Filosofía en español 
Filosofía en español

“Filosofía política”

El jesuita Antonio de Codorniu (1699-1770) publica un Índice de la Filosofía Moral Cristiano-Política (Gerona 1746; segunda impresión, Gerona 1753; tercera impresión, Madrid 1780), al que dedica Feijoo en 1750 la carta XXIX del tercer tomo de sus Cartas eruditas y curiosas: “Sobre el libro intitulado: Indice de la Filosofía Moral Cristiano-Política, que compuso el Rmo. P. Antonio Codorniu, de la Compañía de Jesús”.

1787 «Lector. La humana prudencia tiene su Oriente en la Filosofía Política, Moral y Económica. La política nos da luz para gobernar las Ciudades, gentes, у Provincias. La moral para moderar nuestros afectos, y enderezar nuestras costumbres. La económica para gozar en duración y paz nuestras familias.» (El panegírico de Plinio en castellano, pronunciado en el senado en alabanza del mejor príncipe Trajano Augusto, su filosofía política moral y económica: traducido del latín por el licenciado don Francisco de Barreda: ilustrado con varias notas y diez discursos que sirven como de ensayo al mismo Panegírico, Imprenta de D. Antonio Espinosa, Madrid 1787.)

1791 «El Hombre de Estado; obra escrita en Italiano por Nicolás Donato, traducida al Francés y aumentada con un gran número de notas sacadas de los autores más célebres que han escrito sobre materias políticas, y de este al Castellano: tomo 3.° y último. […] Todas estas materias, tratadas con dignidad, expuestas con método, animadas con buen estilo, e ilustradas con varios rasgos de historia y de filosofía política, desempeñan el designio que se propuso el autor en esta segunda parte, y recomiendan el mérito de toda la obra. Se hallarán los tres tomos en las Librerías de…» (Mercurio de España, Imprenta Real, Madrid, septiembre de 1791, tomo III, págs. 115-117.)

1802 «En estas dotes cifraban los antiguos toda la doctrina de la virtud, y si alguna otra promovían, era solo con dirección y subordinación a estas; y hé aquí el punto adonde llegó la filosofía política de los antiguos legisladores.» (Melchor Gaspar de Jovellanos [1744-1811], Memoria sobre la educación pública [1802], cuarta cuestión, en Obras…, Mellado, Madrid 1845, vol. 2, pág. 577.)

1806 «Y por esto la filosofía griega en aquel primer periodo es comúnmente llamada fabulosa: y como Varrón dividió la teología de los griegos, que propiamente era su filosofía, en fabulosa, política y natural; así nosotros vemos después de la filosofía fabulosa nacer entre los griegos la política. La filosofía fabulosa tuvo por predicadores a los poetas; la civil o política pertenece a los legisladores; y Zaleuco, Caronda, Dracón, Minos, Radamanto, Licurgo, y los famosos siete sabios de Grecia, Solón, Tales, Pitaco, Chilon, Bias, Cleobulo, y Periandro forman el periodo de la filosofía política de los griegos, que precedió a la natural.» (Juan Andrés SJ [1740-1817], Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, obra escrita en italiano por el abate Don Juan Andrés… y traducida al castellano por Don Carlos Andrés, Madrid 1806, tomo X, pág. 5, Lib III: De la Filosofía, capítulo I: De la filosofía racional.)

«Capítulo XXVII. Filosofía de los Griegos. La historia de la filosofía de los Griegos puede considerarse bajo tres épocas principales, aplicando a los primeros tiempos su Filosofía fabulosa, a los de la legislación su Filosofía Política, y a los de las escuelas su Filosofía Sectaria.» (Tomás Lapeña [1766-1827], Ensayo sobre la historia de la filosofía desde el principio del mundo hasta nuestros días, Burgos 1896, tomo 1, págs. 276-277.)

1808 «política. reflexiones acerca de la Carta sobre el modo de establecer un Consejo de Regencia con arreglo a nuestra constitución. (Esta carta se vende en la librería de Pérez, calle de las Carretas.) […] Nosotros en suma convenimos en los principios de filosofía política que están diseminados en la carta; pero no somos de la misma opinión en todas las aplicaciones que de ellos hace el autor a nuestra situación actual.» (Semanario Patriótico [fundado por Manuel José Quintana], Madrid, jueves 22 de septiembre de 1808, núm. IV, págs. 62-69.)

