[ José Gazola · Verona 1661-1715 ]
Entusiasmos
Médicos, Políticos, y Astrológicos,
del grande Archisoplón de las Estrellas,
Calculado al Meridiano desta Real Corte.
Volumen pequeño,
Mas muy curioso, y necesario para todos, y especialmente a los que codiciosos desean lograr una continua salud.
Va dividido en dos Partes;
una Astrológica, y otra Médica.
[ Madrid, enero 1690 ]
Hallaráse en la Puerta del Sol,
a la esquina de la calle de las Carretas, en la Librería.
[ Texto publicado en julio de 2026 por PFE, a partir del ejemplar conservado en la Biblioteca Capitolare di Verona –Sala Turrini, 1 · VII · 28– que perteneció al médico militar e historiador de la medicina Dr. Francesco Pellegrini (Verona 1883-1960).
© Fondazione Biblioteca Capitolare di Verona. ]
A la Sacra Católica y Real Majestad de la Reina Reinante N. S. Doña María Ana de Baviera, Condesa Palatina del Rhin, en el día de su Feliz Entrada en España.
SEÑORA
Dos Sciencias se juntan en este Papel, y vienen dadas las manos a postrarse humildes ante la Real Majestad de ese Sagrado Diadema. Celeste la una; Secretaria de las Estrellas: Humana la otra; Aya de la Salud. La primera, adivinó, y escogió a V. M. por Reina Reinante de las Españas, y ahora la promete dichosas edades, juntas a una próspera fecundidad, llevando consigo, por fiador, la Segunda, para que con el logro de sus dictámenes, le abone el suceso de tan felices Auspicios. No dudo, que la menudencia deste Volumen hará parecer muy corto el empleo de mis obsequios; pero la abultará la saludable intención, con lo provechoso; y podré blasonar de discreto, habiendo hallado traza de ofrecer a V. M. en breve epílogo, todo lo que necesita. Es verdad, que Dios, siendo justamente inclinado a los Monarcas, les entregó cuanto crió de regalo su liberalidad infinita, hasta avasallar a su Trono tantos humanos Albedríos, cuantos Individuos se les profesan por súbditos; y lo que no alcanza todo el Luminoso poderío de los Astros, permite, que se les caiga rendido a su Real obediencia; porque Astra inclinant; sed non cogunt. Solamente la Sucesión, y la Salud se guardó para sí; o para repartirlas igualmente, y sin distinción entre todos los Mortales; o para despertar también a los Reyes la memoria, cuando Enfermos, se ven forzosos a sujetarse obedientes al Médico; a fin, de que lisonjeados entre las Reales Magnificencias, no olviden lo frágil con lo Soberano. Y así, viendo que tiene V. M. el corazón dulcemente aprisionado del celo de la Religión entrambas a dos ofrezco a los pies de V. M. la Sucesión, con la predicción de la Astrología; y la Salud, con la cortedad de mis Médicas Advertencias. Con todo eso perdonará, si envío a V. M. estos rasgos Filosóficos en lugar de Epitalamios; pues he juzgado poco empeño de mi Retórica emplearla en Reales Elogios. No ha menester Antorchas el ardimiento del Sol; ni humosas Exhalaciones para encenderse la Luz; solo la Noche necesita de Estrellas, y de Relámpagos, para afeitarse algo la cara. Las personales Prendas de V. M. desbaratan todo lo Retórico arrastrando consigo, precisada, cualquiera alabanza. Sobran los Panegíricos a quienes sobran los Méritos; estos saben lucir por sí, sin las teas del Orador. Y así cerraré la puerta a la Elocuencia, dejando relumbrar por sí la altura del merecimiento; en el ínterin, que el Celibato del mayor Monarca del Mundo va en busca del nuevo Tálamo; porque estoy muy seguro, que encontrándose con las muchas Gracias de V. M. se verá obligada toda la Política de sus Reales agrados, a afectar este Himeneo, reconociéndolo tan grande, y singular, como costosa, y distante su elección; y sacrificando, aun la honesta codicia de sus deseos, con el Martirio de una larga esperanza. ¿Quién, pues, ahora podrá mejor consolar a esta Monarquía, y fertilizarla más con la Sucesión, que V. M.? Cuyos Hermanos Desposorios, no muy lejos desta Corte, hacen retumbar los Ecos genetliacos, y los regocijos de la Lusitana Corona, y una nueva preñez vuelve a multiplicar la Generación a otro más conjunto Diadema. Por lo cual, también estos Reinos, envidiosos, aguardan de V. M no solo que saque a luz la perezosa Posteridad, sino que hermosee también la valentía gloriosa de la Nación, animándola, con el ejemplo de tantas Vitorias Alemanas, y dándola aliento con el Bávaro desahogo, para que con igual intrepidez, en el Occidente, aprese la Águila Austriaca a todos sus enemigos. Ya a la venida de V. M. se zozobra la Luna Africana, presaga de sus Eclipses, y ya muchas Plazas Cristianas sacuden el bárbaro grillo, logrando vivas esperanzas de deber agradecer a V. M. todo el rescate de sus trofeos. Salga, pues, la generosa Hidalguía del Espíritu Español, a recibir a su más deseada Reina; que yo, con humilde rendimiento, adorando estoy su Trono.
