Filosofía en español 
Filosofía en español

cubierta del libro

 
Acasos de Don Ulises
de Androbando,

hijo natural
del Marqués del Sacro Imperio,
acaecidos en el año de
1699.

 
Dedicado a los Doctos de buen gusto.
escríbelos
Dj. G. O. D. L. B. R. A.

 
Con licencia, impreso en Valencia
por Bernardo Nogués en este año de 1699.

 
prólogo.

Curioso lector, no todas las grandes empresas se hicieron para los grandes hombres, que en unos es delito el no conseguir, y en otros es lauro el emprender.

A

A instancias de algunos amigos sale a luz este Pigmeo, no a luchar con membrudos Gigantes, sí a ser juguete para entretener el buen gusto de los aficionados a las buenas letras. No a ser blanco de indignadas punterías, porque aunque se logre el tiro será despreciable el fruto del vencimiento. Sí a responder a un varón tan docto cuanto lo venera mi atención como Texto vivo. No para motivar rencores a los Filósofos Peripatéticos. Sí, para darles motivos en sus mayores adelantamientos, para que se hagan más plausibles en la averiguación de las causas de las cosas naturales. No para que se divorcien de las doctrinas si están bien casados con ellas. Sí, para si les hiciere fuerza mis razones, elijan más seguro puerto en sus tormentas. Y así recíbase esta obra por motivo para el más seguro filosofar, que no obliga sino convida al mejor acierto.

[ folio 1 vuelto ]



L

Las travesuras de Don Ulises de Aldrobando obligaron a su padre a remitirlo a Salamanca, dando orden a un amigo suyo para que lo recogiese, e inclinase a los estudios, y que eligiese la facultad que le fuese más genial. Llegó a Salamanca Don Ulises, recibiolo con caridad el amigo de su padre, diole noticia de la orden que tenía al segundo día de su arribo; pasó Don Ulises a la Universidad y habiendo conferido con algunos estudiantes, qué facultad estudiaría; unos le dijeron, que estudiase Teología, otros que estudiase Leyes, y otros que estudiase Medicina. Los Teólogos alegaban la nobleza del objeto de su facultad, los Legistas le decían, que no había nobleza como el mandar. Los Médicos le decían, que no había más nobleza que el ganar dineros desde que se suelta el vade a las puertas de las Escuelas, y que demás a más tenía su facultad la dicha de [2v] que entrando a estudiarla cien Estudiantes, todos salían después Doctores, y Doctorados, y que en las demás facultades, de cien Letrados, y otros tantos Teólogos, apenas salían doctos cuatro de quien poder echar mano para el más leve empleo. Determinose Don Ulises, y entró a estudiar Medicina, y a pocos meses se adelantó tanto, que no dio corta envidia a sus condiscípulos. Al segundo curso se graduó en dicha facultad, supliéndole por su grande habilidad el tiempo que le faltaba. Abandonó la facultad Don Ulises, y se dio a los vicios tanto, que tenía escandalizada a Salamanca con sus travesuras. Dio cuenta de ellas a su padre el amigo, encargándole, que sacase a Don Ulises de Salamanca, porque intentaban quitarle la vida sus enemigos. Con estas noticias redujo a Don Ulises a la Corte el Marqués, por ver si con su presencia se enfrenaban las travesuras de Don Ulises. A pocos días de haber llegado a la Corte, hallándose en el Prado una tarde, se enamoró de una señora hija de muy nobles padres, siguió la carroza, y tuvo el día segundo fortuna (por un papel) de explicar su amor a Doña [3] Rosa (que así se llamaba la señora) respondiole con alguna aspereza, continuó su galanteo Don Ulises, y a pocos meses logró que Doña Rosa oyese sus cuidados por una reja baja de su casa. Dio Don Ulises algún escándalo en el barrio con las músicas que traía algunas noches. El padre de Doña Rosa penetró la liviandad de su hija, valiose del favor de un Alcalde de Corte amigo suyo, a quien encargó despojase de la calle a Don Ulises, y así se lo prometió. La noche siguiente se encaminó con su ronda el Alcalde al barrio de Doña Rosa, donde halló a Don Ulises hablando con ella por una reja baja, llegó el Alcalde a reconocer a Don Ulises, resistiose, apretaron los ministros el empeño, desembarazó sus armas Don Ulises, trabose entre todos una pendencia, salió de ella el Alcalde mal herido; Don Ulises con la mucha gente que acudió, pudo ausentarse. Dio cuenta a su padre del lance, el cual por obviar el mayor daño, le dio un caballo, y dineros para que se ausentase de la Corte. Obedeció Don Ulises la orden de su padre. Luego que llegó a Toledo discurrió que en Sevilla se podía ocultar con [3v] mayor seguridad. Llegó en fin a Sevilla Don Ulises, fue a hospedarse a casa de un amigo suyo, y condiscípulo: hospedolo con cariño, contole la causa de su venida, y la noche siguiente le dijo Don Ulises a su amigo, que tomase sus armas, que deseaba salir a divertirse, para hacer más tolerable su cuidado. Salieron los dos amigos, y se encaminaron al Alcazar, y de allí a las calles del agua, y estando arrimados a la esquina de la calle del ataúd, oyeron gran ruido en la casa de enfrente; preguntó Don Ulises a su amigo, que si sabía ¿qué ruido era aquel que se oía? Respondió el amigo: Ese ruido se oye todas las noches en esa casa arruinada que está enfrente, dicen que ahí andan algunas almas en pena; otros dicen, que son duendes, en fin, ella está inhabitada muchos años ha, porque no hay quien se atreva a vivir en ella. Dijo Don Ulises: Amigo, yo no me puedo negar a este acaso, y así con vuestra licencia yo he de saber la causa de este ruido a todo riesgo, porque este es uno de los acasos a que no puede negarse mi valor. El amigo le dijo, que era empeño temerario, y no digno de alabanza, y no pudiéndole reducir, [4] retirose a la casa, y lo dejó en el empeño, quebrantando todas las leyes que sabe el político dolista.

Llegó a las puertas de la casa Don Ulises, y habiendo llamado con aliento le respondieron, y le abrió la puerta un anciano, a quien le preguntó Don Ulises, que ¿quién vivía en aquella casa? Respondiole el anciano, que él vivía en ella. Díjole Don Ulises: ¿Pues qué ruido era el que se oía en aquella casa todas las noches? Respondió el anciano: El ruido que se oye es el que hacen ciertos duendes que se recogen en estos desvanes, donde celebran muy sazonadas tertulias, y antes de entrar en ellas tienen su rato de diversión, y el más genial es hacer ruido para inquietar la vecindad, motivándoles con él a que se recojan temprano, porque entrando en la tertulia desean gozar de gran silencio. Dijo Don Ulises: ¿Y de qué se trata en esa tertulia? Respondió el anciano: En esta tertulia solo se trata de registrar todos los papeles Apologéticos que salen impresos en todas partes, y en todas las facultades. Aquí se hace justicia a los entendimientos de los Autores, y se les [4v] da el castigo o premio con aplausos preciosos. Aquí no se mezclan las pasiones con la justicia, todo se nivela con los méritos, o deméritos, y en fin se hace justicia.

Dijo Don Ulises: Yo soy un Caballero forastero aficionado a las buenas letras, y deseara hallarme esta noche en la tertulia para oír discurrir a los señores duendes. Dijo el anciano: Avisaré al señor Presidente, y a todos los demás señores duendes, y si os dieren licencia entraréis en la tertulia, decid vuestro nombre. Don Ulises le dijo como se llamaba, y quien era su padre. Pasó a dar cuenta el anciano portero, y habiéndola dado todos de mancomún, entró Don Ulises, recibiéronlo con cariño como a forastero, mandáronle que se sentase cerca del Secretario, para que oyese bien las dificultades que se tocaban. Tomó asiento Don Ulises, entraron después el Presidente, y los demás duendes, y reparó Don Ulises en los trajes que traían: a unos vio con hábitos de Frailecitos de devoción, a otros revueltos en retazos de mortajas desechadas de difuntos en penas, a otros con sotanas de padrecitos de la Compañía, [5] a otros con trajes de Sacristanes, a otros, con ropas de levantar aforradas en pellejos de ratones: el Secretario venía cubierto con una piel de gato montés imitando a Hércules cuando se vestía la de León.

Sentose el Presidente, tocó la campanilla, y mandó al Secretario que hiciese públicas las Apologías que traía. Levantose el Secretario, y sacó de una bolsa de terciopelo un legajo de papeles, y los puso sobre una mesa cóncava que tenía delante, como las de las garitas del juego de las bolillas, y al lado derecho tenía otra de figura convexa, en que ponía los papeles que leía, semejante a la de los sombrereros donde baten los sombreros.

Calzose el Secretario unos guantes de acero, arrimose al Secretario Don Ulises, y le dijo: ¿Para qué guantes de acero? ¿Son acaso para no maltratar el papel con las uñas? Respondió el Secretario: No señor Don Ulises; la razón de ponerme estos guantes es, que vienen estas Apologías tan llenas de abrojos, y de espinas de dicterios, y desvergüenzas, que para manosear sus hojas sin ofensa de las manos, es menester calzárselas [5v] de acero, y el entendimiento de paciencia. Díjole Ulises: Ea señor, que no es tanto el delito para afearle tanto, que con la espada en la mano no ofenden las palabras. Respondió el Secretario, y dijo: Señor Don Ulises, las luchas del entendimiento no corren parejas con las de la voluntad, es hijo primogénito del alma el entendimiento; es el mayorazgo de las potencias, no tienen disculpa sus defectos, no está tan sujeto a peregrinas impresiones como las demás potencias: y reparad, que el más ignorante tolera que le digan que tiene mala memoria, y mala voluntad, y si le tocan a su entendimiento, busca el más ruin modo para desempeñarle, y así tenemos en esta tertulia por gran delito el que se mezclen las luchas del entendimiento con las de la voluntad, sino que el entendimiento riña con sus armas, y las demás potencias con las suyas. Esto respondió el Secretario, y prosiguió diciendo: Señor, y señores aquí están unas Apologías Médicas, que han salido impresas estos días, son hijas de distintos ingenios. Dijo el Presidente: Léanse los títulos. Prosiguió el Secretario diciendo: [6] Apología del Doctor Colmenero Catedrático de Prima en la facultad de Medicina en la Universidad de Salamanca, escribe contra los polvos de Quarango. La que se sigue es del Doctor, Don Tomás Fernández, escribe contra el Doctor Colmenero. Esta otra es del Doctor Don Diego Zapata, escribe contra el Doctor Fernández. Esta otra es del Doctor Fernández, que escribe contra el Doctor Zapata. Esta última es del Doctor Don Cristóbal de Pedrosa y Luque dignísimo Catedrático de Prima de esta Insigne Universidad de Sevilla. Dijo el Presidente: Esta se lea la primera, por ser impresa en este Meridiano, y por ser de tal Autor, de quien nos debemos prometer muy buen rato, por ser ingenio conocido. ¿Cómo empieza? Dijo el Secretario: Como se sigue. Allegatio Apologetica Medico Physica qua probabilissimam sententiam de occultis qualitatibus, & operationnibus aliquorum entium. Esto, señor, y señores intenta probar este ingenio debajo del amparo del señor Don Andrés de Ibarburu dignísimo Maestre Escuela de la Santa Iglesia Patriarcal de la Ciudad de Sevilla, escribe contra un tratado que le remitió el Bachiller [6v] Don Miguel Melero Médico revalidado, y Familiar del Santo Oficio, su título es de entitatibus manifestis. Dijo el Presidente: Prosiga el Secretario, volvió la hoja de la Apología, y empezó diciendo: Dedicatoria al señor Don Andrés de Ibarburu y Galdona, Doctor en Sagrada Teología, Maestre Escuela, Dignidad, y dignísimo Canónigo de la Santa Iglesia Metropolitana, y Patriarcal de esta nobilísima Ciudad de Sevilla. Esperad, dijo el Presidente, ¿en qué idioma está la dedicatoria? Respondió el Secretario: Señor, toda está en Romance, y lo demás del papel está en Latín. Dijo el Presidente a los demás de la tertulia: Digna es de notar esta novedad: ¿qué motivo tendría este ingenio para escribir esta dedicatoria en Romance a un Doctor en Sagrada Teología? Dejémosle al padrino el perdón, y apúntese por yerro, por no estar en uso, y ser en esto las novedades peligrosas.

