Zeferino González
Filosofía novísima
§ 49
Dirección o escuela humanitario-socialista
Los nombres de Saint-Simon y de Carlos Fourier son los nombres de los principales representantes, y aun pudiéramos decir fundadores de esta escuela, en la que ocupa también lugar preferente Roberto Owen, aunque por su nacimiento pertenece a la Inglaterra y no a la Francia, como los dos primeros.
a) Saint-Simon.– Descendiente de una de las familias más ilustres de Francia, el conde de Saint-Simon parece haberse hallado poseído desde los primeros años de su juventud del deseo de acometer grandes empresas{1}, capaces de inmortalizar su nombre y darle prestigio y dominación sobre las muchedumbres. Después de pelear en América a las órdenes de Washington, volvió a Europa, entregándose a una vida de disipación, de movimiento y de viajes, hasta que, en medio de esta vida accidentada, y sin perder nunca de vista sus aspiraciones a la celebridad, publicó sus Cartas de un habitante de Ginebra a sus contemporáneos, en las cuales aparece ya en forma rudimentaria su teoría socialista, afirmando que el poder espiritual debe residir en los sabios, el poder temporal en los propietarios, y en las muchedumbres, o, mejor dicho, en todos los asociados, el poder electivo para los cargos de grandes jefes de la humanidad.
En obras posteriores{2}, pero principalmente en la que lleva por título Nuevo Cristianismo, Saint-Simon expuso las ideas principales que sirvieron de base y norma a su escuela, que se encargó de reducirlas a la práctica, de desenvolverlas y también de desfigurarlas con sus comentarios.
Como casi todos los novadores, propúsose el jefe de la escuela sansimoniana reformar el Cristianismo, al cual acusaba de no haber sabido o querido sujetarse a la ley del progreso.
La reforma o restauración del Cristianismo debe llevarse a cabo por medio de dos cosas: 1.ª, afirmando y propagando el principio de la fraternidad humana, contenido en el precepto de Jesucristo, amaos los unos a los otros, principio que constituye lo único que hay de esencial en el Cristianismo; 2.ª, la organización de la sociedad con sujeción a ese principio de universal fraternidad, o, lo que es lo mismo, la aplicación de ese principio al organismo social, en términos hábiles para producir el mejoramiento rápido, el bienestar de las clases más numerosas y más pobres.
Para conseguir este fin, la sociedad debe distribuirse en tres grandes clases, a saber: los sacerdotes o depositarios del poder espiritual, los sabios y los industriales, cada una de las cuales debe estar regida por un jefe superior, sin perjuicio de otros jefes escalonados por grados, y constituyendo una complicada jerarquía social. La fórmula general de la distribución o división del trabajo y de su producto realizada en este organismo es la siguiente: A cada uno según su capacidad; a cada capacidad según sus obras.
El culto de la nueva religión debe poner término a la lucha y oposición entre la inteligencia y los sentidos, entre la materia y el espíritu que entraña el culto católico, reconociendo la legitimidad y santidad de la materia y de los sentidos, la rehabilitación de las pasiones. Saint-Simon dejó como velado y envuelto en sombras y en cierta vaguedad este último principio; pero sus discípulos se encargaron de sacarlo a la luz del día, y, lo que es más, de reducir a la práctica sus naturales consecuencias, proclamando la emancipación de la mujer, algunos de ellos la promiscuidad, y escandalizando a París con las famosas fiestas de la calle Monsigny durante el invierno de 1832.
Sin contar a Leroux y Reynaud, que representan la parte teórica y racional del sansimonismo, del cual no tardaron en separarse, figuraron principalmente en la escuela sansimouiana, Enfantin, Barard, Olindo Rodríguez, Barrault, Chevalier y Talabot.
b) Fourier.– En 1808 dio a la estampa Fourier su Teoría de los cuatro movimientos, libro que contiene las líneas generales de su sistema social, sistema que desarrolló y aplicó más adelante en otros escritos, y principalmente en su Tratado de la asociación doméstica agrícola, libro al cual, según su mismo autor, hubiera convenido mejor este epígrafe: Teoría de la unidad universal.
El principio generador del sistema de Fourier se halla contenido en la siguiente fórmula, que resume todo su pensamiento en la materia: El deber viene de los hombres; la atracción viene de Dios. Es decir, lo que llamamos deberes y obligaciones, que limitan y comprimen la libertad y la satisfacción de todos los deseos y aspiraciones, trae su origen de la voluntad, de las condiciones accidentales y de las circunstancias externas; y la prueba es que esos deberes varían de pueblo a pueblo y de una época a otra.
