Filosofía en español 
Filosofía en español

Los grandes pensadores 1915-1919

Los grandes pensadores Colección formada por veintiseis obras (de “grandes pensadores”) en veintiocho opúsculos, editada en Barcelona por Publicaciones de la Escuela Moderna entre 1915 y 1919, de la mano de Cristóbal Litrán. Esa editorial fue adquirida, a comienzos de los años veinte, por la Casa Editorial Maucci, quien siguió reeditando la colección, sin aumentarla, y la mantuvo en el mercado del libro nuevo hasta 1937 (conservando tanto el rótulo, para muchos prestigioso, de Publicaciones de la Escuela Moderna, como el nombre de la colección, Los grandes pensadores, aunque dejando de numerar las entregas, que en su primera edición se agruparon en tres series o periodos de suscripción, y desde noviembre de 1915 hasta 1917 aparecían “el primer sábado de cada mes” y luego “el segundo sábado de cada mes”).

Publicaciones de la Escuela Moderna surge en 1901 como parte consustancial del “centro de enseñanza científica y racional” fundado en Barcelona por el profesor de idiomas, librepensador anarquista y masón anticlerical Francisco Ferrer Guardia (1859-1909), estrenándose con la primera entrega del Compendio de Historia Universal firmado por su compañera Clemencia Jacquinet (1865), francesa pasada por Egipto y alumna suya en 1897 en las clases de español que ofrecía en el Gran Oriente parisino, y a la sazón Directora de la Escuela Moderna.

En junio de 1906, tras el sangriento atentado del 31 de mayo en la calle Mayor de Madrid, Francisco Ferrer fue detenido y cerrada la Escuela Moderna, acusado de complicidad con el torpe y fracasado regicida Mateo Morral Roca, “el Administrador de la Escuela Moderna… que es quien se cuida de editar todas las obras que publica la Escuela Moderna, siendo el dueño de ésta D. Francisco Ferrer, que ignora dónde vive por hallarse 'continuo viajando', y que quien está al frente de dicha Escuela es el Sr. Roca en ausencias del Sr. Ferrer” (declaraba tres meses antes Mariano Batllorí, “mero dependiente de la Casa editorial de la Escuela Moderna”, en el sumario abierto, abril de 1906, al tenerse por ataque al orden público la edición del folleto Pensamientos revolucionarios de Nicolás Estévanez, “recogidos y comentados por un anarquista, Librería Española de Antonio López, Rambla del Centro 20, Barcelona 1906”, edición preparada por Mateo Morral, el Sr. Roca, y por la que Ferrer entregó un cheque de 600 pesetas a Estévanez) –recuérdese que Mateo Morral era también socio de Luis Bulffi, el propugnador de la ¡Huelga de vientres!–. Absuelto un año después, vuelve el anarcocapitalista Francisco Ferrer (poseía más de mil acciones de la Sociedad Fomento de Obras y Construcciones) a París (donde era propietario de una casa en 11 rue des Petites Écuries), y ante la imposibilidad de reanudar la actividad docente en Barcelona, concentra su activismo en las Publicaciones de la Escuela Moderna. Pero en 1909 fracasa de nuevo otro intento de acelerar la imposición violenta y autoritaria de aquellos ideales redentores, en aquel amago revolucionario que no pasó de convertir Barcelona en la ciudad quemada durante una semana trágica (26 al 31 de julio): juzgado de nuevo, pues por esos días había vuelto precisamente por Barcelona como eficaz agitador, fue condenado como uno de los instigadores de la rebelión y fusilado el 13 de octubre, cesando su actividad editorial la Escuela Moderna.

«El testamento de Ferrer. Según el corresponsal de Le Matin en Barcelona, Ferrer ha desheredado a sus hijas, sin más excepción que los respectivos legados de 2.000 pesetas que impone la ley. Y aun eso les ruega que no lo acepten. La casi totalidad de su fortuna la dedica a un conocido agitador llamado Portet, habitante en Liverpool, y a Soledad Villafranca. Ferrer detalla en el instrumento judicial la parte que deja a Soledad Villafranca, y la recomienda que no de nada a sus hijas Paz y Sol, porque llevan una vida que desaprueba. Sol es la tercera hija de Ferrer, que fue abandonada por su padre siendo pequeña. Telegrafían a El Mundo, desde Londres, que uno de los albaceas testamentarios de Francisco Ferrer es el conocido publicista inglés Mr. William Heaford, secretario general de la Federación de librepensadores de Inglaterra, quien en unión del escritor hispanófilo Bert Ward, secretario del Consejo trade-unionista, ha dirigido en Inglaterra la campaña pro Ferrer. El otro albacea testamentario es el periodista republicano español D. Cristóbal Litrán. Los herederos son, en primer término, D. Lorenzo Portet, profesor de Literatura española en la Escuela de Comercio de Liverpool, quien asume el compromiso moral de cuidarse del porvenir del niño Riego Ferrer, el cual se educa en Londres, y de continuar en España la obra pedagógica de Ferrer. Según esta versión, son herederas las tres hijas de Ferrer, Soledad Villafranca y un hermano del testador. Mister Heaford ha dicho que abriga el propósito de aprovechar una cláusula que le autoriza a delegar sus poderes, para nombrar en su lugar a un diputado ministerial inglés, de ideas racionalistas, a quien su doble condición de ciudadano británico y de miembro del Parlamento protegería contra los ataques de los enemigos de la enseñanza laica en España.» (La Epoca, Madrid, 20 octubre 1909.)

«El heredero de Ferrer. Lorenzo Portet. He aquí en ciernes un personaje que desde ahora va a representar un papel importante en la vida mundial, y principalmente en la vida de España. Su estudio es interesantísimo; desde hace años ejerce influencia vivísima en la actividad anarquista internacional, menos visible que eficaz. Yo voy a presentarlo al público. La primera consecuencia que vamos a sacar es en favor de las escuelas laicas y contra la enseñanza monástica. Portet es un hijo purísimo, sin tacha ni cercén, entero y verdadero, del Instituto de… ¡agárrate lector para no caerte!… de los Hijos del Inmaculado Corazón de María… Sí; de esos del padre Claret… Eso es; de esos que suelen tener cara de corderillos imbéciles, recién caídos del nido… De esos entreverados de fraile y de jesuíta, tan pronto Campazas, tan pronto Butrones. De esos mátalas callando… ¡De esos, de esos! que son la quinta esencia de fraile y la sexta esencia del jesuíta. ¡De esos es Portet! Y no como quiera, sino profeso, si mal no recuerdo; y no sólo lego, sino ¡¡clérigo…!! Y salido del cogollo central del clericalismo gazmoño y pacato, del riñon más duro del eclesiasticismo, o sea ¡de Vich!… Ten paciencia, lector querido, que la cosa tiene meollo.» (Segismundo Pey Ordeix, “El heredero de Ferrer. Lorenzo Portet”, El Motín, Madrid, 4 noviembre 1909.)

