Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo I: 5

5. Elaboración posterior por Marx y Engels de las bases filosóficas del comunismo científico (“La Sagrada Familia” y “La ideología alemana”).

En 1844, durante una breve estancia de Engels en París, los fundadores del comunismo científico se pusieron de acuerdo para desplegar una acción en común contra el grupo joven-hegeliano de B. Bauer. Este y sus compañeros de ideas trataban de demostrar que la labor crítica de los grandes individuos, inspirados por la filosofía, era la única fuerza motriz del proceso histórico. Con este criterio, B. Bauer y sus amigos acusaban a Marx y Engels de mantener una actitud “no crítica” hacia el proletariado.

“Bauer –escribía a Marx G. Jung– la ha tomado tanto con la crítica, que hace poco me escribía: hay que someter a crítica no sólo la sociedad de los propietarios privilegiados, etc., sino también (¡lo que antes nadie había pensado!) al proletariado...”65

Bruno Bauer y sus adeptos miraban desdeñosamente al proletariado, al que consideraban como una masa “no crítica”. “Marx y Engels se levantaron resueltamente contra esta tendencia absurda y nociva. En nombre de la verdadera personalidad humana, la del obrero oprimido por la clase dominante y por el Estado, Marx y Engels exigían no la contemplación, sino la lucha por un orden social mejor. Y veían, naturalmente, que la fuerza capaz de librar esa lucha, en la que estaba interesada, era el proletariado.”66

En 1845 ve la luz La Sagrada Familia o Crítica de la crítica crítica. Contra Bruno Bauer y compañía, que Marx y Engels habían preparado en 1844.

En La Sagrada Familia, Marx y Engels no se limitan a desenmascarar a los jóvenes hegelianos como apóstoles de la “nueva” filosofía que se [48] titulaba a sí misma “crítica crítica”. Los fundadores del marxismo someten a una crítica sistemática la filosofía idealista de Hegel, primer manantial donde los jóvenes hegelianos se alimentaban. Pero la crítica de la filosofía hegeliana –la más acabada y sistemática exposición de la concepción idealista del mundo– cobró las proporciones de una crítica del idealismo en general, Toda la filosofía idealista anterior, con su oposición característica de la teoría y la práctica, de la especulación y las ciencias positivas, de la tendencia a filosofar (como supuesta aspiración “pura” a la verdad) y el espíritu de partido, se vio sometida a la crítica resuelta de Marx y Engels. Y los fundadores del marxismo sacan a la luz no sólo la inconsistencia teórica del idealismo, sino también su sentido social, su papel en la lucha histórica de las clases.

El idealismo reduce el mundo a categorías lógicas abstractas, pues busca la esencia de la naturaleza fuera de la naturaleza, la esencia humana fuera del hombre, y trata de encontrar el objeto de la filosofía donde no se encuentra. fuera del mundo real, que es el único existente. Así, pues, lo que realmente existe (el mundo objetivo, independiente de la conciencia) es para el idealismo una apariencia, mientras que lo aparente (la autonomía de la conciencia) es tomado como lo verdaderamente real. Los jóvenes hegelianos, si bien rechazaban la “idea absoluta” de su maestro, no habían roto lo más mínimo con la transformación idealista de la conciencia en categoría absoluta, con todas las conclusiones reaccionarias que de esto se derivaban. En relación con ello, Marx y Engels destruyen la pretensión de los jóvenes hegelianos, que aspiraban a crear una filosofía “revolucionaria” de la acción, y muestran que las frases idealistas de aquéllos acerca de la omnipotencia de la autoconciencia de sí mismo eran expresión peculiar del miedo de la burguesía ante la transformación revolucionaria práctica del mundo. Los hombres de la Ilustración francesa pedían que la realidad fuese cambiada de conformidad con los “principios de la razón”; los jóvenes hegelianos se limitaban a pedir a gritos el cambio de la conciencia únicamente. De ahí que la reivindicación de cambiar la conciencia se redujese, en última instancia, al llamamiento a interpretar de manera distinta lo existente, es decir, a admitirlo mediante una interpretación nueva.

Los jóvenes hegelianos se consideraban archirrevolucionarios, gentes que hacían temblar los seculares soportes de la sociedad. Era una ilusión que compartían con ellos sus adversarios de la derecha y que por primera vez fue desenmascarada por Marx y Engels. Los jóvenes hegelianos se alababan de apelar no a Dios, sino a la conciencia humana, a la que consideraban como divinidad única. Marx y Engels señalan que esa concepción era, en el fondo, clericalismo, puesto que “suplanta el hombre individual y real por la “autoconciencia” o el “Espíritu” y dice con el Evangelista: “El Espíritu vivifica, la carne embota.”67

