Filosofía en español 
Filosofía en español

Francisco Gutiérrez LasantaLa Virgen del Pilar, Reina y Patrona de la Hispanidad, Zaragoza 1943


Capítulo VIII
La Virgen del Pilar en acontecimientos, instituciones y personajes hasta el descubrimiento de América

Sumario: La Reconquista.– Cofradías del Pilar.– Alfonso XI.– Jaime I.– Los Reyes Católicos.– Visita al Pilar.– Victoria de Granada.– Fiestas en las Catedrales.– 2 de Enero.– Orden de Doña Blanca.– Órdenes Militares aragoneses.– D. Pedro de Luna y el Pilar.– Bula de Calixto III.– Reyes.– Otras personalidades.– Cabildos del Pilar y Compostela.


Queremos encerrar en este capítulo cuanto de importante y trascendental se relacione con la Virgen del Pilar en orden a la Hispanidad hasta la plasmación de esta en América; es decir, hasta el descubrimiento y evangelización del Nuevo Mundo. Y el primer acontecimiento que se nos ofrece es la guerra de la Reconquista.

De los documentos citados en el capítulo anterior se desprende el afán de los cristianos por conquistar Zaragoza, la universalidad del Templo de Santa María, y el fervoroso aprestamiento de los fieles de España y del mundo para contribuir al restablecimiento y esplendor del culto hacia la Virgen del Pilar.

Documentos posteriores, ya mencionados, dan fe de un flujo constante de peregrinos al Templo de Santa María del Pilar, con gracias concedidas por los Sumos Pontífices y los Obispos.

Poco tiempo había pasado de la reconquista de Zaragoza, o sea en 1134, Alfonso VII entra en la capital de Aragón triunfalmente, siendo recibido por el Prior y Cabildo del Pilar{1}. Una de las primeras determinaciones de los soldados aragoneses, al tomar Sevilla, fue instituir una Hermandad en honor de la Virgen del Pilar. Las limosnas comenzaron a ser tan gruesas, que los empleos en que se aplicaban servían de socorro a grandes necesidades públicas. Acudían peregrinos, y quisieron los nuevos cofrades hacer un hospital en que recogerlos, y porque fuese cerca de la Iglesia, pidieron al infante Don Pedro que en nombre del Rey les hiciese merced de un solar. Informado el infante, prendóse de la devoción. Hízose asociar por cofrade, así como a los Reyes y demás  personas reales; luego fue edificado el hospital con títulos y preeminencias cerca del Alcázar y, a imitación del infante Don Pedro, todos los Ricos Homes y Prelados comenzaron a favorecer a la Cofradía y hospital con largas limosnas, y su demanda con licencia real, y de los Prelados discurría por todos los reinos privilegiada y por los Maestrazgos de las Ordenes Militares por gracias de sus Maestres, cada uno en su distrito con tan crecido portento, que como se lee en muchas escrituras de los mismos, “llegaron a sustentar en la edad anciana a cuantos de su gremio viniesen a la pobreza, a rescatar los que de ellos cautivaran los moros, a dar armas a los que las pidiesen en la guerra contra los infieles, a hospedar, curar y socorrer a cuantos peregrinos viniesen a visitar a su divina Patrona, a servirla con majestuoso culto, teniendo Capellanes que celebrasen Misas cuotidianas por los Reyes, por los bienhechores y por los mismos cofrades, y a sustentar continuamente dos galeras con gente, y todo lo necesario, que guardasen de piratas las costas de Andalucía y peleasen contra los enemigos de la Santa Fe”{2}.

“A esta imagen del Pilar tomó Alfonso XI por Señora et Abogada de todos sus fechos”, a juzgar por lo que nos dice la crónica rimada de Rui Yáñez:

“En Santa María del Pilar
El Rey fiso oración”.

Cuando volvía victorioso de tierra de moros y, antes de partir al socorro de Tarifa:

“Sus gentes fiso allegar
E mandó poner su estrado
En Santa María del Pilar;
En él posieron su espada
Fecha a muy grand nobleza
E una corona preciada
Que valía gran riqueza”{3}.

Otra Cofradía semejante se instituyó en Jerez de la Frontera, y, probablemente, por soldados aragoneses. “Creciendo esta Cofradía en importancia en el siglo XIV, edificó iglesia propia, que ayudó a terminar Alfonso XI en 1344. Contando con caudal esta Hermandad, edificó un hospital como el de Sevilla. Abandonada después la iglesia, se venera la Imagen en la de San Miguel, y parece ser de fines del siglo XV{4}.