S. C. R. M.
B. L. R. P. de V. M.
Su más humilde Criado.
José Gazola, Veronés.
Academico Alethofilo.
[v-xii]
Censura del Reverendísimo Padre Fr. Isidro de San Juan, Predicador de la Majestad Católica, Teólogo, y Examinador en el Tribunal Apostólico de la Nunciatura de España, y al presente Superior General de todo Su Sagrado, Real, y Militar Orden de Descalzos de nuestra Señora de la Merced, Redención de Cautivos.
Mándame V. S. que diga mi parecer sobre el Pronóstico, y Entusiasmos Físicos, que para el año que viene de 1690 saca a luz el celebrado Archisoplón de las Estrellas. Y habiéndose merecido tan seguro crédito, en los aciertos del antecedente Pronóstico; en este le continúa, y aumenta, con la misma seguridad, siendo su primer aspecto al norte fijo de la pureza de nuestra Fe; pues da principio a sus predicciones, Cristianamente discretas, y estudiosas despreciando los deliramentos, y errores de la incierta Astrología, cuyos vanos profesores, injuriando la sobrenatural Providencia, pusieron en el Cielo sus lenguas, y sus plumas, atribuyendo la gobernación de nuestras costumbres al influjo equívoco de las Estrellas; como si la hidalga naturaleza del hombre libre, a quien su Autor no violenta, pudiese obrar con la coacción de los brutos. Apóstata de sí misma, contra estos, dijo divinamente la dulzura de San Ambrosio lib. de interpelat. cap. 6. Hi nec Cœlo, nec terra parcere solent, ut cursu quodam Stellarum arbitrentur vitam hominis gubernari: nihil providentiæ, nihil bonis moribus derelinquunt.
Así demuestra el Autor la falibilidad, e incertidumbre de lo que en el libro de los Astros ha prevenido la curiosidad de su estudio, remitiendo la certeza de los sucesos a Dios, y a nuestro albedrío; y solo proponiendo en esta elocuente selva de sus Pronósticos, unos sucesos genéricos, que no inducen necesidad en los individuos: enseñanza que dejó el gran Tolomeo a sus Discípulos Astrólogos, in centiloquio propos. I. Astrologus non debet enuntiare rem particulariter, sed universaliter, ut quie minus rem videt.
También es digno de estimación, y alabanza el Tratado adjunto, en que nos ofrece medios fáciles para mantener la salud, sin rendirnos a la enfermedad continua de las medicinas de prevención; tan familiares a la deliciosa vanidad de los Cortesanos; que ya parece etiqueta, hacer por estar enfermos. Y aunque la Escuela de Salerno previno muchos remedios contra este abuso, más fácilmente los reduce el Autor a menos costa, y cuidado.
