Progresos de la Regia Academia Sevillana
y Enquiridión de advertencias, en que se manifiesta el estado, que tenían todas las Ciencias, y Artes liberales en sus infancias, y lo adelantadas que están hoy por la industria, y trabajo de los Modernos.
Escribíalos el licenciado
Don Juan Ordóñez de la Barrera,
Presbítero, Socio, Fundador de la Regia Academia Sevillana.
[ 1701 ]
Impreso en Córdoba,
en la Imprenta del Eminentísimo Señor Cardenal Obispo de Córdoba,
por Diego de Valverde y Leiva, y Acisclo Cortés de Ribera.
Dedicatoria.
Al Licenciado Don Andrés Ramírez Calderón y Cumplido, Presbítero,
Capellán perpetuo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba,
y Socio Fundador de la Regia Academia Sevillana.
Señor mío, sienten algunos (de los vividores al uso) que el que no excede en alabar, vitupera, yo diría, que las sobras de alabanza son menguas de la capacidad, y que el que alaba sobrado, o se burla de sí, o de los otros.
Bien sé, que la modestia de Vmd. me ha de prohibir tanto como sin alabar, puedo decir de Vmd. y de sus altas prendas, y por no tener por recompensa los desabrimientos de Vmd. omito el anticuado uso de referir Genealógicas Historias. Estudiaba entre las Estatuas Romanas Catón, la virtud cierta vez, y preguntándole otro, que cómo no tenía él allí la suya, respondió: más quiero, dice, que pregunten por qué no la tengo, que por qué la he de tener. No solo por las heredadas glorias se adquieren méritos, solo vive de sudores propios la fama, y en ellos solo moja la pluma conque inmortaliza el renombre, Maiorum meritis gloria non datur. Aus.
A instancias de Literatos amigos, me ha sido preciso hacer públicos al País Literario, los Progresos de nuestra Academia Regia Sevillana, y buscando Mecenas para amparar del diente agudo de los Zoilos, mis pueriles noticias, encontró mi desvelo en Vmd. el mayor seguro de mi empeño, pues debajo de su Estandarte ha sabido enfrenar, y corregir más ardientes furias de Marciales enemigos, lo que no menos hoy hará la flecha de la pluma de Vm. contra los batallones, que alistó la emulación en las Clases de las opuestas doctrinas.
Despreciable es la ofrenda, que sacrifica mi amistad a Vmd. pero su aceptación la hará gloriosa, en el ínterin, que yo pido a su Majestad en mis Santos Sacrificios me guarde la vida de Vmd. muchos años.
Menor Capellán de Vmd.
Q. S. M. B.
D. Juan Ordóñez
de la Barrera.
[ hoja 2, recto y vuelto ]
Al que leyere.
Amigo Lector, habiéndome puesto mi Real Academia Sevillana en el empeño de hacer públicos sus Progresos (empresa digna de mejor pluma que la mía) y no pudiendo excusarme por mi corta habilidad, y mis largos achaques, forzado de tan Venerando Decreto, y de la consideración de que no todas las grandes empreñas se hicieron para los grandes hombres, que en unos es delito el no conseguir, y en otros es lauro el emprender, paso a darte noticia de los principios, que tuvo nuestro racional Congreso, y de las sangrientas conjuraciones, que forjaron en las fraguas de sus iras, los más doctos ingenios de la Escuela Galénica, para desterrar las doctrinas modernas Espagíricas, que se van introduciendo en nuestro Reino, y habiendo experimentado muchos de los Opositores felices sucesos con los remedios Químicos, blasfeman de ellos, porque antes de haberlos usado los condenaban, y porque en esto empezaron a errar, les parece que es constancia el proseguir, acusando en el foro interno su pertinacia, y en el externo lo excusan, sin advertir tan Venerandos Varones, que las promesas inconsideradas, y las resoluciones erradas, no inducen obligación.
Culpan los Antagonistas a la Academia, el que sus Socios se junten tres veces en la semana, y que al que se le dio punto lea sobre él, media hora, y que otra media hora, le arguyan los demás Socios, así en unas doctrinas, como en otras. Culpan, que estudien Anatomía, y que la practiquen en varios Cadáveres. Culpan, que hagan varios experimentos en los tres Reinos Animal, Vegetal, y Mineral. Culpan el que confieran los Socios los achaques graves de sus enfermos. Culpan, que vayan a sus señaladas Oficinas Fármacas, a saber, y conocer las mejores elecciones de los simples medicamentos, y a aprender cómo se consiguen los medicamentos compuestos, sujetando sus dictámenes Teóricos a las demostraciones prácticas de tantos doctos Fármacos, como los que tiene el plausible Colegio Sevillano. Culpan a los Socios, que mendiguen (en las Artes Mecánicas, en las Liberales, y en todo el florido País Matemático) aquellas Reglas con que se tiran líneas desde la esfera del mundo menor, hasta el punto central de sus inmensas arcanidades.
Estas Cristianas tareas culpan los Doctorados Galénicos, y no quieren creer, que todos los Artes, y Ciencias están tan encadenadas, que parece imposible saber una con perfección, sin tener de las otras suficientes noticias. No digo yo, que en todas pueda ser Maestro, el que tienen por Maestro en la que ha estudiado exprofeso, si, que tenga un mediano conocimiento de las otras, para formar más seguros conceptos en la suya.
En este corto volumen te noticio el estado, que tuvieron en sus principios las Ciencias, y las Artes, y la variedad de Escuelas Médicas, que se han practicado en el mundo, y lo mucho que ignoraron los antiguos, que hoy veneran los bien casados con sus aprehensiones. También te numero los Socios, que componen esta Academia Regia Sevillana, tan conocidos en el Orbe Literario por Maestros, cuanto ignorados, por no conocidos los Antagonistas a la Academia, motivo de no hacerlos públicos, por no hacer pesada la Palinodia, que han de cantar con el tiempo a fuer de sus Cristianas conciencias.
No culpes Lector, el estilo de esta obra, por claro, porque aunque con otro, intenté vestir la verdad que profeso, para que corriera sin tropezar en el diente agudo del que aborrece desnuda, me lo embarazó la razón, y despreció mi modestia, y solo me ha permitido unos Cendales, que teje la común Política en sus telares anfibológicos, para que la verdad con ellos, pase por los Puertos, y puertas de la mentira, para que solo la conozcan, y la vean aquellos ojos, que no estuvieren empañados con las nubes de la presunción, ni con los estrabismos de la ignorancia, que estos con cualquier ropaje, que la encuentren, le dan salvo conducto, aunque se trasluzca su pereza, lo que no lograra de todo punto desnuda.
Extrañarás, Lector, que no te implore propicio en esta Obra, encargo común de todos los Escritores, no lo hago, porque veo reír la mitad del mundo, de la otra mitad, con necedad de todos. O todo es bueno, o todo es malo, según votos; lo que unos siguen, otros persiguen, tengo por insufrible necio, el que quiere regular todo objeto por su concepto. No dependen las perfecciones de un solo agrado: tantos son los gustos, como los rostros, y tan varios; no hay defecto, sin afecto, no debe desconfiar el Escritor, porque no agraden sus obras s algunos, que no faltarán otros que las aprecien, ni menos el aplauso de estos debe dar materia al desvanecimiento, porque encontrarán otros, que lo condenen. La norma de la verdadera satisfacción, es la aprobación de los Varones de reputación, desapasionados, que tengan voto en las cosas que censuran, a estos busca mi rendimiento, para que corrijan los deslices de mi pluma, para que vuele sin riesgo, en más remontados asuntos. Vale.
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Memoria de los Socios que componen la Regia Sociedad de Sevilla,
así vecinos, como ausentes.
Socios de Sevilla
Doctor D. Juan Muñoz y Peralta, Médico de Cámara de su Majestad, Socio, Fundador, y Presidente de la dicha Sociedad Regia.
Doctor D. Miguel Melero Jiménez, Socio Fundador, y Consiliario.
Doctor D. Salvador de Flores, Socio Fundador, y Consiliario.
Doctor D. Lucas de Jauregui, Socio y Fundador.
Licenciado D. Gabriel Delgado, Socio, y Fundador.
Monsieur Florencio Kelis, Anatómico de la Sociedad.
D. Alonso de los Reyes, Farmacopola, de la Sociedad.
D. Francisco de León, Farmacopola, de la Sociedad.
Socios de Madrid.
El Doct. D. Diego Mateo Zapata, Médico de los Eminentísimos Señores Cardenales Portocarrero, y Borja, y del Excelentísimo Señor Presidente de Castilla, Socio, y Fundador.
El Doct. D. Juan de Cabriada, Médico de Cámara de su Majestad, Socio, y Fundador.
El Doct. D. Miguel Boix, Catedrático que fue en la insigne Universidad de Alcalá de Henares, Socio, y Fundador.
El Doct. D. Honorato Michelet, Médico Primario del Rey N. Señor, y Presidente del Real Proto-Medicato, Socio.
El Doct. D. Andrés de Gámez, Médico de Cámara de su Majestad, y Proto-Médico, Socio.
El Doct. D. Tomás Fernández, Médico de la Familia del Rey N. Señor, Socio.
El Doct. D. Alberto Ramón, Médico de la Familia del Rey N. Señor, Socio.
El Doct. D. Juan de Montalbán, Socio.
El Doct. D. Gabriel Jolí y Horozco, Médico de Cámara de su Majestad, Socio.
D. Juan Bautista Legendre, Cirujano Primario de su Majestad, Socio.
D. Luis Ricoeur, Espagírico Mayor de su Majestad, Socio.
Socios de Córdoba
El Lic. D. Andrés Ramírez Calderón, Socio, y Fundador.
El Doct. D. Pedro de Castro, Socio.
El Doct. D. Francisco Antonio de Herrera Paniagua, Socio.
El Doct. D. Juan Agustín Gómez, Socio.
El Doct. D. Amador Luis de la Mota, Socio.
El Doct. Alonso Dávila, y Mendoza, Socio.
El Doct. D. Roque Antonio de Alderete Zaldua, Socio.
El Lic. D. Fernando de Castro y Salinas, Farmacéutico.
Socios de Carmona
Doct. D. Francisco Muñoz de Peralta, Socio.
de Toledo.
Doct. D. Antonio Trilla, Socio.
de Granada.
Doct. D. Bartolomé Quero Salazar, Catedrático actual de la Universidad, Socio.
de Priego.
