✠
TRIUNFO
de la Regia Sociedad Hispalense,
y
Diálogo de Medicina,
con un Apendix impugnatorio, exterminando veinte y tres Proposiciones, que el Doct. D. José Gazola Veronés, Médico Cesáreo, y Academista Aletófilo, escribe en un breve Compendio, con el Título:
El Mundo engañado
de los falsos Médicos.
autographon
de D. Juan José García Romero, Clérigo Presbítero,
y la dedica
al gloriosísimo San Lucas,
Proto-Médico entre los Santos Médicos, Evangelista, uno de los setenta Discípulos de Cristo, Obispo, y Martir.
[ 1733 ]
Con licencia: En Sevilla, en la Imprenta Real
por Su Majestad de D. Francisco de Leesdael.
Índice de los capítulos que contiene este Tratado
- ¿Qué es Sociedad, y su Fundación?, pág. 1
- En que se declaran las persecuciones, que tuvo la Sociedad en su Fundación, pág. 5
- La defensa que hizo la Sociedad contra sus Adversarios, pág. 11
- Se declara Nuestro Rey, y Señor Don Felipe V (que Dios guarde) Protector de la Regia Sociedad, y triunfa de sus Adversarios, pág. 15
- Tanto de las Cédulas Reales de Nuestro Rey Don Carlos II (que Dios tenga en el Cielo) aprobando la Regia Sociedad, y sus Ordenanzas, como Nuestro Monarca Don Felipe V (que Dios guarde) en que se constituye Protector de la Regia Sociedad, pág. 18
- De los Presidentes, que ha habido en esta Regia Sociedad, y de todas las que hay, pág. 25
- Nueva discordia entre Doctores, y Socios, pág. 41
- De los Santos, Pontífices, Obispos, Emperadores, Reyes y Escritores Eclesiásticos, que han inventado y practicado la Medicina, pág. 55
- En que se prueba que la Medicina es Facultad noble, y es principio de ser nobles el ser Médicos, pág. 64
- En que se trata, que los Médicos son Nobles por los Reyes, y Emperadores, antes que los Jueces, Centuriones, Tribunos, Decanos, Caballeros, de Órdenes Militares, y Hidalgos, pág. 77
- ¿Si está obligado el Médico, como Juez, a impedir, y manifestar, que no cure ninguno, que no sea Médico Físico?, pág. 92
- Contra los que dicen: Si el Médico es sigiloso, prudente, y estudioso, pág. 97
- Si tiene obligación el Médico de curar al Pobre, pág. 100
- Si tiene obligación el Médico de manifestar todo lo que fuere de daño para la República, pág. 102
- Respuesta al Doctor Don José Gazola Veronés, Médico Cesáreo, y Academista Aletófilo, a 23 proposiciones, que escribe en un Tratado, cuyo título es: El Mundo engañado de los falsos Médicos, pág. 136
[ páginas 150-151 sin numerar - rótulos ajustados a los del cuerpo de la obra ]

S. LUCAS EVANGELISTA - 18 Octubre
✠
Dedicatoria
al gloriosísimo San Lucas,
Proto-Médico entre los Santos Médicos, Evangelista, uno de los setenta Discípulos de Cristo, Obispo, y Mártir.
Gloriosísimo santo.
Por no ser vuestro nombre tan conocido por Médico, como por Evangelista, diré en este breve resumen, sin faltar a la inveterada costumbre de referir la Patria, Padres, Virtudes de que está adornado el Protector de la Obra. Esto supuesto, diré por partes sobre el asunto.
Nació San Lucas de Padres nobles, y ricos en Antioquía, llamose esta Ciudad Emat, por Amadeo bisnieto de Noé, que la pobló. San Gerónimo dice, que esta Ciudad está a la falda del Monte Líbano, al lado Septentrional, en el Reino de la Siria, a las costas del Mar Mediterráneo, a diferencia de Antioquía Pisidia, que está hacia la parte del Mar Póntico. Y siguiendo a San Gerónimo, buscando mi curiosidad en la Biblia el nombre Emat, lo halló en el cap. 13. de los Números, en el ℣. 22. Cumque ascendisent, exploraverunt terram a deserto Sin, usque Rohob intrantibus Emat. Con que sin duda alguna, por la diferencia de los dos Mares, y señas del Monte Líbano, que da San Gerónimo, Emat es Antioquía de Siria, tomando este nombre por Antioco, y dejando el de Reblara, por la muerte de Alejandro, que antes de su fallecimiento la amplió hasta el Río Orontes, que le sirve de Escala, corriendo sus argentadas olas cuatro leguas, recibiendo su muerte en el sepulcro del Mar Mediterráneo. Tiene dos Puertos, Seleucia a Levante, y Tarsis al Septentrión; y porque sus amenos Valles no padezcan la árida sequedad, el Mar Pérsico despecha al Éufrates caudaloso, que corriendo su curso, inunda sus campos, restaurando los Elíseos, hasta que se despeña en el Mar Hircano, donde por trofeo de sus triunfos, apresa una mortaja, dejando a Crane de Mesopotamia viuda, y a sus rurales hijos sin Padre. Ya puedo decir, dichosa Ciudad, que comienzan tus prodigios; ya puedo decir, que como fuiste Emat, para aposentar a un Josué Explorador de la Tierra de Promisión, también eres Emat, por haber criado un San Lucas, Explorador del Evangelio. Si Josué calaba los Montes, para buscar lo ameno, y abundante; vos, Santo mío, lo áspero, y duro de las Montañas, sembrando el Evangelio. Era esta Ciudad tan populosa, en tiempo que Acciano Turco la tenía, que cuando hicieron los Cristianos la Santa Conquista, no la pudieron cercar cien mil Soldados. Esta segunda Nínive es Erario de muchos, y singulares prodigios; omitirlos en esta materia, no es justo, referirlos todos, no puede ser, porque es menester libro aparte para su Compendio; y así diré lo que fuere más extraño para el curioso, no olvidándome del estudioso. Habiendo recibido aquellos siete Varones la Consagración de mano de los Apóstoles, uno de los consagrados fue Nicolás de Antioquía: Acta Apostol. cap. 6, el cual por la persecución, que se levantó contra la Iglesia Hierosolimitana, y haber martirizado a su Concolega San Esteban, se esparcieron en diversas partes Nicolao, y otros de los setenta, unos de Chipre, y otros de Cireneo, vinieron a Antioquía, hablaron con los Griegos, explicándoles el Evangelio: y hallándolos firmes en la Fe, escribieron a la Iglesia Hierosolimitana, cómo los Antioquenos estaban bien doctrinados en la Fe del Evangelio. Vista la Embajada por mi Padre San Pedro, remitió por Nuncio a San Bernabé; y habiendo visto, que los Antioquenos estaban firmes en la Fe del Evangelio, se alegró, no tuvo que predicarles, lo que hizo fue exhortarles, que permanecieran en su propósito, por lo cual merecieron, que en el cap. 11. de los Actos ℣. 26, se llamen los primeros Cristianos los Antioquenos. En esta célebre Ciudad tuvo San Pedro la Silla, celebró Concilio. Después tuvo la Silla Episcopal San Ignacio Proto-Mártir de los infinitos Mártires de aquella tierra. Fue este Santo aquel dichosísimo Niño, que refiere San Mateo al cap. 8, que Cristo le llamó, y le puso en medio de los Discípulos, para ejemplo de humildad, cuando los Discípulos preguntaron, que ¿quién es mayor, y más digno del Reino de los Cielos? Este Niño fue Obispo de Antioquía, y el primero que cantó las Antífonas al fin de los Salmos: Ita Nicephoro, lib. 1. Siempre ha sido Antioquía el Archivo de la Fe, y así nunca le han faltado defensores, como lo fue Flaviano su Obispo, contra la infernal caterva de Obispos Eusebio de Cesarea, Teodoro de Laodicea, Paulino de Tiro, Gregorio de Berito, Anastasio de Anazarbo, Ætio de Zida, Achillas, Aithalas, Carponas, Sarmates, Euzoyo, Lucio, Julio, Menas, Heladio, Cayo Theonas, Secundo, Pedro Arrio Presbítero, que siendo todos Colucianistas en la Herética Secta del maldito Presbítero Clérigo Juan Arrio Alejandrino, tan depravado él, como su Heresiarca, y Maestro Melito Obispo de Lico: Nicephoro, fol. 168, cap. 8. & 9. In Epist. Arrius ad Eusebium Nicomediensem Episcopum. Todos estos malditos, y desventurados Obispos promulgaron en sus Iglesias la Herejía, que al fin de cada Salmo se cantase: Gloria Patri per filium in Spiritu Santo. Allii Gloria Patri & Filio in Spiritu Santo. Contra estos salió Flaviano con gran número Eclesiástico, y popular, acompañándole aquel prodigio de Persia Afrates Hermitaño, cantando en dulces, y devotas voces el Hymno Gloria Patri, & Filio, & Spiritu Sancto: Nicephoro, lib. 9, tom. 1. Fue bastante esto para apagar las infernales llamas de sus malditos ecos, queriendo con ellos obscurecer la Antorcha siempre brillante del Concilio Niceno. No se descuidó tampoco San Juan Crisóstomo en defender su Antioquena Patria, en tiempo del Papa Inocencio I. Ni aquel ejemplo de castidad para Sacerdotes el Gran Leoncio, que siendo Obispo de esta Ciudad, hallándose flaco para resistir las crueles invasiones de la carne, se castró él mismo. Fue el caso tan maravilloso, que con su ejemplo, por no padecer violencia contra la castidad, cuatro Vírgenes se arrojaron en el Río Orontes, donde con su muerte purificaron su castidad. Mucho es lo que tengo dicho, pero no será menos lo que se sigue. En esta Ciudad están los Cuerpos de aquellos siete hermanos Mártires Macabeos, y el de su Madre: Div. Hieronym. Præfatio in lib. Machab. Está el Cuerpo de Simeón Estilita depositado por el Emperador León, se halló el hierro de la Lanza, que sirvió de Llave para nuestra redención. El caso fue, que estando cercada Antioquía por Corbagaht General de los Turcos, se le apareció a un devoto Clérigo el Apóstol San Andrés, y le dijo, cómo el hierro de la Lanza con que Longinos abrió el Costado a Jesucristo estaba escondido en cierto lugar de la Iglesia de San Pedro. El Clérigo se lo dijo al Conde de Tolosa, y al Obispo Padiciense; fueron, y lo hallaron donde el Santo Apóstol decía. Con esta Santa Reliquia venció Antioquía a sus Enemigos, y después vino a poder del Emperador de Constantinopla hasta que Mahometo Octavo, gran Turco, engañó al Emperador Griego, y le ganó la Ciudad, en él sacó lo primero que le presentaron los suyos, fue la Santa Reliquia, la cual se conservó en la Casa Otomana, hasta que Bayaceto Noveno, gran Turco, la envió con su Embajador Mustafá Bajá al Papa Inocencio en agradecimiento de las treguas, que su Santidad le concedió, y por tener a su hermano Zicimo en la Corte Romana preso. Tuvo también la dicha esta Ciudad de estar encharcada su tierra con sangre de más de sesenta mil Mártires, que al cruel cuchillo de su furia dieron la vida por Jesucristo. Cosas muy excelentes dejo por decir, las cuales se pueden ver en Don Vicente Roca, Escritor General de la Casa Otomana.
En esta Ilustre Ciudad nació San Lucas, fue desde niño bien inclinado, estudió la Filosofía, y después la Medicinas; y cuando estaba ocioso se entretenía en pintar. Pintó las Santísimas Efigies de Cristo, y su Madre, y la de los Apóstoles: Ita Nicephoro. El motivo de su Conversión fue el ser Médico, porque teniendo noticia, que en la Provincia de Galilea había un hombre, que se llamaba Jesús, natural de Nazaret, que curaba enfermos sólo con tocarles la mano, discurrió como Filósofo, que pues no usaba las comunes Medicinas, aquello era sobrenatural, y preguntando a algunos de los setenta, le dijeron, que era Jesucristo Hijo de Dios vivo, y catequizado de los Discípulos de Jesucristo, fue bautizado, fue amigo muy querido de San Juan, y MARÍA Santísima le amaba mucho, fue castísimo, como dice San Gerónimo: In Cathalog. uxorem non habens.
Escribió el Santo Evangelio en Griego, aunque Juan Cantacuceno con su antigua preñez de entendimiento se le antoja decir, que escribió en Latín, siendo falso. Fue compañero de San Pablo, y en un año entero, que estuvo en Antioquía el Apóstol le enseñó los caracteres Hebreos, y todo lo que escribió en Griego lo tradujo en Hebreo, como se lo dictaba San Pablo; y por esto dice el Apóstol mi Evangelio, y que en esta parte sea San Lucas Discípulo del Apóstol, concedo, pero que sea su Maestro desde que escribió el Evangelio, se opone a lo que el mismo San Lucas dice en su Proemio: Sicut tradiderunt nobis, qui ab initio ipsi viderunt. Es así, que San Pablo no vio al principio, ni al fin a Jesucristo, luego no fue el que dictó a San Lucas el Evangelio cuando lo escribió en Griego, porque San Lucas cuando se convirtió era hombre, y después de 7 años y medio se halló San Pablo siendo muchacho en Jerusalén guardando las capas de los Judíos, que apedreaban a San Esteban: y siendo ya hombre tomó del Príncipe de los Sacerdotes una provisión para perseguir los Cristianos de Damasco, y aquí fue su Conversión. Luego no fue San Pablo, sino algunos de los Apóstoles, y Discípulos de Jesucristo. Y lo que el Apóstol hizo, fue, como queda dicho, el instruir a San Lucas en la Lengua Hebrea, y dictarle el Evangelio que tenía escrito en Griego, en Hebreo; y por esto dice el Apóstol: Evangelium meum, además, que también dice el Apóstol en la Epist. ad Thesal. cap. 2. ℣. 14. Inquam, & vocavit vos per Evangelium nostrum. Confirmase con San Gerónimo: In Cathalog. Scpr. Ecclesiast. cuando dice: Lucam non solum ab Apostolo Paulo didicisse Evangelium, qui cum Domino in carne non fuerat, sed a cæteris Apostolis. Si San Lucas fue uno de los setenta Discípulos, o no, en este punto no doy decisión, solo diré lo que tengo visto. En mi poder tengo un Breviario antiguo de letra Gótica, con el Oficio de nueve Lecciones de San Lucas, y el Evangelio que tiene la séptima Lección: Dificilius est camelum perforamen acus transire: quam divitem intrare in regnum Dei. Respecto de esto, la opinión de San Gerónimo prevalecía. El Maestro Martínez, Catedrático de Hebreo, en Salamanca, en el lib. 9, fol. 10, Reg. 25, de su Hipotiposeon, dice, que San Lucas fue uno de los setenta, y cita a San Gregorio (dice el Santo) Socium illum Cleophæ cum in Castellum emauntem pergebant, fuisse Lucam. Es de esta opinión Simon Metafrastes in vita Lucæ. Nicephoro lib. I, cap. 34. Theofilato Lucæ 24, dice, que San Lucas fue el Compañero de Cleofás en el Castillo de Emaus: Atque ideo abscondit nomen suum, porque si fuera otro lo dijera el Santo, y nombrar a Cleofás, y callar su nombre, es estilo que usa también el Evangelista San Juan, cuando dice: Hic est Discipulus ille. Y siendo el mismo, no se nombra, y en otra parte: Discipulus ille quem diligebat Jesus. Hace relación como si la hablara de otros, siendo el mismo Santo. Este mismo estilo usa San Lucas, y así con este fundamento, y otro, digo, que San Lucas fue uno de los setenta: Euthimio in proem. Lucæ trae una sentencia de Orígenes, y Theophyl. arbitrantur Lucam fuisse, & numer. 70. Discipulorum. Anselmus iprolog. Mathes. Epiphan. l. 1. tom. 2. hær. 23. ait. Lucas afirmat salvatorem post resurrectionem aparvisse. A esto se sigue, que la Santa Madre Iglesia le da oficio de Apóstol. Y el Evangelio de signavit Dominus, por lo cual me parece, que San Lucas fue uno de los setenta Discípulos. Predicó en Francia, África, Egipto, Tebaida, superior, e inferior, fue Obispo de Tebaida, y Consagró muchos Obispos.
Ahora resta saber si el Santo después de su Conversión ejercitaba la Medicina, o no; lo que sé es, que el Santo era Médico, y si después de su Conversión curaba, curaría como un Santo.
Llegando a averiguar la muerte del Santo, encuentro a Nicéforo Calixto, Hist. Eclesiast. que dice fue Mártir, que colgáronle Santo de una Oliva. Su muerte fue en Bitinia de edad de ochenta y cuatro años: El Breviario de Letra Gótica que tengo dicho, dice al fin de la sexta Lección, que murió el Santo de setenta y trece años, que imperando Constantino, trasladaron sus huesos a Constantinopla, y después a Padua. Otros dicen, que murió en Tebas, y que Artenio, que después fue Mártir, por mandado de Constantino, trasladó sus huesos a Constantinopla.
Santo mío, aceptad este corto trabajo, que ofrece mi afecto: solo pido en premio, que seas el Escudo fortísimo de esta pequeña Obra, que os sacrifico. Y siendo su principal asunto tratar de Medicina, como Médico, sea defendido de vuestra Protección, como Filósofo, en las cuestiones que trata; como Teólogo, de las materias Escolásticas, y Dogmáticas, como Evangelista, de la verdad, sinceridad de estilo que trata. Y en fin, Santo mío, sea todo en honra vuestra, y gloria de Dios Nuestro Señor.
Humilde, y rendido Siervo,
y Capellán vuestro,
que B. vuest. V. Plant.
Juan José.
[ #i3 - el grabado en hoja 2 vuelto; el texto en hoja 3 recto a hoja 7 vuelto, o páginas iniciales 4-14 sin numerar ]
Aprobación del M. R. P. Mro. Fr. Juan de Nájera, del Orden de Mínimos de San Francisco de Paula, Lector Jubilado, Colega Provincial dos veces y tercera vez Padre de Provincia, Cronista, Examinador Sinodal de Sevilla, Socio Consultor de la Regia Sociedad Hispalense, y Revisor de Libros.
Este Tratado, que la jurisdicción Ordinaria Eclesiástica somete a mi Censura, es un lazo de tres hermosos hilos: histórico, panegírico, y apologético. Dije mal. Es una Cornucopia, que contiene en sí flores, y frutos de casi todas facultades. Los amigos de precisar llamaríanle sin duda en Ciclopedia. Haré un breve resumen de lo que contiene, dejando la Crisis a los que leyeren, porque ni quiero anticipar sentencias, que no me tocan, ni pasarme a ser Panegirista de unos, porque es forzoso ser Apologista de otros.
En la Historia universal dice mucho, y en la particular de Sociedad, no poco, sin faltar lo puntual de la Cronología. Es Filósofo, explicando la generación de Rayo, y Médico, vituperando lo nocivo del inmódico uso de vino, tabaco, y aguardiente. Es Astrónomo como se reconoce que trata de las cualidades de los Signos. Es Orador, cuando se difunde en alabanza de la Medicina, y en las declamaciones dichas a sus contrarios. Añade a esto una grande elección de Autores, como son por lo historial Megástenes, Beroso, y Annio el de Viterbo; y en lo Filosófico los excelentes Hurtado, y Arriaga. Por fin, sólo diré, que no contiene cosa que desdiga de la pureza de los Dogmas de la sinceridad de la moral Cristiana, ni de las Reales Pragmáticas: Así lo siento, salvo meliori, en este Colegio de N. P. S. Francisco de Paula de Sevilla, en 7 de Agosto de 1731 años.
Fr. Juan de Nájera.
[ #i4 - hoja 8 recto, o página inicial 15 sin numerar ]
Licencia del Señor Provisor.
El Doct. D. Antonio Fernández Raxo, Canónigo de la Sta. Igledia Metropolitana de esta Ciudad de Sevilla, Provisor, y Vicario General en ella, y su Arzobispado, &c. Por el tenor de la presente, y por lo que toca a la jurisdicción Ordinaria Eclesiástica, doy licencia para que se pueda imprimir, e imprima un Tratado: Triunfo de la Regia Sociedad, y Diálogo de Medicina, compuesto por D. Juan José García, Presbítero de esta Ciudad, por cuanto por mi mandado ha dado su Censura el M. R. P. Mro. Fr. Juan de Nájera, del Orden de Mínimos; y por no contener cosa, que se oponga a nuestra Santa Fe, y buenas costumbres, con tal, que al principio de cada Libro se ponga esta mi licencia, y dicha Censura: Dada en Sevilla a 11 días del mes de Julio de 1731 años.
Doct. D. Antonio Fernández Raxo.
Por mandado del Sr. Provisor
Francisco Cotallo, Not.
[ #i5 - hoja 8 vuelto, o página inicial 16 sin numerar ]
Censura del Padre Fray Antonio de la Santísima Trinidad, Ministro, que ha sido, de diferentes conventos, Definidor General, y Redentor, Examinador Sinodal del Obispado de Málaga, Socio de la Regia Sociedad de Sevilla, y actual Escritor General del Orden de Descalzos de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos.
Por comisión del Sr. Don Gerónimo Antonio de Barreda y Yebra, Canónigo de la Santa Iglesia de Santiago, del Consejo de su Majestad, Inquisidor Fiscal de la Santa Inquisición de Sevilla, Juez Superintendente de las Imprentas, y Librerías de esta Ciudad, y su Partido: He visto un Tratado, cuyo Título: Triunfo de la Regia Sociedad Hispalense, y Diálogo de la Medicina, compuesto por Don Juan José García Romero, Clérigo Presbítero.
No extraño, que dicho señor emplee su Erudición en coronar triunfante a nuestra Hispalense Sociedad, porque siendo una Junta de la que puede decirse sin lisonja, ser señora de la Enciclopedia de buenas Artes, y Ciencias: Encyclopedia: est enim Omnium, & disciplinarum perfecta scientia. Calep. fol. 496. Encyclop. Y uno como prontuario de los Dogmas de la Teología, de los discursos, y principios de la Filosofía, de las precisiones, y formalidades de la Lógica, de las sutilezas de la Metafísica, de las verdades demostrativas de la Matemática; y principalmente de los Aforismos seguros de la Medicina; siendo justa unidad de Minerva, sino almáciga flamante de siempre verde Laurel, de triunfos gloriosos se había de coronar.
De tanta antigüedad es en el Mundo el coronar por victoriosos a los Sabios, que comenzó con los siglos; pues desde que la naturaleza produjo ingenios, comenzó a criar en ramos, flores, y yerbas, materia de que tejerles Coronas, pero entre las demás crió dos yerbas triunfantes de que ceñirles las frentes: La una fue el Baccaro sagrado, tan celebrado de los Poetas, tan defendido de Apolo, y tan pretendido de cuantos ingenios grandes veneró el Mundo, y cursaron largos siglos los Museos del Parnaso, que bien lo canta el Poeta:
At tibi prima puer nullo munuscula cultu,
Errantes hederas, passim cum baccare tellus,
Mixtaque ridenti, colocatia fundet acantho. Virg. Ecl. 4.
La otra fue, el siempre verde Laurel, aquella honrada Reliquia de Daphne mal lograda, aquella Ninfa, digo, primer amor de Febo, que huyendo de sus ansias, y transformada en Laurel, quiso más estar dando perpetuos abrazos a sienes doctas, que sufrir adoraciones, escuchar ternuras, y oír amores al Sol, que sin duda serían muchos, cuando se quemaba el fuego, y se abrasaba la luz. En cuya recompensa quedó para premio de las victorias, y honor esclarecido de los triunfos; tanto, que el mismo Febo bordó el oro de su cabeza luciente de estos siempre verdes matices. Díjolo Ovidio:
Venit Appollinea longas concordia lauro
nexa comas. Ovid. lib. 6. Fastorum.