Prosigue el Secretario diciendo: Aprobación del Reverendísimo Padre Maestro Fray Juan de San Bernardo, uno de los primeros varones de su Sagrada Religión, en virtud, y letras. [7] Prosiguió el Secretario la aprobación, y habiéndola oído todos con gusto y notable aceptación, dijo el Presidente: Nuestro R. P. M. como censor y padrino nos pregunta, ¿cómo el Avestruz consume el hierro, y cómo el Monte Egla consume el agua, y no quema la estopa; y cómo la piedra chametites el que la trae consigo no le pueden ofender sus enemigos; y cómo la piedra Avestus una vez encendida nunca se apaga; y cómo la fuente Idumea en distintos meses, unas veces echa el agua clara, otras veces sanguinolenta, y otras veces rubia, y otras veces verde? A estas dudas ha de responder la tertulia esta noche, para satisfacer a N. Reverendísimo P. M. que como tan docto, y erudito no tendrá a mal lo que discurrieren los duendes de esta tertulia.

Levantose de la silla un duende que venía vestido de padrecito de la Compañía, y dijo: Yo responderé a nuestro Reverendísimo P. M. dándome licencia el señor Presidente, y mis compañeros, y demostraré con razones, y experimentos cómo el Avestruz consume el hierro, y cómo las Palomas consumen las guijas, y no disuelven el grano de una uva, ni el de un tomate; y cómo los bueyes no consumen la semilla [7v] de los alberjones, sino se las dan molidas y las Palomas las digieren enteras. Y habiéndole todos concedido la licencia, empezó diciendo:

A la verdad caminamos
Todos los que discurrimos,
Rodeando si dormimos,
Atajando si velamos.

Sin valernos del misterio magno, ni menos de cualidades ocultas, caminos tan hollados de los ociosos, los cuales volviendo la espalda al trabajo se contentan con alguna autoridad de alguno, que como crédulo la puso en sus obras, sin haber hecho la inspección necesaria para descubrir la verdad, como otros que no pudiendo penetrar algunos arcanos de la naturaleza, buscan algunas voces enigmáticas para salir del empeño en que los puso la curiosidad: y así vemos desempeñados a muchos varones doctos con las voces del misterio magno del anima mundi, de la entelequia del antiperístasis, de las facultades, y cualidades ocultas, y otras voces semejantes adivinatorias, que miradas a buena luz, son embarazos para que no los encuentre, ni conozca el desengaño.

Arrimose Don Ulises al Secretario, y le dijo: [8] Mucho extraño ver duendes con este traje, a que le respondió el Secretario: Estos que se visten esta ropa son más que duendes. ¿Pues qué son? le preguntó Don Ulises. Respondió el Secretario: Estos son unos duendes de distinta naturaleza que los otros: estos no son escandalosos, estos no se ven en los rincones de los zaguanes, ni en las casas caídas, ni en las bóvedas subterráneas ni en los desbarres. Preguntole Don Ulises: ¿Pues dónde asisten? Respondiole. Estos duendes asisten en los edificios de los Príncipes, en los Palacios Reales, en los teatros Literarios; en estas partes es donde hacen ruido este género de duendes. Prosiguió dicho duende en su desempeño diciendo; son los ventrículos estomacales en todos los animales la oficina primera donde se elaboran los alimentos con que se nutren: estas oficinas las previno la naturaleza de varias sales (que los modernos llaman sucos salinos disolventes), unas salinas nitrosas, otras nitrosas aluminosas, otras aluminosas salinas, otras vitriólicas, otras vitriólicas nitrosas, y según su mixtión, y predominio salen mixtos calientes, y húmedos, mixtos calientes, y secos, mixtos fríos, y secos, mixtos fríos, y húmedos, como se verá en esta tabla: [8v]

En predominio la sal comúnSal como sal,
sal initro,
sal y vitriolo,
sal y alumbre,
sal y salitre, y alumbre.
salinitro, alumbre y vitriolo.
Mixtión caliente, y húmeda.Deseca.
deseca y atenúa,
deseca, atenúa, e incinde
deseca, y penetra.
deseca, atenúa, y penetra
deseca, atenúa, penetra y calienta.
 
Estando en predominio el salitre.Salitre como salitre,
salitre, y sal.
salitre, y alumbre,
salitre y vitriolo
salitre, sal, alumbre y vitriolo.
Mixto caliente, y seco.Atenúa y disipa,
Atenúa y deseca
atenúa, y penetra.
atenúa, e incinde.
atenúa deseca, y penetra
atenúa, penetra, e incinde.
 
En predominio el alumbre.Alumbre como alumbre.
alumbre, y sal,
alumbre, y salitre,
alumbre y vitriolo
alumbre, sal, y salitre
Alumbre, salitre, y vitriolo.
Mixtión fría, y seca.Penetra, y densa,
penetra, y reseca.
penetra, y atenúa.
penetra, e incinde.
penetra, deseca, y atenúa.
penetra, deseca, atenúa, e incinde.
 
En predominio el vitriolo.Vitriolo como vitriolo.
vitriolo, y sal.
vitriolo, y salitre
vitriolo, y alumbre
vitriolo, y alumbre y salitre
vitriolo, sal, salitre y alumbre.
Mixto frío, y húmedo.incinde, y calienta.
incinde y deseca.
incinde, y atenúa.
incinde, y penetra.
incinde, deseca y atenúa
incinde, deseca, atenúa, y penetra.

 Ver facsímil de la tabla 8v en el ejemplar RAH 11/9390(559)
tabla

[9] Todas estas sales tienen sus figuras particulares, como son cónicas, cilindras, otras de varias parábolas; otras hexágonas, otras triangulares, otras quintágonas, sin otras varias que omito. Estas figuras se mantienen en los mixtos, que nunca perecen por más martirio que reciban, como se experimenta, que disolviendo cualquiera de estas sales en el agua, si después se evapora al sol, o al fuego aquellos átomos imperceptibles, se vuelven a cariciar, y vuelven a formar la misma figura que antes, y disolviéndose en el agua en átomos tan pequeños, si cualquier de ellos se mira por el Microscopio, se ve con la misma figura que tenía antes, cuando todos estaban estrechados: si la pluma de cualquier ave molida en polvos impalpables, se mira por dicho instrumento, cada átomo se ve una pluma formada con cañón, y guarnición pilosa: con este instrumento se ha descubierto como se mantienen las moscas siendo cuerpos graves sobre los vidrios, los mosquitos y salamanquesas, lo que no pueden otros animales más pequeños, como las pulgas, por este medio se han descubierto en los extremos [9v] de dichos animales como son sus pies, y manos, los cuales tienen unas papilas de tal forma dispuestas, que logran con ellas el mantenerse sobre los vidrios, y andar por ellos con libertad. Con estas papilas hacen lo que hace un Insecto marino, que el vulgo llama Lapa, ésta no tiene más de media concha, busca con su movimiento peristáltico la parte más plana de las piedras, y en estando en el lugar que le parece más cómodo, derrama en los labios de su concha un humor glutinoso, y después que tiene asegurada su concha, para que no le entre aire alguno, recoge su carne nerviosa, y dando algún vacuo en la mansión de su concha se mantiene tenaz sobre la piedra, que los azotes de las más rigurosas olas no son bastantes para que desaloje el sitio. Para despegarla usan los pescadores de un punzón agudo, y dando puerta al aire para que entre en su concavidad, después se despega de la piedra con facilidad: Las moscas, mosquitos, y salamanquesas, luego que ponen las papilas sobre lo plano del vidrio dilatándolas, y comprimiéndolas como por succión (como lo hace la ventosa) se mantienen.

[10] Pero volviendo a las sales, digo, que si estas se mezclan, y tienen distintas figuras, las unas y las otras se desconfiguran, y si mezclamos las que tienen figura cónica con las que tienen figura cilindra, la figura cónica, y la cilindra se desconfiguran, quedando de esta junta estas dos sales con figuras distintas, de modo que antes de estar mezcladas disolvería cada una su cuerpo determinado a su figura, pero juntas, ninguno de los dos cuerpos disolverían. De estas mixtiones sale la causa de ser unas calientes, y húmedas, otras calientes, y secas, otras frías y secas, otras frías y húmedas. De estas mixtiones sale que unos mixtos coagulen, otros disuelvan, otros incindan, otros atenúen, otros penetren, otros enfríen, y otros calienten.

Para que hagan estos mixtos estas obras, han de concurrir varias circunstancias, o condiciones, como proporción en las figuras de las sales con los poros, o ángulos de los cuerpos que han de disolver, o coagular; porque si los huecos son muy estrechos (aunque estén bien figurados) no se puede introducir por ellos el ácido disolvente, si son muy francos, entran, y salen [10v] con libertad, sin romper la virtud plástica que los está manteniendo con su unión. Por estas circunstancias muchas veces no se logra la disolución, y la coagulación en algunos cuerpos.

