Zeferino González
Filosofía novísima
§ 53
La Filosofía crítica
La Filosofía crítica, que forma una escuela en Francia, y cuyos principales representantes son Renan, Taine y Vacherot, se distingue por su aspiración a mantenerse en equilibrio entre los diferentes sistemas filosóficos, y abriga la pretensión ilusoria de mantenerse a igual distancia entre el teísmo propiamente dicho, y el ateísmo, entre el idealismo y el positivismo, entre el escepticismo y el dogmatismo, entre el absoluto trascendente y el absoluto inmanente. La base general, el principio y el término de la Filosofía crítica, es la negación de lo sobrenatural, y en este concepto se identifica con el racionalismo en todas sus fases, y se acerca no poco al positivismo materialista y al darwinismo. Por lo demás, considerada en sí misma o en su principio generador, la escuela crítica francesa no es más que una derivación del criticismo de Kant, o, si se quiere mejor, una fase del neokantismo, que en estos últimos años domina y se extiende e inspira el pensamiento y las producciones de no pocos escritores.
El análisis psicológico y la crítica histórico-literaria constituyen el método predominante de esta Filosofía, en la cual el pensamiento flota indeciso entre los objetos y las escuelas, entre la realidad y la idea, entre el hecho físico y la abstracción metafísica. Por parte de su contenido, la Filosofía crítica tiene algo de idealismo y algo de positivismo amalgamado con ideas darwinistas, algo de dogmatismo y bastante de escepticismo, algo de teísmo y mucho de ateísmo.
Porque, en efecto, el corolario lógico, la tesis capital de la Filosofía crítica, es la negación de la realidad objetiva de Dios como ser personal, trascendente y perfectísimo. Si para Renan Dios es sencillamente la categoría de lo ideal, para Taine es la ley que preside al desarrollo de los seres cósmicos, la fuerza inmanente del mundo, la cual, en virtud de una abstracción del entendimiento, se transforma en el ser ideal y filosófico que llamamos Dios, o sea en un ser metafísico (voilá un être métaphysique), el cual se convierte también en un ser místico (va devenir un être mystique), si al movimiento de abstracción de la inteligencia se junta la exaltación y el entusiasmo de la imaginación.
Idéntica en el fondo, pero más explícita y absoluta, es la doctrina de Vacherot sobre este punto. Si por Dios se entiende el ser real y perfectísimo de los escolásticos (ens realissimum ac perfectissimum, comme disaient les Scolastiques), una realidad trascendente y distinta del mundo, un ser perfecto, en este caso Dios es un ente de razón, un ser puramente ideal, porque la perfección y la realidad implican contradicción (perfection et réalité impliquent contradiction, la perfection ne peut exister que dans la pensée), y, por consiguiente, un Dios perfecto no es más que un ideal (le Dieu parfait n'est qu'un Ideal), una abstracción del pensamiento sin realidad objetiva. Si se trata de Dios como ser real y existente en sí mismo y por sí mismo, no hay más Dios que el Cosmos (c’est le Cosmos) o mundo, al cual competen la infinidad, la necesidad de existencia, la independencia y demás atributos que los teólogos suelen señalar como propios y exclusivos de Dios: Pour nous, le Monde, n’étant pas moins que l’Étre en soi lui-même... possède l’infinité, la nécessité, l’independance, l’universalité et tous les attributs métaphysiques que les téologiens réservent exclusivement a Dieu.
Una vez colocada en esta pendiente ateísta, la Filosofía crítica debía rechazar y rechazó la mayor parte de las ideas y verdades metafísico-morales. Si Dios es una mera abstracción del pensamiento; si Dios no es un ser real vivo, personal y trascendente; si no hay más realidad, ni por consiguiente más fundamento real de la justicia, que la realidad cósmica, el destino final del hombre, la vida futura como premio y castigo de la presente, la inmortalidad, el cielo, la providencia, son palabras vacías de sentido. Para el hombre de la ciencia, como dice Renán, el cielo no es más que el pensamiento del hombre ocupado por la idea de Dios.
El principio positivista que palpita en el fondo de la Filosofía crítica arrastra igualmente a Taine a la negación de las ideas metafísicas de substancia y de causa. Éstas no son más que ilusiones psicológicas, pues lo que llamamos causas y substancias son sistemas o conjuntos de hechos y de leyes. El autor de la Historia de la literatura inglesa, después de considerar al hombre como una resultante de fuerzas mecánicas, concluye afirmando que el vicio y la virtud son productos como el vitriolo y el azúcar: Le rice et la vertu sont des produits comme le vitriol et le sucre.
