Filosofía en español 
Filosofía en español

cubierta del libro

 
Jesús, María y José.

Vindicta de la verdad
a Exámenes de la razón.

Es respuesta a un papel, cuyo título es,
Acasos de D. Ulises de Androbando,
escrito por Don Juan González Ordóñez,
Presbítero, Cirujano.

Escribíala
D. Pedro Ossorio de Castro,
cirujano de esta ciudad.

y la dedica
a el Exc. Sr. D. Juan Tomás Enríquez de Cabrera

Gran Almirante de los Reinos de Castilla, y León, &c.

 
[ 1700 ]
Con Licencia en Sevilla,
por Juan Francisco de Blas,
Impresor Mayor.

 

El Lic. D. Antonio Fernando María de Milán, del Consejo de su Majestad su Alcalde del Crimen más antiguo en la Real Audiencia de esta Ciudad Juez Superintendente de las Imprentas, y Librerías de esta Ciudad y su partido, por lo que toca a mi comisión, doy licencia para que por una vez se pueda imprimir un papel, cuyo título es Vindicta de la verdad a Exámenes de la razón, su autor Don Pedro Ossorio de Castro, Cirujano desta Ciudad; atento a no contener cosa alguna que se oponga a las verdades de nuestra Santa Fe Católica y buenas costumbres, sobre que por comisión mía dio su censura en veinte de Diciembre del año pasado de noventa y nueve el M. R. P. Fr. Gabriel Plazuelos, del Orden de Predicadores, Regente de Estudios en el Real Convento de San Pablo de esta Ciudad, la cual con esta licencia se imprima a el principio de cada papel, corrigiéndose la dicha impresión con su original, en que está el dicho decreto de censura. Dada en Sevilla en cinco días del mes de Enero de mil y setecientos años.

Lic. D. Antonio Fernando María de Milán.

Por su mandado.  
Juan Francisco Carrera, Escribano.

página [3]



Censura del M. R. P. M. Fr. Gabriel Plazuelos, del Orden de Predicadores, Regente de Estudios en el Real Convento de San Pablo desta Ciudad de Sevilla, Prior actual del Convento de Santo Domingo de Badajoz y Regente de sus Estudios.

Por comisión, y orden del señor Don Antonio María de Milán, Alcalde del Crimen más antiguo, y Juez de las Imprentas desta Ciudad, he visto con todo cuidado esta obra, intitulada Vindicta de la Verdad a Exámenes de la razón, compuesta por Don Pedro Osorio de Castro, Cirujano desta Ciudad; y aunque no tuviera más noticias del Autor, que las experiencias que me ha dado esta obra, juzgaba por suficiente su nombre, para que volase en las alas de la Fama, pudiendo decir con Juvenal:

Unum pro cunctis Fama loquatur opus.

Es, a mí ver, el intento del Autor en esta obra, poner en paz las dos Escuelas de la Medicina, irreprehensible  Galénica, y aguda Espagírica; y siendo este el fin, es preciso que la obra agrade a todos; por lo que según Virgilio tiene de agradable la paz:

Sic placida populos in paze regebat.

Y no deseando ser tanto Antagonista, cuanto Medianero, bien pueden ambas sentencias mirarlo como a Patrono. Dudaban los Atenienses si elegirían a Neptuno, o a Minerva por Patrono de la Ciudad, apelaron  a sus obras para quitar indiferencias; aquél hirió con su tridente en la tierra, y al golpe salió del polvo un Caballo. Tocó después Minerva, y salió una Oliva; y discurriendo los Atenienses entre los efectos, eligieron por Patrona a Minerva, dando repulsa a Neptuno. Es el Caballo un viviente guerrero, y belicoso:

Hinc belator equus campo sese arduus infert.

Que dijo Virgilio. La Oliva, dice el mismo, es pacífica.

Parifer æeque manu ramum prætendit Olivæ.

Y quien de esta suerte mira la paz es mejor para Patrano, que todo un Neptuno. Juzgo que será esta obra la Oliva de las discordias, y el Arco Iris de la paz, y que a su vista cesarán los enconos, y se apagará el ruido de los litigios. Mucho ruido hacían con sus plumas los vivientes del Carro de Ezechiel: Et audiebant sonum alarum quasi sonum aquarum multarum: quasi sonus Castrorum. Pero al levantar los ojos, y ver en el firmamento la especie del Zafiro, cesó el ruido de las alas, y abatiendo los altaneros vuelos, callaron con rendimiento cortesano las plumas: Submitebant alas suas. ¿De mirar al Zafiro nació el silencio? Sí, dice el docto Alcazar, porque el Zafiro es una piedra preciosa, que Homines ad pietatem, constantiam, ac pazem, & effrænatarum apetitionum cohibitionem inclinet. Y a vista de una piedra preciosa, que con sus benignas luces inclina a la paz, para refrenar cualquiera destemplanza, es preciso, que se sepulte el ruido escandaloso de las plumas: Submitebant alas suas.

