Filosofía en español 
Filosofía en español

“Cualidad oculta” / “Cualidades ocultas”

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1698 «El año antecedente de 97, dicté en la Real Universidad de esta Ciudad a mis oyentes un tratado de Cualidades ocultas, como son, la que tiene la Piedra Imán para atraer al hierro: las de los venenos: de los medicamentos Narcóticos: y la de los Purgantes, llamados Catárticos, cuyas virtudes, o cualidades para sus efectos, dicté, y enseñé ser cualidades ocultas, y de superior virtud, respecto de las cualidades Elementales; la cual sentencia defendí con muchos, muy clásicos, y gravísimos Autores, y para mayor corroboración con la doctrina de mi Angélico Doctor Santo Tomás, en el opúsculo 34, de occultis operationibus naturæ. Esto supuesto, la noche del día 8 de Agosto, cerca de las once en el mayor rigor de los calores de la Estival estación me envió un tratado, con título de cualidades manifiestas, Don Miguel Melero, Bachiller de la Facultad de Medicina en mi Universidad de Sevilla, Médico Revalidado, y Familiar del Santo Oficio, sujeto muy conocido ya en esta Ciudad por sus muchas prendas; quien en su tratado impugnatorio, me dice: que he leído a los Estudiantes una opinión improbable, e inútil a los oyentes que confunde la luz con las tinieblas, y la claridad con la oscuridad, con otros muchos dicterios, que la modestia ha entregado al más recatado silencio en el estilo Castellano, aunque en el latino se ponen a la letra por párrafos en la forma, que los envió su Autor.» (Cristóbal Ruiz de Pedrosa, Allegatio apologetica medico-physica, qua probabilissimam sententiam de occultis qualitatibus, & operationibus aliquorum entium, Sevilla 1698, [Dedicatoria] Al Sr. D. Andrés de Ibarburu y Galdona, Doctor en Sagrada Teología, Maestre Escuela, Dignidad, y dignísimo Canónigo de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de esta nobilísima Ciudad de Sevilla, págs. iii-viii.)

