Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Capítulo IV
La filosofía en los países de Europa occidental y central durante el periodo de formación del capitalismo (Siglos XV-XVI)
Atendiendo al renacimiento de la cultura antigua que se opera en los siglos XV y XVI, suele llamarse en Europa Occidental “época del Renacimiento” al período constituido por esos siglos. El legado cultural de la Antigüedad sirvió de base para la formación de la primitiva cultura burguesa. Por su esencia económico-social, este período en Europa Occidental es de transición del feudalismo al capitalismo.
Al periodo de formación de las relaciones capitalistas pertenecen una serie de descubrimientos geográficos y de inventos técnicos que aceleraron el desarrollo económico de los países europeos. En ese tiempo aparecieron motores de agua y viento bastante perfeccionados, tornos de hilar, telares de pedal, se perfeccionó la construcción de barcos y la construcción en general y surgieron los altos hornos. A partir del siglo XIV se extendió la producción de armas de fuego y en la década del 40 del siglo XV tuvo lugar la invención de la imprenta.
En 1492, Colón llegó a las costas de América; seis años después, los portugueses contornearon África y descubrieron la ruta marítima de la India.
A comienzos del siglo XVI se realizó el primer viaje alrededor del mundo. Todo esto se hizo posible gracias al empleo de la brújula, a los perfeccionamientos alcanzados en la construcción de barcos y en la navegación, así como al desarrollo de la geografía y la astronomía.
“El descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de las Indias y de China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido, y aceleraron, con ello, el desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en des: composición.”
La antigua organización feudal o gremial de la industria ya no podía satisfacer la demanda, que crecía con la apertura de nuevos mercados.”1 [261]
Se desarrolló el proceso de acumulación originaria del capital, proceso que comprendía la separación violenta de los productores directos –los trabajadores– de los medios de producción, la expulsión de los campesinos de sus tierras y la confiscación de ellas, la conquista y el saqueo de las colonias, la implantación del sistema de las deudas públicas, de los derechos protectores, &c.
En estas condiciones se inició la formación de la gran producción industrial capitalista bajo la forma de la manufactura. Á la par con esto nacieron las relaciones capitalistas de producción en la agricultura.
El régimen capitalista se gestó en las entrañas mismas del feudalismo.
El progreso de la industria y la ampliación del mercado interior contribuyeron al fortalecimiento de los Estados nacionales que se habían creado. “El poder real, apoyándose en los habitantes de las ciudades, quebrantó el poderío de la nobleza feudal y estableció grandes monarquías, basadas esencialmente en el principio nacional, en cuyo seno se desarrollaron las naciones europeas modernas y la moderna sociedad burguesa.”2
La burguesía incipiente, débil aún desde un punto de vista económico y político, no podía establecer en aquel tiempo su propio poder. Sus capas más altas respaldaban al Estado centralizado, absolutista, que sirviendo sus propios intereses fomentaba el comercio y la industria.
Durante los siglos XV-XVI se agudizó la lucha de clases en el seno de la sociedad feudal. Las masas arruinadas de campesinos y artesanos se alzaron espontáneamente contra la aristocracia feudal dominante. En Francia, después de toda una ola de movimientos populares en el siglo XIV (sublevación campesina de la Jacquerie en 1358, levantamiento de los artesanos de París en 1382), a principios del siglo XV estalló la insurrección de los artesanos y pequeños comerciantes de París, encabezada por Caboche, contra la opresión feudal. En los siglos XV-XVI, los movimientos populares se desencadenaron en Francia con redoblada fuerza. En Inglaterra, después del levantamiento campesino de 1381 dirigido por Wat Tyler, estalló una sublevación campesina en 1450, acaudillada por Jack Cade. En 1525 se desencadenó en Alemania una verdadera guerra campesina contra los señores feudales. Por toda Europa se extendió una ola de movimientos antifeudales de campesinos y artesanos. Estos movimientos populares antifeudales, encaminados a liberar a los campesinos y a los artesanos de las limitaciones y exacciones feudales, iban acompañados frecuentemente de acciones antifeudales por parte de la incipiente burguesía, interesada en la abolición de los privilegios de casta y de las barreras feudales que frenaban el progreso de la industria y del comercio. En los movimientos antifeudales se daban dos corrientes que con frecuencia se entrelazaban entre sí: a) movimiento de las masas populares de campesinos y artesanos, y b) movimiento de la burguesía.
