Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Capítulo III
El pensamiento filosófico de la época del feudalismo
(Su desarrollo hasta la formación de las relaciones capitalistas)
El régimen feudal no se estableció en los distintos países simultáneamente, sino en diversos períodos históricos. Así, por ejemplo, en China, según muchos historiadores, esto aconteció aproximadamente en los siglos III-II a. n. e.; en la India, en los primeros siglos de la era actual; en Transcaucasia y Asia Central, en los siglos IV-VI; en los países de Europa Occidental, en los siglos V-VI, y, finalmente, en Rusia, en el siglo IX de nuestra era.
Sin embargo, en todos los países, independientemente de las formas de la sociedad y de la época de su aparición, la base de las relaciones feudales de producción era la propiedad del señor feudal sobre la tierra y sobre otros medios de producción y su propiedad incompleta sobre el productor, el campesino dependiente o siervo de la gleba.
Una peculiaridad importante de la economía feudal en los países de Oriente (China, India, algunos países del Oriente Árabe, del Asia Central, &c.) consistía en la propiedad del Estado feudal sobre la tierra y el agua; propiedad que se combinaba con los restos que aún quedaban de la comunidad rural, sometida al poder del señor feudal (despotismo oriental). Con esto se relaciona en gran parte el hecho de que durante largo tiempo subsistieran las supervivencias del régimen esclavista, sobre todo bajo la forma de la esclavitud doméstica.
El nacimiento y desarrollo de esta nueva formación económico-social, es decir, del feudalismo, constituía una avance histórico-universal y era prueba de que la vieja formación esclavista, agotadas ya sus fuerzas, se desintegraba. Esta tesis general es válida asimismo tanto para los países de Oriente como para los de Occidente.
A lo largo de su trayectoria histórica, la sociedad feudal pasó por diferentes fases. En las primeras (siglos V-VIII en Europa Occidental y IX-XVI en Rusia) las relaciones feudales imperaban totalmente en la economía de la sociedad. Desde los siglos XIV y XV aproximadamente, en Occidente, y a partir del siglo XVII en Rusia comenzó a desarrollarse con relativa rapidez la economía monetario-comercial y, más tarde, nacieron las relaciones capitalistas en las entrañas del feudalismo, lo que marcó el comienzo de la desintegración de este régimen. [149]
En los países de Oriente, la economía feudal, que poseía rasgos bastante peculiares en comparación con la de Occidente, siguió subsistiendo hasta el siglo XIX aproximadamente, aunque en sus últimas fases conocía también un proceso de descomposición. En cuanto a las relaciones capitalistas, antes del siglo XIX no habían adquirido un desarrollo importante.
Tanto en Oriente como en Occidente, la lucha de clases entre los explotadores y los explotados constituía el contenido fundamental de la historia de la sociedad feudal. Junto a los campesinos dependientes y siervos de la gleba que luchaban contra los señores feudales, combatían también las masas trabajadoras urbanas (los artesanos, los pobres de la ciudad, &c.) contra los señores feudales y otras capas explotadoras (comerciantes, usureros, propietarios de grandes talleres artesanales, &c.). En los países de Europa Occidental, sobre todo, en las fases postreras del feudalismo, en que el régimen político y social de la sociedad feudal comenzaba a trabar el desarrollo del comercio y la industria, la burguesía incipiente empezó a luchar contra las fuerzas feudales dominantes; era frecuente que los movimientos antifeudales estuviesen encabezados por elementos burgueses. Al mismo tiempo, sobre la base de las contradicciones entre los diversos intereses económicos y políticos se produjeron choques entre las distintas capas sociales de la propia clase dominante (por ejemplo, entre los señores feudales seculares y los eclesiásticos, entre la aristocracia feudal y los pequeños terratenientes feudales, &c.).
Bajo el feudalismo, las múltiples manifestaciones de la lucha de clases y de los conflictos entre los diversos grupos sociales hallaron expresión en la ideología, y dentro de ella en las concepciones filosóficas vinculadas íntimamente en aquella época con el pensamiento político-social, por un lado, y con la religión, por otro.