Sirva de prueba este experimento, que hará más fuerza que la opinión más probable del más bien recibido autor. El agua fuerte de los Plateros se compone de salitre, y salatrón, si con esta agua se mezcla oro, plomo, o estaño, no los disuelve; si a esta misma agua se le mezcla plata, hierro, azogue, o cobre, los disuelve reduciéndolos a átomos imperceptibles: si a esta misma agua se le mezcla una porción leve de sal común, o sal amoniaco, no es capaz de disolver los cuerpos que disolvía antes, si al oro, plata, y estaño, los disuelve con facilidad. Será digno que los Doctos Filósofos ocurran a las cualidades ocultas, al espíritu universal, a la entelequia de Aristóteles, a las disposiciones, facultades, y otras cosas semejantes, que todo no es otra cosa que dejar preso al entendimiento en la cárcel de la ignorancia; ¿no será más segura Filosofía el decir los sales de que le sacó esa agua? No han perdido sus figuras (como lo [11] vemos si se evaporan) antes de mezclarse la sal común, o el sal amoniaco, con ella se disolvían los cuatro minerales, y no disolvía al oro, plomo, y estaño; pues ¿por qué disolvió la plata, el cobre, hierro, y al mercurio? Porque las sales tenían su proporcionada figura para entrar por los poros de dichos minerales, que estos cuatro son de aquella configuración, y no pudiendo entrar por las porosidades del oro, plomo, y estaño, no los disolvía; pero después que se le mezcló la sal común, o el sal amoniaco, como son de distintas figuras, y se mezclan con las otras que tenía el agua fuerte, se desconfiguraron, y quedó entre todas una configuración proporcionada para entrar por los poros del oro, la cual quedó inhábil para entrar por los poros por donde antes entraba.

Sírvanos de prueba también la paridad siguiente. Los toneles donde encierran el vino constan de las partes que todos sabemos, tienen todos su epistomio, o canilla por donde se saca el vino. El epistomio tiene su clavija, que ocupando el ducto del epistomio, no da lugar a que se salga el vino. Sacó la clavija un muchacho, y se la [11v] llevó, derramándose el vino, acudió a remediar esta necesidad el dueño, sacó una clavija, y la puso en la boca del epistomio, y no obstante se salía el vino, puso otra, y sucedió lo mismo, puso otra, y no lo pudo lograr, puso otra, y no salió más vino. Hallose presente un Filósofo peripatético, sin haber visto ni el orificio, ni las clavijas, y fue preguntado, ¿por qué las clavijas primeras que se pusieron en aquel epistomio no sistieron el derrame del vino, y la última que puso el dueño lo sistió? El más docto peripatético respondería, que las primeras clavijas no tendrían tanta disposición como aquella última, si no es que decía (aunque creo que no) que la que lo sistió tendría alguna cualidad oculta, o discreto desempeño, y de cuantos lances nos sacas con la disposición, con las facultades, y con las cualidades ocultas: ¡qué fuera de nosotros si nos desterraran de este hospital del refugio Filósofo peripatético! ¿No fuera más racional Filosofía decir qué figura tiene este agujero de este epistomio? Si te respondían que redonda, triangular, o cuadrada, tenías luego cierto el desempeño, y no te hubieras puesto al peligro [12] de no saber responder, si te preguntaran ¿qué disposición era la que tenía la clavija, que respondieras sabiendo la figura del orificio? Respondieras diciendo: La razón de no haber sistido el flujo las primeras clavijas, y la última sí, es, que siendo el orificio redondo, no puede ocupar el cóncavo de su diámetro si no fuere el cuerpo que la ha de ocupar de figura esférica: las clavijas primeras serían cuadradas, o triangulares, o hexágonas, éstas no son capaces de poder ocupar aquel sitio, si no son perfectamente esféricas: luego la razón de no haber sistido el flujo las primeras, es el no haber tenido la figura esférica que tuvo la clavija última. Pregunto, ¿no se responde con más claridad por este camino, que no por el de la disposición, y de las cualidades ocultas? Y su habiendo visto el orificio, y las clavijas, respondió esto mismo el Peripatético, qué razón tienen para no atribuir a las configuraciones de los cuerpos de los mixtos los varios, y peregrinos efectos que producen. Con estos principios paso a dar solución a la pregunta de N. Reverendísimo Padre Maestro, y digo que el ventrículo del Avestruz está [12v] lleno de porciones de sal vitriólica, esta tiene proporcionadas figuras con las porosidades del hierro, e introduciéndose por ellas lo disuelve, no lo consume, ni es capaz de convertirse el hierro en propria sustancia, de tal manera, que con el arte separatoria se saca el hierro de los excrementos del Avestruz. Demás, que los minerales no perecen, y firmes sus ideas a vista de cualquier martirio se muestran constantes, como lo experimentamos en la crisopeya, que por muchas calcinaciones que reciban, quedan capaces con una leve fundición de reducirse a su primera textura, como lo experimentamos con la almártaga, con el albayalde, con el azarcón, que en poniéndolos a fundir con una poca de atintar, o salitre, se vuelven a ser plomo como eran de antes de haberlos calcinado; son el solimán sucede lo mismo, que su composición es con la alcaparrosa, y azogue, si el solimán se pone en una cazuela al fuego, y se le mezcla una poca de agua, y después de estar caliente se mete dentro un pedacito de plata, o oro tanto peso como se echó de solimán, tanto peso salió de azogue sin sacar parte alguna de [13] la virtud corrosiva que tenía antes. Lo mismo sucede con los polvos de Ioannes, y el mercurio dulce haciendo la misma diligencia: y así vuelvo a decir, que el Avestruz no consume el hierro, sino lo disuelve, dejándolo después con su mima idea, sólo lo desconfigura mudándole la textura, el fuego lo disuelve también, convirtiéndolo en escorias, y si estas se benefician con el arte, vuelven a adquirir su figura.

Parece que oigo decir a algún curioso, ¿qué sales son estas que están anidadas en el estómago de este animal, que saben disolver el hierro, y no disuelven, ni lancinan las túnicas de un miembro tan delicado? Responderé con un experimento las cantáridas (moscas conocidas) son calientes, y secas en el cuarto grado, como quiere la escuela Galénica, éstas cauterizan la parte cutánea donde se actúan; si se toman por la boca, pasan al estómago, del estómago pasan a las venas, o ductos lácteos, de estos al hígado, del hígado a las emulgentes, de las emulgentes al riñón, del riñón a las ureteras; de las ureteras a la vejiga, y en ella explican los polvos de estas moscas su furia, lancinándola, [13v] ulcerándola ocasionando síntomas, bien cruentos y peligrosos. ¿Qué Filósofo no dirá, que aquí viene bien la cualidad oculta como nacida, o por lo menos vendrá a padrinar esta dificultad la antipatía, y simpatía? Vuelvo a decir, ¡oh dichoso hospital del refugio! ¡Qué fuera de algunos si no le hubieran labrado! ¡Qué de veces nos quedáramos a la Luna, y al sereno del desprecio!

Se ven con el microscopio la peregrina trabazón de los filamentos de la vejiga, registrándose con él las mallas de este aljibe admirable, y raro. También se ven con él las mallas de la piel cutánea, y las de las túnicas del estómago, de las lácteas, del hígado, emulgentes, riñones, y ureteras, y se reconoce que sólo la parte cutánea tiene la misma configuración que la vejiga; y así pasando estos polvos por ductos desconfigurados, no puede su ácido corrosivo hacer estrago en las partes referidas, y sólo lo hace en aquellas donde encuentra con la debida configuración que han menester para disolver y lancinar. Acredita esta verdad la hiel en su cestilla, que en ella no lancina, y si por algún [14] accidente se deposita en el estómago, lo irrita, y le obliga a que con vibraciones la sacuda, y si se derrama a los ojos, y a las partes cutáneas, no las ofende, como lo vemos en los ictéricos.

Y así digo, que el sal vitriólico que tiene el Avestruz en su estómago, no ofende sus túnicas, porque no tienen porosidades proporcionadas para que en ellas se expliquen sus sales disolventes corrosivos. Doy fin a mi argumento, y digo, que las Palomas disuelven las guijas, por tener ácido disolvente proporcionado para entrar por sus espacios, y el no disolver una semilla tan tierna, como lo es un hueso de una uva, y un grano de un tomate, es porque las cáscaras que circundan a estas semillas son tan estrechas de poros, que no pudiendo entrar por ellas, las dejan ir entre los excrementos, y que en estas obras no haga el primer papel el calor natural de los estómagos es cierto, porque si un hombre se come un huevo crudo, si dentro de medio cuarto de hora lo vomita, no sale cuajado, y en el agua tibia a menos rato se coagula, solo sirve el calor natural, y concurre como condición, para que esta obra de la disolución [14v] se haga con más perfección, y mayor pureza, ¿por qué no tiene una Paloma tanto calor natural como un buey, y disuelve la Paloma la semilla de los alberjones, y un buey no la puede disolver?

Tocó la campanilla el Presidente, y dijo: Señores, paréceme que al Reverendísimo P. M. se le ha respondido a la pregunta, si no quedare satisfecho con las razones que ha dado nuestro hermano duende, se podrá mantener en la opinión que gustare, que licencia tiene del Tribunal para todo.

Mandó el Presidente al Secretario, que prosiguiese. Levantose el Secretario, y dixo: señor pregunta N. Reverendísimo Padre Maestro en su censura: Quis cur lapis Avestus (fue yerro de la prensa, porque había de haber dicho Asbestus, porque Abestus tiene otro significado) de quo scribit S. Augustinus, quod semel accensus, nunquam extinguitur. Púsose en pie uno de los duendes, y desembarazándose de unos retazos de desechadas mortajas con que venía cubierto, dijo: Yo responderé a ese erotema, dándome licencia el señor Presidente, y compañeros. Todos [15] a una voz se la concedieron. Prosiguió diciendo: Esta opinión está condenada entre todos los Filósofos experimentales naturalistas, porque el Asbesto si no está untado con algún licor, o betún inflamable no arde, solo se excandece como el hierro, y si arde con el betún, o aceite, al menor soplo se apaga. Tiene de este Asbesto unas torcidas el Reverendísimo P. M. Fr. Antonio Melgarejo, que como tan erudito en todas ciencias, y artes liberales las pudo lograr su curiosidad. Defínese el Asvestus como se sigue: Asbestus lapis est fibrosus a lumini schisto haud absimilis, lenta & crassa visciditate, seu lenta & viscida crassitie constans, ob omnium partium homogeneum contextum in vaporem resolvi nescius, solus ab omnium actuosissima ignis natura immunis, & incombustibilis. (Kirquer, Mundi subter., pág. 70.)