Por el contrario, la atracción, es decir, la impulsión de las pasiones viene de Dios, es divina y santa; y la prueba es que su existencia y manifestaciones son idénticas en todos los pueblos y en todos los siglos.
De aquí resulta que toda pasión, cualquiera que sea su naturaleza y sus aspiraciones, es buena y legítima y conforme a la naturaleza, y, por consiguiente, todo lo que sea contrariar y reprimir sus movimientos, su satisfacción, es cosa ilegítima y contraria a la naturaleza. Las pasiones deben considerarse y son como una brújula permanente puesta por Dios en el hombre para reconocer lo que es bueno y legítimo y conforme a su naturaleza y a la voluntad de Dios. Siendo, pues, un hecho evidente que la sociedad, según está hoy organizada, reprime e impide el libre desarrollo de las pasiones, retarda sus movimientos y hasta castiga su satisfacción, es también evidente que los actuales organismos sociales son contrarios a la naturaleza del hombre, o, digamos mejor, a la naturaleza de las cosas y a la voluntad de Dios, que exigen y ordenan que no se pongan obstáculos al movimiento libre de las pasiones en orden a sus propios objetos. Luego para que la moral y el derecho se realicen entre los hombres; para que éstos puedan llenar y cumplir sus deberes y derechos inherentes a la satisfacción y al movimiento armónico y libre de las pasiones, es preciso cambiar radicalmente la presente organización de la sociedad; es preciso levantar el edificio social sobre bases enteramente diferentes; es preciso, en fin, crear un mundo nuevo en que desaparezca toda represión y todos los obstáculos que hoy impiden el libre movimiento de las pasiones.
Esto es lo que constituye el fondo substancial y como la esencia de la concepción fourierista, pues todo lo demás que hay en sus escritos se reduce a exponer su fantástica organización de la nueva sociedad, con sus grupos compuestos de siete o nueve personas, con sus series de veinticuatro a treinta y dos grupos, con sus falanges compuestas de ochocientas personas, con sus falansterios o residencias de las falanges, con sus doce pasiones armónicas, y con sus trece jefes escalonados, desde el unarca o jefe de una falange, hasta el omniarca, que es como el jefe de la humanidad, el emperador del globo que habitamos.
c) Owen.– Ya hemos dicho que Owen, aunque inglés de nacimiento, pertenece a la misma escuela que Saint-Simon y Fourier. Una especie de fraternidad instintiva, que induce a todos los hombres a procurar su mutuo bienestar, sin distinción de razas, y, por otra parte, la perfecta irresponsabilidad moral del individuo, son las dos bases capitales de la concepción del comunista inglés. En el fondo de la naturaleza humana hay un instinto que induce al hombre a querer y desear la felicidad y el bien de los demás hombres sin distinción; pero, al propio tiempo, los hombres carecen de verdadera espontaneidad y libertad, de manera que son completamente irresponsables, porque sus actos son resultado necesario de sus convicciones, de sus sentimientos, de sus ideas, las cuales lo son a su vez de las circunstancias que le rodean.
De aquí resulta la necesidad de que el poder público, la entidad moral que se llama gobierno, dirija y encamine las acciones todas de los individuos al fin común, que es el bienestar o felicidad de todos.
Para conseguir esto es necesario reconocer y proclamar la completa irresponsabilidad del individuo y la consiguiente abolición de penas y recompensas, fuentes verdaderas de las desigualdades sociales. Como consecuencia de esta irresponsabilidad, y como medio para conseguir el bienestar general para todos los hombres, se deberá abolir la propiedad individual, como inútil y hasta incompatible con aquel bienestar, estableciendo la sociedad sobre la doble base de la igualdad perfecta y de la comunidad absoluta, no solamente con respecto a los bienes, sino también con respecto a la familia.
En relación con estas ideas, que constituyen la parte esencial de la teoría de Owen, expone y presenta este su specimen de nueva sociedad, dividida, subdividida y organizada jerárquicamente en diferentes clases, con sus correspondientes funciones, tomando por base principal para determinar estas clases y funciones sociales, la edad, o sea las etapas de la vida humana.
{1} Sabido es que, cuando sólo contaba diez y siete años de edad, dio a su ayuda de cámara la orden de que le despertara siempre con las siguientes palabras: Levez-vous, monsieur le Comte; vous avez de grandes choses à faire.
{2} Las más notables entre éstas son las siguientes: Reorganisation de la société européenne.– L’organisateur.– Le système industriel.– Le catéchisme des industriels.– Le politique.