1699 [7] «Sin valernos del misterio magno, ni menos de cualidades ocultas, caminos tan hollados de los ociosos, los cuales volviendo la espalda al trabajo se contentan con alguna autoridad de alguno, que como crédulo la puso en sus obras, sin haber hecho la inspección necesaria para descubrir la verdad, como otros que no pudiendo penetrar algunos arcanos de la naturaleza, buscan algunas voces enigmáticas para salir del empeño en que los puso la curiosidad: y así vemos desempeñados a muchos varones doctos con las voces del misterio magno del anima mundi, de la entelequia del antiperístasis, de las facultades, y cualidades ocultas, y otras voces semejantes adivinatorias, que miradas a buena luz, son embarazos para que no los encuentre, ni conozca el desengaño.» [10] «Será digno que los Doctos Filósofos ocurran a las cualidades ocultas, al espíritu universal, a la entelequia de Aristóteles, a las disposiciones, facultades, y otras cosas semejantes, que todo no es otra cosa que dejar preso al entendimiento en la cárcel de la ignorancia; ¿no será más segura Filosofía el decir los sales de que le sacó esa agua?» [11v] «El más docto peripatético respondería, que las primeras clavijas no tendrían tanta disposición como aquella última, si no es que decía (aunque creo que no) que la que lo sistió tendría alguna cualidad oculta, o discreto desempeño, y de cuantos lances nos sacas con la disposición, con las facultades, y con las cualidades ocultas: ¡qué fuera de nosotros si nos desterraran de este hospital del refugio Filósofo peripatético! ¿No fuera más racional Filosofía decir qué figura tiene este agujero de este epistomio?» [12] «Pregunto, ¿no se responde con más claridad por este camino, que no por el de la disposición, y de las cualidades ocultas?» [13v] «¿Qué Filósofo no dirá, que aquí viene bien la cualidad oculta como nacida, o por lo menos vendrá a padrinar esta dificultad la antipatía, y simpatía? Vuelvo a decir, ¡oh dichoso hospital del refugio! ¡Qué fuera de algunos si no le hubieran labrado! ¡Qué de veces nos quedáramos a la Luna, y al sereno del desprecio! [17v] «La causa que dan los Peripatéticos para que las piedras calcinadas con la mezcla del agua, se encienda en ellas la estopa, o la paja, es la Antiperístasis, razón hermana de padre, y madre, de las cualidades ocultas, y de las disposiciones.» [23-24v] «¿Quién será tan temerario que niegue aquí la cualidad oculta, como en la fuente Idumea? solo aquellos que no se ahogan en poca agua; estos son los Filósofos experimentales, que con su Filosofía sensata, y con experimentos Físicos, químicos, y Matemáticos, no contentándose con las opiniones, pasan con los experimentos a descubrir los arcanos más ocultos de naturaleza.» [25v-26] «Diremos que el aire tiene cualidad oculta contra este veneno, ¿por qué con lo caliente, y húmedo no se puede oponer a un veneno, que según los síntomas que produce acredita ser de superior orden? Cómo obre este aire agitado ya lo diré: No obra con sus primeras, o segundas cualidades, ni con cualidad oculta, sólo obra con su proporcionada agitación, y así tienen en aquel País (los que curan a tales enfermos) el cuidado de tocar con sus instrumentos o bien tonos fúnebres, o bien alegres, o ásperos, o remisos, o pausados, y luego que la sonada (o música) encuentra con la unisonidad, del humor que está viciando los nervios que están ofendidos con la mala vecindad del veneno, expelen el introducido en las partes con su movimiento, como se mueve el Santo Cristo de Lugo, las cuerdas de los instrumentos, y la Imagen de cera, siendo todos efectos de la unisonidad, y no de las cualidades ocultas, como piensan algunos de los Peripatéticos.» [27] «De estas maravillas se ven muchas en las Matemáticas, que el que no las conoce, luego se acoge al hospital del refugio de las cualidades ocultas, o que son obras del Demonio.» [35-35v] «Querer librar a esta piedra, y sus diabólicos efectos con la cualidad oculta, es materia que [35v] acredita de pocas noticias al varón, que por esta parte quiere disimular la falta de su conocimiento. Lo mismo pudiéramos decir de todas aquellas cosas de que se vale el demonio en lo natural, para disimular su inicua virtud; y si con decir esto obra con cualidad oculta, han de salir libre de las manos de los señores del Santo Tribunal pocos supersticiosos, castigaría su santo celo.» [38] «Respondió Don Ulises, que con su doctrina Galénica no encontraba duda alguna, aunque fuese la enfermedad muy ardua, y que por muy intrincado que fuese el aprieto, se recogía al hospital del refugio, de la cualidad oculta, y si no hallaba cama vacía, se pasaba al de las facultades, o al de la Entelequia, o al de las disposiciones, o antiperístasis, desde donde encastillado se defendía de los más rigurosos combates, pero que no obstante había de proponer a la veneranda tertulia tres puntos:» (Dj. G. O. D. L. B. R. A. = Juan Ordóñez de la Barrera, Acasos de Don Ulises de Aldrovando, Valencia 1699, páginas 7, 10, 11v, 12, 13v, 17v, 25v-26, 27, 35-35v, 38) [“cualidad oculta” Σ 8 / “cualidades ocultas” Σ 8 / “hospital del refugio” Σ 6 / “desengaño” Σ 3]

Juan Ordóñez de la Barrera, Antorcha filosófica, luz, que ahuyentando las medrosas sombras de entes fantasmas, o imaginadas cualidades ocultas, informa al conocimiento de la verdad, Córdoba 1699.