Se conseguirá este intento, cuando cada una de las sentencias ceda de su dictamen un poquito. Ni sea todo cualidades ocultas, por no abrir la puerta al ocio; ni todo cualidades manifiestas; pues además de ofender muchos Dolores Antorchas verdaderas de la Iglesia, no juzgo habrá mano tan poderosa, que pueda correr todas las cortinas al Sagrario de la naturaleza.

Espero en Dios, que el Autor de esta ingeniosa obra será el apacible Zafiro de las tertulias, para que con gusto de todos experimentemos el Sub mitebant alas suas. Y habiendo de pasar de Panegirista a Censor, digo, que esta Vindicta de la verdad no tiene cosa, que contradiga a la Fe; este es mi parecer, rindiendo mi juicio a mejor sentir. En este Real Convento de San Pablo día 20 de Diciembre de 1699 años.

Fr. Gabriel Plazuelos.

páginas [5-7]



El Dr. D. José Bayas, Provisor, y Vicario general de Sevilla, y su Arzobispado por el Ilustrísimo, y Reverendísimo señor D. Jaime de Palafox y Cardona, mi señor, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Arzobispo de esta Ciudad y Arzobispado, del Consejo de su Majestad, &c. Por la presente doy licencia para que se pueda imprimir, e imprima un Tratado escrito en cuarto, cuyo título es, Vindicta de la verdad a Exámenes de la razón, compuesto por Don Pedro Osorio de Castro, Cirujano de esta Ciudad, atento a no contener en él cosa que se oponga a nuestra Santa Fe Católica, y buenas costumbres, sobre que ha dado su censura, y parecer el M. R. P. Fr. Juan de Castro, del Orten de San Francisco, y Conventual en el Colegio de San Buenaventura de dicho Orden, y Examinador Sinodal de este Arzobispado, a quien cometí la vista, y examen de dicho Tratado, con tal que al principio de cada uno que se imprimiere se haya de poner, e imprimir primero esta licencia, y la dicha censura y parecer. Dada en Sevilla a doce de Febrero de mil y setecientos años.

Bayas.

Pedro Luis Roldán.
Notario.

página [8]



Aprobación del M. R. P. Fr. Juan de Castro del Orden de N. P. S. Francisco, Lector Jubilado Ex Custodio, Ex Secretario General de todo el Orden Seráfico, Padre de esta observantísima Provincia de Andalucía, Examinador Sinodal de este Arzobispado de Sevilla y Regente de los Estudios del Sapientísimo Colegio del Seráfico Doctor San Buenaventura de esta Ciudad.

Es la verdad el principal objeto a que propende ansiosa la virtud intelectual, y en ella como en su centro se quieta; pero como (aunque nació en la tierra){1} los hijos de los hombres sacan en su origen congénito el error, y falsedad{2} la tienen tan diminuta,{3} que aun la perspicacia del más curioso lince no la percibe como es, aunque se valga de muy claros Microscopios; porque como estos cristalinos instrumentos dan cuerpo crecido a los más mínimos entes, nunca se alcanza a ver del tamaño, que es en sí, sino del bulto, que la representan los antojos. Empeñanse en este tiempo con estudiosa tarea los ingenios Medicofísicos en buscarla, unos en alas de sus plumas vuelan remontándose a las Nubes, donde en un tiempo dice David, que se avecindo la verdad{4} (quizá por refugiarse de las persecuciones del engaño) y arrojan en sus escritos fecundas lluvias de erudición, que si bajaran limpias de piedra, y granizo, no se malograran los frutos del afán, ni direcciones de la prudencia, y fueran más apreciables del juicio de Varones Sabios. Otros penetran con sutileza todo el mundo subterráneo, descubriendo a la común madre los Arcanos que el Supremo Autor depositó en sus rudas entrañas: y aunque merecen laurearse, porque a costa del sudor franquean de la naturaleza los tesoros, y milagros, son dignos de reprehensión, porque no dejan en sus cavernas los Basiliscos. Entre estos curiosos investigadores de la verdad, salió de aventurero un embozado con la capa de Don Ulises de Aldrobando, y en un descompuesto edificio vacío de habitadores, y lleno de las injurias del tiempo, donde le condujo el destino de sus acasos, halló ocasión de inquirirla: y habiendo oído las exóticas decisiones de un Tribunal domésticamente ruidoso, que acosta de repulsas del ocio, y desvelos de la idea erigió artificiosa su solercia, dio parabienes su ya, menos infausta fortuna, de haber encontrado lo que buscaba su curiosidad ansiosa. Pero como los Ducios oráculos, si por las prendas de Sabios pueden competir, y exceder a los primeros, que Atenas veneró en sus Aulas; por lo que tienen de Demonios hacen la verdad sospechosa, y son jueces, que se deben recusar en sus causas; el Autor de este papel (que por orden del señor Doctor D. José de Bayas, Provisor, y Vicario General de este Arzobispado se cometió a mi censura) aprehendiendo la verdad ofendida (bastante motivo para que sea glorioso su trabajo) apela de esta sentencia; y ante el recto Tribunal de la razón se instituye defensor de su causa, soltando en su favor las presas de su caudal, y elegancia{5} pues aunque la verdad tiene por sí bastante fuerza, la elocuencia del Orador fácilmente le franquea el paso, para que tome fija posesión del ánimo. Admiro, y celebro su incomparable valor; pues no pudiendo ignorar, que la verdad es una solar super excelente luz,{6} que aunque sin demérito de sus rayos molesta la débil virtud de la vista (exceptuando las Águilas) tiene por aneja pensión de su hermosura la desgraciade excitar odios (centellas, que ni aún respetan laureles del más sacro Apolo) sale animosamente a cursar las escuelas del sufrimiento por no cometer el vicio de injusticia{7} en que, en sentir de Cicerón, caen, no solo los que contra fueros de Divina, y natural ley ofenden, sino los que pudiendo propulsar con la defensa la injuria, o poseídos de temor, o de algún interesado respecto, se niegan a tan justo empleo. El empeño es heroico, y preservativo de los riesgos, a que se expone su celo; pues por alta providencia, los defensores de la verdad{8} saben convertir en cánticos de alabanza los improperios de la ira. Está el opúsculo de esta vindicta lleno de erudición Sacra, y profana con ingeniosas reflexiones, y será bien admitido de los Cultores de la justicia{9} que no se preocupan inflexiblemente de los primeros informes{10} pues confiriendo los fundamentos, que propone con los del sentir opuesto, podrá formar el más sano dictamen, separando con el arte de una prudente espagírica lo verídico de lo falso. Dejo a más alta comprehensión este juicio. El que hago de esta obra es, que no contiene cosa alguna contra N. S. Fe, y buenas costumbres; y así es digna de la licencia que pide; sic &c. salvo &c. en este Colegio del Sr. S. Buenaventurade Sevilla, en 28 de Febrero de 1700 años.