El Doct. D. Juan Páez Pizarro, Socio.
de Gibraleón.
Doct. D. Manuel Carrasco, Socio.
de Baena.
El Doct. D. Francisco Pernia, Socio.
de Antequera.
El Doct. D. Francisco Antonio Moreno, Socio.
de Aljama.
El Doct. D. Francisco Harraiz Temprado, Socio.
de Guadix.
El Doct. D. Andrés de Torregrosa, Socio.
de Cádiz.
El Lic. D. Pedro José García, Socio, Farmacéutico.
de Ceuta.
El Doct. D. Antonio la Locha, Médico de Cámara de su Majestad, Socio.
Socios de otras Facultades y de Erudición.
El Doct. D. Antonio Ron, Socio, Teólogo de Madrid.
El M. R. P. Fr. Antonio Melgarejo, Socio, Teólogo de Sevilla.
El Lic. D. Damián de Santa Cruz, Socio, Abogado de Sevilla.
El Lic. D. Félix de Agüero, Socio, Abogado de Sevilla.
El Lic. D. Matías de Lisau, Socio, Abogado de Sevilla.
El Doct. D. José Pinto y Domonte, Colegial Mayor de Maese Rodrigo, Colegio Mayor de esta Ciudad, Socio, Abogado.
El Lic. D. Juan Montero de Espinosa, Socio, Abogado de Sevilla.
El Marques de Mejorada, Socio, Filósofo, y de Erudición de Madrid.
D. Antonio Dongo Barrionuevo, Socio de Erudición de Sevilla.
D. José Izquierdo Recalde, Socio de Erudición de Sevilla.
D. Francisco de Orbe, Catedrático de Matemáticas, Socio, Matemático de Sevilla.
D. Francisco Pérez del Castillo, Socio de Erudición de Sevilla.
D. Luis Muñoz y Peralta, Socio, Filósofo de Sevilla, y de Erudición.
D. Gabriel de Ocaña, Socio de Erudición del Puerto.
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Preludio.
Tantos triunfos ha conseguido la Espera entre los Varones cuerdos, cuantos malos logros ha experimentado la prisa en los poco avisados. Esta (dijo un cuerdo Político) que caminaba en un Carro, y en un Trono, fabricado este de conchas de Tortugas, arrastrado aquel de Rémoras; iba caminando la Espera por los espaciosos campos del tiempo, al Palacio de la ocasión.
Procedía esta Deidad con majestuosa pompa, como tan hechura de la madurez, sin jamás apresurarse, ni apasionarse; recostada sobre dos almohadas, que le presentó la noche, Sibilas mudas del mejor consejo, en el mayor sosiego, con el aspecto venerable, que lo hermosean más los muchos días. Serena, y espaciosa frente, con ensanches de su sufrimiento. Modestos ojos, entre cristales de disimulación. La nariz grande, prudente desahogo de los arrebatamientos de la irascible, y de las llamaradas de la concupiscible. Pequeña boca, con labios de vaso atesorador, que no permiten salir fuera el menor indicio del reconcentrado sentimiento. Porque no descubra cortedades del caudal. Dilatado el pecho, donde se maduran, y aun podrecen los secretos, que se malogran comúnmente por aborto. Capaz estómago, hecho a grandes bocados, y tragos de la fortuna, de tan gran buche, que todo la digiere. Sobre todo un corazón de un mar, donde quepan las avenidas de pasiones, y donde se contengan las más furiosas tempestades, sin dar bramidos, sin romper sus olas, sin arrojar espumas, sin traspasar, ni un punto, los límites de la pasión, ni de la razón. Al fin toda ella es de todas maneras grande, gran ser, gran fondo y gran capacidad.
Esta amigo Lector, es la espera, en su Cátedra estudian los prudentes Varones para hacerse plausibles en sus mayores empeños, sin los documentos de esta Deidad no logran triunfos los más plausibles Héroes, con ella se reforma el ímpetu, y se desarma el furor. El grande Augusto coronó su voto, y sus aciertos con su Festina lente.
Con esta prenda ha logrado la Sociedad Regia Sevillana sus triunfos, y a haberles faltado a sus Socios este Arnés, no hubieran logrado tan felices Progresos, a vista de tan presurosas invasiones, de tantos Nobles Campeones enemigos.
Han culpado muchos ingenios, las lides Literarias que hay, y ha habido entre los Médicos Galénicos, y Espagíricos, cuando de ellas resultan los mayores adelantamientos de unos, y otros. Ama mucho la concordia el ocio hijo primogénito de la ignorancia, tan amada entre algunos Españoles, sin advertir, que aunque todos los hombres del mundo fueran justos, y observaran unas mismas leyes, no faltarán pleitos, ni guerras, que turbarán las concordias.
Si Adán hubiera tenido más sufrimiento en sus golosos deseos, no hubiera pecado, y si no hubiera pecado quizás sus hijos hubieran salido adornados con la Palma de la Gloria, empero no hay razón que pruebe, que sus hijos nacieran más perfectos que él. Si decimos, que podían pecar, se debe creer, que en el mundo habría contiendas, como las hay hoy, y aun pudiera ser que fueran mayores, y más constantes, porque los hombres mientras más perfectos, más constantes se mantienen en sus dictámenes, y por tanto habría Tribunales, Castillos, y Fortalezas, Pleitos, y Batallas.
Si los hombres nacieran confirmados en gracia, sellaran con el sello de la inmortalidad, y no les faltara el recto conocimiento de la verdad. Empero no faltaría entre ellos la discordia en los dictámenes, y serían preciso Tribunales para decidir las cuestiones, podía haber guerras fundadas en probabilidades, aunque no fuesen posibles los pecados.
Afianza este dictamen el haber leído ido en el capítulo 10 de Daniel estas palabras: Princeps autem Regni Persarum restitit mihi viginti, & uno diebus & et ecce Michael unus de Principibus primis venit in adiutorium meum, & ego remansi ibi iuxta Principem Persarum. Y en los fines del mismo capítulo prosigue así: nunc revertar, ut prælier adversus Principem Persarum; cum enim egrederer apparuit Princeps Græcorum veniens, verum tamen nemo est adiutor meus in omnibus his nisi Michael Princeps vester.
Varias son las Exposiciones, que dan a este lugar los Teólogos, algunos quieren que el Príncipe de los Caldeos, que estaba en Babilonia tratando de los negocios de su Pueblo, se explicó de esta manera. El Príncipe del Reino de los Persas me hizo resistencia por espacio de veinte y un días, y Miguel, uno de los primeros Príncipes fue de mi parte, y me ayudó, y yo quede allí junto al Príncipe de Persas, volvereme, pues, a pelear con él, porque al salir vi que venía el Príncipe de los Griegos; pero nadie es de mi parte sino es Miguel, vuestro Príncipe.
San Gregorio en el cap. 7, del lib. 17, de sus Moralidades dice, que aquí Daniel llama Príncipes de las Provincias a los Ángeles, que son Custodios de ellas, porque la alta Providencia, no sólo les dio Ángeles Custodios a los hombres, sino a las Provincias, Reinos, y Comunidades.
Nombra el Ángel Custodio de los Hebreros, y dice, que era este Miguel, los demás no se nombran, de forma que entre los mismos Ángeles hay diferencias, y dificultades, pues por qué tanto horror, y tedio a unos hombres que abandonan en parte las doctrinas Galénicas, cuando en las Espagíricas han encontrado con principios, y remedios más seguros, que los que practicaron en las doctrinas Galénicas, y más cuando en dicha facultad, no hay cosa más cierta, que saber que no la hay.
¿Es culpable, que unos, y otros trabajen para encontrar los aciertos? Pregunto, ¿se logran estos con arreglarse al Arancel común, colgando las Armas después de la Reválida? ¿Pues por qué lado son escandalosas las luchas Apologéticas, cuando todas se encaminan a la salud pública? Cuando entre los Ángeles se han visto practicadas semejantes controversias, empero cuales son estas lo diré, aunque meta mi hoz en mies ajena, a vista de los doctos del circo Teológico, a quien en este punto, como en todos, les tributa culto mi atención.
Digo, pues, que cuatro Ángeles, Miguel, que era la guarda, y custodia del Pueblo de Dios, y los tres que eran de Persia, Grecia y Babilonia, movieron guerra intelectual (así se llaman las disputas) y en ella todos procedieron bien, y todos encaminaban sus deseos a la mayor honra, y gloria de Dios, y no podían pecar, porque estaban concebidos en gracia. Quería Miguel, que sus Judíos conservasen los Ritos, y Ceremonias, que habían aprendido en Palestina, y los Ángeles de los Caldeos, Persas, y Griegos, querían que sus súbditos, que eran Idólatras se enmendasen, y dejando la Idolatría se convirtiesen a un Dios verdadero. Pregunto, hasta ahora se podrá culpar, o reprehender algunos de estos Ángeles. Veamos si tenemos que notar en los medios.
Los descendientes de Abraham usando mal de la felicidad, y riquezas, que tenían en la tierra de Promisión, empezaron a erigir Altares, a Dioses corpóreos de varios Metales, con sacrílega insolencia le negaron el culto, y la adoración a Dios. Por tan enorme delito, salieron condenados del Tribunal de la Clemente Justicia, a que fuesen saqueados, y cautivos, para que el golfo de sus desdichas los arrojara a la serena Playa de la conversión. Presenta a vista de esta tragedia el Ángel Custodio de Caldea, un Memorial en que suplicaba a la Majestad Divina, que ya que fue servido de darle cargo de hombres tan supersticiosos, le conceda que el Pueblo Hebreo venga a Babilonia a vivir entre los Asirios, y Caldeos, porque entre los Judíos había algunas personas santas, que con su buen ejemplo podían convertir a los relajados Idólatras, esto no es malo; porque solamente se encamina este ruego a la mayor honra de Dios, y utilidad de la gente, que tenía a su cargo. Interpone su súplica el Ángel Custodio de los Persas, y pide lo mismo por los suyos, y desea que vaya el Pueblo de Dios a cumplir su penitencia a Persia, y padeciendo con humildad, reduzca a Dios aquel Pueblo, que estaba sepultado en sus vicios. Pone el Sagrado Texto, que duró la disputa veinte y un días, atravesose el Ángel Custodio de Grecia, y antes de hacer instancias grandes Miguel, que era Ángel Custodio de los Israelitas, le pidió a su Majestad, que los enviase a Babilonia, y así el Ángel de esta Monarquía salió con su intento, y da las gracias al Patrocinio del Ángel San Miguel.
