Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo VI: 2

2. Pueblos de Yugoslavia.

En el siglo XIX, los servios, croatas, eslovenos, montenegrinos, macedonios y demás pueblos yugoslavos que habitaban la parte central y noroccidental de la Península de los Balcanes no constituían aún una unidad en el terreno político. Los pueblos de Yugoslavia, derivados de un mismo tronco étnico, afines por sus lenguas y culturas, mantuvieron una larga lucha por su libertad e independencia. Su lucha heroica contra los opresores extranjeros –la Turquía militarista y feudal en el Este y el Imperio austriaco en el Oeste–, que no cesa en el transcurso de los siglos, es un factor que contribuye a agrupar y consolidar a las nacionalidades yugoslavas.

Los pueblos de Yugoslavia continúan y amplían en el siglo XIX sus valiosas tradiciones históricas y culturales, producto de una evolución secular, con sus obras de artesanía, su literatura, su arte y su arquitectura, que nacen en los siglos XII a XIV y progresan en las centurias siguientes. Sabemos, por ejemplo, que treinta y siete años después de la invención de la imprenta por Gutenberg los pueblos yugoslavos imprimían ya sus libros. La primera imprenta fue fundada en Montenegro a fines del siglo XV.

La obra del famoso hombre de ciencia y filósofo yugoslavo R. I. Boskovich y la de investigadores como Frane Petric y Gospodnetic tuvo gran significación para la ciencia mundial y se dejó sentir en el desarrollo de las ciencias naturales.

Las relaciones capitalistas, que en el siglo XVIII comienzan a formarse en el seno del sistema feudal en descomposición, proporcionan un vigoroso impulso al movimiento de liberación nacional de los pueblos yugoslavos. [377] En el período de ascenso nacional y cultural que los eslavos del Sur conocen a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX –la llamada época de la Ilustración– crece y se robustece la conciencia de la profunda comunidad histórica que une a esos pueblos. A ello contribuyen también y no poco los éxitos de su movimiento de liberación nacional, terreno en que se desenvuelve la labor de tan eminentes figuras de la Ilustración como Dosifei Obradovic y Vuk Stefánovic Karadzic en Servia, Matija Antun Reljkovic y Ljudewit Gaj en Eslavonia y Croacia, Valentín Vodnik y Franc Presern en Eslovenia, Pedro II Negos en Montenegro y otros muchos.

Las guerras de liberación nacional de los servios (1804-1813 y 1815), que Marx y Engels califican de revolución, dan lugar a la formación del principado servio. Esto asestaba el primer golpe sensible al régimen de asimilación que los turcos habían establecido en los Balcanes. Como consecuencia de la guerra ruso-turca de 1877-1878 y con el apoyo de Rusia, Servia y Montenegro alcanzan su completa independencia nacional.

Otra era la situación de Bosnia, Herzegovina, Voievódina, Croacia, Eslavonia, Dalmacia, Eslovenia y Macedonia, donde el poderoso movimiento en pro de la independencia no es capaz de abocar en la liberación de sus pueblos del yugo extranjero. El movimiento político-social y cultural que con el nombre de “ilirismo” se desenvuelve en Croacia en el segundo cuarto del siglo XIX acaba en 1848 por fracasar, puesto que la nobleza aburguesada que lo acaudillaba, a consecuencia del espíritu conservador de su programa social y político, no tuvo el apoyo de las grandes masas del pueblo. También fue reprimida la heroica lucha de los servios de Voievódina en los años 1848 y 1849. La insurrección de Bosnia y Herzegovina (1875-1878) acabó con un cambio de opresores: los señores feudales turcos fueron reemplazados por los capitalistas austriacos. A pesar de estas derrotas, crecía y se desarrollaba el movimiento de liberación nacional de los pueblos yugoslavos que se encontraban bajo la férula de Austria y Turquía.

A pesar de no existir entre ellos una unidad política y de sus grandes diferencias en cuanto a la vida económica y política en la primera mitad y a mediados del siglo XIX, un factor común a todos los pueblos yugoslavos es que en su desarrollo económico-social se encontraban en la fase de transición del feudalismo al capitalismo. La desintegración de las relaciones feudales y la gestación del modo capitalista de producción va acompañada en todos los pueblos de Yugoslavia de un incremento de la lucha contra los opresores extranjeros y contra los señores de su propio país.

El desenvolvimiento económico-social de los pueblos de Yugoslavia y la lucha de liberación condicionan el carácter y el nivel de desarrollo del pensamiento político-social y filosófico, que durante la primera mitad del siglo XIX gira en torno al problema de la abolición del feudalismo y del progreso de las relaciones capitalistas.

En el período de formación de las naciones yugoslavas, la progresiva idea de la liberación y de la unificación de los pueblos hermanos adquiere un poderoso estímulo.

En el curso de la lucha por la emancipación nacional y social y por la unificación de los pueblos yugoslavos, a mediados del siglo XIX se forman dos grandes campos antagónicos: el monárquico y reaccionario y el [378] democrático, y la pugna entre ellos determina la compleja y multifacética vida política e ideológica que en ese tiempo presentan.

Su pensamiento político, social y filosófico progresivo se forja en una lucha sin cuartel contra la política reaccionaria y la ideología de los opresores extranjeros y de las altas capas feudales a ellos unidas. El dar solución a los problemas que el curso objetivo del devenir histórico planteaba a los pueblos yugoslavos en el siglo XIX, los ideólogos del campo democrático se apoyaban en la secular experiencia de la lucha de estos pueblos por su independencia y en las valiosas tradiciones de su cultura nacional. Los grandes movimientos revolucionarios de fines del siglo XVIII y primera mitad del XIX, con el poderoso impulso que representaban para el pensamiento social y para el enfrentamiento de teorías y sistemas, también ejercieron influencia sobre los ideólogos de la independencia de los pueblos de Yugoslavia. Movidos por el deseo de adoptar una teoría revolucionaria acertada, siguen de cerca cuanto en este sentido aparece en otros países.

Figuras eminentes de la época de la Ilustración en Servia, de fines del siglo XVIII y primera mitad del XIX, son Dosifei Obradovic (hacia 17421811) y Vuk Stefánovic Karadzic (1787-1864). La labor de estos patriotas tuvo la mayor importancia para la formación de una cultura nacional progresiva y de su pensamiento social no sólo por lo que hace al pueblo servio, sino también respecto de los demás pueblos de Yugoslavia.

Dosifei Obradovic era un pensador que con su obra preparó ideológicamente el movimiento de liberación nacional de los pueblos yugoslavos en el siglo XIX.

“Dosifei Obradovic, moralista y filósofo servio, es un filósofo popular en el sentido más estricto de la palabra; su filosofía es práctica, de una gran honestidad y de un admirable sentido común”,18escribía de él el conocido demócrata y paisano suyo Zivoni Zuióvic.

