Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1962


Tomo 3 ❦ Capítulo I: 8

8. Esencia y significado de la transformación revolucionaria realizada en la filosofía por Marx y Engels.

La creación del materialismo dialéctico y del materialismo histórico significaba la más profunda transformación revolucionaria en filosofía, el comienzo de una nueva época histórica en el avance espiritual de la sociedad.

Marx y su genial amigo Engels llevaron a cabo la gran empresa científica de crear la forma histórica superior de la filosofía materialista, que unía indisolublemente en un todo único el materialismo y la dialéctica, la concepción materialista de la naturaleza y la interpretación materialista de la vida social, la interpretación filosófica de la realidad y la lucha por su transformación revolucionaria. La aparición del materialismo dialéctico [71] e histórico significaba un cambio radical de la naturaleza de clase y del papel social de la filosofía, del objeto de la misma y, por consiguiente, de su lugar en el sistema de los conocimientos científicos acerca de la naturaleza y la sociedad.

En la tesis de Marx de que los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, cuando de lo que se trata es de transformarlo, se formula breve y profundamente la esencia de la revolución operada en la filosofía por el marxismo, la diferencia radical y cualitativa de la filosofía del marxismo respecto de todas las doctrinas filosóficas anteriores, sin exceptuar a las progresivas.

Una visión superficial puede llevar a creer que esta tesis de Marx no se refiere a ciertas doctrinas filosóficas progresivas, por ejemplo, al materialismo francés del siglo XVIII. Según sabemos, los materialistas franceses prepararon ideológicamente la revolución burguesa del siglo XVIII en Francia, combatieron enérgicamente el orden de cosas feudal, al que consideraban antinatural, irracional y opuesto a la naturaleza del hombre, insistían en que las instituciones sociales habían de ser puestas en correspondencia con la naturaleza humana. Indudablemente, el materialismo francés, al igual que otras doctrinas filosóficas progresivas, contribuyó en el más alto grado a la transformación burguesa de la sociedad. Pero ¿se refiere a esto la anterior tesis de Marx? ¿Niega ésta el valor de unas u otras doctrinas filosóficas para el desarrollo de la sociedad, la participación activa de unos u otros filósofos en determinadas transformaciones sociales? Ciertamente, no. La filosofía, nos enseña Marx, es la forma de la conciencia social que expresa determinados intereses sociales, de clase, que cumple un determinado papel en la historia de la sociedad y, por tanto, en las modificaciones que los hombres llevan a cabo. La tesis de Marx no niega lo más mínimo este hecho, pues Marx, por principio, no aceptaba en absoluto el punto de vista tradicional burgués de que la filosofía no es “partidista”? y se limita a contemplar la realidad, sin que tenga que ver nada con la actividad práctica, con el cambio del orden social.

La anterior tesis de Marx nos dice únicamente que los filósofos, que se dedicaban a explicar el mundo, no habían creado una teoría del cambio del mismo, no habían revelado las leyes del cambio y desarrollo de la vida social, las leyes de las transformaciones sociales. Así, por ejemplo, los materialistas franceses del siglo XVIII, que tanto hicieron para la transformación burguesa de su país, eran metafísicos, estaban convencidos de la inmutabilidad de la naturaleza humana y de la esencia inmutable de todo lo existente. “... Lo que fue, es y será...”,115 escribía, por ejemplo, Helvecio. Refiriéndose a la necesidad de poner fin al sistema feudal, los materialistas franceses partían de la existencia de una naturaleza humana, dada de una vez para siempre e inmutable, a la que las instituciones feudales deformaban. Por esto, ellos lo que planteaban era la necesidad de rechazar las contradicciones, de prescindir de lo que no era natural y no se conformaba con la inmutable esencia humana. En la filosofía premarxista no todos fueron metafísicos, también hubo dialécticos [72]. Mas tampoco éstos pudieron dar una teoría filosófica científica del cambio del mundo. El gran dialéctico Hegel, a causa del carácter idealista de su filosofía, veía el desarrollo como una ley internamente propia sólo del pensamiento, y no de la naturaleza ni de la vida material de la sociedad. Afirmaba que la realidad es racional, por lo que las aspiraciones de los hombres a modificarla en interés suyo carecen de consistencia, Los hombres, al decir suyo, se imaginan que hacen ellos mismos la historia, pero en realidad no son sino ejecutores de la voluntad del “espíritu absoluto”, por lo que el curso de los acontecimientos ha de ser considerado como algo establecido desde el comienzo del mundo.