1707 «[Miguel Melero Jiménez…] Estando en Sanlúcar la Mayor aconteció a un cirujano un caso de su facultad, por el cual fué preso y traído a Sevilla; escribió D. Miguel un papel tocando aquel punto, y viéndolo los oidores de la Real Audiencia, proveyeron auto de soltura y loaron el escrito. En un litigio que hubo entre los médicos revalidados y no graduados de doctores y los revalidados y graduados de doctores, sobre la precedencia en las consultas, escribió dos papeles doctos y eruditos a favor de la costumbre antigua de precederse los unos a los otros, según la antigüedad de la reválida, los cuales fueron impresos, uno con título de Allegato jurídico, y otro con el de Propugnáculo Jurídico. Impugnó la materia de cualidades ocultas que leía el Dr. D. Cristóbal Ruiz de Pedrosa y Luque, de quien daré luego noticia, y sus razones, aunque fueron manuscritas, le parecieron a su amigo tan fuertes, que luciendo su ingenio y erudición, respondió con un impreso apologético.» «[Cristóbal Ruiz de Pedrosa…] en la edad de veintitrés años con deseos de ser eclesiástico, dispuso la Providencia Altísima no se hallase capellanía alguna, y con esta falta se inclinase a otro estado, y cursando la Medicina en la real Universidad, fué pasante del Hipócrates andaluz Dr. D. Francisco de Távora, y revalidado por el Real Protomedicato, fué graduado de Doctor en Medicina e hizo oposición a la cátedra de Vísperas, que leyó con pública utilidad desde el año de 1682 hasta el de 1685, en que obtuvo la de Prima, que leyó hasta 1701, teniendo numeroso concurso de discípulos y observando exactamente las horas en las lecciones y sabatinas, y presidiendo diferentes actos de conclusiones generales con pública aclamación y utilidad conocida. En 1696 recibió el grado de Maestro en Artes en la misma Universidad, y graduado en las dos referidas facultades, ha sido repetidamente Presidente y Examinador, luciendo su gran literatura en los argumentos y resoluciones. Leyó el año de 1697 la materia de cualidades ocultas, que en un manuscrito le impugnó el médico revalidado D. Miguel Melero Ximénez, como he referido, y respondió a sus argumentos, fundando la opinión que había leído con muy bien ponderadas razones y autoridades en un libro con título de Allegatio, Médico-Physica, que se imprimió en cuarto el año de 1698 en Sevilla, en la imprenta de Juan Gómez de Blas.» (Diego Ignacio de Góngora [Sevilla 1628-1710], Historia del Colegio Mayor de Santo Tomás de Sevilla, ≈1707, edición de 1890, págs. 243 y 247, apud CORDE.)

1723 «10. Persuasión común era entonces, y aún lo es ahora, que vive indemne de aquella furia mineral este privilegiado vegetable como que contra los disparos del Cielo puedan servir sus ramas de fagina. Grandes Filósofos lo niegan, y tienen la experiencia de su parte. ¡Vanidad vulgar pensar que a soberanas baterías puedan oponerse por muro cualidades ocultas! Pero vanidad en algún modo vinculada a nuestra especie desde su origen. El primer delincuente pensó ocultarse con unas ramas a un Dios ofendido: y sus hijos piensan defenderse con unas ramas de un Dios enojado.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Relación de los estragos que causó en la Ciudad de Oviedo aquella furiosa borrasca del año de 23, escrita a petición de los Señores Capitulares de aquella Santa Iglesia”, Adiciones a las Obras, Madrid 1783.)

1726 «Lo segundo se palpa en todos los específicos; en los cuales no se percibe alguna contrariedad de cualidades manifiestas con las de la enfermedad que curan. Y si quieren entender el axioma de la contrariedad en cualidades ocultas, o como otros explican, oposición á tota substantia, es también inútil; porque esta oposición no la descubre la Filosofía, sino la experiencia; y después que yo por experiencia palpo que tal remedio tiene oposición con tal enfermedad, no he menester el axioma para nada.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Medicina”, Teatro crítico universal, tomo primero [1726], discurso quinto.)

1727 «Entonces, cierto Filósofo Cartesiano, se incorporó, y atusándose la garceta, tentándose la barba, y tosiendo hueco, por ostentar más gravedad, arguyó en la siguiente forma bicornuta. O estos influjos, que imputan a los Astros, son cualidades manifiestas (y así pecan en no señalarlas) o son cualidades ocultas; y esto es decir, que no saben si las hay: pues donde para cualquier efecto hay otra causa manifiesta, nadie sabe que hay la que se oculta. Por eso, dijo, más he tenido yo siempre a la Astrología por Ciencia de Teatro, que de Cátedra, porque más se funda en capricho, que en Arte; y por cierto, si hubiera hombres inteligentes en el Arte de conjeturar las guerras, pestes, tormentas, cosechas y éxitos de los negocios, sin duda todos los Príncipes de Europa mantendrían su Astrólogo de Camara, que les sacase de tantos cuidados, y dudas; pero la verdad del caso es, que los hombres, que no han sabido seguir bien su carrera, suelen tomar este arte de delirar, para pasar la vida; y al modo que los Químicos desesperados dan en curanderos, así los Poetas aburridos suelen dar en Astrólogos.» (Martín Martínez, Juicio Final de la Astrología, en defensa del Teatro Crítico Universal, Madrid 1727.)

