Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo VI: 5

5. Hungría.

Los comienzos del siglo XIX no son en Hungría un momento favorable para el progreso del pensamiento filosófico y político-social avanzado. En los tiempos de la Santa Alianza, la vida espiritual del país había sido aplastada por el terror monárquico y la censura. Quedaba solamente un campo en el que las tradiciones progresistas podían mantenerse aún como promesa de un futuro mejor: era el campo del idioma y de la literatura nacional. Durante los primeros decenios de este siglo únicamente en lo que se refiere a la estética se advierten algunos intentos de afrontar los problemas del arte; así son los escritos de Ferenc Verseghy, en los que hace un estudio de la obra del poeta Daniel Berzsenyi, y las obras de Ferenc Kölcsey.

Desde el comienzo de la década del 20 del siglo XIX se acentúa gradualmente en Hungría el desarrollo del capitalismo, que la monarquía austriaca trataba de impedir, aunque sin conseguirlo por completo. Donde el capitalismo penetra más rápidamente es en la agricultura. Según escribía Engels, “en Hungría los terratenientes feudales se van convirtiendo, cada vez más, en comerciantes al por mayor de trigo, lana y ganado”.87

El trabajo de los campesinos siervos rinde cada vez menos y se hace cada vez más desventajoso. Los propietarios, en busca de una salida, refuerzan la explotación del agricultor y lo desposeen de sus tierras, con el fin de aplicar nuevos métodos de cultivo.

En estas condiciones históricas se forma la oposición en el seno de la nobleza, el llamado “partido de las reformas”, que se muestra en pro de la gradual transformación burguesa del país mediante innovaciones en el terreno económico.

El primer ideólogo importante y dirigente de la oposición de la nobleza es Istvan Széchenyi, que llevaba la voz de los magnates húngaros interesados en el avance del capitalismo. Pedía la emancipación de los siervos y otras reformas económicas, pero mostrábase receloso de la lucha política y mostraba sus temores ante la revolución. En su obra Del crédito, Széchenyi expone una peculiar interpretación ética de las categorías económicas. La premisa principal para el progreso del país la veía en la adquisición, por parte de los nobles húngaros, de “créditos” en el doble sentido de la palabra: en el económico y en el moral.

Lajos Kossuth (1802-1894), dirigente de la revolución húngara de 1848, sufrió un largo proceso por el que evolucionó desde ser partidario de las reformas hasta convertirse en revolucionario burgués. Por lo que se refiere a las reformas, sacaba a primer plano la necesidad de fomentar la industria húngara. “Sin una industria propia y sin un mercado interior –decía–, la agricultura está también condenada a una esclavitud eterna, pues el país sin industria es lo mismo que el hombre sin manos.”

Kossuth pedía la emancipación de los campesinos con pago de un rescate y, replicando a Széchenyi, no se conformaba con las reformas económicas y quería que se extendieran al terreno político. [413]

Otro ideólogo del partido de las reformas fue José Eötvös (1813-1871), escritor y partidario de las ideas de los historiadores franceses de la Restauración. Durante largo tiempo estudió la estructura social de Francia y llegó a la conclusión de que no se habían visto cumplidas las esperanzas cifradas en la revolución. En su novela Los cartujos demuestra hasta la saciedad que el patrimonio de los obreros es la miseria y la falta de derechos. Pero la conclusión que saca es equivocada: si la revolución fue necesaria en el pasado, en el presente y el futuro es y será inútil y hasta enojosa. La tarea actual de su tiempo, según él, era la implantación de “meditadas” reformas. Pues bien, aun esta limitada posición liberal presentaba cierto valor positivo en las condiciones que Hungría atravesaba por aquella época. Eötvös combatió el feudalismo, mostró el carácter inevitable de la lucha de clase de los campesinos contra los señores y se mostró partidario de la emancipación de los siervos.

En las doctrinas sociales del partido de las reformas tomaba cuerpo la dualidad de sus políticos, quienes, a la vez que se mostraban contra la vía revolucionaria, argumentaban la urgencia de las reformas con invocaciones al inevitable peligro que la revolución representaba. Uno de sus teóricos de más viso, Lazlo Szalay, al reclamar en el Parlamento la aplicación de. reformas, trazó un paralelo entre la Hungría del segundo cuarto del siglo XIX y la Francia de los años 80 del XVIII.