Fr. Juan de Castro.

{1} Veritas de terra orta est. Salmo 84.

{2} Erraverunt ab utero locuti sunt falsa. Salmo 57.

{3} Diminutæ sunt veritates a Filiis hominum. Salmo 11.

{4} Et usque ad Nubes veritas tua. Salmo 56.

{5} Nunc maiore copia, & facultate dicendi causam veritatis peroremus: quæ licet possit sine eloquentia deffendi, tamen claritate, ac nitore sermonis disserenda, & illustranda est, ut potentius in animos influat, & et vi sua, & luce orationis ornata. Lactantius, lib. I. de falsa Religione. Cap. I.

{6} Qua ratione Sol unus est, eadem est veritatis Hieroglyphicum. Pierio lib. 44 Verbo Sol.

{7} Iniustitiæ duo suntgenera; unum eorum, qui inferunt; alterum eorum, qui ab iis quibus infertur, si possint, non propulsant iniuriam. Cicero lib. I, offic.

{8} Docuit nos Deus gaudere, & exsultare, quando qualicumque maledicta, non ex veritate audiamus, sed quia pro veritate certamus. S. Aug. lib. 4, operis Imperfecti contra Iulianum, sectio 121.

{9} Lætabitur iustus cumviderit vindictam. Salmo 57.

{10} Quifuturus sit æquus iudex, debeat non se totum præoccupanti permittere, sed & defensionem expectare eius, qui defertur, ut ex collatione eorum, quæ abutrisque partibus dicuntur, veritas elucescat. S. Basil. Epist. 60 ad Neocæsarienses.

página [9-12]



Al Santo Antón de los duendes hidráulicos herméticos el Doctísimo Don Pedro Osorio de Castro, en honra de su Vindicta, escribió Don Antolín Garapiña este

SONETO.

 ¡Jesús mil veces! ya no puedo más,
de riza tengo el alma ya en un triz,
las entrañas han dado tal desliz,
que apuntan a salirse por detrás.

 Apenas Docto OSORIO dio la faz
tu Vindicta, corriéndose el telliz,
cuando los Mascarones de tapiz
voces Uliseas, murieron de un zaz.

 En la trampa le diste tan de choz
a el pobre de Aldrobando, que esta vez
(ya parece que lo oigo) dice: oz,

 Que me partió por medio de la nuez,
y en el cogote me pegó tal coz,
que me dejó el caletre pez con pez.

 

página [13]



De un Amigo en alabanza del Autor.

SONETO.

 Eres el pasmo en la elocuencia
eres el asombro en lo sagrado,
eres el Non plus ultra, en lo historiado,
eres Archivo, Ossorio, de la Ciencia,

 Testigo fidedigno es la experiencia,
que se registra en este sin segundo
que venera, volumen, este mundo,
pues pregona tan alto tu Eminencia:

 Que eres Médico, Político, Rectórico,
Metafísico, Físico, y Astrólogo,
Químico, Geográfico, gran Lógico
juntando Matemático, y Teólogo,
y pones silencio con tus temas
a FLORES altivas y EROTEMAS.

 

página [14]



Pythagoras interrogatus, Quid deo simile faceret homines,
Respondit: Cum veritatem exercent. Stob. Serm. 11.

A este asunto y en aplauso del Tratado, que da a luz Don Pedro Osorio de Castro, con título de Vindicta de la verdad, dijo este Soneto D. Pedro Esquivel Daza Trifulco, su Amigo.

SONETO.