«Salióme al encuentro entonces un perillán Cartesiano, y tosiendo hueco y atusándose la barba, me dijo: o estos influjos que imputais a las Estrellas son cualidades ocultas, y esto es decir, que no sabeis si las hay, o son cualidades claras; y si esto es así, pecáis en no señalarlos. Respondile al Cartesiano, distinguiendo su argumento tan cornudo como él, y le dije: Son cualidades ocultas para usted, para Martín, y para todos los otros, que por no haber estudiado, las ignoran totalmente; y de que a los ignorantes se oculten estas cualidades, no se infiere no las haya, y son cualidades claras para los que las sabemos, y las hemos estudiado, y no pecamos, pues no hacemos otra cosa en todos los Picatores, que estarlas manifestando; los que pecan, sois vosotros, pues ni a costa de excusaros el trabajo, os queréis aprovechar de nuestras advertencias, y consejos.» (Diego de Torres Villarroel, Entierro del Juicio Final y vivificación de la Astrología, Madrid 1727.)

1728 «56. Lo que se cuenta del pez llamado en Latín Torpedo, y en Castellano Trimielga, en parte es verdad, y en parte fábula. Es verdad que si le tocan con una asta, o báculo, produce en el brazo del que le hiere una leve sensación dolorosa, mezclada con algo de estupor, la cual es ocasionada de la repercusión que hace el pez contra el báculo, con un movimiento expansivo muy pronto. Pero que cogido en el anzuelo por el hilo, y la caña comunique alguna cualidad capaz de entorpecer el brazo del Pescador, o que haga el mismo efecto el contacto de la red, en que le cogen, es fábula; de modo, que aquí no interviene alguna cualidad oculta, sino mero mecanismo. He leído las experiencias que se hicieron sobre este punto; no me acuerdo bien si fue en las Memorias de la Academia Real de las Ciencias, o en otra parte.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Historia Natural”, Teatro crítico universal, tomo segundo [1728], discurso segundo.)

«Paradoja IV. O todas las cualidades son ocultas, o ninguna lo es. 12. Llaman los Filósofos de la Escuela cualidades ocultas a aquellas, que ni son del número de las cuatro elementales, ni resultan de la varia combinación de ellas, porque sus operaciones son de otra línea más alta que todas aquellas que se pueden atribuir a la humedad, sequedad, frío, calor, dureza, blandura, color, sabor, &c. Y aunque es verdad que algunos, siguiendo el sistema de señalar cualidades segundas, que resultan de la varia composición de las primeras: y cualidades terceras, que resultan de la varia combinación de las segundas; entre las terceras han querido colocar las maravillosas virtudes del imán, la atracción de los purgantes, y otras de las que se llaman ocultas, reduciéndolas todas a manifiestas; son abandonados del común de los filósofos, y con razón: pues se echa de ver, que humedad, sequedad, frío, y calor, de cualquiera modo que se combinen, y recombinen, no son capaces de dirigir el imán al Polo, o de atraer el hierro. […] 14. Y verdaderamente ¿cómo podemos negar que nos es oculta la cualidad, que llamamos calor, cuando nos es aún oculto si es, o no es cualidad? No sólo los Filósofos corpusculares, que niegan toda cualidad, y forma; pero muchos de los que las admiten, constituyen el calor por un movimiento, ya vorticoso, ya vibratorio, de las partículas insensibles del cuerpo. Y mientras no haya argumento conque convencerlos, no puede saberse si estos, o aquellos dicen la verdad.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Paradojas físicas”, Teatro crítico universal, tomo segundo [1728], discurso XIV.)