Un representante notable del pensamiento filosófico y político-social de este período es Ferenc Kölcsey (1790-1838). En sus años mozos cultivó la poesía y la crítica literaria y trabajó para el perfeccionamiento de su idioma. Más tarde relaciona ya sus aspiraciones de progreso, aparecidas en el campo literario, con las ideas filosóficas de la Ilustración y del materialismo, mostrando sus preferencias por Pedro Bayle y los enciclopedistas franceses. Las indagaciones filosóficas de F. Kölcsey se combinaban con un apasionado amor hacia el pueblo y, tal como estaban las cosas en Hungría, eran una preparación ideológica del estallido revolucionario. Kölcsey puso de relieve el gran valor de la creación popular para el progreso de la literatura nacional.

En la primera mitad del siglo XIX pasan a primer plano en Hungría, dentro de las doctrinas filosóficas y político-sociales, los problemas relacionados directamente con la lucha contra el feudalismo y la opresión extranjera: cuestiones de la estructura social del Estado, de derecho, de historia y particularmente de estética. Los problemas gnoseológicos merecen un interés secundario; ello se debe al sensible atraso en que la técnica y las ciencias naturales se encuentran en el país, comparando su avance con el del resto de Europa, aunque en ocasiones aparezcan algunos pensadores de verdadero mérito. Así, por ejemplo, János Bolyai (1802-1860) sentó, al mismo tiempo que Lohachevski, los principios fundamentales de la geometría no euclidiana. Dentro de la ciencia y la filosofía, empero, las posiciones de la reacción eran aún bastante sólidas. Enseñábase filosofía, cierto, en la única Universidad húngara y en las escasas escuelas teológicas del país, pero era una filosofía al servicio exclusivo de la religión, y sólo algunos intentos de manejar las ideas del criticismo kantiano y las discusiones entre los teólogos .católicos por parte de los teóricos protestantes mostraban que, en este terreno, dentro del marco oficial, se trataba de crear la apariencia de que se marchaba al unísono con el tiempo. [414]

En el cuarto decenio comienzan a extenderse en Hungría las ideas de la filosofía hegeliana. La discusión entablada en la prensa acerca de Hegel adquiere un tinte político. János Varga, Lajos Tarci y otros hegelianos de izquierda señalaban el gran valor de su método dialéctico, aunque se reducían a interpretar la doctrina del filósofo alemán desde el punto de vista del liberalismo burgués, y no añadieron ningún elemento nuevo.

Un desarrollo más original adquieren entonces los problemas de la estética, punto en el que el pensamiento teórico iba unido a las tendencias sociales de progreso. El poeta, publicista y crítico János Erdélyi (18141868), de origen siervo, es el primer filósofo húngaro que estudió a fondo a Hegel y las obras de los escritores de la Joven Alemania. De aquél tomó la idea de la dialéctica de la historia humana, pero no admitía que el proceso dialéctico de desarrollo termine en el presente. Al propio tiempo, criticó a los hegelianos de derecha húngaros, como János Heteny, que deformaban la dialéctica de su maestro con un espíritu idealista subjetivo. A Erdélyi se debe la primera historia de la filosofía húngara, trabajo del que sólo consiguió terminar la primera parte, que alcanza hasta fines del siglo XVIII.

Partiendo de las ideas de los hegelianos de izquierda, J. Erdélyi creó una concepción propia de la estética, cuyo método se basaba en el principio del historicismo y en la teoría del idealismo objetivo.

Valiéndose de ejemplos concretos, Erdélyi elabora la dialéctica del reflejo estético de la esencia y del fenómeno. También estudió a fondo las relaciones entre contenido y forma en la obra de arte y demostró que lo principal es el contenido, hecho que se manifiesta en la constante interacción del uno y la otra. En su artículo Lo individual y lo ideal procura explicar el sentido exacto del concepto de lo típico, recalcando que la verdadera obra de arte revela lo particular y lo general, en todos los casos, a través de lo singular, de lo concreto; la representación de lo general abstracto, como tal, no se traduce en una obra verdadera de arte.