Esto se halla en los Ángeles, ¡qué mucho, que en el animado barro se hallen manchadas las disputas con indignos borrones! Que culpen los tropiezos del estilo aquellos ingenios, que no han sabido empuñar la pluma en tales lides, no es muy notable, empero el que se contiene en la modestia provocado, acredita de Mártir a su ingenio, o lo ejecutaría en muchos años de Tebaida.
Son las pasiones en los mortales, los humores del ánimo, y cualquiera exceso en ellas; causa indisposición de cordura, y si el mal se asoma a la boca, peligra la reputación propia, y la ajena. Mucho Dios ha de tener, el que quiere ser señor de sí, y saberse atemperar a vista de sinrazones, es triunfo poco usado entre los mortales, y los que los suelen lograr, nacieron con la dicha de sufridos; pero no envidiados de los que nacieron con espíritus varoniles.
[ hoja 7 recto a hoja 9 vuelto ]
Progresos de la Regia Academia Médica Sevillana,
y Enquiridión de advertencias, en que se dan noticias del estado que tenían las Ciencias, y las Artes en sus principios.
Ningún hombre salió sabio del torno de su barro. El vaso frágil de su cuerpo se va perfeccionando cada día, así en el ánimo, como en las demás partes, que lo constituyen hombre. No luego está en su punto. Tienen todos a los principios la enfadosa dulzura de la niñez, la cual está llamando a las puertas de la mocedad, desde donde los más divisan los resabios de los deleites con innata apetencia. Todos son empleos juveniles, apeteciendo el ocio, volviendo la espalda al trabajo, sin el cual ninguno llega a pisar las alfombras de Minerva. Oigamos a Cicerón 3, a Geceniun. Parum valet doctrina, nisi industria, labore, diligentia comprobetur.
El que piensa que sabe, se matricula de ignorante, en la clase de los Necios. ¿Cómo quiere ser solo, el que solo se contenta con saber los primeros rudimentos de la facultad que profesa? Sin el trabajo no se logran remontes. Labor omnia vincit. ¡Oh, cuántos engañados por haber hecho fantásticos inventarios de sus suficiencias, quieren competir con terreros vuelos de Avestruz, a las altaneras Garzas, que a fuerzas de sus afanes, supieron tremolar sus plumas en las Regiones Etéreas!
Por los años de 1696, los Doctores del Claustro Médico de esta Ilustrísima Universidad de Sevilla, se hallaban en pacífica concordia con todos los Médicos Revalidados, dejándose presidir en los Actos prácticos, de todos aquellos Médicos, que tenían más antigua Reválida. Rompieron la Valla de esta concordia, algunos presumidos derechos, que soñaron algunos Doctorados sobre Ruda Sibila del grado mayor, y pareciéndoles que este grado podía dilatar los vapores de su esfera, fuera del recinto de sus clases, intentaron a título de cortar el Nudo Gordiano, que enlazó el Real Proto-Medicato, registrando las suficiencias en el Acto de la Reválida. Trabose sobre este punto, una lid judicial, intentando en ella los Doctorados levantar de punto su autoridad, disminuyendo la del título de la Reválida, dando a entender en sus alegatos, que el Grado mayor Médico debía preceder en las consultas Medicas, como en los Actos Teóricos de la Universidad. Desvaneció esta ligera presunción, la sentencia que dio al pleito el Señor Don García Bazán, Presidente de la Real Chancillería de Granada, hoy dignísimo Consejero del Real de Castilla.
Divorciáronse las voluntades de ambos Colegios, sobre el mal logro de la vana pretensión, porque a vista de vencimientos, se sueldan mal las voluntades altaneras.
Por los años de 1697 el Doctor Don Salvador de Flores, el Doctor Don Juan Muñoz y Peralta, Médico de Cámara de su Majestad, el Doctor Don Miguel Melero Jiménez, el Doctor Don Lucas de Aurigui, el Licenciado Don Gabriel Delgado, con deseos de adelantarse cada uno en su facultad, se congregaron (a imitación de las demás naciones) para empezar a ver las nuevas Doctrinas Médicas, diciendo con el Filósofo Quod cum maiore labore, acquiritur magis diligitur. Y habiendo todos en todo, corrido las comunes caravanas en la plausible Universidad de esta Nobilísima Ciudad de Sevilla, donde sus doctísimos Catedráticos a porfía se compiten sus altas erudiciones, y habiendo también comprehendido los primeros Elementos Filosóficos, y Médicos, reconocieron en dichas doctrinas, más seguros, y sólidos principios, que en las doctrinas Galénicas, más ciertas Dogmas, más prontos remedios, más sensata Filosofía, más palpable Anatomía, más perita, y racional Farmacia, más luz en la Filosofía Botánica, a vista de tan sensatos desengaños, se determinaron a hacer nuevo trabajo en esta nueva Escuela, juntándose los más días de la semana a carear, y conferir las dos Escuelas, y después de varios, y continuos experimentos, hallaron demostrado, que para cumplimiento de su obligación, debían seguir las doctrinas Espagíricas, por haber experimentado en ellas, y en sus remedios más felices sucesos, que en las Galénicas. Mas sirvió de nuevo pábulo esta resolución, volviendo a inflamar los ardientes ánimos de los doctos Opositores. Sopló la envidia el incendio, e intentó convertir en pavesas los Cristianos deseos del nuevo Congreso. Ira enim difficilime refrenatur; insanimus omnes cum ira scimur.
Buscó la venganza ardides poco usados entre Nobles Campeones, y encontró el bastardo proceder con las murmuraciones, y haciendo con ellas una profunda cava en los cimientos del Torreón Académico, para desplomar su Arquitectura, se les malogró el Progreso, pues cuanto más le van quitando de terreno, tanto más la hacen parecer más alta, sin añadirle nada a sus Almenas.
No me atrevo a asignar por muy Cristiano este elevado incendio, cuando veo que tales Etnas, y Vesubios, en lugar de quemar, se abrasan asimismos. Nihil aliud nisi se valet Etna cremare: sic sen non alios, invidus ipse cremat.
Permítaseme, que pregunte a los desapasionados doctos, ¿no fuera más Cristiana porfía, que lograran cada uno de los Opositores sus altas prendas, adelantando sus glorias? ¿No fuera mejor a cada cual con las suyas, pues a todos les importa para sus lucimientos, los lucimientos de todos? Oigamos a Plinio lib. 6, Epst. 17. Sive plus, sive minus, sive id præestas, lauda, vel superiorem, vel inferiorem, vel parem, superiorem quia nisi laudandus ille sit, non potest ipse laudari, inferiorem aut parem; quia pertinet ad tuam gloriam, quam maximum videri, quem præcedis, vel æquas.
Vuelvo a preguntar al docto, si entre dos Varones Eruditos se igualan sus sabidurías, ¿no es cierto, que cuanto se añadiere el uno al otro de méritos, tanto más crece la estimación del que añade? Porque entre dos Paralelos, el que concibe mal del uno, quita otro tanto del concepto del otro, que es igual, y si llegare caso en que el docto encuentre mayorías de caudal en las competencias, dese a un cortesano partido, que no queda mal un Soldado, cuando capitula con honores. Paci quæ nihil habet insidiarum semper est consulendum.
Siempre se han mirado con ceño las prendas, que sobresalen en los hombres doctos, cuanto ellas excesivamente se levantan, tanto se descubren desabrigadas a los bríos de la envidia, bien se lamentó Jacob, en la imaginada muerte de su hijo José, de esta fiera pasión, pues la llamó la pésima de las fieras, que ni respeta a la sangre, ni a las conveniencias más propias. Fera pessima devora vit eum.
Congregáronse los Socios, y formaron las Ordenanzas de su Academia, para remitirlas al Real Consejo de Castilla, para que se las aprobase, y habiendo mendigado algunas los Venerandos Doctores Claustrales de los desperdicios de la Prensa, tumultuados se congregaron, y en la fragua de sus rencorosas pasiones, forjaron las mismas esposas con que los aprisionó, y desairó la justicia, y la razón, oigamos Ausonio. Compedes quas ipse fecit, ipsus ut gestet faber.
Tomaron esquinas las borladas testas, y fijaron en ellas las Ordenanzas impresas, antes de estar aprobadas, y después hicieron una criminal acusación ante el Regio, y Venerable Senado de esta Real Audiencia de la Nobilísima Ciudad de Sevilla, acción tan impía, cuanto acreditó rencores indignos, bastardos hijos de varones, de tan honrada categoría, empero, qué no ejecutará la pasión, cuando ciega busca los tropiezos del desdoro en sus Opositores.
Aun no saciada la pasión de los Nobles Opositores, con tan indigna, y vergonzosa acusación, se pasó su porfía, a publicar por las calles, plazas, y corros (que hubiera parecido más decente en los Teatros) que las Medicinas, que usaban los Espagíricos de la Sociedad, eran venenosas, y que las que no mataban luego a los seis meses, o al año, morían los que las tomaban, como los mordidos de los perros rabiosos (siempre rabian las cosas que se ignoran).
Si algún Médico de los del Congreso se hallaba en el mal suceso de algún enfermo, ponían ceros al uno, para dar a entender a sus apasionados, que eran sin número los que se morían con dichos remedios.
No está muy distante de esta ficción, el suceso de Absalón, cuando quitó la vida a su hermano Annón, pues siendo este solo el que pereció a sus manos, decían sus Palaciegos, que Absalón había degollado a todos sus hermanos, y a todos los hijos del Rey, Percussit Absalom omnes filios Regis, & non remansit ex eis saltem unus. 2. Reg. 13.30.
Ponían todo su cuidado los nobles Antagonistas en sembrar en sus comunes visitas, y en el terreno de los Elíseos Estrados cismáticas semillas, que todas en todo, solo producían odios, y rencores, conque daban tortura a los ánimos sencillos, para que se declararan en su favor, vulnerando con voces indignas, el crédito de todos aquellos, que desean adelantarse en sus Magisterios, maculando el nombre que tienen de doctos, por olvidarse de las voces, que a todos nos da la poderosa mano. Qui moderatur Sermones suos doctus est.