1729 «7. Poco a poco se fue conociendo la insuficiencia de las cuatro primeras cualidades, aun supuesta la suma variedad de sus combinaciones, para producir infinitos efectos sensibles; y para suplir el defecto, se recurrió a las cualidades ocultas. Acusáronlas luego los partidarios del Cuaternión, por el capítulo de ser asilo de ignorantes; como si no fuese mayor ignorancia señalar por causas las que evidentemente no lo son, que confesar ingenuamente que se ignoran las causas.» «8. Unos, y otros pues, así los que acudieron a las cualidades ocultas, como los que quisieron atribuir todos los efectos a las elementales, se quedaron al borde de la naturaleza; con la diferencia grande, de que los primeros sólo pueden ser capitulados de ignorancia; los segundos, no sólo de ignorancia, también de error. Este se hizo tan visible, que ya apenas se halla quien, teniendo algún mérito para ser llamado Filósofo, le apadrine: con disimulo, o sin él, todos reconocen, respecto de infinitos efectos, insuficientes las cualidades elementales; y adonde no alcanzan éstas (siendo poquísimo lo que alcanzan), toda la Física de la Escuela, para dar razón de cualquier efecto natural, está reducida puramente a decir que hay una cualidad que la produce. Esta es toda la Filosofía Peripatética, y no hay otra. Si se pregunta, por qué calienta el fuego, se responde, que porque tiene virtud, o cualidad calefactiva. Si se pregunta, por qué tiene esa cualidad, se responde, que porque la pide su esencia. Si se pregunta más, cuál es la esencia del fuego, eso no se sabe. Y si se responde algo, será con un círculo vicioso, diciendo que es una esencia que radica, o pide la virtud de calentar, quemar, &c. Lo mismo es de todo lo demás.» «9. Pero volviendo a las cualidades ocultas, esta voz, que nada significa, se refuerza en los libros, y en las Escuelas, con las de Simpatía, y Antipatía, equivalentes en la obscuridad, y en la aplicación. Son voces Griegas que aunque ya vulgarizadas, siempre se quedaron Griegas, porque nada explican.» «17. La verdad del caso es, que Simpatía, y Antipatía, amor, y odio, y las demás equivalentes, son voces [52] metafóricas, y por tanto inútiles en el examen de los efectos naturales. El idioma metafórico, como forastero en la Filosofía, nada significa hasta traducirse al lenguaje propio, que explica las cosas derechamente como ellas son en sí. Por mejor, pues, tengo la voz de cualidad oculta, que tiene alguna significación filosófica, aunque obscura, y comunísima, que las de Simpatía, y Antipatía, que, o significan lo que no hay, o nada significan.» «20. Conque Simpatía, y Antipatía, según lo que se significa inmediatamente por estas voces, no las hay en el Mundo. ¿Pues cómo hemos de explicar, o a qué causa hemos de atribuir aquellos efectos admirables, para cuya explicación se usan esas voces? Las cualidades elementales, y las segundas, o terceras, que se suponen resultantes de la varia combinación de aquéllas, no bastan: ¿pues qué, hemos de estar siempre atrincherados tras del parapeto de las cualidades ocultas? Eso es confesar que ignoramos las causas.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Simpatía, y Antipatía”, Teatro crítico universal, tomo tercero [1729], discurso tercero.)

1730 «32. No sólo se experimentaba en la música de los antiguos esta valentía en conmover los afectos, mas también la eficacia para curar varias enfermedades. Teofrasto refiere que con el concepto de varios instrumentos se curaban las mordeduras de algunas sabandijas venenosas. A Asclepiades se atribuye la curación de los frenéticos con el mismo remedio; y a Ismenias Tebano, de la ciática, y otros dolores. No pretendo que todas estas Historias se admitan como inconcusas; pero sí que pasen como probables; pues no hay imposibilidad alguna en los hechos, antes todos los efectos de la música expresados se pueden explicar con un mero mecanismo, y sin recurrir a cualidades ocultas ó misteriosas simpatías.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Resurrección de las Artes, y Apología de los Antiguos”, Teatro crítico universal, tomo cuarto [1730], discurso doce.)