 Venciendo la violencia, y tirania
sustentan hoy tus hombros, cual Atlante
la verdad, que defiendes vigilante,
cuando la audacia tanto la oprimía,
ostentas con modestia, y Energía,
que siempre la virtud queda triunfante,
afirmando por cierto y por constante
verdades de mejor Filosofía:
si los hombres compiten con Deidades
dándole a la verdad su honor notorio,
y son dignos de excelsas dignidades,
¿Qué diré, pues de ti, Erudito OSSORIO,
cuando de la Verdad las libertades
con tu Vindicta reduces a su emporio?

 

página [15]



Al nunca más bien merecido Elogio honra y aplauso del Sapientísimo numen de D. Pedro Ossorio de Castro, Autor de esta Vindicta, escribió D. Antonio de Silva Carvallón, estas

OCTAVAS.

De la verdad la casta Deidad pura
Ofendida se ve, y aun sin reparo,
No encuentra algún alivio en su amargura,
Porque todos se niegan a su amparo:
En este estado puso a su hermosura
De la Espagírica el voraz descaro,
Rompiendo todo coto Soberano,
O bien sea político, o Cristiano.
De la Escuela Galénica Sapiente,
El nuevo Gremio Químico arrogante
Confundir quiso la verdad patente,
Aún al genio más tardo e ignorante;
Sirviendo su gritar impertinente,
Tan solo de lucir lo extravagante:
Ríe el simple, y el Docto al mismo paso
O no echa su voz, o no hace caso.
Yacía la verdad en triste estado,
Ofuscada entre sombras, y abatida,
Si no fuera por tí, ¡oh! OSSORIO osado,
Se quedara su luz oscurecida:
Olviden la pasión y con cuidado
Reparen tu Vindicta esclarecida,
I hallarán los Doctos desde luego
Ocasión de tu honor, y su sosiego.

página [16]



Del Doctor Don Gregorio Gregorios de Calahorra y Gylaysan
a Don Pedro Osorio de Castro, Autor de esta Obra.

ELOGIO.

Oportet Amicum fidem non verba habere, dijo la Antigüedad Poética; pero cuando la fe de la buena, y segura amistad prorrumpe las palabras, estimulada del ardiente cordial impulso, que suscita el merecimiento en la ocasión, antes que oscurecer el oro del cariño, es acrisolar sus quilates en la prueba de la estimación; porque oír la celebración del Amigo, sin que la envidia hidalga del verdadero Amor acredite sus excesos, aunque lo disculpe la cortesana modestia, lo acusará el impaciente fuego de la amistad perfecta: porque en esta es prueba prudencial el que parece arrebatado vuelo del alborozo. Antes de mi llegada a esta Ciudad, habían ya halagado mis oídos las giganteas científicas incomparables prendas del talento de v. md. (¡oh Erudito, y Sapiente Amigo caro Don Pedro Ossorio de Castro!) conducidas del Tubo veloz;

Fama malum qua non aliud velocius ullum.

Nunca más feliz, que en la propalación de su fama: de cuya persuasiva fuerza nació el zozobrar en el Piélago de la tardanza mi deseosa fatiga la voluntad; porque como no la terminaba su objeto, fallecía a manos de su apetito. Llegué, pues, a Sevilla, y apenas me favorecieron sus auras, cuando me anegaron los Mares de las aclamaciones de v. md. y de sus verdaderamente eruditas obras: pero habiendo hallado en v. md. objeto aún más allá de lo posible, lo que supeditaba a el deseo, lo pasé a la cuadra de la admiración; que semejantes prodigios solo en la admiración tienen capaz asiento. Vi sus obras (no digo bien, vi un Ramillete de las obras de todos los mayores Varones, que han escrito) y en ellas admiré, cuán a todas luces, y con todas veras decían, que eran de v. md. ¡Oh prueba de la más eficaz doctrina! que se vea en su Autor practicada, aún más exactamente, que en sus escritos persuadida. ¿Qué ciencia se pudo defender de su perspicaz talento? ¿Qué noticia conservó el ser de abscondita, que no pareciese común en su universal comprehensión? ¿Qué aspereza de principios Filosóficos, ya Aristotélicos, ya Epicúreos, ya Espagíricos no domesticó, no explicó, no expuso la alta elocuente dulce claridad de su entendimiento lince? ¡Oh desempeño del Hemisferio Sevillano, y crédito de toda nuestra Nación! ¡Oh verdadero defensor de la virtud verdad incomparablemente armado!

Virtutis vere custos, rigidus que Sateles.

¡Oh espejo de la prudencia! ¡qué seguro se camina por las sendas de su discurrir, sin encontrarse los despeñaderos de la pasión, ni los abrojos de la mordacidad! ¡Oh si fuera v. md. en la Medicina tan solo en número, como lo es en la perfección! De v. md. solamente dijo Verino:

Non plures Medici, sed satis unus erit.

