La nueva Medicina triunfante,
y venida del segundo Mesías, en la real,
y verdadera Circulación de la Sangre;
Para confusión de los ruines apologistas,
y de Don Diego Mateo Zapata.
Papel curioso, y necesario de que todos le vean.
Escrito por el Lic. D. Luis Spinardo,
natural de la Ciudad de Murcia.
En favor, y defensa del afamado, y grande
Archisoplón de las Estrellas.
Dedicado
a los eruditos, y sapientísimos Médicos
de la Corte de España.
[ Impreso en Valencia, a 13 de Abril, Año 1691. ]
LECTOR
Muy deseoso de ver mundo, y aprender alguna cosa en mi Profesión, anduve buena parte de Europa, y a la vuelta, vine a Madrid, para acabar unos negocios antes de restituirme a mi patria; pero como las cosas en la Corte, ordinariamente van despacio, por no saber adónde ir, me puse a leer los papeles, que ponen en las esquinas. Pasando, pues, un día por la Puerta del Sol, vi uno recién puesto, que decía: Apología en Defensa de la Medicina Racional de Galeno, en respuesta a unos Entusiasmos Médicos del Archisoplón de las Estrellas, de Don Diego Mateo Zapata, me causó mucha risa, y admiración el nombre del Autor, al cual luego conocí por ser mi paisano, y sabiendo que por Capón, más suponía que hubiese venido a la Corte para ponerse a Músico, que a Médico; compré el libro, y sin tener lugar de leerle, me fue preciso partirme a Valencia, y estando en ella, lo hice, y viendo la desvergüenza, con que habla; bien parece (dije entre mí) su Autor a la casta, y se le pudiera dar en la cara (si los desollados la tienen) lo que dijo el Padre de la Elocuencia Latina; pro Cornel. Non est genus suum dementitus; porque con Séneca qualis vir, talis oratio; y cada uno siempre habla como quien es. Pues ven acá, Semihomo (si a tanto llega en Capón) ¿todavía no sabes, que para desafiar a alguien, o con espada si es Caballero, o con la pluma, si Letrado, es menester tener iguales condiciones que el Adversario? Y de esta opinión son todos los que escribieron en tal materia; que por lo demás, nadie ignora, que el que no tiene que perder, se abalanza temerariamente a cualquiera riesgo: y así no tanto por reputación de la muy célebre Academia Aletófila, cuanto por el cariño, que debo a los Extranjeros, sacaré la cara en favor, y defensa del afamado Archisoplón, haciéndole ver al Zapata, que mus quoque linguam habemus, y la diferencia que va de uno a otro; y de más a más, que no sabe lo que se pesca en materia de Filosofía, y Medicina; con razones, y argumentos tales, que espero esta vez, humiliare calumniatorem, y darle a entender, como dice Cicerón a Salustio: Non procacitate linguae vitae sordes eluuntur, sabiendo muy bien, que el Archisoplón había hecho tanto caso de este Zapatillo, como de los primeros que gastó, porque Indus Elephantus non curat culicem: y que no querrá la subida pluma de un Aletófilo, bajarse, para escribir contra las niñerías de un Capón.
Pues si tengo de decir la verdad, conocí desde luego, que había algún gran pecado escondido dentro de su alma, y que Dios le había querido castigar, con quitarle el juicio: Quam Deus punire vult iudicio privat, por lo que sin poner tantas cédulas a las esquinas, bastantemente ha dado a conocer, que tiene vacío el cuarto de arriba, con querer hacer ladrar perros, que estaban dormidos; siendo ordinario de quien tiene ruin pleito, meterlo a voces; mas porque con el Asno modorro, el arriero ha de ser loco; por eso quebraremos el derecho al refrán de que en casa del Ahorcado no mentaremos la soga.
Todavía no me ha entrado en la cabeza, que un Capón, a quien no le va, ni le viene, tenga tanto atrevimiento, siendo conocido por todo Madrid por un cansadísimo mentecato, pues ya lo echan del Hospital General, por desvergonzado; ya por ignorante, lo multa en quinientos ducados el Colegio (caso que pulsé) que in facto esse, no es Doctor; nec infieri, ni lo puede ser, sin desdoro, y sin romper los fueros de la Medicina, y leyes del Reino, por duda, ne sapiat ad maternam radicem. ¿Y que un hombre de este género, sin ser asentado en el Martirologio de los hombres blancos, ya graduados en públicas Universidades, quiera desvergonzadamente tirar piedras en ajenos tejados, cuando tiene los suyos más quebradizos que el vidrio? ¿No sabe, que iam vi repellere licet: y que ex Iure Civili, & Canonico, la defensa es permitida? Más razón hubiera tenido este Capón en echar sus sátiras contra quien le erró la circuncisión, y que en lugar de raerle el prepucio, le hubiera cortado las aleluyas; sabía (quizás) las desvergüenzas que había de escribir; pero el remedio no fue suficiente. ¿Pues queréis ver a dónde llegó su desacato? hasta señalar el Real Patio por Teatro de sus desafíos. ¿Suponía, por ventura, que era el de Caifás, o de Pilatos? ¿A desafiar un Cristiano Católico, que le basta el ser Italiano, para que no se le hagan estas pesquisas? ¿Y la Bondad, y Grandeza de un Monarca Católico sufrirá, que un hombre de este género apunte los patios de su Palacio por Tribunal de sus satíricas desvergüenzas? Por cierto, que me causa horror la temeridad; y rabia, una tan escandalosa desatención. Ea, pues, Señor, abiscite eum in tenebras exteriores? Os lo enseña, y manda el Redentor; y reñidle en el quomodo huc intrasti non habens vesten nuptialem? que yo también, con todos los buenos Médicos de Madrid, exclamaré: Ya, en hora mala, bipedum nequissime? purga urbem? aequalem tibi uxorem quaere? Ahora nadie se admirara de los que habrán leído la Apología Zapatesca, de su mal hablar, que por lo demás, fuera pretender sacudir peras del olmo; como también si Don José Gazola, Caballero de las obligaciones, y prendas, que se sabe, no respondiere palabra a los desatinados desvaríos del Zapata, que por eso se me dará licencia, para que yo pueda con este papel darle en la cara, lo que merecen sus osadías; siendo nuestra obligación, y crédito defender al Archisoplón, para que sepan que nuestra hidalguía Española no solo, no da de mano a estas picardías, sino que las reprehende, y castiga, y que estimamos muchísimo sus libritos; antes nos hará muchísima merced, caso que tenga alguna curiosidad acerca de la nueva Filosofía, participárnosla, que tras la estimación, quedaremos muy agradecidos.