Las ideas ilustradas y racionalistas de Obradovic, expuestas en Consejos del sentido común y en otras obras, despertaban la conciencia nacional de los yugoslavos y les llamaban a luchar por su independencia.

“Servia, Bosnia y Herzegovina –indicaba Obradovic– se sacudirán con el tiempo el dominio de los turcos y serán libres; pero si el pueblo de estas comarcas no empieza a emanciparse de las supersticiones y no elimina de sí esa hostilidad religiosa que desde hace tanto tiempo lo desgarra, ellos mismos serán sus propios turcos y opresores.”19 D. Obradovic comprendió el sentido histórico de la insurrección servia iniciada en 1801 bajo la dirección de Kara-Georgi y se esforzó por propagar entre los rebeldes ideas contrarias al despotismo. También contribuyó personalmente a fundar en la Servia liberada la Gran Escuela (1808). En 1809 aparecía en el país el primer manual de Lógica.

En el plano teórico, Obradovic partía de la idea de que la razón humana dispone de posibilidades infinitas para el conocimiento de la verdad. “Si Dios nos dio la razón y la capacidad de hablar –escribía en su obra autobiográfica Vida y aventuras de Dimitri Obradovic, llamado Dosifei [379] en estado monástico– es para usarlas siempre, para pensar y razonar.”20 Según señala acertadamente Zuióvic, Obradovic era el escritor más popular de Servia. A mediados del siglo XIX sus obras habían alcanzado ya cuatro ediciones.

La labor ilustrada de D. Obradovic preparó el terreno para la reforma de la lengua, llevada a cabo por Vuk Karadzic. Este tomó como base del idioma literario servio el dialecto estokavo, elegido también por L. Gaj con el mismo fin para el idioma literario de los croatas. El servio-croata se convierte desde entonces en la lengua materna de la mayoría de los pueblos yugoslavos y es el principal instrumento para la aproximación cultural y política de esos pueblos, entonces dispersos y oprimidos.

En la primera mitad del siglo XIX, un papel progresivo en el desarrollo del pensamiento social y de la cultura de los pueblos yugoslavos desempeñan los mejores representantes de las capas democráticas de la burguesía en formación. Algunos de ellos, como, por ejemplo el poeta y filósofo servio Milan Kujungic, en un principio eran racionalistas, y en ciertos casos manifestaban ideas materialistas, aunque en líneas generales se atenían en filosofía al idealismo.

Entre los intelectuales de Servia, Eslovenia y otros pueblos yugoslavos tuvieron cierto predicamento las ideas de la filosofía clásica alemana, particularmente de Hegel; más tarde, a mediados de siglo, predomina entre ellos el positivismo filosófico, que se entrelazaba con las concepciones científico-naturales de la época.

Una gran aportación al progreso de la cultura nacional croata de fines del siglo XVIII y primera mitad del XIX significa la obra de Matías Antun Reljkovic (1732-1798), escritor procedente de las capas bajas del pueblo e ideólogo del movimiento ilírico, que trabajó mucho para la creación de la lengua literaria croata, de Ljudewit GajStanko Vraz (1810-1851) y Pedro Preradovic (1818-1872).

El problema nacional ocupaba un lugar importante en el movimiento político-social de Croacia. La derrota de la revolución de 1848 repercutió desfavorablemente en la evolución del pensamiento social avanzado. A mediados del siglo XIX se incrementó terriblemente la opresión que pesaba sobre el pueblo, y en estas condiciones la dirección del movimiento de liberación nacional pasa por largo tiempo a los liberales, que trataban de resolver el problema dentro del marco del Imperio austriaco. En el movimiento ilírico se habían gestado ideas democrático-revolucionarias y materialistas, que después del triunfo de la reacción fueron perseguidas con toda energía. No obstante, el pensamiento filosófico democrático y materialista conoce importantes avances en Croacia durante la segunda mitad del siglo XIX.

Entre las figuras que en la primera mitad del siglo x1x contribuyen más al progreso del pensamiento político-social y filosófico en Eslovenia sobresalen dos eximios poetas: Valentín Vodnik (1758-1819) y Franc Presern (1800-1849). El primero de ellos profundizó en el estudio del lenguaje popular. Muchas de sus canciones, en las que ensalzaba el valor y el patriotismo, se hicieron patrimonio del pueblo. En la obra de Vodnik se advierte la gran influencia de los ilustrados franceses. [380]

F. Presern, el gran poeta esloveno, critica en sus obras el absolutismo austriaco (Elegía a mis paisanos); en los Epigramas pone en la picota el oportunismo de los dirigentes burgueses. Por sus ideas filosóficas, Presern era discípulo de Hegel.

De los avances de la cultura montenegrina en el siglo X1X es un buen testimonio la obra del excelente poeta Pedro II Petrovic Negos (1813-1851).

Las ideas de Negos encuentran su mejor exponente en el poema La corona de la montaña (1818), obra en la que nos expone su concepción del mundo. A pesar del carácter abstracto de los monólogos, teñidos a veces de un matiz religioso, lo principal en el poema es el sentimiento de patriotismo. Su protagonista y héroe es el pueblo. Negos confía ciegamente en el triunfo del pueblo que lucha por su libertad. Toda la obra es un apasionado llamamiento a combatir el mal y la tiranía:

A la oveja el lobo presenta sus derechos
y el tirano a los débiles e inermes.
Pero el deber sacrosanto de los hombres
es poner el pie en el cuello del tirano
y hacer que reconozca sus derechos.21

El poema contiene ideas materialistas espontáneas y afirma la omnipotencia de la razón humana. Algunos fragmentos nos hablan de la lucha de las fuerzas contradictorias en el mundo:

Este mundo es tirano también para el tirano,
¡qué será para el alma noble!
El mundo se compone todo de discordias infernales:
en él el alma lucha siempre con el alma,
en él lucha el mar con las orillas,
en él el calor lucha siempre con el frío,
en él el viento lucha con el viento,
en él lucha la fiera salvaje con la fiera,
en él un pueblo lucha contra otro,
el hombre lucha con el hombre,
en él luchan siempre los días y las noches...22

El poema de Negos rebosa optimismo y fe en la capacidad de los hombres para salvar los obstáculos y contradicciones que en su camino les presenta el mundo.