Varias opiniones hay entre los antiguos sobre la virtud de esta piedra, y antes de responder a la erotema, o pregunta de N. Reverendísima P. M. para que se divierta un rato cuando se lo permita la tarea de su santo estatuto, digo que los antiguos le dieron a esta piedra varios nombres, explicando con ellos la región, o nidos [15v] donde se cría esta piedra; Estrabón la llamo Caristium, Pausanias la llamó Carpasium, Salino la llamó Carbosum, Plinio la llamó Linum vivum, Zoroastres la llamo Bostrychitem, Marco Veneto la llamo Pulverem Salamandræ.

De esta piedra Asbesto se fabrican lienzos, y papel en varias partes del Septentrión, y así el papel como los lienzos cuando tienen alguna sordicie, los echan al fuego, y después que se les ha consumido los sacan limpios sin lesión alguna. El Doctísimo, y erudito Padre Atanasio Kirquerio en el libro octavo de su mundo subterráneo folio 71, dice: Habeo & ego in Museo, integrum scrinium asbestinis frustis plenum; Chartam ex hisce confectam habeo, quæ literis scribendis servit, quas ubi in ignem injeceris, consumptis mox literis, charta veluti igne lota, integra, & candidior exit, novisque literis inscribendis servit, ita ut vel unicum solium in perpetuum reciproco amicorum commercio servire possit. Donavit, & mihi Eminentissimus Cardinalis de Lugo.

Los Reyes, y Príncipes soberanos (los Griegos, y los Egipcios) después de su muerte los envolvían en estos lienzos, y después los echaban [16] van en el fuego para que se quemasen, después de haberlos consumido el fuego, sacaban el lienzo, y recogiendo sus cenizas las depositaban en sus sepulcros. Léese en la vida de San Jorge, que los tiranos condenaron al Santo a quemar, y para hacer irrisión de los Cristianos mandó el Juez que envolviesen al Santo en un lienzo fabricado de este lino Asbesto, y que lo echasen al fuego para hacer creer a los Cristianos que aquel que tenían por Santo en su Religión se había quemado, y el lienzo en que iba envuelto su cuerpo había quedado ileso. Echaron al Sato mártir en el fuego, y permitió la providencia Divina que se quemó el lienzo, y el Santo mártir salió tan ileso como si no hubiera estado entre tan voraz elemento.

De este lienzo hallaron formadas las torcidas en todas las lámparas subterráneas que se han descubierto, como la que se descubrió en el sepulcro de Tulliole hija de Cicerón en tiempo de Paulo Tercero; otra se halló en el Templo de Minerva, y otras muchas que trae Fortunio Liceto en su libro de Lucernas, Escoto en su Magia universal, Rufino en su Rosa Ursina.

[16v] El lino Asbestino si no está mezclado con alguna materia ácida, untuosa, o oleaginosa, o vituminosa, no arde, porque carece de porciones ácidas, como el talco (que es medio mineral, y de su misma especie) solo consta de partes alcálicas fijas y todos los mixtos que carecieren de ácidos no arderán, porque los cuerpos ácidos son el pábulo del fuego, y los tales cuerpos solo le excandecerán como los minerales, y piedras comunes. Todos los mas Filósofos naturalistas convienen, que sólo los cuerpos ácidos salinos son el pábulo del fuego, y cuando no hubiera tantos de esta opinión, bastaban las experiencias, y continuados experimentos para hacerla evidente: así lo vemos en todos los mixtos inflamables, que cuanto más tienen de porciones ácidas, más presto se inflaman, y estas cuanto más se hallaren desembarazadas en los mixtos, con más presteza se introduce el fuego en ellos. El azufre está lleno de porciones salinas ácidas, y por tanto es tan fácil de inflamarse. Que esté el azufre lleno de átomos salinos ácidos, bastantemente lo acredita el licor que de él sacamos. Los mixtos refinos [17] vituminosos, oleaginosos, mantecosos, todos están llenos de ácidos salinos sulfúreos, y esto se experimenta, que mezclando la manteca, o el aceite con cobre, lo disuelve, y convierte en cardenillo, y aunque otros licores ácidos lo hacen, y no le inflaman, es porque les falta la porción sulfúrea. En los lienzos, y en el papel se hallan ácidos salinos sulfúreos, y la razón de inflamarse unos mixtos más presto que otros, es estar en unos más que en otros desembarazadas las materias ácido salinas sulfúreas; esto se experimenta en una soga de lino, o cáñamo, que si está muy torcida se introduce en ella mal el fuego, y si la destuercen, se introduce con facilidad el fuego en ella, el cual después de haber consumido dichos ácidos salinos sulfúreos en los mixtos, los deja inhábiles para volver a cebarse en ellos, como le sucede a la ceniza, al oro y al Asbesto. La piedra Piritris (que son las Marquesitas áureas) por tener muchas partes salinas sulfúreas, se inflaman, y arden como los maderos secos, las piedras de que hacen la cal, por tener muchas partes salinas, si cuando están frías estas piedras calcinadas se les mezcla agua, se [17v] ve su detonación, y si les aproximan yesca, o paja, la encienden. La causa que dan los Peripatéticos para que las piedras calcinadas con la mezcla del agua, se encienda en ellas la estopa, o la paja, es la Antiperístasis, razón hermana de padre, y madre, de las cualidades ocultas, y de las disposiciones.

Para prueba de esta verdad, y para mayor desengaño, pregunto: ¿las piedras de que se fabrica el yeso no son piedras? ¿Éstas no las calcinan primero en los hornos como a las de la cal? Si, pues como cuando a estas se les mezcla el agua no vemos en ellas detonación alguna, ni calor, ¿tendrá algo de oculto esta piedra? ¿Cómo faltó en esta junta la antiperístasis? Vuelvo a decir ¡oh hospital del refugio, y cuánto te debemos!

Las piedras de que fabrican el yeso son del Reyno Asbestino, tienen mucho talco, crédito de no tener en sus entrañas porciones salinas ácido sulfúreas, son las que tienen fijas, y alcálicas, no las disuelve el agua por falta de su imperfecta configuración; y de aquí nace todo el misterio magno de la dificultad.

Tocó la campanilla el Presidente, y mandó [18] al Secretario que prosiguiese en las demás erotemas, y prosiguió diciendo tercera erotema: Quid de fonte illo mirabili apud Idumæam, qui eodem teste lib. 22. de civit. Dei cap. 4. quotannis quatuor mutat colores quemlibet post tres menses primorubertem postea sanguineum, deinde viridem, ac demum cristalinum.

Levantose un duende, y arrimando el ropón que traía aforrado en pellejos de ratones, dijo: A mí me toca responder a su duda por duende subterráneo, y haber visto debajo de tierra varios pirofilacios, e hidrofilacios con multitud de ductos venosos, que componen el globo geocósmico, y dándome licencia el señor Presidente, y mis compañeros, responderé a la pregunta del Reverendísimo Padre M. permitió de la licencia, y prosiguió diciendo: Señores, la verdad tiene la naturaleza del Fénix por única, y solitaria: muchos varones doctos la buscaron por varios caminos, unos informándose de algunos individuos que no la vieron, y dan razón de ella por lo que han oído, y los que siguen el consejo de estos se hallan burlados en el desempeño. Otros cortos de vista no ven edificio que [18v] no les parece que es el templo de la verdad. Otros sin buscarla, ni haber dado paso en su alcance hablan de ella sólo por noticias, estando firmes, y tenaces en una opinión, tanto, que aunque encuentren a la verdad, como no tenga las señas que le dio el varón que no la había visto, no la conoce, ni la quiere conocer, y aunque llegue el desengaño a correr el velo de su rostro, no la tienen por la verdad, sino por la mentira, discurriendo como los niños inocentes que están bien hallados con la leche nociva del pecho de su ama que los está criando, que aunque el padre les traiga una ama con más saludable leche, la asquean, y se inclinan a mamar el pecho que hasta aquella hora habían mamado, son criaturas, que si raciocinaran conocieran lo nocivo de la leche, y eligieran lo mejor para su conservación; vuelvo a decir criaturas embelesadas con la costumbre.

De no haber encontrado a la verdad en las cosas naturales salieron las encrucijadas opiniones, obligando a los que la quieren buscar por estas sendas a mil despeños, y a otros tantos deslices, porque a escuadrones se encuentran [19] las antípodas opiniones en los antiguos. No encontrará a la verdad si no fuere aquel que la buscare con experimentos físicos, químicos, y Matemáticos, que es el camino derecho para llegar a su templo.

Más autoridad tiene, y tuvo San Agustín en los presentes, y pasados siglos que tuvo el Obispo Zacarías, este fue condenado porque confesó haber Antípodas, ya que fue aplaudido por haberlas negado, y fundábase este gran Padre, que no había historia que lo afirmase, porque si la hubiera, afirmara su existencia, y como no todas las historias dicen en todo la verdad, así en esto como en otras muchas cosas naturales se arreglaron muchos Santos Padres en sus escritos a afirmarlas, según en ellas referían los antiguos Plinio, y san Gregorio Nazianzeno se arrimaron a la misma sentencia, Lactancio Firminiano erró por imaginaria, diciendo, que los que habitaban en las Antípodas habían de estar pendientes la cabeza abajo, y no le hizo fuerza la razón del centro común de la gravedad. Admitiéronlas Cleomedes, Cicerón, Macrobio y otros muchos de los antiguos; la experiencia echo por el atajo [19v] y llegó al templo de la verdad descubriéndolas.