Verdaderamente había muchos días, que se estaba aguardando esta Apología; y por no conocer todavía quien era el Autor, me causó algún género de curiosidad, y más por haber estado quince meses en responder a cuatro pliegos de papel, suponía el ver algún nuevo monstruo de la Grecia. Por fin, y postre parió el Zapata este quincemestre parto Apologético; y desengañado vi, que fue más el ruido, que las nueces, y que Esopo podía bien en el frontispicio de esta Apología volverle a pintar el Ratón, que sale del preñado de una montaña, con el mote, Parturiunt montes, nascitur ridiculus mur. Ahora sí que nuestro Zapata merece la Secretaría del Despacho en la Covachuela de los Galápagos, que por eso me he dado prisa a sacar a luz este papel, para que al tiempo de las calabazas pueda salir la respuesta; y más, que no he dejado de mezclarle algo de picante, para darle más motivo, de lo que tuvo para escribir contra el Archisoplón: pues cualquiera que haya de volver a leer sus Entusiasmos, conocerá bien aprisa, qué otro que el Zapata podía ser el Apologista: porque no podía el Archisoplón hablar con más recato de los buenos Médicos de Madrid, haciéndoles, por decirlo así, a cada uno de paso un Elogio. De este modo empieza la primera advertencia, y acaba la segunda; y en el fin del proemio, dice estas formales palabras: Que la advertencia, que daba de conocer los buenos Médicos de los malos aquí era demasiada, por ser la mayor parte hombres escogidos, por su mucha sabiduría, y experiencia, y que solo estaba hecha contra los Vagamundos, y Saltimbancos; cuyo Jefe viene a ser nuestro miserable Capón, porque si hubiera sido de los buenos, y verdaderos Médicos, fueran disparatadas, y sin propósito las quejas; pues en lugar de decirle un viva v. m. muchos años por la honra, que nos hace, le corresponde con palabras pesadas. Tampoco podía tomar motivo, de que como Extranjero quisiese introducirse en la Corte por Médico, y quitarle la ganancia; porque a él no se le da seis caracoles (como dicen) de toda la Medicina: si hubiera querido arrimar la espada a una parte, y hacer de él Médico, sé que no le hubieran faltado visitas, por la introducción que ha tenido, y tiene en muchísimas casas de Señores; antes bien en su libro habla de sí mismo con tanta modestia; ni aun atreviéndose a bautizar por Médico, cuando lo pudiera hacer, por estar graduado en la muy célebre Universidad de Padua, como consta de sus privilegios, apenas declarándose, Catecúmeno de la nueva Filosofía, cuando aquí pudiera abrir Escuela para enseñarla. Y en fin, como dice el mismo Autor en la pág. 40, asevera, que toda su intención ha sido, ni de menospreciar a los buenos, ni aplaudir a los ignorantemente malos; sino de despertar a los Estudiantes, para que no estén tan pegados a la Antigüedad; y que es tiempo, que una vez salgan de los añejos, y toscos pañales de la Medicina. Últimamente, para que no os canséis en andar en busca del motivo, que tuvo el Zapata, para responder al Archisoplón, ya me parece haberlo alcanzado, y es, que como no le quieren admitir al Examen por padecer mal de costado, y tener tan delgados, y diáfanos los cascos, como se conoce de su Apología, pareciéndole, que respondiendo a todos los papeles de Extranjeros ha de poder alcanzar algún merecimiento, y crédito con los Médicos del Colegio; pues pocos días ha que escribió también contra Don Juan Bautista Juanini, Cirujano de S. A. quisiera el desdichado medrar de este género; mas no sabe, que non sunt facienda mala, ut eveniant bona: figurándose, por ser Extranjeros, que habían de cederle la plaza; y conociendo la ventaja que tiene entre sus Nacionales; pues como dice Séneca: Etiam Gallus in suo sterquilinis multum potest; empezó también este Capón a cacarear en su muladar; con todo eso poco riesgo podían correr, aunque fueran Gallinas, con un Capón, y así todas sus mañas, y tretas consisten, en querer engañar el vulgo, para que le estimen, lo que no es, ni puede ser, imitando a la sagacidad del Africano Psafón, el cual deseando ser adorado por Dios se valió de esta treta; compró muchas Aves de las que aprenden a hablar, y no les enseñó más que a decir Psafón es Dios; los Africanos oyendo esto, y ignorando la industria del picarón, le tuvieron, y adoraron por Dios. Lo mismo parece quiere hacer Zapata con este libro, valo repartiendo a los Barberillos, y Oficiales de Botica, y a otros de este jaez, para que vayan diciendo: Zapata es un gran Médico, que como gente de primera aprehensión hablan como los Papagayos; que sujetos de otra graduación, así que entró en la Corte, le conocieron por grandísimo ignorante mentecato: y para que todos vean, que esto no es malignidad, ni mentira, pasaré a responder a su necia, y desatinada Apología Zapatesca.
[ páginas 1-4 ]
Pruebas en que se ve, que no es lo mismo ser Galenista, y Médico Racional; y que estos Médicos Zapatas no son uno, ni otro, ni de alguna manera Médicos.
Son tantos los disparates, que ha escrito este Capón en su Apología, que para numerarlos, bien se puede exclamar con Luciano: Quod primum, aut ultimum? Y así, para no hacer de ellos un libro tamaño, responderemos solamente a algunos de los más recios, y más visibles, para que el vulgo, con quien gasta todas sus mañas, y tretas, eche de ver, y confiese: Visu, verbo, & opere, lo Majadero, y Mentecato, que es el tal Zapata. Mas porque non sunt multiplicanda entia sine necessitate; nos iremos luego en busca de uno que sea tan grande, y disparatado, que con responder a este solo, se haya respondido a toda su obra, que poco trabajo nos ha de costar para alcanzarlo; pues basta quitar el cutis, o abrir los pergaminos al libro, que en las primeras palabras del título hay uno, que tiene tanto diámetro, que por lo extenso, pudiera servir de sombrero a toda la superficie del Globo terráqueo; y es, que intitula esta su sátira; Defensa de la Medicina Racional de Galeno. Ahora con este título tiene obligación el Zapata de probar, que lo que contiene el libro del Archisoplón, sea opuesto a la razón, y que solo su Apología, sea Racional, por conformarse con las doctrinas de Galeno. Pero si yo probara, que todo lo que contienen los Entusiasmos Médicos del Archisoplón, estriba sobre la razón, y que la Apología Zapatesca es tan opuesta a ella, como el día a la noche, ¿no habré luego ganado el pleito? Y se sacará por evidentísima consecuencia, que el título de eta Apología, había de ser al contrario, y decir: Defensa de la Medicina irracional, contra la Racional de los Entusiasmos: porque fuera grandísimo desatino de un Pintor, al cual después de habernos pintado al natural un jumento le escribiera después a los pies: Este es León. ¿Qué tiene que ver el uno con el otro? Nomina conveniunt rebus. Pero vamos a la prueba: ¿Qué quiere decir Racional? Esto no es menester preguntarlo a hombres de juicio, sino a Don Diego Zapata, y le obligaremos a decir, que Racional, no significa otra cosa, sino la que se conforma en todo, y por todo a la razón. ¿Las doctrinas de Galeno son conformes en todo, y se ajustan todas, a la razón? Probaremos que no: Luego no serán todas racionales; y quien estuviere en todo, y por todo pegado (como dice el Archisoplón) a todas ellas, no será Médico Racional. Veamos ahora las ideas, o Entusiasmos del Archisoplón cuáles son. No seguir opinión alguna, sea de cualquiera Autor, sino aquella que se conformare con la razón, y experiencia: y esto se lo enseñó Horacio: Nullius addictus iurare in verba Magistri, que por eso en las página 25, dice: Harase hijo de la razón, y experiencia, quien quiere ser Médico Racional, y que los pareceres de los hombres, desde los primeros siglos, fueron vasallos del engaño. Y más abajo: Que amancebados, no debemos correr tras el parecer de nadie. Y en otro lugar: Que todos los pareceres son embustes: salvo uno, que es el mayorazgo de la razón, y experiencia: y así va discurriendo en todos sus Entusiasmos. ¿Quién habrá ahora, que no confiese, que la Medicina del Archisoplón, sea la Medicina verdadera, y racional, y la que todos debieran seguir; pues como Académico Aletófilo, y amante de la verdad, tanto sigue a los Antiguos en lo que debe seguirlos; como se aparta de los modernos, en lo se debe apartar, igualmente estimando los unos, y los otros? ¿Queréis ver, que es así? vámonos a ver la pág. 12 y 21, y lo oiremos decir: No hay que fiarse más de los Antiguos, que de los modernos; y más abajo; que no quisiera ser tachado de maligno, y menospreciado de nuestros Antepasados (como indignamente lo hace el Apologista Capón) no dejando de merecer mucha alabanza, en todo no hayan acertado, y de esto los compadece, achacando solo aquellos, que porfiados los siguen en sus desaciertos. Y en la pág. 31, dice: No todos los modernos son buenos; todavía les falta muchísimo, que alcanzar; y