“La oposición revolucionaria al feudalismo –escribía Engels– se manifiesta a lo largo de toda la Edad Media. Y de acuerdo con las circunstancias de la época aparece como misticismo, abierta herejía o sublevación armada.”1
La ideología dominante en la sociedad feudal era la de la clase de los señores feudales, en cuyas manos se concentraban los principales medios de producción, el poder político y las instituciones ideológicas de la sociedad.
La forma ideológica que prevalecía entonces era la religión. El clero formaba parte de la clase feudal. En muchos países, la Iglesia poseía la mayor parte de las tierras y otras riquezas. En virtud de su firme organización centralizada, basada en principios jerárquicos, era frecuente que el poder de la Iglesia fuese superior al de los Estados feudales seglares, agotados las más de las veces por el desmembramiento feudal y las guerras intestinas.
Al señalar las causas de que la concepción del mundo de las clases dominantes en la Europa medieval tuviera principalmente un carácter teológico, escribía Engels: “La Iglesia, con sus terratenientes feudales. constituía un nexo real entre los diversos países; la organización feudal de la Iglesia sancionaba con la religión el régimen político seglar de carácter [150] feudal. Además, el clero era entonces la única clase ilustrada. De donde derivaba, por supuesto, que el dogma de la Iglesia constituyese también el punto de partida y la base de todo pensamiento. Todo el contenido de estas ciencias: el derecho, las ciencias naturales y la filosofía, se ajustaba a la doctrina de la Iglesia.”2
El dominio de la ideología religiosa en la vida espiritual de la sociedad era tan absoluto que tanto las acciones contra el feudalismo como contra la Iglesia adoptaban, por regla general, una forma religiosa. Las masas trabajadoras, influidas por la religión, que desde hacía siglos era la forma de concepción del mundo tradicionalmente adoptada, no podían forjar por sí solas una concepción científica del universo, ya que se veían agobiadas por la opresión feudal, condenadas a trabajar de un modo extenuante para los señores feudales, desperdigadas y desorganizadas políticamente y privadas de cultura e instrucción. Los pensadores de las capas avanzadas de la sociedad feudal, que se oponían a la reacción feudal y clerical y que, en algunos casos, llegaban a sustentar ideas materialistas y ateas, no podían criticar abiertamente, en aquellas condiciones, las bases de la concepción religiosa del mundo, ni contar tampoco con que las más amplias masas populares respaldaran franca y conscientemente sus ideas materialistas y ateas. Por esta razón, la oposición revolucionaria al feudalismo y a la Iglesia oficial, que se puso de manifiesto a lo largo de toda la Edad Media, se revestía frecuentemente de un ropaje religioso, bien fuese tratando de limitar el alcance de la religión para dejar paso al conocimiento científico (teísmo, doctrina de las dos verdades, &c.), bien imprimiendo nuevas formas (herejías, reformas, &c.) a la concepción religiosa del mundo, de modo que reflejara, en mayor o menor medida, los sentimientos, los intereses y las necesidades de las fuerzas progresivas, antifeudales, de la sociedad (campesinos, artesanos, comerciantes, &c.). Las capas burguesas incipientes estaban interesadas en el progreso científico y en el debilitamiento de la dictadura espiritual «de la Iglesia que sancionaba el dominio de los señores feudales, si bien es cierto que dichas capas no chocaban todavía abiertamente con el clero dominante.
Tales son algunos rasgos generales de la vida ideológica de la época feudal. Sin embargo, en virtud de que el feudalismo abarca un período histórico inmenso y a causa de que el régimen feudal fue formándose de un modo peculiar conforme a las diversas condiciones de lugar y de tiempo, el desenvolvimiento ideológico y cultural de los pueblos durante la época feudal ofrece, tanto en Occidente como en Oriente, importantes rasgos específicos. Así, por ejemplo, en los primeros tiempos del feudalismo, los pueblos de Oriente habían alcanzado un progreso material y espiritual bastante superior al de los pueblos de Occidente.
