La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Ilustración apologética

Aprobación del P. Fr. Martín Sarmiento, Lector de Teología Moral en el Monasterio de S. Martín de esta Corte.


>>>

Por mandato de nuestro Rmo. P. M. Fr. Francisco de Berganza, General de la Congregación de nuestro P.S. Benito de España, Inglaterra, &c. he visto un Libro, intitulado Ilustración Apologética al primero, y segundo Tomo del Teatro Crítico, que desea sacar a la luz el Rmo. P.M. Fr. Benito Feijoo Montenegro, Maestro General de la misma Religión, Abad que ha sido, y es al presente del Colegio de San Vicente de Oviedo, Graduado en la Universidad de dicha Ciudad, Catedrático de Santo Tomás, y de Sagrada Escritura, y actualmente de Vísperas de Teología, &c.

Y siendo la Obra una justa Apología contra la censura, que D. Salvador Joseph Mañer estampó en su Anti-Teatro, consiguientemente se me intima que lea los Tomos del Teatro Crítico, y la impugnación que el Anti-Teatro trae. Digo, pues, que leí con alguna reflexión el Teatro, Anti-Teatro, y esta Ilustración Apologética. Por lo que toca a expresar mi dictamen, no he tropezado en este escrito con cosa opuesta a los dogmas católicos, disonante a buenas costumbres, o contraria a nuestras Constituciones, y Leyes. Por lo que mira a sentenciar en esta racional contienda, cedo el cálculo a los lectores indiferentes; sólo propondré con ingenuidad mi sentir.

Los que conocen la modestia del P.M. Feijoo extrañarán en el estilo alguna acrimonia, que no acostumbra; pero los que reflexionaren debía ser Apologético, aún echarán de más aquella dulzura, suavidad, y cortesía con que, impugnándole, trata a su pretendido opositor. Tiene el estilo todo el lleno del carácter apologético, [VI] y sólo faltan las acres invectivas, que le caracterizan; esto es triunfar de sí propio su modestia, aun cuando la defensa es en causa propia. Antes de Aristarcos, y Zoylos fueron forzosas Apologías, pues mucho antes de estos fueron muy comunes las calumnias. Pero no sé que de otro alguno, como de nuestro Autor, se pueda decir, que, sin pasar la raya de una justa defensa, supo triunfar, sin preconizar el triunfo. Si consistió en la debilidad del émulo, o en la valentía del emulado: Demit honorem aemulus Ajaci {(a) Ovid. 13. Metam.}, déjolo a la discreción. Lo que yo debo decir al Autor es lo que le dijera Sydonio: Tàm qui te aemulentur non habes, quam non invenis, qui sequantur {(b) Sydon. lib. 2. epist. 3.}. Envidiosos, y Anti-Críticos sí habrá muchos: Quoniam aemulari non licet {(c) Plaut. in Milit.}, opositores de consecuencia pocos, o ninguno. Escritores, que a la sombra de un especioso título impriman lo contrario, saldrán a docenas. Pero Escritores, que entiendan lo mismo que impugnan, o que no impugnen lo mismo que ignoran, hasta ahora no salieron al teatro. Enfermedad es esta de escribir, que si en tiempo de Juvenal era incurable, hoy día, sobre incurable, es contagiosa: y siendo contra el Teatro Crítico, ya picó en epidémica manía: Insanabile scribendi cacoëthes {(d) Juven. satir. 7.}. No digo que el Sr. Mañer escribiese por manía su Anti-Teatro, pues en varias partes da a entender su merced, que entra preguntando, y consultando sobre sus dudas, sólo por oír al P.M. en sus respuestas. Lo mismo que otro Gaditano hizo con Tito Livio {(e) Plin. lib. 2, epist. 3.}. Así sólo juzgo, que sus desvelos de casi tres años no tienen otro fin, que el de hallar soluciones a muchísimas cosas, que no pudo entender [VII] en el Teatro Crítico; y con efecto, pues las busca en quien se las dará a manos llenas: Nihil est quod discere velis, quod ille docere non possit {(a) Idem lib. I, epist. 22.}. En esta Ilustración hallará el Sr. Mañer saciada su curiosidad, advertida su corta penetración, y satisfechos los que llamó descuidos del Teatro, habiendo sido deslices de su propia inteligencia.