En 1912 su heredero Lorenzo Portet (1870-1917) puede ya reanudar la actividad de Publicaciones de la Escuela Moderna, una escuela que no tenía aulas pero sí un plan de propaganda ideológica que había dejado diseñado Ferrer en el testamento de ocho páginas que otorgó ante el notario Permanyer la noche que permaneció en capilla en el castillo de Montjuich. Entre 1912 y 1914 se fueron cumpliendo los planes de Ferrer, con la ayuda de viejos amigos comunes, como Anselmo Lorenzo (1841-1914).

Ya cumplidas las últimas voluntades de Ferrer, y como la editorial debía seguir adelante, deciden a finales de 1915 el exclaretiano Lorenzo Portet y el albacea testamentario Cristóbal Litrán activar una Biblioteca popular de Los grandes pensadores, proyecto que ya no figuraba en el testamento de Ferrer. Aunque, en lo que tenía de Biblioteca popular, tampoco era del todo ajeno a ese entorno: siete años antes, en 1908, Juan Colominas Maseras, cuñado de Ferrer, le había sugerido que, al lado de la Biblioteca escolar, debían formar una Biblioteca popular, proponiendo incluso a Santiago Valentí Camp como su director. Valentí llegó a esbozar un proyecto de esa Biblioteca popular –sin utilizarse entonces, de cualquier modo, el rótulo Los grandes pensadores–, que no entusiasmó al mecenas Ferrer, y el proyecto no siguió adelante. (Hubiera quizá caído en el más absoluto de los olvidos si en el proceso por la rebelión de 1909 no se hubieran removido aquellas cartas cruzadas un año antes, que incluso conocieron la imprenta al decidir el Congreso de los Diputados la publicación del sumario por los Sucesos de Barcelona en Julio de 1909. Causa por el delito de rebelión militar, Madrid 1911, tomo 1, páginas 554-556; tomo 2, páginas 14-18, &c.)

«Los grandes pensadores. Nos notifica la Casa Editorial Publicaciones de la Escuela Moderna que desde el presente mes va a comenzar la publicación de una biblioteca popular en volúmenes de 100 páginas cuando menos, bien impresos y con cubierta alegórica, cuya biblioteca llevará el título que encabeza estas líneas. Cada uno de los volúmenes de la Biblioteca Popular contendrá uno o varios trabajos de alguno de los pensadores ilustres en cualquiera de los ramos del saber humano, una breve noticia del autor y una nota de sus obras más notables.
Los cuatro primeros volúmenes que se publicarán son los siguientes: Páginas escogidas, de Victor Hugo; Las Clases Jornaleras, de F. Pi y Margall; Miscelánea Filosófica, de Voltaire; La Propiedad, de P. J. Proudhon.
A estos volúmenes seguirán otros, de los que aparecerá uno cada mes, de los siguientes autores: Diderot, D'Alembert, Rousseau, Volney, Max Nordau, Jovellanos, Teófilo Braga, Salmerón, Renan, Costa, Compte, Littré, Haeckel, Zola, Kant, Lombroso, Ferri, Darwin, Laplace, Herbert Spencer, Karl Marx, Drapper, Moleschöt, Herzen, Büchner, Dupuys, Schopenhauer, Roberto Robert, Lamenais, Flammarion, D'Amicis, Hartmann, Topinard, Luys, Magalhaes Lima, &c., &c.
Es de aplaudir esa idea que ha de redundar en beneficio de la cultura general, mucho más, cuando atenta a ello la Casa Editorial ha fijado el precio de cada volumen en 50 centimos, tenga 100 o más páginas, por exigirlo así el original y ha establecido un abono o suscripción por un año, o sean 12 volúmenes, por 5 pesetas, y por seis meses o sean 6 volúmenes, por 3 pesetas, pago adelantado por giro postal, libranza o cualquier otro medio.
La suscripción puede empezar en cualquier mes del año, pues cada volumen se venderá separadamente. Recomendamos la publicación a nuestros amigos y enviamos nuestros plácemes a la Casa Editorial Publicaciones de la Escuela Moderna. De todas las poblaciones de la isla pueden hacerse pedidos a la Tipografía Mahonesa y a nuestros repartidores, tanto si se trata de suscripciones como de volúmenes sueltos.» (El Porvenir Obrero, Mahón, 14 de octubre de 1915.)

Los grandes pensadores publica sus tomos “el primer sábado de cada mes”: su primera serie (números 1 al 12) desde noviembre de 1915 a octubre de 1916.

Una segunda serie (números 12 al 24) a partir de noviembre de 1916 y durante 1917.

La muerte de Lorenzo Portet supone la decadencia de la editorial, que inicia con el número 25 la tercera serie de Los grandes pensadores, que ya no se completa, pues sólo aparecen otras dos obras en tres tomos. En 1920, antes de cesar su actividad, se limita a reeditar algunas de las entregas anteriores.

La viuda de Portet, su propietaria, vende unos meses después lo que queda de Publicaciones de la Escuela Moderna a Manuel Maucci (1850-1936), italiano asentado en Barcelona como librero de viejo desde 1892, fundador de Casa Editorial Maucci en 1900, con sucursales en Buenos Aires y México a cargo de sus hermanos Carlos y Alejandro. Maucci reedita desde entonces la mayor parte de los libros de la Escuela Moderna y de la colección Los grandes pensadores, que mantuvo en el mercado del libro nuevo hasta 1937. Cuando las modestas Publicaciones de la Escuela Moderna editaban Los grandes pensadores, ya contaba el catálogo de Maucci millar y medio de títulos (“Este catálogo consta de 1.430 obras”, dice el de enero de 1918). Casa Editorial Maucci no desapareció por fallecimiento de su fundador sino cuando, en plena guerra civil española, se entretenían los anarquistas jugando, en su delirante activismo idealista, al comunismo libertario autogestionario: fue incautada en 1936 por el Departamento de Ediciones del Sindicato de Artes Gráficas y se convirtió en otra empresa colectivizada en fase terminal. Resistió así un año: todavía en el anuncio que “Editorial Maucci, E. C.” inserta en La Vanguardia (3 junio 1937), con ocasión de la Feria del Libro, se menciona la Biblioteca de los Grandes Pensadores entre los más de 2.500 títulos que forman su extenso catálogo: «Ciudadano: Al comprar un libro para tí no te olvides de comprar otros para tus compañeros que luchan en el frente, siendo los más preferidos, por su ideología y por estar más en consonancia con la causa que ellos defiende, los editados por editorial maucci, e.c.».

El artífice de la colección Los grandes pensadores fue Cristóbal Litrán Canet (1861-1926), uno de los albaceas testamentarios de Ferrer, encargado de adaptar los textos, traducirlos en su caso y preparar la Noticia biográfica (que suele firmar con un discreto “C. L.”) y la Noticia bibliográfica que acompaña a cada obra.