«política. […] Nunca los principios de la buena filosofía política han recibido una sanción más solemne y más augusta que la que les dan los sucesos presentes. Cansada la Francia de agitaciones intestinas, deseando la paz y no acertando a ejecutar prudentemente las leyes que establecía, se abandona al hipócrita detestable que la prometía tranquilidad y prosperidad dentro, paz e independencia fuera.» (Semanario Patriótico, Madrid, jueves 27 de octubre de 1808, núm. IX, págs. 149-150.)

1811 «Respuesta a la Antecedente [G. W., “Sobre la Inquisición. Al editor del Español”, págs. 35-36]. Sr. D. G. W. Mucho ha que estoy persuadido de que uno de los mayores daños que ha hecho la Revolución Francesa, es la desconfianza que ha inspirado últimamente, de los principios más liberales que la filosofía política de todos los tiempos había recomendado a los pueblos. El odio justísimo que la conducta de aquella nación voluble ha excitado, primero con su anarquía, y luego con su gobierno tiránico se ha extendido a sus principios, a sus doctrinas, y hasta a lo bueno que directa o indirectamente haya hecho.» (El Español, por D. J. M. Blanco White, Londres, 30 de abril de 1811, tomo III, n.° XIII, pág. 36.)

1813 «Varios avisos interesantes para toda casta de gentes. A fin de que los Ciudadanos no cometan yerro alguno en las elecciones de Diputados de Cortes, me parece oportuno aconsejarles que elijan los más prudentes, porque en ellos no se notará, (como en otros nos ha demostrado la experiencia) el quebrantamiento de las leyes. La prudencia tiene su norte en la filosofía política, que es la que da luz para gobernar con acierto las ciudades, las gentes y las provincias: en la filosofía económica, que enseña el modo de gozar y vivir en paz duradera con nuestras familias. Todo hombre prudente que posea las dos Filosofías, la Historia Sagrada y Profana, la Geografía universal, la Cronología, los derechos del Pueblo y del Rey, y para decirlo de una vez, que entienda o quiera entender bien nuestra sabia Constitución, será sin la menor duda a propósito para Individuo del Congreso nacional... entonces sí que no habrá sotana tan osada que ni aun le pase por la imaginación oponerse a los decretos que emanen de él, ni fraile que echándose atrás la capilla con que cubre su hipocresía, predique y anuncie al pueblo herejías políticas, y concite con descompasados gritos a la resistencia a unas leyes, que lejos de oponerse a la Religión Católica Apostólica Romana, la consolidan más, la limpian de supersticiones y la presentan a los hombres en el verdadero ser que Jesucristo la enseñó, y no llena de interpretaciones obscuras y misteriosas, origen de escrúpulos y de errores. Para evitar éstos debemos decretar y observar los Cánones siguientes que se dirigen contra los decididos amantes de la obscuridad, contra los violadores de las leyes, contra los amigos del desorden y del despotismo real.» (El duende de los cafées [dirigido por Jacinto María López], Cádiz, sábado 28 de agosto de 1813, n.° 28, pág. 113.)

1816 [«Philosophie politique, Par M. Bourbon Leblanc. A Paris, chez l'auteir, rue de la Chaise, n° 20, et chez les principaux libraires français et étrangers. Prix: 4 fr., et 4 fr. 50 c. franc de port. […] Nous croirions diminuer l'intérêt du fond en insistant sur celui de la forme, c'est-à-dire, en nous étendant sur le style de l'auteur dont la pureté égale la force; mais on remarquera sur-tout l'enchaînement naturel de tous les principes, et l'attention constante de subordonner par tout les combinaisons à l'expérience. D. L. C. B.» (Mercure de France, Paris, novembre 1816, vol, 69, págs. 271-274.)]