Los movimientos sociales antifeudales de esta época en Europa Occidental estaban dirigidos inevitablemente también contra la Iglesia Católica Romana, que rodeaba al régimen feudal de una aureola divina; contra [262] los “príncipes de la Iglesia”, que formaban parte de la clase de los señores feudales.
Muchos movimientos antifeudales de los siglos XV-XVI (por ejemplo, las guerras campesinas del siglo XVI en Alemania, el movimiento hussita en Bohemia, &c.) se caracterizaban, en general, porque estando dirigidos contra la religión y la Iglesia dominantes se realizaban bajo una bandera religiosa (la Reforma, el calvinismo, &c.). Esta particularidad de los movimientos antifeudales imprimió su huella en toda la lucha ideológica de aquel tiempo y, por tanto, en el desarrollo de la filosofía. La forma religiosa adoptada por los movimientos antifeudales se explica, en gran parte, en virtud de que la burguesía en ascenso no sustentaba siempre ni en todo el materialismo filosófico, pese a que éste se hallaba vinculado íntimamente con las ciencias naturales, en cuyo desarrollo estaba interesada vitalmente. La concepción del mundo de la burguesía que luchaba contra la opresión feudal y contra el dominio de la Iglesia Católica revestía bien la forma de filosofía materialista, bien la forma de doctrinas religiosas peculiares, opuestas a la religión oficial.
En medio de su lucha contra la ideología feudal, imbuida de un espíritu religioso-escolástico, la burguesía desarrolló su propia ideología y creó una nueva cultura, una cultura profana. En sus primeros tiempos, pugnaba por liberar al pensamiento humano del dominio del catolicismo, a despejar el camino de la ciencia y la instrucción, y a minar la supremacía del orden feudal. En la época del Renacimiento, los rayos luminosos de la filosofía materialista y del ateísmo se abrieron paso a través de la niebla del idealismo y de la religión.
El incremento de las fuerzas productivas exigía apremiantemente el progreso correspondiente de la ciencia, sobre todo de las ciencias naturales. Las viejas concepciones filosófico-naturales y, con mayor razón aún, las sutilezas y fantasías escolásticas ya no satisfacían las crecientes necesidades sociales y frenaban el progreso económico y cultural de la sociedad. La atención de los sabios se concentraba cada vez más en los problemas de la navegación y la hidrotecnia, la astronomía, la mecánica y la matemática, la organización estatal y la circulación monetaria. Paulatinamente, sobre la base de la experiencia práctica de la producción material y de su generalización teórica, comenzaron a desarrollarse y a perfeccionarse las diferentes ramas de la ciencia. De la antigua ciencia única e indivisa se desprendieren diversas ciencias particulares: la astronomía, la mecánica, la matemática y, más tarde, la física, la química, la biología y otras ciencias naturales. Los descubrimientos de Copérnico y de otros sabios significaron una verdadera revolución en las ciencias naturales y ampliaron considerablemente el horizonte intelectual de la humanidad.
Al desarrollarse las ciencias naturales, cambió también, en gran medida, el objeto de la filosofía, el círculo de los problemas que estudiaba. A la filosofía se le planteó la tarea de forjar un nuevo método de conocimiento, basado en la experiencia, en la investigación empírica de la naturaleza que, al mismo tiempo, tomara en cuenta los progresos de las matemáticas. Surgió la necesidad de someter a crítica la escolástica y la teología medievales, hostiles a la ciencia, que frenaban el desarrollo de la vida social. Con este fin, los pensadores avanzados del Renacimiento se consagraron a la tarea de elaborar la teoría materialista del conocimiento. [263]
A raíz de los impetuosos cambios operados en la vida social se plantearon también nuevas e importantes tareas en el campo de la sociología. Los pensadores renacentistas avanzados no se contentaban ya con el providencialismo medieval, conforme al cual la sociedad sigue las vías prefijadas por Dios. Al rechazar esta doctrina reaccionaria, congruente con la' ideología religiosa, dichos pensadores trataban de fundamentar la necesidad de instaurar un nuevo régimen social, de satisfacer las necesidades efectivas y terrenas de los hombres.