Pero volviendo a la Fuente Idumea, blanco de nuestro asunto, digo, que el Espíritu Santo dice en el primer capítulo del Eclesiastés: Omnia flumina intrant in mare, & mare non redundat: ad locum unde exeunt flumina revertuntur, ut iterum fluant. Todos los Ríos entran en el mar, y este no crece, vuelven al lugar donde salieron para correr otra vez, lo cual es verdad católica, pues con entrar tanta multitud de ríos caudalosos en él, vemos no pasa de sus términos, de donde debemos inferir, que teniendo los ríos sus principios de las fuentes, estas tienen su origen del mar: de aquí nace la duda común de los Autores, dificultando algunos, si la tierra es más alta que el mar, y mucho más los montes, ¿cómo pueden las aguas contra su gravedad subir a ellos, y después despeñarse al mar, porque esto fuera contra la experiencia? Todos los Filósofos antiguos han procurado dar solución a esta duda, y por falta de demostración se han dividido en diversas opiniones. Sea la primera la que dice que el mar está más alto que la tierra, porque la tierra es centro del agua, y así [20] es más grave que ella; la cual sentencia afirma que así la conserva Dios milagrosamente, y que por ocultos ductos se comunican las aguas para salir a las cumbres de los montes. Esta sentencia es de san Basilio, san Crisóstomo, y otros, y la corroboran sus Autores con milagros sin necesidad, y no satisface a las fuentes que se hallan en los montes que los circunda el mar. La segunda opinión es del Angélico Doctor santo Tomás, el cual atribuye a los Astros virtud para elevar las aguas. La tercera es de Cornelio a Lapide, este intenta probar, que algunos ríos son más profundos que el mar, y después acude a voluntad, y providencia Divina. La cuarta es de Julio Scaligero, este es de sentir, que el gran peso del mar oprime las aguas que están en los ductos y canales angostos de la tierra, y la hace subir hasta los altos montes. La quinta es de Lyra, y Geraldino; estos dicen, que por ser las aguas dulces más ligeras que las salitrosas por eso suben tanto (buena fuera esta sentencia si el agua salada no se mezclara con la dulce.) La sexta sentencia es del Padre Molina, que siente que las nubes que salen del [20v] mar convertidas en lluvias penetran la tierra, y dan bastante materia a las fuentes para su conservación. El Padre Ricciolo impugna esta sentencia con decir, que el agua que cae de las nubes, lo más que penetra la tierra, son quince pies de profundidad; y el Génesis nos enseña, que antes que lloviese ya estaba la fuente en el Paraíso. Platón, Aristóteles, el Padre Caveo, y otros admiten en lo interior de la tierra un abismo de aguas, y lo insinúa el Eclesiástico en el cap. 24 de las cuales con la actividad del Sol, y fuegos subterráneos se levantan vapores, y en la concavidad de los montes coagulándolos con la frialdad, se convierten en lluvias; y dan materia a las fuentes. Pero Ricciolo se opone diciendo, que no puede la Filosofía Matemática dar acenso a esta opinión, porque muchos millares de gotas no bastan para formar un río, y que las fuentes que nacen en los montes más altos no tienen concavidad donde se coagulen los vapores para convertirse en lluvias: además que si en algunas concavidades de los montes se ven algunos estilicidios, no son hijos de las lluvias subterráneas, sino del agua que se le [21] comunicó a la tierra de las nubes, la cual le fue transcolando hasta caer en la concavidad del monte.

Entra Pedro Juan Fabro Castrino Doctor de Mompoller discurriendo sobre el origen de las fuentes, y trae en su Hidrografía química noticias de varias fuentes, y lagos, y cuando no puede averiguar las causas de su origen, se acoge al hospital del refugio del espíritu del mundo, como Aristóteles al de su Entelequia, Platón al de la Anima Mundi, Pitágoras al de su Espíritu Universal, Virgilio al de su Mente, Zoroastres al de su Dios de la tierra, Hipócrates, y Galeno al de sus Facultades, y al de sus Virtudes, que bien definidos son estos hospitales donde se recogen los entendimientos enfermos, tan bien hallados con sus achaques, que no quieren admitir los remedios hijos de la Filosofía experimental, adquiridos en la penosa tarea de los experimentos físicos, químicos, y Matemáticos: donde tienen las mismas camas unos que otros.

Uno de los primeros en nuestro siglo que más trabajó en la Filosofía experimental, fue el Padre Atanasio Kirquerio de la Sagrada Compañía, [21v] en el libro 5 De virtutibus aquarum; y en lo de Thermis en su Mundo subterráneo (Kirquer, Mdo. Subt.) trae innumerables hidrofilacios, o lagos de agua subterráneos, y Pirofilacios, y Areofilacios lagos de fuego, y aire, trae varias esquemas, o figuras con que explica, y demuestra matemáticamente el modo de subir el agua a la raíz de las fuentes en los altos montes por sus ductos hidragogos, que son las canales subterráneas por donde sube el agua, sirviendo estos como sifones para levantarla contra su grave propensión, y en estos sifones se introducen porciones de aire, que con su virtud elástica la elevan, como sucede con las bombillas con que se saca, o vacía el vino de los toneles, y como las que usan algunos aguadores para sacar el agua de los pilones, o tazas de las fuentes: el que lo gustare ver vea a dicho Autor, y reconocerá esta verdad demostrada en varias esquemas, o figuras.

Que la tierra esté embalsamada de minerales, medios minerales, y gran variedad de sales, betúmenes, y porciones sulfúreas, ningún racional lo duda, que estos antes de haberlos sacado con el arte separatoria de su matriz dan tintura [22] al agua con quien se mezclan; la experiencia lo acredita, porque si se toma la piedra donde se cría el cobre, y se mezcla con el agua, le da tintura verde, la piedra donde se cría el azogue le da al agua color sanguinolento, la piedra donde se cría el oro, le da color rubro; la alcaparrosa le da color azul, y el azufre le da color lácteo, y según estos minerales se mezclaren, se variarán los colores, si se mezcla la alcaparrosa con el hierro, da el color obscuro, y si a todos se le arriman algunas partes sulfúreas, dan tintura negra, que no consiste en otra cosa sino en la configuración de sus átomos, que reflectando la luz en ellos, según fuere su figura, será su color. El curioso vea a Zahn de Teledióptica, y juzgará de colores.

También es notorio, que los ríos, y las fuentes unas veces llevan más agua, y otras menos; y también es notorio que algunas se secan en las estaciones del año, y que después vuelven a correr. La fuente de la Sierra de Gibalbín (que está cuatro leguas de Jerez) que llaman la Fuente Sulfúrea, se feca algunas veces en el Verano, unas veces un mes, otras dos. Los Baños de Alhama [22v] se secaron el año de 21, y estuvieron secos más de dos años, sirviendo las casas del baño de albergue a algún ganado que se recogía en ellas; pero una noche fue tanta el agua que brotó el baño, que ahogó al ganado. Otras muchas fuentes tiene Sierra Morena, que en el tiempo de un año se seca uno y dos, y tres meses. Una está en el Pago de viñas que llaman la Viñuela, cerca de Villanueva de los Infantes, que todos los años se seca a principios de Julio, y a fines de Agosto vuelve a correr con abundancia.

La causa que asignan los naturalistas para que estas fuentes unas veces corran, y otras no, son llenarse los hidrofilacios subterráneos, que son los que tributan el agua a las fuentes por los ductos hidragogos, sirviéndoles de sifones como tengo dicho.

También es cierto, que de estos hidrofilacios subterráneos salen varios ductos, y se encaminan desde sus periferias a varias partes de la tierra separados; otras veces salen de distintos hidrofilacios, ductos que se juntan al salir sobre la tierra, como se ven en Pazol, que a un paso de [23] distancia se ven fuentes, unas muy calientes, otras muy frías, unas saludables, y otras nocivas, unas salinas, y otras dulces, unas sulfúreas, y otras calcanticias. Todo esto da a entender, salir estas aguas de distintos lagos subterráneos, y rematar juntos a la salida los ductos hidragogos.

Supongamos, para mayor claridad, cuatro hidrofilacios separados en distancia proporcionada, y que los ductos hidragogos de juntan al dalir de la tierra, y que cada uno de estos lagos tributa solo por un mes agua a su hidragogo. Este ducto pasa por minerales de cobre, este ducto dará agua verde a la fuente por un mes, menguase el curso de este lago, cesa de enviar agua a la fuente. En este tiempo el lago vecino se halla con bastante agua para cebar su ducto, esta pasa lamiendo por minerales de oro. Las piedras de este mineral le dieron al agua el color rubio: al fin del mes padeció los achaques del reflujo, hallose el tercero lago con bastante agua para cebar la fuente por otro mes: pasaba esta por minerales de azogue, los cuales le dieron tintura sanguinolenta, gozó su vez el hidrofilacio cuarto, ni encontró el agua por su [23v] ducto hidragogo mineral, ni tierra tingente a quien robarle el color, saldrá clara el agua.

imagen1. El Pilar de la Fuente. 2. Mineral de azogue. 3. Mineral de cobre. 4. Mineral de oro. 6. Canales del Lago por donde viene el agua. 7. Lagos. 5. Canal del Lago que no tiene mineras. 8. Bocas de los Lagos por donde reciben el agua del mar.

[24] Con esta demostración queda averiguada la causa del misterio de esta fuente, que no es tan maravillosa como el Lago de los Pirineos, que llaman de San Bartolomé, que en el Verano, o Invierno dicen (Fabro fol. 4 cap. 6) si agitan sus aguas, con un palo, o una piedra se levanta del Lago un vapor craso, y antes de salir de la Atmósfera se forma una gruesa nube, la cual despide de sí agua, truenos, rayos. Otro Lago semejante a éste está entre Cuacos, y Jarandilla en la Vera de Plasencia; pero para rematar mi discurso tocaré la propriedad de la fuente Helesina. Tráela Aristóteles, y Solino, Enio, y Pedro Mexia en su Selva parte 2, cap. 31, y Nieremberg, y Maiolo, coloquio 13, estos refieren, que en tocando en presencia de esta fuente instrumentos músicos, se mueven sus aguas con indecible extremo, y aun salen de su albergue como a danzar al son de los instrumentos. ¿Quién será tan temerario que niegue aquí la cualidad oculta, como en la fuente Idumea? solo aquellos que no se ahogan en poca agua; estos son los Filólosos experimentales, que con su Filosofía sensata, y con experimentos Físicos, [24v] químicos, y Matemáticos, no contentándose con las opiniones, pasan con los experimentos a descubrir los arcanos más ocultos de naturaleza.

Notorio es en todos los que saben música los prodigios que se encierran en el Consono, & Dissono, y sabiendo con esta arte la Filosofía experimental, sabrán los milagros naturales de la unisonidad de las voces, sabrán lo que encierra de prodigios el Diapente, y lo demás que se encierra en este raro, y peregrino arte, fundado todo en el aire agitado, y repercuso. Se ven con el aire repercuso maravillas extrañas en la variedad de parábolas (que son figuras de cuerpos opacos) como la sala del secreto que está en el Alhambra de Granada, la oreja de Dionisio el tirano en Sicilia, que oía el susurro más leve de los presos, estando distantes de su cuarto muchos pasos. Con el aire reflejo también se ven prodigios en el eco, y omitiendo lo que en este particular se podía decir; digo que en la Iglesia Catedral de la Ciudad de Lugo está un Santo Cristo de bronce sobre el Presbiterio, que luego que tocan la esquila con que [25] llaman los Canónigos, se mueve el Cristo con las mismas ondulaciones que se mueve la esquila; y si a la esquila le aceleran el movimiento, se acelera el movimiento del Cristo.