Gran importancia tuvieron los trabajos de Erdélyi sobre la creación poética popular. En ellos lanza la idea del “entrelazamiento de la poesía popular y nacional”, principio que luego había de encarnar en las obras de Sandor Petöfi y de János Arany. Erdélyi fue un pionero en la recolección de obras folklóricas y en el estudio de sus características. En sus últimos tiempos mostraba simpatía por el socialismo utópico.

Hacia 1845 maduran en Hungría las condiciones para la revolución, es decir, para el derrocamiento de la autocracia de los Habsburgos y del régimen feudal basado en la servidumbre. El país carecía de una burguesía fuerte y políticamente audaz, por lo que la lucha revolucionaria de las masas campesinas y de la clase obrera en formación fue dirigida por las capas modestas de la nobleza, que en su inmensa mayoría se habían manifestado ya tanto contra los opresores extranjeros como contra la aristocracia y el clero húngaros.

En el plano ideológico las contradicciones del desarrollo social durante el período prerrevolucionario y en el curso de los acontecimientos de 1848 y 1849 toman cuerpo en la escisión todavía más profunda que se produce entre el liberalismo y la democracia revolucionaria: aferrarse durante las acciones revolucionarias a las posiciones reformistas, como hacían los liberales, significaba convertirse inevitablemente en una barrera en la vía del [415] progreso y, de grado o a la fuerza, apoyar a la reacción. El prestigio de Kossuth ante las masas crecía por días, como respuesta a su paso a las posiciones revolucionarias. Llegó un momento en que todos los hombres avanzados de Europa mostraban su entusiasmo por la heroica lucha del pueblo húngaro. “Por primera vez en el movimiento revolucionario de 1848, por primera vez después de 1793, una nación rodeada por fuerzas superiores de la contrarrevolución se atreve a oponer a la cobarde furia contrarrevolucionaria la pasión revolucionaria, a oponer el terreur rouge al terreur blanche. Por primera vez desde hace largo tiempo encontramos a un carácter verdaderamente revolucionario, a un hombre que, en nombre de su pueblo, se atreve a aceptar el reto a una lucha desesperada, que para su nación encarna a Danton y a Carnot: nos referimos a Ludwig Kossuth”,88 escribía la Nueva Gaceta del Rin, de Marx y Engels.

La circunstancia de que las consignas de la revolución burguesa fuesen alzadas sobre el pavés no por la burguesía, sino por los nobles modestos, que se enfrentaban a la aristocracia dominante, y por los intelectuales plebeyos, tuvo también consecuencias en el campo del pensamiento social.

La ideología democrático-revolucionaria se desarrolla en Hungría de forma muy peculiar. Su expresión más acabada y brillante es Sandor Petöfi.

Sandor Petöfi (1823-1849), el gran poeta húngaro, se formó, en parte, bajo la influencia de la Joven Alemania, y singularmente de la obra de Heine.

La poesía de Petöfi muestra la rapidez creciente con que se acerca a la democracia revolucionaria. Estas ideas aparecen en sus obras a partir de 1846, tiempo en que se pone al frente de quienes trataban de deslindar los campos de la democracia revolucionaria y el liberalismo. Los problemas principales de la revolución los veía en la conquista de la independencia nacional, el derrocamiento de la monarquía y la implantación de la república. Estas ideas son las que, en buena parte, presiden su inspiración poética. Dentro de las concepciones de Petöfi encontramos la noción de “espíritu universal”. El siguiente “paso de gigante” de ese espíritu universal sería, según él, el paso de la monarquía a la república. El desarrollo de la sociedad, opina Petöfi, ahonda y profundiza las contradicciones en el seno de la misma, como resultado de lo cual los hombres “auténticos” y los malvados y pérfidos se enfrentarán en la lucha última y decisiva. Esto es lo que le sirve de norma para juzgar acerca del papel del individuo en la historia. Petöfi estaba convencido de que “cada época produce los hombres que necesita y en el número que los requiere”.89