1820 «Sistema de Unión Patriótica. En la librería de Brun hay buenas ganas de vender este folleto, a la verdad de ideas sanas, y sembrado de verdades predicadas en desierto. El que quiera darse una panzada de filosofía política, que lo compre, y nos dará las gracias. Advertimos sin embargo que este papel es más serio que una novia aragonesa en el día que recibe las enhorabuenas. Es lástima que no hubiese bastantes puntos en la imprenta que fue de Fuentenebro, motivo por que se habrán, tal vez, economizado tanto, que se pasan páginas enteras sin encontrar uno. Si la oración breve penetra hasta los cielos, las de este folleto no subirán tan alto; pero como sus máximas queden en la tierra, nada podemos perder, y mucho podemos ganar.» (La Periódico-Manía, Imprenta de Collado, Madrid 1820, n.° 27 [≈ otoño 1820], pág. 15.)

«Con todo eso, confesaremos de buen grado que la Corte de Felipe V comunicó a los Españoles una parte de la civilización europea: y a pesar de los obstáculos que oponían la Inquisición, las leyes, los usos y preocupaciones vulgares, empezaron a domiciliarse entre nosotros los buenos estudios. A ellos se deben los progresos que hizo la literatura en los reinados de Fernando VI y Carlos III, limpiándola de la hinchazón y mal gusto que la tenían esclavizada. Restableciéronla en toda su pureza Luzán, Cadalso, Meléndez, Jovellanos, los dos Moratines, Iriarte, y otros españoles de gran nombradía; y luego asociaron sus preceptos y sus bellezas a la filosofía-política los Cienfuegos, los Quintanas y otros escritores afamados. Introducido ya el conocimiento y estudio de la ciencia social entre los españoles, solo faltaba un teatro donde desplegasen su talento y sus luces aquellos que la cultivaban con singular aplicación y esmero. Ocurrió, pues, la revolución de España, y dentro de los muros de Cádiz comenzó a discutirse en la tribuna nacional la doctrina de los mejores publicistas. Son ciertamente dignos de alabanza los generosos esfuerzos de los Argüelles, los Mejías; los Muñoz-Torrero, los Álvarez-Guerra, los Torenos y de tantos otros esclarecidos patriotas que rompieron la valla de nuestras inveteradas preocupaciones; mas nunca debíamos esperar que sus primeras tentativas y ensayos tuviesen toda la perfección que nunca se alcanza sino a costa de largas experiencias y de profundas meditaciones.» (“Reflexiones sobre el estado político de España”, El Revisor político y literario, Madrid, 10 de noviembre de 1820, tomo II, primer cuaderno, pág. 4.)

1823 «…de modo que si, por ejemplo, la villa de Madrid con 150.000 almas, tiene un ayuntamiento de 150 individuos, será preciso que con esta proporción el de una ciudad de 1.000 almas no se componga sino de un solo individuo. Del mismo modo si el ayuntamiento de una villa de 1.000 almas, se componía de 15 individuos, el de Madrid debería tener 2.250. Se ve por esto que la nueva filosofía política es invención de matemáticos que derraman su aritmética con cualquier motivo, aún cuando nada tiene que hacer.» (Karl Ludwig von Haller [1768-1854], De la constitución de las Cortes de España, traducida del alemán al francés por el mismo autor, y de este al español, Gerona 1823, capítulo VI, pág. 37.)

«No parece sino que Bourbon-Leblanc quiso con este epígrafe, puesto al frente de su filosofía política, hacer un boceto para retratar a nuestros regeneradores constitucionales; pero le hizo en efecto sin querer, pues habla de los hermanos gemelos de estos, los constitucionales franceses de 1791: ábranse si no esos diarios de sus sesiones ¡monumentos eternos de pedantería! y véase si sus pasos legislativos no justifican superabundantemente el retrato.» (“Variedades”, Gaceta de Madrid, martes 10 de junio de 1823, n° 10, pág. 30.)

1824 Filosofía política por Bourbon Leblanc, traducida del francés por D. E. de S. P., Imprenta de D. Miguel de Burgos, Madrid 8 abril 1824, iv+217 páginas. “El traductor. Ofrezco al público la presente traducción de la Filosofía Política por Bourbon Leblanc, hecha de la última edición. Los luminosos principios que contiene, y las máximas sublimes de que abunda deben sin duda hacerla apreciable a los ojos de los hombres verdaderamente filósofos. Si esta obra mereciese su aceptación que espero, me creeré suficientemente recompensado de mi trabajo.” (pág. iii.)

