Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo I: 3
3. Comienza el paso de Marx y Engels del idealismo al materialismo dialéctico y de la democracia revolucionaria al comunismo (La “Gaceta Renana”).
Al terminar sus estudios universitarios en Berlín, Marx tenía' el propósito de dedicarse a la enseñanza en la Universidad de Bonn. Pero el gobierno prusiano, que ya antes había privado de su cátedra a L. Feuerbach, expulsó también de la Universidad a B. Bauer, el líder de los jóvenes hegelianos, sin que pudieran salvarle sus simpatías prusianas. Viendo la imposibilidad de exponer libremente sus convicciones en las aulas universitarias, Marx renunció a la labor docente y se consagró por entero a la lucha política práctica. Se trasladó a Colonia y al cabo de poco tiempo pasaba a la dirección de la Gaceta Renana, que él convirtió en órgano de la democracia revolucionaria.
Este paso al periodismo, a la labor política abierta, era considerado por el propio Marx como un paso lógico hacia la “filosofía mundana” que había de colaborar en los periódicos y “cambiar el ropaje ascético [32] y sacerdotal por el vestido ligero y a la moda de los periódicos”.33 En vez de los viejos problemas especulativos, consideraba, la filosofía ha de ocuparse de las cuestiones prácticas de actualidad.
Kölnische Zeitung (Gaceta de Colonia), periódico liberal, criticaba en uno de sus editoriales a la Gaceta Renana reprochándole que, en contra de las tradiciones existentes, no se limitaba a hablar de los sucesos del día, sino que daba cabida en sus páginas a los problemas fundamentales de la filosofía, los cuales, afirmaba, no eran propios para ser tratados en un periódico. Marx desenmascara esta crítica, en la que ve un intento de ponerse al margen de los problemas grandes y fundamentales de la vida social. El genial director de la Gaceta Renana señala que la filosofía ha de perseguir los mismos fines prácticos, en el sentido elevado de la palabra, que cualquier otra actividad laboral del hombre. “... Los filósofos –dice– no brotan de la tierra como los hongos; son producto de su tiempo, de su pueblo. cuyas savias más sutiles, valiosas e invisibles se concentran en las ideas filosóficas. El mismo espíritu que construye los ferrocarriles con las manos de los obreros, construye los sistemas filosóficos en el cerebro de los filósofos. La filosofía no flota fuera del mundo, de la misma manera que el cerebro no se encuentra fuera del hombre, aunque no se encuentre en el estómago.”34
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que, aun subrayando el papel activo y trasformador de la filosofía. Marx todavía no piensa en relacionarla con la práctica social material: la actividad de la filosofía es, según su punto de vista. una manifestación necesaria de la actividad creadora de la razón. a la cual se reduce también la actividad material de los hombres que transforman el mundo circundante. “El carácter de las cosas –escribe– es un producto de la razón. Cada cosa debe aislarse y ser aislada para ser algo. La razón, que encierra el contenido del mundo en un marco estable y determinado y trasforma este contenido fluido en algo petrificado, revela la multiplicidad del mundo, pues sin estas numerosas manifestaciones unilaterales el mundo no sería multilateral.”35 Esto es aún una proposición idealista, ya que la actividad del pensar, que abstrae, analiza y generaliza, no es considerada como un reflejo del mundo exterior, sino como una modificación del mismo. Consecuencia de ello es la identificación de la actividad práctica material de los hombres. que en efecto modifican el mundo exterior, con su actividad espiritual, teórica, que es una forma específica en la cual se refleja la realidad objetiva. Tema fundamental de los artículos que Marx escribe para la Gaceta Renana es la defensa de los intereses de los trabajadores. En octubre de 1842 deja oír su voz sobre un proyecto de ley sometido a la Dieta renana en el que se calificaba de robo la leña recogida por los [33] campesinos de ramas desgajadas de los árboles. Marx considera ¡legal el “derecho consuetudinario” de los terratenientes, al que se remitían los defensores del proyecto. El joven Marx, que admitía