1734 «5. Esto es por lo que mira al Vulgo de los hombres. El Vulgo de los Filósofos (que en todas las facultades hay Vulgo; y tanto, que respecto de los Vulgares, son poquísimos los Nobles) te responderá, que admira aquellos efectos, porque son ocultas sus causas; y sin decirte otra cosa, quedará con la satisfacción de que sobre la materia no respondería más un Oráculo. Aquí quiero que pares conmigo un poco, para mostrarte, que esta sentencia, que oyes pronunciar tantas veces con toda la gravedad filosófica del Aula, y que te deja enteramente satisfecho, no es mas que un trampantojo ridículo. Crees que es admirable, así la expansión del Océano, hacia las orillas, como el regreso de ellas, porque, después de todas las especulaciones de los Filósofos, permanece oculta la causa de esos movimientos. Bien; pero dime, ¿por qué no admiras igualmente el movimiento de fuentes, y ríos hacia el Océano?» «9. A quien no satisfaciere la insinuada arduidad del fenómeno común del descenso de los graves, será fácil mostrarle otros muchos, donde pueda conocer, que no tiene más razón para admirar los movimientos del Océano, y el del hierro hacia el Imán, que otros innumerables, que cotidianamente tiene delante de los ojos. […] No es ciertamente la gravedad de las unas, y levidad de las otras, pues las raíces no son tan pesadas, como la tierra por donde bajan, ni las ramas tan leves, como el aire por donde suben. Preciso es recurrir a un agente incógnito, o cualidad oculta, como en el Océano, y en el Imán; por consiguiente, tan misterioso se queda aquello, como esto.» «11. Ya se ve, que este expediente, bien lejos de satisfacer a los Filósofos comunes, les parecerá una algarabía, semejante a la del mecanismo, con que los Cartesianos componen las propiedades del Imán. ¿Pero ellos dicen algo sobre la materia? Nada. Lo peor es, que ni dicen, ni pueden decir, pues ni aún pueden usar aquí del Fidelium de sus cualidades ocultas; porque el agua las mismas cualidades tiene cuando está quieta, que cuando sube; y cuando sube, que cuando baja. Con que esto se reduce a que los Filósofos de la Escuela más atollados se hallan en la contemplación de este fenómeno, que en la de las propiedades magnéticas, y los modernos, por lo menos, igualmente embarazados en uno, que en otro; porque (omitiendo otras muchas dificultades gravísimas, que se pudieran oponer) la adherencia de la materia etérea a las partículas de agua es totalmente ininteligible, por la perfecta fluidez, que atribuyen a aquella materia.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Maravillas de la Naturaleza”, Teatro crítico universal, tomo sexto [1734], discurso sexto.)

1736 «14. No faltan a la verdad entre los Médicos, que siguen la Filosofía Corpuscular, uno, u otro, que quieren hacer valer en la medicina el sistema filosófico, que siguen. Juan Jacobo Waldschmidt, encaprichado con extremo del Cartesianismo, pretende, que no puede ser buen Médico, quien no siguiere la Filosofía Cartesiana. ¡Rara extravagancia! de la cual se sigue, que no hubo Médico alguno bueno, hasta que Descartes vino al mundo; y que el mismo Hipócrates fue un pobre hombre, que no merecía estar asalariado en una corta Villa. ¿Qué luz nos da este Autor para la curación de las fiebres, con decirnos, que la fiebre consiste en la perturbada mixtión de la sangre, ocasionada de la introducción de un éter peregrino? Lo primero, esto es dudosísimo. Son innumerables los Médicos, que señalan causa diferentísima a las fiebres: tanto, que apenas la centésima parte de los Autores las atribuye a la que señala Waldschmidt. Lo segundo, el éter peregrino es una gerigonza semejante a la de las cualidades ocultas de la Escuela Peripatética.» (Benito Jerónimo Feijoo, “De lo que sobra, y falta en la enseñanza de la Medicina”, Teatro crítico universal, tomo séptimo [1736], discurso XIV.)