De suerte, que en estas dos yerbas, o ramos crió la naturaleza el premio para los Doctos. Tiene esto contra sí una gran dificultad; porque si los meritos del Sabio son tan superiores a todo humano premio, que los colocó el otro Lírico entre los Dioses:
Proximos illi tamen occupavit Pallas honores.
Silius, italic. lib. 13.
Y es la sabiduría tan excesiva a cualquiera humana honra, que sólo el saber es premio del saber mismo: Sibi me pulcherrima merces. Horat. lib. I. Epist. ad Mæcenat. Lo que Horacio desenvolvió, diciendo con gallardía, que el Sabio (de Dios abajo, para quien sólo es menor) con solo serlo, y no más, era rico, libre, honrado, hermoso, y aun Rey de Reyes también:
Ad summum sapiens, uno minores Iove: dives,
Liber, honoratus, Rex denique Regum.
¿Cómo vemos por otra parte, que le destinó la naturaleza Coronas, y Apolo le señaló galardón en estas guirnaldas de Bácaro, y de Laurel? Luego ya la sabiduría es capaz de premio.
No discurramos así, sino supongamos con Plinio, Dioscórides, y los demás naturales, que el Bácaro entre cuantas yerbas visten los montes es de rara, y poderosa virtud contra el mal de ojo, que llama el Latino fascinación, de que habla San Pablo con su elocuencia profunda, escribiendo a los de Galacia: O insensati Galatæ, qui vos fascinavit non obedire veritati? Ad Galat. cap. 3, ℣. 1. Y Señor Santo Tomás: Div. Thom. in Epist. ad Galat. & etiam I. part. quæst. 117, art. 3, ad 2, & quæst. 26, explicando sobre el lugar del Apóstol el origen, y efectos de este venenoso achaque, dice, que la fascinación se causa de que ofendida la envidia, en descubriendo ventajas en un sujeto, se queja luego a los ojos, y estos tomando la demanda, y armándose de la enojosa sangre, que la pasión corrompió, fulminan por los rayos visuales una calidad venenosa, que tocando en el envidiado, le enferma luego, sino es que llegue tan poderosa, que quite al punto la vida; y como el saber es la más alta prenda, que se descuella entre las humanas, así es la más poderosa a torcerle los ojos a la envidia, y obligarla a que tome en la fascinación la venganza, como se quejaba, hablando de sus versos el Poeta:
Nescio quis teneros oculus mihi fascinat agnos.
Virgil. Eclo. 3.
Y como el Bácaro es el único preservativo de aqueste riesgo, de ahí es, que al mismo tiempo que la naturaleza produjo ingenios, previniendo en ellos los Doctos, dio el Bácaro por reparo para sus vidas, y forzosa defensa a la emulación envidiosa.
De aquí se siguen dos forzosas consecuencias: La una, que como si el saber no fuera mérito, ni prenda lucida, sino enfermedad peligrosa, no le señaló la naturaleza premio, sino medicina: La otra, el más alto encarecimiento de la soberanía de los Doctos, que es el no haber en lo criado premio que los iguale, y que sólo el saber es premio del saber mismo: Sibimet pulcherrima merces, con ninguna cosa lo pudo declarar mejor la naturaleza, que con prevenir el Bácaro saludable por Corona de los Doctos, como si dijese más claro: Honras, ni premios al Sabio, no son posibles porque todas son menos mucho, que el verse Sabio, sólo vida ha menester para gozar esta honra; pues buen remedio: tome el Bácaro por higa contra homicidas ojos, corone la frente de él, ármese contra la envidia, que le solicita la muerte, y eso le baste por premio, no cuide ya de más honra: Sibimet pulcherrima merces. Y ahora Virgilio.
…Baccare frontem
Cingite, ne vati noceat mala lingua futuro.
Virgil. Eclo. 8.
Ya con esto se entenderá, por qué la naturaleza añadió a este Bácaro el Laurel; porque si el Bácaro (por lo que se la defiende) significa la vida de los Sabios, y en el Laurel se representó el triunfo, viendo, que con el Bácaro iba enlazado el Laurel, se entendiese, que en los Sabios, el vivir, y el vivir honrados no son cosas que se distinguen, antes son tan una sola, que su salud es su premio, y su duración el triunfo.
Confiesa de sí Señor San Agustín, que cuando mozo, desvanecido con su ciencia, deseaba tener una pública disputa; logró tenerla, donde a vista de una expectación numerosa, arguyendo, convenciendo, y demostrando, hizo milagros su ingenio, dio gritos la admiración, y a este dice él mismo: Erat eo tempore vir sagax medicinæ artis, peritissimus, & in ea nobilissimus qui Proconsule manu sua, coronam illam Agonisticam imposuerat non sano capiti meo, sed non ut Medicus. D. August. lib. 4. confess. cap. 6. Que en el mayor calor de los víctores, y aplausos, se le llegó un Médico famosísimo, que era a la sazón Juez, y Procónsul de la Ciudad, y le ciñó una Corona de victorioso Laurel a su mal sana cabeza; pero que en aquella acción no se mostró como Médico: Sed non ut Medicus. Y reduciéndolo a lo moral, dijo muy bien; porque, ¿qué Médico podría ser, quien hallándole mal hinchado de achaque de su arrogante Retórica, y vana Filosofía: Tumens inani Philosophia, en lugar de ponerle cosas con que aplacarle una hinchazón tan terrible, le aplicó lauros triunfantes, con que enconarle el tumor? No fue de Médico eso: Sed non ut Medicus. Pero miradas con alguna más atención las palabras, descubren toda el alma de lo que vamos diciendo; porque fue lo mismo, que si dijese el Santo: Verdad es, que en la ocasión en que se hallaba mi ingenio victorioso, y aplaudido, necesitaba yo más de Médico, que me preservase contra la envidia, que de Príncipe, que ciñéndome un laurel (de que no necesitaban mis letras, ya premiadas consigo mismas) sirviese solo de amar contra mí la fascinación; pero fue tal el primor de mi desgracia, que habiéndome acontecido a mi solo, como a ninguno, Médico, y Príncipe, todo junto en un sujeto, me acudió más como Príncipe a ceñirme de un laurel, que me expusiese a la envidia, que como Médico a prevenirme de Bácaro, que me resguardase la vida, y me preservase a la emulación, que era como precisa a mi saber.
El mucho saber de nuestra Regia Hispalenfe Sociedad la expuso a los tiros de la emulación; mas como tanto sabio como la forman tenían, por su ciencia, el Bácaro por tan suyo, no pudieron hacerles mal de ojo, antes sí, como el Bácaro se enlaza con el laurel, nuestro Preexcelso Señor, y Católico Rey Felipe V, no como Médico: Non ut Medicus, sino como Príncipe generoso los ha coronado de laureles para más glorioso triunfo.
Muy bien lo especifica el Autor Erudito de esta Obra, afianzándola con el firme apoyo, no solamente de la razón, sino de la autoridad, para que se conociera, que sus cláusulas eran como un crisol de las Sagradas Letras, que son plata, siete veces refinada al fuego de la verdad: Eloquia Domini, eloquia casta: argentum igne examinatum, probatum terræ purgatum septuplum. Psalm. II, ℣. 7. No rehusando echar mano en su oportunidad del buen sentir que encuentra en las noticias bien particulares, de diferentes Autores, entresacando a las veces (como el Nacianceno) las rosas de las espinas para no picar con ellas:
Rosas, ut aiunt, colligens ex sentibus:
Bona nempe discens quæpiam, vel ab Ethnicis. Car. 18.
Y teje con Casiodoro una como guirnalda de las flores, que recoge en los campos de los libros: Colligens quasi in unam coronam germen floridum, quod per librorum campus passim fuerat ante dispersum. Casiod. 9. variar. Epist. 25. Por lo que me acordé de lo que dice Plinio: Quantum rerum? Quantum exemplum? Quantum antiquitatis tenet? Nihil est quod discere velis, quod ille docere non possit. Plin. Ep. Epist. I. En el Triunfo de la Regia Sociedad, y en el Diálogo de Medicina, hallarán todos en qué gustosamente entretenerse; pues no omitiendo el menor cuidado, ofrece universal gusto: Al Curioso, cebo, al Político, términos, al Cortesano, estilos, al Estudioso, noticias, al Entendido, sentencias, al Escritor, claridad, al Curioso, novedad, a los Médicos, triunfos, a sus Émulos, desengaños, y a todos elogios. Y por último, encontrará cada uno lo que más fuere de su genio, porque es libro para todos, ofreciendo a cada uno lo que desea, con que aplique la vista de su inteligencia a las luces de la Obra, como lo dijo Ovidio:
Quid moror, & variis onero tua pectora causis?
Eminet ante oculos, quod petis, ecce tuos.
Ap. Lag. tom. 2. col. 1561.
Quien dice elogios no puede publicar yerros, y así no descubro en esta erudita Obra ninguno, que se oponga a los Dogmas de nuestra Santa Fe, buenas, y loables costumbres, antes sí arreglado según las nuevas Pragmáticas en estos Reinos promulgadas por Nuestro Rey, y Señor Don Felipe V (que Dios guarde). Así lo siento, salvo meliori, en este Convento de Descalzos de la Santísima Trinidad, en 6 de Agosto de 1731 años.
Fr. Antonio de la Santísima Trinidad.
[ #i6 - hoja 9 recto a hoja 12 recto, o páginas iniciales 17-23 sin numerar ]
Licencia del Sr. Juez.
El Lic. D. Gerónimo Antonio de Barreda y Yebra, Canónigo de la Santa Iglesia de Sr. Santiago de Galicia, del Consejo de Su Majestad su Inquisidor Fiscal en el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de esta Ciudad de Sevilla, Superintendente de las Imprentas, y Librerías de dicha Ciudad, y su Reinado. Doy licencia para que se pueda imprimir, e imprima un Tratado, su Título: Triunfo de la Regia Sociedad Hispalense, y Diólogo de Medicina, su Autor D. Juan José García Romero, Presbítero, natural de esta Ciudad, atento a no contener cosa contra nuestra Santa Fe, y buenas costumbres, sobre que de comisión mía ha dado su Censura el M. R. P. M. Fr. Antonio de la SSma. Trinidad, del Orden de Descalzos de la SS. Trinidad, y Cronista de su Religión, con tal, que al principio de cada uno que se imprima se ponga dicha Censura, y esta mi Licencia. Dada en Sevilla, en 7 de Agosto de 1731 años.
Lic. D. Gerónimo Antonio de Barreda y Yebra
Por su mandado
Matías tortolero, Escrib.
[ #i7 - hoja 12 vuelto, o página inicial 24 sin numerar ]
Aprobación del Fr. D. Pedro Andrés de Velasco, del Hábito de San Juan, Capellán Mayor de dicho Convento, Maestro en Artes, Doctor en Sagrada Teología, Visitador Eclesiástico de las Encomiendas de Alcolea, Tozina, Robaina, &c.
Siempre he creído a Vmd. mi amigo; pues ab incunabulis jamas nos hemos apartado, ni ha experimentado nuestra cariñosa correspondencia el menor resfrío de una quejilla: Quería uno lo que el otro quería, y lo que era aborrecible al uno era detestable al otro: Eadem velle, & eadem nolle, ea demum firma amicitia est. S. Hier. Ep. 8. ad demetriadem. Ahora me da Vm. el último seguro de nuestra amistad, manifestándome el secreto de su Obra antes de darla a la Prensa, y en esta fineza me franquea su amistad un tesoro de notable aprecio: Qui effudit libenter amorem quod retinere non nobit: qui aperit animum, aperit, & thesaurum. Sim. Cass. 15. de Jux Chri. cap. 6. Me manda Vm. que lo vea, y le diga si podrá darla a la Estampa, a alguno erradamente creyera, que no se asentaba en fiar el dictamen de la Obra al que la mirara por el colorado cristal del cariño, sin reparar, que tal vez tiene la verdadera amistad reprehensiones, y jamás usa del adulación: Habet vera amicitia non numquam abjurgationem, adulationem numquam. S. Bern. Ep. 242. Puedo en este papel, que se dirige a la Sociedad de Medicina, constituirme Médico del escrito por amigo del Autor, imponiéndole dieta en las palabras, y recetándole minorativas en excesos, porque ser dulce un amigo, es faltar a las leyes de verdadero: Ecce qualis est amicus fidelis. Medicamentum vitæ Ecc. 6. Ordinat istam vitam; officium assumit medici, verus amicus, diætam anoxiis imponit, purgat verbis, & asper sepe videtur, dulcis in malis semper amicus non dicitur verus. Sim. Cas. De Jux. lib. 15, cap. 11. Esto fuera si el tratado estuviese enfermo, o padeciese algún pecante vicio; pero estando sano no tiene necesidad de Médico: Non est opus valentibus Médico, sed male habentibus. Math. 9. 12.
He visto el Papel todo, y en todo él no encuentro cosa, que disuene, porque todo está muy concorde desde el primer punto hasta el último, alabo la aplicación de Vm. y que se haya alejado tanto del perjudicial vicio de la ociosidad, enfermedad tan perjudicial, que se compara con la perlesía: Per hominem paraliticum intelligitur quivis ociosus. Dionys. Car. in Luc. 5. 24. art. 3. En todos los Cristianos es buena la aplicación al trabajo, y el estar siempre bien entendidos, para que el común Enemigo los halle siempre ocupados: Fac semper aliquid operis, ut te diabolus inveniat occupatum. S. Hier. Pero en los Sacerdotes debe ser continuo el trabajo, y el estudio. Y ojalá, ojalá le imitaran en esto otros muchos, que así estuvieran bien entretenidos, y no se hicieran dignos de la enfática pregunta por estarse de plantones todo el día en la calle, o en la plaza: ¿qué hacéis aquí todo el día ociosos? Quid statis hic tota die ociosi? S. Math. 20, 6. Siempre me ha admirado ver a no pocos de nuestro estado en un continuado ocio.
Infiero de haber leído la Obra, que mientras Vm. ha escrito no se ha estado ocioso, y más cuando se ha aplicado a tan diversas facultades, y tan distintas materias, que para cada uno se necesitaba sin duda tratado aparte, que el tratar de muchas cosas, y disputar de muy diversas, nos pone la Escritura para conocer la abundante, y difusa sabiduría de un Salomón: Et disputabit a cedro super lignis usque ad hyssopum quæ, egreditur de pariete. Reg. libr. 3, cap. 4, vers. 33. Pero ¿qué mucho, si recibía del Cielo la sabiduría, y además ponía de su parte, trabajando con ella? Señor, dame sabiduría (decía) no para estarme parado, sino para que trabaje conmigo: Mitte illam de Cœlis sanctis tuis, & a sede magnitudinis tuæ; mecum sit, & mecum laboret. Sap. 9. 10.
Hasta aquí tan solo me he divertido en repasar los nobles cimientos de nuestra segura amistad, y nuestro antiguo cariño, y dando más adelante un paso, me he gloriado con lo bien que ha empleado mi amigo el tiempo en tan lúcido trabajo. Paso a dar mi dictamen, en orden a la impresión: Puede Vmd. imprimirlo, y me parece este dictamen juicioso: doy el fundamento. Haber trabajado hasta escribirlo, ha sido para él logro propio, entregarlo al público, es darlo para beneficio de otros; y como es un dictamen canonizado, que es mejor dar, que recibir: Melius est dare quam accipere. S. Paul. vide ubi. De aquí me persuado, que ha hecho Vmd. bien en haberlo estudiado; pero que será lo mejor el imprimirlo, cuando no nos moviese a la comunicación bizarra el alto ejemplo de lo divino, nos enseñará el suelo fructificar para la utilidad de los otros: Quod si difficile tibi putas obomo magnificentiam, divinæ larguitionis imitari, faltem ea quæ deorsum sunt & in pedibus tuis intuere. Offertu fructum sicut terra; nolli ese deterior insensibili elemento: Illa enim fructus, quos affert, non suis usibus vindicat; sed tuis ministrat obsequies. S. Ambr. 5, 81.
No hay puerta más licenciosa, que la de la amistad para entrar a decir lo que se siente, y puesto en el umbral, digo, que no me admira el que Vmd. u otro cualquiera sea consumado en una facultad, ni menos me espanta el que Vmd. hable con tan extensa noticia en todas facultades. Daré la razón. Es público lo aficionado, que Vmd. es a las letras; pues puedo decir, como todos los que conocemos a Vmd. que siempre que le buscamos le hallamos con los Libros. A esta aplicación se sigue el que Dios nuestro Señor le ha dado a Vmd. un entendimiento cuasi Agustino, con que ni espanta el que Vmd. sea consumado en una facultad, ni admira el que escriba con noticia de todas. Si Platón viviera, alabara a Vmd. como merece. Dice en el libr. 16, de Regno, que los Sacerdotes deben estar adornados de muchas ciencias, porque como son muchos los ignorantes, y los Sacerdotes son tenidos por sabios, unos logren, en fin, de enseñar, y otros el de aprender. Añade a esto, que fue costumbre de Egipcios, y Atenienses, en unos elegir por Rey al Sacerdote más sabio, y en otros al Sacerdote por Senador. Con que bien puedo decir con Platón, que si Vmd. no necesita de corona, porque la tiene, merecimientos tiene de una toga Sacerdotal. Sigue Aristóteles a su Maestro Platón en el libr. 7, politic. cap. 9, dice, que el Sacerdote debe estar adornado de ciencias, y que no se ocupe en Labrador, ni a Artífice de oficios mecánicos: Ait enim, Aristoteles, quisque Sacerdos est deputandus, neque Agricola, neque Artifex, neque vilium exercitiorum. Esto decía un Gentil de los Sacerdotes del Gentilísimo, ¿qué diremos de los Sacerdotes de la Ley de Gracia, que se ejercitan en estos oficios? Que se les dé el premio, que dice Aristóteles. Que no los honren como a Sacerdotes, sino como tales en su oficio, y que no les paguen diezmos; antes sí, que los paguen por ser Labradores: Neque bonos, neque impensas accipiant. ¿Y para los Sabios? De la sentencia que da Aristóteles a los Sacerdotes ignorantes se infiere el premio para los Sabios. Honra, estimación, y diezmos, justo premio a tanto trabajo, y aplicación, que no se deslisa en lo Cristiano, y político; bien lo merece: Así lo siento, salvo meliori, en mi Estudio, a 15 días del mes de Junio de 1733 años.
Doct. D. Fr. Pedro Andrés de Velasco.
[ #i8 - hoja 13 recto a hoja 15 recto, o páginas iniciales 25-29 sin numerar ]
Aprobación del Doctor Don Juan Bartolomé González Moreno, Médico Socio, Ex-Conciliario, asímismo nombrado por el Rey Nuestro Señor (que Dios guarde) por Médico de los Reales Ejércitos en el Campo de Gibraltar, a Don Juan José García Romero, Presbítero, Autor del Libro.
AMIGO,
No hay cosa más aborrecible para los hombres, que es la Justicia, ni cosa que más quieran, pero no por su casa: habiendo leído en justicia (no como amigo) la Obra ingeniosísima que Vmd. ha compuesto, digo, que serán estas las primeras bodas que se hayan celebrado entre la amistad, y la justicia, porque ésta rara vez mira respetos humanos, y la amistad no le mira con buenos ojos; pero no en este caso. Celébrense, pues, y sea viva señal lo que dice el Profeta: Justitia, & pax osculata sunt. Psalm. 84. No sé por dónde comience a alabar ingenio tan profundo; pues tocando en todas facultades, se halla consumado, siendo Maestro en todas: ¡Válgame el Espíritu Santo! si en esta ocasión no me diera el cap. 39 del lib. Eclesiástico respuesta para elogiar tan de justicia al Autor: Sapientiam omnium antiquorum exquiret sapiens. Cómo se verifica en el Autor esta sentencia; pues con su elevado ingenio profunde la sabiduría de los Sabios, y la recopila desde Adán hasta los siglos presentes, bebiendo como cuidadosa Abeja la dulzura escondida de los textos: Oculta proverbiorum exquiret. Para manifestar a los grandes ingenios su habilidad: In medio magnatorum ministrabit, no deja cosa, que lo veloz de su entendimiento no transcienda aun en lo más remoto, ni operación en el viviente, que no registre: In terra aligeniorum gentium pertransiet: bona enim, & mala in hominibus tentabit. Cuando leo lo que trata de Medicina me elevo, y cuando toca la Lira Historial, me duermo al dulce tañido de sus noticias. Es tan extensa la facundia, que usa, que digo con Plinio, libr. 2, Epist. 3, Narrat aperte, exornat excelse, postremo tocet, delecta, afficit, summa est facultas, copia ubertas. No tiene letra que no sea una sentencia, o por mejor decir, nunca se verificará, que no dice sentencias, sino es cuando calla, o no escribe, porque si usa alguno de los dos medios, se verifica lo que dijo Casiodoro, lib. 6. de Div. lect. cap. 16. Nihil vacat ab utili doctrina, nisi cum silet. Oisi nunquam vacares atalibus (digo yo) pues con el encanto de tales conceptos se enajenan los entendimientos mas sutiles. Y echando el fallo de mi parecer con San Agustín, Epist. 87. de utilitate. Tamen utiliter ate conscriptum eundem librum satis aprobamus. En mi Estudio. Sevilla, y Agosto 10 de 1731 años.
Doct. D. Juan Bartolomé González Moreno.
[ #i9 - hoja 15 vuelto a hoja 16 vuelto, o páginas iniciales 30-32 sin numerar ]
✠
Décimas al triunfo de la Regia Sociedad:
Escribíalas un Ingenio Sevillano muy afecto del Autor
Es esta Obra su Autor
tan sutil ha discurrido,
que el lauro de haber vencido
le laurea vencedor:
No sin discreto primor,
hijo de su habilidad,
descubre a la Sociedad
su Erección, y Fundamentos,
dándole a sus lucimientos
una Regia autoridad.
Nace en Campos literarios
de la noble Facultad,
una Regia Sociedad,
que se compone de Varios:
Oponiéndose contrarios
a las falsas opiniones;
aplicando curaciones,
para que el Morbo letal,
convencido por venial,
se moderen sus pasiones.
Hoy, que del Libro a la ansia
le da el Autor elocuencia,
lo profundo de su ciencia
discurre con elegancia:
Es de su ingenio arrogancia,
que acredite la memoria,
para triunfo, lauro, y gloria,
que la Sociedad lucida
fue al principio perseguida;
pero luego de victoria.
Siempre se debe aplaudir,
con triunfante bizarría,
al que con soberanía
sabe el triunfo conseguir:
Esto se llega a advertir
en este nuevo Tratado;
pues dice el adverso estado
en que se halló esta Hermandad,
viéndose (aunque en Sociedad)
cada Socio separado.
¿Qué mucho a ser laureada
la Sociedad se anticipe,
cuando del Quinto Felipe
hoy se ve patrocinada?
Esta fue en todo aprobada
por Privilegio Real:
luego el Autor, sin igual,
de su idea en el conjunto,
evacua el presente asunto
con valentía triunfal.
Mártires, y Confesores,
Papas, Obispos, y Santos,
y muchos, que por ser tantos,
de esta Ciencia Profesores:
Siendo también defensores,
Doctores de la elocuencia;
del Máximo es sentencia,
y del Egregio Doctrina,
que sola la Medicina
contiene en sí toda ciencia.
Con industria peregrina,
los Reyes, y Emperadores,
practicaron superiores
la célebre Medicina:
Luego con sutil Doctrina,
el Autor aquí confiesa,
que el que a ser Médico empieza,
mientras más en ciencia crece,
más su persona ennoblece,
pues es Arte de Nobleza.
Los Físicos, que bien curan,
con estudiosa aptitud,
para indultar la salud,
desterrar el mal procuran:
Luego aquí bien se aseguran
los curativos honores,
que este Autor, con sus Autores,
cita en su Triunfal idea:
para que así el Orbe crea,
que es Médico, entre Doctores.
Con Físicas novedades,
experiencias bien notorias,
dejando satisfactorias
las ocultas cualidades:
Descubriendo propiedades
de sustancias, y accidentes,
de causas, y sus agentes,
de acción, y generación,
y también definición;
en común de todos Entes.