Cuando Jaime I el Conquistador forma el propósito de rescatar Valencia, nos dice en su Historia que tenía el temor de que no le secundasen para ello los caballeros y añade: “Por todo esto ideamos ir por la mañana a la Iglesia de Santa María del Pilar de Zaragoza, mandando a los caballeros y demás que se congregasen y, preguntando a fray Pedro si quería que guardásemos secreto sobre lo que nos había dicho antes que hablásemos con los caballeros, respondióme: es fácil que no, pues antes bien tendría un placer que lo descubriésemos.

Así, pues, no bien estuvieron congregados a nuestra presencia, cuando les dijimos: Barones, convencidos estamos de que todos vosotros y cuantos hay en España estáis penetrados de la gran merced que Nuestro Señor nos ha otorgado en nuestra juventud con la conquista de Mallorca y demás islas; y así como en todo cuanto hemos conquistado desde Tortosa allá.

Congregados estáis todos para servir a Dios y a Nos; más debo haceros saber cómo fray Pedro de Lérida habló con Nos esta noche y nos dijo que la mayor parte de vosotros tenía intención de marcharos si Nos lo hacíamos. Mucho Nos maravilla tal pensamiento sobre todo al ver que nuestra marcha había de ser en mayor pro de vosotros y de nuestra conquista; mas puesto que a todos os pesa que marchemos, os decimos (y para esto nos pusimos en pie) que en este lugar haremos voto a Dios y al altar donde está su Madre de que no pasaremos Teruel ni el río de Tortosa hasta que Valencia caiga en nuestro poder. Y para que mejor entendáis que es nuestra voluntad el quedarnos aquí y conquistar este reino para el servicio de Dios, sabed que en este momento vamos a dar orden para que venga la reina nuestra esposa y además nuestra hija, la cual, mientras este libro escribo, es reina de Castilla.

Al oír nuestro discurso no hubo en la iglesia quien no echara a llorar, y Nos lloramos también con ellos diciéndoles: podéis consolaros ahora; pues no partiremos ya de aquí hasta tanto que hayamos tomado Valencia”{5}.

El sucesor en el nombre Jaime II prestó igualmente singular favor al esplendor y celebridad del Templo del Pilar. En Tortosa con fecha 17 de octubre de 1294 confirmó al venerable Pedro Raimundo de Fontana, Prior de Santa María la Mayor de Zaragoza, las donaciones y concesiones de sus predecesores, con la sola condición de que tengan un capellán seglar que se llame Capellán Real.

Dos días después en Tarragona aceptaron esta condición del Rey el Prior, Capellán Mayor, sacristán, limosnero, enfermero, obrero, cantor y subsacristán. Es esta la segunda Capellanía Real establecida en el Templo del Pilar. Además de este, constan cuatro diplomas del mismo Rey con fechas 17 octubre de 1295; 23 de mayo de 1298; 28 de mayo de 1299 y 19 de mayo de 1302.

Haciendo caso omiso de otros reyes, llegamos por fin a los protagonistas de la Reconquista. Fernando el Católico heredó la devoción a la Virgen del Pilar de su mismo padre. Antes de dar cima a la conquista de Granada y comenzar los preparativos del descubrimiento del nuevo Mundo, fluyen sus relaciones con la Virgen de Zaragoza.

A 17 de noviembre de 1478 y hallándose precisamente en la capital de Aragón, informaba a su secretario Juan de Coloma “cómo ayer, estando para tener una novena en Santa María del Pilar, nos tomó una cesión; hoy, a nuestro Señor gracias, habemos estado buenos, fiamos en su clemencia que no habremos otra”.

Desde Calatayud a 28 de abril de 1481 da una disposición sobre un canal de riego que en Calatorao posee el Cabildo, en orden al Pilar, en la que hace historia de la aparición de la Virgen en Zaragoza y de los continuos milagros que por Ella se realizan… de las obras de su Templo y limosnas… de la Cofradía instituida para sustentar la Cámara angélica en la que se celebran siete misas diarias… En Burgos, con fecha 24 de enero de 1497 ordena al Maestre nacional y a los oidores y examinadores de cuentas del lugar teniente de Baylio y Preceptor general del Reino, que entreguen al Cabildo del Pilar, por ser mucha la devoción que el Rey tiene a Nuestra Señora bajo aquella advocación, las cubiertas de tora y otros paños valiosos procedentes de los judíos expulsos de Aragón, para hacer ornamentos; prendas estimadas en 3.500 sueldos que estaban en depósito por razón de deudas{6}.

