Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 4 ❦ Capítulo I: 2
2. Concepciones filosóficas y sociológicas de los populistas.
El populismo apareció como ideología en los años 60 del siglo XIX y predominó en el movimiento ruso de liberación hasta 1895 aproximadamente. “El populismo –escribía en 1913 V. I. Lenin– es la ideología (sistema de ideas) de la democracia campesina en Rusia... El populismo, es muy antiguo. Como fundadores suyos se considera a Herzen y Chernishevski. El populismo eficaz alcanzó su período de florecimiento el la “marcha del pueblo” (a los campesinos) de los revolucionarios en los años 70.”65
Las concepciones económico-sociales y filosóficas de las distintas tendencias del populismo en los años 70 a 90 coincidían en sus principales puntos. Todos los portavoces del populismo consideraban entonces que las relaciones capitalistas que se estaban formando en Rusia eran una regresión y defendían la originalidad del “régimen económico ruso”, es decir, la forma patriarcal campesina de producción, y afirmaban la posibilidad de la transición al socialismo a través de la comunidad campesina. Los intelectuales, según ello, se encontraban “fuera de las clases” y “al margen de la vida social”, les atribuían el papel de principal fuerza motriz dentro de la sociedad y no tomaban en consideración sus vínculos con los intereses materiales de las clases de la sociedad. En el campo filosófico, todas las corrientes del populismo se caracterizaban en los años 70 a 90 por el eclecticismo, por la concepción idealista de la historia y por la metafísica. Ahora bien, entre las diversas tendencias del populismo se marcaban diferencias en cuanto al modo de concebir el camino y la suerte de la revolución.
El populismo revolucionario de los años 70 y del comienzo de la década siguiente fue el predecesor del movimiento revolucionario proletario [32] de Rusia y ponía en pie a los hombres avanzados del país para la lucha contra el zarismo, continuando la causa iniciada por Herzen y Chernishevski en los años 50 y 60 y propugnando la idea de la revolución campesina; esta última, a su entender, había de presentar un carácter socialista. “... Era una doctrina coherente en cierta medida –escribía Lenin–, una doctrina que cristalizó en una época en que el capitalismo estaba débilmente desarrollado en Rusia, el carácter pequeñoburgués de la economía campesina aún no se había revelado lo más mínimo, el lado práctico de la doctrina era pura utopía y los populistas se apartaban decididamente de la “sociedad” liberal e “iban al pueblo.”66
El populismo revolucionario, que veía en los campesinos la fuerza motriz de la revolución, expresaba la protesta de los pequeños productores de mercancías contra los restos del régimen de servidumbre, contra el régimen autocrático de los terratenientes, y también contra la creciente explotación capitalista. Era la ideología, el sistema de ideas de la democracia pequeñoburguesa campesina de Rusia.
Pero la teoría y la táctica de los populistas revolucionarios pusieron de relieve su inconsistencia durante los tiempos de su “marcha al pueblo” y en el período del terror individual de fines de los años 70 y comienzo de los 80, tanto más que en esos momentos hacía su aparición en la palestra histórica de Rusia el proletariado. en el que los populistas no cifraban esperanza alguna. Hacia 1885 el viejo populismo “clásico” comienza a evolucionar, degenera hacia una orientación liberal que renunciaba a la lucha revolucionaria contra el zarismo. Los populistas liberales, que ensalzaban el “progreso” en la economía campesina y encubrían la explotación de los kulaks en la desintegrada comunidad rural, acabaron por convertirse, de ideólogos de los pequeños productores de mercancías que eran, en ideólogos y defensores de los campesinos ricos. “¡Helos aquí –escribió V. I. Lenin–, a estos amigos de los pequeños burgueses “populares”, en todo su arrobamiento por sus progresos filisteos!”67
La ideología del populismo revolucionario quedó plasmada en los trabajos de Lavrov, Bakunin, Tkachov y otros. Piotr Iavróvich Lavrov (1823-1900). sociólogo y publicista, comenzó sus actividades literarias en 1857. En 1859 publicó en las revistas Otéchestvennie zapiski, Rússkoe slovo y Biblioteka dlia chtenia (Biblioteca de Lectura) artículos que trataban, preferentemente, de temas filosóficos, entre los que destacan La filosofía práctica de Hegel, La teoría mecanicista del mundo, Un ensayo sobre la teoría de la personalidad y Los “teístas” alemanes contemporáneos. Al año siguiente aparecía su libro Ensayos sobre problemas de la filosofía práctica, que estaba dedicado a Herzen y Proudhon. Después del atentado de Karakózov contra Alejandro II, Lavrov fue detenido y confinado. En el destierro escribió Cartas sobre historia (1868-1869), donde afirmaba que la civilización progresa al terrible precio del trabajo y la sangre del pueblo, e invitaba a los intelectuales a acudir al pueblo, a llevar su propaganda a [33] las comunidades campesinas, con la esperanza de que los campesinos, así preparados, se convertirían en la base de la sociedad socialista. Las Cartas sobre historia ejercieron gran influencia sobre los jóvenes avanzados de Rusia y fueron el impulso directo que les movió a “marchar al pueblo”.