Todas las cubiertas de sus volumenes, desde el principio, repiten un grabado (en dos o tres variantes, desde una misma perspectiva) de la ya entonces famosa estatua que Augusto Rodin (1840-1917) había difundido desde 1904, en su versión acabada, y de la que pronto circularon por Europa y América varias copias en yeso o fundidas en bronce, ese varón desnudo en posición forzada y como de sufrir estreñimiento que pronto había de convertirse entre públicos semicultos, cosas del siglo XX, en icono por antonomasia de El Pensador. El 21 de abril de 1906, cuando se inauguraba en París la copia de Le Penseur que un grupo de literatos y artistas regalaron al Estado francés, y que las autoridades colocaron sobre un pedestal delante del Panteón, la actriz Carolina Segond-Weber –que ese año ejercía de doña Sol, amante de Hernani en el drama de Victor Hugo–, vestida con blanca túnica helénica, avanzó con lento paso junto al monumento y “la incomparable trágica, apoyada en una de las columnas del Panteón, recitó de una manera incomparable un poema de Víctor Hugo…”, con gran contento de Rodin.

Como el masón Victor Hugo también había dicho que “el porvenir está en manos del maestro de escuela”, no es de extañar que los impulsores de Los grandes pensadores, continuadores de proyecto tan afrancesado como la Escuela Moderna, iniciasen la serie de sus opúsculos con unas Páginas escogidas de tan reconocido e influyente ideólogo decimonónico francés.

Biblioteca popular Los grandes pensadores (Publicaciones de la Escuela Moderna)

Los grandes pensadores, volumen 2: Pi y Margall, Las clases jornaleras, Barcelona 1915Los grandes pensadores, volumen 9: Emilio Zola, Crítica social, Barcelona 1916Los grandes pensadoresLos grandes pensadores

GP año autor α ω título L edición
11915Victor Hugo18021885Páginas escogidasfraCL
21915Francisco Pi y Margall18241901Las clases jornalerasesp“Cristóbal Litrán, noviembre 1915”
31916Voltaire16941778Miscelánea filosóficafra“C. L., diciembre 1915”
41916Pedro J. Proudhon18091865La PropiedadfraCL
51916Francisco Laurent18101887Crítica del CristianismofraCL
61916Eduardo Benot18221907Temas variosespCL 2ª 1920 92 p
71916Eliseo Reclus18301905El Hombre y la Tierra (fragmentos)fraCL 2ª 1920 95 p
81916Ernesto Renan + M. Berthelot18231892Las Ciencias históricas y las Ciencias naturalesfraCL
91916Emilio Zola18401902Crítica socialfra“C. L., junio 1916”
101916Julio Michelet17981874De los JesuítasfraCL
111916Camilo Flammarion18421925La VidafraCL 2ª 1919 96 p
121916Dionisio Diderot17131784La ReligiosafraCL (primera serie)
131916Felicidad Lamennais17821854Palabras de un creyentefra“C. L.” (segunda serie)
141916Pedro Kropotkin18421921Palabras de un rebelderusCL
151917Juan Jacobo Rousseau17121778El contrato social (fragmentos)fraCL 93 p
161917Heriberto Spencer18201903Creación y evolucióningCL 2ª serie
171917Juan Jaures18591914El SocialismofraCL
181917Juan Stuart Mill18061873El UtilitarismoingCL
19-201917Conde de Volney17571820Las ruinas de PalmirafraCL 2 tomos
211917Carlos Darwin18091882El Hombre y su origeningCL
221917León Tolstoy18281910La gran tragediarusCL 94 p
231917Francisco Teixeira Bastos18571902La FamiliaporCristóbal Litrán
241917Nicolás Salmeron + Pi Margall18381908La InternacionalespCL
251918Pompeyo Gener18481920Filosofemas (Anotaciones de un pensador)esp94 p. 3ª serie
261919Francisco Pi y Margall18241901El cristianismo y la monarquíaesp95 p.
27-281919Francisco Pi y Arsuaga18651912Preludios de la lucha. BaladasespCL 2 tomos

Las columnas de esta tabla se pueden reordenar en sentido directo e inverso.

2 F. Pi y Margall, Las clases jornaleras, Casa editorial Publicaciones de la Escuela Moderna (Biblioteca popular Los Grandes Pensadores, volumen II), Barcelona 1915, 128 páginas. 122×180 mm.

[3] Portada. [5-15] Cristóbal Litrán, “F. Pi y Margall». [17-127] Las clases jornaleras. “Este trabajo se publicó en 1871. N. del E.”. [Contraportada] «Casa Editorial Publicaciones de la Escuela Moderna. Cortes 478 - Barcelona - Teléfono 3598. Biblioteca Popular Los Grandes Pensadores. Se publica el primer sábado de cada mes. Todos los volúmenes contendrán 100 páginas, cuando menos, de clara lectura e igual tamaño que el presente. Tomos publicados: Víctor Hugo, Páginas Escogidas. F. Pi y Margall, Las Clases Jornaleras. En prensa: Voltaire, Miscelánea Filosófica. P. J. Proudhon, La Propiedad. F. Laurent (Profesor Belga), Crítica del Cristianismo. Eduardo Benot, Temas varios. Nicolás Salmerón, Discurso en defensa de la Internacional. Las leyes de la Historia y el Progreso humano. Ernesto Renan y Marcelino Berthelot, Las Ciencias históricas y las Ciencias naturales. Castelar, Pi y Margall, Echegaray, &c., La libertad religiosa en las Cortes españolas. J. Michelet, De los Jesuitas. Camilo Flammarion, Fisiología de los seres. Los seres sobre la Tierra. La vida. La habitabilidad de la Tierra. Diderot, La Religiosa. A éstos seguirán otros de los siguientes autores: D'Alembert, Rousseau, Volney, Max-Nordau, Jovellanos, Teófilo Braga, Reclus, Costa, Comte, Littré, Haeckel, Zola, Kant, Lombrosso, Ferri, Darwin, Laplace, Goethe, Herbert Spencer, Karl Marx, Drapper, Moleschöt, Hertzen, Büchner, Dupuys, Schopenhauer, Roberto Robert, Lammenais, Kropotkine, Jaures, D'Amicis, Hartmann, Topinard, Luys, Magalhaes Lima, Heine, Carlyle, &c. A fin de facilitar la adquisición de esta Biblioteca Popular en condiciones ventajosas, ya que los volúmenes aparecen mensualmente, ofrecemos la siguiente Suscripción: Un año, o sean 12 volúmenes, 5 pesetas. Seis meses, o sean 6 volúmenes, 2'75. Precio de cada volumen, 0'50. La suscripción puede empezar en cualquier mes del año. Los que se suscriban después de la aparición del primer volumen pueden optar entre recibir todos los volúmenes publicados –y en este caso se descontarán tantos meses como volúmenes sean– o bien empezar en el de publicación corriente. El pago de cada suscripción deberá hacerse por anticipado, remitiendo el importe por giro postal o cualquier otro medio.»

