Filosofía en español 
Filosofía en español

Juan Ordóñez de la Barrera fl. 1699

«Presbítero, Médico, Cirujano de Cámara de Su Majestad, Teniente de Caballos, que fue en los Ejércitos de Extremadura, Calificador de la salud pública de la Nobilísima Ciudad de Cádiz, Gentil-Hombre de la Artillería de su Real Presidio, y uno de los Fundadores de la Sociedad Regia de los Médicos Revalidados Sevillanos.» [Juan Ordóñez, Clava…, Córdoba 1700.]

«Habiendo colgado las armas del cansancio Militar, y Literario, en la armería de las conveniencias, que me dio nuestro Católico Monarca, me retiré a esta Nobilísima Ciudad de Sevilla, donde para desterrar el ocio, busqué los primeros hombres de ella, y habiendo encontrado en varias Tertulias... que el menor en el talento podía leer la Cátedra de Prima... pasé después a comunicar a algunos Héroes de la familia Médica, donde descubrí los primeros consejeros de la salud humana, y dándome noticia que entre los Médicos Revalidados se celebraban muy sazonadas Tertulias, así en lo Anatómico, como en lo Físico, y Matemático, y en lo demás de las doctrinas nuevas, fueron servidos de admitirme en su plausible Consorcio, donde en pocos días logré con la variedad de las continuas demostraciones, y experimentos, el destierro de muchas ignorancias, de las que había heredado de muchos hombres, que por vivir ciegos en la aprehensión de las cualidades ocultas, no fueron doctos. A uno de los ingenios de esta Veneranda Tertulia le pareció acción piadosa participar a un señor Catedrático ciertas advertencias sobre las cualidades ocultas, que había leído y leía en su Cátedra, y habiendo recibido como ofensa, lo que fue celo Cristiano, dio a luz su desempeño... Condenome la Tertulia a que yo hiciese públicas las noticias que había adquirido en ella... y di a luz los Acasos de Ulises de Aldrovando.» [Juan Ordóñez, Antorcha…, Córdoba 1699.]

Colgadas las armas y retirado a Sevilla, publica Acasos de Don Ulises de Aldrovando, hijo natural del Marqués del Sacro Imperio, acaecidos en el año de 1699... escribelos D. J. G. O. D. L. B. R. A., opúsculo de 38 hojas que se dice impreso en Valencia. Ordóñez hace así homenaje al gran Ulises Aldrovandi (1522-1605), el de la póstuma y monumental Serpentum et Draconum Historiæ libri duo.

Confirma que las siglas de los Acasos… son suyas, ese mismo año, en el libro Antorcha filosófica: luz, que ahuyentando las medrosas sombras de entes fantasmas, o imaginadas cualidades ocultas, informa al conocimiento de la verdad, y saca a luz L. D. Juan Ordoñez de la Barrera, presbítero, vecino de la ciudad de Sevilla, en Respuesta a sesenta Erotemas que trae en su libro de los Principes Illustrados el Doctor Don Alonso López Cornejo. Y dedica a Don Gabriel Fernando de Ortega y Viso, Amigo del Autor, Córdoba 1699 (19 + 108 páginas).

Hacia junio de 1699, en su calidad de “Socio de la Tertulia Hispalense, o Sociedad Médico Física”, firma una glosa al médico Juan Muñoz y Peralta, autor del librito Escrutinio físico médico de un peregrino específico de las calenturas intermitentes:

El Lic. D Juan Ordóñez, Socio de la Tertulia Hispalense,
o Sociedad Médico Física, y Cirujano de Cámara del Rey N. Señor.

Al Autor

Rey es de los montes el celebrado Olimpo, no porque se eleva sobre los más encumbrados, obligación de la superioridad: no porque se ostenta a todas partes objeto de imitación: la grandeza: no porque es el primero que esplendorizan los Solares Rayos, centro del lucimiento: no porque se Corona de Estrellas, ápice de la felicidad; sí empero porque no se sujeta a vulgares peregrinas impresiones, que es el mayor señorío de sí mismo: cuando mucho llegan a besarle el pie los vientos, y a lamer sus faldas las nubes. El olímpico ingenio del Autor de esta obra, sin sujetarse a peregrinas vulgares impresiones, ha sabido desde la primavera de sus primeros años fabricar con su gran sindéresis en ambas doctrinas Médicas un membrudo Coloso, para que sirva este de luciente Fanal a los que navegan en el Océano de la facultad Médica, y vean con claridad el puerto de la verdad, donde podrán anclar sus seguros discursos. En su corta edad el Autor supo tomar el Moral por empresa, por ser el más sabio de los árboles, que todo lo da de una vez hojas y frutos. En las flores de su niñez sazonó los frutos de la ancianidad más madura: con sus pocos años supo, y sabe sincopar muchos siglos de prudencia: en las consultas siempre encuentra con la elección de sus remedios los más seguros desempeños. Si por los pocos años gasta reparos el ancianismo, reparen que la vejez venerable no la forman solo los años, sino una larga serie de merecimientos sublimes: así lo asegura el Sabio: Non diuturna, neque annorum numero computata ætas senectutis, vita immaculata. (Sapient., cap. 4, Vers. 8.)

Ha sabido el Autor, como solícita Abeja, sacar de la floresta hermosa de ambas Doctrinas la miel más pura, para endulzar lo amargo de sus continuas tareas, y la cera para la luz de su mayor desengaño: y por tanto deben los Profesores de su facultad rendirle las gracias a sus mayores adelantamientos, por lo interesado que son a tan seguras Doctrinas.

Lic. D. Juan Ordoñez



Juan Muñoz y Peralta, Médico de la muy Noble, y Leal Ciudad de Sevilla, y Catedrático, que fue, de vísperas en su Universidad, Escrutinio físico médico de un peregrino específico de las calenturas intermitentes, y otros achaques, motivado de un libro que escribía el Dr. D. José Colmenero, dignísimo catedrático de Prima en la Facultad Médica de la Insigne Universidad de Salamanca, Con Licencia: en Sevilla: Por Juan de la Puerta, En las Siete Revueltas, Año de 1699. [ La Aprobación de Juan Navarro Vélez, de los Clérigos Menores, en Sevilla, 14 de Julio de 1699. La Licencia del Provisor, el Doctor Don José Bayas, dada en Sevilla a 3 de Junio de 1699. La Aprobación de Fray Antonio Melgarejo, en este Convento de N. P. S. Francisco Casa Grande de Sevilla, y Junio 15 de 1699. La Licencia del Juez, Lic. D. Antonio Fernando María de Milán, dada en Sevilla, en 1 de Julio de 1699 años. Esta glosa “Al Autor”, de Juan Ordoñez, no lleva fecha y ocupa la página signada: ¶¶2 ]

Y el 3 de noviembre de 1699 firma, en su calidad de “Socio de la Veneranda Tertulia Hispalense, Sociedad Médica-Química, Anatómica, y Matemática”, la Aprobación al libro de Miguel Melero, Médico Revalidado y Familiar del Santo Oficio, Examen pacífico de la Alegación Apologética Médico-Física…. Según Gabriel Sánchez de la Cuesta se habría utilizado aquí por vez primera el rótulo “Veneranda Tertulia Hispalense, Sociedad Médica-Química, Anatómica, y Matemática” (“Prólogo” al libro de Antonio Hermosilla Molina, Cien años de medicina sevillana, Sevilla 1970, pág. XXIV). En la glosa al librito de Juan Muñoz Peralta había firmado simplemente “Juan Ordoñez”, ahora firma “Juan Ordoñez de la Varrera”:

Aprobación del Licenciado D. Juan Ordóñez de la Varrera Presbítero, y Socio de la Veneranda Tertulia Hispalense, Sociedad Médica-Química, Anatómica, y Matemática.