Refiere Fracastorio como testigo ocular (Fracast. lib. simp. & Antip. cap. 11.), que se halló en una Iglesia de un lugar en Flandes, en la cual vio, que tocando una campana en la torre de dicha Iglesia se movía una imagen de cera que estaba en ella, sin moverse otras que no estaban en más larga distancia. Dos instrumentos de cuerdas templados debajo del punto de la unisonidad, estando en proporcionada distancia, tocando las cuerdas del uno, se muestran las del otro: y para proceder con más claridad en este discurso, sepamos primero qué es sono; sono, según el Padre Atanasio Quirquerio en su celebrada música; es resultancia de la colisión de dos cuerpos, o el aire impelido, y agitado con dicha colisión, el cual violentado, y sacudido se dilata, y esparce circularmente, así como lo hace el agua cuando arrojamos en un estanco una piedra dilatando sus ondas en círculo.

A todos nos sucede con la música (ya sea de [25v] voces, o de otro cualquier género de instrumento) que si los tonos, o sonadas son fúnebres (esto es si son tonos lidios) nos melancolizan moviéndonos el humor melancólico: si son tonos alegres (esto es, si son tonos dóricos) nos regocijan moviéndonos la sangre; si son ásperos (esto es tonos Hipolidios) nos enfurecen, moviéndonos la cólera; si son tonos remisos, pausados, y lentos, nos emperezan moviéndonos la flema. Y de aquí sale la razón porque la música es remedio para los que se hallan picados de los Falanges, o arañas que se crían en la Provincia de Taranto, a quien llaman Tarántulas. Diremos que el aire tiene cualidad oculta contra este veneno, ¿por qué con lo caliente, y húmedo no se puede oponer a un veneno, que según los síntomas que produce acredita ser de superior orden? Cómo obre este aire agitado ya lo diré: No obra con sus primeras, o segundas cualidades, ni con cualidad oculta, sólo obra con su proporcionada agitación, y así tienen en aquel País (los que curan a tales enfermos) el cuidado de tocar con sus instrumentos o bien tonos fúnebres, o bien [26] alegres, o ásperos, o remisos, o pausados, y luego que la sonada (o música) encuentra con la unisonidad, del humor que está viciando los nervios que están ofendidos con la mala vecindad del veneno, expelen el introducido en las partes con su movimiento, como se mueve el Santo Cristo de Lugo, las cuerdas de los instrumentos, y la Imagen de cera, siendo todos efectos de la unisonidad, y no de las cualidades ocultas, como piensan algunos de los Peripatéticos.

Esto supuesto, digo, que el moverse las aguas de la fuente Helesina cuando en proporcionada distancia se tocan los instrumentos, proviene de tres principios. El primero es el aire, que impelido por los instrumentos que tocan, llega a las aguas de la fuente, y las excita, y las mueve armoniosamente, según el impulso que en sí trae impreso numeroso, y armonioso, y así el aire viene a ser la causa principal eficiente de dicho efecto. El segundo principio viene a ser la similitud, y simpática proporción que tiene el agua de esta fuente con el aire impelido por esos instrumentos, y esta es causa directiva de [26v] dicho efecto, que buscando el aire aquellas aguas por su positura, y temperatura, dirige el aire, conduciéndose a las aguas de dicha fuente, donde está la correspondencia simpática. El tercer principio, o por mejor decir, requisito, es la figura de la fuente donde se experimenta dicho efecto, que es cierto que experimentándose en unas, en otras no se podrá experimentar dicho efecto, y aún en una misma fuente, estando la música en una parte se experimentará, y estando en otras no, porque la disposición de la fuente, o la situación de la música, es condición precisa para que resulte este efecto; y así digo, que en cuanto a que el aire movido, e impelido de los instrumentos sea la causa eficiente de dicho efecto se prueba, porque el agua de la fuente no se mueve (como lo dice Rulfino) sin la intervención de algún impulso de extrínseco agente, vemos que no hay otro que el aire impelido por dichos instrumentos, el cual llega a las aguas, luego este es quien las mueve, siendo la causa principal eficiente de dicho efecto. Pruébase: lo segundo, porque el aire impelido hace otros efectos mayores: luego en nuestro caso él es [27] quien mueve las aguas. Pruébase el antecedente, pues el sonido de las campanas (lo mismo digo del ruido de la artillería) el aire que impelido del toque de ellas se dilata violento en ondas, y rompiendo con su violencia las nubes, disipándolas, y destrechándolas de la trabazón de sus átomos, cuando éstas amenazan algún estrago, se tocan aquellas, no solo por vía de deprecación, sino por remedio natural. La figura, y sitio de la fuente es requisito necesario, y así lo demuestra para otros efectos la figura Elipsis, que como sabe el Geómetra, es una pieza que se fabrica con dos centros, los cuales tienen entre sí, y con las partes de su circunferencia tan maravillosa correspondencia, que tirando desde uno de ellos una pelota contra cualquier pared, precisamente ha de ir a parar por el otro centro, y dando una voz así a cualquier parte, el aire repercuso se encamina al otro centro precisamente. De estas maravillas se ven muchas en las Matemáticas, que el que no las conoce, luego se acoge al hospital del refugio de las cualidades ocultas, o que son obras del Demonio.

[27v] Tocó la campanilla el Presidente, y habiéndole dado las gracias al duende, por haberse desempeñado no mal del empeño en que lo puso el Reverendísimo P. M. mandó al Secretario que prosiguiese. Levantose de la silla diciendo: cuarta Erotema: Quis cur ignis in monte Egla absumat aquam, & non æedat stupam? Levantose de la silla un duende en hábito de Sacristán, y afianzando su bonete en el brazo de la silla, dijo: Pido licencia al señor Presidente, y a mis compañeros, y habiéndosela concedido, dijo: ¿Que Volcán es este que hasta ahora no ha sido visto, ni oído? Respondió el Presidente: Yo lo veré, y sacando de la manga de su ropón un mapa universal, y señalando con el dedo, dijo: Aquí está en Campania el monte Vesuvio. Aquí cita en Grolandia otro Volcán, en cuya falda está un Convento de Religiosos del señor Santo Domingo. Aquí está en el Asia otro Volcán, que llaman Alban. Aquí está otro en el Reino Indostán Provincia del gran Mogor. Aquí está otro en el Japón, que llaman Las siete sorores, que alumbra lo más de esta región. Aquí en las Islas Filipinas hay otro que le llaman San Lázaro. [28] Aquí en Java hay otro que le llaman Panacura. Aquí en la Isla del temor hay otro que llaman el monte Picus. En esta Isla Banda se ve otro que le llaman Paunapi. Aquí en Sumatra hay otro que le llaman Balalvanus. Aquí en la Isla de las Malucas está otro. En la Isla de Mauricio hay otro que le llaman el monte Tola. Aquí en la nueva Guinea hay otro que carece de nombre. Aquí en África hay ocho Volcanes. Aquí en Monopotava hay dos. Aquí en Angola, Congo, y Guinea hay cuatro. Aquí en Libia hay uno. En Abasia otro. Aquí en las Islas Terceras hay uno que le llaman Picus. Aqui en la América se demuestra una cordillera que llega hasta el Reino de Chile. En esta se ven quince Volcanes, no tienen nombre. Llámase la tierra del fuego. Aquí en este Reino del Perú hay otro que le dan el nombre del País con otros cinco. Aquí en Carrapa, Provincia del Popayán hay otro. Aquí en Paraquipa, noventa leguas de Lima hay otro. Aquí en el Valle del Perú hay otro, llámanle el Malabayo. Aquí en la América Septentrional se demuestran cinco, partes de ellos en Nueva España, partes en la nueva Granada, y partes [28v] en las Californias. Todos estos tienen el nombre del terreno. Aquí hay otro en esta Provincia de Nicaragua. Aquí está otro en Acapulco. Aquí está en Sicilia el celebrado Monte Etna. Aquí está en Islandia otro Volcán, que le llaman Heclam. No tiene más el mapa. Dijo el duende opositor: ¿Pues qué monte Volcán es este que no se halla en todo el mapa? Dijo el Presidente con su Magisterio acostumbrado: Yo diré dónde está el yerro. Todos por salir de la duda le preguntaron, que ¿a dónde? Y respondió el Presidente: El yerro no pudo estar en el original del Reverendísimo P. M. que con su rara erudición no había de poner en su censura el Monte Egla, cuando su Rma. no puede ignorar, que tal Monte no lo traen los mapas ni menos lo señala Michael Anton Baudrani en toda su Geografía, ni tal Volcán se encuentra en Varenius en su Geografía general, ni Atanasio Kirquer, ni otros muchos Geógrafos hacen relación de tal Volcán Egla. Ni menos pudo poner en su docta, y erudita censura nuestro Reverendísimo P. Avestus por Asbestus, por tener distinto significado. Quien tuvo, y en quien él [29] tuvo el yerro, fue en el descuido de la prensa, que por poner Etna o Heclam, puso Egil, pero en quien la corrigió está el mayor delito, que fue el motivo de este justo reparo, poniendo en contingencia los créditos de en Varón tan docto a la censura de algunos que no le conocen, los cuales podrán presumir, que leyó mal la noticia nuestro Reverendo Padre, o que no sabe cómo se llama el Monte Mongivelo, ni el Monte Heclam, que aunque es verdad que esto importa poco, y no es defecto en Varones de tanta magnitud, no son estos deslices lunares que hermosean, sino tildes que atrasan la hermosura de la erudición. Pero supongo que nuestro Reverendísimo Padre, o el que corrigió tuvo por el Etna el Ecla, sea pues el Etna el blanco de mi asunto, y sea pues el Etna el Volcán que no quema la estopa, y consuma el agua. Es el Monte Etna el Gigantón formidable de los Montes, por cuyo vértice vomita raudales de fuego siendo el terror de Sicilia, es desmesurada su altura, llegó a medirla con sus instrumentos Geométricos Mausoleo, y Clavio, y hallaron que tenía de altura mil pasos, y la circunferencia [29v] de su raíz cien mil pasos.

Para enervar más bien mi conclusión, me parece primero averiguar el pábulo del fuego de los Volcanes, y cómo después de haberlo consumido se produce de nuevo nueva materia (en lo subterráneo) combustible, omitiendo las dudas de muchos que dicen, que los Volcanes son infiernos particulares, o el infierno dilata la esfera de su fuego hasta estos sitios, que por no tocar al asunto, es digno de dejarle para que otro le ponga en su lugar.