Como la mayoría de los filósofos premarxistas, Hegel oponía la filosofía a la actividad práctica real de los hombres, en particular a su aspiración a cambiar, en interés propio, las condiciones de vida, las relaciones sociales. Según afirmaba, justamente “la aversión hacia las inquietudes de las pasiones inmediatas en la realidad, empuja al examen filosófico...”116 Pero esto significa que la filosofía no ha de encontrarse al servicio de la práctica; ha de elevarse sobre ella, contemplando impasible el bien y el mal, revelando la necesidad del uno y el otro, tratando de alcanzar no lo pasajero, sino lo eterno, no lo relativo, sino lo absoluto. Es de una total evidencia que una filosofía de tal género no llamaba a la lucha, sino a la conciliación con lo existente, que era tenido como racional y sujeto a leyes; y si cambiaba, en todo caso esto no tenía relación alguna con las necesidades e intereses del hombre.

Las doctrinas filosóficas anteriores al marxismo eran forjadas, de preferencia, por hombres que pertenecían a las clases dominantes. Algunas de esas doctrinas eran progresivas, por cuanto las clases de cuyos intereses eran portavoces estaban interesadas en el avance de la producción material, de la ciencia y la cultura de la sociedad, y en la lucha contra los sistemas sociales reaccionarios. Mas los ideólogos de las clases explotadoras no planteaban, ni podían hacerlo, las tareas de la radical transformación revolucionaria de la sociedad. Es de una evidencia absoluta que en estas doctrinas no podía ser reconocida ni argumentada teóricamente la lucha que por su emancipación sostenían las masas oprimidas y explotadas. Sólo en las doctrinas filosóficas y sociológicas creadas en el periodo premarxista por los ideólogos de los campesinos y de otras capas trabajadoras de la sociedad, en especial por los demócratas revolucionarios, se advierte la aspiración a poner la filosofía al servicio del movimiento de liberación, a argumentar teóricamente las transformaciones sociales llevadas a cabo en interés de los trabajadores. Mas también los demócratas revolucionarios eran idealistas, en lo fundamental, por lo que toca a la interpretación de la historia. De ahí que tampoco ellos pudieran elaborar la doctrina de las leyes que rigen el cambio del mundo, y en especial la doctrina de las leyes de la transformación revolucionaria de la sociedad en interés de los oprimidos y explotados.

Sólo los ideólogos del proletariado revolucionario, Marx y Engels, fueron capaces de crear la filosofía que había de convertirse en la bandera [73] ideológica de millones de trabajadores en la lucha por su futuro, en instrumento para la transformación revolucionaria y consciente de la sociedad. Los fundadores del marxismo terminaron resueltamente con la oposición de la filosofía y la ciencia en general a la práctica, y al movimiento de emancipación de los trabajadores. Según Marx, la misión de la ciencia social y, en particular, de la filosofía –que por su esencia misma es una concepción del mundo– consiste en dar una consigna de lucha verdadera, es decir, basada en el conocimiento de las leyes objetivas del desarrollo. Esta tesis de Marx nos habla también con evidencia de la radical y cualitativa diferencia que separa a la filosofía del marxismo de todas las doctrinas filosóficas que le precedieron. El materialismo dialéctico e histórico no es la filosofía de una secta, de un estrecho grupo de gentes, de especialistas, de “aristócratas del espíritu”; es la filosofía de las masas, comprendida por las masas, que refleja sus intereses y fundamenta su lucha por la completa emancipación social.

La filosofía del marxismo es la concepción del mundo de los partidos comunistas y obreros, el fundamento teórico del comunismo científico, y en ello se revela el papel social, cualitativamente nuevo, de la filosofía.