Desde Medina del Campo en 12 de abril de 1504 certifica el nombramiento de colectores en los pueblos de la corona de Aragón para la obra e iluminación del Camarín de Nuestra Señora del Pilar, con facultad de repartir velas de cera y estampas impresas de la Virgen, según es costumbre, posar plato en las iglesias, cestos en los hornos y sacos en los molinos, predicar los milagros de la Virgen del Pilar y la tradición de su venida, &c.{7}.

Flota, pues, en el cielo de nuestra historia guerrera la preponderancia ejercida por las armas de Aragón. Así hasta la coronación de la lucha en Granada. En este suceso el nombre de la Virgen del Pilar vuelve a relucir con fulgor de espada tajante que choca victoriosa contra la Media Luna. El autor de la obrita “La Virgen del Pilar y España”, habla de la visita hecha por los reyes Católicos a la Virgen del Pilar con el fin de implorar su protección antes de dar el golpe decisivo{8}. Y el primer poeta, que en castellano canta a la Virgen del Pilar, menciona los rezos continuos que en la capilla angélica se hacían a nuestra Señora por el triunfo de las armas católicas:

“Rogando con afección
que el Rey y Reina el rincón
presto ganen de Granada…”{9}.

Conquistada la ciudad, el primer cuidado del Rey Católico fue comunicarlo a los Cabildos de Zaragoza para que hiciesen fiestas de gracias, que, naturalmente, se desarrollaron de modo principal en la Seo y Pilar. He aquí la narración de las mismas, tal como nos las ha conservado un documento de la época:

“Jueues a Xij de Jenero del any de mil CCCCLXXXXij vino la nueva gloriosa de la fin de conquista del reyno de Granada y como se había dado la ciutat de Granada con todas las fortalezas que restaban por dar al Senyor Rey Don Fernando de Aragón y de Castilla.

Et luego vino el Senyor Arzobispo con todos los nobles y cavalleros y toda la ciutat a la Seu et fizimos un Te Deum Laudamus en la Seu antes de Misa et allí se dijo la misa solemne. Ordenamos que aprés de comer luego aquel día se fiziese procesión general; empero porque no quedase el tal acto sin memoria ordenóse que todos los días aprés de completas en todas las iglesias y monasterios, se fiziese en cada una iglesia procesión et se cantase el Te Deum Laudamus en comenzando la Seu que todas las iglesias tuviesen así el oficio cuanto el repicar y todo esto así se fizo”.

Carta del Rey al Cabildo:

“El domingo que se contaba el XV de Jenero anyo susodicho a prima llegaron las letras reales las cuales son del tenor siguiente…:

“A los religiosos y amados nuestros los sozprior e capitulo y canónigos de la Seu de Zaragoza. EL REY. “Religiosos y amados nuestros: Facemos vos saber que ha placido a nuestro Senyor después de muchos y grandes trabaxos, gastos y fatigas de nuestros reynos, muertes, derramamientos de sangre de muchos nuestros súbditos y naturales dar bien aventurada fin a la guerra que avemos tenido con el Rey y moros y reyno de la ciutat de Granada enemigos de nuestra Santa Fe Católica la cual tenida y ocupada por ellos por más de DCC et LXXX anyos hoy segundo de henero de este anyo de mil CCCCLXXXXij, es venida en nuestro poder y senyorío y se nos entregó el alfambra y la ciutat y las otras fuertes della con todos los otros castillos y fortalezas y pueblos que deste reyno nos quedaban por ganar. Lo cual acordamos de vos escrivir porque savemos el placer que dello havreis y para que dedes gracias a nuestro Senyor de tan gloriosa victoria como le ha placido de darnos a gloria y esaltamiento suyo y de nuestra santa Fe católica, honor y acrecentamiento de nuestros reynos y senyoríos y general honra y reposo de nuestros súbditos y naturales. Dada en la ciutat de Granada a dos de henero anyo de mil CCCCLXXXXij. YO EL REY. Coloma”.