«Literatura. Filosofía política: obra importante para toda clase de personas, y muy necesaria para los funcionarios públicos de todos los ramos del Estado: un tomo en 4.° menor. Se vende a 10 rs. en rústica y 15 en pasta en las librerías de Rodríguez, Matute y Sánchez, y en Cáceres en la imprenta de Burgos.» (Diario de Madrid del jueves 29 de abril de 1824, pág. 3.)

Bourbon Leblanc
Bourbon Leblanc
 

1833 «La situación que tan ingeniosamente establece el apreciable autor de aquella carta, y la bien entendida metáfora con que explica el objeto y fines que se ha propuesto la sabiduría de nuestro Soberano con la creación del Ministerio del Fomento general del reino, valen sin duda todo un tratado de filosofía política en que pudieran prescribirse el orden, y fijarse las reglas que han de asegurar el acierto de la marcha del gobierno: es, por decirlo así, la cartilla que contiene todos los elementos en que han de descansar las resoluciones y medidas que se adopten para promover la ilustración general.» (“Variedades. De la ilustración general”, Diario Balear, Palma de Mallorca, miércoles 20 de febrero de 1833, n.° 51, págs. 4-5.)

1834 Filosofía política, o elementos de la ciencia de gobierno y administración pública, por Bourbon Leblanc, traducida del francés por D. E. de S. P., Segunda edición, Imprenta de D. Miguel de Burgos, Madrid 1834, iv+200 páginas. [Abril 2022: edición íntegra del texto por PFE.]

«Filosofía política, o elementos de la ciencia de gobierno y administración pública. Obra escrita en francés por Bourbon-Leblanc, y traducida al castellano por D. E. de S. P. Segunda edición española. Libro utilísimo para todos los funcionarios públicos, e indispensable para los dependientes del Ministerio del Fomento o del ramo administrativo, para quienes se escribió en Francia. En él están sólida y fundamentalmente analizadas, deslindadas y demarcadas las vastas e interesantísimas atribuciones de las autoridades administrativas; y se dan muchos conocimientos, sin los cuales no pueden llenar con acierto sus deberes los llamados al difícil cargo de cooperar al fomento de la riqueza y prosperidad pública. Se vende a 10 rs. en rústica en Madrid en la imprenta de Burgos, y en las librerías de Cuesta, Sánchez y Matute.» (La Revista española, periódico dedicado a S. M. la Reina Gobernadora, Madrid, miércoles 2 de abril de 1834, pág. 328.)

«¿Qué son la mayor parte de las contiendas que han trabajado a los pueblos sino los efectos del deseo ardiente de hallar un soberano de derecho a quien obedecer? No solo los pueblos en su instinto ciego por la felicidad, sino los filósofos en sus sabias investigaciones creen y buscan este soberano de derecho. ¿Qué más son todos los sistemas de filosofía política sino la indagación de este poder equitativo? ¿De qué tratan todos ellos, sino de saber quién tiene derecho de gobernar la sociedad? Examínense los sistemas teocráticos, monárquicos, aristocráticos o democráticos: todos se lisonjean de haber descubierto en dónde debe residir la autoridad suprema, todos ofrecen a la sociedad colocarla bajo su legítimo Señor. Este es, repetimos, el objeto del estudio de los filósofos y de los esfuerzos de los pueblos.» (Eco del Comercio, Madrid, jueves 28 de agosto de 1834, n.° 120, pág. 2.)

«Nosotros consecuentes con los principios generales de una buena filosofía política (2. Bourbon Leblanc, elementos de la ciencia del gobierno, etc.) habíamos creído que los magistrados superiores, que los funcionarios públicos debían ser los primeros que se sujetasen a cualquier impuesto que las necesidades de la patria pudieran exigir, pero hemos visto con dolor, o que padecíamos equivocación o que ese precepto general, que ese principio fundado en la más recta justicia no se entiende con los de nuestra nación, puesto que son los primeros exceptuados.» (“Continúan las reflexiones sobre el proyecto de imponer una nueva contribución a los profesores de la ciencia de curar”, Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, jueves 27 de noviembre de 1834, n.° 26, pág. 205.)