Marx y Engels no se limitaron a poner fin a la contraposición entre la filosofía y la práctica; también terminaron con el antagonismo entre la filosofía y las ciencias de la naturaleza y la sociedad. Sabemos que los filósofos premarxistas opusieron a menudo las ciencias naturales a la “filosofía de la naturaleza”; la historia como ciencia, a la “filosofía de la historia”; el estudio del arte, a la “filosofía del arte”; la jurisprudencia, a la “filosofía del derecho”, etc. Tal oposición ostentaba un carácter particularmente agudo en los idealistas, que trataban de interpretar con un criterio idealista el contenido materialista de las ciencias naturales, es decir, de deformar ese contenido para dar satisfacción a sus concepciones idealistas. Los idealistas veían la filosofía como una “ciencia de las ciencias”, que podía desdeñar las ciencias de “categoría inferior”, es decir, las ciencias de la naturaleza y de la sociedad, supuestamente independiente de los datos experimentales y que extraía sus proposiciones del concepto puro, sin dirigirse a los hechos, a la experiencia. Los materialistas se manifestaban una vez y otra contra esa actitud desdeñosa hacia la ciencia. Pero los materialistas anteriores a Marx no pudieron superar hasta el fin la oposición entre la filosofía y las distintas ciencias, por lo que muchos naturalistas daban la espalda a la filosofía y caían en poder de un estrecho empirismo, mientras que los adeptos de la filosofía natural, de espalda a las ciencias concretas, que se basan en datos experimentales, se veían desprovistos de un terreno real para sus generalizaciones teóricas.

Marx y Engels descubrieron las relaciones que existen entre la filosofía y las ciencias de la naturaleza y la sociedad, determinando así el lugar que verdaderamente corresponde a la filosofía en el sistema general de los conocimientos científicos. La filosofía, señalaban, no ha de despreciar los datos científicos, sino hacer un balance teórico de ellos, generalizarlos; ha de ser la base filosófica de las ciencias de la naturaleza y la sociedad y proporcionarles un método de conocimiento científico, de pensamiento, Si las distintas ciencias naturales estudian determinadas formas del movimiento [74] de la materia, las leyes específicas que les son inherentes, el materialismo dialéctico es la concepción científica del mundo que estudia las leyes comunes a todas las formas del movimiento, del desarrollo. El materialismo dialéctico trata de las leyes más generales del movimiento, del cambio y desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.

El materialismo dialéctico y el materialismo histórico, al suprimir la filosofía en el antiguo sentido de la palabra, representan “una simple concepción del mundo que no ha de encontrar su confirmación y manifestación en una ciencia especial, en una ciencia de las ciencias, sino en las ciencias reales”.117

Marx y Engels convirtieron la filosofía en una concepción científica del mundo que se basa en los datos de las ciencias naturales y sociales, que generaliza estos datos y que tiene una significación formidable para las propias ciencias.

Eso fue posible, ante todo, porque los fundadores del marxismo relacionaban indestructiblemente entre sí la teoría filosófica y el método, el materialismo y la dialéctica, porque con su concepción filosófico-científica del mundo crearon una concepción integral, irreductible frente al idealismo y la metafísica. Sabemos que el materialismo anterior a Marx ostentaba un carácter preferentemente metafísico, lo cual era debido, en primer término, a la limitación mecanicista de las ciencias naturales de aquel entonces. Esto no significa, se entiende, que el materialismo, según afirman algunos idealistas, sea por su naturaleza enemigo de la dialéctica. Al contrario, los hechos históricos demuestran que los primeros representantes de la filosofía materialista profesaron una dialéctica simplista. Los materialistas de los siglos XVII a XIX enunciaron también una serie de importantes proposiciones dialécticas; esto se refiere, en particular, a Spinoza, Diderot, Herzen y Chernichevski. No obstante, estos materialistas, en virtud de la limitación de las condiciones sociales y de los datos científicos de que se disponía en su tiempo, no pudieron dar un panorama dialéctico completo del mundo, aplicar consecuentemente la dialéctica a la historia y a la teoría del conocimiento.

Marx indicaba que bajo un aspecto abstracto, unilateral y mistificado, la dialéctica había sido expuesta por algunas figuras eminentes de la filosofía clásica alemana, y en particular por Hegel. Empero, como ya se señaló más arriba, la dialéctica idealista hegeliana era inservible para la investigación concreta de la naturaleza y la sociedad.

En los tiempos en que el marxismo aparece. en el terreno filosófico existía, pues, por un lado, la doctrina progresiva del materialismo, la limitación metafísica de la cual era un obstáculo para el avance de la filosofía; por otro, existía el método dialéctico de la filosofía clásica alemana, limitado y oprimido por sus sistemas idealistas y conservadores.