Procesiones en la ciudad:

“La cual, letra recibida, el Senyor Arzobispo y Capitol y ciutat deliberaron facer tres procesiones en esta forma:

La primera el martes adelante, que era día de San Andrés, y porque la iglesia era pequenya, que pasásemos por allí y dicha una oración porque fuésemos a SANTA MARIA DEL PILAR Y ALLI FIZIESEMOS EL OFICIO Y SERMON Y SERMONASE EL OBISPO de Castro, Maestre Crespo.

Y que llevasen tres cabezas, la de Sant Lorent de la Seu et la de Sant Lambert et de Santa Engracia et que el lunes a la tarde la Ciutat truxese a Sant Lambert a la Seu et así se fizo esta procesión martes a XVII de Jenero del dicho anyo.

La segunda procesión fue ordenada para el viernes adelante que era la fiesta de San Sebastián; empero por ser la casa del Carmen pequenya pasásemos a Santa Engracia et porque polvió aquel día escriviose et fizose de esta manera:

“Que de la Seu salió Sant Vicent y Sant Lambert que stavan ya en la Seu, et de Santa María vino Santa Anna et de parte de tarde que habían traido a sant Valero los del Carmen con el brazo de Sant Sebastián, la vigilia de Sant Sebastián, en manera que las dichas cabezas stavan en la Seu.

“Et con estas cabezas cuatro fuemos al Mercado et de allí a la Cedacería arriba al Carmen y passemos por el Carmen y dixieron una oración a Sant Sebastián et de allí fuemos a Santa Engracia y allí tomamos la virgen Santa Engracia y con ella viniemos al Spital y allí se fizo el Oficio y sermonó el padre maestro Martí y de allí viniemos a la Seu con todas las dichas cabezas por el lugar acostumbrado.

“La tercera procesión fué ordenada el dia de sant Valero, que fué domingo a XXVijij de Jenero. Et salieron todas las cabezas con capas como el día de Corpore Christi y las religiones vinieron con sus Cruces et sermonó en la Seu el maestro Torcat. Et fiziemos aquella misma vuelta que el día de la Corpore Cristi fazemos y así hubieron fin las alegrías et gracias de la conquista de Granada”{10}.

A propósito de este documento conmemorativo de las fiestas celebradas en torno a la Virgen del Pilar para festejar la conquista de Granada debemos mencionar una efemérides. La fecha del 2 de enero, en que la ciudad de la Alhambra pasaba a las armas cristianas. Que aunque sea cierto se ignoraba entonces la fecha conmemorativa de la venida de la Virgen del Pilar, conocida después, no deja de brillar una providencial coincidencia o gracia de nuestra Virgen, habida relación, sobre todo, con las preces de nuestros Reyes Católicos en el Pilar de Zaragoza.

En acción de gracias a esta merced, junto con la del descubrimiento del Nuevo Mundo y otras dolencias cuya curación obtiene el Rey Católico por mediación de la Virgen del Pilar, mosén Gregorio Mover pone en labios de Fernando el Católico estas frases:

“Por Ella vencí en Granada - el día de su venida
y soy con orgullo hermano - de su ilustre Cofradía.”

Y como el Rey hubiese hecho a la Virgen donativo de unos candelabros, este mismo poeta refiere el suceso con no menos brillo:

“No mucho tiempo después - engalanada se veía
Zaragoza y seis blandones - ofrenda del Rey ardían,
con gran concurso de gentes - en la angélica Capilla;
y la Virgen del Pilar - sobre su manto lucía
aquel collar de oro y perlas - que en dos partió el regicida”{11}.

De estos siglos datan los comienzos de algunas Órdenes seglares de la Virgen del Pilar o relacionadas íntimamente con Ella. Es la primera la de doña Blanca de Navarra (fundada en 1433), llamada de “La Virgen del Pilar”, cuya historia y estatutos, extractados del P. Alesón, son como sigue:

“Corría el año 1433 y reinaba en Navarra Doña Blanca. Aquejada de grave dolencia, perdió el uso de los sentidos, y al punto de mayor angustia, los cortesanos oyeron claramente que decía: ¡Señora Santa María del Pilar! Bendita seáis que me habéis guardado de muerte y me habéis restituido la vida”. Y luego refirió a los circunstantes cómo se le apareció la Virgen sobre el Pilar y le dijo: “Sierva mía Doña Blanca, arrimaos a este mi Pilar y tendréis salud.” Deseando la reina perpetuar su agradecimiento a la Virgen, fundó la Orden religiosa de Nuestra Señora del Pilar para caballeros y señoras con divisas y estatutos propios que firmó en Zaragoza a 16 de agosto de 1433 en la Capilla del Pilar.