No se podrán quejar (so pena de confesarse prisioneros de la pasión) los que se jactan de contrarios; porque v. md. no se opone a sus principios, antes los exorna. Todos se confiesan atomistas y ninguno como v. md. toca los principios de Átomos, pues consistiendo los Átomos in indibisibile, es gravísima implicación decir, que se ven, y mucho más el que tengan configuración; porque los Átomos no se parecen a cosa alguna corpórea, por cuanto repugna al indivisible, simple ser, por lo cual es también implicación, el que en los Átomos de un Ente se halle la configuración del mismo Ente. Óigase al Principe de los Átomos, a Demócrito:

Præterea res quæ corpora mittere possunt
Sensibus & nostros adiectus tangere tactus.

No se parecen, no a cosa alguna, que pueda enviar especies a los sentidos; porque repugna al ser de principio, que los principios de las cosas deben ser invisibles, indeterminados, ocultos, el mismo Demócrito:

At primordia gignendi, in rebus oportet,
Naturam clandestinam cæcamque adhibere,
Emicat ne quid, quod contra pugnet & obstet.

Esto mismo dijo la Sabiduría de Dios al cap. 11, Creavit Orbem terrarum ex materia invisa. De materia invisible, y siendo esta los Átomos, no se yo con qué fundamento (aunque le pese a Descartes) se pasan a decir, que se ven, y que son configurados. No me detengo más en esto, con ser de mi aceptación, por haber visto en la segunda parte de esta obra bien tirada línea acerca de esta materia, y tocándole v. md. fuera atrevimiento presumirme su imitador, cuando sus elevados vuelos sólo de sí mismos tienen emulación. Dios N. S. conserve la vida de v. md. para espejo de la prudencia, y luz de la facultad, y para que le sirva siempre.

Su más afecto servidor, y seguro Amigo, que B. S. M.

Doctor Don Gregorio Gregorios de
Calahorra y Gylaysan.

páginas [17-20]



Prólogo al lector.

Habiendo llegado a mis manos (oh, amigo Lector) un Papel Anónimo, cuyo título es: Acasos de D. Ulises de Androbando; en que su Autor, con ingeniosa, más que sólida viveza se empeñó en contradecir que llamó responder, una aprobación, que dio el Eruditísimo Padre Maestro Fr. Juan de San Bernardo, del Orden Tercero del Seráfico Padre San Francisco, Examinador Sinodal de este Arzobispado, Calificador del Santo Oficio, Definidor General primero, que fue de su Religión, y Padre de esta Provincia, sobre un Papel Allegatio apologetica Medico Phisica, &c. que dio a luz el Doctor D. Cristóbal de Pedrosa y Luque, Catedrático de Prima de esta Universidad, y mi Maestro, respondiendo a otro manuscrito, que el muy Erudito Médico D. Miguel Melero, le había enviado, su título, de entitatibus manifestis; en cuya Aprobación el Reverendo Padre Maestro aprobante pondera la indisoluble dificultad, que hay en el genuino, y perfecto conocimiento de las operaciones de algunos entes, según la debilidad del entendimiento humano. Leí, pues, el curioso Tratado con suma admiración; pero habiendo parecido a mi cortedad, que no hacían los fundamentos del Anónimo, la bastante fuerza, para satisfacer a tan gigantes dificultades, como las que propone el Reverendo Padre aprobante, y habiendo verdaderamente admirádome (mejor dijera sentídome) de ver tratar con manifiesta desestimación, y nada decoroso respeto, a un Varón tan Eminente, que lo confiesa la Universal aclamación Atlante de la esfera literaria, contradiciéndole con fundamentos, a mi ver, poco seguros; me pareció bastante motivo para tomar la pluma, aunque desvanecían mis intentos los vaguidos de mi cortedad, que sencillamente me acusaban tan Pigmeo entre tantos Polifemos, que venero Deidades de la facultad, que me fuera favor la plaza de sirviente Fauno, pero alentome Marcial con el sabido Proverbio:

Audaces fortuna, iuvat, timidosque repellit

Y acabó de serenar mis temores la fuente de la más bien recibida Filosofía, Aristóteles. Culpandus non est, qui propter veritatem alicui contradicit. Pero acabé no solo de consolarme, sino de alentarme, con ver un mandato, del que verdaderamente iluminando sosiega, y vivificando alienta, el Sapientísimo Divino Sol de justicia Cristo N. S. Cave, abscondas talenta tebi credita: sed fæneris quid, ut iubar veritatis latius se pandat, nec porro quoque simpliciores decipiantur in rebus tanti momenti. Con tan soberanos alientos tomé la pluma, pero apenas tiré la primera línea, cuando un formidable reparo triunfo de mis primeros alentados impulsos. Fue, pues, el reparo, venir el objeto de mi respuesta sin nombre, o nota de determinado Autor; porque aunque entre las celosías características, se divisaban los reflejos de su competente luz, no obstante la oscurecían las sombras de la impertinente, aunque discreta, cifra: y como nunca acreditó seguridad a la mano la disparada flecha a blanco no seguro, me pareció nada airoso, entrar en la palestra con contrario embozado, por no arriesgar los más finos quilates de competidor. Por otra parte me parecía, que el ocultarse, era negarse al lid, y era deslucir lo bizarro, intentar victoria sin contrario conocido. Entre tan onerosas mentales luchas, cuasi desmayado el aliento cayó en los brazos de la confusión, cuyo lóbrego embeleso me martirizó algunos días, hasta que desvaneciendo las ignorantes sombras de la duda, salió alumbrando el mental hemisferio la Antorcha, que acreditaba su título adecuadamente con el nombre de su Autor. Fue duplicada antorcha por duplicado respecto: uno, por cuanto los Giros de su ingenioso discurrir la acreditan luz; otro porque deshizo las sombras de la pasada confusión, en orden al Autor de los Acasos de D. Ulises de Androbando; pues siendo la Antorcha encendida por el docto fuego del señor Lic. D. Juan González Ordóñez, Presbítero, Cirujano de esta Ciudad, declara en ella (a pesar de gravísimos inconvenientes) que fue su erudita pluma, quien dibujó los dichos Acasos de D. Ulises, con cuya claridad se desvanecieron mis óbices, y aun fue mayor incentivo, para mi empezado empeño; porque cuanto más inaccesible el Monte, son mayores los deseos de descubrir, y registrar su eminente coronada frente.

