Filosofía en español 
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Materialismo y empiriocriticismo

Materialismo y empiriocriticismo

Título de la genial obra de V. I. Lenin que marca una nueva época en el desarrollo de la filosofía del materialismo dialéctico. Este libro sirvió de preparación teórica del partido marxista de nuevo tipo. Materialismo y Empiriocriticismo fue escrito por Lenin en 1908 y se publicó en mayo de 1909. El motivo inmediato que tuvo Lenin para escribir esta obra filosófica fue la necesidad de poner al desnudo a los machistas rusos, que durante los años de la reacción se manifestaban bajo la bandera de la “defensa del marxismo” contra la filosofía marxista. Ante los marxistas revolucionarios se planteaba la tarea indeclinable de dar una respuesta a todos los extraviados en el campo de la teoría del marxismo, de desenmascararlos por entero y defender los fundamentos teóricos del partido marxista. Fue Lenin quien cumplió esta tarea con su formidable libro Materialismo y Empiriocriticismo. Sin embargo, el trabajo de Lenin rebasaba con mucho el marco de esta tarea. Lenin, no sólo puso al descubierto el carácter hipócrita de los machistas, sino que defendió y desarrolló los fundamentos teóricos del partido de nuevo tipo y sintetizó genialmente todo lo esencial de lo adquirido por la experiencia revolucionaria y por la ciencia durante el período histórico que va desde la muerte de Engels hasta Lenin. Materialismo y Empiriocriticismo es un brillante modelo del marxismo creador y abarca todo el conjunto de problemas de la filosofía marxista-leninista. En el preámbulo, “A modo de introducción”, Lenin analiza el problema de los predecesores ideológicos de los machistas, demostrando que todos los “descubrimientos” del empiriocriticismo, empiriosimbolismo y demás corrientes reaccionarias, no son más que la resurrección de la filosofía idealista subjetiva de Berkeley y de Hume. Lenin dedica los primeros tres capítulos de su libro al análisis de los problemas básicos de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico. El problema central del capítulo I es el del carácter primario de la materia y secundario de la conciencia. Los machistas afirmaban que las sensaciones o los elementos, según la terminología machista, son lo primario. Lenin ridiculiza esta absurda afirmación de los machistas. El materialismo, por oposición a todo idealismo y en plena conformidad con las ciencias naturales, toma la materia como dato primario, considerando la sensación, el pensamiento, como secundario. Toda la historia de las ciencias naturales confirma la justeza de este principio básico del materialismo filosófico. En este mismo capítulo, Lenin continúa desarrollando la doctrina de Engels que sostiene que la materia orgánica procede de la inorgánica. En el capítulo II Lenin hace la crítica del agnosticismo de Kant y del fideísmo de los machistas, fundamentando la doctrina marxista de la cognoscibilidad del mundo y de las leyes que lo rigen. Ahí, Lenin dilucida minuciosamente la diferencia que hay entre el agnosticismo y el idealismo por un lado, y el materialismo por otro. El agnosticismo no va más allá de las sensaciones. Se queda en el umbral de los fenómenos, negándose a ver algo veraz más allá de los límites de las sensaciones. El agnóstico declara categóricamente que nada verdadero podemos saber acerca de las cosas. Bajo una pretendida crítica del agnosticismo, los machistas se manifestaron, en general, negando la existencia de las “cosas en sí”, es decir, del mundo real, objetivo, con lo cual afirmaban que físicamente sólo puede darse la sensación, y que el mundo exterior es un complejo de sensaciones. Desenmascarando les artificios impostores de Chernov y de los demás machistas que conscientemente desfiguraban las concepciones de Engels, Lenin dio una exposición amplia de la teoría marxista del conocimiento, la teoría del reflejo. Lenin formula tres tesis fundamentales de la teoría marxista del conocimiento: 1) Las cosas existen objetivamente, independientemente de nuestra conciencia; 2) Entre el fenómeno y la “cosa en sí” no existe ninguna diferencia de principio; sólo hay una diferencia entre lo que ya es conocido y lo que aún no lo es; 3) En la teoría del conocimiento, al igual que en las demás esferas de la ciencia, el desarrollo se efectúa desde el desconocimiento al conocimiento, del conocimiento incompleto, impreciso, al conocimiento más completo y más preciso. Estos principios del materialismo filosófico marxista están minuciosamente analizados por Lenin en los últimos dos apartados del capítulo II, en el cual da su clásica definición de la materia: “La materia es una categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva dada al hombre en sus sensaciones, realidad que es copiada, fotografiada, reflejada por nuestras sensaciones, pero que existe independientemente de ellas”. El problema de la materialidad del mundo y de las leyes por que se rige está minuciosamente analizado en el capítulo III. Detrás de los absurdos de los machistas se ocultaba el idealismo subjetivo. “Lo que llamamos materia no es más que una combinación de elementos (“sensaciones”) de acuerdo a ciertas leyes”, decía Mach. De estas premisas idealistas emanaban otras. El orden, la relación causal, las leyes, eran