Por divisa mandó hacer una banda azul con un Pilar de oro esmaltado de blanco y esta leyenda alrededor: “A Ti me arrimo.”

Tres categorías de Caballeros y Damas se fijaron en esta Orden: Grandes Cruces, Comendadores, y Caballeros y Damas. Grandes Maestros de la Orden pueden ser: Los Reyes de España; el Arzobispo de Zaragoza que a la vez será su Gran Canciller; el Obispo de Pamplona, Deán y Dignidades de Zaragoza.

Las Grandes Cruces se concederán a las personas que se hayan distinguido por alguna obra señalada en obsequio de la Virgen. Comendadores, los que hagan esto en menor escala, y Caballeros, los párrocos, Rectores y dignidades de las Iglesias de Nuestra Señora del Pilar, Presidentes de las Congregaciones del Pilar y Director de la Academia Mariana de Lérida.

Como obligaciones se prescriben: la confesión y Comunión en los días festivos de la Virgen y un sufragio general en el Pilar un sábado de noviembre”{12}.

Esta Orden quiso restablecerse en 1904 con motivo del IV Congreso Internacional Mariano celebrado en Zaragoza –según expondremos– y volvió a rejuvenecer en nuestra Cruzada de 1936, gracias a los heroicos cruzados de Navarra, que en famosa peregrinación al Pilar, regalaron a la Virgen un manto conmemorativo de la Orden fundada por su Reina Doña Blanca.

Otras Órdenes Militares, propiamente denominadas del Pilar, no conocemos en estos siglos. En cambio, como resalta la influencia de las armas de Aragón en la Reconquista, los monarcas y príncipes aragoneses dan su nombre a buen número de Órdenes Militares de María. Así, por ejemplo, la “Orden de Monteagudo” que, aunque tuvo su principio en Palestina, se introdujo en España por la influencia de Don Ramón Berenguer, conde de Barcelona y Rey de Aragón{13}.

La Orden “de las Azucenas”, fundada por Don Fernando I de Aragón; la “Orden de Montesa”, fundada por Don Jaime II de Aragón; hasta el punto de que en la “Memoria” presentada en dicho Congreso por el P. Crespo, al hablar de la “servidumbre” de las Órdenes Marianas, dice: “En particular en Aragón, he hallado muchas Congregaciones Marianas y Cofradías con este nombre”{14}.

Preguntarán nuestros lectores una vez más: ¿Cómo tantas advocaciones y Órdenes de María y tan pocas del Pilar? Recordemos lo expresado en documentos ya expuestos. En estos siglos se tomaba indistintamente el nombre de Santa María o el de otra advocación; pero aquél preponderaba sobre todas.

Con el fin de dejar el camino llano para la entrada al acontecimiento triunfal del Descubrimiento, en torno al cual giran estas líneas, queremos enlazar con el capítulo pasado enumerando la serie de personajes ilustres –Papas, Reyes y entidades– que en estos siglos hablan del Pilar.

Comienza el siglo XV con la visita a la Cámara angélica de Don Pedro de Luna, Papa, con el nombre de Benedicto XIII. Llegó a Zaragoza desde Caspe el 5 de diciembre de 1410; albergóse en la Aljafería y al día siguiente hizo su entrada que fue apoteósica y se hospedó en el palacio arzobispal.

Vino de Aviñón para poner arreglo en la guerra que se hacían Don Antonio de Luna y Don Pedro Jiménez, mediando también los embajadores de Cataluña.

Este mismo Papa, por mediación del Cardenal Don Fernando Pérez, concede indulgencias a cuantos visiten la santa Capilla del Pilar, sita en el claustro de la Iglesia colegial de Santa María la Mayor, a la que concurren peregrinos de diversas partes del mundo, o den limosnas para la reparación y conservación de las mismas, o para adquirir libros, ornamentos, lámparas y otros utensilios{15}.