Dice la definición
de natural simpatía:
Tu substancia con la mía
ha de tener proporción:
Si niegas esta opinión,
a la substancia dejas
como corcho sin Abejas,
que jamás pueda labrar
la cera, para alumbrar
la cualidad en tinieblas.
Varias proposiciones
confuta con vigilancia,
y con el Texto afianza
las seguras opiniones;
En todas las ocasiones,
que escribe contra Gazola,
con una palabra sola
reduce un silogismo,
destruyendo el Barbarismo
desde los pies a la Gola.
Magnífica Arquitectura
descubre este Tratado;
y el Autor ha trabajado
lo bastante en la Escritura:
Con Doctrina muy segura
de corrientes opiniones;
omitiendo las cuestiones
mal sonantes a la idea;
para que en todo se vea,
que huye de las ficciones.
Teje con tales primores
una guirnalda lucida,
para dejar aplaudida
la Sociedad de Doctores:
Escogiendo de las flores
de la literal Floresta
la Doctrina más honesta,
el concepto más extraño,
y por fin, un desengaño,
y al Orbe lo manifiesta.
De Isaías al tercero
Capítulo de su Historia,
en él está la memoria
para el siglo venidero:
El Autor con verdadero
sentido, e inteligencia,
probando, que la ciencia
de la noble Medicina,
de Monarcas se origina,
es del Texto la evidencia.
[ #i10 - hoja 17 recto a hoja 37 recto, o páginas iniciales 33-37 sin numerar ]
Prólogo
Varios son los motivos, que los Escritores tienen para escribir sus obras: unos dicen, que son mandados, que les han pedido dicen otros; tal vez algunos llevados de su proprio amor, quieren tener con sus Escritos el nombre, y aplauso popular, otros la ignominiosa venganza de la pluma contra sus Émulos: unos el fin de enseñar, otros el de convertir; y por no llenar la plana de los objetos, que los escritores han tenido, pasaré a declarar el mío, no habiéndome pedido, ni mandado, que escriba el Triunfo de la Regia Sociedad, y Dialogo de Medicina. Moviome a este corto trabajo, el ver, que las cenizas de los Socios Regios trofeos de la noble facultad de la Medicina yacen sepultadas en los Panteones del olvido; y para sucitar esta memoria, es precisa la narrativa verídica de su primer ser en su fundación, principio, medio, y aumento, cuyo triunfo consta de todas tres partes. Declarando en el Dialogo triunfos de la Ciencia Médica en común para sus Profesores, y en particular para los Socios, cuyo asunto es el Triunfo de la Regia Sociedad, explicando su creación, y por quien las operaciones que hubo para el exterminio de la Sociedad, en el medio, y el aumento que hoy día tiene. Por los honores, rentas, y privilegios, que el Rey, y Señor Don Felipe V (que Dios guarde) se ha servido de conceder a sus Socios, informado de su Real Proto-Medicato, y de su Real Consejo, del estudio, vigilancia, aplicación, y celo, con que los Socios Sevillanos trabajan en las doctrinas modernas, y Anatomías en cadáveres de racionales, y animales irracionales vivos, en las conferencias septenas, y experimentos espagíricos, llevando siempre por norte su mayor adelantamiento en su facultad, refundiéndose este en el bien común, como por experiencia se verá. Protesto, que todo lo que dijere de la Fundación de la Sociedad, y demás progresos, consta fielmente de Autos primordiales, que hoy existen en la oposición de su fundación, reduciendo la obra a tres breves asuntos: Histórico, Apologético, Panegírico, y en ellos probaré con diversos Autores, y textos, así sagrados, como humanistas, los privilegios, e hidalguías, que los Reyes han concedido a los Profesores de la facultad de Medicina.
[ #i11 - hoja 19 vuelto a hoja 20 recto, o páginas iniciales 38-39 sin numerar ]
Fe de erratas
Parágrafo 20. pag. 50. lin. 22. elperan, lee esperan.
§. 26. pag. 68. lin. 30. Arte Poetica, lee Arte Poetico.
§. 28. pag. 72. lin. 12. Sen. lee Seht. & lin. 17. Sen. lee Seht.
§. 30. pag. 76 lin. 21. Mathasthenes, lee Magastenes Persa.
§. 41. pag. 113. lin. 20. y segun la nuestra cuenta, lee, y segun la nuestra.
§. 42. pag. 126. lin. 24. per intum sumtionem, lee per intus sumptionem. Et pag. 127. lin. 14. per intum sumtionem, lee per intus sumptionem.
Pag. 124. lin. 31. mas debil, lee mas fuerte.
Pag. 131. lin. 5. a cumpllr, lee a cumplir.
Pag. 137. lin. 12. poner poner, lee poner.
Pag. 142. lin. 28. indisposicin, lee indisposición.
Pag. 143. lin. 23. sin emhargo, lee sin embargo.
Pag. 144. lin. 14. ahirse, lee abrirse.
[ #i12 - hoja 20 vuelto, o página inicial 40 sin numerar ]
Capítulo I.
¿Qué es Sociedad, y su Fundación?
§. I.
Muchos trabajos, y calamidades padecen algunos, que le sirven de escalones para subir al Trono. ¿Quién le dijera a José, habiendo sido arrojado por sus hermanos en la Cisterna, y después vendido a los Ismaelitas, que había de subir al Trono Real? ¿Quién le dijera al Emperador Justiniano II que después de haberle sus Enemigos cortado las narices, y orejas había de subir, como subió a su Real Trono? ¿Quién a Falerio, que por una estocada, que le dieron por el pecho, había de arrojar una apostema, que tenía en él, y quedar sano? ¿Quién dijera, que la Sociedad Sevillana, habiendo padecido tantas injurias, oído tantos oprobrios, desacatos, y menosprecios, había de llegar a triunfar de sus Adversarios, y sentarse debajo del nombre de Solio Regio? Lo dirá cualquiera, que sin pasión mirare lo que estudian en su facultad Médica en las Doctrinas, así Galénicas, como Espagíricas, en sus Actos literarios, confutando los Socios con sus escritos muchos errores antiguos, trabajando incesantemente en el Arte separatorio, haciendo anatomías en Cadáveres de Racionales, y de Irracionales. Esta es la Sociedad, trabajar; y si atendemos a su significado rigoroso, Societas es lo mismo, que aquella Compañía, que se junta a trabajar, conviniendo el nombre con los hechos, como dijo el Poeta: Conveniunt rebus nomina sæpe suis. Pero veamos cómo la define el Angélico Doctor Santo Tomás: Opusc. contr. Relig. impugn. cap. 5. est ad unatio hominum ad aliquid perficiendum. Es una junta de hombres para perfeccionar cualquier obra; y pues ya tenemos la Junta, y sabemos para qué se congregan, vamos a indagar el motivo, que tuvieron.
§. II.
El año de 1696 los Doctores del Claustro Médico de la Ciudad de Sevilla, estaban en concordia con los Médicos Revalidados, dejándose presidir en todos Actos prácticos de los Revalidados más antiguos. Rompieron esta paz los Doctores, atribuyendo la ciencia, y por consiguiente la presidencia al grado de Doctor. Trabose la batalla, y por no correr sangre, sino tinta, se comprometieron con sus alegatos a términos judiciales: sentenció D. García Bazán, Presidente de la Real Chancillería de Granada, a favor de los Médicos Revalidados. Con este Auto ganado, dividiéronse los Bandos, y por consiguiente las voluntades, y de estas enemistades gravísimos inconvenientes; porque si uno citaba para una Junta, el otro no quería ir, y esto servía de perjuicio para el enfermo, no se estudiaba sino en escribir papeles, y sátiras, unos contra otros. Viendo los Revalidados, que las cosas iban en mal estado, y crecían las contiendas, uno de ellos conspirándose con superior influjo; y se puede creer del celo, estudio, y aplicación, como es la del Doctor Don Juan Muñoz y Peralta, Fundador, y Presidente de la Regia Sociedad de Sevilla, Médico de Cámara de las Reales Majestades (que Dios guarde) sujeto de gran ciencia, como su fama lo publica. Este Doctísimo Aquiles, llevado del celo, y honra de la facultad, motivado de los antecedentes, intento fundar esta Sociedad, viendo, que no faltaban nuevos encuentros todos los días, y como solo no podía defenderse de sus Adversarios, por ser él el blanco de sus iras. El año de 1697 se juntaron el Doctor Don Juan Muñoz y Peralta, D. Alonso de los Reyes Farmacopola, el Doctor D. Salvador Leonardo de Flores, el Licenciado Don Juan Ordoñez de la Barrera, Presbítero, Médico, Cirujano de la Serenísima Reina Doña Mariana de Austria, y el Licenciado Don Gabriel Delgado, Médico, Cirujano, estos cinco Varones Excelentes en ciencia, y experiencia (como sus Escritos lo dicen) con deseos de alentarse cada uno en su facultad, viendo, que los Autores modernos espagíricos, traen el método curativo más suave, y más primoroso, que los antiguos, se convinieron en juntarse todas las noches en casa del Presidente, y alternativamente tomar puntos, y leer media hora, y la otra de argumento, y después conferenciar sobre la enfermedad, que cada uno curaba, y lo que se ignoraba, con este estudio se aprendía: A este trabajo se seguía precisamente el premio. ¿Cuál sería este premio? Veré si lo encuentro en el cap. 14. de Esdras, lib. 4. fol. 517. Altissimus dedit intellectum quinque viris: Et scripserunt quæ dicebantur, excessiones noctis quas non sciebant. Dice, que dio el Señor entendimiento a cinco Varones, que conferenciaban de noche, y que después escribían para aprender, y seguirse por aquellos pareceres. Esto mismo ejecutaron los Socios, unos en Anatomía, otros en Botánica, o en la Mineral, Vegetal, y Animal. Verdaderamente, que para estudiar en todo lo referido, era menester mucho entendimiento, y trabajo; pero viendo Dios, que estos cinco Varones se ayudaban de su parte, poniendo el trabajo, quiso hacerles la costa, dándoles luz para con más claridad dirigiesen sus pasos al bien común, y ejercitasen la caridad con el prójimo, posponiendo todo interés particular al bien común.
§. III
Hicieron los cinco Varones sus Ordenanzas, y la primera fue invocar por su Protector, y Patrón al Espíritu Santo, tercera Persona del Inefable Misterio de la Santísima Trinidad, llamándole con inflamados afectos de caridad Cristiana: Veni, Pater pauperum, veni lumen cordium. Pidiéndole auxilio para su mayor acierto, luz para no errar en sus estudios; y así lo pintan estos devotos Socios en figura de candidísima Paloma, con el Mote:
Sub umbra alarum tuarum protege nos.
No fueron bastantes los afanes, y trabajos referidos a enfriarles la devoción a los Socios; pues a expensas de sus pobres bolsas, impusieron todos los años Fiesta al Espíritu Santo, un día de los que celebra la Iglesia con Sermón, y Misa, asistiendo a este Acto devoto toda la Sociedad. En los Actos literarios, concurriendo todos con sus expensas para su mayor lucimiento, en los pleitos, que le pusieron, por ser natural la defensa, gastando de sus casas: Y en fin, desde el año de 1696 hasta el de 1728, que son 32 años, ha estado gastando la Sociedad, sin tener más ayuda, que la que le suministraban sus propios Adversarios: registre ahora el Lector, esta causa, y senténciela toto rigore justitiæ, mientras paso a declarar el segundo Capítulo.
[ páginas 1-4 ]
Capítulo II.
En que se declaran las persecuciones, que tuvo la Sociedad en su Fundación.
§. IV.
¡Qué bien se hallaba sentada la ignorancia en la Cátedra del descanso, con su vendo en los ojos, limpiándose las cataratas de su insipiencia! Todo cuanto oía era una dificultad, todo lo que le preguntaban ignoraba, y si le decían, respondía, que eran hechizos, o Arte Mágica de la Sociedad; si la oprimían con razones Filosóficas modernas, se arrojaba en el pozo de cualidades ocultas, si le amonestaban con razones parciales, y de amistad, decía, que primero ella, que todos; y decía bien, porque solo por ella dijo el Espíritu Santo: Stultorum numerus infinitus est. Ella sola es la que quiere dominar en el Mundo; pero se halla abatida, quiere edificar, y se ve arruinada, quiere batallar, y se ve vencida, quiere subir, y se ve caída, quiere argüir, y se ve convencida: y en fin, como ignorante, pretende cuantas cosas hay en el Mundo, no teniendo otro logro que buscar, que la clase de sus hijos los ignorantes, donde vive, y vivirá hasta la fin del Mundo con el aplauso de los necios sus Secuaces.
§. V.
He visto diversas veces los Actos de los Apóstoles, y veo los crueles tormentos, que los Judíos, y Gentiles les han dado. He registrado los Martirios de las Vírgenes, y Mártires, y a unos le son dados, porque no confiesan los Ídolos por Dioses verdaderos: y a otros, porque confiesan a Jesucristo, negando los Dioses falsos, y unos, y otros mueren por la verdad: Christus id est veritas. Todos los que decimos la verdad, si es entre Infieles, nos quitan la vida: ¡tal me suceda! Si es entre Cristianos nos quitan la honra, si es entre Animales no nos pueden tragar. Oigamos a San Gerónimo: Præfatio in Jonam. Dice el Santo, que como el Profeta decía verdades, le llamaron los Hebreos Amathi, que es lo mismo que verdad; pues lo mismo fue caer al Mar, y la Ballena tragárselo, que a los tres días sintió que tenía la verdad; no lo pudo digerir, y lo arrojo a la tierra: Evomit Jonam in aridam. Jonás cap. 2, fol. 872. Y si en la inmensidad del Mar, con la innumerable multitud de vivientes, no cabe la verdad, ni la puede digerir, ¿qué será en la tierra? Pues haré oídos de Mercader, y si no me pudieren digerir en la tierra, ni en el agua, con que me arrojen al Puerto donde se conozca la verdad, quedaré libre.
§. VI.
En el §. antecedente hago cargo al Lector de las persecuciones, que padecen todos los que dicen verdad. Es obligación precisa a todos los que escriben decir la verdad desnuda no con ropaje paliado, porque entonces se verá con la mortaja de la adulación, representando dos caras, una que parece viva, y otra difunta. Detestable cosa es tener dos caras, o dos lenguas, como dice Salomón: Os bilinguæ detestor. Y así lo mejor es seguir la verdad con una cara, y una lengua. Todo el que es injuriado le es lícito el defenderse, el referir las ofensas no es defensa, pero es declarar el motivo, y justa razón, que hay para defenderse. Quéjase la Sociedad de sus Adversarios: Válgame Dios, ¡qué amargo se hace el referir lo que a otros fue de dulzura! De los dicterios, que su pasión refería en los Estrados, Plazas, y Comunidades, diciendo:
“Que el Conciliábulo de los Médicos Espagíricos usaba de Medicinas venenosas, y que los que no morían luego, dentro de seis meses morían; y si por variación de las casas llamaban a los del Bando contrario, la primera pregunta era, si ¿se había curado con algún Socio? Y si decía, que sí, no le aseguraba; y si de facto moría, el recurso era tomar la Iglesia de los medicamentos espagíricos, y publicar que ellos habían muerto al enfermo; llegaron a decir, que eran Cismáticos, que seguían a los Herejes, Inventores de ciencias no conocidas en este País, que se pasaban de consentidos a atrevidos, haciendo Ordenanzas sin el consentimiento del Consejo Real.”
Cogita verunt, & locuti sunt nequitiam, iniquitatem in excelso locuti sunt. Psalm. 72. Y con esta calumnia promovieron a los Señores Oidores de la Real Audiencia, para que diesen auto contra los Socios, que respecto, que en estos Reinos está mandado por Su Majestad que en las Universidades, y demás Colegios, no se lea, ni se aprenda otra doctrina, que la de Aristóteles, Galeno, Hipócrates, y que los Socios con mera autoridad suya se habían apartado, protestándola, y condenándola. Oído este informe (sin citación de parte) por los Oidores, dieron cuenta al Consejo Real, quien pidió informe al Real Protomedicato, el que llamo a un Socio, y preguntado dijo:
“Que la Doctrina, que seguían era la Espagírica, que esta no era nueva, que quien la practicó en Egipto fue Hermes Trismegisto por los años de 2454, y Demócrito la aprendió de los Egipcios, y la llevó a Grecia por los años de 3537, que Hipócrates vivía, y dijo en el libro de Veter. Med. hablando de la Espagírica: Partim inventa, partim de incenps invenietur. Rafis, que fue por los años de 560, reinando en España Almanzor, usó de la Espagírica, que la trajeron los Sarracenos de Damasco por los años de 660. Albucasis usó de remedios Espagírocos, como también Avicena, el Arsénico, Sublimato. Mesué Escritor, y defensor de Claudio Galeno, uso la Química, que en suposición de lo referido, ni era nueva, ni la querían inventar, porque de olvidada al escrutinio del Estudio, parecía nueva, que los Autores más modernos, que seguían, era Teofrasto, Paracelso, Silvio, Emulero, la Filosofía de Gasendo, la de Cartesio, la Padre Maignan.”
En vista de la fecha información por el Real Protomedicato al dicho Socio, y otros, dio su parecer al Consejo Real, diciendo, que no tan solamente eran buenas las doctrinas, pero muy provechosas para el bien público, el cual visto por el Consejo, informo al Señor Carlos Segundo, y Su Majestad aprobó, y constituyó la Academia Regia triunfante de sus Adversarios.
§. VII.
Manifestose el Real Decreto ante los Caballeros Veinte y cuatros, y Jurados de esta Nobilísima Ciudad; y aunque estaban impuestos de lo contrario, no se pudieron negar a dar el debido cumplimiento, no con poco sentimiento de los Adversarios, demostrando en los labios lo contrario que sentía su corazón, y rompiendo la valla de lo político, pasaron a decir tales injurias, y oprobrios, que si alguno está aguardando a que yo los refiera, espera en vano, y así busque un hombre Gentil, o que viva como Gentil, que los escriba. Con esta nueva Lid estaban los pobres Socios muy contristados, sin saber qué hacer con tanto como oían decir todos los días; pedían a Dios, como dice Esdras, cap. 14. Da mihi Domine sensus inteligendi de his, quæ pertransent per nos quotidie. Luz para ver lo que hemos de hacer de tanto como nos sucede, ya en las casas con los enfermos, diciéndonos: Señor, ¿es Químico este medicamento? Porque si es, no lo quiero. En las Plazas, ¿cómo va de pleito? En las calles los encuentros no amigables, el habla de por fuerza, las juntas oposiciones, en las Comunidades todo artículos, y réplicas, las Señoras en los Estrados las hablas tributarias al sexo femenil: Unas: Más quiero morir desangrada, que no de ahogada. Otras: Ustedes los Químicos curan a boca de cañón, y por la paciencia con que sufrían, permitió Dios su triunfo, y mayor adelantamiento, como se verá en lo que fuéremos escribiendo.
§. VIII.
No fue bastante la aprobación dada por el Consejo Real para mitigar la pasión enfurecida de los Adversarios; antes sirvió de estimulo a su desenfrenada envidia, diciendo: Que la Sociedad era Conciliábulo de Zoilos, que la Química la había inventado el Demonio, que los Autores, que escribían de sus operaciones, eran todos Herejes. Atienda el Lector a las proposiciones, que llenas de pasión están: Lo primero, porque ya queda dicho quien la practicó, que fue Hermes: Lo segundo, que siendo el Demonio tan especial Enemigo de nuestras almas, y cuerpo, no había de inventar un Arte segura, y saludable a nuestra naturaleza, como consta de su definición, y de las experiencias, que vemos, la define el Doctísimo Juan Vegino en el cap. 1. de Tirocinio Químico de esta forma: Chimica est ars corpora naturalia mixta solvendi, & soluta coagulandi ad medicamenta gratiora, salubriora, & tutiora consignanda. Ríome mucho, y no he de creer, aunque me lo digan cuantos Claustros literarios hay, que el Demonio haya inventado Arte, que sirva de tanto provecho a todo el género humano: Además, que no todos los Autores, que la han escrito, y seguido, son Herejes, sino muy Religiosos, y devotos Cristianos, como son San Alberto Magno, Raimundo Lulio, el Padre Atanasio Kircher, el Padre Cabeo, Marsilio Ficino, Alberto Begit, y el P. Esteban Natal, Jesuita: Et allii infiniti, con Maignan. De los Seculares, son: Cartesio, Gasendo, Legran, Romain, Etmulero, Silvio, Wilis, Doleo, Junken, Juanini, Paracelso, Verulamio, Juan Bautista Van Helmont. En estos Seculares fundan los cimientos de su algazara, llamándoles Herejes: concedo, que lo son, y pregunto: ¿Qué conexión tiene el escribir de Química, Matemática, &c.? con ser Católico Cristiano, puede uno ser Católico Cristiano, y no saber ciencia alguna, y puede otro ser Hereje, y saber Medicina, y pintar: Si este Hereje fuera Excmo. Pintor, y vendiera una Imagen de MARÍA Santísima muy devota por cien pesos, ¿reparará ningún Católico en que la había pintado un Hereje? No, porque lo que yo compro es la Imagen, no su Ley, ni Sectas falsas: Con que si un Hereje es gran Médico Químico, y este escribe Medicinas muy específicas, para aliviar nuestras enfermedades, y conservar la salud, ¿será Hereje cualquiera que lo siguiere? Pues cualquiera dirá, que no, porque una cosa es ser uno Católico Cristiano, y no saber una ciencia, y otra cosa es ser Hereje, y saberla.
§. IX.
Quiero destruir el Babilónico estruendo de los Adversarios, que dicen, que los Socios siguen a unos Herejes. Y pregunto: ¿A quién siguen éstos, señores? A Claudio Galeno, que floreció el año del Señor 141, siendo Emperador Antonino Pío. Fue Gentil, Español, Gallego. Este después de largas peregrinaciones vino a Nápoles, y allí escribió, 130 libros, y siempre que lo hacía consultaba con el Demonio, por la gran familiaridad, que con él tenía; y así sus obras están llenas de blasfemias, y herejías: vivió 140 años, murió en la Ciudad de Ferma en Egipto. Argais en la Población Eclesiástica, fol. 301 & Bratuti. No digo nada del Viejo Hipócrates, Avicena, y todos sus Secuaces, siendo infestados del Judaísmo, y Secta Mahometana, y al que tanto alaban, Aristóteles, siendo Gentil, Idólatra, Nefando, y sus obras con mil desatinos, y herejías, vea el Lector a quien figuen, motejando a los Socios, que siguen a los Herejes; y si les preguntan, que cómo siguen a unos Gentiles, dirán, y dirán muy bien, que ellos lo siguen en cuanto a lo Médico. Pues ita similiter los Socios, y así para triunfar de sus Adversarios basta lo referido.
[ páginas 5-11 ]
Capítulo III.
La defensa que hizo la Sociedad contra sus Adversarios.
§. X.
Ya por aquel tiempo iban algunos conociendo la verdad a costa de evidencias; y así con grandes ansias, y deseos de aprender, pidieron, que los recibieran muchos Médicos Quirúrgicos, y Botánicos, Farmacéuticos, muchos Maestros de varias Religiones, y como la Sociedad no llevaba otro fin, sino que su Doctrina creciese, como dice el Deuteronomio, cap. 32. Concrescat, ut pluvia doctrina mea, & fluat, ut ros eloquium meum. A todos los que hallaron beneméritos recibieron, cumpliendo con las Constituciones de la Sociedad. Viendo el Claustro Médico, que el Doctísimo Congreso Socio le podía servir de nube a sus literarios esplendores, volvieron cuarta vez a mover el eje de la pasión, escribiendo una Carta Circular a todas las Universidades, diciendo: Que coadyuvaran al exterminio de la Sociedad, o Tertulia, que novísimamente se había introducido en esta Ciudad, intentando persuadir a nuevas Doctrinas. ¿Quién creerá semejante necedad? Y así las Universidades no atendiendo a su pasión, sino mirándolo sabia, y discretamente, acordaron poner fin a esta contienda, escribiendo a varios Socios, para que pusiesen algún medio. Y sabido por el Doctor D. Andrés de Gámez, Médico de Su Majestad y Proto-Médico del Real Protomedicato, y Socio de la Regia Academia, escribió una Carta pacífica, con que apago los alterados ánimos; no esperando Carta de Juez, sino de amigo, para levantar el vuelo sobre el Coloso de su vanidad, tanto para demostrar por debajo de la pierna, como para enseñar con su diestra mano, no contentándose con el imperio de Juveniles Vades dando en el despeño de su prosperidad, como dice Salomón, Prov. cap. 32. Prosperitas stultorum perdit illos.
