Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 31
Crítica de Eduardo Hartmann

La Filosofía de Hartmann, considerada como concepción ético-religiosa, principalmente en sus relaciones con lo porvenir, se reduce a una fusión de ideas cristianas, ideas budistas e ideas panteístas. Al lado de algunas ideas tomadas del Cristianismo, el panteísmo germánico y el pesimismo de los budistas constituyen los elementos principales de esa religión que para el tiempo futuro nos anuncia y recomienda el discípulo de Schopenhauer. «La religión de lo porvenir, nos dice el mismo, será un panteísmo y más propiamente un monoteísmo sumamente impersonal… A juzgar por lo que nos enseña la historia de las religiones, no es posible obtener lo que se busca (la religión futura) sino por medio de una síntesis del desarrollo religioso indio y del desarrollo judaico-cristiano, constituyendo así una forma en la que se reúnan las ventajas de las dos tendencias, eliminando sus defectos.»

Como sistema ético, la concepción de Hartmann presupone y exige la negación o extinción nirvánica de la voluntad, el panteísmo como base esencial, expresión genuina del orden ético (cette vérité éthique fondamentale n’est exprimée que par le pantéisme) y principio de la moralidad, y la negación de la inmortalidad del alma, en el sentido propio de la palabra, y como permanencia de la persona en una vida futura.

Si fijamos ahora la vista en la concepción de Hartmann, considerada en el terreno teórico y como teoría metafísica, ya hemos visto que su fondo y sus ideas capitales coinciden con las ideas de Schopenhauer. Déjase sentir, sin embargo, en Hartmann la influencia de Kant (distinción entre el mundo fenoménico y el mundo nouménico, entre la apariencia y la cosa en sí, preponderancia de la voluntad, hostilidad contra las religiones positivas, &c.); la influencia de Schelling (necesidad y universalidad del mal en la existencia y la vida{1}, el ser inconsciente que sirve de base o sujeto común a la voluntad y a la idea, &c.), y, finalmente, la influencia de Hegel, según es fácil advertir en el papel importante que en la teoría cosmológico metafísica de Hartmann desempeña la Idea.

Pero aunque la teoría de Hartmann coincide en el fondo con la de Schopenhauer, conviene no perder de vista que el pesimismo del primero no es tan exagerado y absoluto como el pesimismo del segundo, y que su concepción es menos materialista en sus tendencias y conclusiones que la concepción de su maestro.

En resumen: el carácter dominante y más general de la concepción de Hartmann, como concepción metafísica, es la tendencia a conciliar y fundir la teoría hegeliana y la teoría de Schopenhauer, completando la una con la otra. El filósofo de Dantzig pretende explicar con sola la voluntad y por sola la voluntad el origen, la constitución, la esencia del mundo y de la ciencia, la unidad, la pluralidad, el orden y el processus de las cosas: Hegel pretende explicar todo esto con sola la Idea y por sola la Idea: Hartmann sostiene que ni la Idea sola de Hegel, ni la Voluntad sola de Schopenhauer pueden contener la razón suficiente de esas cosas; que la idea sin la voluntad o fuerza es infecunda y estéril, al paso que la voluntad sin la idea sólo produciría el desorden. Luego es preciso admitir que el mundo real y el mundo fenomenal, la existencia y la esencia, el ser y la ciencia, tienen su razón suficiente completa y total en la Idea y en la Voluntad simultáneamente: en la idea, que dirige, modera y determina la acción de la voluntad, y en la voluntad, que da cuerpo, que vivifica y que realiza la idea.

Excusado parece advertir que el panteísmo más explícito y evidente constituye el fondo y la esencia de la Filosofía de lo Inconsciente, pues ya se ha visto que este Inconsciente coincide y se identifica con el Ser Uno-Todo, origen, esencia y razón suficiente de las existencias todas por medio de la evolución y processus del mismo, como se ha visto también que todas esas existencias particulares, sin excluir las almas humanas, no son más que fenómenos, accidentes y modos de ser y obrar del Inconsciente; la multiplicidad misma de las conciencias, dice Hartmann, y, por consiguiente, la distinción y multiplicidad de las personas, no es más que la multiplicidad de las manifestaciones fenomenales de un mismo ser: N'est que la multiplicité des manifestations phénomenales d'un même être.

Hemos indicado arriba que la concepción de Hartmann es menos pesimista que la de su maestro, toda vez que, aunque confiesa que la suma de males en el mundo excede a la suma de bienes, no afirma, como Schopenhauer, que este mundo es el peor de los posibles. Sin embargo, en otro terreno y desde otro punto de vista, la concepción de Hartmann es más pesimista que la de Schopenhauer, puesto que señala como término y destino final del hombre y de las cosas la supresión total de la voluntad universal y absoluta, y, por consiguiente, del universo-mundo; de manera que, en realidad de verdad, en el fondo de la teoría de Hartmann se encuentra y palpita la idea nihilista. La nada absoluta, el Nirvana, constituye la aspiración, final y el término efectivo, no de este o de aquel individuo, sino de la misma humanidad (n’aspire plus qu’á la insensibilité absolue, au néant, au Nirwana), y esto de tal manera, que una vez conseguida la aniquilación absoluta y universal de la voluntad, cese el proceso del mundo, y cese sin dejar en pos de sí elementos para un nuevo proceso: De telle sorte que la volonté actuelle soit recluite au néant: le processus du monde finit alors, et sans laisser après lui les élémens d’un nouveau processus.

La concepción de Hartmann, como toda concepción panteísta, descansa en una afirmación gratuita; descansa en la hipótesis arbitraria de un Inconsciente eterno, en cuyo seno coexisten desde la eternidad un principio esencialmente bueno, que es la Idea, y otro principio esencialmente malo, que es la Voluntad. El día en que estos dos principios, que dormitaban tranquilamente desde la eternidad en el fondo del Inconsciente, se despertaron para comenzar una lucha sin tregua ni descanso, comenzó también con esta lucha lo que llamamos el drama de la creación, el conjunto de seres que constituyen o integran al Universo, el cual, por consiguiente, es el producto necesario del antagonismo en acción de los dos citados principios, y este antagonismo palpita igualmente en el fondo de todos los seres parciales, y sobre todo en el hombre. La vida en éste, con todas sus peripecias, resulta de la oposición o lucha entre los dos principios. El principio bueno, es decir, la idea o razón, trabaja constantemente por curar al principio malo, o sea a la voluntad de su apego a la realidad y a la vida, que llevan consigo necesariamente los sufrimientos y el dolor. Éstos, que son inseparables de la vida, sólo pueden perecer con ésta; es decir, cuando cese la lucha y el antagonismo, que son precisamente los que engendran y conservan la vida. Y esa lucha y ese antagonismo cesarán por medio de la victoria definitiva del principio bueno sobre el principio malo, pero victoria que se convierte a la vez en derrota del mismo vencedor, puesto que, al desaparecer la lucha y la oposición, desaparece con ellas la vida y la realidad.

Luego la concepción de Hartmann, considerada en el terreno de la pura especulación metafísica, es una concepción esencialmente panteísta y dualista; es una síntesis de panteísmo idealista y de dualismo maniqueo.




{1} Es esto tan exacto, que en su Filosofía de lo Inconsciente, el mismo Hartmann cita varios pasajes de Schelling en apoyo de su tesis pesimista, haciendo notar que, para Schelling, el mal trae su origen del mismo ser (kommt nur von dem Sein), y que es una cosa universal y necesaria en toda vida: Schmerz ist etwas Allgemeines und nothwendiges in allem Leben.