aún la definición hegeliana del Estado como encarnación de la razón, la libertad y la moral, disentía de Hegel, al considerar que el Estado prusiano de los junkers no correspondía al concepto del Estado; no era “verdadero”, por cuanto en él el propietario de un bosque “cerraba la boca al legislador”, es decir, que un estamento (el de los terratenientes) imperaba sobre los otros. “En el Estado verdadero –dice– no hay lugar para una propiedad agraria, para una industria, para una esfera material que, en esta calidad suya de groseros elementos materiales, actúen en connivencia con el Estado; en él existen solamente fuerzas espirituales; y sólo en su resurrección estatal, en su renacimiento político, adquieren las fuerzas naturales derecho de voto en el Estado. Este extiende sobre toda la naturaleza hilos espirituales, y en cada uno de sus puntos se descubre necesariamente que el principio dominante no es la materia, sino la forma, no la naturaleza fuera del Estado, sino la naturaleza del Estado, no el objeto desprovisto de libertad, sino el hombre libre.”36 Por abstracta que sea esta definición, resulta de una evidencia absoluta que Marx se manifiesta en ella contra la situación privilegiada de los propietarios dentro del Estado y pide la supresión de todo género de privilegios jurídicos de la propiedad privada.-Es evidente también que, al hablar del Estado verdadero, no se refiere concretamente a ninguno de los que entonces existían; considera que tanto el inglés como el francés están muy lejos de la idea que él tiene del Estado “verdadero”. El concepto que el joven Marx tiene del Estado “verdadero” mira al futuro; es una meta a la que únicamente se puede llegar a través de la revolución.37
En otro artículo, Marx defiende enérgicamente a los vinicultores del Mosela y critica a los funcionarios del gobierno, los cuales sostenían que los propios campesinos tenían la culpa de la ruina en que se encontraban. Con este motivo se refiere a la naturaleza objetiva de la sujeción a leyes del proceso histórico-social. “Cuando se investigan los fenómenos de la vida estatal –indica Marx– se cae con excesiva facilidad en la tentación de prescindir de la naturaleza objetiva de las relaciones y de explicarlo todo por la voluntad de los personajes. Existen, sin embargo, relaciones que determinan los actos tanto de los particulares como de los distintos representantes del poder y que son tan independientes de ellos como el modo de respirar.”38 [34]
Si bien Marx no especifica aquí en qué consiste la objetividad de las relaciones sociales que condicionan el poder estatal, es indudable que no se trata de la encarnación del espíritu absoluto hegeliano. No plantea todavía el problema de las relaciones económicas, de producción, pero la idea aparece ya en germen, por cuanto se trata de la situación económica de un grupo social determinado, de la dependencia objetiva inmanente de estas relaciones.
Esa misma aspiración a descubrir la base objetiva de la actividad subjetiva, consciente, espiritual de los hombres, se pone de relieve también netamente en el artículo de Marx acerca de los debates en la Dieta renana sobre la libertad de prensa. Refiriéndose a los discursos de los diputados, afirma que “no polemizan individuos, sino estamentos”.39 Marx somete a una crítica sarcástica y demoledora el miedo de los propictarios feudales a la libertad de prensa, el temor a la iniciativa del pueblo y a la revolución; al mismo tiempo muestra la “natural impotencia del liberalismo”, representado por el “estamento urbano” burgués, para el que la libertad de prensa equivale a la libertad de empresa. Es muy característico que Marx se solidarice con el discurso del representante del estamento campesino, que él califica como rebosante de indignación y hermoso. “El espíritu humano –cita de ese discurso– ha de desenvolverse libremente de conformidad con las leyes que le son propias y poseer el derecho a comunicar a los demás lo que él ha alcanzado. pues de otro modo el claro y vivificante arroyo se convertiría en un hediondo pantano.”40 El pueblo, dice Marx, ha de combatir por la libertad con todos los medios que tiene a su alcance. “No sólo con picas, sino también con hachas.”