Las indicaciones que anteceden, aunque breves, prueban suficientemente que existen estrechas relaciones de parentesco entre la Filosofía crítica y el positivismo materialista en todas sus fases y direcciones, sin excluir la dirección o fase darwinista. Porque es de saber que Taine adopta y aplica no pocas ideas del darwinismo, y con especialidad la ley de la selección y de la concurrencia vital; hasta en el origen y relaciones de nuestras ideas y representaciones sensibles, descubre Taine la selección y lucha por la vida: La lutte pour vivre qui, a chaqué moment, s’établit entre toutes nos images, &c.
Vese también, por lo dicho, que, a pesar de sus protestas y tendencias a mantenerse a igual distancia entre el idealismo y el positivismo, entre el teísmo y el ateísmo, la Filosofía crítica cae y entra de lleno en el terreno positivista y ateísta: porque esta doble pendiente arranca del racionalismo que sirve de base y principio general a la Filosofía crítica, y en el orden intelectual, como en el orden físico, las cosas caen del lado a que se inclinan.
La Filosofía crítica ha tenido muy pocos discípulos y sucesores propiamente dichos, cosa que se explica fácilmente teniendo en cuenta que la dirección ateo-positivista que la informa debe ser absorbida y confundida en las grandes corrientes del materialismo y del darwinismo, sistemas que están llamados a ser los naturales herederos de la Filosofía crítica contemporánea.
Entre los escasos partidarios de ésta, puede citarse a M. Beraud, el cual, en su Estudio sobre la idea de Dios en el espiritualismo moderno, reproduce la tesis capital de la Filosofía crítica, haciendo de Dios una concepción ideal, una mera creación del espiritualismo humano. Puesto que Dios no es un ser real (Dieu n’est point un être réel), añade, el hombre no debe buscarle fuera del mundo, sino en sí mismo, en los ideales y abstracciones de su inteligencia, ni debe reconocer más cielo que su propio pensamiento: il n’y a pas d’autre ciel que celui de a pensée.
No hay necesidad de advertir que estas ideas son simples repeticiones de las expuestas y profesadas por Renan, que es, a no dudarlo, uno de los representantes más caracterizados de la escuela crítica. Mas como quiera que su criticismo tiene poco de filosófico y mucho de religioso en sus aplicaciones, en sus fines y en su objeto, lo cual no entra en el cuadro de la historia de la Filosofía, nos limitaremos a recordar que, para el autor de la Vida de Jesús, Dios no es más que «la categoría de lo ideal, es decir, la forma bajo la cual concebimos lo ideal, como el espacio y el tiempo son las categorías de los cuerpos, es decir, las formas bajo las cuales concebimos los cuerpos». Para Renan, lo mismo que para Taine y Vacherot, Dios no existe como ser absoluto, real y trascendente; para el autor del Porvenir de la metafísica, lo mismo que para los demás partidarios del criticismo idealista, lo divino sólo existe en la naturaleza y en la historia, y lo absoluto, o Dios, considerado fuera de la humanidad, no es más que una distracción.
Ya hemos dicho al principio que esta escuela crítica puede considerarse como una derivación y aplicación del criticismo kantiano, y ahora debemos añadir que en este concepto merece figurar en ella Renouvier, el cual, en nuestra opinión, es el representante más completo y genuino del neokantismo en Francia.
Marchando en pos de Kant, su maestro, Renouvier afirma «la primacía de la moral en el espíritu humano con respecto al establecimiento, posible o no, de las verdades trascendentales, de las que se pretendía en otro tiempo deducir la moral». Es decir, que la moral es anterior y superior a la idea religiosa, y a la idea divina, y a la espiritualidad del alma, y a la vida futura, con los demás objetos que el criticismo subordina a los fenómenos (le criticisme subordonne tous les inconnus aux phénomènes), por lo mismo que los noúmenos le son desconocidos con certeza racional y teorética.
En conformidad con estas ideas, la existencia de Dios como noumeno, su realidad objetiva como ser infinito, espiritual y trascendente, si no es para Renouvier un sueño, una idea mística como para Taine, una categoría ideal como para Renan, es, cuando más, un postulado, una hipótesis más o menos relacionada con la moral, la cual, en todo caso, es en absoluto independiente, anterior y superior a Dios, como ser infinito y trascendente, y más todavía como fundamento y sanción de la moral.