Desde las posiciones de un espíritu proletario de partido, los fundadores del marxismo revelaron hasta el fin el carácter antipopular e idealista [49] burgués de la interpretación que los jóvenes hegelianos daban a la historia como actividad intelectual de “críticos” eminentes. Los obreros, decía Marx, a diferencia de los “críticos críticos”, comprenden que con el “pensamiento puro” es imposible librarse de los patronos. “Se dan cuenta muy dolorosamente de la diferencia que existe entre el ser y el pensar, entre la conciencia y la vida. Saben que la propiedad, el capital, el dinero, el trabajo asalariado, etc., no son quimeras ideales de sus cerebros, sino creaciones muy prácticas y muy materiales de su autoenajenación, que sólo podrán ser superadas asimismo de un modo práctico y material...”68

Es imposible liberarse sin lucha de las relaciones materiales reales que esclavizan al hombre. Frente a las afirmaciones reaccionarias de los hermanos Bauer acerca del papel negativo de las masas en la historia, Marx y Engels señalan la función revolucionaria de los trabajadores en la marcha progresiva de la humanidad y destacan especialmente al proletariado como una clase consecuentemente revolucionaria. En. relación con esto, los fundadores del marxismo recalcan que no es que ellos transformen a los proletarios en “críticos críticos” o dioses. “No se trata –escribe Marx– de lo que este o aquel proletario, o incluso el proletariado en su conjunto, pueda representarse de vez en cuando como meta. Se trata de lo que el proletariado es y de lo que está obligado históricamente a hacer, con arreglo a ese ser suyo. Su mela y su acción histórica se hallan clara e irrevocablemente predeterminadas por su propia situación de vida y por toda la organización de la sociedad burguesa actual.69

Estas tesis nos muestran que, al crear el materialismo histórico, Marx y Engels ponen de relieve que la conducta de las distintas clases de la sociedad obedece a causas materiales; la conciencia social propia de las distintas clases depende de su vida social.

A la concepción subjetivista de los jóvenes hegelianos sobre el papel determinante de la autoconciencia, Marx y Engels oponen la idea del papel decisivo de las masas populares en el desarrollo social.

Las masas trabajadoras en lucha despertaban entre los jóvenes hegelianos –lo mismo que casi entre todos los ideólogos de la burguesía– un sentimiento de irritación y miedo. En sus abstractas construcciones teóricas, estos burgueses radicales trataban con desprecio a la masa trabajadora, a la que tildaban de “carente de espíritu” y de ser incapaz de elevarse hasta la conciencia de sí misma. A la masa, según ellos, “unos cuantos individuos predestinados se contraponen, como espíritu activo...”70

Los jóvenes hegelianos no admitían más que la lucha teórica, que colocaban sobre la lucha práctica de las masas; esta última la presentaban como manifestación de un sensualismo grosero, por cuanto el movimiento de emancipación de los trabajadores es inseparable de sus intereses y necesidades materiales. Dominados como estaban por el temor al movimiento de liberación del pueblo, los jóvenes hegelianos afirmaban que las masas carecen de iniciativa y no se hallan alentadas e inspiradas [50] por la verdad, en virtud de lo cual, como decía Bauer, “en la masa... y no en otra parte... hay que buscar al verdadero enemigo del espíritu”.71

Por lo tanto, la interpretación idealista de la historia conducía a los burgueses alemanes, dados a la filosofía, a la difamación contra las masas del pueblo. Los fundadores del marxismo rebaten esta calumnia y fundamentan la tesis de que todos los grandes hechos de la historia son obra precisamente de las masas revolucionarias. También formulan la tesis básica del materialismo histórico, expresión de una de las leyes más importantes del desarrollo del movimiento de liberación y del desarrollo social en su conjunto: “Con la profundidad de la acción histórica, aumentará, por tanto, el volumen de la masa cuya acción es.”72 Marx y Engels rechazan indignados esa actitud de altanería y de desprecio señorial hacia las masas, a las que se niega todo sentimiento elevado, y señalan la sed de saber que es propia de la clase obrera, su energía moral y su infatigable aspiración al perfeccionamiento propio, circunstancias éstas que hablan del profundo sentido histórico del movimiento obrero y de su elevada misión, “de la nobleza humana de este movimiento”.73

La breve caracterización del desarrollo de la sociedad burguesa que Marx y Engels nos ofrecen pone de manifiesto los vínculos del sistema burgués con la anarquía de la producción y otras contradicciones propias de esta formación social. “... la anarquía es la ley de la sociedad burguesa emancipada de los privilegios que distinguen, y la anarquía de la sociedad burguesa es la fase del estado de cosas público moderno, como el estado de cosas público es, a su vez, lo que garantiza esta anarquía. En la misma medida en que ambos se contraponen, se condicionan al mismo tiempo mutuamente.”74 De entre todas las contradicciones de la sociedad burguesa, Marx y Engels destacan el antagonismo que reina entre el trabajo y el capital como fuerza motriz del desarrollo de la misma: “Proletariado y riqueza son términos antagónicos... Dentro de esta antítesis, el propietario privado es, por tanto, la parte conservadora y el proletario la parte destructiva: De aquél parte la acción del mantenimiento de la antítesis; de éste, la acción de su destrucción... El proletariado ejecuta la sentencia que la propiedad privada pronuncia sobre sí misma al crear el proletariado, del mismo modo que ejecuta la sentencia que el trabajo asalariado pronuncia sobre sí mismo, al engendrar la riqueza ajena y la miseria propia... Al vencer el proletariado... habrán desaparecido tanto el proletariado mismo como su antítesis condicionante, la propiedad privada.”75 Según señala V. I. Lenin, estas tesis muestran “la concepción de Marx, casi formada, sobre el papel revolucionario del proletariado”.76

