Filosofía en español 
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Punto quinto · A qué pobres ha de darse la limosna

Los pobres se constituyen en tres clases; porque unos lo son por necesidad; otros por malicia; y otros por virtud. Los primeros padecen necesidad, porque ni con el trabajo, ni con la industria pueden librarse de ella. Los segundos la toleran por no querer aplicarse al trabajo, entregados a la ociosidad y desidia. Los terceros, finalmente, son los Religiosos, que a imitación de Jesucristo y sus Apóstoles profesan una pobreza voluntaria. Esto supuesto:

P. ¿A qué pobres ha de darse limosna? R. Que a todos sin distinción justos, pecadores, amigos, enemigos, propios y extraños; porque [229] todos son nuestros prójimos, y a todos los que lo son, se debe amar y socorrer. Si nos constase ciertamente que alguno que pide limosna, podía socorrer su necesidad, aplicándose al trabajo, no se le debería dar, por no fomentar con ella su viciosa ociosidad. Mas nadie, sin evidente fundamento, puede presumir, que los pobres que le salen al encuentro son vagamundos, porque la caridad no piensa mal. A los enemigos de la República, mientras perseveren en serlo, no se les ha de dar limosna; porque aunque ésta no haya de negarse a los enemigos, se entiende cuando no se puedan valer de ella en daño de los mismos que se la dan, o de su patria. Y así, si no desisten, o se cree prudentemente, desistirán de su mal ánimo, no debe dárseles, aun cuando se hallen en necesidad extrema.

P. ¿El que fingiéndose pobre pide limosna, peca gravemente con obligación de restituir la recibida? R. Que en cuanto a pecar gravemente, siendo grave la materia, es suposición común; porque además de sacar fraudulentamente la limosna, y contra la voluntad razonable del que se la da, hace también agravio a los verdaderos pobres defraudándolos de ella. De estas razones se sigue claramente que también tiene obligación a restituir lo que así consiguió; pues comete injusticia, no sólo respecto del dueño que se la da, sino respecto de los pobres a quienes defrauda con su ficción y dolo.

Dirás: La causa principal de dar limosna es Dios, por cuyo amor se hace, y la miseria del pobre sólo es causa secundaria; y siendo cierto, que verificándose la causa principal, es el acto válido; lo será también el de la limosna, aunque ésta se dé al que se finge pobre; pues siempre se le da por amor de Dios. R. Que aunque la limosna principalmente se da por Dios, ésta es solamente una causa general, siendo la peculiar el socorrer la miseria ajena; por lo que faltando ésta, es el acto nulo, por haber un error substancial en el que lo hace.

Los que son verdaderamente pobres, aunque se valgan de invenciones y estratagemas para sacar limosnas más copiosas, o finjan parentesco, amistad &c. pecarán por la ficción o mentira, mas no [230] tendrán obligación a restituir lo que de esta manera sacaron, porque siendo verdaderamente pobres, se verifica en ellos la causa principal de la limosna. Por esta misma razón hay obligación a socorrer al pobre avaro, si verdaderamente se halla indigente, aunque sea por su avaricia, así como estaríamos obligados a socorrer librándolo del peligro al que por flaqueza o malicia quisiera desesperarse. Mas en este caso, si se puede se ha de socorrer al avaro de sus propios bienes, y sino de los del que le socorre, con obligación de resarcir después otro tanto. Regularmente más se ha de reprender, que socorrer al pobre avariento.

P. ¿Cómo se conducirá aquél, a quien el testador deja alguna cosa para que la reparta entre pobres? R. 1. Que no puede dar toda la cantidad a uno sólo; porque en ello agraviaría a los demás. Puede, sí, computarse a sí mismo y a sus consanguíneos entre los pobres, si verdaderamente lo fuesen. Si el legado se dejó para los pobres de pueblo determinado, no podrá aplicarse a los de otro distinto; como ni si se dejó para pobres vergonzantes, podrá distribuirse entre los que no lo sean. Finalmente, en cuanto sea posible ha de cumplirse a la letra y en específica forma la mente del testador.

R. 2. Que si el legado se designó para casar huérfanas, debe aplicarse a las que propiamente lo sean; mas si faltaren éstas, podrá darse a las que tuvieren padres inútiles, y que nada les sirven; pues éstos, en la realidad, son para ellas como si no fuesen. Si se dejó una cantidad para dotar mujeres absolutamente, puede y debe darse también a las que quieren entrar en Religión; y aun se les entregará toda la porción designada a cada una; pues abrazan estado más perfecto, y cumplen mejor con la voluntad razonable del fundador, como diremos más largamente en el Trat. 20.

[ Compendio moral salmaticense · Pamplona 1805, tomo 1, páginas 228-230 ]