Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo VII

El pensamiento filosófico y sociológico en los Estados Unidos de América desde 1830 hasta el comienzo de la guerra civil de 1861 a 1865.

En los años 30-50 del siglo XIX y como resultado de su guerra de liberación y de la creación de un Estado independiente, los Estados Unidos de América conocen un intenso progreso en todas las ramas de su economía capitalista. Hacia 1860 ven multiplicarse por veinte la inversión de capitales en su industria en comparación con 1820.

La primera vía férrea, entre Baltimore y Washington, se tiende en 1828; pues bien, en 1861 la red ferroviaria del país alcanzaba a 48.000 kilómetros. Cuando la guerra civil estalla, en los Estados Unidos eran muy numerosas las fábricas textiles movidas por vapor. El empleo de máquinas de vapor contribuye también a dar un gran impulso a la industria minera.

Marx y Engels escribían en 1850: “Lo que en la Antigüedad eran Tiro, Cartago y Alejandría, lo que en la Edad Media eran Génova y Venecia, lo que hasta ahora han sido Londres y Liverpool –centros del comercio mundial– se están convirtiendo ahora Nueva York y San Francisco, San Juan en Nicaragua y León, Chagres y Panamá.”1

Con la expansión del capitalismo, en los Estados Unidos crecen las contradicciones de clase. La burguesía de los estados del Norte estaba interesada en la abolición de la esclavitud, vigente en el Sur, por cuanto prefería el sistema de la “esclavitud asalariada” propio del modo capitalista de producción, es decir, la “libre” venta por los obreros de su fuerza de trabajo a los capitalistas. Tratábase, en última instancia, de las contradicciones entre “el sistema de la esclavitud y el sistema del trabajo libre.”2

El conflicto surgido entre burgueses y negreros plantadores conduce en 1861 a la guerra civil entre el Norte y el Sur. En la lucha contra la esclavitud, el papel decisivo correspondió a las masas populares: obreros, granjeros y pequeña burguesía urbana, más consecuentes y audaces que la burguesía, la cual se mostró siempre propicia al compromiso con los esclavistas. Comenzó a darse a conocer, como fuerza contraria a los capitalistas, la joven clase obrera de los Estados Unidos. Entre los obreros asalariados de Nueva York y de otros centros industriales norteamericanos se constituyen organizaciones políticas proletarias, que pedían la [441] democratización del régimen y la reducción de la jornada de trabajo. En este período crece intensamente el movimiento sindical y empiezan a publicarse periódicos de los sindicatos.

William Foster escribe: “Los sindicatos lograron a veces el aumento de salario y en muchas ocasiones consiguieron la reducción de la jornada a diez horas. También luchaban enérgicamente por alcanzar otras reivindicaciones urgentes de los obreros, como la seguridad en los talleres, la limitación del trabajo infantil, la supresión de la prisión por deudas, el sufragio universal para los hombres, la enseñanza gratuita para el pueblo, el reparto gratuito de tierras, etc. Afirmaban su derecho de asociación y de huelga y lo llevaban adelante enérgicamente, sin que las disposiciones judiciales fueran bastante a impedirlo. Los obreros empezaron a defender abiertamente sus derechos de clase. En 1836 los sindicatos norteamericanos contaban con 300.000 afiliados.”3

El movimiento obrero de los Estados Unidos se incrementó particularmente como resultado de las crisis de superproducción de los años 1837, 1854, 1857 y 1860.

Bajo la influencia del proletariado, los granjeros se incorporan también a la lucha política. En 1848 se constituye el partido de los free-soilers, que estableció contacto con las organizaciones obreras del país. Los círculos dirigentes de la burguesía norteamericana mantenían una política reaccionaria y trataban de sofocar los movimientos de las grandes masas del pueblo. Paralelamente, en política exterior iniciaban sus acciones expansionistas. Como resultado de la guerra de 1846 a 1848 con México arrebataron a este país la mitad de su territorio. Comienza la penetración del capital norteamericano en Cuba y Nicaragua, y lo mismo ocurre al otro lado del Pacífico. Los Estados Unidos imponen a China el rapaz tratado de Vansí (1844) y el de 1858, todavía más injusto y humillante que el anterior. Todas estas circunstancias habían de encontrar reflejo forzosamente en la ideología de la burguesía norteamericana, cuyos círculos dominantes rompen con las tradiciones democráticas y revolucionarias del siglo XVIII, buscan el compromiso con los esclavistas del Sur y recurren a los más bárbaros métodos de lucha con el incipiente proletariado.

F. Engels trazó con afilada pluma el retrato del burgués norteamericano. “En ningún lugar del mundo –dice– se comportan con tanta insolencia y despotismo...”4 Al mismo tiempo señalaba el atraso de esa burguesía en lo que se refiere a los problemas teóricos. “Aunque no tomaron de Europa sus instituciones medievales –continúa– han asimilado un sinnúmero de tradiciones de aquella época: la religión, el derecho común (feudal) inglés, la superstición, el espiritismo: en una palabra, todas las estupideces que no se oponían directamente a las transacciones comerciales y que ahora son tan convenientes para embrutecer a las masas.”5

Los filósofos burgueses norteamericanos de los años 30-50 del siglo XIX no aceptan por lo general las ideas materialistas y ateas de los hombres de la Ilustración y pasan a las concepciones idealistas y místicas. Al mismo tiempo, aparecen diversas doctrinas sociológicas que tratan de “fundamentar” [442] la dominación de la burguesía. No obstante, también nos encontramos en este período con corrientes de crítica del capitalismo, que protestan contra el compromiso con los grupos de esclavistas y contra el incremento de la influencia clerical. Contra los apologistas del capitalismo en los Estados Unidos se alzan, por ejemplo, los partidarios del socialismo utópico. Una serie de notables investigadores profesan un materialismo espontáneo.

Dentro de la filosofía y la sociología norteamericanas se desenvuelve una áspera pugna ideológica, que era un reflejo de la lucha de las clases y grupos sociales en víspera de la guerra civil de 1861 a 1865.




{1} C. Marx y F. Engels, Primera revista internacional. C. Marx y F. Engels, Obras completas, 2ª ed. rusa, t. VII, pág. 232.

{2} C. Marx, La guerra civil en los Estados Unidos. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. XII, parte II, pág. 251.

{3} Guillermo Z. Foster, Bosquejo de historia politica de América, Moscú, 1955, páginas 452-453.

{4} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, 1953, pág. 397.

{5} Ibídem, págs. 397-398.