Las anteriores indicaciones de los fundadores del marxismo tienen también gran importancia para el desarrollo de la dialéctica materialista, y en particular en lo que se refiere a la lucha de los contrarios, a la [51] relación ante los aspectos revolucionario y conservador de la contradicción y a la naturaleza de las contradicciones antagónicas y las vías para superarlas.

Marx y Engels dedican un apartado de su obra a la “batalla crítica” de los jóvenes hegelianos contra la revolución burguesa de Francia y contra el materialismo francés. B. Bauer reprochaba a la revolución francesa que sus ideas no hubiesen rebasado, según él, los límites del régimen social de entonces. Dicho de otro modo, a B. Bauer no le agradaba en las ideas de la Ilustración francesa que éstas reflejasen una determinada situación histórica y unas determinadas necesidades materiales del desarrollo social. Frente a las ideas de la Ilustración, Bauer colocaba las construcciones hegelianas, supuestamente independientes de la situación social.

Los jóvenes hegelianos argumentaban su altanera actitud hacia las masas populares con ayuda de la filosofía idealista de la “autoconciencia”, según la cual la única fuerza del proceso histórico-social es la actividad de los individuos que piensan con un espíritu filosófico crítico, supuestamente elevados sobre la sociedad e independientes de ella. En una carta a Feuerbach, del 11 de agosto de 1844, Marx indicaba que la “crítica "crítica” joven-hegeliana degeneraba inevitablemente en un espiritualismo pesimista y afectado. “Por eso, esta crítica se considera a sí misma como el único elemento activo de la historia. Toda la humanidad se antepone a ella como una masa, como una masa inerte que tiene únicamente significación como antípoda del espíritu.”77 Los jóvenes hegelianos trataban de respaldar su falta de fe en las fuerzas creadoras de las masas populares con la afirmación, absolutamente falsa, de que las ideas son la genuina fuerza motriz de la historia. Criticando este dogma idealista fundamental de los jóvenes hegelianos, Marx escribe: “Las ideas no pueden conducir nunca más allá de un viejo estado de cosas universal, sino siempre únicamente más allá de las ideas del viejo estado universal de cosas. Las ideas no pueden nunca ejecutar nada. Para la ejecución de las ideas hacen falta los hombres que pongan en acción una fuerza práctica.”78

Marx y Engels denuncian el verdadero fondo de clase de esta actitud de ignorancia de las masas: lo que se quiere es apartar la atención de los trabajadores de la lucha contra la opresión existente, alejarlos de la acción revolucionaria, de la lucha práctica revolucionaria, que es reemplazada por la controversia verbal y la pugna de ideas. Los jóvenes hegelianos, se dice en La Sagrada Familia, han aprendido de Hegel “el arte de convertir las cadenas reales y objetivas, existentes fuera de mí, en cadenas dotadas de una existencia puramente ideal, puramente subjetiva, que se da solamente en mí, y, por tanto, todas las luchas externas, sensibles, en puras luchas especulativas”.79

Los fundadores del marxismo no se limitaron a la crítica de la concepción joven-hegeliana de la autoconciencia y de las reaccionarias conclusiones filosóficas, sociológicas y políticas que de ella se derivan. Al contraponer al idealismo las tesis iniciales de su concepción nueva, materialista [52] dialéctica, de la naturaleza y de la sociedad, los autores de La Sagrada Familia proporcionan un primer esbozo de historia marxista de la filosofía como historia de la lucha del materialismo con el idealismo.

En la historia de la filosofía de la Edad Moderna, Marx destaca ante todo las doctrinas materialistas –el materialismo inglés y francés de los siglos XVII y XVIII–, y en su pugna con los sistemas idealistas de esas mismas centurias ve lo que principalmente da contenido al desarrollo del pensamiento filosófico de dicho período. El materialismo es presentado por Marx como una doctrina orgánicamente vinculada a las ciencias experimentales y a las necesidades materiales de la vida social. A este respecto, Marx señala la significación de la filosofía materialista para la preparación teórica del concepto socialista de la sociedad. El idealismo, en cambio, se opone al avance de las ciencias naturales y se enfrenta a las tareas de la transformación revolucionaria de la vida social. Esboza Marx en líneas generales la vía de desarrollo del pensamiento filosófico y hace ver la inevitable eliminación de la filosofía en el viejo sentido de la palabra y la necesidad de sustituirla por una concepción científica del mundo puesta al servicio del movimiento socialista y de las ciencias naturales.