Lavrov se evadió en 1870 del lugar donde estaba desterrado y se dirigió a París, donde al año siguiente combatía en las barricadas de la Comuna; escribió un extenso trabajo sobre esta última, traducido a muchas lenguas, tomó parte en las labores de la I Internacional y conoció personalmente a Marx y Engels, con los cuales mantuvo correspondencia durante muchos años. Lavrov se consideraba discípulo de Marx, pero, como él mismo decía, no pudo comprender su teoría económica. No llegó a entender el materialismo dialéctico e histórico.
Las ideas filosóficas y sociológicas de Lavrov –fundador de la escuela rusa de la sociología subjetiva– eran eclécticas: los elementos del antropologismo se entrelazaban en ellas con la comprensión idealista subjetiva de la vida social y de todo el progreso del mundo.
“El hombre –escribía– es... el creador de los acontecimientos en nombre de un ideal social en el que se conjugan armónicamente como objetivos las aficiones personales, la utilidad de la organización política y las necesidades espirituales...”68
El hombre, que recibe impresiones del mundo exterior y experimenta su acción, transforma, según Lavrov, esas impresiones en leyes de la naturaleza: “... Partiendo de los hechos abstractos –afirmaba– el hombre crea la naturaleza de conformidad con las leyes de su creación.” El individuo lanza sus acciones “como semillas al terreno del mundo que le rodea y de ellas brota una serie nueva e infinita de acontecimientos, brota la futura historia”.69 De la misma manera, reforma su mundo interior. “En este sentido –agrega Lavrov–, el hombre es fuente de la naturaleza, es fuente de la historia y de su propia conciencia.”70
Las concepciones antimaterialistas de Lavrov, que él expuso en Ensayos sobre problemas de la filosofía práctica, encontraron la crítica dura y demoledora de Chernishevski (El principio antropológico en filosofía). En los problemas del conocimiento del mundo, Lavrov se muestra agnóstico positivista, afirmando que no podemos conocer la esencia de las cosas.
Lavrov oponía la ciencia de la naturaleza a la ciencia de la sociedad. En la naturaleza, estimaba, actúan las leyes inmutables de la mecánica, la física, la química, etc. En la sociedad, en cambio, cada acontecimiento es individual, nada se repite y no existe ley alguna. Lavrov llegaba a la conclusión de que las ciencias sociales han de regirse por el “método subjetivo”, por el método de la descripción de los acontecimientos; dicho método, que negaba el carácter objetivo de las leyes de la sociedad, reducía la historia a un caos de contingencias.
Un problema cardinal de la sociología es para Lavrov la comprensión del progreso. Su concepción idealista de éste gira alrededor del individuo abstracto con sus fines, aspiraciones y acciones. La esencia del progreso [34] se reduce a un incremento de la conciencia, de la actividad de los “hombres dotados de un pensamiento crítico”, de los “héroes” que hacen la historia. Todo lo que corresponde a esta fórmula es progresivo, moral e importante, y lo que no corresponde es calificado de inmoral.