1740 «§. XXXVI. Dirá V. R. que sus pruebas a favor de la Racionalidad son contra los Peripatéticos, mas no contra los Cartesianos; y queriendo disputar contra estos últimos, se servirá de otros argumentos. En fin, dirá, que muchas veces hablo yo como Cartesiano, y no como Peripatético. Pero, también respondo yo, que V. R. no escribió para los muertos, sino para los vivos. Los Antiguos Peripatéticos, que no admitían mecanismo, y explicaban el instinto por cualidad oculta, ya murieron: quiero decir, que ya son pocos en todas las Naciones, que no recurran a algún mecanismo de Descartes. Todos confiesan que el movimiento de los órganos del cerebro es necesario para determinar las operaciones del alma; mas no por eso dejan de ser Peripatéticos, mas no por eso abandonan el sistema de las sensaciones, que son operaciones de aquella admirable forma substancial. De suerte, que todas las veces, que hay un cierto movimiento en los órganos del animal, hay un cierto conocimiento, o cierta sensación en el alma del mismo animal, de que la causa eficiente inmediata es Dios, que así lo determinó, cuando crió el dicho animal. Va mucha diferencia de lo que dicen los Cartesianos a este sistema. Esos ni sensitivo, ni racional admiten en el Bruto: estos toman el camino del medio, al cual V. R. se opone. Mas estos mismos Filósofos, por haber abandonado las cualidades ocultas, y otros sueños semejantes, que no tienen significación determinada, no dejan de ser Peripatéticos reformados, como son muchos de los Reverendos Padres de su Religión de la Congregación de San Mauro en Francia, Personajes dignos de una suma veneración, tanto por su santa, y ejemplar vida, como por su profunda capacidad, y erudición: como son también los Reverendos Padres de la Compañía en el mismo reino, e infinitos otros, que yo no relato, por no ser dismasiadamente prolijo en una carta, de que el estilo ha de ser lacónico.» (Anónimo autor de una Carta crítica impugnando el Discurso nono del tomo tercero del Teatro Crítico de Feijoo [“Racionalidad de los brutos”], fechada en “Beja, Enero 23 de 1740”. Fragmento transcrito, entrecomillado, por Miguel Pereira de Castro Padraõ, con la consiguiente respuesta, en su libro Propugnación de la racionalidad de los brutos, fechado en Evora, 25 de septiembre de 1743, y publicado en 1753.)

«115. También dificultarán en el retorno, persuadidos a que todos los marineros se querrán quedar a gozar de la fertilidad, comodidad y diversión de tan dilatados y deliciosos países. Y, suponiendo que la misma dificultad puede ofrecerse navegando a aquellas provincias por el mar del Norte, y que a ésta, y a la de la mortandad, se ocurre con la del navío al través, que se acostumbra llevar en cada armada, para que los marineros de él se repartan en los demás navíos que vuelven, con la que no sólo no han hecho falta los marineros de vuelta, sino que los ha habido para traer los navíos que vienen de más, construidos en aquellos astilleros, se satisface con decir que, aun cuando por alguna cualidad oculta se quedasen más marineros, y no alcanzase esta providencia, habiendo marina en la Mar del Sur, ¡como se puede creer faltasen para la vuelta de los galeones!» (Bernardo de Ulloa [Sevilla 1682-Madrid 1740], Restablecimiento de las fábricas y comercio español, ≈ 1740-1746, apud CORDE.)

1742 «Tampoco puedo, Ilustrísimo Señor, pretender que se acepte como mérito el motivo; porque en amar, y venerar a V. S. I. ¿qué hago sino lo que hacen cuantos conocen a V. S. I.? Dije poco. ¿Qué hago, sino lo que nadie puede dejar de hacer? El portentoso complejo de virtudes que resplandece en V. S. I. constituye una especie de Magnetismo mental, que arrastra todos los corazones. No es aquí Cualidad oculta la atractiva. Expuesta está al entendimiento, y al sentido la fuerza, que mueve los ánimos a las adoraciones.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Dedicatoria que hizo el Autor”, Cartas eruditas y curiosas, tomo primero [1742].)

«21. Este Autor en el capítulo citado asegura, como testigo ocular, muchas cosas extremamente inverisímiles. Pero ninguno sería más acreedor a que los Lectores le creyesen, si esto pudiese debérsele como recompensa de las buenas creederas que él tiene para otros Autores. Digo esto, porque en el capítulo 101, en que trata de los remedios, que obran por simpatía, y cualidades ocultas, amontona, como certísimas innumerables operaciones simpáticas, y antipáticas, que todos los Sabios modernos, fundados en experimentos irrefragables, desprecian como sueños, y ficciones de los antiguos.» (Benito Jerónimo Feijoo, “De la Medicina Transplantatoria”, Cartas eruditas y curiosas, tomo primero [1742], carta XVII.)