De orden, y comisión del Señor Lic. D. Juan Antonio de Victoria Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de la Ciudad de Córdoba, Provisor, y Vicario General en ella, y su Obispado, por su Eminencia el Eminentísimo Señor Cardenal Salazar, Obispo de Córdoba, del Consejo de su Majestad, &c. He visto, y leído un papel que intenta dar a la Estampa D. Miguel Melero Médico Revalidado, y Familiar del Santo Oficio, cuyo título es Examen pacífico de la Alegación Apologética, Médico-Física, digna obra de un Héroe tan conocido, y no corto varonil empeño, por ser el blanco del asunto intentar desvanecer las cualidades ocultas, empresa que ha desmayado a los más robustos Campeones de su noble facultad, dando los más por inaccesible la subida a Olimpo tan desusado; pero todo se logra con el trabajo; todo se imposibilita con el ocio. Temístocles decía del ocio que era sepultura de un hombre muerto a la razón, y vivo solo a lo bruto: Pigritia hominis vivi sepultura. No con poco misterio nos puso el Príncipe Hipócrates en la portada de sus aforismos el padrón del desengaño vita brevis, &c. dice dándonos a entender la cortedad de la vida computada con la longitud de cualquiera arte: píntanos la ocasión alada, para ponderarnos, no la malogremos con el tiempo, pues este no se va; sino huye: así lo pondera Virgilio, como notó Séneca: Numquam Virgilius dicit ire, sed fugere, quod concurrendi genus concitatissimum est.

Del ocio salió el Áspid de la ignorancia: de la presunción el asqueroso bruto de la mentira: en todas edades ha sido desgraciada la verdad, y más en nuestro presente siglo, donde tanto reinan las paliadas presunciones: bien lo previó San Pablo ad Thim. 24. Erit enim tempus, cum sanam doctrinam non substinebunt; sed ad sua desideria coacervabunt sibi Magistros, prurientes auribus, & a veritate quidem auditum, avertent, ad fabulas autem convertentur.

En el floro sentencioso de esta obra da a entender su Autor las tareas de sus muchos desvelos, y el cultivo en varios Autores, que ha visto, y disfrutado para lograr empresa tan difícil. Apartarse de muchos preceptos de los Príncipes de la Filosofía, y Medicina metódica de Aristóteles, y Galeno, y como solicita abeja ha sabido sacar la más dulce miel de la varia floresta de sus jardines, separando lo puro, de lo impuro de sus cultivadas flores, y eligiendo de las nuevas doctrinas las que más acreditan los aciertos; hace de ambas un discreto, y Cristiano maridaje para sus más seguros desempeños. Ha sabido romper con los nuevos inventos, y demonstraciones Matemáticas los candados de las cárceles, donde se hallaban encarceladas las cualidades ocultas, sin haberse atrevido antes a sacar la cara a empeño de tal tamaño, ni ninguno de los primeros Héroes de su Universidad de tantos como militan debajo del Estandarte de Aristóteles, y Galeno.

Este, pues, Polifemo ingenio, abandonando respectos de las gentílicas doctrinas, saca al Teatro literario desembozadas las cualidades ocultas, y las placea, dando a entender a los doctos, que han sido Deidades fingidas, y que solo le deben dar culto reverente el ocio, la pereza, la presunción, y no aquellos que no se niegan a la cultura de las nuevas artes, y doctrinas, y a los experimentos Físicos, Químicos, Anatómicos, y Matemáticos, que son las más seguras ganzúas para robar los tesoros del Erario de la naturaleza.

Ignorando la causa Plinio el mayor (uno de los primeros ingenios de los pasados siglos en la indagación de las cosas naturales) se admira de las varias mudanzas, que en todos siglos ha padecido la Medicina, siendo la facultad que más seguro lucro tributa a los que la profesan: Mirum est, & dignum (dice dicho Autor) nullam artium inconstantiorem fuisse, & etiam nunc mutari, cum sit fructuosior nulla, son estas mudanzas hijas de la nobleza del objeto de esta facultad, el cual está sujeto a innumerables quiebras: y aunque los antiguos intentaron soldarlos con los remedios que pudieron lograr en sus edades, no alcanzaron tantos como hoy alcanzamos en nuestros siglos a fuer de experimentos, y de los nuevos inventos que nos ha tributado el arte de la Espagírica, con que se han descubierto variedad de arcanidades en los tres Reinos como el Animal, Vegetal, y Mineral. No gozaron estos Príncipes de Filosofía, y Medicina lo que hoy nos tributa la América, y otras muchas partes del mundo que para ellos fueron ignotas: Ni estos se dieron tanto al cultivo de las Anatomías, como se han dado en nuestro tiempo los ingenios de la Europa descubriendo cada día en ellas Fenómenos no vistos de los altos ingenios de la antigüedad: hoy se han reconocido en las tres cavidades del cuerpo humano partes varias, que no descubrieron los antiguos: y con estas novedades se han pasado unos a formar nuevos principios en la facultad Médica, y Filosófica dejando los que entablaron en sus Escuelas estos Príncipes, que a vivir hoy despreciaran muchas de sus doctrinas, porque en sus tiempos solo se encaminaban sus desvelos al bien de sus Repúblicas; no a mantener los errores, que como hombres cometían. Hoy han logrado los Profesores de esta noble facultad el ejercicio práctico de los nuevos inventos: han logrado con ellos separar de los remedios las partes inmundas, que solo sirven de tabicar los ductos de la naturaleza, para que su virtud salutífera entorpecida no logre en los encuentros sus victorias.

Con los nuevos instrumentos, que hoy manipulan en sus oficinas separan de los entes venenosos las partes deletéreas dejando sus matrices despojadas de su nocivo carácter, quedando aptos con este beneficio para recoger en el cuerpo humano los humores venenosos, que vagarosos intentan conquistar los muros de la naturaleza, y aprisionados, los corrigen, los enfrenan, los doman para que las tropas auxiliares de los espíritus con los demás instrumentos los expelan.

El Autor de esta obra con singular ingenio, con prudente consejo, y maduro sindéresis eligiendo de ambas doctrinas consonantes conceptos ha hecho un armonioso conjunto, para cantar en la suave Lira de su Alegación Apologética la victoria de haber desterrado de sus altares las cualidades fingidas, que aunque graves ingenios las niegan, no las han puesto en las tablas del Teatro literario tan sujetas a las demostraciones, y experimentos como el Autor de esta obra: y así se debe decir de él, lo que dijo Veleyo de Homero, que ni tuvo antes de sí a quien poder imitar, ni después de sí quien pudiese imitarle: Deinde Homeri illuxit ingenium, in quo hoc maximum est, quod neque ante illum, quem ille imitaretur, neque post illum qui eum imitari posset, in ventus est.

