[ José Gazola · Verona 1661-1715 ]
Entusiasmos
Médicos, Políticos, y Astrológicos,
del grande Archisoplón de las Estrellas,
Calculado al Meridiano desta Real Corte.
Volumen pequeño,
Mas muy curioso, y necesario para todos, y especialmente a los que codiciosos desean lograr una continua salud.
Va dividido en dos Partes;
una Astrológica, y otra Médica.
[ Madrid, enero 1690 ]
Hallaráse en la Puerta del Sol,
a la esquina de la calle de las Carretas, en la Librería.
[ Texto publicado en julio-agosto de 2026 por Filosofía en español, a partir del ejemplar conservado en la Biblioteca Capitolare di Verona –Sala Turrini, 1 · VII · 28– que perteneció al médico militar e historiador de la medicina Dr. Francesco Pellegrini (Verona 1883-1960). © Fondazione Biblioteca Capitolare di Verona. ]
[ Portada ]
A la Reina María Ana de Baviera, en el día de su Feliz Entrada en España
Censura del Reverendísimo Padre Fr. Isidro de San Juan (8 diciembre 1689) · Censura del Rmo. P. Juan Francisco Petrei (10 diciembre 1689) · Licencia del Ordinario [10 diciembre 1689]
[ Portada parte primera ] · Lector (primero día del año 1690)
Discurso general para este Año de 1690
Discurso primero. Sobre el Año de 1690
Discurso segundo. Sobre el presente Año de 1690
Discurso tercero. Acerca de los Eclipses
Discursos particulares de cada mes del año presente
Enero · Febrero · Marzo · Abril · Mayo · Junio · Julio · Agosto · Setiembre · Octubre · Noviembre · Diciembre
Protesta sobre este Discurso General
Parte segunda de los Entusiasmos médicos
[ Portada ] · Proemio
Primera advertencia. Ser mejor dejar el cuidado a la Naturaleza, que valerse de Médico, cuando no es muy entendido: y éste, cuál deba ser.
Segunda advertencia. Si sean mejores los Galenistas, a los Médicos Modernos.
Tercera advertencia. Como habemos de conservar la salud.
Cuarta advertencia. Acerca del Aire.
Quinta advertencia. Acerca de la comida.
Sexta advertencia. De los Excrementos.
Última advertencia. Si el uso del Chocolate, Café, yerba Té, Agua-ardiente, purgas, sangrías, y otras cosas semejantes aprovechan para conservar la salud. · Nuevos Aforismos, para conservar la salud.
Descripción del Pentagonum salutis, o Ayo de la salud.
Cesión. · Fe de erratas. · Suma de la Tasa (26 enero 1690)
A la Sacra Católica y Real Majestad de la Reina Reinante N. S. Doña María Ana de Baviera, Condesa Palatina del Rhin, en el día de su Feliz Entrada en España.
SEÑORA
Dos Sciencias se juntan en este Papel, y vienen dadas las manos a postrarse humildes ante la Real Majestad de ese Sagrado Diadema. Celeste la una; Secretaria de las Estrellas: Humana la otra; Aya de la Salud. La primera, adivinó, y escogió a V. M. por Reina Reinante de las Españas, y ahora la promete dichosas edades, juntas a una próspera fecundidad, llevando consigo, por fiador, la Segunda, para que con el logro de sus dictámenes, le abone el suceso de tan felices Auspicios. No dudo, que la menudencia deste Volumen hará parecer muy corto el empleo de mis obsequios; pero la abultará la saludable intención, con lo provechoso; y podré blasonar de discreto, habiendo hallado traza de ofrecer a V. M. en breve epílogo, todo lo que necesita. Es verdad, que Dios, siendo justamente inclinado a los Monarcas, les entregó cuanto crió de regalo su liberalidad infinita, hasta avasallar a su Trono tantos humanos Albedríos, cuantos Individuos se les profesan por súbditos; y lo que no alcanza todo el Luminoso poderío de los Astros, permite, que se les caiga rendido a su Real obediencia; porque Astra inclinant; sed non cogunt. Solamente la Sucesión, y la Salud se guardó para sí; o para repartirlas igualmente, y sin distinción entre todos los Mortales; o para despertar también a los Reyes la memoria, cuando Enfermos, se ven forzosos a sujetarse obedientes al Médico; a fin, de que lisonjeados entre las Reales Magnificencias, no olviden lo frágil con lo Soberano. Y así, viendo que tiene V. M. el corazón dulcemente aprisionado del celo de la Religión entrambas a dos ofrezco a los pies de V. M. la Sucesión, con la predicción de la Astrología; y la Salud, con la cortedad de mis Médicas Advertencias. Con todo eso perdonará, si envío a V. M. estos rasgos Filosóficos en lugar de Epitalamios; pues he juzgado poco empeño de mi Retórica emplearla en Reales Elogios. No ha menester Antorchas el ardimiento del Sol; ni humosas Exhalaciones para encenderse la Luz; solo la Noche necesita de Estrellas, y de Relámpagos, para afeitarse algo la cara. Las personales Prendas de V. M. desbaratan todo lo Retórico arrastrando consigo, precisada, cualquiera alabanza. Sobran los Panegíricos a quienes sobran los Méritos; estos saben lucir por sí, sin las teas del Orador. Y así cerraré la puerta a la Elocuencia, dejando relumbrar por sí la altura del merecimiento; en el ínterin, que el Celibato del mayor Monarca del Mundo va en busca del nuevo Tálamo; porque estoy muy seguro, que encontrándose con las muchas Gracias de V. M. se verá obligada toda la Política de sus Reales agrados, a afectar este Himeneo, reconociéndolo tan grande, y singular, como costosa, y distante su elección; y sacrificando, aun la honesta codicia de sus deseos, con el Martirio de una larga esperanza. ¿Quién, pues, ahora podrá mejor consolar a esta Monarquía, y fertilizarla más con la Sucesión, que V. M.? Cuyos Hermanos Desposorios, no muy lejos desta Corte, hacen retumbar los Ecos genetliacos, y los regocijos de la Lusitana Corona, y una nueva preñez vuelve a multiplicar la Generación a otro más conjunto Diadema. Por lo cual, también estos Reinos, envidiosos, aguardan de V. M no solo que saque a luz la perezosa Posteridad, sino que hermosee también la valentía gloriosa de la Nación, animándola, con el ejemplo de tantas Vitorias Alemanas, y dándola aliento con el Bávaro desahogo, para que con igual intrepidez, en el Occidente, aprese la Águila Austriaca a todos sus enemigos. Ya a la venida de V. M. se zozobra la Luna Africana, presaga de sus Eclipses, y ya muchas Plazas Cristianas sacuden el bárbaro grillo, logrando vivas esperanzas de deber agradecer a V. M. todo el rescate de sus trofeos. Salga, pues, la generosa Hidalguía del Espíritu Español, a recibir a su más deseada Reina; que yo, con humilde rendimiento, adorando estoy su Trono.
S. C. R. M.
B. L. R. P. de V. M.
Su más humilde Criado.
[v-xii]
Censura del Reverendísimo Padre Fr. Isidro de San Juan, Predicador de la Majestad Católica, Teólogo, y Examinador en el Tribunal Apostólico de la Nunciatura de España, y al presente Superior General de todo Su Sagrado, Real, y Militar Orden de Descalzos de nuestra Señora de la Merced, Redención de Cautivos.
Mándame V. S. que diga mi parecer sobre el Pronóstico, y Entusiasmos Físicos, que para el año que viene de 1690 saca a luz el celebrado Archisoplón de las Estrellas. Y habiéndose merecido tan seguro crédito, en los aciertos del antecedente Pronóstico; en este le continúa, y aumenta, con la misma seguridad, siendo su primer aspecto al norte fijo de la pureza de nuestra Fe; pues da principio a sus predicciones, Cristianamente discretas, y estudiosas despreciando los deliramentos, y errores de la incierta Astrología, cuyos vanos profesores, injuriando la sobrenatural Providencia, pusieron en el Cielo sus lenguas, y sus plumas, atribuyendo la gobernación de nuestras costumbres al influjo equívoco de las Estrellas; como si la hidalga naturaleza del hombre libre, a quien su Autor no violenta, pudiese obrar con la coacción de los brutos. Apóstata de sí misma, contra estos, dijo divinamente la dulzura de San Ambrosio lib. de interpelat. cap. 6. Hi nec Cœlo, nec terra parcere solent, ut cursu quodam Stellarum arbitrentur vitam hominis gubernari: nihil providentiæ, nihil bonis moribus derelinquunt.
Así demuestra el Autor la falibilidad, e incertidumbre de lo que en el libro de los Astros ha prevenido la curiosidad de su estudio, remitiendo la certeza de los sucesos a Dios, y a nuestro albedrío; y solo proponiendo en esta elocuente selva de sus Pronósticos, unos sucesos genéricos, que no inducen necesidad en los individuos: enseñanza que dejó el gran Tolomeo a sus Discípulos Astrólogos, in centiloquio propos. I. Astrologus non debet enuntiare rem particulariter, sed universaliter, ut quie minus rem videt.
También es digno de estimación, y alabanza el Tratado adjunto, en que nos ofrece medios fáciles para mantener la salud, sin rendirnos a la enfermedad continua de las medicinas de prevención; tan familiares a la deliciosa vanidad de los Cortesanos; que ya parece etiqueta, hacer por estar enfermos. Y aunque la Escuela de Salerno previno muchos remedios contra este abuso, más fácilmente los reduce el Autor a menos costa, y cuidado.
Y aunque introduce en este tratado algunas opiniones; unas anticuadas; y otras modernas, en que se opone a las Máximas Galenistas, no es reñir con los que las siguen, sino dar ocasión a que los estudiosos disputen: porque en estas doctrinas puramente Filosóficas, que ni tienen conexión con la Teología, ni con las operaciones Cristianas; cualquier ingenio ilustrado con la razón, y cultivado con las experiencias puede alcanzar nuevas conclusiones, que acaso se escondieron a los antiguos, como en la perfección, que cada día adquieren todas las Artes prácticamente lo vemos: Y así Séneca, instruyendo a su Lucilo para que volase en las alas de su proprio ingenio, y no sobre las ajenas de los antiguos Filósofos, pues esto no arguye ciencia, dino memoria: Quousque sub alio moveris? (le dice lib. 4. epist. 33) impera, & dic aliquid de tuo: aliud est enim meminisse; aliud scire. Quid ergo? Non ibo per priorum vestigia? utar quidem via veteri. Sed si planiorem invenero, hanc muniam, qui ante nos ista moverunt, non tam Domini nostri, quam Duces fuerunt.
Con esto significo mi dictamen, sujetándole al mejor; y debo decir a V. S. que puede servirse de mandar, que estos Entusiasmos se den a la prensa. En este nuestro Convento de Santa Bárbara de Madrid, de Mercenarios Descalzos, Redentores de Cautivos, día ocho de Diciembre de 1689.
[xiii-xv]
Censura del Rmo. P. Juan Francisco Petrei, Catedrático de Prima de Matemáticas, Maestro de Erudición en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús desta Carte.
M. P. S.
De Orden de V. A. he visto un libro, cuyo título es, Entusiasmos Médicos, Políticos, y Astrológicos del grande Archisoplón de las Estrellas; y digo, que es incontrastable ejecutoria en que gustosamente se descubre la noble curiosidad con que su Autor ha solicitado hermanar en provecho de la República, las noticias de la divina Astronomía, con el estudio de su insigne facultad la medicina, tan calificada aun en el texto Sagrado, de necesaria. Ha respetado su agudo ingenio s la venerable Ancianidad, y valídose de los grandes tesoros que nos franqueó la Filosofía de los Antiguos, pero no con lo adquirido en los siglos antecedentes, se ha persuadido, a que siendo inagotable el Océano de la Enciclopedia, quedaba todavía mucho que adquirir, y con eso, como feliz aventurero, empezó a surcar por diferentes rumbos, de bien logradas experiencias, los inmensos golfos de la Física. Penetró lo que encierran por de dentro la corteza, y las apariencias de la naturaleza, juzgando con Séneca, lib. 2. de nat. quæst. que si el hombre nace con ojos para ver la exterioridad nace racional, para alcanzar lo íntimo de los misterios del Universo: Nisi ad hæc admitterer: non fuerat opere prætium nasci.
Bien podía su erudición traer hartos aforismos de Astrología, y Adivinación; pero despreciándolos por no fundados, dice con él Héctor de Homero Iliad. m. a su Polidamas: Has minime menor; nec curo; sive ad dextrum, sive ad sinistram, que el verdadero, y mejor Pronóstico, es cumplir con la obligación, una acies optima pugnare pro Patria.
Todavía, paseando su vista perspicaz por estos Caracteres de oro, que el dedo de Dios tiene escritos desde el principio del mundo en los campos azules del Cielo, no se niega a la curiosidad, impaciente de saber lo por venir, en lo que la cuerda conjetura puede descifrar, y halla con la debida analogía los ecos, que en el Microcosmo de nuestros cuerpos hacen las revoluciones enérgicas del Macrocosmo, o mayor Mundo.
Hágansele, pues, las gracias, que un Filósofo rendía agradecido a la naturaleza; cuando tal vez corrido un poco el velo, permitía a su vista la de alguna parte de du retrete: Tunc naturæ veram gratias ago cum illam non ab hoc parte video, quæ publica est, sed in secretiora eius intravit.
Ninguna cosa he hallado, que disuene a nuestra Santa Fe, o desdiga de las buenas costumbres. Este es mi parecer. Salvo, &c. En este Colegio Imperial de Madrid a 10 de Diciembre 1689.
[xvi-xvii]
Licencia del Ordinario.
Nos el Lic. D. Alonso Portillo y Cardos, Dignidad en la Colegial de Talavera, y Vicario de esta Villa de Madrid, y su Partido. Por la presente, y por lo que a Nos toca, damos licencia para que se pueda imprimir, e imprima el tratado, intitulado, Entusiasmos Físicos, y el Pronóstico del año que viene de noventa; atento que de nuestra orden, y comisión le ha visto, y reconocido, y no contiene cosa contra nuestra Santa Fe, y buenas costumbres. Dada en Madrid a 10 de Diciembre de 1689.
Lic. Portillo y Cardos.
[xviii]
Entusiasmos astrológicos del grande Archisoplón de las estrellas,
para los políticos, curiosos de lo por venir.
Parte primera.
Non est vestrum nosse tempora, & momenta, quæ Pater posuit in sua potestate.
Actor. 1. Apost.
[1]
Lector.
Aquí te ofrezco otra vez mis Entusiasmos: los del año pasado fueron verdaderamente legítimos mayorazgos del genio; estos son hijos de la Inclusa, sacados a luz por la cortesía de algunos Señores, que con su demanda, fertilizó la estéril gana, que tenía por no malparir mis Estudios con esta Sciencia, por la curiosidad de lo por venir; tanto gustosa a los otros, cuanto dañosa para sí, y de ningún provecho a quien la profesa, a causa de las desgraciadamente dadas interpretaciones que algunas veces llegan picantes contra algún sujeto, de quien no pudiéndose hablar (por debido respeto) con llaneza; es preciso seguir un estilo anfibológico, aunque seguro de ser por eso culpado de dificultoso, para escusarlo de atrevido. Con todo eso, tiene tan bien el Autor su entretenimiento en oír la glosa diferente del Pueblo; porque de cuando en cuando lo hacen hablar de Oráculo, en cosas, que ni aún como relámpagos le pasaron por el pensamiento. El idioma Astrológico tiene todo su filis en el enigma; quien le quita lo oscuro, le deja desabrido, perdiendo la salsa de la alegoría: en la bobería del intérprete consiste, por ventura, el engaño, o en la perspicacia el acierto. Y así, míralos como puros entusiasmos de lo por venir, no como profecías, porque no llega a tan alta esfera el humano remontamiento. Esta ciencia, Dios la tiene depositada en los Archivos de su especial gracia; el hombre, si algo alcanza de lo futuro, todo es conjetural, y contingente: que por eso no te los saco a luz para que me añadas fama de Astrólogo, sino para hacerte caer en la cuenta, de que no es tan barata la sabiduría de lo por venir, que la puedas mercar con el costo de este papel. Pues cuántas veces habrás reparado en el Almanaque del año pasado, encarecerte algún día de muy sereno, que quizá fue alborotado; ya otro de frío, cuando le experimentase caluroso; y otros mil desaciertos, aunque todo se haya cortado con las medidas posibles del Arte. Solo en esto me debes estar agradecido, que te he puesto un escarmiento palpable de la falsedad de la Astrología, después de habértela antes con el discurso pronosticado. Todavía, para que no tengas queja contra mí, ya que no puedo volverte Astrólogo, quiero hacerte Médico; y con eso, si no pudieres averiguar con el estudio lo por venir, a lo menos lo alcanzarás con una larga vida, valiéndote más, que lo que te falta de adivino, te sobre de sano. Estúdialo, pues, si no por entretenimiento, por burla, que podrá ser que después te aproveche de veras. Con nadie mejor, que contigo mismo, puedes conservarte sano, y bueno: por lo que tuvo grandísimo entendimiento aquel Soberano, cuando dijo, que desde los treinta años no habían menester Médico los hombres. La propia naturaleza, ¿quién la entiende más que tú, para socorrerla en lo que necesita? Y por eso parece malísimo, ver a un Médico achacoso, ¿pues cómo dará la salud a los otros, si no sabe alcanzarla para sí? Médico, cúrate a ti mismo, lo reprehendiera un refrán, porque ne quicquam sapit, qui sibi non sapit. Luego para no zaherirte lo propio, y para que no me preguntes más, cómo te has de conservar sano, te se añadió este papel; de cuyas advertencias, si supieres aprovecharte, gozarás con efecto lo que ahora por cortesía te debo desear, que vivas muchos años, Madrid, el primero día del año 1690.
[2-4]
Discurso general para este Año de 1690.
Discurso primero.
Sobre el Año de 1690.
Después de haber pasado el Océano de la Eclíptica, aquella grande, y soberana Monarquía de la luz, y fletado uno a uno los doce Signos del Zodiaco, hará debajo de los Antípodas, casi junto al nuestro Nadir, la aniversaria su entrada, en el primero grado del Aries, el día decimonono del mes de Marzo, veinte y nueve minutos desde la media noche siguiente, según el cálculo de este Reloj de Madrid, y guarismo de los Astrónomos: pero la Iglesia solamente reconocerá el principio del presente Año el día de la Circuncisión del Señor. Por lo cual, acomodándome al rito Católico, empezaré antes a discurrir del Invierno, y del temperamento de cada una de las demás Estaciones; de donde sacaré después un discurso universal, y político de todo el año, para los curiosos, de lo por venir.
Luego para filosofar con los Astrólogos acerca de la primera Estación, me es preciso, con su cálculo, andar en busca del instante en que el Sol se halle en el primer grado de Capricornio, donde quedándose en su Solsticio el Invierno, da principio; y veo que allí estuvo el vigésimo día del postrero mes del año pasado, dada la una, y ocho minutos, después de la media noche: y habiendo observado, que Marte estaba entonces en el propio aposento, apoderándose del Ascendiente, me hizo caer en la cuenta, de que querría ser el Presidente de Hacienda de estos tres meses: lo cual, por ser tachado, desde los antiguos Caldeos, de temperamento caliente, y seco, nos debiera, sin falta, templar la ordinaria frialdad, y humedad del Invierno, volviéndole muy templado, sereno, seco, y ventoso, pues de este género nos lo promete la mayor parte; pero con tal, que si algunos pocos días fueren malos, echaremos la culpa a Saturno, que por hallarse también en el ángulo del Oriente, hará todo lo posible para alborotar el tiempo, y con unos airecillos penetrantes, que tiritemos de frío, y aún más; porque la Luna, por ser junta con Marte, no dejará de ayudarle, especialmente con sus nieblas, hacia el mes de Febrero. Pero aunque el tiempo, y los días sean serenos, y buenos, solo puede ser de provecho para la campaña, y navegación, y a los que gustan salir al campo a tomar el Sol. El punto está en que por encontrarse Marte, y la Luna en la sexta casa de las enfermedades, no hagan quejarnos, produciendo diferentes achaques: los coléricos, y los hipocondriacos serán los primeros que enviarán a llamar el Médico; los que padecen erisipelas, ahora es el tiempo de gobernarse: la Luna no dejará también de arromadizar la cabeza, multiplicando las fluxiones a quien la tiene débil, y cansada de continuos negocios; pero estos males no serán tan peligrosos como los otros, pocos, y mortales. Esta Estación favorecerá más a los viejos, que a los mozos, y será mejor para los gordos, que para los flacos, y las mujeres proporcionadamente se hallarán más buenas que los hombres.
Acerca de las cosas Políticas, parece que todavía la guerra no está cansada, aunque no le sea favorable, antes contraria la Estación; que por eso no deja un Marcial de procurar en algo satisfacerse de las heridas pasadas, o a lo menos espantar con el ruido, y picardía de los Soldados, a sus enemigos, enseñándole todavía no estar acabado. ¡Brava maula de quien tiene miedo, estudiar, y darse maña de parecer lo que no es! Entretanto un Maquiavelista hace el Guapo, con la espada en la mano; más porque se echa de ver, que por la codicia, se halla a pique de romper el saco, calladamente pide lástima de la parte neutral. Además, el Dominador de esta cuarta armará pendencias entre los Lugares, y amargará a más de uno el gusto de sus galanteos. Las Gacetas referirán, qué Pueblos debajo del Aries se alborotan, con disensiones, y muertes violentas; que todavía unas asechanzas hacen temblar el Diadema sobre una cabeza, por la inconstancia de sus vasallos; y la propia conciencia se le opone, y no le deja lograr con sosiego lo mal adquirido. Se desconciertan unas bodas, casi establecidas, por verse más cada día contemporizar la Fortuna, y da lugar a otros tratados, que puede ser se efectúen con quien está ya cansada de aguardar mejor esperanza. Enferma una Señora, muy de escalera arriba, y la causa del achaque, no será fácil de descubrirse, por tener las raíces dentro de la cabeza. Cae apopléjico un Hidalgo, y deja vacío un puesto de mucha renta. Le va muy mal con sus intentos a un Porfiado, si no muda de opinión. Dignidades contribuidas, causan sospecha de parcialidad a una Nación; y demasiado se engaña, quien de las dádivas pretende conjeturar lo intrínseco de un taimado corazón. Los Pescadores arriesgan poco cebo, mas ordinariamente recogen una brava pesca.
