φñZeferino GonzálezHistoria de la Filosofía (1886)

tomo segundo:99100101102103104105Imprima esta página

§ 100. Avicebrón

El nombre de Avicebrón, nombre citado con bastante frecuencia por Alberto Magno, Guillermo de París, Santo Tomás{1} y otros varios escolásticos, fue un verdadero enigma, no ya sólo para éstos, sí que también para los críticos e historiadores de la Filosofía, hasta que Münk demostró en nuestros días que el famoso Avicebrón de la Filosofía escolástica fue un filósofo judío del siglo XI.

Aunque se ignora el año preciso de su nacimiento, lo mismo que el de su muerte, consta hoy que el autor del Fons vitae, enumerado generalmente y colocado entre los filósofos árabes por los historiadores de la Filosofía, incluso Ritter, fue Salomón ben-Gebirol, natural de Málaga, pero educado en Zaragoza, donde en 1045 escribió un pequeño tratado de moral y [485] algunas poesías. Es probable que falleciera en Valencia, hacia el año de 1070, poco más o menos.

Aparte de sus poesías escritas en lengua hebrea, y que hicieron su nombre muy popular entre sus correligionarios, Gebirol debe su fama como filósofo a su Fons vitae, escrito en árabe por el autor, a lo que parece, pero que fue traducido al latín con este título a contar desde el siglo XII. He aquí, en resumen, los puntos capitales de su doctrina:

a) El estudio y conocimiento científico de las cosas debe comenzar por el estudio y conocimiento de sí mismo, y la observación psicológica debe ser el punto de partida de la ciencia. El término y objeto final de ésta es el conocimiento de la Voluntad, es decir, de la voluntad de Dios como causa creadora del Universo y de su movimiento.

b) El conocimiento, o, mejor dicho, la unión intelectual con esta substancia primera, unión que constituye el objeto final y la perfección suprema del hombre, se consigue por el doble camino de la ciencia y de los ejercicios piadosos. Para llegar a la unión intelectual y perfecta con Dios en la vida presente, no basta la especulación, si no va acompañada de la purificación moral y de la abstracción de todo lo corporal, por medio de las prácticas religiosas, de la meditación y del entusiasmo místico.

c) La creación es el acto por medio del cual la Voluntad, es decir, Dios, por medio de la voluntad, imprime determinadas formas en la materia, de manera que todas las formas son impresiones más o menos directas e inmediatas de la voluntad divina.

Esta idea de la creación, junto con otras [486] indicaciones relacionadas con este punto que se encuentran en su libro, permiten sospechar que no admitía la creación ex nihilo, en el sentido propio de la palabra, y que sus ideas sobre esta materia coincidían con las de los neoplatónicos, como coincidían también en lo que se refiere a tendencias místicas y algunos otros puntos filosóficos. Como Platón, el filósofo judío enseña también que los esfuerzos del alma para adquirir la ciencia representan la evolución y reminiscencia de sus conocimientos anteriores a la unión o impresión del alma en el cuerpo.

d) Empero la teoría fundamental y característica de la Filosofía de Avicebrón es la que se refiere a la materia y forma, como elementos constitutivos y principios internos de todas las cosas finitas; porque, según el filósofo de Málaga, hay una materia universal que forma parte de todas las esencias, cualquiera que sea su naturaleza y perfección, exceptuando únicamente a Dios. Esta materia universal, superior y más sutil que la materia de los cuerpos, entra en la composición de los ángeles, apellidados también substancias separadas e inteligencias, y es como el substratum común de todas las cosas que no son Dios. Bajo esta materia universal, y como determinaciones de la misma, pueden distinguirse otras tres especies de materia, que son la materia corpórea, o sea la que entra en toda substancia extensa; la materia celeste, que es la que se encuentra en las esferas celestes y los astros, y la materia sublunar, que sirve de substratum propio a los cuerpos sublunares sujetos a generación y corrupción.

La doctrina de Escoto acerca de la unidad de la materia prima, sus vacilaciones y reservas acerca de [487] la existencia de materia en los ángeles, y su opinión acerca de la forma de corporeidad como forma substancial general del cuerpo, y como base y condición de las formas substanciales especiales y superiores, o sea del alma de los brutos y del hombre, pueden considerarse como reminiscencias y vestigios de esta teoría de Avicebrón.

Con mayor fundamento todavía puede sospecharse que la doctrina del filósofo judío ejerció cierta influencia sobre algunas opiniones y teorías de Raymundo Lulio, bastando citar como ejemplo su opinión acerca de la materia prima universal y de la forma substancial universal, sin contar sus reminiscencias y formas cabalísticas, tan en armonía con las tradiciones de la Filosofía judaica.

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{1} Aparte de otros varios lugares de sus obras, en el opúsculo De substantiis separatis, seu angelorum natura, Santo Tomás dedica cuatro largos capítulos a exponer y refutar la teoría de Avicebrón acerca de la existencia de materia en las substancias o inteligencias separadas. Los epígrafes de estos capítulos, son: De substantiarum separaturum essentia secundum Avicebron.– Reprobatio opinionis Avicebron quantum ad modum ponendum.–Reprobatio opinionis Avicebron de materialitate substantiarum separatarum.– Solutio rationum Avicebron. En el primero de estos capítulos, el Doctor Angélico, después de consignar que Avicebron existimavit omnes substantias sub Deo constitutas, ex materia et forma compositas esse, expone con notable claridad, no solamente las razones o argumentos con que el filósofo judío intenta demostrar la verdad de su opinión, sino el método o proceso analítico que le condujo a esta teoría.