Y aunque introduce en este tratado algunas opiniones; unas anticuadas; y otras modernas, en que se opone a las Máximas Galenistas, no es reñir con los que las siguen, sino dar ocasión a que los estudiosos disputen: porque en estas doctrinas puramente Filosóficas, que ni tienen conexión con la Teología, ni con las operaciones Cristianas; cualquier ingenio ilustrado con la razón, y cultivado con las experiencias puede alcanzar nuevas conclusiones, que acaso se escondieron a los antiguos, como en la perfección, que cada día adquieren todas las Artes prácticamente lo vemos: Y así Séneca, instruyendo a su Lucilo para que volase en las alas de su proprio ingenio, y no sobre las ajenas de los antiguos Filósofos, pues esto no arguye ciencia, dino memoria: Quousque sub alio moveris? (le dice lib. 4. epist. 33) impera, & dic aliquid de tuo: aliud est enim meminisse; aliud scire. Quid ergo? Non ibo per priorum vestigia? utar quidem via veteri. Sed si planiorem invenero, hanc muniam, qui ante nos ista moverunt, non tam Domini nostri, quam Duces fuerunt.
Con esto significo mi dictamen, sujetándole al mejor; y debo decir a V. S. que puede servirse de mandar, que estos Entusiasmos se den a la prensa. En este nuestro Convento de Santa Bárbara de Madrid, de Mercenarios Descalzos, Redentores de Cautivos, día ocho de Diciembre de 1669.
Fr. Isidro de San Juan.
[xiii-xv]
Censura del Rmo. P. Juan Francisco Petrei, Catedrático de Prima de Matemáticas, Maestro de Erudición en el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús desta Carte.
M. P. S.
De Orden de V. A. he visto un libro, cuyo título es, Entusiasmos Médicos, Políticos, y Astrológicos del grande Archisoplón de las Estrellas; y digo, que es incontrastable ejecutoria en que gustosamente se descubre la noble curiosidad con que su Autor ha solicitado hermanar en provecho de la República, las noticias de la divina Astronomía, con el estudio de su insigne facultad la medicina, tan calificada aun en el texto Sagrado, de necesaria. Ha respetado su agudo ingenio s la venerable Ancianidad, y valídose de los grandes tesoros que nos franqueó la Filosofía de los Antiguos, pero no con lo adquirido en los siglos antecedentes, se ha persuadido, a que siendo inagotable el Océano de la Enciclopedia, quedaba todavía mucho que adquirir, y con eso, como feliz aventurero, empezó a surcar por diferentes rumbos, de bien logradas experiencias, los inmensos golfos de la Física. Penetró lo que encierran por de dentro la corteza, y las apariencias de la naturaleza, juzgando con Séneca, lib. 2. de nat. quæst. que si el hombre nace con ojos para ver la exterioridad nace racional, para alcanzar lo íntimo de los misterios del Universo: Nisi ad hæc admitterer: non fuerat opere prætium nasci.
Bien podía su erudición traer hartos aforismos de Astrología, y Adivinación; pero despreciándolos por no fundados, dice con él Héctor de Homero Iliad. m. a su Polidamas: Has minime menor; nec curo; sive ad dextrum, sive ad sinistram, que el verdadero, y mejor Pronóstico, es cumplir con la obligación, una acies optima pugnare pro Patria.
Todavía, paseando su vista perspicaz por estos Caracteres de oro, que el dedo de Dios tiene escritos desde el principio del mundo en los campos azules del Cielo, no se niega a la curiosidad, impaciente de saber lo por venir, en lo que la cuerda conjetura puede descifrar, y halla con la debida analogía los ecos, que en el Microcosmo de nuestros cuerpos hacen las revoluciones enérgicas del Macrocosmo, o mayor Mundo.
Hágansele, pues, las gracias, que un Filósofo rendía agradecido a la naturaleza; cuando tal vez corrido un poco el velo, permitía a su vista la de alguna parte de du retrete: Tunc naturæ veram gratias ago cum illam non ab hoc parte video, quæ publica est, sed in secretiora eius intravit.
Ninguna cosa he hallado, que disuene a nuestra Santa Fe, o desdiga de las buenas costumbres. Este es mi parecer. Salvo, &c. En este Colegio Imperial de Madrid a 10 de Diciembre 1689.
Juan Francisco Petrei.
[xvi-xvii]
[ Texto parcial contenido en un librito impreso en Madrid en 1690, formado por 170 páginas. ]