1835 «México 11 de agosto de 1835. Cuando se trata de si hemos de continuar o no bajo la misma forma de gobierno que los Estados-Unidos del Norte, no creernos parezca inoportuno a nuestros lectores saber cómo opinaba ahora cuarenta y tres años un hombre célebre de Europa en una cuestión muy semejante. Hablamos de Mr. Necker, de cuyos escritos sobre la constitución francesa hemos hecho acerca de ese punto en lo relativo y acomodable a nuestras circunstancias el extracto siguiente. […] “Nuestra asamblea nacional, o si se quiere, sus guías supremas, se han engañado torpemente, cuando se han creído poseídas de la virtud legislativa de los sabios americanos, solo porque admiten algunas de sus ideas generales, y las exageran, aplicándolas forzadamente a una nación que no estaba preparada para ellas, ni por su carácter, ni por el género de su espíritu. Era necesario, cuando tratamos de apropiarnos la filosofía política de los pacíficos habitantes del nuevo hemisferio, extender más lejos nuestras conquistas, y apoderarnos de sus dioses lares, la moral, el espíritu religioso y las virtudes domésticas. De este modo hubiéramos podido hacer una obra proporcionada que respetase la mano del tiempo; mas el día que copiamos la declaración de derechos de los Estados Unidos nos hemos juzgado ya republicanos, faltándonos aún mucho para llegar a esta metamorfosis”.» (Diario del Gobierno de los Estados-Unidos Mexicanos, México, martes 11 de agosto de 1835, tomo II, n° 103, pág. 412.)

«El estudio de las costumbres privadas y la observación del género de vida de cada clase, y en especial de las menos acomodadas, han merecido del siglo en que vivimos una particular atención; pero se ha considerado esto como un medio de amenizar la literatura cuando debiera ser una parte muy principal de la filosofía política. Mirándolo así, estudiando como filósofo las costumbres del pueblo para corregirlas como legislador, se podrá apreciar con exactitud hasta qué punto contribuye a corromperlas; esto que a falta de otro nombre hay que llamar poesía popular.» (“Folletín. Hermandad de ciegos”, Revista Española, periódico dedicado a S. M. la Reina Gobernadora, Madrid, martes 1 de diciembre de 1835, pág. 506.)

1838 «En todas las sociedades humanas existen las nociones de mando y de obediencia: en esas nociones tiene su origen la constitución del súbdito y la constitución del poder. El que ordena sistemáticamente los principios que han de servir de fundamento a la jerarquía social, el que guiado por la luz de esos principios descubre las relaciones que deben existir entre los personajes sociales, es un filósofo; y el catálogo de esas relaciones ordenado sistemáticamente según esos principios, es lo que constituye la filosofía política. Por donde se ve que hay tantas filosofías como ciencias y tantas ciencias como series de hechos o de fenómenos derivados de leyes generales y de principios comunes. Ahora bien: así como hay una filosofía de la economía pública, así como hay una filosofía política, así como hay una filosofía social ¿hay una filosofía de la historia? o lo que es lo mismo: ¿los varios pueblos derramados por el mundo gozan de una vida independiente y completa, o de una vida de relación? ¿Sus historias particulares constituyen una completa unidad, o son varias páginas de un mismo libro que comprende la historia del género humano? Si el género humano en fin tiene una historia de la que las historias particulares son fragmentos, ¿las revoluciones que en ella se consignan, las catástrofes que en ella se describen, y el movimiento progresivo que en ella se advierte, son obra de la casualidad, o efectos necesarios producidos por principios necesarios también, y por leyes providenciales y eternas?» (Juan Donoso Cortés [1809-1853], “Filosofía de la Historia. Juan Bautista Vico. Artículo preliminar”, El Correo Nacional, Madrid, lunes 17 de septiembre de 1838, pág. 4.)

