Filosofía en español 
Filosofía en español

“Filosofía espontánea de los científicos”

A pesar de que el rótulo “filosofía espontánea” se encuentra ya en español desde 1842, fue Antonio Gramsci quien, en italiano y en un contexto marxista, contrapuso una “filosofía espontánea”, propia de todo el mundo, dado que su actividad práctica contiene una visión del mundo, influida por el lenguaje, el sentido común y el sistema de creencias popular, y una “filosofía profesional”, propia de pensadores e intelectuales (Antonio Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, 1948, publicado póstumamente).

El rótulo exacto “filosofía espontánea de los científicos” aparece por vez primera también en un contexto marxista pero en francés, con la obra Filosofía y filosofía espontánea de los científicos de Louis Althusser (1967). Éste lo emplea para referirse a la filosofía invisible, oculta o inconsciente de los científicos; porque en cada científico –según dice– duerme un filósofo, con su “ideología espontánea” dependiente tanto de su práctica científica como del sistema ideológico dominante en la sociedad en que vive y trabaja.

Ahora bien, Althusser circunscribía la filosofía espontánea de los científicos a las ideas que estos tienen al respecto de la práctica de su ciencia y de la ciencia en general, no a su concepción del mundo. Es el filósofo español Gustavo Bueno el que recupera y redefine el rótulo acuñado por el filósofo francés.

Aunque la distinción entre una filosofía mundana y una filosofía académica se encuentra ya en El papel de la filosofía en el conjunto del saber (1970), donde Bueno llega a decir que la filosofía mundana corresponde a que todo el mundo en una sociedad civilizada filosofa espontáneamente (pág. 277), así como que las propuestas de Manuel Sacristán entregaban la filosofía “a la espontaneidad de las especialidades científicas y sociales” (pág. 311), el término “filosofía espontánea de los científicos” está ausente. No obstante, Vidal Peña lo emplea en la entrada “Ontología” del Diccionario de filosofía contemporánea (1976), escrita desde las coordenadas del materialismo filosófico:

1976 «Formalismo primario. Consiste en la reducción de todos los géneros a M1. Su prototipo sería el mecanicismo, atomístico u holístico. Este formalismo es presentado muchas veces como el auténtico materialismo. Aclaremos, para no confundir nociones, que este formalismo puede teóricamente ser compatible con un materialismo en el plano ontológico-general (es decir: puede pensarle la reducción de toda la ontología especial a M1, reservando la posibilidad de que M1 no sea, con todo, el “último estrato” de la realidad). Ello, sin embargo, es sumamente improbable, aunque posible. El formalismo primario suele ser, a la vez, monismo. Y puede darse en dos formas: la inmanentista del orden del mundo físico cerrado en sí mismo, “finito e ilimitado” (concepción que es muchas veces, por así llamarla, la “filosofía espontánea de los científicos”), y la trascendente de la totalidad de un mundo físico como expresión de una realidad “trasmundana” pero concebida, a su vez, en términos físicos: el “Dios corpóreo” de Hobbes... El formalismo primario reaparece constantemente, como decimos, en filosofías de científicos, como “materialismo positivista” (así Monod, por citar un caso reciente ampliamente difundido).» (Vidal Peña, “Ontología”, Diccionario de filosofía contemporánea, Salamanca, 1976).

Gustavo Bueno retoma y reconstruye el rótulo en los tomos II y III de la Teoría del cierre categorial (1993, págs. 409-416 y 929-930). En esos pasajes, Bueno explica que la gnoseología, en cuanto filosofía centrada en las ciencias, procura acompasarse a la anatomía y la fisiología de los corpus científicos, pero, entonces, cabría presuponer que hay ceñirse a los análisis que proporcionan los propios científicos de la ciencia que cultivan, esto es, “mantenernos en las proximidades de lo que solía llamarse, en la época del althusserismo, la ‘filosofía espontánea de los científicos’” (pág. 410). Tesis que sostenía -como señalaba Bueno- Francisco Fernández Buey, discípulo de Manuel Sacristán, para quien el científico es quien mejor sabe dónde le aprieta el zapato. Pero, como apostillaba Bueno, “muchas veces, la espontaneidad filosófica del científico no es otra cosa sino la regurgitación, con ejemplos y experiencias propias, de tópicos filosóficos más o menos vulgarizados” (pág. 411). Tópicos que constituyen la atmósfera ideológica (transcientífica, más que científica) que envuelve cada ciencia (pág. 929).

