Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 16
Strauss

Nació Strauss (David Federico) en el año de 1808, y después de hacer sus primeros estudios académicos en el seminario de Blaubeuren, pasó a Tubinga, donde la lectura de la Fenomenología de Hegel le inspiró bastante entusiasmo por este filósofo, y hasta se supone que hizo un viaje a Berlín con el objeto de conocer y tratar al gran filósofo, objeto que no pudo realizar por haber muerto Hegel en aquellos días.

Sea de esto lo que quiera, Strauss publicó en 1835 su Vida de Jesús, que produjo sensación profunda y provocó vivas polémicas en la Alemania. En esta obra, que viene a ser una evolución progresiva de la escuela de Tubinga, Strauss ataca al sobrenaturalismo cristiano en su misma raíz, intentando probar que los hechos narrados en el Evangelio son mitos más o menos fundados y más o menos poéticos. El Cristo mismo de los Evangelios, el Hombre-Dios de los Apóstoles y de los primeros cristianos, lo mismo que su Encarnación divina, su resurrección, ascensión y demás milagros, se reducen a mitos y alegorías, producto de la imaginación y leyendas del pueblo, y carecen de realidad histórica.

A consecuencia de los vigorosos ataques que contra la Vida de Jesús dirigieron muchos teólogos, no sólo católicos, sino protestantes, entre los cuales sobresalen Hengstenberg, Müller y Ullmann, Strauss modificó algunas de sus afirmaciones, haciendo ciertas concesiones a sus adversarios; pero las persecuciones y dificultades que experimentó por parte de los poderes públicos y de los centros de enseñanza, exacerbando su orgullo y sus iras, fueron causa de que en la cuarta edición de su obra retirara todas las concesiones hechas en las precedentes ediciones, y de que se expresase en sentido más racionalista, más negativo y radical que en la primera edición.

A contar desde este momento, Strauss, que hasta entonces se había movido y agitado dentro de la esfera racionalista de la escuela de Tubinga, apropiándose sus tendencias y matices más avanzados, realiza paulatinamente y por grados su transición a la izquierda hegeliana, ora acentuando cada vez más sus negaciones acerca de Jesucristo y de su obra religiosa, ora tendiendo a divinizar la humanidad y sustituir su culto y adoración al culto y adoración de Dios.

Impulsado por la fuerza de las cosas y por la lógica, Strauss concluyó por establecer sus reales en el centro mismo de la izquierda hegeliana, haciéndose eco de las ideas y aspiraciones más avanzadas y radicales de esta escuela. Porque la verdad es que La antigua y la nueva fe, libro publicado por nuestro autor en 1872, es un programa de ateísmo, una profesión de fe inspirada en el materialismo y por el materialismo. Aquí se afirma y enseña de la manera más explícita:

a) Que la existencia de un Dios personal, consciente, superior y distinto del mundo y del hombre, es una ilusión antropomórfica, el resultado de la ignorancia y terror de los hombres en presencia de las grandes fuerzas de la naturaleza.

b) Que no hay más Dios que el universo, es decir, una colección infinita de globos que se suceden unos a otros en la eternidad del tiempo y en la infinidad del espacio, todo ello con sujeción a leyes necesarias y eternas, y con sujeción también a una serie innumerable de cambios, vicisitudes, estados, gradaciones, nacimientos, períodos de desarrollo, y destrucciones de esos globos y de la vida en los mismos.

c) Que el origen de la vida en nuestro globo, la formación de las especies vegetales y animales, lo mismo que el origen y constitución del hombre, se verificaron en la forma y por las causas que señala Darwin, autor a quien Strauss ensalza hasta las nubes, porque nos dio la clave para explicar el enigma de la vida por medio de la lucha por la existencia, y porque su sistema hace innecesaria la existencia del milagro, es decir, la acción trascendente de un Dios personal, consciente y creador del mundo y de la vida.

d) Que la unión del alma humana con el cuerpo es de tal naturaleza y tan indisoluble, que la primera no puede concebirse ni menos existir sin el segundo. Todo lo que se concibe como inmaterial o incorpóreo es nada, carece de realidad. De aquí se deduce que la pretendida espiritualidad del alma, que sirve de base para la prueba de su inmortalidad, es una ilusión sencilla, por no decir estúpida, de la imaginación, como lo es la idea de Dios como ser personal, libre y distinto substancialmente del mundo.

e) Que por lo mismo son también erróneas, y deben considerarse como ilusiones interesadas y egoístas, las ideas y convicciones acerca de la existencia de una vida futura en que el hombre reciba el premio o castigo de sus obras durante la vida actual. El temor de la muerte, es temor vano y ridículo, porque el hombre al morir no hace más que entrar en posesión de otra fase de la vida universal, persevera con otra forma en el Cosmos infinito, y reaparece como un modo nuevo del Ser-Todo, del Ser-Universo en el ciclo eterno e infinito de sus evoluciones.

Antes de concluir, queremos llamar la atención del lector sobre la afinidad relativa que existe entre la concepción filosófica de Strauss y la de Hegel, afinidad que justifica en cierto modo la denominación de hegeliana atribuida a la izquierda, cuyas ideas coinciden con las del materialismo y el ateísmo. Para venir a defender estas ideas, bastole a Strauss atribuir y aplicar al Universo lo que Hegel atribuye y aplica a la Idea, con algunas modificaciones y adiciones tomadas del darwinismo. En este concepto, el hegelianismo es el precursor más legítimo, y la izquierda hegeliana es la madre real, aunque no única, del materialismo contemporáneo.

Por lo demás, ya dejamos indicado que la vida y los escritos de Strauss contienen el punto de intersección, o, digamos mejor, que representan la transición desde la derecha a la izquierda hegeliana. A su Vida de Jesús, a su Dogmática y a algunos otros escritos que todavía se mueven en los confines de las dos direcciones, sucede, por último, después de varios ensayos preparatorios, La antigua y la nueva fe, que viene a ser y es el testamento materialista de su autor.