en la pág. 31, dice: Parece determinado, que ni los puros Galenistas, ni muchos de los modernos serán buenos, si no aquellos, &c. Dígame ahora cualquiera de sano entendimiento: ¿El Archisoplón podía más hablar de Filósofo, con más discreción, y modestia; y más desapasionadamente hacerse conocer lo Aletófilo que es? Conozco yo también, que bastarían las sobredichas razones, para dejar hecho gigote toda la Apología Zapatesca. Con todo eso, adelantémonos aún más, para desenredar del todo, y allanar esta máquina Apologética, con los aprietos de mayores argumentos; y hacerle ver, que no es lo mismo ser Médico Galenista, que Médico racional; porque para probarme eso, es preciso hacerme creer, que Galeno haya sido el quinto Evangelista; y que lo que ha dicho Galeno sea todo verdad; y entonces será un argumento demostrativo, que es lo mismo ser Galenista, que Médico racional. Pero sé que nadie se atreverá a decir este grandísimo disparate; si no fuere el Generalísimo de los Locos Don Diego Mateo Zapata: Que Galeno no haya sido un gran Médico en su tiempo, nadie le quitará la reputación ni dirá al contrario; pero pace tanti viri; nadie dejará de conocer, y confesar, que también ha escrito muchísimas cosas, que ahora se han descubierto falsísimas y el mismo Galeno, si viniera al mundo (sabiendo el hombre sabio, y discreto, que era, y deseoso de buscar la verdad) dijera lo propio, y se volviera de otra opinión: porque sapientis est mutare consilium. Ni imaginéis, que yo solo no venga con todas las doctrinas de Galeno; pues si quisiéramos juntar todo lo que está escrito contra él, desde que sacó a luz su Medicina, hasta el día de hoy, pudiéramos, sin encarecimiento alguno hacer una librería más voluminosa, que la del Escorial: sin embargo dejemos todo eso, y vengamos a citar alguna opinión de Galeno, que no habrá hombre tan tonto, y tan majadero, por Zapata, que sea, la cual luego no la deteste, y refute por falsa, y será la de la mortandad del Alma; creyendo, y enseñando, que nuestra alma no consistía más, que en la sangre; y esto se puede ver en muchas partes de sus obras; y ningún Galenista (si lo hay, que sea amigo de decir la verdad) podrá negarlo. Luego si ha podido engañarse en una cosa tan evidente, que no hay Filósofo Gentil, que no confiese nuestras almas inmortales, ¿cuánto más se habrá podido engañar en cosas de menor claridad? Cuánto sea fácil engañarse en la que depende de la humana conjetura, que después se descubre ya acaso, ya con repetidas, y varias experiencias, lo abonarán los mismos Santos de nuestra Iglesia Romana con las obras, que nos han dejado impresas en materia de Filosofía, San Ambrosio dijo, que no había Antípodas; y si ahora volviera al mundo, se pudiera embarcar, y pasarse con las Flotas a las Indias, que no solo los viera, sino tratara con ellos. Ni a verdadero Filósofo Católico le causara admiración, oír refutar opiniones de Santos, pues hasta en materia Teológica, con que no sean Artículos de la Fe, se les puede contradecir, asistidos de una tal cual mayor probabilidad. Luego en la Medicina de Galeno, que toda es conjetural, ¿no se le podrá refutar un texto? ¿Y se habrá en todo, y por todo de seguirlo, sin apartarse una tilde de sus doctrinas, y morir Mártir, como dice el Zapata (que no podía ser otro) por defenderlas? Estas son las formales palabras en la pág. 47, de su Apología: Que por conocer la doctrina de Galeno tan cierta, e indubitable, gustoso perdería hasta la vida, para conseguir la Corona del Martirio por su defensa. O Bæticum ingenium! ¿Habéis oído jamás semejante desatino? Sé bien, que aquellos Antiguos Paganos adorando a Esculapio, por Dios de la Medicina, en el Templo le sacrificaban un Gallo; pero que ahora haya un Capón, que quiera martirizarse por Galeno, ¡es cuanto cabe en la necia presunción de un ignorante porfiado!
De todo lo arriba dicho se infiere demostrativamente, que estos puros Galenistas no pueden ser Médicos racionales, sino aquellos que discretamente siguieren los dictámenes del Archisoplón, no haciendo caso de autoridades, así de antiguos como de modernos, sino de las que se conformaren a la razón, y experiencia; porque como Aletófilo debe decir: Amicus Plato; amicus Socrates; sed magis amica veritas. Y que la verdad no la ha descubierto toda Galeno, ni los modernos, ni nosotros; y así se puede abonar con la ep. 33 de Séneca, que Patet omnibus veritas: nondum est occupata; multum ex illa etiam, futuris relictum est; porque como dice en otro lugar: Involuta veritas in alto latet.
Amigo, y benigno Lector, verdaderamente Filósofo, Médico, o lo que fueres; aunque con Plauto, res in faro nostro vertatur. Al Archisoplón, ¿no debemos dar la victoria, y laurel de este pleito, y borrar el título de Racional a esta Apología, palpando visiblemente cuán lejos va de la razón la loca intención de su Autor? Sin embargo para darle otro más recio golpe a las desvergüenzas del Capón, quiero le concedamos esta grandísima mentira; esto es, que el Médico puro Galenista sea Médico Racional, y si yo probare, que estos Matasanos de Zapatistas tampoco son Médicos Galenistas, ni Hipocráticos, ¿no quedaréis satisfechos, y fuera de escrúpulo, para bautizarlos (caso que no lo estén) por verdugos domésticos, que nos matan? Vamos a la demostración. ¿Qué cosa es ser Médico Galenista? A mi parecer, no es otra cosa, que seguir las doctrinas, y preceptos de Galeno en cuanto a la teórica, y su método de curar en cuanto a la práctica: Luego en probando yo, que no hacen ni uno, ni otro, bien claro estará, que esta casta de Médicos no son Galenistas. ¿Pues cuáles serán los preceptos de Galeno, que no observan estos, que blasonan tanto ser sus secuaces? Lo primero que les manda Galeno, comentando el libro 1, de morbis de Hipócrates, es que sean Astrólogos, intimándoles, si no lo fueren, que no solo se apartaran de sus doctrinas, sino también de las de Hipócrates, y por consecuencia, ni serán Médicos Hipocráticos ni Galenistas. Y si se quiere ver la obligación que tiene el verdadero Médico de ser Astrólogo, mírelo probado en el Archisoplón del año de 1684 y en la doctísima Aprobación del Padre Mejía de la Compañía de Jesús, o se puede ver en el Almanac de este presente año de D. Gregorio Aranda, profesor de Matemáticas. Además, Galeno les encomienda el estudio de la Anatomía. Pues pregunto, ¿estos Zapatistas son anatómicos? Que no lo son basta por prueba, que nieguen circulación de la sangre, porque no hay Anatómico en todo el Orbe, que no la confiese, y no la apalpe con innumerables experiencias. Ni consiste el hacer Anatomía abrir el vientre a un cadáver, ni ver dónde está el hígado, los riñones o el bazo; pues en Italia, y en Francia, adonde verdaderamente se estudia la Anatomía, solamente en la de la cabeza gastan más de un mes; y ha llegado a tanto su especulación, que de un cuerpo humano sacan en un pedazo todas las venas; en otro las arterias, y en otro los nervios, como lo he visto muchas veces, tendido sobre una mesa. ¿Tendrán ánimo éstos Zapatistas de hacer eso? Creo, que ni aún los huesos sabrán separar y colocar en su lugar. Vamos aún más adelante. Galeno les manda el estudio de conocer las hierbas: ¿Los Zapatistas, que por las doctrinas de Galeno quieren ser Mártires, lo hacen? ¡Válgame Dios por tantas hierbas! pues juzgo son tan ignorantes, que aun las Ortigas no conocen. Vayan a Italia, o más cerca a Francia, y verán huertas, donde les enseñarán tres, o cuatro mil géneros diferentes, que con cuidado cultivan, conduciéndolas de todas las partes del mundo; y yo les he remitido muchas simientes de España, y he hecho venir otras de las Indias. ¿Adónde está en Madrid la Huerta de los Médicos Zapatistas? ¿Será quizás la Huerta que está a la Puerta de Santa Bárbara, que llaman de España, adonde no se coge más que berzas, y nabos? ¡Oh pobre Medicina, qué mal tratada te hallas! Bien te podemos llamar, con el mismo Hipócrates: Propter ignorantiam eorum qui te exercent artium vilissima. Estos son los Médicos Galenistas, que blasonan tan amartelados por las doctrinas de los Antiguos, sin ser Matemáticos, Anatómicos, ni Boticarios, apartándose en lo más esencial de sus enseñanzas. Ea, pues, dejemos tantos preceptos en la teórica, que no solo no cumplen con observarlos, sino que también (quizás) por menos trabajo de estudiarlos, menosprecian y vilipendian; y veamos si a lo menos siguen a Galeno en la práctica, y los hallaremos tan lejos de esto, cuanto que no hacen cosa que les enseña. ¿Dónde están estos baños, que tanto encarece Galeno para remedio de tantas enfermedades? ¿Dónde los vomitorios, tan usados de los Antiguos? ¿Donde las arteriotomías, con las cuales Galeno curó tantos achaques? Ni por entre sueños les pasan: siendo así, que en Italia son cosas tan ordinarias; que en España fueran de más