El dominio de la ideología religiosa y la preponderancia de la Iglesia en la vida espiritual de la sociedad no significaba de ninguna manera que la sociedad feudal representase un retroceso total en el desenvolvimiento cultural de la humanidad. Sería un burdo error, señalaba Engels, ver los [151] siglos medios como una mera interrupción del curso de la historia, provocada por milenios de barbarie.
“Pues no se trata en absoluto de rechazar pura y simplemente todo el contenido ideológico de dos milenios, sino de criticar, de desprender de su envoltura pasajera los resultados obtenidos en el seno de una forma idealista falsa, pero inevitable para su tiempo y para la marcha misma de su desarrollo.”3
En la época del feudalismo, la cultura antigua, esclavista, fue desplazada gradualmente por otra nueva, más adelantada: la cultura feudal. Los pueblos orientales, y más tarde los de Occidente, avanzaron considerablemente en el campo de la ciencia, de la técnica, del arte y de la cultura en su conjunto, aprovechando para ello las conquistas de las civilizaciones del antiguo Oriente.
Son absolutamente falsas las afirmaciones de los reaccionarios historiadores burgueses –“europeocentristas”– en el sentido de que la cultura material y espiritual de los pueblos orientales permaneció “estancada” e inmutable en la época feudal. Continuando las valiosas tradiciones culturales del antiguo Oriente, los pueblos orientales enriquecieron, en dicha época, con grandes adquisiciones, el tesoro de la cultura universal. Importante avance en el desenvolvimiento artístico de la humanidad representaron las grandes creaciones de los poetas y escritores de Oriente, como, por ejemplo, el poema indio Ramayana, de Tulsi Das; el poema de Firdusi Shah-Name, el poema del pensador y poeta armenio Rustaveli, El caballero de la piel de tigre, las obras del poeta azerbaidjano Nizami, del poeta uzbeko Navoi y de otros.
Ya en las condiciones del feudalismo temprano, sobre todo en los países orientales —China, India, países árabes y Asia Central—, el pensamiento científico avanzó sucesivamente, sobre todo en el campo de las ciencias naturales.
En la época feudal, el desarrollo y perfeccionamiento de la agricultura de regadío y de la artesanía, así como el incremento de las relaciones comerciales, se hallaban ligados íntimamente a la adquisición y aplicación de los conocimientos científicos astronómicos, geográficos, técnicos, matemáticos, &c. Los chinos inventaron el papel, la porcelana, la brújula, la pólvora y la imprenta y, asimismo, realizaron otros descubrimientos científicos que se convirtieron en patrimonio de todos los pueblos. En la época feudal, ya eran bien conocidos en la India la elaboración térmica del hierro, a la vez que su empleo y el del acero en la fabricación de armas y en otras ramas de la producción. Los sabios indios llevaron a cabo importantes investigaciones astronómicas, descubrieron el sistema de numeración decimal, las reglas para la extracción de raíces cuadradas y cúbicas, para sumar en columnas, para establecer una progresión geométrica, para formar una tabla de senos, &c.
Asimilando el legado de las civilizaciones más antiguas (civilizaciones china, india, griega y romana), los pueblos del Califato Árabe crearon en la Edad Media (siglos VII-XIII) una rica y variada cultura. Los árabes inventaron el reloj mecánico y el reloj de agua, el papel de algodón y de lino; descubrieron métodos para la obtención del ácido sulfúrico y del [152] ácido nítrico, fundaron observatorios astronómicos, compusieron un catálogo de estrellas, describieron geográficamente casi todos los países del mundo conocidos hasta entonces, &c.
Junto con los filósofos y hombres de ciencia árabes, Al-Kindí, Ibn Rochd (Averroes) e Ibn Jaldún, también enriquecieron en esta época el pensamiento científico y filosófico de la humanidad el matemático y astrónomo de Asia Central, Jorezmi, los filósofos y hombres de ciencia iranotadjikos Omar Hayyam, Ibn-Sina (Avicena) y otros.