Escribo esta Vindicta de la verdad no por defensa del R. P. M. aprobante, que era suponer necesidad de ella, y fuera duplicado delito, cuando solo el nombre del R. P. es sobradísima respuesta, aun para con muy mucho mayores Antagonistas. Tampoco la escribo para desazonar apasionadamente alterado, sí para pugnar gustosamente rendido. Y si los filos del argumento alguna vez se estrecharen con el corte, no será zaherir maliciosos; sí obstar reverentes: que solos denotan sentimiento en la literaria lid (siendo decoroso el estilo) los ecos de la ignorancia, porque son las Filosóficas heridas regalos de la prudencia. Puedo asegurar al Lector, que soy muy apasionado de la Espagírica, y que ha algunos días, que sus pulideces robaron mis afectos, y este creo será el motivo, que ha hecho crecer las ponderaciones es sus sectadores; pero también puedo asegurar, que no ha podido mi cortedad ver sus milagros, aunque los tuvo creídos. Y aunque tuvieran disculpa en la cortedad de mi talento, la borraran los Doctísimos Varones, que ejecutan la Espagírica en esta Ciudad, cuya incomparable ciencia, y asiduo desvelo, si ella encerrara en sí mayores Arcanos, los hubieran descubierto con sus experimentos Físicos, Químicos, y Matemáticos; pero hasta ahora no se han visto; antes sí algunos desprecios, que los testifican los mismos Doctos Espagíricos, pues usan de toda la método Galénica, sangrando, purgando, y untando con los medicamentos Galenistas, y con la misma práctica, porque aunque dicen, que Galeno no supo palabra, ni la saben sus secuaces; no obstante en viéndose apurados, se valen de su método: y es argumento, que prueba alguna más seguridad en la Galénica Doctrina. De mí confieso, que habiendo usado muchos remedios Espagíricos, manipulados en las oficinas, a donde concurren los Doctos Espagíricos de esta Ciudad, no he hallado jamás un milagro, de los que vocean sus Autores. Prueba de esto sea el agua antimonial, que se ha hecho Medicina universal en esta Ciudad, de quien no hay Autor que la traiga, que no la aclame prodigio; y en especial Musitano, que la llama su Agua antivenérea, dice de ella, que indefectiblemente cura los agalicados de todas especies, de suerte, que los que no han podido curar las unciones, los humos del cinabrio, sudores, magistrales, y la demás selva de poderosas Medicinas, y que los han dejado por desesperados, y totalmente irremediables, con esta poderosa Medicina, finarán todos perfectísimamente, porque cito, tuto, & iucunde, obra de tal suerte, que hace milagros. Sus palabras: Verum ad dolores venereos radicitus extirpandos non datur in toto Orbe potentius medicamen, quam aqua nostra anti venerea, quæ revera, longe superat omnia antidota contra luem veneream, & primum inter omnia alia medicamenta sibi vendicat locum; adeo omnibus palmam præcipit; ut nulli in toto naturæ ambitu comparanda videatur. Huius ope inutilia vulgarium decocta, & æstuaria ab aula Medicorum recesserunt, & quos ægrotos Mercurii sufumigia & extremæ innunctiones deliquerunt, hæc ad pristinam evocabit sanitatem. Adeo in hoc affectu infallibilem in dies experti sumus, ut multos, quos tanquam deploratos vulgarium grex post decocta, sufumigia, & inunctiones omni salutis spe orbatos deferuit, huius aquæ beneficio ab Orci faucibus revocaverimus. Y en la página siguiente dice: Et qui clauso vase, eam parabit miracula efficiet, nam cito, tuto, & iucunde luem radicitus extirpabit. Compelido, pues, de tan eficaces razones, como estas, y de un Varón tan Docto en ambas sentencias empecé a usar el agua antimonial con más fe, que antes; y habrán pasado de cuarenta los enfermos de gálico de todas especies, a quien yo se la he dado; y más de ciento, y ochenta los que la he visto dar por orden de los más doctos Espagíricos de eta Ciudad, y en tan dilatado número no he visto un milagro, de los que prometen los Autores Espagíricos: y si alguna vez se ha visto alguno, aunque no muy reluciente, efecto, ha sido, porque se le ha arrimado el ayuda de Medicina purgante, ya de cinco a cinco días, y a una vez a la mitad del agua, y otra al fin de tomarla, ya (como yo suelo darla) ayudando con las píldoras, sine custodia, medio escrúpulo cada noche, tres horas después de la cena. De esta manera ha hecho algunos, aunque muy notables efectos, pero sola ella como la traen los Autores Espagíricos, sin otra ayuda, tengo por cierto, confesarán los señores Espagíricos, ser todo lo que vocean sus Autores fábula, por los casos, que han experimentado, y que yo he visto en esta Ciudad, cuyo Cronicón traigo en la segunda parte de esta Vindicta de la verdad, con toda individualidad, y verdad sencilla, que confesarán los desapasionados Espagíricos. Saldrá a luz dicha segunda parte, luego que haya necesidad. En suma, es mucha mayor la ponderación, que los efectos en todas las operaciones Espagíricas, y esto se va aumentando en todos sus Sectadores, de forma, que se han visto muchos rubores de mejillas en algunos, que apasionados han fiado el desempeño de la Espagírica en la certeza facilidad, y prontitud de obrar, asegurando fácilmente, y con brevedad la salud, hallándose después burlados, y empeñados en buscar bien trabajosas salidas.