El pensamiento filosófico avanzado del Renacimiento, vuelto hacia el legado cultural del mundo antiguo, se enriqueció con las mejores conquistas filosóficas de la Antigüedad. Renacido así el materialismo, transformado al calor de los progresos de la ciencia y apoyándose en ellos, entró en aguda lucha con la concepción teológica del mundo y llegó a conclusiones ateas. Pero, al mismo tiempo, el carácter del desarrollo de las ciencias naturales de la época en virtud del cual se desenvolvía principalmente la mecánica determinó, en fin de cuentas, que apareciera el método metafísico en las ciencias de la naturaleza, método que posteriormente, en el siglo XVII, fue trasplantado a la filosofía.
Así, pues, las tareas fundamentales que se planteaban a la filosofía del Renacimiento consistían en luchar contra la dictadura espiritual del Papado, poner al desnudo las doctrinas religiosas de la eternidad y santidad del orden feudal, criticar la teología y la escolástica, impulsar el materialismo filosófico, especialmente la teoría del conocimiento, fundamentar filosóficamente el ateísmo, fortalecer los nexos de la filosofía y las ciencias naturales y, por último* sentar las bases del método experimental, empírico, de conocimiento de la naturaleza. La solución de estas tareas correspondió a toda una pléyade de audaces y sagaces filósofos y hombres de ciencia de la época del Renacimiento.
“Las ciencias naturales modernas –las únicas de las que puede hablarse como ciencia frente a las geniales intuiciones de los griegos y a las esporádicas e inconexas investigaciones de los árabes– comienzan con esta época grandiosa en que la burguesía destruyó la dominación del feudalismo; en que sobre el trasfondo de la lucha entre los habitantes de las ciudades y la nobleza feudal aparecieron los campesinos rebeldes, y, detrás de ellos, los precursores revolucionarios del proletariado moderno, ya con la bandera roja en las manos y el comunismo en los labios; comienza asimismo con esta época que creó las grandes monarquías en Europa, destruyó la dictadura espiritual del Papa, resucitó la Antigüedad griega y que, al mismo tiempo, dio origen al desarrollo artístico más elevado de los tiempos modernos, hizo estallar los límites del viejo mundo y, hablando propiamente, descubrió la Tierra por primera vez.”
”Fue la revolución más grande que el mundo había conocido hasta entonces. Y el estudio científico de la naturaleza que se desarrolló en la atmósfera de esta revolución era revolucionario hasta la médula y marchaba de la mano de la filosofía moderna que despertaba con los grandes italianos, ofreciendo sus mártires a las hogueras y a las prisiones. Es característico que los protestantes y los católicos rivalizaran en su persecución. Los primeros quemaron a Servet y los segundos a Giordano Bruno. Fue una época que necesitaba gigantes y que producía gigantes; gigantes de la erudición, del espíritu y del carácter. Era la época que los franceses llaman [264] justamente el Renacimiento, y la Europa protestante, de un modo unilateral y limitado, la Reforma.”3
Engels señala la “serena libertad de pensamiento” de los pensadores avanzados de este tiempo que “desbrozó el camino al materialismo del siglo XVIII”4
{1} C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, C. Marx y Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad. española, t. I, págs. 23-24. Moscú, 1951.
{2} F. Engels, Introducción a la “Dialéctica de la naturaleza”. C. Marx y F, Engels, Obras escogidas, trad. española, t. 1, pág. 53.
{3} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, trad. rusa, pág. 152.
{4} F. Engels, Introducción a la “Dialéctica de la naturaleza”. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad. española, t. II, pág. 54.