Adriano VI, antiguo Deán de Lovaina y Consejero de Carlos V, hizo su entrada solemne en Zaragoza el 4 de abril de 1522. Llegó al Castillo de la Aljafería acompañado del Consejo, Cabildo, Clero, religiosos y justicias con sus banderas, montado en una muía de la que se apeó en la puerta del Portillo, colocándose en una silla llevada en andas, bajo palio, por los nobles. Después que descansó unos días fue a visitar el célebre santuario de Nuestra Señora del Pilar y el de Santa Engracia. Dentro de la Iglesia llevaron el palio Dignidades y canónigos del Pilar y la Seo. El Prior y canónigos le iban mostrando los venerables testimonios de la antigüedad de aquella Cámara Angelical. Dijo Misa dentro del rejado pequeño por la suprema veneración que había a aquel lugar y dio muchas gracias a Dios por la gran merced que le había hecho en dejarle ver antes de morir este lugar donde apareció la Santísima Virgen y dejó su Imagen y estuvo el Santo Apóstol. Esta visita fue sin duda una acción de gracias que el Pontífice electo hacía a la Virgen del Pilar por el favor señalado de su protección en los estudios. Se cuenta de este Papa que fue tan pobre en su niñez que tenía que pedir limosna y no llegándole para proveerse de luz, aprovechaba la lámpara que ardía, delante de una imagen de la Virgen del Pilar en la Universidad o Seminario de Lovaina. Así lo refieren N. Pérez en su citada obra, Aína y cuantos tratan de la devoción a la Virgen del Pilar. El 11 de junio se despedía nuestro Pontífice para marchar hacia Pisa{16}.

Clemente VII, con fecha 11 de febrero de 1529, despachó una Bula desde Bolonia por la que eximía al Cabildo del Pilar de la jurisdicción del Arzobispo, afirmando en ella la tradición sobre la Virgen del Pilar. Sixto V confirmó dicha Bula el 25 de mayo de 1590.

El mismo Papa Clemente VII por Breve de 2 de noviembre de este mismo año, dispensó a los canónigos del rezo de Maitines por la noche, a causa del frío y humedad del Santo Templo del Pilar, nombrando por conservadores de esta gracia al Abad de Santa Fe y Prior del Convento de San Agustín{17}.

Gregorio XIII concedió por Breve la gracia de que la misa de difuntos que se celebre en la Santa Capilla sirva de tanto sufragio como si se dijera en el altar de San Gregorio de Roma.

El Capítulo de la Basílica de San Juan de Letrán, celebrado el 28 de diciembre de 1596, admitió al de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza para el goce de sus exenciones e indulgencias, a condición de dar dos libras de cera y ser este Templo súbdito del de San Juan en Roma; pero esta incorporación no fue aceptada.

Queremos coronar esta serie de documentos universales y pontificios, que la falta de tiempo no nos permite sino mencionar, con una nueva Bula, de Calixto III, acerca del mismo templo del Pilar, que, aunque promulgada como algunos de los últimos documentos, más tarde, sírvenos de colofón a todos ellos. Es un nuevo monumento de dimensiones ecuménicas con acusados y extraordinarios matices favorables a la Virgen de Pilar y a España. Dice así la Bula de Calixto III:

“Calixtus, episcopus, servus servorum Dei… A todos los fieles de Cristo que lean la carta presente, salud y bendición.

Siendo honroso, según nos enseña el profeta, alabar a Dios en sus santos, con mayor razón será ensalzarlo y bendecirlo en nombre de la Bienaventurada Virgen por la cual ascendió al género humano la salud, y venerar las Basílicas fundadas en su honor, a imitación de la corte celestial donde es ensalzada esta Señora sobre todos los santos y ángeles. Por lo mismo, llegando hasta nosotros la IGLESIA DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN LLAMADA DEL PILAR, EN LA CIUDAD DE ZARAGOZA, regida ordinariamente por el Prior del Monasterio de San Agustín… la cual ES LA PRIMERA ENTRE TODAS LAS IGLESIAS DE LA VIRGEN MARÍA, LLAMADA DEL PILAR, EN QUE LA VIRGEN MARÍA, ANTES DE SUBIR AL CIELO, APARECIÓ A SANTIAGO APOSTOL SOBRE UNA COLUMNA DE MARMOL, DE DONDE TOMÓ ESTA IGLESIA EL NOMBRE DEL PILAR, y allí se verifican diariamente muchos milagros, y es venerada con mucha devoción por todos los fieles dicha Imagen junto con la de su Hijo, en una capilla de la misma Iglesia, mandada fabricar a Santiago por la Virgen María, llamada Capilla Angélica del Pilar…

