Zeferino González
Filosofía novísima
§ 38
Filosofía de Cousin
El nombre y brillo de los Royer-Collard y Maine de Biran fueron prontamente sobrepujados por el nombre y brillo de Víctor Cousin (1792-1867), que se colocó al frente del espiritualismo racionalista, cuyo cetro conservó en sus manos hasta su muerte. La vida filosófica de Cousin abraza tres fases o evoluciones bien marcadas: la fase escocesa, que corresponde a los primeros años de su carrera científica y que carece de importancia; la fase ecléctico-panteísta, y la fase ecléctico-racionalista o cartesiana, que representan el segundo y tercer período de su vida literaria.
El fondo general y común de estas dos últimas fases de la Filosofía de Cousin es el eclecticismo, pero un eclecticismo sui generis. No se trata aquí del eclecticismo ordinario, que consiste en buscar y recoger la verdad en donde quiera que se halle; trátase de un eclecticismo que nos permitiremos apellidar trascendental, el cual comienza por suponer que todos los sistemas, siquiera sean contradictorios entre sí, contienen algunas verdades; que ningún sistema de Filosofía es ni puede ser completamente verdadero; que la verdad completa se halla dividida y como repartida entre los diferentes sistemas filosóficos, y que, por consiguiente, para poseer la verdad completa es necesario reunir aquellos sistemas opuestos (sensualismo, idealismo, escepticismo, misticismo), de manera que formen un todo real y uno, que contenga la verdad entera y adecuada.
El sensualismo, que pretende explicar todas las cosas por la sensación sola; el idealismo, para el cual la inteligencia lo es todo y la sensación nada; el escepticismo, que, criticando los fundamentos en que uno y otro estriban, pone en duda sus conclusiones, y el misticismo, que se apodera de la verdad por medio de la inspiración espontánea, anterior e independiente de la reflexión y de la ciencia, son las cuatro partes integrantes del todo que llamamos Filosofía. Ninguno de ellos es completamente erróneo ni completamente verdadero, porque el error es un elemento necesario del pensamiento (l’erreur est un des éléments de la pensée), y parte esencial, por consiguiente, de todo sistema filosófico. Resumiremos a continuación los demás puntos capitales de la doctrina de Cousin.
El desarrollo de la razón humana presenta dos fases distintas, que son la espontaneidad y la reflexión. Por medio de la primera, que es naturalmente anterior a la segunda, el hombre percibe la verdad de una manera directa e instintiva: por medio de la segunda, el hombre se da cuenta a sí mismo de esta verdad, y reflexiona sobre su naturaleza y relaciones.
El desarrollo espontáneo de la razón humana, lo mismo que su desarrollo reflejo, tienen por base, por materia y por objeto tres ideas fundamentales, a las cuales se reducen todas las demás, a saber: la idea de lo finito (el yo y el no-yo, el hombre y el mundo externo), la idea del ser infinito o Dios, y la idea de las relaciones entre el ser finito y el infinito. A la percepción inmediata, espontánea, pero más o menos confusa de estas tres ideas capitales, sucede el conocimiento reflejo, el análisis científico de las mismas y de sus relaciones, y este trabajo de reflexión es el que engendra y constituye la Filosofía en el sentido propio de la palabra.
Esta Filosofía, por lo mismo que representa el último grado de desarrollo de la inteligencia humana, entraña la posesión de la verdad en su forma más real y más perfecta, de manera que es superior a la verdad contenida en símbolos (dans les symboles sacrés de la religion) religiosos, es decir, a la verdad religiosa, cualquiera que sea su forma. La fe, al buscar y contemplar la verdad en la religión, busca y contempla lo que no existe allí (elle y contemple ce qui n’y est pas), o si existe, es sólo de una manera indirecta o imperfecta. De aquí es que la Filosofía tiene el derecho y hasta el deber de no admitir cosa alguna como verdadera, si no lo es por sí misma y como idea racional: Le droit comme le devoir de la Philosophie est, de ne rien admettre qu'en tant que vrai en soi et sous la forme de l’idée.