En los países de Europa Occidental, donde después de la caída del Imperio Romano y bajo el dominio absoluto de la Iglesia se había producido durante varios siglos cierta decadencia de la ciencia y la cultura, los avances del pensamiento científico se iniciaron poco después que en los países de Oriente. A partir de los siglos XII y XIII aproximadamente, y como resultado del desarrollo de la producción mercantil, del perfeccionamiento de la artesanía, de la ampliación del comercio y del crecimiento de las ciudades, se elevó el interés por la ciencia, se difundieron los conocimientos, entre ellos los heredados del mundo antiguo, de los países árabes y de otros países orientales, y, por último, despertó y se desarrolló el pensamiento científico. Con sus traducciones de las fuentes clásicas de la Antigüedad y con sus propias obras, los sabios medievales dieron a conocer a la sociedad europea las conquistas de la cultura antigua y de la cultura de Oriente. Aunque la Iglesia Católica Romana, a la sazón dominante, y la preponderancia de la escolástica en la filosofía medieval obstaculizaban el conocimiento experimental de la naturaleza, a partir de los siglos XII y XIII aparecieron en los países europeos diversos inventos técnicos y fueron acumulándose conocimientos científico-naturales. Se perfeccionó y comenzó a ser utilizada en la navegación la aguja magnética o brújula, fueron inventados el reloj y los anteojos, la fabricación del papel, &c.
A despecho de la escolástica, que apoyaba y propagaba las doctrinas teológicas anticientíficas en el campo de las ciencias naturales (por ejemplo, la teoría geocéntrica de Ptolomeo, que concebía la Tierra como el centro inmóvil del universo, rodeado por ocho “esferas de planetas y estrellas”), las ideas científicas avanzadas (como el heliocentrismo, propuesto ya en el siglo III a. n. e. por Aristarco de Samos) contaban también con partidarios en plena Edad Media (entre ellos, Nicolás Oresmes en el siglo XIV y, posteriormente, Nicolás de Cusa en el XV).
Sin embargo, en la época feudal, tanto en Europa Occidental y Oriental como en Oriente, el progreso científico se veía contenido y trabado por la amplia difusión de las supersticiones religiosas, de la astrología, de la alquimia y de otras “teorías” seudocientíficas, que concebían el mundo saturado de fuerzas incognoscibles y sobrenaturales, de “trasmutaciones maravillosas”, &c.
Al pensamiento filosófico progresivo de esta época se le planteaba la tarea de combatir semejantes doctrinas teológicas y místicas, que frenaban el progreso de la ciencia.
Para que el conocimiento científico, engendrado por las necesidades crecientes de la producción y por las relaciones cada vez más estrechas entre los diferentes países, pudiera encontrar un cauce más amplio para su desarrollo, se requería que los brotes de saber científico se liberaran de [153] la concepción religiosa-escolástica del mundo, propia de la Edad Media. Ello exigía que renacieran y se desarrollaran ulteriormente las tradiciones de la filosofía materialista, vinculada íntimamente con las ciencias naturales, y que se crearan una filosofía y un método de pensamiento, basados, por oposición a la escolástica, en el conocimiento experimental de la naturaleza. Aunque en la época feudal no se daban aún las condiciones necesarias para resolver plenamente esta tarea, sin embargo, la tendencia materialista comenzó a abrirse paso en la filosofía y la ciencia.
Bajo el feudalismo se plantearon también nuevas tareas al pensamiento político-social y a la sociología. Los pensadores avanzados, que expresaban los intereses de las fuerzas antifeudales de la sociedad, se oponían a la arbitrariedad feudal, al estancamiento económico y cultural, y luchaban por la desaparición del aislamiento feudal y en favor del establecimiento de estrechas relaciones entre todas las regiones de cada país en particular y entre los diversos países. Mientras que los ideólogos y jefes políticos de la aristocracia feudal dominante trataban de justificar, desde un punto de vista teórico, el carácter “natural y eterno” del orden feudal, presentándolo como un orden “instituido por Dios” y envolviéndolo con un “velo de santidad”, la lucha de las fuerzas sociales progresivas contra la opresión feudal planteaba al pensamiento social la necesidad de esclarecer el origen terreno de todas las formas de la vida política y social.