En los años 50-60 del siglo XIX el pensamiento político-social y filosófico de los pueblos yugoslavos conoce un período de gran esplendor. Dentro del movimiento de liberación nacional comienza a dejarse sentir el peso de las amplias capas de trabajadores –campesinos, artesanos, clases urbanas modestas–, que se manifiestan contra el yugo extranjero y los señores feudales del país. A diferencia de los ideólogos del liberalismo, en cuyas concepciones se reflejaba la tendencia de las altas capas burguesas a aceptar el despotismo monárquico-feudal y a adaptarse al régimen establecido por los opresores extranjeros, los pensadores democráticos se convierten [381] en portavoces de los auténticos intereses y aspiraciones de las masas populares, que querían emanciparse del yugo nacional y social y la unidad de los eslavos del Sur. En filosofía y estética, los mejores pensadores democráticos se muestran de ordinario partidarios de las concepciones materialistas.

En sociología, los pensadores democráticos más consecuentes se esfuerzan por razonar la sujeción a leyes que se da en las hondas transformaciones; a veces hablan de la lucha de clases y de revolución y, aunque en general se atienen a una concepción idealista de la historia, comienzan a atribuir gran importancia al factor material, singularmente a las necesidades materiales de las gentes sencillas del pueblo.

Los pensadores avanzados de los pueblos de Yugoslavia estudian a mediados del siglo XIX la experiencia histórica del movimiento revolucionario internacional, toman las mejores ideas del pensamiento filosófico y político-social europeo y ruso y las adaptan con un espíritu creador a las condiciones concretas de sus países.

Lo mismo que los revolucionarios de Occidente y de Rusia, combaten las anticientíficas teorías reaccionarias de los eslavófilos y de los reformistas liberales en filosofía y sociología, que, tomadas del extranjero, hacían suyas los ideólogos conservadores de los países yugoslavos.

Uno de los mejores representantes del pensamiento democrático y materialista entre los pueblos de Yugoslavia es el economista y filósofo servio Zivoin Zuióvic (1838-1870). Zuióvic estudió primeramente teología en Kiev y San Petersburgo y más tarde, entre 1863 y 1866, cursó estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad petersburguesa.

Durante los siete años de su estancia en Rusia, Zuióvic mantuvo estrechas relaciones con personalidades de ideas progresivas y colaboró en Sovreménnik, Otéchestvennic zapiski y otras revistas avanzadas. En ellas vieron la luz El sur eslavo (Sovreménnik, 1863, núm. 6), La aldea servia (Sovreménnik, 1865, núm. 5) y otros trabajos suyos. “Nuestras simpatías se inclinan, naturalmente, hacia los principios democráticos y los demócratas de Rusia... La libertad civil y la justicia social es lo que deseamos para nosotros y para los rusos”,23 escribió en el artículo Nuestras relaciones con los rusos.

Más tarde estudió durante cierto tiempo filosofía y derecho en Munich y Zurich. En agosto de 1867 regresó a su patria, y es entonces, en Belgrado, cuando escribe sus principales obras.

Zuióvic es el primero que mantiene en Servia la idea de que la evolución de las relaciones político-sociales y económicas es un proceso sujeto a leyes; también afirma que el trabajo es la base de toda la vida social. La crítica que hace del sistema del trabajo asalariado bajo el capitalismo y de sus defensores –los economistas burgueses– es muy vigorosa, aunque no podía explicar científicamente la esencia del fenómeno. En el artículo La economía política como ciencia afirma que esta disciplina atravesaba una profunda crisis, al no poder dar respuesta a los nuevos problemas que la vida plantea. “Lo que actualmente se denomina ciencia de la economía política –escribe– no es sino un caos económico-político [382] que, en el mejor de los casos, puede servir de material para una verdadera ciencia de la economía política, pero que en sí no lo es.”24

Zuióvic defendía los intereses del pueblo trabajador. “Cosa extraña –dice–, todos pueden encontrar justicia, todos menos los obreros, es decir, aquellos sobre quienes, como la fabulosa tortuga, descansa la tierra entera.”25 Aspiraba Zuióvic a una transformación de la sociedad que hiciera desaparecer la explotación de los trabajadores y acabase con la división en amos y criados. El demócrata revolucionario Svetozar Markovic, paisano suyo, llamó a Zuióvic “el primer socialista entre los servios”.26

En filosofía Zuióvic era materialista. “De ordinario se entiende por naturaleza –escribía– todo lo que rodea al hombre, pero no depende de él.”27 Desde este punto de vista critica a Kujungic, quien en su trabajo sobre Dosifei Obradovic hace grandes concesiones al idealismo. Con su admisión de los fenómenos como “sensación de las sensaciones”, Kujungic se colocaba en la posición del idealismo objetivo. “Supongamos, por ejemplo, que el hombre no existe y que, por tanto, no existe «nuestra sensación» ni «nuestro conocimiento»; ¿existiría entonces el fenómeno?”28, pregunta Zuióvic. Sabemos además, agrega, que el género humano es de un origen relativamente reciente. Según Zuióvic, los razonamientos de Kujungic le emparejan con el idealismo subjetivo de Fichte. En realidad, sigue, los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad son consecuencia de causas generales e inmutables que no dependen del hombre, de unas causas que son eternas, como lo es el mundo todo. “Las leyes... existen al margen de nuestra voluntad, y sólo la conciencia de «que existen crea la ciencia.”29

Apoyándose en el materialismo filosófico, Zuióvic trata de dar una explicación científica al origen del hombre. Al mismo tiempo se muestra incansable en la exposición de los avances de las ciencias naturales, en especial de los trabajos de Darwin y de Séchenov. En un artículo sobre Buckle cita la obra de Séchenov Reflejos del cerebro.

Otro trabajo de Zuióvic, El historiador Buckle y los nuevos principios de la ciencia histórica, contiene una amplia crítica de una serie de caducas doctrinas sociológicas.

El materialista servio considera un grave error la conocida tesis hegeliana de que “todo lo real es racional y todo lo racional es real”, interpretada por los hegelianos de. derecha como la apología de todo lo existente.

La idea de que la evolución del hombre viene determinada por las condiciones exteriores es, según palabras de Zuióvic, la más revolucionaria de cuantas se han expuesto acerca de la historia y de las demás ciencias relativas al ser humano. El principio del libre albedrío, escribe, “es un tablero de ajedrez metafísico con el que juegan quienes no tienen otra cosa que hacer”.30

Zuióvic resalta el valor de la doctrina de Buckle en cuanto éste admite [383] la existencia de leyes naturales e histórico-sociales, sin que por eso deje de advertir en su obra algunos conceptos que él considera equivocados. Así, hace una severa crítica de la reaccionaria teoría de Malthus, en quien Buckle se apoya para confirmar sus propias afirmaciones. Ni una sola conclusión de esta teoría, señala el pensador servio, ha resistido “a la crítica de las estadísticas, y tanto más de los socialistas”.31 Zuióvic escribe refiriéndose a los trabajos de Buckle: “Pasará mucho tiempo antes de que la historia sea una ciencia exacta como lo son, por ejemplo, las matemáticas, la física o la química.”32

Nuestro autor afirma y repite que “el desarrollo de la sociedad es condición necesaria, sin la que no es posible ningún avance, ningún progreso de la persona humana”.33 Movido por el deseo de llevar la cultura a las grandes masas populares de Servia, Zuióvic dice que la ciencia no ha de seguir siendo patrimonio de los palacios, sino que ha de penetrar también en las cabañas, y llama a los literatos a divulgar entre el pueblo los conocimientos científicos y las ideas sociales avanzadas.

