Verdadera apología en defensa
de la Medicina racional filosófica,
y debida respuesta a los Entusiasmos médicos, que publicó en esta Corte D. José Gazola Veronense, Archisoplón de las Estrellas.
por Don Diego Matheo Zapata,
en la cual cita a D. José, o cualquiera de su obligación precisa, o a todos aquellos que siguieren la Doctrina que el Archisoplón, por la más segura, y opuesta a la Medicina Racional de Hipócrates, y Galeno, desde el Patio de Palacio a vista de sus Majestades (que Dios guarde) o en otra cualquier parte pública, con los jueces de su estimación, a donde defenderá, y argüirá a lo que en la Apología refuta contra el Señor Don José Gazola, y demás de la Medicina, y Filosofía.
Dedícase
al Señor Don Francisco Díaz de la Puebla,
Recaudador que fue de Puertos Secos, entre Castilla, y Portugal.
Con licencia
En Madrid: Por Antonio de Zafra, Criado de su Majestad.
[ 1691 ]
Véndese en casa de Francisco Ferrando, en la Calle de Toledo, y en la Plazuela del Ángel, en casa de Isidro Colomo.
- [ Portada ]
- Diego Mateo Zapata · Al Señor Don Francisco Díaz de la Puebla
- Don Bartolomé Ponce de León Corruchaga · Aprobación · 5 agosto 1690
- Fr. Agustín Cano de Olmedilla · Aprobación · 24 julio 1690
- D. Alonso Portillo y Cardós · Licencia del Ordinario · 24 julio 1690
- Manuel Negrete · Suma de la Licencia · 22 febrero 1691
- Don Martín de Ascarza · Fe de erratas · 23 febrero 1691
- Manuel Negrete · Suma de la Tasa · 24 febrero 1691
- Ne respondeas stulto, iuxta stultitiam suam… · 1-2
- Señora · 2-9
- Proemio · 9-21
- Primera advertencia · 21-23
- Ser mejor dejar el cuidado a la Naturaleza · 24-44
- Segunda. Si sean mejores los Médicos Galenistas, o los Modernos · 44-86
- Tercera advertencia · 86-87
- Cuarta advertencia · 87-90
- Quinta advertencia · 90-91
- Sexta advertencia · 91-92
Al Señor Don Francisco Díaz de la Puebla,
Recaudador General que fue de Puertos Secos, entre Castilla, y Portugal
Acostumbraban los Antiguos, y Sabios Romanos, ofrecer sus escritos en el Magnífico Templo Palatino de Apolo, para que como Único Padre de las Letras, con benévolas influencias, eternizase su memoria, y quedase gloriosamente vinculada a la posteridad. Poco se embarazó mi cuidado en buscar Príncipes, ni Señores a quien ofrecer esta corta demostración de de mi afecto, sí, solo la virtud, que acompañada de la caridad, es la perfecta Nobleza; y así se reconoce aun en los Santos, y Bienaventurados, pues unos son superiores a otros por sus Virtudes. Las que en V. m. asisten, son tan singulares, cuanto conocidas de todos, de que son bastantes testigos, tantos necesitados, que a voces manifiestan en esta Corte, y otras muchas partes, la demostración de su celo, no habiendo quien se le iguale, siendo tan permanente, que se singulariza: con que puedo decir con verdad, que en V. m. concurren todas las Virtudes Uniformes; y aunque pudiera explayarme, lo excuso, conociendo su modestia, que me cierra los labios para que las calle; pero qué importa, si el Clarín de la Fama sonoro los aplaude, y a voces los publica. Díganlo los muchos negocios que en el servicio de su Majestad, han corrido por mano de V. m. con el crédito, acierto y fidelidad, que de ellos mismos se ha experimentado; con que con razón podré decir por el Espíritu Santo, que los Tesoros que no se manifiestan y las Ciencias que están escondidas, no son de alguna utilidad: con entrambos parece que habla esta Sentencia: con V. m. que con tanta liberalidad los franquea en Obras Pías, y Religiosas, cuanto conmigo, que desvelado muchos años la Filosofía, y Medicina, fuera muy culpable el no dar a luz pública, alguna parte de mis pocos desvelos (que en mi corta edad de veinte y tres años, se pueden considerar) y más provocado de un Autor Extranjero, que publicando unos Entusiasmos contra la Medicina Galénica, que los Médicos de esta Corte profesamos, que es a lo que se reduce este Tratado, suplicando a V. m. le admita, y conceda el favor de su amparo, para que sea principio al desempeño; y como dice Séneca, basta tener uno el ánimo agradecido, que quien con voluntad se confiesa deudor, paga suficiente la deuda. Esta será en mí perpetua, deseando que Nuestro Señor guarde a V. m. los muchos años que le deseo. Madrid.
B. L. M. D. V. m. S. M. S.
Don Diego Mateo Zapata.
[ hoja ii recto y vuelto ]
Aprobación del Licenciado Don Bartolomé Ponce de León y Corruchaga,
Cronista General del Rey Nuestro Señor en estos Reinos de León, y de Castilla, &c.
M. P. S.
La Apología que en defensa de la Medicina Racional, que escribió D. Diego Mateo Zapata, he leído por mandado de V. A. y visto con toda atención, y cuidado: aunque siempre me prometí del Autor, ventajosos empleos de Filosofía, y Medicina: no me persuadía la limitada edad, a creer hiciese tan valerosa defensa de su Profesión, que abstrayendo toda exageración hiperbólica, puede competir con cuantas se han hecho después de la de Tertuliano; porque en lo conciso, suma con gravedad lo necesario a su intento, y dilata con acrimonia lo preciso a su defensa, que son los quicios en que se rodea este Dilema Apologético: Y aunque este género de elocuencia tiene muchas partes a que atender, y suele ser muy dificultoso su desembarazo, es tan admirable la armonía de este Papel, que él solo pudiera ser norma a nuestra enseñanza, a no haber dejado el Arte, vestigios a quien seguir.
Tres diferencias usó la Antigüedad para semejantes defensas. La primera, fue reducir la oposición contraria, sumariamente a Capítulos para satisfacerlos. De este Método se valió Atenágoras, que redujo su Apología a tres Puntos. La segunda, es cuando el Opositor salpica su acusación con muchas, y continuas calumnias, que sería confusión reducirlas a orden; y en este caso, el estilo era responderlas por partes: así escribió Josefo contra Apión, y Tulio, contra Antonio, en su segunda Filípica, en que el uno, Ex uno in aliud per ab ruptum salit, & totam vim contrahens in pauca si levis est, calumnia irridet, si quid habere videtur probabilitatis infringit. La tercera, esfumando por menor las oposiciones del contrario, o para satisfacerlas, o para refutarlas. De este Método se valió Prudencio contra Símaco; San Basilio, contra Eunomio; y San Cirilo Alejandrino, contra Juliano, Apóstata. De todas tres se vale el Autor de esta Obra, aunque no de toda la prodigalidad, o por la brevedad de la defensa, o por la poca sustancia de la oposición, reservándola para más cumplido empeño.
Toda la ocasión de esta Apología, es querer el Adversario defender, que los Médicos Modernos Naturalistas, alias Empíricos, y su Medicina, es mejor que los Racionales Galenistas, y que la Doctrina de Hipócrates: y que han hallado muchos Inventos Anatómicos, y nuevos remedios, para curar nuevas enfermedades, en estos presentes siglos, que no conocen, ni conoció la Antigüedad. Y asimismo afirman, que sería mejor carecer de Médicos, por no ser siempre necesarios, pues los Romanos estuvieron sin ellos más de seiscientos años, y que en la antigua edad vivían dilatadísimas edades que ahora, por razón de la parsimonia, y pocos alimentos. Yo no soy Médico, pero no por eso me han de censurar, que meto la hoz en mies ajena; pues para arrimarme al recto sentir del Doctor Don Diego Mateo Zapata, me sobra la Filosofía en que gasté los verdores de mis primeros años, y me basta la Historia, que es mi Profesión, y el Alma de la Verdad, y así con ella, y la brevedad posible, formo el siguiente Juicio.
Es el objeto de la Medicina (señor) el desvelo más noble de cuantos la Omnipotente Mano de Dios sacó a Luz, de las caliginosas tinieblas de la nada, al ser perfectísimo que tiene, el Hombre, cuya admirable Fábrica, arrastra a la admiración de su contextura, aun a los mismos Espíritus Angélicos: pues cómo puede no suspender la admiración, ver que de confusas semillas se coagule, se levante, y crezca, como poco después, en la parte más eminente de esta Maquina, se coloque el cerebro, resplandezcan los lucientes ojos, se perforen las narices, le caven los oídos, se abra la boca, para que la lengua explique los conceptos, y de esta parte se mueva, y hierva el corazón, el pulmón palpite; aquí sea el lugar del hígado, y oficina de la sangre, allí el vientre; en estotra parte el bazo, y después se siga la esperanza de la propagación, en esta los intestinos, y después los ligamentos de los huesos, y otras cosas con sus operaciones cuasi innumerables, que más fácilmente se pueden admirar, que manifestar, a quien sigue después la infusión del Alma, que es una respiración deiformica de la vida; una sustancia incorpórea, participante de razón, y gobernadora del cuerpo; una espiritual fábrica de la Omnipotencia, que vivifica el cuerpo; un espíritu intelectual siempre viviendo, y siempre en un perpetuo movimiento, capaz de buena, o mala voluntad; una simple espiritual sustancia, indisoluble en cuerpo pasible, y mudable, que es alma en cuanto vivifica el cuerpo: es voluntad cuando quiere: mientras sabe es entendimiento, cuando hace conmemoración, es memoria: cuando espira, es espíritu: y sentido, cuando siente. Este, pues, animal de varias formas, próvido, sagaz, memorativo, lleno de razón, y consejo, engendrado de ilustre prosapia, obra, y fábrica del mismo Artífice Sumo, a quien apenas pisó los umbrales de la vida, tuvo por su mayor amigo, monarca de las cosas inferiores; examinador de la razón; lumbre de la inteligencia; intérprete de la naturaleza, animal santo, libre, estable, himeneo, unión, y cópula del mundo, suspensión del uso de la eternidad, poco menos que los Ángeles, y emulación suya, a quien se entregó el estado, que el mismo Dios había construido, para que le gobernase; puesto en el Paraíso, que es el centro del Orbe, para que con más comodidad registrase, y rigiese cuantas cosas se incluyen en su circunferencia, Habitación de Dios, y Morada, por quien se hicieron todas las cosas, y por quien tienen instinto los irracionales; de suerte, que manda, y sujeta la tierra con sus animales, los peces de este diáfano cristalino elemento, y a las aves de las regiones etéreas: con razón, pues, fue el último en la fábrica de la naturaleza, como complemento, y suma de toda la obra como causa del mundo, y por quien se hizo todo, como fin de la naturaleza, como habitador de los elementos, pues vive entre las fieras: nada con los peces, vuela sobre las aves, conversa con los Ángeles, milita para el Cielo, surca los mares, se apacienta del aire, cultiva los campos, es pescador en los ríos, y cazador en las selvas, heredero del Cielo, y coheredero con Cristo.
(Alzo la pluma de este punto, porque fuera conocida demencia, pasar de este breve, y tosco Diseño, sin incurrir en gran nota, habiéndole delineado tan perfectamente San Ambrosio, y el Padre de la Elocuencia Romana.) Todo este dominio adquirió el hombre en el estado de la inocencia, parte por ciencia, y prudencia natural con que sabía el modo con que había de tratar, y mandar a los animales, que habitan los cuatro Elementos, y parte por singular providencia de Dios. Desterrole, y prohibiole de este dispotuo dominio, el pecado de la inobediencia, que contrajo, y en él todo el residuo de la humana naturaleza: perdió la gracia, borrando la Imagen de Dios, y quedando, no solo hijo de su indignación, sino cautivo, como vil esclavo del demonio. Siguiéronse los efectos de la culpa, pues se introdujeron en el mundo cuantas dolencias se experimentan: enfermó el alma, y como vaso suyo, se inficionó el cuerpo. Para este se aplicaron cuantas cosas se contienen debajo de los cuatro Elementos, como quien conocía sus virtudes, su cualidad, su dosis; y finalmente, quien le había puesto el nombre a cada una: esotra era incapaz de remedio; pues nada bastó, ni bastará, para sacarla de tan penosa esclavitud, y de tan peligrosa dolencia, si el Unigénito del mismo Dios, conmovido de su inmensa Misericordia, no lavase con su Preciosa Sangre, la nefanda y horrible mancha que había contraído. (O mortalis protedatur ostia talis!) Este es el hombre, y desde aquí sigo el camino recto de mi discurso, arguyendo de mayor a menor, diciendo: Que si el mismo Dios se hace único remedio del hombre, y da la vida por él; es apócrifo imo potius escandaloso, creer que le desamparó en lo menos, que es la corporeidad: antes no habiendo perdido, como es de fe, el hombre primero, la ciencia infusa, aplicó el cuidado, como a quien le importaba tanto, a todos los simples, para recuperar la salud que ya empezaba a fluctuar en el mar de tantas dolencias: y así de unos en otros se fue propagando la Medicina Racional, hasta los tiempos del Rey más sabio que han tenido, ni tendrán todos los siglos que, sobre la que había ilustrado con su ciencia. El Protoplastes la aumentó, disputando: A Cedro libani usque ad hyssopum quæ exit per parietem. No empero, niego, que con la sucesión de los siglos, las continuas Guerras, las eversiones de las Monarquías, los frecuentes cautiverios, se perdieron en muchas partes las noticias de la Medicina; pero también florecían en otras; y esta es la razón de la servidumbre de los Médicos en Roma, sin quitarles esto un punto a su autoridad; pues lo mismo sucedió, o pudo suceder de los Jurisconsultos, pues todos estaban sujetos a tales contratiempos de fortuna; pero oigo a los que saben poco, y quieren saber menos (con dejarse llevar de lo que han oído, a quien no ha leído, ni visto) que los Romanos excluyeron los Médicos de Roma, y estuvieron sin ellos más de seiscientos años, y vivieron mejores que en su tiempo: fortalecen esto con la autoridad de Plinio, en el lib. 29, cap. I, que es la siguiente: Ceu vero non milia gentium sine Medicis degant, sicut Populus Romanus ultra sexsentissimum annum, neque ipse in accepiendis artibus lentus, Medicinæ etiam avidus, donec experientiam damnavit.
Yo venero la autoridad de tanto Autor, mas no puedo dejar de manifestar la duda que me hace este lugar, y otro, en que declara: Que no se vieron en Roma Barberos hasta el año de cuatrocientos y cincuenta y cuatro, para preguntar en él a sus Aseclas: si acaso los Romanos, debajo de esta voz, eran hombres como nosotros, y como tales, expuestos a los accidentes de la naturaleza, y si les crecía el pelo, y la barba; sino es que digan, para materia a la risa, que por ser Romanos, la naturaleza los hizo exentos de tales agravios; pero siendo hombres como nosotros, no será digno de que nos hagan creer, que no se rapasen, y quitasen aquellos excrementos, que no quitados, no solo causan brutalidad, sino inmundicia, y tanto fastidio, y daños; y por consecuencia, no pudiendo el hombre por sí ejecutar este ministerio; o por carecer de instrumentos, o de habilidad, de necesidad precisa se había de destinar, y señalar algunas personas para este ejercicio; ni menos se ha de creer, que no hubiese muchos que la ejecutasen, por no ser obra de tanta dificultad. Luego, no se ha de creer, que los Romanos fuesen tan sórdidos, e incultos, que viviesen con los cabellos, y barba hasta los pies, y los que en el saber vencieron a todas las Naciones del mundo, viniesen los Sicilianos a enseñarles el modo de quitar la barba, y el pelo: de la misma manera digo, que es imposible, que los Romanos estuviesen, no seiscientos años, pero ni un solo día sin Médicos, sino me prueba el señor Plinio, y los que se fortalecen con su autoridad, que todo aquel tiempo los Romanos no fueron hijos de Adán, o mostrarme cláusula de su testamento, en que los da privilegio especial, para que todo aquel tiempo estuviesen exentos de las enfermedades que introdujo la culpa original, que hoy padecen todos los hombres; y porque fuera tanto disparate que la mostrasen, como que él pudiese darla paso a hacer la siguiente pregunta. Este Autor en el mismo Libro, y Capítulo, pocos renglones más abajo, que según Casio Hemina, el primer Médico que entró en Roma, fue Arcagato, hijo de Lisanias, siendo Cónsules Lucio Emilio, y Marco Libio, en el año de la fundación de Roma, quinientos y treinta y cinco: Casius Emina ex antiquis Autor est primum e Medicis venisse Romam Peloponesso Archagatum Lysaniæ filium L. Æmilio M. Lybio Cors. anno Urbis DXXXV, &c. Pues como Dionisio de Halicarnaso, Autor de tanta reputación, como saben los que saben algo, dice: Que el año de trescientos de la fundación de Roma, hubo en ella tan gran mortandad de peste, que no eran suficientes los Médicos a tantos enfermos: Exacto anno ab Urbe condita trecentesimo P. Horateo Sext. Quintilio Coss. Pesti entiam Romam in vassit quanta numquam antea, qua sevitia sunt ab sumpta pene hominum filicium circiter dimidium; nec Medicis suficientibus, nec domesticorum ministeriis, &c. Yo quisiera que me compusieran estos dos lugares, dice: Pestilentia Romam invasit qualem numquam antea. ¿No es verdad? y en el lib. 9 dice: Pestilentia saviente magis, quam numquam antea: Mírese muchos años atrás en el mismo libro, y hallarán lo mismo: Pestilentia invassit mulieres, quamta numquam antea, &c. Pues dígame ahora el señor Plinio, y los que le alegan ¿cuál de estos tres lugares de la Peste es verdadero? Yo creo que cualquiera calamidad, vista, o creída; si señalado el año, y señalada de los hombres doctos, y sabios; mayormente de un hombre como Halicarnasio, que se debe no poner en duda; pero dado, y no concedido, que Roma estuviese más de seiscientos años sin Médicos; Quid ad rem, por ventura, dejándolos a ellos (como Bárbaros) antes que naciese Roma, o por mejor decir, desde que hubo culpa original, ¿no hubo Médicos y Medicina? Bien cierto es, que la Historia Sagrada, que se escribió antes que otro ningún libro, los declara, y los venera: Honora Medicum, &c. Dice el cap. 38 y en el libro de los Reyes, Ægrotavit etiam Assa dolore pedum vehementissimum & neque in vin firmitate sua quæ sivit Dominum: sed magis in Medicorum ante confixus est. Y a los tres mil años del mundo, mandaba Dios, que el que hería a su prójimo, estuviese obligado a pagar lo que había gastado con los Médicos, y Medicina: Si rixati fuerint viri, & percuserit alter proximum suum ita tamen ut operas eius, & in pensas in Medicos restitua. De suerte, que desde que el mundo es mundo, siempre ha habido las mismas enfermedades, y Médicos Racionales, y hasta hoy, se han conservado, y pudiera traer desde el primer Plotoplastes, hasta el siglo presente, los que ha habido, sino fuera por el perjuicio que se le sigue en la Impresión al Autor de esta Apología; pero no puedo excusarme de sacudir el polvo a mil seiscientos siglos, en los cuales, no solo se verifican los Médicos Racionales, y las enfermedades que hoy se padecen, sino también la cortedad de la vida, que siempre ha sido la misma que hoy. Y así, empezando desde el año de mil y seiscientos y noventa, al de mil y seiscientos: bien notoria es la Peste del Andalucía, y de toda Italia, y la enfermedad de Gota, pues murió de ella el Señor Don Felipe Segundo, y el Señor Don Felipe Tercero, y de la Nefrítica, floreciendo Médicos Racionales, el Doctísimo Valles, y Pedro García. El año de mil y quinientos y noventa, la Peste de Milán y las Ciudades contiguas a aquel Estado. En tiempo de San Carlos, y el Papa San Pío V que murió del afecto de Piedra, floreciendo y muriendo Gerónimo Fracastorio, Insigne Médico del Papa, gran Filósofo, y Excelente Poeta, que murió de Apoplejía: y el Señor Antonio de Leiva, y Carlos Camilo, Poeta del Papa León X, murieron de Podagra: floreciendo el Insigne Médico Juan Martín Blobosco, Médico del Papa Pío III. Muere también un sobrino del Papa, de una fístula, que padecía más había de treinta años. En el de quinientos al de cuatrocientos, se descubrió en España, el mal Francés, llamado así según el País Francés, en Italia, y en Francia, Napolitano, si bien quieren algunos, que pasó de España a las Indias, y de estas, a Etiopía, y que los Antiguos no le conocieron; pero yo daré autoridad de mil trescientos y noventa y nueve años en su lugar: Carlos III, Rey de Francia, muere en este tiempo de Apoplejía: Alfonso II, Rey de Nápoles, de un Zaratán, que se le hizo en una mano: El Papa Paulo II, después de cenar en la Plaza de San Pedro: El Papa Bonifacio X de gota: Y el Papa Sixto IV, Cosme de Medicis, y Bayaceto, Emperador de los Turcos: Fatigó a Inglaterra un sudor fétido, y mortal, que los motivaba a arrojarse de la cama, y de allí a poco rato, morían. Hallándose el remedio con suma dificultad, como dice Polidoro Virgilio, en la Historia de Inglaterra. Del de mil y cuatrocientos, al de trescientos, floreció el Petrarca que escribió al Papa Urbano, que estaba muy malo en Aviñón, se guardase de tantos Médicos que cercaban su cama, no le causasen más daño que utilidad. Aviso, que motivó a un Médico de Cámara, a escribir contra el Petrarca, que ofendido del Médico, escribió cuatro libros, o invectivas contra los Médicos de su tiempo, mordiéndolos, y satirizándolos, y no sacó otra cosa, como él dice, hablando de una sarna, o roña que padecía, y gravemente le atormentaba. Amici mei Medici in quibus quid remedii, quibus ve omnino consilii, sit experti novimus; quid de malis hominum sibi, & Mercimonium fecere quique auxiliarios se prostecti spectatores agrorum, & agritudinum facti sunt omnibus frustra paciente me potius, quam pro ante, seu aliquid hinc spectante tentatis ad extremum, ut est si non Medici saltem prognostici videantur ad ventantis estatis expectandum auxilium consueverunt dura gravisque necessitas, quam adversus hostem, non nisi ab hoste pascere opem coegit, aut esperare, ego autem neque Medicis credo; neque ab estate espero aliquid, sed ab illo de quo scritum est estatem, & ver, &c. Tradúzcalas quien las hubiere menester. Murió apopléjico, y mueren de gota Galeaceo, María Duquesa de Milán, y Carlos Rey de Hungría, y el Papa Gregorio XI de mal de Piedra, y Alberto de Austria, Emperador, y Enrico VII de Disentería, siendo Médico de excelente nombre. Arnaldo de Villanova Narvonense. Del de mil y trescientos, al de doscientos, muere de Peste sobre Jerusalén el Señor Rey San Luis de Francia, con su hijo Don Juan, y el Cardenal Albanes, legado del Papa, y otros muchos Varones, y Pares de Francia. Conrado Emperador IV muere de veneno, dado por los Médicos, Sobornados de su hermano bastardo Manfredo, y el Papa Honorio IV y Pandolfo su hermano, de la Casa Sabela, mueren de gota, floreciendo Pedro de Abano, al cual salía de la Ciudad a curar por cincuenta florines por cada visita; y por curar al dicho Papa, no quería ciento por cada una, a quien le dio mil, habiéndole restituido a su prístina salud. El de mil y doscientos, al de ciento, Balduino IV Rey de Jerusalén, enfermó de lepra, y San Bernardo, casi siempre impedido, floreciendo en aquel tiempo aquel famoso Médico Especulativo, Averroes. El de mil y ciento, al de mil, Nicéforo de Bolonia, Constantino Monómaco Emperador, gotosos y Michael de Pastagón Emperador, hidrópico, hermano Contrato Noble de Suecia, y Monje de San Benito, que compuso la Salve Regi, llamado así por la convulsión que padecía. El de mil, al de novecientos, Arnolfo Emperador, muere de piojos. Desde el de novecientos, al de ochocientos, muere Teófilo Emperador de Disentería, y Carlo Magno, de afecto del hígado. Del de ochocientos, al de setecientos, Constantino Campronimo, y Fruela Rey de España, de Lepra, y el Papa Sisinio, se llenó de gota en pies, y manos. El de setecientos, al de seiscientos, Heraclio Emperador, hidrópico, y de Priapismo, orinándose en la propia cara, poniéndose una tabla delante, para librarse de tal afrenta. Del de seiscientos, al de quinientos, Sigiberto, Rey de Francia, de tabardillo amalárico, de dolor de costados; Atanagildo, de una sincopal. Del de quinientos, al de cuatrocientos, Juan Damasceno, Monje, imprimió algunos libros de Medicina, floreciendo en este siglo Avicena, que sino excedió a Galeno en la invención, le superó en el orden dispositivo, y Doctrina Medicinal: murió de cuarenta años, y muere Honorio Rey de los Vándalos de piojos, floreciendo en este tiempo San Agustín, que dice: Iam vero de ipso corpore tot existunt morborum mala, ut neque libris Medicorum cuncta comprehensa sint in quorum pluribus & pœne, omnibus etiam ipsa ad iumenta, & Medicamenta tormenta sint ut homines apænarum ex itio pœnali eruantur auxilio. Del de cuatrocientos al de trescientos, el Emperador Constancio, de una sincopal. El Emperador Galerio muere de un incordio: Para que se vea lo antiguo que es este accidente en el mundo; pues murió el año de trescientos y once, como consta de estas palabras: Galerius ex ulcere erga genitalia, orto, quod vermibus escatere cepærat obiit. Diocleciano, de una larga enfermedad. Ilustraron el mundo, San Gerónimo, y su Maestro San Gregorio Nacianceno, San Basilio, Crisóstomo, y otros: y todos estos, como sienten gravísimos Autores, padecían terribles males, y se lamentaban de las dolencias comunes. Óigase a San Gerónimo por todos, hablando de Fabiola, Epist. 130. Describam ego (dice el Santo) nunc diversas hominum calamitates, truncas nares, efosos oculos, semiustos pedes, luridas manus, tumentes albos, ex illa femur, crus aturgentia & de exesis, ac putridis carnibus vermiculos valientes? quoties morbo regio pedore confectos humeris suis ipsa portabit? quoties labit purulentiam vulnerum, saniem quam alius aspicere non valebat? San Juan Crisóstomo decía en su tiempo, lo que ahora podemos decir: An non videtis quotidie essump tuosis mensis, & immodica inglunie infinita morborum genera induci? unde Podraga? unde capitis dolor? unde corruptorum humorum abundantia? unde in numeri allii morbi? non ne ab intemperantia elargioni vini ingurgitatione, quam oportet? Nam sicut navis quæ aquis ita impletur, &c. Muere Constante Emperador, de gota: Valentino muere de apoplejía, y Maximino, de mal incurable. En el de trescientos, al de doscientos, floreciendo San Cosme, y San Damián, que ilustraron su siglo con su Medicina. Del de doscientos, al de ciento, Juan de Messué, tenido entre los Médicos como Dios de la Medicina, y muere de apoplejía, y el Emperador Antonio, y Trajano de Disentería, y el Emperador Severo, de gota. En esta edad florece Galeno, y dice Ateneo, citando a otro Escritor, que en su tiempo en veinte años no llevaron frutos los morales, y que se padeció tan comúnmente la gota, que no solo la padecieron los hombres, y los niños, sino los eunucos, y mujeres: las doncellas, sino también los Irracionales: Pythermus vt inquit hagasander memoriæ tradidit evuo suo moros annis viginti fructum non edidisset, & popularem morbum podragam ita fuisse grasatam, ut non solum viros; sed etiam pueros, virgines, eunucos, mulieres, bis morbus corripuerit, quin etiam ægritudinem adeo vehementer sevisse in Greges, ut ovium partes duas ille morbus aflixerit. Del de ciento a Cristo mi bien, oigamos a Plinio, lib. 7, cap. 3. Morborum, vero tan infinita est multitudo ut Pherecides syrius copia serpentium ex corpore eius erumpente expiraverit, quibusdam perpetua febris est, ut C. M. eidem trienio supremo nullo ore momento contigit soninus, anticipater Sidonius Poeta omnibus annis uno die, tantum natali corripiebatur febri, & eo comsumptus est. En este siglo se padeció de la Erisipela, no dejando libres sino es los ojos.