Llegaron a tan altanero Auge los agravios, que recibió el Congreso Literario Sevillano, de sus Nobles Opositores, que solo los pudo tolerar las exaltaciones, que lograba la Junta Literaria con tales impugnaciones. Mas cuando no ha tributado intereses la mentira, a la verdad, quedando esta victoriosa con el tiempo, y la mentira sepultada en el Féretro del desprecio, díganlo aquellos que han concebido victorias, y después lloraron cautiverios.
A vista de estos desengaños, se explican quejosos los Nobles Antagonistas, por no haber logrado los triunfos, como se los brindó su presunción, quejándose las Mariposas de las llamas, cuando se abrasan, y no se quejan de sus sencilleces, que las hicieron creer, que eran aladas Salamandras, que bien lloran los Campaneros todos los desprecios de su Visco. Plautus, deturdo, ex cuius stercore sit viscus, ipsa sibi avis mortem creat. Del trigo salió el gorgojo que lo consume, como del paño la polilla que lo deslustra todo. Todos los males se originan del sujeto que los siente, & omnes corruptionis causa veniunt intrinsecus. Bien pudieron los Nobles Opositores haber excusado sus quebrantos, y tanteado sus fuerzas con la razón, que los movió a tal empeño.
Volvieron a reincidir en sus pasiones los doctos Antagonistas, para acabar de mover los ánimos del Nobilísimo Senado de esta Real Audiencia contra la Literaria Junta, y aunque con prudente serie oyó sus instancias, con maduro consejo oyó algunos testigos para averiguar más la culpa de haber puesto en las esquinas las Ordenanzas sin estar aprobadas. Alegaron también, que sus doctrinas Galénicas eran las ciertas, y que las Espagíricas eran contra la salud pública, que su Filosofía era herética, por no seguir la de Aristóteles, condenando la lección de Silvio, la de Etmulero, la Filosofía de Gasendo, la de Cartesio, la del Reverendo Padre Maestro Maignan, sin otros muchos, que hoy permiten los Santos Tribunales de la Fe.
Todo el fin de los doctos Opositores era enturbiar las cristalinas aguas de las fuentes de las verdaderas doctrinas Espagíricas, empleando sus mayores desvelos en que no se manifestaran en sus espejos la verdad desnuda, y por tanto la enturbiaban con varias imposturas, frustróseles el Progreso, por la virtud peregrina de este Elemento, si quis limpido & dulci fonti assistens ei vitium faciat, ille quidem non cessat, puram aquam scaturire, quin & si quis lutum aut stercus iniciat, tamen statim illa dissipabit atque eluet, neque ab iis obturabitur. Ant. 18, num. 43.
Pasó la prudente resolución de los Venerandos Señores de esta Real Audiencia, s consultar el asignado punto, con el Real Consejo de Castilla, para que en él se tomase la más recta resolución, y teniendo noticia de la referida novedad, el Doctor Don Diego Zapata, Socio, Fundador, antemural de la Academia Médica de Sevilla, Dignísimo Médico de los Eminentísimos Señores Cardenales Porto-Carrero, y Borja, del Eminentísimo Señor Frey Don Manuel de Arias, Bailío en su Religión de San Juan, Gobernador del Reino, del Consejo de Estado de su Majestad, y Presidente de Castilla, soltó las riendas al sufrimiento, e informó de la verdad del hecho al Señor Presidente de Castilla, y a todos los demás Señores del Real Consejo, y vista la acusación de los Nobles Opositores a nuestro Congreso Literario Sevillano, consulta del Real Proto-Medicato, se dieron por buenas las Doctrinas Espagíricas, dándose su Majestad (el Señor Carlos Segundo que está en el Cielo) por bien servido del nuevo Congreso Médico Espagírico Sevillano, por haber reconocido se encaminaban las nuevas tareas de los Socios al bien público de sus Vasallos, y a la salud pública, y aprobando las acusadas Ordenanzas, las dio por buenas, constituyéndose Academia Regia, la que antes era el blanco de los desprecios, del rencor, y de la envidia, logrando a vista de tan robustas contradicciones sus Fundadores, las glorias de primeros, triunfo, que no marchitará los ardientes corazones de tantos Nobles Opositores.
Hizose público el Real Decreto, ante el Regio Senado desta de Sevilla, Junta de los Caballeros Veinticuatros, y Jurados quienes dieron, luego cumplimiento al Real Decreto, con no cortos sentimientos de los Antagonistas, que esperaban sangrientos castigos, que así los habían concebido sus pasiones, con la indigna acusación de las Ordenanzas.
Templaron con política cautela lo exterior de sus pasiones, con el nuevo Decreto, reservando las secretas minas de sus rencores, para volar el Torreón Académico, si con el nuevo Decreto se desembelesaban algunos de los fascinados con sus estratagemas, y habiendo visto que algunos secundando el común embeleso en que los había metido la aprehensión, viendo aprobadas las nuevas Doctrinas por el Real Consejo, y por el Real Proto-Medicato, apostataron de las doctrinas Galénicas, despreciando de sus profesores sus consejos, y sus sangrientos remedios.
A vista de tan melancólica novedad, se vieron rotas las entrañas de las nubes de la murmuración, granizando oprobrios, e injurias contra todos los Académicos tan poco piadosas, que lastimaban sus ecos los oídos de los más relajados ánimos, empero tales agravios, aunque se disparaban con el rápido impulso, que les imprimía el Arco de la pasión, y la poderosa mano de la envidia, no penetraban sus flechas los umbrales de los oídos de los ingenios Académicos, porque se embotaban sus aceradas puntas en el Escudo del perdón, que para imitar en algo a la Majestad Divina, guarnecieron sus oídos los Socios de la Academia con el perdón, que es el más seguro antemural, para defenderse de las flechas de los murmuradores.
Oigamos a Cipriano de Patient, quæ gloria est, patientia similem Deo fieri? Et quanta felicitas habere in virtutibus, quod divinis laudibus possit æquari!
Es la venganza, el mayor torcedor de las conciencias, y el que a vista del agravio la ejecuta, se le malogran sus presumidos frutos, y aunque siempre alcanza el hacer mal, no siempre alcanza a herir al enemigo, pues vemos hoy vengativos, que son víctimas del fruto, que intentaron sacrificar a su rabia. Gladium evaginaverunt peccatores: intenderunt Arcum suum. Psalm. 36, Versic. 14.
Con soñadas ventajas tantearon sus vencimientos los Nobles Antagonistas. ¿Cómo se pueden librar de los tropiezos los ciegos, que sin báculo caminan? ¿Cómo pueden lograr sazonados frutos los que no miden las distancias de las eminencias? Oigamos a Curcio: Stultus est, qui fructus arborum spectat, altitudinem non metitur, vide ne dum ad cacumen pervenire contendis, cum ipsis quos comprehenderis decidas.
Decía Viantes, que era un rasgo de prudencia meditar altamente primero, que llegar a aplicar la mano a la empresa, por no levantarla con desdoro, prius intellige, & deinde ad opus accede.
Tropiezan en escollos desusados, los que por desusadas sendas caminan a buscar sus desempeños. ¡Oh, cuántas demostradas Historias pudieran ser Originales de mi dibujado asunto, omítolas por no teñir con ruborosas tintas, las mejillas de muchos orgullosos desgraciados!
Llegó este defecto (permítame el docto, que diga soberbia) hasta los Celestes Alcázares, que aunque son tan Sagrados, no están libres de las invasiones de esta fiera. Ofreciole Dios a Luzbel hacerlo Príncipe de las Jerarquías Angélicas, y Capitán General de sus Ejércitos; pero le advirtió, que estas glorias las había de gozar sirviendo en pie, como los demás, él quiso lograr estas dichas más exaltado que todos, In Cœlum conscendam super Astra Dei exaltabo Solium meum sedebo, &c. Isaias 14.13. Convirtiósele la Silla en Cadalso, y el ascenso en precipicio.
¿Por dónde intentan exaltaciones, los que solo por sus amantes presunciones se constituyen doctos? ¿Por dónde se merecen glorias aquellos, que en las Clases de Minerva, sirvieron sentados sobre las alfombras del ocio? ¿Y por dónde pueden ser Censores aquellos que ex profeso, no han estudiado la facultad, que notan? Pregunto, ¿se logran estas dichas sentados? No: sí se logran en pie, peregrinando por el quebrado terreno del País Literario. Repare el erudito las peregrinaciones, que le costó al Príncipe Aristóteles su sabiduría, y para que no le falten reparos, repare en las que hizo el Sansón ingenio de Galeno, que no perdonó su curioso registro, las más humildes Cabañas de los empíricos, mendigando en las Campañas entre los rústicos, los efectos que ocasionaban en los Leprosos las Víboras ahogadas en el vino. Pues porque aquellos, que en los jardines de este Príncipe (que aun no han pasado de sus comunes pórticos) quieren sentados, y sin desvelos, decir a vista de los continuos afanes de los Socios de la Academia Sevillana, en el Cielo de las demás doctrinas Médicas, in Cœlum conscendam super Astra, &.
Ea, por Dios, Señores Antagonistas, que algún día había de llegar la hora del desengaño, para que el Orbe Literario Español conociera, que no han de vencer Sarracenos siempre, por ser mayor su número.
Pareciéndoles a los Nobles Antagonistas, que el nuevo diseño de la Academia Sevillana podía oscurecer los incientes rayos de su plausible Universidad (cuando solo resultaba contra ella, lo que solo podía ser incentivo, para sus mayores adelantamientos.) Sintió el ocio esta espina, tanto, que alzó el grito, que oyó en todas las Universidades del Reino, y vistas con maduro seso las cartas circulares del Claustro Médico Sevillano, no encontraron en ellas motivo digno de reparo, por hallarse sus doctísimos Catedráticos libres de las sugestiones Galénicas, y Aristotélicas, porque Campeones de tal tamaño, no fuera digno de que se sujetaran a impresiones Gentílicas, si, solo aquellas, que a fuer de demostraciones se merecen la atención de tan doctos Héroes. No obstante, por cumplir con las políticas leyes, tocaron a nublo con sus conjuros alegatos, para desentramar de la nube Académica Sevillana, los rayos que iba forjando en la fragua de sus continuas tareas, y experimentos, de los Socios de nuestro Literal Congreso. No hubo laurel, que no previno el ruego, hasta mendigar en sus Archivos, razones que no encontraron, para embarazar el que no se adelantaran cada uno en sus facultades.