también declarados como categorías subjetivas y deducidas, no del mundo exterior, sino de la conciencia, de la razón, de la lógica. También los puntos de vista machistas sobre el espacio y el tiempo eran de tipo idealista subjetivo. “El espacio y el tiempo son sistemas bien ordenados de series de sensaciones”, afirmaba Mach. De ello resultó un absurdo manifiesto: no es el hombre con sus sensaciones quien existe en el espacio y el tiempo, sino, al revés, son el espacio y el tiempo los que existen en el hombre, en sus sensaciones. Todos los razonamientos de esta naturaleza, escribía Lenin, significan el reconocimiento del clericalismo; “el idealismo filosófico no es más que una historia de fantasmas, disimulada y disfrazada”. Del reconocimiento de la existencia objetiva de la materia, de la Naturaleza, se desprenden otras conclusiones materialistas: el reconocimiento del carácter objetivo de la causalidad y de las leyes de la Naturaleza, el reconocimiento del espacio y del tiempo como formas objetivas de la existencia. En el capítulo IV, Lenin examina el empiriocriticismo en su evolución histórica, en su unión y en sus relaciones con las demás tendencias filosóficas. En este capítulo hace una crítica implacable de las variantes del machismo: el empiriosimbolismo, el empiriomonismo, los inmanentistas, dedicando un lugar especial al empiriomonismo (ver) de Bogdanov, quien consideraba que lo primario es el caos de sensaciones, del cual nace la experiencia psíquica de los hombres, siguiendo detrás su experiencia física y, finalmente, el “conocimiento que de ella emerge”. Por oposición a los subterfugios idealistas de Bogdanov, Lenin presenta una visión materialista del mundo: el mundo físico existe independientemente de la conciencia del hombre y existió mucho antes que el hombre; lo psíquico, la conciencia, es el producto superior de la materia, una función del cerebro humano. El capítulo V está dedicado al análisis de la revolución en las ciencias naturales y a la crítica del idealismo físico. En este capítulo, Lenin pone de relieve, ante todo, las raíces de la crisis de las ciencias naturales. En el XIX alcanzó la física clásica la cumbre de su desarrollo. El materialismo había triunfado en la física. En los albores del siglo XX una serie de los más grandes descubrimientos hizo cambiar radicalmente, sin embargo, la vieja visión mecanicista del mundo. Antes, los naturalistas interpretaban metafísicamente las propiedades de la materia; los físicos consideraban que la materia posee propiedades dadas de una vez para siempre (la impenetrabilidad, la inercia, la masa, &c.). Los nuevos descubrimientos revelaron nuevas propiedades de la materia. Por ejemplo, quedó demostrado que el electrón no posee, ni mucho menos, una masa en el sentido mecanicista habitual de esta palabra, que su masa es de carácter electromagnético. Los progresos más grandes de las ciencias naturales, los descubrimientos más recientes de la física no cabían en los marcos de los viejos conceptos metafísicos. Entre los naturalistas surgieron escuelas idealistas (la energética de Ostwald, el machismo, &c.) que trataban de interpretar de una manera idealista los progresos más recientes de la física. “La esencia de la crisis de la física contemporánea consiste en la destrucción de las viejas layes y principios básicos, en el rechazo de la realidad objetiva que existe fuera de la conciencia, es decir, en la substitución del materialismo por el idealismo y el agnosticismo” (Lenin). El valor de “Materialismo y Empiriocriticismo” estriba en que en él sintetizó Lenin los descubrimientos más recientes de la física, dándoles un sentido; puso al descubierto la esencia de la crisis en las ciencias naturales y señaló el camino materialista para superarla; indicó las ilimitadas perspectivas del ulterior desarrollo de las ciencias naturales. En el capítulo VI, Lenin critica el idealismo subjetivo de los machistas en los problemas del conocimiento de la Sociedad y desarrolla y enriquece el materialismo histórico de Marx y Engels. Sin conciencia no hay vida social, afirmaba Bogdanov, reduciendo así la vida social a la actuación de la conciencia, a la actuación psíquica. De allí emanaba la identificación de la existencia social con la conciencia social. Aplicando brillantemente el materialismo filosófico al conocimiento de la vida social, Lenin da la fórmula marxista de la relación mutua entre la existencia social y la conciencia social. “El materialismo en general reconoce la existencia real y objetiva del ser (la materia), independientemente de la conciencia, de las sensaciones, de la experiencia, &c. de la humanidad. El materialismo histórico reconoce la independencia del ser social con respecto a la conciencia social de la humanidad”. En la “Conclusión”, Lenin formula las deducciones generales, señalando que no es posible dejar de ver tras las astucias terminológicas las dos tendencias fundamentales en la solución de los problemas filosóficos, la lucha de los partidos y de las clases en filosofía. El libro de Lenin Materialismo y Empiriocriticismo está impregnado desde el comienzo hasta el fin de un profundo espíritu de principios, de espíritu bolchevique de partido y de la intransigencia militante frente a toda desviación del marxismo revolucionario.