Como, pues, han de hacer creer a los demás, que es mucho más poderosa, y cierta la Espagírica, que la Galénica, si no la ven curar más, ni más fácil, ni más seguro, y esto es valiéndose siempre de la Método Galénica; porque aun estando apasionados, conocen las temeridades de la Espagírica: y con todo eso no han pasado la línea Galénica, ni mudado las columnas de los Antiguos; y si no, pregunto: ¿se han ido acaso a ese Hospital de San Lázaro, y han curado a los Leprosos con facilidad, y bastante número de casos? ¿Se han ido acaso a ese Hospital de la Santa Caridad, y curado los tísicos confirmados, o los demás enfermos, que están allí por incurables, y esto con facilidad, y total certeza? ¿Se han ido acaso a ese Hospital del Espíritu Santo y curado los nolimetangeres, y cancros confirmados, con facilidad, y total certeza, y seguridad? ¿Se han ido acaso a este Hospital del Amor de Dios, y curado los tabidos y anazarcados confirmados, con facilidad, y total certeza? ¿Se han ido acaso a ese Hospital del Cardenal, y curado los heridos con lesión en los ventrículos del cerebro, y de pérdida la sustancia del cerebelo, los heridos de corazón, de hígado, y con de perdición de sustancia en ellos y todo esto, sin usar de Medicina Galénica, ni su Método? Hasta ahora no ha sucedido tal. Pues (aquí de la verdad) ¿Adónde están estos milagros Espagíricos? ¿Adónde los prodigios Matemáticamente demostrados? ¿Qué es de los experimentos físicos, Químicos, y Matemáticos? Las columnas Galénicas llegaron hasta aquí, esto es, hasta decir, que las enfermedades arriba anotadas son unas de necesidad incurables, y otras por la mayor parte; pues ahora dicen los señores Espagíricos. Plus Ultra. Bien, ¿y adónde está éste nuevo mundo Médico? ¿Adónde esté éste superior poder, que pospasó a toda la Galénica, y quitó todas las dificultades de las curaciones, haciéndolo todo camino fácil, y seguro? Nada de esto parece. ¿Pues cuál es el motivo de hacer irrisión de la Medicina Galénica? Yo no sé, amigo Lector, qué responda. Demuéstrenlo, hagan patentes los prodigios, curen con facilidad las enfermedades incurables, que en eso consiste el Plus Ultra, y verán cómo hay quien se embarque a su nuevo mundo, y yo desde aquí protesto apostatar del Galeno, y Hipócrates, y pedirles por amor de Dios me admitan en su compañía, porque eso debo hacer como Cristiano; pero si nada de esto se hace, ¿cómo quiere mover a todos, a creer, que la Medicina Espagírica es la cierta, y que la Galénica es un disparate toda, como vocean incesantemente? A mí me parece, que yerran el modo de persuadir a los demás, con andar echando papeles contra todo viviente con desprecio de los mayores hombres, que han venerado el mundo, con muy mal estilo, lastimando los oídos prudentes con indecorosos Epítetos, sin reservar los Religiosos más Doctos, y virtuosos, retirados en sus celdas, que solo debieran ser traídos a la Prensa sus nombres, para venerar, admirar, obsequiar, y promulgar los tesoros de ciencia, y santidad, que encierran sus veneradas, venerandas, Sagradas, coronadas frentes. Yerran también, en querer destruir la Filosofía Aristotélica, que han llevado, y elogiado tanto número de Santos, y sobre cuyas bazas se funda el Método de explicar la Sagrada Teología, con cuyo intento abren la puerta a los Herejes, para contradecir sus firmes, infalibles, Sagrados dogmas. Si quieren (vuelvo a decir) persuadir a los demás, escusen libelos, y más libelos, que parece su tertulia una congregación de Zoilos; sino vayan a esos Hospitales, y curen los enfermos, que han dejado los Galénicos, por incurables, tráiganlos a esas plazas públicas adonde los vea todo el pueblo, y verán como persuaden con gran facilidad; porque ese es el fin de la verdadera Medicina. Ergo cum experiencia ratio artestetur que dijo Galeno, y es el modo de persuadir sin muchos argumentos; pero querer arrastrar a todos y precisarlos a creer, que lo que dicen, es lo cierto, y lo demás un disparate, solo porque lo digan, sin más prueba, que decir mal de todos, doctos, o no doctos, Santos, o no Santos, Médicos, y Religiosos, sin reservar a nadie, aunque todo fuera verdad, que de ninguna manera lo es, es muy errado medio. Tampoco discurro segura la opinión de negar las cualidades ocultas absolute; por cuanto esta proposición non sunt qualitates abditæ, equivale a ésta: Intellectus humanus comprehendit, vi intellectus humani, sine speciali illuminatione. Y esta es más que temeraria, porque no se le da a otro, que Dios, el predicado de comprehender, y si se le diera no hubiera distinción entre la criatura, y el Criador, como adelante se dirá. Y es tan sutil el entendimiento humano, que no solamente comprehender, pero aun conocer, ¡qué digo! ni pensar algo bueno por sí puede. Óigase al Apóstol: Non sumus sufficientes cogitare aliquid a nobis quasi ex nobis, sed sufficientia nostra ex Deo est.