Marte, también se sirve de unas llamas nocturnas, para despertar el cuidado a quien se burla de las centellas, y Saturno se muestra muy Político en unos Consejos, que por ser provechosos a una Corona, no deja que se ejecuten muy de prisa, a proporción de lo necesario. Salen doblados los Ministros de una Corte, para tratar ajustes de grandísima consecuencia, y toda la dificultad consiste en hallar, según los lances, los medios, y las trazas más a propósito: el miedo, y el interés propio serán quienes tendrán mayor poderío para conseguir el intento. El celo común, hoy en día, y el acrecentamiento de la Religión, tienen pocos reparos entre los Estadistas; sus enemigos se echan fuera, abatidos de una parte, y se dejan con descuido entrar por las espaldas. Entretanto está muy mala la señora Europa; mucho se ha adelantado su enfermedad. ¿No os dije antaño, que el humor pecante se le había acercado al corazón? Ahora ya siente los latidos, y con razón todos dudan de un tabardillo; la causa del achaque es tan grande, cuanto la codicia de quien se quiso hartar el estómago, tragando la ración ajena: si la nueva maña, y práctica del Protomédico Latino no la socorre con unos blandos vomitorios, se halla en muy mal paraje su Religión: ya parece que se le agoniza una Diadema en una Isla; en la parte izquierda del ángulo Occidental, debajo de Cáncer, poco ha le salió un zaratán, que si no se remedia, inficionará, llagando a los miembros más cercanos. En el ínterin se ríe de su mal la Herejía, y Mahoma, aunque ahora le disimulen amistad para ayudarla. ¡Grande empacho de la Cristiandad, valerse de las manos enemigas para sangrarse! El Pronóstico, por lo que presentemente se ve, es muy peligroso. Todavía no faltarán escogidos antídotos, y purgas sabrosas al paladar, a la fineza del Médico asistente, para curarla: es verdad, que serán de algún asco al estómago, pero darán la salud al corazón de la enferma, arrojándole, a fuerza de oro potable, fuera los malos humores, por las extremidades del Oriente. Si levantareis los ojos hacia el Cielo, veréis un Cometa; no os espante la condición del Astro, porque no viene sino para alumbrar, y despertaros, a voces de fuego, a fin de que quizá os serviades de la oportuna ocasión de atemorizar el común enemigo. Por lo cual no querría tan Maquiavelistas a los Políticos: Los desvelos han de guardar primero al bien de la Fe, aun con inconveniencia del propio: por eso merecieron los antepasados Diademas tantos, y tan venerables sobreapellidos.
Este Invierno, todos los Planetas concurren con sus benignos influjos, para apaciguar la hostilidad; especialmente Júpiter, y Venus, acercándose a la tercera casa: y el primero, llevándola consigo al propio Palacio, allí concertarán en la futura Estación los Católicos desafíos. Ea, pues, que parece se nos ablandan las porfías de la guerra, y aunque las dificultades sean grandes, los Ministros nada serán inferiores: Ya al que se aconsejaba con las ideas de Platón, harto le ha penetrado la blandura, llegándole, cuando menos él se lo imaginaba, los tres personajes, de cuya venida os avisé con el antecedente Almanaque. Quizá el vulgo dirá, que hasta ahora no parecen más de los dos; pero todos tres están presentes a los Políticos; a quien envío mi papel, le sobraba a estos la cercanía del primero, para conjeturar con evidencia los demás. El uno, por la posta vino con lástima; el segundo, de espacio con regocijo; y el otro, ya previene heredero en la probabilidad de la mejor elección. Los que tienen abiertos los ojos, solamente palpan los objetos que ven; y la bobería de la plebe no repara en más: Los que gobiernan, consideran como cerca lo lejos, cuando se mueve en la preñez de la posibilidad, y sin antojos de larga vista reconocen por presente lo por venir. ¿Sabéis quién tiene la culpa de la tardanza de los dos últimos? Saturno, que en el medio Cielo, junto al Sol, se apoderó del paterno horóscopo, tropezándole la carrera, con la pereza de tus influjos: este Planeta (si me concedéis que acá abajo puedan algo los Astros) tiene la culpa de todos los malos acontecimientos; los hombres no llegan con todo el entendimiento, sino a lo que alcanza el humano albedrío: otras cosas hay, que no se pueden escusar, porque no se ven, ni caen debajo de la jurisdicción de nuestros sentidos. Por lo cual, el quejarse de unos desaciertos inocentes, por no depender de nosotros, las más veces es una cortesana sagacidad, para disminuir el merecimiento de los Ministros, pareciendo tanto más achacoso el ministerio, cuanto más sabe a Extranjero. En las Cortes; ¡oh cómo hieden, y dan asco las prendas no paisanas! éstas, si son con Ciudadanas, entre sí se ensalzan; si forasteras, luego las abate el recelo, y la envidia; y por grandes que sean, jamás se celebran, sino cuando no se puede menos. Al contrario, se pintan los yerros, giganteando los más ajenos; y muchas veces también se les anticipan los Astros con el mal agüero. Por fin, todos, desde el suceso, aciertan, dando en el blanco; o con lo que se debía hacer, o con lo que hubiera sido mejor; y lo pasado, bravamente lo adivinan después. Sí por cierto, que es menester gran fineza, y otra tanta generosidad de espíritu, hoy en día, para abalanzarse, metidos en los dibujos ajenos; y tanto más, cuando es forzoso llevar con riesgo la propia vida, por medio de la posibilidad de tantos acontecimientos, entregando al denuedo de maldicientes (entretanto que llegue el suceso) su crédito, y reputación. No les basta a esos gruñir desde el remate; antes luego se muestran impacientes, si algo aguardan; además, como abren los ojos para zaherirle las manchas, si por ventura desacierta: pero si les sale bien la cuenta, los gruñidos, entonces parecen a las tinieblas, que en llegando la luz, se desbaratan; de la misma manera enmudecen, denodando solamente cortesana la voz, a puros cumplimientos. Cualquiera bien, a la medida de su ser, lleva iguales penas a quienes lo aguardan, cansándoles cada día más la esperanza, y martirizándoles la codicia del deseo: con todo eso, en llegando, es tanto el gusto de su presencia, que les ahoga en el olvido toda su pureza; antes la tardanza les vuelve mayor el agradecimiento, con todo lo que les añadió de sabroso, haciéndoles entonces parecer todas las quejas pasadas: ¡Ingratos desvaríos de la impaciencia!
Estos han sido mis Entusiasmos acerca del Invierno, ahora caminaré muy de prisa en busca del temperamento de las demás Estaciones, acabando luego, para llegar a su discurso universal. Los tres meses del frío, como participan, según el estilo Astrológico, del Dominador del año pasado, he querido apartarlos del Pronóstico, para no mezclarlos con la jurisdicción del presente.
La Primavera, empezará con el año de los Astrólogos; esto es, cuando el Sol se equilibra en su Vernal Equinoccio, y asoma su resplandeciente cara en el Signo de Aries, que ogaño será a los 19 de Marzo, dando el Reloj la media de la noche. Jupiter, en casa propria, servirá de Corregidor a esta florida Estación, regándola de cuando en cuando con apacibles lluvias, para que la cosecha sea más abundante, y barata de lo que estuvo los años pasados. Las enfermedades también serán muy benignas, aprovechándoles muchísimo las sangrías: unas pocas viruelas achacarán a la mocedad, mas con pocos remedios, y en breves días, se librarán los muchachos, y muchos achacosos recuperarán la salud, levantándose de largas camas. En estos tres meses habrá pocas muertes, aunque el Sol, por ser Patrón de la octava, amenace breves, y peligrosas inflamaciones de sangre a unos Hidalgos. Venus, en la tercera, hace dichosos, y felices viajes a los pasajeros, cooperándoles mucho Júpiter en propria casa, y en pocos, y breves días hará llegar al Puerto los navegantes.
Del Estío, reconocen el principio los entendidos en la Esfera, cuando el caluroso Jefe de los Astros se ensalza al más alto escalón del Meridiano, casi descansando en el Solsticio del Cáncer, que será el día veinte de Junio, dando las tres de la misma noche, o sea entre los crepúsculos de la mañanica siguiente. Marte por hallarse en casa del Sol, cerca de la Canícula, parece que quiere por algunos días atezarnos con el demasiado calor: con todo eso el Dominador del año, por hallarse huésped en su casa, no dejará de ablandarle algo, араciguando con la benignidad de sus céfiros, y oportunas lluvias, la encendida cólera, haciéndonos gozar de cuando en cuando muy templada la Estación. Saturno, hallándose en sexta, y Señor de la octava, será el enfermero de esta cuarta; quien tiene miedo de veneno, se guarde, porque la cola del Escorpión incita a la mala intención de un Saturnino; por lo demás, las enfermedades serán largas, y muy peligrosas, especialmente en su declinación; dolores de muelas, y de vientre hacen bramar a unas señoritas, demasiado codiciosas de las bebidas heladas; y la mar padecerá muchas borrascas, dañando muchísimo a una Armada.
La postrera Estación del año Católico es el Otoño, que en el día 22 del mes de Setiembre, treinta minutos después de haberse puesto el Sol debajo de este Horizonte, principiará, entrando en Libra, haciéndonos el segundo Equinoccio. El temperamento de estos tres meses será húmedo y ventoso; y la Luna, por encontrarse en el ángulo del Oriente en 23 grados del Tauro, hará por algunas semanas alborotar el tiempo, y con la desigualdad del calor, y del frío, no solo despertará los dolores a los bubosos, y las fluxiones a la cabeza, más aún hará larguísimos los achaques. Tengan cuidado los viejos, y las mujeres, si no, mucho tendrán que quejarse con los Médicos: las campanas llaman a los parientes, para que acaben los cumplimientos. No será muy buena la navegación, aunque serán mejores las novedades, que nos llevará de la parte Oriental de Europa.
[5-18]
Discurso segundo.
Sobre el presente Año de 1690.
Este año de 1690, por cumplirse con él lo penúltimo, eneático, y décimo novenario de aqueste siglo, será muy señalado, ni acabará, sin dejar particulares noticias a los descendientes, con la curiosidad de memorables historias: pues Júpiter, por descansar en el propio Palacio del Piscis, consigo, hospedando a Venus, y Mercurio, quiere ser el aniversario dominador, con la amigable asistencia de los dos huéspedes. ¡Ojalá, y pluguiera al Cielo, que todos fueran en efecto verdaderos los juicios temerarios de la Astrología! que me holgaría muchísimo con la bienaventurada Cristiandad, y de buena gana, junto con los Astrólogos, le diera el parabién, por verla ogaño debajo de las riendas, y amparo de los muy benignos, y favorables influjos de los sobredichos Planetas; Estrellas, no solo por propia naturaleza dichosas, como por emparentarse entre sí con una muy cariñosa, y cercana conjunción; más aún, por hallarse los tres casi en los mismos grados del Piscis, domicilio nocturno de Jupiter, y adonde Venus tiene su mayor engrandecimiento: Luego si estos Planetas, cuando que el Sol se ensalza en el punto cardinal del Aries, y principio de la Primavera (momento, en el cual levantan su figura los Astrólogos, para sacar el Pronóstico de todo el año) juntos están en la tercera; y siendo Mercurio también Patrón de la nona, entrambas casas de la Religión, quedará con toda la razón, y discurso Astrológico, adivinado, cuán felices serán todos los futuros acontecimientos, y especialmente a favor de Catolicismo. De suerte, que por ver en medio Cielo al viejo Saturno volver retrógrado las espaldas al Escorpión, casa de Marte, y Señor del Ángulo Oriental, me hace conjeturar, de que querrá meter padrino un hombre ya mayor, pero parcial al temperamento, y genio de Júpiter, para acabar los mundanos dibujos: Y aunque se hallen muy enmarañadas las cosas Políticas, con todo no le faltarán al Soberano Presidente nuevos Alejandros, que con la fineza del entendimiento, y maña, sepan cortarle el nudo Gordiano, desocupando en el ínterin a las manos bautizadas, para que concordes, prosigan a embestir contra el común enemigo, echando de los confines Orientales de Europa el bárbaro Diadema. Pues ya de lejos veo al Leoncillo del Adria arrojarse a la Mar, para llevar otra vez sus victoriosos mugidos debajo de una Isla, atemorizando a Mahoma, más con la cordura de su atrevimiento, que con la grandeza de su cuerpo. Ya parece que otro se despierta de la modorra, para acudir con todas sus fuerzas a guardarse las espaldas hacia el Occidente. Entre tanto va poco a poco estando mejor un Soberano, que se hallaba muy apretado el año pasado, el emplastro de Lirios parece que ahora le aprovecha más para recuperarse del achaque. A los que mandan debajo del Cáncer, muchas desdichas les amenazan Saturno, y Marte, con pérdida de Plazas muy importantes, y poca ganancia saca, antes muy poco provecho, quien injustamente usurpó, lo que de ningún modo le pertenecía, que por eso se desconcierta una alianza por dar lugar a unos ajustes, pudiéndose apenas defenderse, quien pocos meses ha puso miedo a todo un Reino. La inconstancia de algunos vasallos hace devanear un Cetro mal adquirido; y un ayuda de costa levanta más gente para derribar un Turbante. Pues cuantos géneros de invenciones llegan a una Corte, con apariencia de provechosas; todos se dan por entendidos en averiguarle sus males, y nadie de veras los remedia, solamente blasonándole lo que fuera menester: Todos achacan la culpa a la cabeza, y el humor flemático está dilatado en los miembros; como viere jamás el blancor, quien tiene la ictericia en los ojos: El entendimiento juzga por lo que le refieren los sentidos; si estos pecan de paralíticos, representáranle insensibles las heridas más lastimosas: Por lo cual, si el Médico por descuido no se llama por la mañana, pasado el medio día, todos los remedios llegarán tarde. Gran simpleza, por no llamarla disparatada locura, es de aquel Pájaro Indiano, que tanto se amilana, en viendo de lejos a una Lechuza, y después se chancea contiguo a un Gavilán. Marte, ya ensoberbecido por una victoria pasada, con el ruido, y picardía de unos Soldados, corre riesgo de despertar al Perro que duerme, o que se disimula dormido; pues cualquiera achaque es bastante para hacer madrugar, a quien ya está enseñado a levantarse temprano. Venus ofrece muchos Tratados de Paz, entre grandes apercibimientos Militares, y con el retumbo de los Clarines, desafía los medios a una breve resolución: El más miserable resiste, y se opone más porfiado en no querer lo que necesita; y por eso cada día encuentra mayores pretensiones, quien se halla metido en los dibujos ajenos. Ya parece se va tramando una liga a favor del enemigo, para que se verifique lo que días ha se ha sospechado. Quien todo lo quiere, todo lo pierde; y el más flaco cae postrado al suelo. El brío, y la resolución sirve de amparo, y de defensa a el que se aconseja con la ocasión. Por fin, y postre el suceso no brota a todos según el deseo, engañándoles más este con una vana esperanza, que el otro con la mala fortuna. Entre tanto un Pez pequeño se halla muy enmarañado entre la Cruz, y la Agua Bendita. Grandes aprietos para que se incline hacia una parte, que no querría; él está aguardando adonde contemporiza una Ballena, pero como es tan taimada en sus movimientos, puede ser no sea de genio, como se discurre, pues no galantea, que las propias conveniencias; en el ínterin trata un Ejército victorioso de ponerse debajo una Plaza, que por hallarla harto abastecida, tendrá por muchos días en que roer, y el logro de los sitiados consiste en prolongarse las pérdidas, esperando del tiempo su restauración: Otro anda rodeando por varios Países, haciéndose contribuir de los Comarcanos un poco de piedra filosofal: Soldados que pasan allende unas Montañas, y tropiezan poco distantes con el enemigo, dejándolo una buena parte descalabrado, debajo de la Libra. Se adelantan males pestilenciales cerca de unos Lugares sujetos al Sagitario, y los daña más que la guerra. Una Armada Marítima está recogida en su Puerto, y sus Capitanes estudian el Archisoplón, de sanitate tuenda. Cosarios en el Mediterráneo llevan bravos azotes, por encontrarse en algunos Isleños, y parte de ellos se hallan en peligro de naufragarse. Muerte de un Capitán muy afamado, cuando debía cobrar el premio de sus trabajos ha sido; pero grande falta a un Soberano, cuyo mal todavía no se escarmienta. Unos Herejes se levantan, hostigados de una Corona, y hacen correrías en Países Cristianos. Un General halla en una Plaza grandísima resistencia, y constancia en los sitiados, poniéndole poco miedo las bombas, y la cortedad de la brecha: y otra está muy apique de perderse; y poco, o nada le vale el socorro, adonde tiene inteligencia el Enemigo. Se halla en grande angustia un Rebelde, cercado de sus contrarios; y a sus proposiciones le huyen dando pocos oídos. Por fin, todo el mal, y lo astroso, consiste fuera de Europa; y más es lo que se pierde, que lo que se gana. Alcanza todo lo que quiere un Ministro, porque se halla en Tierra de un Rey, adonde la Baca corre al Buey. Entretanto Venus pretende, con la destemplanza de un Himeneo, hacer malparir a la Naturaleza; o a lo menos, que el parto tenga corta vida: pero no deja de multiplicar la Prole a una Corte, que muchos años tuvo poca esperanza de sucesión. Dos desposorios se establecen; el primero, con una Señora, que toda su hermosura consiste en lunares de plata: y el segundo, con una Viuda, que no se engañará más en la elección del marido. Por fin, y postre, será lo que Dios quisiere.
[18-25]
Discurso tercero.
Acerca de los Eclipses.
Cuatro Eclipses hallo entre los cálculos del año presente de 1690; dos del Sol, y otros tantos de la Luna; de los cuales, pero solamente uno es el que me da mayor aprehensión.
El primero Eclipse será del Sol, conjugándose con la Luna en Piscis, a los diez de Marzo, en la noche siguiente, que nosotros no le veremos, por celebrarse debajo de nuestro Horizonte.
El segundo, es el que más repararemos, y será de la Luna, a los veinte y cuatro del mismo mes, dadas las nueve, y cuarenta y seis minutos de la noche; y durará casi hasta las doce, eclipsándose tres partes y media de todo su Orbe; ella estando en Libra, y oponiéndosele el Sol en el Signo del Aries: de manera, que este Eclipse, ni será cenital, ni total, quedando una porción del cuerpo Lunar fuera de la sombra de la Tierra, hacia la parte Meridional.
El tercero será del Sol, en Virgo, a los dos de Setiembre, en la noche siguiente; que por eso tampoco se verá.
El último será de la Luna, a los diez y ocho de Setiembre, a la una, y quince minutos de la tarde; que por ser de día, y la Luna, hallándose debajo de nuestro Hemisferio, ni aún este podremos alcanzar, para observarlo. Y así, tres Eclipses se celebrarán sobre el Horizonte de los Antípodas, y sólo el segundo de la Luna, será el que nosotros podremos reparar, si el Cielo entonces se hallare sereno, de lo que tengo grandísimo miedo: Con todo eso, no dejarán sus influencias, como causas particulares, de producir sus efectos; los cuales, para alcanzar con mis Entusiasmos Astrológicos, me es forzoso el presente reparo.
Tres Eclipses, consiguientemente, de la Luna, observo acontecer, casi en el mismo año Astronómico de 1689, el cual empezó el día 20 de Marzo, y ahora acabará el día 19 del mismo mes: dos de los cuales, ya han pasado; uno, en la cuarta noche de Abril, que por estar nublado el Cielo, no se pudo ver; y el otro, en el mes de Setiembre en la noche siguiente al día 28, el cual, desde las 12 de la noche empezó a eclipsarse, como claramente podemos haber observado. El tercero Eclipse será este, que veremos en la noche siguiente del día 24 del mes de Marzo; el cual, aunque acontezca en el principio del año Astronómico de 1690, esto es en la tercera noche; pero por ser la Luna de Febrero, pertenece más al pasado, que al año corriente. Y así, en todo el año Astronómico de 1690, como también el de 1691, no se eclipsará la Luna, hasta el año de 1692, en el mes de Julio. De suerte, que la mayor parte de los efectos de este postrero Eclipse, que todavía nos falta que observar, según mi dictamen, acaecerá en acabando el año Astronómico de 1689, y especialmente en el mes de Febrero: y así, por lo que han ocasionado los otros dos antecedentes Eclipses, fácilmente se puede conjeturar lo que este futuro podrá producir. Pues el primero, que sucedió en la Primavera pasada, en acabando la Estación antecedente, con harta lástima, y en pocas horas, nos marchitó una Flor. Y por esto, hablando de él, el Archisoplón del año pasado, os dijo, que estimaba más callar, que adivinaros la muerte de quien no quisiérades. El segundo vino en el principio del Otoño, y en acabando el Verano, nos derribó una Fruta ya madura: Pérdida, o viudez, que no ocasionó tanta lástima al corazón de la Novia, siendo el Marido harto viejo; esperando con esto buscarle otro más de su gusto. Y en efecto, todos están muy contentos, y con grande esperanza, boqueando que se le llueva del Cielo el Maná; mas dudo, que pueda ogaño ser de poco provecho a los demás, quien tantas veces sabe ser bueno para sí; y tiene grandísima razón, si más quiere a la camisa, que al sayo. Tanto, que si el gusano fatal ha podrido la Flor, y la Fruta, falta solo, que el tercero Eclipse carcome el Árbol, o arranque un débil Injerto. Guárdense los que mandan debajo de la Libra, y Escorpión; porque Saturno, y la Luna, les amenazan sus Astros, ya despertando nuevos tumultos, ya hostigando traiciones, y produciendo enfermedades epidémicas, y corrimientos. Se volverán a desconcertar tratados establecidos, y se encenderá la Guerra, más en la Agua, que en la Tierra. Con todo eso, tendrá mucha dicha, quien tiene grande resolución, y toma aliento del mal pasado. Entretanto, unos Navegantes, con grandísimo brío, y constancia, andan cantando con Virgilio:
Post varios casus, post tot discrimina rerum.