En el seno de la misma clase feudal no existía ni podía existir plena unanimidad en cuanto a los problemas políticos y sociales. Los representantes del sector de los señores feudales que se oponía al desmembramiento estatal propio del feudalismo luchaban contra la opresión extranjera y contra las pretensiones de dominio de los señores feudales eclesiásticos y se dirigían al pensamiento social para que éste fundamentara teóricamente las ideas progresivas y contribuyera al afianzamiento de un Estado secular único, centralizado e independiente de otros Estados.
Gran importancia adquirieron en esta época los problemas éticos. En los primeros siglos de existencia del régimen feudal, las concepciones morales progresivas de los antiguos, imbuidas de fe en el hombre y en las fuerzas humanas e impregnadas del anhelo de disfrutar racionalmente de los bienes mundanos, dejaron paso a la prédica de la sombría y pesimista moral religiosa que afirmaba el carácter pecador del hombre, su incapacidad para descifrar los secretos de la naturaleza, la existencia de recompensas celestiales, &c. Pero, más tarde, a medida que crecía la producción material y se elevaban la lucha política y el nivel cultural de la sociedad, surgieron las ideas humanistas; nuevamente el hombre, con sus intereses, goces y dolores terrenos, pasó a ocupar el centro de la ética. La determinación de las relaciones entre el individuo y la sociedad, entre el hombre y las fuerzas que rigen el mundo, así como entre la moral y la religión, halló expresión en las doctrinas filosóficas, sociales y políticas de la época.
En las teorías filosóficas de la época feudal ocupaba un lugar importante el problema de las relaciones de la filosofía con la religión, la llamada “filosofía de la religión”. La mayoría de los filósofos de la clase feudal, aferrados a las posiciones del idealismo, subordinaban abiertamente la filosofía a la teología; en cambio, los pensadores avanzados pugnaban, de modo directo o indirecto, por independizar a la filosofía de la [154] religión, limitando el objeto de la primera al estudio de las leyes del ser y del conocimiento y excluyendo las cuestiones teológicas del “quehacer” filosófico.
Uno de los rasgos característicos de la filosofía de la época feudal consiste en que las ideas de las corrientes dominantes, oficiales y, en su mayor parte, reaccionarias, se exponían principalmente en tratados filosófico-teológicos especiales, mientras que las ideas filosóficas avanzadas sólo en raras ocasiones podían exponerse en obras propiamente filosóficas, por lo cual hay que buscarlas con frecuencia en los trabajos del pensamiento político-social progresivo, en las creaciones literarias, en las doctrinas heréticas, &c. En algunos casos, las ideas filosóficas avanzadas aparecían también en las obras de los filósofos, hombres de ciencia y escritores idealistas, opuestos a las concepciones teológicas y religioso-dogmáticas a la sazón imperantes.
Bajo el feudalismo, en las doctrinas filosóficas y sociológicas de los pueblos orientales (de China, India, Japón, países del Califato Árabe, Asia Central y Transcaucasia), así como de los pueblos de Europa Occidental y de Rusia se reflejaron las condiciones históricas y específicas y las peculiaridades de la trayectoria de desarrollo político-social de esos pueblos; pero en esas doctrinas se dieron también los rasgos generales y característicos de toda la filosofía de la época feudal.
De acuerdo con los períodos históricos en que el régimen feudal domina plenamente (hasta la formación de las relaciones capitalistas en las sociedades feudales), en el presente capítulo expondremos la historia del pensamiento filosófico dentro de los siguientes límites: en los países de Oriente hasta los siglos XII-XVIII, en los países de Europa Occidental hasta el XIII y en Rusia hasta el siglo XVI inclusive.
{1} F. Engels, La guerra de los campesinos en Alemania, trad rusa, pág. 34. Moscú, 1953.
{2} F. Engels, El socialismo jurídico, C. Marx y E. Engels, Obras completas, trad. rusa, t. XVI, pág. 295.
{3} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, trad. rusa, pág. 157. Moscú. 1957.