Las ideas revolucionarias que Marx proclamaba en la Gaceta Renana le valieron los más furiosos ataques, contra él y contra su periódico, de la prensa reaccionaria, y también de la liberal. Allgemeine Zeitung (Gaceta Universal) de Augsburgo acusó a la Gaceta Renana de que predicaba el comunismo. Marx, en su respuesta, rechaza la acusación, aunque subraya que el comunismo era entonces un problema actual y serio en el más alto grado. sobre el que trabajaban los pueblos; y el significado de este problema iría en aumento, a la par con el desarrollo de la sociedad, y particularmente de la industria. El problema del comunismo, escribía, ha adquirido una significación europea, y no tenemos derecho a cerrar los ojos ante él porque “no huela a agua de rosas”.41
Así, pues, en el proceso de la lucha por los intereses de los trabajadores, el joven Marx se va apartando cada vez más del idealismo. En la Gaceta Renana, el año 1812, como indicaba Lenin, se esboza el comienzo de la transición de Marx del idealismo y la democracia revolucionaria a una nueva visión del mundo, al materialismo dialéctico y al socialismo científico.42 [35]
El trabajo de Marx en la Gaceta Renana le ayudó en grado considerable a superar los aspectos negativos de la influencia de la filosofía hegeliana. En la lucha democrálico-revolucionaria en pro de los intereses de los trabajadores, se revelaba con evidencia creciente el carácter conservador de los ideales sociales de Hegel, la contradicción entre su sistema y su método, la inconsistencia de su tesis teórica inicial acerca de la identidad del ser y el pensamiento. Las críticas de Marx contra el reaccionario Estado prusiano significaban a la vez el rompimiento con la concepción idealista hegeliana que elevaba el Estado en general a un plano absoluto y lo consideraba siempre como un organismo racional y moral; significaban asimismo el rompimiento con la conciliación, característica en Hegel, con el orden existente. El trabajo en la Gaceta Renana hizo que Marx parase atención en la vida económica de la sociedad, considerada por Hegel y los jóvenes hegelianos como algo secundario en comparación con el Estado, la religión y la vida espiritual de la sociedad en general. Gracias a ello Marx advirtió no sólo el carácter reaccionario de la conciliación hegeliana con el orden existente, sino también la inconsistencia del subjetivismo de los jóvenes hegelianos, el cual, volviendo del objetivismo de su maestro a Fichte, oponía a la realidad en desarrollo exigencias especulativas divorciadas de la realidad, que no se apoyaban en las fuerzas motrices propias de ella. Por esto, no en vano, a poco de pasar a la dirección de la Gaceta Renana Marx rompía con los jóvenes hegelianos berlineses.
Notable influencia en la formación de la concepción del mundo de Marx y Engels en 1842-1813 ejerció Ludwig Feuerbach –antes adepto de la filosofía de Hegel y joven hegeliano–, que rompió con el idealismo y en 1841 dio a luz su famosa obra La esencia del cristianismo.