Lavrov consideraba que la aparición del Estado es debida a la necesidad que los hombres sienten de verse seguros, a la lucha del individuo por la existencia. De ahí su afirmación de que el Estado se encuentra no ya sobre las masas del pueblo, sino también sobre los propietarios. Más tarde, bajo la influencia de Marx y de las publicaciones marxistas, llegó a la comprensión, aunque imprecisa, de la naturaleza de clase del Estado y sostuvo la tesis de que éste, en las condiciones que se derivan de la propiedad privada. protege a una ínfima minoría de propietarios frente a la masa restante del pueblo; por eso, el Estado explotador tiene que ser destruido por la revolución social. “... El socialismo obrero, para implantar el régimen social según sus necesidades, tiene que destruir el Estado actual y crear algo distinto.”71 Lavrov subrayaba justamente que entre el Estado burgués y el socialismo obrero no hay conciliación posible, no hay ni puede haber un acuerdo. En cl artículo El clemento estatal en la sociedad futura (1875-1876), apoyándose en el Manifiesto del Partido Comunista y en El capital, ataca a Dühring y a las prédicas que éste hace de la colaboración de clase. Ahora bien. ni su participación en los acontecimientos de la Comuna de París. ni su labor en la I Internacional, ni su relación personal con Marx y Engels y el estudio de sus obras condujeron a Lavrov a la ideología del proletariado revolucionario.
Junto a los círculos de “propagandistas” –seguidores de Lavrov–. Que se proponían la divulgación del socialismo entre los campesinos. en la década del 70 aparecen los círculos populistas de les “rebeldes”, que tuvieron su ideólogo e inspirador en Mijail Alexándrovich Bakunin (1814-1876). En los años 30 formó parte del círculo de Stankévich y Belinski y estudió la filosofía de Hegel; durante algún tiempo fue hegeliano ortodoxo. Luego, en la década siguiente, guardó afinidades ideológicas con los jóvenes hegelianos. A fines de los años 40 y durante los 59 luchó como revolucionario y enemigo de la autocracia zarista; tomó parte en el levantamiento de 1818 en París y en la insurrección de Dresde de 1819, En los años 60 actuó dentro de la I Internacional; en 1368 organizó su Alianza de la Democracia Socialista, antimarxista y anarquista, tratando de escindir el movimiento obrero agrupado en terno a la | Internacional, por lo que ésta le expulsó de sus filas.
En las concepciones filosóficas y sociológicas que Bakunin sostiene entre los años 50 y 70 se entrelazan con un criterio ecléctico ideas de Hegel, Spencer, Stirner, Proudhon, Fourier y otros. Al decir de Bakunin, la fuente inagotable de la vida reside en el “espíritu eterno”, que todo lo destruye y aniquila. Esta tesis es la “base” filosófica del anarquismo de Bakunin, quien pedía la “libertad de rebelión” en la vida social. La fuerza motriz de la historia era para él el “individuo que piensa críticamente”, que protesta contra la injusticia social. [35]
Las concepciones político-sociales y sociológicas de Bakunin se hallan expuestas en los trabajos que escribió entre 1871 y 1874: El Imperio Alemán del látigo y la revolución social, El Estado y la anarquía y alguna otra obra. El campesino ruso, afirma, ha sido siempre comunista y revolucionario por naturaleza, en él ha arraigado profundamente el ideal social de la libertad, y por eso no hay que hacer propaganda entre el pueblo, que siempre se encuentra dispuesto a la insurrección. “No hemos de enseñar al pueblo, sino rebelarnos”, decía Bakunin. Negaba que el futuro perteneciese a la clase obrera. El futuro de la revolución social pertenece a los campesinos, sostenía Bakunin, sin querer ver el hecho de que el desarrollo del capitalismo conducía a la desintegración de los campesinos como clase.