Iungimus, &c.
Todos estos son los Pronísticos acerca de los Eclipses de este Año; y ya estoy en eso, de que los más serán desaciertos, que verdaderas predicciones. Mis disculpas están asentadas en el libro del año pasado; solamente me pesaría muchísimo, si mis Entusiasmos faltaran en los buenos auspicios; y otro tanto lo sintiera, si se averiguaran en los malos; queriendo antes en estos ser tachado de Mentiroso, que celebrado de Adivino.
[25-30]
Discursos particulares
de cada mes del año presente, con el salir, y trasmontar del Sol, y cuatro fases de la Luna; y asimismo, todos los esenciales aspectos, que de día en día se harán de los demás Planetas, con las horas, y minutos, acomodados según el Reloj de Madrid.
El Año presente, atendiendo a la Creación del Mundo, es el de 5639.
Si al tiempo en que Rómulo fabricó a Roma, el de 2439.
Si al de nuestra Redención, el de 1690.
Si a la Corrección Gregoriana, el 108.
El segundo después el Bisextil.
El octuagésimo de Alejandro Octavo, Sumo Pontífice, y el primero de su felice Pontificado.
El vigésimonono de nuestro Rey Carlos Segundo (que Dios guarde) y el vigésimotercero de su Reinado
Números de este Año.
| Áureo número, | 19. |
| Ciclo Solar, | 19. |
| Epacta, | 19. |
| Indicción Romana, | 13. |
| Letra Dominical, | A. |
Fiestas Movibles.
| Septuagésima, | a 22 de Enero. |
| Ceniza, | a 8 de Febrero. |
| Pascua de Resurrección, | a 26 de Marzo. |
| Letanías, | a primero de Mayo. |
| Ascensión del Señor, | a 4 de Mayo. |
| Pentecostés, | a 14 de Mayo. |
| Corpus Christi, | a 25 de Mayo. |
| Adviento, | a 3 de Diciembre. |
Cuatro Témporas.
| Las primeras, | a 15, 17, y 18 de Febrero. |
| Las segundas, | a 17, 19, y 20 de Mayo. |
| Las terceras, | a 20, 22, y 23 de Setiembre. |
| Las cuartas, | a 20, 22, y 23, de Diciembre. |
[30-31]
Enero.
Este mes tiene 31 días; y el Sol se asomará a las ventanas del Oriente a las siete, y 25 minutos del Reloj de Madrid; y se acostará a las cuatro, y 35 minutos. El tiempo, aunque al principio esté algo revuelto, pero la mayor parte será muy alegre, y con la serenidad de sus días dará ánimo a todos, para que salgan al campo. Las enfermedades serán pocas, mas algunas, otro tanto nombradas, a causa de los individuos, que se quejarán en la cama. Dignidades, y puestos, se distribuyen a quien, o por letras, o por vía de mujeres, los han merecido. Tiene poca salida un matrimonio, por verse tratado muy de espacio; y poco le ha valido, para que se establezca, que de noche, todos los gatos sean pardos. Muy desabrida se siente una Novia, y ella no sabe decir el por qué. El desengaño, y el valor de una Nación, hacen despachar Correos, con proposiciones de paz. Entretanto los Soldados, que hacen poco caso del frío, salen de sus Cuarteles, haciéndose correrías en Países sujetos al Cáncer. Grandes apercibimientos para las Carnestolendas, y pequeños para las conveniencias de la Guerra, hacen estar alegremente también a los Enemigos. Muchas pretensiones en una Corte, y pocos memoriales tienen el parabién. Se vale de la ocasión un Soberano, y añade fuego a una llama Popular, para amargar el sosiego del Enemigo. Plaza apretada; bien parecido, aguardado; fiesta en medio de los pesares; consejos sobrados, y desengaños incurables, serán los Fenómenos de un Planeta mal intencionado.
Sitio, y grados en que se halla cada Planeta en el Zodiaco el primero día de Enero.
Saturno, en 16 grados, y 45 minutos de Escorpio.
Júpiter, en 0 grados y 56 minutos de Piscis.
Marte, en 1 grado, y 16 minutos de Tauro.
Sol, en 11 grados, y 39 minutos de Capricornio.
Venus, en 15 grados, y 35 minutos de Sagitario.
Mercurio, en 26 grados, y 38 minutos de Sagitario.
Luna, en 0 grados y 37 minutos de Libra.
Non est notum nosce tempora.
1 Domingo, sereno, y bueno para los Navegantes.
2 Lunes. Es cuarto menguante a las 10 y 15 minutos de la mañana, en Libra; inconstante.
3 Martes, sextil de Júpiter a Mercurio, a las 4 y 45 minutos de la tarde; viento.
4 Miércoles, trino de Marte a Mercurio, dadas las 12 de la noche; aire frío.
5 Jueves, continua el frío.
6 Viernes, bueno para ir a caza.
7 Sábado, el tiempo se muda por la tarde.
8 Domingo, bueno para la campaña.
9 Lunes, tiempo vario, y frío.
10 Martes. Luna nueva a las dos, y 35 minutos de la tarde, en Capricornio.
11 Miércoles, tiempo revuelto.
12 Jueves, Venus entra en Capricornio.
13 Viernes, sextil de Saturno a Mercurio, a las tres, y 16 minutos de la tarde, sereno nublado.
14 Sábado, aire, y frío.
15 Domingo, sextil de Júpiter a Venus, a las tres de la noche, sereno.
16 Lunes, bueno para la campaña.
17 Martes. Es cuarto creciente a las 4 y 26 minutos de la noche siguiente, en Aries; sereno.
18 Miércoles, revuelto, y frío.
19 Jueves, tiempo malo, y Sol en Acuario.
20 Viernes, trino de Marte a Venus, a las 10 de la mañana; viento.
21 Sábado, Mercurio en Acuario.
22 Domingo, bueno para salir al campo.
23 Lunes, frío penetrante.
24 Martes. Es Luna llena a las 8 y 25 minutos de la tarde, en León.
25 Miércoles, tiempo vario, y húmedo.
26 Jueves, revuelto, y aire.
27 Viernes, sextil de Saturno a Venus, a medio día; amenaza nieve.
28 Sábado, bueno para la campaña.
29 Domingo, sereno, y templado.
30 Lunes, bueno para la Medicina.
31 Martes. Es cuarto menguante a las cinco, y 40 minutos de la noche siguiente, en Escorpión.
[32-35]
Febrero.
Este mes tiene 28 días; y el Sol sale del Horizonte a las siete, y trasmonta a las cinco. La constitución del aire será muy destemplada, y la variedad de los vientos, ya fríos, ya de otra calidad, ocasionarán extravagantes pronósticos; porque los Lugares más cercanos a las Montañas se verán cubiertos de nieve; los menos, anegados en continuas lluvias: y puede ser que los distantes experimenten una grandísima sequedad. Todo esto será causado de la varia combinación, y aspectos de los Planetas; pero todo el mal no consiste en las mutaciones del tiempo. Las enfermedades son, fluxiones de cabeza, y especialmente a los ojos; y unos males de estómago quitan el apetito de vivir más a un Viejo de grande importancia. Venus, arma pleitos entre casados; y a uno, que la quiso muy moza, poco le vale todo el cuidado de sus recelos. Marte, con el descuido de una mujer, pega fuego en una casa, y despierta el cuidado a los vecinos. Pendencia armada entre algunos Guapos, da el cumpleaños al que tiene menos culpa. Un desaire de la Fortuna desaliña el regocijo de una Corte, pero no el lucimiento, y las galas de la Nación. Trátase de dar un Gobierno a quien tiene Venus en el Ascendiente; y la grandeza del amparo violenta a la envidia de sus contrarios, a enseñar aparentes agrados. Entretanto, Marte fomenta pendencias de día, y hurtos de noche; pero deja sosegarse un tumulto.
1 Miércoles, sereno, y poco frío.
2 Jueves, anda a tomar el Sol.
3 Viernes, poco frío; aire por la tarde.
4 Sábado, cuadrado del Sol a Marte, a la una de la tarde; vientos del Occidente, y revuelto.
5 Domingo, tiempo malo.
6 Lunes, cuadrado del Sol a Saturno, a la una y media de la noche; Venus en Acuario.
7 Martes, Mercurio en Piscis; aguanieve.
8 Miércoles, oposición de Saturno a Marte, a la una, y 45 minutos de la tarde; poco frío.
9 Jueves. Es Luna nueva a las siete, y 50 minutos de la mañana, en Acuario; tiempo revuelto.
10 Viernes, continúa lo mismo.
11 Sábado, bueno para purgas.
12 Domingo, Conjunción de Júpiter a Mercurio, a las cinco, y 22 minutos de la noche siguiente.
13 Lunes, vientos Áfricos.
14 Martes, nublado, sereno.
15 Miércoles, más nublado.
16 Jueves. Es cuarto creciente a la una, y 22 minutos de la tarde, en Tauro; tiempo alborotado.
17 Viernes, tiempo vario.
18 Sábado, Sol en Piscis.
19 Domingo, trino de Saturno a Mercurio, a las tres, y 10 minutos de la tarde; vientos.
20 Lunes, cuadrado de Saturno a Venus, a las tres, y 36 minutos de la noche siguiente.
21 Martes, tiempo para nieve.
22 Miércoles, revuelto.
23 Jueves. Es Luna llena a las 8 y 12 minutos de la mañana; y entra en Virgo.
24 Viernes, aire por la tarde.
25 Sábado, sereno, y templado.
26 Domingo, Saturno retrógrado.
27 Lunes, bueno para purgas.
28 Martes, el tiempo se quiere mudar.
[36-38]
Marzo.
Este mes tiene 31 días; y sale el Sol a las 6, y 26 minutos y se pone a las 5, y 34 minutos. Dos Eclipses hay en este mes; uno es del Sol, a los 10, y otro de la Luna, a los 24, a las diez de la noche. El primero, dejaremos observar a los Antípodas, no llegando a estos Países la fuerza de sus influencias: Y el segundo, si el tiempo fuere sereno, le observaremos nosotros; el cual no será central, como los del año pasado; pues solo se eclipsarán tres partes y media de todo el orbe Lunar. El tiempo será muy alborotado, con vientos, y aires fríos. Las enfermedades serán largas, mas abreviarán la vida a una Mujer muy nombrada. Júpiter, opuesto al Sol, embaraza el alcance de unos puestos a quien los ha merecido mucho; y las persecuciones no dejan de derribar la reputación de un Ministro. Entre los Estadistas se andan ventilando unas resoluciones Políticas; mas los buenos discursos, no llegan a la ejecución. Guárdese un Soberano, sujeto a Libra, porque el Eclipse le amenaza grandes desdichas. Derrámanse unas voces por un Pueblo, mas no salen verdaderas, porque no se reconocen más que por lo que se quería. Trata una Señora mudar aire, desconsuela con el Celibato la codicia de en Saturnino. Llega un Ministro, para quedarse en una Corte, donde espera mudar condición. Correos extraordinarios, Soldados desalentados, y reprehensiones indiscretas, lastiman, y no alivian a una Cabeza. Sale la Aurora de su Retrete, y bien coronada con los rayos del Sol; todos los grandes Planetas salen con gala, y con mayor lucimiento, para acompañarla al Palacio de Júpiter.
1 Miércoles, Marte entra en Géminis, y Venus en Piscis; vientos.
2 Jueves, cuadrado de Marte a Venus a medio día. Y es cuarto menguante a las dos de la noche, en Sagitario; tiempo para lluvia.
3 Viernes, se compone el tiempo.
4. Sábado, sereno, y bueno para la campaña.
5 Domingo, oposición de Júpiter al Sol, a las siete de la mañana.
6 Lunes, Mercurio retrogrado.
7 Martes, malo para la navegación.
8 Miércoles, trino del Sol a Saturno, a la una y media de la noche.
9 Jueves, tiempo inconstante.
10 Viernes. Es Luna nueva a las 10, y 36 minutos de la noche, en Piscis. Eclipse del Sol.
11 Sábado, bueno, y templado.
12 Domingo, bueno para purgas, y sangrías.
13 Lunes, Conjunción del Sol a Mercurio, a las 0, y 40 minutos de la noche siguiente; aire.
14 Martes, tiempo lluvioso, y viento por la tarde.
15 Miércoles, Conjunción del Sol a Venus, a las 5 y 20 minutos, pasada la media noche.
16 Jueves, trino de Saturno a Venus, a las 11 de la noche; aire frío.
17 Viernes. Cuarto creciente a las siete, y 40 minutos de la tarde, en Géminis; tiempo malo.
18 Sábado, Conjunción de Venus a Mercurio, por la mañana; revuelto.
19 Domingo, trino de Júpiter a Saturno, a las 3 de la tarde; tiempo para lluvia.
20 Lunes, el Sol entra en Aries, y principia la Primavera.
21 Martes, el tiempo se asienta.
22 Miércoles, bueno para sangrías.
23 Jueves, sereno; nublo, con aire.
24 Viernes. Luna llena, con Eclipse, a las nueve, y 47 minutos de la mañana, en Libra; vario, y húmedo.
25 Sábado, cuadrado de Marte a Mercurio, a las 3, y 48 minutos de la tarde; vientos.
26 Domingo, Venus entra en Aries.
27 Lunes, aire frío por la tarde.
28 Martes, malo para purgas, y sangrías.
29 Miércoles, Mercurio se vuelve derecho.
30 Jueves, bueno para la Mar.
31 Viernes, el tiempo se muda por la noche.
[39-42]
Abril.
Este mes tiene 30 días: y el Sol ya ha remontado sobre el Equinoccio Vernal, levantándose a las cinco de la mañana, y 43 minutos, y poniéndose a las siete, y 17 minutos. Con bellos, y lindos días empieza la tan deseada Primavera, y la serenidad del Cielo despierta a toda la Campaña, haciendo cobrar aliento a las Plantas, harto lastimadas de la pasada Estación. Entretanto se levanta de la cama un Maluco; y con la recuperada salud, regocija los corazones de sus vasallos. Puestos Militares, a quien los ha logrado con el valor, y con el escarmiento. Unos papeles, sacados a luz, no sirvan más, que de entretener a los ociosos, aunque llevan razones bien discurridas. Finalmente, unas coyunturas Políticas aprietan la mano, para establecer algunos ajustes y todos queden muy contentos, hallando cada uno sus conveniencias. Grandes borrascas, echan en manos de Cosarios a quien en Navíos pequeños se fió de la Mar. Una Ayuda, sana algunos desconciertos de vientre a una Novia, y desacierta los pronósticos de la Madrina. Alborotos populares en un Reino debajo del Escorpión, dan ocasión al enemigo, para atizar sus asechanzas. Inteligencias secretas, solo ahora se descubren. La Piedra Imán trae el Hierro; y el Oro, la fe de un Ministro. Un Enviado en camino, se halla en muy mal paraje. Mucho se duda de una Alianza; pero guárdese de la codicia, quien tiene harta comida en el estómago.
1 Sábado. Es cuarto menguante a las 9, y 20 minutos de la noche, en Capricornio.
2 Domingo, malo para sangrías.
3 Lunes, bueno para la Mar, y la Campaña.
4 Martes, sereno, y templado.
5 Miércoles, trino de Saturno a Mercurio, a hora 0, y 38 minutos, pasada la media noche.
6 Jueves, sereno, y un poco de aire por la tarde.
7 Viernes, bueno para sangrías, y purgas.
8 Sábado, el tiempo se muda.
9 Domingo. Es Luna nueva, a las 9, y 40 minutos de la mañana, en Aries; vario, y húmedo.
10 Lunes, aire por la tarde.
11 Martes, cuadrado de Marte a Mercurio, a las 6, y 50 minutos de la mañana; tiempo revuelto.
12 Miércoles, cuadrado de Júpiter a Marte, a las 6, y 12 minutos de la mañana, vientos Occidentales.
13 Jueves, Conjunción de Júpiter a Mercurio, en Piscis.
14 Viernes, nublo, ventoso, y malo para todo.
15 Sábado. Es cuarto creciente, a la una y media de la noche, en Cáncer; y Mercurio entra en Aries.
16 Domingo, sextil del Sol a Marte, a las 6, y 22 minutos de la mañana; y Conjunción de Venus al Sol.
17 Lunes, sereno.
18 Martes, vientos por la noche.
19 Miércoles, Venus entra en Tauro; lo mismo.
20 Jueves, el Sol entra en Tauro; el tiempo se muda.
21 Viernes, truenos, y relámpagos.
22 Sábado, Marte entra en Cáncer.
23 Domingo. Es Luna llena, a medio día, en Escorpio; tiempo malo.
24 Lunes, malo para sangrías.
25 Martes, lo mismo.
26 Miércoles, sereno templado.
27 Jueves, bueno para embarcarse.
28 Viernes, sereno.
29 Sábado, sereno.
30 Domingo, sereno, más inconstante.
[42-45]
Mayo.
Este mes tiene 31 días: y el Sol sale a las 5, y 7 minutos, y se pone a las 7, y 53 minutos. Una oposición de Saturno, al Sol, hace volver el frío, y anega los campos con lluvias abundantes: Las noches demasiado frescas, dañan a la Campaña; y especialmente a los pimpollos, y botones; la desigualdad de estos tiempos ocasionan grandes achaques, cuando garrotillos, y cuando dolores de costados; las muchas sangrías alargan la enfermedad a un bravo mozo, que no tuvieron fuerza para matarlo. Ya despiertan los Soldados, dando la reseña, para que se apresten más temprano a salir a Campaña; y unos arroyos caudalosos ponen miedo a los que están debajo de la sierra; entretanto piensa retirarse fuera de la Ciudad una Señora, para desenfadarse entre los Jardines de una casa de placer. Venus regala a sus amigos con unos dulces recién venidos de Francia, y da en que entretener el tiempo a los Cirujanos. Muchos apercibimientos Militares dan grandes recelos a quien no puede socorrer una Plaza de grandes consecuencias. Todavía Saturno se opone a unos ajustes, que les falta poco para acabarse. Muerte de un Letrado, anima muchas pretensiones; y sucede en su lugar el que menos se lo imaginaba. Falta de dinero, vuelve estíticas las mejores resoluciones; y unos gastos sobrados, lo que alegran la vista, no defienden a las espaldas: entretanto se trata de restaurar una Armada, maltratada del descuido, y añadirle otros Navíos de Particulares.
1 Lunes. Es cuarto menguante, a las dos, y 40 minutos de la tarde, en Acuario.
2 Martes, oposición de Saturno a Venus, a las 6, y 38 minutos de la mañana; lluvioso, y frío.
3 Miércoles, Mercurio entra en Tauro; lo mismo.
4 Jueves, aire frío, y tiempo todo revuelto.
5 Viernes, oposición del Sol a Saturno, a la media, pasada la medianoche siguiente.
6 Sábado, malo para todo.
7 Domingo, vario, y húmedo.
8 Lunes. Luna nueva a las 6, y 32 minutos de la tarde, en Tauro; revuelto.
9 Martes, Júpiter entra en Aries.
10 Miércoles, se compone el tiempo.
11 Jueves, bueno para la Campaña.
12 Viernes, malo para las sangrías.
13 Sábado, bueno para los Navegantes.
14 Domingo, sextil de Júpiter a Venus, a las 8, y 26 minutos de la mañana; aire por la noche.
15 Lunes. Es cuarto creciente, a las 8 y media de la mañana, en León; tiempo poco bueno.
16 Martes, trino de Saturno a Marte, a las 10, y 34 minutos de la noche; sereno nublo.
17 Miércoles, sereno.
18 Jueves, bueno para pasajeros.
19 Viernes, Mercurio entra en Géminis, mirando de sextil a Júpiter, a las ocho de la tarde.
20 Sábado, guárdate de las sangrías.
21 Domingo, entra el Sol en Géminis, vario.
22 Lunes. Es Luna llena, a las dos, y 52 minutos, pasada la media noche, en Escorpión; revuelto.
23 Martes, sextil de Júpiter al Sol, a las 11 de la mañana.
24 Miércoles, malo para todo.
25 Jueves, bueno para la campaña.
26 Viernes, sereno, y seco.
27 Sábado, vientos por la tarde.
28 Domingo, Conjunción de Venus a Mercurio, en Géminis, a las 6, y 50 minutos de la mañana.
29 Lunes, tiempo inconstante.
30 Martes, bueno para todo.
31 Miércoles. Es cuarto menguante, a las 5 y media de la mañana, en Piscis.
[45-48]
Junio.