En La Sagrada Familia, Marx y Engels no someten aún a una crítica profunda la limitación metafísica del materialismo de los pensadores franceses del siglo XVIII y de Feuerbach. Se reducen preferentemente a subrayar el carácter progresivo de estas doctrinas y su hostilidad a la filosofía idealista reaccionaria. V. I. Lenin escribe que los autores de La Sagrada Familia hacen un “cálido elogio de Feuerbach”.80 Estos entusiastas comentarios de Marx y Engels sobre Feuerbach no se hallaban exentos de una cierta exageración. “Pero ¿quién descubrió el secreto del “sistema”? (Se trata del sistema de Hegel. N. de la Red.) Feuerbach –escriben ellos–. ¿Quién destruyó la dialéctica de los conceptos, esta guerra de dioses de la que sólo tenían noticias los filósofos? Feuerbach. ¿Quién colocó en vez de los trastos viejos, comprendida la “autoconciencia infinita”,'no la “significación del hombre” –¡como si el hombre tuviera otra significación que la de ser hombre!–, sino el “hombre” mismo. Feuerbach y sólo Feuerbach. Aún hizo más todavía.”81 Sin embargo, sería injusto suponer, como hacen los “críticos” burgueses del marxismo y los revisionistas, que en La Sagrada Familia Marx y Engels no son todavía materialistas dialécticos. V. I. Lenin indicaba que en esta obra se muestran ya como revolucionarios proletarios que defienden la supresión revolucionaria de la propiedad privada y se acercan de lleno a la idea cardinal del materialismo histórico: a la idea de las relaciones de producción.

La Sagrada Familia de Marx y Engels produjo la más honda impresión en Alemania. G. Jung lo anuncia así a Marx y agrega: “Ahora, la crítica especulativa ha sufrido un descalabro completo.”82 Es verdad que B. Bauer levantó la voz contra La Sagrada Familia. En la revista [53] Espejo de la sociedad, que dirigía M. Hess, Marx y Engels publicaron la respuesta a la “anticrítica” de Bauer, quien, alegando no haber sido comprendido, “repite con la ingenuidad más completa sus viejas frases pretenciosas y que hace ya mucho se han convertido en nada...”83

T. Opitz, discípulo de B. Bauer, que salió a la palestra en contra de Marx y Engels, define de nuevo la historia como el desarrollo de la conciencia de sí mismo. Pero los jóvenes hegelianos no consiguieron recuperar las posiciones que habían perdido con la crítica que de sus ideas habían hecho Marx y Engels.

Casi al mismo tiempo en que veía la luz La Sagrada Familia, en 1845, Marx escribió sus famosas tesis sobre Feuerbach. En ellas somete a crítica, ante todo, la limitación y los defectos de toda la filosofía anterior, que consideraba la realidad únicamente como objeto de contemplación, al margen de la modificación práctica de la misma por el hombre. Este carácter contemplativo era también propio del materialismo de Feuerbach, el cual, si bien oponía al pensamiento especulativo la percepción sensorial, no comprendía el sabor gnoseológico de la actividad práctica del hombre. Y ello cuando, según señala Marx, la práctica es el punto de partida, la base y el criterio del conocimiento. La cognoscibilidad del mundo, la presencia en el pensamiento humano de una “verdad objetiva”, se demuestra sólo prácticamente. “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.”84 La práctica no sólo confirma la realidad y la fuerza del pensamiento, sino que también refuta los errores. Esto hay que tenerlo presente, en particular, en la crítica de la religión, el origen de la cual no es el sentimiento como tal, no es el individuo humano abstracto y tomado aisladamente, sino la vida social, práctica, de los hombres.

Feuerbach reducía la teología a la antropología, y la esencia de la religión a la esencia humana, pero esto no explicaba las causas del desdoblamiento del mundo en un mundo religioso y otro real, las causas de la aparición de la opresión religiosa. No veía que la esencia humana “no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales”.85 Por consiguiente, el sentimiento religioso es un producto histórico-social, radica en los antagonismos de la vida social y “sólo puede explicarse por el propio desgarramiento y la contradicción de esta base terrenal consigo misma”.86 Esto significa que la supresión de la religión presupone la supresión de las condiciones sociales materiales que la engendraron, lo que no es tampoco un proceso teórico, sino un proceso práctico revolucionario. No basta en absoluto por ello, como hacían los viejos materialistas, con señalar la influencia de las circunstancias y de la educación sobre los hombres, pues las circunstancias son modificadas por los propios hombres, y el educador también necesita ser educado. La base de la vida humana es la práctica social. [54] Importancia singularísima tiene la práctica revolucionaria, que es, según el pensamiento de Marx, la forma suprema de la actividad de los hombres consciente y encaminada a un fin, en la cual coincide el cambio de las condiciones de la vida humana con la actividad del hombre que persigue determinados objetivos.

