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Manuel García Morente 1886-1942 desde 1941 presbítero católico
El joven catedrático de Ética se entregó de inmediato a preparar traducciones al español de autores clásicos y modernos europeos, en particular alemanes. Para la «Colección de filósofos españoles y extranjeros» que dirigía Adolfo Bonilla San Martín dispuso las versiones españolas de las tres Críticas kantianas (en 1913 la Crítica de la Razón Práctica, colaborando con Emilio Miñana Villagrasa; en 1914 la Crítica del Juicio y en 1928 la Crítica de la Razón Pura). Para la «Colección Granada» de Jiménez-Fraud dispuso el Discurso del método y las Meditaciones metafísicas cartesianas. Para la «Colección Universal» de Calpe la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Kant. Para la «Biblioteca de ideas del siglo XX», dirigida por José Ortega y Gasset, Ciencia cultural y ciencia natural, de Rickert; La decadencia de Occidente, de Spengler. Para la colección «Nuevos hechos, nuevas ideas», de Revista de Occidente, textos de von Uesküll, Worringer, Brentano, Leininger, Katz, Pfänder, &c. La producción propia de Manuel García Morente no es tan abundante como sus traducciones: en 1916 un comentario a la conferencia que Bergson pronunció en la Residencia de Estudiantes; en 1917 La filosofía de Kant, una introducción a la filosofía, dedicado «a la memoria de D. Francisco Giner de los Ríos»; en 1923 un primer artículo, en el segundo número de la Revista de Occidente, que acababa de impulsar Ortega, de quien García Morente siempre se sintió discípulo aunque tuvieran prácticamente la misma edad, donde se presenta la obra de Spengler que estaban comenzando a difundir en español: «Una nueva filosofía de la historia, ¿Europa en decadencia?» En 1926 ocupa Manuel García Morente el decanato de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central. En 1930 es nombrado subsecretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, siendo ministro Elías Tormo. En 1933 participa como decano y profesor en el famoso viaje de estudios crucero por el Mediterráneo, en el que eran alumnos Julián Marías, Manuel Granell o Carlos Alonso del Real, culminación de un curso que en enero había conocido la novedad del nuevo edificio de Filosofía y Letras, en la recién estrenada Ciudad Universitaria, impulsada por Alfonso XIII antes de la República. |
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«—Hay en el siglo XVIII español un hombre curioso: Torres de Villarroel, de gran perspicacia literaria y catedrático de Matemáticas en Salamanca. ¿Cree usted que este hombre, algo farsante y presumido, poseía realmente conocimientos superiores? Me parece haber oído en la clase de Morente que sí, opinión que choca con la que yo he tenido siempre.» (Ramiro Ledesma Ramos entrevista a «El matemático Rey Pastor», La Gaceta Literaria, 15 marzo 1928.) «En el citado número de Acción Española [nº 4, 1 febrero 1932] hay un dato muy revelador del confuso ambiente a que vengo refiriéndome. Se trata de la reseña del ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas de don Manuel García Morente, figura destacada de la Institución Libre de Enseñanza, que fue subsecretario de Instrucción Pública en el Gabinete de Berenguer. El acto de la Academia se vio realzado con la asistencia del presidente de la República, don Niceto Alcalá Zamora, y del ministro de Instrucción, don Fernando de los Ríos; también estaban allí don José Gascón y Marín, ministro del último Gobierno de la Monarquía. Según se advertía, bien compatibles eran, ideológicamente, esas diversas personalidades que figuraron en los últimos días de la caída del sistema y en los primeros del advenimiento del nuevo régimen.» (Eugenio Vegas Latapie, Memorias políticas, Planeta, Barcelona 1983, pág. 129.) «En la Argentina. El profesor español García Morente herido en accidente de automovil. Por teléfono (Madrid, 2, 12 n.). Buenos Aires. En el camino de la falda de Córdoba sufrió un accidente de automóvil el profesor español Manuel García Morente, produciéndose una herida cortante en la cabeza. Se encuentra mejorado. De Córdoba dicen que el accidente ocurrió cuando regresaba García Morente a Buenos Aires desde Córdoba, donde había dado una conferencia en la Universidad y al chocar el automóvil con una manada de caballos. El profesor García Morente resultó gravemente herido.» (La Prensa, Gijón, miércoles 3 de octubre de 1934, XIV:4119, pág. 4.). |
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Para poder mantener a su familia acepta el ofrecimiento que le hacen del rectorado de la Universidad de Tucumán, y llega a la Argentina el 10 de julio de 1937. Ofrece conferencias en Santa Fé, en Montevideo, y los dos primeros días de junio de 1938, con un pie ya en el barco rumbo a España, las que compondrán el libro Idea de la Hispanidad, publicado ese mismo año por Espasa-Calpe Argentina. El 4 de junio de 1938 embarca hacia España y al llegar inicia inmediatamente su formación como seminarista con los monjes de Poyo, en Pontevedra. El primer día de 1941 celebró su primera misa como presbítero católico, teniendo ocasión de suministrar la comunión a su hija religiosa profesa en el convento de la Asunción, en el que precisamente ejercía las funciones de capellán el traductor y catedrático de Ética. Ese mismo mes fue nombrado Consejero de la Hispanidad (Reglamento de enero de 1941, del Consejo de la Hispanidad, creado por ley 2 de noviembre de 1940). El nuevo sacerdote mantuvo sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la que fuera Decano antes de la guerra civil. El 19 de noviembre de 1942 sufre una operación quirúrgica que parecía intrascendente, pero que provoca su fallecimiento el 7 de diciembre de 1942. Ni que decir tiene que la conversión de Manuel García Morente, dados los vínculos filosóficos y el lugar que había ocupado, fue recibida con alborozo por los ideólogos del nacional catolicismo y sus seguidores. Prácticamente olvidado en las últimas décadas del franquismo (al margen de la continua presencia de sus traducciones) se observa un limitado interés por la reedición de sus obras tras la restauración borbónica, publicándose en 1996 sus Obras completas merced al patrocinio de la Fundación Caja Madrid. |
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«Veréis. El correo de América me ha traído hoy el último número de la revista Estudios, que publican nuestros amigos de Chile. En él, una pluma anónima ha reunido varios documentos relativos a la máxima aventura espiritual de un gran español, el profesor y sacerdote Manuel García Morente: algunas cartas, un relato del P. Fernando Vázquez, «moderador del espíritu» de Morente durante su retiro en el convento de Poyo. Son maravillosas la sencillez y la hondura con que Morente testimonia su definitivo encuentro con Dios. «Dios tuvo piedad de mí y me envió el mejor y más eficaz consuelo, su gracia divina, el aliento de su voz en el fondo de mi alma», escribe a un amigo, recordando sus angustias espirituales de París, el año 1937. (...)» (Pedro Laín Entralgo, «Escrito de ocasión», Alférez, 30 abril 1948.) |
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