El Estado, prosigue Bakunin. es la lacra principal que hay que destruir antes de que, a través de revueltas, se creen las comunidades comunistas ácratas. Negaba el Estado en cualquiera de sus formas, sin exceptuar lo dictadura del proletariado.
La doctrina anarquista de Bakunin adquirió gran predicamento entre los populistas rusos, y también en algunos países latinos (como Italia y España), donde el movimiento obrero era aún incipiente. La ideología anarquista y la táctica de Bakunin fueron causa de grandes daños para el movimiento revolucionario ruso e internacional.
Los fundadores del marxismo combatieron a los bakuninistas en obras como Las supuestas escisiones de la Internacional, La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de Trabajadores y Los bakuninistas en acción. En ellas pusieron de relieve el aventurerismo político de Bakunin, su desconocimiento de las condiciones económicas de la revolución y la negación anarquista de la lucha política y del Estado; todos estos defectos eran debidos al idealismo y al voluntarismo que inspiraban las concepciones filosóficas y sociológicas de Bakunin.
Un lugar destacado en el movimiento populista ocupó Piotr Nikítich Tkachov (1844-1885), publicista y crítico literario, que colaboró en algunas revistas, entre las que se encontraban Rússkoe slcvo y Dielo. En 1865 tuvo ya ocasión de conocer las ideas de Marx. En una crítica publicada en la sección bibliográfica de Rússkoie Slovo, en diciembre de ese año, recogía el famoso fragmento del Prólogo a la Contribución a la critica de la economía política, donde Marx habla del papel determinante de las condiciones económicas. señalando que “ahora esta opinión es compartida por casi todos los hombres decentes capaces de pensar, y las personas inteligentes apenas si encontrarán nada serio que objetarle”.72 Tkachov fue detenido y condenado en 1869, y en 1873 marchaba al extranjero, donde entre 1875 y 1881 editó la revista Nabat (Rebato).
Sus concepciones teóricas las expuso en artículos como Idealistas y filisteos alemanes (1867), La importancia del arte en la historia del progreso espiritual (1872) y Las tareas de la propaganda revolucionaria en Rusia (1874).
Partiendo de la sociología subjetiva, Tkachov consideraba que el revolucionario [36] no puede aguardar a que el curso de los acontecimientos históricos le señale el minuto, e invitaba a los revolucionarios rusos a acudir “al pueblo” para el derrocamiento inmediato de la autocracia, la cual, afirmaba, carecía de todo apoyo. A las masas populares les asignaba un papel puramente pasivo, considerando que la toma del poder, como fruto de una conspiración, había de ser obra de una minoría, en la que veía la encarnación de los mejores valores intelectuales y morales de la sociedad, el portavoz de los ideales hostiles a las formas de vida establecidas. De ahí que el propio revolucionario escoja el momento de la insurrección. El revolucionario, sostenía Tkachov, “siempre quiere” y “siempre puede” hacer la revolución.