A la profunda crítica de la metafísica teoría del conocimiento del viejo materialismo acompaña la indicación de las raíces de clase inherentes al viejo materialismo de la contemplación. “El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad “civil”; el del nuevo materialismo, la sociedad humana o humanidad socializada.”87 Por “sociedad civil” entiende aquí Marx la sociedad basada en la propiedad privada, y por “sociedad humana o humanidad socializada”, la sociedad comunista. Las tesis de Marx sobre Feuerbach terminan con una proposición fundamental, que pone de manifiesto el sentido de la filosofía del marxismo y su sustancial diferencia con las demás doctrinas filosóficas: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.”88

En enero de 1845, por orden del ministro del Interior de Francia. C. Marx es expulsado de París. El motivo aducido era la publicación en Vorwärts de artículos revolucionarios. Marx se trasladó a Bruselas, adonde en la primavera de ese mismo año llegó también Engels. Posteriormente este último había de escribir que, durante su encuentro en Bruselas, Marx le dio a conocer la concepción materialista de la historia, desarrollada ya en líneas generales.89 Ante los fundadores del comunismo científico se planteaba la tarea de exponer sistemáticamente y ampliar su doctrina filosófica en lucha contra las teorías burguesas y pequeñoburguesas hostiles a la clase obrera. A este efecto, en 1845-1846, prepararon un nuevo trabajo conjunto, La ideología alemana, que, sin embargo, no llegaron a publicar. Después de la muerte de los fundadores del marxismo, la socialdemocracia alemana ocultó largo tiempo el manuscrito en sus archivos. Sólo en 1932 fue publicada íntegramente La ideología alemana en la U.R.S.S., en el idioma original, y dos años más tarde en ruso.

La ideología alemana es la obra filosófica más importante de entre todas las que Marx y Engels escribieron en el período de formación del marxismo. Aquí, en todos los problemas fundamentales, la ideología proletaria es enfrentada a la ideología burguesa en general y a la ideología burguesa alemana en particular.

Lo característico de esta obra es su espíritu de partido, combativo y militante, unido a su rigor científico. Si en La Sagrada Familia la crítica de la limitación del materialismo premarxista ocupaba un lugar reducido, en La ideología alemana se hace un minucioso análisis crítico de la teoría de Feuerbach. En La Sagrada Familia, como apunta V. I. Lenin, los fundadores del marxismo solamente se acercaban a la idea de las relaciones [55] de producción, mientras que en La ideología alemana ofrecen una caracterización de las formas de propiedad, que se han sucedido históricamente y que son la base de las relaciones de producción; también exponen la doctrina de la lucha de clases como fuerza motriz del desarrollo social, la teoría de las revoluciones sociales en general y de la revolución proletaria en particular.

En La Sagrada Familia, la ideología proletaria era enfrentada al humanismo burgués, que históricamente había agotado sus posibilidades, y se la denominaba teoría del “humanismo real”. En La ideología alemana dan por primera vez a su doctrina el nombre de comunismo científico.

Este importante paso de los fundadores del marxismo era consecuencia de su activa participación en la lucha de clase del proletariado. Era un tiempo en el que Europa Occidental se acercaba vertiginosamente a la revolución. La crisis económica de 1847 y las malas cosechas de 1845 y 1846 agudizaron extraordinariamente la situación revolucionaria, en vías de maduración. En febrero de 1846, en Bruselas, por iniciativa de Marx se constituye el Comité Comunista de Enlace. Marx y Engels mantienen correspondencia con los grupos comunistas de Colonia, Wuppertal, Silesia y Norte de Alemania. En Bruselas, Marx funda la “Sociedad Obrera Alemana” y pronuncia conferencias para los obreros (Trabajo asalariado y capital), utiliza para la propaganda comunista la Gaceta Alemana de Bruselas, se relaciona con la parte revolucionaria de los cartistas, con el partido demócrata socialista francés, con la sociedad de los Demócratas Hermanos, etc.

A la vez que agrupan a las fuerzas revolucionarias, Marx y Engels mantienen una decidida lucha contra el utopismo socialista pequeñoburgués. Tenían en alta estima el papel de Weitling en el movimiento obrero, pero combatieron las utópicas teorías de los grupos de sectarios que profesaban sus ideas.

En una reunión del Comité Comunista de Enlace, que se celebró en Bruselas en marzo de 1846, Marx, según el testimonio de Annenkov, que figuraba entre los asistentes, hizo una crítica de la utópica teoría de Weitling, afirmando que “dirigirse al trabajador sin una idea rigurosamente científica y sin una doctrina positiva es lo mismo que el juego vacío y deshonesto al predicador, en el que, por un lado, se supone al inspirado profeta y, por otro, se admiten solamente a asnos que lo escuchan con la boca abierta...”90 l responder a la crítica que Weitling hizo del socialismo científico, o “socialismo de gabinete”, según él se expresaba, Marx, nos dice Annenkov, “dio tal puñetazo en la mesa que la lámpara se tambaleó ruidosamente; se puso en pie y dijo: “¡Jamás la ignorancia ha sido útil a nadie!”91

Marx y Engels se manifiestan también contra H. Kriege, socialista pequeñoburgués de tipo populista, que había convertido el comunismo en un “delirio de amor” y que se entregaba a la prédica sentimental de la fraternización entre las clases antagónicas. La Circular contra Kriege [56] contribuyó en alto grado a desacreditar las ilusiones sentimentales del socialismo pequeñoburgués alemán.