§. XI.
En este tiempo sucedió a nuestra España la lamentable pérdida de nuestro Rey, y Señor Don Carlos II, pero fue en breve reparada con la venida de nuestro Invicto Monarca Rey, y Señor Don Felipe V (que Dios guarde) por los años de 1702, hallándose la Sociedad en el auge de tanta ciencia, como Socios la componían, escribieron algunos para dar satisfacción de sus Doctrinas, en los libros que se figuen de Entitatibus manifestis, acasos de Don Ulises de Aldrobando, Escrutinio, Físico Médico, desempeño al Método racional de la curación de las calenturas, tercianas que llaman Notas. Antorcha Filosófica, Examen pacífico, Residencia piadosa, Clava de Alcides, Crisis Médica sobre el Antimonio, Triunfo del Antimonio: por no ser molesto no refiero más; pero esto solo bastaron a pacificar en parte.
§. XII.
El motivo que tuvieron los Socios Sevillanos para escribir estos libros, fue el defender por cuestión de su Escuela la opinión de cualidades manifiestas. Escribieron dos Doctores, uno, una materia que dictó a sus Estudiantes de cualidades ocultas, y en grado superlativo le llama probabilísima: Otro escribió un libro con sesenta Erotemas, a las cuales el modo de obrar le llama oculto, que vienen a ser de este modo: ¿Por qué el perro cuando hace la necesidad menor levanta la pierna, y no la hace sobre las cuatro columnas corpóreas, como los demás cuadrúpedos? Con esta provocación escribió en contra el Doctísimo D. Juan Ordoñez un libro, cuyo título es: Antorcha Filosófica, con el cual dio luz a las Cualidades ocultas. El primero Fundador, y Presidente de la Sociedad Don Juan de Peralta, escribió otro libro, cuyo título es: Residencia pacífica, con el cual confutó las cualidades ocultas. Don Miguel Melero, escribió, y el título de los Libros es: Examen pacífico, con los cuales examinó lo oculto de las cualidades, dejándolas manifiestas. Sobre estas dos opiniones fue esta Lid literal; y aún todavía no falta quien diga, que defiende la opinión de cualidades ocultas: Totis viribus. Pero con todo eso, lo que sabemos es, que 31 años hace, que Don Juan Ordoñez escribió 16 Erotemas, y Don Miguel Melero seis, conducentes a la opinión de cualidades manifiestas; y todavía andan por los Escritorios, sin haber dado respuesta; y lo que más es, que son cuasi todas en Medicina; y dice un Doctor, que la respuesta no conduce a la utilidad pública, ni para curar las enfermedades: y si se duda la respuesta de estas dudas, acaso ¿qué se pierde? Allegatio Apologetica, num. 195. Con que se infiere de esta respuesta, que cuando obra la fiebre maligna, y otros afectos, con cualidad oculta, acaso, ¿qué se pierde en que el enfermo se muera, por no conocer la cualidad, y por no conocer el modo de obrar oculto de los medicamentos? Y por consiguiente no aplicarlos, acaso ¿qué se pierde, ni qué utilidad se sigue? Despleguemos la bandera, que totis viribus quiero tenderla. La opinión de cualidades ocultas es probable, especulativæ, & Methaphificæ. La opinión de cualidades manifiestas es probable, practicæ, en sentencia del Eminentísimo Cayetano, lo que es muchas veces probable, especulativæ, practicæ no se puede seguir, ni probar; pues luego si la opinión de cualidades ocultas practicæ no se puede probar, luego ni especulativæ se puede seguir. Si esto es así atquid est? Seguir una opinión, que toda su fuerza está en quedarse ciegos. Desde luego sigo, y alabaré a los que siguen la opinión de querer ver, que por fin trabajan en una obra racional, que dará luz con el trabajo, y estudio, y no es imposible el conseguirlo.
[ páginas 11-14 ]
Capítulo IV.
Se declara Nuestro Rey, y Señor Don Felipe V (que Dios guarde) Protector de la Regia Sociedad, y triunfa de sus Adversarios.
§. XIII.
Ya, Sociedad, es llegado el tiempo, que triunfes. Tú, que eras el Escuadrón de la ignominia, serás la que enarboles el Estandarte triunfante sobre los muros de la envidia. ¿Quién te dio este triunfo? El sufrimiento. ¿Quién la nobleza? La humildad. ¿Quién el aplauso de docta? El estudio. ¿Quién el nombre por toda Europa? El trabajo. ¿Quién el premio a tus obras? El bien del prójimo. ¿Y quién por último, te ha dado la protección Real? Tus meritos. Pues canta la Victoria, y toquen las Marciales trompas, en dulces consonancias de Oboes, y Clarines; tu triunfo, que ya llega a besar la mano tu Presidente a Su Majestad (que Dios guarde) con Don Honorato Michelek, Médico Primario de las Reales Majestades, Socio meritísimo de la Regia Sociedad de París, y de la Regia de Sevilla; y asistiendo, y solemnizando esta entrada el Excmo. Señor Duque de Escalona, el cual sirviendo de Padrino, besó la mano a Su Majestad (que Dios guarde) el Presidente, y dio un Memorial, que su contenido explicaba los deseos, que tenía la Academia Sevillana, que Su Majestad fuese su Protector. Dignose Su Majestad de serlo para dar a entender al Orbe Español, que tanto en las letras, como en las Armas, se da Su Majestad por servido de cualquier adelantamiento, no escondiendo su liberal mano, para dar el merecido premio, mereciéndolo los Socios por su ciencia, y prudencia, que tuvieron en las adversidades, como dice el Profeta Ezequiel en el cap. 28, In sapientia, & prudentia tua fecisti tibi fortitudinem. Y el tener el Escudo fuerte de protección Regia, fue digno merecimiento de su ciencia, y sufrimiento.
§. XIV.
Firmó su Majestad (que Dios guarde) su Real Decreto, pasose al Consejo Real, quien lo envió al Real Protomedicato, el cual, aunque sabía lo provechoso que eran sus Doctrinas al bien común, no se pudo negar a las nuevas quejas, que el Claustro Médico de Sevilla daba, y las protestas, que hacía, y antes de dar su parecer, determinaron informar a su Majestad (que Dios guarde) del escándalo, y alboroto, que la Sociedad Sevillana había causado en todas las Universidades del Reino entre los Doctores Galénicos; y dando cuenta del hecho por extenso, se vio, que las Doctrinas eran buenas, confirmándose el Real Decreto a favor de los Socios, aprobando sus obras, y manipulaciones: y para que en adelante no hubiese más turbación, ni ruido, mando el Consejo Real, que no se admitiese petición alguna en el Consejo de estos Galenistas del Claustro Médico Sevillano, ni de otros semejante, poniendo perpetuo silencio, y pena de mil ducados a quien diese petición protestando lo acordado en favor de la Regia Sociedad de Sevilla y su Doctrina. Consta de una cláusula de la misma Cédula de la Real Protección, en que dice su Majestad (que Dios guarde) la mejor Filosofía, y Medicina experimental. Así llama su Majestad a su Sociedad, encargándole a los Socios, que promuevan los Profesores Médicos a seguir esta Doctrina, conociendo lo útil de ella, revalidando su Majestad, y su Real Consejo de Castilla las Ordenanzas, y una es esta: Que si algún Médico Doctorado quisiere entrar por Socio, no se admita, hasta que se reconozca por la Sociedad, si sabe con fundamento los mejores principios de la Doctrina Moderna para recibirlo. Ordenanza 14. fol. 22.
Tan extendida está la fama por Europa de la suficiencia de la Regia Sociedad, que el señor Don Rodrigo Caballero y Llanes, Asistente de esta Nobilísima Ciudad, consultó con la Regia Sociedad sobre la existencia de la Piedra del Rayo y su virtud, y sus Doctos Socios resolvieron, que es piedra la que causa tales efectos, y me conformo con su parecer, porque si fuera fuego glutinoso, como algunos dicen, no dividiera un Árbol, o piedra, dejando ilesos los dos extremos, luego es piedra tal, quia findit, ut ait D. Isidor. Ethimol. lib. 13. cap. 9. El fuego no se para, sino aniquila. La experiencia nos enseña, que el Rayo parte un Árbol, y no lo quema; luego aliqui instrumentale, quia findit. Sobre la existencia de la Piedra del Rayo adelante explicaré mi corto discurso, baste esto para convenir con el acertado parecer de la Docta Sociedad, que no es pequeño triunfo el que se lo pidan.
[ páginas 15-17 ]
Capítulo V.
Tanto de las Cédulas Reales de Nuestro Rey Don Carlos II (que Dios tenga en el Cielo) aprobando la Regia Sociedad, y sus Ordenanzas, como Nuestro Monarca Don Felipe V (que Dios guarde) en que se constituye Protector de la Regia Sociedad.
§. XV.
Parece ir consiguiente el poner en este Tratado a la letra las Cedulas Reales, que los Católicos Monarcas se han servido de dar a la Regia Sociedad, aprobando sus Ordenanzas, y declarando su protección. Sirviendo de comprobación lo referido, como también de texto por lo que en adelante escribiré. Dada petición por el Presidente, y Socios, pidiendo se declarase por buenas las Doctrinas Espagíricas &c. y que se aprobasen las Ordenanzas, se concedió, y despachó la Cédula siguiente.
Don Carlos, por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, Señor de Vizcaya, y de Molina, &c.
Por cuanto por parte de la Sociedad Médica de los Revalidados de la Ciudad de Sevilla, se nos ha representado, había hecho diferentes Constituciones, Estatutos, y forma de Ordenanzas, para el mejor uso de la Medicina, y conforme a la costumbre, y práctica, que fuera de estos Reinos se usaba entre todos los Profesores de ella, las cuales eran las de que se hacía presentación en debida forma; y respecto de que el uso de las providencias, que en ellas se prevenían, era de conocido beneficio a la causa pública, y su precisa observancia tan útil, para que se lograse, se nos suplicó fuésemos servido de confirmarlas, y aprobarlas, en atención a no contener reparo, ni inconveniente alguno, antes bien servir de conocida conveniencia: Y las dichas Ordenanzas, de que se hizo presentación son del tenor siguiente.
Primera ordenanza.
Primeramente ordenaron, que todos los Socios han de tener cuidado en los Lugares, que se hallaren, de habilitar en todo lo que pudieren a los Fármacos en la Doctrina Espagírica para que tengan prontos los remedios precisos, y no hallándose hábiles en la manipulación de ellos, den cuenta a la Sociedad para que se les remita el más seguro modo de su manipulación, y las Farmacopeas, que pidieren.
II.
Asimismo ordenaron, que los Arcanos Médicos, y Quirúrgicos, que hubieren asegurado los continuos experimentos en algunos Médicos, si estos los pidiere algún Socio, viviendo en lugar distante de esta Sociedad, se les den fielmente el modo de usarlos con toda legalidad para bien de los pobres enfermos.
III.
Asimismo ordenaron, que si algún Socio tuviere alguna dificultad en lo Médico-Químico, o Quirúrgico, la consulte con la Sociedad Médica, que le responderá todo lo que en ella alcanzare.
IV.
Asimismo ordenaron, que el que tuviere que escribir algún Libro, o Apología, lo consulte primero a la Sociedad, y ayudará (si no hubiere Padrino a quien dedicarlo) con todos los medios conducentes para su Impresión.
V.
Asimismo ordenaron, que cualquier Socio, ausente de esta Ciudad, informe del sujeto, que conociere hábil en las nuevas doctrinas, que teniendo bastante suficiencia se recibirá por Socio.
VI.
Ítem ordenaron, que en cualquier empeño literario, o de otra cualquier especie, que sea, que se ofreciere a cualquier Socio, sea asistido de todos para tributarle el alivio, que se le pudiere dar.
VII.
Ítem, ordenaron, que la Sociedad tenga obligación todos los años de imprimir lo que en el discurso de él hubiere logrado en el adelantamiento de los experimentos Físicos, Químicos, y Anatómicos, y para ellos se repartan los asuntos a todos los Socios ausentes para que cada uno escriba en ellos lo que fuere más genial.
VIII.
Ítem, ordenaron, que todos los años se haga una Fiesta al Espíritu Santo con Misa Cantada, y Sermón, a costa de todos los Socios, para que Su Majestad les comunique sus Divinas Luces en la curación de sus enfermos.
IX.
Ítem, ordenaron, que todos los años se hagan tres Anatomías generales en los Hospitales, y de no haber Cadáveres a propósito para este fin, se elijan Animales.
X.
Ítem, ordenaron, que se den puntos, para que dos veces en la semana, se junten los Socios, para conferirlos en la casa, que señalare el Presidente, y Consiliarios, y el Socio, que faltare, no estando enfermo, o ausente de esta Ciudad, sea condenado por primera vez en ocho reales de plata, y por la segunda en diez y seis, por la tercera en treinta y dos, y por la cuarta vez no se admita en la Sociedad, y este dinero se aplique para los gastos de la Fiesta del Espíritu Santo.
XI.
Asimismo ordenaron, que los Presidentes se elijan todos los años por votos secretos, y estando enfermo, o ausente, presida los Actos de la Sociedad el Médico más antiguo en revalida.
XII.
Asimismo ordenaron, que el Médico Socio, que hubiere fuera de esta Ciudad, y se quisiere venir a vivir a ella, se le asista en todo lo que se le ofreciere; y si no tuviere medios para pasar el tiempo de su Noviciado, pueda el Presidente repararlo en casa de un Socio por 8 días, hasta que se acabe el turno, y después vuelva a correrlo hasta que tenga las competentes conveniencias para pasar con decencia.
XIII.
Asimismo ordenaron, que si algún Socio fuere escandaloso, se le reprehenda el vicio en la Sociedad, y si a la tercera vez no se emendare, se le niegue la entrada en ella por un año, hasta que se enmiende.
XIV.
Ítem, que si algún Médico Doctorado quisiere hallarse en algunas conferencias, que tuviere la Sociedad, o algunos de sus Actos experimentales, se admita, dándole el lugar de huésped, después del Presidente, y no se admita a la Sociedad hasta que se reconozca tener bastantes principios para admitirlo.
XV.
Ítem, ordenaron, que si algún Caballero quisiere entrar a ser Socio, se admita, averiguando primero su erudición.
Habiendo visto el Consejo Real de Castilla las supradichas Ordenanzas, proveyeron el Auto siguiente, confirmándolas: Y visto por los del nuestro Consejo, con lo que en razón de la ejecución de ellas nos representaron el Regente, y Jueces de nuestra Audiencia de Grados de la dicha Ciudad de Sevilla, y lo que informó el Proto-Medicato de esta Corte, se acordó dar esta nuestra Carta, por la cual confirmamos, y aprobamos dichos Estatutos, y Ordenanzas, hechas por la Sociedad Médica de la Ciudad de Sevilla, que aquí van insertas, e incorporadas, y mandamos se guarden, cumplan, y ejecuten ahora, y de aquí adelante en todo, y por todo, según, y como en ellas, y en cada una se contiene, y declara sin las contravenir en manera alguna, que así es nuestra voluntad. Dada en la Villa de Madrid a 29 días del mes de Mayo de 1700. Fr. Don Manuel Arias. Lic. Don Juan Lucas Cortés. Don Fernando Mier. Lic. Don Francisco Colón y Arriatigui. Y yo Diego Guerra de Noriega, Escribano del Rey Nuestro Señor y su Secretario de Cámara, la hice escribir por su mandado con Acuerdo de los de su Consejo. Registrada. Don Salvador Narváez por Canciller mayor. Secretario Noriega. Vuestra Alteza confirma, y aprueba las Ordenanzas aquí insertas, hechas por la Sociedad Médica de los Revalidados de la Ciudad de Sevilla, y manda se guarden, y cumplan. Corregida.
Habiéndose presentado por el Presidente, y Socios el dicho Despacho ante el Regimiento de Caballeros Veinticuatros, y Jurados de esta muy Noble, y Leal Ciudad de Sevilla, siendo Asistente el Marqués de Valle-hermoso, se dio cumplimiento, y lo certificó, y anotó en los Libros de Cabildo. Francisco Vela, Escribano de Cabildo.
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Después ganaron los Socios Cedula Real, en la cual se constituye Nuestro Rey, y Señor Don Felipe V su Protector, y es la siguiente.
El Rey
Por cuanto vos la Sociedad Regia, Filosófica, y Médica de Sevilla, me ha representado fuisteis erigida a imitación de la Real Academia de París, con aprobación de los del mi Consejo, e informe del Proto-Medicato, y que estáis continuamente trabajando en los experimentos Filosóficos, Médicos, Químicos, y Anatómicos, a expensas de los caudales de los Socios, encaminándose este trabajo a la salud pública, como se practica en las Academias, y Sociedades de Europa: suplicándome, que para que os alentéis a este fin tan útil, sea servido de haceros la honra de ser vuestro Protector, como lo es el Señor Rey Cristianísimo, mi Abuelo, de la Academia de París. Y habiéndose visto, y consultádoseme sobre ello, por el mi Consejo de la Cámara; y atendiendo a los especiales motivos, que favorecen vuestra Representación, y súplica, por merecer de mi Real gratitud esta honra, he venido en admitiros debajo de mi Soberana protección, teniendo presente el celo, y gran satisfacción con que por vuestra parte se encamina, a lograr por vuestra gran aplicación, la salud pública con el trabajo continuo de los experimentos referidos, y estudio a la verdadera Filosofía, y Medicina experimental, sin más interés, que el de conseguir este fin, que se tiene por tan Universal, y de igual beneficio en estos mis Reinos, siguiendo, e imitando por este medio lo mismo, que se practica en las Academias de Europa, y en la Corte de París, donde el Señor Rey Cristianísimo, mi Abuelo, tiene la misma protección: Y debiendo yo con la misma favorecer tan loable aplicación, y trabajo, y que los Individuos, de que se compone esa Regia Sociedad, que son los primeros, que la erigieron, se dediquen, y alienten a este fin, como lo han ejecutado hasta aquí, y que esto mismo sirva de estímulo a los demás Profesores, para inclinarlos, para continuar tan principal, y estimable trabajo por el bien, que de él resulta, mando al Gobernador, y los del mi Consejo, al Regente, y Jueces de la mi Audiencia de Grados de la Ciudad de Sevilla, al mi Asistente, y sus Tenientes de ella, y a todas las demás Audiencias, y Tribunales de estos mis Reinos, y Señoríos, Jueces, y Justicias de ellos, que guarden, y cumplan esta mi Cedula, en todo, y por todo, y os amparen, y protejan en todo cuanto os tocare, y dependiere del ministerio de vuestro ejercicio, y observancia, y entero cumplimiento a vuestras Ordenanzas, aprobadas, y establecidas por el mi Consejo, sin faltaros cosa alguna para haber de subsistir, y permanecer siempre debajo de mi Real protección, como va expresado, que es así mi voluntad. Fecha en Barcelona a 1 de Octubre de 1701 años. YO EL REY.
Por mandado del Rey Nuestro Señor
Don Francisco Nicolás de Castro.
Vuestra Majestad admite debajo de su Real protección a la Regia Sociedad Filosófica, y Médica de Sevilla.
Se presentó esta Cedula Real en nombre de la Regia Sociedad ante el Cabildo de Señores Veinte y cuatros, y Jurados de esta Nobilísima Ciudad de Sevilla, siendo Asistente el Conde de Vallehermoso; y en vista de su petición acordaron el dar su debido cumplimiento: anotada, y certificada en el libro Capitular, de que doy fe, D. Andrés Tamariz, Escribano de Cabildo.
[ páginas 18-25 ]
Capítulo VI.
De los Presidentes, que ha habido en esta Regia Sociedad, y de todas las que hay.
§. XVI.
D. Juan Muñoz y Peralta, Fundador, y primer Presidente.
Dr. D. Miguel Melero Jiménez, Familiar del Santo Oficio, Ex Presidente, y Fundador, Médico de Cámara de su Majestad.
Dr. D. Salvador Leonardo de Flores, Consiliario de esta Sociedad, y su Fundador, y Ex-Presidente.
El Lic. D. Juan Ordoñez de la Barrera, Presbítero, Médico, y Cirujano de Cámara de S. M. Socio Fundador.
Dr. D. Lucas de Jaurigui, Socio Fundador.
Lic. Don Gabriel Delgado, Médico Cirujano, Familiar del Santo Oficio, Socio Fundador.
Dr. D. Juan de Cabriada, Médico de Cámara de Su Majestad. Socio.
Dr. D. Miguel Boix, Catedrático de la Universidad de Alcalá, Socio.
El R. P. M. Fr. Juan de Nájera, del Orden de los Mínimos, Lector Jubilado, Colega Provincial dos veces, y tercera vez actual Padre de Provincia, Cronista de ella, Examinador Sinodal de Sevilla, Socio Fundador, y Consultor de la Regia Sociedad.
El Lic. Don Andrés Ramírez Calderón Cumplido, Presbítero, Socio.
Dr. D. Andrés Gámez, Médico de Cámara de S. M. y su Proto-Médico en el Real Proto-Medicato, Socio.
Don Félix Palacios, Farmacopola, Socio.
Dr. D. Pedro de Castro, Médico de la Ciudad de Córdoba, Socio.
Dr. D. Francisco de Herrera Paniagua, Médico de la Ciudad de Córdoba, Socio.
Dr. D. Francisco Pernia, Médico de la Villa de Baena, Socio.
Dr. Don Manuel Carrasco, Médico de la Villa de Gibraleón, Socio.
Don Fernando Martínez de Castro, Farmacopola, vecino de Córdoba, Socio,
Dr. D. Juan Agustín Páez Pizarro, Médico de la Villa de Priego, Socio.
Don Alonso de los Reyes, Eruditísimo Farmacopola Galénico Espagírico, Socio Fundador.
El R. P. M. Fr. Antonio Melgarejo, Lector Jubilado, Predicador de su Majestad del número, Ex-Custodio de la Provincia de Andalucía de N. P. S. Francisco, y Examinador de la Nunciatura de España, Socio de Erudicion.
Dr. D. Honorato Mikelet, Médico Primario de S. M. Presidente del Real Proto-Medicato, Socio de esta Sociedad, y de la de París.
Dr. D. Bartolomé de Salazar, Médico de la Ciudad de Granada, Socio.
Don Francisco Pérez del Castillo, Socio Secretario.
El Lic. Don Pedro de Ortega, vecino de Priego, Socio.
El Doctor D. Antonio de Tiella, Catedrático de la Universidad de Toledo, Socio.
Dr. D. Francisco Antonio Moreno, Médico de la Ciudad de Antequera, Socio.
Dr. D. Antonio del Águila, Médico de la Villa de Baena, Socio.
Dr. D. Antonio la Locha, Médico de Cámara de su Majestad, vecino de Ceuta, Socio.
Dr. D. Francisco de Herraiz Zemprado, Médico de la Villa de Alhama, Socio,
Dr. D. Gabriel Joli, Médico de Cámara de S. M. Catedrático de la Universidad de Salamanca, Socio, y Médico Primario del Señor Emperador.
Dr. Don Tomás Fernández, Médico de la Familia de S. M. Socio.
El Illmo. Señor Don José Cervi, del Consejo de S. M. Médico Primario de las Católicas Majestades (que Dios guarde) Proto-Médico de Cataluña, Presidente del Real Proto-Medicato, Doctor, y Catedrático de la Universidad de Parma, y Presidente, Restaurador, y verdadero Fundador de la Regia Sociedad.