«Todos los economistas han estado y están siempre acordes en reconocer las ventajas de la aplicación de la estadística a su ciencia; pero no sucede lo mismo entre los médicos, particularmente en Francia, donde mientras unos proclaman exageradamente que solo podrán adelantar la anatomía, patología y terapéutica por medio de la estadística, otros han dado en el extremo opuesto, válidos de los puntos débiles que presenta la exageración con que los primeros buscan en los datos estadísticos resultados imposibles de obtenerse. Una de las principales causas de que no esté más adelantada la estadística ha sido el ardor con que sus partidarios se han apresurado imprudentemente a deducir las unas importantes consecuencias prácticas de hechos que solo eran conocidos muy imperfectamente por no haberse recogido aun suficiente número de datos para compararlos entre sí. Se notó desde luego que aquellas consecuencias se habían establecido en muy débiles fundamentos, y aun cuando nada era más fácil de conocer que no era falta de la ciencia estadística el que estos fundamentos fuesen débiles, sino de la poca habilidad en recoger los datos estadísticos, o más bien de la poca madurez en aplicarlos, se dudó de la utilidad de la ciencia por el mal uso que de ella se hacía en sus aplicaciones a la filosofía política.» (Mateo Seoane [1791-1870], “Consideraciones generales sobre la estadística médica”, Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia, Madrid, 20 noviembre 1838, tomo quinto, n° 194, pág. 112.)

1840 «Hemos dicho que Rosmunda es la más bella de las composiciones del Sr. Gil y Zárate, y ya que antes no nos fue dado hablar de ella, diremos el por qué de nuestro pobre parecer. No somos de aquellos a quienes gusta ver introducida la política en el teatro: nos encanta, nos halaga más la tragedia amorosa, ideal de Racine, que la filosofía política de Voltaire; nos conmueven más los versos de la Atalia que los de Mahomet, y por esto nos encantan, nos agradan, nos halagan más los tiernos, los amorosos versos Rosmunda que los de Carlos II y de D. Álvaro de Luna.» (“Folletín. Teatros”, El Corresponsal, Madrid, domingo 26 de abril de 1840, pág. 2.)

«Librería. De leyes y política. Filosofía política o ciencia de gobierno y administración pública por Leblanc, pasta 16; Gandillot, derecho administrativo, pta. 12; Bonnin, principios de administración, pta. 16; Decretos de las cortes desde el año 11 al 23, 10 t. pta. 160; Código y práctica criminal de España, 3 tomos pta. 16; Compendio de las 7 Partidas 4 t. 60; y otros muchísimos cuyas 25 listas clasificadas por materias, están de manifiesto y se rebaja la tercera parte de su tasación (d las listas), en la calle del Arenal, núm. 22, cuarto principal.» (Diario de Madrid, viernes 24 de julio de 1840, pág. 3.)

1841 «Pues no lo extrañes, Fr. Gerundio: mis paisanos en despique de que yo les entendía y descubría los secretos de su magia política, me hicieron el agravio de suponer que yo había nacido del comercio de un demonio íncubo con la hija de un Rey: y burláronse de mis obras de filosofía política y de mis profecías, y las que tradujo Godofre de Montmouth sirvieron para que Polidoro Virgilio se mofase de ellas con el fin de desvirtuar mi sabiduría.» ([Modesto Lafuente, 1806-1866], “El Mago en la celda”, Fray Gerundio, 8 enero 1841, capillada 317, pág. 41.)