Y, en ¿Qué es la filosofía? (1995), Gustavo Bueno aquilata la noción, poniéndola como ejemplo de filosofía inmersa en el presente pero adjetiva, porque niega que la filosofía tenga sustancia propia, siendo una secreción espontánea o un sucedáneo de ciencias como la física o la biología:

1995 «Ante todo, la que suele llamarse ‘filosofía espontánea de los científicos’ y, por extensión, la filosofía entendida como reflexión, de segundo grado, llevada a cabo ‘a pie de obra’ de las ciencias positivas. Una filosofía que acompañaría a cada ciencia como una nube que fuera formándose a su alrededor (por ejemplo, la filosofía de la propia idea de ciencia). Según esta concepción la filosofía carecerá de sustancia propia; su cometido, si es que le queda alguno, es recoger los resultados arrojados por las ciencias categoriales, esclarecerlos, confrontarlos, a veces incluso coordinar sus principios o resultados. Las concepciones de la filosofía propias del positivismo de Comte, y, sobre todo, del neopositivismo de Schlick son los mejores ejemplos que podemos señalar para ilustrar esta versión de la filosofía adjetiva. Por otra parte, cabe observar (por no decir denunciar) la creciente voluntad de los científicos (sobre todo físicos o biólogos) por hacerse presentes públicamente ante cuestiones de naturaleza filosófica, ofreciendo sus opiniones como ‘filosofía formulada desde el punto de vista de un científico’. En nuestros días el género literario cultivado por físicos principalmente (aunque también por biólogos) en sus ‘obras de síntesis’ constituye uno de los más notables sucedáneos de la filosofía. […] Decimos en este sentido que la ‘visión científica del mundo’ propuesta por un científico en cuanto tal, es decir, desde la perspectiva de sus categorías científicas (otra cosa es que el científico se sitúe en la perspectiva del filósofo) es siempre un sucedáneo de la filosofía. Pues al científico, en cuanto tal (en cuanto matemático, en cuanto físico...), no le corresponde formular ‘visiones del mundo’, sino que le corresponde formular ‘visiones de su propio campo’. Y cuando pretende aplicar los conceptos categoriales, por rigurosos que sean en el ámbito de su esfera, a otros contextos, los distorsionará y tergiversará las ideas correspondientes. En este sentido, su perspectiva de científico estorba, más que favorece, su comprensión filosófica, y la hace acrítica, ingenua y, a veces, pueril. [...] Las ‘visiones científicas’ del mundo suelen no ser otra cosa sino reexposiciones de concepciones arcaicas disimuladas con una vestidura científica o técnica y apoyadas en el prestigio de los científicos. Se comprende esta posibilidad si se tiene en cuenta que un científico no puede menos que distorsionar la realidad cuando pretende ajustarla a sus exclusivos conceptos categoriales; pero cuando utiliza categorías científicas que no son las de su especialidad deja de ser propiamente científico, por lo que no tiene por qué arrogarse esta condición al exponer su ‘visión científica del mundo’.» (Gustavo Bueno, ¿Qué es la filosofía?, 1995, págs. 38-40).

1999 Diccionario filosófico: “Filosofía espontánea de los científicos”.

2023 «El fundamentalismo científico es un ingrediente ideológico frecuente en la filosofía espontánea de los científicos de nuestro tiempo y se caracteriza por un marcado monismo gnoseológico y ontológico.» (Carlos M. Madrid Casado, “Fundamentalismo científico”, Piezas, 2 enero 2023).

Filosofía… ¿Qué filosofía?, 27 Encuentros de Filosofía, Salamanca, 16 de abril de 2023

cmmc