F. Pi y Margall

Los grandes pensadores, volumen 2: Pi y Margall, Las clases jornaleras, Barcelona 1915 Hay que descubrirse con respeto ante el hombre-cumbre que descuella con proporciones de gigante entre los hombres públicos sus contemporáneos.

Porque Pi y Margall, un modesto hijo del pueblo, elevado por su propio esfuerzo a la cúspide de la intelectualidad, era no sólo un talento superior muy influido por la filosofía de Hegel y por la orientación de Proudhon, del cual tradujo al español la mayoría de sus notables obras, sí que también un hacendista consumado, un crítico de arte sin rival, un historiador concienzudo, acaso el mejor de nuestros hablistas, y más que esto y sobre todo esto, un hombre austero, no gazmoño, sino sincero, veraz, a la manera del varón justo de que nos habla Horacio.

Él proclamó siempre con ánimo entero lo que entendió ser la verdad, y escribió hablando de sí mismo, estas graves y solemnes palabras:

«Empiezo por decir que nunca estoy dispuesto a sacrificar la verdad ante mezquinas consideraciones de intereses personales ni de intereses de partido; que no busco triunfos de momento, y sólo aspiro a ver entronizada la República cuando, tal como es y sin máscara ninguna, merezca el consentimiento de los pueblos; que veo indispensable combatir todo género de preocupaciones, y combatirlas con tanta mayor fuerza cuanto están más arraigadas; que sólo así creo evitable esa serie de escisiones sangrientas, producida por no abrazar las sociedades en toda su extensión la idea revolucionaria, y realizarla siempre a medias; que no temo, por otra parte, sublevar ni contra mí ni contra mi causa la conciencia de hombres que, no porque yo temple mis ataques, han de seguirme y de seguir mi idea. ¡Ah! se me quiere detener, y se me pone por delante, no ya sólo las armas de la razón, sino las leyes de la conveniencia, es decir, las del egoísmo. ¿Cuándo dejará de ser éste entre nosotros el lenguaje de los hombres pensadores, el lenguaje de los hombres que no caminan con la revolución a impulso de pasiones mezquinas y bastardas? Me he de ver solo y seguir aún impávido el camino que la verdad me trace. Tendría vergüenza de mí mismo si, como escritor, llegase a transigir un día con torpes exigencias.»

Hecha tan sinceramente y por mano tan experta la presentación moral de Pi y Margall, pudiera prescindir de escribir una línea más para prefaciar el trabajo que sigue del ilustre hombre, a cuyo estudio damos cabida en la Biblioteca Popular «LOS GRANDES PENSADORES», por ser una monografía muy poco conocida, como publicada en esas hojas periódicas que viven un día, como la flor. Pero a la generalidad de los lectores interesará conocer algo de la vida de aquel hombre extraordinario, y por ello, discípulo entusiasta –aunque en ocasiones rebelde, como quería Pi que fuesen sus discípulos– amigo del pensador ilustre, voy a trazar a grandes rasgos su biografía.

Nació Pi y Margall en Barcelona, en la calle de Mirallers, el 29 de Abril de 1824, en el seno de una modesta familia, más bien pobre que acomodada.

Desde muy niño el talento de Pi llamó la atención de sus profesores, y, estimulada por la opinión de sus maestros, la familia, aún resignándose a pasar las penas consiguientes a dispendiosos sacrificios pecuniarios poco a su alcance, se decidió a costear una carrera literaria al niño precoz y aventajado.

En 1831, a los siete años de edad no bien cumplidos, entró el niño Pi y Margall en el Seminario de Barcelona, para cursar latinidades y retórica.

En 1837 estudió, en Barcelona también, los cursos de segunda enseñanza, con lucimiento tal, que pudo sostener conclusiones públicas en latín las de metafísica y lógica, y en castellano las de matemáticas, astronomía, física y moral, revelándose ya en aquellas pruebas un talento personal.

Inteligencia privilegiada, aprendió simultáneamente el francés, el inglés y el italiano, y podía ya entonces leer correctamente el latín y el griego.

Trabajador infatigable el niño-hombre, a los 10 años enseñaba a otros jóvenes, algunos de ellos más avanzados en edad que él, lo que puede decirse acababa de aprender él mismo.

Dicen sus contemporáneos, y a mí me lo dijo Durán y Bas, que era exquisito y maravilloso el arte que Pi empleaba para hacerse entender de sus jóvenes discípulos; revelándose por la sencillez de su método, la claridad y la novedad de su exposición, un pedagogo incipiente, pero revolucionario en su procedimiento.

Con el producto de aquellas lecciones, subvenía Pi a los gastos que le implicaban sus estudios y aún ayudaba a su familia.

Entre estudio y trabajo empleaba de 14 a 15 horas diarias, y llegó a cobrar como emolumentos de sus lecciones, 600 pesetas mensuales.

El enorme desgaste de materia cerebral que implica un trabajo intelectual de 14 a 15 horas, no era obstáculo para que Pi y Margall cultivase las bellas letras en el género dramático.

De aquella fecha datan dos producciones suyas, inéditas, en verso, tituladas «Coroliano» y «Don Fruela», escritas a los 16 años.

El joven Pi, que, como Voltaire y tantas otras lumbreras del pensamiento supo y pudo reaccionar contra la enseñanza dogmática y absurda del Seminario, para honra y gloria de la humanidad, atravesó, sin duda indignado, aquel largo período del imperio del absolutismo, borrón de nuestra historia, durante el cual se ordenaba entregar al cura los libros y los manuscritos de propiedad particular para su examen; aquel período en que se torturaba y mataba a los masones, y hasta se llegó a prohibir la publicación del Informe sobre la Ley Agraria, de Jovellanos.

En Las luchas de nuestros días, hermosa obra de Pi y Margall, se revela en páginas admirables, la impresión que en el espíritu democrático de Pi dejó como huella perdurable el triste y repugnante reinado de los apostólicos.

El choque de aquellos procedimientos inquisitoriales con las ideas de un demócrata por temperamento más que por convicción entonces, debió sin duda influir poderosamente en la orientación de la inteligencia de Pi y Margall.

Buscando campo más ancho y apropiado a su actividad, atraído el joven Pi como tantos otros, por el prestigio de Madrid, alrededor del cual junto a las funciones de Gobierno se había centralizado el saber y los medios de llegar a ser, trasladóse a la villa y corte de España, llegando a ella en 19 de Marzo de 1847 lleno de esperanzas, acariciado por las ilusiones.

¿Quién de joven no las ha tenido? ¿Quién en la florescencia gallarda de la vida, por modesto que sea, no ha soñado con triunfos y glorias?