1745 «1. Mi amado dueño: Sucédeme muchas veces, que al ponerme a investigar la causa de algún fenómeno natural, me asalta una pasión fuerte de envidia a nuestros mayores, que estaban libres de esta molestia; porque sus cualidades tenían a mano las causas de todos los efectos, supliendo con las ocultas donde veían que no podían alcanzar las manifiestas, y tan ocultas eran para ellos unas como otras. Usaban de una Filosofía puramente nominal, porque todo su negocio se reducía a fabricar sobre el sonido de las voces, que significan los efectos, otras que aplicaban a las causas. V. gr. si se les preguntaba ¿por qué calienta el fuego? respondían, que porque tiene virtud calefactiva: ¿por qué atrae el imán el hierro? respondían, porque tiene virtud atractiva: que es lo mismo, que decir, que el fuego calienta, porque puede calentar; y el imán atrae, porque puede atraer. Notable Filosofía, la cual no ignora el más estúpido hombre del campo.» «2. Si a estos, pues, pregúntase alguno, ¿en qué consiste que el fuego no quema el Amianto? responderán muy satisfechos, que esto proviene de una cualidad oculta, que le hace incombustible. La voz incombustible es ignorada del hombre del campo, y acaso también la voz cualidad; pero sabe muy bien el hombre del campo la verdad de Perogrullo, que el fuego no quema el Amianto, porque no puede quemarle; o que el Amianto tiene allá un no sé qué, por el cual no puede consumirle el fuego, y nada más que esto significa la respuesta de aquellos Filósofos, compuesta de las voces cualidad oculta, e incombustible.» «3. Suelen éstos oponer a los modernos, que ni ellos explican más los Fenómenos, diciendo, que provienen de la textura, o mecanismo de las cosas, porque no especifican, qué textura, o mecanismo es aquel, de que proviene tal, o tal cosa, lo cual es equivalente a atribuirlo a cualidad oculta.» «4. Pero lo primero, aun cuando no especifiquen, ya señalan por causa una cosa, que realmente existe en la naturaleza, y en cuantas substancias materiales hay, cual es la textura de las partes; cuando al contrario los Filósofos vulgares señalan por causas, unas, que se duda si tienen más que existencia ideal, y fingida, cuáles son las cualidades, qué ocultas, qué manifiestas.» (Benito Jerónimo Feijoo, “Sobre la incombustibilidad del Amianto”, Cartas eruditas y curiosas, tomo segundo [1745], carta XII.)

1762 «Así, en el pájaro la virtud que se supone, es una virtud simple que no obra sin el compuesto de remitir la gravedad del cuerpo a que comprima el aire, i éste, comprimido, resulte en elástico, i obrando éste, en fuerza de su virtud, se mueve el pájaro. Luego el que tiene la virtud es el aire, i de éste se aprovecha el pájaro, advirtiendo que en el dicho, hai una disposicion capaz de que la elasticidad obre condicionalmente i se sujete a los límites que el Autor de la naturaleza determinó. I porque no se me arguya que uso la cualidad oculta, la cierta cosa, como los peripatéticos al hablar de lo que se ignora, digo que estos límites son cuatro en cada ala. El primero ser la superficie de una tela sin poros por donde el aire comprimido no sale, como sucederia si fuese de lienzo u otra materia porosa. El segundo, es la membrana delantera que tiene una inclinacion hácia abajo, la cual sirve de valla para que el aire compreso no salga para delante. El tercer término, es el cuerpo que tendido lonjitudinalmente, es obstáculo para que pase el aire de una ala a otra. El cuarto término es una inclinacion que hai en la parte de los estremos para abajo, quiero decir, que hacen paralelo con el cuerpo i sirven para contener el aire que se halla compreso.» (Santiago de Cárdenas [Callao 1726-Lima 1766), Nuevo sistema de navegar por los aires, apud CORDE.)

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