Las ideas democráticas y materialistas de Zuióvic son continuadas y ampliadas por el gran escritor, revolucionario demócrata y socialista Svetozar Markovic (1846-1875), ideólogo del movimiento de liberación nacional de Servia a mediados del siglo XIX.

Los investigadores yugoslavos de nuestro tiempo34 señalan las fuentes bajo la influencia de las cuales se formó su concepción del mundo.

El factor decisivo en este orden fueron las condiciones económico-sociales y políticas de la vida de los servios y demás pueblos yugoslavos en aquella época, así como la experiencia del movimiento de liberación nacional, que Markovic recoge. Todo esto encuentra expresión en Servia en el Este (1872), el principal de sus trabajos, en el que el autor hace el primer intento serio de explicar, como demócrata revolucionario que era, los profundos cambios operados en su país entre 1804 y 1872, y donde formula su programa de emancipación nacional y social y de unificación de los pueblos yugoslavos.

Otro factor importante que influyó sobre Markovic fue la influencia de los demócratas revolucionarios rusos: Chernishevski, Dobroliúbov y Písarev, entre otros representantes del pensamiento político-social y filosófico de Rusia. Así nos lo confirman su obra filosófica La verdadera orientación en la ciencia y en la vida y sus artículos sobre cuestiones estéticas. A la vez que la ideología democrática revolucionaria de los pensadores rusos, Markovic asimiló algunos de los puntos utópicos y erróneos de su doctrina, como es la idea de la transición al socialismo a través de la comunidad rural, salvando la fase capitalista de desarrollo.

En el último período de su vida, Markovic sintió el influjo del movimiento obrero revolucionario de Europa Occidental. Conoció algunos trabajos de Marx y Engels, que dejaron en él huella, como puede advertirse [384] en sus escritos sobre la lucha política y social en Europa y en su última obra importante, El socialismo y el problema social. Ahora bien, Markovic no llegó a ser marxista y hasta el fin de su vida fue un demócrata revolucionario.

Si bien es cierto que en sus controversias políticas y teóricas maneja los conocimientos adquiridos en el estudio de las doctrinas sociales y sistemas filosóficos de Rusia y del Oeste de Europa, Markovic es un pensador profundo y original, cuyas obras son fiel expresión del sentir de los pueblos yugoslavos. Paralelamente, era un defensor apasionado de la democracia internacional. Sus concepciones democrático-revolucionarias se forjan en la lucha activa por la emancipación de los pueblos del yugo social y de la opresión extranjera. “Quien no esté dispuesto a sacrificarse por cada :átomo de sus convicciones –escribía desde San Petersburgo–, que no se llame representante de los anhelos del pueblo.”35

Durante el tiempo que Markovic pasó en San Petersburgo (1866-1869) mantuvo contacto estrecho con los estudiantes que seguían a Chernishevski y Dobroliúbov. Tuvo ocasión de escuchar a Pisarev, de lo cual dejó constancia en varios artículos. Colaboraba en la prensa progresista rusa, y concretamente en la revista Nedelia (La Semana) y en aquel tiempo adoptó la divisa: “Ser para el pueblo servio lo que Chernishevski y Dobroliúbov han sido para el pueblo ruso.”36

En Suiza, a donde Markovic se trasladó en 1869, no rompió los vínculos con los revolucionarios rusos. Cuando en 1870 los seguidores de Chernishevski fundaron en Ginebra la Sección Rusa de la Primera Internacional, él se convirtió en “agente corresponsal” de la misma para Servia y colaborador de su órgano, la revista Naródnoe dielo (La Causa del Pueblo).

El periódico Rabotnik (El Trabajador), que él dirige en 1871 y 1872, manifiesta en repetidas ocasiones su simpatía por las ideas revolucionarias de los pensadores rusos, y singularmente de Chernishevski y Písarev. Rabotnik publicó un capítulo de la novela de Chernishevski ¿Qué hacer?, así como el artículo de Písarev Las abejas, que por cierto termina de manera muy distinta a como podemos leer en todas las ediciones rusas de aquel tiempo. Sabemos que, por imposición de la censura, el artículo de Pisarev acaba con el párrafo siguiente: “Pero los proletarios, inquietos al ver que las flores se marchitan, también empiezan a reunirse en grupos y a cambiar impresiones...”37 Pues bien, en el texto servio continúa: “Nos tomamos el atrevimiento de recordar cómo termina esto a quienes no lo saben todavía: en ese momento, las abejas obreras olvidan todas las normas de la urbanidad y de la subordinación social, reúnen todas sus fuerzas, ponen en juego todos sus aguijones, se lanzan al ataque contra los nobles zánganos, acaban con ellos y los arrojan de la colmena.”38 Esto nos dice una vez más que Markovic y sus correligionarios servios eran partidarios del método revolucionario para resolver los conflictos sociales y políticos ya maduros en el seno de la sociedad. [385]

Demócrata revolucionario y republicano convencido como era, Markovic denuncia el chovinismo gran servio de los conservadores, que se hallaban dispuestos a llegar a un acuerdo con el sultán, y señala la íntima relación que había entre la lucha por la liberación completa del pueblo servio, hasta expulsar a los opresores extranjeros, y la lucha dentro del país contra los tiranos propios.

Markovic pone de relieve la contradicción radical que existe entre los liberales burgueses y la democracia revolucionaria. “Unos quieren emancipar al pueblo mediante la iniciativa popular –escribe–, acuden al pueblo y actúan junto con él. Otros quieren emancipar al pueblo y dirigirlo; éstos buscan las dinastías y las carteras ministeriales. Vosotros necesitáis un partido para formar un gabinete ministerial –prosigue, dirigiéndose a los liberales– y nuestro puesto está en el taller del obrero y en la casa del campesino. Nada hay de común entre unos y otros.”39 En otro lugar dice a los liberales servios: “... Nosotros despreciamos vuestro «orden», vuestra «libertad», vuestra «moral», vuestro «patriotismo», vuestra «religión» y vuestra «cultura»... y os consideramos como «basura que nada tiene que ver con nuestra tierra».”40

La única vía posible para la conquista de la libertad y de la democracia es, según Markovic, la revolución. “El pueblo servio no tiene otra salida que la de la revolución en los Balcanes”,41 afirma en Servia en el Este.