Ya hemos visto por mil y seiscientos y noventa años, los Médicos Racionales, dejando otros infinitos, como los puede ver el que quisiere en el Theatrum vitæa humanæ, las graves dolencias, y enfermedades, que son las mismas, y aun mayores que las que ahora se padecen; así por la necesidad para los superabundantes alimentos, como por la carencia de la grande lujuria, y baños exquisitos de que usaba la Antigüedad: hase visto también las personas que de tales accidentes murieron, y no presuma la ignorancia, que estos son excepción de una regla general; antes bien, se ha de creer, que como perspectiva están detrás millones de millones, y se saca por consecuencia legítima también, que no habiendo vivido ninguno de los mencionados, cien años, que no es verdad lo que alegan, de que la Antigüedad vivía vida más dilatada; pues dejando todos los sentidos que los Santos Padres dan a la infancia del mundo, y asentado con la Escritura, que fueron de doce meses cada uno de los años, digo: Que no fue universal, sino particular privilegio de algunos de aquellos primeros Padres, para que se perpetuase la Fe en ellos, y en los descendientes, por obra de la Providencia Divina, que de la naturaleza, para que mejor pudiesen propagar el conocimiento de un verdadero Dios, y instruirles con su ejemplo, cómo debían adorarle, y cómo aplacarlo con sacrificios; y finalmente, cómo debían retener la Fe en el Mesías que había de venir a salvar el mundo: y también como dice Josefo, para que viviendo tanto, hiciesen la experiencia de la instrucción de las Artes, y Ciencias, y para el conocimiento de las causas, para enseñanza a toda la posteridad; desvanecidos, pues, con el lugar de Plinio, y con la noticia de diez y seis personajes de la Ley Natural, que vivieron a seiscientos, ochocientos y novecientos años; sacan por consecuencia, que los Médicos no son necesarios, y que la vida de los hombres se puede prolongar sin ellos; pero les ha sucedido lo que a los muchachos que se ponen zapatos nuevos, como dice con donaire, el tres veces Tulio de la Iglesia, hablando de los Marcionistas: Supercilio stuporem suum, ædificant Marcionitæ, quod novum Deum proferant, quasi nos veteri Dei pudeat, inflantur, & pueri novis calceis, sed a vetere pædagogo calceati mox vapulabunt. Revientan de vanagloriosos los Marcionistas, con la novedad de un Dios, que han fingido ser Autor del mundo, que vemos criado, como si alguno de todo el resto de los hombres se hubiera en alguna ocasión avergonzado de venerar al Dios Antiguo, y Verdadero, por Autor del mundo. También los muchachos se desvanecen con el nuevo calzado que se ponen, y para en azotes su vanidad. Y séase lo que se fuere, yo no hallo lógica en que de una particular de los Romanos, y de la infancia del mundo, en materia contingente se pueda inferir una universal, Petrus non currir, ergo nullus homo currit. Es muy pulida la consecuencia, y es lástima, que no hagan unas Súmulas en Romance, para que aprendamos algo los que no sabemos Latín. Pero alzando la pluma de este Paréntesis, cierro el discurso al juicio, diciendo: Que el Autor de esta Apología defiende con gran Método lo que dice, está llena de erudición, y doctrina: defiende con historias, y razones inconcusas lo que propone: desvanece las opiniones contrarias, con solidísimos fundamentos en lo que disputa: defiende el lustre de la antiquísima Medicina Racional, y en ella a sus Profesores: no ha faltado a la atención Cortesana en lo que confuta: no se ha desatendido de lo modesto, y grave en lo que arguye: y si alguna vez habla con ardimiento, y acrimonia, es por pedirlo así la cláusula del contrario, y donde lo reduce a grepejo, es por templar con él lo que pedía mayor encono. Finalmente, no ha incurrido en las Censuras de los Sagrados Cánones, y Apostólicas Constituciones, ni estraga las buenas costumbres en lo que discurre: con que es digno de que se le dé la licencia que pide. Este es mi sentir, y cuando fuera de contrario dictamen, lo depusiera, por arrimarme al parecer Doctísimo del Reverendísimo Padre Maestro, y Maestro mío, Fray Agustín Cano de Olmedilla; pues como dice el Espíritu Santo: Nullus Discipulus supra magistrum. De mi Estudio, 5 de Agosto, Madrid 1690.
Lic. D. Bartolomé Ponce de León y Corruchaga.
[ hoja iii recto a ix recto ]
Aprobación del R. P. M. Fray Agustín Cano de Olmedilla,
Predicador de su Majestad, y Prior en su Convento de Atocha
De orden de V. S. he visto un libro intitulado. Verdadera Apología, en defensa de la Medicina Racional Filosófica, &c. Compuesto por Don Diego Mateo Zapata, y en él no hallo cosa contra la Fe y buenas costumbres, antes en él veo una honrada correspondencia a la Ciencia que ha profesado, que es defenderla de los soplos que quieren empañar la pureza suya. Este es mi parecer, salvo, &c. Madrid, y Julio 24, de 1690 años.
B. L. M. de V. S. Su menor Capellán,
Fray Agustín Cano y Olmedilla.
[ hoja ix vuelto ]
Licencia del Ordinario.
Nos el Licenciado D. Alonso Portillo y Cardós, Vicario de esta Villa de Madrid, y su Partido, por el Eminentísimo Señor Cardenal Portocarrero, Arzobispo de Toledo, &c. mi señor. Por el presente, y por lo que a Nos toca, damos Licencia para que se Imprima el libro intitulado Verdadera Apología en defensa de la Medicina Racional Filosófica, compuesto por el Doctor Don Diego Mateo Zapata. Atento de nuestra Orden, ha sido visto, y reconocido, y consta no contiene cosa que se oponga a Nuestra Santa Fe, y buenas costumbres. Fecha en Madrid a veinte y cuatro de Julio de mil seiscientos y noventa años.
Licenc. Portillo.
Por su mandado
Cristóbal de Cepeda.
Suma de la Licencia.
Yo Manuel Negrete, Secretario de Cámara del Rey N. Señor de los que residen en su Consejo, certifico que por los Señores de él se dio licencia a D. Diego Mateo Zapata, para que por una vez pueda imprimir un libro intitulado Verdadera Apología en defensa de la Medicina Racional Filosófica &c. Como consta del Decreto Original que por ahora queda en mi Oficio, a que me remito. Y para que conste di la presente en Madrid a 22 de Febrero de 1691.
[ hoja x recto ]
Fe de erratas
En el fol. 3, lín. 5, donde dice Medicida, lee Medicina. En el fol. 4, lín. 8, donde dice cree lee, creer. En la lín. 17, donde dice plonarmo, lee Plonasmo. En el fol. 5, donde dice velocidad, lee veleidad, lín. 10. En el fol. 7, lín. 4, donde dice Philosaphicos, lee Philosophicos. En el fol. 11, lín. 6, donde dice empezado, lee empicado. En el folio 16, línea 3, donde dice, o l vardas, lee o alvardas. En el folio 27, línea 8, donde dice espante, lee es patente. En el folio 33, línea 2, donde dice indepente, lee independiente. En el fol. 41, línea 25, donde dice clausuta, lee clausula. En el fol. 42, línea 11, donde dice, y no, lee el no. En el fol. 45, donde dice línea 5, incurría, lee incuria.
Este libro intitulado Respuesta a otro libro, que compuso Don José Gazola, intitulado Entusiasmos Médicos, que saca a luz D. Diego Mateo Zapata, advirtiendo estas erratas, corresponde con su original. Madrid, y Febrero, 23, de 1691.
Don Martín de Ascarza,
Corrector General por su Majestad.
Suma de la Tasa
Tasaron los los Señores del Consejo Real de su Majestad, este libro intitulado Verdadera Apología en defensa de la Medicina Racional Filosófica, &c., seis maravedís cada pliego. Y para que conste di la presente en Madrid a 24 de Febrero de 1691
Manuel Negrete.
[ hoja x vuelto ]
Ne respondeas stulto, iuxta stultitiam suam, ne efficiaris ei similis.
Prov. 26, cap. 4.
Aunque el Espíritu Santo (por boca del más sabio que ha habido, ay, ni puede haber) manda, que no se responda al ignorante, necio, y presumido, a las simplicidades, e ignorancias, que aborta la incapacidad de su juicio, por no hacerse su semejante: pareciéndole, que la más digna respuesta es la desestimación del que pretende, sacrílegamente incendiario del Sacro Templo de la Opinión ajena, conseguirla (aunque infame) en la inmortalidad.
Pero ante viendo, que el número de los ignorantes carece de guarismo, que le supute: y que cada uno juzga según su incapacidad, parece (a nuestro modo de entender) que alteró el inalterable, y firme antecedente Decreto; volviendo a decir por el Prov. 5. Responde stulto, iuxta stultitiam suam; ne sibi sapiens videatur. Responde al necio, ignorante, y vanamente presuntuoso, a la necedad que propone; no sea que se alce con el cognomento de sabio, y el vulgo simple le gradúe con tal título, que como dice el Máximo Doctor de la Iglesia: el ignorante con la volubilidad de la lengua, no solo alucina a los simples, ignorantes, que le oyen, sino a sí mismo, porque cree, que pues le tienen por sabio, que sin duda ninguna lo es. Óiganse sus palabras en su propio y mejor Idioma, Epist. ad Nepotian: Verba volvere, & celeritate dicendi, apud imperitum vulgus, admirationem sui facere, indoctorum hominum est. Athica frons interpretatur saepe, quod nescit, & cum aliis persuaserit, sibi quoque usurpat scientiam.
Este Decreto, y otro del mismo Espíritu Santo (en que manda, que cada uno mire por la conservación de su opinión, y fama, que vale más que todos los tesoros del mundo: Curam habe de bono nomine, hoc tibi magis proderit, quam divitiæ multæ. Y aún más que la propia vida, en sentir del Apóstol, pues dice: Malo mori, quam ut famam meam quis evaquet) me motivan a romper la incapacidad de mis labios: así porque hay cosas, que descerrajará los labios más cartujos, como porque conozcan los Doctos, e ignorantes el poco arte, valor y prudencia del Livelador, pues yo, no solo basto a responderle, sino a retratarle.
Empieza (pues) sus Entusiasmos con una Dedicatoria, tan indigna de poner en las manos de la Majestad, a quien la dedica, que si no es confesando, que su espíritu es el mismo que el del Autor de la Nueva Ciencia, no podía carecer de reprehensión, y castigo; así por lo sagrado, que profana, lo bastardo, y bárbaro de sus conceptos, el grosero, y humilde ropaje de que los adorna, como los errores que declara y opuestos siempre, y nunca permitidos en la pureza de nuestra Religión. Óigase a la letra, sin quitar una coma; pues el Libro (en la fe de erratas) declara, estar fielmente correspondiente a su original.
[ páginas 1-2 ]
SEÑORA
Dos Sciencias se juntan en este Papel, y vienen dadas las manos a postrarse humildes ante la Real Majestad de ese Sagrado Diadema. Celeste la una, Secretaria de las Estrellas: Humana la otra. Aya de la Salud. Lo primero (el Señor Archisoplón) no sabe Ortografía, pues no hay parte, donde no invierta sus preceptos: y aunque responda, que Intenui labor est, le respondo, que Attenuis non gloria. Porque si va a decir verdad, no es cosa tan tenue, y humilde, la que es bastante a desacreditar a un Médico, a un Teólogo, a un Jurisconsulto, Padre de la Autoridad, a un Matemático, a un Astrólogo, que no hay quien repare más en puntillos; y finalmente, a quien echa por la boca Entusiasmos, que es lo mismo que Divinidades, a quien desacredita cualquiera leve error.
Ciencia, escribe con S líquida, sabiendo que habla en lengua Castellana, y las voces han de venir vestidas de la librea, y uso de la Patria; y aunque hay algunas, que igualmente se dicen en una, y otra lengua, como Filosofía, que en Latín, y Castellano se escribe, y pronuncia, y otras semejantes voces; se responde, que (aunque no fuera delito decir Filosofía, sino virtud) esta, y otras voces semejantes están ya connaturalizadas, y admitidas en la lengua Castellana: pero Sciencia no se dice, ni se admite, ni se escribe: Ignorar las apuntaciones, Comas, Miembros, Periodos, Admiraciones, Interrogaciones, y Paréntesis, es ignorarlo todo; y es notablemente reparable: porque si pecara en este vicio un Romancista, un Idiota, una tota substantia simple, no me espantaría, ni me encolerizara, pero que los hombres, que han frecuentado Universidades, han arrastrado Manteos, han recibido Grados, y Laureolas, con general aclamación, y tienen conocimiento de todas las cosas (Terrestrium, Cæleftium & Infernorum) tropiecen en estas menudencias, es materia de tanta reputación, que infama a las Naciones, que se precian de tan circunspectas en esta parva materia; sino es que digan, o que el Archisoplón es excepción de su regla general, o que le hemos pegado el contagio.
Dos ciencias (dice) se juntan en este Papel. Tomará el Archisoplón, que tuviera su Papel sombra de ciencia, como manifestaré en la Anatomía que haré de todos sus discursos. Prosigue diciendo, Que vienen dadas las manos a postrarse humildes ante la Real Majestad deste Sagrado Diadema. Vea el Docto, qué quiso decir el Archisoplón en esta cláusula, y verá, si el Doctor Ayala, dijo con más gracia, en su Soneto: Vengan todos a ver al Rey, y a besar sus Guantes. De suerte, que el Archisoplón no dice, que como Insigne Profesor de la Astrología, y de la Medicina, se postra ante la Real Presencia de su Majestad, asegurándole en su juicio la dilatada vida, y fecundidad, y la perpetua salud, en lo infalible de la Medicina, si no es, que toda la Medicina en práctica; esto es, todos los Votes, Hierbas, Drogas, y Jarabes, con todo lo demás que sirve a lo farmacéutico, con todas las Estrellas, Cielos, Signos, Planetas, Esferas, Astrolabios, Compases, y Cuadrantes, &c. se postran delante del Diadema, que estaba consagrado a la Reina N. Señora, para asegurar a éste Diadema, o esta Real Corona, que pariría muchas veces, y que viviría mucho tiempo. Esto es lo que dicen las referidas palabras.
Celeste la una, y humana la otra. La primera adivinó, y escogió a V. Maj. por Reina Reinante de las Españas, llevando consigo por fiador, la segunda, para que con el logro de sus dictámenes, le abone el suceso de tan felices auspicios.
No es fácil, de que haya quien penetre, lo que el Archisoplón ha dicho en esta cláusula, porque, o prosigue hablando con el Diadema de la Reina N. S. y si es así, bastantemente da materia a la risa; pues dice, que la Astrología es Divina (pues quien llama humana a la otra, que es la Medicina lo supone) y que adivinó, y escogió (véase con atención, que no hay palabra, que no sea un milagroso disparate) a la Diadema por Reina Reinante (¡que esto se imprima!) llevando consigo por fiador (pone luego) la segunda entre dos comas, y prosigue para que con el logro de sus dictámenes, le abone el suceso de tan felices Auspicios. Entiéndanme esa Gramática, y vengan cuantos Preceptores hay en el Orbe a comentarme este sentido. Si dice el Archisoplón, que está más claro que su juicio anual; porque aquella palabra, la segunda, es persona que padece, y que hace en dos distintas oraciones: le responderé: que me permita, no quererlo cree, porque si dice, que la persona entre paréntesis, fue yerro de la imprenta, no admite esta disculpa el Corrector; pues dice, que está fielmente impreso, y corresponde con su original, el tal tratado. Lo que supone entre paréntesis, no puede tener dependencia en la oración, por ser paréntesis un círculo partido por medio, dentro del cual se encierra la cosa, que quitada, no queda imperfecta la oración (esto enseña a todos la clase de minimus: y me admira que sin saberla se pase a mayores) y siendo persona que hace, o que padece, era imposible ser paréntesis. Dice, Reinante con letra grande, y dice demás de esto un pleonasmo, pues quien dice Reina Esposa de un Rey, dice Reinante: la segunda (dice que) lleva por fiador, habiendo dicho que es divina la primera, y humana la segunda: ¡qué pobre, y mísera divinidad! que necesita para ser creída, dar por fiador a una humana ciencia. Para que con el logro de sus dictámenes, le abone el suceso de tan felices Auspicios. Pregunto yo, ¿qué necesidad tiene de fiador el que ha pagado ya la deuda? el fiador se da para abonar que pagará, y cumplirá lo que promete, el que ofrece, o debe; que no el que pagó los auspicios, que ofreció en el feliz logro de ellos. Esto es por este sentido; pero si dice al Archisoplón, que el Apóstrofe, era con la Reina N. S. y no con el Sacro Diadema, me ha de confesar, pues confiesa; que es Apóstrofe, que fue disparate el primero, en que hablaba con el Diadema, o si lo niega, ha de confesar, que es todo un disparate continuado. Dice asimismo, que la Astrología adivinó; que había de ser Reina, y que había de tener fecundidad, hablando con todo este recato, y haciendo abstracto de la persona, no diciendo, que D. José Gazola Veronense, Archisoplón de las Estrellas, y Académico Aletófilo había hecho juicio, porque no le recogiesen la persona, como su pronóstico; pues advierta el Señor Archisoplón, que estos abstractos no los admite la Santa.
Prosigue: No dudo que la menudencia deste volumen, hará parecer muy corto el empleo de mis obsequios. Menudencia pone por corto, o breve, y le da (luego) nombre de volumen, a un tratadillo de cuatro pliegos y medio de papel; de los cuales gasta catorce hojas en Aprobaciones, Licencias, Dedicatoria, Fe de Erratas, y Proemio: y dice, que la menudencia, hará parecer muy corto el empleo de sus obsequios, que es decir: que los obsequios que le hace a su Majestad, es emplearse en darle salud perpetua, y dilatada vida, darle una fecunda, y próspera sucesión: vean si es barro, y menudencia lo que promete, y si pudiera decir más un Orate, que no fuese Astrólogo, que dice: Que abultará la menudencia la traza de ofrecer todo lo que necesita. Con que en manos del Archisoplón está la salud, la fecundidad, y lo dilatado de la vida de la Reina N. S.
Prosigue diciendo: Es verdad que Dios siendo justamente inclinado a los Monarcas les entregó cuanto crió de regalo su liberalidad infinita, hasta avasallar a su Trono tantos humanos albedríos, cuantos individuos se les profesan súbditos. ¡Con qué gala, y nobleza está dicho! Monarca llama a los Reyes, y es cierto, que no tiene disculpa un Académico Aletófilo, de no saber qué es Monarca, pues solo hemos conocido, desde la creación del mundo, hasta el Nacimiento de Cristo, dos Monarcas; uno Alejandro; y otro Tiberio; pero dirá que lo dijo por lisonja, como lo dijo por fuerza Salazar de Mendoza; pero le respondo: que antes es injuria, velocidad, y miseria, que lisonja, y galantería; pues dar una cosa a todos; y hacerlos dueños de lo que había de ser uno es en traje de dádiva, o presente, lo mismo que nada entre dos platos. La liberalidad infinita puso con letra versal, él ha puesto infinita está ocioso; pues siendo liberalidad de Dios, se supone sin número. Dice, que Dios avasalló al Trono de los Reyes los humanos albedríos, y esto no es así; por no decírselo al Archisoplón en otra frase, pues aun el mismo Dios, nunca fuerza al albedrío, aun precediendo los auxilios eficaces, con que nos predetermina; y si hubiera leído Escritura supiera el origen de los Reyes y cómo los hombres por su propia conveniencia, y conservación, buscaron quien los mantuviese en paz, y justicia: y en esta parte no es sujetar el albedrío, antes bien, es tenerle libre; pues con el Gobierno Recto del Príncipe, les tiene en libertad, las vidas, las honras, y las haciendas; por lo cual hacen juramento de fidelidad, y obediencia, y de mantenerle, perdiendo la vida, y la hacienda en su defensa, siempre que fuere menester; pero el Rey que se apartare de esta obligación, no será Rey sino tirano, a quien no están obligados a obedecer.
Dice luego: Y lo que no alcanza todo el Luminoso Poderío de los Astros, permite que se les caiga rendido a su Real Obediencia; porque Astra inclinant, sed non cogunt. Lo que no alcanza, puso por conseguir, y dice Poderío de los Astros: los Astros no tienen poder, ni poderío; antes bien, son súbditos del hombre, que Príncipes, dícelo cuando menos el Espíritu Santo: Vis Sapiens dominabitur Astris, pondrá debajo de sus pies el Varón Sabio, los Astros, y sus influencias, pero dirá el Señor Archisoplón, que habló de los ignorantes, que siguen las influencias a que los inclinan, y le respondo: que esos no son hombres, sino bestias, y las bestias no tienen albedrío.
