Filosofía en español 
Filosofía en español


Anales del Instituto médico de emulación

Periódico mensual de medicina, cirugía, farmacia y sus ciencias auxiliares

Non tuum te moveat, sed commune commodum.
Concordia res parvae crescunt.

Cuando la Academia médica de emulación concibió y puso en ejecución el proyecto de publicar un periódico que fuese la expresión de sus opiniones y sentimientos, cedió al impulso del deseo eminentemente noble de propagar los conocimientos científicos, de hacer resaltar el lastimero estado en que por un concurso no interrumpido de circunstancias desgraciadas se halla la profesión, y de clamar incesantemente por el remedio del cúmulo de males que la aquejan. Convencida de que una corporación libre puede siempre obrar con más independencia que los individuos particulares cuando han de denunciarse abusos o lanzarse quejas contra errores legislativos o actos de personas constituidas en autoridad, creyó que sería muy útil en circunstancias tan tristes como las actuales para cuantos ejercen cualquiera de los ramos de la ciencia médica, la publicación de un periódico en el cual pudieran presentarse al público los clamores de la profesión con toda la vehemencia de la razón y justicia ultrajadas, y sin guardar más consideraciones que las de circunspección y decoro.

En busca de esta utilidad, la Academia emprendió la publicación de su Semanario de medicina, sin contener la falta de recursos abundantes para hacerle prosperar, el verse obligada desde luego a competir en una lucha muy desigual con periódicos ya establecidos por largo tiempo, y sobre todo los temores no infundados de que corriese su empresa la misma suerte que tantas otras de la propia clase. Por fortuna no se han realizado estos temores; el Semanario ha pasado ya el tiempo de crisis de los periódicos y el haberse podido sostener hasta el día, a pesar de las circunstancias desfavorables de esta época, es una prueba al menos de haber llenado en alguna manera el objeto para que fue establecido.

La unión sin embargo ya efectuada entre la Academia médica de emulación y el Instituto médico español, juntando en un centro común los elementos de acción que en aquellas dos sociedades obraban separadamente en beneficio de la ciencia médica y de sus profesores, no podía menos de producir entre otros bienes el de aumentar los medios de dar interés al Semanario; y el sacar la mayor utilidad posible de este aumento de medios ha sido el primer objeto de que se ha ocupado el actual Instituto. Subsistiendo como subsisten las causas que según queda dicho arriba hacían tan oportuna la publicación de un periódico médico independiente y consagrado a defender sin espíritu de clase o partido los intereses de la profesión cuando principió a salir a luz el Semanario, ha creído el Instituto que no debía perdonarse medio alguno de llevar adelante la empresa, haciendo todos los esfuerzos posibles a fin de darle la extensión necesaria para que por una parte presente siempre un resumen completo de los progresos de las ciencias médicas fuera de España, y sea un trasunto fiel de los adelantamientos que en cualquiera de los ramos de estas ciencias se hagan entre nosotros, mientras que por otra hallen en él los profesores un abogado tan celoso como vigilante de sus derechos, y un fiscal desapasionado de las resoluciones de las autoridades que puedan influir directa o indirectamente en la tan necesaria como deseada reorganización de la enseñanza y ejercicio de nuestra ciencia.

Para conseguir con más facilidad tan importante objeto, el Instituto ha creído que convendría principiar cambiando el modo de publicarse el periódico, y la reseña de las razones que le ha movido a adoptar la propuesta que le hizo su Junta directiva, tanto sobre este cambio como sobre el método con que ha de redactarse y los principios que han de sostenerse en él, manifestará completamente las mejoras que desde ahora se procurarán hacer en el periódico, y el espíritu que presidirá siempre en su redacción.

A fin de que un periódico médico pueda satisfacer actualmente las necesidades y deseos de la profesión, es preciso que contenga al menos una noticia circunstanciada de los descubrimientos y progresos de cualquiera clase hechos en los países extranjeros, no solamente respecto a las ciencias estrictamente médicas, sino también a aquellos conocimientos de las naturales y morales que tan directa relación tienen con la teoría y práctica de la medicina. Se procurará con todo esmero que el periódico del Instituto contenga lo más interesante de los extranjeros de su clase, y para hacerle más útil en un punto de tanta importancia, se publicará en los primeros meses de cada año el resumen de los descubrimientos y progresos hechos en el anterior, sacando de las recopilaciones anuales que con este objeto se dan a luz en Francia e Inglaterra las noticias necesarias para completar todos los años el cuadro del estado de la ciencia.

