Filosofía en español 
Filosofía en español

Círculo filosófico y literario de Madrid

Fundado en Madrid en 1862


El Reglamento del Círculo filosófico y literario de Madrid está firmado el 8 de marzo de 1862 por Manuel Ruiz de Quevedo como presidente, Vicente Romero Girón y Miguel Sánchez de vice-presidentes, Eduardo Rute como tesorero y Ricardo Ruiz Benitua y Francisco Rodríguez García, secretarios. Con altibajos perduró una una década, primero en un local de la calle Cañizares, hasta que sus actividades fueron suspendidas en el agitado 1868. Cuando a principios de 1869 una banda de espiritistas krausistas organizan un ciclo de conferencias espiritualistas en el mismo local, se refieren al Círculo como ya no existente, pues sus impulsores fueron llamados, triunfante la revolución, al Parlamento y al Gobierno… Pero, a finales de 1870, se anuncia que la actividad del Círculo se traslada a la calle de las Tres Cruces, y en enero de 1871 convocan en el callejón de Preciados: Fernando de Castro es ahora el nuevo presidente. De cualquier modo, a principios de 1873, en una glosa apologética sobre el Salmerón ya ministro republicano, se le presenta como principal impulsor de esa institución de la que ya se habla desde la añoranza del recuerdo. Algunos de los que orbitaban por ese Círculo, tras la restauración del Borbón, habrán de reencontrarse en 1875 en la Institución Libre de Enseñanza.

1862 «Con la llegada del invierno, comienzan a adquirir vida nueva las asociaciones literarias que tantos servicios prestan. El Ateneo se ve concurridísimo […], La amiga del estudio, y El círculo filosófico y literario han comenzado sus sesiones y dentro de poco comenzarán las de la Academia de literatura latina, formada el año último; la de Legislación y jurisprudencia y la de Medicina.» (Boletín de Instrucción Pública, Madrid, octubre 1862, pág. 166)

1863 «La Discusión publica una carta del señor D. Tristán Medina, contestando a sus detractores y calumniadores. Dice, entre otras cosas, que no hay hasta ahora noticia de sacerdote alguno que haya presentado una queja ni formulado una delación contra su discurso en el Círculo filosófico; que hasta la noche en que apareció el suelto de El Pensamiento Español, la autoridad eclesiástica no había recibido el menor aviso acerca de este asunto […] y repitió varias veces, en dos días, su profesión de fe católica, apostólica, romana, a la cual ha procurado ajustar siempre todos sus discursos, no solamente los religiosos, sino también los filosóficos y literarios.» (La Correspondencia de España, Madrid, viernes 4 diciembre 1863, pág. 1.)

1864 «Desgraciadamente debemos ocuparnos hoy de una triste novedad en los fastos del presbiterado español. Lo pasaríamos en silencio, si nuestros colegas religiosos de la corte no hubieran dado al hecho una publicidad omnímoda. Ha habido un hermano nuestro que, –y no podemos menos de atribuirlo a una fugaz alucinación,– en un determinado círculo filosófico usó un lenguaje en discordancia completa con uno de los puntos más explícitos del dogma católico. Así lo aseguró El Pensamiento español del 19 de noviembre, que fue el primero que lanzó el grito de alerta. Si el Sr. D. Tristán Medina se hubiera limitado a profesar ideas políticas avanzadas […] “Fijémonos al fin en la noticia alarmante relativa a mi persona, con la cual no sé qué redactor de El Pensamiento, en su número 1.197, termina un suelto amenazador, arrebatado en el carro de fuego de su celo religioso. Debemos añadir que en esa reunión, el círculo filosófico y científico de la calle de Cañizares, abierto con autorización del Gobierno, asistió D. Tristán Medina, cuyas palabras hubieron de ser tales…”» (Revista Católica, Barcelona 10 de marzo de 1864, págs. 385 y 390.)