Prosigue: Que solamente se guardó para sí la sucesión, y la salud; o para repartirlas igualmente, y fin distinción entre todos los mortales. ¿Habrá quien nos comente este sentido con caridad, y qué quiso decir el Archisoplón, más temático, que Matemático? Pues lo que suena son dos sentidos, y entrambos literales, el primero, dice: Que Dios reservó, y guardó para sí la sucesión, y la salud. Vea si habrá Teólogo de primera tonsura, que se conforme con este literal sentido, pues dice: Que la sucesión, y la salud la necesitaba Dios para sí, y por eso no la dio a los Reyes, habiéndoles dado todas las cosas. El segundo dice: O para repartirlas igualmente, entre todos los mortales: Que es decir (sin violencia) que en caso de que no la hubiese menester para sí, la distribuyó igualmente a todos los mortales: que es decir, que a todos les dio salud, y sucesión, ahora fuesen Casados, Vírgenes, Celibatos, Frailes, o Monjas, y dice, que solo Dios lo reservó para sí, la sucesión, y la salud, habiendo dicho (pocas líneas antes) que él le prometía a su Majestad todo, lo que necesitaba, que era una larga vida con la fecundidad de una larga prosperidad; y vuelve a repetir: Y así viendo que tiene V. M. el corazón dulcemente aprisionado, del celo de la Religión, entrambas a dos, ofrezco a los pies de V. M. la sucesión con la predicción de la Astrología y la salud con la cortedad de mis medicas advertencias. ¿Qué más pudo decir, ni más claro? con la Judiciaria, dice, que sabe, y ofrece la fecundidad, y con sus advertencias la salud, aunque Dios las tiene reservadas para sí, y que esto sea cierto, lo manifiesta el mismo Archisoplón, pues en el folio cuarto de su Pronóstico del año de ochenta y nueve, confiesa haber estudiado la Astrología Judiciaria, pues dice: No porque ignore alguna de las reglas del Astrología Judiciaria, mas porque beso y venero los Sabios Decretos que con razón la condenan, por impía en la Sagrada Congregación del Vaticano. Pensó alucinarnos el Archisoplón con la salva y veneración que hace a la Sagrada Congregación del Vaticano, y me ha de permitir, que le pregunte (si cuando estudiaba la Judiciaria y la comprehendió con tanta eficacia, que no ignora alguna regla, según declara por su confesión) si ¿veneraba esos Sagrados Ritos, y Sabios Decretos de la Congregación del Vaticano? y me responderá, que sí, o que no: porque inter esse, & non esse non datus médium, si dice que sí, no sé qué le responda al Señor Don José, pues no se veneran los Sagrados Ritos, y Decretos, derogándolos, y profanándolos pues no solo prohíben el usar de la Judiciaria, sino el estudiarla, y los Libros, y Maestros, y Universidades adonde se permite, anatematizándolos, (si dice: pero dejo este discurso para el discreto lector) pero está manifestando, el que actualmente la profesa, el Edicto del Recto Tribunal del Santo Oficio, en que le ha prohibido sus Pronósticos: nadie se admire, pues no se esperaba menos de una mala compañía, y habiéndola tenido un año entero con el Piscatori, de donde sacó sus advertencias, Médicas, y tomó el Método de sus predicciones, se escapase el Discípulo de la pena del Maestro, y desde que supe esta nocia (por casualidad) de un amigo a quien le dejó un Libro en rehenes, mientras disfrutaba el Sarrabal, le dije: Va tibi mantua multum vicina Cremona.
Prosigue, diciendo: Con todo esto, perdonará si envío a V. Maj. estos Rasgos Filosóficos, en lugar de Epitalamios, pues he juzgado poco empeño de mi Retórica, emplearla en Reales Elogios. Lo que dice es, que S. M. perdonará estos rasgos Filosóficos (y no tiene ninguno el tal Papelillo, siendo cosa, que el Archisoplón aborrece Ex diámetro) en lugar de Epitalamios, que es decir, que cuando había de escribir un Epitalamio a las bodas, envía salud, y fecundidad, que en su concepto, no montan tanto, como los versos que debía hacer a la Boda de S. M. por lo cual pide perdón, y da la disculpa, diciendo: Que estas Bodas de S. M. han sido corto empeño para su retórica, y para emplearla en Reales Elogios. ¡Hay mayor decir en el mundo! Él no dice que su retórica es limitada para tan grandes Elogios, sino que los Elogios Reales son corto empeño, para emplear su Retórica, ¿y que esto se apruebe, y corra por la plaza del mundo?
Prosigue diciendo: Las Personales Prendas de V. Maj. desbaratan todo lo retórico, arrastrando consigo precisada cualquiera alabanza. Y así cerraré la puerta a la elocuencia, en el ínterin que el Celibato del mayor Monarca del Mundo va en busca del nuevo tálamo; porque estoy muy seguro, que en encontrándose con las muchas gracias de V. Maj. se verá obligada la Política de sus Reales agrados, a afectar este Himeneo, reconociéndolo tan grande, y singular, como costosa, y distante su elección. Las prendas personales dice que desbaratan todo lo retórico, y que traen (no solo precisadas, sino arrastrando) cualquiera alabanza: Vean ustedes, si este es buen modo de elogio, y que así cerró la puerta a la Retórica; quiso decir que por no saber Retórica, como lo están manifestando sus Tratadillos, no ha expresado con vivas luces las singulares prendas de la Reina N. S. pero dice, que cierra la puerta, en el ínterin, que el Celibato del Mayor Monarca del Mundo va en busca del Nuevo Tálamo. Con que supone, que las prendas que ahora no necesitan de la Retórica, por ser mayores que toda exageración (ya se holgará el Archisoplón de haberlo dicho así) necesitarán después (que el Rey se haya encontrado con las gracias de la Reina N. S.) de la Retórica, que ahora está cerrada. No es menor disparate (sino sin comparación mayor) el que le sigue, pues dice, que el Celibato del mayor Monarca, va en busca del nuevo Tálamo. Celibato llama a un Matrimonio Rato, que no se puede disolver, sino es por ingreso de Religión, en la cual ha de profesar uno de los dos que han contraído el Matrimonio: y aunque le excluyan, ha de entrar en otra, y profesar, si no se ha de volver a juntar con su Matrimonio: y dudan y (con justa causa) si este Matrimonio le puede disolver el Pontífice, fundados en aquellas palabras: Quod Deus coniunxit, homo non separes. Y en fin (ponderadas unas, y otras razones) dicen, que con grave, y justa causa puede el Pontífice disolverle.
Porque estoy muy seguro, que en encontrándose con las muchas gracias de V. M. se verá obligada toda la Política de sus Reales agrados a afectar este Himeneo. Miren qué florida cláusula, que no dice menos, que la Política de los Reales agrados, se verá obligada a fingir este Himeneo, luego que se encuentre con las muchas gracias de la Reina N. S. Con que da a entender, que si su Majestad no encontrara ninguna gracia en la Reina N. S. admitiría la Boda; pero porque la tiene, no la admite, sino que finge esto es lo afecta. Toda Anticira no será bastante a curar este Cerebro. ¿Habrá Clérigo de Misa, y olla, que diga, que el Matrimonio Rato le hace válido, o le irrita las prendas personales, o gracias que hay, o no hay en uno de los contrayentes? Qué importa que no lo haya, si hay un Archisoplón, que lo dice. Da la razón, de afectar este Himeneo, reconociéndolo tan grande, y singular, como costosa y distante su elección: esto es desvergüenza interpretarlo, y sólo se podía permitir el mental sentimiento de la costosa elección, si fuera a vasallo.
Prosigue, una tempestad de disparates, no de inferior peso, que los antecedentes y concluye la Dedicatoria, hablando con la Nación Española, diciendo: Salga, (y pone una coma) pues, (y pone otra) la Generosa Hidalguía del Espíritu Español, a recibir a su más deseada Reina, que yo con humilde rendimiento, adorando estoy su Trono. Esta es la Dedicatoria de tanta Majestad, este es el frontis del edificio. Vea el Docto, el Ignorante vea, aun el mismo Archisoplón, si no es un perenne disparate: y si no dígame él mismo, que los demás ya están convencidos a fuer de racionales, ¿a dónde está el Arte? ¿Dónde la Retórica? ¿Dónde el concepto? ¿Dónde el estilo? ¿Dónde la valentía? ¿Dónde la Filosofía? Pero responderá en el Proemio, y las siguientes Advertencias.
[ páginas 2-9 ]
PROEMIO
El Proemio puede dar risa de limosna a diez Demócritos; por ser el más eficaz exorcismo de la Melancolía; pues no sabiendo hacer una concordancia, dice, que es superior a todos, en desvelarse, para formar su discurso, en que las más elevadas plumas, y los mayores ingenios trabajaron, y consiguieron (en el precipicio) el escarmiento. Dice (también) que procurará, que salga su Discurso desautorizado, por no imitar a aquellos hombres grandes, que apoyaron sus Doctrinas con autoridades de otros, por escribir de Idea propia, o por no imitar a otros, que se valen de Florilegios, y Polianteas, para comprehender muchos aforismos, sin entender los libros, de donde los sacaron: y que así se le permitirá escribir con llaneza: y más cuando ha de escribir en provecho de nuestra salud. Que por eso (en la primera, y segunda advertencia) no se puede excusar de examinar a los Médicos, a fin de que nadie desacierte, en diferenciar los buenos, de los malos. Dice (finalmente) que aunque este reparo, parece demasiado en Madrid, por ser la mayor parte hombres escogidos, por su mucha Sabiduría, y experiencia; con todo eso, porque no faltan (en todos los lugares) Vagamundos, y Extranjeros que (debajo de la sombra, y amparo de algún Señor) se blasonan por Médicos, y aun por algunos destos recién laureados, que luego se atreven a llegar a una tan ardua profesión; unos, y otros, igualmente, engañando al Pobre Idiota; pues no hay ciencia en que menos se conozcan los ignorantes de la Medicina, graduándolos indignamente de excelentes, y a la fortuna, y a una popular opinión; y finalmente, porque será fácil que llegue aqueste papel allende los Pirineos, donde será más necesario, y provechoso.
No tiene necesidad el Docto de explicación, para conocer, que el Proemio, no tiene pies, ni cabeza; pero tiene necesidad el ignorante de ella, para que (en su concepto) no pase por acierto, y así le iré poniendo (delante cada cláusula) los errores: que contiene. Dice así: Es costumbre de los que escriben Almanaque, o por dar muestra de que son muy celosos, e interesados del bien común, o por dar (con la ambición de la salud) más estimación a sus libros, añadir a sus Pronósticos unas advertencias Médicas, para vivir largo tiempo buenos, y sanos. Costumbre es nombre apelativo, y así no se pone letra Inicial, después había de haber una coma, por seguirse una oración de relativo, que es de los que escriben Almanaques, y pone allí una coma, habiendo de poner dos puntos, o por dar muestra, había de poner otra coma: que son muy celosos, e interesados del bien común, había de estar con letra Inicial: vuelve a repetir, o por dar con la ambición de la salud: ambición, se pone con letra Inicial, como nombre proprio, para vivir largo tiempo buenos, y sanos. Tiempo se escribe con letra Inicial; quien dice buenos, dice sanos; porque estando sanos, están buenos; y estando buenos, están sanos; porque como dice el señor Archisoplón (y es de todos) Bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu; dice mas que es propio de los Astrólogos ser Médicos, y que por dar con la Ambición de la salud, más crédito a sus libros; y llama libros los Almanaques, que tienen dos pliegos, y medio de papel: Vean ustedes como acrecienta libros el Archisoplón, y si podrá decir a pocos Pronósticos, o pocos Almanaques, que ha escrito más libros o volúmenes que el Tostado. Dice, que se vio obligado a sacar los Entusiasmos; y es de advertir, que siendo los Entusiasmos un nombre genérico; porque pueden ser Políticos, Poéticos, Bélicos, Teológicos, Morales, &c. Y habiéndolos hecho específicos, con decir Médicos, dice luego: Que tampoco quiso que estuviesen faltos de cosa tan importante. Esto es, que los hizo primero Entusiasmos, y no sabemos de qué, si fueron Bélicos, o Matemáticos, y luego dice, que los hizo Médicos, que eso quiere decir, tampoco quise que estuviesen faltos de cosa tan importante. ¿No es cosa digna de admirar el modo de decir? Pues, el tampoco, está dado otro nuevo ser a los Entusiasmos.
Prosigue: Antes bien, por ser en el cariño superior a los demás, he aplicado todos mis desvelos, para formar el presente Discurso. Qué gran Cortesano, que es el señor Don José Gazola Veronense; pues dice, que todos los demás vasallos le son inferiores en el cariño y que esto lo testifica la aplicación de todos sus desvelos, para formar el presente Discurso. Doblemos aquí la hoja, porque el Inicio del presente Discurso nos dirá (después) que tal es el cariño, y los desvelos del señor D. José; y pasemos a que dice: Sufriendo el ser vencido en lo Astrológico, por poder conducir mejor a la común utilidad, en lo Médico. Sufriendo el ser vencido en lo Astrológico, me parece, que quiere decir, que no sabe tanta Astrología, como Medicina, o que sufre, que le tengan por mediano Astrólogo, con tal que le acrediten de gran Médicos; o que sufre que digan, que no sabe Astrología; pero que ha estudiado Medicina con perfección, y que así aprovechará mejor en lo Médico, en la común utilidad; que esto es, lo que quiere decir, Por poder conducir mejor a la común utilidad en lo Médico. Habiendo dicho en el principio del Proemio, que no puede uno ser Astrólogo, sin ser Médico, y al contrario, cuando empieza, diciendo: Es costumbre de los que escriben Almanaques, dar unas advertencias Médicas, &c. Con que ya le tenemos acreditado de grande Médico, o por lo menos mejor que Astrólogo, confesado por su propia boca, y ahora pretendo desautorizarle de Astrólogo, y de Médico, y no me ha de costar mucho; pues es cierto, que para hacerle la guerra, me suministra las Armas. De los antecedentes consta, que no puede ser uno buen Médico, sino es muy buen Astrólogo; Sed sic est, que el Archisoplón confiesa, que es mal Astrólogo, cuando dice: Sufriendo el ser vencido en lo Astrológico. Esto es, confesando ser menos Astrólogo que Médico; que es lo que da a entender, diciendo: Por poder conducir mejor a la común utilidad en lo Médico. Luego el Archisoplón no es Médico, ni Astrólogo. Que no sepa la Astrología, patet, pues demás de su confesión, lo hace notorio el sagrado Edicto, que se la prohíbe; de que se infiere, que su Astrología no es, de la que conduce a la salud.
Prosigue: Que aunque son infinitos los Autores, que tratan desta materia; pues desde Galeno hasta hoy, discurren trazas, y reglas, para conservar la salud: siendo también recibidas entre todas las Naciones, que en la Escuela Salernitana, para ponerlas en la memoria las abrigarán con el traje de Refranes. Hace punto, dejando el sentido imperfecto, pues el aunque queda suspenso, o empezado, que esto lo entenderá mejor, por ser término de su Patria, de suerte, que innumerables muy Doctos Autores, desde Galeno, hasta hoy discurren reglas, y trazas, que son admitidas en todas naciones, por muy buenas; y especialmente en la Escuela de Salerno: pero con todo eso, dice, que no desconfía su cortedad, esperar agradar más que los mayores, y más Doctos Ingenios, que en aquesta materia han empleado sus plumas, que consiguieron el escarmiento, no pudiendo alcanzar, a la elevada cumbre de sus experiencias, y dictámenes. ¿Habrá quien ajuste este sentido? (aunque venga un San Homo-Bono a tomarle la medida) sin acreditarse de loco, o de soberbio: de forma, que aquellos infinitos Autores celebrados por todo el mundo, cuyas Doctrinas (hasta el día de hoy, desde Galeno) son admitidas en todas las Naciones, y también recibidas, que en la Escuela de Salerno las abrigaron con traje de refranes, fueron escarmiento de los mayores, y más Doctos Ingenios, que son los de arriba, que emplearon sus plumas en esta materia, y no pudiera alcanzar, a la elevada cumbre de sus experiencias y dictámenes. De suerte, que estos grandes ingenios, habían hecho grandes experiencias, y dictámenes de la Medicina, y la habían puesto en la elevada cumbre, y estos mismos no pudieron llegar, ni alcanzar a las experiencias, y dictámenes: y si los dictámenes, y las experiencias no son de los grandes ingenios, ni innumerables Autores, serán de la Medicina, y siéndolo, será mayor disparate, pues habrá de decir que la Medicina no pudo llegar a la elevada cumbre de sus dictámenes, y sus experiencias, y quedarán los señores ingenios por ahora en el aire, como paso de garganta. No puedo dejar de confesarle al Señor Gazola, que tiene grandísimo arte, para poner disparates, no teniéndole para poner una coma.
Con todo eso (dice) que espero agradar, y no por lo bien escrito, pero por la novedad, y brevedad de sus Entusiasmos. Esto es, que aunque no vale nada lo discurrido, colocado, y hablado; esto es, ya que no por lo bien escrito, por la novedad y brevedad de mis Entusiasmos: Esto es, por la novedad de que vean, que quien no sabe Filosofía, Retórica, ni escribir, se atreva a lo que no han conseguido tantos hombres grandes y tan celebrados ingenios, y también por la brevedad de sus Entusiasmos; esto es, porque mete en cuatro pliegos de papel, cuatro mil Entusiasmos de disparates, si es que permiten los Etimologistas esta imputación.
Prosigue: Este deseo de la novedad, y brevedad, me obliga a no seguir el estilo y las pisadas de algunos escritores, que sin escribir de idea propia, ni con título de alguna defensa, llenan sus libros de tantas autoridades, que a salir los Autores de sus urnas, poniendo pleito en el Tribunal de Esculapio, sobre que les restituyesen lo hurtado, quedaran más desnudos, y desplumados que la Graja de Esopo.
en proceso
[ páginas 9-21 ]
PRIMERA ADVERTENCIA
Empecemos como Filósofos a inquirir el Quid sit res? Esto es la esencia de la cosa, por la definición manifestada, y veremos primeramente, qué sea Entusiasmo, y antes de definirlo, me admira el motivo tan opuesto al dictamen del Señor Archisoplón, para imponerle a su Tratadillo nombre tan oscuro, cuando se precia de escribir con tanta llaneza, como se ve, y como dice; porque fuera de ser una voz forastera, y de una lengua tan extraña, que nadie la sabe en la Corte, sino es los Armenios de San Felipe, también como nuestras madres, aunque exactamente, para vendernos sus drogas, y cajas, y llevarse nuestro dinero en Castellano, que lo entienden mejor, que nosotros sus ventas, pero dirá, que como su obra es una cosa tan extraordinaria, era preciso buscar un Título, o Cognomento, que llenase toda la perfección de su trabajo, y que este término no se podía hallar, ni más sucinto, ni mayor en otro idioma que en Griego.
Pues sepamos, ¿qué es Entusiasmo, que nos tiene en gran confusión? y ¿quién nos dará noticia desto? ¿quien?
El Señor Don Ambrosio Calepino,
Y el Señor Lexicón del gran Calvino.
Válgate el Diablo la Copla, ¿por dónde ha entrado sin mi consentimiento? ¿qué fuera si fuera yo Poeta? pero fuera admiración, cuando lo son hoy todos, sin haber visto la cara a las Musas: no me podía estar mal, que antes hallaba dos utilidades. La primera, que podía responder a todo el Volumen, con un coleto, que dicen consta de catorce versos, y me ahorraba de revolver en la imaginación tanta borrasca de disparates, y de gastar en imprimirlos, lo que ha de llorar mi Mula en rebuznales lamentos, y a mí me ha de quebrar la cabeza con un Latín Proverbial, que dice: Quod delirant Rexes plectuntur aquivi, que ella, me le comenta, diciendo: Que lo que gasta el Médico, lo paga su Mula. Y la otra, porque me sirvieran de recetas para purgar, aunque tenían riesgo de algunos estómagos delicados, que echaran con ellas las entrañas, pues lo que no hace un Antimonio, hace una Copia de estos tiempos.
Pero ¿qué es lo que dice el Calvino? ¿qué quieren ustedes que diga un Hereje? una herejía formal, porque cada uno da lo que tiene. Dice así: Enthusiasmus est Divinus quidam vigor, qualem habent dicta, aut scripta eorum, qui Divino Numine sum afflati, ab flor numine. No es nada lo que echó por aquella boca. El Entusiasmo (dice) es un cierto vigor, y espíritu, el cual tienen los dichos, y las palabras de aquellos que están llenos de Divinidad: Lo mismo dice Calepino, y conviene con este sentir lo que dice de la Sibila Cumea, el Gran Poeta, cuando entró en la Cueva a pedir la respuesta para Eneas al Oráculo.
Tempus ait Deus ecce Deus: cui talia fanti,
Ante fores subito non vultus, non color unus,
Non compta mansere comæ, sed pectus anhelum,
Et rabie fera corda tument: maiorque videri;
Nec mortale sonans: aflata est numine quando
Iam propriore Dei. Virg. lib. 6. Enei.
Y después de algunos versos, dice:
At Phevi patiens immanis in antro
Vacatur vates, magnum si pectore possit
Excusisse Deum, tanto magis ille fatigat
Os rabidum; fera corda domans, fingitque premendo.
Y el otro grande ingenio, perdido por serlo, dice:
Est Deus in nobis, agitante calescimus illo,
Impetus hic sacra semina mentis habet.
Y el mismo, en el 3 de Arte Amandi:
Est Deus in nobis, sunt, & comertia Cœli,
Sedibus ethereis Spiritus ille venit.
Ya queda sabido, y autorizado qué es Entusiasmo, y vamos ahora a dos cosas. La primera, a preguntar al más soberbio, y vano del mundo, ¿si ha tenido atrevimiento de poner a sus obras (aunque fuesen las de Aristóteles, o el Divino Platón) tal Título? no habrá ningún antiguo, ni moderno, sino es el Archisoplón, que dice, Meme ad sum qui feci. La segunda, será ir a buscar dónde están estos Entusiasmos, pues estando por título de cada hoja, no se halla que empiece Capítulo ninguno, diciendo Entusiasmo primero, ni Entusiasmo segundo, y si no es primera advertencia, y segunda advertencia, y acaba llamando a la séptima, última Advertencia: con que los Entusiasmos fue Título Ad honorem, y se parece a cierto Libro (muy bien encuadernado) que hay en cierta Religión, que dice: Libro de Memorias de todos los Hombres Grandes, Obispos, Arzobispos, Cardenales, Pontífices, Santos, Mártires, y Confesores que ha tenido esta Sagrada Religión: Primeramente, no ha tenido ninguno, pero se irán poniendo los que hubiere. Aplíquese esto a todas las hojas, que dicen, Segunda parte de los Entusiasmos Médicos, y no hay primera, y la segunda no tiene ninguno. Pero dirá el Archisoplòn, que cada Advertencia es un Entusiasmo, y que le puso este Título, por no llamarle Advertencia, porque suena a consejo, y nadie lo quiere tomar, aunque fuera la quinta esencia del Juicio de todos los mayores hombres del mundo; pero que en cuanto a la esencia, lo mismo es Entusiasmo, que Advertencia, como se puede ver desapasionadamente.
Oigan ustedes cómo concuerda el Conveniunt rebus nomina Sæpe suis.
[ páginas 21-23 ]
PRIMERA ADVERTENCIA
Ser mejor dejar el cuidado a la Naturaleza, que valerse de Médico cuando no es muy entendido, y éste cuál deba ser.
[ páginas 24-44 ]
SEGUNDA ADVERTENCIA
Si sean mejores los Médicos Galenistas, o los Modernos.
En este Entusiasmo, pretende el Archisoplón desacreditar la antigua Medicina, y sus Profesores, Hipócrates y Galeno; y asimismo todos los Médicos Racionales, tratándolos con toda ignominia, y vilipendio: y pasa después a examinarlos, y ensalza los de la nueva Escuela, y dice, que estos, y él, son los verdaderos Filósofos, y Médicos.
Concluye, diciendo: Que el Médico que no se pareciere al dibujo que hizo, en el Entusiasmo antecedente, que aunque sea Catedrático de Prima, en la más célebre Universidad del Mundo, y aunque haya sacado diversos Tomos de Medicina, que no será buen Médico.
A todo esto, se le ha de responder con brevedad, claridad, y verdad, para que quede tan concluido como en todo lo antecedente.
Los Galenistas (empieza el Señor D. José Gazola) son unos Médicos pegados más a las Doctrinas de los Antiguos, que el mal Francés a los bubosos, o los Turcos al Alcorán de Mahoma, y antes matarán a Fulano, como tengan una autoridad que acotar, que curarlo, siguiendo los pareceres de la nueva Escuela: Hombres más sectarios, que racionables, que su ignorancia es el olvido, y su saber la memoria: toscos en el entendimiento, y bobos en la aprehensión, pues si se encuentran con un Filósofo, que les niegue como mentira, algo escrito de Galeno, o de cualquiera otro de los antepasados, se quedan tan admirados, y aturdidos, que como rayos se huyen, y santiguándose, les parece todo herejía, lo que no se conforma a sus fantásticas Escolásticas Doctrinas: esto y cuanto importe la libertad en el Filosofar para el acierto en las cosas Médicas, bien os lo dice vuestro Agudo Naturalista, el Doctor D. Juan de Cabriada, en su Carta Filosófica, digna Obra de la consideración de los Doctos.