Las concepciones democrático-revolucionarias de Petöfi encuentran expresión teórica en su estética. Petöfi asimiló la dialéctica hegeliana en la forma en que era expuesta por sus adeptos del ala izquierda, a la vez que, dentro de sus principios estéticos, utilizaba también las ideas de la Ilustración francesa. “Lo que es veraz es natural, lo que es natural está bien y, a mi modo de ver, es hermoso: tal es mi estética.”90 Por esta norma [416] se guía él en sus producciones y de ella se sirve para razonar teóricamente la idea del espíritu popular en el arte. En su correspondencia con János Arany subraya el papel determinante del pueblo en la literatura y defiende la tesis del espíritu popular en el tema y también en la composición y en el lenguaje de la producción artística. Tal espíritu popular es para Petöfi una preparación consciente de la hegemonía del pueblo en las cuestiones políticas. “Si el pueblo impera en poesía, se acercará al dominio en la política... ¡El pueblo al cielo! ¡La aristocracia al infierno!”91

Petöfi se manifestó enérgicamente contra la lírica de salón de su tiempo; su sátira fustigaba la vacía pretensión literaria de los “señoritos” del arte. El que colocaba en un primer plano los problemas del contenido, recurría en sus poesías a las cuestiones más actuales de la vida político-social. No puede extrañarnos, pues, que fuera objeto de los más furibundos ataques de la crítica oficial. Combatiente apasionado de la libertad, Petöfi cayó en 1849 defendiendo las conquistas de la revolución y la independencia de su patria.

Entre los compañeros de lucha y de ideas de Petöfi se encuentra el historiador Pál Vasváry (1827-1849), que en sus obras investiga el pasado de la nación húngara y algunos problemas de historia de la filosofía desde el punto de vista de: la democracia revolucionaria.

Vasváry combina las ideas dialécticas de Hegel con el socialismo utópico, principalmente en la forma en que era expuesto por Cabet.

Según él, “no es la naturaleza, ni la tierra, ni los cielos, sino la mala voluntad de algunos, lo que impidió el desarrollo libre del espíritu universal”. Consideraba necesario el profundo estudio de la historia, porque ello enseñará a combatir la mala voluntad de los hombres, y refiriéndose a ello hace una observación interesante: no se puede valorar con el criterio de 1848 a las grandes figuras de épocas pasadas, sino que hay que determinar a fondo el lugar histórico y las condiciones en que se desenvolvió la actividad de cada una de ellas.

Otro compañero y amigo de Petöfi era el poeta János Arany (18171882). Con él luchó contra el espíritu conservador del clero y del liberalismo y fue uno de los fundadores de la estética que buscaba inspiración y apoyo en el pueblo. Criticó enérgicamente a quienes se entregaban a una imitación formalista de Petöfi y hasta el fin de su vida defendió el realismo y un arte en el que encontrasen reflejo todas las palpitaciones de la vida. El arte ha de exaltar la verdad, pero una verdad que no sea “parcial”, decía. Necesitamos una verdad que lo sea en todos sus aspectos.

Entre los mejores representantes de la democracia revolucionaria húngara en estos años se halla Mihai Tancsics (1799-1884). Hijo de un campesino siervo, Tancsics recorrió un largo camino que va de oficial de taller y pasante de maestro a periodista y profesor. De su pluma salieron numerosos trabajos sobre muy distintas ramas del saber: Opiniones de un esclavo sobre la libertad de prensa, La independencia de Hunia, El sentido común, Qué es el socialismo y qué es el comunismo, Quiénes son los republicanos rojos y a qué aspiran, y El camino de mi vida. Estas y otras obras de Tancsics se basaban en ideas diversas del socialismo utópico, a veces contradictorias, y en ocasiones en un “comunismo de consumo”. [417] Pero ese socialismo utópico, a diferencia de lo que opinaban otros pensadores de aquel tiempo, como Cabet, por ejemplo, iba unido a las reivindicaciones de la revolución.

El gobierno austriaco, que veía en Tancsics a uno de sus enemigos más peligrosos, lo recluyó en prisión, de donde salió sólo al ser puesto en libertad por el pueblo insurreccionado de Pest. Durante la revolución de 1848 Tancsics fue diputado de la Asamblea Nacional y director del Diario de los Obreros, en el que defendía los intereses de las clases explotadas.