Estos, pues, Amigo Lector, fueron los motivos, que me precisaron a tomar la pluma, y volver, a mi parecer, por la verdad. Protesto ante Dios la sencillez del intento, y el no quedarme reliquia latente de lo contrario; y así te pido, no el que sigas la Galénica, ni dejes la Espagírica, que ni uno, ni otro, es mi ánimo; sí, el que con ánimo desapasionado Cristiano, y prudente, peses unos, y otros fundamentos, que como su entendimiento entre libre, sin la mala compañía de la pasión, desde luego me prometo llegues al conocimiento de la verdad, y con él, en el tribunal de tu sagaz juicio, darás la sentencia a favor del seguro fundamento, que tuvo el Eruditísimo Padre Maestro aprobante, con cuya acción quedará eternizada la Vindicta de la verdad, aun entre los borrones de mi insuficiencia, suplicándote, no repares en la pequeñez del Escritor, sí en la entidad del escrito, en que no te pondero la fatiga, sí la sencillez del ánimo agradecido que te dice con Lucano.

Quod si digna tuis, minus est mea pagina laude
At voluisse, sat est, animum non carmina iacto.

Vale.

páginas [21-33]



Advertencia al lector.

Parece, Amigo Lector, que habiendo divagado esta mi obra entre las fatigas de su aprobación, pudo el audaz cuidado del señor Don Juan Ordoñez lograr el que se la leyeran; y habiendo oídola, me favoreció como sabe, diciendo era tan grande, que no podía ser mía, por cuanto tenía mucha Teología, y yo no la había estudiado, asegurando era de un Religioso de los Terceros: en que acabé de conocer, que el señor Don Juan tiene alguna antipatía con esta Doctísima, y Santísima Religión; pues habiendo cometido el delito, sin ejemplar, de escribir contra una aprobación, y una aprobación tal, como de tal sujeto, no se contenta con tamaña ofensa, sino que de nuevo quiere ofender a otro Religioso Doctísimo, atribuyéndole mis débiles fatigas; y si es el motivo de decir, que tiene mucha Teología, los textos que traigo, acabó el señor Don Juan de decir lo que alcanza, pues tiene por Teología un texto de un Santo, de Escritura, de los Salmos, sin más cuestión, ni exposición, ni más sentido, que lo literal del texto, que los más los saben los monacillos; sino es este el motivo, sino los demás Filosóficos, y Espagíricos, no puede alegar ignorancia el señor Don Juan, porque además de saber, que le he sido muy aficionado, se lo habrá dicho el Bachiller revalidado Don Salvador de Flores, con quien comuniqué las principales cuestiones de esta Obra, y estoy esperando todavía la solución. Dicen, que el señor Don Juan me responde, sin más que decir, que no es mía la Obra, y esto no es responder, ni se lo hemos de creer a su merced, si no trae una probanza jurídica; y si el señor Don Juan quiere escusarla, cite el día que quisiere en mi Universidad, que allí asisto todos los días, y se lo mantendré; y si no quisiere ir a la Universidad, no importa, cite el Convento que gustare, y el día, que no le faltaré, porque le soy tan aficionado, que como se argüir con el Señor Don Juan, aunque sea en un desván al cabo del mundo, iré sin comer, ni beber; solo por decirle, que como había de ir a buscar textos para probar mis proposiciones, a Calvino, a Lutero, Arrio, o Paracelso, los busqué, y los buscaré siempre en la Sagrada Escritura, y en los Santos Padres, que son la Fuente de la verdadera Filosofía.

páginas [34-35]



[ Edición parcial, en proceso. ]