1866 «He aquí la necrología de nuestro malogrado Arcos, escrita para ser leída en el Círculo Filosófico y Literario: ”Necrología de D. Lorenzo Arcos Orodea. Señores: La institución científica que nos reúne en este sitio y establece lazos entre todos nosotros para proseguir en la difícil empresa de la investigación de la verdad, contribuye indudablemente también a aumentar nuestros vínculos de amistad, y a desarrollar en nuestra alma los puros sentimientos que la enaltecen y satisfacen nuestro corazón. […] El Círculo comprenderá cuáles son las emociones de que debo estar dominado, al dedicar en estas cortas líneas un recuerdo a la memoria de nuestro malogrado y querido amigo Arcos Orodea, arrebatado de la vida a la temprana edad de 29 años, y cuya fácil palabra resonaba entre nosotros con gran lucimiento a fines del pasado curso, con motivo de una de las más interesantes discusiones que nos proporcionó la brillante exposición que hizo del folleto de Roeder, acerca del carácter de la pena en general. […] Por eso he recogido algunos datos biográficos de nuestro querido amigo, cuya vida, corta en duración, pero dilatada en actividad, merece sin duda dejar tras sí un imperecedero recuerdo en las actas del Círculo a que ha pertenecido casi desde su fundación.» (Ricardo Ruiz Benitua, «Necrología», La Enseñanza, Madrid 10 de febrero de 1866, págs. 132-135.)

1867 «Respondo a su última carta de 16 de diciembre, incluyendo un diploma para nuestro amigo R[öder] como miembro de honor de una asociación científica libre (círculo literario y filosófico), que se constituyó aquí hace algunos años.» (Borrador de respuesta de Julián Sanz del Río autógrafo en la carta que le había enviado Leonhardi el 16 de diciembre de 1867; en Enrique Menéndez Ureña, Cincuenta cartas inéditas…, Madrid 1993, pág. 192.).

1868 «Hay en nuestra literatura moderna una rama fecunda en frutos filosóficos, no todos, como es de suponer, igualmente sanos y hermosos, casi enteramente arrinconada por el Sr. Vidart: tal es la de Discursos académicos, en que entran los inaugurales de las Academias y Universidades, los de recepción en unos y otros cuerpos, las tesis doctorales y los habidos en las sesiones del Ateneo, de los Congresos de médicos y jurisconsultos, de la Sociedad libre de economía política, del Círculo filosófico y literario de Madrid, de La Armonía, de La Emulación, de Barcelona, y de otras reuniones y sociedades por el estilo.» (Gumersindo Laverde Ruiz, Ensayos críticos sobre filosofía, literatura e instrucción pública españolas, Lugo 1868, pág. 387.)

1869 «Lo que creemos, pueden saberlo con sólo tomarse la molestia, que es muy grande por cierto, de asistir a las conferencias que piensan celebrar los espiritistas, la primera de las cuales hemos tenido el gusto de oir anoche en la calle de Cañizares. ¡Extraña coincidencia! En tiempos que quisiéramos no recordar, en esa misma calle se reunía el Círculo filosófico que la intolerancia del antiguo régimen disolvió violentamente. La patria, en favor de cuya regeneración tanto trabajaron los que aquel Círculo constituían, ha llamado al Parlamento y la gobernación del país a aquélla juventud: de modo que todavía estaba por desagraviar la violencia cometida con aquel recinto, donde sólo imperaba una noble aspiración, la aspiración de buscar con afanoso anhelo la verdad, esa verdad que nace de la discusión de lo que cada uno cree y sabe. Pues bien: el Círculo filosófico ha sido desagraviado anoche; a pocos pasos del local en que éste celebraba sus sesiones, una asociación que hace cuatro meses no había logrado ni aun la aprobación de su título, se reúne hoy, se ofrece al público, al que somete el fruto de sus trabajos, de sus debates y de sus científicas investigaciones. Anoche nuestro querido amigo Joaquín Huelbes Temprado, uno de los jóvenes más entusiastas de la causa espiritista, […] en la parte dedicada a este punto ha demostrado un profundo conocimiento de la filosofía más adelantada en el día, y que tan anatematizada era en estos últimos tiempos por nuestros gobernantes. Me refiero a la escuela krausista.» (Enrique Pastor Bedoya, «Conferencias espiritistas», El Criterio Espiritista, nº 7, marzo de 1869, pág. 157.)