Siempre la ignorancia sigue a la culpa, y corre líneas paralelas con la desvergüenza, y a no ser el Archisoplón ignorante, &c. no hablara con tanta desvergüenza, tan sin Arte, de unos Hombres que por la Religión, Calidad, Profesión, y Doctrina, aún se dedignarán de su Alabanza, por ser suya; pues los ignorantes con lo mismo que aplauden, vituperan; pues ¿qué más vileza, qué más desvergüenza, ni más ignorancia, que un Hombre que no tiene en la Corte más Apoyo de Crédito, Calidad y Sabiduría, que lo que ostenta en esta Cláusula, se venga a adquirir crédito (o por mejor decir su descrédito) a costa del ajeno? como decía el Doctor Máximo de la Iglesia: Vilium satis hominum est suam laudem quærentium alios viles facere, quia alterius vituperatione laudari putant, & qui suo merito placere non possunt placere volunt in comparatione peiorum.
Y esto mismo hallará el que quisiere en todos los Santos Padres de tales Hombres, y el mismo Espíritu Santo los Anatematiza, como consta del Prov. 26, y cuando hubiera convertido la soberbia en humildad, no le admitiera ninguno, antes bien le exterminaran de sus dominios, pues como dice el mismo Santo Doctor: Solum pietatis genus est in hac re esse crudelem porque es especie de Piedad ser cruel con los ignorantes; mayormente en cosa de tanto peso, como la conservación de la salud.
A lo que dice que los Galenistas son unos Médicos pegados más a la Doctrina de los Antiguos, que el mal Francés a los bubosos, o los Turcos al Alcorán de Mahoma: no ha dicho cosa mejor en su vida, y aunque hubiera subido más de punto la comparación, se lo hubiéramos estimado, porque las más veces se aparta el mal Francés de los tocados deste Gálico Accidente, por virtud del remedio; y asimismo se apartan de la falsa pérfida secta de Mahoma, y tu Alcorán, los que iluminados con las luces de la Fe, y Doctrina del Evangelio, para abrazar la Religión Católica. Divorcios justísimos entrambos, en que el primero, restituye la Antigua Corporal Sanidad, y el segundo la Espiritual salud; pero nosotros, los Racionales Galenistas, no podemos separarnos a mejor Doctrina, por tenerla por la mejor (como en la realidad lo es) y más verdadera (así por la antigüedad, que la establece firme, como por estar fundada en la verdadera Filosofía Aristotélica, como lo está la Sagrada Teología, no porque él la inventase, que este fue Don de Dios, si porque la puso en el complemento de la perfección que hoy tiene) sin incurrir en crimen de Apostasía: no dudo empero, que algunos engañados de la falsa Doctrina, que ha pretendido, y pretende (aunque nunca le vale) pervertirla, se han apartado del Camino Real, pero esperamos, que han de volver arrepentidos, y a vosotros como Seductores, os pongo a la vista la infalible razón que tenemos para reduciros, y para que nosotros permanezcamos inalterables en la nuestra.
Es la Medicina Galénica, o Racional, la favorecida de toda la Iglesia Católica, como consta de tantos Sacros Diplomas, con que la cabeza visible la ha hecho indubitable, a quien a vela, y remo han seguido en sus Elogios tantos Santos Padres, cuanto sería numerarlos otra segunda, y Caria temeridad. A cuya imitación, los Emperadores, y Reyes han establecido Leyes, para eternizarla, y honrarla, y graves penas para los que no las siguieren en la curación, y han agregado gran parte de sus Reales Patrimonios, para la Fundación, y Conservación de tantas, y grandes Academias, y Museos, de cuyos pechos se desvezan para toda la Religión Cristiana, tantos Hijos, cuantos Reinos, Ciudades, Villas y Lugares ciñe la circunferencia de todos los Dominios Católicos.
Por ser la que dio nuevo Lustre a tantos Cetros, y Coronas, que estimaron más su Profesión, que sus Imperios: por ser la que ejercitaron tantos Santos, como Venera la Iglesia, de quien era bastante testimonio (hablando entre Católicos) para que no se profanase tan sacrílegamente no por Hipócrates, Galeno y Avicena, sí por sus Obras de quienes el Patriarca de Dios, y Tomás Sin-Segundo (pues por Antonomasia, es Santo Tomás de la limosna, el de Villa-Nueva, como por la Teología lo es, el Angélico Doctor Santo Tomás) dice de estos Insignes Héroes, Concione departu Virginis lo siguiente: Nam in naturalibus creator, qui herbis, & lapidibus præciosis dedit virtutes ad sanitatem hominum ipse manifestavit eas, alias frustra eas dedisset; neque enim putandum est, Hipocratem, Galenum, & Avicenam propriis viribus, tanta de natura herbarum attigisset, sed quoddam supernaturali instinctu propter bonum hominum forte hanc peritiam consequtos fuesse. Y el Doctísimo Macrobio en sus Obras, lib. 1, de Som. Cipion. Subió tanto de punto sus Elogios, que lo equivocó con la Divinidad, Divinus Hipp. (dice) fuit ingenium quod nec fallere, nec falla unquam potuit, & Deus misertus Generes Humani creavit alium.
Y el Fidelísimo Intérprete de la Sagrada Escritura, el Divino Alapide, sobre el cap. 38 del Genesis, dice: Que habiéndose introducido la muerte en el mundo, por la culpa del primer Padre, y las demás dolencias, dispuso la Suma Piedad de Dios, la Racional Medicina, que perdida después con la Sucesión de los Siglos, e incuria de los Hombres, la redujo a Método Hipócrates, y Galeno: Post aliquot sæcula magis fuerit exculta in methodum redacta librisque conscripta ab Hippocrate, Galeno, aliisque antiquioribus. Y Pedro Leoniceto, dijo: Que era imposible, y negado a humanas fuerzas, que Hipócrates pudiese sin especial Revelación de Dios, haber Escrito, y traído de la Medicina, tan verdaderísimos Preceptos: Impossibile videtur Hippocratem sine speciali gracia Dei, ac revelatione de ea torverissima præcepta tradere, postuisse, lib. 1, de Ordine Scientiar. cap. 3. Y por no ser molesto, no pongo casi infinitos Elogios destos Insignes Varones, tan literales como los referidos, sin hacer caso de que Helmoncio, siendo Autor tan mordaz, como consta de sus Obras, dijese a favor de Hipócrates, que en el trabajo que tuvo de reducir sus Operaciones a Escritura, sintió el Divino Auxilio, que no había conocido. Y en el cap. 7 de Delit. que era más segura su Doctrina, que la de Paracelso, ni de que el mismo Paracelso, después de otros muchos Lugares, dijese en el Aphor. 17 de la sec. 1, que Hipócrates tuvo en esta parte Espíritu Puro de la Medicina, ni que Ángelo Sala, tratando del Antimonio, dijese, que para comprobar su sentir, sólo le bastaba la Autoridad de Galeno, y siempre que lo cita, es con mucha veneración, llamándole nuestro Galeno; y si el Señor Archisoplón hubiera leído a Juan Lucateli, Acérrimo Químico, en el Teatro de sus Secretos Químicos, hallara, que ninguno puede acusar la Doctrina de Hipócrates, y Galeno, sin ser ignorante, o estar dementado; y así asevera este Autor, que fueron los mayores Maestros de la Medicina, llamando Divino a Hipócrates, y a Galeno Agudísimo.
Estas son las razones que tenemos para defender esta Doctrina por cierta, segura, e indubitable; por la cual, perderemos hasta la vida gustosos; pues consiguiéramos en esta pérdida la Corona del Martirio; pues verdaderamente es Martir, el que muere por cumplir con su obligación en defensa de la Doctrina, recibida de la Iglesia, y mandada observar por Reales Decretos.
Veamos, pues, quien son los Químicos, o Modernos, y quien son los Maestros que siguen, los Santos Padres que los Apoyan, y las Leyes, y Reinos donde los permiten, las Universidades donde aprenden: y hallaremos, que fueron los primeros inventores, hombres vagamundos, que hallando algún experimento, le abrazan, y aplican con tanta temeridad, y facilidad, como si fuese la vida, que exponen (o más frecuentemente quitan) de algún bruto. Hombres incapaces de razón, hechiceros, sortilegios, magos, y sicofantas que suplen con los ilícitos diabólicos tratos y comercios, lo que les falta de sabiduría, como se vio en el infame Heresiarca de los Químicos Paracelso, y sus secuaces, cuyos nefandos escritos detestó, y prohibió justísimamente el recto Tribunal de la Santa Inquisición, y a todos los que siguen, apoyan y profesan sus falsos Dogmas y Diabólicas Doctrinas, como consta del Expurgatorio del año de 40 y en Daniel Sennerto, hallarán, que aun los mismos Alumnos de este Depravado, y Endemoniado Hereje, afirman que fue un Idiota, y que lo que dejó escrito, se lo dictó el Demonio.
Bastantemente me parece que se ha probado una, y otra Doctrina, unos, y otros Profesores dellas, unas, y otras Universidades, unas, y otras Calidades, y Obligaciones de cada uno, unos, y otros Testigos, que las apoyan, y vilipendian; para que cada uno de los Doctos, e Ignorantes, saque la legítima consecuencia, de a quien se debe seguir, y quien se aparta del recto trámite de la verdad.
Dice, que son unos hombros sectarios, y que antes matarán a Fulano, como tengan una autoridad que acotar, que curarlo, siguiendo los pareceres de la nueva Escuela. Yo hago en esta Cláusula, Juez desta causa, no solo a todos los capaces de razón, sino a los incapaces, y al Archisoplón con ellos. Díganme todos, y el Archisoplón: ¿quién son Sectarios? ¿los que jamás se apartaron de una verdadera Doctrina, o los que la dejaron, por seguir una falsa? nosotros hemos seguido (y seguimos) la verdadera Doctrina de Hipócrates, y Galeno, y jamás nos apartamos, y el Archisoplón, y Modernos, se han apartado de ella, por seguir la de la nueva Escuela: luego vosotros sois los Sectarios Verdaderos.
Luego si siguiendo el recto sentir destos Príncipes, si se muriese el enfermo, no pecaría venialmente el Médico, como lo asienta toda la Teología Moral, con la cual se gobiernan los Confesores con los Hombres de esta Profesión, y al contrario, pecaría mortalmente el Médico que aplicase medicamento, que no estaba aprobado por común sentir de los Príncipes de la Medicina: y si se le muriese el enfermo, sería en uno, y otro Tribunal, reo de un homicidio, taliter, que aunque per accidens, consiguiese la sanidad el doliente no le excusaba de culpa mortal al Médico, por el eminente peligro a que se expuso. Vea ahora, si él, y el Señor Cabriada, a quien da cognomento de Naturalista, por Apóstata de la Medicina Racional, y todos los demás aeiusdem furfuris, tienen autoridad para usar de la libertad en la curación; a quien responderé en su lugar, aunque bastantemente me aseveran que le ha respondido un sujeto de la Universidad de Barcelona y que tendremos presto un buen rato, pues vienen ya los Libros a desterrar nuestras melancolías.
Dice, que en encontrándose con algún Filósofo que les niegue como mentira, algo escrito de Galeno, o de cualquiera otro de los antepasados, se quedan admirados y aturdidos y se van huyendo como rayos. Este supuesto de encontrarse con Filósofo Naturalista, es falso, pues no hay ninguno que lo sea, como probare en su lugar. Dice, que no se puede tener de risa, cuando ve que en una junta, acotan Textos de Galeno, que parece que habla algún Oráculo de Delfos. Es cierto, que como no lo entiende, se morirá de risa, pero había de ser sardónica, y en ello declara su incapacidad porque stultus risu cognocitur. Y yo quisiera preguntarle, ¿a quién acotan ellos? ¿qué Santos Padres? ¿qué Salomones? pero dirá que a Paracelso, con todos los demonios, como tengo probado.
Dice luego, que solamente son precisos los Libros para ver y acordarse de los desaciertos, y faltas de sus Autores, que por lo demás no se pudieran echar de ver. Vea quien tiene ojos en el sello (como dice el Archisoplón) si esta proposición no es herética; pues dice absolutamente, que los Libros, ahora sean Teológicos, ahora de Moral, ahora de los Sagrados Cánones, y Leyes, ahora de Vidas de Santos, &c., pues no especifica ninguno, que sólo son precisos para notar, ver, y acordarnos de los errores, y desaciertos de sus Autores. Vean si pudo decir más Calvino.
Ya V. Mercedes vieron la calidad de la cláusula, pues oigan ahora lo restante de ella, que no es de menos estimación, pues dice: Para llegar a sus verdades; algunas veces son demasiados, a quien tiene los mismos ojos en el seso, y puede igualmente alcanzarlas. Ya suponía, que solamente eran precisos los Libros para ver, y acordarle de los desaciertos, y errores de sus Autores, que por lo demás, no se podían echar de ver, y ahora las convierte en verdades, diciendo: Que para llegar a ellas algunas veces, son demasiados; a quien tiene los mismos ojos en el seso, y puede igualmente alcanzarlas (¡hay tal inconstancia de Filósofo!) que es decir en buena locución, que los que tuvieren los ojos en el entendimiento, que no necesitan para saber de estudiar, ni valerse de Libros para llegar al conocimiento y comprehensión de ellas, sino es que diga como suena literalmente, y entonces, no dirá mal, que es decir, que el que tuviere los mismos ojos de los Autores (que escribieron la diversidad de Libros) en el seso, que no necesitan de los tales Libros, para el conocimiento de las verdades que tratan, y en sí incluyen. A que respondo, que ese será.
Rara avis in terra, nigraque simillima Cigno.
Y si le parece muy fácil, díganos: Quis est hic, & laudabimus eum. Luego siendo imposible, no habrá nadie que no necesite de los Libros, para tener los ojos en el entendimiento, porque esto de ciencia infusa, no se consigue por acto proprio de voluntad, sino por dispensación Divina, y tan pocas veces, que apenas se lee de tres personajes, desde el principio del mundo, hasta la senectud en que estamos.
Dice luego: ¡Gran Filósofo! Luego: Gran Médicos. Qué bien concierta la Lengua Castellana: Me río yo de la elocuencia Vizcaína: Dos cuerdas unisonans, que picada la una, tañe también la otra. Y prosigue con un Conceptillo Político de Pedro Grullo (venga, o no venga, que ello ha de llevar de toda broza) diciendo: Harase hijo de la razón, y de la experiencia quien quisiere serlo. El Archisoplón en esto de Filosofía, no sabe lo que le toca, ni le tañe, y así pudiera dejarlo; pues cierto, que las locuciones tan frecuentemente asquerosas, nauseans animam nostram. Quien ha dicho, que es Correlativo buen Filósofo, luego gran Médico; gran Médico: luego, gran Filósofo, dirá el Archisoplón, que él lo dice, y diré yo: que le he de hacer retratar con su propria obra, pues si es verdad (como lo es) que el que fuere gran Filósofo, será gran Médico: cómo quiere ser gran Médico el Archisoplón sin ser, ni mediano Filósofo, y que no lo sea, se ve más claro que la luz del medio día, y se le probará en su lugar, y que se retrata lo dice este mismo segundo Entusiasmo, en el fol. 27, donde dice las siguientes palabras: Llamemos de las afamadas, y célebres Universidades (ya de Sorbona en Francia, ya de Padua en Italia) al Médico más acreditado, no solo por los muchos Tomos que haya sacado a Luz, sino por haber gastado toda su vida en las Cátedras de Prima, llevémosle a visitar un enfermo. Por ventura, en oyéndole discurrir, os parecerá un Esculapio, un Hipócrates; y de tal calidad, que por lo hablado, le confesaréis un prodigio; mas después, viendo en efecto los desaciertos que comete en la curación, seréis obligados a decir, que mucho mejor lo medicaría cualquiera de estos, puramente prácticos, y de los que asisten a los Hospitales. ¿Qué les parece a vs. ms. de esto? Por el Archisoplón son dos cuerdas unisonantes: gran Filósofo, luego, gran Médico: y por el mismo Archisoplón, gran Filósofo, y Catedrático de Prima, y que ha gastado toda su vida en los Estudios: Luego, mal Médico: Vean V. Mercedes, si está bastantemente retratado y pueda haber cosa de mayor contradicción, y repugnancia.
Dice: Que aquellos tienen toda la culpa, que quieren porfiar en los mismos desaciertos, que si volvieran a este mundo, los primeros, fueran a borrarlos de sus escritos, y sin empacho, madrugaran a hacerse Discípulos de nuestros Hallazgos. ¿Puede haber mayor imprudencia por no darle otro título más digno de la Cláusula? ¿Que diga absolutamente, que los Médicos Racionales tienen toda la culpa, esto es, que cometen innumerables homicidios, por seguir la Doctrina de los Antepasados? ¿Y que si estos vinieran, se retractaran, y cancelaran su Doctrina por falsa? Vean V. Mercedes, si desmiente a todos los que hemos dicho que la establecen, y dan por buena; esto es, sean Santos Padres, sean Pontífices, sean Santos, sean Emperadores, o Reyes; y no sé cierto, cómo se puede quedar esto sin castigo. Y dice, que no le dedignarán de hacerse Discípulos de sus Hallazgos. Vean V. Mercedes, qué soberbia magistral, y verán más abajo, los Hallazgos del Archisoplón, y sus secuaces, y dice Que para averiguar que miente toda la Teórica de los Antiguos que le permitan V. Mercedes por su vida, que desenvuelva, y repase sus papeles, y luego hallaremos, que todos sus discursos están echados sobre falsos supuestos. Oigámosle cómo desenvuelve los papeles, y los supuestos falsos que nos prueba, para cargarnos de razón, y responderle conforme merece.
Empieza a desenvolver el primer supuesto falso suyo: Nosotros vivimos especialmente por un movimiento circular que hace la sangre subiendo, y bajándose por el cuerpo, alimentando las partes; que si se queda opilada en alguna entraña, de allí empiezan las enfermedades: si se ahoga, y se detiene en las síncopas, en un abrir, y cerrar de ojos morimos. De suerte, que suponían los Antiguos, no solo, que la sangre carecía de este tan preciso movimiento mas que se labraba en el hígado que es una grandísima mentira (siendo criado por otro fin), hasta aquí el Señor Don José Gazola.
¡Gracias a Dios! que llegué a tocar este portentoso invento Anatómico de la circulación de la sangre, que tanto blasona toda la caterva de los Químicos, y tanto ha ensalzado el Doctor Cabriada, que le llama Nuevo Sol, porque le parece ha destruido las tinieblas de los Antiguos, desde el año de 28, que sacó a la plaza del Mundo esta Secta Guillermo Harveo, de la Universidad de Londres, y Médico del Rey de Inglaterra, y después Pequeto, de la de Monpeller, Coringio Juan Vualeu, Jacobo da Beck, Federico de Kers, Higmoto, Vurlis Kielano, Geophilo, y por último todos, y los que cada día salen a luz.
Supuesto esto, voy a las palabras del Archisoplón, y a negarle el supuesto de que nosotros vivimos especialmente, por un circular movimiento que hace la sangre, y siendo este movimiento imposible, repugnante, y quimérico (pues no quiero aún llamarle ente de razón, pues no hay fundamento) y me lo supone tan unido a nuestra vida con especialidad; bien niego el supuesto, y voílo a comprobar con la razón, que es lo que vale.
Si la sangre circulara subiendo, y bajando, era preciso que hubiera agente perpetuo; por el cual, la sangre empezara su movimiento: Quia omne quod movetur ab alio movetur; Sed sic est, que no es asignable agente alguno; por el cual, la sangre se mueva: luego nosotros no vivimos especialmente por el circular movimiento que hace la sangre. Pero ya parece que oigo responder al Archisoplón con su Naturalista el Dotor Cabriada, diciendo: Que el agente, o motor de la sangre, es la incalecencia, y rarefacción de la misma sangre, adquirida por el fuego vital del corazón, el cual la vivifica desde que entra por la vena cava al dextro ventrículo, y al siniestro por la arteria venosa, y de esta forma harrada, y tu agente, Fermentarium instar, dilata (aunque violentamente) la aurícula dextra del corazón, y así se mueve, siendo esta opinión de todos los Circulatores, como consta del inventor de esta quimera Harveo, fol. 264. Exercitatio. 3. de Circul. Sang. por estas palabras: Sanguis in venis contentus (suo quasi fundo) ubi copiosissimus (in vena scilicet cava) iuxta cordis basin, & auriculam dextram sensim ab interno suo calore, incalecens, & attenuatus turget, & atollitur fermentantium instar; unde auricula dilatata sua facultate pulsifica se contrahens propelit cum confestim in dextrum cordis ventriculum. Hasta aquí Harveo, en confirmación de esta respuesta.
Contra esta respuesta, arguyo eficazmente, si se diera circulación de sangre, había de ser por sí, y convenirle a la naturaleza, Simpliciter, y con la necesidad, que se requiere (cuando dice el Archisoplón, que especialmente vivimos por ella) como lo admite toda la caterva de los Circulatores; Sed sic est, que de esta forma admita la circulación de la sangre, no puede ser fijo, y per se agente el calor: luego la incalecencia, y rarefacción de la sangre, no es la causa, o motor de ella. Pruebo la menor, lo que por sí, y esencialmente le conviene a la naturaleza, ha de tener causa por sí, y no accidental (como es notorio a los que le han visto la cara a la Filosofía) Sed sic est que el calor no mueve por sí localiter, sino accidentalmente (pues como es de todos, el calor por sí no tiene más que alterar, y accidentalmente el mover) luego la incalecencia, y rarefacción, no puede ser el motor del movimiento circular de la sangre.
Confirmo más esta Doctrina contra el Archisoplón, y sus Secuaces: así como la incalecencia, y rarefacción (en su opinión) es el motor de la sangre; también lo es del movimiento del corazón, y las arterias; sed la incalecencia, rarefacción, y fervor de la sangre no es causa del movimiento del corazón, y las arterias: luego, ni de la sangre. La menor pruebo. El movimiento del corazón, y las arterias, es instituido por la naturaleza, por ser una operación de las de mayor consideración, como saben los Médicos, guardando en sí orden, y perpetuidad en las pulsaciones: luego es necesario asignar causa perpetua, y que por sí localiter mueva, guardando estas inmutables leyes, y armonía de las pulsaciones. La consecuencia es legítima; Quia quod a natura inest semper in est. El antecedente consta de lo dicho, pues el calor accidentalmente mueve, y la incalecencia, fervor, y ebullición de la sangre no guarda ley, ni método alguno, como consta en las cosas externas: luego esta quimera de la Circulación, queda constituida de tal. Todo lo que tengo propuesto, lo confirma mi Angélico Doctor Santo Tomás, Opusculo de Motu Cordis, cuando dijo: Calor non est causa motus cordis; sed e converso motus cordis est causa caloris.
No parece sino que el Doctísimo Doctor Mercado, tenía prevista esta Secta de los Circulatores, cuando impugnó a Turisano, sobre este mismo punto, del movimiento del corazón, y las arterias, reduciéndolo también a la ebullición, y incalecencia de la sangre, donde le arguye este gran Doctor con su acostumbrada erudición, por estas palabras dijo Aristol. 8. Phisicor. Quod motus est ut vita qædam natura existentibus omnibus. Ex quo sic formo rationem: Quod est per se prius, est quod est per accidens; primus autem motus animalis est motus cordis, calor autem non movet localiter nisi, per accidens, per se enim caloris est alterare, per accidens vero secundum locum: ridiculum erit igitur dicere calorem esse principium motus cordis. Quam ob rem oportet ei assignare e insam, que per se posit esse principium motus localis, non quidem ex accidenti, aut ab extrinseco, sed ex natura instituto. Alienum enim ab omni ratione videtur motum pulsus non fieri a causa per se, cum sit res tanti momenti, harmonia, concentu, & miro artificio constans, & observans sibi proprias, & peculiares leges, cum sit viventibus perpetuum, necesse est statuere causam perpetuam, & non in firmum fundamentum. Talis profecto est sanguinis efervescencia, cuius motus nec legem ullam, nec methodum servare potest, qua de causa ab legenda est a natura causarum, quæ pulium agere possunt.
Arguyo más contra la dicha respuesta. Si el fervor o incalecencia de la sangre, fuera causa de su movimiento, y del corazón, y arterias, se seguiría indubitablemente; que en las destemplanzas frías que molestan al corazón ni la sangre se moviera circularmente, ni se diera pulso ninguno en tal caso; Sed sic est, que esto es contra toda experiencia, y ajeno de razón: luego la incalecencia, rarefacción, y ebullición de la sangre, no es el motor ni de uno, ni de otro. La proposición mayor en que consiste la dificultad, la pruebo con los fundamentos de los Circulatores. Por vosotros la sangre se mueve por la incalecencia, y rarefacción, que la sangre adquirió, y adquiere, por el fuego vital del corazón, que no tiene en las venas; Sed sic est, que padeciendo el corazón esta destemplanza fría, no puede haber incalecencia, ni fervor en la sangre, estando el corazón frío, que es de adónde recibe el calor: luego la incalecencia, y rarefacción, no puede ser causa del movimiento de la sangre corazón, y arterias.