Este mes tiene 30 días: el Sol sale a las cuatro, y 38 minutos, y se pone a las siete, y 22 minutos. La demasiada serenidad de estos días, algo nos daña a la primera cosecha; y los vientos que sopla del África nos quitan el sombrero de unas pocas nubes. Lo peor es, que Marte, en cuadrado de Saturno, para los postreros días quiere regalar con cuatro confites a la Campaña, y en el ínterin espantar a los que tienen miedo de truenos, y relámpagos. Descúbrese preñada la Diosa Venus; y si supiera los peligros que la amenaza in Planeta, puede alabarse de muy dichosa. Dignidad Eclesiástica, alcanzada de quien más se ha valido del amparo de la bolsa; y otro puesto, por medio femenino, entrambos a dos grandes escaleras para subir. Salen de un Puerto en el Océano algunos Bajeles en busca de otros: mas esta vez poco les aprovechan los antojos del Galileo. Buena nueva de parte del Norte, da mucho que esperar para la presente Campaña. Un Tabardillo encubierto echa en la cama a un gran Personaje; y si con un sudor diaforético no se alivia, no llega al decimocuarto. Todavía no están acabadas las disensiones en el Oriente, y las enfermedades saquean más a los Turcos, que sus Enemigos; y éstas son más ciertas, que los Toros. Caen del Cielo unos Rayos, que abrasan más que los del Sol; pero no queman hombres. Resuelve un Comandante renunciar el Puesto; y quien más manda, no quiere. Una Armada en el Mediterráneo hace suspirar a quien se descuida con la demasiada esperanza, malogrando la ocasión, y el tiempo.
1 Jueves, sereno, y algo caluroso.
2 Viernes, sigue lo mismo.
3 Sábado, bueno para la navegación.
4 Domingo, Mercurio entra en Cáncer.
5 Lunes, aire del Norte.
6 Martes, cuadrado de Júpiter a Mercurio, a las 5, y 50 minutos de la tarde; vientos.
7 Miércoles. Es Luna nueva, a las dos de la noche pasada, en Géminis; nublado.
8 Jueves, Venus entra en Cáncer.
9 Viernes, sereno, y templado.
10 Sábado, Marte entra en León; se muda.
11 Domingo, cuadrado de Júpiter a Venus, a las 4 de la tarde; vientos Áfricos.
12 Lunes, trino de Saturno a Mercurio, a las dos y media de la noche antecedente.
13 Martes. Es cuarto creciente, a las 6 de la tarde, en Virgo.
14 Miércoles, malo para la Medicina.
15 Jueves, lindo día para todo.
16 Viernes, lo mismo, y mejor.
17 Sábado, trino de Saturno a Venus; a las once, y 20 minutos de la noche.
18 Domingo, algo revuelto.
19 Lunes, se adelanta el calor.
20 Martes, lo mismo; más aire por la noche.
21 Miércoles. Luna llena a las tres, y 46 minutos de la tarde, en Sagitario. Y el Sol entra en Cáncer, y empieza el Verano.
22 Jueves, trino de Júpiter a Marte.
23 Viernes, tiempo vario.
24 Sábado, sereno.
25 Domingo, bueno para lo que quisieres.
26 Lunes, lo mismo, y calor.
27 Martes, Mercurio entra en León.
28 Miércoles, cuadrado de Júpiter al Sol, a las tres, y 52 minutos de la noche siguiente; truenos.
29 Jueves. Es cuarto menguante, a las cinco, y 16 minutos de la tarde, en Aries; un poco alborotado.
30 Viernes, lo mismo, y peor.
[48-51]
Julio.
Este mes tiene 31 días: el Sol sale a las cuatro, y 34 minutos y se pone a las siete, y 26 minutos. Aunque sea de Verano, parece muy templado el principio de aqueste mes; y puede ser que Venus, y Marte, hallándose en casa del Sol, de repente hagan llover, y refrescarnos el aire. Las enfermedades serán pocas, porque las mayores serán por causa de amor, y por eso más peligrosas. Estos días Caniculares llenan a los niños de sarampiones, y ahogan calladamente el Mayorazgo de una Familia muy Noble. Llega un Ministro a una Corte, para tratar un negocio, que nadie se lo imagina. Cosarios acometidos en un Golfo, caen en mano de la parte adversaria, y dan el pago de todas sus picardías. Todavía no está sitiada una Plaza, más por falta de Cañones, que de Soldados. Sacude las alas una Águila, para pasar allende del Río, y sale al primero encuentro, quitando las plumas a unos Canarios bastardos. Dos bodas se establecen; una, entre mozos; y otra, entre viudos; y entrambas tienen su política. Aunque aquel Consejero sea pobre, sabe muy poco; ni aun el refrán le ayuda para alcanzar lo que ha merecido. Quien tiene mucha cosecha despáchela, porque saldrá más barata. Estos días Caniculares encienden a la juventud, desatinan los sesos del sexo más frágil. Poca cordura tiene quien emplea el cuidado para librar de los sabañones una pierna, cuando desgraciadamente deja adelantarse las llagas al corazón.
1 Sábado, cuadrado de Saturno a Marte, a las 6, y 46 minutos de la mañana; lluvia, y algo más.
2 Domingo, Venus entra en León, y Mercurio retrogrado; vientos.
3 Lunes, todavía el tiempo no está ajustado.
4 Martes, trino del Sol a Saturno, a las dos, y 16 minutos de la tarde; aire.
5 Miércoles, Mercurio entra en Cáncer.
6 Jueves. Es Luna nueva, a las siete de la mañana, en Cáncer.
7 Viernes, el tiempo se asienta.
8 Sábado, trino de Júpiter a Venus, a las dos, y 22 minutos de la tarde.
9 Domingo, algo mejor.
10 Lunes, el calor crece.
11 Martes, el tiempo se alborota para lluvia.
12 Miércoles, cuadrado de Saturno a Venus, a las cinco, y 37 minutos de la mañana; templado, y fresco.
13 Jueves. Es cuarto creciente, a las seis de la mañana, en Libra.
14 Viernes, Saturno se vuelve derecho.
15 Sábado, sereno, y fresco por la noche.
16 Domingo, bueno para todo, y lo mismo.
17 Lunes, sereno, y algo caluroso.
18 Martes, malo para sangrías.
19 Miércoles, el tiempo se desconcierta por la tarde.
20 Jueves, tiempo alborotado.
21 Viernes. Es Luna llena, a las 9 de la mañana, en Capricornio; tiempo fresco.
22 Sábado, el Sol entra en León; si no ha llovido, poco tarda.
23 Domingo, Conjunción de Marte a Venus, en Escorpio, a las 11, y 35 minutos de la noche.
24 Lunes, Mercurio se vuelve derecho.
25 Martes, se asienta, y templado.
26 Miércoles, bueno para la navegación.
27 Jueves, Venus entra en Virgo.
28 Viernes. Es cuarto menguante; a las dos, y 18 minutos de la noche, en Tauro.
29 Sábado, Marte entra en Virgo.
30 Domingo, Júpiter retrogrado; sereno.
31 Lunes, trino del Sol a Júpiter, a las dos, y 18 minutos de la noche; aire fresco.
[51-54]
Agosto.
Este mes tiene 31 días: sale el Sol a las cuatro, y 55 minutos, y se pone a las siete, y cinco minutos. Un cuadrado de Saturno al Sol nos promete lindas, y templadas noches: Mercurio, muchos vientos; y unas pocas lluvias la Señora Venus. Los males serán de cabeza, y de nervios. Bien puesto en la Cárcel un hombre de muchas prendas, ni se sabe aún el por qué. Litigio nacido entre familiares, desconcierta el sosiego de una casa. La Fortuna, con un revés muy recto echa de la cumbre de su rueda a quien no se supo servir de la ocasión. Ahora los Soldados empiezan a decir de veras; y ya que Marte les arranca la espada con un estrago, da por mano la victoria, a quien con el valor sabe arrastrarla; vaya adonde quisiere. Entretanto se descubren unos malos intencionados contra su Príncipe, y tarde se echan de ver, que el hilo de la mentira, al primer estirón se rompe. Tiene visitas un pobre Viejo, pues sus achaques le hacen sosegar por algunos días. Cae de la gracia de su amo, quien no lleva bien aquel negociado; y lo que estuvo falto de coyunturas, bien atribuido a pereza. Todavía dura el sitio de una gran Plaza, y el valor echa a perder los mejores Soldados. Un Correo Extraordinario llama a Consejo todos los Políticos, y el desconcierto de los pareceres deja sin resolución la materia. Abundancia de frutas, echa a perder buena parte de un Ejército. Por fin, se guarde quien tropezó dos veces en aquella Piedra, porque a la tercera, se quebrantará la cabeza.
1 Martes, bello día, y fresca noche.
2 Miércoles, bueno para la campaña.
3 Jueves, vuelve el calor, pero templado.
4 Viernes. Luna nueva a las 4 y 15 minutos de la tarde, en León.
5 Sábado, cuadrado del Sol a Saturno, a las 7, y 6 minutos de la mañana; truenos, y relámpagos.
6 Domingo, sextil de Saturno a Venus, a las 7, y 48 minutos de la mañana; templado.
7 Lunes, lindo día para ir al Río.
8 Martes, continua lo mismo, y mejor.
9 Miércoles, bueno para la campaña.
10 Jueves, Mercurio entra en Leóns; aire por la noche.
11 Viernes. Es cuarto creciente, a las 8, y 50 minutos de la tarde, en Escorpio.
12 Sábado, malo para sangrías, y purgas.
13 Domingo, sereno, y caluroso.
14 Lunes, el calor crece.
15 Martes, trino de Júpiter a Mercurio; viento.
16 Miércoles, sereno, y seco.
17 Jueves, sereno, nublo con aire.
18 Viernes, cuadrado de Saturno, a Mercurio, a la una, y 33 minutos de la tarde, y sextil de Saturno a Marte.
19 Sabado. Es Luna llena, a las 11, y 18 minutos de la noche, en Acuario.
20 Domingo, Venus entra en libra.
21 Lunes, sereno.
22 Martes, lo mismo, con más calor.
23 Miércoles, el Sol entra en Virgo.
24 Jueves, sereno, y bueno para la campaña.
25 Viernes, aire fresco por la noche.
26 Sábado, oposición de Júpiter a Venus, a las 9, y 56 minutos de la noche.
27 Domingo. Es cuarto menguante, a las 9, y 6 minutos de la noche, en Géminis; algo revuelto.
28 Lunes, Mercurio entra en Virgo.
29 Martes, sereno, y lindo para embarcarse.
30 Miércoles, lo mismo, y mejor.
31 Jueves, bueno para purgas.
[54-57]
Setiembre.
Este mes tiene 30 días; y el Sol sale a las cinco, y 33 minutos, y se pone a las seis, y 27 minutos. Pocas lluvias llegan en el principio a Madrid, a causa de que todas quieren regar las Montañas. Con todo eso, el tiempo querrá satisfacerse hacia el fin. Dos Eclipses se calculan en este mes; el uno del Sol, en la noche siguiente del día tercero; y el segundo, de la Luna, a los 18 del corriente; que por acontecer desde el mediodía, ni el uno, ni el otro se podrá observar. Las enfermedades serán largas; y las que no fueren bien curadas en sus principios, tendrán oprimidos todo el Invierno a los pobres enfermos. Bonanza de Mar, hace que parezcan más temprano unos Bajeles del Occidente, y vuelve barato el Chocolate. Si pudiera escusar de ponerse en viaje un Caballero, lo hiciera de buena gana; mas el puesto no lo permite. Unas cosas se divulgan por el Lugar, que se descubren, más hijas del deseo, que de lo acontecido: con todo eso puede ser, que de buena parte se verifiquen con este Correo. Guárdese un Grande de una Mujer pequeña; porque aunque tenga buenos lejos, puede ser que le pegue los malos cercas. Soldados descalabrados, huyen, y dejan el bagaje en poder del Enemigo. Una victoria, y una pérdida, tienen en Equilibrio un Soberano: con todo eso se halla muy apretado un Rebelde, y está a pique de dar en mano de la desesperación. Tumultos en un Reino, donde el miedo, y la resolución está echado de su Trono.
1 Viernes, algo nublado.
2 Sábado. Es Luna nueva a la una, y 54 minutos de la noche, en Virgo. Eclipse del Sol.
3 Domingo, Conjunción del Sol a Mercurio, en Virgo.
4 Lunes, sextil de Saturno a Mercurio, por la noche.
5 Martes, vario, y templado.
6 Miércoles, sextil de Saturno al Sol, por la noche.
7 Jueves, bueno para lo que quisieres.
8 Viernes, sereno.
9 Sábado, malo para la Medicina.
10 Domingo. Es cuarto creciente a la una, y 56 minutos de la tarde, en Sagitario.
11 Lunes, sereno.
12 Martes, casi lo mismo.
13 Miércoles, Marte en Virgo, se junta con Mercurio.
14 Jueves, hoy entrambos a dos entran en Libra.
15 Viernes, Venus entra en Escorpio; aire.
16 Sábado, sereno, y bueno para todo.
17 Domingo, tiempo revuelto.
18 Lunes. Es Luna llena a la una, y 15 minutos de la tarde, en Piscis. Eclipse Lunar.
19 Martes, bueno para la campaña.
20 Miércoles, nublado, y vientos por la noche.
21 Jueves, oposición de Júpiter a Marte, a las 7, y 24 minutos de la mañana.
22 Viernes, vario, y aire.
23 Sábado, el Sol entra en Libra, y empieza el Otoño.
24 Domingo, sereno, y bueno para la navegación.
25 Lunes. Es cuarto menguante a las dos, y 40 minutos de la tarde, en Cáncer.
26 Martes, malo para purgas.
27 Miércoles, aire frío, y nieve a la Sierra.
28 Jueves, Conjunción de Saturno a Venus, en Escorpio, a las 7 de la tarde.
29 Viernes, lluvia, si ayer no llovió.
30 Sábado, nublo sereno.
[57-59]
Octubre.
Este mes tiene 31 días; el Sol sale a las seis, y 12 minutos, y se pone a las cinco, y 48 minuto. Demasiados serenos verás estos días; y si las noches no nos refrescaran, se pudiera decir, que aún es Verano. Muere un Jefe Militar, que peleó más con el mando, que con la espada, y halla por el camino un Ejército de pasados a cuchillo. Males de ojos, hacen perder la vista a un Colérico: y unos dolorcillos de vientre, dan que sospechar de veneno a un sujeto. Solo ahora se acaba de tomar una Plaza, que muchos días ha se tenía por vencida. Un Reinante, cada día más se va estableciendo en su Trono; pero aún tiene muchos, que le insidian la vida. De muy lejos veo venir a un querido de la Fortuna, volviéndole tanto más dichoso, cuanto más estaba olvidado. Fulano, todavía pretende aquel puesto, aunque tenga muchas contrariedades; porque espera que las dádivas quebranten las peñas, y que el opobálsamo del bolsillo le cure las faltas de los deméritos. Trata de retirarse quien tiene harto molida la cabeza de negocios de Gobierno para gozar unos pocos días los distraimientos de la caza. De nuevo despiértanse unos pleitos entre particulares, que ya se tenían por sosegados; y lo que fue acaso, bien juzgado a malicias; pues cualquiera presunción es bastante para alborotar de repente el ánimo entre quienes no pasa una buena amistad. Adonde hay mal gobierno, cualquiera desdicha que no viene, tiene vez de dicha, en tal caso; más ganando el que por ventura no pierde, que los que ganan con el acierto.
1 Domingo, bueno para la campaña.
2 Lunes. Es Luna nueva a medio día, en Libra.
3 Martes, el tiempo se asienta.
4 Miércoles, sereno.
5 Jueves, lo mismo, y calor.
6 Viernes, bueno para todo.
7 Sábado, el calor crece.
8 Domingo, tiempo seco, y algo nublado.
9 Lunes, Venus entra en Sagitario; aire.
10 Martes. Es cuarto creciente a las 8, y 45 minutos de la mañana, en Capricornio; viento.
11 Miércoles. Conjunción del Sol a Marte, en Libra.
12 Jueves, trino de Venus a Júpiter; sereno.
13 Viernes, bueno para la Medicina.
14 Sábado, lindo para todo.
15 Domingo, el tiempo se muda, con aire.
16 Lunes. Conjunción de Saturno a Mercurio, en Escorpio, en la noche siguiente; vientos.
17 Martes. Es Luna llena a las dos de la noche, en Aries; vario.
18 Miércoles, sereno, y nublo.
19 Jueves, bueno para sangrías.
20 Viernes, bello día para ir a caza.
21 Sábado, bueno para la navegación.
22 Domingo, tiempo algo revuelto.
23 Lunes, entra el Sol en Escorpio.
24 Martes. Es cuarto menguante a las 10, y 8 minutos de la noche, en Cáncer.
25 Miércoles, Mercurio retrogrado; aire,
26 Jueves, bueno para todo.
27 Viernes, sereno, y seco.
28 Sábado, bueno para la campaña.
29 Domingo, Marte entra en Escorpio.
30 Lunes, tiempo revuelto.
31 Martes, Júpiter entra en Piscis; lo mismo.
[60-62]
Noviembre.
Este mes tiene 30 días; y sale el Sol a las seis, y 52 minutos, y se pone a las cinco, y 8 minutos. Los primeros días de aqueste mes, algo participan de la tranquilidad del pasado; mas una Conjunción del Sol a Saturno, hará cubrir la Sierra de nieve, y ensuciar con las lluvias las calles de la Ciudad. Entretanto se adelanta el frío, haciendo tiritar las espaldas, con aires penetrantes, a las señoritas. También los vientos, con gran descomedimiento, soplaran del Océano, quitando la gana del comer a los delicados de estómago. Mucho se quejan los achacosos; y los flacos desasosiegan, y quitan el sueño a los hipocondriacos, a causa de indigestión. Un Mayorazgo, cada día echa a perder su Patrimonio; y su prodigalidad, en pocos meses gasta los paternales ahorros de muchos años. De repente es bien despedido de este Mundo un Saturnino, y la nueva improvisa da en que discurrir a muchos. El polvo de la China, no sirve de provecho a un Cuartanario, porque estaba en cuarto creciente la Luna. Un Viejo de grandísima autoridad, parece quiere entremeterse de nuevo, para sosegar la cólera de una Nación. Las Gacetas refieren buenas novedades de lejos; mas fueran mejores, y más al caso, si estuvieran de cerca. Quien porfió ponerse en la Mar, ahora escarmienta de los desatinos del líquido elemento; y una herencia hace madrugar, enriquecidos a unos pobres Hidalgos. A uno, que estuvo siempre muy amigo de pleitos, ahora le han quitade la gana.
1 Miércoles. Luna nueva, en Escorpión, por la mañanica.
2 Jueves, guárdate de las sangrías.
3 Viernes, sereno, y templado.
4 Sábado, cuadrado de Júpiter a Venus, a media noche.
5 Domingo, Venus entra en Capricornio.
6 Lunes, bueno para la campaña.
7 Martes, sereno, y templado.
8 Miércoles. Cuarto creciente a las dos, y 52 minutos de la noche, en Acuario.
9 Jueves, el tiempo se muda en peor.
10 Viernes, malo para navegar.
11 Sábado, el frío se adelanta.
12 Domingo. Conjunción de Marte a Mercurio, a las 10, y 26 minutos de la tarde; aire frío.
13 Lunes. Conjunción de Saturno al Sol, a las cinco, y cuarenta minutos de la tarde; tiempo para nieve.
14 Martes. Conjunción de Venus a Mercurio, a las 8, y 8 minutos de la mañana.
15 Miércoles, vientos malos de África.
16 Jueves. Luna llena a medio día, en Tauro; todo revuelto.
17 Viernes, malo para sangrías.
18 Sábado, sextil de Marte a Venus, a las 8, y 45 minutos de la tarde.
19 Domingo, sereno, y bueno para todo.
20 Lunes, Signo del Sol a Júpiter, a las 8, y 37 minutos de la tarde.
21 Martes, el Sol entra en Sagitario.
22 Miércoles. Cuarto menguante a las 4 y media de la noche, en León.
23 Jueves, malo para sangría.
24 Viernes, sereno, y templado.
25 Sábado, Júpiter se vuelve derecho.
26 Domingo, bueno para todo.
27 Lunes, bello día para andar a caza.
28 Martes, el mismo tiempo, y mejor.
29 Miércoles, tiempo nublado por la tarde.
30 Jueves. Luna nueva a las siete, y 7 minutos de la tarde, en Sagitario; revuelto.
[62-65]
Diciembre.
Este mes tiene 31 días; sale el Sol a las siete, y 48 minutos. El tiempo será algo templado, de manera, que muy gustoso nos dejará gozar, por algunos días, los paseos del campo. Saturno afloja el furor de la Guerra, y da lugar a proposiciones de Paz. Después de una grandísima enfermedad, sale de la cama un Señor de muchas obligaciones, y cuya salud importa muchísimo. Júpiter favorece a los Letrados, levantándolos a mayores puestos. Una Recién casada, después de haber tenido una mala noche, pare una Hija: con todo eso alienta las esperanzas de un Mayorazgo. Muchas cartas llevan los Correos, mas de poca sustancia, a causa de que todas acaban en Cumplimientos. Muy mal le van los negocios a quien se muestra desagradecido; y a la fineza del cariño, se le toma la Calambre; y todo, porque el amparo se aventaja mucho a los méritos. Unos Fanfarrones Nocturnos tienen poco miedo de los Alguaciles, y por eso se atreven a mil Picardías. Finalmente, acaba de casarse una Señora, que muchos años no le valió, ni la Hermosura, ni la Nobleza. Otra Recién casada se halla muy triste, y toda la melancolía es, porque no alcanza lo que quiere. Solo ahora se descubren los embelecos de un Memorial, mas no ha alcanzado su intento. Parece ahora, que unos Tratados toman buen camino para establecer una grande Amistad; porque un Señor no responde más Ad Ephesios; y bien va quien anda con el tiempo. Por fin, el Refrán sale verdadero, que tan presto va el Cordero, como el Carnero.