Es condición perfectamente humana en las inteligencias grandes y fuertes, acariciar un ideal, sin el que la vida no valdría la pena de ser vivida, ni nos resignaríamos a recorrer su angosto sendero lleno de obstáculos y sembrado de espinas.

Cuando llegó Pi y Margall a Madrid atravesaba España el más vergonzoso período de su historia. Gobernaba Isabel II, era públicamente su amante el general Bonito, como ella llamaba al General Serrano; las camarillas palaciegas, instrumentos de Sor Patrocinio y del Padre Claret, nos hundían en el descrédito. D. Francisco, el esposo legal de Doña Isabel, en vista del escándalo que con su conducta daba la reina devota, se abstuvo al fin hasta de salir a paseo con ella; y era frecuente, consignan los historiadores, que el rey se paseara en coche con el infante D. Antonio, mientras que la reina devota se mostraba en público, también en coche, en compañía de alguna de sus damas y azafatas.

Pi, al que injustamente se apellidó «el hombre de hielo», describió alguna vez en la conversación íntima al que hoy escribe estas líneas, la emoción profunda que le produjo a él el hombre austero, aquel depravado período de nuestra historia.

Y apunto el dato por que debió influir sin duda de manera poderosa en la orientación de sus ideas aquella parodia de Gobierno, en realidad descarada orgía de palaciegos y gente advenediza.

Llegó Pi a Madrid confiando en sus propias fuerzas y con trabajo asegurado en el «Diccionario de la Conversación», una a manera de las «Enciclopedias», obras temerarias que hoy se escriben y editan.

Realizo Pi su trabajo para la publicación, lo hizo como todos los suyos, a conciencia, viendo con sorpresa y horror que por 6.000 letras sólo se le abonaban cuatro duros, por término medio.

Había a la sazón Pi trasladado a Madrid su matrícula de alumno de Jurisprudencia, y allí terminó sus estudios de abogacía.

Cuando Pi hablaba de esto, decía, y se lo oí como consejo personal indirecto, que estuvo antes de decidirse a ejercer su carrera, bastante tiempo sin hacerlo, por escrúpulos de conciencia.

Por esto, más que por otra causa alguna, este humilde y desaliñado biógrafo de Pi, se paró casi al final de la carrera y no ostenta en sus tarjetas el título de Doctor, o, cuando menos, Licenciado en Derecho.

En la época a que me refiero escribió Pi notabilísimos artículos gratuitamente, para la revista de artes titulada El Renacimiento, que publicaban los hermanos Madrazo, granjeándose el anónimo autor el título de crítico profundo y original.

También en el diario El Correo escribió crónicas literarias que le conquistaron merecido crédito y fama.

Por puro compromiso, en El Correo también escribió unos famosos sueltos que determinaron la caída del Gabinete García Goyena.

A consecuencia de los sueltos dichos, se desencadenó sobre Pi la persecución gubernamental y tuvo que ocultarse, creo que en la casa Editorial Rivadeneyra, para la cual confeccionaba la edición monumental de los clásicos, para no ser preso.

Entonces conoció a Doña Petra Arzuaga, distinguida y culta señora que más tarde había de ser su esposa.

Luchando siempre por la vida, por mediación de su hermano, púsose Pi y Margall en Madrid al frente de una casa de Banca, corresponsal de otra de Barcelona.

Nuevo, Pi, en aquellos asuntos, estudió con afán la especialidad a que los azares de la vida le obligaron a consagrarse, desempeñando en su cargo muy airoso papel, hasta el extremo de que, arrastrada la casa a una suspensión de pagos que por la repercusión de los vaivenes de la política en los asuntos financieros vióse obligada a hacer la casa de Barcelona, Pi presentó el balance de su sucursal con todas las cuentas saldadas y un superávit en caja.

De aquella época data su afición a los estudios de economía y hacienda, en cuyos conocimientos se conquistó tan alta como merecida fama.

La actividad de aquel hombre extraordinario parecía no tener límites, y Pi redactaba notables artículos para la revista La Europa; colaboraba en el libro Recuerdos y bellezas de España, escribiendo al propio tiempo el maravilloso libro Historia de la Pintura, que nadie atribuiría a un joven de 27 años.

Radicalísimo Pi en sus ideas, hombre de criterio rectilíneo, carácter de una sola pieza, era tan radical en sociología como en arte, y el libro Historia de la Pintura fue prohibido por el Gobierno por ataques a la religión, al orden social y a la Monarquía, esos eternos alcahuetes de que se ha valido siempre la tiranía para cohonestar sus ataques a la libertad.

La obra quedó truncada en su primer volumen, que contiene unas 400 páginas.

Si, como tengo entendido, existe el original del otro volumen que debía completar la obra, los herederos del señor Pi harían bien publicándolo, para que no quedara incompleto libro tan maravilloso por las galas del decir, como profundo por la reflexión y original por los puntos de vista de su estética revolucionaria.

El poder civil, al prohibir el libro no hizo sino obedecer como de antiguo acontece en España, a las sugestiones del poder eclesiástico, que, añorando los tiempos en que la Inquisición quemaba a los hombres, pidió a los fieles la devolución del libro precito, para entregarlo al fuego. Por esta causa son rarísimos los ejemplares de Historia de la Pintura.

Tal escándalo produjo la excomunión y la subsiguiente orden prohibitoria gubernamental, que la empresa que editaba «Recuerdos y Bellezas de España», que redactaba Pi, se creyó en el caso de atar corto al escritor, imponiéndole determinadas cortapisas que Pi juzgó vejatorias; por lo cual se negó a proseguir su trabajo, sin que bastara a impedir aquel su rasgo de independencia la consideración de que, atenido para vivir a los únicos recursos de su pluma, cerraba con él las puertas de la despensa y se condenaba a la penuria, quién sabe si hasta al hambre.

A la sazón Pi y Margall estaba afiliado al partido democrático, el más avanzado que se conocía entonces, y hasta formaba parte de su Junta Central.

Por aquella época escribió también la obra La Reacción y la Revolución, a cuya publicación se opuso el Gobierno, alarmado.

En los días de la revolución del 54, comisionado por sus compañeros de Junta, redactó una proclama al pueblo en la que se le habló por primera vez en demócrata y en republicano.

Alarmados los miembros de la Junta, hicieron prender a Pi y conducirlo a la cárcel, mientras le insultaban sus propios correligionarios, que le tomaban por traidor.

Deshecho el error, fue Pi aclamado.

Desterrado después del 22 de Junio, fijó su residencia en París, viviendo en la ciudad luz de las traducciones que hacía y de las lecciones de español que daba.

* * *

He sido algo prolijo al consignar estos detalles de la primera parte de la vida de Pi, por considerar que, poco conocidos, interesarían al lector.

De la vida política de Pi no he de hablar. Sobre ser cosa de nuestros días, sería preciso hacer la historia de la vida política contemporánea, a la que está Pi tan íntimamente unido, que podríamos decir que la una es inseparable del otro.