Deseando nosotros que esta Capilla sea venerada con los honores debidos y reparada de sus destrucciones y que se conserve continuando en ella la afluencia de fieles, concedemos cien días de indulgencia a los que contribuyan a la manutención, reparación y conservación, así como a todos los penitentes confesados, que en la festividad de los Apóstoles Pedro y Pablo y en los misterios de la Asunción, Anunciación, Natividad… la visitaren. Dado en Roma en Santa María la Mayor, Año de 1456”{18}.

Estos documentos forman en torno a la Virgen del Pilar una especie de urdimbre regia, que reclama muchos siglos, la prerrogativa de universal. No son los únicos. Existen más, según revelan los nombres de Bonifacio VIII, Paulo IV, &c.{19}.

En pos de los Pontífices vienen los Reyes concediendo favores y gracias al Templo del Pilar. No importa que sea traspasado el orden cronológico en gracia a la conclusión perfecta del capítulo.

Doña Juana la Loca y su hijo Don Carlos confirman el privilegio de los Reyes Católicos dado en Medina del Campo a 12 de abril de 1504 sobre petición de limosnas con destino al Templo del Pilar y su Santa Capilla. Hechos más elocuentes hemos de ver sobre este príncipe respecto a América a donde envía una Imagen de la Virgen del Pilar.

En tres ocasiones distintas, por lo menos, confirma el Rey Felipe II los privilegios de Fernando el Católico, Doña Juana y Don Carlos sobre petición de limosnas con destino a la conservación y culto de la Santa Capilla de Nuestra Señora del Pilar. La primera está firmada en Toledo con fecha 20 de enero de 1560; la segunda, más amplia y explícita, autoriza de nuevo la petición de limosnas en los territorios de la corona de Aragón, para atender a los gastos ordinarios y extraordinarios del Templo del Pilar y al sostenimiento del Hospital para los peregrinos que allí acuden, con tal de que los colectores no sean cuestores, ni recojan las limosnas por arrendamiento o condición y no se publiquen indulgencias{20}; y la tercera es una real Provisión por la que manda se preste favor a los encargados de pedir limosnas para el Santo Templo del Pilar de Zaragoza, al efecto comisionados por aquel Cabildo, a los cuales les había sido impedida y prohibida tal misión por el Comisario de la Santa Cruzada; con tal que los dichos encargados no sean cuestores, &c., anulando y extinguiendo los abusos de los tales cuestores, conforme a lo que sobre la materia ha sido ordenado por el Concilio de Trento; ni se hagan padrones ni se publiquen indulgencias o perdones, sino solamente exponiendo las necesidades del Templo y su Cámara Angelical, que son graves por causa de las muchas lámparas que arden de continuo, y tener que sustentar el Hospital donde se recogen los peregrinos que acuden a venerar a la Virgen del Pilar{21}.

También tendremos ocasión de admirar la fe de este Rey Prudente que pide oraciones al Pilar en sus enfermedades. De sus visitas al Pilar quedan testimonios vivos y presentes en la Santa Capilla.

La primera visita debió ser en 1535, y “según dice Cock, que le acompañaba, el Domingo de Quincuagésima fue su Majestad con mucha pompa a la colegial de Nuestra Señora del Pilar. Y al día siguiente volvió de nuevo y oyó Misa cantando la real Capilla y habiendo el Rey y su gente visto y venerado la Columna, volvieron con mucha gente al palacio a comer”.

“En 1596 regaló el Rey Prudente a la Virgen del Pilar los dos ángeles mayores de los cuatro de plata destinados a sostener los cirios ante la Santa Imagen. Fundó también una Capellanía en el Pilar y otra en el Portillo, asignándoles suficiente renta…”{22}.