Dr. Don Alberto Tomás Ramón, Médico de la Familia de su Majestad. Socio.
Dr. Don Juan de Montalván, Médico en la Corte, Socio.
Lic. D. Juan Baptista Lejendre, Cirujano Primario de su Majestad. Socio.
Dr. Don Amador Luis de la Mota, Médico de Córdoba, Socio.
Dr. Don Juan Agustín Gómez, Médico de Córdoba, Socio.
Dr. Don Alonso de Aguilar y Mendoza, Médico de Córdoba, Socio.
Dr. Don Roque Antonio Alderete y Zaldua, Médico de Córdoba, Socio.
Dr. D. Andrés de Torregrosa, Médico de Guadix, Socio.
Don Francisco de León, Farmacopola sapientísimo, Galénico Espagírico, Socio.
Don Luis Ricux, Espagírico de su Majestad. Socio.
D. Pedro José García, Farmacopola en Cádiz, Socio.
Don Florencio Kelis, Cirujano Anatómico, Socio.
Don Miguel de Valbuena, Farmacopola Galénico, y Espagírico en el Puerto de Santa María, Socio.
Dr. D. Antonio Ron, Teólogo, vecino de Madrid, Socio de Erudición.
Lic. D. Félix Agüero, Jurisconsulto de esta Ciudad, Socio de Erudición.
Lic. D. Juan Montero de Espinosa, Jurisconsulto, vecino de esta Ciudad, Socio de Erudición.
Don Francisco del Orbe, Catedrático de Matemáticas, vecino de esta Ciudad, Socio de Erudición.
D. Antonio de Ojea, Jurisconsulto, Socio de Erudición.
D. Antonio Dongo Barrionuevo, Socio de Erudición.
Don José Izquierdo Recalde, Socio de erudición.
Don Gabriel de Ocaña, vecino del Puerto, Socio de erudición.
Dr. D. José Ruiz de Valderrama, Ex-Presidente, y Médico de Cámara de su Majestad.
Dr. D. Juan Antonio Gil Sanz, Médico Socio.
Dr. D. Miguel Lorenzo Melero, Ex-Presidente meritísimo de la Regia Sociedad, y Médico de Cámara de su Majestad, Fundador.
Dr. Don Damián de Santa Cruz, Jurisconsulto, Socio de erudición.
Dr. Don Luis Enríquez, Médico de la Villa de Cazalla, Socio.
D. Juan Fernández Lozano, Farmacopola, Socio.
Dr. Don Gabino Niolo, Médico de Cámara de su Majestad, y del Exmo. Señor Don Luis Salcedo y Azcona, Arzobispo de Sevilla, Socio.
D. Fulgencio Rodríguez, Cirujano Anatómico, Socio.
Don Juan Antonio Galante, Cirujano de la Familia de su Majestad, Anatómico, Socio.
D. Francisco Antonio Correa, Farmacopola muy sapiente en las Doctrinas antiguas, y modernas, Socio.
D. José Arcadio de Ortega, Ex-Secretario de la Sociedad, y Examinador, Socio Fundador.
D. Gerónimo Dámaso, Cirujano de la Familia de su Majestad, Socio.
Dr. D. Bartolomé Moreno, Médico del Campo de Gibraltar por su Majestad, Ex-Consiliario, Socio.
Dr. Don Juan Francisco Pablo García, Médico Decano, Ex-Catedrático de Método en la Universidad de Sevilla, Consiliario Primero.
Dr. D. Marcelo Iglesias, Médico de esta Ciudad, Socio.
Dr. D. José Ortiz Barroso, Médico de la Familia de su Majestad, y Familiar del Santo Oficio, Socio.
Don Francisco Hurtado, Socio de Erudición.
R. P. M. Fr. Antonio Ventura de Prado, Trinitario Calzado, Socio.
D. Don Manuel del Campo, Médico de la Familia de su Majestad, Socio.
R. P. M. Fr. Francisco Ruiz, del Orden de San Agustín, Socio.
Dr. D. Martín Martínez, Médico de la Familia de su Majestad, Examinador del Real Proto-Medicato, Socio, Ex-Presidente.
Dr. Don Juan Barragán, Socio.
Dr. Don Miguel de Castilla, Médico Socio.
Dr. Don Juan Hygins, Médico Primario de su Majestad, Ex-Presidente.
El P. Fr. Ambrosio Guibebille, Médico Cirujano del Orden de San Juan de Dios, Socio.
Lic. D. Marcos Narváez y Sotomayor, Presbítero, Médico Socio.
Dr. D. Juan Sánchez Bernal, Médico de la Armada, Socio.
Dr. Don Eugenio Nicolás de Guzmán, Cura Beneficiado de la Iglesia Mayor de Arcos, Socio.
Dr. Don Diego Gavidia y León, Médico de Cámara de su Majestad, Vice-Presidente.
Dr. D. Manuel Pérez, Médico de la Familia, Socio.
Dr. D. Francisco Tomás de Zayas, Médico Socio
Dr. Don José Gabriel de la Fuente Rocamora, Médico Socio.
R. P. M. Fr. José Segundo de Oviedo, Ex-Secretario de la Provincia de Nuestra Señora del Carmen, Socio.
Dr. Don Simón Dangort, Médico de la Familia de su Majestad, Socio.
Don Gaspar Luis Fernández, Cirujano de la Familia de su Majestad, Socio.
Dr. D. Francisco Suárez de Ribera, Médico Socio.
Dr. Don Pedro de Zepeda, Médico Socio.
Dr. Don Juan Narváez, Médico Socio.
Dr. Don Francisco Pacheco, Médico Socio.
Dr. D. Alejandro Martínez de Argandoña, Médico Socio.
R. P. M. Dr. Don Isidoro de la Neve, Religioso Benedictino, Socio.
Dr. D. Miguel de Mendoza y Mexia, Médico Socio.
Dr. Don Ignacio Rocafort, Médico Socio.
Lic. Don Matías Ruiz, Catedrático de Cirugía en Alcalá de Henares, Socio.
R. P. M. Don Francisco Antonio de Ubera, Ex-Secretario General, Ex-Regente en su Colegio de San Basilio, Socio.
Lic. Don Francisco Blanco, Examinador del Real Proto-Quirúrgico, Socio.
Dr. Don Pedro Figueras, Médico Socio.
D. José Moreno, Farmacopola Espagírico, Socio.
Dr. Don Francisco Brena, Médico Socio.
Dr. Don Fernando José Moreno, Médico Socio.
Dr. Don Miguel Gregorio García, Médico Socio.
Dr. Don Antonio Fernández Lozoya, Médico Socio.
Dr. Don Vicente Ezquerra, Médico Socio.
R. P. M. D. Benito Feijoo, Religioso Benedictino, Socio.
Dr. Don Manuel de Mendoza, Médico Socio.
Dr. Don Pedro Baz, Médico Socio.
Don Juan López, Cirujano Socio.
R. P. L. Fr. Juan Viñuela, Regente de San Pablo, Socio.
R. P. M. Don Martín García Sarmiento, Maestro General de la Religión de San Benito, Socio.
Don José de Picadilla, Cirujano Socio.
Dr. Don Francisco Dorado, Médico Socio.
Dr. Don José Dorado, Médico Socio.
Dr. Don Manuel Gutiérrez de los Ríos, Proto-Notario Apostólico, Presbítero, Médico Socio.
Don Antonio Díaz, Farmacopola Espagírico, Socio.
Dr. Don Vicente Gilabert, Médico Socio.
Dr. Don Manuel Zurunzaga, Médico Socio.
Don Gregorio Arias y León, Cirujano Socio.
Don Gaspar Pellicer, Cirujano Latino Socio.
Dr. Don Antonio Nieto, Médico Socio.
R. P. Fr. Pedro de Contreras, del Orden de la Merced, Socio.
Dr. Don José de Pedrajas, Médico Socio.
Dr. D. Juan Perfecto, Médico de Cámara de S. M. Socio.
Dr. D. Francisco Arias Carrillo, Canónigo de Baza, Socio.
R. P. M. Domingo García, Catedrático de Teología en su Colegio de San Hermenegildo, Socio.
D. Francisco Rodríguez, Cirujano de su Majestad Anatómico, Socio.
Don Diego Paiyerne, Cirujano Socio.
Don Juan de la Comba, Cirujano Socio.
Dr. Don Joseph Zuñol, Médico de Cámara de Ejercicio, Socio.
Dr. Don Toribio Cote, Maestro en Artes, Catedrático de Vísperas, Socio.
Dr. D. Pedro Morales Pastor, Catedrático de Vísperas, Socio.
Dr. D. Alonso Sánchez, Médico de la Familia de su Majestad y Titular del Santo Oficio, Ex-Catedrático de Prima, Socio.
R. P. M. Fr. Antonio de la Sma. Trinidad, Ecritor, y Ex-Redentor, Definidor General, y Examinador Sinodal del Obispado de Málaga, Socio.
Dr. Don José de Buendía, Socio.
Lic. Don Miguel de Santa María Díaz, Jurisconsulto de la Sociedad.
R. P. M. Fr. Miguel Jiménez Naranjo, del Carmen Calzado, Maestro en Artes, Doctor en Teología, Calificador del Santo Oficio, Teólogo de Cámara del Emo. Señor Cardenal Corro, Rector en su Colegio de San Alberto, Socio.
Dr. D. Bernardo de Oviedo, Médico Socio.
R. P. M. Fr. Gaspar de Molina, Doctor Teólogo en la Universidad de Sevilla, Regente en su Convento de San Agustín extra muros de esta Ciudad, Socio.
§. XVII.
He numerado 149 Socios, y dejo muchos por decir, porque no parezca el libro Almanak de Socios; y tengo duda, que ninguna Universidad, Sociedad, o Colegio tenga tantos Sujetos de diversas Ciencias, que compongan el Claustro, que hoy tiene la Sociedad Hispalense, siendo tan moderna; y si la de París le hace ventaja, será por su antigüedad primada, aunque algunos dicen, que la más antigua es la de Maguncia; pero dado, y no concedido, la de París trae su fundación desde Ceropis, que fundó a Atenas, y le puso el nombre por Minerva Atina, que así se llamaba, y en ella estuvieron las Ciencias, hasta que Amurato VII Rey de los Turcos, que destruyó los Griegos, y muchas Ciudades, mando desterrar las Letras de Atenas, y sus Doctos Griegos se vinieron a París. En tiempo que Faraón reinó en Egipto, reinaba Ceropis en Grecia, cuando fundo a Atenas, años de la creación del Mundo 2222. Y así me parece tiene bien fundada su primacía la Universidad de París, como también su Sociedad, en la cual hay muchos Doctores de todas Facultades, y en su principal Instituto de Medicina grandes Médicos, protegiéndolos la Gran Majestad Regia, dándoles muchos honores, y consignando todos los años de su Real Erario renta para su mayor decencia; y a vista de este ejemplar, en Alemania se fundó Sociedad, en Florencia, Parma, y en toda Italia, en Inglaterra, Holanda, Suecia, Dinamarca, Venecia, y ahora en nuestra Sevilla, pues para ser en todo grande, le faltaba esta Joya, siendo la mayor preservar la salud, teniendo todas estas Sociedades el tesoro de nuestra salud vinculado en sus Estudios, y experimentos, como prácticamente se ve en las curaciones tan difíciles, que los Socios hacen: consecuencia, que sale del antecedente; y así todos deben solicitar el venir a la Sociedad Académica, para conseguir el fin de cumplir con su obligación, que es aprender.
§. XVIII
Habiendo numerado las Sociedades, que hay, y su antigüedad, parece, que la de Sevilla es la más moderna, y a la verdad no lo es, porque ésta que hoy existe, no es nueva erección, sino suscitar la antigua Sociedad Hispalense. Mi intento es probar, que Adán fue Médico, y que desde que Dios lo crió, hubo Sociedad, y en el Lugar, que lo crió, fue la primera Sociedad del mundo. Que Adán, como Rey, fue Socio, y supo esta ciencia, y la enseñó a sus hijos, y descendientes. Y en España fueron las primeras Ciencias, y en Sevilla la Sociedad más antigua, que la de París, Alemania &c. Crió Dios a Adán en Hebrón, que está en medio del campo Damasceno, comunicándole todas las Ciencias; la Medicina es Ciencia: luego la supo. Hebrón, donde fue criado, se interpreta Sociedad, id est, Societas; como Rey fue Socio, Rey, id est, Socius. Su hijo Seth fue enseñado por Adán de todas las Ciencias: por ser tan cierto, no necesitaba de testigos, pero para que sirva de instrumento Jurídico, dícelo Cedreno en su Compendio Historial. En esta Sociedad aprendieron de Adán muchos Socios. Henoch, 4 nieto de Seth, y 5 de Adán, fue docto en Medicina, es noticia de Vicente Bratuti, Traductor de lenguas, de Carlos II, en la traducción de los Anales de Egipto, y al fol. 186 le llama a Henoch Hurmus, que en lengua Árabe es lo mismo que Sabio, o Mago, y por sobrenombre Trinario, por las tres dignidades, que tenía de Profeta, Rey, y Sabio. Este Henoch, o Hurmus Trinario fue el primero, que escribió Medicina, y Astrología: es de esta opinión Orígenes Homil. 28. Lo que resta es probar la antigüedad de Ciencias en España, y de Sociedad en Sevilla; el norte ha de ser, quién fundó, y en qué año; y el que fuere más antiguo, se llevará la primacía. Año de la creación del mundo 1799. Thubal pobló a España, después Samotes a Francia, Tuiscon pobló a Sarmacia Europea, a quien llaman Alemania por Hércules Alemano, años 1810. Jaban pobló en Tesalia la Grecia, con nombre de Jonia, años 1832. Atenas fundada por Ceropis, años 2222. Poco tiene la cuenta que sumar, que dándole el resto a España en antigüedad, se prueba claramente su primacía; y que Thubal, su Fundador, doctísimo en todas ciencias, compusiese el Año Solar, escribiese las reglas de la Gramática, y dispusiese las Leyes, dícelo Florián de Ocampo I part. cap. 3. Diego Valera 2 part. cap. 1. Martel. De los demás Fundadores no dicen esto, el que lo supiere, escriba favoreciendo su partido. Con que sacamos, según la cuenta que trae Maldonado al fol. 108, que las Ciencias en España fueron primero, que en Atenas, Maguncia, París &c. por ser más antigua su población, y su Poblador Thubal docto en todas Ciencias, y por consiguiente en Medicina. Buscando, cual sea la Ciudad, que en España se fundó primero, me señala el sutil ingenio de Fr. Alonso Maldonado, Príncipe de los Historiadores, Religioso Dominico, en la I. part. de su Cronicón, fol. 134 a Navia, y Noya en Asturias, fundadas por el mismo Noé, en memoria de sus dos nueras Noela y Noegla; y dice, que estas son las primeras Colonias de España. Сеdo al discurso, por ser de tal Autor, y dóblense estas Colonias, que a su tiempo se verán sus colores. Beto 5, nieto de Thubal pobló las riberas de Guadalquivir, y toda la Andalucía Baja; fue Rey, e instituyó Sociedad, o Escuela general, que todo es uno, para las Ciencias; en qué Ciudad de la ribera de Guadalquivir sería, discúrralo el Lector, a mi me parece, sería en Sevilla, por ser la más pequeña, ita Beroso, Méndez, Pineda lib. 2. cap. 4. Además, que no fue Hércules tan perezoso, que no tenía ya los primeros fundamentos de Sevilla, como su principal Fundador. Vicente Bratuti al fol. 4. le llama a Hércules Nacraus Severo; dice, que supo tantas ciencias, como Adán; y al fol. 22. que Hércules fue tan Docto, o Mago, que enseñó a los Egipcios las Ciencias, no digo con esto, que Hércules leyó Cátedra de Medicina en Sevilla, pero que había Sociedad, y él sabía la tal Ciencia, y todos convienen en que fue sabio: lo que reparó, es, que no hay cosa más sabida, que Sevilla fue fundada por Hércules, y buscando, quién sea este Hércules, he leído 34 no son muchos, que Rodrigo Caro leyó 43. Tienen grave cargo los Historiadores en no averiguar, a quién le toca su Hércules, siendo cierto, que ha habido muchos, y que todos proceden del Fundador de Sevilla. La equivocación nace de la dicción Hercuc, que es Hebrea, y significa lo mismo, que Potens, vel Dominatrix, y a cualquiera, que en aquel tiempo fue valeroso, le llamaron Hércules, por nuestro Hércules Fundador, hijo de Minfrain, o Osiris; entre este, y Hércules Tebano está la equivocación, porque uno, y otro vinieron a España. Nuestro Hércules se llamó Libio, Oro, Isio, Egipcio; y de estos cinco nombres los cuatro son apelativos, y el uno proprio, que es el de Libio, porque se llamo Laabin, Oro por su padre Osiris, o Minfrain, Isio por su madre Isis, Egipcio, porque nació en Egipto. De estos cuatro nombres pican algunos la ensalada; y así no se conoce más hierba, que la de Hércules. El Hércules Tebano mucho después vino a Gibraltar, y fundo a Heraclea, Ciudad fuerte. Este pues Hércules Libio fue sabio en todas ciencias, y estuvo en la Sociedad, o Clase general, que el Rey Beto, 5 nieto de Noé, fundó en Sevilla. Para probar la existencia de la Sociedad en Sevilla, y por consiguiente las Ciencias hasta hoy, se cuentan desde Hispalo, hijo de Hércules, hasta Habides, 15 Reyes, que la han mantenido; y este mandó reformar las Ciencias, y las Leyes, así Políticas como Civiles. Entraron los Romanos en España año 3915, y la dominaron 460 años. Fue Julio Cesar Gobernador de Sevilla, y su muy apasionado, cercó la Ciudad de muros, fue Julio Cesar amante de las letras: y viendo, que Sevilla se mantenía con las Leyes, y Privilegios, que el Rey Habides les dio, que es lo que quiere decir Municipio (gobierno proprio) alcanzó con el Imperio Romano, que le diesen los Privilegios de Colonia a Sevilla, como los tenía Roma, llamándola Julia Rómula. Ya es tiempo de desdoblar las Colonias de Navia, y Noya en Asturias, y registrar sus colores. El M. Fr. Juan Félix Girón, Carmelitano, numera 42 Colonias, y dice, que Itálica es la primera, Sevilla la quinta, y Toledo la cuadragésima. Rodrigo Caro dice, que son ocho las Colonias, y fol. 13, cap. 9, dice, que Carteya es la primera. Esta confusión de Colonias tiene a su cargo Girón, porque si no hubiera hecho girones a toda España, para hacerla tienda de Colonias, no hubiera tanta equivocación en sus colores. A vista de tanta Colonia digo, que Sevilla es la primera, como tengo propuesto, y probaré: Dividieron los Romanos a España en Ulterior, y Citerior; dividiéronla segunda vez en tres partes, Bética, Tarraconense, Bracarense, o Lusitania. De la Bética la Metrópoli es Sevilla (así la llama Ptolomeo Philursus en el Texto Griego) de la Tarraconense Tarragona, de la Lusitania Mérida, con que me veo obligado decir al Mro. Girón, que si hubo tales Colonias, fue porque compraron el Privilegio a los Romanos, redimiendo los tributos Cesarinos; y si me aprieta, diré, que ni aún de esta suerte fue Colonia Toledo, como dice Estrabón lib. 3. hablando de Carteya: Ea sané est cunctarum eo in tractu Vrbium potentissima; y nombrando los Pueblos grandes de la ribera del Tajo, no hace mención de Toledo, y lo reputa por pequeño, e inútil... Reliqui sunt indigni, de quibus verba fiant propter humilitatem, & ignobilitatem. Tito Livio dice lo mismo en el lib. 5. de la 4. Década: Toletum ibi parva Urbs erat. Rodrigo Caro trae a Carteya por principal Colonia; y no sé, cómo siendo tan aficionado por Sevilla, se le ocultaron dos cosas: La primera, que Carteya fue Colonia de Latinos, y Sevilla de Romanos. Hay mucha diferencia de Privilegios Latinos a los Romanos; porque los Latinos nunca pudieron tener Convento Jurídico, y Sevilla lo fue. La segunda, que nombrando todos los edificios de Sevilla, calla la Torre del Oro: y es porque se vio confuso con las dos fábricas, que tiene, una de los hijos, y nietos de Noé, y otra de Moros: el castillejo último es fábrica Mosaica, la atalaya fue en tiempo de Oro, hijo de Atlante, que fue Gobernador de España, por los años de 2336 y 1619, antes de la Encarnación del Verbo Divino; y de este Oro trae la denominación. Supuestas todas estas circunstancias, y muy precisas, para probar las Ciencias en Sevilla en su Escuela general, vamos a ver los constitutivos materiales, que componen a una Ciudad Colonia Primada, y en habiendo otra, que tenga lo que Sevilla, será Colonia. El Imperio Romano, a quien se le debe el gobierno Judicial, Ecónomo, Político, y Militar, hizo a Sevilla Convento Jurídico, le dio Pretor, Basílica, Archiflámines, Foro, Fuente perenne, Anfiteatro, Estadio, Termas, y Gimnasio. Para esta Clase, o Gimnasio señalaron los Romanos doce Médicos Filósofos, cinco Retóricos, cinco Gramáticos; y esto, que no lo puedan tener otras Ciudades, sino es la de Sevilla, como Convento Jurídico, Colonia &c. a las demás Ciudades se les permite menos número. El Gimnasio estuvo en la Iglesia Colegial de Señor San Salvador, que después fue de Monjes Benitos; y en la parte de la Torre de la Iglesia vieja están unas losas, la una debajo de tierra, pero Rodrigo Caro la leyó, de un mancebo Gramático, que está allí enterrado, llamado Lucio. En esta Clase leyó Avicena Medicina, no fue Árabe, sino Andaluz, ita Caro fol. 71. Leyó Medicina Claudio Galeno, natural de Turiganica, Obispado de Mondoñedo en Galicia, su padre fue llamado Nieon, y él Claudio Sereno; los Griegos les llamaron Galenos, que es lo mismo que Serenidad; su Maestro fue Quinto, natural de Samos en Galicia. Leyeron también los célebres Médicos Rasis, y Albucasis. Son muchos los Autores de esta opinión: véase a Hauberto Hispalense, Argaiz fol. 177. Eusebio lib. 4. cap. 9. Luitprando en sus Fragmentos num. 154. No me parece, que puede contar ninguna Sociedad lo que la de Sevilla, por su antigüedad, ni Reino, en esta parte de Europa, lo que España, en punto de Ciencias, que es lo que he propuesto: que no ser el Imperio de los Godos tan voraz, que no tuvo más letras que la espada, y la lanza, hubieran quedado más noticias; pero ellos lo destruyeron todo, y se vieron tan obligados de su impericia, que el año de 381 buscaron a Gulphilas, Obispo Godo (ninguno dice su Iglesia, ni aún el Lince de las Historias el P. José de Cañas Jesuita en su Memorial) para que los instruyese: Gulphilas eorum Episcopus literas eis adinvenit. Y en medio de esta turbación no faltaron en Sevilla Colegios para las Ciencias: y se verifica del hecho del Arzobispo Eugenio III deste nombre, cuando envió a Sevilla a su sobrino San Ildefonso, para que estudiase, como lo hizo por doce años en el Colegio de San Isidoro, ita Surio tom. 1. Sirva este adito para prueba de mi conclusión, pues en el Imperio Godo, cuando se padeció tan general turbación, no faltó en Sevilla el Gimnasio, ni en España las Letras, entre la rústica edad de los Cartularios, y Tabeliones, que unos escribían en pieles de Animales, y otros en tablas lisas, hasta el año de 1452, reinando Don Juan II y la Reina Doña María, la cual pidió a Don Alonso Madrigal, Obispo de Ávila (alias Tostado) que le compusiese un librito, para confesarse, hízolo, y por no darlo escrito en cartones, lo mostró al Señor Cardenal Inquisidor General, aquel Gran Josué Franciscano, el cual mando traer de Maguncia los Discípulos más sabios del célebre Juan Gutembergo, Inventor de la Composición de las Letras, y mandó imprimirlo. Esta Reina le dio muchos honores, y privilegios a los Profesores de este Arte Liberal. De todo lo referido infiero una Sociedad con Médicos desde el principio del mundo, un Rey, Protector, Socio, como Adán, y en Sevilla una Sociedad inveterada, por fundación de Reino, y de Ciudad, por antigüedad de Colonia, por sus doctos Fundadores, y por los privilegios, que concedieron los Romanos a los Médicos de su Gimnasio; viva expresión de lo que la poderosa, y liberal mano de nuestro Católico Rey, y Señor Don Felipe V (que Dios guarde) hace con su Sociedad, dejando la publicación de estas honras para otro Capítulo.