A pesar de su ardor revolucionario y del odio que sentía hacia la autocracia, las concepciones blanquistas, subjetivistas y voluntaristas de Tkachov causaron perjuicios al movimiento revolucionario de Rusia. “Estos señores –escribía Marx a Sorge en noviembre de 1880 refiriéndose a Tkachov y sus adeptos– se manifiestan contra toda actividad política revolucionaria. ¡En un santiamén Rusia-ha de saltar al paraíso anarquista-comunista-ateo!”73
Tkachov se decía partidario del marxismo y conoció algunas de las obras de Marx, pero nunca comprendió el marxismo. Sus concepciones se basaban en el utilitarismo de Bentham, al que Marx se refirió como a un apologista del capitalismo. Tkachov mostraba su admiración por Bentham y repetía con él que el hombre ha de guiarse siempre por el principio de la utilidad, ha de obrar tal como considere más ventajoso para su persona. Lo mismo que Lavrov, transportaba a la sociedad la ley de la lucha por la existencia, y consideraba que sólo apoyándose en ella es posible el perfeccionamiento del individuo y el desarrollo de la sociedad en su conjunto. En su Carta abierta al señor Federico Engels (1874), en la que combate la doctrina marxista del Estado, Tkachov formulaba las concepciones populistas sobre este punto y sobre la revolución. El Estado, afirmaba, no guarda relación con el régimen social existente y no depende de su estructura económica; al contrario, se encuentra sobre el sistema económico y las clases y puede, de conformidad con sus ideales, dirigir el desarrollo de la sociedad. En la medida en que Rusia, afirmaba, carece de proletariado urbano y de burguesía y el poder del capital es aún embrionario, en esa misma medida les resulta fácil a los agricultores rusos hacer la revolución, por cuanto no han de luchar contra el poder del capital, sino contra el Estado ruso, que “sólo de lejos produce la impresión de ser poderoso”, pero que en realidad, afirma Tkachov, “carece de raíces en la vida económica del pueblo” y “no encarna los intereses de ningún estamento”, es decir, que “pende en el aire”.74
En su artículo Acerca de las relaciones sociales en Rusia, Engels somete a dura crítica las erróneas concepciones de Tkachov acerca del Estado “por encima de las clases”.75 El Estado ruso, sostiene, no “pende en [37] el aire”, sino que es el Estado de los terratenientes, comerciantes y fabricantes, y cumple la voluntad de las clases explotadoras, cuya propiedad privada defiende. Engels demuestra la inconsistencia de las afirmaciones de Tkachov acerca de que Rusia se encontraba entonces dispuesta a pasar directamente a la revolución socialista. La revolución socialista, decía, únicamente podrá producirse en Rusia cuando para ello hayan sido creadas las premisas económicas, y la falta de un proletariado no favorece la revolución, sino que, al contrario, la demora.
Aun criticando duramente las equivocadas concepciones filosóficas y sociológicas de los populistas y sus erróneos planteamientos tácticos, Marx y Engels mostraban gran estima por el populismo revolucionario como ideología democrática que se hacía eco de la lucha de los campesinos contra los terratenientes en la Rusia posterior a la reforma. Durante muchos años los fundadores del marxismo mantuvieron relación personal y por correspondencia con P. Lavrov, G. Lopatin, N. Danielson y algunos otros populistas; también estudiaron materiales relativos al desarrollo de la economía y del movimiento revolucionario en Rusia.
Por otra parte, los revolucionarios rusos emigrados tuvieron la oportunidad de conocer las obras de Marx y Engels. En marzo de 1870, algunos emigrados rusos, seguidores de Chernishevski (entre otros, N. Utin y A. Trúsov), constituyeron en Ginebra el Comité de la Sección Rusa de 1a I Internacional. La revista de esta Sección, Naródnoie Dielo (La Causa del Pueblo), de tendencia democrático-revolucionaria, dio a conocer a los emigrados rusos y a los revolucionarios de Rusia las ideas del marxismo.
El Comité de la Sección Rusa de la Primera Internacional pidió a Marx en 1870 que asumiese la representación del mismo ante el Consejo General, con sede en Londres, a lo que Marx dio su consentimiento.
Los miembros de la Sección Rusa de la Primera Internacional ayudaron a Marx y Engels en la lucha contra Bakunin y publicaron en ruso los documentos del Consejo General. En 1869, en el núm. 4-6 de Naródnoie Dielo la Sección Rusa anunciaba la aparición del tomo I de El Capital, “obra magnífica y verdaderamente democrática de Carlos Marx, veterano de la democracia alemana y uno de los principales fundadores de la Asociación Internacional”, En 1871 los miembros de la Sección Rusa tradujeron y editaron La guerra civil en Francia, de Marx, y la hicieron circular clandestinamente en Rusia.
Pero los populistas revolucionarios rusos, que mostraron gran interés hacia las ideas del marxismo, tendían a interpretar las ideas de Marx y Engels de conformidad con el espíritu de la democracia pequeñoburguesa, subrayando principalmente la crítica marxista del gran capital, que lleva la ruina a los pequeños propietarios. Los populistas revolucionarios reflejaban los intereses de las masas pequeñoburguesas arruinadas por el capitalismo y no pudieron percibir la esencia del marxismo –su doctrina de la dictadura del proletariado– y adoptar las posiciones del socialismo científico proletario, del materialismo dialéctico e histórico.