Alborotaron el Senado de la salud pública, y bien la anciana prudencia de sus Nobles Senadores, que la Academia Sevillana, con sus tareas, se iba haciendo la piedra del escándalo, de tantos cuantos no deseaban adelantarse en la facultad Médica, determinó el doctísimo Varón Don Andrés de Gámez (Médico de su Majestad, y Proto-Médico en el Real Proto-Medicato, y Socio hoy de la Academia Regia Sevillana) escribir una Carta pacífica para que fuera el Iris de tan turbulenta tempestad, en la cual hacía públicas las varias Ciencias, y Artes que estudió Galeno, conque llegó a tan remontado Auge, imprimiola mi respeto contra su modestia, para hacerla pública con más decoro, y siendo su Autor tan primero en su facultad, cuanto lo vocean varias Naciones, y su alta colocación, fueron de algunos mal recibidas sus noticias, porque hizo públicas las partidas, que constituyen a un Médico Médico, borrando la aprehensión de muchos, y la vanidad de algunos, que les parecían que habían puesto las columnas del Non Plus Ultra en la Medicina, sin haber pasado de sus comunes principios, deseáronlo Abogado, y lo experimentaron Fiscal, amicus Plato, &c.
Fue el lienzo, que enjugó las justas lágrimas, que derramó toda esta Monarquía (por la muerte de nuestro Rey el Señor Carlos Segundo, que está en el Cielo) el Señor Felipe Quinto, favores fueron del Celestial destino, más que méritos de nuestro propio desvelo, es nuestro gran Rey, de la heroica Prosapia de los Cristianísimos Reyes. Esta Real Casa, se trae consigo Hereditaria la felicidad, Arcano manifiesto de la Soberana Providencia, sin que se atrevan a contrastar estas dichas, los achaques de la naturaleza, ni toda la emulación del Orbe. Nació, y criose no en el ocio, ni entre las delicias de la Corte. Las luminarias de su nacimiento, fueron triunfos de las duplicadas victorias de su gloriosísimo Abuelo, mucho ayudan a esmaltar las glorias de un Rey, las heroicas educaciones Militares, y más cuando se traslada desde su primera Cuna al Pabellón de Marte, desde donde nos debemos prometer con tan plausible Héroe, gran cosecha de Triunfos, y Coronas.
Se ven en nuestro Católico Príncipe eslabonadas las Armas, y las Letras. Pues habiendo pasado con el nombre de la Real Academia Sevillana, a ponerse a sus Reales pies, el Doctor D. Juan Muñoz y Peralta, Médico de Cámara de su Majestad, y dignísimo Presidente de la Real Academia Sevillana, experimentó en su Real presencia, benignidades de sabio, entre eminencias Marciales.
El primer renglón de sus favores, fue un Decreto, en que mandaba su Majestad, que entrara a cumplimentarlo el Presidente de la Real Academia Sevillana, sin haber logrado semejante fortuna, antes los méritos de algunas Universidades, celebrose esta función con todo aquel aparato, y ostentación, que hizo plausible el Acto, cuanto envidioso, a tantos, cuantos despreciaron antes la pequeña estatura de la Academia Regia.
Ostentó esta plausible entrada el Doctor Don Diego Mateo Zapata, y el Doctor Primario de su Majestad, Monsieur Michelet, dignísimo Socio de la Real Academia de París, y de la Regia Sevillana, Varón de tan elevadas prendas, cuanto se mereció por ellas, que su Majestad lo eligiese entre gran número de Varones doctos, para su Primario Médico.
Postrados los tres Campeones Médicos a los Reales pies de su Majestad, celebró el Presidente de nuestra Real Academia Sevillana la venida de su Majestad, con una Oración Latina, que por no abochornar su modestia, no la pongo por Progreso, y puso en sus Reales manos un Memorial, cuyo contenido explicaba los deseos que tenía la Academia Sevillana, de que su Majestad fuese Protector de ella, como lo era de la de París su Cristianísimo Abuelo. Dignose su Majestad de serlo, tanto por imitar a su Cristianísimo Héroe, como también para dar a entender al Orbe Español Literario, que en la Primavera de su niñez, no entró el ocio por sus puertas, porque siempre las tuvo cerradas para la pereza, la ignorancia.
Mandó su Majestad, que corriese su Real Decreto todas las comunes estaciones acostumbradas, para adorno de su Real merced, y habiendo llegado al Real Proto-Medicato, les pareció a sus Proto-Médicos, informar a su Majestad primero, que dar su parecer, del escandaloso ruido, que había ocasionado la Sociedad Sevillana, en las Universidades del Reino, y entre el numeroso concurso de los Doctorados Galénicos, y aunque tan ingenioso Senado conocía con su cristiano celo, lo útil que sería para la salud pública, el que en este Reino se exaltasen las modernas Doctrinas Médicas, no se pudo negar su atención, a oír las numerosas quejas que daba la ilustre Universidad de Sevilla,, que siempre creyó que la Sociedad Sevillana podía oscurecer sus triunfos. No obstante suspendió este Nobilísimo Senado su parecer, dejando para más madura ocasión, la última resolución de este punto.
A vista de este contratiempo, supo el Doctor Don Diego Mateo Zapata, con su singular ingenio, conocer las tramas de la envidia, y supo vencerla. Supo apagar las fumosas teas, que encendió la ignorancia de las contradicciones, supo desvanecer las sofísticas fantasmas del Ancianismo, supo con sus sólidos argumentos desembelesar a tantos, cuantos se oponían a las doctrinas Espagíricas. Y supo merecerse por la Crisis Médica, que dedicó a su Sociedad Regia Sevillana (como también por las demás Obras, que antes había dado a la Prensa) atentas veneraciones de Maestro, así en las doctrinas Galénicas, como también en las Espagíricas; enseñando con su Crisis a todos, los que por el eco bautizaban con el nombre de venenoso al Antimonio, sin conocer sus virtudes, fundando en las consonantes voces, sus fantásticos conceptos; haciendo creer al rústico Vulgo, que por llamarse Antimonio este medio mineral, obraba en los cuerpos, lo que el Demonio en las almas: indignas voces de Venerandos Maestros, que tan a poca costa pudieran haber conocido, que sabe el Arte Separatoria Espagírica, desterrar de todas las entidades de los tres reinos las virtudes deletéreas, dejando las alexifármacas desnudas del carácter nocivo, que les imprimió la naturaleza en su formación.
Supo con varonil, y cristiano celo informar a su Majestad, y a los dos Polos de la Monarquía, de la verdad del hecho, con cuya verdadera noticia salió el Real Decreto por la Real Cámara de Castilla, debiendo esta Academia tan plausible triunfo, como los demás que ha logrado, al Doctor Don Diego Mateo Zapata, Primario Socio, Fundador de tan cristiano, y saludable Congreso Literario.
A vista de tan plausibles desengaños, se exaltan más las murmuraciones de los Antagonistas, sin más motivo, que el haber apostatado de sus doctrinas Galénicas, los Académicos Sevillanos, sin querer conocer los Antagonistas (siendo tan doctor) que es felicidad en los Varones cuerdos (en todas facultades) la libertad en el juicio, que a esta no la tiraniza la ignorancia común, ni la afición especial. Murmuran las doctrinas, que exprofeso no han estudiado, con sobre escrito de Censores, sin advertir, que el censurar, está muy lejos del murmurar, porque el censurar dice indiferencia, y el murmurar dice predeterminación a la malicia, porque si bien lo advierten los doctos Antagonistas verán, que los integérrimos Censores, así como celebran lo bueno, así condenan lo malo con toda equidad de indiferencia. Empero advierto, que no encarga este Aforismo, que sea maleante el discreto, sino bien entendido, no, que todo lo condene, que sería insufrible destemplanza de juicio, ni tampoco, que todo lo aplauda, que sería pedantería. Muchos hombres hay que luego tropiezan con lo malo, y aun lo entresacan de mucho bueno. Estos conciben como las Víboras, y revientan por parir, proporcionado castigo a la crueldad de sus ingenios. Una cosa es ser Momo de mal gusto que se cura en lo podrido, otra es ser un integérrimo Catón, finísimo amante de la equidad.
Las temas de los doctos, siempre fueron en las porfías más nocivas; que las de los ignorantes, porque el docto sabe disimular su malicia, con sofísticas apariencias; lo que no puede lograr el ignorante por su rudeza. Siendo estos los mas que han alistado los Nobles Antagonistas debajo de los Estandartes de su porfía, a quien han hecho creer, que su Príncipe Galeno fue tan ingrato, que no les dejó a sus herederos más que saber en la Medicina que escribió, me será preciso (aunque no sea muy del asunto, empero pase por Progreso) hacer un breve resumen de algunos Artes, y Ciencias, para dar a entender a las embelesadas tropas, que tienen los doctos antagonistas, que así la Medicina de Galeno, como las demás Ciencias, y Artes, en sus principios estuvieron tan rudas, que hoy estuvieran informes si no las hubieran retocado sus Sucesores, a fuer de acasos, y experimentos, y empezando por la Arquitectura, digo, que ninguno de los doctos Antagonistas puede ignorar, que el Arca de Noé se labro con peregrina, y misteriosa proporción, y más cuando se previno para abrumar la espalda de los desenfrenados cristales del general Diluvio, no pueden ignorar los Nobles Antagonistas, que no solo llenó esta fábrica de Morales misterios al mundo, sino de conclusiones Geométricas a todo el Orbe Literario, tampoco podrán ignorar los dodos Opositores a la Regia Academia, que el tabernáculo, que fabricó Moisés, llenó la suntuosa fábrica del Templo, y habiendo sido ésta el Erario de todas las Reglas Geométricas, y Arquitectónicas, les parecerá a los Nobles Antagonistas, que idolatran en los principios, y Dogmas de su Príncipe Galeno, que todos los Sucesores Arquitectos del mundo habían de observar tales Reglas, para el más seguro acierto de sus Obras.
No podrán negarme los doctos Antagonistas, que aquellos peregrinos dibujos no se puedan hoy poner en práctica, ya por la robustez de sus miembros, ya por sus gigantescas elevaciones, como también en muchos remedios de que usó Galeno en su siglo, y si no pregunto al más observante de sus preceptos.