Tancsics pedía la abolición de las cargas feudales, sin lo que consideraba imposible el triunfo en la lucha por la liberación nacional. “Cualquier hombre sensato comprende que las prestaciones personales y la guardia nacional son incompatibles. Quien en estos momentos se ve obligado a cumplir una prestación personal no es un ciudadano libre y no empuñará las armas.”92 De la experiencia de la revolución deduce Tancsics que la principal fuerza motriz de la historia es el pueblo. En Quiénes son los republicanos rojos escribe: “La sociedad y el Estado lo componéis en realidad vosotros, los trabajadores, pues vosotros rendís un esfuerzo, cultiváis la tierra, obtenéis, producís y fabricáis todo cuanto hace falta para el sustento y todo lo que el hombre necesita además de la comida...”93

Tancsics se dirige a los oprimidos de todas las nacionalidades que poblaban Hungría para que se levanten contra los Habsburgos y formen “la alianza de una familia de naciones” que había de ser la base de la nueva sociedad, en la que todos serían iguales y en la que la hostilidad nacional sería considerada como una manifestación contrarrevolucionaria.

János Horarik (1808-1864), compañero de Tancsics, fue materialista y ateo. Sus obras más conocidas, escritas en alemán, son El matrimonio en el espíritu de Cristo y el matrimonio mixto y Lucha de Jan Horarik contra la jerarquía y la Iglesia.

Los trabajos de Horarik van dirigidos contra la religión y el clero. Por una parte denuncia las maquinaciones de los sacerdotes reaccionarios y por otra hace un análisis teórico y de divulgación de las relaciones entre la religión y la “ignorancia”.

“Al luchar contra Dios combato la estupidez, pues Dios y estupidez son una misma cosa”, escribe.

La evolución del pensamiento humano, afirma, lleva a la conclusión de que Dios no existe. “Gracias a la filosofía de Spinoza –escribe–, Dios fue diluido en la naturaleza, se empezó a negar su existencia, su sustancia, su personalidad. El naturalismo y el materialismo del siglo XVIII quitaron la máscara a los creadores de la teología universal; en el torbellino de la revolución francesa, el Dios habitual fue depuesto de su trono.”

Por lo tanto, según Horarik, el ateísmo va unido de la manera más íntima a la revolución; la sociedad del futuro, en la que “todo el pueblo se convertirá en trabajador”, se verá libre de todo género de ilusiones religiosas.

Horarik conocía las obras de Saint-Simon, Babeuf, Hegel, Feuerbach y Proudhon y los primeros trabajos de Marx y Engels.

Escribió también una obra titulada Sistemas filosóficos, cuyo manuscrito [418] legó a la Academia, sin que hasta ahora se sepa nada de su paradero. Lo único que se sabe de ella es que le valió a su autor el sobrenombre de “Holbach húngaro”.

Los decenios que siguen a la derrota de la revolución de 1848-1849 constituyen en Hungría un período en el que imperan la más negra reacción y el más ominoso yugo extranjero. Esto repercute desfavorablemente sobre el progreso de las ideas políticas y filosóficas avanzadas. Los campeones de la revolución y de la cultura, en especial los demócratas revolucionarios habían muerto en el combate (como Petöfi y Vasváry), o se hallaban en la emigración (como Kossuth y Bertalan Szemere), o se habían salvado de las persecuciones y luego hubieron de vivir en el más completo aislamiento (Erdélyi y Tancsics).

La contrarrevolución se esforzó por consolidar también su victoria en el terreno ideológico. No obstante, el progreso del pensamiento social y filosófico avanzado no se interrumpe en Hungría durante la segunda mitad del siglo XIX.




{87} F. Engels, El movimiento de 1847. C. Marx y F. Engels, Obras completas, tomo IV, pág. 468.

{88} F. Engels, La lucha en Hungría. C. Marx y F. Engels, Obras completas, tomo VI, pág. 175.

{89} Sandor Petöfi. Obras, t. IV, Moscú, 1954, pág. 165.

{90} Ibídem, pág. 247.

{91} Sandor Petöfi. Obras, t. IV, Moscú, 1954, pág. 241.

{92} M. Tancsics, El camino de mi vida, Moscú, 1952, pág. 12.

{93} Ibídem, pág. 13.