Diccionario filosófico marxista · 1946:208-211

Materialismo y empiriocriticismo

Obra de Lenin que inaugura una época nueva en el desarrollo del materialismo dialéctico. Escrito en 1908 y publicado en 1909, este libro aseguró la preparación teórica del partido marxista de tipo nuevo. La razón inmediata que determinó a Lenin a escribirlo fue la necesidad de denunciar a los “machistas” rusos (ver Empiriocriticismo; Mach) quienes, durante el período de reacción, se alzaron contra la filosofía marxista bajo pretexto de “defender el marxismo”. Un deber urgente se imponía a los marxistas revolucionarios: asestar una respuesta vigorosa a todos los renegados de la teoría marxista, y salvaguardar los fundamentos teóricos del partido marxista. Lenin se consagró a ello en su Materialismo y empiriocriticismo que, por lo demás, rebasa holgadamente esta tarea. No se limita a poner en evidencia la hipocresía, el carácter reaccionario de los “machistas”, sino que defiende y desarrolla los principios teóricos del partido marxista, generaliza lo más importante que las ciencias, y ante todo las ciencias de la naturaleza, habían adquirido durante todo un período histórico, después de la muerte de Engels.

En la introducción, Lenin muestra que todos los “descubrimientos” del empiriocriticismo y de las demás corrientes reaccionarias, no son sino una variante del idealismo subjetivo del obispo Berkeley (ver). Los tres primeros capítulos exponen, a propósito de la crítica del empiriocriticismo, las cuestiones fundamentales de la teoría del conocimiento del materialismo dialéctico. La cuestión de la materia como dato primario y de la conciencia como dato secundario, es el punto central del primer capítulo. Los “machistas” afirmaban que las sensaciones, o para decirlo con su terminología, los “elementos”, constituyen el dato primario. Lenin refuta sus absurdas aserciones. En oposición a toda especie de idealismo, y de plena conformidad con las ciencias de la naturaleza, el materialismo considera la materia como dato primario, y la sensación, el pensamiento, como dato secundario. Toda la historia de la ciencia de la naturaleza confirma la exactitud de ese principio fundamental del materialismo filosófico. En ese mismo capítulo, Lenin desarrolla más aún las ideas de Engels sobre la formación de la materia orgánica a partir de la materia inorgánica.