provecho, que en cualquier parte del mundo. ¿Cómo se observa aquel precepto de Galeno, de que a nadie se sangre antes de catorce años, y después de sesenta? Vamos, pues, por las Boticas a examinar sus recetas, que estoy seguro, que muy pocos remedios hallaremos en ellas, que sean de Galeno, o de Hipócrates; y aunque se declaren enemigos de la Química, veremos que no pueden dejar de servirse, ya de sales, y extractos, ya de magisterios, y quintas esencias, y ya de otros mil géneros de remedios, que a Hipócrates, ni a Galeno no les pasaron por la imaginación. ¿Son estos los Monos (tan religiosos) de Galeno, que tanto se precian de seguir, al pie de la letra, sus doctrinas? Demás de esto vemos, que ni en la práctica, ni en la teórica son legítimos Galenistas. ¿Pues de qué casta de Médicos serán? Ya hemos probado, que no son Racionales, Galenistas menos, tampoco Químicos, o Modernos, que ya lo confiesan con su misma boca, antes los detestan; y así me preguntarán, ¿qué género de Animales, son estos Matasanos Zapatistas? Más abajo lo diré; vamos a ver lo que hacen los Ministros de Justicia con un delincuente cuando le prenden: Parece oigo decir, que prenden a un hombre, por haber hecho una muerte: ¿Y no ha hecho otra cosa? Y qué me responden los Ministros: ¿Os parece poco un homicidio, que es un delito inmediatamente contra las Leyes Naturales, Políticas, y Divinas? Tenéis razón en cuanto a esto; ¿pero vosotros no representáis la Justicia? ¿y tanto rigor contra este pobre hombre, que quizás, o por propia defensa, o por alguna causa lo habrá hecho? ¿y a tantos Médicos Zapatistas, sin causa los dejáis ir cada día matando por las casas, y por ventura en las vuestras, y a vosotros también, si les ofreciere la ocasión, y a estos no solo no los castigáis, mas encontrándolos, les quitáis la gorra? Ea, pues, si es así, señores Guapos, ¿para qué tantas vueltas de coletos de ante? ¿Para qué tantos broqueles, y cuchilladas? Si tenéis tanta gana de matar a vuestros enemigos, ¿no es mejor poneros a Médicos Zapatistas; que no solo sin riesgo de la Justicia, y de la propia vida podéis vengaros; sino descansando sobre una mula, os pagarán a reales de a ocho de la nueva fábrica vuestras recetadas cuchilladas? Pues qué, ¿pensáis es tan dificultoso el arte del medicar a lo Zapatista? más aprisa os prometo aprenderéis, y con más facilidad, su modo de curar, que a jugar la espada; porque en quince días me obligo a cualquiera de vosotros, con que seáis medianamente Latinos, a enseñaros su arte, de calidad, que cada cual pueda llegar a ser el Protomédico de estos Matasanos. Y porque no imaginéis ser esto patarata, escuchadme atentos. Primeramente habéis de saber, que para ser Médico Zapatista, no habéis menester saber Matemáticas, Astrología, ni entender de hiervas, y de Química, ni de Anatomía, porque la que estos estudian, cualquier día, que quisiéredes en tres horas, os haré grandísimos Anatómicos Zapatistas: porque toda su dificultad, y sabiduría consiste en que toméis de memoria doscientos renglones de Aforismos, y autoridades de diferentes Autores, que yo os dijere; esto es, treinta, o cuarenta Aforismos de Hipócrates, de los más usuales; otros tantos textos de Galeno; y las demás autoridades, ya de Avicena, ya de Cornelio Celso, ya de Mercado, y Valles, &c. En cuanto al conocimiento de los males, poco os habéis de romper la cabeza, porque el mismo enfermo, o las mujeres, que le asisten, os dirán, qué mal es; y ajustándose con su parecer, os canonizarán por un gran Médico, porque no dejan de conocer algunas veces, que también ellas pueden ser Doctoras. Y después en estos quince días, viniendo a practicar conmigo, también os enseñaré algo de eso, y cómo habéis de tomar el pulso. Para saber decir al enfermo las causas del achaque, con algunas de las siguientes, le podéis dejar satisfecho; pues, o que serán flatos, o vapores, que de las partes inferiores suben a la cabeza, o obstrucciones de los hipocondrios, y mesenterio, o opilaciones del bazo, o del hígado, o fluxiones, que caen en las partes inferiores, por destemplanza del cerebro, o que el estomago no hace bien su cocción, que por esto engendra crudezas; añadiéndole siempre su poquito de Gálico, con su parte de pesadumbres, y melancolías, que con estos disparates, aunque verdaderamente no sean la causa del mal, pero con el ayuda de costa de algún texto decorado de Galeno, sea el que fuere, seréis estimados por grandes Médicos Zapatistas. ¿Queréis ver ahora, cómo sois Doctores, y Protomédicos? Vamos a la prueba. ¿Mirad quién es, que siento ruido a la puerta? Es un recado de D. Fulano, que os envía a llamar, que ha caído malo: Luego tendréis la mula pronta; la primera visita, en saliendo de casa, ir a la del tal enfermo; y apenas habréis entrado, cuando os saldrá al encuentro alguna mujer, que os dirá, cómo a Fulano le ha entrado un poquito de calentura, que por eso os ha enviado a llamar, antes que el mal se adelante. Llegando a la cama del enfermo, y tomándole el pulso, diréis: Es verdad, tiene un poquito de calentura; y entonces echadle dos, o tres Aforismos, o textos de Galeno, que con eso el enfermo, y asistentes quedarán contentos de la visita: acerca de los remedios, por aquel día, ordenarle un ayuda casera, y un poco de gigote de ave: que viendo después como pasa la noche, por la mañana iréis a verlo: y caso que a la mañana crezca la calentura, recetarle su sangría, y citarle su autoridad Latina; la sangría, ya sabéis, que ha de ser del tobillo. Los días siguientes, caso que durare la calentura, y vosotros recetareis, cuando sangrías, cuando ayudas; y si quisiéredes matar a alguno, continuaréis las sangrías, porque con aquel texto de Galeno, del usque ad animi deliquium, podéis matar hasta el gigante Goliat: y caso que solo queráis darle cuatro cuchilladas, basta dos, o tres sangrías, que cualquier enfermo, siendo mozo, puede llevarlas sin morirse, y de este modo alargaréis la cura. Por fin, y postre, la naturaleza, aunque lo hayáis curado mal, superará vuestros disparates, y si le quedare, o tos, o un poco de jaqueca, hasta cuatro fuentes se les puede ordenar; que si con estas no sanare, a lo menos dirán, que le habéis hecho todos los remedios posibles de ayudas, sangrías, fuentes, y otros remedios, que en estos quince días os habré enseñado a recetar; y así dejándolo achacoso, no os faltará que ganar, mientras viviere; porque todas las Primaveras, y Otoños lo aconsejaréis se purgue de prevención. Y de este género ganaréis dinero, mataréis a quien quisiereis, y seréis tenidos por Doctores. Y en caso que se ofrezca hacer una junta, ya sabréis Aforismos, y autoridades, que acotar; y después entre vosotros, no os faltará qué discurrir, o de vuestras mulas, o si vale barata la cebada. Decidme ahora, señores Guapos, que habéis llegado a ser Médicos Zapatistas, ¿no es más fácil, y de más provecho, y seguridad, el hacer del Médico, y poder libremente matar a cualquiera, que andar bulliciosos toda la noche rodeando por Madrid, con tantos riesgos, ya de perder la libertad en una cárcel; ya de ser desterrados; ya de perder la hacienda, y también la propia vida; y de este género hacer mofa de todos los Ministros, que encontrándolos, no solo os castigarán, sino que con mil cortesías os enviarán con la Madre de Dios? Pues esto no juzguéis, es puramente fantasía, o fábula, porque cada día sucede al pie de la letra, y para matar, os valdrá más ser Médicos, de los más ruines, y ignorantes, que Grande de España de primera clase, y Nobleza. ¡Oh pobre Justicia, cómo eres administrada! A los que merecen tantos castigos, ¡se dejan sueltos, y libres! Delante del Tribunal de Dios os aguardo: ahí daréis estrechísima cuenta de tantas muertes, que por vuestro descuido se habrán cometido; ni os valdrá excusaros, diciendo, que no habéis conocido a estos homicidas domésticos; porque saldré yo entonces con este Memorial, en el cual os he hecho ver, que estos Zapatistas, lo primero, no son Médicos Racionales; lo segundo, ni Galenistas; lo tercero, ni Modernos, ni de alguna manera son Médicos, sino unos brutos, devoradores de carne humana. Ea, pues, todavía es tiempo, que acudáis a remediar esta doméstica pestilencia. Ya tenéis el ejemplo de los Romanos, los cuales, viendo las innumerables muertes que sucedían cada día con sus Médicos, los echaron de la Ciudad, y estuvieron seiscientos años sin ellos; y desde que salieron desterrados de Roma, calcularon, que era muchísimo menos el guarismo de los muertos. Y Vos, señor Corregidor, que tenéis tanto cuidado de la limpieza, por qué no mandáis, que en pasando por las calles de los Médicos Zapatistas, los echen encima de la basura de los carros, que os prometo, que de este modo limpiaréis más, para nuestra salud, que con todo el gasto, y red barredera de tantos limpiadores.