De esta manera se principiará a hacer entre nosotros mucho más fácil de lo que ha sido hasta el día la adquisición de las noticias indispensables para estar siempre al nivel del estado de los conocimientos científicos relativamente a la profesión médica y la colección del periódico llegará a ser un libro de referencia tanto más necesario cuanto no se ha introducido aun en España la costumbre de publicar anualmente las recopilaciones ordenadas de la parte de aquellos conocimientos sobre cual se haya dado a luz en el año anterior alguna cosa notable o digna de atención, ya por su novedad o ya por su importancia. Entre los asuntos a que se dará la preferencia en lo relativo a medicina extranjera, los artículos de terapéutica, materia médica e higiene pública ocuparán el primer lugar; pues pocos dejarán de convenir en lo utilísimo que es para la práctica conocer a fondo cuantos descubrimientos o mejoras se hagan en todos los países acerca de los medios de curar las enfermedades o de auxiliar eficazmente al Gobierno cuando la medicina llega a serle un auxiliar tan indispensable que sin ella va a ciegas en la resolución de los puntos más importantes para el bienestar de los gobernados.

Cuando se fija la atención en el ardor con que se ha distinguido y distingue la profesión médica entre todas las otras en adquirir los medios necesarios para ejercer dignamente sus penosas funciones, y cuando se observa el afán con que la juventud apenas salida de las aulas se aprovecha de todos los recursos que están a su alcance para extender la esfera de los conocimientos adquiridos en ellas, no debe temerse que la parte de medicina española salga desnuda de interés en el periódico de una corporación que cuenta en su seno tantos profesores interesados muy particularmente en que prospere una obra cuyo crédito ha de reflejar en ellos mismos. Esta parte contendrá cuantas comunicaciones interesantes se hagan por profesores españoles acerca de puntos relativos a la teoría o práctica de la ciencia y si el espíritu de noble emulación cunde como es de esperar entre el gran número que entre ellos no son insensibles a la gloria de su país, y al lustre de su profesión, la sección de medicina española podrá llegar a ser el medio más directo de conseguir que se acabe de desvanecer enteramente la opinión tan desfavorable como injusta que han defendido algunos escritores extranjeros acerca del estado de las circunstancias médicas en España. Por desgracia, un conjunto de circunstancias poco lisonjeras, en cuya producción no han tenido parte los profesores españoles, han causado y causan aun el resultado de que los frutos de su experiencia, de sus meditaciones y estudios, rarísima vez dejen morir con ellos, y que la falta de escritos médicos nacionales se atribuya a causas muy diversas de las verdaderas. Ya que al menos por ahora nuestra situación sea la misma y que subsistan de consiguiente en toda su fuerza aquellas circunstancias, utilísimo será contrarrestar los resultados de su funesta influencia haciendo ver del modo posible que tenemos derecho a ser mirados al menos con el respeto que se debe a la aplicación y celo sostenidos por la constancia. Con este objeto se insertarán también en el periódico las memorias o discursos sobre asuntos puramente médicos o relativos a las ciencias auxiliares que contengan ideas que demuestren alguna originalidad o que sean dignas de llamar la atención por su importancia, procurando en todo caso publicarlas por entero para no disminuir su interés dividiéndolas, con cuyo fin, se ha dado al periódico una forma que permitirá hacerlo fácilmente, sin dañar a la variedad que forma el carácter de estas publicaciones. De esperar es que las academias y sociedades médicas y de ciencias naturales que por falta de recursos se ven imposibilitadas de dar a luz algunas de sus memorias muy dignas de ser publicadas, quedando de esta manera enterrados en el polvo escritos interesantes que las honrarían sobremanera; se aprovecharán de la ocasión que las ofrecerá nuestro periódico para darles a conocer y excitar por este medio la emulación entre sus individuos.

