Zeferino González
Filosofía novísima
§ 15
La izquierda hegeliana
Cuando la fermentación de los espíritus, provocada por la aparición de algún gran sistema filosófico, da origen a direcciones o escuelas diferentes, suele acontecer que esas direcciones, que en sus primeros pasos eran divergentes y encontradas, con el transcurso del tiempo y el choque de las ideas se hacen paulatinamente convergentes y afines, hasta que una de ellas, sobreponiéndose a la otra, la vence, y la absorbe y la anula, o transforma en su propia substancia.
Esto es lo que puede decirse que sucedió con la Filosofía hegeliana. Solicitada al principio en sentido opuesto por la derecha y por la izquierda, esta última absorbió por fin a la primera. Ni podía suceder de otra manera; porque si las cosas caen del lado a que se inclinan, la derecha hegeliana, que llevaba en su seno el panteísmo y el racionalismo naturalista, debía inclinarse y caer definitivamente del lado de la izquierda, concluyendo por identificarse con ésta. El simbolismo científico de Marheineke y la aplicación de las categorías hegelianas al dogma y aun a la historia del Cristianismo, que hicieron algunos representantes de la derecha, impulsaban ya a ésta hacia la izquierda; pero esta impulsión convirtióse en rápido descenso hacia la misma bajo la pluma de Bruno Bauer y con los trabajos de la escuela de Tubinga.
Los rudos golpes descargados por el primero contra la Teología cristiana, no menos que sus sátiras contra las tendencias abstractas y los idealismos metafísicos y teológicos del pensamiento alemán, estrecharon las distancias entre la derecha y la izquierda hegelianas, inclinando la balanza hacia la última.
Los trabajos histórico-críticos de la escuela de Tubinga, y principalmente los de su jefe Baur, acortaron más y más estas distancias, hasta que la derecha hegeliana concluye lógicamente por dar la mano a la izquierda, y confundirse con ésta en la persona y escritos de Strauss, como veremos luego. Sabido es que la crítica naturalista y sistemática de la escuela de Tubinga acerca de los fundamentos y fuentes del Cristianismo, vino a parar a su última y legítima conclusión, que es la negación de lo sobrenatural; y la negación de lo sobrenatural es la premisa propia, o, mejor dicho, es ya la primera etapa de la izquierda hegeliana.