Con las razones de arriba, creo haberos puesto en las manos la piedra de toque, con la cual desde luego podréis distinguir los buenos Médicos de esta Corte, de los ruines Zapatistas. Lo que ahora falta, es, que nos acerquemos a estas tan encarecidas oposiciones del adversario: y no dejaremos de ver, que es una naturaleza, y propiedad quarto modo de los Críticos, reparar siempre las motas en el ojo ajeno, y no las vigas que tienen atravesadas en los suyos; y como ignorantes, menospreciar lo que no entienden, glosando siniestramente los libros, para menguar el crédito a sus Autores, atropellándoles el sentido con sus engaños, encareciendo al vulgo unos yerros, por pequeños que sean, para parecer verdaderos Apologistas, y defensores de la virtud codiciosos de traer a sí, lo que indignamente usurpan al ajeno merecimiento. ¡Oh como le hieden al Zapata las prendas forasteras! Quisiera este pobre Cascabel arrastrar hacia sí aquella fama, que alcanzó con sus estudios el Archisoplón, y no sabiendo por adonde embestirle, anduvo haciéndole en cada renglón mil pesquisas, para zaherirle adónde falta la tilde, o la cedilla; y gasto más tiempo en fiscalizarle la Dedicatoria del libro, que en la 3, 4, 5, 6, y última advertencia de sus Médicos Entusiasmos; dándoles un transeat muy de prisa, como si dictámenes de conservar la salud, importaran menos reparos, que unos escrúpulos de Ortografía. Desde las primeras hojas del libro, empezó a vomitar el veneno de sus sátiras, desmandándose en la cortesanía, con pensamiento, de apoyar todo su crédito, con deslucir el ajeno. En eso se dio a conocer lo Zapata, que era; imitando cabalmente a los Zapateros, los cuales, adonde no alcanza la suela, procuran tirarla con los dientes. Pero volvámonos a la Apología: que si esta vez no reventáis de risa, será milagro de una Heraclitísima continencia. ¿Sabéis, pues, adónde tacha al Archisoplón? en que no sabe hablar Español. ¡Oh pedazo de Bestia, aún menos racional, que el Rocín de Sancho! ¿Quieres que un Italiano, en pocos meses, sepa escribir tu lengua con la perfección, que un Natural? Nadie ignora, que por Estudiante que uno sea, para hablar lenguas extranjeras con todo el primor, que se debe, dificultosamente, después de muchísimos años, podrá alcanzarlo. Por lo cual los hombres sabios, leyendo algún libro, no reparan en menudencias, ni adonde falta la coma, o el puntillo, porque Philosophi non curant de quantitate syllabarum: sabiendo que todos los libros, por muchas fes de erratas que tengan, siempre hay cincuenta mil disparates en materia de Ortografía, como también se puede observar en la misma Apología del Zapata. Cuando se lee un libro, se mira al discurso, al sentido, a la discreción; lo demás se deja a los Críticos, para que gasten el tiempo en buscar cinco pies al gato. Con todo eso, para que se conozca lo ignorante, que es el Zapata: Nec dignus qui illi matellam porrigas, quiero que le demos en la cara con lo mismo, de que injustamente achaca el Archisoplón, para hacerle ver, que entiende muy poco de nuestra Ortografía; aunque tanto blasone con un Extranjero de Corrector de Imprentas. ¡Qué reprehenda al Archisoplón porque escribió (sciencia) con S! Yo he leído muchísimos Autores Españoles, de los más Clásicos, y he reparado, que los más escriben esta palabra (sciencia) como aquí: y para enseñarle al Zapata el A. B. C. le diremos también la razón. Todos saben, que nuestra lengua Española es hija de la Latina, y todos los buenos Autores, que han escrito en nuestra Ortografía, enseñan, que cualquiera palabra, que viniere inmediatamente de la Latina, se puede, y será mejor escribirla Latinizada. Y quien no le creyere, vaya a preguntarlo al Colegio Imperial al Maestro de Erudición. Mas ¿para qué nos cansamos en cosas de tan poca monta, y tan ajenas de un Filósofo? Pues, no in alieno choro pedem ponamus; adelantémonos a ver, si encontramos alguna oposición digna de nuestros reparos, que será, la de la Circulación de la Sangre, que esta caterva de Médicos Zapatistas, como ignorantes del Anatomía, todos concordemente la niegan: y tienen razón de porfiar en eso; porque concedido este circular movimiento, cae asolada la Antigua Filosofía, estribando sobre ese fundamento casi toda la Medicina. Y así siendo tan importante el examen de este punto, emplearemos nuestros cuidados en él; porque si fuera una quimera, como dice el Zapata en la pág. 59, todos los Modernos serán embusteros, y ignorantes, y también el Archisoplón; pero viceversa, si se descubriere verdadera, serán los Modernos hombres doctísimos, y un gran Estudiante el Archisoplón, y tendré yo razón de haber bautizado a todos los Médicos Zapatistas, por unos ignorantes porfiados.
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Pruebas experimentales, y demostrativas de la Circulación de la Sangre.