En el segundo capítulo, Lenin critica el agnosticismo de Kant (ver), el fideísmo de los “machistas” y justifica la doctrina marxista del conocimiento del mundo y de sus leyes, de la verdad objetiva y de la práctica como criterio de la verdad. Distingue netamente el idealismo y el agnosticismo por una parte, y el materialismo por otra, y pone claramente de relieve su oposición radical. Como lo demostrara Lenin, el agnosticismo no va más allá de las sensaciones. Se detiene más acá de los fenómenos, negándose a ver lo que hay de cierto más allá de las sensaciones, y declara categóricamente que no podemos saber nada cierto sobre las cosas. Bajo pretexto de criticar a los agnósticos, los “machistas” negaban las “cosas en sí” en general. (Ver “Cosa en si” y “cosa para nosotros”). Al repudiar la existencia de las “cosas en sí”, es decir, el mundo objetivo, el mundo real, los “machistas” afirmaban que sólo las sensaciones constituyen el dato inmediato y que el mundo exterior es un complejo de sensaciones. Denunciando al socialista-revolucionario Chernov, quien desnaturalizaba a sabiendas las concepciones de Engels, Lenin hace una exposición circunstanciada de la teoría marxista del conocimiento, y formula tres conclusiones gnoseológicas fundamentales: 1) las cosas existen objetivamente, independientemente de nuestra conciencia; 2) no hay ninguna diferencia de principio entre el fenómeno y la “cosa en sí”. Sólo hay diferencia entre lo que es conocido y lo que no lo es aún; 3) el conocimiento de lo real va de la ignorancia al saber, del conocimiento incompleto, impreciso, al conocimiento más completo y más preciso. Lenin aportó una definición acabada de la materia: “La materia es una categoría filosófica que sirve para designar la realidad objetiva, que es dada al hombre en sus sensaciones, que es copiada, fotografiada, reflejada por nuestras sensaciones, y que existe independientemente de ellas” (Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, pp. 136 y 137, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1948).

La cuestión de la materialidad y de sus leyes es expuesta por Lenin de manera detallada en el tercer capítulo. Lenin muestra que la algarabía terminológica de los “machistas” disimula al idealismo subjetivo. Mach escribía: “Lo que llamamos materia no es más que cierto vínculo regular entre los elementos («sensaciones»)”. De esta premisa idealista derivan las otras. La necesidad, la causalidad, el determinismo, proclamados como categorías subjetivas, son deducidos así no del mundo exterior, sino de la conciencia, de la razón, de la lógica. Las concepciones “machistas” del espacio y del tiempo son igualmente las del idealismo subjetivo. “El espacio y el tiempo”, afirma Mach, “son sistemas bien coordinados… de series de sensaciones”. Absurdo evidente, puesto que de este modo, no es el hombre con sus sensaciones el que existe en el espacio y el tiempo, sino por el contrario, el espacio y el tiempo los que existen en el hombre, en sus sensaciones. Los razonamientos de esta especie, escribía Lenin, consagran el obscurantismo clerical. “El idealismo filosófico no es más que una historia de fantasmas disimulada y disfrazada” (Ibid., p. 198). Del hecho de reconocer la existencia objetiva de la materia, de la naturaleza, derivan los demás principios materialistas: reconocimiento del carácter objetivo de la causalidad y del determinismo en la naturaleza, reconocimiento del espacio y del tiempo como formas objetivas del ser. En el cuarto capítulo, Lenin estudia el empiriocriticismo en su evolución histórica, sus relaciones con las demás tendencias filosóficas. Critica en detalle las variedades del “machismo”: el empiriosimbolismo (ver), el empiriomonismo (ver), la escuela inmanentista (ver Escuela inmanentista en filosofía). Lenin reserva un lugar particular a la crítica del empiriomonismo de Bogdanov (ver). Éste consideraba como dato primario el caos de los “elementos” (de las sensaciones), de donde nacería la experiencia psíquica de los hombres; venía luego la experiencia física y, por fin, el “conocimiento que ella engendra”. En oposición a los subterfugios idealistas de Bogdanov, Lenin expone un cuadro materialista del mundo: el mundo físico existe independientemente de la conciencia del hombre y ha existido antes que él; lo psíquico, la conciencia, es el producto superior de la materia, la función del cerebro humano.