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Capítulo VII.
Nueva discordia entre Doctores, y Socios.
§. XIX.
Hallándose la Sociedad con el auge de tener la Regia protección, y haber ganado las Cédulas Reales, como tengo referido, viéronse obligados los Doctores a obedecer, además de conocer la razón, y así estuvieron en concordia muchos años con los Socios, y por los de 1720 quien discurrirá, que estado conminados por el Rey (que Dios guarde) y su Consejo Real con pena de 100 ducados al que hablase en punto de Sociedad, y presidir, quebrantando la ley, prorrumpieron en sus antiguas quimeras, fingiéndose uno Atlante, para sostener Angelitos contra la ancianidad de Neptuno, quedando sus gracilaciones sepultadas en las caducas ondas de su imperio, a vista del puerto de su vana altivez; fue esta lid muy reñida, porque removieron los Autos primordiales, que se actuaron en tiempo de Don García Bazán, por los años de 1696, queriéndolos llevar a debido efecto sobre los puntos referidos, pidiendo se declarase a su favor, no obstante las Cédulas Reales ganadas por la Sociedad, que si esta no hubiera entonces procedido tan noble, como siempre, hubiera perdido, y arruinado al Autor del pleito, dando una petición contra él, pero quiso imitar al buen Pescador, dando cuerda a su cebada malicia. En este intermedio sentenció el Sr. Regente D. Manuel de Torres, a petición de un Doctor Médico, el pleito en Tenuta, y con esta atentada sentencia andaban tentando a los Socios en las Juntas; llegó el caso, que en una de tres Doctores se halló un Don Apacible Sufrido, Médico Decano, y Socio, y queriéndole quitar su antigüedad, no lo consintió, y uno le dijo, que le podía dar una pesadumbre, si daba cuenta al Regente; y que así que se saliese; el Socio respondió con la modestia, que acostumbra, dio cuenta a su Sociedad de esto, y de otro dicho, que en otra Junta pasó con otro Doctor Médico, el cual, queriendo jugar la misma acción, no siendo consentido, dijo: Vmd. váyase, que para curar al enfermo no he menester yo a Vmd. Y me admira, que siendo el Decano Socio más conocido por Médico entre los mismos Doctores Médicos, que no entre mujeres, y vulgares, tuviesen estos autoridad para referir tales proposiciones; pero se encontró la soberbia con la humildad, y así ésta salió premiada, y la otra abatida, como merecen sus procederes. Por no faltar a la verdadera Cronología, no omitiré un Memorial, que la Universidad, y Claustro de Médicos Doctores presento impreso al Rey Nuestro Señor (que Dios guarde) con varios alegatos contra los Socios el año de 1729, apunto la especie, ya que no la pongo a la letra. Muchas cosas sucedieron, hasta que el año de 1729 su Majestad despachó una Cédula Real a favor de la Regia Sociedad, que es del tenor siguiente, sacada de su original, a que me refiero.
Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales, y Occidentales, Islas, y Tierra firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante y Milán, Conde de Aspurg, de Flandes, Tirol, y Barcelona, Señor de Vizcaya, y de Molina &c.
Por cuanto habiéndome representado Don José Cervi, de mi Consejo de Hacienda, Médico de mi Real Cámara, y de la Reina, y segundo Proto-Médico del Real Proto-Medicato, en nombre de la Regia Sociedad de la Ciudad de Sevilla, compuesta de Médicos, Cirujanos, y Boticarios, de que es Presidente que no obstante, que esta Sociedad se estableció en tiempo del Rey Don Carlos II, mi Tío, y yo la admití debajo de mi Soberana protección, luego que vine a estos Reinos, a ejemplar de la Regia Academia de París, que lo está a protección del Rey Cristianísimo, todavía no se halla en la perfección, que necesita, por las oposiciones que a esta fundación se han hecho: Y siendo mi Real animo se logre el fin del establecimiento de esta Sociedad, como tan importante del bien común, y de mi Real gratitud, por Decreto señalado de mi Real mano de 13 de Mayo de este año, tuve por bien de resolver, que en adelante perpetuamente el Asistente, que es, o fuere de la dicha Ciudad de Sevilla, sea Juez Conservador de la expresada Regia Sociedad, con toda la autoridad necesaria para oír, y determinar todas las demandas, que a los Socios de Ejercicio en común, y en particular puedan ponerles, fin que sin expresa Orden mía otro Ministro, ni Tribunal lo pueda ejecutar; y que por excusar los inconvenientes, que resultarían de que los Individuos de la Sociedad impriman, o den al público algunos papeles, o libros, que hayan trabajado, si contienen algunas doctrinas, que por inciertas, o mal explicadas, sean reparables, no puedan en adelante ejecutarlo sin licencia de la Sociedad, y precediendo el registro de su Revisor. Y siendo lo más importante el uso de las Anatomías, he resuelto también, que en adelante perpetuamente se les haga entregar por los Asistentes, que fueren de dicha Ciudad de Sevilla, el cadáver de cualquier ajusticiado, que pidieren, y que igualmente se ejecute lo mismo con los que pidieren de los Hospitales por los días, que necesitaren, para hacer sus Anatomías, con la precisión de volverlos a entregar a quien pertenecieren, para darle sepultura, siendo mi Real ánimo, que esta Sociedad esté siempre en la mayor estimación, como parte precisa para su conservación, y para alentar a sus Individuos al estudio del ejercicio práctico, y la más segura Medicina: Es mi voluntad, que los doce Médicos Socios de Ejercicio cotidiano de ocho años en las funciones de Medicina práctica, y los cuatro Cirujanos, que tengan la misma antigüedad de asistencia, gocen el honor de resolver (oídos los demás) no habiendo en las Juntas algún Médico, o Cirujano de mi Real Cámara; porque en este caso deben ejecutarlo ellos; y mediante lo que deseo el mayor lustre de esta Sociedad, y que sus Individuos sean distinguidos, a proporción de lo que por su continua tarea merecen, he resuelto asimismo, que en adelante perpetuamente haya en esta Sociedad dos Médicos Honorarios de mi Real Cámara, dos Cirujanos Honorarios de mi Real Familia, y dos Boticarios Honorarios de mi Real Casa; y que la Sociedad declare las personas, que las deban tener por su antigüedad; y que el nombramiento, que hiciere, presentado por el que ha de tener este honor, a mi Sumiller de Corps, que por tiempo fuere, les dará los nombramientos de tales, dispensándoles el jurar a Madrid, por el gasto que tendrían: y es mi voluntad, ejecuten el Juramento en manos del Asistente, que por tiempo fuere de la referida Ciudad de Sevilla: Y siendo el seguro, y único medio de la conservación de esta Sociedad, el que los principales Individuos de ella tengan algún útil en remuneración de su continuo trabajo, he resuelto, conceder cien Toneladas sobre Flotas, y Galeones, y de su producto se paguen al Juez Conservador doscientos ducados, al Presidente quinientos, a dos Consiliarios trescientos a cada uno, al Secretario por el sueldo, gastos, escritorio, y portes de cartas cuatrocientos, al Fiscal (con el cargo de Mayordomo comunal) ciento, al Bibliotecario ciento, a los Socios, que ejecutaren anualmente con los puntos, que le repartiere la Sociedad todas las semanas, de Medicina, Farmacéutica, Cirugía, y de toda Erudición, se han de distribuir cada año a voluntad del Presidente, y Consiliarios ochocientos ducados de vellón, con obligación precisa, que han de tener de asistir no solo el día, que leyeren, sino a todos los demás actos de Sociedad: a un Químico para hacer experiencias, siendo de su cuenta los gastos, que en ellas tuviere, doscientos ducados, del Consultor ciento, del Abogado, y Asesor ciento, y cincuenta; del Anatómico, y Botánico ochocientos ducados a cada uno, al Tesorero por sueldo, y gastos de recoger el caudal quinientos, del Portero ciento y cincuenta: y lo que importan las expresadas cien Toneladas más de los cinco mil y seiscientos ducados, que quedan mencionados, se han de distribuir en las asignaciones hechas, mando se conviertan en la compra de instrumentos Anatómicos, reparos de la casa, en que han de hacer los ejercicios especulativos, y prácticos, y compra de libros, costo de impresiones de los que los Socios escribieren, Fiesta del Espíritu Santo aniversal anual por los Socios, y otros gastos, que puedan ofrecerse: y he mandado asimismo, que por una vez cargue la Sociedad trescientas Toneladas en la Flota, que saliere de los Reinos en el año de 1730, para que con su producto compre Librería, y labre Casa en el terreno, que le han señalado, en que puedan tener sus ejercicios prácticos, y especulativos, la Librería, y cuarto del Portero. Y después habiendo hecho recurso a mi Real Persona la referida Regia Sociedad de Médicos, Cirujanos, y Boticarios de la dicha Ciudad de Sevilla, para que mandase se les diesen los Despachos correspondientes a las gracias, que les concedí últimamente por el Decreto citado, por no haberse aún ejecutado, mandé al Gobernador del Consejo pusiese en mi Real noticia el motivo, que dio causa a esta queja, y me representó, que después de publicado el referido Decreto en la Cámara, al tiempo de ejecutarse el Despacho, le había llegado un Auto de la Sala de Justicia del Consejo a la Secretaría, para que pasase a la expresada Sala el citado Decreto, por haberse introducido Juicio de Retención por parte de los Doctorados de la Universidad de Sevilla, suponiendo haber Pleito pendiente entre ambas Comunidades, y que en consecuencia de ello se envió el Decreto a la expresada Sala en la forma ordinaria, quedando suspendida la ejecución del Despacho, hasta que se evacue el Juicio pendiente de Retención: Y entendido de ello, por otro Decreto señalado de mi Real mano, de nueve del corriente, tuve por bien de mandar a la Cámara diese cumplimiento al antecedente, que viene citado (no obstante el Pleito pendiente entre estas Comunidades) por ser mi Real ánimo, tenga desde luego los honores, y rentas, que les he concedido a los Individuos de la Regia Sociedad, con la limitación que tuve por bien de resolver, y que sobre esto no se admitan Recursos en la Cámara, ni en el Consejo, con pretexto de agravios, o del Pleito pendiente, a Comunidad, o persona alguna, por haber concedido estas gracias para el mayor honor de la expresada Regia Sociedad: y en su conformidad por la presente encargo al Serenísimo Príncipe Don Fernando, mi muy caro hijo, y mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricos Hombres, Priores, Ordenes, Comendadores, y Subcomendadores, Alcaides de los Castillos y Casas Fuertes, y Llanas, y a los de mi Consejo, Presidentes, y Oidores de mis Audiencias, y Cancillerías, y a todos, y cualesquier Tribunales, Jueces, y Justicias de estos mis Reinos, y Señoríos, Comunidades y Personas Particulares de cualquier estado, calidad, o condición, que sean mis Vasallos, súbditos, y naturales, que ahora son, y por tiempo fueren, que manden, y cumplan, y hagan guardar, y cumplir enteramente, y sin limitación alguna a la referida Regia Sociedad de Médicos, Cirujanos, y Boticarios de la Ciudad de Sevilla, todo lo contenido en los Decretos arriba citados, de trece de Mayo, y nueve del corriente, dando para ello cada uno en la parte, que le toca, en virtud de esta mi Carta, las Ordenes, y Despachos correspondientes, para que ahora, y en todo tiempo perpetuamente para siempre jamás sean ciertas, y seguras a dicha Regia Sociedad todas las rentas, honores, y exenciones, que por esta mi Carta les doy, y concedo, según, y en la forma que en los referidos mis Reales Decretos se especifican, contienen, y declaran, sin permitir, ni dar lugar a que ahora, ni en tiempo alguno se le inquiete, ni perturbe en la posesión, y goce de todo, y cada cosa, y parte de ello, ni se puedan admitir, ni admitan Recursos en dicho mi Consejo, y Cámara, y otros Tribunales, o Juzgados particulares, con pretextos de agravios, o del Pleito pendiente en dicho mi Consejo con los Doctorados de la Ciudad de Sevilla, o otro cualquier motivo, causa, o razón, que sobre ello pueda ofrecerse, y pretextarse por cualesquier Comunidades, o Personas particulares, porque mi intención, y voluntad es, que todo lo referido se lleve a pura, y debida ejecución ahora, y en todo tiempo perpetuamente para siempre jamás, sin disminución de cosa alguna, sin embargo de cualesquier Leyes, Pragmáticas de estos mis Reinos, y Señoríos, Capítulos de Cortes, condiciones de los Servicios de Millones, Ordenanzas, estilo, uso, y costumbre, y otra cualquier cosa, que haya, o pueda haber en contrario, que por sí en cuanto a esto toca, y por esta vez dispenso, quedando en su fuerza, y vigor para lo demás adelante: Y declaro, que de las mercedes contenidas en esta mi Carta no debe la dicha Sociedad maravedís algunos de media Anata, por haberla relevado de este derecho por el Privilegio de los Decretos arriba citados. Dada en el Puerto de Santa María a 27 de Agosto de 1729 años.
Yo el Rey
Yo Don Francisco de Castejón, Secretario del Rey Nuestro Señor le hice escribir por su mandado. Registrada, Juan Antonio Romero. Por el Canciller Mayor Juan Antonio Romero. Andrés, Arzobispo de Valencia. Don Juan Solano de Novoa. Don Francisco de Arnaza, cuyo cargo, y jurisdicción, que se me da, tengo aceptada, y despachando como tal Juez, de que el presente Escribano de dicha Comisión da fe, haga saber al Exmo. Señor Don Luis de Salcedo y Azcona, del Consejo de S. M. Arzobispo de esta Ciudad, y en su Arzobispado: y a V. S. los Señores Don Antonio Fernández Rajo, Provisor, y Vicario General, y Don Pedro Curiel, Juez de la Santa Iglesia Mayor Metropolitana, y Patriarcal de esta Ciudad de Sevilla, y otro cualquier Juez Eclesiástico, a quien toque (a quienes Dios guarde en su santo servicio) que a pedimento de la dicha Regia Sociedad, se han ejecutado varias diligencias, y por su parte se ha dado un pedimento, cuyo tenor es el siguiente. Don José de Valderrama, Médico de Cámara, Don Francisco de León, y Don José Arcadio de Ortega, Boticarios de S. M. dieron petición ante el Sr. Asistente Conde de Ripalda, que como Juez Conservador de la Regia Sociedad despachase exhorto a los Señores Vicarios Generales de este Arzobispado, para que en su cumplimiento la intimen, y hagan saber a los Administradores de los Hospitales de su Jurisdicción, y por lo que toca a los demás Hospitales de que son Patronos el Illmo. Cabildo de la Santa Iglesia, Padres Priores de la Cartuja, San Isidoro, y San Gerónimo &c. Lo cual visto por el Señor Asistente proveyó Auto, dense los Despachos según, y en la forma que se pide; y lo rubrico, y con su Señoría, su Teniente Mayor Don Pedro de Zaura. Ante mí Juan Esteban Sánchez. Y para que tenga efecto lo pedido por parte de dicha Regia Sociedad, despacho a los Señores Vicario General, y Juez de la Santa Iglesia, de parte de su Majestad exhorto, y requiero, y de la mía de merced pido, que siéndoles representada esta mi Requisitoria por cualquier persona en nombre de dicha Regia Sociedad, a quienes se tenga por parte legítima, la mando cumplir en conformidad de lo que su Majestad manda por su Real Cédula, y que se notifique a los Administradores, o otras personas Eclesiásticas, para que entreguen los cadáveres a dicha Regia Sociedad. Lo cual visto por dichos Señores Jueces, dieron cumplimiento a lo que se pedía por parte de dicho Señor Asistente, como Juez Conservador de la Regia Sociedad para la entrega de dichos cadáveres.
§. XX.
Fue esta Cedula Real el Arco Iris, que serenó la tempestad, que había entre las dos Comunidades, quedando los Socios alegres, y triunfantes, y los contrarios, como se puede discurrir; y así pasando por parte de los Socios un Escribano Real con la Comisión del Señor Conde de Ripalda, Asistente Juez Conservador de la Regia Sociedad (Juez que gobernó, como un José en Egipto y un Moisés en Refidim) a notificar a dichos Médicos Doctores, y Revalidados, que no son Socios, in solidum, y en sus casas, el Privilegio, y merced, que su Majestad (que Dios guarde) se había servido de hacer a su Regia Sociedad, que los Médicos Socios Numerarios de ella, era su Real voluntad, que presidiesen a todos los demás, esto es, Doctorados menos antiguos, o más antiguos, como también Revalidados: obedecieron dicha notificación in voce; porque si se hacía cita por parte de dichos Socios, se excusaban, obedeciendo dicho mandato, y no obedeciendo; y han discurrido un medio discreto, a mi parecer, que es pretender el ser Socios, y haciendo toda diligencia eficaz, han conseguido algunos el tener tal honra, la cual no se podía lograr, sin ser Socios; porque además de lograrse la paz por este medio, se consigue el obtener los Privilegios de Nobleza, que Nuestro Monarca (Dios le guarde) ha concedido a su Regia Sociedad, consignando de su Real Hacienda renta para los Socios, dándoles el mismo grado, que a los Jueces, y otros Servidores Políticos, y Militares, en premio de sus méritos, renovando este Gran Monarca los antiguos Privilegios, que sus antecesores los Reyes de España, y muchos Emperadores han concedido a los Médicos, como lo dicen muchos Autores, tanto Jurisconsultos, como Historiadores, así Latinos, como Romancistas. Esperan los Socios de la Real Protección el distintivo de Nobleza, que han de traer, concedido, y firmado de su Real mano. Esto supuesto, y otros Privilegios, que espera la Regia Sociedad, no es de admirar el que haya muchos pretendientes para conseguir el ser Socios, por dos motivos: El uno, y más principal es el presidir: El otro, el obtener estos Privilegios; aunque es verdad, que por razón de Médicos todos los tienen algunos siglos antes del Nacimiento de Cristo Redentor nuestro, como tengo intención probar, y manifestar a todos lo que es Medicina, y ser Médicos, siendo esta Facultad, y sus Profesores estimada, y engrandecida de muchos honores, privilegios, y hidalguías por muchos Emperadores, y Reyes, Príncipes, y Señoríos.
§. XXI.
Confieso, que no he cumplido con la obligación de Historiador, y Analista, porque he faltado a la verdad, no en lo que he escrito en punto de Sociedad, sino en lo que dejo por decir. Hasta aquí tengo escrito el principio, que tuvo la Sociedad, y todos sus progresos, el aumento no he declarado, aunque tácitamente algunos lo saben, el no expresarlo (por mejor decir) a quien se le debe, es ir inconsiguiente, y para no caer en esta nota, digo: que todos los Honores, Privilegios, y Rentas, que los Socios Sevillanos hoy tienen, se los deben al Ilmo. Señor D. José Cervi, Consejero de Hacienda de su Majestad (su Médico de Cámara) y Presidente de esta Regia Sociedad, con que puedo decir, que este Caballero ha sido Restaurador de la Sociedad Regia; así está impreso en algunos Papeles, y con razón deben proclamarlo los Sevillanos, y yo en nombre de todos, como agradecido, lo ejecuto en este breve Tratado, porque bien pudiera este Caballero asignar estas Rentas, y Privilegios a otra Sociedad, o llevarla, y fundarla en Madrid; pero posponer Patria, y Domicilio por Sevilla, es viva expresión de su afecto, y el dejar esta alhaja vinculada en Sevilla, es lo mismo que decir, o a Sevilla la reconozco por madre, o que Sevilla me reconozca por hijo (así interpreta mi juicio esta acción) pues sólo un hijo de Sevilla la ejecutara.
Los Socios con Ejercicio, que existen de aquella primera fundación, con algunos modernos, todos componen el numero de 21, los demás, que quedan a tergo referidos, son supernumerarios, que de estos, en faltando alguno de Ejercicio, entran en su lugar. Esto supuesto, haré un Catalogo de los Socios Fundadores de la antigua, y nueva Restauración, comenzando en forma de Comunidad, advirtiendo, que cuando el Presidente está ausente, o con enfermedad, se pone un Vice-Presidente, y este o lo nombra el Presidente, o los Socios; el cual por Constitución es el Decano entre los Socios (así lo dice la XI Ordenanza). Esta Política se practica en todas las Sociedades, en las cuales se observa, que el Vice-Presidente Decano viva en la misma Sociedad: y si este no pudiere por algún pretexto, viva en su lugar, por su Teniente, el Médico Socio más antiguo, no respective a la antigüedad de Socio, sino a la de Médico.
Catálogo de los Socios Fundadores:
El Ilmo. Sr. Don José Cervi, del Real Consejo de Hacienda, Médico de las Católicas Majestades, Presidente Restaurador.
Dr. D. Diego Gaviria y León, Médico de Cámara, Socio Fundador en esta nueva Restauración, Vice-Presidente.
Dr. Don Francisco Pablo García, Catedrático de Anatomía de la Universidad de Sevilla, Médico Decano Consiliario primero de la Regia Sociedad, Fundador en la antigua, y nueva Restauración.
Dr. Don Manuel Pérez, Médico de la Familia de su Majestad, Consiliario segundo, Socio Fundador de la moderna Restauración.
El M. R. P. Fr. Juan de Najera, del Orden de los Mínimos, Lector Jubilado, Colega Provincial dos veces, y tercera vez actual Padre de Provincia, y su Cronista, Examinador Sinodal, y Revisor de Libros de la Sociedad, Socio Fundador de la antigua, y nueva Restauración.
Dr. Don José Ortiz Barroso, Médico, y Familiar de la Santa Inquisición, y también Médico de la Familia de su Majestad, Secretario de la Regia Sociedad, Socio Fundador.
Don Toribio Cote y Covián, Doctor Decano (en su Claustro) Ex-Catedrático de Prima, Fiscal de la Regia Sociedad, Socio Fundador en esta nueva Restauración.
D. Juan Bautista Legendre, Cirujano Primario de su Majestad, Socio Fundador.
Dr. D. José Ruiz Valderrama, Médico de Cámara, y Ex-Presidente, Socio Fundador de la antigua, y moderna Sociedad.
Don Francisco de León, Farmacopola eruditísimo, Socio Fundador en la antigua Fundación, y Examinador por su Majestad.
Dr. Don Gabino Niolo, Médico de Cámara de su Majestad, y del Exmo. Señor D. Luis de Salcedo y Azcona, Arzobispo de Sevilla; Socio Fundador en la antigua, y moderna Restauración.
Dr. D. Bartolomé Moreno en la antigua, y nueva Restauración Socio Fundador.
El M. R. P. M. Fr. Francisco Ruiz, del Orden de San Agustín, Decano entre los Fundadores de la antigua Sociedad.
D. Juan Antonio Galante, Cirujano de la Familia de su Majestad, Anatómico, Socio Fundador de la antigua, y moderna Sociedad.
Dr. D. Marcelo Iglesias, Médico de la Familia de su Majestad, Socio Fundador en una, y otra Fundación.
Don Francisco Antonio Correa, Farmacopola, Socio Fundador de la antigua, y moderna Fundación.
Don José Arcadio de Ortega, Farmacopola, Ex-Secretario, y Examinador, Socio Fundador en una, y otra Fundación,
D. Gaspar Luis Fernández Montero, Cirujano de la Familia de su Majestad, Socio Fundador en ambas Restauraciones.
D. Gregorio Arias y León, Quirúrgico, Socio Fundador.
Dr. D. José Buendía, Socio Fundador.