El populismo liberal de los años 80-90 estuvo representado, principalmente, por Mijailovski, Vorontsov, Krivenko y Yuzhakov. Nikolai Konstantínovich Mijailovski (1842-1904), publicista de relevantes dotes y pensador de la tendencia liberal del populismo, experimentó en su juventud [38] la influencia de las obras de Chernishevski, por la novela del cual, Qué hacer. mostraba particular entusiasmo. Comenzó a escribir en Otéchestvennie Zapiski en los años 60. Hacia 1890 pasó a la dirección de la revista Rússkoie Bogatsvo (La Riqueza Rusa), que con él se convirtió en el centro del populismo liberal. Entre sus numerosos artículos se conocen particularmente: Qué es el progreso, El método de la analogía en las ciencias sociales, La lucha por la individualidad, Los héroes y la multitud, La literatura y la vida y Algo sobre el método dialéctico.
Las concepciones filosóficas de Mijailovski se caracterizan por la influencia del positivismo de Comte y del agnosticismo de Kant. Según indicaba Lenin, en filosofía Mijailovski dio un paso atrás con relación a Chernishevski”” y siguió a los “positivistas” en boga (kantianos y adeptos de Mach).76
Mijailovski trató de dar una base al método subjetivo en sociología. Hacía diferencia entre el método “mecanicista”” de investigación, aplicable únicamente a las ciencias naturales, y el método del “deber moral subjetivo”. el único que, según él, es valedero en las ciencias sociales. El sujeto. el individuo, es para Mijailovski la base del desarrollo de la sociedad y de su estudio. La “naturaleza humana” tiene un valor general, eterno e inmutable para todas las épocas históricas y para todos los pueblos.
Sobre esta base idealista y valiéndose de analogías con el “progreso biológico”, Mijailovski construye su interpretación del progreso social. Según él, todo lo vivo progresa si crece la división fisiológica del trabajo entre los órganos del individuo; esto significa que el individuo se hace más completo y gana en variedad. Lo mismo en la naturaleza que en la sociedad, tiene lugar una lucha constante por la independencia y el desarrollo completo de la individualidad. De ahí deduce Mijailovski que la teoría del progreso de la sociedad es la teoría de la lucha por la individualidad.
Lo principal en estos razonamientos especulativos y ahistóricos de Mijailovski es su afirmación de que cl desarrollo de la sociedad se concibe no como lucha de las clases sociales, sino como lucha de una cierta personalidad abstracta contra la sociedad en defensa de su propio desarrollo armónico y de su independencia respecto de la sociedad. Su punto de partida es que el hombre y la sociedad son enemigos irreductibles. Por cesto, toda la historia de la sociedad es la historia de la esclavización en que la sociedad mantiene al individuo; este proceso se revela en la división del trabajo entre los hombres. La “ley orgánica de la división del trabajo” impera por igual, según Mijailovski, en la sociedad y en la naturaleza, y manifestaciones suyas en aquélla son las diversas formas de cooperación y división del trabajo. En la sociedad luchan dos tendencias opuestas: la “cooperación compleja”, con una creciente división del trabajo entre los individuos, y la “cooperación simple” o simple colaboración. El futuro, dice, pertenece a la cooperación simple, porque dentro de ella se alcanzan la máxima división del trabajo entre los órganos y la mínima especialización y división del trabajo entre los hombres, lo cual proporciona integridad al individuo y condiciona la comprensión mutua entre los hombres y [39] la robustez de los vínculos morales. Lo que más corresponde a este ideal, afirmaba Mijailovski, es la comunidad rural, que él idealizaba, sin advertir que se iba desintegrando bajo la acción de las relaciones capitalistas.
La fórmula apriorística del progreso “en general”, defendida por Mijailovski, no explicaba el desarrollo histórico de la sociedad, no mostraba la razón de por qué transcurre así y no de otro modo.