En todas edades se permitieron, para desterrar el ocio, las luchas Literarias, y Militares, conque los hombres logran las mayores creces del entendimiento, y del valor; pero la vecina voluntad se suele resabiar en los alcances del contrario, porque es propensión inseparable entre los mortales las mayorías; pero mediando la razón entre tan valientes Campeones, como los que luchan en este asunto podré asegurar la más segura concordia entre los dos, y diré con el sutil Plinio en su Panegírico ponderando que los motines, y alteraciones del Pueblo Romano, que precedieron al pacífico gobierno de Trajano, había sido como las tempestades del Cielo, y borrascas del mar, que aseguran después la serenidad y la bonanza: Cœli, & maris temperiem commendant turbines, & tempestates: ita ad augendam pacem tuam illum tumultum præcesisse crediderim. Y por tanto siento, que no hallo cosa en esta obra que pueda ofender, respecto de la Fe, costumbres, y regalías; sino muchas, que la hacen dignísima de la Estampa, y del aplauso de los eruditos, y doctos: así lo siento, &c. Sevilla 3 de Noviembre de 1699 años.

Lic. D. Juan Ordóñez de la Varrera.



Miguel Melero Jímenez, Médico Revalidado, y Familiar del Santo Oficio, Examen pacífico de la Alegación Apologética Médico-Física, que publicó contra unas dudas el Doctor D. Cristóbal Ruiz de Pedrosa y Luque, Catedrático de Prima de Medicina en la Universidad de Sevilla, Con Licencia. En Córdoba por Diego de Valverde y Leiva, y Acisclo Cortés de Ribera. La Aprobación de Juan Ordóñez en las hojas signadas §1 y §3, páginas [11-14].

Por las navidades de 1699 a 1700, en su calidad de “Socio de la Veneranda Tertulia Hispalense”, escribe el siguiente Elogio al Autor, en las páginas iniciales del libro de Juan Muñoz y Peralta, Residencia piadosa a la obra del Doctor Don Alonso López Cornejo…:

Elogio del Lic. D. Juan Ordóñez de la Barrera
Presbítero Socio de la Veneranda Tertulia Hispalense al Autor de esta obra.

Elogiar una obra, cuando los méritos de ella no se equilibran con los mismos elogios, más visos tiene de sátira, que de aplauso. Colorear con dísticos fabulosos las marchitas mejillas de la ignorancia, es sacar enmascarada la obra al teatro de la risa: pensar que los elogios pueden animar un bulto informe de mal organizados conceptos es delirio; porque sin blanco cualquiera es mal pulsado tiro; no así el Autor de esta obra que tanto se merece, por haber sacado con su peregrino sindéresis tanta luz del basto pedernal de las antiguas doctrinas engarzándolas con las margaritas preciosas de los nuevos inventos Físicos, Químicos, y Matemáticos, formando un sazonado plato, que los que del gustaren los inmortalizará.

Dio a luz este Autor el primer gorjeo de su pluma; que visto por los primeros Consejeros de la salud Regia fue bastante para asegurar la pretensión, que logró de Médico de Cámara de nuestro Católico Monarca. Si todos como el Autor de esta obra tantearan sus empeños con sus fuerzas, y midieran la distancia del blanco de su asunto, no perdieran con la reputación el tiro: este ingenio tantea como el Águila primero la presa, para asegurar el remonte, ¡Real cordura! No así el Cuervo, que emulándola temerario intenta levantar un Cordero con sus uñas, y enredándolas en su blanco vellón, queda cogido de las manos del Pastor el que pensó coger.

Compone en esta Residencia su Autor todo lo que su Antagonista descompone: descompone la errada, y envejecida creencia de sus inciertas doctrinas, escollo donde han naufragado tanto inocente pasajero: compone con sus nuevos avisos, y advertencias la nueva senda de los aciertos; descompone con ciertas demonstraciones las caducas torres del Gentilismo, donde hoy solo se anidan pájaros de lúgubres cantos y compone con sus nuevos hallazgos un delicioso jardín sin los comunes fantásticos bultos de mal tejidas murtas, que solo asombran los pueriles ingenios.

Sabe triunfar este Autor de la emulación con sus méritos, y prendas, que estas vencen, y atormentan a la envidia: cada una de sus felicidades es un apretón de cordeles para sus poco afectos: sabe hacer veneno de sus triunfos, y así no mueren sus émulos de una vez; sino tantas cuantas viven a voces de aplausos sus aciertos.

Querer con el ocio encontrar hallazgos de tal tamaño, solo cabe en aquellos que deliran en el palenque de la presunción: querer borrar esta con blasfemias impías haciendo edificios propios con ruinas ajenas es placear el numen, y este lo despreciará la corriente de los doctos desapasionados, y como tronco informe lo arrojará a la orilla del desprecio.

Es el Autor de esta obra el Fénix en los mayores empleos en cualquier empeño literario: se alza con el mayorazgo de la fama, y deja para los segundos pleiteados alimentos, y por más que estos suden no se purgan del vulgar achaque de la imitación.

Sutileza es de peregrinos ingenios inventar rumbo nuevo para las eminencias: D. Juan Muñoz y Peralta las afianza con la cordura, que es la mayor corona del remonte, y se puede decir de su ingenio lo que dijo Virgilio de Roma: Égloga I:

Verum hæc tantum alias inter caput extulit urbes,
Quantum lenta solent inter viburna cupresi.

Lic. D. Juan Ordóñez de la Barrera.



Juan Muñoz y Peralta, Residencia piadosa a la obra del Doct. Don Alonso López Cornejo, catedrático, que fue de Prima de Medicina de esta Universidad de Sevilla, y Alcalde que fue de la Villa de Salteras, por el Estado Noble. Pruébase que con su obra queda Galeno deslustrado, Hipócrates, Avicena y Aristoteles agraviados, y los Doctores Sevillanos ofendidos, y se demuestran algunas de las contradicciones de ella. Escrita, y dada a la luz pública con el celo del bien común, por D. Juan Muñoz y Peralta, Médico de esta Muy Noble, Ciudad de Sevilla, Catedrático que fue de Vísperas en su Universidad, Presidente actual de la Tertulia Hispalense, y Médico de Cámara del Rey N. S. que Dios guarde. Córdoba, Diego de Valverde y Leyva y Acisclo Cortés de Ribera [1700], páginas [15-16]. La Aprobación de Anastasio Oliver Guardiola, firmada en Córdoba y Enero ocho de mil y setecientos. La Licencia del Ordinario, dada en Córdoba en ocho días del mes de Enero de 1700 por el Lic. D. Juan Antonio Victoria. La Alabanza de Francisco Antonio de Herrera Paniagua, firmada en Córdoba el 12 de febrero de 1700.

Por entonces, a finales de 1699, el cirujano Pedro Osorio de Castro ya tenía preparada una respuesta a los Acasos… del presbítero cirujano, al que dice Juan González Ordoñez –y también Androbando–, que es impresa en Sevilla en las primeras semanas de 1700: Vindicta de la verdad a Exámenes de la razón. Es respuesta a un papel, cuyo título es, Acasos de D. Ulises de Androbando, escrito por Don Juan González Ordóñez, Presbítero, Cirujano. Escribíala D. Pedro Ossorio de Castro, cirujano de esta ciudad (Sevilla 1700).

Juan Ordóñez de la Barrera imprime su respuesta también en Córdoba: Clava de Alcides conque se aniquila la Vindicta de la verdad, que dieron al público varios Ingenios Auxiliares, rubricado con el nombre de D. Pedro de Osorio y Castro, Maestro de Sangrador, y Cirujano: Respóndese a los excesos de la Vindicta, y se corroboran las Doctrinas de los Acasos de D. Ulises de Aldrovando, Córdoba 1700 (11 hojas + 144 páginas).