1 Viernes, lluvia en Ciudad, y nieve a la Sierra.
2 Sábado, Conjunción de Saturno a Marte, a Marte, a las cinco, y trece minutos de la tarde, en Escorpión: tiempo malo.
3 Domingo, niebla, y tiempo lluvioso.
4 Lunes, malo para todo.
5 Martes, Venus entra en Acuario: Agua va.
6 Miércoles, Conjunción de Marte a Mercurio, a medio día, en Escorpio; vientos Occidentales.
7 Jueves, tiempo para nieve.
8 Viernes. Es cuarto creciente, a las nueve, y veinte y cuatro minutos de la tarde, en Piscis.
9 Sábado, Mercurio entra en Sagitario; sereno.
10 Domingo, trino de Júpiter a Marte, a las 10 de la mañana; templado.
11 Lunes, Marte entra en Sagitario.
12 Martes, tiempo malo para purgas.
13 Miércoles, revuelto.
14 Jueves, sigue lo mismo.
15 Viernes. Es Luna llena, a la una, y 44 minutos de la noche, en Géminis; alborotado.
16 Sábado, se ajusta el tiempo.
17 Domingo, no hace mucho frío.
18 Lunes, Júpiter entra en Aries.
19 Martes, bello día para salir al campo.
20 Miércoles, cuadrado del Sol a Júpiter, por la noche.
21 Jueves, el Sol entra en Capricornio. Solsticio del Invierno; templado.
22 Viernes. Cuarto menguante, a las cuatro de la tarde, en Libra; vario.
23 Sábado, bueno para la campaña.
24 Domingo, tiempo sereno, y seco.
25 Lunes, vientos boreales.
26 Martes, cuadrado de Júpiter a Mercurio, a las cuatro, y 26 minutos de la noche: lo mismo.
27 Miércoles, Mercurio entra en Capricornio.
28 Jueves, aire por la tarde.
29 Viernes, bueno para la navegación.
30 Sábado. Luna nueva a las dos, y 15 minutos de la tarde, en Capricornio.
31 Domingo, último día del año de 1690.
DIOS SOBRE TODO.
[66-69]
PROTESTA.
Todo lo que digo en este Discurso General, lo sujeto a la corrección de la Santa Iglesia de Roma, como hijo obediente de ella.
[71]
Parte segunda
de los
Entusiasmos médicos,
del grande Archisoplón de las Estrellas,
para los que codiciosos,
desean vivir buenos,
largo tiempo.
Proponendum est itaque primum, quid sit quod apetamus:
tum circumspiciendum est, qua contendere illo tute possimus.
Séneca de vita Beata, lib. 1, cap. 1.
Con Privilegio: En Madrid, por Mateo de Llanos.
Véndese en casa de Andrés Blanco, Librero,
a la esquina de la calle de las Carretas.
[1]
Proemio.
Es Costumbre de los que escriben Almanaques, o por dar muestra de que son muy celosos, e interesados del bien común; o por dar (con la ambición de la salud) más estimación a sus libros, añadir a sus Pronósticos unas Advertencias Médicas, para vivir largo tiempo buenos, y sanos. Viéndome, pues, obligado este año a sacar a luz mis Entusiasmos, tampoco quise que estuviesen faltos de cosa tan importante: antes bien, por ser en el cariño superior a los demás, he aplicado todos mis desvelos, para formar el presente Discurso, sufriendo el ser vencido en lo Astrológico, por poder conducir mejor a la común utilidad en lo Médico.
Y aunque son infinitos los Autores que tratan de esta materia, pues desde Galeno, hasta hoy, discurren trazas, y regla, para conservar la salud; siendo tan bien recibidas en todas las Naciones, que en la Escuela Salernitana, para ponerlas más en la memoria, y asegurar más el cuidado de observarlas, las abrigaron con el traje de los Refranes. Y aunque pudiera desconfiar mi cortedad, a vista del escarmiento de los mayores, y más doctos Ingenios, que en aquesta materia han empleado sus plumas, no pudiendo alcanzar a la elevada cumbre de sus experiencias, y dictámenes: con todo eso espero agradar, ya que no por lo bien escrito, por la novedad, y brevedad de mis Entusiasmos.
Este deseo de la novedad, y brevedad, me obliga a no seguir el estilo, y las pisadas de algunos Escritores, que sin escribir de idea propia, ni con título de alguna defensa, llenan sus libros de tantas autoridades, que a salir los Autores de sus urnas, poniendo pleito en el Tribunal de Esculapio, sobre que les restituyesen lo hurtado, quedaran más desnudos, desplumados, que la Graja de Esopo, cuando se juntaron las Aves, para que cada una le entresacase sus propias plumas, con las cuales vestida antes, se pavoneaba entre todas, tan presumida, como ufana. Este arte de vestirse a poca costa, de los estudios ajenos, ha llegado a estar tan fácil, que aun para escusar el trabajo de leer tanta máquina de libros, se han recogido muchas Autoridades, y Aforismos, de los antiguos Escritores, con orden de Abecedario, en las Polianteas, y Florilegios, en daño común; pues tomándolos solo de memoria, no entendidos del entendimiento, cuando juzgamos que Fulano haya estudiado Galeno, o Aristóteles, al oír citar sus Textos; acontece las más veces, que apenas habrá leído aquel renglón, en que está el Texto que alega. Por esto decía Platón: Loquere ut te videam, pretendiendo indagar a cada uno, aún más por las razones del discurso propio, que los supersticiosos Fisónomos, y Quirománticos, presumen alcanzar las calidades más secretas, por las rayas del rostro, y manos.
Por esta razón, ni yo tampoco afeitaré mis Entusiasmos con ajenos colores, procurando solamente cumplir, como verdadero Académico Aletófilo, con el noble empeño de aspirar a decir la verdad. Para cuyo alcance, no dudo, que me será permitido poder hablar con llaneza; y más cuando tengo de discurrir en provecho de nuestra salud, que tanto importa: que por eso en la primera, y segunda Advertencia, no me puedo escusar de examinar a los Médicos, a fin de que nadie desacierte en diferenciar los buenos, de los malos. Y aunque aqueste reparo parezca demasiado en Madrid, por ser la mayor parte hombres escogidos, por su mucha sabiduría, y experiencia; con todo eso, porque no faltan en todos los Lugares vagamundos, y extranjeros, que debajo de la sombra, y amparo de algún Señor, se blasonan por Médicos, y aun por algunos de estos, recién laureados, que luego se atreven llegar a una tan ardua Profesión; unos, y otros, igualmente engañando al pobre Idiota; pues no hay Ciencia, en que menos se conozcan los ignorantes de la Medicina, graduándolos indignamente de Excelentes, ya la Fortuna, y ya una Popular opinión: y finalmente, porque será fácil que llegue aqueste Papel allende los Pirineos, donde sea más necesario, y provechoso.
[3-6]
Primera advertencia.
Ser mejor dejar el cuidado a la Naturaleza, que valerse de Médico, cuando no es muy entendido: y éste, cuál deba ser.
La Primera regla que os acuerdo, será la más importante, y por eso más dificultosa; y es, ¿si valdrá más estar sin Medicos, o servirse de ellos? Porque así como para la salud del alma es preciso tener un Confesor, que nos guíe por el camino llano, y seguro de la salvación; de la misma suerte parece necesitamos, para la salud del cuerpo, de un Médico, que de cuando en cuando nos visite, reparando, no nos sobresalte algún achaque; pues para vivir muchos años, más vale prevenir, antes que vengan las enfermedades, que curarlas bien, después de ya introducidas. La duda parece estaba resuelta, si en el Confesor, y el Médico concurriesen proporcionalmente las mismas prendas, y circunstancias: pero como la sanidad de las almas inmortales es de mayor importancia, que la de los cuerpos corruptibles; y Dios, en la curación regular de estos, obra como Autor de la Naturaleza; y en la curación de aquellas, como Soberano Autor de la Gracia; por eso su amorosa Sabiduría dispuso más sabios, y más fáciles instrumentos, para medicar las almas, que para curar los cuerpos: y si tal vez, por ignorancia, e inadvertencia del Médico espiritual, se comete algún error (sin culpa del doliente) le enmienda, y suple, como principal Autor de la medicina del alma, el Médico Divino, cuyo instrumento es el humano. Pero en las dolencias, y curaciones del cuerpo, no se halla este Fiador tan pronto, sin un especial milagro: y si hubiese Dios de hacerlos, para enmendar los innumerables errores de los Físicos, fuera menester que la sombra de San Pedro volviese al Mundo, y entrase de casa en casa, a hacer con cada enfermo un milagro. De donde infiero, que habiendo Dios depositado la Medicina en las manos de los Médicos, los que no fueren perfectos, tanto en lo experimental, como en lo científico, serán unos homicidas domésticos, que nos maten; porque su ser, y acierto, consiste en la perfección de un todo: Bonum ex integra causa, malum ex unico tantum defectu.
Colegid ahora, qué será; ¿si por vuestra desdicha os encontráis con un hombre de poca capacidad? ¿No fuera lo propio, que buscar el Verdugo que os azote? Pero no pretendo yo inferir no ser menesterosos los Médicos porque inmediatamente me opusiera a las Sacrosantas Doctrinas de la Escritura Sagrada; aunque la experiencia de quinientos años, que los Romanos estuvieron sin ellos; y todavía los Montañeses, y muchas Naciones, que (gracias a Dios) viven, y se curan de todos sus achaques, con solo su conocimiento; convence no ser siempre necesarios. Lo que quiero decir, es, que por hallarse dificultosamente, los verdaderos Médicos; y especialmente, fuera de aquestos Reinos, no por falta de la ciencia (que es utilísima) sino de quien malamente la profesa; que en tal caso, más vale gobernarnos, según el proprio dictamen, si enfermamos, y dejar del todo las riendas en manos de la sabia Naturaleza, que valerse de la asistencia de nadie, que pueda estorbarla. ¿Pues no escarmentamos, y vemos cada día lo que acontece, en tantos pobres, y desamparados enfermos, las admirables curas, que ella sola hace, valiéndose tal vez de unos medios, que a la ignorancia de los Médicos, parecieran disparatados, para con un crítico movimiento, sacarlos de larguísimas enfermedades? ella solamente querría ser asistida de unos Ministros, que de cuando en cuando la alcanzaran, si algo le falta, o quitaran si le sobra. Pues vuelvo a decir, si aquestos son unos bobos, que no entiendan sus señales, y hagan ignorantemente al revés de lo que pide, acontecerá les echen a perder sus intentos: y esta es la razón, de que muchos, para no verse en ese riesgo, o no obedecen, o no llaman a los Médicos: Cuantos hayan sido de semejante parecer, os pudiera alegar infinitos Autores. Mas ¿para qué tengo yo de despertar autoridades de difuntos, y sacudir las cenizas de sus urnas, quizá con peligro, y miedo de que muchos de ellos no brinquen fuera de las bóvedas, a espantaros con la ratificación de sus anticipados entierros? Sí por cierto, que dejaré en olvido las lástimas, aun recientes, para no amargaros con la memoria de lo pasado, lo por venir; y tanto más, cuando no me faltan vivos testigos en esta Corte, y hombres, no solo venerables, y de fe, por la edad, que dignos, por su sabiduría, que con las últimas canas de la vejez, y con el escarmiento de una larga vida, que han logrado, y todavía viven, afirmarán lo verdadero, que os discurro. De todo lo sobredicho se infiere, que es mucho mejor fiarse de la naturaleza, que de algún otro; pero con el supuesto, de que no se hallen quienes sepan responder apropósito a sus peticiones, y de lance en lance ayudarla; pues para que no os engañéis en la elección de un buen Médico, estimando mucho para la salud la asistencia de hombre del debido tamaño, os representaré un pequeño dibujo, algo diferente de lo que pintó Hipócrates, en el libro de decente ornatu.
De suerte, que el verdadero Médico será, el que con más denuedo entendiere el lenguaje de la naturaleza; pues habla con tanta máquina de accidentes, y síntomas de los enfermos, no solo con la variedad de los antojos, y ganas; con la divisa de colores en los excrementos, mas también con la bizarría en los sueños: con la curiosidad en los desvaríos; con el chillar, y ruidos en las orejas; ahora con comezones, ya con latidos; ahora con tiritar de frío, ya abrasando de calor; hoy con la amargura de la boca, mañana con el hastío del estómago, hoy con los desmayos, con los desatinos mañana; ya bostezando, ya reventando de risa; ya echando lágrimas, ya suspiros, cuando con dificultad del resuello; y por fin con tantos, y diversos movimientos, y afectos, con los cuales habla la humana Naturaleza, y nos pide socorro para librarse de los achaques. Para saber colegir, lo que quiere significarnos con tantas señas, son necesarias muchas prendas; ni basta que algunos hayan estado, cinco, o seis años holgándose en alguna Universidad, y después a puros bigotes, y mulas pretendan ser asentados en la lista de Esculapio, y con la protección, y fama de parientes, y amigos, entrar luego en los Lugares a constituirse por Médicos. ¡Oh si los Corregidores de la sanidad tuvieran más desvelo para el bien público, yo sé que no dejarían insinuarse esta laureada pestilencia con tanta libertad, hasta podrir, y desarraigar a los más floridos Girasoles de la mocedad! ¿Pues adónde no llega? Si hoy en día su amparo empieza a volverse el mayor achaque de los Monarcas, debajo de cuya sombra, no reconociéndose ignorante, sale mascarada con la ironía de la alabanza, a ocupar los escalones, y grados de la virtud; la cual de por sí, constante, o menospreciando el apoyo, o para no competir con el desahogo de su adversaria, deja subir arriba, llevados a cuestas los deméritos, y quizá por la codicia de lograr la quietud de sus estudios, con un político descuido, se hace cómplice en el delito. Ea, pues, dejemos este aviso, también perteneciente a la salud, encerrado en un paréntesis, y alentémonos alcanzar a nuestro Discurso.
Luego aquel entenderá a la Naturaleza, que siendo buen Anatómico, conociere, no solo todas las partes del cuerpo humano, más el sitio, y particular función de cualquiera: ver si verdaderamente la sangre circula, y siempre conserva el movimiento, hasta la muerte: si se fabrica, o si se tiñe en el hígado, o si se pone colorada en los livianos; para que sirva el arcaduz de la bilis, y zumo pancreático, al intestino duodeno, examinar las venas lácteas, buscar los vasos linfáticos, indagar la propagación de los nervios, arterias, y venas, y visitar a todo lo que ha alcanzado la mucha diligencia de los Modernos. Para llegar a la perfección de este conocimiento, la simple Anatomía no es suficiente; pues son precisas muchas partes de la Matemática: esto es, que la Geometría le enseñe el logro de la proporción, y consonancia; de la cual tanto se ha servido el Divino Arquitecto en la fábrica de este Microcosmo; que le dé demostración de la variedad de las fibras, y figuras, en tantos músculos; de las diferencias en los pulsos. Después, que la Mecánica le explique la economía de la Naturaleza, en los movimientos; el por qué con tanta maña, y facilidad menea la máquina de los huesos, solo con las proporcionadas ataduras de los nervios; y la razón de las grandes fuerzas que hace, con el más posible ahorro de los espíritus. Además, que la Óptica le haga capaz del cómo se haga la vista, ¿por qué los Présbitas, mejor vean de lejos; y los Miopes, de cerca? y ¿por qué unos Nictálopes vean más de noche, que de día; y otros, nada de noche, y harto de día? y ¿por qué, finalmente, a unos se les doblen los objetos; y a otros, para ver con distinción, hayan menester los antojos? Enseñado de todas estas noticias el nuestro Estudiante, luego alcanzará las causas, y generación de cualquiera enfermedad, y sabrá con más razón, y fundamento discurrir, que todos los demás. Después de eso, llegará al conocimiento del valor, y condición de los remedios; para lo cual le ayudará mucho, no solo la plática, y lección de buenos Autores, mas el saber algo de Química, y Botánica; la primera, para examinar, y ver, si es verdadera en efecto toda la virtud, que de sus Magisterios, Sales, Extractos, y Panaceas, tanto blasonan los Químicos: y la segunda, para acordarse, y conocer las yerbas; que si no todas (siendo infinitas) a lo menos las más necesarias.
Conocidas las enfermedades, y los remedios, aún le falta, para ser Médico, no bastándole saber, qué males, y qué remedio le convenga, cuando no sabe aplicarlo a tiempo. De lo cual tuvo tanta cuenta Hipócrates, que luego al primero Aforismo llamó a la ocasión caudalosa: Occasio præceps; y en otro lugar de los Epidemios: Et quia intempestive cœnavit mortuus est. Luego ¿qué hará una purga, o una sangría fuera de sazón? Si uno por solo haber cenado fuera de tiempo, dijo aquel tan afamado Médico, que se murió: La consecuencia es tan clara, que habla por sí misma. Mirad ahora el provecho de la Astronomía, no solo en esto, sino también para dar razón de las reglas, y flores de las mujeres; de los días críticos, y por fin de tantos males, que claramente tienen dependencia de los Astros. Asimismo se le añadirá ser gran Filósofo, y muy Letrado, que sepa juntar a una grande sabiduría, mucha cordura, para que pueda alcanzar con sus discursos crédito, y mucha opinión de los enfermos. Este tal curará más con un poco de cuerno de Ciervo, que otro con todas las Perlas molidas, y confecciones de tantas Piedras preciosas, y Opobálsamos, que vienen de las Indias.
He aquí las prendas precisas para saber responder con su habla a las señas de la Naturaleza. Aquí os está pintado el bosquejo del verdadero Médico, que cuidará de vuestra salud. Él os curará si enfermos, y guardará si sanos. Por eso os encargó el Eclesiástico, que le honrásedes, por seros menesteroso: Honora Medicum propter necessitatem. Y por fin, y postre, esta es aquella Ciencia, que el Soberano Hacedor crio a pro de la humana salud: Deus creavit medicinam, & sanabiles fecit Nationes terrarum; y la que manda, y se hace obedecer a los mayores Monarcas, como de mi Tierra la alabó el Doctísimo Plinio: Et una artium est, quæ ipsis Imperatoribus Imperat.
[7-17]
Segunda advertencia.
Si sean mejores los Galenistas, a los Médicos Modernos.
El Problema está tan a propósito, que merece lugar en estos Discursos; siendo muy buena advertencia para la salud; de dos males, saber escoger el menor: Los disparates tienen también sus corduras, cuando, o por uso, o por Política son precisos, y entonces el acierto consiste en la pequeñez del engaño. Los Médicos, si son malos, son peores, que los achaques; y por eso con un Dístico nos quiso advertir un afamado Poeta, diciendo que
Incidit in Scillam cupiens vitare Charibdim,
Qui morbum fugiens incidit, in Medicim.
Los Galenistas son unos Médicos, pegados más a las doctrinas de los Antiguos, que el mal Francés a los bubosos, o los Turcos al Alcorán de Mahoma, y antes matarán a fulano, como tengan una autoridad que acotar, que curarlo, siguiendo los pareceres de la nueva Escuela: Hombres más sectarios, que razonables, que su ignorancia es el olvido, y su saber la memoria: toscos en el entendimiento, y bobos en la aprehensión; pues si se encuentran con un Filósofo, que les niegue como mentira, algo escrito de Galeno, o de cualquiera otro de los antepasados, se quedan tan admirados, y aturdidos, que como rayos, se huyen, y santiguándose, les parece todo Herejía, lo que no se conforma a sus fantásticas Escolásticas doctrinas. Esto, y cuanto importe la libertad en el filosofar para el acierto en las cosas Médicas, bien os lo dice vuestro agudo Naturalista el Doctor D. Juan de Cabriada, en su Carta Filosófica, digna obra de la consideración de los Doctos.