Mijailovski reduce la marcha de la historia, como proceso sujeto a leyes, a la acción de los “héroes”, al arbitrio subjetivo de éstos. Por todos los medios trata de demostrar que fuera de las acciones de los “héroes”, el curso de la historia “no es racional” ni “adecuado a un fin”. Colocar al hombre bajo la dependencia de la necesidad, de la ley del desarrollo social, afirmaba, “significa rebajar su dignidad humana, convertirlo en una máquina que no sabe lo que hace”.77 Sólo la influencia de los hombres eminentes, su “voluntad”, crea la historia de la sociedad. El “héroe” es para Mijailovski un “hipnotizador mágico” que arrastra a la “multitud”, la cual es un conjunto de seres inconscientes e ignorantes que van detrás de los “héroes”.
En su intento de oponer el libre albedrío y las acciones del “héroe” a la necesidad histórica, Mijailovski afirmaba que hay que resolver el conflicto entre la necesidad y la actividad del individuo. “Ha emborronado para esto un montón de papeles, llenando un abismo con sus absurdas habladurías sentimentales filisteas, para solucionar este conflicto a favor de la moralidad y el papel del individuo”,78 señala V. I. Lenin.
Durante muchos años Mijailovski mantuvo su lucha contra la doctrina de Marx. En 1877 publicó el artículo Carlos Marx ante el tribunal de señor Y. Zhukovski, donde presentaba el marxismo como un esquema histórico-filosófico apriorístico que medía con el mismo patrón el desarrollo de todos los pueblos. Mijailovski negaba que el marxismo pudiera tener aplicación en Rusia, sosteniendo que las leyes del desarrollo social descubiertas por Marx en Europa Occidental no tenían validez en un país que seguía un camino “original” en su avance.
En una carla a la redacción de Otéchestvennie Zapiski, Marx protestó contra la interpretación de su análisis de la génesis del capitalismo, que era convertido en un esquema suprahistórico, subrayando que acerca de la posibilidad de aplicar a uno u otro país, por ejemplo, a Rusia, determinadas relaciones del desarrollo social podía juzgarse únicamente después de un estudio concreto y detenido de las relaciones sociales del país en cuestión.79
Otro defensor de la ideología del populismo liberal fue el economista y sociólogo Vasili Pávlovich Vorontsov (1817-1918). Con una visión idealista de la vida social, consideraba que las relaciones sociales, las formas de vida, son “un producto derivado del mundo espiritual del hombre”, resultado de las ideas y los sentimientos humanos. Instalado en las posiciones de la sociología subjetiva, Vorontsov construye “la ley de la muerte [40] del capitalismo ruso en su propio nacimiento”. Contrariamente a los hechos de la historia, que propagan la afirmación del capitalismo en Rusia, sostenía que el proceso del desarrollo social era en el país “original” y representaba “el polo opuesto” de la vida social de Occidente; en el lugar de las leyes históricas objetivas colocaba el arbitrio de los “individuos dotados de pensamiento crítico”.