Carlos II aprueba en Madrid, el 29 de mayo de 1700, las ordenanzas de la “Sociedad Médica de los Revalidados de la Ciudad de Sevilla”, y nueve días después queda inscrito como cuarto, de los diez fundadores, el 7 de junio de 1700, de dicha Sociedad Médica de los Revalidados de la Ciudad de Sevilla: «Lcdo. D. Juan Ordóñez de la Barrera, Pbro. Médico y Cirujano de Cámara de S. M.».

Felipe V en Barcelona, el 1 de octubre de 1701, admite bajo su Real protección a la “Regia Sociedad Filosófica y Médica de Sevilla”.

Adviértase cómo el presbítero Juan Ordóñez, sólo un mes más tarde, el mismo que había acuñado en noviembre de 1699 el rótulo “Veneranda Tertulia Hispalense, Sociedad Médica-Química, Anatómica, y Matemática”, se atreve a redenominar a la Regia Sociedad Filosófica y Médica de Sevilla, así recién protegida por la corona borbónica, como “Regia Academia Sevillana” en el título y “Regia Sociedad Sevillana” en la relación de socios, en un librito que rápidamente compone y se imprime en la Imprenta del Eminentísimo Señor Cardenal Obispo de Córdoba, su aprobación y licencia eclesiástica fechadas 22 y 24 de noviembre de 1701: «Progresos de la Regia Academia Sevillana, y Enquiridión de advertencias, en que se manifiesta el estado, que tenían todas las Ciencias, y Artes liberales en sus infancias, y lo adelantadas que están hoy por la industria, y trabajo de los Modernos. Escribíalos el licenciado Don Juan Ordóñez de la Barrera, Presbítero, Socio, Fundador de la Regia Academia Sevillana. Impreso en Córdoba, en la Imprenta del Eminentísimo Señor Cardenal Obispo de Córdoba, por Diego de Valverde y Leiva, y Acisclo Cortés de Ribera.» (9h + 24 págs.)

Se da la circunstancia de que existen dos versiones conocidas de ese librito, en las que sólo varía la Memoria de Socios incorporada a sus páginas iniciales. En la primera versión, “Memoria de los Socios que hasta hoy componen la Regia Sociedad de Sevilla, en todas facultades. Van puestos según su antigüedad de entrada en ella”, su nombre aparece en cuarto lugar: “Licenciado Don Juan Ordóñez de la Barrera, Presbítero, Socio Fundador, Médico Cirujano de Cámara de su Majestad”. En la segunda versión, “Memoria de los Socios que componen la Regia Sociedad de Sevilla, así vecinos, como ausentes”, sorprendentemente su nombre ya no aparece, con ser el mismísimo autor del librito. Además, el ejemplar que conocemos de esa segunda versión (conservado por la Universidad de Sevilla), lleva tachada con tinta, en la Aprobación y la Licencia, su condición de Cirujano de Cámara de su Majestad; lo que no sucede en el ejemplar que conocemos de la primera versión (conservado por la Universidad Complutense).


 Compare el facsímil de la primera página de la Memoria de Socios en ambas versiones
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Dos versiones de la Memoria de los Socios que componen la Regia Sociedad de Sevilla en 1701

¿Por qué desaparece el nombre del presbítero y médico Juan Ordóñez de la Barrera en la segunda versión de esa Memoria…? ¿Abandonó tal Regia Sociedad, o quizá le apartaron como socio, o simplemente se murió sin merecer glosa alguna en su mismo libro?



Sobre Juan Ordóñez de la Barrera

Esta antología de entradas dedicadas a Juan Ordóñez de la Barrera, ordenadas cronológicamente, ofrece información positiva de lo que se fue diciendo de este señor a lo largo del tiempo en obras generales, y sirve también para que el lector pueda advertir la decadencia repetitiva de autores que se limitan a libar de los anteriores (y no buscan, por ejemplo, sus fechas vitales: López Piñero en 1983 escribe con buen criterio que el autor fl.[oruit] 1697; por lo que otros, vulgopedia por supuesto, adoptan tal fecha como la de su muerte). Pueden seguir la pista del camaleón, localizar “préstamos” y errores. Por ejemplo, citan el discurso de Gabriel Sánchez de la Cuesta, en la apertura del curso 1967-68 en la Universidad de Sevilla, donde dedica las páginas 79-84 a glosar “La Regia Sociedad de Medicina” (Ordoñéz sólo aparece ahí al transcribirse los primeros nombres del libro fundacional de socios): uno confunde la paginación y dice pp. 85-90 (que corresponden al momento estelar “Federico Rubio y Gali”, págs. 85-89, que la 90 está en blanco), otro repite ese error, mientras que un tercero asegura que tal discurso lo fue del curso 1969-70 y se publicó en 1969, cuando quedó impreso en 1967.



1845 Anastasio Chinchilla [1801-1867], Anales históricos de la medicina en general, y biográfico-bibliográfico de la española en particular, Imprenta de D. José Mateu Cervera, Valencia 1845, tomo 2, página 483:

Juan Ordóñez de la Barrera, presbítero, médico cirujano de cámara de S. M., calificador de la salud pública de la ciudad de Cádiz, gentil hombre de la artillería, y fundador de la sociedad médica de Sevilla.

Escribió la obra siguiente:

Clava de Alcides con que se aniquila la vindicta de la verdad que dieron varios ingenios. Respóndese a los excesos de la vindicta, y se corroboran las doctrinas de Oliveres Aldovando. Córdoba 1700.

Habiendo publicado D. Cristóbal de Pedrosa un libro titulado Alegación apologética, que versaba sobre las cualidades ocultas, como, v. gr., era cualidad oculta el que el avestruz digiriese el hierro, lo era también el que la fuente Idumea mudaba sus aguas de color cada cuatro meses; la mudanza de colores del camaleón, &c.

Nuestro autor desentendiéndose de las ideas de los antiguos filósofos, trató de explicar estos fenómenos por causas naturales. Al hablar del camaleón desmiente, por medio de la disección que de él hizo, la idea de que se mantenía del aire, pues encontró moscas y otros insectos en su estómago: dice que este reptil tiene una infinidad de escamas diáfanas, ligadas a la segunda membrana de su cuerpo, perceptibles por solo el microscopio: que el animal moviéndolas en dirección circular, espiral, diagonal, curva y de otras figuras, las hace vibrar de tantas maneras, que cuando se ve acometido de un enemigo del que no puede librarse, después de haber deslumbrado por la diferencia de colores, toma el color de tierra oscuro, valiéndose de este medio para librarse de él.

De este hecho y explicación deduce, que no hay causas ocultas y sobrenaturales; y que las que parezcan tales es por no entretenerse en estudiar la naturaleza (pág. 93). Es digno de consultarse.



1850 Antonio Hernández Morejón [1733-1836], Historia bibliográfica de la medicina española, obra póstuma, Biblioteca escogida de Medicina y Cirugía, Madrid 1850, tomo VI, páginas 223-224 y 358-359:

Juan Ordóñez de la Barrera{2}

Presbítero, médico cirujano de cámara de S. M. y socio fundador de la sociedad médica de Sevilla. Escribió:

Acasos de D. Ulises de Androbando, &c.{3}.

No he visto esta obra, que salió anónima; pero según la impugnación que de ella hizo D. Pedro Ossorio de Castro, combatiéndola párrafo por párrafo, se reduce a responder a Fr. Juan de S. Bernardo, acerca de las cualidades ocultas de ciertos entes y cosas, como por ejemplo la virtud de algunas aguas, la propiedad de ciertos cuerpos, las facultades de varios animales, &c., asegurando Ordóñez que todo tenía su explicación en la naturaleza de las cosas y que era fácil comprenderlas estudiándolas bien.

