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El Estado llama y admite a todos los estudiantes en la Universidad. Nosotros no tenemos la culpa de que no se exija, por ejemplo, una confesión religiosa para gozar de los beneficios de la enseñanza. Por tanto, no planteen ustedes un problema que el Estado no plantea. Hagan ustedes asociaciones para fomentar la piedad entre los jóvenes, pero no las hagan para participar en la Universidad profesionalmente, que es para lo que el Estado nos convoca. No invadan ustedes la órbita del Estado. Y, en último término: si ustedes crean una entidad estudiantil con carácter de católica, al margen de la del Estado, y siendo presumible que la del Estado conservaría a algunos estudiantes, es indudable que estos estudiantes aparecerían como menos católicos por el solo hecho de interpretar mejor las leyes, y que si su Asociación lucha contra la de ellos, es posible que la de ellos empiece, para estar totalmente en contra de la suya, a definirse como contraria a vuestra definición; es decir, a ser contra católica. Esto es deplorable. Si hubiera una Asociación de estudiantes budistas, bien estaría defenderse de ella, pero ante una Asociación integrada por católicos, en la que los fuertes podrían influir a los débiles, ¿por qué abrir esa lucha inútil?