En la parte de medicina española ocuparán un lugar preferente las historias de epidemias y las de enfermedades poco comunes que contengan al menos las principales cualidades que se requieren en este género de escritos. Cuando como sucederá frecuentemente, sean estos trabajos objeto de discusión de las secciones del Instituto, se publicará también el dictamen razonado de estas o al menos un resumen de aquella discusión que baste a dar a conocer el juicio que haya formado de ellos.

Queda señalada arriba la parte de higiene pública relativa a la medicina extranjera como un asunto digno de preferencia en la composición del periódico, y apenas merecería mencionarse que todo lo perteneciente a higiene pública española obtendría la misma preferencia, si no reclamara particularmente algunas observaciones tan importante materia. Escusado es decir a médicos españoles cuan atrasada se halla entre nosotros tanto teórica, como prácticamente la higiene pública, lo cual nada tiene de extraordinario, pues poco más o menos sucede lo mismo en las demás naciones, por no haberse estudiado con esmero esta parte de la ciencia hasta hace pocos años, y por haber descuidado los gobiernos (con excepción únicamente del de Prusia), el proporcionar a los médicos los auxilios indispensables para que la estudiasen prácticamente. La necesidad más imperiosa ha hecho por desgracia que en nuestra patria se haya visto precisado el gobierno a tomar desde principios del siglo anterior frecuentes resoluciones acerca de higiene pública que más afectan a la vida y bienestar de los hombres, y al mismo tiempo que ni aun se ha pensado en estudiar los principios de esta parte de la medicina durante más de un siglo, se han puesto a menudo en práctica estos principios empíricamente, produciendo un cúmulo inmenso de atroces males que sería preciso sacar a  luz aun cuando fuera solo con el objeto de que sirviese de escarmiento saludable el horror mismo que no pueden menos de causar. Pero hay otra razón muy poderosa para hacerlo y para mirar a la higiene pública como la materia más digna en el día de fijar la atención de los profesores médicos. Lo que se conoce entre nosotros con el nombre de sanidad es un caos, siendo lo más lastimoso el que los esfuerzos hechos para disiparle se han estrellado y estrellan siempre contra la influencia de intereses particulares que medran con el desorden, contra preocupaciones envejecidas y opiniones erróneas modernas, contra el modo con que los mismos médicos han considerado las cuestiones de sanidad empleando sus talentos en disputar con vehemencia, en vez de ocuparse en observar los hechos con que podían solamente resolverse los puntos en disputa y sobre todo contra la terrible desgracia que ha seguido siempre a la sanidad en España de que hayan tenido en todas épocas la más poderosa influencia en resolver las cuestiones administrativas pertenecientes a ella individuos desprovistos de los primeros rudimentos necesarios para entenderlas. Un ejemplo reciente muestra que no está cercano el remedio de este mal y que existe en nuestros legisladores poca disposición para disipar el caos de la sanidad, y preciso es para bien de la humanidad, para cumplir con un deber sagrado y para contrarrestar en fin el efecto de errores funestos que en nuestro periódico ocupen un lugar preferente los artículos de higiene pública española. Sacaremos por tanto a luz la historia tanto pública como secreta de nuestra sanidad, desde que principió a organizarse en España y sobre todo tendremos sumo cuidado en hacer observaciones sobre las medidas que tome el gobierno acerca de una materia que será también a menudo objeto de las tareas del Instituto.