Este anónimo fue contestado, descubriéndose el nombre de su autor, por D. Pedro Ossorio de Castro en su Vindicta de la verdad; el cual se propuso defender a Fr. Juan de San Bernardo, al mismo tiempo que a D. Cristóbal de Pedrosa, del modo que más adelante veremos. Sin embargo, Ordóñez no enmudeció, convencido como estaba de que no había cosas ocultas en la naturaleza sino para los ignorantes, replicando a Ossorio con el siguiente folleto:

Clava de Alcides con que se aniquila la Vindicta de la verdad que dieron varios ingenios. Respóndese a los excesos de la Vindicta, y se corroboran las doctrinas de Ulises de Androvando, &c. Córdoba 1700, en 4.º

El objeto principal de esta obra, prescindiendo de las explicaciones y réplicas de las cualidades de ciertos animales que el autor expone con buena crítica y conocimientos en historia natural, se reduce a defender las doctrinas espagíricas, impugnadas por Ossorio. El análisis de la obra de este autor nos acabará de enterar de semejante controversia. También Ordóñez imprimió otra obra cuyo título es:

Progresos de la Regia Academia sevillana y enchiridion de advertencias, en que se manifiesta el estado que tenían todas las ciencias y artes liberales en sus infancias, y lo adelantadas que están hoy por la industria y trabajo de los modernos. Escribíalos el licenciado D. Juan Ordóñez de la Barrera, presbítero, socio fundador de la Regia Academia sevillana. Córdoba, por Diego de Valverde, 1701, en 4.º

Puede considerarse esta obra como un compendio de la historia de la Sociedad académica sevillana, de sus trabajos literarios, prerrogativas e individuos que la compusieron. El autor rebate en este escrito los argumentos que se hicieron a dicha academia por haber tomado sus socios el nombre de espagíricos, separándose de la escuela galénica.

{2} A este autor le nombra el Dr. D. Pedro Ossorio de Castro, Juan González Ordóñez; pero él mismo se nombra en sus obras Juan Ordóñez de la Barrera. También el mismo Ossorio no le hace más que cirujano, como igualmente los médicos que aprobaron sus obras; pero en la memoria de los socios de la academia sevillana se le hace médico-cirujano.

{3} Véase a Ossorio de Castro cuya obra impugnó.

* * *

Juan Ordóñez de la Barrera

Presbítero y licenciado en medicina y cirugía; cirujano de cámara de S. M. y socio fundador de la regia academia sevillana. Escribió:

Progresos de la regia academia sevillana y enchiridion de advertencias, en que se manifiesta el estado que reina en todas las ciencias y artes liberales en sus infancias, y lo adelantadas que están hoy por la industria y trabajo de los modernos. Córdoba, por Diego de Valverde y Leiva y Acisclo Cortés de Rivera, 1702, en 4.º

La sociedad regia sevillana tuvo muchos émulos en un principio, y entre ellos lo fueron algunos de los doctores de la universidad de Sevilla. Sostuvo con estos polémicas y controversias literarias, y después verdaderos pleitos sobre la primacía en la presidencia de las consultas. Los clamores de una y otra corporación llegaron hasta el trono; la decisión real recayó a favor de la academia sevillana, y este fue el objeto del escrito de Ordóñez de la Barrera, como también desvanecer la horrible calumnia que sobre los académicos pesaba, de que los remedios nuevos de que hacían uso, llamados entonces espagíricos, eran verdaderos venenos y mataban a los enfermos a los seis meses o al año.



1858 «En 1697 tiene origen la sociedad de medicina de Sevilla, siendo sus fundadores Muñoz y Peralta, médico de Cámara de S. M., Leonardo de Flores, Melero Giménez y Auregui, doctores, y los licenciados Ordoñez de la Barrera, presbítero, médico y cirujano de la reina D.º Mariana de Austria, Delgado farmacéutico, Reyes y Zapata: a pesar de las diatribas de las universidades que comenzaron a creer serían sus trabajos de insignificante mérito, fueron aleccionados por los monarcas: al ver su ardiente deseo por su estudio, y al palpar los adelantos que hicieron en física, medicina, cirugía y botánica, colmó de honores, privilegios y rentas a dicha corporación, con lo que consiguió colocarse al nivel de las más esclarecidas sociedades de Europa.» (“Cuadros histórico-cronológicos de los médicos españoles”, en La España Médica, Madrid, 10 de octubre de 1858, nº 145, pág. 447.)



1920 Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, Hijos de J. Espasa, Editores, Barcelona 1920, tomo 40, página 227:

Ordóñez de la Barrera (Juan). Biografía. Presbítero y médico español de la reina doña Mariana de Austria, que vivió a fines del siglo XVII y principios del XVIII. En 1697, en unión con otros seis médicos, fundó la ilustre Real Sociedad de Medicina y demás ciencias de Sevilla, trabajando incansablemente en ella para conducirla a su fin, que era la armonización de las doctrinas galénicas o hipocráticas con las espagíricas o químicas, de que tanto se horrorizaban los médicos mediocres. Este fin se propuso en su obra Acasos de D. Ulises de Androbando (1699), obra aparecida anónima, en la que Ordóñez de la Barrera se muestra decidido enemigo de las cualidades ocultas, asegurando que la explicación de las cosas se halla en el atento estudio de su naturaleza. Así, por ejemplo, al tratar del camaleón niega que se mantuviese del aire, como lo comprobó, haciendo su disección y descubriendo en su estómago moscas y otros insectos. También es ingeniosa la explicación que da de las variaciones de color de este animal. Dice “que tiene infinidad de escamas diáfanas unidas a la segunda membrana de su cuerpo, perceptibles por sólo el microscopio; que el animal moviéndolas en dirección circular, espiral, diagonal, curva y de otras figuras, las hace vibrar de tantas maneras que, cuando se ve acometido de algún enemigo, del que no puede librarse, después de haberle deslumbrado por la diferencia de colores, toma el color de tierra obscuro, valiéndose de este medio para librarse de él” (pág. 93). A una refutación de Pedro Ossorio de Castro, titulada Vindicta de la verdad, contestó Ordóñez de la Barrera con su Clava de Alcides... (Córdoba, 1700), en la que hace una apología de las doctrinas químicas. El demostrar las luchas que en pro de éstas debió mantener la Real Sociedad de Sevilla, y los triunfos que ya en los primeros años alcanzó, es el objeto de su obra Progresos de la Regia Academia Sevillana y enchiridión de advertencias, en que se manifiesta el estado que tenían todas las ciencias y artes liberales en sus infancias y lo adelantadas que están hoy por la industria y trabajos de los modernos (Córdoba, 1701). Bibliografía. H. Morejón, Historia bibliográfica de la medicina española; Chinchilla, Historia de la medicina española; Juan J. García Romero, Triunfo de la regia sociedad hispalense (Sevilla, 1731).



1923 Mario Méndez Bejarano [1857-1931], Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, Sevilla 1933, tomo II, páginas 163-164, papeleta 1.860:

Ordóñez de la Barrera (Juan).

Sevillano, presbítero, licenciado en Medicina y Cirugía y cirujano de Cámara de S. M. Aunque un adversario suyo, en las controversias científicas del siglo XVIII, le llama González Ordóñez, él, en sus obras, se firma sólo Ordóñez de la Barrera.