Es el Teatro Crítico de superior orden a entendimientos vulgares, así por su armónica composición, como por la sublimidad ingeniosa de su Artífice. Sólo con advertirnos Pausánias {(b) Pausan. in Corinth.} quien había sido el Arquitecto del Teatro de Epidauro, creyó discretamente, que no se podía ponderar con más alta expresión: Quis Polycletum audeat in certamen provocare? Es el P.M. Feijoo el Policleto del Teatro Crítico, y el Autor de esta Ilustración Apologética: Quis audeat in certamen provocare? Esto bastaba para elogio, y esto sobra para votar a ciegas la victoria contra sus Antagonistas. La universal aceptación con que se finge fue admitido en el Parnaso el famoso Poema Pastor Fido {(c) Trajan. Bocalin. Avis. 31.}, es buen símil del común aplauso con que el Teatro fue recibido en la República Literaria. Apenas salió a la luz esta Obra, cuando los curiosos ansiaban a porfía leerla, y convertirla en la substancia de su erudición. Hasta de la Majestad llegó a señorearse su dulzura: tanto, que saboreándose, como con el Poema Apolo, se lamía los dedos, y chupaba los labios (palabras de Bocalino) por haberla gustado, hecha de mayor cantidad de conceptos, que de palabras. Es verdad no faltaron Cínicos melancólicos, que no teniendo calor, ni espíritu para digerirla, tentaron morderla [VIII] por el pergamino. Censores de corteza, Críticos de aforro, y émulos, al fin, de que no podían ser émulos.

Quería Crates que el verdadero Crítico poseyese la Enciclopedia Universal: Criticum oportere esse peritum omnis scientiae Logicae {(a) Ap. Sext. Empyr. adv. Matth.}. Pero (gracias a la fortuna de este siglo) no hay hombre, que con haber hojeado solo en una antesala las Aventuras de D. Quijote, o las Travesuras del Gran Tacaño, no se imagine Crítico de bien sonadas narices para censurar ajenas obras, o negar glorias inconcúsamente recibidas. En algunos será antojo, o ligereza, en otros ya pasa de tesón a férrea terquedad. Hay Pseudo-Críticos nocturnos tan enamorados de su tosca, y ruda Minerva, que para apropiarse el carácter de Críticos, juzgan superfluo el conocimiento de Antigüedades, Cronología, Geografía, y Gramática. ¿Qué digo Gramática? Aún el ignorar los compuestos de sum, es, fui, creo no impide para critiquizarle a la moda; que su principal compuesto praesum, aees no puede menos de ser supositicio, y contrahecho, pues no nos consta de Autor coetáneo; y el privilegio de Nebrija tiene muchas nulidades {(b) Ap. Causin. lib. 2, parabol. 58.}. De semejantes Criticastros Anónimos, y Pseudónimos dijo muy bien Antíphanes, que eran chinches de los eruditos: Eloquentium clandestinè mordentes cimices. Yo los llamara también chinches de la República, y de sus glorias, pues todo lo envidian, todo lo inficionan, y todo lo muerden.

Con este venenoso ánimo salieron muchos de mano armada contra el Teatro Crítico: Impetum fecerunt uno animo in Theatrum {(c) Act. cap. 19, v. 29.}. Los más escribieron con buen fin, aunque en mala causa. Era esta la defensa [IX] de los que no creían ser errores de su facultad. Sólo faltaba uno, que saliese derechamente en defensa del vulgacho, y sus vulgaridades, que no es la facultad de menos séquito. Pero esta materialísima, y molesta carga ya parece la echó sobre sus hombros el Sr. Mañer: por cuyo empleo le llama con razón el P.M. Feijoo, Procurador General del Vulgo, y Juez Conservador de sus Errores. Creyendo, pues, el Sr. Mañer, que acaso, como allá en el Teatro de Roma,

Elephas albur Vulgi converteret ora:

{(a) Horat. lib. 2, ep. I.} comenzó su Anticrítica, acriminando, y arguyendo de descuido la especie del Elefante blanco. A lo que se deja entender, para que divertido el vulgo con aquel descuido Elefante espectable en el Teatro Crítico, no atendiese a todo lo demás que se decía en el Teatro. Ingenuamente concede el P.M. como medio descuido solo la equivocación de Siam por Bengala, la que es accidental al asunto para que se traía la especie. Yo dijera, que ni aún medio descuido ha sido, si se apuran las circunstancias. Es claro que a imitación del Buey, o Apis en Egipto, se veneró y venera en la India Oriental el Elefante. De Bengala lo dicen muchos: de Siam lo afirman algunos, citados del célebre Geógrafo Pedro Davity {(b) Davity de Asia, fol. 620, 636, 637.}, quien, aunque no los sigue, dice, que Siam es un Seminario de muchas sectas, y raíz de toda la Idolatría. De aquí es consiguiente ser tan conforme el religioso culto del Elefante blanco a la Metempsichosis, o transmigración Pitagórica, que creen aquellos Bárbaros, que sería crasa inconsecuencia no adorarle. El Dios Sommonokhodom tiene estancia en el Dios Osiris {(c) Diodor. Sic. lib. I.}. Este falso Dios se veneraba [X] en el Buey negro, o Apis, por haber transmigrado a él su alma: ¿pues por qué no se adorará por lo mismo el falso Dios Sommonokhodom en la figura del Elefante blanco?

Ésta, que ha parecido equivocación, y no lo es, ha tenido contra sí la corpulencia del Elefante, que no pudo tragar el Sr. Mañer, porque no se hallaba en sus libros; y así, sobre este monte viviente tentó amontonar descuidos contra el Teatro: Cujavis oratio insimulari potest (queja de Apuleyo) si ea, quae ex prioribus nexa sunt, principio sui defraudentur {(a) Apulej. Apolog.}. Si se desquician las cláusulas del P.M. Feijoo, si se dislocan sus palabras, si se violentan los significados, si es error lo que no se entiende, o no se ha leído: y finalmente, si ha de ser descuido del Autor el que sus Censores no sepan buscar las citas, muy escaso anduvo el Sr. Mañer en contar solos setenta descuidos, pues ya pasarán de setecientos los de esa clase. Algo sería tolerable en un Autor de Aldea; pero en un Autor de Corte, en un Belerofonte literario, en un Escritor, que maneja a menudo la Real Biblioteca, no. Ni es disimulable que no encuentre las citas, y es irreprehensible se valga de Autores, que dicen lo contrario a lo que entiende; esto es exponerse a aquella irrisión, que Luciano hace de un indocto entre muchos libros: Qui in tui perniciem velut Bellerophontes codicem attuleris {(b) Lucian. adv. indoct.}. Porque como otro Belerofonte manejaba libros, cuyo contenido ignoraba, y aún no advertía que eran contra sí mismo. Puede ser consistiese en que el Sr. Mañer leyó de priesa el Teatro Crítico, para escribir su Anticrítica más despacio. Así no salió al certamen contra el P.M. Feijoo, y su Teatro; sí contra un Autor fingido en el teatro de su fantasía. [XI]

Tiene el Teatro Crítico en su construcción la principal circunstancia, que en un Teatro material pedía Vitruvio: Ne sit locus surdus {(a) Vitruv. lib. 5, cap. 3, &c.}. Tal simetría debe tener un Teatro, que ni la más mínima voz se pierda, ni deje de oírse la más remisa. A poco que se altere la estructura, se alterará la voz. Si se combinan los sillares para describir otra figura de aquella, que para su progreso, aumento, y conservación pide la voz, sea cónica, o circular su concavidad; tan lejos de entenderse lo que se canta, y se recita en el Teatro, apenas se logrará la primera aprehensión de las voces, o resultará un confuso sonido de todas ellas. Más delicado es el Teatro Crítico en su fábrica. No basta que en él hagan reflexión las voces hacia los oídos; es preciso que la verdadera significación de las palabras reverbere hacia los entendimientos. En suma, en el Teatro material hacen reflexión las voces, hiriendo en los mármoles, o materiales: en el Teatro Crítico, para su inteligencia, ha de reflexionar la misma inteligencia, hiriendo formalmente en las voces: Ne sit locus surdus {(b) Apulej. de Mund.}. A una sola voz, que se le quite, se le añada, se le altere, quedará confuso todo el Teatro, y descompuesta su armonía. No de otro modo que la imagen de Fidias en el escudo de Minerva competía con el simulacro en la duración. O se había de arruinar la simetría de la Estatua, o jamás se borraría la imagen de su Artífice. Así, pues, se ve grabada en el Teatro Crítico la intelectual imagen de su Autor. A poco que su colocación se trastorne, quedará la imagen desfigurada; y a tantico que se tuerza el sentido o inteligencia, que debió dar, y dio, a las voces, ni aún imagen de sí mismo quedará el Teatro.