En una fiebre ardentísima, en el dolor más agudo, y en la más cruenta inflamación, sangrará a un enfermo hasta que se desmaye, creo que no, porque fuera mano imprudente la que usara tal remedio, con tal circunstancia, demás, quien de sus más apasionados se atreviera hoy a usar las Dosis, que daba Galeno del Eléboro de Escamotea, de Coloquíntidas del Elaterio, sin otros muchos remedios, que no ignoran los Nobles Antagonistas, que hoy no se atreviera el Príncipe a ponerlos en práctica, por la debilidad universal de la naturaleza, y por tanto sus observadores, se valen de los remedios más blandos, corrigiendo, y atemperando los más activos. Luego si los Espagíricos hacen las mismas diligencias con sus remedios Químicos, no serán dignos de tan severas calumnias.
Empero oigamos a Enrico Astedio en su Enciclopedia Tom. 4, lib. 35, cap. 14. Este Varón ingenioso, después de haber numerado las fábricas Sagradas, que se leen en la Biblia, dice hablando de la Arquitectura. Neque tamen ex his structuris solis ratio Arquitecturæ ad discendæ petenda est; neque omnia imitando exprimenda sunt: cum neque omnia quæ ibi expresa sunt, nostratibus structuris accommodari queant. Magno itaque iudicio uti oportet eum, qui velit hæc exemplaria sibi proponere.
Pasa mi atrevido numen a decir lo mismo de todos aquellos, que erigieron con gentílico arrojo todos los Étnicos, y aunque sus Artífices supieron tirar sus líneas con peregrinas Reglas, y con particulares compases, supo Vitrubio delinearlas en sus seis Libros, no tanto para que las heredaran como preceptos sus Sucesores, cuanto para que en algo las disfrutaran sus venideros. Porque así como estos, y otros Autores, no les pareció seguir en todo a los antiguos, por tanto, no se atrevieron a dejar por preceptos inviolables tales Reglas, pues en los tropiezos, que en ellas experimentaron, se desahuciaron de las evidencias, que al parecer acreditaban sus peregrinos dibujos.
Oiga el docto, al docto Astedio en este punto. Arquitecti, qui veram Arquitecturam callent, non omnino e Vitruvio, sed ex ratione, & attenta observatione, optimoque veterum modo pendent, nam & sit Vitruvius Arquitecturam in unum copus redegit, atque huius leges, & præcepta egregie tradidit; quæ quidem omnia fatetur ab antiquis se accepisse; multa tamen putavit se docuisse, quæ cum ad rem venitur, & usum nequaquam succedunt. Nihil hic dico de incommodis, & sutilibus mensuris, &c. Venero de los antiguos la verdad, y en lo dudoso, reservo fuerzas para la creencia, porque los preceptos Filosóficos, no tienen parte en el Credo Católico, y el prudente Filósofo debe reducir las leyes de la creencia, a la autoridad apadrinada de la razón, con la demostración Matemática, porque todas las demás creencias son hijas de una cortesana política, que esta suele tributar Inciensos en los Altares de muchos, que los colocó en el Trono, las hipócritas ficciones, ropa con que se adorna la ignorancia, en sus mayores aprietos.
Confieso con Favio, quod vetera Maiestas quædæm, & ut sic dicam, Religio commendant.
Enséñame el Doctor Africano en su lib. 2, de Ord. cap. 9. quod ad discendum necessario dupliciter ducimur, authoritate, atque ratione tempore authoritas; re autem ratio potior est, y antes había dicho este soberano ingenio en el cap. 5. Duplex est via, quam sequimur cum rerum nos obscuritas movet: aut rationem, aut certe authoritatem. Philosophia rationem præmitit.
No deben creer los doctos, y Venerandos Opositores a la Regia Academia, que los antiguos lo pudieron saber todo, y que no dejaron nada que saber a los venideros, porque tropezarán en una pasión frenética, y los castigará Horacio con esta rigorosa disciplina.
Omnia nondum dice. Ex ove mortales cognoscimus: oculi ille plurima, dum libitu ni fuerit, quæ tradit a perte, empero oigamos a nuestro Estoico Séneca, que con no corta elegancia supo decir: Veritas nondum est ocupata: multum ex illa etiam futur is relictum est.
Del mismo dictamen fue Plinio en el lib. 6. Sum ex iis (dice) qui miror antiquos, non tamen, ut quædam temporum nostrorum ingenia despicio, neque enim quasi lassa, & effæta, natura nihil iam laudabile parit.
No obstante, el sentir de tan plausibles Varones, digo, que tanto condenó aquellos, que presumen que todo lo supieron los antiguos, como aquellos, que piensan que los modernos no pueden errar, y el que en puntos dudosos con fe ciega, se reduce a seguir cualquiera de los dos partidos solo por la autoridad, se acredita de poco cuerdo, y de mal observador, oigamos al gran Jurisconsulto Alciato. Ingenii est marcor, eladesque Philautia Doctos que pessum multos datque denique viros qui veterum abiecta methodo, nova Dogmata querunt, nilque suas præter tradere Phantasias.
Presumir el docto, que todas las Ciencias salieron con perfección del Taller de sus Príncipes, será acreditarse de poco noticioso, y para prueba de esta verdad, tocaré algunas Artes, que no se han negado a mi curioso registro, para que vea el más bien casado con sus doctrinas, el estado que tuvieron en su materno numen las Ciencias, y las Artes.
Quiso nuestro Príncipe Aristóteles, que nuestros entendimientos conocieran los universales, y los particulares tarde, o nunca. Quiso probarlo con un tierno Infante, cuando en sus balbucientes gorjeos, a todos llama Padres, sin poder, ni acertar con el distintivo del que lo es suyo, aprovechareme de esta paridad, para significar la estatura, que tenían las Ciencias en sus primeras mantillas.
El tierno Infante, en el Ataúd de su niñez, lo gorjean, y lo arrullan, y él entre pucheros, rebosando de sollozos, quiere explicarse, y no sabe. Pues si con prudente atención hace madura reflexa el docto, verá cómo todas las Ciencias, y las Artes, pasaron por esta tierna infancia, en aquellos anticuados rudos siglos, y en lugar de remontarse en ellas sus Inventores, sólo se contentaban con gorjear, y por tanto, muchos de sus preceptos, quedaron tan mal pronunciados, que dejaron dilatado asunto, para que adivinasen sus Comentadores. Digo, que entre las Artes liberales, tiene su lugar la Ortografía, fue tan pobre en sus principios, que en tiempo de Adán, sólo tuvo diez letras la lengua Hebrea, asegurando Gerardo, y Juan Basilio, lib. 1, de Arte Gramm. cap. 27, así lo escribe, Hæbrei primitus decem fuere litteris contenti. San Ireneo lib. 1. advers. Gent. cap. 41, dice: Antiqua, & primæ Hæbreorum litteræ, & Sacerdotales nuncupatæ decem quidem sunt numero. Después llegaron a veinte y dos.
Con la Ortografía, hace natural maridaje la Gramática, la Retórica, la Poética, Métrica, y Rítmica, que estas fueron en su origen tan toscas, como rústicas, esto lo acredita la experiencia, con las Inscripciones antiguas, y fragmentos varios, que hoy se hallan en anticuados libros, y en duros, y bastos mármoles, que con su dureza supieron amparar estas noticias, de las injurias del tiempo.
En aquellas edades, nada se sabía de Retóricas, Flores, Tropos, y Figuras, en aquellos siglos fue lo más incierto, cuando se trató de líneas, superficies, y cuerpos, hasta que Euclides las puso en más cierto, y peregrino tono.
La Trigonometría, no había nacido hasta que Pitágoras halló que los números tres, y cuatro, y cinco, se ajustaban a los lados de un maravilloso Rectángulo, porque en los cuadrados de las líneas menores, reducidos a suma, son iguales a los de la Hipotenusa. Antes de la Historia del Herrero, se cantaba sin reglas, inventó Pitágoras las primeras, por el peso de los Martillos.
Contemple el docto, el estado que tenía la Náutica en las pasadas edades, que de día se gobernaban por el Sol, y en habiendo nublos arriaban sus trapos, sin atreverse a perder la tierra de vista.
Por falta de Arquitectura vivían los antiguos, en las Cavernas de la tierra, entró después el Arte, imitando los nidos de los pájaros. En el tiempo del Rey Evandro, y después en el de Rómulo, en Roma los Muros de los Reales Palacios eran de común barro, labrado a Mampostería. Saturno, huyendo del rigor de su hijo, vino a Italia, y congregando diferentes familias, labró primero Chozas, después labró Casas, después Aldeas, Ciudades, y Provincias.
Supieron los antiguos tan poco de la Cosmografía (dice Genebrando) que Aristóteles, habiendo corrido mucho mundo con Alexandro, cuando habla de ella, es como cuando un ciego habla de colores, y así lo pondera (Aristóteles) In metereologicis, & alibi de terræ regionibus, locis, fluviis, &c. loquitur, ut cæcus de coloribus.
La Pintura, siendo el Mayorazgo de las Artes liberales, la usaron los antiguos, sin más arte que poner a un hombre (u otro cualquiera cuerpo) al Sol, y una tabla donde se presentaba su sombra, y corriendo con un carbón, o lápiz los perfiles de ella, se concluía la Pintura, y el dibujo, después empezaron a usar las colores, y molían tejas, y piedras varias, sin colocar en sus lugares estas tintas para que todas, en todo fingieran la dimensión de la profundidad en las dibujadas líneas, hoy sus Sucesores se valen de las Reglas Simétricas, de la Perspectiva, de la Óptica, de la Geóptica, de la Anaclástica, y Catóptrica, y el Pintor, que no tuviere algunos principios de estas Artes, solo será buen copiador, no buen Pintor, porque con ellas logrará en la Arquitectura, y en todo lo que perteneciere a su Magisterio, milagros del Arte.
En tal estado estaban estas Artes en los primeros siglos, y para que el docto conozca, qué tal estarían los antiguos en las materias Celestes, cuando en estas no pasaron de sus superficies, me ha de permitir un remonte, aún a costa de la nota de mis elevaciones, y de la risa de mis despeños.
Los antiguos ignoraron el movimiento de los Cielos, porque fueron muy terrestres sus elevaciones, todos clavaron las Estrellas en el primer móvil, considerándolo más que constantes en su Globo, sin movimiento alguno. Consideraron los Cielos duros, y de este errado dictamen, aun han quedado hoy a vista de muy palpables desengaños Astronómicos, algunos vestigios.