El quinto capítulo está dedicado al análisis de la revolución en las ciencias de la naturaleza y a la crítica del idealismo “físico” (ver). Lenin explica en primer término los orígenes de la crisis en las ciencias naturales. En el siglo XIX, la física clásica había alcanzado su apogeo. El materialismo triunfaba en ese dominio. Sin embargo, en los umbrales del siglo XX, algunos descubrimientos sensacionales trastornaron por completo el antiguo cuadro físico del mundo. Anteriormente, los sabios interpretaban las propiedades de la materia en un sentido metafísico; los físicos estimaban que la materia poseía propiedades inmutables, dadas de una vez por todas (impenetrabilidad, inercia, masa, &c.). Los nuevos descubrimientos revelaron nuevas propiedades de la materia: el electrón no tiene masa en el sentido ordinario, mecánico de la palabra, y su masa es de naturaleza electromagnética; el átomo, que parecía ser una partícula de materia indivisible, se reveló como un fenómeno infinitamente más complejo. El descubrimiento de la radioactividad mostró que los elementos considerados inmutables se transformaban los unos en los otros. Los éxitos prodigiosos de las ciencias de la naturaleza, los nuevos descubrimientos en física, no podían mantenerse dentro del marco de las viejas concepciones mecanicistas. Para salir de este punto muerto, los científicos tenían necesidad de asimilar conscientemente la dialéctica materialista; pero, formados en el espíritu de una concepción idealista del mundo, muchos de ellos extrajeron conclusiones idealistas de estos nuevos descubrimientos y afirmaron que la “materia había desaparecido”, &c. Se vio surgir entre los físicos, escuelas idealistas (idealismo “físico” de Ostwald, &c.) que trataban de interpretar dentro de un espíritu idealista las nuevas adquisiciones de la física. “La esencia de la crisis de la física contemporánea consiste en el desquiciamiento de las viejas leyes y de los principios fundamentales, en prescindir de la realidad objetiva existente fuera de la conciencia, es decir, en la substitución del materialismo por el idealismo y el agnosticismo” (Ibid., p. 287). Lenin generalizó los nuevos descubrimientos en física, puso en claro la esencia de la crisis de las ciencias de la naturaleza, indicó el medio de salir de ella por el camino materialista, y mostró las perspectivas ilimitadas que se abrían ante ellas. Enriqueció así el materialismo filosófico marxista y le dio una forma nueva. Lenin aplicó brillantemente la dialéctica a la teoría del conocimiento y desarrolló profundamente la teoría marxista del conocimiento, dilucidando numerosas cuestiones esenciales (la teoría del reflejo, ver, la verdad objetiva, la verdad absoluta y la verdad relativa, relación entre la teoría y la práctica, &c.).

La generalización que hizo Lenin de los progresos científicos y su crítica del “machismo” tienen, en el momento actual, una importancia considerable para el desarrollo de las ciencias naturales. La evolución ulterior de la física y de las demás ciencias ha confirmado plenamente el análisis magistral de Lenin. La física contemporánea ha hecho nuevos descubrimientos que no sólo prueban el acierto del materialismo dialéctico, sino que no pueden ser comprendidos y explicados más que a la luz de las ideas expuestas en Materialismo y empiriocriticismo. Tales son, por ejemplo, los descubrimientos de la física nuclear y de la mecánica cuántica (ver), &c. Pero los idealistas “físicos” actuales explotan esos descubrimientos para luchar contra el materialismo. Según ellos, la liberación de la energía luego de la desintegración del átomo significa la “desaparición de la materia”, y la transmutación, en ciertas condiciones, del fotón en par material electrón-positrón y viceversa, equivale a la creación de la materia partiendo de la “nada”, a una “aniquilación” de la materia, a su conversión en energía “pura”. Se recurre a la teoría de la relatividad (ver), para interpretar el espacio y el tiempo desde el punto de vista del idealismo subjetivo, &c. El libro de Lenin Materialismo y empiriocriticismo pertrecha a los sabios soviéticos y a todos los científicos progresistas del mundo en su lucha contra el obscurantismo en la ciencia y en la filosofía, les indica el camino a seguir para alcanzar nuevas cumbres en el progreso de la ciencia.