No me puedo tener de risa, cualquiera vez que me hallo asistir a la junta de algún enfermo, pues tan hinchados se ponen, y hablan con tanta prosopopeya en acotando Aforismos, y Textos de Hipócrates, o de Galeno, que no parece si no que habla algún Oráculo de Delfos. Por lo que ordinariamente llega entre ellos a ser el más afamado, quien tiene mucha memoria, y más abundancia de textos decorados; para lo cual, ¿qué no traga de remedios la ignorancia, aun con evidente riesgo de la propria sanidad? Quizás faltaran ejemplos de quienes, o muertos, o faltos de algún sentido, quedaron en el dudoso escarmiento de la confección anacardina: ¡Válgame Dios! ¿Habrá en el Orbe mayor locura? ¿Pues no se acuerdan, que solo el entendimiento tiene amistad, y platica con el saber? ¿Y que por lo más, el que goza mucha memoria, logra menos juicio, adonde solo tiene su nido la humana sabiduría? Solamente son precisos los libros para ver, y acordarse los desaciertos, y faltas de sus Autores, que por lo demás no se pudieran echar de ver, para llegar a sus verdades; algunas veces son demasiados, a quién tiene los mismos ojos en el seso, y puede igualmente alcanzarlas: ¿Gran Filósofo? Luego gran Médicos. Dos cuerdas unísonas, que picada la una, tañe también la otra; harase hijo de la razón, y de la experiencia, quien quiera serlo. Los pareceres de los hombres, desde los primeros siglos empezaron a ser vasallos del engaño; ni la antigüedad, aunque por cortesía se ocasionó mayor respeto; por esto alcanzó mayor verdad de la que llevaba entonces. El entendimiento jamás se mudó de sitio, en la cabeza estuvo siempre su trono, adonde concurren todos los sentidos a tributar lo que palpan, y lo que ven. Estos, como Ministros, lo avisan con la experiencia, y él después los concierta con la razón: Luego si los hombres estuvieron siempre de una casta, no hay que fiarse más de los antiguos, que de los modernos; más de los abuelos, que de los nietos, cuando los últimos, por haber recogido, y heredado todo lo que ellos supieron, y añadido lo proprio, más lo merecerían. Con todo eso el discurso no necesita de los unos, ni de los otros: ¿Quién pisa el camino real, y derecho de la verdad, de que le sirven los lazarillos para alcanzarla, si entonces los mismos ciegos la palpan? Los que andan en busca del mismo objeto, se encuentran en la traza, y hallan, que todos los demás pareceres son embustes, y hijos bastardos de la conjetura; salvo uno, que es el verdadero mayorazgo de la razón, y de la experiencia. Entretanto no quisiera yo ser tachado de maligno, y de menospreciador de nuestros antepasados, no dejando de merecer mucha alabanza, aunque en todo no hayan acertado; pues deslumbrados en aquellas primeras tinieblas de la ignorancia no podían siempre dar en el blanco de la verdad. Aquellos tienen toda la culpa, que quieren porfiar en los mismos desaciertos, que si volvieran ahora a este mundo, los primeros fueran a borrarlos de sus escritos, y sin empacho madrugaran a hacerse discípulos de nuestros hallazgos. Pero para averiguar, que miente la Teórica de los antiguos, desenvolvamos, por vida vuestra, y repasemos sus papeles, y luego hallaremos, que todos sus discursos están echados sobre falsos supuestos.
Para llegar con fundamento al conocimiento de las enfermedades, y de la Medicina, es forzoso saber, cómo se vive; lo cual alcanzado, también se comprehenderá, cómo se enferma, y la precisa necesidad del morirse. Para conocer las tinieblas, no hay mejor maestra, que la luz; entre si se averiguan los contrarios; lo gustoso de la salud, nace de lo desagradable de los achaques, que si no se escarmientan, no se cata lo sano. No solo un extremo descubre el ser del otro, más aún los medios: repara, y estudia cómo vives, y luego verás cómo enfermas, y cómo mueres.
Nosotros vivimos, especialmente por el circular movimiento que hace la sangre, subiendo, y bajándose por el cuerpo, alimentando las partes; que si se queda opilada en alguna entraña, de allí empiezan las enfermedades; si se ahoga, y se detiene en las síncopes, en un abrir, y cerrar de ojos morimos. De suerte, que suponían los Antiguos, no solo que la sangre carecía de este tan preciso movimiento, más aún, que se labraba en el hígado; que es una grandísima mentira (siendo criado por otro fin) que la comida en el estómago, se guisaba por vía de calor, cuando se adelgaza, y se deshace por medio de un humor acedo, que siempre se halla en todos los ventrículos; y la experiencia, cada día nos enseña, para despertar el apetito, la gana que nos pone la sal, vinagre, agrio de limón, y otras cosas, que participan de este acedo: de lo cual, si no fuera la causa más que el calor, sin duda, que a los Perros, y otros animales, que se sustentan con huesos, y manjares durísimos, para digerirlos, y derretirlos en tanto quilo, en tres, o cuatro horas, como hacen, se les debiera a todos quemar el estómago. ¿Cómo pudieran los pobres pescados cocer lo que tragan, estando en los Ríos, y Fuentes, en el Invierno, friísimas, sabiendo no tener mayores enemigos el calor, que el agua, y el frío? Sin duda, que hubiera sido muy simple, y boba la Naturaleza (caso que por el calor se hiciera la digestión en el estómago, y fuera, mediante el cual, todos los animales viven) a guardar los pobres pececillos en el agua fría. ¿Pues quién no ve, a ser así, que engañados lograrán brevísimos ratos de vida, no pudiendo de algún mod o, o sin especial milagro, conservarse el calor en medio del más contrario elemento? Y así, antes de achacar de tonta a la sabia Naturaleza, más quiero trocarme de esta común opinión, y juzgar, que los animales digieren, y viven por otra causa particular.
Aunque este nuevo dictamen parezca algo extravagante, pero tiene unas muy palpables demonstraciones. Pues si el calor fuera el Mayordomo mayor de la vida, en el Verano se debiera morir menos, que en el Invierno: con todo eso, escarmentamos, y vemos ordinariamente lo contrario; y asimismo los pescados, estando en el agua, debieran ser los animales más achacosos, y son los más sanos. ¿Cómo jamás, y con cual género de Filosofía se podrá demostrar, poder estos conservarse calientes debajo del hielo? pues así la experiencia nos los hace palpar fríos, como la razón nos persuade, que aquellos cuerpecitos dificultosamente debajo de los helados estanques podrían fomentar algo de calor: de suerte que el porfiar, que en ellos lo haya, es un puro supuesto sin algún género de discurso, por lo que todavía pienso no ser él; mediante el cual digerimos, y vivimos; pero pluguiera al Cielo, que lo fuera, y que se descubriera mentiroso este mi entusiasmo, que os aseguro, que los Médicos Químicos, se dieran prisa por hallar algún grado de calor, con que no solo curaran a los enfermos, mas también se atrevieran a resucitar los muertos; mas dudo que si no vuelve otra vez al mundo San Francisco Javier, o otro Santo, no hallé por ahora tal género de receta. Calculad por vida vuestra, ¿si por ventura estas nuevas doctrinas fueran verdaderas (como yo las supongo) cuántos habrían matado los Galenistas con su falsa Filosofía? Por cierto que Séneca justamente enojado con su libro de ira, les diera en la cara, que quibus nesciverunt vitam largiri facilem exitum paravere. Y así ahora fácilmente conocerás los débiles fundamentos, y mentiras que escribieron; y todavía a porfiados creen estos Pseudomédicos; pues harán a fulano una sangría, y para que no pese más la sangre de una parte, la sacarán igualmente de la otra; y si no podrá bien digerir, sabrán decirle, esto es falta de calor, y le calentaran el estómago cada día, rematando con mil disparates en las largas camas a los pobres enfermos. Con todas estas verdades con que la experiencia, y la razón los aprietan convencidos; ¿no penséis que se apartan de sus pisadas? Las Ovejas merecen disculpa, si siguen a las demás, o por el miedo de los Pastores, que por fuerza las guían, o porque las falta la traza de la razón; mas que hombres absolutos de genio, y libres de entendimiento amancebados, corran tras el parecer de los otros, es grande lastima de la humana sabiduría.
De aquí sale la razón, porque todas las demás ciencias, refinadas de continuos discursos, desde sus inventores, se han adelantado muchísimo, y todavía llegan, acrecentándose de lance en lance, en los descendientes. Pues reparad en todas las partes de la Matemática, y veréis a la Geometría, Mecánica, Arquitectura militar, Nautica, Astronomía, Aritmética, Trigonometría, Óptica, Hidrostática, y Música, y otras, que cualquiera de ellas cada día se ven más aumentadas; de suerte, que solo la Medicina, desde que murió Hipócrates, hasta el día de hoy, siempre ha ido descaeciendo: ¡Oh desdicha! Ojalá mintiera yo; que me holgaría muchísimo ver a los enfermos visitados de otros tantos Hipócrates, porque estuviera seguro, que viéramos en lo por venir, tener el pésame menos cumplimientos con los vecinos. Pues será posible, que no le haya sobrado el curso de veinte siglos, sino para adelantarse, a lo menos para detenerse en el proprio tamaño de entonces. ¿Por qué, pues, no caemos en la cuenta, y no echamos de ver, que es mala la carrera que llevamos? Y que esto sea en la conformidad que discurro, lo demuestra aqueste argumento. Si las doctrinas de los Médicos ancianos fueran verdaderamente las legítimas, y las mejores, el que las supiera más, fuera también por consecuencia el mayor Médico; pero si yo hago palpable demostración, de que no puede ser: Luego quedará determinado, que sus doctrinas serán falsas; porque contrariorum eadem est ratio, & disciplina. La mayor proposición, es más clara, que los Rayos del Sol; pues el que sabe más, clarísimo está, que es el más sabio. Vamos luego a la prueba de la menor proposición, la cual será igualmente clara, por consistir en la experiencia; y llamemos de las afamadas, y celebres Universidades, ya de la Sorbona en Francia, ya de Padua en la Italia, al Médico más acreditado, no solo por los muchos Tomos, que haya sacado a luz, sino por haber gastado toda su vida en las Cátedras de Prima, y llevémosle a visitar un enfermo. Por ventura en oyéndole discurrir, os parecerá un Esculapio, un Hipócrates; y de tal calidad, que por lo hablado, le confesaréis un prodigio; mas después, viendo en efecto los desaciertos que comete en la curación, seréis obligados a decir, que mucho mejor lo medicaría cualquiera de estos puramente prácticos, y de los que asisten a Hospitales. Las doctrinas cuando son falsas, lo que no son de provecho, son de daño, porque más escurecen a la verdad; y el saberlas, no se puede llamar saber, sino ignorar mucho más de lo que primero no se sabía. La ignorancia, es un perfecto equilibrio, entre la verdad, y la mentira, y ésta hace fuerza para que no le sobrepuje la otra; pues más cerca está a la razón el ignorante, que el mentiroso; aquel en dejando de serlo, luego empieza a sabio; este en dejando de ser mentiroso, le es preciso volverse a ignorante para alcanzarlo con el olvido de la mentira. Por eso el Galenista supone ser Médico, y no lo es; vive engañado en la opinión de sí mismo, atreviéndose medicar a los enfermos, que muchas veces, cuando cree hallar mejorados en la cama, los encuentra rematados en el ataúd.
Tengo de decir un cuento, que por ser a propósito, me parece se puede añadir al Discurso. Halleme un día, mientras estaba en práctica de la Medicina, en una Ciudad de la Lombardía, a asistir a la Junta de un enfermo, que por hallarse en peligro de la vida, fueron citados tres, de los más acreditados Médicos del Lugar, por sus escritos, y por su edad: los cuales llegados a la cama, donde estaba quejoso el tal Caballero; examinando con cuidado las causas del achaque, tomándole cada uno el pulso, tocándole el vientre, reparada a la orina, y vista la sangre; y por fin, haciéndole mil preguntas, quien de una cosa, quien de otra, se recogieron desde allí en otro cuarto, para la Junta. Si hubiérades oído, con qué primor de doctrinas salieron el primero, y el segundo, pues acotaron los mayores Autores, no solo Griegos, y Árabes, sino Latinos, que escribieron acerca de tal achaque; con que explicadas las causas, y esencia del mal, llegaron al pronóstico, diciendo, que la enfermedad, por cierto era grande; pero que fiados en la mocedad, y grandes remedios, que se le aplicasen, recuperaría la salud: ¿con que le ordenaron mil emplastros, y cordiales, con todo el recado de la Botica? Apenas dio principio el postrero, cuando congojados vienen los parientes a avisarle, como el pobre se estaba muriendo. Brincaron luego de las sillas, corriendo hacia la cama del desdichado, que ya había echado los últimos alientos. Por lo cual, se fueron los tres, con tan ruboroso color en los rostros, que fue falta de sentido, si por la grandísima vergüenza, no se les pusieron las canas igualmente coloradas. Otras veces habrán sucedido semejantes lances, que no causan, sino grandes manchas, y menosprecio a la Medicina; de manera, que con grandísimo desmando, y atrevimiento, después cada cual quiere hacer el Médico, así Cirujanos, como Boticarios; así oficiales, como mujeres; y en cayendo uno enfermo, todos le llevan sus secretos, y advertencias, que algunas veces aciertan más, que los Médicos. Por lo cual, muy poco se le dará a un Filósofo, y a cualquiera sabio, estando malos, que les visiten, o un mal Galenista, o un buen Zapatero; y más hará caso del idiota, que solo discurriere, o con la experiencia, o con el propio vislumbre de la Naturaleza, que del presumido, cuyo saber, todo estriba en las opiniones de otros, aún más pudiendo éste embelecar a los enfermos, cuanto más llega en traje de Médico.
Harto me parece habré demostrado, que estos Galenistas, no pueden ser de la casta de Médicos, que necesitamos para amparo, y rescate de nuestra salud: falta solo, que discurramos algo de los Modernos, en cuyo infinito número hay algunos, más de presunción, que de sabiduría; y así es preciso más cuidado, y tiento, para diferenciarlos; pues si nos encontramos con algunos de estos, el yerro será peor, que el primero. No todos los Modernos son buenos, todavía les falta muchísimo que alcanzar también para los descendientes. Harto se ha descubierto en este siglo, pero no todo. Reparad ahora, por vida vuestra, cuan dificultoso sea hallar un Médico, según el sobrepintado dibujo; y de cuánta importancia sea para la salud el presente Discurso: pero antes de acabarlo, oigamos lo que responden algunas señoras, que hacen empeño, en que sus Médicos son los mejores del Mundo, blasonándolos con esta razón: Fulano me ha medicado en la tal enfermedad; luego es bravo Médico. El entimema parece de grande eficacia; con todo eso, por ser tan sofísticas las mujeres, no dejará de ser un paralogismo; pues yo les pregunto: ¿Qué saben ustedes, si Fulano ha errado en la curación, y hecho ignorantemente todo lo posible para matarlas? Ni vale que las haya medicado, para que luego lo acrediten de bueno: el punto está, si las ha curado bien. Tres géneros de enfermedades hay, unas, que aunque los Médicos hagan algunos disparates, la Naturaleza, o por la robustez, o por la mocedad de los enfermos, resiste, y fana; y entonces no les hacen total daño con la mala curación, sino les alargan sus achaques algo más. Otras hay, que aunque sean bien medicadas, es preciso morir de ellas, siendo llegada la hora del statutum est semel mori. Las postreras, solamente son las que medicadas bien, recuperan la salud a los enfermos; o les quitan la vida, si mal curadas. De suerte, que tampoco vale el argumento contra el Médico entendido, cuando se le muere alguno, que estaba curando; porque puede ser lo haya curado bien, y que por ser el achaque de la segunda especie, naturalmente se muera. De lo cual se concluye, que ni por sanarse, ni por morirse el enfermo, con justa razón se puede bautizar al Médico, ni de bueno, ni de malo, sino por lo bien medicado, aunque después salga lo que quisiere; pues tan injustamente se alabará, si lo cura, como se menospreciará, si lo mata, cuando en uno, y otro lance desgraciadamente lo haya medicado al revés; y la indiferencia del suceso, entonces depende de la buena, o mala fortuna del doliente. Pero puede ser, siendo tan perspicaces de entendimiento, que nos revuelvan el argumento contra la Medicina, y con una natural deducción prueben, no ser menester, sino algo para las del tercero género; que por eso, antes demostraré ser necesaria para todas: A las primeras, para abreviarlas con la propiedad de los remedios: a las segundas, para advertir con el pronóstico a los moribundos, que dispongan a tiempo las cuentas de aqueste, y del otro Mundo: y a las últimas, para ayudar, y socorrer a la Naturaleza, en la dudosa pelea de los achaques, y derribarlos, de calidad, que quede superior con el donoso rescate de la salud.
Con todo lo arriba dicho, parece determinado, que ni los puros Galenistas, ni muchos de los Modernos, serán buenos Médicos, sino los que más se parecieren al bosquejo que esta dibujado en el primero Discurso; que por lo demás, a cualquiera es fácil, de ese modo, hacerse Médicos, cuando baste encomendar a la memoria cuatro Aforismos, y Textos de Hipócrates, Galeno, y Avicena; recetar unas ayudas, y un poco de agua Angélica, o Jarabe rosado; mandar unas sangrías; saber que el hígado está en el lado derecho, el bazo en el izquierdo, en lo posterior de la cintura los riñones, en el pecho los livianos, y en medio el corazón; pasado el Diafragma el ventrículo, saber tentar el vientre, a ver si hay opilaciones en el Mesenterio, y Hipocondrios: Para explicar las enfermedades, si son mujeres, decirles, que procede de la madre, o del útero; si hombres, de los Hipocondrios, o Flatos, que calentándose, levantan unos vapores a la cabeza, que después se recogen con el frío de los sesos en flemas, catarros, y fluxiones; y según la variedad de los miembros, que cayeren, acordarse luego del nombre de tal achaque; y en caso que suceda no saber dar la razón Física de todos, echar las cabras, ya al aire malo, ya a las pesadumbres, y cuidados, ya a otras melancolías, o a la profesión, según el estado de los enfermos: Mirar sobre todo, no ser eunuco, ni lampiño, para llevar buenos bigotes; sustentar una brava mula, para dejarse ver corriendo por acá, por acullá, dando muestra con el paso apresurado, que tiene muchas visitas, y con eso cualquiera será admitido en las casas, y celebrado de los ignorantes por gran Médico. Entretanto puede ser haya alguno, pues que me oye, con tanto cuidado, tener platica de los Médicos, que me pregunte si yo lo soy; y direle, que todavía no me atrevo a bautizarme con tal apellido, aunque blasone ser Catecúmeno de la verdadera Medicina: Es verdad, que la Universidad de Padua me ha graduado en Filosofía, y Medicina, y que supiera yo también como otros (ofreciéndose la ocasión) escribir unas recetas. Luego, si fabes (podrían argüirme) ¿por qué no te examinas para ejercitar una Profesión tan noble, y tan provechosa? ¿Y qué le importa, acudiera diciendo, a fulano, si yo no quiero? Atrevidamente impertinente fuera esta pregunta; pero respondiera a la curiosidad con cortesía. Primeramente, que yo Estudio la Medicina por entretenimiento, siendo igualmente gustosa su Teórica, cuanto enfadosa, y cansada su práctica, y también por el logro de la propria salud, y para ser de algún provecho a los amigos. Que en cuanto al examen, digo, que sin tener un fin noble no me quiero poner en peligro de reñir con nadie.
Pues curioso de ver el mundo, fue preciso detenerme cinco, o seis meses en una Ciudad de la Francia, y como platicando por el Lugar con algunos amigos me supusiesen por Médico, no me pude escusar de visitar a unos vecinos enfermos. Por lo cual, o por haber encontrado buena dicha en la curación, o por la curiosidad, que fácilmente ocasiona la fama de Extrangero, no pasaron muchos días, que de manera se divulgó, que los Médicos de allí me obligaron al examen, y si no me prohibieron, so pena de doscientos ducados, el Medicar sin su licencia. De esto, por ser lo que deseaba, se me daba muy poco, antes me servía de gusto, para librarme de lo penoso de ir visitando de casa en casa. Pero aunque no tenía intención de quedarme allí, y sabiendo que había muchos de estos Galenistas, para cumplir mi deseo de hacerlos un poco regañar, me expuse al examen. Si entonces os hubiésedes hallado presentes, hubiérades sin duda gustado más de nuestros argumentos, que de una fiesta de Toros. Pues salieron los tales muy presumidos, preguntándome; ¿qué es calentura? Y yo les dije, que ellos tampoco lo sabían, porque es una mentira su definición, diciendo ser un calor extraño, que se derrama por todo el cuerpo; pues ni es calor, ni frío, siendo estos puramente efectos de la calentura, y no la causa, la cual se debe indagar para saber decir lo que es: Nam scire est rem per causam cognoscere, & non per effectum. ¡Grande empacho por cierto de los Médicos, todavía no haber llegado fijamente a saber lo que es! siendo la enfermedad más ordinaria, y la que más destruye a la humana Naturaleza. Luego me dijeron ser cuatro los humores de nuestro cuerpo; esto es, Flema, Bilis, Melancolía, y Sangre; y yo les respondí; o que no hay más de la sangre, o que serán infinitos, porque según la diversa variedad de las entrañas, y temperamentos, así se pueden producir muchos más de los cuatro sobredichos; y porque no hay alguna razón demostrable para que hayan de ser cuatro, y no tres, o cinco, o seis, &c. Quisieron probarme, que hay un Cálido innato, que nos sustenta la vida (esto es) un calor muy diferente del ordinario; y yo les dije, que es una notable necedad, no habiendo más calor, que uno solo, y que magis, & minus non mutant Speciem. Y que cualquiera calor se había de considerar como efecto, no como principio, y que no es de Filósofo poner dos calores diversos, cuando uno sobra, para explicar todos los Fenómenos, y efectos de la Naturaleza, porque non sunt multiplicanda entia sine necessitate. Después quisieron porfiar, que la sangre no circula de las arterias, pasando a las venas, y que se fabrica en el hígado, introduciéndose el quilo por las venas del Mesenterio, negándome aun todo aquello de que la experiencia cada día nos hace palpable demostración. Llegaron a la Filosofía, diciéndome, que la Naturaleza aborrece el vacío; que el aire, y el fuego son absolutamente ligeros; y yo repliqué, que no solo no lo aborrece, mas que lo quiere; y que el aire, y el fuego son respectivamente pesados; y así anduve de mano en mano, respondiendo diametralmente al revés a todas sus falsas opiniones; pero asistido siempre, ya de la razón, y ya de la experiencia; de suerte que se levantaron algo enojados, gruñendo, ser estas opiniones de todos los Autores del mundo; y yo con grandísima flema les respondía: que es verdad, que lo son de los Galenistas, y que les concedía lo habían dicho, y escrito, mas que habían dicho, y escrito una solemne simpleza; después que la prueba del Físico ha de concluir con la razón del Discurso, y no con la autoridad, aunque fuera de Alejandro Magno. De lo cual podéis imaginar, que extremada rechaza llevaría en, examen de este género: no porque no les hubiera sabido responder con los mismos consonantes, habiendo yo también leído lo que dice Galeno, y Aristóteles, y además muchos otros de la misma Genealogía, sino porque quiero hablar siempre como Filósofo, y no como Sectario, amparando el albedrío del entendimiento, sin entregarlo a la servidumbre de la opinión, debiendo discurrir como libre, y no como vasallo. Pues es mucho más fácil, y de menos trabajo, ser puro Galenista, que ser Médico, conforme al nuestro dibujo; a aquel, sóbrale para ser de los más excelentes, acordarse de doscientos, o trescientos aforismos; a este, poco, o nada le sirve la memoria, cuando no tiene el agregado de tantas ciencias, como ha menester para alcanzar las causas de infinitos achaques, y comprehender el por qué, y la razón Física de todos los efectos de la sabia Naturaleza. Qué se le da al enfermo saber lo que ha dicho Pedro, Paulo o Martín; ni de que el Médico esté rico de Autoridades, y pobre de inteligencia, cuando ellas no les alivian el mal; ni aunque se les dieran deshechos en polvo todos los libros de la Medicina. Mas dejemos ya este pleito, pues no ha sido la intención menospreciar a los buenos, ni aplaudir ignorantemente a los malos, no dependiendo de mi opinión, hacer justicia a la verdad. De suerte, que no ha llevado otro fin, que despertar a los estudiosos, para que abran una vez los párpados de los ojos, en el empleo de sus Estudios; y pues se ven llamados a esta tan ardua profesión, no confíen tanto en las Autoridades, porque en llegando a viejos, y hallándose engañados de sus doctrinas, harán política de la edad, la porfía de defenderlas, o por el empacho de no parecer ignorantes, o porque las canas no se vean obligadas a volverse discípulas de la mocedad. Por fin, y postre relumbra la verdad, moviéndose en las tinieblas, y la mentira en este ínterin, se halla precisada a recogerse debajo de la sombra de la terquedad. Y si la novedad de la razón todavía no os persuade, más eficazmente os convencerá el ejemplo de todas las otras Naciones de la Europa. Reparad en tantas Academias, que han levantado, y veréis como todos se han sacudido, ya de la peripatética, y Galénica esclavitud, concordes en no creer más a lo que leen, sino a lo que ven, blasonando de enamorados de la razón, acreditada con la experiencia. No malogréis, pues, la generosa hidalguía de vuestro grande entendimiento, sino allanad con el deseo la altivez, y aspereza del Pirineo, para que sobrepuje aquí también la libertad de la verdadera Filosofía; y salid al encuentro a recibirla, armados de navajas Anatómicas, con el logro de tantos escarmientos, y doctos reparos de las consecuencias, y con la provechosa emulación de vuestros Discursos, en unas nuevas Academias. De este modo, todos os respetarán cuando sanos, y mejor os obedecerán cuando enfermos; estimándoos los desvelos, y cuidados que tenéis de su salud; para cuya conservación paso ahora a otro Discurso.
