Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 23
Crítica de Herbart

La concepción de Herbart, aparte de las contradicciones evidentes que encierra, algunas de las cuales se han indicado, tiene el grave defecto de apoyarse en hipótesis y afirmaciones gratuitas, cuales son, entre otras, las que se refieren al carácter de unidad absoluta que se atribuye a los seres finitos, a la transformación de las propiedades, accidentes y modificaciones de los cuerpos en otros tantos seres reales, absolutos e independientes, a la compenetración de estos seres, a su encuentro y lucha recíproca, al esfuerzo o conato para la conservación como función esencial de los mismos.

Por otra parte, y como consecuencia de semejantes bases hipotéticas y gratuitas, en unión con la aplicación exagerada del cálculo matemático a las fuerzas vitales y espirituales, la psicología viene a convertirse en una especie de mecanismo psíquico, que prepara el camino para llegar al materialismo posterior con su correlación y transformación de las fuerzas físicas. Su teoría cosmológica divide, separa y multiplica los seres o substancias usque in infinitum, pulverizando, por decirlo así, al Universo, y convirtiendo el Cosmos en un atomismo inerte y muerto, toda vez que el movimiento y la vida con todas sus fases deben su origen, y también su ser y condiciones, al encuentro de las diferentes realidades simples e inertes de suyo, muy parecidas a los átomos del materialismo antiguo. En este concepto, la concepción cosmológica de Herbart es inferior a la de Leibniz; pues la mónada de éste, aunque simple, una e indivisible, estaba dotada de actividad, mientras que el das reale del primero excluye y niega toda fuerza inherente, toda función y actividad propia. La concepción de Herbart, bajo este punto de vista, puede apellidarse una monadología degenerada por la negación de la actividad, una monadología desfigurada por la aplicación abusiva de las matemáticas a la psicología, una monadología mecánica y por lo mismo semimaterialista, que apenas tiene punto de comparación con la monadología dinámica y espiritualista de Leibniz.

En medio de estos graves defectos, y como contrapeso a los mismos, la Filosofía de Herbart entraña y representa un principio de reacción poderosa contra las exageraciones del idealismo panteísta y contra las especulaciones a priori, tan en boga a la sazón en Alemania, sancionadas por el brillo que despedían los nombres de Schelling y Hegel. Herbart puede considerarse como el fundador de esa escuela que procura hermanar en psicología la idea metafísica con la experiencia y observación de los hechos, colocándose a igual distancia de la psicología puramente apriorística del idealismo, y de la psicología puramente empírica del materialismo contemporáneo. Hasta pudiera añadirse que en esto consiste el mérito principal, por no decir único, de la Filosofía de Herbart. Porque ello es cierto que si su sistema propio adolece de graves defectos, fue provechosa la dirección nueva que dio a la psicología, y fecundo en resultados el impulso que comunicó a la ciencia, tanto más, cuanto que el mérito real de Herbart, o, digamos mejor, su verdadera originalidad en el terreno de la psicología, consiste precisamente en haber aplicado a esta ciencia el método matemático. Porque el método psicológico de Herbart no es ni el método analítico de Locke y de sus sucesores, ni el método descriptivo de la escuela escocesa, ni el método fisiológico de la escuela inglesa y de Wundt en nuestros días, sino que es un método ante todo y sobre todo matemático.

Ya dejamos indicado que la psicología de Herbart, considerada en sí misma, carece de valor real, porque toda ella descansa en la hipótesis gratuita del realismo que le sirve de base metafísica. Si este filósofo se hubiera limitado a aplicar el método matemático con la debida sobriedad y moderación, no a una psicología gratuita y fantástica, sino a la psicología racional y científica, su innovación hubiera sido más fecunda y provechosa para la verdad y la ciencia. Desde este punto de vista puede aceptarse –siquiera con reservas– la defensa que de la psicología de Herbart hace Volkmann, uno de sus discípulos, cuando escribe: «La psicología matemática consiste en someter a una exposición sistemática todas las determinaciones cuantitativas que se encuentran necesariamente en el orden psicológico. Las ideas de acción y reacción, de intensidad de las representaciones, de movimiento en los diversos estados de conciencia, se encuentran, con un nombre u otro, en todos los sistemas de psicología, y hasta en el lenguaje común. También es cierto que, en parte al menos, estos hechos tienen un carácter cuantitativo. Así, pues, la exposición matemática no se distingue de la exposición común, sino porque y en cuanto intenta determinar con exactitud y precisión lo que el uso común deja indeterminado. Es injusto confundir los ensayos de la escuela de Herbart con esa pretendida Filosofía matemática, que sólo consiste en un juego vacío de fórmulas, en deducciones y en cálculos arbitrarios. La psicología matemática (la de Herbart) no se propone ser toda la psicología…. Su pretensión única es dar un método para hallar la fórmula exacta de las leyes generales que regulan las relaciones recíprocas de las representaciones, y ensayar una mecánica de los estados intensivos de la vida espiritual».

A propósito de esta aplicación de las matemáticas a la psicología, téngase presente que esta idea había germinado, bien que de una manera vaga y general, en la mente de algunos filósofos anteriores a Herbart. Rosenkranz atribuye a un médico de Viena llamado Niesley el primer ensayo de aplicación de las matemáticas a la psicología. Sea de esto lo quiera, es indudable que Wolff había indicado la posibilidad de aplicar el método matemático a la investigación y explicación de los fenómenos que se verifican en el alma humana{1}, sin excluir los del conocimiento intelectual. Esto no impide ni debe impedir que Herbart sea mirado con justicia como el verdadero fundador de la escuela matemático-psicológica.

Uno de los puntos más débiles y menos científicos de la psicología de Herbart, es el que se refiere a la existencia de representaciones inconscientes en el alma; de representaciones, es decir, de ideas, pensamientos, juicios, pasiones, sentimientos, &c., que pasan alternativamente de la conciencia a la inconciencia. Esta doctrina –que Hartmann aprovechó para su Filosofía de lo inconsciente– carece de toda base científica, es una hipótesis gratuita, que obedece sólo a las exigencias del sistema, en el cual es necesaria la aparición y desaparición del estado consciente, como resultado del choque de las representaciones con sus grados múltiples de intensidad, de cantidad y de antagonismo.




{1} He aquí el texto curioso de Wolff, tomado de su Psychologia empirica, en la cual, después de exponer ciertos teoremas, añade: «Theoremata haec ad Psychometriam pertinent, quae mentis humanae cognitionem mathematicam tradit, et adhuc in desideratis est… Haec non alio fine a me adducuntur quam ut intelligutur dari etiam mentis humanae cognitionem mathematicam, atque hinc Psychometriam esse possibilem, atque appareat animam quoque in eis quae ad quantitatem spectant, leges mathematicas sequi, veritatibus mathematicis, hoc est, arithmeticis et geometricis in mente humana non minas quam in mundo materiali permixtis».