Markovic sale al encuentro del ideólogo del liberalismo servio V. Iovanovic, que se esforzaba en difamar las doctrinas socialistas. En su artículo El socialismo o cl problema social refuta las invenciones de los liberales, quienes atribuyen a los socialistas propósitos de desencadenar revoluciones sangrientas, de implantar un régimen de tiranía y de alcanzar cruenta venganza sobre su enemigos. Refiriéndose a la experiencia histórica de la revolución francesa del siglo XVIII, que destruyó el viejo régimen social, el revolucionario demócrata servio pregunta: “¿Cómo es posible suprimir un régimen que ahoga la libertad y la igualdad y priva a la inmensa mayoría de los hombres de su existencia física, para no hablar ya de su progreso moral? ¿Acaso con ayunos, oraciones y acciones edificantes?”, y responde: “... La lucha no es un «principio» de los socialistas, es un medio necesario dondequiera que exista la tiranía y sea preciso derrocarla.”42

Markovic no llegó a elevarse hasta el socialismo científico. Consideraba que Servia podía eludir la fase capitalista de desarrollo y que, después del triunfo de la revolución popular, el país podría llegar al socialismo incluso sin proletariado, apoyándose en la familia patriarcal (zadruga) y en la comunidad rural. Lo mismo que Chernishevski –cuyas erróneas concepciones sobre la comunidad rural como base del socialismo compartía Markovic–, sobrevaloraba las posibilidades de la revolución campesina.

En su extensa obra Principios de economía nacional, Markovic hace grandes elogios de Marx y de las leyes del desarrollo social por él descubiertas. [386] Pero, objeta, esas leyes no se podían aplicar a Rusia ni a Servia; sólo eran valederas para los países capitalistas desarrollados del Occidente europeo, como Inglaterra, país en el que, según él, se había basado principalmente Marx para la creación de su teoría económica. Markovic, lo mismo que Chernishevski, llega a la equivocada conclusión de que en los países en que existe la comunidad rural “la sociedad puede transformar su economía, basada en la pequeña producción e implantar la más perfecta producción maquinizada sin necesidad de pasar obligatoriamente por el «purgatorio» del desarrollo capitalista”.43

Markovic no podía comprender que en las condiciones en que entonces se desenvolvía Servia, el movimiento de los campesinos “era una lucha no proletaria, sino de pequeños propietarios; esa lucha no iba dirigida contra los cimientos del capitalismo, sino que trataba de depurarlos de todos los restos de la servidumbre”.44

Al mismo tiempo, el socialismo utópico de Markovic se diferencia sustancialmente de la doctrina de otros utopistas, puesto que mantiene vínculos orgánicos con el programa de la democracia revolucionaria, que llevaba a las masas campesinas a la lucha contra los explotadores.

Markovic hallábase convencido de que la transición al socialismo era posible únicamente mediante la revolución llevada a cabo por el mismo pueblo.

En su severa crítica del sistema capitalista de Europa Occidental combate la limitación de la democracia burguesa y refuta la teoría de los “armonistas”, de Carey en Norteamérica y de Bastiat en Europa, que significaba la apología del sistema burgués. Sus artículos ponen de manifiesto la esencia antipopular de los regímenes capitalistas tan ensalzados por los liberales. Refiriéndose al parlamentarismo burgués de Inglaterra, escribe: “En esencia se trata de la victoria de dos estamentos (de la nobleza y de la burguesía) sobre las masas trabajadoras del pueblo; esos estamentos organizaron un poder fuerte sobre el pueblo que ha sido capaz de mantener hasta nuestros días el «orden» basado en la violencia. Quien lo desee puede admirar el «orden» inglés y su «legalidad»; nosotros no lo deseamos para nuestro pueblo.”45

Markovic hizo una defensa abierta de la Comuna de París. En sus artículos El fin de la Comuna de París, La Comuna y la Internacional y El terror blanco denuncia a los reaccionarios que cubrían de cieno a los comuneros.

La base teórica de las ideas revolucionarias de Markovic era una filosofía materialista. En 1870 definió netamente en la revista Molode serbstvo (Jóvenes Servios) su posición materialista. “Cuando se habla de estas orientaciones desde un punto de vista científico –escribe–, por materialismo se entiende la escuela filosófica que considera la materia eterna, sin que ni una sola partícula de ella pueda ser creada o destruida. Toda la vida de la naturaleza es un cambio de forma de la materia, un movimiento de sus partículas (fuerzas). El pensamiento se halla indisolublemente [387] ligado a la materia. La idea sólo puede surgir en la cabeza dotada de un determinado órgano material, que es el cerebro. Los idealistas, al contrario, estiman que el mundo ha sido creado según ideas (o un plan) anteriores a la materia e independientes de ella. Consideran que el mundo es sólo «reflejo de las ideas» y que la vida de la naturaleza no es sino una manifestación del «espíritu».”46

Markovic expuso sus ideas filosóficas en una serie de trabajos, particularmente en La verdadera orientación en la ciencia y en la vida (1871-1872). Por “verdadera orientación” entendía él las ideas de los filósofos materialistas. El se había marcado el ambicioso propósito de “divulgar los resultados de la ciencia”, pero la realidad es que va más allá, pues ofrece una síntesis de los principios de la filosofía materialista que, gracias a sus trabajos, se convierte en la base teórica de la democracia revolucionaria servia.

La primera parte de la obra, que lleva por título ¿Qué es el realismo?, es un examen de los problemas generales de la filosofía. Si nos atenemos a sus sistemas de ideas, escribe el autor al principio de su investigación, todos los hombres se dividen en dos campos: materialistas e idealistas. “A uno pertenecen quienes afirman que entre la naturaleza y el hombre hay unidad, es decir, que los elementos que componen toda la naturaleza material y el ser pensante –el hombre– son idénticos: materia y energía...”47

Markovic considera demostrado por la ciencia que la energía es inmortal, y también que la materia es eterna. Esta última es el portador de la energía, que es una propiedad de la materia. El eterno cambio de formas de la materia y la energía, su eterno movimiento en la naturaleza, es la vida de la naturaleza.

“Al otro lado se encuentran quienes dicen que la naturaleza está. gobernada por un “espíritu infinito” e invisible, por una fuerza superior «incomprensible» que creó «de la nada» «todo lo que se ve y lo que no se ve».”48 La primera orientación la define como verdadera y científica, y la segunda como no científica y teológica. Markovic pone de relieve en su obra la oposición entre estas dos orientaciones en cuanto al modo de concebir la naturaleza y la sociedad humana.