En el sexto capítulo, Lenin critica el idealismo subjetivo de los “machistas” en el dominio social; desarrolla y enriquece el materialismo histórico de Marx y de Engels. El “machista” Bogdanov reducía la vida social a la actividad de la conciencia, a la actividad psíquica, lo que desembocaba en la identificación idealista de la existencia social y de la conciencia social. Lenin aplica brillantemente el materialismo filosófico al estudio de la vida social, y enuncia la fórmula marxista de la relación entre la existencia y la conciencia sociales. “El materialismo en general reconoce el ser objetivamente real (la materia) independiente de la conciencia, de la sensación, de la experiencia, &c., de la humanidad. El materialismo histórico reconoce el ser social independiente de la conciencia social de la humanidad” (Ibid., p. 366). Lenin pone en evidencia el espíritu de partido en filosofía, somete a una crítica sarcástica las tentativas de los filósofos burgueses de elevarse “por encima” de los principales partidos en lucha en el terreno filosófico. En la “Conclusión”, Lenin resume su exposición: la confrontación de los principios teóricos del empiriocriticismo y del materialismo dialéctico muestra el carácter eminentemente reaccionario del “machismo”; los representantes de esta escuela filosófica partieron de Kant para terminar en Hume (ver) y en Berkeley, es decir, en el idealismo subjetivo; el “machismo” está íntimamente ligado al idealismo “físico” en ha ciencias de la naturaleza. Detrás de toda suerte de subterfugios terminológicos, es preciso saber descubrir las dos corrientes filosóficas principales y poner de relieve la lucha de los partidos en filosofía.

Materialismo y empiriocriticismo está impregnado de un extremo a otro de una unidad de principios rigurosa, del espíritu del partido comunista, y combate con intransigencia toda veleidad de apartarse del marxismo revolucionario. Cada palabra de Lenin “es una espada tajante que da por tierra con el enemigo” (Zhdanov). Lenin proyecta luz sobre la cuestión del espíritu de partido en filosofía (ver), estigmatiza toda manifestación de tolerancia en la lucha contra el campo idealista, toda actitud objetivista, “sin partido”, en materia de filosofía. La obra de Lenin es un modelo de desarrollo creador de la filosofía marxista, un modelo de firmeza comunista en el dominio teórico.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:340-344