Engels. en una carta enviada desde París en 1846 al Comité Comunista de Enlace, habla de su lucha contra las prédicas del socialismo pequeñoburgués en las reuniones de la sección parisiense de la Liga de los Justos. Tratábase de los utópicos proyectos de organizar “talleres socialistas”, mediante los cuales los socialistas pequeñoburgueses confiaban en desplazar pacíficamente al capital y en pasar al socialismo sin revoluciones. Engels desenmascara estas lucubraciones de los “socialistas” alemanes, que alejaban de la lucha de clases, y les opone el comunismo científico, revolucionario, cuya meta fundamental es la supresión de la propiedad privada por la “revolución democrática violenta”, expresión con la que designa a la revolución del proletariado.

En el período en que los partidarios de Marx y Engels estaban aún en minoría dentro del movimiento obrero, en el que se introducían grupos sectarios de toda laya de adeptos del socialismo pequeñoburgués, una de las tareas más importantes de los fundadores del marxismo era la de dar un fundamento científico a la ideología proletaria, la propaganda de la misma para incorporar al socialismo científico a los proletarios avanzados y la crítica del socialismo pequeñoburgués que entonces imperaba en el movimiento obrero.

Tales eran las condiciones en que Marx y Engels escribieron La ideología alemana, trabajo en el que continúan la crítica de la filosofía hegeliana y del idealismo en general, a la vez que hacen un análisis crítico del materialismo de Feuerbach, con la concepción idealista de la historia que le era propia (a él y a todo el materialismo anterior a Marx).

Marx y Engels señalan la estridente fraseología seudorrevolucionaria de los jóvenes hegelianos y ponen al desnudo las tendencias políticas conservadoras de su doctrina filosófica, el sentido reaccionario de las ilusiones que los jóvenes hegelianos cultivaban al afirmar que la opresión existente en la sociedad tenía su causa en la presencia de una “conciencia oprimida”. Esta deformación joven-hegeliana de las tareas revolucionarias planteadas objetivamente por el desarrollo del país, tenía, según Marx y Engels, sus raíces materiales en la impotencia de la burguesía alemana, que sentía verdadero terror ante las transformaciones revolucionarias.

Un lugar importante en La ideología alemana corresponde a la crítica del joven hegeliano Stirner, autor de El único y su propiedad; esta obra era una de las primeras “exposiciones” teóricas del anarquismo como doctrina que coloca por encima de todo los intereses del individuo, y no los de la masa. Stirner exaltaba el egoísmo burgués y el individualismo, en el que veía la única encarnación de la “conciencia de sí mismo”, la única fuerza creadora y norma valorativa de los fenómenos. Marx y Engels asestan golpes demoledores al idealismo y al anarquismo de Stimer y explican que el carácter deformado de la conciencia social es un fenómeno históricamente sujeto a leyes e inevitable: en él se reflejan las contradicciones antagónicas de la vida material propias de la sociedad de clases. De tal modo, también las ilusiones –que a primera vista parecen algo meramente subjetivo y voluntario– son de hecho un reflejo de la realidad objetiva. No hay nada en la conciencia de los hombres que de una [57] manera o de otra no sea reflejo del mundo objetivo. Esta conclusión, consecuentemente materialista, la formulan Marx y Engels con las palabras que siguen: “También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales... No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia.”92

Esta tesis de Marx y Engels es de esencial importancia tanto para fundamentar la concepción materialista de la historia como para la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico, pues la concepción científica del condicionamiento histórico-concreto de la relación “sujeto-objeto” permite no sólo comprender el paso de la ignorancia al saber, sino también explicar las raíces de los inevitables errores en la historia del conocimiento. A diferencia del materialismo metafísico, Marx y Engels hacen ver que la conciencia de los hombres es reflejo también de la existencia social, y no sólo de la naturaleza. El predominio de unas u otras ideas en la conciencia social es reflejo del predominio de determinadas fuerzas materiales y clases en la realidad misma. Dando una interpretación materialista a la esencia del conocimiento, del pensar, Marx y Engels subrayan la unidad de éste con el lenguaje, y demuestran que el pensamiento es imposible sin el lenguaje, que éste es la realidad inmediata del pensamiento.