Después de estos ensayos eclécticos y racionalistas, Cousin entra decididamente en el terreno del panteísmo germánico, bajo cuya inspiración es arrastrado a las siguientes afirmaciones:
a) Puesto que «toda substancia es necesariamente absoluta en cuanto substancia, y por consiguiente una», síguese de aquí que el Dios de la conciencia es «causa absoluta, uno y muchos, eternidad y tiempo, esencia y vida, indivisibilidad y totalidad, infinito y finito juntamente; triple, en fin, es decir, Dios, naturaleza y humanidad a la vez. Si Dios no lo es todo, no es nada». De aquí se deduce que la substancia divina se identifica con el universo, con ese gran todo armónico; en una palabra, que Dios es ese mismo gran todo: en un mot, que ce tout est Dieu.
b) La creación es la acción mediante la cual Dios produce o saca alguna cosa de sí mismo, del fondo de su substancia, a la manera que el hombre produce o saca de su propio fondo los actos voluntarios. La idea de la creación, como producción de una substancia ex nihilo, es una idea contradictoria y absurda.
c) Dios es causa y fuerza creadora absoluta, y, por consiguiente, la creación no es posible, sino necesaria (la création est non pas possible, mais nécessaire); de manera que el mundo debe considerarse como un desarrollo de Dios, siendo tan imposible la existencia de Dios sin el mundo, como la existencia del mundo sin Dios: il n’y a pas plus de Dieu sans monde qu'il n’y a de monde sans Dieu.
d) La historia es una fase del desarrollo de Dios en el mundo, el desarrollo lógico de la vida humana con relación a las tres ideas fundamentales que constituyen la esencia y el fondo de la conciencia. Así, pues, toda la historia de la humanidad abraza y constituye por necesidad tres grandes épocas, ni más ni menos: la época que corresponde al desarrollo de la idea de lo infinito; la que corresponde al desarrollo de la idea de lo finito, y la que corresponde al desarrollo de las relaciones entre lo finito y lo infinito.
e) Toda vez que la historia es, en definitiva, el desarrollo o manifestación de Dios en la humanidad y por medio de la humanidad, síguese de aquí que todo ocupa su lugar y todo es bueno (tout y est bien) en la historia, y que son legítimas todas sus vicisitudes y revoluciones. Luego la victoria de un pueblo sobre otro es siempre, no sólo necesaria y útil, sino también justa en el sentido propio de la palabra (juste dans le sens le plus étroit du mot): el vencedor es siempre mejor y más moral (plus moral) que el vencido, y declararse contra el triunfo de la fuerza por medio de la victoria, es tomar partido contra la humanidad: prendre parti contre la victoire, c'est prendre parti contre l’humanité.
La tercera y última fase de la doctrina de Cousin representa un movimiento de aproximación al Cristianismo. Durante los últimos años de su vida, el jefe del eclecticismo procura atenuar, explicar y hasta combatir de una manera vergonzante sus ideas panteístas. Ya no afirma la superioridad de la Filosofía sobre la religión, como antes, sino que, por el contrario, recomienda la alianza de la religión y de la Filosofía como cosa tan natural como necesaria (l’alliance de la vraie religión et de la vraie Philosophie est done a la fois naturelle et nécessaire), concluyendo por reconocer y confesar que entre la religión y la Filosofía hay diferencia, pero no contradicción: La Philosophie et la religion différent, sans se contredire.
Desgraciadamente no se realizaron las esperanzas que este movimiento de aproximación y tendencia hacia el catolicismo había hecho concebir a algunos. Cousin descendió al sepulcro sin haber abandonado el terreno esencialmente racionalista en que se había colocado desde un principio, y sin reconocer la soberanía de la razón divina ni la existencia de la revelación cristiana.