1870 «El Círculo Filosófico y Literario celebrará desde hoy sus sesiones en la calle de las Tres Cruces, núm, 3, cuarto principal.» (El Imparcial, Madrid, 10 diciembre 1870, pág. 3.)

1871 «El Círculo filosófico ha renovado su junta directiva eligiendo presidente al Sr. D. Fernando de Castro, vicepresidentes a los Sres. Canalejas y Vicuña, secretarios a los señores Badía y Calderón, y tesorero al Sr. Rueda. El Círculo continúa celebrando sesión todos los sábados en el local de la Academia médico-quirúrgica, sito en el callejón de Preciados.» (El Imparcial, Madrid, 19 enero 1871, pág. 3.)

1873 «A la misma generación que el hombre cuyos hechos capitales bosquejamos, pertenecen Romero Girón, Castelar, Canalejas, Uña, Ríos Portilla, Sánchez Ruano, Olivares, Santos Lerín y tantos otros, conocidos en la política, en la literatura, en la ciencia y en la administración. Con muchos de estos elementos y otros análogos, y a instancia principalmente de Salmerón, se constituyó un círculo filosófico y literario, establecido primero en su propia casa, y más tarde en la calle de Cañizares. Todos los hombres de instrucción y de inteligencia recuerdan hoy las sesiones de aquel centro, donde se discutían los más arduos problemas de religión, de moral, de política y de derecho.» («Don Nicolás Salmerón y Alonso, ministro de Gracia y Justicia», La Ilustración española y americana, Madrid, 16 febrero 1873, pág. 7.)

1878 «Yo recuerdo que en el célebre Círculo filosófico de la calle de Cañizares (1865-8) se exigía a todo socio, para su ingreso en la corporación, una memoria o discurso crítico sobre cualquiera de las obras con que en los últimos cinco o seis años se hubiera enriquecido la bibliografía europea; sobre este trabajo, unas veces se entablaba debate y otras no; pero de todos modos, al cabo del año resultaba una colección de estudios dignos de ser reproducidos por la imprenta, después de haber proporcionado a los oyentes, con gran facilidad y punzante atractivo, un cierto conocimiento del rumbo que las ideas sobre tal o cual materia llevaban en la sociedad contemporánea.» (Rafael María de Labra, «El Ateneo de Madrid», Revista Contemporánea, Madrid, 30 junio 1878.)

1881 «Nunca se limitó a la propaganda de la cátedra que, dadas las condiciones del profesor, hubiera sido de ningún efecto. La verdadera enseñanza, la esotérica, la daba en su casa. Ya con modos solemnes, ya con palabras de miel, ya con el prestigio del misterio, tan poderoso en ánimos juveniles, ya con la tradicional promesa de la serpiente “seréis sabedores del bien y del mal”, iba catequizando, uno a uno, a los estudiantes que veía más despiertos, y los juntaba por la noche en conciliábulo pitagórico, que llamaban círculo filosófico. Poseía especial y diabólico arte para fascinarlos y atraerlos. Con todo eso, de la primera generación educada por Sanz del Río (Canalejas, Castelar, &c.), pocos permanecieron después en el krausismo. Éste sacó su nervio de la segunda generación u hornada, a la cual pertenecen Salmerón, Giner, Federico de Castro, Ruiz de Quevedo y Tapia.» «Salmerón, verdadero enfant terrible de la Universidad y del círculo filosófico de Sanz del Río, no dejó de poner su pica en Flandes, afirmando que ni él ni el honrado Suñer y Capdevilla ni otros muchos diputados de aquel Congreso, eran católicos, ni querían nada con el Catolicismo.» (Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, Madrid 1881, III, páginas 737 y 774.)