Terciando en las discusiones que acaloraban en Sevilla a los médicos galénicos y espagíricos, publicó anónima la obra Acasos de D. Ulises de Androbando (Sevilla, 1700); pero sábese que le pertenece porque su impugnador, Ossorio de Castro, lo reveló, y Ordóñez le contestó con el folleto Clava de Alcides con que se aniquila la “Vindicta de la Verdad” que dieron varios ingenios. Respóndese a los excesos de la “Vindicta” y se corroboran las doctrinas de Ulises de Androbando. (Córdoba, 1700).

Cuéntase Ordóñez entre los socios fundadores de la Real Sociedad de Medicina de Sevilla, y el afecto que por ella sentía lo empeñó en discusiones con los doctores de la Universidad sobre la primacía en las consultas, litigio dirimido por el Rey a favor de la Sociedad. Acusada ésta por sus émulos de que los medicamentos espagíricos que sus miembros aplicaban eran tósigos que mataban a los pacientes entre los seis meses y el año, recogió lo más importante de la polémica en una compendiosa historia de la Corporación, publicada con este extenso título: Progresos de la Regia Academia Sevillana y enchiridion de advertencias, en que se manifiesta el estado que tenían todas las ciencias y artes liberales en sus infancias y lo adelantadas que están hoy por la industria y trabajo de los modernos. (Córdoba, 1701.)



1935 Gregorio Marañón [1887-1960], “Más sobre nuestro siglo XVIII”, Revista de Occidente, Madrid, junio 1935, nº 144, págs. 311-312:

Así fueron, despiertas y renovadoras, al principio, las Academias españolas, y en tal sentido ejercieron honda influencia sobre la cultura, no sólo de los doctos, sino del pueblo mismo. Yo quiero dedicar un recuerdo, en estas fiestas de nuestro centenario, a la primera academia científica española, precursora de la nuestra y hoy demasiado olvidada, la Real Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla. Fundáronla, en 1697, siete hombres de buena voluntad, que, como dice Menéndez y Pelayo, fueron los adelantados en la lucha contra el dogmatismo. Aún no había entrado en España, con la pompa palatina de los Borbones, el viento francés, henchido de novedades y de audacias. Todavía reinaba, aunque ya era casi una sombra, Carlos II, rodeado de fantasmas que obturaban cuidadosamente cuantas rendijas permitieran que entrara en la península el aire y la luz de fuera. Y, sin embargo, estos hombres quijotescos, entre rosas y naranjales, en plena Andalucía, donde el letargo no necesita estímulos para dar de sí toda su eficacia negativa, inventan una sociedad, para hacer progresar la ciencia, con carácter resueltamente cismático y rebelde frente a la dogmática Universidad. Deben quedar, en la memoria de todos, los nombres de estos siete animosos héroes de nuestra ciencia –siete y no cinco, como dicen casi todos los historiadores–; se llamaban así: el doctor don Juan Muñoz de Peralta, don Miguel Melero Ximénez, don Leonardo Salvador Flores, el licenciado don Juan Ordóñez de la Barrera, presbítero y médico cirujano de la Serenísima Reina Doña Mariana de Austria; don Miguel de Boix, el licenciado don Gabriel Delgado, médico cirujano, y don Alonso de los Reyes. Caso magnífico de lo que yo he llamado la influencia del “clima histórico”, que hizo brotar anhelos semejantes, sin conocerse mutuamente, en los hombres que habitaban las cortes ricas y sabias de Londres y de París y en estos buenos españoles que tomaban el sol alegre de Sevilla. En esta época, dice el Prólogo de las Memorias de la Sociedad Sevillana (1766), “en esta época feliz, puede contarse el restablecimiento y reforma de todo género de ciencias. En ella se vieron nacer los Diarios, la Bibliografía, las Academias y Sociedades por diferentes partes de Europa. Parece que algún influxo superior conmovió generalmente a todos los espíritus amantes de la humanidad, para que cooperasen en beneficio de ellas.”



1975 Pedro Laín Entralgo [1908-2001], Historia Universal de la Medicina, Salvat Editores, Barcelona 1975, 7 tomos:

En el índice onomástico general de esta obra –en su tomo VII– no figuran Juan Ordóñez de la Barrera, ni Juan Muñoz Peralta, &c.



1983 José María López Piñero [1933-2010], Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Península, Barcelona 1983, volumen II, páginas 131:

Juan Ordóñez de la Barrera (fl. en Sevilla, 1697), medicina, filosofía natural.

Fijó su residencia en Sevilla en los últimos años del siglo XVII. Había sido militar, pero entonces, además de presbítero, tenía los títulos de médico y de cirujano. Fue uno de los fundadores, en 1697, de la «Veneranda Tertulia Hispalense» que se reunía en el domicilio de Juan Muñoz y Peralta (v.), núcleo inicial de la Regia Sociedad de Medicina de Sevilla. Escribió varias obras, polemizando con los seguidores de la filosofía natural y de la medicina tradicional. En ellas atacó la doctrina de las “cualidades ocultas” como interpretación de las propiedades de seres vivos e inanimados, considerándolas “imaginadas” y “entes fantasmas” y enfrentándolas con explicaciones científicas de carácter moderno. También criticó el galenismo desde una posición renovadora, basada sobre todo en la iatroquímica. Por otra parte, publicó el primer libro consagrado a recoger la labor de la Regia Sociedad sevillana (1701), que acompañó de un “Enchyridion de advertencias, en que se manifiesta el estado que tenían todas las ciencias y artes liberales en sus infancias, y lo adelantadas que están hoy por la industria y trabajo de los modernos”. Editó asimismo un texto del protomédico Andrés de Gámez favorable a los novatores sevillanos. Ordóñez fue cirujano de cámara de la reina Mariana de Austria y, más tarde, de Carlos II.

Bibliografía

I. Fuentes. Acasos de D. Ulises de Androbando (escrito de Ordóñez que seguramente no fue impreso, pero que criticó el galenista Pedro Ossorio de Castro en su libro Vindicta de la verdad a exámenes de la razón..., Sevilla, J. F. de Blas, s. a. (1700). Antorcha Philosophica..., Córdoba, D. de Valverde y Leiva y A. Cortés de Ribera, 1699. Clava de Alcides con que se aniquila la Vindicta de la verdad..., Córdoba, D. de Valverde y Leiva y A. Cortés de Ribera, 1700. Progressos de la Regia Academia Sevillana, y Enchyridion de advertencias..., Córdoba, D. de Valverde y Leiva y A. Cortés de Ribera, s. a. (1701). Carta pacífica en el que el Doct. D. Andrés de Gámez... desengaña a los Professores Médicos, defensores de su Príncipe Galeno..., Madrid, 1701.

II. Literatura secundaria. H. Morejón, vol. VI, pp. 223-224; 358-359. Gabriel Sánchez de la Cuesta, La Regia Sociedad de Medicina, Momentos estelares de la medicina sevillana, Sevilla, 1967, pp. 85-90. Antonio Hermosilla Molina, Cien años de medicina sevillana (La Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias, de Sevilla, en el siglo XVIII), Sevilla, C. S. I. C.