Otro asunto hay perteneciente también a higiene pública y aun a la sanidad, al cual pueden aplicarse algunas de las anteriores observaciones y en especial la de que por su estado de desorganización merece una atención muy especial de cantos profesan la ciencia. En los actuales tiempos ningún periódico médico, no solo entre nosotros, sino también entre los extranjeros, puede dejar de ocuparse más o menos en la discusión de los asuntos relativos a organización médica, pues apenas hay nación alguna en Europa, donde durante los últimos años no haya mostrado nuestra profesión grandes deseos de mejoras que han producido vehementes discusiones acerca de los puntos disputables sobre el mejor modo de organizar la enseñanza y ejercicio de la ciencia. Hay sin embargo entre nosotros otra razón muy poderosa para que formen una parte principal de los periódicos de ciencias médicas los artículos sobre su enseñanza y ejercicio; pues al propio tiempo que puede asegurarse sin temeridad que no existe actualmente cosa que merezca el nombre de organización, puede también afirmarse la existencia de un número no pequeño de causas que influyen poderosamente en que resulten inútiles cuantos esfuerzos se hagan para conseguir un arreglo, cual requiere el estado de la enseñanza y la suerte poco lisonjera de sus profesores. Se hallan de consiguiente estos en la precisión no solo de emplearse en discutir los puntos dudosos de organización, sino aún más especialmente en procurar remover aquellas causas, formando la opinión acerca de la necesidad absoluta y urgente de un arreglo, y nada puede contribuir tanto a este resultado como la exposición continua de los males que produce el estado de incertidumbre y desorden en que nos hallamos. Hechos notables y diarios prueban estos males con mayor fuerza que podrían hacerlo los más estudiados razonamientos y la colección de estos hechos que se irá poco a poco formando en nuestro periódico, aun cuando producirá acaso desaliento en los espíritus apocados, para quienes la constancia en medio de una oposición poderosa y continuada es un trabajo penoso, no dejará de infundir la indignación de la justicia desatendida que hace no desesperar jamás a los espíritus tenaces y hay gran número de estos entre los profesores de las ciencias médicas. El periódico del Instituto será el eco fiel de los sentimientos de una corporación cuyas tareas se emplearán especialmente en dirigir los esfuerzos de los profesores médicos españoles para lograr que se les haga al menos justicia, y sería hacer un agravio a cuantos ejercen profesión tan verdaderamente liberal el tener la menor duda de que contribuirán a tomar parte en un empeño de cuyo bueno o mal éxito depende que salgan de su situación actual o que continúen indefinidamente en ella.

Casi es inútil anunciar que se incluirán en el periódico las actas de las sesiones del Instituto y de las academias y sociedades médicas y de ciencias naturales, cuando puedan ofrecer algún interés; que se publicarán en él juicios más o menos extensos de las obras importantes que se den a luz sobre medicina, cirugía, farmacia y ciencias auxiliares y que contendrá noticias biográficas destinadas a honrar la memoria de profesores españoles, dando a conocer los servicios y trabajos con que se hayan distinguido.

Por último, en una de sus secciones que llevará el título de variedades, se insertarán artículos sobre todos los asuntos interesantes a la profesión que no pertenezcan a las secciones anteriores. Entre estos asuntos ocuparán un lugar distinguido los relativos a la sociedad médica de socorros, sobre cuya organización, progresos y reforma se publicarán algunas consideraciones escritas con todo el cuidado que exige cuanto es relativo a esta creación que por consentimiento universal es la honra y prez de nuestra clase. También se procurará que contenga esta sección datos estadísticos médicos que el Instituto se esforzará en recoger directamente o por medio de los profesores ilustrados que cuenta como corresponsales en las provincias, pues notándose diariamente la falta de estos datos para la resolución acertada de las cuestiones más importantes, ya sobre medidas administrativas generales, o ya sobre las que más inmediatamente pertenecen a la organización de la enseñanza y ejercicio de la ciencia, en nada podrá emplearse tan útilmente el celo de estos corresponsales como en la redacción de trabajos que puedan producir los mayores beneficios al país y honrar sobremanera a cuantos los desempeñen con acierto.

Habiendo sido preciso para conseguir los objetos arriba expuestos, cambiar el modo de publicación del periódico, saldrá desde el próximo mes de setiembre una vez todos los meses, constando el número mensual de siete pliegos de la misma impresión que el Semanario; y no conviniéndole ya este nombre, se ha adoptado el de Anales del instituto médico de emulación que demuestra a un tiempo mismo el objeto principal a que ha de dirigirse el periódico y la corporación, cuya historia contendrá prácticamente. Los Anales formarán cada año dos tomos que podrán encuadernarse por separado, con cuyo objeto se dará para cada uno la respectiva portada y un índice extenso de las materias que contenga el tomo, publicándose además cada año la lista de los socios que compongan el Instituto en todas sus clases.