Insto más esta respuesta, porque si el movimiento del corazón, arterias, y sangre se hiciera, porque el corazón, y las arterias se llenan, para dilatarse, y recibir allí la incalecencia, en el estado natural era imposible percibir, ni asignar pulsaciones iguales, Sed sic est, que en el estado natural (como la experiencia lo demuestra) percibimos pulsaciones iguales, luego, &c. La mayor se prueba así, evidentemente a mi parecer; porque el corazón no siempre expele a las arterias determinada cantidad de sangre, ni de la vena cava pasa igual porción de sangre al corazón, pues no siempre determinada mente efervece la sangre en igual cantidad, sin recibir más, ni menos: luego siendo esto imposible, según las operaciones, nutriciones, y demás funciones de nuestro cuerpo, se infiere ser todo una pura quimera; pues fingen un fundamento.
Síguele también contra esta respuesta (lo que mi Maestro el Doctísimo Enríquez de Villacorta, objeta en su Tom. 2. Laureæ Comp. Disp. de Essentia Pul. cap. 2. contra los que dicen que el movimiento del pulso, no se hace por facultad alguna, sino es por la ebullición, y incalecencia de la sangre) que las venas pulsarán, y más en los vasos mayores, que están próximos al corazón por tener allí la sangre más ebullición o por lo menos igual a la que se haya en las arterias distantes; Sed sic est, que esto es contra toda experiencia: luego, &c. La respuesta que a esto dan; por frívola se podía dejar, en que dicen, que en el estado natural, no hay suficiente ebullición en las venas, y que así, no pulsan. Mi Maestro les insta, diciendo. Que en el estado preternatural, como es en una fiebre ardiente, no solo hay suficiente incalecencia, y ebullición, pero excedente, por ser ingente el incendio que hay en los vasos mayores, próximos al corazón; sed esto no obstante no pulsan las venas: luego, &c. No obstante, la eficacia de la instancia que hace mi Maestro, yo les insto en el estado natural con los mismos principios, y fundamentos de los Circulatores, de esta forma. En opinión de los Circulatores, la misma incalecencia, y rarefacción que recibe la sangre en el corazón, para expelerla a las arterias, es la misma cuando circula por las venas; lo primero, porque en su opinión la misma sangre, es la arterial que la venal, no solo en sustancia; pero en accidentes, como consta de Harveo fol. 220. Exercitat. 3. de Circulatio. Sang. Y desde que la sangre entra en el corazón, por la aorta, o arteria magna, pasa a las arterias capilares, y de estas a las venas, hasta el corazón continuamente, y en un mismo tiempo, Sed sic, que siendo una la sangre, una la incalecencia, uno el tiempo, uno los conductos, las arterias pulsan, y no las venas: luego, &c.
Comprueba esto mismo el experimento de Galeno, lib. An sanguis in arterii, contineatur, cap. ultimo. En la arteria rota, intrometiendo una cánula, y ligada por la parte alta no pasó el pulso, aunque pasó la sangre arterial. Lo mismo siente Juan Waleu, y sobre todo, pueden el Archisoplón, y el Dotor Cabriada, leer a Isac, Ialox Flamenco, en tu Microscopio Anatómico, fol. 85, donde refiere a muchos Varones Doctos de todas Naciones, los cuales, con la experiencia hallaron la verdad de nuestro Galeno, en la arteria ligada la cánula sin pulsación alguna, aunque diga Tomás Cornelio que pulsa absolutamente debajo de la ligadura la arteria, solo porque le pareció, como al ciego que veía, y soñaba lo que quería; por lo cual dice mi Angélico Doctor Santo Tomás, que Modus videndi, & significandi non sequitur ad modum essendi. Son las palabras de Tomás Cornelio. At interea videre erat, arteriam ultra vinculum, sed paulo obscursus pulsantem. Y lo mismo será lo de Renato Descartes, y otros modernos con Pemplio.
Insto más toda esta opinión, con experimentos de los mismos modernos. Sea el primero de Guillermo Harveo, en la Exercit. I. Anotomica de Motu Cordis, cap. 2. & cap. 4, donde experimentó, que el corazón de la Anguila, de algunos Pescados, y otros Animales, fuera del pecho, y sin aurículas, y divididos en muchas partes pulsan. Son sus palabras. Cor Anguillæ, & quorundam Piscium, & Animalum etiam exemptum sine auriculis pulsat, imó si in fructa dif secueris, partes eius diversas separatim pulsare. El mismo experimento hizo el Dotor Lovaniense, y otros Modernos; Sed sic est: que es imposible, que el corazón sin aurículas, y dividido en muchas partes contenga sangre, ni incalecencia: luego si en sentir de estos Modernos pulsa verdaderamente, se infiere, que la sangre, ni su incalecencia, sean la causa del movimiento suyo, ni del corazón, y arterias. Pero el Dotor Cabriada en la respuesta Apologética que sacó contra el Aduanista, fol. 63, responde al Argumento que le hace el Aduanista del Doctor Lovaniense ya citado, que es el mismo de Harveo, diciendo primeramente, que entonces no pulsa, sino palpita, y pone el ejemplo en la lagartija, que partida se mueve por largo tiempo. Secundariamente responde, diciendo, que dado caso que pulse, es porque siempre queda alguna porción de sangre, en las cavernas del corazón, y en sus venillas, y fibras, la cual fermentándose, y fluyendo de un ventrículo en otro, puede imitar la pulsación, aunque no reciba nada de sangre reciente, &c.
La primera solución del Doctor Cabriada, no solo no desata la dificultad, pero ni es del intento, pues los Autores citados dicen, y aseveran, que el corazón sin aurículas, y dividido en muchas partes verdaderamente pulsa, y pulsan las partes: luego, o es falso el experimento de estos, y su sentir, en que verdaderamente pulsa, o no responde el Dotor Cabriada, diciendo que palpita, y no pulsa, ni el ejemplo que trae de la Lagartija, es de algún momento, por ser muy recibida Doctrina de los Filósofos, que las almas de los Animales Imperfectos son divisibles, y aun de los Perfectos, en sentencia probabilísima (prescindiendo de la sentencia de mi Angélico Doctor Santo Tomás) y así los movimientos de la Lagartija, y otros Animales, se causarán por la facultad del alma. La segunda solución del Doctor Cabriada, no solo es falsa, pero imposible, y contra toda cuotidiana experiencia, que sea falsa consta de lo que dejo dicho arriba, que sea imposible, consta de que es imposible, que en el corazón sin aurículas, y dividido en muchas partes fluía la sangre de un ventrículo en otro, y haya fermentación, y más cuando sin dividir el corazón; no se halla una gota de sangre en los ventrículos, como lo puede experimentar el Doctor Cabriada, en una Paloma, o Pichón, siempre que quisiere; pues demás que lo tengo experimentado, trae esta experiencia el Doctísimo Matías García, en su lib. Medicina selecta, disput. I de Motu Cordis, art. 2. Abriéndole el pecho a un pichón, y viendo que observaba su movimiento, por grande espacio, estando vivo aun el corazón, le abrió los ventrículos, y no se le halló, ni una gota de sangre: y apenas que abrió la aorta, al punto salió una sangre hirviendo, y levantado ampollas. Son sus palabras: Expertus sum hora quæ hæc scribo, facta observatione in columbo, cum cor ipsius moveri inspexerim pectore dissecto, per spatium (meo videri) vigesima partis hora, & adhuc vivo corde, aperui ventriculos, nec guttam sanguinis in eo inveni, neque in illis. Erat cor sine sanguine quia fortuito (quod considerans magni feci) evenit; cultro scilicet, & dextrum ventriculum, & aortam aperiri, subitoque sanguis fervens, & bullas elevans manavit, cavitatem pectoris subito implens, quo inspecto manu deorsum columbi comprimo, qua actione cor sensui manifestavi; vidi ergo pulsare per spatium dictum licet guttam sanguinis non haberet. Luego de estas experiencias infiero legítima, y evidentemente, que el corazón pulsa sin sangre: y así que es falsa la respuesta del Dotor Cabriada, y ser toda esta circulación una quimera.
Acaba el §. el Dotor Cabriada, de adonde responde lo arriba dicho, y le hace cargo al Aduanista, de que los Argumentos referidos contra quien tienen fuerza, es contra los que dicen, que el pulso depende de facultad; pues ¿separado el corazón de cualquier animal, pulsa, y el animal está muerto, y sin alma? A que le respondo: Que todo lo dicho no nos hace fuerza; y más a los que responden con la divisibilidad de las almas, que en tal caso si pulsa, será por la facultad de tal alma: pero generalmente responden los Médicos racionales; que aquellas mociones del corazón no son pulsaciones verdaderas, sino palpitaciones nacidas (en sentir de muchos Ingeniosos Galenistas) de algunos flatos algo crasos, incluidos en el corazón; y estos buscando éxito palpitan; y todo se comprueba con Doctrina de nuestro Galeno, en solución de las palabras que trae lib. 2. de Anotom. Adminis. cap. 8. At quod corthor ace exemptum diu moveri videtur, diciendo, en solución de estas palabras lib. 6. de Placitis, cap. 16. no lo profecto adeo ab ebidentia errasse tantos viros, ut palpitationem a pulsu distinguere, non voluerint.
Y así queda por firme, e inalterable la Doctrina Antigua de nuestros Príncipes, Hipócrates y Galeno, que el movimiento del corazón, y las Arterias se hace por la facultad vital, que reside en el corazón: como consta de Hipócrates, lib. de Alimento, tex. 35, por estas palabras: Radicatio arteriarum cor, & ex his aberrant, in omnia sanguis, & spiritus vis, una, & non una, qua omnia hac, & alia guvernatur alia quidem ad vitam totius, & partis, alia ad sensum totius, & partis. De donde se colige; y consta conceder Hipócrates facultad vital. Lo mismo Galeno 2 de presag. Expulsib. cap. 7. 10 propio, 9. Method. I. lib. Ansang. in arteriis contineatur. Toda esta sentencia la confirma, y propugna mi Angélico Doctor Santo Tomás, lib. de Potentiis anima, cap. 5, que es bueno para traído por testigo de una verdad tan sólida, como antigua, y a quien se le debe dar más crédito, que a Charleton, que dice, ser fábula lo de la facultad, y Jacobo Bachio, que es ajeno de razón, y aunque pudiera prorrumpir en algunas palabras contra algunas quimeras de estos Autores, no lo hago, por parecerme quedan falsificados, con las razones, y experimentos arriba dichos, y lo demás fuera imitarlos en hablar, y no en probar.
Arguyo más contra esta quimera de la circulación, si se diera, se destruyera la Doctrina antigua, en orden a las evacuaciones, revulsiones, y derivaciones; y también la rectitud, que tienen las partes: va dextra cuundexris, pues sea la parte paciente la que fuere, primero se ha de evacuar la aorta. Sed sic est, que esto es contra toda experiencia cuotidiana: pues más utilidad se experimenta sangrado de la Basilica derecha padeciendo el hígado, y de la común cefálica, padeciendo la cabeza, que de otros vasos, y muchas veces lo he experimentado, y principal, en un pobre que estaba en la Sala de San José, num. 4, del Hospital General, el cual padecía un inmoderado flujo de sangre por el caño derecho de las narices: y hallándolo con fuerzas, le hice sacar un poco de sangre de la cefálica derecha, y antes de llenarse la escudilla, a Dios gracias, se le cohibió: Y lo mismo he experimentado en inflamaciones de las fauces, y lo contrario es delirar claramente, como lo hace Francisco de Leboé Silvio, y otros Químicos Modernos, que por la circulación niegan esto: y esto mismo que yo he experimentado, lo experimentó Galeno, cap. 11. lib. de Curandi ratione, per sang. misione, en un flujo de sangre de narices, sangrando del brazo; y por esta causa, encomendó mucho la rectitud de los vasos con las partes, como consta del lib. de Curan di Ratione, per sanguinis misionem, adonde dice, que habiendo algún flujo de sangre en la nariz derecha, fijando una ventosa sobre el hipocondrio derecho, se cohíbe.
Confirmo más esto. Si la sangre circulara, fuera una la sangre arterial, y venal, no sólo en sustancia sino en accidentes; ut ex circulo: constat atqui: esto es, contra la experiencia; pues la sangre arterial es floridísima, calidísima, tenísima, y flava; y la venal es crasa rubra, y no tan caliente: y demás desto la sangre arterial, causa aneurismas; lo cual no causa la venal, sino es flegmones. Luego no hay tal circulación.
En lo que se sigue: Que si se queda opilada en alguna entraña, de allí empiezan las enfermedades; y si se detiene en las síncopes, en un abrir, y cerrar de ojos nos morimos. En estas palabras da a entender el señor Archisoplón, que si la sangre se queda opilada en alguna entraña, es causa de las enfermedades: Sed, esto es falsísimo, por causa, de que las fiebres son verdaderamente enfermedades, y no es su causa la opilación de la sangre. Luego es falsísima esta Doctrina del Archisoplón. Pruebo la menor, con Doctrina de los Modernos, que dicen, que el movimiento acelerado, inordinado, y agitado de la sangre, es causa de las fiebres: y por eso, Willis definió la calentura, poniendo por predicado genérico el movimiento inordinado a la sangre: Motus inordinatus sanguinis eiusque nimia efervecentia, &c. De adonde el señor Don Juan de Cabriada tomó la definición que trae, de la calentura, y abraza este sentir con los demás Circulatores: Luego el que la sangre se quede opilada en alguna entraña, no es causa de las enfermedades; pues por el contrario se hacen las fiebres (que verdaderamente lo son) en sentir de estos Caballeros, y según esta Doctrina, habrá síncopes, cuya causa no será la detención, y opilación de la sangre, como son las que sobrevienen en las fiebres colicuantes. A más, que para que la sangre detenida, y ahogada fuera causa de las síncopes, había de preceder a las síncopes; no procede a las síncopes, como consta de las palabras del Archisoplón, pues dice: Que si se detiene en las síncopes. Luego supone ya síncopes; pues si no, no se detuviera, sino es que recurra a la prioridad de naturaleza, lo cual no hará, por ser de la Filosofía Aristotélica, con quien está opuesto ex diametro, porque no la sabe: y ya que he tocado la causa de las calenturas, en sentir de los Modernos.
Arguyo eficazmente contra esta quimera de la circulación, suponiendo primero, lo que con la Doctrina de Willis, y demás Modernos dice el Dotor Cabriada, fol. 155, donde examina la segunda causa de las calenturas que los licores, y materias extraños a la naturaleza de la sangre, se mezclan con ellas, y exitan formentaciones febriles; por lo cual en los abscesos, y vísceras, hay de ordinario calentura, porque la sangre arrastra tras sí, por la circulación, porcioncillas de la materia que se forma en ellos, se causa la fermentación preternatural, y movimiento inordinado de ella, en que esencialmente consiste la calentura, (y dejando a parte por falsísimo, el que por esta causa haya en las vísceras, y abscesos de ordinario calentura, pues consta lo contrario al más baldado de entendimiento, como se ve en los tumores, meliceres edematosos, escirrosos, y en todas las demás llagas antiguas, que no tienen calentura, la cual hubiera siempre, si fuera por la razón de Cabriada; pues la sangre que circula, siempre arrastraría estos licores, y materias extraños, a la sangre, de que se forman los tales tumores.) Supongo también, que la sangre detenida en todo el tiempo de un preñado, es depravada, mala, y extraña a la sangre alimentaria, por la razón, de que el feto atrae para su nutrición, la más pura (como sabe el Doctor Cabriada es Hipócrates, a quien juzgo le tiene algo de veneración, y por ello no citó a Galeno) como consta de la sangre que se expurga después del parto, y también de las muertes femeninas que causa su detención, y cuando no las pone muy a los últimos; y esto es de todos, y sabe el Doctor Cabriada, ser de Hipócrates. Esto así supuesto, arguyo (como dije) eficazmente contra esta circulación, o quimera.
Si la sangre circulara las señoras mujeres, en todo el tiempo de sus preñados, habían de padecer fiebres continuas, y enfermedades mortales: Sed sic est, que esto es erróneo, y contra toda experiencia: luego la tal circulación. La proposición mayor, consta porque siempre que la sangre circulara, arrastrara tras sí aquella sangre mala, y extraña a la sangre alimenticia, detenida en las venas del útero, y se hiciera fermentación febril, y movimiento preternatural de la sangre, y consiguientemente padecerían calenturas continuas; como consta de la Doctrina de los Modernos, y sigue Cabriada. Esto, como dije, es contra toda experiencia, y erróneo, y contra ellos mismos; porque si circula con la demás buena, se infiere lo dicho: y si subiera, y bajara (como dice el Archisoplón) alimentara las partes, ya se consumiera en esto; no es creíble, que estos Caballeros digan que las partes de nuestro cuerpo, se alimentarán de sangre tan mala, y excrementicia; y principalmente las señoras mujeres, como dije, y más cuando vemos que se expurga, por el útero después del parto, y la misma conmoción de sangre tan mala, sería ocasión de coinchinar la demás, y de aquí originarse las enfermedades que tengo dichas, y si estuviera detenida en las venas del útero, no circulara la sangre; como consta, y es muy sabido que Multa mota nocent, quæ si non moverentur non nocerent. Arguyo más contra este Ente Ilucidado de la Circulación, con las mismas palabras del Señor Archisoplón, y de los Modernos, que dice, y dicen, que nosotros vivimos especialmente, por el movimiento circular de la sangre, de tal forma, que faltando, falta al instante la vida, como con José Geophilo, lo dice el Doctor Cabriada, fol. 147, de donde infiero, que las obstrucciones son enfermedades de su naturaleza mortales, y principalmente, los tumores escirrosos, tanto que al instante que cualquiera tuviera este tumor, se cayera muerto. Probo esta consecuencia. Vosotros decís, que faltando el movimiento circular de la sangre, falta la vida; y esto; como dice el Archisoplón, en un abrir, y cerrar de ojos, Sed sic est; que por las tales obstrucciones se impide el movimiento circular de la sangre, y más cuando hay algún tumor escirroso en el Útero, Bazo, e Hígado (como experimentamos cada día, en el cual, no hay dolor, por causa de que por la terrea gravedad, frialdad, y sequedad del humor melancólico, se comprimen, y condensan aquellas partes (como de su dureza consta) de forma, que el influjo de los espíritus, y cerebro no pasa: luego en tal caso, la sangre se detuviera, y ahogara, y perdiera el movimiento circular; ¿pues no pudiendo tener tránsito una substancia tan tenuísima, y levilísima, como son los espíritus, como la sangre? y así estas obstrucciones serían causa de que en un abrir, y cerrar de ojos nos muriésemos; lo cual es contra toda cuotidiana experiencia, y contra toda razón: luego queda verificada esta secta de imposible, quimérica, y errónea.
Arguyo más contra esta secta suponiendo primeramente, que en nuestro cuerpo se pueden engendrar verdaderos venenos, o humores venenosos, como lo demuestran los casos tan horrendos, que cada día suceden, trayendo consigo las señales (¡si las hay! patognomónicas) del veneno verdadero. Siendo de este sentir el Divino Valles, 3. Epud. Sec. 3. Ægroto. 4. Sennerto, lib. 6. pract. cap. 2, part. 1. Fernelio, lib. 2. cap. II. Cardano, lib. 1. de Vene. cap. 6. Zacuto, lib. I. Hist. Princ. Hist. 52. Enríquez de Villacorta mi Maestro, tom. 3. tract. de Vene. cap. 3. Y de otros muchos que defienden esta sentencia, contra el Doctísimo Mercurial, cap. 14, lib. I. de Vene. Si se diera tal movimiento circular de la sangre, se siguiera (a mi corta inteligencia) evidentemente que todos los que hubieran padecido enfermedades pestilentes, malignas, carbuncos malignos, y últimamente, que fuesen dependientes de estos humores venenosos, que no tan solamente se hubiesen muerto todos, sino que hubiera acontecido con muchísima brevedad; Sed: esto es, erróneo, y contra toda experiencia, como consta de las pestes que ha habido; en las cuales (gracias a Dios) convalecieron muchos, y en todas las fiebres malignas que cada día se curan en esta Corte, y fuera de ella, con felicísimo suceso, por los Médicos racionales; y los que mueren, no es con aquella brevedad, que circula la sangre (admitida esta quimera) luego esta opinión es lo propio. La proposición mayor, en la cual consiste la dificultad, la pruebo con la misma Doctrina de los Modernos y con ellos el Doctor Cabriada, fol. 150, que dicen: Que la causa de que el veneno de la Víbora, o de otro animal venenoso mata con tanta brevedad, aunque pique en la extremidad del pie, es porque por la circulación de la sangre, entrometido el veneno en las venas exiguas, pasa a las pequeñas, a las mayores, y al corazón. Luego en estas enfermedades pestilentes, malignas, y venenosas hubiera acontecido esto mismo al instante, y más presto, estando esta infección venenosa en la misma sangre, y en los vasos mayores. Y si por la circulación la Víbora mata tan presto ¿cómo no sucede esto mismo, y con la misma brevedad en las mordeduras de los perros, que rabian, comunicándote la espuma, o el humor del perro; que en sentir de todos, es verdadero veneno? Esto no es así, como consta por la experiencia, y yo lo observé, recién entrado en el Hospital General, en la Sala de San Cristóbal, en un pobre, que murió después de dos años que le mordió un perro rabioso: y ahora a principios del mes de Junio, que vino otro pobre a la Sala de San Roque, que murió de la enfermedad, que llamamos Hidrofobia, habiéndole mordido un perro por el mes de Enero del año pasado: Y esto mismo consta de Alberto Magno, cap. 2. del lib. 7. de Animalib. que cuenta, que murió uno de esta enfermedad después de doce años. Y en el I. Prorreh. Galeno lo vio en uno al año: Y Avicena a los siete: y lo mismo Dioscórides. Luego, &c. Y así es, ha sido, y será inalterable la Doctrina de Hipócrates, y Galeno, Príncipes, y sin segundos Maestros de los Médicos Racionales, que propugna que la distribución de la sangre, se hace de las venas mayores a las menores, desde la vena cava, subiendo sangre arriba, y abajo, por todos sus ramos como acueductos a todas las partes del cuerpo para su nutrición, labrándose en el hígado, como todo consta de Hipócrates lib. de Corde. Galeno cap. 7. lib. 1. de Symp. cau. 3. de Natur. facul. cap. 1. & cap. 9.6. de usu part. cap. 10. Y claramente lib. 6. de Placit. cap. 8. Y así, lo que el Archisoplón dice, es una mera mentira (como consta de mis impugnaciones) el denegarle el uso y oficina de la sangre al hígado, por lo que maquinó, y fingió Harveo, para introducir su falsa secta, y gastó él, y sus secuaces, el tiempo en hacer falsas experiencias (como a todas ellas responderé en su lugar, y las calificaré de tales) solo porque le pareció, que el corazón en cualquiera dilatación atraía sangre, y en cualquiera compresión la expelía a las Arterias; pareciéndole imposible, que el hígado pudiese ministrarle al corazón tanta cuantidad de sangre, por haber observado, que el corazón en una hora pulsaba cuatro mil veces, atrayendo cuatro mil porciones de sangre, y en una hora la expelía a las Arterias, habiendo hecho conjetura de que más de veinte libras de sangre, en una hora venían al corazón, y a las Arterias, y como el corazón desde lo vital del fetus hasta su interitu, se mueve incesantemente, le pareció a Harveo, que el hígado, ni en una semana pudiese fabricar sangre para dos horas de movimiento; por lo cual infirió, que la sangre circulaba, moviéndose desde el hígado a la vena cava, de esta junto al corazón en la aurícula derecha, de esta al ventrículo derecho, de este a la vena arterial, de esta a la arteria venal, de aquí a la aurícula siniestra, o izquierda, de esta en el sino izquierdo, de este a la aorta, o arteria magna, de esta a todas las arterias, de estas en las venas menores, de estas a las mayores, de estas a la vena cava, y al corazón, donde primero se comunicó. Vean aquí Vs. mercedes toda la fábrica de la circulación de la sangre, y por qué le denegaron al hígado su antigua fábrica, y negada, y dada esta secta por falsa (como en la realidad lo es) como lo tengo probado, se desvanecen todas las tinieblas de los Modernos, y las que con ellos trae en su Carta Filosófica, el señor Doctor Cabriada, por el sol resplandeciente de la Medicina racional.