Dr. D. Alonso Sánchez, Ex-Catedrático de Prima, Familiar del Santo Oficio, Médico de la Familia de Su Majestad, Socio Fundador en esta nueva Restauración.
Dr. D. Pedro Pastor y Morales, Catedrático de Vísperas, Socio Fundador en esta nueva Restauración.
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Otra circunstancia se queda por decir, que es la Fundación del Gimnasio de la Regia Sociedad: en este asunto no puedo escribir; pero discurro (por lo que he oído) que su Fundación es en la Colación de San Vicente. Y pues ya tengo cumplido con el Triunfo de la Regia Sociedad, y están ya en pacífica posesión de sus Privilegios, y algunos Doctores siendo Socios, todo se reduce a paz, muchos años la tengan, para conservar lo ganado, y restaurar lo perdido. Ahora resta el referir otro Triunfo, que este es común a todos los Médicos; y así lo iré dividiendo en varios Capítulos; porque así como ellos lo irán diciendo, en particular no se entiende, sino de una Doctrina en común, reduciendo toda Nobleza, y Privilegios a dos puntos: uno, por Ciencia, y otro, por Armas, teniéndome más por hijo de Adán, que por Noble.
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Capítulo XI.
¿Si está obligado el Médico, como Juez, a impedir, y manifestar, que no cure ninguno, que no sea Médico Físico?
§. XXXV.
R. Es el Médico Juez tácito de la República, el Rey manda a los Jueces Forenses el cuidado de sus Pueblos, así en lo Civil, como en lo Criminal, y a los Médicos el ser Jueces de la vida de todos; y así digo que se atiende más su jurisdicción, que no la de los Jueces Políticos: y ejercitando esta jurisdicción de ordinario, debe estar muy capaz para ejercerla, y constar de su habilitación en el Real Proto-Medicato, y así dicen los Doctores Silvestre verb. Medic. n. 1, Navarro cap. 25, n. 6, Trull. tom. I, lib. 4, cap. 1, dub. 11, n. 6, que el Médico, que cura faltándole algunos de los requisitos, que cualquiera de ellos denota incapacidad, como son la ciencia, o práctica, peca mortalmente: esto dicen estos Autores de los Médicos, y de los que no lo son, ya se puede inferir, qué dirán, viéndolos, que curan sin ciencia, ni licencia, a vista de los Médicos, que son los Jueces, que unos, y otros pecan mortalmente; unos, porque lo hacen; y otros, porque lo consienten hacer. Fundo esta doctrina en los Autores citados con Machado: Si un Juez sabe, que uno va a matar a otro, está obligado a libertar al inocente, y castigar al delincuente, y si no lo hace, y lo permite, pudiendo obviarlo, peca mortalmente; pues lo mismo, el Médico, que sabe, que un bárbaro, o otro semejante cura a un enfermo en estado de peligro, y no lo hace, porque al Médico, y no a otro le toca como Juez en Medicina; y así se oyen tan repetidos clamores en estas Ciudades grandes de las viudas, y huérfanos, pidiendo justicia a los Jueces de esta causa, para no ser destruidos, y aniquilados del bárbaro Neronismo. Ad te clamaverunt & salvi facti sunt: in te speraverunt, & non sunt confusi, Psal. 21. Y así claman, y deben ser oídos, por ser justicia, socorriendo la necesidad, y castigando el delito, no con odio, ni tampoco con tanto amor, que parezca miedo, ni con atención a los respectos, que entre Jueces, y Reos suelen haber; porque entonces se verificará lo que dice Aristot. de Rhetor, lib. 1. Amor, & odium, & proprium commodum semper facit Iudicem non cognoscere verum; sino con la rectitud, y prudencia, que tiene la Judicatura, observando las Leyes del Reino, que mandan, que se ponga por capítulo de Corregidores, Gobernadores &c. que inquieran, y castiguen a los que curan sin ser Médicos, ita in Leg. 9, tit. 16, lib. 3, cap. 17. Recopil. Siendo esta jurisdicción immediate a los Médicos, respecto del conocimiento en dichas causas; y deben nombrar dos Socios un Celador Juez, que no tenga las propiedades, que dice Aristóteles, y con eso quedan sus conciencias seguras, y de lo contrario no; y para que se vea, que digo la verdad: Cuántos Médicos Físicos con 30 años de práctica tal vez yerran, no por ignorancia, sino por descuido; pues, si a estos les sucede, qué será, los que no saben ni aun recetar, son la peste de una República, son oficiales de Herodes, que es menester esconderse de ellos; y así dicen algunos ignorantes, que no quieren Médico para sus dolencias, porque a vista de los ejemplares se recatan, diciendo: Si está de Dios moriré; y si no, no he menester Médico. Si lo dicen por estos, que son Médicos fin serlo, dicen bien, porque ponen su vida en peligro; si lo dicen de los que son verdaderos Médicos, dicen mal: y ya que se ha tocado nudo, que anda apretado en la opinión de muchos, veré si lo puedo desatar.
§. XXXVI.
Los que siguen la proposición de Si está de Dios moriré; si no, no he menester Médico, han de advertir, que es proposición errónea, y temeraria, y que toca en punto de desesperación, que van inmediatamente contra lo que el Espíritu Santo en el capit. 38. Ecclesiast. aconseja, y manda vers. 9, Fili, in tua infirmitate né despicias te ipsum: Hijo, en tu enfermedad no te desprecies. Vers. 11. Pídele al Señor, y el te curará, llama al Médico. Vers. 12. El Señor lo crió: y no falte de tu lado, porque sus Medicinas son necesarias. Vers. 13. Es ya venido el tiempo, que estés en las manos de los Médicos. Supuesta esta verdad Católica, contra los que siguen tal, disparate, oigan a los Santos Padres, y Doctores Eclesiásticos: el Angélico Doctor S. Thomas in 2. 2. q. 97. art. 1. dice el Santo, que los que quieren estar buenos en cualquiera enfermedad sin llamar Médico, ni usar de medicamentos, que estos tientan a Dios, para que sin necesidad haga milagro, lo cual es pecado mortal. Lo mismo dice Cayetano, y Navar. in Manu. cap. II. Sánchez Sum. tom. I, lib. 2, cap. 33. Fagundez en el Decálogo tom. I, lib. 2, cap. 32. Baseo in verb. Tentat. Dei. Y San Agustín in tract. 12, in Ioan. sub fin. Ipse se interimit, qui præcepta Medici observare non vult. Y algunos de estos Autores dicen, que estos como desesperados deben ser castigados Lege Cæfarea; y los maridos, que no quieren, que los Médicos curen a sus mujeres, si mueren, no tienen parte en la dote, e incurren en delito. Alexand. conf. 137. Viso processu &c. lib. 7. Barth. in Leg. Idemque ss. Pro socia, in Leg. Si certum in princip. ss. de verb. oblig. Bald. in Leg. Iuris, C. qui admittit ad bona pos. & in Leg. quod in uxor. C. de neg. gest. & consil. 254. Alex. consil. 91. & 123. Señor San Gerónimo en la Epistol. ad Paulin. in princip. Bibl. No hago memoria de los Gramáticos, Retóricos, Geométricos, Dialécticos, Músicos, Astrónomos, Astrólogos, sino de los Médicos, cuya ciencia es utilísima a los mortales: Taceo de Grammaticis, Rhetoricis, Geometris, Dialecticis, Musicis, Astronomis, Astrologis, Medicis, quorum scientia mortalibus utilissima est. Estos Autores siguen al Espíritu Santo en el cap. citado, suponiendo ser cierto, y verdadero, y como tal se debe seguir. Advierto, que lo que el Espíritu Santo dice en el vers. II, es que cuando uno está malo, que le pida a Dios, que su Majestad le curará, que llame al Médico, porque Dios lo tiene como medio instrumental para darle salud, si le conviene, y de no llamar Médico, se sigue una desesperación; y por eso dicen los SS. Padres ya citados, que lo llamen; y el Espíritu Santo ℣. 12 dice, que sus obras son necesarias. Es de advertir, que estas obras del Médico no son simpliciter respecto del Médico, sino secundum quid, esto es, que él pone los medios, y Dios obra: y los que juzgan con más que fe humana, que los remedios son el todo para su curación, se exponen a que les suceda lo que a Asa Rey de Judá, que habiendo enfermado de un dolor vehemente de pies, por tener más confianza en los medicamentos, y olvidarse de llamar a Dios, murió ægrota vit Asa anno tricesimo regni sui, dolore pedum vehementissimo, & nec in infirmitate sua quæsivit Dominum, sed magis in Medicorum arte confisus est... mortuus est. Paralip. 2, c. 16, ℣. 12, & ℣. 13. Contra los que dicen: Si está de Dios, moriré y sino aunque me dé una enfermedad mortal, puñalada & no moriré, digo, que Dios es poderoso para hacer en nosotros todo lo que su santísima voluntad quisiere; peros sobre el punto, de que vamos hablando, Dios no quiere, que ninguno peque, y no obstante, permissive le deja obrar. Expliquemos con esta doctrina el concepto: A Pedro le concede Dios de vida treinta años, y que esta la conserve poniendo de su parte los medios para conservarla, este dice: Si está de Dios, no he de morir; y en este supuesto, le dan una herida, de la cual no hace caso, y por más que le dicen, no quiere ni aun detener la sangre; éste precisamente morirá, porque falta a poner los medios para la conservación de la vida, permitiéndolo así Dios, como al otro, que pecase, el cual si se arrepintiera, se salvará, como éste si se curara, sanará, lo mismo es una enfermedad aguda, si no se deja curar, como también si uno toma un vaso de veneno, morirá, dejando Dios obrar las causas segundas, porque el veneno precisamente ha de obrar; y si se arroja de una alta torre, se matará, y no quiere Dios, que se condene, ni que se quite la vida; pero si él pone medios contra la vida, los deja Dios obrar como causas segundas, sin llegar al término concedido de los 30 años condicionales, no corriendo por paridad en los casos referidos, el que alguno haya sido la excepción del término, pues entonces le da Dios la vida extra ordinem, de potentia absoluta, que es lo que llamamos milagro, y así los vemos pintados en las Iglesias; pero de estos milagros no dice mi conclusión. Insto lo segundo: Los que tienen concedida edad de 30 años, y ellos por sí no han contravenido al orden natural en cuanto a exceso, sino que tienen enfermedad como cualquier viviente racional; y a estos llega el Médico, y como hombre yerra la cura, resultando la muerte del enfermo, concurre Dios permissive en el yerro, y a veces in pœnam peccati lo permite Dios por sus incomprehensibles juicios, verificándose en estos lo que dice el Espíritu Santo cap. 38, ℣. 15. Ecclesiast. Et qui delinquit in conspectu eius, qui fecit eum, incidet in manus Medici: El que llegó al último día de los 30 años concedidos de vida, y estando enfermo, llama al Médico, obedeciendo lo que dice el Espíritu Santo, le cura el Médico con mucho acierto, y no obstante muere, ¿diremos que lo mató el Médico? No, como ni tampoco incurrió contra el precepto de no curarse, sino que llegó el tiempo, que había de venir en las manos de los Médicos, vers. 13. Est enim tempus &c. esto es, al último término de la vida, siendo la Medicina tan digna de ser amada, siendo segura, y cierta, que es menester, para que deje de obrar, la fuerza de un Decreto Divino; y para los que la aborrecen, estando malos con enfermedad condicional, si estos llevan la opinión: Si está de Dios, moriré, y sino, no quiero curarme, es menester, como queda dicho, que Dios obre un milagro. Y así me parece, queda concluida la dicha proposición, y su nudo erróneo desatado, no como lo desató Alejandro.
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Capítulo XII.
Contra los que dicen: Si el Médico es sigiloso, prudente, y estudioso.
§. XXXVII
Es la virtud de la Prudencia una prenda de inestimable valor, que unos nacen con ella, y otros la adquieren, y de cualquier modo que sea, es la que le da al hombre el ser, y si no la tiene, aunque sea muy docto, tendrá el nombre de imprudente; es la que gobierna el timón del entendimiento, que es el juicio, y para cualquiera ocupación se requiere, principalmente para todos aquellos, que por sus letras adquieren dominio sobre los hombres, así en lo espiritual, como en lo temporal, no siendo bastante el ser docto para este dominio, si es imprudente, si atendemos a lo que dice el Espíritu Santo en el cap. 4. de los Proverb. ℣. 7. Principium sapientiæ, posside sapientiam, & in omni posessione tua acquire prudentiam. Todos los Autores Moralistas aconsejan a los Confesores la prudencia, los Jueces no deben carecer de ella, los Capitanes para el gobierno de sus Soldados; es también muy precisa para los Médicos, los cuales la tienen, como lo demuestra su modesto traje, y semblante, trabajando en adquirirla para su mayor acierto, aconsejando a los enfermos, que muchos no han recibido los santos Sacramentos por la repentina advertencia, y de esto darle un accidente, y morir, lo cual no sucediera, si usara de la prudencia, y en su interrogatorio Médico decirle lo que cualquier prudente dirá en tales ocasiones: es verdad, que esto sirve para jóvenes, y hombres ricos, que de ordinario temen demasiado el morirse; pero no obstante, ríjase con todos con la prudencial virtud: ¿por qué si un Confesor es preciso el que la tenga, por las obscenidades, e impurezas, que oyen sus castos oídos? ¿qué será el Médico, que no tan solamente oye, pero ve, y muchas veces toca in partibus secretioribus? para esto necesita de duplicada prudencia, por ser mayor el peligro. Esta discurro, que todos la tienen, como se experimenta. Observan también el sigilo en cualquiera enfermedad, que se les comunica, sea de hijos de familia, o Eclesiásticos, si acaso por desgracia tienen algún afecto escandaloso (lo que Dios no permita) saben su obligación en guardar sigilo, y el no manifestarlo, por no incurrir en pecado contra justicia, faltando al sigilo, y contra caridad; y así observan esta doctrina, para que se verifique en los Médicos el Proverbio, que dice, que son como los Confesores. Es estudioso, y lo tengo por cierto, que todos en su Facultad ponen los medios para conseguir el objeto, que cualquier obra salga perfecta; y siendo en la Medicina la última el conocer el peligro de la enfermedad, para que ninguno muera sin Sacramentos, este conocimiento lo tienen muy sabido los Médicos por sus Autores, observando los Cánones, y Bula de San Pío V, los cuales los observan, y guardan; uno de ellos dice, que el Médico, que fuere llamado para curar algún enfermo, conociendo a la primera visita su gravedad, le amoneste se confiese sacramentalmente: habetur in Canon, cum infirmitas, de pœnit. & remis. lib. 37, tit. 4, p. 1. Jacobo Mansino practic. Vicit. infirm. fol. 14. San Pío V por Bula especial, quæ incipit: Super gregem Dominicum, año de 1566, ordenó, que si después de tres días amonestado el enfermo, no lo hiciere, que lo deje. Sánchez lib. 3. Mor. cap. 16, num. 1. Fagundez in præcept. Decal. lib. 2, cap. 25, num. 1. Estas obligaciones las fabe el Médico, porque sus mismos Autores las traen; pero porque algunos están en la inteligencia de que la Medicina solo se reduce a curar, sin tener connotación con las demás Ciencias, he dicho lo referido. Estudiando los Profesores de Medicina en su Facultad, estudian en todas, aunque particulariter no sean consumados en ellas, por estar esta Ciencia enlazada con todas, y así no carecen de noticia; y a los que dicen, que los Médicos, que no saben Astrología, no pueden ser buenos Médicos, respondo, que poco han leído de Medicina los que dicen tal absurdo: todo Médico Físico, para serlo, estudia primero la Filosofía, y en la Física se lee una disputa de Cœlorum natura, numero, & motu; otra de Elementis, de causis, y en el lib. 6. de la Física de continui compositione; con que para saber cómo obran los influjos Celestes en los sublunares, me parece que saben los Médicos; además que cuasi todos sus Autores tratan de Astronomía, y siendo la repetición de su estudio tan continua, tendrán ya más que noticia, la cual es bastante para la observación de los influjos en las enfermedades, no siendo esta Ciencia de la Astronomía simpliciter necesaria para curar; y sí lo es para hacer Repertorios, Almanaques, y Efemérides, para la Medicina no, porque en teniendo observación con el Astro para purgar, sangrar, baños, sudores, cortar algún miembro integral, acabose esto; y si el accidente es urgente, a Dios de Astronomía, que entonces se purga, se sangra &c. sin atender al ante Canem, & post Canem, ni hay influjo a quien guardarle respecto, quia urgentioribus succurrendum est; pues si esto es así, ad quid la Astronomía, para que se guarde su observancia, como si fuera precisa, téngase como accidental, y callemos la boca, que bastante barato lleva.
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Capítulo XIII.
Si tiene obligación el Médico de curar al Pobre.
§. XXXVIII
Digo que todos estamos obligados, pena de pecado mortal, socorrer al prójimo en extrema necesidad, como no sea con peligro de nuestra vida, v. g. Dos hombres van por la orilla del Río, y ven a uno, que se está ahogando, en tan corta distancia, que con quitarse la capa, у echársela, para que se mantenga, le librarán la vida, no lo hacen pudiendo sin detrimento, pecan mortalmente. D. Thom. 2, 2, q. 71, art. 1. Fagúndez in præcep. Decal. lib. 8 cap. 38, n. 20, quam tenent Soto lib. 5 de Iust. q. 8, art. 1. Machado lib. 6, p. 3, tract. 1, fol. 39. Lo mismo es el Abogado, que sabe que van a condenar a uno a muerte sin culpa, y porque es pobre, no lo defiende en la necesidad grave, también incurre, aunque distintamente. Si un Médico pasa por una calle, y le llaman para socorrer un accidente de necesidad extrema, si pasa de largo, y dice, que a la vuelta le verá, ¿incurre, como los que quedan a tergo citados? Respondo, que no; y la razón de disparidad es, que el que se está ahogando, es uno, como también el que está sentenciado a muerte, y este debe ser socorrido como único en la extrema; y el Médico, aunque es llamado para el enfermo accidentado, este no es solo, porque va más abajo a ver otro, que le llamó primero; y si este es persona grave, como un Señor Obispo, o Gobernador, que como Cabezas de la Patria, se deben atender primero por la falta tan grande, y el notable perjuicio, que por su muerte puede resultar, atendiendo estos respectos, y anteponiendo estas vidas, como tan necesarias, a la de una pobre vieja. Esto lo que quiere decir en dos palabras, es, que primero debe ser rescatado el General, que no un Soldado. Supongo, que estos casos no suceden muy de ordinario; pero vamos a lo común, si tiene obligación el Médico de curar al pobre, digo, que por Ley del Reino la tiene, y por juramento, que hacen, cuando se habilitan (refiero todo esto, por no dejar blanco descubierto, para que ningún cañón de pluma le apunte, ya por lo serio, o ya por lo jocoso) pero vamos a ver, si esta obligación es precisa siempre, o no: es precisa respective a los Lugares, porque distinta obligación tendrá el Médico de curar los Pobres en Lugar donde no hay Hospital, que en Sevilla donde hay doce, nueve de hombres, y tres de mujeres; y aunque sea menos agravante, no se excusan en parte de la obligación, porque suele haber algún respecto, que le obligue, como si un Caballero, que ha tenido, viene a estado de pobre, o Eclesiástico, a los cuales les es muy sensible el ir a un Hospital, y por no pasar por tal bochorno, aunque imprudente, se dejan morir. A estos está obligado el Médico, como consta de lo antecedente, recibiendo el premio, que dice el Profeta Rey al Salmo 40, Beatus, qui intelligit super egenum & pauperem: in die mala liberabit eum Dominus. Dice San León Serm. 4 de collect. cui inop. Subveniend. Lorin, Psal. 5, que la palabra intelligit se entiende por los que socorren, y ayudan a los pobres enfermos necesitados, y el que lo hace es bienaventurado, y el día del Juicio lo librará Dios. Éste es el premio, que ofrece el Espíritu Divino. Éste logran los Médicos, ejercitando la caridad, como lo hacen con los pobres enfermos, no teniendo la imprudente locuacidad, entrada en la pregunta: ¿Si tiene obligación? como queda dicho.
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Capítulo XV.
Respuesta al Doctor D. José Gazola Veronés, Médico Cesáreo, y Academista Aletófilo, a 23 proposiciones que escribe en un Tratado cuyo título es El Mundo engañado de los falsos Médicos.
Ut muta fiant labia dolosa, Psal. 30, ℣. 19.
§. XLIV.