Cardano, Sessio, y otros muchos Filósofos naturalistas convienen, que el fuego subterráneo es fuego sin llama, y me parece que no dicen mal, porque el pábulo del fuego subterráneo son sales, y betunes sulfúreos, que produce la tierra, a que no tributa poco el mar con sus porciones salinas sulfúreas, por los ductos hidragogos en los flujos, y reflujos, y que el mar esté lleno de muchas partes sulfúreas, lo experimentan los navegantes, pues inquietas, y agitadas en las grandes tormentas las aguas, se explica el gran hedor del azufre en ellas, y muchas veces ven de noche las aguas como encendidas, [30] y también suele ver en las gavias de los navíos algunas luces, que los ignorantes marineros llaman Santelmo. Todo esto acredita estar las aguas del mar embalsamadas con partes sulfúreas, que éstas haciéndolas volitar las aguas rápidamente inquietas, suben a la atmósfera mezcladas con porciones alcálicas volátiles, y encontrando en ella el nitro aéreo, se fermentan con tal violencia, que las obliga a inflamarse. A este fuego llaman los naturalistas fuego fatuo, que no quema, y alumbra.

Ahora resta averiguar cómo produce la tierra tanta copia de pábulo, que baste para sustentar a un Volcán tanto tiempo, cuando revienta. Pero sepamos primero cómo, y por qué revientan los Volcanes, y es cuando los areofilacios, o bien rarefactos, o bien oprimidos con el agua que entra del mar por sus ductos hidragogos oprimiendo los areofilacios, o lagos de aire subterráneos enfurecidos buscan su salida, unas veces ocasionando varios terremotos, otras veces visitando los Pirofilacios, y con su impulso despertando, y disponiendo el fuego sin llama, que estaba dormido en su lago, se prende en las [30v] materias salinas sulfúreas que le había tributado la tierra, y el mar por sus ductos, y después de haber consumido el Volcán, las materias combustibles que le comunicó la tierra, y el mar, cesan sus bocas del Volcán de vomitar fuego, y sólo queda eructando las cenizas, que son la parte fija de los betunes ácidos salinos sulfúreos que quedaron de las porciones ácidas que consumió. Después vuelve la tierra, y el mar a producir nueva semilla combustible, y se vuelve a inflamar cuando halla las mismas disposiciones que antes.

La noticia de N. gran Padre san Agustín se conoce ser hija de algún historiador que encontró, y le pareció ponerla en su libro por cosa particular, que haber visto san Agustín el Monte, después confesará el error, como confesó otros más graves de su primera vida. Pero para satisfacer a la pregunta de N. Reverendísimo P. M. he de adivinar el motivo de esta noticia incierta, que hija de algo ha de ser. Ya asentamos por principio con los referidos Autores, que el fuego de los Pirofilacios es fuego sin llama, por ser su pábulo de las materias salinas ácidas sulfúreas: [31] cuando el Etna revienta inunda su falda, y parte de la campaña con estos betunes encendidos ácidos salinos sulfúreos; esta materia viene fluida desde la boca del Volcán hasta el plano de la raíz de su falda, como salen los metales fluidos, desde el horno por su canal al molde de una campana, tanto cuanto estas materias se van desviando de la boca del Volcán, tanto van perdiendo del calor que introdujo el fuego en ellas, hasta que se coagulan, y se convierten unas en piedra pómez, y otras en escorias: cabe que alguna porción de estas materias al bajar del monte encontrarse con alguna porción de estopa, y que no la quemase, y viendo que dicha materia pasando consumía el agua de algunos charcos, o lagunas, dijo lo que nuestro gran Padre san Agustín refiere en su libro de la Ciudad de Dios.

Sirva este experimento de prueba: Tómese una barra de hierro a medio encender, aproxímese a ella una poca de estopa, no la encenderá, metan dicha barra en una poca de agua, y la consumirá evacuándola, y si se continúa se consumirá toda el agua del vaso, y solo lo que hará [31v] en la estopa será desecarla más, porque el calor atenuando el agua, la hace volitar a región superior, y la desvanece del vaso; y así lo que hace esta materia inflamada en la medianía del monte, es solo desecar las cortezas de los árboles sin quemarlos, y esto lo acredita la vista viendo en dicho monte Abetos de tiempo inmemorial, los cuales han estado varias veces inundados de estas materias.

Por ser del asunto, permítaseme, que de noticia de los fuegos que experimentamos en el arte Pirotécnica con los espejos catóptricos (que son los cóncavos) encendémoslos mixtos inflamables con los lentes Anaclásticos cristalinos, que son los convexos: también se encienden los mixtos; también tenemos fuegos húmedos con que queman los cuerpos vivientes, como son las aguas Estigias. Hay otra naturaleza de fuego, que luce, y no quema, estos unos son lambentes, y otros fatuos: este fuego fatuo lo dan de sí unas piedras que se hallan en algunas minas, a quien llaman Fósfor; también se imitan estas con los espíritus a cultos volátiles de la orina. De esta línea es el fuego que [32] dan algunos troncos de sí cuando están podridos, algunas escamas de pescado, el fuego que dan las zinzin de los gusanillos conocidos, que el vulgo llama Lucernas, y los cocuyos que se crían en la América son de la misma naturaleza; también lo son los fuegos que se han visto salir de los sepulcros cuando les quitan las losas; también sale del Pulpo marino fuego de la misma naturaleza. De este fuego fatuo habla Cardano, Fortunio, Liceto, Juan Baptista Porta en su Magia natural, Gaspar Escoto en su Pirotécnica. Sobre averiguar el pábulo de este fuego fatuo, hay varias, y encontradas opiniones, sin haber dado alguna con la verdad para su desempeño, y todo nace de la falta de los experimentos. El modo como se celebra este fuego fatuo es cuando de dichos animales se exhalan partes Alcálicas volátiles, estas encontradas en el aire el nitro aéreo, se fermentan con tanta velocidad, que se inflaman. Lo mismo le sucede al Fósforo, así artificial como natural, a las tripas, y escamas de algunos pescados, a los ojos de los gatos, a los sepulcros, y los sumideros de las casas.

[32v] Para prueba de esta verdad. Póngase en una redoma cualquiera de estas materias, tápenle la boca de modo que el aire no entre, ni salga en la redoma, y se verá que no lucen, destápenle la boca y luego instantáneamente luce. Parece que oigo decir a algún curioso; lo mismo le sucede al fuego común si lo meten en una redoma y le tapan la boca. A lo cual respondo. Todos los doctos confiesan dos movimientos en el fuego común, y ambos naturales, uno a la parte superior, a fin de desechar sus hollines por no sofocarse con ellos. El otro a la parte inferior a fin de buscar pábulo para su conservación. Si le falta éste, perece, si se le impide la expulsión de sus hollines, también perece. Hasta aquí han dicho los más de los doctos antiguos, pero los modernos naturalistas han dado más pasos con sus experimentos Físicos, Químicos, y Matemáticos, y han reconocido lo que tributa al fuego el nitro aéreo; porque aunque el vado esté lleno de hollines, como le pueda entrar aire, no se apaga.

Sirva de prueba ver agonizar la luz de una lámpara, si con curiosidad se atiende, se verá [33] sumergida, y empeñada en la nariz de la lámpara y cuando no halla en ella el bastante pábulo para conservarse, se tiende dilatándose en el aire para alimentarse con su nitro ácido. Lo mismo le sucede encerrado en la redoma, que no tributándole el aire su nitro, por el encierro se sofoca. Lo mismo le sucede al fuego fatuo, que no encontrando en la redoma nitro aéreo que fermente la materia alcálica, no se enciende. En el fuego común sucede, que en apagándose una vez en la redoma, no se vuelve a encender si no se le aproxima otro fuego, pero en el fuego fatuo, tantas veces cuantas destaparen la redoma, tantas se enciende.

os fuegos que vemos en los Meteoros son de la misma naturaleza que el fuego fatuo; y la razón de no inflamarse esta materia al salir de la tierra aunque encuentre el ácido aéreo, es que se levanta mezclada con algunas partes heterogéneas, que embarazan la fermentación, como se van elevando a la media región, se van quedando como más graves en las partes inferiores, como se ve en las nubes que se levantan del mar, que si antes de haberse despojado de las [33v] partes salinas se desatan, la lluvia es de agua salada, como se ha visto varias veces; el fuego de los rayos es de la misma naturaleza que el fuego de los Volcanes, porque cuando se ven caerse reconoce su materia ser como sales bituminosas derretidas; pero con una diferencia, que el pábulo de los Volcanes después de haber consumido el ácido salino sulfúreo de las partes terrenas alcálicas derretidas, que son las que corren por la tierra como metales derretidos, y el rayo es formado de la parte ácida sulfúrea, que es la más sutil, y tenue de estas materias, en virtud de la cual producen tan peregrinos efectos cuando caen.

El fuego lambente es de otra naturaleza distinta, aunque también éste luce, y no quema. Este es hecho del ácido volátil sulfúreo, y necesita del fuego común para inflamarse. Si en un aposento bien cerradas sus puertas se evapora medio cuartillo de espíritus de vino, y después se entra en él con un cerillo encendido, de inflama el aire del aposento sin quemar a los que están dentro: este ácido de los espíritus de vino, el nitro aéreo no lo puede inflamar, porque [34] un ácido con otro no se fermentan, y en faltando en tales materias la fermentación, no se logra el incendio. De la misma materia del fuego fatuo fueron las Cruces que se vieron en Nápoles después de algunos días que había recentado el Vesuvio, veíanse en los lienzos de los Altares, y en los vestidos de los hombres, y mujeres. Vea el curioso esta historia, que es digna de ser vista; tráela el Padre Gaspar Escoto en su Magia jocoseria, escrita por el Padre Atanasio Kirquerio.

Remátase mi discurso con vn experimento que trae un Anónimo en su Química Racional, para prueba de lo que hace el nitro ácido aéreo en las materias alcálicas volátiles. Tómese media libra de estaño, derrítase, después se le mezcle otro tanto azogue quedará hecha amalgama, esta se muela, y se mezcle con una parte de solimán, después se meta en una retorta, y se ponga al fuego, y destilará un agua clara, esta agua luego que la visita el aire, es tanto el humo que arroja de sí el vaso, que causa admiración, son sus palabras las siguientes: Ita enim liquor quidam, seu potius spiritus salinus instillabit [34v] in vas recipiens, qui quamdium præservatur à permixtione aeris, quietus hæret in recipiente huic vero, simulac datur commercium cumom aere, vel per minimam rimam illico fumos, ac nebulas de se spergit copiosissimas Rima de novo occlusa, ita ut ingressus aeris prohibeatur totaliter, spiritus prædictus de novo quiescet, nec ulli sui motus ostendit phænomena, ex quo experimento edocemur, aerem esse non corpus homogeneum, sed salibus diversis mixtum, qui secum prædicto spiritu salino miscentes, fermentationem hanc excitant.