Prosigue el Señor Don José Gazola Veronense, Archisoplón de las Estrellas, que es mentira lo de los Antiguos: Que la comida en el estómago, se guisaba por vía del calor, cuando se adelgaza, y se deshace por medio de un humor acedo, que siempre se halla en todos los ventrículos: y la experiencia cada día nos enseña para despertar el apetito, la gana que nos pone la sal, vinagre, y agrio de limón: de lo cual sino fuera la causa más que el calor, los perros se quemaran el estómago primero que digirieran, y derritieran manjares tan durísimos, como son los huesos. ¿Cómo pudieran los pobres pescados cocer lo que tragan, estando en los ríos, y fuentes friísimas en el Invierno, no teniendo el calor más enemigo que el agua? y no pudiera el calor en el agua conservarse, sin especial milagro. Toda esta cláusula, la tomó al pie de la letra, el señor Don José Gazola Veronense, del Doctor Cabriada, fol. 22, de su Carta, a donde trata del nuevo invento Anatómico, el fermento del estómago, y el Doctor Cabriada lo defiende, por ser opinión de los Modernos, como su Sectario, los cuales dicen; que la cocción, no se hace por solo el calor, ni por el fermento solo, sino igualmente por el fermento, y el calor: y porque he menester la autoridad de los Modernos, con que el Doctor Cabriada confirma su parecer, las pongo, que son las siguientes: Hablando del fermento, y el calor dicen Charleton, Helmoncio, Leboc, DeKers, con todos los demás; Hacque duo se inuicem modificent agitent, in tendant, ut neque calor sine fermento dissolvente, neque fermentum, sive menstrum, sine calore aque agat, omnino dicimus coctionem fieri a calore, & fermento. Esto así supuesto, para no embarazarme en lo que iré diciendo, quiero sacar al Dotor Cabriada, y al Archisoplón, con todos los demás Modernos, de una suposición falsa que hacen, en que los Antiguos, y Médicos Racionales, dicen: que la cocción, se hace por solo el calor; lo cual no ha dicho ninguno de los Racionales, sino es por la facultad concoctriz, como diré luego, siendo el calor el que dispone el alimento para la cocción. Últimamente el Doctor Cabriada, y el Archisoplón, se dejan el origen de este fermento, o licor acedo, creo lo harán por no dar a entender, que los Modernos se contradicen con las mismas experiencias que hacen, que no hay más que ponderar.
Supuesto lo que dejo dicho, les arguyo a estos Sectarios de los Modernos, y creo les he de hacer retratar con sus mismas razones y ejemplos, con este siguiente Dilema. O los animales cuecen la comida, por el calor solo, o por el fermento, y el calor, o por el fermento solo (pues no hay más modos de celebrarse la cocción) que no se haga por el calor solo, que es la primera parte del Dilema. No necesito de prueba, porque así con los Modernos el Doctor Cabriada, y el Archisoplón contra nosotros lo dicen, y como yo dejo supuesto, no se hace la cocción por el calor solo: Luego será por el fermento, y el calor, que es la segunda parte deel Dilema; como consta de las palabras que dejo dichas de los Modernos, y de las del Doctor Cabriada, que dice con ellos: que la cocción se hace, por este vivido fermento, ayudado del calor, y que se haga de esta forma, y no precisamente por fuerza del calor, lo prueba el Doctor Cabriada, y el Archisoplón, con los pescados que cuecen su alimento sin calor actual: de donde infiero contra estos Sectarios de los Modernos (con sus proprias razones, y ejemplos) que la cocción, no se hace por este vivido fermento, y ayudado del calor, con el siguiente Silogismo, que concluye eficazmente. Si la cocción se hiciera por este vivido fermento, ayudado del calor, los Pescados hicieran sus cocciones por este vivido fermento, ayudado del calor; At qui, por vosotros, los pescados no tienen calor: luego la cocción no se hace por este licor acedo, o vivido fermento, ayudado del calor, luego con sus mismas razones, y ejemplos, quedan concluidos, como conocerá el más débil Sumulista.
Solo queda, que se haga la cocción por el fermento solo (que es la tercera parte de mi Dilema) que es lo que quiere el Señor D. José Gazola Veronense, por las razones arriba dichas, y por estas palabras con que acaba el §. ya citado, que no puede ser por el calor, dice: Y así, antes de achacar de tonta a la Sabia Naturaleza, más quiero trocarme desta común opinión, y juzgar, que los Animales digieren, y viven por otra causa particular. Esto así supuesto, pruebo que no se puede hacer la cocción por el fermento solo. Por la cocción, los alimentos pierden su forma substancial, mudándose en forma substancial de quilo. Esta proposición es de Antiguos, y Modernos; y consta por la experiencia, contra la cual no hay razón; At qui, esto no lo hace este licor acedo: pues como dicen los Modernos, solo sirve de disolver los alimentos; y como dice el Archisoplón, solo sirve de adelgazar la comida: luego este fermento solo no es causa de la cocción. La menor, en la cual está la dificultad, la pruebo con sus mismos ejemplos. Pues si porque disuelve, y adelgaza el alimento, perdiera su forma substancial, se había de verificar lo mismo de la masticación, pues en la boca el alimento se conminuye, y se disuelve, y por la saliva que también tiene virtud de fermentar; esto no es así, y lo mismo consta del ejemplo que trae el Doctor Cabriada del Agua Fuerte, que siendo fermento de la Plata; por el cual se disuelve, y prepara la Plata, no pierde la Plata su forma substancial, como consta por la experiencia, y puede ver en los Plateros, y lo mismo se experimenta cuando los Boticarios con el zumo de limones, u otro ácido disuelven las piedras, luego por ninguna parte del Dilema se hace la cocción, y quedan con sus mismas razones, y ejemplos convencidos estos Sectarios de los Modernos.
Y así digo, que la cocción según los Antiguos Príncipes de la Medicina Racional, Hipócrates, Galeno, y Avicena, y todos los demás Médicos Racionales, se hace por la facultad natural concoctriz del estómago implantada en su temperamento, que es su mismo ínsito calor, por esta, como nacida del Alma, los alimentos pasan a forma substancial de quilo, asimilándolos a la parte, produciendo en el alimento una peculiar cualidad, para la forma del viviente, por ser esta facultad de su naturaleza transmutativa; y esto se explica por la acción del calor, como consta de las cosas que se cuecen, que siempre salen más calientes. Esto es lo que dicen los Príncipes, y Médicos Racionales, como consta de Hipócrates, lib. de Alimento. Y de Galeno en todas sus Obras, y claramente, lib. 3. de Vict. Ratio. in acutis com. 26, lo mismo siente Aristóteles 4. Metheor. lib. 2, donde define la cocción por el calor, y expresamente, 2. de parti. Animal. cap. I, donde dice, que la cocción no se hace, sino es por fuerza del calor: Quorum coctio, & mutatio non nisi per vim caloris agitur. Y por último, es de todos los Autores más Clásicos, y consta de mi Angélico Doctor Santo Tomás, sobre el lugar citado de Aristóteles, del 4. del Metheor. donde dice el Santo Doctor: Coctio fit a calido naturali primo, y en el cap. 2 dice lo mismo, y así no se hace la cocción por el calor solo, según los Médicos Racionales, y ello es no entender lo que decimos, y nos impugnan sin saberlo, y fin saber lo que dicen, sino es por la facultad dicha, como causa principal, por la acción del calor, ayudado de las acuosidades de los mismos manjares, y de la mixtión de la bebida, y saliva, que también tiene virtud fermentiva, como admiten los que no han tenido mucha noticia de este licor acedo, o fermento: y según esta doctrina, que dicen, y quieren que sea la Antigua de los Príncipes, han negado absolutamente este nuevo fermento. Pero yo, que religiosamente observo los preceptos de Hipócrates, digo: Que este fermento, no es nuevo invento Anatómico (como dice el Doctor Cabriada) sino es tan Antiguo como el mismo Hipócrates (y no ha de querer prohijarles este fermento a los Modernos) y que tiene la virtud de disolver los alimentos por lo acedo, como consta por la experiencia, y de los ejemplos arriba dichos, en el lib. de Veter. Medic. por estas palabras: In est enim in homine, & amarum, & salsum, & dulce, & accidum. & acerbum, & fluidum, & alia infinita omnigeneas facultastes habentia. De donde se infiere, que hallándose este licor acedo en nuestro cuerpo, ya lo acedo la virtud fermentativa, que será disolvente de los alimentos. Lo mismo enseña nuestro Oráculo Hipócrates, lib. 2. de Mor. Popul. sec. 2, tex. 12. Diuturnis levitatibus intestinorum, accidum ructum fieri, antea numquam factum, signum, utile, ut Demanese accidit. Fortasse autem est, & arte facere. Et n. turbationes huiusmodi alterant. Fortasse autem, & accidi ructus lebitatem intestinorum solvunt. Dando a entender por estas palabras lo antiguo de este licor acedo, contenido en el estómago, y principalmente, cuan útil, y provechoso, señal es para las lienterías el sobrevenir eructos acedos, por empezarse ya a fermentar los alimentos con lo acedo, los cuales, antes se expelían sin mutación alguna por lo cual manda Hipócrates, que el Médico los imite, ayude, y exite, como consta del lugar citado, y del tex. 26, del lib. 6, sec. 2, donde dice: Et ubi eructatio convevit, y su fidelísimo Intérprete, el Divino Valles, en el com. dice, que es útil, y conveniente, como ha sido a muchos el mover los ructos, porque como ya queda dicho de Hipócrates, han quitado muchas lienterías, como lo dijo también Hipócrates en el lib. 6. de los Aphor. Aphor. I. In longis lavitatibus intestinorum si ructus accidus fiat, qui prius non erat signum bonum. Yo confieso, que los Autores que en mis pocos años he visto, no he leído, ni oído la razón, de que por los acedos ructos quitan las lienterías, y que el Médico, como Ministro de la Naturaleza, los deba imitar, exitándolos, aunque los que han hablado con extensión de este fermento, dicen: Que es buen señal el que sobrevengan, no habiendo precedido los tales ructos acedos a las lienterías, porque denotan, el que los alimentos (que antes se expelían sin mutación alguna) se empiezan a fermentar, como acérrimamente lo dice, y defiende nuestro Doctísimo Pedro Miguel de Heredia, en la Historia de Appolonio Ægroto decimo tertio del lib. 3. de las Epidem. sec. 3. en su lib. de Mor. Popular. Y si acaso no perdiera por mi insuficiencia esta Antigua Doctrina, dijera: Que toda la razón de que por los tales ructos acedos se quiten las lienterías, y debe el Médico imitarlos, siendo buen señal (como todo es cierto por la Doctrina de Hipócrates, ya citada) es por las virtudes, y prerrogativas de lo acedo; pues fermenta, o disuelve, conforta, y corrobora, astringe, o detiene, y ser todo esto necesario para la curación de las lienterías, simpliciter.
Y así Galeno, en el Com. del Aphor. I. del lib. 6, ya citado, dice: Que no habiendo precedido estos ructos acedos, ni provengan de flegma aceda, si sobrevinieren, significan, que los alimentos se detienen hasta adquirir su mutación, y que la Naturaleza se acuerda de sus operaciones: Illis igitur, quæ neque aduc incipiunt, neque expituita fiunt, non in sunt accidi ructus, quod si aliquando fiant significant tantisper cibum in ventriculo retineri, donec principium mutationis accipiat, & naturam suorum operum reminici. Y esto, no porque de cualquiera causa que proceda la lientería no puedan provenir los ructos acedos (como contra Galeno dijo nuestro Pedro Miguel ya citado) sino es porque Galeno enumeró la flegma aceda, como causa más frecuente, así como es más frecuente el que a las lienterías vengan los ructos acedos, y no otros (como siente el Doctísimo Mercurial, en el Coment.) y proviniendo de esta, u de la otra causa, desde el principio hubiera los tales ructos, como consta, y no fuera buen señal, porque sobreviniendo después, no tuviéramos certidumbre de su bondad; y así me parece se deben entender las palabras de Galeno, y no es creíble que ignorase una cosa tan sabida, que lo acedo tiene virtud de disolver, y dejándolo por supuesto, no se extendió más en la explicación del Aforismo (aunque diga nuestro Heredia que no lo alcanzó) y lo mismo siente el Principe Arábico, Avicena, 13.3 trac. I. cap. de sign. disp. stomachi ex eructatione. Vean Vs. Ms. si este fermento es nuevo invento Anatómico, como dice el Doctor Cabriada, y el Archisoplón.
Prosigue: Aunque este nuevo dictamen parezca algo extravagante; pero tiene unas muy palpables demonstraciones. Pues si el calor (cuidado con este Silogismo) fuera el Mayordomo Mayor de la vida, en el Verano se debiera morir menos que en el Invierno, y los Pescados debajo del agua, debieran ser los Animales más achacosos (y no hay género de Filosofía, que demuestre poder estos conservarse calientes debajo del hielo) con todo esto, escarmentamos, y vemos ordinariamente lo contrario, y los Pescados son los más sanos debajo del agua; luego el calor no puede ser el Mayordomo Mayor de la vida. Antes que responda a este Silogismo, me ha de permitir el Señor D. José, que le pregunte, ¿si es que sigue la Doctrina de los Modernos? y si dice que sí; bien podía haber inquirido algún genero de Filosofía, ¡con que demonstrar el que los Pescados debajo del agua se conservaban calientes para que con el fermento!, y su calor (que es la Doctrina Moderna según dicen, y consta de las palabras ya citadas) hicieran sus cocciones: y sino las sigue, y dice que se hacen por el fermento solo: ya queda eficazmente impugnado, y así es por otro animalico de las Indias, bien lo podía haber puesto, y hubiera discurrido algo porque de ocultis non indicat Ecclesia. Respondo ahora al Silogismo, negando la mayor proposición por falsísima; de que si el calor fuera el Mayordomo Mayor de la vida en el Verano se debiera morir menos que en el Invierno. Como conocerá cualquiera por poco versado que esté en Filosofía y Medicina, y lo mal hilado del Silogismo, como Filosofía de rueca, y de la que usa el Señor Don José, porque si supiera Medicina, y Filosofía, no hubiera dicho tal cosa, antes bien, infiriera lo contrario, pues por ser el calor el Mayordomo Mayor de la vida, se mueren menos en el Invierno, que en el Verano porque tenemos más reconcentrado el calor (como lo enseñó Aristóteles, Santo Tomás, y después todos los Autores) por la extrínseca frialdad del Invierno, verificándose lo contrario en el Verano, pues por el calor tan intenso de este tiempo, se rarifican los poros, se transpiran los cuerpos, y se exhala el calor; como consta de Hipócrates en el lib. I. senten. 15, aph. Ventres hyeme, & vere natura calidissimi sunt. Y por lo contrario, manda, que no nos cebemos tanto en el Verano (por las razones dichas, y abraza Galeno, en el coment.) como consta del Aphor. 18, del mismo lib. Æstate, & autumno cibos difficillime ferunt hyeme facillime. Vean Vs. Mercedes las palpables demostraciones del Arquisoplón, y si se excusaría de reprehensión el mayor rústico, por la demostración palpable de los Pozos, cuya agua sale (por antiperístasis) más fría en el Verano, que en el Invierno; como consta al tacto, a quien le pertenece este conocimiento, como elegantemente Galeno, lib. I. de Simp. Med. Facult. cap. 35. Una quæque sensibilium natura privatim suiecta est, tactui quidem caliditas, ac frigiditas, &c. Y en el cap. 28. adonde con garbo reprehende a los Empíricos: Nam per deos unde ignem scimus calidum? Aut quo sylogismo docti, aut qua demonstratione persuasi? Tum unde glaciem frigidam esse didicimus, nisi ex sensu? Da donde se infiere, que si el señor Don José Gazola Veronense, Archisoplón de las Estrellas, y Académico Aletófilo, hubiera leído lo que enseñaron nuestros Antiguos Príncipes Racionales, y la Filosofía Aristotélica, no hubiera formado contra nosotros un Silogismo tan ridículo, ni los tratara tan indecentemente. O sententiam necessitate confusam! Como dijo Tertuliano, Apolog. advers. Gent. Quid semet ipsum censura circumvenit: si damnas cur non inquiris? Et si non inquiris cur non, & absolvis?
Por Caridad quiero (ya por la Doctrina que dejo dicha, en orden a la cocción, ya porque dice el señor Don José: que no hay genero de Filosofía, que demuestre poderse conservar los Pescados calientes debajo del agua) decirle al Archisoplón los géneros de Filosofía, que hay acerca de esto, ya que no lo sabe, y bien pudiera haber consultado (ya que se precia de tan leído) al Doctísimo Plinio, a Aristóteles, a Celio Rodiginio, a Rondoleto, a Diógenes, a Esteban Aqueo, y otros muchos que tratan extensamente de los Pescados, y hubiera hallado Padre, y Madre; pues yo solo de paso le tocaré, pues para el Docto solo basta el insinuarlo, aunque lo sentiré por el señor Don José Gazola, el no tratarlo con extensión, ya que Devitores sumus (como dice San Pablo) sapientibus, & insipientibus. Y si de esta forma no lo entendiere el Archisoplón, diré con el mismo Apóstol: Qui potest capere capiat.
Sea el primer género de Filosofía, el que no hay elemento puro, siendo esta Doctrina admitida de los más Autores, y de Hipócrates, lib. de nat. hum. nu. 38, donde dice: Mutuoque a se aluntur, por la razón de Galeno, en el com. de que toda la maquina del Mundo se destruyera, y que el decir que hay tal cosa, solo es fantasía del entendimiento; y así en el fuego, y el agua se hallan todos los demás elementos, y consta del agua, por lo que este elemento dista de la suma frialdad, lo cual no sucediera, sino tuviera la atemperación, y mixtión de los demás elementos, y que todas las cosas sean impuras, y mezcladas es de todos, o los más Químicos, como lo puede ver el curioso en todos ellos, cuando tratan de la Solución: que es una operación; por la cual los cuerpos mixtos, se dividen en sus tres principios, Sal, Sulfuro, y Mercurio, separando las partes heterogéneas, y dan la razón, porque la naturaleza no nos dio cosa pura. Vea ahora el señor Archisoplón, lo que se verificará de los pecados, que son verdaderamente mixtos, por la composición de los cuatro elementos; no solo virtualmente, como quieren los más Autores, sino formalmente, como yo, con mi Maestro el Doctor Don Francisco Henríquez de Villacorta, defiendo; y así los pescados tendrán, y conservarán debajo del agua la forma de fuego, y aire, y más cuando los pescados respiran, atrayendo continuamente aire. Pero ya parece que oigo al señor Don José Gazola, que me dice: ¿por qué razón se han de conservar la forma de fuego, y de aire debajo de un elemento tan contrario, como lo es el agua? A que le responderá cualquiera que no haya hecho más que pisar los umbrales de la tentativa, diciendo; que aunque las formas de los elementos, son entre sí contrarias, por la pugna que tuvieron en la generación del mixto, no habiendo victoria de ninguno de los elementos, se conservan con sus cualidades refractas, contemperados unos con otros, y dejando otras razones, que saben los Tentativistas, por no alargarme, vea el Académico Aletófilo id est veritatis indagator, los géneros de Filosofía, que hay para demostrar, el que los pescados debajo del agua se conserven calientes sin milagro.
Sea otro género de Filosofía, suponiendo primeramente, el que todos los animales tienen un calor, ahora se llame innato, ahora húmedo radical, o fuego, como Hipócrates, lo llama, lib. de Aliment. lib. de Carnib. lib. de Duta, y lib. de Corde, num. I. Nam insitus a natura ignis in cordis sinistro magis sinu quam in dextro constrictus custoditur. Y de este sentir también son los Modernos, como consta de Renato Descartes, lib. de Homi. Et sciendum est carnem cordis continere imporis suis aliquem sine lumine ignem, &c. Y le dan varios nombres estos Químicos, llamándole Fuego Vital unos, otros Quinta Esencia Celeste, Mercurio Vegetable, Sulfuro Vital, Agua de Vida, y otros infinitos nombres; y este calor también lo admite el señor D. José en el fol. 38 donde dice: Que un calor solo sobra para explicar todos los efectos de la Naturaleza. Y más en los Pescados que tienen corazón, y sangre, es preciso que haya calor, según los Modernos, y según esta doctrina, y las razones ya dichas, arguyo en confirmación desto. Los pescados, y todos los vivientes, que están debajo del agua, como en su lugar connatural, y constan de corazón, y sangre, conservan el calor que se halla en estas partes (como admiten todos) sin que por la frialdad del agua se extinga, y sofoque: Luego los Pescados se conservan calientes debajo del agua. Pruebo la consecuencia (pues el antecedente es de todos.) Si el dicho calor no se conservara debajo del agua, fuera porque en este elemento, como contrario, hubiera disposiciones totalmente contrarias, y repugnantes, para la introducción, y conservación del calor. Sed sic est; que esto es contra toda experiencia, pues vemos que los Pescados debajo del agua conservan su calor vital, fin que se sofoque, por la razón que ya dije, de la pugna que tuvieron dichos elementos en la generación del mixto, se quedaron unos con otros contemperados, y refractas sus cualidades sin disposiciones contrarias, sino totalmente entre sí atemperadas, alias, siempre estuvieran en continua pugna: Luego debajo del agua se conservan calientes, y conservan el calor ínsito de la facultad concoctriz, y esto cuanto más helada esté el agua en el Invierno; pues en el centro está más caliente, como en nuestros estómagos el calor, y más cuando los Pescados tienen latibulos, o cuevas donde estarán templados. Toda esta Doctrina se confirma con sentencia de mi Maestro el Dotor Henríquez, en el §. último del cap. 2. tom. I, de si los elementos estén formalmente en el mixto, en respuesta del mismo argumento, en que duda el Archisoplón, que como debajo del agua se conserve la forma de fuego en los mixtos vivientes, responde así: Ad confirmationem respondeo, illa mixta viventia, adhuc sub aqua componi ex elementis formaliter; non tamem conservari dispositionibus omnino contrariis; & repugnantibus, sed potius, inter se omni no a temperatis. Constat manifeste cum videamus adhuc Pisces sub aqua habere vitalem calorem, quin sufocetur: Signum ergo est ibi non esse dispositionem omnino contrariam elemento ignis, & aeris, & sic de alys Philosophandum erit.
Prosigue, diciendo: De aquí sale la razón, porque todas las demás ciencias refinadas de continuos discursos, desde sus Inventores, se han adelantado muchísimo, y todavía llegan, acrecentándose de lance en lance, en los descendientes; pues reparad en todas las partes de la Matemática, y veréis la Geometría Mecánica, Arquitectura Militar, Nautica, Astronomía, Aritmética, Trigonometría, Hidrostática, Música, y otras cualesquiera de ellas, cada día se ven más aumentadas. Este §. ha de quedar tan acreditado de Apócrifo, como todo lo que incluye en sus Entusiasmos. Vamos a la prueba de esta verdad, y hallaremos, que no solo un punto se han aumentado, sino que han perdido tanto el antiguo ser, que les ha quedado solo el nombre, de forma que se pueden decir justísimamente, no Matemáticas, sino cadáveres de Matemáticas: Esto es tan claro, que aun sus Profesores no saben las partes de que se componen, blasonando tanto de profesarlas. El señor Matemático Gazola empieza a describir las Matemáticas, poniendo en quinto lugar la Aritmética, que es el primer principio, para comprehenderlas: y a la Trigonometría la pone por parte principal, siendo un miembro de Geometría; y dice, que se han anticipado: y yo le quiero preguntar, que me diga; ¿de qué se compone la Arquitectura? Y me dirá, como tan docto, qué de la Geometría, de la Historia, de la Medicina, de la Astrología, de la Filosofía, de la Música, de Perspectiva, y así de otras muchas cosas, que nos enseñan con precisión Vitrubio, qué debe tener el perfecto Arquitecto, para tener tal nombre. Saque ahora la consecuencia el señor Archisoplón, si está anticipada la Arquitectura en estos tiempos, necesitando de todas estas partes, para su perfección, y no hallando quien pueda socorrer esta necesidad, y a sí mismo se podía hacer esta pregunta en las demás partes que omito, por no dilatarme; pues sé que me ha de responder lo mismo: y solo me contento con hacerle esta pregunta, que será fácil, y es, que me enseñe las operaciones de la Matemática, no de los Inventores nuevos, que eso le doy de barato; pues sería emprender un imposible, y me daré por satisfecho, con que me suministre algunas antiguallas. Sea la primera, que me diga, ¿adónde están aquellos Espejos Incendiarios, o Ustorios, con que quemó toda la Armada Arquímedes, o con qué se hacen, pues un Matemático debe saberlo, o quién después acá los ha ejecutado? Oigo que no responde, que es lo mismo que confesar, que no lo sabe, ni los hay en el mundo: Y paso a otra pregunta. ¿Dónde está aquella Paloma de Madera, que volaba, como si fuera viviente, que con solo tomarla en la mano Arquitas Tarentino, le suspendió el vuelo? A esto responde. Que este secreto Matemático le llevó la Paloma en el pico. ¿Dónde están, pues, aquellos Espejos Vocales, o quién los hace, después que se inventaron? Tampoco hay Matemático que responda a esto. Con que nos quedaremos a la Luna. ¿Dónde está aquella Estatua de Femón, que herida con los rayos del Sol, daba voces, como refiere Tácito, y todos los Historiadores? Imitan a este Autor los Matemáticos. Dónde está aquel Fuego inextinguible, que se halló en el Sepulcro, que estaba no lejos de Padua, el cual (según refiere Pedro Apiano, lib. de Antiquit.) había durado mil y cuatrocientos años: y así mismo, el que se halló (en el tiempo del Pontificado de Paulo III, como refieren Languis, lib. 2. Epito. Epist. 58. Ludovico Vives, super cap. 26, lib. 1. Y San Agustín de Civitat. Dei, Hermolaus Barbarus in suo Corolar. super Dioscoridem lib. 5, cap. 859.) en el Sepulcro de Tulia, hija de Cicerón, que había mil y quinientos y cincuenta años que ardía. Y San Agustin en el lib. y cap. sup. alegado, refiere, que en cierto Templo de Venus, se halló una lampara encendida, que había tiempo inmortal que estaba ardiendo, sin extinguirla el aire más fuerte, ni la tempestad más violenta. Y Numa Pompilio mandaba, que guardasen un Fuego, que siempre estuviese ardiendo, lo cual estableció por ley, según Livio, cap. 19. y esta custodia tocaba a las Vírgenes Vestales. El Decreto es el siguiente: Virgines Vestales ignem foci publici sempiternum in Urbem custodiant. Y el gran Poeta en el lib. I. dice, que le trujo Eneas de Troya, y que se lo entregó Héctor, después que habló con él en sueños lo que refiere:
Sic ait, & manibus bittas Vestamque potentem,
Æternumque Adytis effert penetralibus ignem.