Una sola voz de estas, si, dícese, parece, si acaso, creen algunos, sea esto así, &c., quitada o alterada en el [XII] Teatro Crítico, siempre saldrá viciada su inteligencia, a no resultar una monstruosidad de contradicciones, que puedan llenar cien Anti-Teatros. Así se quejaba S. Agustín {(a) S. August. cont. Julian. lib. 4, c. 8.}, porque Juliano había arrancado de sus cláusulas las voces videatur, y putetur, para tener algo que impugnar: Abstulisti verba, quae dixi, & dixisti, quae ipse finxisti. Y así le responde: Redde verba mea, & vanescet calumnia tua. Esto mismo pudiera responder el P.M. Feijoo al Sr. Mañer: Restituya V. md. mis palabras a su lugar, y se desvanecerá en humo su Anti-Teatro. O si, como es razón, quisiere excusar aquí en el Sr. Mañer la malicia, y calumnia con que allí procedió Juliano, y atribuirlo todo a unos grandes deseos de patrocinar al vulgo, con no menos vulgar inteligencia, lo que Marcial a Fidentino:

Quem recitas meus est, ô Fidentine, libellus:
Sed malè cùm recitas, incipir esse tuus.

{(b) Mart. lib. I, epigr. 39.} No es el Teatro Crítico, que el Sr. Mañer impugna, el mismo que escribió el P.M. Feijoo: sino el propio que, no leyendo bien, se fingió el mismo Mañer. Juzgó al descuido con cuidado de Teatro Crítico, y se descuidó del cuidado que debía poner en entenderlo. Por eso abunda el Anti-Teatro de alucinaciones más que vulgares, que esta Ilustración hará patentes.

No es menor alucinación la que padece el Sr. Mañer en la causa del vulgo, confirmar sus propios errores con nuevas vulgaridades. Dos, que el P.M. desprecia por demasiadamente crasas, quiero advertirlas al mismo vulgo, para que tantee el aprecio que merece su Patrono. La primera consiste en los melindres de parida, que el Sr. Mañer (fol. 118, n. 15) impone a los Gallegos sobre su palabra. U debía aplicarlos a los Isleños de Córcega, [XIII] según Diodoro Sículo: y a los Cántabros, según Estrabón, y Mariana {(a) Diod. lib. 5, divis. 14. Estrab. lib. 3. Marian. lib. 3, cap. 25.}; u debía señalar Autores de mayor categoría por antigüedades Españolas. La segunda se halla al f. 266, n. 19, con esta rotunda gracia: Entre las Provincias de España son reputados los Gallegos por la gente más insipiente... y ruda. ¿Quiénes son los Aeropagitas que sentenciaron? Las Catedrales, Religiones, Universidades, y Colegios testifican lo contrario con la experiencia. Las Pelucas, y Corbatas, que han estado en Galicia, o saben algo del Reino, no dirán semejante cosa: con que sólo resta, que tan baja vulgaridad se conserve entre gente de alpargata, y varapalo; o que en las Alpujarras se observe por la tradición cuarenta y una. Citar contra Galicia Autor Portugués, y rayano, es ignorar los elementos de la Crítica. Diga el Sr. Mañer en el Obispado de Tuy, que los Gallegos son Portugueses, y espere la respuesta. Demás, que semejante ojeriza es común entre conrayanos, como se ve entre Navarros, y Franceses. El nombre de Portugués en Galicia huele a no sé qué. No obstante, para que Faría quede satisfecho, y el Sr. Mañer desengañado, estimaré se lea el mismo Epítome de Faría a la pág. 154 {(b) Faría Epist. p. I, cap. 12, pag. 154.}. Allí se leerá expresamente, que acosados los conterráneos de Faría del valor Gallego, no alegaron otro motivo para lograr las paces que imploraban, sino decir, que Portugueses, y Gallegos todos eran unos: Pues el origen de unos, y otros era el mismo: Griegos todos. Para la contradicción de Faría sobra lo dicho: para prueba de que no debió admirarse, bastaba Estrabón: Maxima Lusitanorum pars, ut Gallaici vocitentur, factum est {(c) Estrab. lib. 3.}. Con que no es el P.M. Feijoo, como quiere persuadir el Sr. Mañer, docto entre insipientes, y rudos Gallegos, [XIV] Orfeo entre Thraces, y Píndaro entre Beócios. Es Píndaro, Orfeo, y Autor sobresaliente, no sólo entre los celebrados que ha producido Galicia, sino también entre los mayores que dieron lustre a la Monarquía Española.