1986 Francisco Aguilar Piñal [1931], Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, CSIC, Madrid 1986, tomo IV, página 52:

Gamez (Andrés de)

V. José Simón Díaz, Bibliografía de la Literatura Hispánica, X, 3936-3942.

impresos

326
Carta pacífica en que el Doct. D.__, digníssimo proto-médico de S. M. desengaña a los professores médicos defensores de su príncipe Galeno, de lo poco versados que están en sus obras, y justamente alaba la aplicación a las doctrinas modernas de los socios de la Regia Academia Sevillana. Dala a la estampa D. Juan Ordóñez de la Barrera. [s.l.s.i.s.a.] [1701.] 30 pp. + 2 hs. 19 cm.
—Ded. – Pról. – Texto. – Carta que precedió a la antecedente y la dilucida en gran parte (Madrid, 25 de enero de 1701).
sevilla. Universitaria, 111-22 (10) у 112-26 (14).



1989 Francisco Aguilar Piñal [1931], Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, CSIC, Madrid 1989, tomo V, página 891:

Muñoz y Peralta (Juan)

V. José Simón Díaz, Bibliografía de la Literatura Hispánica, X, 3936-3942.

impresos

6286
Residencia piadosa a la obra del Doct. Don Alonso López Cornejo, cathedrático que fue de Prima de Medicina de esta Universidad de Sevilla, y Alcalde que fue de la villa de Salteras, por el Estado Noble. Pruébase que con su obra queda Galeno deslustrado, Hypocrates, Avicena y Aristoteles agraviados, y los Doctores sevillanos ofendidos, y se demuestran algunas de las contradicciones de ella. Escrita, y dada a la luz pública con el zelo del bien común, por D.__, médico de esta Muy Noble Ciudad de Sevilla, cathedrático que fue de Visperas en su Universidad, Presidente actual de la Tertulia Hispalense, y Médico de Cámara del Rey N. S. que Dios guarde. Córdoba, Diego de Valverde y Leyva y Acisclo Cortés de Ribera [1700], 19 hs. + 87 pp. 19 cm.
—Ded. – Aprob. de Anastasio Oliver y Guardiola. – L. O. – Elogio de Juan Cabriada. – Elogio de Juan Ordóñez de la Barrera. – Al lector, por Francisco A. Herrera y Paniagua. – Pról. – Texto.
sevilla. Universitaria, 111-33.



1991 Francisco Aguilar Piñal [1931], Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, CSIC, Madrid 1991, tomo VI, páginas 175-176:

Ordoñez de la Barrera (Juan)

Presbítero y médico. Uno de los fundadores de la Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla.

manuscritos

1325
Compendio de las gracias, e indulgencias concedidas por diversos Smmos. Pontífices a todas las Casas de la Religión de Sancti Spiritus, y a la Archi-Cofradía del Espíritu Santo: sacadas del Magnun de dicha Religión; y confirmadas por N. N. S. P. Clemente XI... Sacado a luz por la devoción y zelo del Señor D.__. Año de 1712 + 7 hs. 50 pp.
madrid. Servicio Histórico Militar, Col. Fraile, vol. 952.

impresos

1326
Antorcha philosófica, luz, que ahuyentando las medrosas sombras de entes fantasmas, o imaginadas qualidades ocultas, informa al conocimiento de la verdad, y saca a luz el Sr. D.__. Córdoba, Diego de Valverde y Leiva y Acisclo Cortés de Ribera, 1699, 10 hs. + 108 pp. 20 cm.
córdoba. Pública, 7-77.

1327
Clava de Alcides con que se aniquila la Vindicta de la verdad que dieron al público varios ingenios auxiliares... Córdoba, Diego Valverde Leyva y Acisclo Cortés de Ribera, 1700, 11 hs. + 144 pp. + 1 lám. 20 cm.
córdoba. Pública, 34-21 y 14-150.

1328
Progressos de la Regia Academia Sevillana, y Enchiridion de advertencias, en que se manifiesta el estado que tenían todas las ciencias y artes liberales en sus infancias, y lo adelantados que están oy por la industria y trabajo de los Modernos. Escribíalos el Licenciado D.__, presbytero, socio fundador de la Regia Academia Sevillana. Córdoba, Diego Valverde Leyva y Acisclo Cortés de Ribera [1701], 9 hs. + 34 pp. 19 cm.
—Ded. a D. Andrés Ramírez Calderón, presbítero y socio fundador. Al que leyere. Memoria de los socios que componen la Regia Sociedad de Sevilla. – Preludio. – Texto. – Aprob. de Pedro Martín Lozano. – L. O. (Córdoba, 24-XI-1701).
sevilla. Universitaria, 111-22 (8) у 111-14 (10).



1998 Gonzalo Díaz Díaz [1931-2023], Hombres y documentos de la filosofía española, CSIC, Madrid 1998, volumen VI, páginas 46-47:

Juan Ordóñez de la Barrera

Médico sevillano que vivió en la segunda mitad del siglo XVII y primeros años del XVIII. Fue en su juventud militar llegando a alcanzar el grado de gentil hombre de artillería y más adelante presbítero, médico y prestigioso cirujano que lo fue de D. Mariana de Austria y después de su hijo Carlos II. En 1697 fue uno de los fundadores de la “Veneranda Tertulia Hispalense”, núcleo germinal de la Regia Sociedad de Medicina de Sevilla, y como los demás miembros de aquella institución, decidido defensor de las nuevas doctrinas médicas y científicas en general, frente a la ciencia y medicina tradicionales refugiadas en las aulas universitarias.

Terciando en esta polémica escribió en forma anónima Acasos de Don Ulises de Androbando, a la que replicó Pedro Osorio de Castro con su Vindicta de la verdad a examen de la razón y que obtuvo la contrarréplica por parte de nuestro autor con Clava de Alcides con que se aniquila la “Vindicta de la verdad”

En efecto, en Acasos de Don Ulises de Androbando Ordóñez de la Barrera defiende decididamente la ciencia moderna basada en los progresos obtenidos por la experimentación y refuta todo género de supercherías sostenidas por los antiguos, tomando pretexto para ello en una obra publicada por Cristóbal de la Pedrosa titulada Alegación apologética y en la que se recogían las llamadas “cualidades ocultas”, tales como que el avestruz digiriera los metales o el camaleón se alimentara del aire. A este respecto nuestro autor mostró mediante la disección de un camaleón la falsedad de aquel aserto con los diversos restos de insectos que este animal conservaba en su intestino.

J. Ordóñez, que también se esforzó por introducir en la praxis médica los fármacos de origen químico o espagíricos, fue una de las figuras que más contribuyeron en la Andalucía de su tiempo a la difusión de la nueva filosofía natural.

Obras

675. Antorcha filosófica: luz que ahuyentando las medrosas sombras de entes fantasmas, o imaginadas cualidades ocultas, informa al conocimiento de la verdad. En respuesta a los sesenta erotemas que trae en su Libro de los Príncipes ilustrados el doctor D. Alonso López Cornejo. Córdoba, Diego de Valverde y Leyva y Acisclo Cortés de Ribera, 1699, 11 hs. + 108 fols. a 2 cols. (Ejemplar en la Bibl. Nac. de Madrid y en Norman, Universidad de Oklahoma).

676. Acasos de Don Ulises de Androbando, hijo natural del marqués del Sacro Imperio, acaecido en el año de 1699. Valencia, Bernardo Nogués, 1699 (Ejemplar en la Hispanic Society de Nueva York).

677. Clava de Alcides con que se aniquila la “Vindicta de la verdad”, que dieron al público varios ingenios auxiliares. Córdoba. Diego de Valverde Leyva y Acisclo Cortés de Ribera, 1700, 11 hs. + 1 lámina + 144 pp. (Ejemplar en la Bibl. Pública de Sevilla).