Con el fin por una parte de aprovechar los pliegos de que han de constar los Anales en materias de un interés permanente y de que puedan los suscritores consultar con facilidad las noticias y anuncios que tan interesantes les serán en un gran número de casos, se publicará también mensualmente un pliego de impresión con el título de Boletín de Anales del Instituto médico de emulación, que contendrá los anuncios de la sociedad de socorros, los de partidos vacantes, los de libros que se publiquen en España y en el extranjero sobre las ciencias médicas o auxiliares a la medicina y en fin todos los de cualquier clase que puedan ser de algún interés a los profesores. En este boletín se publicarán también las exposiciones de la comisión central de la sociedad de socorros, aumentando los pliegos en el mes que se publique, y los comunicados que no sean de un interés general y permanente. El Boletín tendrá paginación, portada e índice separados para que pueda ser encuadernado por sí, formando una colección interesante de noticias fáciles de consultar en todo caso, que serán frecuentemente ilustradas con observaciones de la redacción o de sus colaboradores.

El método adoptado en la publicación de los Anales permitirá también dar a luz algunos escritos inéditos interesantes sobre las materias de que ha de tratarse en ellos. Es difícil de creer cuántas producciones de mérito relativas a esta clase yacen sumidas entre el polvo de nuestros archivos o en poder de curiosos, y uno de los mayores servicios que puede hacerse a la profesión es sacarlos de la oscuridad, tanto para la honra de sus autores como para que sirvan de documento del estado de las ciencias en España cuando se escribieron.

Grande es sin duda el empeño que contrae el Instituto con la profesión al anunciar los objetos y espíritu de su periódico; pero cuenta para no faltar a él con el celo y actividad del gran número de socios de todas clases que le componen, y con el amor a la ciencia y lustre en la profesión de cuantos ejercen sus diversos ramos. Cree imposible que haya uno solo entre ellos que deje al menos de dar su más cordial aprobación a las miras del Instituto y espera que muchos tomarán parte en la prosperidad de una empresa, cuyo primero y principal objeto es el interés de la profesión en general, según se expresa el lema adoptado y de cuyo buen éxito depende el que se cree el espíritu desinteresado de clase que tantos bienes produce cuando está bien dirigido, y a cuya falta se puede atribuir en gran parte nuestro mal estado.

El Instituto cuenta como colaboradores de los Anales, a todos sus socios, entre cuyos nombres los hay muy conocidos, y admitirá con reconocimiento cuantas comunicaciones le dirijan individuos que no pertenezcan a su seno ya con el solo objeto de que se publiquen, o ya con el de que se discutan en sus secciones antes de su publicación: lo único que se exigirá en los comunicados, es que ofrezcan interés y estén escritos con decoro y dignidad, y ninguno será rechazado solo por las opiniones que sostenga, pues en las materias de que ha de tratar el periódico, la libre discusión es la primera de las condiciones para que se ilustren. La sola inserción de los comunicados en los Anales, no probará de consiguiente que admite ni rechaza el Instituto las opiniones emitidas en ellos y lo mismo se deberá entender de los demás artículos que contengan, cuando no se exprese en ellos de alguna manera que son un resultado de las discusiones de la corporación. De este modo la discusión de tantos puntos opinables como hay entre los que tienen relación con las materias de que ha de tratar el periódico recibirá toda la ilustración necesaria para que de ella resulte la dilucidación posible en el estado actual de nuestros conocimientos.

Por último, habiéndose ya principiado a recibir las memorias para el premio que ofreció la academia médica de emulación y que adjudicará ahora el nuevo cuerpo, se insertarán a su tiempo ya enteras o ya en extracto, si sus autores conviniesen en ello, o al menos se hará mención de cuantas se presenten con el juicio que haya formado el Instituto.

El precio de suscripción de los Anales y de su Boletín será por ahora el mismo del Semanario; 5 rs. por mes y 12 por trimestre en Madrid y 16 por trimestre franco de porte en las provincias.

Puntos de suscrición.