G. V. Plejánov hizo en sus trabajos una profunda crítica de la sociología subjetiva del populismo.
V. I. Lenin, en ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas? y en otras obras asestó un golpe demoledor a las concepciones de los populistas. Los populistas liberales, demostraba él, eran de hecho liberales moderados que propugnaban la transformación gradual de la sociedad mediante “medidas progresivas”. La teoría de Mijailovski y demás populistas acerca de que Rusia podría salvar la fase del capitalismo, subrayaba Lenin, “era la teoría del socialismo utópico, pequeñoburgués, es decir, la aspiración de intelectuales burgueses que buscaban la salida del capitalismo no en la lucha de clases de los obreros asalariados con la burguesía, sino en los llamamientos a “todo el pueblo”, a la “sociedad” o lo que es igual, a esa misma burguesía.80
En su conjunto, el populismo, a pesar de todo el alcance progresista de sus aspiraciones democráticas, que eran expresión de la protesta de los pequeños productores, de la democracia pequeñoburguesa, contra los restos de la servidumbre y la nueva opresión capitalista, era, teóricamente, una utopía reaccionaria. Las concepciones de los populistas, sus teorías filosóficas y sociológicas, significaban un paso atrás con respecto al materialismo consecuente y combativo de Chernishevski y su dialéctica revolucionaria; eran el polo opuesto del marxismo.81
Según indicaba V. I. Lenin, “en realidad, entre el marxismo y el populismo hay, teórica y prácticamente, un abismo. La teoría de Marx es la teoría del desarrollo del capitalismo y de la lucha de clase de los obreros asalariados contra los patronos. La teoría del populismo es el embellecimiento burgués del capitalismo con ayuda de palabrejas acerca de la “economía basada en el trabajo”, es un teoría que borra, oscurece y frena la lucha de clases con ayuda de esas mismas palabrejas...”.82 [41]
{65} V. I. Lenin, Acerca del populismo. Obras completas, ed. rusa cit., t. 18, página 490.
{66} V. I.. Lenin. El contenido económico del populismo y su critica en el libro del señor Struve. Obras completas, trad. esp., ed. cit., t. 1, pág. 415.
{67} V. I. Lenin, ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas? Obras completas, trad. esp., Ed. Cartago, Buenos Aires, 1958, t. 1, pág. 271.
{68} P. L. Lavrov, Obras, 1ª serie. Artículos de filosofía, fasc. II, Petrogrado, 1917, pág. 148.
{69} Ibídem, pág. 149.
{70} Ibídem, pág. 149.
{71} P. L. Lavrov, Obras escogidas sobre temas político-sociales, en ocho tomos, t. IV, Moscú, 1935, pág. 225.
{72} P. N. Tkachov, Obras escogidas sobre temas politico-sociales, en cuatro tomos, t. I, Moscú, 1932, pág. 70.
{73} C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, Leningrado, 1953, pág. 340.
{74} P. N. Tkachov, Obras escogidas sobre temas politico-sociales, t. III, Moscú, 1933, págs. 91, 92.
{75} Correspondencia de C. Marx y F. Engels con políticos rusos, ed. rusa, Leningrado, 1951, págs. 195-207.
{76} V. I. Lenin. Los populistas sobre N. K. Mijailovski. Obras completas, ed. rusa cit., t. 20, págs. 100, 101.
{77} N. K. Mijailovski, Obras, t. I, San Petersburgo, 1896, pág. 367.
{78} V. I. Lenin, ¿Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas? Obras completas. ed. esp. cit., t. 1, pág. 172.
{79} C. Marx. Carta a la redacción de “Otéchestiennij zapiski”, C. Marx y F. Engels, Obras, t. XV, Moscú, 1933, págs. 375-378.
{80} V. I. Lenin, El populismo y la clase de los obreros asalariados. Obras completas, ed. rusa cit., t. 20, pág. 89.
{81} Son inconsistentes y absurdos los intentos de los actuales enemigos del marxismo (N. Berdiáev en Sentido e historia del comunismo ruso, I. Bochenski en El materialismo dialéctico ruso soviético, G. Wetter en El materialismo dialéctico, su historia y sistema en la Unión Soviética, A. Mayer en El leninismo, etc.) cuando tratan de presentar el marxismo en Rusia como una prolongación de las ideas propias de conspiradores anarquistas, subjetivistas y voluntaristas de Bakunin, Tkachov y otros populistas. Las concepciones populistas –que no se apoyaban en un conoci miento científico de las leyes objetivas del desarrollo social, ajenas al movimiento revolucionario de masas de la clase obrera, que no tenían presente la experiencia de la lucha revolucionaria del proletariado de Europa Occidental y se mostraban hostiles al materialismo y a la dialéctica– eran el polo opuesto de las concepciones de los marxistas, Rusia comprendida, y no podían ser en modo alguno fuente del leninismo.
{82} V. I. Lenin, Métodos de lucha de los intelectuales burgueses contra los obreros, Obras completas, ed. rusa, t. 20, pág. 431.