Un lugar importante en La ideología alemana corresponde a la crítica de las concepciones idealistas de L. Feuerbach sobre la sociedad. Ante todo, Marx y Engels rechazan sus pretensiones de considerar su teoría antropológica como una doctrina comunista. Feuerbach convierte el comunismo, que es la doctrina de “un partido revolucionario definido”, en una categoría extremadamente abstracta, que caracteriza supuestamente la “naturaleza” del hombre en general. Marx y Engels explican el carácter proletario combativo del comunismo científico y señalan la índole idealista de la interpretación antropológica de la vida social, que conduce, independientemente de las intenciones del propio Feuerbach, a la idealización de la democracia burguesa, la cual es tomada, fuera del plano histórico, como la que mejor corresponde a la naturaleza humana. Feuerbach no hace la crítica de las relaciones sociales existentes; “no consigue nunca, por tanto, concebir el mundo sensible como la actividad sensible, viva y total de los individuos que lo forman, razón por la cual se ve obligado, al ver, por ejemplo, en vez de hombres sanos, un tropel de seres hambrientos, escrofulosos, agotados por la fatiga y tuberculosos, a recurrir a una “concepción más alta” y a la ideal “compensación dentro del género”, es decir, a reincidir en el idealismo precisamente allí donde el materialista comunista ve la necesidad y, al mismo tiempo, la condición de una transformación radical tanto de la industria como de la organización social”.93

Feuerbach, que ve preferentemente en el hombre un ser natural (o sea una parte de la naturaleza), aspira a descubrir también en la sociedad [58] las condiciones “naturales” de la existencia humana, es decir, unas condiciones que permitan al individuo realizar, de manera más o menos libre, sus funciones naturales y, por tanto –según él–, sentirse feliz. Estimándolo así, Feuerbach llega a la conclusión de que “todas las cosas –a excepción de casos antinaturales– se hallan de buen grado donde están y de buen grado son lo que son”. Esta tesis encuentra la rotunda réplica de Engels: “Magnífica apología de lo existente. A excepción de los casos antinaturales –escribe con sarcasmo–, de unos pocos casos anormales, uno se convierte voluntariamente al séptimo año de su vida en guarda de una mina de carbón, donde permanece solo y entre tinieblas catorce horas al día; y como ésa es su existencia, su esencia es ésa también.”94

Así, valiéndose del ejemplo de Feuerbach, los fundadores del marxismo hacen ver que incluso los pensadores más progresivos de aquel tiempo que no se mantenían en las posiciones del proletariado, eran incapaces de elevarse hasta la concepción materialista de la historia, ni siquiera en los casos en que su base gnoseológica ostentaba un carácter materialista.

Frente a la concepción idealista de la historia, Marx y Engels exponen las tesis fundamentales del materialismo histórico. Concretan el concepto de vida social, al destacar como base real de la vida material de la sociedad la producción de bienes materiales. De todo el conjunto de las relaciones sociales, destacan las relaciones de los hombres en la producción (formas de intercambio, según la terminología de que entonces se valían los fundadores del marxismo) como lo fundamental y determinante; de conformidad con esto, son consideradas históricamente las formas de propiedad que se van sucediendo una a otra: propiedad tribal (colectiva), antigua (del esclavismo), feudal y capitalista privada. A diferencia de los socialistas utópicos, para quienes la propiedad privada era funesta consecuencia de un largo período de equivocaciones y torcidos propósitos, Marx y Engels admiten la necesidad histórica y el carácter progresivo de estas formas de propiedad en las épocas precedentes. Ahora bien, esta necesidad y este carácter progresivo no son eternos, sino históricamente perecederos; no son absolutos, sino relativos. Marx y Engels concentran su atención en la explicación del carácter antagónico del desarrollo de la propiedad privada. Revelan la contradicción que se abre entre el trabajo intelectual y el manual y entre la ciudad y el campo, subrayando que los antagonismos sociales, que se basan en la propiedad privada, se agudizan sin cesar a lo largo de la historia y alcanzan su punto culminante en las relaciones entre el trabajo asalariado y el capital. Todas las revoluciones del pasado no son sino etapas en el desarrollo y profundización de los antagonismos sociales. Unicamente la revolución comunista, explican Marx y Engels, acaba con la dominación de cualquiera de las clases y con las clases mismas. La revolución comunista “no sólo es necesaria porque la clase dominante no puede ser derrocada de otro modo, sino también porque únicamente por medio de una revolución logrará la clase que derriba salir del cieno en que se hunde y volverse capaz de fundar la sociedad sobre nuevas bases”.95 [59]

La parte final de esta notable obra la constituyen algunos ensayos de crítica del “verdadero socialismo” pequeñoburgués alemán, en la persona de sus principales portavoces: Carlos Grün, Moisés Hess y otros.

“Verdadero socialismo” es el nombre que daban a su doctrina los ideólogos de la pequeña burguesía alemana que venía a la ruina bajo la acción del capitalismo. Afirmaban que Alemania no debía seguir la vía inglesa y francesa, es decir, capitalista, y apelaban a los gobiernos feudales para que estos últimos obstaculizasen el crecimiento del proletariado. Como pequeños burgueses que eran, los socialistas “verdaderos” se horrorizaban ante el movimiento proletario. Afirmaban que el socialismo no se halla vinculado en modo alguno al proletariado. El socialismo era presentado por ellos como una teoría sobre las clases, como expresión de la naturaleza “sustancial” del hombre y como la vuelta a la trastocada unidad entre el hombre y la humanidad, entre las categorías de lo individual y lo general. En sus producciones, los “verdaderos socialistas” criticaban el socialismo utópico francés e inglés, y en particular la doctrina utópica revolucionaria del babuvismo, oponiendo a lo que consideraban “groseras” teorías la “conciencia de sí mismo” hegeliana y la ética feuerbachiana del amor universal. Apoyándose en estas últimas construcciones, sostenían la necesidad de crear un socialismo “filosófico” alemán, o “verdadero socialismo”.