[17-41]
Tercera advertencia.
Como habemos de conservar la salud.
Si fuera fácil hallar un buen Médico, no fueran menester más advertencias para conserva la salud, porque pocas visitas de este fueran bastantes sin marearos la cabeza con tantos cuidadosos Aforismos, para poder largo tiempo lograrla; que por esto me detuve tanto en los Discursos Pasados, para pintaros la cara de un buen Médico, siendo una notable presunción de los Escritores, el creer, que en pocos, y breves renglones se puedan dar a cualquiera unas reglas universales de vivir sanos. Quien llegara a semejante conocimiento, fuera sin duda el primer Ministro de la Naturaleza. Es la mayor dificultad de la Medicina, saber conservar la bizarría del humano Microcosmo largamente en su cabal equilibrio. Pues si uno cae enfermo, todos los conocidos se dan prisa, y compiten a socorrerlo; si está bueno, él mismo se hace Jefe de los demás, para volverse achacoso. Además, que cada cual hallándose malo, con pocos remedios, le puede poner mejor: no ha menester aguardar de las Indias que se les acerque cansadas las Boticas, ni el uso costoso de tantas piedras preciosas: que a ser así, fuera alborotar a la pobreza, y despertar un Ejército de infinitos miserables, que no pueden llegar a ese gasto, a fin de que se armaran de justísimas quejas contra el Sumo Autor. Mas no: ¿qué no tendría razón? Extremada ha sido su gran Providencia, en criarnos piadosamente todo el recado de la sanidad: Pues hasta alrededor de la Choza del Rústico Villano, le hace brotar paisana la salud, pintándole muy barato en la divisa de tantas yerbas, y flores, lo que más necesita. Es puramente un engaño, y un hidalgo embuste de la humana altivez, hacer a los Grandes parecer más salubre, lo más costoso, y lo más Extranjero. La guadaña de la Parca fatal no embota sus filos, ni en la fineza de las perlas, ni en la dureza de las piedras, y del oro, igualmente siega, lo más humilde, y lo más altivo, y en arrancando las Violetas, caen postrados al suelo los Girasoles. Antes son más los que por desgracia mueren hartos, y chamuscados con la muchedumbre de los Elixires, y Panaceas, que los que por falta de remedios. De suerte, que mucho más arduo es, conservar nuestro individuo, libre de los achaques, que rescatarle del vasallaje de los males. Con toda esta dificultad, yo daré solamente, aquellas pocas advertencias que puede alcanzar con su corta Filosofía el Idiota, y cada cual, que no pretende llegar a la perfección de ser Médico.
Para conservar la salud, es menester reparar, que ni sobre, ni falte algo de lo que nos es preciso para vivir. Lo que nos sustenta la vida no es otra cosa, sino todo lo que cada día entra, y lo que cada día sale de nuestro cuerpo; pues si no necesitáramos de lo uno, y de lo otro, nos pudiéramos casi juzgar inmortales: mas así como vivimos por lo que tragamos, y por lo que expelemos, así también, por lo uno, y por lo otro enfermamos, y morimos.
Por lo que entra, no entiendo otra cosa que el Aire, y la comida; y por lo que sale, la variedad de los excrementos. En reparando estos tres géneros de cofas, pudiéramos llegar buenos, y sanos hasta aquella hora que Dios tiene señalada por la última de nuestra vida; mas esto es casi imposible, no pudiendo con todo el desvelo de nuestros reparos, excusarse del absoluto poder de los achaques. El Aire, por ser principal sustento de la vida humana, es también la mayor causa de nuestra mortandad; pues tanto necesitamos de él, que si un brevísimo rato nos falta la respiración, espiraremos; y porque siempre está contiguo a nosotros, de su bondad, o malicia depende la mayor causa de la salud, y de la enfermedad. También la comida, y los excrementos pueden ocasionarnos algún mal, o no reteniéndose, o quedándose demasiado en el cuerpo: De todo lo cual, pocas advertencias nos sobra para guardarnos. Y así para discurrir con orden de estas tres cosas que cada día precisamente necesitamos para vivir, empezaremos por la primera, que es el Aire.
[42-45]
Cuarta advertencia.
Acerca del Aire.
El Aire, es un Elemento, tan activo, y tan hacendoso en su obrar, que de él depende toda la conservación, y corrupción de las cosas naturales; es el Mayordomo mayor de los Astros, que dispensa sus influjos a los mixtos; él hace, y deshace los cuerpos; él es muy voltario en su temperamento, a cada alteración se muda, a cada cualidad se desconcierta; un excremento lo inficiona; una flor lo embalsama: y con todo eso la Naturaleza tanto necesita de él, para el sustento del humano individuo, que fue forzoso fabricarnos una cavidad en el medio, y con la mecánica de dos fuelles, introducirlo por su propio peso, en los espacios huecos de los livianos, a cualquiera instante que se dilata el pecho con la frecuente respiración, a fin de que conserve el movimiento al corazón, colgado, y pendiente en medio de ellos, de donde la sangre continuamente recibe aquel ambiente en sus venas, y adelgazándose con su mezcla, cobra mayor ligereza, para derramar el líquido alimento en todos los miembros. Reparad ahora, de qué valor, y cuidado sea la respiración de un buen Aire, porque éste es un arrebatado ladrón, que siempre hurta de todas las superficies de las cosas sublunares que lame, exhalaciones, y vapores, y arrastrándolos consigo, se los deja pegados en cualquiera parte que entra; de manera, que si los extrae de cosas saludables, como de yerbas, y flores, con ellas anda embalsamando el individuo que toca; y al contrario, si son malos, como los que levanta de cuerpos hediondos, y de las inmundicias de las calles podrece los cuerpos donde se llega, si son de temperamento flacos, y si de temperamento sólido, como la plata, los toma; porque siempre comunica el mal, o el bien que lleva consigo.
De suerte, que si solo con transferir los vapores, es bastante para producir, y causar tantos desconciertos en la Naturaleza; claro está, que un Aire semejante, no será, ni podrá ser jamás bueno para conservarnos la salud. De lo cual sacaremos por advertencia, que el sitio más saludable para nuestra habitación, será el que goza de más altura, y limpieza, rodeado de prados, adornado de huertas, y jardines, o cercano de la Mar, a fin de que las exhalaciones, mezcladas con el ambiente a cada instante tragamos con la respiración, sean buenas, y saludables. Todo esto es fácil de conseguir a cualquiera deseoso de vivir mucho; mas tiene otros achaques el aire, que no siempre se pueden escusar, y que llevan la mayor causa de la humana flaqueza; que por lo demás, pudiéramos también nosotros, con un exacto gobierno, dilatarnos la vida, y lograr los años de Noé. Pues casi toda la culpa de nuestra mortandad es la inconstancia del aire, que por ser improvisas, y de repente sus mutaciones, hallándonos descuidados luego nos maltrata con calenturas, y nos sobresalta con tabardillos, y otros males que tropiezan con la carrera natural de la mocedad, ocasionados, o de la mala configuración de los Astros, o de la extravagante constitución de los tiempos, por medio del Aire, que con todo el humano desvelo no se pueden siempre escusar, aunque sapiens dominetur Astris. Con todo esto, buscando un Lugar sano en la dicha conformidad, será más fácil de conservar la salud, con las subsiguientes advertencias.
Lo primero, guardarse con el mayor cuidado posible de que no se cierren las siempre abiertas porosidades del cutis, porque la insensible transpiración, especialmente se obstruye en la desigualdad de los tiempos; y más vale entonces sufrir el peso de los vestidos, que buscar refrigerio para el calor.
Guardarse el Invierno de los braseros, porque siendo fácil el resfriarse, de ahí se originan mil enfermedades, a causa de los romadizos, y inflamaciones de sangre, siendo mucho mejor estar bien arropados, no pudiéndose cada, y cuando arrastrar consigo el mismo calentador; y siendo forzoso pasar por el frío ordinario de la Estación, más vale padecer en las extremidades un poco de frío, que correr cada vez riesgo de destemplarse. Los delicados, y las Señoras, que no pueden estar con ese cuidado (para no verlos tiritar de frío, aunque lo sintieran menos, si no se criaran tan regalados) reparen a lo menos en la manera de calentarse, que en hallándose helados, no se arrimen luego al brasero, sino despacio, e ir poco a poco recibiendo un calor muy apacible, como el que gustamos, en tomando el Sol, que caliente igualmente todo el cuerpo; de otra manera, te llenarán de sabañones, o no harán más todo el Invierno, que toser, y no les valdrá la blandura de los caramelos; porque la frialdad del aire a nadie respeta, a todos penetra; y a los más regalados, con mayor descortesía los molesta: por lo cual no hallo mejor alivio, ni más sano, que hacer ejercicio, y con eso se volverá a calentar cada miembro, y se librarán del descomedimiento del Invierno, y salir fuera del Lugar de cuando en cuando al paseo, no solo por el ejercicio, cuanto por resollar un poco de aire bueno, siendo mucho mejor, que el de dentro, a causa de tantos alientos de los demás vecinos, no dejándose también de inficionar el aire con la podrida respiración de los achacosos, y se hallará mejorada toda la sangre, y se despertará más el brío al corazón.
Y los que pudiesen guardar todas estas advertencias, no hay duda que vivirían largamente, más sanos que los demás; y si se hallaran malos, se pusieran en poco tiempo mejores: ¿pues cuantas enfermedades hay, cuyas raíces están sembradas en la malicia del ambiente, que los Médicos (no cayendo en la cuenta) cuanto más con purgas, y sangrías estudian arrancarlas, tanto peor se vuelve el enfermo? A las criaturas, cuando están malas, se les medican las Amas, porque en la leche con que se crían, se introduce más fácilmente el remedio: de la misma suerte se debiera hacer en tal caso, medicar el aire con el perfume de varias yerbas, y flores, como también hizo Hipócrates, cuando curó los apestados Abderitas; y si esto fuere dificultoso, escoger otro lugar más proporcionado al proprio individuo; que entonces, de sí misma la Naturaleza, solo con el alivio de una buena respiración, recuperaría su salud, sirviéndole el aire de antídoto, y de Médico. Pero aún tiene sus justas quejas el aire, de que le achaquen la culpa de todas las enfermedades; muchas hay, que por el poco conocimiento de los Médicos, por no saber aplicar sus debidos remedios, cada día se vuelven peores. Estos, cuando se hallan enmarañados, o en la curación, o en el alcance de las indisposiciones, disimulan su ignorancia, achacando a la bondad del aire sus faltas, y los que no supieron curarlos, los aconsejan a llevar de su motivo un inocente destierro, y quizá con el abono de una segura esperanza, se los quitan de delante, para que a otra parte vayan a echar los últimos alientos, y con lo lejos de su muerte, no les minoren su crédito.
[45-51]
Quinta advertencia.
Acerca de la comida.
Muy pocos reparos han menester los sanos acerca de la comida; aunque tengan tantos críticos los manjares; unos tratándolos de muy flemáticos, otros achacándolos de demasiado calientes; quienes causan opilaciones, quienes hinchan los Hipocondrios de flatos, como si la Naturaleza alrededor de nosotros hubiese sembrado sin alguna lástima las enfermedades, cuando con la industria de los Químicos nos ha enseñado, hasta reducir la misma ponzoña en los mayores Antídotos para curarlas. Todo eso ha llegado a ser el mayor enfado de los Médicos, pues cada día, especialmente algunas Señoras, no hacen más, que preguntarlos: ¿Comeré de esto? ¿Podré del otro? De todo tienen miedo; con desmando, y estas mismas, algunas veces se encuentran con quien les alaba tal comida de muy sana, cuando de ahí a pocos días otro las dice lo contrario, menospreciándola como muy mala: y lo más gracioso es, que uno, y otro alegará autoridades para defender su opinión; pues no hay disparate en la antigua Medicina, que no pueda sustentarse con textos de los mayores Autores; por lo cual estarían siempre dudosas, si la opinión del más acreditado no las hiciera parecer mejor lo que se conforma al propio dictamen, haciendo en este lance la imaginación el caso, mas lo que me admira, es, que haya Médicos tan lerdos, que reparen en esto, y que busquen la diferencia en el género de la comida, cuando solamente está en la diversa conformación de los individuos; pues se ve muy a menudo, que un mismo manjar produce un efecto, en uno, y en otro hace el contrario. Un cuerpo, cuando verdaderamente se halla bueno, y sano, todo el recado de la mesa es un bálsamo: Omnia sana sanis; cuando está malo, el mismo Maná se vuelve achacoso. El estómago califica los manjares, lo dulce amarga al paladar, y lo desabrido le agrada. Los árboles, y la tierra no hacen más que brindarnos, con sabia indiferencia, sus frutas; la malicia, o la fineza de nuestras entrañas, después las diversifican. De suerte, que los alimentos no tienen otra piedra de toque, que la experiencia; esta nos indica lo mejor, con lo que aprovecha, o nos señala lo peor, con lo que daña, ni de otra manera se puede asentar fijamente con toda la humana sabiduría, cual es lo nocivo, y cual lo saludable. El vino, y el agua, siendo las bebidas más domésticas, y más necesaria a uno, conservarán la salud, y a otro achacarán las entrañas: Pues la comida es semejante a la cera, que aunque sea la misma, la variedad de los sellos, mudándole la figura, le diversifica la cara: Luego no se han de culpar los manjares, ni de calientes, ni de fríos, ni de húmedos, ni de secos, porque en sí no lo son; aunque en nosotros, y en sus efectos parezcan serlo: ¿Qué fácil fuera, y qué barato el rescate de la salud, si siempre, y a todos, produjeran los mismos efectos? Entonces las calenturas, como calientes, y fecas, tuvieran miedo del agua, su contraria, como fría, y húmeda; y con todo eso el doliente continúa sus quejas, encendiéndose más: ni todo lo helado de las bebidas le ablanda el calor, ni le mitiga la sed. Con todas estas razones, y experiencias, la codicia de la salud hace parecer necesaria, y provechosa de por sí, cada demasiada cautela, y con un logro aparente, entrega sus mesas a la rigurosa asistencia del Médico, comiendo solamente con muy atenta medida, lo permitido. Todavía no se sabe si esto haya sido, o ligera credulidad de una vana esperanza, o puramente política sagacidad de los Médicos, para insinuarse necesarios en el retrete de los Monarcas; pues su mañosa industria ha llegado hasta poner en vasallaje el albedrío de sus antojos, que muchas veces, con tantos desvelos les hacen madrugar más tempranas las enfermedades, apretando un descomedido bocado a la garganta del Real apetito. Quizás por eso no llegan a muy viejos los Diademas: Lo superfluo de los cuidados igualmente achacan a la salud, como el demasiado descuido. La Naturaleza quiere a los Médicos, como Ministros, que la obedezcan, no como Maestros, que la reprehendan en lo que pide: Asimismo, ¿de qué provecho pueden ser sus alimentos a los Príncipes, en presencia de aquellos mismos que fijamente saben los han de sentenciar a muerte? Este reparo me parece un paradojo, para ser santos, no para ser sanos. Pues la mejor advertencia para la salud, es comer con templanza todo lo que pide el estómago: nadie más que él, con tal de que se halle bueno, conocerá lo que necesita; él sabrá escoger entonces, qué manjares le han de ser de más provecho; no quiere cada día comer la misma vianda, porque mañana le suele causar hastío, la que hoy le despierta el apetito, solo cuando está malo, sus antojos, y ganas pueden, ser mentirosas, y por eso la dicta, en tal caso le ayuda mucho: Luego es verdad, que a los sanos todo género de comida es provechoso; y si no reparemos, por vida vuestra, en los pobres Montañeses, nacidos de la misma masa que los demás, teniendo todos la misma contextura de hombres (aunque los vestidos, y las posadas hagan, que mucho entre sí se distingan) y veremos, como su tosco comer, sin tanta asistencia de Médicos, largamente los sustenta muy sanos, no solo no estorbándoles el alcance de las canas, antes ayudándoles, para que robustos, y buenos lleguen a las más caducas de la decrepitud. La fineza de las humanas entrañas no se conserva con el género de la comida, sino con el gozo de un aire bueno, y con un descuidado ejercicio mantiene siempre su temple; que algunas veces en el demasiado regalo, y en una noble pereza se embota, y una vez perdido todas las piedras preciosas, y todo el oro potable, no son bastantes para restituirle a la perfección de su ser. De manera, que pocas advertencias hay en el género de la comida, que puedan aprovecharnos para la conservación de la salud; y solo estas me acuerda la cortedad de mi discurso; esto es, comer, y cenar a sus determinadas horas, con una proporcionada intermisión, y los que no pueden llevar en dos veces todo el alimento que ha menester el estómago por un día entero, pueden añadir un sobrio almuerzo, desayunándose con algún género de comida muy natural, como la sopa, y otras cosas semejantes, no habiendo mayor, ni mejor chocolate para conservar la salud. Lo segundo, pues, no habemos de reparar en lo que se come, sino en lo que se apetece; porque quod sapit nutrit, será menester a lo menos guardarnos de la nimia cantidad, pudiendo esta ocasionarnos, lo que no puede la calidad, pues no hay mejor Hipócrates, o Galeno, que la templanza; y mayor enemigo de la Naturaleza, que lo demasiado: Omne nimium naturæ inimicum. También se debe observar, que las comidas sean lo más naturales, y simples, que sea posible, porque simplicibus Natura gaudet; y de sustancia firme, dificil de corromperse, como la carne de animales cuadrúpedos, y volátiles, a fin de que se haga una sangre recia, y briosa, y esta debía siempre ser la principal comida para el sustento, y amparo de nuestra salud, comiendo después, y catando algunos bocados de todas las demás viandas, y frutas por gusto; pero con tiento de no dejarse arrastrar de la golosina, que nos acaricia el paladar con las lisonjas, y engaños de lo dulce, y lo sabroso: Pues todos los guisadillos no son otra cosa, que estudiados embelecos del Arte Cocinera para incitarnos con la presencia de lo gustoso, a tragar con confianza lo demasiado, achacando esto por lo mucho lo demás del estómago, de donde sale después con una tarda, y inútil pesadumbre toda la concurrencia de los achaques. Hasta aquí habemos discurrido sobre todo lo que entra en el cuerpo humano, así de aire, como de comida; ahora falta que discurramos algo acerca de lo que sale, que son los excrementos.
[51-58]
Sexta advertencia.
De los Excrementos.