Markovic utiliza ejemplos de la secular lucha de la religión contra la ciencia para mostrar la pugna del materialismo y el idealismo como tendencias filosóficas. “En cuanto el hombre «osó» descubrir con su «débil» inteligencia los secretos de la divinidad, surgió la lucha entre la religión, «revelada» por Dios a los hombres, y la ciencia, es decir, el estudio libre, realizado por el hombre, de los fenómenos de la naturaleza y de las leyes según las cuales se producen esos fenómenos. Esa lucha, que continúa hasta hoy día, tiene su origen en la esencia misma de la religión y la ciencia, en la profunda e irreductible contradicción entre los principios básicos de que derivan ambas tendencias.”49 El estudio de las bases filosóficas de la religión y la ciencia, escribe Markovic, muestra que el resultado final de toda religión es la desigualdad entre los hombres, la falta [388] de derechos y de libertad. Y al contrario, el resultado final de la ciencia es el logro de condiciones en las que sean posibles la libertad y la igualdad de derechos. Refiriéndose a la civilización de los antiguos griegos y romanos, Markovic llega a la conclusión de que era limitada e inestable, cosa que ocurre en todos los sitios “en que la ciencia es materia de placer para una sola clase, y no patrimonio de todo el pueblo”.50

No hay fuerza alguna capaz de frenar el progreso de la humanidad, afirma Markovic. La inquisición, las cárceles, las hogueras y demás bárbaros recursos de que se ha valido la Iglesia en su lucha contra la ciencia prueban únicamente que era incapaz de defender sus principios. Y aunque esa lucha se prolonga hasta nuestros días, no es difícil prever en qué parará todo esto: el triunfo, cada vez más, se inclina hacia el lado de la ciencia.

La propaganda de la ciencia materialista avanzada ocupa un lugar importante en la actividad de Markovic. La ciencia, afirma, es una fuerza únicamente cuando ayuda al pueblo en su progreso. La ciencia por la ciencia es “una consigna de filisteos”. Critica duramente la “neutralidad” y el “apoliticismo” de los investigadores y manifiesta que cualquier tratadista moderno, sea cual sea la rama de la ciencia que le ocupe, pertenece a uno u otro partido; su obra tiene siempre determinado matiz.

Como materialista y ateo convencido que era, Markovic mantiene una lucha sin cuartel contra toda manifestación de oscurantismo. La fe religiosa la define como “período infantil del pensamiento humano”; todas las ciencias teológicas y metafísicas son “combinaciones con ceros”.

Entre la ciencia y la religión, subrayaba, no hay término medio, y por eso es imposible la conciliación entre ellas. Allí donde la verdad ha sido demostrada, donde hay conocimiento, no hay lugar para la religión.

Markovic señala el desafortunado intento de explicar la naturaleza del pensamiento humano por parte de los sensualistas, aunque les reconoce el mérito de haber sido los primeros en haber tratado de aplicar los principios de la ciencia al estudio de los fenómenos sociales. '“Hasta entonces esto se había considerado derecho exclusivo de la teología y de su hermana menor, la metafísica.”51

“Toda vida –añade en su exposición del materialismo– no es sino una modificación de la materia. El hombre nace y muere; la materia no nace ni muere, es inmortal.”52

Estimaba Markovic que los trabajos de los naturalistas, de Darwin y de Séchenov, daban pie para considerar que el pensamiento, complejísimo proceso del sistema nervioso del hombre, es un derivado del movimiento de la materia, lo mismo que cualquiera otra actividad del cuerpo humano. “La causa inicial de cualquier pensamiento –escribía– es la impresión exterior que recibimos por intermedio de los órganos de los sentidos. De ahí se desprende claramente que el hombre no tiene ideas «innatas» de ninguna clase.”53

Por lo tanto, concluye Markovic, la naturaleza no necesita de ningún “creador” ni de nadie que la “cuide” fuera de ella misma. Por mucho [389] que digan para justificarse los enemigos de la ciencia, contra la experiencia no hay apelación posible.

Markovic demuestra que el mundo objetivo es cognoscible, que el conocimiento humano es veraz y real, sin que para él existan límites, puesto que el desarrollo de la ciencia es ilimitado. Una garantía de que nuestros conocimientos no son producto de la imaginación y de que responden a hechos con existencia real en el mundo es la circunstancia de que podemos predecir los fenómenos cuando conocemos las leyes que los rigen.

Markovic no pudo superar hasta el fin la estrechez y limitación del materialismo antropológico, del que era adepto; a veces recogía en sus obras afirmaciones de los naturalistas próximas al materialismo vulgar. Mas sus concepciones filosóficas se encontraban lejos de la metafísica y descansaban en la idea del desarrollo, del modo dialéctico de estudiar el mundo. Siguiendo la doctrina fisiológica materialista de Séchenov, da una explicación, acertada en líneas generales, del proceso del pensamiento, sin reducirlo a la secreción fisiológica de un líquido.

El carácter dialéctico de la doctrina de Markovic se pone de relieve con especial claridad en una de sus últimas obras, El socialismo o el problema social, que es también la más importante de cuantas salieron de su pluma.

La filosofía de Markovic ostentaba un carácter eficaz y veiase proyectada sobre la lucha social activa.

Su estudio La verdadera orientación en la ciencia y en la vida termina con las siguientes palabras: “... Hemos mostrado la vía por la que el hombre puede alcanzar aquí, en la tierra, parte por lo menos de sus aspiraciones divinas. Quienes desconocen los vínculos del hombre con la tierra, lo hacen descender del cielo y preparan la ascensión al cielo, en la mayoría de los casos viven aquí, en la tierra, esclavos y sumidos en el fango.”54

Después de defender en la primera parte de La verdadera orientación en la ciencia y en la vida su concepción materialista sobre el desenvolvimiento de la naturaleza, pasa en la segunda a aplicar los principios materialistas a la evolución de la sociedad humana. La necesidad de formular los principios fundamentales de la nueva ciencia sobre la sociedad viene impuesta, según él, por la circunstancia de que “lo mismo que en el siglo XVIII, en vísperas de la revolución francesa, ahora, en vísperas de la revolución política y social, se desarrolla una encarnizada lucha en el seno de la ciencia”.55

Las concepciones sociológicas de Markovic se hallan también expuestas en Servia en el Este y en El socialismo o el problema social.

Las ideas socialistas de este pensador se desarrollan en el marco histórico del movimiento de liberación nacional y de la lucha de clases de los pueblos de Yugoslavia. Simultáneamente estaban al servicio de toda la humanidad trabajadora por su emancipación.