Defendiendo en este breve discurso la Medicina, y sus Profesores, es preciso responder, aunque no sea más que por breve tiempo, a un libelo, que aunque pequeño en el volumen, gigante en la malicia. Antigua es la astucia de los Herejes el bautizar sus herejías con los nombres de Autores Católicos. Así lo hizo el Hereje Francisco Escalps, cuando escribió un libelo infamatorio contra cierto Congreso de hombres doctos, poniendo por Autor del tal libelo al Ilustrísimo Señor Don Fray Ildefonso de Santo Tomás, Obispo de Málaga, que fue menester la experiencia de su virtud, y letras, para que no se diese crédito a la impostura, y satisfizo con una Epístola, que escribió a la Santidad de Inocencio XI, la cual fue circular a todo el Reino, su título: Catholica Querimonia: hasta que Dios quiso descubrir la verdad, padeció la calumnia el santo Prelado. Pocos días ha, que corre un libro (pero él parará) cuyo título es: El Mundo engañado de los falsos Médicos: su Autor el Dr. D. José Gazola Veronés, Médico Cesáreo, y Academista Aletófilo, obra póstuma, traducida del Toscano a Español. Desde el título hasta el fin es una malicia todo el libelo: dice el título: El mundo engañado de los falsos Médicos; y yo digo: ¡A quién no engañará esto, poner por Sistema los malos Médicos, para decir mal de los buenos! Dice el Rmo. que es obra póstuma, si se verificara la proposición, que fuera del Padre: y me admiro de ver a un Sacerdote metido en un saco, que gaste el tiempo en averiguar los Aforismos de Hipócrates, y deje las Epístolas de San Pablo, que es de su obligación: y ya que lo haga, si es por ostentar la ciencia, sea en alabanza, no en vituperio, que por lo uno será alabado, y por lo otro aborrecido. Excusase de poner su nombre, y no se ignora, y bautiza su libelo con el nombre del Doctor Gazola; no es mucho, que aborrezca la luz el que no quiere, que lo vean caminar por las obscuras sendas de la detracción: ideoque suppresso nomine Typis datus est libellus. Todo su fin es, que no son necesarios los Médicos: pues si es así, para qué se pone por título de los malos, mejor era decir de todos: supuesto que todo el libelo viene a parar en que no es menester Médico. Digo lo primero, que el libro compuesto por el Doctor Gazola no puede correr, porque su Autor escribe sin licencia de Dios, y de sus Jueces, que son los Señores Obispos, o sus Delegados: sin licencia de Dios, por lo escandaloso, y mal sonante de sus proposiciones: sin licencia de los Jueces, porque el libro no las tiene. Y las proposiciones, a mi entender, tienen tres objetos, uno serio, otro exagerativo, y otro vulgar. El título del discurso primero dice así: Más vale estar sin Médico, que no tenerle bueno. Esta proposición tiene dos partes, la primera dice: Más vale estar sin Médico, lo mismo digo yo, que es señal de que estoy bueno: la segunda: Que no tenerle bueno: ésta en el sentido serio, y formal es contra lo que al cap. 38 ℣. 12 del Eclesiástico dice el Espíritu Divino hablando de los Médicos: Dios crió el Médico, y no se aparte de ti, porque sus obras son necesarias. Dios dice, que en estando uno enfermo, llame al Médico; la proposición dice: Que en tal caso más vale estar sin Médico, aunque sea bueno: Ergo exterminanda. El segundo objeto es exagerativo, porque además de no obedecer, menosprecia la Medicina, y dice Dios, que el varón prudente no la aborrecerá, respecto que Dios la crió, ℣. 4. El tercero objeto es vulgar, y muy pernicioso, porque el vulgo no distingue, y si oye tales proposiciones, las tomará tan a pechos, que todo lo echará a espaldas. Al fol. 4 dice: Que para atajar tan perjudicial engaño, como ponerse en manos de los Médicos, con voz de Misionero entonará junto al lecho del enfermo aquella sentencia del Eclesiastés: Noli esse stultus, nè moriaris in tempore non tuo, cap. 7, v. 18. Con la cual quiere decir, que si uno usa de la simpleza de llamar Médico, se expone a morir antes de llegar a viejo. Supongo, que el texto no es bien traído, y es diminuto en su cita. Respondo, que si el Autor dice, que con voz de Misionero ha de entonar junto al lecho del enfermo la sentencia referida, yo me pondré del otro lado, y entonaré con voz de Misionero Cristiano: Llama a Dios, que él te curará, ℣. 10. Llama al Médico, mira, que dice Dios, que sus obras son necesarias, v. 12, Ecclesiastici cap. 38. El texto, que cita el Autor, es diminuto, porque le falta el principio, que con él hace diverso sentido: dice así: Nè impiè agas multum: & noli esse stultus, ne moriaris in tempore non tuo; y a donde está el punto, pone dos, dando a entender, que no está finalizado el verso: lo que quiere decir el versículo, como está en la Biblia, es, que muchas veces la multitud de los pecados abrevia la vida. Al fol. 58 dice: De aquí es, que Dios para mayor terror de la malicia humana prorrumpió en aquella amenaza tan espantosa: Faciam, ut incidat in manus Medici. Lo primero que la tal cita o es voluntaria, o falsa, porque no cita libro, capítulo, ni número: y en la Escritura Sacra, sino es en el cap. 38 del Eclesiástico, no se hallará sentencia, como la que el Autor quiere decir, y es el vers. 13 y el 15, dice así: Tiempo vendrá, que estés en manos de los Médicos, y esta no es sentencia, sino aviso de que somos mortales: y para que haya sentencia, se supone delito; en el antecedente versículo 13, no supone culpa: luego no puede haber sentencia. El vers. 15 supone culpa, y por consiguiente pena, ibi: El que obra mal delante de Dios, faltando al cumplimiento de su Divina Ley, cae en las manos de los Médicos. Esta es la sentencia dada a los que no obran bien, no la que el Autor trae, sin citar libro. Y a esta, que el Autor llama sentencia, llamo yo aviso de misericordia, porque le postra en la cama, para que muera como Cristiano, a distinción del que muere de una muerte desastrada, súbita, & improvisa in pœnam peccati; pero morir con Médico, todos lo deseamos, como decimos: Morir en nuestras camas: y esto no lo tengo yo por sentencia, sino por aviso de la misericordia de Dios. Y advierto al Autor, que además de lograr la asistencia del Médico, tiene también con el mismo quien pida a Dios por su salud, y buen acierto en sus remedios: así lo dice el ℣. 14 del cap. 38. Ipsi vero Dominum deprecabantur, ut dirigat requiem eorum, & sanitatem. Al fol. 25. Que el camino más recto, y seguro para recobrar la salud, es el de mantenerse sin Médico. Al fol. 59. Pero si en la curación del cuerpo el Médico temporal comete algún error, no tenemos un corrector dispuesto, y prevenido: porque Dios deja obrar las causas segundas, y sin especial milagro no puede remediarse. Señor Doctor, cayó Vd. en la percha: Vd. dice, que por haber errado el Médico, murió el enfermo, porque Dios deja obrar las causas segundas; el enfermo no llamó Médico, porque per te es el camino más recto, y seguro para recobrar la salud, y la enfermedad no declina, antes si se aumenta, hasta que le quita la vida, porque Dios deja obrar las causas segundas en el término ordinario condicional: luego, porque no tuvo Médico, murió: luego el camino más recto, seguro, racional, y cristiano es llamar Médico: luego la proposición fol. 25 es errónea, y detestable. Insto en la misma proposición: Dice el Autor: El camino más recto, y seguro para recobrar la salud, es mantenerse sin Médico: luego llamando Médico, no hay seguridad para recobrar la salud: luego lo más recto es no llamarlo. En la segunda proposición dice: Cuando lo juzgare la discreción por preciso: luego en estando malo, será preciso; y si no lo llama, per te será indiscreto: luego la discreción está en llamar Médico; y la proposición 25 de que es más seguro el mantenerse sin Médico, es falsa: al principio dice, que la Medicina es una templada precaución, y una dieta con tolerancia: y al fin, que el Récipe más seguro en cualquiera curable enfermedad es la dieta, la quietud, el tiempo, y la tolerancia. Lo cierto es, que dice bien el Autor: vivan todos con una dieta Cuaresmal, y quietud de tiempo, con tolerancia en las pasiones, y verán, como están buenos, y entonces no era menester Medicina; pero ni aun con estas prevenciones ninguno dejará de padecer enfermedad. Si es cierto, que Dios la crió, y que manda, se honre al Médico, porque sus obras son necesarias, y tres veces manda Dios, que lo honren, ¿cómo se atreve Vd. a decir al fol. 25 que el camino más recto es mantenerse sin Médico? cuando Dios dice, que lo llamen, que sus obras son necesarias, y que lo honren, y que la Medicina fue criada por el mismo Dios: ¿qué es esto? El prudente puede inferir la consecuencia. Además: Por altísima providencia están dispuestas en este mundo las Ciencias, Artes &c. y es cierto, que en todas hay bueno, malo, y menos malo; pues si esto es así, discurre el Autor, ¿que nos trae alguna lucerna para darnos luz de los buenos, o malos Profesores de las Ciencias? Pues yo discurro, que el Autor no es de los muy malos en Medicina; así se aplicara, que había de ser uno de los de su linaje. Quiero advertir al Autor, que aunque sea de los buenos, no está libre de un yerro, solamente se escapara de hallarse en potencia de no cometerlo, siendo Ángel; pero como los hombres no lo son, de ahí se sigue el yerro: y más yerra el que juzga a los hombres Ángeles, para que no yerren. El mejor argumento, que puede un Filósofo formar, es, cuando deduce la réplica de los propios fundamentos del contrario, y la prueba con sus mismos Autores. Todas las proposiciones, que el Autor trae en su libro, son Gentílicas; y al que funda sus argumentos en doctrina de Gentiles, ellos darán la solución para concluir: algunos puedo referir, y siendo a mi arbitrio la elección, pongo a Ovidio: Este Gentil (pero discreto) padecía mucho de tercianas, y escribió dos libros en verso muy selecto, de remedios, su título: Nascentibus vitiis medicina adhibita, captandam diligenter ese, Poeta docet, rei benè gerendæ opportunitatem: y comienza el primer verso diciendo: La tierra cría hierbas salutíferas: Terra salutiferas herbas… nutrit. Pues esto, que dice Ovidio, es en contra de la proposición del fol. 25 y del fol. 45 que el Autor defiende; y en contra dice este Gentil, que los medicamentos a tiempo aprovechan, vers. 18 Temporibus Medicina valet, data tempore prosunt. Y que si alguno no llama inútiles a sus preceptos, se los confesara por vanos, cuando a el que se los diere, estuviere bueno, pero como esté malo, no: Porque muchas veces (dice) estando malo, bebí zumos de raíces, y hierbas amargas, aunque contra mi voluntad, y hasta la comida me la tasaban; y si alguno dice, que estos medicamentos son de poco provecho, diré, que algunas veces alivian, ℣. 21 y 22.
Sæpè bibi succos, quam vis invitus, amaros
Æger, & oranti mensa negata mihi est.
Forsitan hæc aliquis, nam sunt quoque parva, vocabit:
Sed quæ non prosunt singula, multa iuvant.
Supuesta la doctrina de este Gentil, y concordando en esta materia con cualquiera dictamen cristiano, formo este dilema: O el dictamen de Ovidio es bueno, o es malo; el dictamen de Ovidio es bueno, porque es conforme al orden natural de la razón: luego las proposiciones del Autor son falsas, y no se pueden oír, ni seguir, y por consiguiente convencidas de tales por texto de un Gentil como Ovidio. Es tan docto el Autor en esta Ciencia, que para probar, que el sangrar es pernicioso, trae al fol. 27 un texto del cap. 17 del Levítico: Anima carnis in sanguine est: lo mismo dirá un aprendiz de Albéitar. Ahora pregunto yo: Cuando la sangre peca en la cuantidad, o calidad, ¿dónde está el alma? Pues yo sin ser Médico, digo, que está la muerte. Dice al fol. 45 hablando de los medicamentos: En fin no hay rincón de la tierra, por distante que sea, con quien no se tenga comercio, para que no haya indisposición, por ligera que sea, a que no se juzgue necesario, con injuria de la providencia Divina. Lo primero, que se infiere de esta proposición, es, que de buscar remedio como necesario a la indisposición, se injuria a la Divina providencia: yo digo, que el no buscarlo fuera injuria, y contravenir a lo que Dios manda, que es, que cuando está uno malo, no se desprecie, sino que busque remedio, Fili in tua infirmitate nè despicias te ipsum, llama al Médico. Además, que ya tengo dicho con Santo Tomás, que el que quisiere estar bueno sin usar de medicamentos, tienta inmediatamente a Dios, para que sin necesidad haga milagro; la proposición del Autor quiere, que para no agraviar a la Divina providencia, no se busquen remedios necesarios: que quiere decir: Si está de Dios sanaré, y si no, ¿para qué son los remedios? Esta doctrina es la misma que siguen los Eustoquianos: Si está de Dios me salvaré, y si no, no, que es herejía. A el fol. 57 dice, que queriendo Dios atemorizar los pecadores, los amenaza con hacerles caer en las manos del Médico. ¿Qué especie de venganza es esta? Aquí hace a Dios intentator malorum, y tiene por venganza lo que es en Dios misericordia. Dígame, Señor; ¿Cuál es mejor, morir uno en su cama con los Médicos, o morir de repente? Pues, como llama castigo a lo que es aviso de misericordia: y en este punto llama a Dios vengador. A el fol. 59 Llama sencillo, porque obra como Autor de la naturaleza, dejando obrar las causas segundas. Valiente sencillote me parece Vd. A el fol. 66. Esta es la causa, por qué muchos enfermos, reconociendo el recobro de su salud por invisible medio, se creen reengendrados por un milagro: y sin embargo de ser puro efecto de la naturaleza, con todo eso cuelgan el milagro por voto en los Altares, por triunfo de Religión, siendo cierto, que el idiota, por no conocer las fuerzas de la providencia natural, confunde muchas veces sus operaciones con los milagros de su fe. Pues a fe de pobre Clérigo, que la proposición tiene su puntita de Iconomaco, y Calvino: luego los milagros, que están por esos Santuarios puestos de salud no son verdaderos, porque son recobrados por invisible medio, y es puro efecto de la naturaleza: luego siempre que uno recobra la salud, es efecto de la naturaleza; hoc est falsum: ergo. Dice, que es idiota el que se halla bueno con Médico y medicina: yo digo, que es un idiota el que dice, que en una enfermedad grave queda bueno sin Médico, sino es por milagro. Prosigue, que Dios deja obrar las causas segundas. Hic te volo: Vd. dice, que se recobra la salud por invisible medio, y por puro efecto de la naturaleza; per te Dios deja obrar las causas segundas, el que decline la enfermedad sin Médico, ni medicinas, es obrar en causas segundas; la enfermedad no declina, si cada vez va aumentándose, hasta que le quita la vida: aquí deja Dios obrar las causas segundas, porque tan causa segunda es que obre ad bonum quam ad malum: con que ¿dónde está el invisible medio, y el puro efecto de la naturaleza? Sigue, que es tanta la presunción, que los hombres tienen de sus meritos, que a cualquier leve ruego imaginan que debe abrirse el Cielo Empíreo y venir al instante las gracias del Altísimo, juzgando con una corta oración interesada alcanzar todo el sistema de la naturaleza. No es menos esta, que la otra; ningún pecador se puede confiar: además, que el Apóstol enseña: No por mis meritos, sino por la gracia de Dios: Non ego, sed gratia Dei mecum. Dice, que con una corta oración: con el Padre nuestro oró Cristo, y nos enseñó a orar, y es oración corta; si no es que el Autor quiere, que se ore con algún Salterio Anglicano. Ibid. Haciendo devota ostentación, con el color modesto de un Avito, se ofrecen a la admiración con el hábito. ¡Qué cerca tengo el punto para tirarle! pero siendo en todo el libro general, no he de ser ahora particular, quiero pasar plaza de prudente, y modesto. Al fol. 171. En esto consiste todo el arte de los Galenistas, que por acreditarse de diligentísimos destruidores de las enfermedades, se valen del hierro, y del fuego: sabiendo ellos, que el idiota cree, que los mejores Médicos son los que sin compasión alguna desuellan, y martirizan a los enfermos. Ya descubrió la beta nuestro Médico, pues ignora, que en la causa remota el único medicamento son el fuego, y hierro, cortando, y cauterizando: y S. Gerónimo en la Epist. 46 a Bonaso dice: Los Médicos, que llaman Cirujanos, son tenidos por crueles, y son desdichados: esto es tener por desdicha lo que es misericordia, en no dolerse de las llagas. Al fol. 189. Si el Arte Médica fuese segura en sus operaciones, y se pudiese prometer con sus recetas buen éxito, en tal caso sería siempre provechosa; no contiene cosa alguna cierta, porque es el entendimiento humano incapaz de comprehender las impenetrables operaciones. Infiero de esta proposición: Luego no es segura, respecto que no aprovechan sus operaciones: luego, porque el entendimiento humano per te es incapaz, no la comprehende: luego ningún Médico la comprehende respecto de la incapacidad del entendimiento humano: luego es falso el título del libelo: El Mundo engañado de los falsos Médicos. Niegas: pruebo, porque en la proposición no prescindes, sino hablas en común: El Arte Médica no es segura, respecto de la incapacidad del entendimiento humano para comprehenderla, sin exceptuar entendimiento de Médico bueno, o malo; per te ningún Médico la comprehende respecto de su incapacidad: luego tan falsos son los buenos Médicos, como los malos, y el título del libelo no conviene con el libro, ni el libro con el título, porque es contra los falsos Médicos, y la proposición habla en común de todos los Médicos buenos, y malos; la cual es hija legítima de la absoluta, que el Ilmo. Caramuel trae en el tom. 3 de su Teología Fundamental fundam. 55, disputando sobre el quinto Precepto dice contra los Médicos: Qui percalluerit Medicinam scientifice, nullus est nullus erit: vel siquis iniuriam sibi in hoc asserto fieri existimat, in medium prodeat, & demonstrationes, quibus regitur, in praxi ostendat. ¿Quién hay (dice el Ilmo. Caramuel) que científicamente sepa Medicina? Ni le hat, ni le habrá: y si alguno juzga, que en afirmar esto se le hace injuria, saque la cara, y enséñenos las demonstraciones que sirven de gobierno para curar los enfermos. Si no hubiera descuidos, o confianzas, cómo los Pigmeos, cómo yo, habían de conseguir la victoria. Pregunto, Ilmo. Señor: ¿La Medicina es Ciencia, o Arte? Si es Arte, constará de reglas, y preceptos, como los demás Artes: pues en haciendo sus Profesores lo que manda según Arte, se cumple con el Arte: ¿es Ciencia? Pues debajo de la bandera del discurso de los hombres milita, como las demás Ciencias; pues si en las demás hay comprehensión, ¿porque no en la Medicina? Si en la Teología se disputa, y en parte se comprehende, no el objeto primario, que es infinito, ¿por qué no en la Medicina, que su objeto es finito, limitado, y comprehensible, y aun los mismos irracionales disputan con su instinto, y consiguen su curación? ¿Pues qué lo limitado de los brutos no puede alcanzar el entendimiento del hombre? Y aquello de minuisti eum (hablando del hombre, y su inteligencia) paulo minus ab Angelis? Y el omnia subiecisti sub pedibus eius? ¿Con qué todo quedó sujeto al hombre, menos la Medicina? No lo creo: quédome aquí, y no paso a sacar consecuencias, que salen tan a la cara, dejando la crisis para el lector. Al fol. 196. Y valerme de sola una razón que si no me engaño, me parece no tiene respuesta: es certísimo según las historias que Crisipo, Erasístrato, Elmoncio, y otros muchísimos, así antiguos, como modernos, Médicos de gloriosísima fama, por todo el curso de su vida ejercitaron la Medicina, y curaron enfermedades de toda especie, sin que jamás sacasen una gota de sangre: luego el sacar sangre no es necesario para curar las enfermedades; no es necesario: luego es superfluo, y fuera de eso es peligroso. Resp. Digo, que está muy engañado el Autor en pensar, que no tiene respuesta su argumento: lo primero, que ya confiesa, que hay Médicos de gloriosísima fama, que supieron esta Ciencia con capacidad de entendimiento humano, que es lo que niega al fol. 189. Lo segundo, que curaron enfermedades de todas especies fin sangrar. Distingo: Enfermedades de toda especie, que no necesitaban de sangría, concedo; enfermedades, que la necesitaban, niego, como son afectos sofocantes, tabardillo, dolor de costados, plenitud quoad vasa &c. y las consecuencias inferidas de la proposición, no salen, y son falsas, porque en tales afectos son necesarias, y no superfluas, ni peligrosas las sangrías. Al fol. 198 & 199. Sin embargo ellos dicen, que sacan sangre para refrescarla: mas yo quisiera saber, ¿con qué Filosofía infieren, que se refresque la sangre, sacándola? y fuera de esto ¿cómo saben, que sea conveniente el refrescarla? En cuanto al conocimiento, el pulso, la inapetencia, la vigilia, el color sanguinolento del rostro &c. y para inferir con la Filosofía, que sacando la sangre, se refresca, patet: Un horno está lleno de leña ardiendo, y causa v. g. veinte grados de calor, si le quitan la mitad de la leña, quedarán menos grados: la sangre peca en la plenitud, y por consiguiente en más porción de espíritus, que excalefacen con el orgasmo continuo. Ahora verá el Autor, cómo se infiere con Filosofía: Luego, evacuando los vasos, habrá menos espíritus, que calienten: luego sacando la sangre, se refresca. Al fol. 31. ¿Acaso las enfermedades se vencen con la muchedumbre de los Médicos? Ciertamente los Príncipes alistarían un ejército: pero desde que leyeron aquel lastimoso epitafio, que hizo esculpir Adriano sobre su sepulcro: Turba Medicorum perii, apenas tienen los que bastan para la decencia del Estado. Digo, que el Autor en todo escribe de casquis, porque si hubiera leído, supiera, que la turba de los Médicos no mató a Adriano (como supone con falsedad) porque Adriano fue el que mandó a los Médicos, que lo matasen. Fue el Emperador Adriano Español (y por tanto temerario) natural de Sevilla la vieja, o Itálica reedificada por Scipion Africano, y siendo de edad de 62 años, le dio un flujo de sangre por las narices, y viéndose sin remedio, se fue a la Ciudad de Bayas, y en cinco meses, y diez y nueve días no pudieron los Médicos aliviarlo: viéndose destituido de remedio, pedía que lo matasen, y a los Médicos decía, que le diesen hierbas para morir, no lo hicieron: y tanto les porfió, que le dijeron, que no comiera, ni bebiera, y así acabó la vida, año de nuestra Redención 140 diciendo: Turba Medicorum Regem interfecit, no como el Autor dice: Turba Medicorum peri. Con que sacamos de lo referido, que a Adriano no lo mataron los Médicos, sino él se mató, y el Autor trae falsamente la cita, y la historia: y esta la refiere Fr. Juan Bautista Fernández I. p. de sus Demonstraciones lib. 3, discurs. 10, §. 23. Y para prueba de mi verdad, lea el curioso, o el incrédulo el Catálogo de los Reyes de España, y Austria, en la Epocha 3, cap. 55, fol. 871, donde dice, que fue tan raro, que por no dar en manos de los Médicos, se mató a pura dieta: luego es falso, que los Médicos le mataron. En este caso de Adriano funda el Autor la opinión errada, e ignorada de la proposición fol. 16, que los Médicos estuvieron fuera de Italia 600 años. Si la funda en las coplas de Marcial, y otros Poetas, es por envidia, que tuvieron de ver que a la Medicina, y sus Profesores le hizo templos, y estatuas el Gentilísimo, y a los Poetas no. Pero vamos al folio 161, que todavía no quedó satisfecho, dice el Autor: De allí nació, que desterrando los Médicos de la Ciudad, introdujeron la verdadera Medicina y por espacio de 600 años fue el cúralo todo de aquel destierro. Trae por texto a Plinio lib. 29. Sicut Populus Romanus ultra sexcentesimum annum &c. Reparo, que un sujeto, que bosteza letras, traiga ejemplos Gentílicos para persuadir al Cristianismo. Pero ya es tiempo, que entremos en cuentas: Por la muerte de Adriano no fue el destierro, porque luego que Adriano murió, imperaron Antonino Pio, y Marco Aurelio, murió Antonino Pio, en el cual tiempo vivía Claudio Galeno, y le curó: y el año del Señor de 141 enfermó Marco Aurelio, y le curó Claudio Galeno, ita Adolpho Oco in numism. Imp. Rom. in M. A. §. 186. Refiere Alexandro ab Alexandro lib. 3, cap. 7, que habiéndosele muerto un hijo a Marco Aurelio, reparó, que los Médicos estaban muy tristes por el suceso, y él los consoló, y mandó, que no lo sintiesen más que cinco días. Ya tenemos cierto, que por el fatal caso de la muerte de Adriano no fueron desterrados los Médicos, como consta de haberlos en las muertes de los Emperadores sucesores. Siento a la verdad en llegar a lances estrechos, pero si el Autor ha oído campanas, y no sabe donde suenan: El destierro de los Médicos de Roma no fue, porque cometían homicidios (como dice el Autor) porque si así fuera, la muerte de un Soberano no se castiga con un destierro, sino con muerte ejemplar. El destierro fue dado a las familias de los Annios, Antoninos, Ennios Veros y Asclepiades, que unos siendo Cónsules, otros Patricios, otros Procónsules, y Procuradores de Roma, siendo Médicos, tuvieron un rebelión con otras familias ilustres, sobre quien había de ser Prefecto, y a quien habían de elegir por Tribuno Repartidor de las Cohortes, que es lo mismo que Capitán General, por eso fue el destierro de estos por breve tiempo, quedándose los demás Médicos en Roma, como queda dicho en las muertes, y enfermedades de los Emperadores. Tengo dada respuesta, no con el estilo, elegancia, y ciencia, que el Autor practica en su Tratado. Las faltas de mi respuesta son nacidas de mi sencillez: una cosa buena tiene, que observo en todo mi discurso, y es decir los milagros, pero no el Santo. Comencé la respuesta con el Ps. 30 y la finalizó con el 62, v. 12. Et obstruatur os loquentium iniqua. Todo lo dicho en este Tratado, sujeto a la censura de N. Santa Madre Iglesia. Dixi.
O. S. C. S. R. E.
[ páginas 136-149 ]
[ Edición en curso de textos contenidos en un libro impreso sobre papel, en Sevilla [1733], compuesto de 20 hojas sin numerar + 152 páginas, actualizando la ortografía. ]
Las 20 hojas o 40 páginas sin numerar en 10 pliegos: dos sueltos (portada h1 y grabado h2v; h3 y h4 sin marcas) y cuatro embuchados a dos, signados: ¶¶-¶¶2 a ¶¶¶¶¶-¶¶¶¶¶2.
Las 152 páginas en 38 pliegos embuchados a dos, signados: A B C D E F G H I K L M N O P Q R S T (A-A2; con redundancia D-D2-D3, excepto A, B, C y T).
El último cuadernillo (T-T2) lleva numeradas las páginas 145 a 149 –que termina O. S. C. S. R. E.–, el índice [150-151] y en blanco la [152].