Tocó la campanilla el Presidente diciendo, basta de Volcanes, y de fuegos, y prosiga el Secretario, el cual se levantó, y dijo última erotema. Quis cum lapis cametitis non sinat accedere invasorem in illum habentem? Apareciose en este tiempo un duende que se había detenido en ciertas burlas con unos muchachos, pidió licencia al Presidente para responder a esta erotema, el cual se la concedió, y empezó diciendo: Esta piedra es artificial, y supersticiosa, trae su origen de Can, primer inventor de la Magia Diabólica, Zoroastres, y el impío Cornelio Agripa la usaron. Confecciónase debajo de horas [35] Planetarias con varios caracteres, circunstancias que acreditan el pacto implícito diabólico; también lo dan a entender su modo de obrar, pues obra en distancia improporcionada fuera del orden natural de los agentes naturales, que aunque hay algunos en los cuales se ven salir sus efectos de las líneas comunes; como el Hiploquisma, o ungüento armario, por no fabricarse estos con ceremonias particulares, caben en el orden natural sus peregrinos, y raros efectos; pero esta piedra Camepites ya por sus efectos ya por tener origen de hombres tan impíos, ya por las circunstancias con que se fabrica, es digna de tenerla por sospechosa. Así nos lo enseña en sus reglas comunes el doctísimo Padre Martín del Río, Valle de Moura, Pedro Pipernio de Nuzemaga. Si distantia loci in quo effectus produci dicitur ab aliqua causa naturali, est tanta, ut naturaliter causa per totum medium interiectum non possit agere, nec rationabilis causa suppetit cur Deo, vel bonis Angelis adscribi debeat, diabolicus est.

Querer librar a esta piedra, y sus diabólicos efectos con la cualidad oculta, es materia que [35v] acredita de pocas noticias al varón, que por esta parte quiere disimular la falta de su conocimiento. Lo mismo pudiéramos decir de todas aquellas cosas de que se vale el demonio en lo natural, para disimular su inicua virtud; y si con decir esto obra con cualidad oculta, han de salir libre de las manos de los señores del Santo Tribunal pocos supersticiosos, castigaría su santo celo. Oiga el curioso sobre este punto al Padre Gaspar Escoto en su primer tomo de la Magia natural plausible, y loable, parte primera, lib. 2, fol. 29. Quando effectus tribuitur centis ritibus, & observantiis quibusdam, peculiaribus ad id designatis, ut quod fieri aliquid debeat certis diebus, & horis ad certum stellarum situm, sub certo numero crucium, & candelarum, certa corporis positura, in tali carta talis coloris, vel figuræ, intali materia, cum tali instrumento, talium verborum prolatione diabolicus est. De este género de Periaptas, y Amuletos usaron los Egipcios, como lo trae el Padre Atanasio Kirquerio en su Oedipo Egipciaco, y hoy se usa en Alemania, y en los Cantones Esguízaros entre algunos soldados, que en lugar de esta piedra traen algunas cédulas con varios [36] caracteres intencionales, para que los enemigos no les ofendan. En la América muchos Indios por convertir usan semejantes supersticiones, poniendo en algunos animales los demonios familiares (que llaman Naguales) con quien han hecho su pacto explícito debajo de la condición de que los han de defender de sus enemigos; pero que si al dicho animal, en quien está el demonio familiar, le matan, o hieren, han de padecer el mismo detrimento los Indios: y así concluyó diciendo, que esta piedra no tiene más virtud oculta, que la que quiere comunicarle el demonio.

Más dijera el duende en este particular, a no haberle interrumpido el discurso el portero, que entró diciendo: Señor, y señores, el Bachiller en Medicina Don Miguel Melero pide licencia para entrar; todos unánimes, y conformes se la dieron, entró diciendo: Señor, y señores, habiéndome sacado de mi casa para socorrer la necesidad de un enfermo, volviéndome a recoger a ella, le pregunte al Portero que estaba en la puerta, que de qué se trataba esta noche en la tertulia: Me respondió, que se estaba viendo un papel [36v] papel del señor Doctor Don Cristobal de Pedrosa y Luque, Catedrático de Prima de Medicina de la Insigne Universidad de esta Ciudad, y que intentaba la tertulia responder a él, afeando los muchos dicterios con que vienen adornadas sus hojas, motivados de un papel que le remití manuscrito, sin haber reparado en la distancia que hay de un papel impreso a otro que no lo estaba, ni se había hecho público; y así suplicó a la reverenda tertulia permita, que yo responda al papel para mi mejor desempeño. Respondiole el Presidente: Señor Don Miguel Melero, hasta ahora no se ha visto el papel del señor Doctor Don Cristobal de Pedrosa, sólo se ha visto la dedicatoria en Romance, y la aprobación del Reverendo Padre Maestro Fray Juan de San Bernardo, a la cual ha respondido la veneranda tertulia; y supuesto que el señor Don Miguel Melero quiere responder a su Antagonista, responda en hora buena; pero mire que se le encarga la modestia, porque de no tenerla, la respuesta será castigado su ingenio con los graves azotes del desprecio; porque es muy indigno entre los hombres [37] de letras, que en lugar de venir sus Apologías llenas de atenciones cortesanas, vienen llenas de dicterios ignominiosos (que fuera mejor fueran de razones eficaces, y demostraciones evidentes, con que se probará el asunto de la controversia) motivando con ellos destemplados accidentes en la voluntad, de donde se recrecen motivos para que el vulgo les pierda la estimación que merecen unos hombres tan honrados, y que profesan una facultad tan noble. Así lo prometió el Bachiller D. Miguel Melero, y se retiró a su casa.

Y vuelto el Presidente a Don Ulises, le preguntó, que si ¿había estudiado alguna facultad? A que Don Ulises respondió, diciendo: Yo estoy graduado de Bachiller en Medicina por la Universidad de Salamanca. Díjole el Presidente que ¿cómo no se había Doctorado? A que respondió Don Ulises: Señor, en tiempos pasados era de grande estimación (así en mi Universidad como en las demás que tiene esta Monarquía) un grado mayor en cualquiera facultad, era un tiempo aquel en que tuvieron las buenas letras estimación; era un tiempo aquel en que juraban los hombres de letras: Por el grado [37v] que me dio mi Universidad que esto es verdad, &c. Era tiempo aquel en que juraban los Caballeros Cruzados: Por este Hábito que me puso Felipe Segundo, &c. Pero estamos en un tiempo en que por haber Doctorado la Universidad de Orihuela, la de Irache, la de Salerno, y otras algunos, les mandó cerrar la puerta de la estimación el Consejo Real de Castilla. Han faltado las rentas de las Cátedras, ha faltado la justa estimación de las ciencias, y por eso se han dado al ocio los buenos ingenios. No tiene su justo lugar la suficiencia, porque el nombre los iguala a todos, y porque no se acaben de perder las escuelas, se apuntalan sus edificios con las trabes que hallan, buenas, o malas. Este es el motivo que tuve para no doctorarme, que bien creo yo que habiéndome suplido a mí, y a otros muchos lo que me suplieron en el grado de Bachiller; también me suplieran en el grado mayor lo que me podía faltar de justicia, por las muchas gracias que hacen los señores Catedráticos. Dijo entonces el Presidente: Esta es la causa porque algunos Bachilleres de la facultad Médica no quieren graduarse de Doctores, y hacen bien, porque el que es Cristiano viejo conocido, para [38] su seguridad no necesita de calificarse. Preguntó el Presidente a Don Ulises, que si en su facultad tenía alguna duda, que la propusiese, que también se le respondería. Respondió Don Ulises, que con su doctrina Galénica no encontraba duda alguna, aunque fuese la enfermedad muy ardua, y que por muy intrincado que fuese el aprieto, se recogía al hospital del refugio, de la cualidad oculta, y si no hallaba cama vacía, de pasaba al de las facultades, o al de la Entelequia, o al de las disposiciones, o antiperístasis, desde donde encastillado se defendía de los más rigurosos combates, pero que no obstante había de proponer a la veneranda tertulia tres puntos: permitiósele luego la licencia, y dijo: Quare fœtus post exortum respiratione inehat, eamque perpetuo exercet? Quare, & quomodo a qua in pulmonibus in missa animalia suffocat? Quare in somno non impediatur motus cordis? Levantose un duende en traje de un venerable ermitaño, y dijo: Yo responderé a las preguntas del señor Don Ulises, y al ir a pedir licencia al cónclave, se oyó gorjear un coro de suaves voces, y preguntando el Presidente al portero, qué música era la que se oía; respondió, que eran las damas de la Aurora, que venían barriendo [38v] las sombras del Horizonte sensible, porque quería salir a su continuo paseo el Príncipe de los Astros. Dijo el Presidente: Las preguntas del señor Don Ulises se dejen con las demás Apologías para la siguiente tertulia, donde se le dará satisfacción en cualquiera doctrina que gustare porque ya es hora que cada duende se recoja a su desván a lograr el descanso que nos promete a todos la luz.

Desapareció todo el teatro, salió el Sol, y se halló Don Ulises sentado en el suelo de un salón arruinado, sacudió su capa, y se encamino a la casa de su amigo, el cual halló cuidadoso esperando el suceso del acaso de Don Ulises, el cual empezando a hacerle relación de lo que había pasado, llamaron a la puerta preguntando por él, salió Don Ulises, reconoció a un criado de su padre, que le traía una carta, y habiéndola abierto le decía: Don Ulises, las heridas del Alcalde fueron muy leves, tengo indultadas tus travesuras, y así luego tomarás postas, y vendrás a esta Corte donde te espero; y también Doña Rosa, que se recogió en casa la noche de la pendencia, por no experimentar los rigores de su padre. Dios te guarde. El día siguiente tomó postas Don Ulises, y despidiéndose de su amigo, se puso en camino, y ayudado de las alas de su deseo llegó a la Corte en tres días. La noche que llegó se desposó con Doña Rosa, habiendo hecho pleito homenaje en manos de su padre, de huir todas las ocasiones que le pudiesen dar disgusto.

F I N


[ Edición del texto íntegro, actualizada la ortografía, conservado en un opúsculo de 38 folios de papel que se dice impreso en Valencia 1699,
a la vista de un facsímil digital del ejemplar RAH 11/9390(559) conservado en Madrid por la Real Academia de la Historia, España. ]