Las demás alucinaciones, que en nombre del vulgo acumula el Sr. Mañer, las verá el lector notadas a centenares en esta Ilustración Apologética: con tal eficacia, que no podrá menos de admirar en ella con Sydonio {(a) Sydon. lib. 9, epist. 7. Opportunitas, &c.} la oportunidad en los ejemplos, la fe en las citas, la propiedad en los epítetos, la urbanidad en las figuras, la valentía en los argumentos, el peso en las sentencias, y dictámenes; y finalmente, un río en la elocuencia, y un rayo en cada cláusula: Flumen in verbis, fulmen in clausulis. No es el P.M. rayo, que hiera, o lastime a sus émulos. Es un rayo intelectual de tan superior jerarquía, que al mismo tiempo que sólo espanta, aterra, y horroriza a sus Antagonistas lechuzas, ilustra todo cuanto tiene dicho en su Teatro, para mayor desengaño de los que desean sacudirse de errores vulgares. Sólo en éstos se compromete, para que, cotejando Teatro, Anti-Teatro, y Apología, hagan justicia en el presente certamen. Si mi voto, por ser de discípulo apasionado del Autor, no se rechazase, sería, que el P.M. maneja las especies en esta Obra, como quien las tiene propias; y que su Antagonista las malbarata como prestadas: que el P.M. escribe lo que sabe; que el Sr. Mañer escribe lo que trasladó: que el P.M. sigue derechamente la senda de la verdad; que su Antípoda busca sendas torcidas para impugnarla. Finalmente digo, que la paradoja primera del Tomo III del Teatro ya no es paradoja en nuestro paralelo. Escriba el Sr. Mañer Anti-Teatros, y más Anti-Teatros usque in infinitum; pero no piense llegará a tocar [XV] la línea, rumbo, o vuelo, que sigue el P.M. Feijoo. Éste es siempre recto, el que el Sr. Mañer se propone, o le desviará la ignorancia in infinitum, o torcido con la intención, nunca podrá alcanzarle. En líneas parece quimera, por eso es paradoja: en nuestro cotejo dejará de ser paradoja, porque se hará patente a todos, que deben decir al Sr. Mañer tantee primero su caudal de Minerva, antes que sueñe impugnar al P.M.

Tecum habita, & noris quam sit tibi curta suppellex {(a) Pers. Satyr. 4.}. Por tanto soy de dictamen, que esta Ilustración se publique, para combatir algunas cataratas, que la obscuridad del Anti-Teatro quiso introducir con trampantojos. Tan ajustada la hallo al intento, que si el Teatro se llevó el aplauso de los curiosos, espero que esta Ilustración será hechizo de sus mismos émulos. De Pompeyo, dice Casiodoro {(b) Casiod. ap. Pitisc.}, que el renombre de Magno le mereció, más que por sus conquistas, por su Teatro; y Tertuliano pondera, que sólo era menor que su Teatro, Pompeyo: Theatro suo minor {(c) Tertul. de Spectac. cap. 10.}. Como si dijesen entre los dos, que Pompeyo era grande por su Teatro; y que su Teatro era grande por ser Teatro de Pompeyo. Del P.M. diré yo, que si por su Teatro Crítico mereció el renombre de grande, por esta Ilustración Apologética logrará aplausos de mayor. Theatro suo major. Y así se le debe congratular para que prosiga con su Teatro, que así podrá gozarse del mayor aplauso, con que adelante será recibido:

Plausuque sui gaudere Theatri.

{(d) Lucan. lib. I, v. 133.}. Así lo siento, salvo meliori, en S. Martín de Madrid, y Noviembre 20 de 1729.

Fr. Martín Sarmiento.


inicio / <<<

{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Ilustración apologética al primero, y segundo tomo del Teatro Crítico (1729). Texto tomado de la edición de Madrid 1777 (por Pantaleón Aznar, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), páginas V-XV.}


Biblioteca Feijoniana
Edición digital de las Obras de Feijoo
Teatro crítico universal / Cartas eruditas y curiosas / Varia
Proyecto Filosofía en español ~ www.filosofia.org