¿Cómo transformar la sociedad? Markovic dice a este respecto: “La organización social presente, tan injusta, surgió, en todo caso, como resultado del desarrollo natural del género humano. Y cualesquiera que sean [390] los inconvenientes que dentro de ella sufren los hombres, es indudable la existencia de ciertas fuerzas internas que mantienen este régimen familiar, económico y político a pesar de todos los sufrimientos que de él se derivan para la generalidad. Finalmente, esa misma «fuerza política» que parece como algo totalmente externo ha de disponer también de ciertas fuerzas materiales, mediante las cuales se sostiene y que se hallan comprendidas en los intereses materiales de las distintas clases, en los hábitos e ideas de los hombres, etc. ¿Cómo, pues, acabar con esta situación y abocar a otra nueva? ¿Cómo transformar la sociedad? En todo caso, el hombre no dispone de otros recursos que no sean el empleo de ciertas fuerzas naturales existentes en la misma sociedad y, mediante el influjo de unas fuerzas naturales sobre otras, lograr ciertos resultados. Mas para ello es necesario conocer la sociedad, su organización interna y las fuerzas que actúan en ella; también hay que saber qué sociedad es la que el hombre necesita y cómo es posible crearla. Se comprende que la sociedad no se puede coser a la medida, como si fuera una bota, pero el socialista ha de saber cómo se puede crear la mejor sociedad posible partiendo de un material conocido de antemano, por ejemplo, del pueblo inglés, o del francés, o del servio. Para todo ello imagino yo que hacen falta conocimientos, y conocimientos amplios y profundos. Es, pues, necesaria la ciencia, ¡y qué ciencia! Unicamente es posible adquirirla parte por el estudio teórico de las ciencias sociales y parte por el análisis y el estudio de la vida del propio pueblo. Mas para ponerse en condiciones de advertir y comprender ciertos hechos de la vida del pueblo se requiere una buena preparación teórica previa. Las calamidades, la tiranía y otras circunstancias que pesan sobre el pueblo pueden ocasionar una explosión en la sociedad, explosión que únicamente traerá transformaciones en la vida del pueblo en la medida en que éste se halle dirigido por hombres que sepan cómo crear el nuevo régimen; de otra manera, todo volvería al estado de cosas de antes. De aquí que las revoluciones sociales conduzcan sólo a cambios parciales. Esto es una ley de la transformación social, y ni los socialistas pueden hacer nada contra ella. Por lo tanto, los socialistas, o, en general, quienes quieran tomar la iniciativa (y sin ello es imposible transformar la sociedad), han de tener grandes conocimientos. Se comprende que no se requiere un conocimiento especial de física, química o mecánica, si no es para aplicarlo a los fines propios y específicos de estas ciencias; mas por lo que se refiere a las ciencias sociales, cuanto más profundos sean los conocimientos, tanto mejor. Y ello, ciertamente, no para enseñarlas a los hombres, sino para actuar de acuerdo con ellas...56

Todas las obras de Svetozar Markovic se hallan presididas por la idea de que el motor del progreso histórico son las masas populares, de que el pueblo es el creador de la historia. Esta idea es el punto de que parte siempre: tanto si se trata del desarrollo de las formas de propiedad y de los conceptos jurídicos acerca de la misma, de la sociedad y el Estado, del derecho y la ley, de la moral y la familia en La verdadera orientación en la ciencia y en la vida, o de la evolución de la sociedad servia y del Estado en el siglo XIX, en Servia en el Este, como de la democracia burguesa y la democracia social, de los sistemas sociales, del Estado y la revolución [391] social, de la civilización, etc., en El socialismo o el problema social y en otras obras.

Las obras de Markovic contienen acertadas tesis materialistas sobre el desarrollo de la sociedad humana que lo colocan muy por encima de los sociólogos burgueses de su tiempo. Los fenómenos sociales, sostenía, son algo vivo y mutable: sin cesar evolucionan hacia la perfección. “Nuestra vida material –escribe– es la base de nuestro ser, y sin esta base material ninguna de nuestras relaciones existirían en absoluto. Por esto las relaciones económicas, que aseguran la existencia material, son las más importantes.”57

Markovic distinguía con bastante precisión los grados del desarrollo social por que atravesó la sociedad humana y comprendía la importancia de las clases y de la lucha de clases. Combatió a los apologistas de la burguesía, arrancó la máscara' al Estado burgués, basado en la explotación, y criticó la “teoría” bakuninista de la revolución social, que calificaba de anarquía proudhoniana vuelta del revés.

En sociología era contrario al punto de vista del “exclusivismo” del proceso histórico de Servia. Afirma, por ejemplo, que “la historia de un pueblo en una determinada época puede servir de modelo para la historia de la humanidad entera o, en esencia, de expresión de las leyes económicas que rigen los intereses materiales de los hombres”.58

Pero la concepción que Markovic tiene de las leyes del desarrollo social aplicadas a la vida de su país en aquel tiempo es idealista en bastantes aspectos; ello toma cuerpo, por ejemplo, en la excesiva importancia que da a la conciencia social, incluida la filosofía, en el proceso histórico, y también en la sobrevaloración del papel de los intelectuales. Markovic estimaba que el progreso de la sociedad depende en gran parte del desarrollo intelectual del pueblo.

En la obra de Markovic ocupan un lugar importante los problemas de estética. Poesía y pensamiento, El realismo en poesía, El pueblo y los escritores y otros trabajos críticos suyos infundieron un viraje a la literatura servia de su tiempo y dieron comienzo en ella al realismo crítico. Su autor asesta en estos artículos un vigoroso golpe a la poesía carente de ideas, a la orientación antipopular en el arte. Dice así en Poesía y pensamiento, criticando los principios metafísicos burgueses: “Los estetas que afirman, siguiendo su propio deseo, a priori, que el hombre posee al nacer ciertas ideas absolutas, que Dios sabe de dónde viniwron a aposentarse en su alma, sostienen que la idea de lo absolutamente bello es propia del hombre, cualquiera que sea la forma en que se manifieste. Partiendo de tan falsa premisa, tratan de demostrar que todas las artes derivan de la tendencia humana a dar vida a ese hermoso ideal, del deseo de completar a la naturaleza. ¡Desgraciados! Imagínanse que completan a la naturaleza cuando toda su obra no es sino una miserable imitación de esa misma naturaleza.”59

Markovic tenía un bajo concepto de las teorías metafísicas o idealistas sobre lo bello, consideradas desde un punto de vista científico. En [392] cambio, manifestaba su admiración por la estética materialista de Chernishevski y recomendaba el estudio de Relaciones estéticas entre el arte y la realidad, de este último.

La literatura servia, afirma, resaltando la función social del arte, ha de representar “sólo aquello que efectivamente es útil a la sociedad. La vida del pueblo es lo que da contenido y realidad a la poesía”.

Markovic fue víctima de las iras de las autoridades servias y austriacas, siendo detenido en numerosas ocasiones y sufriendo condenas; las persecuciones, las privaciones y las enfermedades lo llevaron prematuramente a la tumba.