Materialismo y empiriocriticismo

Materialismo y Empiriocriticismo. Notas críticas sobre una filosofía reaccionaria. Principal obra filosófica de Vladímir Ilich Lenin; escrita en 1908, vio la luz en mayo de 1909. El libro fue redactado en un período de reacción provocado por la derrota de la primera revolución rusa de 1905-07. En aquel entonces, la defensa del materialismo dialéctico e histórico frente a los ataques del revisionismo, el aplastamiento de la filosofía reaccionaria empiriocriticista que los revisionistas defendían por todos los medios, constituía una tarea actual, política y teórica de los marxistas. En el libro Materialismo y empiriocriticismo se hace una crítica exhaustiva de la filosofía idealista subjetiva del empiriocriticismo, se pone de manifiesto su total oposición, en todas las cuestiones filosóficas, con el materialismo dialéctico e histórico. Lenin muestra cómo los machistas rusos, deseosos de “completar y desarrollar” el marxismo con el machismo, en realidad no hacían más que repetir las tesis del idealismo subjetivo y del agnosticismo. La experiencia de la humanidad entera, los datos de la ciencia natural refutan por completo todas las teorías de los “novísimos” idealistas. Lenin critica detalladamente las teorías idealistas de Mach, Avenarius (Coordinación de principio), Pearson, Petzoldt y otros, así como también de los machistas rusos: Bazárov, Bogdánov (Empiriomonismo), Iushkiévich (Empiriosimbolismo) y otros. En el libro se indican cuáles son las fuentes ideológicas y el lugar del empiriocriticismo en la evolución de la ideología burguesa: empezando con Kant, los machistas llegaron a Hume y a Berkeley, sin ir más allá de las concepciones de estos dos filósofos. Respecto a la posición ideológica del machismo, es sumamente característica la afinidad que éste presenta con las corrientes más reaccionarias del pensamiento burgués del tipo de la escuela de la inmanencia en filosofía. Lenin reveló además, por primera vez en la filosofía marxista, las relaciones verdaderas existentes entre el empiriocriticismo y la ciencia natural. El empiriocriticismo, que se presentaba como filosofía de la ciencia natural moderna, en realidad influía negativamente sobre el desarrollo de esta última utilizando y acentuando las vacilaciones idealistas de varios físicos, nacidas de la crisis que sufrió la física a fines del siglo XIX y a principios del XX. Es de extraordinaria importancia el profundo descubrimiento que hizo Lenin de las raíces sociales y el papel de clase de la filosofía machista. Aplicando de manera decidida y tenaz la línea del espíritu de partido de la filosofía, puso de relieve la inconsistencia de la “obtusa pretensión” de los machistas –como, en general, de toda la corriente positivista– de elevarse por encima del materialismo y del idealismo, e hizo ver que el empiriocriticismo está al servicio de las fuerzas reaccionarias, de la religión, que es hostil a la ciencia y al progreso. La crítica multilateral y exhaustiva del machismo, de sus partidarios y correligionarios rusos, no agota el contenido del libro de Lenin. En Materialismo y empiriocriticismo, Lenin fundamentó y siguió desarrollando importantísimas tesis del materialismo dialéctico e histórico. Analizó circunstanciadamente la cuestión fundamental de la filosofía, categorías muy importantes de la filosofía marxista (materia, experiencia, tiempo y espacio, causalidad, libertad y necesidad, &c.), desarrolló con espíritu creador la teoría marxista del conocimiento (sobre todo las cuestiones referentes a la teoría del reflejo, al papel de la práctica en la cognición, al lugar y al papel de las sensaciones en el conocimiento, a la verdad objetiva, a la relación entre verdad absoluta y verdad relativa) y las cuestiones fundamentales del materialismo histórico. Es de singular valor la generalización que hace Lenin de los nuevos datos de la ciencia natural. Los relevantes descubrimientos hechos en física a fines del siglo XIX y comienzos del XX, señalaron el principio de una revolución en la ciencia natural, pero al mismo tiempo dieron origen, en ésta, a una profunda crisis estrechamente ligada al idealismo “físico”. Después de poner al descubierto las raíces de clase y gnoseológicas del idealismo “físico”, mostró Lenin que los últimos descubrimientos de la física no sólo no refutaban el materialismo, sino que por el contrario proporcionaban una nueva confirmación del materialismo dialéctico. La generalización materialista dialéctica que hace Lenin de las grandes conquistas de la ciencia señaló el camino para salir de la crisis en que se hallaba la ciencia natural, demostró convincentemente que el único método de esta ciencia es el de la dialéctica materialista. El significado del libro de Lenin estriba en que, en él, se da al materialismo una nueva forma, en consonancia con el nuevo nivel del desarrollo de la ciencia. La obra de Lenin Materialismo y empiriocriticismo sigue siendo, hoy en día, un arma ideológica en la lucha contra la filosofía burguesa y el revisionismo, facilita la generalización filosófica del desarrollo actual de las ciencias naturales. El libro de Lenin es un modelo de desarrollo creador de la filosofía marxista, es un ejemplo de espíritu comunista de principio en las cuestiones teóricas.