La Naturaleza que siempre ha sido muy sabia, y perspicaz en todas las cosas, viendo la precisa necesidad de comer, y de respirar que tienen los animales para sustentar algunos años la vida, y reparando era imposible, que todo lo que tragan se pudiera convertir en pura sangre, cuerdamente se valió de unos medios con que les fuese fácil descargarse de todo lo superfluo, después de alimentados los miembros. De suerte, que con una extravagante bizarría, obligó a la porción de los excrementos a tejerse en plumas en los volátiles, haciéndoles llevar a cuestas, pintadas por el aire las Primaveras: En los pescados, que se cuajaran en escamas; en otros, que se alargaran en pelo; ya saliendo envueltos en lana, y en vello, abrigándolos por el frío; ya bordándoles con hermosos coloridos la piel; ya fabricándoles varias armaduras para su defensa; y después a los demás excrementos, les ordenó mil géneros de arcaduces, para que desembarcándole, se expeliesen del cuerpo. De manera, que solo el hombre abunda más de excrementos, porque no los emplea, ni en su abrigo, ni en su hermosura, ni en su defensa, sobrándole para todo esto la nobleza de la razón, y el logro de su discurso: Por lo cual mayor cuidado debemos tener, en que todos salgan fuera, porque deteniéndose en el cuerpo demasiado, se coinquina la sangre, de donde empiezan a brotar mil indisposiciones; y la mayor advertencia que se puede tener en este particular, es, en tener siempre abiertas tres de las principales puertas de nuestro cuerpo, de las cuales una sola, que se cierre luego, caemos enfermos, y corre riesgo la vida. La primera, que es de la que más se sirve la Naturaleza, para echar fuera la basura de toda la sangre, son las porosidades del cutis, que aunque sea insensible a los ojos, con todo eso es la más esencial, y la de mayor cuidado, por el provecho de la continua transpiración. La segunda, es el conducto de la orina, por donde salen todas las demás serosidades, que no pudieron expurgarse, y pasar por la estrechez de la otra: Y la postrera, es, el largo, y ancho arcaduz de los intestinos, por donde sale toda junta la plebe de las inmundicias. Otras hay, que son de menos reparo; como las de las orejas, narices, y boca, y una particular para las mujeres en el útero; de todas las cuales necesita el cuerpo humano estando bueno, para conservar la salud; pero en estando enfermo, la Naturaleza le puede destapar otras muchas, para arrojar lo dañoso: pues si ha menester que salga la sangre, abre, y dilata las venas; si de limpiar el estómago, esfuérzase con los vómitos, si de aliviar la cabeza, se sacude con los estornudos, ya descargándose los livianos con la Tos, ya los ojos con las legañas, y lágrimas; y si todas estas calles no le bastan, suele recoger la materia, madurándola en un tumor, o expurgándola por una llaga, y tal vez, se vale de los mismos achaques, alborotando toda la sangre con la violencia de las calenturas, para arrojar con los sudores toda la malicia de los excrementos. Todos estos son unos críticos movimientos de la Naturaleza, para aliviarse cuando está enferma: Mas yo, que supongo hablar a los sanos, y a los que tales desean conservarse, diré solo lo que me parece para este fin a propósito: No hay mayor advertencia, ni mejor preservativo, que el ejercicio; con este se sacuden los miembros de la pereza, y con el movimiento se libra de todos los embarazos, que les pueden ocasionar los excrementos, con la quietud aflojan su vigor las entrañas, con el movimiento de los pies, y de los brazos se adiestran, y se vuelve más denodado todo el cuerpo, y más puntual en sus cargos. No te admires por eso, si vieres a los Labradores tan robustos, y tan sanos; el trabajo los hace exentos, y jubilados de muchos achaques, de que abundan, y se quejan los Señores; con el trabajo está más despierta la Naturaleza en sus funciones, el apetito en el estómago, el brío en el corazón, que aunque rudos, y ásperos en lo extrínseco, todavía fomentan en lo interior la mejoría; poco se les da que se callezcan las manos, y que el Sol, les tueste la cara, con que en lo intrínseco gocen una perfecta salud. No te aconsejo yo, a fin de que se expelan los excrementos, y se despeguen del cuerpo, ni que salgas a manosear la esteva, ni el azadón en los campos; otros ejercicios hay para los Ciudadanos, con que consigan lo mismo: No faltan juegos, y paseos, que los entretengan, gustosos en el trabajo, aun ennobleciéndole lo mecánico, porque hoy en día la ambición de los mayorazgos, ha quitado el camino a la sanidad, y atribuyendo a vileza el ir a pie galanamente, encarcelados los lleva en unos movibles, y portátiles escaparates, para que el movimiento del coche no desasosiegue a la achacosa pereza, y con el epílogo de una apacible comodidad, calladamente les ensancha sus indisposiciones. Por lo cual, con lo hasta ahora advertido, queda claramente demostrado, ser solo dos los principales reparos, que debemos tener para conservar la salud; esto es, no hartarse de comida, y hacer ejercicio: Advertencias, que todas las redujo Hipócrates a un aforismo: Non satiari cibes, & impigrum esse ad laborem. Aunque tantos Escritores después han querido sobre esto sacar a luz muchos tomos, que no sirven sino de confundir con tantas escrupulosas doctrinas, el logro de una continua salud, y marear la cabeza a los Estudiantes.
[58-63]
Última advertencia.
Si el uso del Chocolate, Café, yerba Té, Agua-ardiente, purgas, sangrías, y otras cosas semejantes aprovechan para conservar la salud.
Siendo extremada la codicia de la salud, y de vivir muchos años, no contentos ya los hombres con participársela cortesana, con el recíproco agüero, se han dado maña, con la industria; y viendo, que las palabras, solo sirven de cumplimiento, procuran con unos nuevos hallazgos conservarla mucho tiempo; y con el supuesto de alcanzar un seguro preservativo, todos a porfía estudian de sanitate tuenda. Cada Nación tiene su estilo particular; en Polonia, Germania, y Italia, por la mañanica se aperciben con el agua-ardiente; los Franceses con la yerba té; los Turcos tragan el tostado café, y los Españoles han traído de las Indias el chocolate, todos lícitos desayunos, para preservarse sanos; y porque les parecía a algunos, que éstos bajándolos al estómago no les subirían algún provecho a la cabeza, se domesticaron con el tabaco; unos tomándolo deshecho en polvo por las narices; otros tascándolo en hoja, y otros mamándolo de las pipas en humo, y después las demás invenciones, que con el traje de una saludable apariencia, se han introducido por todo el Universo; pues en la Primavera, y el Otoño ha llegado esta necedad, hasta sacarse la sangre de las venas, y desconcertarse el estómago con las purgas, anticipándose muchas veces con una dilatada prevención, hostigados los achaques. Que todos estos sean unos notabilísimos disparates, aunque el intento no pueda ser más bueno, tendré yo mucha dificultad en demostrarlo a quien solo agrada una superficial apariencia; mas si me encontrare con hombres, que con el Discurſo quieran pescar más honda la verdad, me será de poco, y casi de ningún trabajo, el persuadirla: Con tal, que el Problema puramente aluda, y se entienda solo, de los que cabalmente están buenos; que si después por remedio de alguna indisposición quisieren servirse de todo lo arriba dicho, en tal caso no quito el valor a semejantes remedios. Por lo cual pongo por tema: todos estos apercebimientos para la salud, no solo son de ningún provecho, sino que poco a poco introducen con el uso secretamente mil enfermedades en el humano individuo.
La primera razón que hallo para probar esta opinión, es, que nuestros Ancianos (por lo que refieren las Historias) vivieron más que nosotros, sin tantos preservativos, y los muchos años, que lograban entonces nos dan a entender con efecto, no solo servirnos para nada, antes sernos de daño, cuando con toda su ayuda parece se nos va abreviando la vida. Ni vale el decir, que la Naturaleza humana desde luego se haya trocado, porque a esto no se persuadirá el buen Filósofo, que ve engendrarse con la misma hechura los hombres, teniendo la fineza de iguales entrañas, y produciendo la tierra, sin alguna parcialidad, las missmas frutas para el sustento: de lo que se infiere, que la diferencia procede de lo que nosotros habemos añadido con tanta máquina de invenciones: Porque si fuera verdad, que la Naturaleza en los Descendientes se hubiera enflaquecido, esto dependiera de alguna causa universal, la cual habría producido también algún efecto en los otros animales; vemos que estos, en todo, y por todo son los mismos que entonces: Luego queda demostrado, que toda la diferencia, que se halla en los hombres, se ha originado de lo que se ha inventado de más; de suertes, que los Brutos, por haberse conservado con el puro natural instinto, siempre se han mantenido en su ser primero. Además, que si todos estos hallazgos fueran de algún provecho para conservar la salud, nosotros, mediante el uso de ellos, debiéramos vivir más, y más sanos que los antepasados, que no tenían tales preservativos; mas si antes experimentamos lo contrario, me parece, que queda muy claro, que todos son superfluos. Con todo eso, quisiera yo saber, en qué pueden aprovechar a los que ya se hallan buenos, y sanos, el chocolate, tabaco, y todo lo demás; pues la Naturaleza entonces no necesita de esos reparos. Ella come, duerme, concuece, y cumple muy bien con todos sus cargos: ¿Pues para qué habemos de estorbarla, con querer añadir lo que no necesita? Puede ser me diga alguno, que todo esto se hace para estar mejor: Válgame Dios, ¿habrá en el Orbe mayor locura? Conténtate de estar bien, le dijera yo, que alcanzarás mucho; ¿no ves, que te acercas más a los achaques, cuanto más procuras estar mejor? ¿Cuántos ha habido que por sangrías, y purgas de prevención se murieron? Quien todo lo quiere, todo lo pierde: Más dificultoso es conservarse en lo mejor, que puramente en lo bueno; esto con facilidad cualquiera puede aclararlo; mas si busca mejoría, no puede estar sino peor; quien ya ha subido hasta el más alto escalón, no le falta sino bajar; y tanto es mayor la caída, cuanto viene de más alto. Este parecer fue también de Hipócrates, acordándonos en sus primeros Aforismos: Habitur athletarum cum ad summum bonitatis gradum pervenerint oportet, ut in deterrius ruant, Todavía parece que agradan poco estas razones, pues acuden, diciendo, que sienten manifiestamente el provecho, que les hace el uso de aquellos preservativos, y que no hay razones contra semejante experiencia; con todo eso respondo, que es menester grandísimo tiento para averiguarlo, pudiendo ser, que luego en usándolos, y en aquel ínterin, parezca hacernos algún provecho, y que encubiertamente, achacándonos con el tiempo alguna entraña, nos ocasionen un grave daño; porque estos remedios para la salud, son como los braseros, que entretanto que estamos cerca, sentimos, que el calor suavemente nos recrea contra el descomedimiento del Invierno, abrigándonos con su vecindad en la más rigurosa estación; mas a pocos días nos hallamos fatigados de fluxiones, que muy a menudo; o ya nos cansan el pecho con la tos, o ya de los ojos, narices, y boca nos derriban mil arroyos, anegándole al paladar el sabor, y gusto de la comida. Ni sirve porfiar en defenderlos, como si dijésemos el tabaco, con efecto nos descarga la cabeza de toda aquella humedad con que nos moja los pañuelos: Luego es mejor, (pueden argüir) que nos arroje fuera tantos excrementos. Hay también para esta instancia su respuesta; pues la Naturaleza no ha menester, cuando está buena, estos incitamentos, para echar la basura del cuerpo, porque no le falta lugares, y modos, sin que tú la obligues a enviarla fuera, por donde tú quieres. Déjala hacer lo que la toca por su propio oficio, que los cuidados ajenos matan al Asno. Si estas bueno, ¿qué quieres más? Ea, trata de comer, y beber, y estar alegremente, y verás como ella cuidará de tu salud: No porfíes en servirla de Lazarillo, cuando tiene tan despiertos los ojos; sino, la harás tropezar en algún achaque. Cuando un Caballo corre, si le espoleas, lo despeñas, para descalabrarte.
Mas no quisiera imaginaras, te quiera tan descortés, y tan observante, que hallándote en conversación de parientes, o amigos, no hayas de tomar chocolate, tabaco, o cualquiera otra cosa; no me pasa tal por el pensamiento. La advertencia que yo te doy, no es más, sino que te guardes del uso, y de la costumbre, si quieres vivir largo tiempo sano, que por lo demás, en tomándolo pocas veces, no solo sirve de gusto, y de entretenimiento, sino también de provecho, agasajando a la Naturaleza con estos regalos del arte, para que viva, y se conserve más despierta, y más puntual en la economía de nuestro Microcosmo. Ahora conocerás, por lo discurrido, no ser buena deducción, decir, el tabaco, o cualquiera otra cosa me purga: Luego es sano, porque es una falsedad notable. De cualquiera parte del cuerpo se puede obligar, con algún género de medicamento, a salir de la materia: Si tomares una purga, harás cuantas cámaras quisieres; si unas ayudas, lo mismo. ¡Ojalá fuera como piensas! ¿Cuántos habría, que para conservar cabalmente la salud, de cuando en cuando lo hicieran, y se abrieran mil fuentes por toda la vida? Con todo eso no faltan Médicos que lo aconsejan, las cuales muchas veces no sirven, sino para multiplicarles los achaques. Es una bobería, querer traer la Naturaleza al retortero, llevándola de acá para allá; pues solamente causará mil desórdenes.
Primeramente, el continuo uso de aquellos remedios, si por ventura se quiere dejar, no se puede, sin correr peligro de caer malos, y después para curarse, es preciso volverse al vicio; de que hay muy caras experiencias en todos los Lugares.
Lo segundo, porque se llaman los excrementos a pasar por algún miembro, que tomando aquel camino, con el tiempo le pueden dañar.
Lo tercero, porque se defrauda una porción de alimento, pudriendo los remedios lo bueno, y multiplicando con su actividad las inmundicias en el cuerpo.
Lo cuarto, porque se desconciertan las operaciones a las entrañas, no cumpliendo más con puntualidad lo que les toca.
Lo quinto, porque cuando la Naturaleza necesita de ellos, no le aprovechan, por estar tan enseñada, que no siente después alguna utilidad, burlándose entonces los achaques de semejantes remedios; y siendo este el mayor inconveniente de los demás, porque cuando uno tiene enferma la cabeza, le puede quizás servir de seguro remedio el tabaco; pero por el uso no le sirve en tal caso para nada. Muchas enfermedades he curado yo con el Chocolate, Tabaco, Café, Agua-ardiente, y otras cosas del mismo género, a quienes no estaban enseñados a gastarlas. Todos los remedios son buenos, cuando solamente los pide la legítima necesidad; los apercibimientos no sirven más que para los políticos, para los sanos, cualquiera peca de demasía. Que el no prevenir remedios, sea el mejor preservativo de todos, para conservarse sanos; pregúntalo a la sanidad, y verás como en puro Anagrama, te responderá, si nada: ¿Sabes por qué la dieta cura tantas enfermedades? porque es la deuda más cercana de la nada: Pues todo lo que ordena el Médico, que no es muy cabal en su ser, son conjeturas; y de estas, cuanto menos se ponen en práctica, tanto menos se desacierta; él pensará hacerte bien con unos remedios, que por ventura te dañarán; mas son las opiniones falsas, que las verdaderas, y está más cerca a la probabilidad el engañarse; que por esto muchos se ríen de los Médicos; pues cuando han de correr riesgo de enfermar, más procuran prevenirlo con su proprio parecer, que con el del Médico. Los enfermos parecen a los niños, que si jugando se caen reciamente al suelo, no lloran, y si otro los toca al pelo, alzan al Cielo los gritos, no sintiendo entonces el mal, porque se conocen cómplices, y más quieren mostrarse sufridos, que parecer lastimados. De la misma suerte, los que están malos, se empeoran por sus antojos, lo sufren, porque el amparo de la propria opinión les mengua el dolor, y con una disimulada mejoría, engañan a los asistentes; y tanto puede este casamiento con su opinión engañosa, que piensan les dañan menos los desaciertos proprios, que los ajenos; y especialmente los de los Médicos. Paréceme bastantemente sacado en limpio la verdad del problema, afianzado en unas razones muy naturales; si éstas a alguno le parecieren sofismas de mi corto entendimiento, prosiga lo demás de su vida con el proprio parecer, que yo estoy contento, y muy sano con este, queriendo antes caer enfermo por falta, que por sobra de remedios; pues no es tan impróvida, y necia la Naturaleza, que apetezca lo demasiado. La salud es como un bien ajustado Reloj, que en añadiéndole más peso, se le apresuran las horas de la noche, y el que lo gobierna entonces, no le puede causar sino desconcierto; así son los remedios con los sanos, cuando no les pueden servir de remedio, le son de daño. Por fin, toma mi consejo, y la experiencia te hará conocer que te quiero muchísimo, en no quererte mejor: conténtate de ser sano con lo advertido, que no solo será lo mejor, que puedas alcanzar, sino lo más, que jamás podrás vivir: y porque te sea más fácil la memoria de mis advertencias, quiero epilogártelas con el traje Lacónico de unos Aforismos.
Nuevos Aforismos, para conservar la salud.
I Que el Médico sea muy cabal en sus quilates, y si no lo fuere, deja el juego del Hombre a la Naturaleza, porque si te fías de Médico imperito, lo perderás de codillo.
II Ten grandísimo cuidado con el aire que respiras, porque con él se introducen cautelosamente muchos achaques.
III Come todo lo que te agradare, estando sano, y solo guárdate de lo demasiado; si estás malo, la dieta te ayudará mucho.
IV Cuida del ejercicio, con él conservarás su temple a todos los miembros, cada uno cumpliendo con lo que le toca.
V Repara con desvelo en no destemplarte; esto lo alcanzarás en el Verano, con el sufrir un poco más de calor, y en el Invierno un poco más de frío.
VI El cuerpo tendrás muy obediente, y si no obra, despiértalo con cosas naturales (como si dijéramos) con el mi Pentagonum salutis, mas no te valgas luego de purgas, ayudas, y píldoras.
VI No te acostumbres a remedios, cuando no los necesitas, antes usarás los menos que sean posibles.
VIII Trata por fin de estar alegremente, y que los cuidados no te den pesadumbre; para esto te aprovechará mucho una buena sangre, porque si la tienes mala, estarás triste sin saber por qué
[63-75]
Descripción del Pentagonum salutis, o Ayo de la salud.
Las más de las enfermedades empiezan, y se conservan con algún género de indisposición; las más ordinarias suelen causarse, por ponerse el cuerpo tan estítico, con que la Naturaleza, no expurgándose de los dañosos excrementos, dificultosamente puede detenerse muchos días, sin caer en mano de los achaques. Para remediar este desorden, la industria de los Médicos ha hallado cincuenta mil géneros de recetas; Pero parece, que ahora se han reducido, a valerse solo de estos tres remedios; esto es, purgas, ayudas, y píldoras. Con todo eso, ninguno de estos me agrada: Las purgas, porque suelen algo desconcertar el estómago: Las ayudas, no tanto, por ser un remedio empachoso, cuanto por hinchar de ventosidades el vientre; y las píldoras, porque las más están compuestas de purgantes, y de extractos, con los cuales no debemos tan fácilmente domesticarnos, y después, porque para Medicar un mal pequeño, no necesitamos de grandes remedios: y así hasta ahora me ha parecido mucho que los sobredichos el mi Pentagonum salutis, o otros remedios que hicieren iguales, o mejores efectos.
Este es un remedio tan natural, y tan simple, que no ha menester, ni de reparos, ni de advertencias para usarlo, aprovechando siempre, y a todos los que se hallan en el estado natural de la salud; pues a cualquiera edad, así a los viejos, como a los mozos: a cualquiera sexo, así hombres, como mujeres; en cualquiera condición, así preñadas, como bajándoles sus costumbres, en cualquiera tiempo, así de noche, como de día. Este es un remedio amigo del estómago, acomodado para llevar consigo los Pasajeros, y no ingrato; pues no es más que un género de dulce, o pastilla, que sin falta, y desconcierto hace obrar una vez el cuerpo, y de ordinario provoca tantas cámaras, cuantas pastillas se comen. Los que están indispuestos, y achacosos, por no tener regido el cuerpo con el continuo uso de ellas, sin caer en la cuenta, recuperan poco a poco la salud. Por lo cual he juzgado a propósito describirlas a la postre de este Tratado, no tanto para dar a entender, que se puede también observar el sexto Aforismo, cuanto para advertir, que solo semejantes remedios son los más probables preservativos para conservar la salud largo tiempo, porque
Si obstat principiis; bona tunc Medicina paratur,
At mala si econtra; nam tibi nulla salus.
Academiæ Alethophilorum Promotor, veræque Philosophiæ, & Medicinæ, nec non Matheseos Candidatus. Anno ætatis suæ vigesimo octavo
Matriti primo Kalendas Ianuarii 1690.
[77-79]
Cesión.
Tiene Cesión de su Autor, para imprimir estos Entusiasmos, Andrés Blanco, Librero en esta Corte, y para que otra persona, sin su consentimiento no lo pueda imprimir, &c.
Fe de erratas.
Este Tratado intitulado, Entusiasmos Médicos, está fielmente impreso, y corresponde con su original: Madrid, y Enero 25 de 1690.
Suma de la Tasa.
Tasaron los Señores del Consejo Real de Castilla este Tratado, a ocho maravedís cada pliego, como consta de su original, despachado en el Oficio de Manuel de Moxica, Escribano de Cámara: Madrid, y Enero 26 de 1690.
[80]
[ Texto íntegro e imágenes contenidas en un librito impreso en Madrid en enero de 1690, formado por 170 –xviii+72+80– páginas. ]