Esta suposición la apoya Tolomeo, y el Rey Don Alonso el Sabio, Copérnico, Regio Montano, Purbachio, Magino, y otros muchos, válense estos Autores de algunos principios Teológicos, y citan al Patriarca Job, cap. 37, v. 18, donde dice: Tu forsitan cum eo fabricatus est Cælos, qui solidissimi quasi aere fusi sunt.
Estos Varones doctos nos quieren persuadir, que las Celestes Esferas son hechas de una materia transparente, solidísima, más dura que el bronce, muchos inconvenientes se siguieran si fuera cierta esta opinión.
No supieron los antiguos, que los Eclipses procedían de causas naturales, y llegó a tanto su falta de conocimiento, que a los Cielos, y Estrellas, unos les dieron Almas intelectuales, y otros las adoraron por Dioses. El Padre Eusebio Nierembergio les da vida locomotiva, otros se la dan intelectual, e incorpórea. Confuso está Aristóteles en su inteligencia, cuando trata de las inteligencias superiores este Príncipe de la Filosofía, muchos dicen que erró en este punto Aristóteles, porque les da movimiento violento. Fue el intento de Aristóteles (según presumen muchos modernos) escribir una Filosofía natural, y esta no permite, que movimientos que han de ser naturales, procedan ab extrínseco, los que han leído sus Obras con más afecto que yo, dicen que erró de otra manera, y es, porque a las Estrellas les da movimiento físico, o natural, y para que lo sea quiere quod ab intrinsico sit. En fin, él se resuelve, y quiere que las inteligencias Celestes, sean verdaderas formas, no asistentes, sino informantes de los cuerpos Etéreos. Conténtese el docto con seguir la más probable, que es la que admite inteligencias.
En este estado estaban estas Ciencias en los pasados siglos, veamos ahora en el Auge, que las han puesto los modernos, con sus continuos retoques.
La Ortografía, que en sus niñeces fue pobre, hoy se halla rica, pues hoy encontramos en la lengua Hebrea, con veinte y dos Caracteres, que con cinco finales son veinte y siete. La Griega hoy cuenta veinte y cuatro Caracteres, veinte y tres son los que el Latino escribe, los Chinos usan hoy en el Coloquio civil (según el Padre Martinio) de treinta mil letras, y en el Jurídico, de sesenta mil.
También se han enriquecido en estas últimas edades, la Retórica, la Poesía, la Métrica, y Rítmica, que todas corrían debajo del imperio de la Gramática. También crecieron con el tiempo los Tropos, y Figuras, no conocidas en la segunda, y tercera edad del mundo, y aunque la lengua Latina debe mucho a Cicerón en la prosa, no debe menos a Virgilio en sus Versos, como a Ovidio.
Antiguamente no eran más de dos las Matemáticas, todas se encerraban en la Geometría, y Aritmética, nótese en el Auge, que las han puesto los modernos, pues el Abad Don Domingo Piati, solo con un compás de cuatro puntas, resuelve con facilidad increíble, todo género de Problemas, y dificultades.
En parte tienen disculpa los yerros de los antiguos, en la Astronomía, y Astrología, por la falta que tuvieron de instrumentos, de los que usó Tolomeo, fueron de madera, materia frágil para lo preciso, que se busca para las observaciones.
En aquellos tiempos distinguían los antiguos de doce en doce los Minutos, y por no estar con rigor divididos, eran infructuosos. El Rey Don Alonso el Sabio gastó en sus Tablas mucho dinero, y tiempo; pero no logró en su tiempo quien supiese calcular una Estrella, algunas observó con cuidado Copérnico por haber sido mejores sus cuadrantes, que los de Tolomeo.
Con estas dolencias pasó muchos años la Astronomía, hasta el siglo de Ticón Braheo, que este con mejores cuadrantes metálicos, logró con más perfecciones, más rectas observaciones.
No se pudieron hacer estas en aquellos caducos siglos, porque se carecía en aquellas edades de la Dióptrica, y Catóptrica, medios por donde se saben tornear los Cristales, para hacer antojos comunes, y de larga vista. Con estos se descubrieron los Satélites, que corren alrededor de Júpiter, y otro que acompaña a Saturno, descubriose con ellos, que la Luna es un Globo áspero, que tiene altos, y bajos, como Montes, y Valles, que el Sol tiene gran cantidad de manchas, que éstas cruzan su Globo, con movimientos diferentes. También se han visto con ellos instrumentos, las dos Zonas de Júpiter, y por no ser más prolijo, omito otros varios Fenómenos, que fe han visto en los Cielos con los Telescopios, y en la tierra con los Microscopios, que para los antiguos fueron ignotos, y ningunos pudieron decir en aquellos tiempos, lo que hoy se dice en estos, con verdad. Præsta vitrum supplementum, sensuum defectui.
Carecieron los antiguos de todas las especies de Magia natural, ignoraron la Magia Fonología, que mira a las varias modificaciones del Aire, no tuvieron noticia de la Fonocántica, que mira a la reflexión de este Elemento, no llegó a sus noticias la Fonotectónica, ni la Fonúrgica, ni la Fonoyátrica, no supieron la Centrovárica, no alcanzaron la Taumaturga, la Estática, la Hidrotégnica, la Areotégnica, la Paraestática, la Cromática, la Catóptrica, la Anaclástica, hasta el tiempo que floreció Arquímedes, no se puso en práctica la Catoptrocáustica, y pasmó el Orbe Literario el espejo Parabólico conque quemó la Armada, que vio sobre Siracusa.
En todas estas Ciencias, y Artes, se ven tan peregrinos prodigios del Arte, cuanto basta para que los poco eruditos con sus sencillas admiraciones, se hagan pasto de la segur de Herodes, presumiendo, que tales arcanidades las informan malignos espíritus, como le sucedió al Venerable Abad Tritemio con su Esteganografía, y Poligrafía, que tanto escándalo dio al Orbe, hasta que acusadas sus Obras por la ignorancia, se prohibieron por supersticiosas, que entendidas por el Señor Caramuel, Monje Cisterciense, Arzobispo, Obispo de Vegeven, las sacó a luz, y aclarando los laberintos de sus Alfabetos, las hizo correr sin sospecha.
Entendida la Poligrafía de este Autor, podrá en pocas horas el más rudo de ingenio leer, y escribir la lengua Latina sin haberla estudiado, con solo que sepa escribir en su lengua Materna, y por no ser comunes estos libros, vea el docto al doctísimo Padre Gaspar Escoto, Escritor de la Sagrada Compañía, en su Taumaturgo Físico, part. I. lib. I, Magia Criptográfica, fol. 27, que hablando de la utilidad del tercer libro del Abad Tritemio dice: Quod huius artis subsidio Latine Sermoni imperitum etiam intelligere, si prudenter munus officii adhibeas, ita ut novæ artis discipulus, quam non noverat antea linguam Latinam, componere, intelligere interpretarique ipse possit, secure, ac sine aliqua suspicione.
Vea el curioso al Señor Caramuel, en su Arquitectura civil, Trat. 1, fol. 11, donde verá construidos, y descifrados sus laberintos, y conjuraciones.
Pudiera dilatarme más en este Magisterio, si fuera más hijo del asunto, y pasando a correr la cortina del retablo de los duelos Médicos, sacaremos a plaza las Escuelas Médicas, que hizo públicas en su Carta Filosófica el doctísimo Doctor Don Juán de Cabriada, Médico de Cámara de su Majestad, y Socio de la Academia Regia Sevillana, ingenio que han venerado los más, y los menos del País Médico, y para mí, texto vivo.
Es la primera la Teúrgica, cuya curación era con oraciones al orden Jerárquico, de esta Escuela escribió Rábano, y Adolion la Matemática, que puso todo su fundamento en los Números, la Armónica, que usan los Griegos, y los Chinos, que todos las fundan en las conveniencias de los Cielos, la Fantástica, estas las fundan en las impresiones de la imaginación, trata de ella Cardano, la Mágica, practicada en la America la que intentó resucitar el impío Cornelio Agripa, la Pasica, esta se fundaba en el uso de las virtudes, y pasiones. La Courtica, que más era para el ornato del cuerpo, que para enfrenar sus dolencias escribieron de ella Epidamias, Critonio, y Rhabi Abenzar, la Carnetérica, ésta la fundaban en la Fisonomía de los mixtos, escribió de ella Croleo, Porta, y Conrado, la Empírica, que se compone de particulares remedios, y recetas. Trató de ella Serapion, Celso, y Matiolo, la Dietaria, que depende más de la virtud Moral, que de los remedios.
La Sidérica, que llaman simpática, que respeta las influencias, la Adámica, que obra por misterios naturales, y aproximación, sin preparación alguna, como afirma Cardano de la Esmeralda llevada en la boca, que le curó la tristeza, y la semilla del cardo corredor, que cura las Hemorroides, trayéndola atada sobre las rótulas de las piernas, la Talismánica, que por Figuras toma sus principios de las Constelaciones, de que escribieron San Gregorio Turonense, y el Abad Tritemio, la Fíltrica, que en cinco maneras enseña a curar las enfermedades de Amor, de que escribió Rhabi Abenadén, y Nostradamo, la Aonica, que enseña a aborrecer todos los deleites del mundo, trataron de ella Rhabi Holien, Filoleo, y Apademio. La Metódica, y Racional, debajo de la cual se incluye la Quirúrgica, en las operaciones naturales que vemos, de que hay tanto escrito, la Paracélsica, que enseña en el Microcosmo, todos los prodigios de los Cielos, maravillas de la naturaleza, y arcanos de la tierra, de que se pueden ver a Gerardo Dorneo, Pedro Severino, Adán Abostain, Rulando, Milio, y Crolio, la Galénica, que atribuye a los cuatro humores, y a sus destemplanzas (si son cuatro, porque acerca de esto, se puede ver a Helmoncio, a Pedro Juan Fabro, y a Willis) las causas de las enfermedades; y así las cura con evacuantes, y sangrías, y diversos atemperantes. Comprehende en sí la Fisiológica, que es como una particular Física del hombre, donde trata de su composición. La Etiológica, que es la Crisis, Pronósticos, Pesos, y Medidas. La Patología, que trata del orden de las enfermedades, teniendo para su práctica la Farmacia, que toca a la preparación de los remedios, y medicamentos, síguese la Química, que separa lo puro, de lo impuro de los Mixtos, y está es en dos maneras, una que se contiene en la materia, y forma universal de todas las cosas, para curar las más enfermedades, y es como Teórica; la otra es la Crisopeya, y transmutación de los Metales.