En Markovic tenemos al fundador del movimiento democrático revolucionario entre los pueblos de Yugoslavia y a un apasionado propagandista de las ideas del socialismo. Sus trabajos contribuyeron a educar a toda una generación de pensadores y revolucionarios progresistas de Yugoslavia.

La mayoría de los pensadores progresistas de los pueblos de Yugoslavia en esa época examinan los problemas filosóficos en su vinculación intima con el desarrollo de la vida social y de la lucha por la independencia. No eran filósofos “puros”.

La propaganda de las concepciones materialistas fue siempre una parte importante e inseparable de la labor teórica y político-social de los pensadores revolucionarios yugoslavos en la segunda mitad del siglo XIX. Ello era debido a las necesidades del movimiento de liberación, a los avances del cual se oponían las ideas reaccionarias y liberales en política y sociología. Por eso, los mejores pensadores de los pueblos yugoslavos habían de concentrarse principalmente en las leyes del desarrollo de la sociedad humana, en la sociología. Lo principal en su labor teórica, en unos momentos en que democracia y socialismo utópico aparecían fundidos, era la propaganda de las ideas socialistas, aunque en la vida social de todos los pueblos de Yugoslavia, sin exceptuar a ninguno, no habían madurado aún las condiciones objetivas para las transformaciones socialistas. Aun reconociendo los errores de otros socialistas utópicos, ellos mismos en sus propias obras, al tratar de aplicar sus ideas socialistas a las condiciones concretas de los pueblos de Yugoslavia, en virtud de esas condiciones históricas objetivas, no llegaban a rebasar el marco del socialismo utópico.

Los demócratas revolucionarios yugoslavos trataban de encontrar respuesta a los problemas que planteaba la propia vida en el estudio de la experiencia de los pensadores europeos occidentales y rusos y del movimiento revolucionario propio y de otros países.

En la persona de Vasa Pelagic (1838-1899), de cuyas ideas filosóficas nos ocuparemos en el tomo III de la presente obra, tenemos a un excelente seguidor y continuador de la obra de Markovic.

A mediados del siglo XIX los avances del pensamiento político-social y filosófico en Croacia encuentran reflejo en la obra del escritor progresista e investigador materialista Bogoslav Sulek (1816-1895). Si bien era de origen eslovaco, toda su vida consciente y su actividad se hallan vinculadas a Croacia. Sulek era un excelente hombre de ciencia, de conocimientos enciclopédicos, que en el pasado siglo dejó huella sensible en la vida cultura] y política del pueblo croata.

Hacia 1840 se incorporó activamente al movimiento de Iliria. La revolución [393] de 1848-1849 en Croacia ejerció sobre él gran influencia, convirtiéndose en uno de los dirigentes de la tendencia democrática radical del ilirismo. Sin abandonar su labor publicística, y pese a las trabas de las autoridades austriacas, Sulek no deja de actuar como propagandista del materialismo en filosofía y en las ciencias naturales. Desde 1866, su actividad científica va unida a la Academia Yugoslava de Ciencias y Artes, inaugurada aquel año en Zagreb y de la cual era miembro. Sus concepciones filosóficas serán examinadas en el tomo III de nuestra HISTORIA.

Las mejores tradiciones de los pensadores revolucionarios de la pasada centuria fueron continuadas en las nuevas condiciones históricas, sobre una base nueva, marxista, en-la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, por los socialdemócratas, y más tarde por los comunistas, que se pusieron a la cabeza de los pueblos de Yugoslavia en su heroica lucha hasta conseguir la emancipación definitiva del yugo nacional y social.




{18} Zivoni Zuióvic, Recensión del libro “Historia de las literaturas eslavas” de A. N. Pinin y V. D. Spasóvich. En S. Peterbúrgskie védomosti, 1865, núm. 145.

{19} Ibídem.

{20} Zivoni Zuióvic, Recensión del libro “Historia de las literaturas eslavas” de. A. N. Pinin y V. D. Spasóvich. En S. Peterbúrgskie védomosti, 1865, núm. 145.

{21} Pedro Negos, La corona de la montaña, Moscú, 1955, pág. 51.

{22} Ibídem, pág. 133.

{23} Z. Zuióvic, Nuestras relaciones con los rusos. En el periódico Servia, 1868, número 43 (en servio).

{24} Z. Zuióvic, Obras, parte I, Belgrado, 1892, pág. 89 (en servio).

{25} Ibídem.

{26} S. Markovic, Obras escogidas, Moscú, 1956, pág. 853.

{27} Z. Zuióvic, Obras, parte I, pág. 106.

{28} Ibídem, pág. 137.

{29} Ibídem, pág. 136.

{30} Ibídem, pág. 126.

{31} Z. Zuióvic, Obras, parte I, pág. 126.

{32} Ibídem, pág. 116.

{33} Ibídem, pág. 72.

{34} Dusan Nedelkovich, Svefozar Markovic como pensudor revolucionario y las tres fuentes y tres partes integrantes de su concepción del mundo. En Revista de la Academia de Ciencias de Servia, t. III, parte 2, Belgrado, 1951, págs. 200-207 (en servio).

{35} S. Markovic, Obras escogidas, pág. 48.

{36} Cita del libro de I. Sjerlic, Svetozar Markovic, su vida, su obra y sus ideas, Belgrado, 1922. pág. 27 (en servio).

{37} D. I. Písarev, Obras, en cuatro tomos, t. II, Moscú, 1955, pág. 119.

{38} Las abejas. Conversación con un liberal. "Pequeña biblioteca", 1877, pág. 41 (en servio)

{39} Cita del libro de I. Skerlich, Svetozar Markovic, su vida, su obra y sus ideas, página 42.

{40} S. Markovic, Obras escogidas, págs. 283 y 284.

{41} Ibídem, pág. 428.

{42} Ibídem, pág. 690.

{43} S. Markovic, Principios de economía nacional, o ciencia del bienestar del pueblo (según N. G. Chernishevski), Belgrado, 1874, pág. 27 (en servio).

{44} V. I. Lenin, El grupo campesino o “del trabajo” en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. En Obras completas, 4ª ed. rusa, t. X, pág. 379.

{45} S. Markovic, Obras escogidas, pág. 669.

{46} S. Markovic, Obras escogidas, pág. 180.

{47} Ibídem, pág. 429.

{48} Ibídem.

{49} Ibídem, pág. 434.

{50} S. Markovic, Obras escogidas, págs. 438-439.

{51} Ibídem, pág. 446.

{52} Ibídem, pág. 454.

{53} Ibídem, pág. 476.

{54} S. Markovic, Obras escogidas, pág. 554.

{55} Ibídem, págs. 488-489.

{56} S. Markovic, Obras escogidas, págs. 843-844.

{57} S. Markovic. Obras escogidas, pág. 813.

{58} Ibídem, pág. 838.

{59} Ibídem, pág. 55.