Se suscribe en Madrid a 12 rs. por trimestre y 5 al mes en el local del Instituto, Carrera de S. Gerónimo, núm. 10, cuarto principal; en la botica de D. Francisco Villegas, calle Mayor, portales de Manguiteros, y en las librerías de Denné Hidalgo y compañía, calle de la Montera y de la Sra. de Poupart y compañía, calle del Arenal. En las provincias se suscribe a 16 rs. por trimestre en los puntos siguientes:

Alicante, Sr., Champurcín, librero. Albacete, D Nicolás Herrero Padrón, id. Alcoy, D. Francisco Cabrera, id. Algeciras, D. Ambrosio Grimaldi, del comercio. Alfaro, D. José González, administrador de correos. Almería…. Almadén, D. Manuel Canuto Romero, administrador de correos. Aranda, D. Mateo Miguel, id. Astorga, D. José Alonso Sobejano, propietario. Ávila, D. Fausto Aguado, librero. Badajoz, Sra. viuda de Carrillo, librería. Barbastro…. Baeza, D. Manuel Alhambra y Jareño, id. Barcelona…. Betanzos…. Benavente, D. Antero Zamora y Bayo, administrador de correos. Bilbao…. Bribiesca, D. José Campos, administrador de correos. Burgos, D. Timoteo Arnaiz, id. Cáceres, D. Juan María Herrera, id. Cádiz, Sres. Hortal y compañía, librero. Ciudad-Real, D. Domingo González, id. Ciudad-Rodrigo, D. Miguel Salomé, administrador de correos. Coruña…. Córdoba, D. Bernardo López de la Torre, id. Cuenca…. Denia…. Ferrol, D. Nicasio Tajonera, id. Gerona…. Gijón, D. Benito Antonio de Laviña. Guadalajara…. Granada, D. Manuel Sanz, librero. Gran Canaria, D. Benito Canales Sigler, farmacéutico. Haro…. Huesca…. Jaén, D. Juan Juaret, del comercio. Jerez…. La Calzada, D. Justo Alday, administrador de correos. León, D. Pedro Juan de Lopetedi, impresor. Lérida…. Logroño…. Lucena, D. José de la Torre, del comercio. Lugo, D. Manuel Pujol y Macia, librero. Málaga, D. Antonio Fernández Quincoces, id. Manzanares…. Medina del Campo. D. Juan Herrero Balayos, id. Medinaceli, D. Sebastián del Molino, id. Mondoñedo, D. Francisco Delgado, en loterías. Murcia, D. Felipe Benedito Martin, librero. Orense, D. Manuel Gómez Novoa, id. Oviedo, D. Nicolás García Longoria, id. Palencia, D. Gervasio Santos, id. Palma…. Pamplona, D. Manuel Ripa. Pontevedra, D. Nicolás Longoria, librero. Reus, D. Alejandro García, profesor de educación. Ronda, D. José María Ordoñez, de correos. Salamanca…. San Sebastián, don Ignacio Ramon Baroja. Santander, D. Clemente María Riesgo, librero. Santiago…. Segovia, D. Pedro Alejandrino Aguado. Sevilla, D. José Hidalgo y compañía, librero. Soria, D. Eduardo Torres, farmacéutico. Sigüenza, D. José Molinero, farmacéutico. Toledo, D. Blas Hernández, librero. Toro, D. Tomas Rodríguez Mena, correos. Tudela, Sra. viuda de Pérez, librería. Tuy…. Úbeda, D. Antonio María de Riera, id. Valencia, D. Juan Bautista Jimeno, librero. Valladolid, D. Mariano Rodríguez, id. Vergara, D. Luis Sánchez Toca, profesor de farmacia. Vitoria, D. Rufino Serrano, librero. Vigo…. Zamora, D. Manuel Linage, librero. Zaragoza, D. Joaquín Yagüe, id.

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De este modo podrán efectuarlo los suscritores que se hallen en los pueblos cuyos puntos de suscrición van señalados con puntos suspensivos, ínterin la redacción arregla con los comisionados respectivos los asuntos que con ellos tiene pendientes.

Los profesores que dejen de percibir algún número deberán entenderse directamente con esta redacción para reclamarle, franqueando el porte de la correspondencia.