Estas son las Escuelas prácticas Médicas, que ha habido en el mundo, hasta aquí el doctísimo, y prudente Varón Doctor Don Juan de Cabriada.
Todas estas Escuelas no florecieron en un siglo, cada una en las edades del mundo, logró sus aplausos, hasta que las fue marchitando el desengaño, encontrando sus Profesores los aciertos a fuer de experimentos, Hipócrates abandonó muchos Preceptos, y Reglas de sus antecesores, Galeno hizo lo mismo, como consta en muchas partes de su Historia Médica, luego no se deben culpar los ingenios de este siglo, que intentan imitarlo en esta partida, y más cuando no consta, que su Medicina fue revelada por el Espíritu Santo, sino por un mal espíritu que en sueños le comunicaba algunos remedios, luego aquel Médico, que observando sus Reglas, encontrare en otras doctrinas más ciertos, y seguros remedios, que los que ha experimentado en Galeno, pecará gravemente si no los usa.
Dos Médicos Espagíricos habiendo usado de varios remedios Químicos, en varias enfermedades han tenido con ellos más felices sucesos, que con los remedios Galénicos, luego los Médicos Espagíricos, no deben ser calumniados por usar los dichos remedios.
Pido atención al docto. Los Médicos Espagíricos (como los meros Galénicos) fundan todas sus conveniencias en el mejor acierto de sus remedios, luego si el Médico Espagírico experimentara en sus remedios más fatales sucesos, que con los remedios Galénicos, no los usará, y usará de los Galénicos, supuesto que no los ignoran.
No prueba en su favor nada el mero Galenista con decir, que Galeno fue gran Médico, y que con sus doctrinas, y remedios, han curado a muchos, porque esta verdad todos los Espagíricos la confiesan, empero condenan la pereza, y la pertinacia de los meros Galénicos, pues pudiendo ver, como tan doctos, unas, y otras doctrinas, y de ellas (como solícitas abejas) sacar de ambas florestas el más dulce néctar para aliviar a sus enfermos, y la cera para la luz del desengaño no lo hacen, empleando todos sus mayores desvelos en aborrecer lo que ignoran, maculando con sacrílegos dicterios, aquellos que con afanes, y desvelos intentan adelantarse en su facultad.
Máximas son indecorosas las que han usado los Nobles Antagonistas contra la Academia Regia Sevillana, indignas se miran en tan ingeniosos Héroes, malogrando el tiempo en injustas impugnaciones.
Lastimábase con justo sentimiento Séneca, de que unas horas nos quitaran las fuerzas, otras el engaño, y las más se nos pasaran sin advertir lo mejor; pero la pérdida más afrentosa, es la que por negligencia se pierde. Quædam tempora nobis eripiuntur, quædam subducuntur, quædam effluunt: turpissima autem iactura, quæ per neglegentiam sit. Sen. Epist. 1.
Parece que es aborrecer la Sabiduría, el no querer salir los hombres fuera del recinto de los principios, que adquieren en la Primavera de su niñez, y Dios cuando le apellidan Rey Universal, y Emperador de los Reyes, quiere que le miren en Cátedra de Querubines, que significan plenitud del saber. Qui sedes super Cherubim tu es Deus solus omnium Regnorum terræ. Isai. 37.16.
Diodoro Sículo en su libro primero dice, que Osimanduas Rey de Egipto tenía en el frontispicio de su Librería una Tarjeta con esta Inscripción: Medicina animi. Aquí se cura el ánimo, y aún el cuerpo. Vivía con poquísima salud Telesila (Plutarco De virtut. mulierum in Argis). Y consultando al Oráculo, supo que se curaría, si se aplicaba a las Musas, hízolo con cuidado, y sanó, sacando de los libros la salud del cuerpo, y la inmortalidad de su fama. No sé cómo se niegan a ellos Varones de tan escogidos talentos, porque ellos son el refugio de toda adversa fortuna. Quejábase de la suya un amigo, a Marsilio Ficino, y consolándole este, le dice, que se acoja al Templo de Minerva, donde no entran las tempestades, ni llegan los infortunios. No hay Rayo que se le atreva al Laurel. Los libros dice Quintiliano, que son los Alcioneos en las borrascas del Alma, en los libros halla el prudente, quien le enseñe a ser más sabio, Prudens invenit, unde sapientior fiat, nec aliqua in mundo potest esse fortuna, quam litterarum non augeat curiosa notitia. Casiod. lib. 10, var.
Espero en Dios, que las dolencias de los Nobles Antagonistas a la Academia Regia Sevillana, las ha de curar el tiempo, pues este es el verdadero Médico de las pasiones, y con los colirios del desengaño, han de abrir los ojos aquellos que ciegos tropezaron en los despeñaderos de sus infructuosas contradicciones.
Hasta aquí llega hoy la Sociedad con sus Triunfos, siendo el mayor la Protección de nuestro Católico Monarca el Señor Felipe Quinto, que con ella han de abatir las alas las más atrevidas plumas, y la que intentare remontes de Ícaro, será sepulcro de su atrevido vuelo, el lago Averno del desprecio, porque Héroes que supieron sin amparo Regio, ganarse las glorias de primeros en Fundación tan plausible, a vista de tan gigantes contradicciones, bien puede esperar de ellos el Orbe Literario Médico adelantamientos en su facultad, con las continuas tareas de experimentos en que se ocupa la Sociedad Sevillana.
FIN
[ páginas 1-31 ]
Aprobación del Licenciado D. Pedro Martín Lozano, Cura más antiguo del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de esta Ciudad, y Examinador Sinodal de este Obispado, &c.
Por comisión, y orden del Señor Licenciado Don Juan Antonio de Victoria, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de esta Ciudad, Provisor, y Vicario General en ella, y su Obispado, por el Eminentísimo, y Reverendísimo Señor Cardenal Salazar mi Señor, Obispo de Córdoba, del Consejo de su Majestad, &c. He visto, y leído un Tratado, cuyo título es: Progresos de la Regia Academia Sevillana, compuesto por el Licenciado Don Juan Ordoñez de la Barrera Presbítero, Cirujano de Cámara de su Majestad, y Socio de dicha Regia Academia, y no he hallado en él cosa, que no sea una dorada saeta, que dulcemente hiera los corazones, mueva los ánimos, y suspenda los sentidos, pues de él puedo decir, lo que dijo Salviano: Nihil in hac re opus est aliquid audire, satis fit pro universis rationibus Auctor. (Salviano lib. 3. de Provid.) El nombre del Autor es el mayor crédito de la Obra. No es pequeña calificación de esta verdad, lo que este Tratado encierra, pues con brevedad tanta compone tan adelantado, y peregrino discurrir, que es lo que dijo el Águila de los Doctores: Si verba eius considerat brevis est, si sentencias appendas magnæ sunt. (D. August. super Psal. 128.) Conque en él halla el docto qué imitar; el entendido, qué seguir; los que con acierto quieren curar, qué abrazar; y todos un desengaño, en qué discurrir. Por lo cual, y por no haber en él cosa, que contradiga a la más sana doctrina, ni a la Santa Fe, y buenas costumbres, me parece convendrá salga a luz, para que todos le gocen, Salvo meliori. En este Sagrario de la Catedral de Córdoba a veinte y dos días del mes de Noviembre de mil setecientos y un años.
Lic. Pedro Martín Lozano.
[ páginas 32-33; lo marcado va tachado con tinta en el ejemplar utilizado. ]
Licencia del Ordinario.
Nos el Licenciado Don Juan Antonio de Victoria, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de esta Ciudad de Córdoba, Provisor, y Vicario General en ella, y su Obispado, por el Eminentísimo, y Reverendísimo Señor Don Pedro por la Divina misericordia, de la Santa Iglesia de Roma Presbítero Cardenal Salazar, mi Señor, del Título de Santa Cruz en Jerusalén, Obispo de este Obispado, del Consejo de su Majestad, &c. Habiendo visto el Tratado ante escrito intitulado, Progresos de la Regia Academia Sevillana, compuesto por el Licenciado Don Juan Ordóñez de la Barrera Presbítero, Cirujano de Cámara de su Majestad, y Socio de dicha Regia Academia, y vista asimismo la Censura dada en él en virtud de orden nuestra, por el Licenciado Don Pedro Martín Lozano, Cura más antiguo del Sagrario de dicha Santa Iglesia Catedral, y Examinador Sinodal de este Obispado, y que por ella consta que dicho Tratado no tiene cosa alguna que desdiga de Nuestra Santa Fe Católica, y buenas costumbres, damos licencia para que se pueda dar, y dé a la Estampa en cualquiera de las Imprentas de esta Ciudad. Dada en Córdoba en veinte y cuatro días del mes de Noviembre de mil y setecientos y un años.
Lic. D. Juan Antonio de Victoria.
Por mandado del Señor Provisor.
Andrés Martínez Valcárcel.
[ página 34 y última; lo marcado va tachado con tinta en el ejemplar utilizado. ]
[ Edición íntegra del texto contenido en un opúsculo impreso sobre papel, dice que en Córdoba, de 52 páginas (9 hojas + págs. 1-34), actualizando la ortografía. Hemos extraído el texto de un ejemplar que hoy custodia la Universidad de Sevilla (facsímil digital en Archive desde 12 de abril de 2018). En otro ejemplar de esta misma edición (hoy de la Universidad Complutense, facsímil digital en Google desde 5 de enero de 2011), no aparece tachado el cargo de “Cirujano de Cámara de su Majestad” de Juan Ordóñez de la Barrera en la Aprobación y la Licencia. Pero, sobre todo, difieren esos ejemplares en las páginas correspondientes a la Memoria de Socios: para facilitar la comparación hemos dispuesto a doble columna ambas relaciones, con algunos comentarios, en → “Dos versiones de la Memoria de los Socios que componen la Regia Sociedad de Sevilla en 1701”. La diferencia principal consiste precisamente en la desaparición de Juan Ordóñez de la Barrera, autor de esta obra, en la relación de socios, en el ejemplar conservado en Sevilla. ]
Compare el facsímil de la primera página de la Memoria de Socios en ambas versiones