1911 «Extractos de varias sesiones celebradas en el Círculo Filosófico y Literario. Constituida esta Asociación por un grupo de personas amantes de la Filosofía y de la Literatura para discutir temas científicos y formar criterio sobre cuestiones capitales de la Filosofía y Literatura, funcionó durante los años 1869 y 1871. En las sesiones celebradas por el Círculo durante el mes de Febrero de 1870, pronunció el Sr. Salmerón un discurso sobre el sistema filosófico de Descartes, a modo de resumen de las discusiones sostenidas sobre el asunto por varios socios del Círculo. Aunque no hemos podido hacernos con el original, ni el discurso fue tomado taquigráficamente, como las actas de dichas sesiones fueron redactadas por don Manuel de la Revilla, cuya ilustración y superior conocimiento permiten suponer que supo reproducir con absoluta fidelidad los conceptos emitidos, no vacilamos en dar a la estampa las anotaciones tomadas de lo dicho por el orador.» (presentación de Nicolás Salmerón, «Sistema filosófico de Descartes», extracto hecho por Manuel de la Revilla del discurso de Salmerón en el Círculo Filosófico y Literario de Madrid, en Homenaje a la buena memoria de Don Nicolás Salmerón y Alonso, Madrid 1911, págs. 43-61.)

1914 «De Illescas solía venir a Madrid una vez al mes, (permaneciendo en ocasiones varios días), a dirigir una conversación sobre filosofía con un corto número de amigos, reunidos en la casa de D. Simón Santos Lerín, después famoso abogado (calle de la Luna, esquina a la de Panaderos). Entre ellos, a más de los ya citados Alvaro de Zafra y Navarro Zamorano, se contaban D. Manuel Ruiz de Quevedo, D. Dionisio Gómez, D. Luis Entrambasaguas, Don Eduardo Chao, D. Manuel Ascensión Berzosa, D. Francisco Cayoso y Larrúa y otros de significación no menos varia. Este parece haber sido el primer germen de lo que, andando el tiempo, vino a ser el Círculo Filosófico y Literario. […] En 1860, había publicado Sanz del Río dos libros de importancia: la ya citada refundición del Ideal de la Humanidad para la vida, de Krause, adaptado de un modo enteramente personal a las condiciones de nuestro pueblo, y la Metafísica (1.ª parte: Análisis), al frente de la cual conserva también el nombre de Krause, no obstante el carácter independiente de su interpretación. La filosofía de Krause y la del propio Sanz del Río eran discutidas entonces, tranquilamente, en el Círculo Filosófico y en el Ateneo, por Moreno Nieto y otros.» ([Francisco Giner de los Ríos], «En el Centenario de Sanz del Río», Boletín de la Institución libre de Enseñanza, 31 agosto 1914, nº 653, págs. 227-228.)

1922 «De Illescas se trasladaba una vez al mes a Madrid, donde solía permanecer varios días, visitando con preferencia a don Simón Santos Lerín, que con el tiempo fue un famoso abogado, el cual logró congregar a su alrededor a un grupo de jóvenes entusiastas de la Filosofía. Entre los asistentes, además de Navarro Zamorano y Álvaro de Zafra, figuraban Manuel Ruiz de Quevedo, Luis Entrambasaguas, Manuel Ascensión Berzosa, Francisco Calloso Larrúa y el que más tarde fue ministro de la República, Eduardo Chao. En aquellas reuniones se conversaba acerca de los problemas filosóficos, habiendo sido aquel anhelo el origen del Círculo filosófico y Literario, que tanto prestigio llegó a adquirir y tanta influencia ejerció en la juventud intelectual.» Santiago Valentí Camp, «Julián Sanz del Río», Ideólogos, teorizantes y videntes, Barcelona 1922, pág. 77.)

1940 «Este círculo filosófico es el antecedente más inmediato y el núcleo generador de la Institución Libre de Enseñanza, que unos diez años después de la muerte del padre y maestro se constituiría con tal nombre, por una causa ocasional casi fortuita, al revuelo de un incidente universitario.» (Fernando Martín-Sánchez Juliá, «Origen, ideas e historia de la Institución Libre de Enseñanza», Una poderosa fuerza secreta, San Sebastián 1940, pág. 57.)

Documentos

1862 Reglamento del Círculo filosófico y literario de Madrid