Son tan malignos, y envidiosos estos Médicos Zapatas de la ajena estimación, que para no hacer justicia a desvelada industria, y cuidado de los Modernos, dándoles las alabanzas, que merecen, por habernos descubierto el circular movimiento de la sangre; más quieren (con bautizarlo por una quimera) pasar por embusteros, y ignorantes, que acreditarse discretos, confesándolo verdadero. Que el negar la realidad a estos nuevos hallazgos sea argumento, y señal de una grandísima ignorancia, se lo dará en cara su gran Maestro Hipócrates, en el libro de Arte, adonde dice: Ea, quae ab aliis inventa sunt, inhonestis artificiosis verbis carpere, non scientia, sed petulantis naturae, & ignorantia medicorum est: quæ enim a doctis, & peritis inventa sunt, imperiti calumniari solent. Y así tuvo razón el Doctor Cabriada, de llamar nuevo Sol a la circulación de la sangre; antes anduvo muy corto en semejante cotejo, porque yo más atrevidamente quiero bautizarla por el segundo Mesías; y si la venida del primero nos redimió de la esclavitud, en que nos puso la primera culpa de Adán: la venida de este segundo puede rescatarnos del vasallaje de muchos males. Ni me admira, que haya Médicos Zapatas, que no crean en la venida de este segundo, cuando hay tantos de ellos, que todavía porfiados se oponen a la realidad del Primero. Pues para que no os parezca demasiado este cotejamiento, me valdré de las mismas razones, y argumentos, con que se convence a los Hebreos, de la venida del primero Mesías, para probar a los Médicos Zapatas la venida de este segundo. Las mayores pruebas, con que se les aprieta a confesar la venida de Cristo, se hallan en los libros de sus mismos Profetas, y antiguos Rabies; porque Dios, como infinitamente misericordioso, quiso muchísimos años antes prevenírselo, con muchísimas profecías, para que no pudiesen alegar ignorancia de no conocerlo, y adorarlo, como Maestro, y Reformador del Viejo Testamento. ¿Pues cuáles son los Profetas de estos Médicos Zapatas? No quiero sino que ellos mismos me los nombren, no pudiendo ser otros que Hipócrates, Galeno, y Aristóteles; porque deseo hacerles ver, con estos mismos, la circulación de la sangre. Veamos antes de todo, lo que dice en el libro de dieta la gran Sibila de Cos, Hipócrates: Circuitus in corpore est, & ubi íncipit, in eodem definit. Y en el libro de ossium natura parece que también enseña la circulación de la sangre, con estas palabras: Vena per corpus diffusa, & spiritum, & fluxum, & motum exhibent, ab una multae germinantes; verum & haec una unde oriatur, & ubi desinat, non scio; circulo enim facto, principium non invenitur. ¿Puede hablas más de Profeta, y más a propósito de este portentoso invento? ¿Qué cosa dice la Sibila del Peripato Aristóteles? Primero, en el libro de Iuven. & Senect. cap. ult. Dixit: Necesse esse sanguinem continuo effluere ad cor, propter perpetua motionii incrementum. Y en el cap. 2, del mismo lib. Sanguinem natum esse, ut sursum, & deorsum moveatur. Y no contento de haber profetizado tanto, en los Problemas dice lo mismo, que el Archisoplón: Vitam hominis circulum ese. El otro Profeta de la Grecia, Galeno, parece haber hablado más claro de todos: en el 3, de natur. facult. ult. demuestra la buena correspondencia, que pasa entre las venas, y las arterias, diciendo: que si se abre una arteria, se vacían las venas. Y lo que debemos más reparar, es que ipse Gal. 6, de usu part. 11, conoció las válvulas tricúspides hechas de la naturaleza, para que no haya reflujo de la sangre de la arteria al corazón: con el conocimiento de las cuales, el doctísimo Harveo descubrió la circulación de la sangre. Mas pudiéramos decir con Galeno, de este nuevo hallazgo, pero contentámonos de oír a Primerosio, aunque enemigo positivo de este circular movimiento: Si Galeni placitis adhaerere velimus, opinio de circulatione sanguinis non adeo absurda videretur. Con todo eso, a los Médicos Zapatas, aunque se precian de tan pegados a las doctrinas Galénicas, les parece una grandísima quimera. Por no dilatar el discurso con más profecías, me acercare a las dos columnas del Non plus ultra de nuestra verdadera Filosofía, que son la razón, y experiencia; porque espero con estas dos, mayormente enucleare veritatem, y enseñar a los sabios la necesidad, que tiene la humana naturaleza de este circular movimiento, para mantener viva la maquina del nobilísimo Microcosmo. La primera necesidad, que tiene la naturaleza de este movimiento, es, para la conservación de la sangre; porque no solo no pudiera estar parada sin corromperse; sino, como dice Hipócrates, in lib. 2 de morbis: Toti corpori torporem induceret. Y esta es la causa, de estar ordinariamente achacosos aquellos, que tienen obstrucciones, porque esas embarazan el natural movimiento a la sangre: de cuyo impedimento salen diferentes enfermedades, que también lo dijo Hipoc. 4, acutor. Obstructiones moram ipsi sanguini pariunt. La segunda necesidad es; porque estañando la sangre, se perdiera el calor natural: cum sit motus causa caloris: y extinguiéndose el calor, precisamente había de cuajarle; y así moviéndose todas las partecillas, que componen la masa sanguinaria, no se les da lugar, para que pueda juntarse una con otra, y de este modo se mantiene, y se conserva siempre apta para alimentar todo el humano individuo. Para prueba de esto es fácil hacer una experiencia. Sáquese de cualquier animal la cantidad de sangre, que se quisiere, y váyase meneando con un palo, quebrantándola las fibras, que veremos lo que dura este movimiento en conservarse líquida, y fluida. Hasta aquí hemos visto las necesidades, que tiene la sangre de moverse: ahora nos falta ver, si es verdad, lo que dice el Archisoplón, que su movimiento sea de subir, y bajar circularmente. Que la sangre suba, y baje, lo dijo Hipócrates en el lib. de morbo sacro: Sanguinem sursum & deorsum moveri. Que después este movimiento haya de ser circular, claramente lo muestran las venas, y las arterias, en que está contenido, que forman como un género de círculo; y también esto lo dejó escrito Hipócrates in lib. de ossium natura, como arriba hemos citado: Circulo enim facto, principium non invenitur.
Me parece que no habrá Filósofo, por las razones aquí referidas, que verdaderamente se atreva a negar la realidad de nuestro segundo Mesías: pues bien pudiéramos sin algún escrúpulo de conciencia, ponerle un Sambenito, si dijera, lo que ignorantemente el Zapata, en la pág. 52, diciendo: Que la circulación de la sangre es imposible, repugnante, y quimérica. A la dificultad, que propone, cualquier Zapatero de viejo puede responderle; y es, que dice: Si la sangre circulara, fuera preciso, que hubiera agente perpetuo, por el cual empezara la sangre su movimiento. ¿Qué consecuencia de mentecato? Si la circulación de la sangre fuera perpetua, entonces pudiera inferirse, que también el agente había de ser perpetuo; pero para un movimiento finito, el motor no ha de ser infinito. Parece, que se adelanta el Zapata con este argumento: Omne quod movetur, ab alio movetur; sed sic est, que no es asignable agente alguno, por el cual la sangre se mueva: Luego, &c. A la mayor respondo con un transeat: al Sed sic est, distingo la menor proposición: Que no sea asignable este motor de la sangre a los ignorantes, a los bobos, a los majaderos, a los Capones, a los Zapatas, a los que no son ni Médicos, ni Filósofos, no solo lo concedo, más lo creo, y todos estamos en eso: pero que no sea asignable a los Doctos, a los grandes Filósofos, y Médicos, a los Matemáticos, a los Anatómicos, a los Aletófilos, al Archisoplón, nego minorem propositionem, y juntamente la consecuencia; porque asignarán por agente, y motor de la sangre al corazón, como primum vivens, & ultimum moriens. Quien después mueva el corazón, podrá el Zapata, como tonto, y ignorante, que no entiende lo que dicen los libros, parecerle, que el Archisoplón dice, que sea la incalescencia, o rarefacción de la misma sangre; porque le diremos, que miente, que no le pasa tal cosa por el pensamiento. ¿Cuál será, pues, la opinión del Archisoplón? Acerca de eso es menester írselo a preguntar, porque como no sigue ajenos dictámenes, así de Antiguos, como de Modernos, podrá ser alegue alguna otra causa, a la cual no haya contradicción. Lo que a mí me parece, es, que fuera grandísima necedad imaginar, que un Artífice pueda hacer (como si dijéramos) un reloj, el cual se mueva dos, o tres años sin llegar a él, y sin darle cuerda; y que toda la Omnipotencia de Dios, y infinita Sabiduría, no haya podido, o sabido hacer el humano reloj del hombre, que se mueva de por sí, dándole cuerda tantas veces al día, cuantas come. A la otra dificultad, que pone en la pág. 58, de su Apología, Que se destruyera la doctrina antigua de las evacuaciones, revulsiones, y derivaciones, si fuera cierta la circulación de la sangre. A lo que se le responde: Que aunque se destruyeran las doctrinas de los Antiguos, por eso no se destruyera la razón; porque, puesto que sea cierta la circulación, no se haya de evacuar, reveler, y derivar; antes el provecho, que se palpa de estos tres géneros de remedios, y la razón porque curan a muchos achaques, viene mayormente a confirmar la necesidad de este circular movimiento; porque como dijo Hipócrates, Confluxus unus, conspiratio una, consencientia omnia: y aunque se sangre del tobillo, a quien tiene mala la cabeza, con todo eso se vienen también a vaciar consiguientemente las venas capitales, a causa de la circulación de la sangre; que por lo demás, fuera un grandísimo disparate de los Médicos, cuando uno tiene jaqueca, sangrarlo de los tobillos.