El cual trajo en su Armada, y Flota; y este fue el que adoró, como dice el propio Mantuano.
Pergamumque larem, & vana penetralia Vesta,
Farre puo, & plene supplex veneratur acerra.
También estaba este fuego (demás de los Templos de las Vestales Vírgenes) en el Templo de Ceres, y Proserpina, en los Britaneos, en el Templo de Apolo Curneo, en Delfos, en los Persas, y en el Templo de Yarvas Délfico, como dice Virgilio.
Hic Amone satus rapta Garamantide Nimpha
Tempore Iovi centum latis in Mamnio Regnis,
Centum Aras possuit vigilemque sacraverat ignem,
Escunias Divum Æternas.
Y Príamo tenía en su Palacio un fuego que siempre ardía. Así lo dice el Gran Poeta:
Priamumque per aras
Sanguine fœdantem quos ipse sacraverat igne.
Que así lo explicó Turnevo, y ardía en el Templo, que tenía dedicado a Hercules Erzeo, del cual más abajo hace mención, diciendo:
Ædibus in mediis nudoque sub Æteris axe,
Ingens ara fuit iuxtaque veterrima laurus.
Pero dejando todas estas profanidades, nos explicará este lugar y no Sacro; pues en el Templo de Salomón había un fuego que estaba siempre ardiendo, y mandó Dios, que el Sacerdote tuviese grande cuidado con él; y sucedió, que llevando a Persia cautivo el Pueblo Hebreo, y profanaron las cosas del Templo, y los Sacerdotes, escondieron este fuego en un pozo hondo, y seco, que estaba en un Valle: Y después volviendo con Nehemías del cautiverio, envió a los nietos de los Sacerdotes, que lo habían escondido a buscarlo; y volvieron, diciendo: No hallaban otra cosa, que un agua crasa, y mandó traerla, y con ella hizo rociar el sacrificio, y la leña, que estaba encima. Y habiendo salido el Sol, porque estaba nublado, se encendió de repente un gran fuego, con gran maravilla de todos: ¿a dónde está el Terra Escopio de Galileus Galilei, con que se veían vigas en el limbo del Sol de seis mil leguas de largo, y descubría una Ciudad desde cien leguas? ¿Dónde están aquellos Instrumentos Bélicos, que tenía actividad una Pistola, o un Arcabuz, para pasar un Ejército de parte a parte de seis mil hombres? ¿Dónde está aquella Pólvora, o Polvos de Purio, que quitaban la vida a cincuenta pasos sin hacer el más leve ruido? ¿Dónde están aquellos Ríos de fuego, que corrían como agua, para quemar las Ciudades? ¿Dónde están aquellos Matemáticos, que en veinte y cuatro horas despoblaban una Ciudad de cien mil personas con sola la elevación de un poco de viento? ¿Dónde están aquellos señores Matemáticos, dueños del Agua, dueños de la Tierra, dueños del Aire, y dueños del Fuego? ¿Dónde están aquellos Instrumentos, con que se da un Orden a todo un Ejército, con la Prolación de la Voz más tenue, que si se hablara entre dientes? ¿Dónde está aquella Cabeza de Alberto Magno, que hablaba, y respondía sin mezcla de superstición? Y finalmente, ¿dónde están aquellas Máquinas con que se batían las Murallas? ¿Dónde los Arietes? ¿Dónde aquella Máquina que demolió a Troya, como dice el Gran Poeta?
Scandit fatalis Machina Muros.
Claro está que nada de esto dirá el Archisoplón que lo hay en el mundo; y no puede dejar de confesar, que lo ha habido, que no es esto Medicina Racional, que ha de tener caterva que le siga en sus negaciones: Luego ¿dónde están los Adelantamientos de las Ciencias? ¿Dónde está la Matemática? ¿O dónde están los Matemáticos? Yo me persuado a decir, que hay Matemáticas sin Matemáticos, o que hay Matemáticos, sin Matemática; porque claro está que es consecuencia evidente, que si hubiera Matemática, hubiera estas operaciones, que obraron los Antiguos con ella. Y si confesamos que la hay, de precisa necesidad hemos de confesar, que no hay Matemáticos, como se infiere. Sino es, señor Archisoplón, aquí para entre los dos, que no nos oye nadie, sino es todo el mundo, esta es cuestión de nombre, que a la verdad, dimana de una equivocación, que es decir: son no Matemáticos, sí Más-temáticos.
Prosigue en el frecuente arbitraje de los Médicos Racionales (sin reservar edad, ni calidad, y comprehende en ellos a los Príncipes de la Medicina), haciendo el siguiente Argumento, diciendo: Que no le basta al Médico, para serlo, el ser de ancianidad, ni haber estudiado en la más célebre Universidad del mundo, ni que haya gastado en ella, no solo la dulce primavera de sus años, sino también la edad de la virilidad, y la senectud, ni menos que sea tenido por segundo Hipócrates, o Esculapio, por los muchos Tomos que haya sacado a luz para la común utilidad, ni tampoco que haya obtenido, y obtenga con general aclamación la Cátedra de Prima; porque todo ello no vale nada, y que antes se fiara, y obrara mejor un mero práctico de los Hospitales; y dice, que esto lo prueba con el siguiente silogismo.
Si las Doctrinas de los Médicos Ancianos, fueran verdaderamente las legítimas, y las mejores, el que las supiera más, fuera también por consecuencia el mayor Médico; at qui, esto es falso, como consta del Médico más antiguo, y más acreditado, no solo por los Tomos que ha sacado a luz, sino por haber gastado su vida en las Cátedras de Prima, en las afamadas Universidades, como son, la Sorbona en Francia, y la de Padua en Italia, que en lo hablado, es un Esculapio, un Hipócrates, y en la curación, todo es desaciertos: luego la Doctrina Antigua, no es verdadera. Este es el Argumento, el cual tiene tanta congenie de disparates, cuantos incluye en sus Entusiasmos. Lo primero, porque no se sabe cuándo este hombre habla bien, o cuándo mal de los Príncipes de la Medicina (¿pero cuándo no mal?) porque unas veces los quita el crédito, otras veces alega sus textos, aunque mal, para sus torcidos dictámenes, otras los sube a la elevada cumbre de los elogios; y lo que más es, en un mismo párrafo los honra, y los deshonra, si cabe decirlo así, pues nadie quita, ni da lo que no tiene; y que esto sea así, se ve en la cláusula, donde dice: Que los Galenistas son unos Médicos pegados más a las Doctrinas de los Antiguos, que el mal Francés a los Bubosos, o los Turcos al Alcorán, y que antes mataran a uno, como tengan una autoridad que acotar, &c. Y en el folio 18, dice: No me puedo tener de risa, cuando los veo en las Juntas con tanta prosopopeya, acotando Aforismos, y Textos de Hipócrates, o Galeno, que no parece, sino que habla algún Oráculo de Delfos. Esto, y en varias partes, es el deshonor. Y ahora en el §. de fu Argumento, dice: Yo me holgaría muchísimo de ver a los enfermos, visitados de otros tantos Hipócrates, porque estuviera seguro, que viéramos en lo por venir, tener el pésame menos cumplimientos con los vecinos. Pues será posible que no le haya sobrado el curso de veinte siglos, sino para adelantarse, a lo menos para detenerse en el proprio tamaño de entonces. Pues oigan Vs. Ms. ahora, lo que dice en el folio 21. Que aquellos tienen toda la culpa, que quieren porfiar en los mismos desaciertos, que si volvieran ahora a este mundo, los primeros fueran a borrarles de sus escritos, y sin empacho madrugaran a hacerse Discípulos de nuestros Hallazgos. Vean Vs. Ms. qué caso se puede hacer de semejantes implicaciones, y verán también si son disimiles las siguientes pues dice: Que toda la Filosofía de un Catedrático de Prima, el más célebre, y que en lo hablado, no se diferencia de un Esculapio, es inferior a un mero práctico de los que asisten a los Hospitales. Habiendo dicho en el folio 19 ¡gran Filósofo! Luego ¡gran Médico! dos cuerdas unísonas, que picada la una, tañe también la otra.
Quita pues el crédito a todas las Universidades más célebres; pues se saca por legítima consecuencia, que siendo las más célebres del mundo; y siendo también los más aprovechados los Alumnos de ellas, como Catedráticos de Prima, son los mayores ignorantes, por ser ellos, o los que con su Doctrina acreditan estas Universidades; o estas, las que con sus Doctrinas dan el crédito a sus Catedráticos: Ya Vs. Ms. han visto, que es correlativo lo uno de lo otro; pues vean ahora la retractación de esto mismo, en el folio 41, donde dice lo siguiente: Y si la novedad de la razón, todavía no os persuade, más eficazmente os convencerá el ejemplo de todas las otras Naciones de la Europa. Reparad en tantas Academias, que han levantado, y veréis cómo todas se han sacudido, ya de la Peripatética, y Galénica esclavitud, concordes en no errar más a lo que leen, sino a lo que ven, &c.
Luego si todas las otras Naciones de la Europa persuaden con el ejemplo en tantas Academias, como han levantado: luego son todos hombres doctos, y todas sus Academias; y si todas, como dice seis renglones más abajo: No malogréis, pues, la generosa hidalguía de vuestro grande entendimiento, sino allanad con el deseo la altivez, y aspereza de los Pirineos, para que sobrepuje aquí la libertad de la verdadera Filosofía. Qué les parece a Vs. Ms. cómo se implica, y se retrata a cada paso, pues ya hace a los Médicos de toda Europa Sapientísimos, y sus Universidades Celebérrimas, ya a ellos, y a ellas les quita la fama, la reputación, y el crédito. Ya está toda Europa reducida, ya falta por convertir a los Pirineos, que aquí los toma por los dominios Franceses, pues dice: Llamemos de las más afamadas, y célebres Universidades, ya de la Sorbona en Francia: Oigan Vs. Ms. lo que dice de Italia, cuando dice: Ya de Padua en Italia al Médico más acreditado: Ya Vs. Ms. tienen toda la Francia, y toda la Italia, por reducir, pues oigan Vs. Ms. toda España; pues hablando mal de los Médicos Galenistas, por consecuencia legítima, habla mal de Salamanca, Alcalá, Valladolid, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Coímbra, con todas las demás Universidades de España. Pregunto yo ahora, si toda España, toda Italia, y toda Francia está por reducir a la Secta de los Modernos, ¿dónde están las Universidades? ¿Dónde toda la Europa? Sino es que diga, que cuatro Saltibancos Clandestinos, más tiznados con sus químicas experiencias, que los Operarios de Vulcano, constituyen las Universidades, y toda la Europa.
El buen Caballero es tan mordaz, que no sabe hablar bien de nadie; y en parte no nos debemos quejar de su Viperina Lengua: pues con ella aun no perdona a su Patria, ni a la Universidad, a quien debe el ser Académico Aletófilo, Químico, Astrólogo, y Médico Matemático. Parece en este vicio al otro Ateísta, que habiendo hablado mal de todos, y aún de sí mismo, prorrumpió, diciendo: Y no digo mal de Dios, porque no le conozco.
Pero porque no presuma, que tiene fuerza de Silogismo, le respondo Que concedo, que aquel será más Médico, y más Docto, que supiere mejor las Doctrinas Antiguas, y Verdaderas, y le niego la menor y la consecuencia por falsísimas, que dicen, que el Médico más acreditado (ya por los muchos Tomos que haya sacado a luz, ya por ser Catedrático de Prima) obra meramente un desacierto, y peor que un mero práctico de un Hospital; por qué quién ha de creer, que un Catedrático de Prima (por cuya Doctrina aprenden los demás) no corresponda en lo práctico a lo especulativo: así porque no hay Racional que afirme, que caminando uno al fin, se quede en los medios: y fuera, no solo ocioso, sino ridículo, gastar la vida en la Teórica, sin conseguir la experiencia de la Práctica, cuando consiste en ella el crédito, que le eterniza, y le da el cognomento de fidelísimo Ministro de la Naturaleza: Y fuera lo contrario sumo descredito, que a tan populosas Universidades viniese un Médico de inferior fortuna, a medicar los dolientes, por no ser correspondiente la Practica a la Teórica del Catedrático. Yo digo de mí (y de cualquiera hombre de reputación lo presumo) que antes apeteciera la muerte, que no ver, ni oír tal disfame en mi opinión: Y si estos tales Médicos afamados, y Catedráticos fueran totalmente Teóricos, el mismo argumento, o retorqueo se puede hacer a los Modernos (dado que fueran los buenos) que solamente supieran lo Especulativo, y no el ponerlo en Práctica: Luego quedan calificadas de falsas la menor, y la consecuencia (y aun con menos circunstancias que estas) por el mismo Archisoplón; pues dice (pena de retratarse) gran Filósofo, luego gran Médico, adhuc; que por imposible no fuese Práctico, quedaba acreditado de gran Médico, y lo había de ser por fuerza en la sentencia de molde de los Entusiasmos del Archisoplón. Vean Vs. Mercedes ahora sin pasión el modo de Filosofar, y Argüir de este Médico natural, y la gran razón que le asiste, para sacar por consecuencia: Que por esto el Médico Galenista supone serlo, y no lo es, y vive engañado, en la opinión de sí mismo, atreviéndose a medicar a los enfermos, &c.
Que yo alzo la pluma deste punto, porque no parezca, que la dejo correr en el propio sentimiento, obedeciendo a Galeno, en lo que dice com. I. in lib. I. de Fract cap. 9. Refelli non debent sed contemni, qua prorsus stulta existunt.
Prosigue ahora, contando en cuento tan ridículo como el antecedente Silogismo, que es como se sigue: Tengo de decir un cuento, que por ser a propósito, me parece se puede añadir al discurso: que en substancia contiene lo siguiente: Halleme en una Ciudad de la Lombardía, mientras practicaba la Medicina, a asistir a la Junta de un enfermo que por hallarse de peligro, llamaron tres Médicos, los más afamados del lugar, por sus escritos, y edad; y llegándose a donde estaba el enfermo, examinaron con cuidado, las causas del achaque, tomando cada uno el pulso, tocándole el vientre, reparada la orina, y por último, haciendo todas las diligencias; hicieron su Junta, hablando con mucho primor, de Doctrinas, acotando los mayores Autores, no solo Griegos, y Árabes, sino Latinos, y llegando al Pronóstico, dijeron: Que la enfermedad por cierto era grande, pero que sanaría, confiados en la mocedad, y grandes remedios. Apenas dio principio el postrero, cuando muy acongojados vinieron los parientes, a avisarle, como se estaba el pobre muriendo, y brincado los Médicos de las sillas, corriendo hacia la cama del desdichado, que ya había echado los últimos alientos, y que se fueron los tres con tan ruboso color en los rostros que fue falta de sentido si por la vergüenza no se les pusieron las caras igualmente coloradas.
Puede haber nieve en diez pozos, que enfríe la bebida como el tal cuento, sin grano de sal para la risa; porque no siempre se ha de reír con prudencia; y más cuando no se puede tener con el Archisoplón que también ha de haber lances donde se ha de soltar el freno a la boca, para que ría sin freno. Gracias al Archisoplón, que nos da el pan, y el palo, pero lo cierto es que la risa es a su costa; pero es tal la condición humana, que le hemos de pagar el llanto, dejándole un eterno Heráclito, cuando nos deja eternos Demócritos.
Halleme (dice el Archisoplón en su cuento) mientras estaba en Práctica, a asistir a la Junta de un enfermo con tres Médicos, los más afamados. Vean V. mercedes, lo que dice, que él asistió a esta Junta, de donde se infiere, que sería el Médico principal que puso en tal estado al enfermo, habiéndole antes asistido: y se deja entender, o que aquellos Médicos eran con quien el Archisoplón practicaba, y que le habían dado algunas visitas, en que se instruyese, o que él se había vendido por Médico, y le asistió hasta el fin que tuvo: y esto bien se puede creer sin relevación de prueba, pues lo confiesa la parte: Llegáronse a la cama donde estaba quejoso el tal Caballero. Creo estaría más quejoso de verse en el estado en que le había puesto, más que la enfermedad. Estos Médicos hicieron el verdadero juicio de la gravedad de la enfermedad, (guiados como Médicos Racionales, por las señales manifiestas) para alcanzar lo obscuro de una grave enfermedad (como lo confiesa el señor Don José Gazola) y proprias: y esto no obstante, el entendimiento humano muchas veces no lo puede alcanzar, y más cuando, o ya por la parte afecta, o ya por las señales, y accidentes, hay alguna similitud en las enfermedades, como le sucedió a nuestro Galeno, siendo tan gran Médico, y Filósofo, en su Dolor Colico, teniéndolo por Nefrítico. Y como elegantemente lo dice Hipócrates en el lib. de Dieta: At vero homines ex manifestis obscura considerare non noverunt. Cum enim artibus utantur similibus humanæ naturæ, id ipsum ignorant. Divina enim Mens edocuit ipsos sua ipserum imitari, ita ut cognoscant qua faciunt, & non cognoscant quæ imitentur. Y por esta causa los Médicos en las Consultas suelen estar discordes en el capitular la enfermedad, o aunque convengan, en su esencia, lo están en el votar el remedio; por lo cual el vulgo no debe hacer concepto (contra los Médicos) ajeno de razón, ni admirarse. Díjolo así nuestro Divino Valles, en el lib. 3. de su Aurea Meth. cap. vltimo. Qua propter non adeó oportet terreri vulgares, cum vident Medicos de morbi essentia dissentire, neque putare de agroto iam esse actum. Sæpé enim, fit ut fine ullo eins malo; de morbo dubitatur. Y volviendo a los Médicos de la Junta, que examinaron con cuidado todas las causas, y lo demás que dejó dicho en el Diseño de un buen Médico, como imitadores de Hipócrates que lo manda, por estas palabras, lib. de Præceptionib. Qua ex communi consideratione, res circa ægrum inquirantur, ac cognoscantur, & illi cooperatores fiant ad auxilii ferendi facultatem. Y no obstante, dijeron, que confiados en la mocedad, y grandes remedios, se podía esperar recuperase la salud. Dígame V. m. señor Don José, ¿pueden de otra forma los Médicos (después de haber hecho el juicio perfecto de una enfermedad) esperar un buen suceso, sino es con la recta aplicación de los auxilios, y en una edad floreciente, que a todo resiste, y todo lo lleva bien? Como el Divino Hipócrates lo dice, lib. de natur. homin. Vigor ætatis omnia habet gratiosa. Decrepita vero ætas, vice versa. Hallándose las facultades naturales por las cuales se postran las enfermedades robustísimas, conmutando, y expeliendo la materia morbífica; y más cuando es incierto el pronóstico en las enfermedades graves, por la movilidad de los humores, moviéndose de una parte a otra, según Galeno, en el com. del Aphor. 19. de la sec. 2. Acutorum morborum non sunt omnino certæ prænotiones, aut salutis, aut mortis. Y por último, es regla elemental de todos, el que (en la conformidad dicha) consiga el generoso Médico su fin, que es el buen suceso.
Sucedió (prosigue) que mientras se hacía este juicio, avisaron, que se estaba muriendo el enfermo. ¿Pues qué grande novedad es esta para tantas machalolas, y pasmarotas? ¿no sucede cada día, estar una persona ocupada en varios actos muy buena, y quedarse repentinamente muerta? ¿pues que se muriese un enfermo de tan eminente peligro, como habían ponderado tan doctos Médicos, que no dejaron para su conocimiento, monumentos de Autores, no solo Latinos, Árabes, sino también Griegos? La risa fuera, Señor Archisoplón, si se juntara una caterva de Químicos, Empíricos, Idiotas, y revolviendo una tempestad de delirios, y meras imposturas, dijeran que no era de cuidado el accidente, y que lo levantarían en dos días de la cama, y en el ínterin, se les quedara muerto; aquí sí que venía muy bien la mofa; pues no siendo Médicos, se vendían por tales, y no conociendo la enfermedad, aseguraban la salud, como les ha sucedido muchas veces: y pocos días ha en esta Corte, se verificó en un Religioso (que se fue a la otra vida sin Sacramentos) que curaba un Médico Químico. Y dice: Que se fueron corridos, y temiendo que las canas no se volviesen coloradas por la grandísima vergüenza. ¿Quién le ha dicho al Archisoplón, que puede causar rubor a nadie que se muera un enfermo de tanto peligro? y que el Médico esté obligado a curar a todos los dolientes, pues ni el mismo Esculapio, a quien por sus grandes aciertos, le dio la Gentilidad cognomento de Deidad pudiera hacer tales proezas; óigalo de la boca de Hipócrates, in prog. cap. 2. Omnes namque languidos sanare, impossibile est. Y Aristóteles, lib. 1. topicor. Rector non semper persuadet, nec Medicus semper sanat. Y el Divino Valles, lib. 5. Epid. in Hist. Malici. Nimirum quidam morbi sunt per se insuperabiles, quamvis eis Medicus arte repugnat. Zacuto: Nulla censetur imperfectio, quod Medicus finem suum non assequatur. Y últimamente, para no ser molesto, diré con Ovidio, que
Non est in Medico semper relevetur, ut æger
Interdum docta plus valet arte malum.
Habiendo sentado la mano a todos los Médicos Racionales Galenistas, y tan sentada, que dice: Harto me parece habré demostrado, que estos Galenistas no pueden ser de la casta de Médicos, que necesitamos para amparo, y rescate de nuestra salud, falta ahora que discurramos algo acerca de los Modernos. Porque han de llevar padrinos; y ahijados, y mientras que allá me las den todas, y me vengo de mis enemigos, con mis enemigos, paso un §. de ciento, y veinte renglones, en que les sienta el azote, como ellos merecen; y haciendo una pintura de un Médico, tan ridícula, que a su lado, es Ticiano el Enano de los Desamparados, y la repara con una friolera, tan fresca, que no tiene grano de sal, diciendo: Mirad sobre todo, no ser Eunuco, ni lampiño, para llevar buenos bigotes, sustentar una brava mula para dejarse ver corriendo por acá, por acullá, dando muestra con el paso apresurado, que tiene muchas visitas, y con esto, cualquiera será admitido en las casas, y celebrado de los ignorantes por gran Médico. Señor mío las licencias del gracejo, son disculpas de truhanes, no escusa de Alectófilos; considere V. M. su estado, y profesión, y si le parece que le sufragan los privilegios de los truhanes, desde luego no faltará quien franquee el grado, si los humores fríos no lo desmienten, porque estos helados cadáveres, les informaba el alma Don Francisco de Quevedo, que aunque suyos, los desconociera por el modo con que V. M. los trata, y así no le desplumara, y siempre le quedará V. M. Graja.
Prosigue, diciendo: Entre tanto, puede ser haya alguno, pues que me oye, con tanto cuidado, tener práctica de los Médicos, que me pregunte si yo lo soy, y le diré, que todavía no me atrevo a bautizarme con tal apellido, aunque blasone ser Catecúmeno de la verdadera Medicina. Es verdad, que la Universidad de Padua me ha graduado en Filosofía, y Medicina, y que supiera yo también como otro, ofreciéndose la ocasión, escribir unas recetas. Todo este §. no dice otra cosa, sino que no sabe Filosofía, ni Medicina Racional, ni Moderna porque de esta dice todavía Catecúmeno, y que su práctica es molesta, y enfadosa, y de esotra Racional tampoco; pues dice que le graduó la Universidad de Padua en Filosofía, y Medicina; y siendo en su dictamen esta Universidad, de donde los más aprovechados Catedráticos de Prima, no saben palabra, y cometen mil desaciertos, y se hallan más bien Medicados los enfermos de un mero práctico de los Hospitales; luego es consecuencia legítima, que sabrá mucho menos, o nada quien no tiene estas reverendas.