Diccionario filosófico · 1965:304-305

Materialismo y empiriocriticismo

Materialismo y empiriocriticismo. Notas críticas sobre una filosofía reaccionaria. Principal trabajo filosófico de Lenin, escrito en 1908 y editado en mayo de 1909. El libro fue escrito en las condiciones de la reacción provocada por la derrota de la primera revolución rusa (1905-07). En ese entonces, la defensa del materialismo dialéctico e histórico frente a los ataques del revisionismo y la refutación de la filosofía reaccionaria del empiriocriticismo, que implantaban intensamente los revisionistas, constituían una tarea política y teórica de actualidad para los marxistas. En el libro Materialismo y empiriocriticismo se ofrece una exhaustiva crítica de la filosofía idealista subjetiva del empiriocriticismo y se pone de manifiesto la completa contraposición de la misma, en todas las cuestiones filosóficas, al materialismo dialéctico e histórico. Lenin muestra que los machistas rusos, que deseaban “completar y desarrollar” el marxismo con ayuda del machismo, de hecho no hacían más que repetir las ideas reaccionarias del idealismo subjetivo y el agnosticismo. La experiencia de toda la humanidad y los datos de las ciencias naturales desmienten por completo todas las construcciones de estos idealistas “novísimos”. En el libro se muestran las fuentes ideológicas y el lugar del empiriocriticismo en el desarrollo de la filosofía burguesa: empezando por Kant, los machistas se dirigieron a Hume y Berkeley, el marco de cuyos criterios no rebasaron. Para la posición ideológica del machismo es sumamente característica su proximidad a las corrientes más reaccionarias del pensamiento burgués del tipo de la escuela inmanente en filosofía. Pretendiendo desempeñar el papel de filosofía de las ciencias naturales modernas, el empiriocriticismo de hecho ejercía una influencia negativa sobre el desarrollo de la ciencia, utilizando y aumentando los vaivenes ideológicos de varios físicos, engendrados por la crisis en la física en la divisoria de los siglos 19 y 20. Tiene excepcional importancia el hecho de que Lenin puso al desnudo a fondo las raíces sociales y el papel de clase de la filosofía del machismo. Aplicando con decisión y tesón la línea del partidismo de la filosofía, aclaró la inconsistencia de la pretensión de los machistas, al igual que de toda la corriente del positivismo en general, de elevarse por encima del materialismo y el idealismo y mostró que el empiriocriticismo servía a las fuerzas de la reacción y la religión y era hostil a la ciencia y al progreso. Pero el contenido del libro de Lenin no se circunscribe sólo a la crítica exhaustiva del machismo y sus adeptos y correligionarios rusos. Lenin fundamentó y desarrolló en el Materialismo y empiriocriticismo las tesis del materialismo dialéctico e histórico, analizó todos los aspectos del problema fundamental de la filosofía y las categorías más importantes de la filosofía marxista (materia, experiencia, tiempo y espacio, causalidad, libertad y necesidad, &c.) y enriqueció con espíritu creador la teoría del conocimiento de Marx (sobre todo las cuestiones de la teoría del reflejo, del papel de la práctica en el conocimiento, del lugar y papel de las sensaciones en el conocimiento, de la verdad objetiva y la correlación de la verdad absoluta y relativa) y los problemas fundamentales del materialismo histórico. Tiene particular importancia la sintetización por Lenin de los nuevos datos de las ciencias naturales. Los grandes descubrimientos en física en la divisoria de los siglos 19 y 20 marcaron el comienzo de una revolución en las ciencias naturales, pero ellos mismos provocaron una profunda crisis en su desarrollo, enlazado estrechamente con el idealismo físico. Al descubrir las raíces de clase y gnoseológicas de este último, Lenin mostró que los descubrimientos más recientes en física, lejos de refutar el materialismo, por el contrario, confirman el materialismo dialéctico. Al generalizar las conquistas de la ciencia de aquel entonces, Lenin demostró persuasivamente cuán importante es el método de la dialéctica materialista para el progreso científico y para superar la crisis en las ciencias naturales. Siendo un modelo de desarrollo creador del marxismo, el libro de Lenin sigue constituyendo un arma ideológica en la lucha contra la filosofía burguesa y el revisionismo y contribuye a la sintetización filosófica del estado actual de las ciencias naturales.

Diccionario de filosofía · 1984:280-281