Pone otra dificultad y dice: Que si la sangre circulara, fuera una la sangre venal, y arterial. ¿Eso quién lo duda? Pues aunque en el color, y calor sea algo diferente, pero en sustancia, tanto es una, como otra; y la razón de ser más caliente, y más florida la sangre arterial, es, porque en esta imprime el primero impulso el corazón, y adonde hay mayor movimiento, por consecuencia ha de haber mayor calor, y también diferencia de color. Por dos razones, la sangre arterial tiene mayor movimiento de la venal: la primera, porque la sangre arterial, es la que inmediatamente sale de las vibraciones del corazón, y así le queda aquellos primeros ímpetus; que entrándose después por las venas, no se mueve más con tanta violencia, porque poco a poco se va disminuyendo, y perdiendo por el camino; y se parara, si entrando nuevamente en el corazón, no volviera a echarla con la fuerza de su compresión. La segunda razón de moverse más, es, porque las arterias, como de substancia, y fibras más sólidas, son más capaces de movimiento; al contrario, las venas como más tenues, y blandas, son menos capaces, y por eso no pulsan, porque no hacen resistencia a los ondeamientos de la sangre, como las duras paredes, y reparos de las arterias. Y este es el miedo de picarlas; porque saliendo la sangre con tanto ímpetu, no da lugar a los remedios, para que se pueda cicatrizar la herida, llevándolos violentamente consigo; pues el mismo riesgo tienen los aneurismas, ni estos dependen de la diferencia de la sangre (como neciamente imagina el Zapata) sino del movimiento; porque si no circulara, yo no tuviera miedo de aneurismas; consistiendo todo su peligro en la pulsación, y no en la malicia, o diversa calidad de la sangre, siendo la misma, que causa todos los achaques, como también los flegmones, extravasándose, y quedándose en alguna parte; pues en saliendo de las venas, o de las arterias, no tiene más que hacer con la que se queda dentro; y si se corrompe, es, porque pierde el movimiento de la circulación, (como si dijéramos) cuando sale una cantidad de agua de la madre de algún Río, y se queda apartada en un charco, entonces aquella porción de agua se pudre; pero si se hubiera acompañado, y ido tras la corriente de la demás, estuviera fuera de ese riesgo, y se conservara siempre en su ser natural.
Otra dificultad dice el Zapata en la pág. 61, que tiene su corta inteligencia (¡válgame Dios, qué corta la tienes!) pues arguyes: Si se diera la circulación de la sangre, los que han padecido enfermedades pestilentes, y malignas, o dependientes de humores venenosos, hubieran luego muerto; Sed sic est, que esto es erróneo, y contra la cotidiana experiencia: Luego es una quimera, que la sangre circula: y prueba la Mayor, con el ejemplo de la víbora, que mata luego, por causa de la circulación de la sangre, según la opinión de los Modernos. Al argumento respondo, ser mucha la diferencia, que va del veneno de la víbora, al de estas enfermedades. No todos los venenos matan luego; porque no son iguales, o por la calidad, o por la cantidad: ni las víboras tienen un mismo veneno; porque habrá muchos picados de ellas, que todavía viven: y también los sujetos son diferentes; pues un pequeño veneno podrá matar a Pedro, y no matar a Pablo. Todos empero causaran sus efectos a proporción de su grado, y malicia, y según los individuos en que se hallaren. Y por eso, desmayarán a unos, harán sincopizar a otros, causándoles latidos, y aprietos al corazón, y muchas alteraciones en el pulso: y después la naturaleza también se ayuda, y el corazón hace todo lo posible, por tener siempre en movimiento la sangre, y cuando no puede más, entonces los venenos, y cualquiera enfermedad, quedan vencedores, y el individuo perece; y eso cada día se observa en los, que mueren; porque el pulso va faltando poco a poco, por irse al paso disminuyendo el circular movimiento de la sangre; y cuando esta no se menea más, por consecuencia los pulsos, las arterias, y el corazón juntamente se paran. De este modo se responde a todas las dificultades, que oponen los Zapatas a la verdadera venida de este segundo Mesías, las cuales no solo no tienen valor, y fuerza para destruir este nuevo hallazgo, sino, que con la resolución de ellas mismas, se viene aun mayormente a descubrir el nuevo Sol de la Medicina, para desbaratar las porfiadas tinieblas de la ignorancia. Me persuado que (fuera de los Médicos Zapatas) nadie dudará de la venida de este segundo Mesías, después de habérselo patentemente enseñado con la doctrina de sus Griegos Rabies. Sin embargo, caso que hubiere alguno que no lo crea, lo llamaremos, como hizo Cristo al Apóstol, incrédulo, y abrirémosle el costado, para que toque con los dedos la realidad de este hallazgo. Ea, pues, sean mentirosas, y falsas las Profecías de Hipócrates, Galeno y Aristóteles; Sean falsas las razones arriba referidas; Sea por fin, y postre falsa toda la verdadera Filosofía de los Modernos; porque yo me obligo, ya que no he podido con la primera columna de la sabiduría (que es la razón) alcanzar, que confiesen por verdadera la circulación de la sangre, llegar a la segunda (que es la experiencia) y hacerles ver delante de S. M. cualquier día que mandare, con tal, que me dé un Judío vivo, de los condenados a muerte, para que pueda públicamente hacer Anatomía de él, y se verá patentemente circular la sangre, y bajarse por los ramos de la arteria Aorta, de estos, pasar a los ramos de la vena cava, y subir por las válvulas al diestro ventrículo del corazón; salir de este, y entrar por la vena arteriosa; dilatarse por todos los canales de los livianos; volverse a recoger en la arteria venosa; por ella pasar al siniestro ventrículo del corazón; y salir con gran ímpetu por el ancho canal de la misma arteria Aorta, derramándose por todas las demás venas, y arterias del cuerpo. Mas ¿para qué esta cruel experiencia, cuando hay otra más fácil, y más ordinaria, que cualquier Sangrador la puede hacer? Pues cuando se hace una sangría, ¿por qué se hace la atadura arriba de la vena, que se quiere picar? Todos me dirán, para que hinchándose, se manifieste. Dígame ahora el Zapata, ¿por qué se hincha la vena abajo de la atadura, y no arriba? Sé que la causa no la sabrá; porque si la supiera, me dijera ser un efecto evidente de la circulación de la sangre: ¿pues no habemos dicho, que la sangre baja por las arterias, y sube por las venas? Luego en atando cualquiera vena, la sangre no podrá subir; no pudiendo subir, será preciso, que se hinche la vena, como pudiere, para dar lugar a aquella porción de sangre, que no puede pasar. Con todo eso puede ser, que me hagan esta dificultad, que también la arteria se debiera hinchar por la parte de arriba de la atadura; porque bajándose la sangre, halla también el mismo embarazo. Pero ya habemos dicho, que la arteria es de sustancia más sólida, y así más dificultosamente con la atadura se puede hacer, que la sangre no baje: secundariamente, está más sepultada dentro de la carne; al contrario, la vena fácilmente se deja atar, por ser más extrínseca, y ceder fácilmente a la compresión, siendo de substancia muy tenue: y esta es la razón, porque hay venas varicosas, y no arterias. Sin embargo, se conoce también, que la atadura comprime algo a la arteria, porque sucede ordinariamente, que después de estar picada la vena, no sale la sangre, sino se le afloja la atadura. Muchísimas experiencias se pudieran hacer, con las cuales claramente viéramos circular toda la sangre, haciendo Anatomía de animales vivos: y después fueran superfluas tantas válvulas por cada vena; ni supiera figurarme para qué, si no fuera por esto: Natura nihil frustra facit. Y así nadie se deje dar a entender lo contrario; porque esta no es opinión, ni cosa conjetural, o Metafísica; pues la circulación de la sangre es un ente real positivo, que cada día se puede ver con mil géneros de diferentes experiencias, y especialmente en la transfusión de la sangre de uno a otro individuo. Puesto este fundamento y descubierta esta verdad se puede decir con el verdadero Mesías: Tu es Petrus, & super