Caracterizando la significación histórica de esta obra, Engels señalaba que, al proclamar sin ambages el triunfo de la concepción materialista, disipaba de un golpe las contradicciones en que habían caído los jóvenes hegelianos y venía a revolucionar la conciencia filosófica de los hombres avanzados de Alemania. “Sólo habiendo vivido la fuerza liberadora de este libro, podemos formarnos una idea de ella. El entusiasmo fue general: al punto todos nos convertimos en feuerbachianos. Con qué entusiasmo saludó Marx la nueva idea y hasta qué punto se dejó influir por ella –pese a todas sus reservas críticas–, puede verse leyendo La Sagrada Familia.”43
En 1842, es decir, cuando acababa de llegar a la Gaceta Renana, Marx consideraba ya la filosofía de Feuerbach, y en especial la crítica que éste hace del cristianismo, como una etapa necesaria en el camino de Hegel a una concepción nueva, científica y revolucionaria del mundo. Marx escribía: “No hay para vosotros otro camino a la verdad y a la libertad que el del torrente de fuego.44 Feuerbach es el purgatorio de nuestro tiempo.”45 [36]
Esta caracterización de Feuerbach, aun adoleciendo de cierta exageración. nos permite apreciar muy bien el significado histórico de la filosofía del gran materialista alemán y nos muestra a la vez la influencia que este pensador ejerció sobre el joven Marx. Sin embargo, ya entonces. al comienzo de los años 40 del siglo XIX, éste discrepa radicalmente de Feuerbach en una serie de cuestiones. En particular, Marx no acepta en absoluto la ética de Feuerbach y sus aspiraciones a encontrar un sentido moral en las creencias religiosas. Entonces ya veía uno de los defectos esenciales de la filosofía de Feuerbach en su carácter predominantemente naturalista, en su divorcio de la política. “Los aforismos de Feuerbach –escribía en una carta a A. Ruge el 13 de marzo de 1843– no me satisfacen simplemente porque hace demasiado hincapié en la naturaleza y se apoya demasiado poco en la política. Y sin embargo, ésta es la única alianza en virtud de la cual la filosofía actual puede convertirse en verdad.”46
A diferencia de Feuerbach, que a la religión y al idealismo oponía la doctrina del materialismo antropológico sobre la naturaleza sensible del individuo, Marx plantea el problema de unir la filosofía a la política, a los intereses de las fuerzas avanzadas de la sociedad; ya entonces empieza a concebir la filosofía como fundamentación teórica de la transformación práctica revolucionaria del mundo. El espíritu democrático revolucionario del joven Marx le conducía a la reelaboración revolucionaria de la dialéctica de Hegel, a la separación y desarrollo crítico de su “médula racional”, mientras que Feuerbach rechazaba en bloque tanto el idealismo de Hegel como su dialéctica.
{33} C. Marx, Editorial del nº 179 de “Kölnische Zeitung”. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. I, Moscú, 1955, pág. 105. (Ahora y en adelante las referencias a los trabajos de Marx y Engels en las Obras completas se dan: con numeración arábiga los tomos de la 2ª edición en ruso, Moscú, 1955, y con numeración romana, los tomos de la 1ª edición en ruso, Moscú-Leningrado, 1938-1947.)
{34} C. Marx, Editorial del nº 179 de “Kolnische Zeitung”. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. I, pág. 105.
{35} C. Marx, Debates en la sexta Dieta renana. Debutes sobre la ley acerca del robo de leña. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. I, pág. 129.
{36} C. Marx, Las comisiones estamentales en Prusia. C. Marx y F. Engels, Primeros escritos, pág. 236.
{37} En este sentido podemos mostrarnos conformes con V. A. Turetski, autor de una monografía sobre la evolución de las ideas de Marx y Engels en cuanto al Estado, quien, después de exponer algunas tesis del joven Marx sobre la naturaleza del “Estado verdadero”, concluye: “Pero el carácter idealista de estas manifestaciones no es en modo alguno una idealización del Estado burgués. No es sino la manifestación de las elevadas aspiraciones –que todavía no toman forma consciente– del futuro gran jefe de la humanidad oprimida hacia un régimen social y estatal más perfecto.” (V. A. Turetski, Evolución de las ideas de Marx y Engels sobre el Estado. Moscú-Leningrado, 1949, pág. 14.)
{38} C. Marx, Justificación del corresponsal del Mosela. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. I, pág. 192.
{39} C. Marx, Debates en la sexta Dieta renana. Debates sobre la libertad de prensa y sobre la publicación de las actas de la asamblea estamental. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. I, pág. 36.
{40} Ibídem, pág. 82.
{41} C. Marx, El comunismo y “Allgemeine Zeitung” de Augsburgo. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. I, pág. 114.
{42} V. I. Lenin, Carlos Marx. Obras completas, ed. rusa, t. 21, pág. 63.
{43} F. Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, trad. esp., ed. cit., t. II, pág. 348.
{44} Juego de palabras: “Feuerbach” significa “torrente de fuego”. Ed.
{45} C. Marx, Lutero como árbitro entre Strauss y Feuerbach. C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. I, pág. 29.
{46} C. Marx y F. Engels, Primeros escritos, pág. 257.