«Para complemento del cuadro en que me he propuesto circunscribirme en este artículo, debo hablar de la obra titulada PHILOSOPHIE POLITIQUE de M. EVARISTO BAYOUX, que tiene como todas las obras de este género, sus apologistas y sus detractores. Al leer el magnífico prefacio del autor, en el que él mismo se coloca como un genio grave y profundo, se debía esperar una de aquellas producciones largo tiempo maduradas en el silencio del gabinete, y concienzudamente elaboradas, en la que se iluminara con la doble antorcha de la historia y de la filosofía, las revoluciones sucesivas que ha padecido la humanidad desde los tiempos más remotos hasta nuestros días; pero en vez de ésta apreciación filosófica; en vez de las consideraciones luminosas, de las lecciones morales que debían haber aclarado la obscuridad de los tiempos pasados, de las sociedades humanas, rasgando el misterioso velo de su porvenir; en vez en fin de una obra excepcional, fuera de la generalidad de tantos escritos frívolos, efímeros, mal concebidos y peor digeridos, que ve brotar diariamente la literatura contemporánea; en vez, pues, de todas las bellas esperanzas que fundábamos en las magníficas promesas del autor, las primeras páginas de esta obra bastan para reconocer que M. EVARISTO BAVOUX se limita solo a la demostración de LA LEY PROVIDENCIAL QUE CASTIGA LOS CRÍMENES, cuestión más bien de orden social, que de filosofía política en su acepción propia. Si hemos de creer al autor de la FILOSOFÍA POLÍTICA, todos los príncipes, todos los hombres poderosos que han hecho de la autoridad un instrumento de opresión, reciben en este mundo el condigno castigo de la justicia divina. Para demostrarnos su axioma, el autor interroga la historia y nos muestra hediondos retratos de monstruos coronados, que espían con muerte violenta los crímenes de su vida. Desgraciadamente la tesis de Mr. BAVOUX está muy lejos de ser infalible. Podrían hacerse también citas históricas en que sería fácil hacer prevalecer el sistema diametralmente opuesto al que sostiene el autor de la FILOSOFÍA POLÍTICA. ¿Cuántos príncipes sanguinarios, cuántos ministros venales, cuántos grandes y poderosos culpables han muerto tranquilamente en su lecho en medio de sus prosperidades!.... La ley providencial, pues, de que habla, no se cumple siempre en este mundo; Dios, a quien queda la eternidad para ejercer su justicia, deja por aquí abajo más de un crimen sin castigo. Para dar la última idea del libro de Mr. BAVOUX, baste decir, que no titubea en colocar en la lista de los grandes culpables a LUIS XVI y a MARÍA ANTOINETTE su esposa, y nos muestra el suplicio de estas dos regias víctimas como la debida EXPIACIÓN DE SUS CRÍMENES. ¡Presentar a Luis XVI como un hombre perverso que medita el crimen!... ¡Seguramente, es esta bien extraña explicación de la LEY PROVIDENCIAL QUE CASTIGA EL MALO!... Concluyo, pues, con decir, que el punto de vista bajo el cual ha considerado Mr. BAVOUX su FILOSOFÍA HISTÓRICA, es en extremo superficial, mezquino, erróneo, exagerado, y que ni por su importancia ni por su tendencia corresponde tal obra a su pomposo título.» (R. L., “Folletín. Crónica literaria. Numismática, historia, filosofía moral y política. París 10 de abril (De nuestro corresponsal)”, El Correo Nacional, Madrid, jueves 22 de abril de 1841, págs. 1-2.)

«Así lograron extinguir todo sentimiento generoso, y sofocar toda aspiración sublime. A las instituciones liberales y benéficas, sucedieron las cavilaciones más absurdas, anticuadas e indigestas; y la pluralidad de la nación, envilecida bajo el yugo del empirismo y peripato de la filosofía política, apenas ni aun recordaba aquella los días de sus pasadas glorias, sino para medir confusamente la distancia que la separaba de ellos. La ignominia, la degradación fue tal que (¡causa vergüenza recordarlo!) llegó a brindársenos como un presente muy apetecido, con la corona de un príncipe extranjero; y no faltaron mexicanos, aunque pocos, que suspirasen desde entonces por las ollas de Egipto.» (“México, diciembre 7 de 1841. Prospecto [de Libertad y Orden]”, Diario del Gobierno de la República mexicana, México, domingo 12 de diciembre de 1841, pág. 263.)

1862 «Pero la cuestión se reduce a términos muy concretos, cuando hacemos abstracción de todo eso que se llama filosofía política. La autoridad se ejerce siempre por algo y para algo: no basta saber quién la ejerce. Usted dice que la debe ejercer el pueblo, pero en la Teoría de la autoridad no se encuentra marcado el fin con que se debe ejercer, y no conociendo el fin de la autoridad, no podemos comprender la razón de la autoridad ejercida por la soberanía nacional.» (Francisco de Paula Canalejas [1834-1883], “Del estudio de la ciencia política en España”, Revista Ibérica, Madrid, 15 de marzo de 1862.)

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