Prosigue: Luego si sabes (podrían argüirme) porqué no te examinas para ejercitar una Profesión tan Noble, y tan provechosa; atrevidamente impertinente fuera esta pregunta; pero respondiera yo que estudio la Medicina, por entretenimiento, siendo igualmente gustosa la Teórica, cuanto enfadosa su práctica, y también por el logro de la propia salud, y para ser de algún provecho a los amigos. Ya está conocido lo especulativo del Archisoplón, lo práctico dice, que es molesto, y cansado: con que supone, que no lo sabe, pues lo aborrece y todavía es Catecúmeno, y que solo estudia por entretenimiento, una facultad, en que asienta, que son necesarias tantas partes, para ser verdadero Médico. Dice también: Que por ser de provecho a los amigos. Y esto no puede ser cierto, porque si los que conocen al Archisoplón, supieran que sabía algo, y que su doctrina era la verdadera, echaran mano de él para curarse, y no se pusieran en manos de los Médicos Galenistas; pero si yo hago palpable demostración (como el Archisoplón nos argüía poco ha) de lo uno, y lo otro, quedará bastantemente concluido. La mayor proposición, es más clara que los rayos del Sol. Y así no necesita de prueba: Vamos luego a la prueba de la menor proposición, la cual será igualmente clara, por consistir en la experiencia. El Señor Embajador de Venecia, de quien blasona el Archisoplón ser Médico, enfermó los días pasados, y envió a llamar a mi Maestro, el Doctor D. Francisco Enríquez de Villacorta, con el mismo Archisoplón; visitó a su Excelencia, y se ejecutó lo que ordenó: luego si el Archisoplón supiera Medicina, y fuera verdadero Médico, y su Excelencia lo tuviera en tal concepto, no se valiera de otro, que del Médico de su patria, pues fuera hacerle un singular agravio. El Silogismo es tan fuerte, que no puede negar una palabra; pues si la negara, se la hiciera confesar el Señor Embajador, y el mismo Doctor Enríquez. Esto supuesto, digo, que si a mí me hubiera sucedido tal cosa, me hubiera caído muerto, a fuer de racional, nihil omnibus, dice que en cuanto al examen: Que no quiere ponerse en peligro de reñir con nadie, sin tener un fin noble. Con que da a entender, que si le hicieran Médico de Cámara, que se examinara, y cierto, que no va muy descabellado; pues como se premian tampoco en estos infelices siglos los méritos quiere sin ellos conseguir los premios, y luego se examinara (aunque sea por Septiembre) no es mala, sino muy buena política, y no como otros diablos, que para acomodarse, alegan veinte años de servicios de un Ejército, diez de Presidio voluntario, y veinte de Hospitales; y al cabo, llega un favor de un Lacayo de la fortuna, y se lo da a su ayuda de Cámara, porque el afecto, o la lisonja, como decía el Doctor Máximo de la Iglesia, en su tiempo (que juzgo que siempre ha sido el mismo) son las mayores, y más seguras reverendas, para la consecución del premio: Natali ducimur malo (dice esta eminente Purpura) ut, & incipientibus Adulatoribus nostris libenter faveamus, Epis. ad Sabinian. Y así engañado del merecimiento, el mismo pretendiente, teniendo por segura la máxima de San Juan Crisóstomo, que dice: Verus honor neque adulatione conqueritur; neque pecunia preparatur. Vuelve la espalda a la adulación, y se queda, sin el premio, y reputado por soberbio, y envidioso en el sentir de San Gerónimo, así se lo escribe a Gelacia: Isto maxime tempore regnat vitium adulationis, quodque est gravissimum, ut qui adulari nescit; aut inviduus, aut superbus reputetur.
Acaba la advertencia, y la razón de no haberse examinado, diciendo: Pues curioso de ver el mundo, fue preciso detenerme cinco, o seis meses en una Ciudad de Francia, y como platicando por el lugar con algunos amigos, me supusiesen por Médico (mala suposición) no me pude excusar de visitar algunos vecinos enfermos. (Y por no molestar a Vs. Ms. pondré la substancia solamente, de lo que le pasó al Señor Don José) Por lo cual, o por haber encontrado buena dicha en la curación, y divulgado esto, los Médicos de allí me obligaron al examen, so pena de ducientos ducados. Pero aunque no tenía intención de quedarme allí, y sabiendo que había muchos de estos Galenistas, para cumplir mi deseo, de hacerles un poco regañar, me expuse al examen. Si entonces os hubiésedes hallado presentes, hubiérades sin duda gustado más de nuestros argumentos, que de una fiesta de toros. Pues salieron los tales muy presumidos, preguntándome, ¿qué es calentura? y yo les dije, que ellos tampoco lo sabían, porque es una mentira su definición, diciendo ser un calor extraño, que se derrama por todo el cuerpo; pues ni es calor, ni frío, siendo puramente sus efectos y no la causa. ¡Grande empacho por cierto de los Médicos, todavía no haber llegado fijamente a saber lo que es! siendo la enfermedad más ordinaria, y la que más destruye a la humana naturaleza. Luego me dijeron ser cuatro los humores; y yo les respondí, o que no hay más que la sangre, o que son infinitos. Quisieron probarme, que hay un cálido innoro: y les dije, que era una notable necedad, no habiendo más que un calor solo, y que magis, & minus non mutant speciem. Después quisieron porfiar, que la sangre no circulaba. Llegaron a la Filosofía, diciéndome, que la naturaleza aborrece el vacío, y que el aire y el fuego, son absolutamente ligeros, y yo repliqué, que no sólo lo aborrece, mas que lo quiere, y que el aire, y el fuego, son respectivamente pesados respondiendo diametralmente al revés, a todas sus falsas opiniones, y que todo es falso, y una simpleza solemne, lo que habían escrito los Antiguos, y los Galenistas.
Gentil modo de responder a los Examinadores, y le quedaran muy agradecidos los Examinantes, si en la respuesta no salieran con calabazas; porque si a cada pregunta, respondiera el examinando, que tampoco la sabía el Examinante, no se excusara del examen un mozo de mulas, y dice: Que es grande empacho (usurpado del Doctor Cabriada) que todavía los Médicos no hayan llegado a saber lo que es calentura, siendo la enfermedad más ordinaria, y la que más destruye a la humana naturaleza, No siendo un calor extraño que se derrama por el corazón, consiste (como dije) en sentir del Archisoplón, el Doctor Cabriada, y de los Modernos, en la nueva quimera de la circulación de la sangre; y siendo esta secta falsa, como tengo probado, se colige, que ellos son los que no saben qué es calentura, siendo la enfermedad más frecuente; y según esto, no necesito de probar, que consiste en calor, como es notorio, y es Doctrina de Hipócrates, li. de Morb. donde dice: Que la calentura se hace, porque el humor bilioso se calienta, y el pituitoso, y así se calienta todo el cuerpo. Y en el numero 27 dice Hipócrates lo mismo, y hallará en todos los enfermos de las Epidemias, adonde Hipócrates llama fuego a la calentura, y dice: Que no es, ni calor, ni frío, siendo puramente sus efectos. Y en el folio 54 dice: Que las calenturas son calientes, y secas. Entonces las calenturas como calientes, y secas. Vean Vs. Ms. como el Señor Archisoplón se contradice, como lo hace continuamente. En lo que toca al número de los humores (que verdaderamente son cuatro, como consta de Hipócrates, lib. de Natura Humana) y si hay vacuo en la naturaleza, o si solo hay un calor innato (en el lugar que citaré ahora le daré razón) por no gastar tiempo, ni papel, en una cosa tan antigua, como el Caos, y que saben hasta los Pedagogos de las Universidades.
Hemos visto el Examen del Señor Don José Gazola, en el cual ha hecho ostentación, y glorioso alarde del Examen de los Médicos Racionales Franceses, con aquella profunda humildad tan continuada, que gasta en los Entusiasmos, pues por no decir, que examinaba a los Médicos, dice que le examinaron, y que les negó cuanto asienta, como verdad inconcusa la Medicina Racional, y que esto lo hizo para mostrar su insuficiencia, y hacerlos regañar, solo por ser Galenistas y dice también, que se holgaría mucho, que viesen los Cortesanos una fiesta de toros, en el certamen que tuvo con los Médicos Galenistas. Señor Don José, vamos claros, que habiendo conocido el buen deseo que tiene V. M. de festejar los Cortesanos, quiero yo también, aunque a mi costa hacerle a V. M. y a ellos este cortejo, en que tengamos otro certamen, y otra fiesta de toros, a que V. M. no podrá negarse, así por el buen afecto que ha mostrado en que le holgaran de verla, como por no faltar ninguna de las circunstancias de entonces, antes bien, va V. M. más seguro por mi insuficiencia, que allá en la Francia, donde fue más glorioso el vencimiento, a vista de unos hombres tan grandes, como todos confesamos; y pues puedo decir, Ecce rodus, ecce certamen saltandi. Aviso a V. M. para que dentro de ocho días comparezca V. M. o cualquiera de su obligación precisa, o a todos aquellos que siguieren la doctrina que V. M. por la más segura, y opuesta a la Medicina Racional de Hipócrates, y Galeno, en el Patio de Palacio, a vista de sus Majestades (que Dios guarde) o en otra cualquier parte pública, con las personas de su estimación, y aprobación, las cuales tomaré por jueces de este certamen, asistiendo también, como parte desapasionada, tantos Eminentísimos Varones, como hay en todas las Sagradas Religiones de esta Corte, para que en su recto sentir, quede satisfecho el vencido, en cuya palestra le argüiré, y defenderé a V. M. principalmente, todo lo que repruebo en esta mi Apología, propugnando por verdadera la Filosofía Aristotélica, y Medicina Racional, para que conozca el mundo, lo grandemente que está defendida la Doctrina de Hipócrates, y Galeno; pues fiado en su inalterable verdad, y certeza, espera mi insuficiencia conseguir tan gran vencimiento, y verá el Señor Don José, cómo no es todo uno, el tomar la pluma, para infamar a tantos: y sino salieren a este Certamen, diré con Job 6, Quare detraxistis sermonibus veritatis cum e vobis nullus sit qui possit arguere me?
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TERCERA ADVERTENCIA
La tercera Advertencia o Entusiasmo, se reduce a unas implicaciones, en que dice: Que es imposible hallar un buen Médico, y que por eso es necesario tantos mareos de cabeza, con tantos Aforismos, para poder por largo tiempo lograr unas advertencias de conservar la salud; porque es una notable presunción de los Escritores, el creer que en pocos, y breves renglones se puedan dar a cualquiera unas Reglas Universales de vivir sanos. Dice inmediatamente, Que quien llegara a semejante conocimiento fuera sin duda el primer ministro de la Naturaleza. Y prosigue luego con un hurto de Horacio, prohijado por propio, diciendo: Que la Guadaña de la parca fatal, no embota sus filos, ni en las finezas de las perlas, ni en la dureza de las piedras, ni del oro, y que igualmente siega la más humilde, y lo más altivo, en arrancando las violetas, caen postrados los Girasoles. Cierto es, que puede pasar por suyo el discurso, pues si viniera Horacio, se afrentara de verle tan desfigurado, y tan cadáver en sus labios, habiéndole él informado tanta alma, cuando dijo:
Æqua tellus pauperi recluditur
Filiis que Regum.
Y en otra parte:
Pallida Mors æquo pulsat pede
Pauperum tabernas regumque turres.
Dice también: Que es mucho más arduo conservar nuestro individuo, libre de los achaques, que rescatarle del vasallaje de los males; pero que con toda esta dificultad dará aquellas pocas advertencias, que puede alcanzar con corta Filosofía el Idiota, y cada cual que no pretende llegar a la perfección de ser Médico. Quién ha de tener atrevimiento para explicar este §. cuando está tan claro al conocimiento de los humores complicados, que tienen desahuciado el juicio del Autor pues no habrá Niño de la Doctrina, que no conozca la profunda ignorancia de que se compone. Remata el Entusiasmo con una contradictoria, diciendo: De todo lo cual, pocas advertencias nos sobra (¡qué bien concierta!) para guardarnos, habiendo dicho en el principio, que si fuera fácil hallar un buen Médico, no fuera menester más advertencias para conservar la salud, sin marearos la cabeza con tantos cuidadosos Aforismos; y siendo una notable presunción de los Escritores, el creer que en pocos, y breves renglones se puedan dar a cualquiera unas Reglas Universales de vivir sanos.
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CUARTA ADVERTENCIA
Esta cuarta Advertencia, está sin sustancia, como cosa de aire, el cual dice, que es perjudicialísimo para la salud, si se encuentra con cuerpos fétidos, y así va dando Advertencias, de usar de buenos aires, diciendo: De lo cual sacaremos, que el sitio más saludable para nuestra habitación, será el que goce de más altura y limpieza, rodeado de Prados, adornado de Huertas, y Jardines, o cercano de la Mar (el Mar se dice Señor Archisoplón) a fin de que las exhalaciones mezcladas con el ambiente, que cada instante tragamos (¡con qué nobleza!) con la respiración sean buenas y saludables. Este es el Documento, y Advertencia, para todos los que desean vivir buenos, y sanos, con que todos están obligados a vivir entre Jardines, Huertas, y Puertos de Mar, porque todos están obligados a vivir buenos, y sanos, con que pudiéramos despoblar las tres partes, y media del mundo a no suministrarnos el Señor Archisoplón una suma facilidad, diciendo inmediatamente: Todo esto es muy fácil de conseguir a cualquiera deseoso de vivir mucho. Vean Vs. Ms. señores míos, si será fácil a cualquiera vivir entre Jardines, Huertas, y Puertos de Mar, a quien no puede vivir en un desván; pero leo, que arrepentido de los preceptos que da de tuenda valetudine, dice: Mas tiene otros achaques el aire, que no siempre se pueden excusar, y que llevan la mejor causa de la humana flaqueza, que por lo demás pudiéramos también nosotros con un exacto gobierno dilatarnos la vida, y lograr los años de Noé. Este logro de los años de Noé, es una falsedad desacreditada, aún desde la infancia del Mundo, y se la probáramos, y enseñáramos al Señor Archisoplón, si nos la pagara, y no nos habíamos de valer de los dictámenes modernos, sino con la misma experiencia de aquellos tiempos.
Dice después: que casi toda la culpa de nuestra mortandad, es la inconstancia del aire, que por ser improvisas sus mutaciones, hallándonos descuidados, nos maltrata con calenturas, y nos sobresalta con tabardillos, y otros males, que tropiezan con la carrera natural de la mocedad, ocasionados de la mala configuración de los Astros, que con todo el humano desvelo, no se pueden siempre excusar, aunque Vir Sapiens dominabitur Astris. La tal sentencia viene aquí tan esclava, como el más forzado galeote puesto al remo. Y luego prosigue unas advertencias para conservar la salud, tan ridículas, y ajenas de razón (como conocerá el desapasionado Lector) y de hombre que tenga la denominación de Médico, como el decir, que en el Invierno salgan los señores fuera de la Corte al paseo, no solo por el ejercicio, cuanto por resoplar un poco de aire bueno, siendo mucho mejor que el de dentro a causa de tantos alientos de los demás vecinos, no dejándose también de inficionar el aire, con la podrida respiración de los achacosos, y se hallará mejorada toda la sangre, y se despertará más el brío al corazón. Vean Vs. Ms. si el bobo del Colegio Viejo de Salamanca, ¿pudo decir más? ¿Pues no era más fácil el decir, que de sus Majestades (que Dios guarde) y los Señores Poderosos, viviera en despoblados, o mandaran despoblar, y echar a todos los vecinos de Madrid, porque no se inficionara el aire, que continuamente sus Majestades, y demás señores respiran con la respiración de los vecinos, y achacosos? a más, que dado caso que la advertencia de salir al paseo, para gozar de buenos aires, fuera la conservativa de la salud, era necesario que siempre estuvieran gozando (por medio del paseo) de estos buenos aires, y no volvieran luego a respirar estotro, inficionado de las achacosas respiraciones, como consta; y consta de la conservación, que es continuata, res productio.
Da otra Advertencia, digna de su alto, y profundo discurso, diciendo (en un símil tan nuevo, que tiene la leche en los labios) que a las criaturas cuando están malas, se les medican las amas, porque en la leche con que se crían, se introduce más fácilmente el remedio. Aplica el símil, diciendo: De la misma suerte se debiera hacer en tal caso, medicar el aire, con el perfume de varias yerbas, y flores: como también lo hizo Hipócrates, cuando curó los apestados Abderitas. ¡Vean Vs. Ms. qué admirable arbitrio! ¿Pensó Osorio, que los había dado todos en su Memorial? ya se ve qué saludable, y qué fácil es el remedio de Medicar un cuerpecito como el del aire: apenas cabe en todo el mundo, y tiene su Imperio, y proprio domicilio, diez y ocho leguas de altura; y con las muchas recetas que sabe el Archisoplón lo Medicará diciendo: Ra. florum bene olentium untias iv. Cinamomi, & Ligni aloes ana drag. i. misce, & postea accendatur, & cremetur, cuius sufumigatio maxime confert aeri, fetidis exalationibus, & banalitibus male olentibus.
Y dice después una mera impostura; pues los Abderitas no estaban apestados, aunque pudieron contagiarse; y así previno Hipócrates consumir las haciendas en los Aromas, por librarlos del eminente riesgo del aire, que podía infestar la Ciudad: y en verdad que se le conoce al Archisoplón, lo grandemente que sabe Matemática para disponer el aire, y es lástima que no haya ido a esta Guerra Sagrada, para que con sus elevaciones, sin tanto dispendio de hacienda, y vidas de la Cristiandad, hubiera quitado la vida a todo el Mahometano Imperio; porque la misma razón que milita, para embalsamar el aire preservativo de contagio, milita también para su corrupción. Yo pudiera también meter mi cucharada de Advertencias sobre este punto, pero no me lo permite la modestia, y la gran veneración que tengo a tantos hombres Doctos que la han tratado, y pueden tratarla con la seguridad de su crédito.
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QUINTA ADVERTENCIA
En esta quinta Advertencia, trabaja en persuadir, que las comidas no son nocivas, no cálidas, no frías, ni que a nadie pueden hacer daño, ni que se necesita de consultar a más Médicos que su estomago, pues dice: Que en estando buenos, y sanos, todo el recado de la mesa es un Bálsamo, y que pueden comer de todo, porque se cumpla el Aforismo de omnia sana sanis: y que cuando está malo, el mismo maná, se vuelve achacoso, con que se le olvidó aquellos documentos, que poco ha nos había dado, donde dice: Para llegar con fundamento al conocimiento de las enfermedades, y de la Medicina, es forzoso saber cómo se vive, lo cual, alcanzado también se comprehenderá cómo se enferma, y la precisa necesidad de morirnos; y luego más abajo: Repara, y estudia cómo vives, y luego verás cómo enfermas, &c. Luego de la heterogeneidad, de los alimentos, ya siendo pecantes en cuantidad, cualidad, o tiempo, se originan gravísimas enfermedades; y esto es tan claro, Señor Archisoplón, que hasta los mozos de mulas lo saben: y si hubiera visto a los Autores acerca de este punto, hallara, que no hay género de enfermar gravemente, que no se pueda originar de los alimentos, ya por su cantidad, como por su mala cualidad, y tiempo; pues (como dije) la heterogeneidad, es quien causa grandes sediciones (como nuestro Oráculo Hipócrates, lib. de flatib. num 9 Variis, & dissimiles enim seditionem causant) como son Apoplejías, Síncopes, vehementísimos dolores de Estómago, por lo cual, Fernelio, lib. I, patholo. cap. 14, dijo, que una gula, casi es madre de todas las enfermedades: Una gula omnium est, prope morborum mater. Y Séneca subió tanto de punto esto, que dijo: Que nosotros vivíamos con nuestras muertes, que son los diversos manjares, y que esta era la causa de no vivir mucho, lib. 10, Rethori. Quidquid avium volitat, quidquid piscium natat, quidquid ferarum discurrit, nostris sepelitur ventribus, quaere nunc cur subito moriamur pate, quia mortibus vivimus. Y acerca de este punto, hay tanto entre los Autores, que fuera el querer hablar algo, un proceso infinito. Y así Señor D. José Gazola, vea V. M. sus Advertencias, y verá como conducen más a un precipicio, que a conservar la salud, y solo será esta Advertencia buena, para un Médico, no distante de la Corre, que cura con pepinos y agua fría. Y si todo esto no puede dañar nunca estando buenos, ¿para qué son aquellas Advertencias de tanto garbo? que dicen: Mayor cosa es prevenir a preservar las enfermedades, que no curar las introducidas. Luego si las enfermedades, y la muerte, entran por lo que comemos, y bebemos, como también la salud, como dice el Señor Archisoplón; luego estaremos obligados estando sanos, a huir de aquello que puede ser peligroso, y nocivo para destruirla, pues dice: Lo que nos sustenta la vida, no es otra cosa, sino lo que entra, y cada día sale de nuestro cuerpo; pues como vivimos por lo que tragamos, y expelemos, así también por lo uno, y por lo otro enfermamos, y morimos. Vean Vs. Ms. si se hubiera perdido la quinta esencia de la contradictoria, si se hallara en el Archisoplón.
Con todas estas razones, y experiencias (prosigue el Archisoplón) la codicia de la salud, hace parecer necesaria, y provechosa de por sí, cada demasiada cautela, y con un logro aparente, entrega sus mesas a la rigurosa asistencia del Médico, comiendo solamente con muy atenta medida, lo permitido. Todavía no se sabe si esto haya sido, o ligera credulidad de una vana esperanza, o puramente política sagacidad de los Médicos, para insinuarse necesarios en el retrete de los Monarcas; pues su mañosa industria, ha llegado hasta poner en vasallaje el albedrío de sus antojos, que muchas veces con tantos desvelos les hacen madrugar más tempranas las enfermedades, apretando un descomedido bocado a la garganta del real apetito. Quizás por eso no llegan a muy viejos los Diademas. Vean Vs. Ms. si el Diablo ha inventado más que decir: yo levanto la pluma de este punto tan considerable, así porque no tengo suficiencia para responder, como porque sería una grande injuria, con máscara de defensa, porque la defensa, en tales casos, ha de salir del cuerpo del ofendido, y son de tanta graduación los ofendidos, que dudo, que no dejen su defensa sin castigo. Dice también: Que no se ha reparar en lo que se come, sino en lo que se apetece. Vean Vs. Ms. si un documento tan lindo como este de tuenda valetudine lo diera el Doctor Chancleta, que dice: Que quod sapit nutrit, y por la mayor parte apetecemos todo aquello, que ex diametro es capital enemigo de la salud.
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SEXTA ADVERTENCIA
La sexta Advertencia es tan asquerosa, que permitirá el Señor Archisoplón pasar, porque no se haga mención de ella.
La última advertencia es tan odiosa, que no habrá nadie que no se le oponga, pues es contra el Chocolate, Café, Yerba Té, Aguardiente, &c. La primera toca, y tañe, a los Cortesanos la defensa: La segunda a los Turcos: Y la tercera a los Chinos: que cada uno in solidum, y todos en común, le harán otra Apologética defensa, y a mí solo me pertenece el dar fin a mi Apología. Y si a alguno (con el señor D. José Gazola Veronense) le pareciere he procedido en esta respuesta algo destemplado, y no con la modestia que se requiere, le suplico, con todas veras, considere el modo, y estilo con que el señor D. José Gazola nos provoca en sus Entusiasmos pretendiendo oscurecer, y empañar con sus falsos soplos la verdad resplandeciente de la Medicina Racional, y sus Profesores: y esto sin haberle dado causa alguna para ello. Con que teniendo la culpa el señor D. José de esta mi respuesta, satisfaré con San Gerónimo epist. 14, ad August Si indefensione mei aliquid scripsero, in te culpa est, qui me provocasti, non in me, quia respondere impulsus sum. Y nadie puede esperar de en mal Árbol buenos Frutos, ni buena Cosecha de malos Sembrados, como los del señor Archisoplón, sino Espinas que sembró. Oígalo del Espíritu Santo, Ecclesiast. 7, vers. 3. Non femines mala insulcis in iustitiæ, & non metes ea in septublum. Solo deben los escritos dirigirse a explanar la verdad, de la que se controvierte, sin fomentar discordias, ni profanar los antiguos créditos de las Ciencias, y sus Profesores; pues esto no sé qué lo apruebe nadie, ni sea de hombres de las obligaciones del señor D. José, porque las palabras son las que aprueban el ánimo del hombre, y su intención, como sentenciosamente lo dijo Hugo a Santo Vict. lib. I. de Anima, por estas palabras: Vanus sermo vanæ conscientia est index mores hominis lingua pandit, qualis sermo steenditur talis animus approbatur: quoniam ex abundantia cordis os loquitur. Sermo vanus non erit absque iudicio, quia ab omni statu rectitudinis deviant, qui per vana verba dilabuntur. Y así, señor D. José, me ha de permitir, que amigablemente le diga (por si se le ofreciere) el modo de escribir, sin nota de reprehensión, que es la pauta Cristiana que nos dejó San Ambrosio, lib. I. de Offic. cap. 18. siendo lo que me falta que insinuarle a V. m. para que descanse la pluma. Son las palabras del Santo: Sermones proferamus libra iuftitiæ examinatos, ut sit gravitas insensu, in sermone pondus, atque in verbis modus: temperantia cordis habeat animi menditium, iusticiæ misericordiam, prudentia pacem; fortitudo mansuetudinem.
Laus Deo
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