Temería además que el afecto profundo que siempre a Pi he profesado, la veneración que me imponía su venerabilidad y su talento, y junto a ello la comunidad de ideas, extraviara mi pluma guiándola por derroteros opuestos a los de la imparcialidad, a cuya virtud debe el biógrafo rendir fervoroso y constante culto.

Fue Pi austero cual ningún otro político. Ocupó en la política los puestos más preeminentes, incluso la primera magistratura del Estado, y pasó por todos sin corromperse ni mancharse, legando a su familia un nombre aureolado por los destellos de todas las virtudes, pues el Pi esposo, amante y padre cariñoso, corresponde al Pi político ejemplar, rígido, inflexible como la lógica, de pureza catoniana.

El 29 de Noviembre de 1901, tras breve enfermedad expiró Pi plácidamente, con la tranquilidad de un santo laico, rodeado de la mayoría de los miembros de su familia.

Aquella inteligencia vigorosa, aquel gran pensador, aquel sociólogo, aquel crítico, aquel estilista elegante, no ha encontrado, ni es fácil que lo encuentre, substituto en esta España decaída, contemporizadora, de bajas miras, en esta España en la que pequeños y grandes antes de pronunciarse en favor de la verdad, pesan el provecho o el perjuicio que ello puede acarrearles.

Cristóbal Litrán.
Barcelona, Noviembre 1915.


Noticia bibliográfica

Historia de la Pintura.
Recuerdos y Bellezas de España.
La Reacción y la Revolución.
Las Nacionalidades.
Las luchas de nuestros días.
Historia de América

(F. Pi y Margall, Las clases jornaleras, Publicaciones de la Escuela Moderna, Barcelona 1915, páginas 5-15 y 127.)

3 Voltaire, Miscelánea Filosófica, tercera edición, Los Grandes Pensadores, Publicaciones de la Escuela Moderna, Casa Editorial Maucci, Barcelona s.f., 96 páginas. 120×187 mm.

[1] Portada. [3-7] C. L., “Voltaire». [8-15] Bien, todo está bien. [16-28] Aristóteles. [29-39] Bautismo. [40-47] Crímenes. [48-51] Diluvio universal. [52-62] Constantino. [63-67] David. [68-71] Ignacio de Loyola. [72-76] Libertad de pensar. [77-95] Inquisición. [96] Noticia bibliográfica. [Contraportada] «Los grandes pensadores. Cada volumen de Los Grandes Pensadores consta de cien o más páginas de lectura selecta y abundante; contiene, además, una nota biográfica del autor y otra de las publicaciones que constituyen su labor intelectual. Precio, 0'75 pesetas cada tomo. C. Volney. Las ruinas de Palmira, dos tomos. Ch. Darwin. El origen del hombre, un tomo. Victor Hugo. Páginas escogidas, un tomo. C. Flammarion. La vida de los Seres, un tomo. Pompeyo Gener, Filosofemas, un tomo. Emilio Zola, Crítica social, un tomo. P. J. Proudhon. La propiedad, un tomo. F. Laurent. Crítica del cristianismo, un tomo. E. Renan y M. Berthelot. Las ciencias históricas y las ciencias naturales, un tomo. F. Pi y Margall. Las clases jornaleras, un tomo. F. Lamennais, Palabras de un creyente, un tomo. J. J. Rousseau. El contrato social (fragmentos), 1 t. L. Tolstoy. La gran tragedia, un tomo. Teixeira Bastos. La familia, un tomo. Salmeron y Pi y Margall. La internacional, 1 t. Pi y Margall. El cristianismo y la monarquía, 1 t. Voltaire. Miscelánea filosófica, un tomo. E. Benot. Temas varios, un tomo. E. Reclus. El hombre y la tierra (fragmentos), 1 t. J. Michelet, De los jesuítas, un tomo. D. Diderot. La religiosa, un tomo. P. Kropotkine. Palabras de un rebelde, un tomo. H. Spencer. Creación y evolución, un tomo. J. Jaures. El socialismo, un tomo. Stuart Mill. El utilitarismo, un tomo. Pi y Arsuaga. Preludios de la lucha, dos tomos. || Nueva reimpresión de la obra La escuela moderna, póstuma explicación y alcance de la enseñanza racionalista, por Francisco Ferrer Guardia, con un prólogo de Lorenzo Portet. Un tomo de 256 páginas, con el retrato del autor en la cubierta, 2 pesetas en rústica, y 3'50 en tela.»

Noticia biográfica

Voltaire

Los grandes pensadores, volumen 3: Voltaire, Miscelánea Filosófica Sería osadía imperdonable tratar de trazar la semblanza de este hombre excepcional, cuya obra llena todo el siglo en que vivió, y, cual si en él no cupiera, se desborda en los sucesivos, llegando hasta el nuestro su acción con fragancia de vida; como si nosotros hubiéramos progresado poco, o Voltaire viviera aún en nuestra época, orientándola con su mentalidad poderosa.

Séanos permitido, después de copiar lo que de Voltaire dijo una inteligencia a la suya gemela por lo grande, Víctor Hugo, dar de la vida de Voltaire limpies notas, casi sin vertirlas, por no permitir otra cosa las contadas páginas de que disponemos.

Decía Víctor Hugo retratando la fisonomía de Voltaire (1. Véase íntegro este admirable trabajo en el primer tomo de esta Biblioteca, titulado Páginas escogidas):

«Hoy hace cien años murió un hombre. Murió inmortal. Se fue abrumado de años, abrumado de obras, abrumado de la más ilustre y de la más terrible de las responsabilidades; la responsabilidad de la conciencia humana advertida y rectificada.

Se fue maldecido y bendecido: maldecido por el pasado, bendecido por el porvenir; y éstas son, señores, las dos formas soberbias de la gloria. Tenía en su lecho de muerte, de un lado, la aclamación de los contemporáneos y de la posteridad; del otro, los gritos y los odios que el implacable pasado prodiga a los que lo han combatido. Voltaire era algo más que un hombre: era un siglo. Ejerció una función y llenó una misión. Fue indudablemente elegido para la obra que realizó por la suprema voluntad que se manifiesta tan visiblemente en las leyes del destino como en las leyes de la naturaleza. Los ochenta y cuatro años que este hombre vivió, ocupan el intervalo que separa la monarquía en su apogeo de la revolución en su aurora. Cuando nació, Luis XIV reinaba aún; cuando murió, reinaba ya Luis XVI; de suerte que su cuna pudo ver los últimos rayos del gran trono, y su sepulcro las primeros resplandores del gran abismo.»

Pintado de mano maestra lo que fue el gran pensador, digamos algo, y como en cifra, de la vida del hombre.

Francisco María Arouet de Voltaire, nació en Chatenay, el 20 de febrero de 1694.

Sus padres fueron Francisco Arouet, antiguo notario y tesorero del Tribunal de Cuentas, y Margarita Daumart, descendiente de una noble familia de Poitou.