hanc petram ædificabo Ecclesiam meam: que también la circulación de la sangre es la piedra fundamental, y la basa, sobre la cual se ha de establecer, y levantar, restaurada, toda la Medicina; dependiendo de su conocimiento la inteligencia de los pulsos, la teoría de las calenturas, y casi toda la patología de innumerables enfermedades. Con esta nueva Filosofía se llega a comprehender lo dificultoso del Arte, el riesgo de los remedios, la incertidumbre del pronóstico, y últimamente, qué poder tiene la Médica facultad. Cotejad ahora, señores Españoles, vuestros Médicos Zapatas, con los cuidadosos Modernos: pues ya habéis visto, que no son Racionales, ni Galenistas; que no son Matemáticos, ni Anatómicos; que no son Herbolarios, ni Químicos; y en una palabra, que no son Médicos. Solo en este punto he llegado a entender, por qué de Madrid al Cielo hay media legua; pues basta caer malos, y llegar en sus manos, que en pocas horas sabrán despacharos al otro Mundo. Por eso no quiero (aunque con el Archisoplón estoy citado en el patio de Palacio) alegar lástimas coronadas, y tampoco entrar en el cuarto del señor Duque de Pastrana a llamar testigos, de lo que pasó el otro día con un enfermo, para dar en la cara a estos Médicos Zapatas su ignorancia, con otros mil sucesos de este género: porque no alcanzara más, que alborotar el sosiego de las bóvedas, y mover pleitos antes el Tribunal de la Parca, por tantas víctimas, ignorantemente inmoladas. Por lo cual, cuidado enfermos; abrid por vida vuestra los ojos, porque estas Harpías sobre mulas os hacen una guerra intestina, quitándoos la hacienda, y la vida. Aquí debiera acudir el Consejo de Guerra; porque aquí están los Franceses engolillados, que os matan; aquí los Moros, que en larguísimas camas os cautivan; aquí los Judíos, que en traje de Médicos alevosamente os degüellan. Pues son tan ignorantes estos Médicos Zapatas, que el afamado, y doctísimo Padre Maestro Fr. Andrés Ferrer de Valdecebro Dominico (que ojalá fuera vivo, porque sé que hiciera una aprobación a este papel, mejor que la del Padre Olmedilla) compuso un librito, intitulado El Nigromántico de Sulpicio Severo; en el cual pinta al natural estos Médicos, y en fin, concluye, que más acertadamente curarían sus mulas. Pues refiere un caso bien curioso; y dice, que había un enfermo en un cuarto bajo, el cual tenía una postanza, y el Médico, que lo estaba curando, sin conocerla, se fue una tarde a hacer otras visitas en el cuarto de arriba; en este ínterin, su mula, que estaba en el zaguán, entrose hasta a la cama; el enfermo empezó a dar gritos, y hacer fuerza, porque saliera, y ella tirando coces, y brincando por el cuarto, de género, que al enfermo, o por el cansancio, o por el susto, se le reventó la postema, y lo que no supo curar, y en tanto tiempo descubrir el Médico, su mula lo sano en pocos días. Y así, señores enfermos, no será malo, que algunas veces hagáis entrar a la junta también a sus mulas, porque puede ser, que ellas nada recetando, os receten lo mejor para vuestra salud.
Sé que les pesa a estos Médicos Zapatas, que vengan Extranjeros a darles en la cara con sus faltas, y por eso para apaciguar el Pueblo, salen con estas necias Apologías, desafiándolos luego en los patios de Palacio, confiados en que Coniuncti pollent etiam vehementer inertes. Pero otros desafíos os están aguardando, desde larguísimas camas de innumerables enfermos, que no sabéis curar. Con estos se emplea el valor, que tanto blasonáis con vuestras Apologías. ¿Para qué tantas cédulas a las esquinas? ¿Para qué tantos desafíos, hoy con uno, mañana con otro? ¿No sois vosotros aquellos secuaces Esculapios de la Antigua Medicina? ¿Aquéllos Médicos Macabeos, tan cabales, y tan grandes Galénicos, que de nadie tenéis miedo? ¿Luego por qué suceden tantas muertes? ¿Porqué tenéis tantos enfermos, que no hay Metrópoli en todo el Orbe, adonde haya tan achacoso guarismo? Ni podéis alegar, por vuestro descargo, o la malicia del aire, o de las aguas, como tampoco la de los alimentos; porque el Archisoplón os hizo ver, que todos son perfectísimos, y mejores que los de otra parte del Mundo. Pues todas las enfermedades que no las curan, ayudas, sangrías y fuentes (por no saber aplicar otros remedios) los gradúan por incurables. ¡Válgame Dios por tantas fuentes, como hay en Madrid! Yo sé, que si todas echaran agua, sin que Dios abriera las Cataratas del Cielo, en menos de cuarenta días, y cuarenta noches pudiera hacer venir otro diluvio universal, y creo con tanta avenida, que anegara hasta el milagro del Arca. A lo menos, ya que no sabéis darles la salud, que desean, ¿para qué les multiplicáis las llagas, y con un aparente remedio les engañáis la esperanza? ¡Pobres Españoles! mucho me lastiman vuestras enfermedades; pero aún más los remedios, con que os divierten burlados. Todo el cuidado de sus visitas es preguntaros, cómo purgan las fuentes; no, si las jaquecas repiten del mismo modo, o si el otro achaque mejora. Pero no quiero ahora entrar en eso de las fuentes, porque tengo tanto que discurrir contra ellas, que saliera del intento, no siendo esta la obligación, en que me puso este papel, sino de defender al grande Archisoplón de las Estrellas, y advertir a los Médicos Zapatas, para que otra vez dejen los perros, que duermen; porque si los despiertan, todavía tienen muchísimo que ladrar, y a no desvergonzarse con nadie, como tampoco a meterse en lo que no les toca; porque puede ser, que hallen hormas para sus zapatos: y si no quieren oír mal, no hablen mal: Desinant male dicere, malefacta ne noscant sua. Pues si recio le ha parecido a Don Diego Mateo Zapata el tiro; no debía él tanto estirar la ballesta, porque todas las flechas penetran. Es verdad que los Capones no tienen vergüenzas; sin embargo, sepa que en favor del Aletófilo, Homero le sabrá responder:
Et mihi sunt hastæ teretes, clypeique rotundi,
Tum galeæ, tum thoraces, procul igne micantes.
Y así, Lector, aunque ha salido este papel sin fe de erratas, con todo esto no gastes el tiempo en cazar moscas; deja estas niñerías para el Zapata, y aprovecha tu cuidado con lo advertido. Quítate las legañas de los ojos, si estás malo, para conocer mejor quien te pulsa. Echa a un lado la Apología Zapatezca; porque, o no te atolondren la cabeza los cacareos de un Capón, o no te la mareen las voces desconcertadas de este reloj sin pesas. Repara en la verdad, que desapasionadamente te enseñó un Aletófilo con sus Médicos Entusiasmos; y no en las aparentes defensas de quien te habla, ya con envidia, ya por interés, y cuando por rabia. En fin, no te quejes de mí, si no he respondido a todos los disparates de esta junta de Médicos Zapatas; porque te aseguro, que hay quien está guisándote otras mejores respuestas. Yo no pretendo que me agradezcas más, que la prontitud con la cual he procurado satisfacerte; y que te acuerdes, que quien da luego, da dos veces. Darás también muchas gracias al Zapata, como causa de este papel, y de lo que por ventura pudiere aprovecharte. Pero aún muchísimo más le debe el Archisoplón, por haber escrito contra él su Apología. Las colores, todo su ser lo deben al pincel, si las acompaña con sombras. A la noche, cuanto más procuran las tinieblas oscurecerla, tanto más numeroso le vuelven el guarismo de las Estrellas. Es hermosura del arroyo tener que luchar con las porfías de un peñasco. Y así es, doctísimo Aletófilo le debe al Zapata todo aquel crédito, que le granjeó con sus disparates Apologéticos, y la fortuna, que le medró con su envidia: Nam sunt felices, quos petit invidia.
¶ Por no haber asistido a la impresión, y por defecto del que copió los Originales, ha salido este papel con estas faltas.
Pag. 1, lin. 17, falta, genus. pag. 2, lin. 30, falta, hombres blancos. pag. 5, lin. 7, falta, Visu, verbo, & opere, lo Majadero, y Mentecato, que es el tal Zapata. Mas porque non sunt.
Impreso en Valencia, a 13 de Abril, Año 1691.
[ páginas 13-20 ]
[ Edición íntegra del texto contenido en un opúsculo impreso sobre papel, dice que en Valencia 1691, de 20 páginas numeradas, actualizando la ortografía. ]