“También la emperatriz Doña María de Austria acompañada del angélico joven San Luis Gonzaga, entonces paje suyo, visitó a la Virgen del Pilar en 1582. Y dice una relación contemporánea que Su Majestad con las demás damas bajó a la Capilla y los dos Arzobispos (de Zaragoza y Sevilla) le dijeron que entrase en la Capilla donde estaba la Imagen de Nuestra Señora y tenían ya abierto el tejadillo, dorado y estaba allí el Arzobispo de Sevilla para mostrar la Imagen a Su Majestad; mas ella nunca lo quiso hacer aunque le dijeron que bien podía; pero ella, en entrar en la capilla grande, se arrodilló mirando la imagen de Nuestra Señora y rezando un rato con mucha devoción, puestos los ojos en la dicha imagen, dio grande ejemplo de cristiandad y humildad a todos los que allí se hallaron. Cuéntalo también el P. Murillo y añade que siguió el mismo ejemplo años después la Reina Doña Margarita”{23}.

El Rey Felipe III confirma los privilegios de Fernando el Católico, Doña Juana y Don Carlos y Felipe II sobre la petición de limosnas en las ciudades, villas, lugares de la Corona de Aragón e islas adyacentes con destino al Templo de Nuestra Señora del Rilar y su Santa Capilla{24}. Felipe IV, al despedirse de Zaragoza en 1644 para la campaña de Cataluña, ordenó al Prior y Cabildo del Pilar continuaran sus rogativas, pues en ellas llevaba puestas sus esperanzas.

Hacemos alto en orden a los reyes por no traspasar excesivamente el orden cronológico de los hechos. Como complemento queremos coronar este capítulo con otros documentos de índole privada o jerárquica.

El 7 de febrero de 1502, el Vicario General del Arzobispado de Zaragoza, D. Juan Ferrer, dictaba sentencia sobre exención de subsidio de la iglesia del Pilar. En ella se afirma que la 1.ª Sede Catedral residió en aquel Templo, y que al ser trasladada al del Salvador, quedaron al del Pilar muchas insignias y prerrogativas de la Catedral y fue una en las preeminencias con La Seo.

En 1510, el prior y Cabildo del Pilar expidieron unas letras en favor de la antiquísima Cofradía del Advenimiento de Nuestra Señora del Pilar, redactándose años más tarde las ordenaciones de esta Cofradía.

El Lugarteniente de Carlos V en Cataluña, Marqués de Aguilar, ordenó el 16 de enero de 1521 que no se pusiera impedimento a las limosnas de la iglesia del Pilar, con el fin de pedir en aquella región para sobrevenir a las suntuosas obras que entonces se realizaban en la fábrica.

En 1536, se establecen relaciones de Hermandad entre los cabildos del Pilar y Santiago de Compostela.

Y podíamos aumentar los documentos indefinidamente, siendo prueba de la abundancia relativa de datos que ya existen en orden a la Virgen del Pilar. Una vez más hemos de disculparnos de la carencia de tiempo que no nos permite estudiar por separado siquiera los principales, ni estampar algunos literalmente, según fuera nuestro deseo. Mas para el objeto pretendido, creemos baste con lo apuntado. Son espigas recogidas con ligereza que dan fe de otras muchas caídas que esperan nuevos rebuscos.




{1} N. Pérez. “A. H. V. P”, p. 30.

{2} Ibi, p. 32.

{3} Poema de Alfonso XI. Citado por N. Pérez, o. c., p. 32.

{4} “E. P.” Año 1908.

{5} Bofarull, Madrid 1848, p. 235.

{6} Arch. C. A. Reg. 3654, f. 10.

{7} Ibi. R. 3554, f. 309.

{8} Galindo Romeo, “E. P. Y. E.”, p. 34. Fita, “B. R. A. H.”, t. 44, p. 457.

{9} Ibi. p. 35.

{10} Ibi. p. 35-36-37.

{11} G. Mover. Citado por Galindo, p. 42.

{12} Actas del “IV C. I. M.”

{13} Ibi. p. 575.

{14} Ibi. p. 578.

{15} Arch. del P. Arm. I, Cn. 2, leg. I, Fita. I. c., p. 457.

{16} A. de Ustarroz, “Anales de Aragón”.

{17} Arch. del Pilar.

{18} Flórez, “E. S.", t. 3.º, Apéndice II.

{19} N. Pérez, I c. C. VIII, p. 46 y sigs.

{20} Arch. C. A. Reg. 4889, f. 28.

{21} Ibi. R. 4306, f. 98.

{22} N. Pérez, I, c. C. X, p. 70.

{23} Ibi, p. 69.

{24} Arch. C. A. Rg. 4889, f. 18.