Estudió con extraordinario lucimiento en el Colegio de Luis el Grande, a la sazón dirigido por los jesuitas que se hacían lenguas del talento del joven colegial, bien ajenos a que enseñaban a volar por el campo del dolor al que había de ser su formidable enemigo.

Cuando mayores eran sus triunfos literarias, el caballero de Rohan, a quien Voltaire había pedido reparación de cierto insulto, le hizo encerrar «caballerosamente» en la Bastilla, en el año 1726.

Recobrada la libertad a los seis meses de encierro, se expatrió, marchando a Inglaterra, donde perfeccionó sus estudios del idioma y de la filosofía, afirmándose más y más en sus opiniones racionalistas con el trato de los filósofos Toland, Collins y Bolingbroke.

Vuelto de incógnito a París, al cabo de tres años, sin abandonar sus trabajos literarios, dedicóse a especulaciones mercantiles que le procuraron regular fortuna.

Algún tiempo después, se instaló en el castillo de Cirey, en Lorena, simultaneando sus tareas literarias con el profundo estudio de las ciencias.

En 1740, invitado reiteradamente por el rey Federico II, uno de sus grandes admiradores, hizo un corto viaje a Berlín, y a su vuelta fue encargado de una misión de importancia ante el rey de Prusia.

El Gobierno de su país, para premiar el mérito de aquel hombre de genio, le nombró historiógrafo de Francia, gentilhombre de cámara del rey, consiguiendo por aquel entonces ingresar en la Academia, distinción que se le había negado dos veces.

Para mortificarle en su amor propio, se fingió creer en la superioridad literaria de su rival Crebillón, y Voltaire, para tomar noble venganza, refundió todas las tragedias de Crebillón, imprimiendo en ellas el sello de la superioridad de su genio.

Nuevamente, invitado por el rey, fue a Berlín, pero sus enemigos, envidiosos de los favores y protección con que le distinguía el monarca, al cabo de cuatro años de permanencia en la corte lograron enemistarle con el soberano.

Voltaire, entonces, para completar sus estudios filosóficos y de ciencias exactas y físicas, recorrió una parte de Alemania, deteniéndose algún tiempo en la corte de la duquesa de Sajonia-Veimar, gran admiradora del talento del poeta y del filósofo.

A ruego de la duquesa escribió su libro Anales del Imperio.

Finalmente se estableció en Ferney, en el país de Gex, donde permaneció veinte años.

Desde allí tuvo el valiente y humanitario rasgo, que tanto encomió Víctor Hugo en su ya citado elogio de Voltaire, en el centenario de su muerte, de escribir las defensas de Calas, el caballero de La Barre, Sirven y Lally, víctimas del fanatismo religioso unos, y de tremendos errores judiciales otros; desde su retiro de Ferney abogó también, con la elocuencia sobria y contundente lógica que caracterizan sus producciones, por la manumisión de los esclavos en la abadía de San Claudio, en el Jura.

De aquellos veinte años de su estancia en el tranquilo retiro de Ferney, datan infinidad de folletos y diatribas contra sus enemigos, que Voltaire no dejó de tenerlos, como hombre de verdadero mérito que era. De aquella época también son sus producciones contra la religión de violencia más extremada.

Cuando contaba 84 años de edad, cediendo a los ruegos de su sobrina, la señora Dénis, administradora del la casa y hacienda del poeta, regresó a París, siendo recibido con grandes muestras de entusiasmo y regocijo.

Puso en escena La Irene, una de sus últimas producciones, que obtuvo un gran éxito, y no pudiendo resistir a sus años tanta emoción enfermó, falleciendo tres meses después en casa del marqués de Villette.

De Voltaire puede decirse con justicia que murió aplastado por la pesadumbre de su gloria.

La Iglesia, a la que Voltaire había combatido con tanta saña, le negó sepultura en los cementerios, siendo sepultados sus restos en la abadía de Scellières, de la que su sobrino Migoot era comendador.

La revolución, en 1791, reclamó los restos del hombre ilustre que tanto había contribuido a la revolución político-social, y fueron trasladados con gran solemnidad al Panteón en que Francia, como piadosa reliquia, guarda las cenizas de sus grandes hombres.

C. L.
Barcelona, diciembre 1915.


Noticia bibliográfica

Entre las muchas obras que Voltaire dejó escritas como testimonio de su genio, citaremos las siguientes:

La Henríada. El Edipo. Artemisa. Mariana. El Indiscreto. Bruto. Eriflio. Zaira, Adelaida. Duguesclin. El templo del placer. (Todas para el teatro.)

La Historia de Carlos XII. Cartas filosóficas o cartas inglesas. Elementos de la filosofía de Newton. La Alcira. Mahomet. Merope (teatro). Discursos sobre el hombre. El sigo de Luis XIX. Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones. La Doncella de Orleans (poema). La princesa de Navarra. El templo de la gloria (ópera). El poema de Fontenoy. Semíramis. Orestes. Roma libertada. Nanina (teatro). Anales del Imperio. Comentarios de Corneille. Historia de Rusia durante el reinado de Pedro el Grande. Historia del Parlamento de París. La filosofía de la historia. Historia del establecimiento del cristianismo. Diccionario filosófico, &c., &c.

Las obras completas de Voltaire, edición con notas de Condorcet, Decroix y Beaumarchais, forman 70 volúmenes en 8º. Las publicó el editor Kehl.

(Voltaire, Miscelánea Filosófica, Publicaciones de la Escuela Moderna, Casa Editorial Maucci, tercera edición, Barcelona s.f., páginas 3-7 y 96.)

9 Emilio Zola, Crítica social, Casa editorial Publicaciones de la Escuela Moderna (Biblioteca popular Los Grandes Pensadores, volumen IX), Barcelona, Buenos Aires 1916, 128 páginas. 122×180 mm.

