánicos, combinándolas, no ya sólo con las de la escuela escocesa, sino también con la doctrina y teorías de Platón y de Aristóteles, de Plotino y de Descartes, de Leibnitz y de Kant.

Pero a través de todas estas combinaciones doctrinales, a través de estas transformaciones eclécticas, lo que representa y constituye el substratum general, la idea madre de las mismas, es la tesis panteísta afirmando la unidad absoluta de substancia, la identidad de lo finito y de lo infinito, con la consiguiente necesidad de la creación de las existencias finitas, o, digamos mejor, de la manifestación y desarrollo de Dios en el mundo, puesto que el mismo Cousin tiene cuidado de decirnos que Dios o «lo Absoluto es la substancia absoluta, que crea absolutamente, se manifiesta absolutamente, y que al desenvolverse cae en la condición de todo desenvolvimiento, entra en la variedad, en lo finito, en lo imperfecto, y produce lo que vemos en nuestro derredor».

A contar desde 1833, fecha en que, según se ha dicho, comienza el segundo período de la vida filosófica de Cousin, comienza éste por atenuar y rechazar parcialmente sus anteriores afirmaciones panteístas, aunque sin renegar de las mismas de una manera explícita, para adoptar y defender resueltamente la tesis espiritualista. Pero no debe olvidarse que el espiritualismo del filósofo francés es un espiritualismo esencialmente racionalista, un espiritualismo que comienza por rechazar a priori lo sobrenatural, que sigue su camino negando, a priori también y sin examen, los caracteres divinos del Cristianismo como religión positiva, para concluir afirmando la independencia absoluta de la Filosofía enfrente del Evangelio, la autonomía completa de la razón humana enfrente de la razón divina.

A este espíritu racionalista que informa –por no decir que inficiona– la Filosofía toda de Cousin, lo mismo en su evolución panteísta que en su evolución espiritualista, debe atribuirse la debilidad y la impotencia del eclecticismo para sostenerse enfrente de las demás escuelas filosóficas. A pesar del brillo y mérito de las numerosas obras publicadas por su jefe; a pesar del entusiasmo provocado y sostenido durante largos años por sus lecciones públicas; a pesar de la protección semioficial que se dispensó a su enseñanza y propaganda de sus ideas; a pesar de la importancia y renombre de algunos de los representantes y continuadores de sus ideas y de su escuela, y a pesar, finalmente, del indisputable mérito relativo de las obras de sus discípulos, la escuela fundada por Víctor Cousin y continuada por sus sucesores, ha caído en el descrédito que hoy presenciamos.

Por lo demás, este descrédito es muy natural y lógico. La fuerza de las cosas y el movimiento de la historia han traído los espíritus a punto de que ya no son posibles más que, o las grandes afirmaciones del espiritualismo católico, o las grandes negaciones del positivismo materialista. El espiritualismo racionalista de Cousin y de su escuela, al colocarse entre estas dos grandes y fundamentales concepciones; al buscar una situación intermedia y equidistante del volterianismo, del panteísmo, del materialismo y del espiritualismo cristiano, se condenó por el mismo hecho a desaparecer de la escena filosófica, para dar lugar y ser anulado y absorbido en cierto modo, ora por el criticismo substancialmente ateísta de Renan y Vacherot, ora por el positivismo materialista de Comte y Littré.