Los “verdaderos socialistas”? afirmaban, como subrayan Marx y Engels, que “los alemanes se encuentran por encima de la limitación nacional y de todos los intereses reales...” y, en su crítica de la “limitación nacional” de otros pueblos, idealizaban el atraso de Alemania, proclamando el desarrollo pequeñoburgués de su país poco menos que como el ideal de la evolución entera de la historia. Señalando el carácter nacionalista y cosmopolita de estas ideas, Marx y Engels escribían: “... ¡Sobre qué concepciones limitadamente nacionales descansan el supuesto universalismo y el pretendido cosmopolitismo de los alemanes!”96

Los fundadores del marxismo descubren genialmente el reverso material del nacionalismo burgués alemán cuando señalan que “a esta inflada y superabundante soberbia nacional corresponde, en el terreno de los hechos, una práctica totalmente mezquina, de tenderos y de artesanos”.97 La ideología alemana contiene una profunda indicación sobre los inseparables nexos que existen entre el nacionalismo y el cosmopolitismo burgueses y los rasgos fundamentales del régimen capitalista. Marx y Engels señalan que “la libre concurrencia y el mercado mundial crean el hipócrita cosmopolitismo burgués...”98

Marx y Engels formulan las tesis fundamentales del internacionalismo proletario. A las lucubraciones seudosocialistas oponen la naturaleza socialista de una de las clases sociales –el proletariado–, la doctrina de la lucha de clases y de la revolución comunista como ley objetiva del desarrollo histórico.

La crítica de los “verdaderos socialistas” era un aspecto históricamente [60] necesario en la fundamentación materialista del socialismo científico y en la exposición de su naturaleza de clase, proletaria.

Por lo tanto, la filosofía de Marx y Engels sirve en La ideología alemana para la fundamentación teórica del comunismo científico.




{65} Carta de G. Jung a Marx, del 31 de julio de 1844. Archivo del Instituto de Marxismo-Leninismo, adjunto al C.C. del P.C. de la Unión Soviética, fondo I, relación 5.

{66} V. I. Lenin, Federico Engels. En Obras completas, trad. esp., ed. cit., t. II, página 17.

{67} C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia, o Crítica de la crítica crítica. Contra Bruno Bauer y consortes. En Carlos Marx y Federico Engels, La Sagrada Familia y otros escritos filosóficos de la primera época, pág. 73, trad. de W. Roces, Editorial Grijalbo, México, D. F., 1948.

{68} C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia..., ed. cit., pág. 118.

{69} Ibídem, pág. 102.

{70} Ibídem, pág. 151.

{71} C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia..., ed. cit., pág. 148.

{72} Ibídem.

{73} Ibídem, pág. 150.

{74} Ibídem, pág. 184.

{75} Ibídem, págs. 100 y 101.

{76} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos. En Obras completas, ed. rusa, t. 38, pág. 8.

{77} La corta ha sido publicada por primera vez en la revista Problemas de la paz y del socialismo, 1958, núm. 2, pág. 10.

{78} C. Marx y F. Engels, La Sagrada Familia..., ed. cit., pág. 185.

{79} Ibídem, págs. 148-149.

{80} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos. Obras, t. 38, pág. 19.

{81} Ibídem.

{82} Carta de G. Jung a Marx (sin fecha). Archivo del Instituto de MarxismoLeniínismo, del C.C. del P.C. de la Unión Soviética.

{83} C. Marx y F. Engels, Respuesta a la anticrítica de B. Bauer. Obras completas, ed. rusa, t. III, 1930, pág. 247.

{84} C. Marx, Tesis sobre Feuerbach. En C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., t. II, pág. 376, Moscú, 1952.

{85} Ibídem, pág. 377.

{86} Ibídem.

{87} C. Marx, Tesis sobre Feuerbach. En C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, t. II, pág. 378.

{88} C. Marx, Tesis sobre Feuerbach. En C. Marx y F. Engels, Obras completas, t. III, pág. 4.

{89} F. Engels, Contribución a la historia de la Liga de los Comunistas. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, t. II, pág. 326.

{90} P. Annenkov, Una década memorable. Recuerdos sobre Marx y Engels. Moscú, 1956, pág. 281.

{91} Ibídem, pág. 282.

{92} C. Marx y F. Engels, La ideología alemana. Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetas, trad. de W. Roces, pág. 25, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, Uruguay.

{93} Ibídem, pág. 47.

{94} [Engels sobre Feuerbach] Feuerbach. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. IV, Moscú, 1933, pág. 596.

{95} C. Marx y F. Engels, La ideología alemana, ed. cit., pág. 78.

{96} C. Marx y F. Engels, La ideología alemana, ed. cit., págs. 535-36.

{97} Ibídem, pág. 536.

{98} Ibídem, pág. 171.