678. Progresos de la Regia Academia Sevillana y Enquiridión de advertencias en que se manifiesta el estado que tenían todas las ciencias y artes, Córdoba, Diego Valverde de Leyva, 1701, 9 hs. 34 pp.

Estudios

Chinchilla, A.: Anales históricos de la Medicina… Vol. II. p. 483.

679. García Romero, J. J: Triunfo de la Regia Sociedad Hispalense y Diálogo de Medicina con un Appendix impugnatorio exterminando veinte y tres proposiciones que el Dr. D. José Gazola Veronés escribe… Sevilla. Impr. Real (1733), 20 hs. + 149 pp. + 1h.

Granjel, L. S. Hist. de la Medicina. Vol. III. p. 41: Vol. IV, passim.

680. Hermosilla Molina, A.: Cien años de medicina sevillana (La Regia Sociedad de Medicina y demás ciencias de Sevilla en el siglo XVIII). Sevilla. C.S.I.C., 1970.

Hernandez Morejón, A.: Historia de la Medicina. Vol. VI, pp. 223 y s., 358 y s.

681. Lopez Piñero, J. M.ª: Ordoñez de la Barrera, Juan. En: López Piñero, J. M.ª y otros: Diccionario… Vol. II, p. 131.

Méndez Bejarano, M.: Diccionario… Vol. II. p. 163 y s.

682. Sánchez de la Cuesta, G.; La Regia Sociedad de Medicina. Momentos estelares de la medicina sevillana. Sevilla 1967, pp. 85-90.



2022 Alfonso Vicente Carrascosa Santiago [1961], Historia-Hispánica, Real Academia de la Historia (leído de rah.es el 9 junio 2026):

Juan Ordoñez de la Barrera - Sevilla, ¿s. XVII? – ¿Sevilla?, c. 1697. Médico, militar y presbítero.

Vivió y ejerció la medicina en su Sevilla natal, en la segunda mitad del siglo XVII y primeros años del siglo XVIII. En su juventud fue militar, llegando a alcanzar el grado de gentilhombre de Artillería. Después fue presbítero de la Iglesia Católica, médico, y llegó a ser cirujano de prestigio al servicio de Mariana de Austria, y después de su hijo Carlos II. Fue uno de los fundadores en 1697 de la “Veneranda Tertulia Hispalense”, que se reunía en el domicilio de Juan Muñoz y Peralta, y que sería el núcleo central de la posterior Regia Sociedad de Medicina de Sevilla. Este organismo se caracterizó por la defensa de las nuevas doctrinas médicas y científicas, en contra de la medicina impartida en las universidades de la época, escasamente experimental.

Ordóñez de la Barrera se enfrentó a los seguidores de la filosofía natural y la medicina tradicional, atacando la doctrina de las “cualidades ocultas” de los seres vivos e inanimados, a las que consideró como “inventadas” o “entes fantasmas” frente a las características demostrables por observación directa o experimentación. Precisamente en esta línea escribió de modo anónimo Acasos de don Ulises de Androbando, en la que defiende la ciencia moderna basada en la experimentación y refuta las obras de la época basadas según él en supercherías, atacando la obra de Cristóbal Pedrosa titulada Alegación apologética, en la que se recogían las denominadas cualidades ocultas tales como que el avestruz digiriera los metales o el camaleón se alimentara del aire: este autor diseccionó un camaleón y mostró los restos de insectos que había dentro de él. Pues bien, esta obra fue replicada por Pedro Osorio de Castro con su obra Vindicta de la verdad a examen de la razón y a su vez contrarreplicó nuevamente Ordóñez con Clava de Alcides con que se aniquila la Vindicta de la Verdad… Criticó al galenismo y fue defensor de la iatroquímica, antecesora de la moderna farmacia.

Ordóñez también se esforzó por inculcar e introducir en la praxis médica los fármacos de origen químico o espagíricos, siendo por todo ello una de las personas más destacadas en Andalucía en tales menesteres, contribuyendo en definitiva y de manera determinante a la difusión de la nueva filosofía natural. En 1701 publicó el primer libro dedicado a recopilar la labor de la Regia Sociedad de Medicina de Sevilla, con un Enchyridion de advertencias adjunto en el que se recoge el estado de todas las ciencias y artes liberales de la época y “…lo adelantadas que están hoy por la industria y trabajo de los modernos”. También editó un texto del protomédico Andrés de Gámez en el que se recogía una postura y opinión favorable a los novatores sevillanos.

Obras

Antorcha filosófica: luz que ahuyentando las medrosas sombras de entes fantasmas, o imaginadas cualidades ocultas, informa al conocimiento de la verdad. En respuesta los setenta erotemas que trae en su Libro de los Príncipes Ilustrados el doctor D. Alonso López Cornejo, Córdoba, Diego Valverde y Leyva y Acisclo Cortés de Ribera, 1699.

Acasos de don Ulises de Androbando, hijo natural del marqués del Sacro Imperio, acaecido en el año de 1699, Valencia, Bernardo Nogués, 1699.

Clava de Alcides con que se aniquila la ‘Vindicta de la verdad’, que dieron al público varios ingenios auxiliares, Córdoba, Diego Valverde Leyva y Acisclo Cortés de Ribera, 1700.

Progresos de la Regia Academia Sevillana y Enquiridión de advertencias en que se manifiesta el estado que tenían todas las ciencias y artes, Córdoba, Diego Valverde de Leyva, 1701.

Bibliografía

J. J. García Romero, Triunfo de la Regia sociedad Hispalense y diálogo de Medicina con un Appendix impugnatorio exterminando veinte y tres proposiciones que el Dr. D. José Gazola Veronés escribe…, Sevilla, Imprenta Real, 1733.

A. Chinchilla, Anales históricos de la medicina en general, y biográfico bibliográficos de la española en particular, vol II, Madrid, Imprenta de D. José Mateu Cervera, a cargo de Ventura Lluch, 1843, pág. 483.

G. Sánchez de la Cuesta, “Momentos estelares de la medicina sevillana. Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 1969-70 en la Universidad de Sevilla”, Sevilla, Universidad, 1969.

A. Hermosilla Molina, Cien años de medicina sevillana (La Regia Sociedad de Medicina y demás ciencias de Sevilla en el siglo xviii), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1970.

J. M. López Piñero, “Ordóñez de la Barrera, Juan”, en J. M. López Piñero, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, vol. II, Barcelona, Editorial Península, 1983, pág. 131.

L. Sánchez Granjel, Historia general de la Medicina Española, vol. III, pág. 41, vol. IV, passim, Salamanca, Universidad, 1986.

F. Sánchez-Blanco, “El novator Juan Ordóñez de la Barrera y los inicios de la Ilustración”, en J. Checa Beltrán y J. Álvarez Barrientos (coords.), El siglo que llaman ilustrado: Homenaje a Francisco Aguilar Piñal, Madrid, CSIC, 1996, págs. 795-806.




Textos de Juan Ordóñez de la Barrera en Filosofía en español

1699 Al Autor, en Juan Muñoz y Peralta, Escrutinio físico médico…, Sevilla 1699.

Aprobación, a Miguel Melero Jímenez, Examen pacífico de la Alegación Apologética…, Córdoba 1699.

1700 Elogio al Autor, en Juan Muñoz y Peralta, Residencia piadosa a la obra…, Córdoba 1700.

1701 Progresos de la Regia Academia Sevillana, Córdoba 1701.

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