Marx y Engels liberaron al viejo materialismo de la metafísica, que estorbaba su desarrollo, y a la dialéctica de la mistificación idealista. Con su elaboración dialéctica de la filosofía materialista precedente y su elaboración materialista de la dialéctica de Hegel, los fundadores del marxismo crearon una concepción materialista dialéctica del mundo, en la [75] que se unen orgánicamente la teoría filosófica científica y el método científico, y que se diferencia cualitativamente tanto del anterior materialismo como de la dialéctica precedente. Así, pues, el materialismo y la dialéctica fueron elevados a un nivel muevo, superior. La creación del materialismo dialéctico significaba también la superación de las indecisiones de la filosofía materialista anterior a Marx, es decir, la construcción acabada del materialismo y la creación de la concepción materialista de la historia.

“El materialismo histórico de Marx es una conquista formidable del pensamiento científico. El caos y la arbitrariedad que imperaban en las opiniones sobre la historia y sobre la política cedieron su puesto a una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que revela cómo de una forma de la vida social se desarrolla, al crecer las fuerzas productivas, otra más alta, como de la servidumbre de la gleba, por ejemplo, nace el capitalismo.”118

La creación del materialismo histórico tuvo unas consecuencias revolucionarias en el más alto grado, tanto para la ciencia de la sociedad como para la práctica social entera.

El idealismo fue expulsado de su último refugio, del campo de la historia, pues ahora se había encontrado el camino para explicar la conciencia por las condiciones materiales, por las leyes de desarrollo de la sociedad, en lugar de las “opiniones” de los hombres, del “espíritu absoluto” o de la mística “autoconciencia” con que antes se trataba de explicar la historia humana. Ahora, todo el edificio de la ciencia social se erigía sobre una base materialista.

Con su descubrimiento de que la base de toda la vida social está en el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, el marxismo señalaba la vía para el estudio universal y completo del proceso de desenvolvimiento de las formaciones económico-sociales. Marx mostró “el camino para el estudio científico de la historia como un proceso único y sujeto a leyes en toda su inmensa diversidad y carácter contradictorio”.119

Marx y Engels pusieron de relieve el papel decisivo de las masas trabajadoras en la historia. Las anteriores teorías idealistas del desarrollo social “hacían caso omiso precisamente de las acciones de las masas de la población, mientras que el materialismo histórico por primera vez dio la posibilidad de investigar, con la exactitud de las ciencias naturales, las condiciones sociales de la vida de las masas y los cambios de estas condiciones”.120

Marx y Engels descubrieron en la lucha de clases la fuerza motriz de toda la historia desde el momento en que la sociedad se divide en clases opuestas y hostiles entre sí. Resultado ineluctable de la lucha de clase del proletariado contra la burguesía es la revolución socialista y la implantación [76] de la dictadura del proletariado, cuyo fin es la construcción de la sociedad comunista.

La filosofía marxista-leninista combina orgánicamente un genuino carácter científico con el espíritu de partido y revolucionario proletario militante. El principio del espíritu proletario de partido se convirtió en la base sobre la que se levanta y desarrolla la filosofía marxista.

El materialismo dialéctico, que rechaza la hipocresía del “objetivismo” burgués –forma de encubrir el espíritu de partido de la burguesía– y que defiende abiertamente los intereses de los trabajadores en oposición a los intereses de quienes los explotan, es la única teoría filosófica que mantiene consecuentemente la verdad objetiva. Con su abierta defensa de la verdad objetiva, sirve a los intereses de la clase obrera, de los trabajadores; por eso “hay que hacer lodos los esfuerzos para conseguir y cuidar de la manera más severa que el espíritu de partido sea no una palabra simplemente, sino un hecho”.121 El espíritu sin partido, indicaba Lenin, es una idea burguesa, que vela el carácter de clase de la ideología burguesa; el espíritu de partido es una idea socialista.

Tales son los rasgos fundamentales de la transformación revolucionaria que en filosofía llevaron a cabo los fundadores del marxismo.




{115} C. A. Helvecio, Del espíritu, ed. rusa, Moscú, 1938, pág. 184.

{116} Hegel, Filosofía de la Historia. Obras completas, ed. rusa, t. VIII, Moscú-Leningrado, 1935, pág. 422.

{117} F. Engels, Anti-Dühring, ed. cit., pag. 168.

{118} V. I. Lenin, Tres fuentes y las tres partes integrantes del marxismo. En V. I. Lenin, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., ed. cit., t. I, pág. 67.

{119} V. I. Lenin, Carlos Marx. En Obras completas, ed. rusa, tomo 21, pág. 41.

{120} Ibídem, pág. 40.

{121} V. I. Lenin, Más sobre el espiritu de partido y sin partido. Obras completas, ed. rusa, t. 16, pág. 47.