[3] Portada. [5-9] C. L., Emilio Zola (Nota biográfica). [11] La verdad en marcha. ¡Yo acuso! (Carta a M. Félix Faure, Presidente de la República.) [35] Declaración de Zola ante el Jurado. [49] Carta a la Juventud. [65] Filosofía y Crítica. Mis odios. [77] El sufragio universal. [87] La Democracia. [101] Proudhon y Courbet. [125] Noticia bibliográfica. [127] Índice. [Contraportada] «Casa Editorial Publicaciones de la Escuela Moderna. Barcelona, Cortes 478. Buenos Aires, Pichincha 1867. Biblioteca popular Los grandes pensadores. Se publica el primer sábado de cada mes. Todos los tomos contendrán 100 páginas, cuando menos, de clara lectura e igual tamaño que el presente volumen. Tomos publicados. Víctor Hugo, Páginas Escogidas. F. Pi Y Margall, Las Clases Jornaleras. Voltaire, Miscelánea Filosófica. P. J. Proudhon, La Propiedad. F. Laurent, Crítica del Cristianismo. Eduardo Benot, Temas varios. Eliseo Reclus, El Hombre y la Tierra (fragmentos). Ernesto Renan y Marcelino Berthelot, Las Ciencias históricas y las Ciencias naturales. Emilio Zola, Crítica Social. En prensa. J. Michelet, De los Jesuitas. Camilo Flammarión, La Vida. Diderot, La Religiosa. Seguirán a éstos tomos, otros de autores tan renombrados como: D'Alembert, Rousseau, Volney, Spencer, Darwin, Laplace, Carlyle, Jaurés, Kant, Compte, Kropotkine, Littré, &c., &c. Cada tomo de ésta interesante Biblioteca se vende a 50 céntimos y se admiten Suscripciones a 12 volúmenes, abonando cinco pesetas para la Península y seis para el Exterior. Los seis primeros tomos encuadernados en un solo volumen se venden a 4 pesetas; tapas para la encuadernación de dicho volumen setenta céntimos. Todos los pedidos o avisos de suscripción deberán acompañarse de su importe utilizando el giro postal, sellos de correo, letras de fácil cobro o contra reembolso. Representante exclusivo en la Argentina y Uruguay, David Solé Miralles, Pichincha 1867, Buenos Aires. Todos los pedidos al por mayor y menor deben formularse a dicho representante, depositario general de todas las obras de esta casa Editorial.»

Noticia biográfica

Emilio Zola

Los grandes pensadores, volumen 9: Emilio Zola, Crítica social, Barcelona 1916

No intentamos hacer una biografía de Emilio Zola.

La tarea sería fácilmente hecha, con sólo consignar la fecha de su nacimiento y la de su muerte, en pleno vigor intelectual aún, cuando todavía cabía esperar prodigiosos frutos de su raro talento. Porque la vida de Zola carece de episodios dramáticos de esos que puedan interesar al público; es una vida de pelea orientada toda ella hacia la consecución de un fin, vencer en la lucha, imponerse con la fuerza incontrarrestable del genio.

Nacido en el centro de París en 2 de abril de 1840, Emilio Zola, de un padre italiano e ingeniero, y de una madre francesa, huérfano de padre en edad muy temprana, tuvo por primera educadora a su madre, más cariñosa que rígida, y a unos abuelos que idolatraban al niño.

Mimado éste, vivía feliz aun en la penuria que por herencia quedó a la familia, desarrollándose en plena libertad, en medio de la espléndida belleza de Provenza.

Imperioso de carácter y poco precoz de ingenio, la educación de Zola se resintió en sus comienzos de la no sobra de medios pecuniarios de la familia y del cariño sin límites que la madre y los abuelos le profesaban.

Sin título académico alguno, con un caudal de conocimientos no muy abundante, Zola desde muy joven tuvo que aplicar el hombro al trabajo para proporcionarse parte del sustento. Entonces entró en la Casa Editorial y librería Hachette, donde se manifestó de una manera resuelta la vocación que Zola sentía por las letras, en las que debía no muy tarde brillar con luz propia, adquiriendo fama universal.

Si la necesidad de publicar sin mutilación alguna los trabajos de Zola que siguen, no hubiese absorbido las páginas de este volumen, ya que no una biografía del autor del «Assommoir» y de tantas y tan renombradas obras, tarea de cíclope que no teme los embates de la crítica ni la acción demoledora del tiempo, hubiéramos intentado hacer una semblanza del jefe indiscutible de la escuela naturalista, poeta y filósofo, psicólogo y anatómico, observador como Darwin y preciso y breve como un matemático.

Pero esto, sobre ser tarea superior a nuestras fuerzas, no cabe en el reducido marco que nos dejan las contadas páginas de este libro, que quedan a nuestra disposición.

Para que el lector curioso pueda satisfacer su deseo de conocer la vida del luchador eximio, nos limitaremos a señalar algunos de los libros que sobre Zola se han escrito, entre los muchísimos que se ocupan de tan discutida personalidad:

Paul Alexis, Emile Zola, notes d'un ami, París 1882; Brink, Emile Zola et ses oeuvres, 1887; Laporte, Emile Zola, l'homme et ses oeuvres, París 1891; Toulouse, Emile Zola, París, 1896.

De todos modos no podemos dejar de indicar un momento memorable de la vida de Zola, que le pinta de cuerpo entero.

Nos referimos al famoso proceso que el fanatismo político avivando odios religiosos siguió a Dreyfus, en el que Zola, afrontando todos los riesgos, los de la ley durísimos y los de la impopularidad terribles, atento sólo a la verdad y la justicia, se puso de parte del acusado.

Valióle a Zola, actitud tan gallarda, aparte de verse acosado y escarnecido por las turbas y por la juventud arrebatada, un proceso, cuya vista duró desde el 7 al 23 de febrero de 1898, y en el que fue condenado a un año de prisión y 3.000 francos de multa, el máximum de la pena.

En 2 de abril, el Tribunal de casación casó la sentencia por vicio de forma, pero reproducido el proceso en Versalles, el 18 de julio, Zola, juntamente con el gerente del diario L'Aurore, fue condenado a la pena que primeramente se le había impuesto, saliendo libre gracias a una amplia amnistía que poco después se concedió.

A aquel momento culminante de la política francesa, se refieren los documentos comprendidos bajo el título general de La Verdad en Marcha, que le pusiera su autor.

Dichos trabajos, como los que siguen, han sido traducidos exprofeso para esta Biblioteca, y no han sufrido mutilaciones, como ocurre con otras ediciones españolas de los mismos. Así entendimos cumplir nuestro deber.

Fácil nos hubiera sido espigando en las hermosas y fecundas novelas de Zola, encontrar fragmentos brillantes que reproducir; pero destinada esta Biblioteca a estimular el amor a la lectura, hemos preferido formar el tomo con estos breves trabajos completos, que sobre pintar al hombre y al pensador a maravilla, tienen abundantísimo jugo intelectual y filosófico.

* * *

Zola, que aun siendo un genio no pudo escapar a la comezón de ser Académico, y lo intentó sin éxito varias veces desde 1893, en vida ya se había conquistado la inmortalidad con los cuarenta volúmenes, prueba de su genio y de su laboriosidad, inconmovibles sillares del monumento en que se asienta augusta una de las más legítimas glorias de Francia, tan fecunda en hijos ilustres.

C. L.
Barcelona, junio 1916.


Noticia bibliográfica

Les Rougon-Macquart. Historia natural y social de una familia bajo el segundo Imperio. La Fortune des Rougon. La Curée. Le Ventre de Paris. La Conquête de Plassans. La Faute de l'abbé Mouret. Son Excellence Eugène Rougon. L'Assommoir. Une page d'amour. Nana. Pot-Bouille. Au Bonheur des Dames. La Joie de vivre. Germinal. L'OEuvre. La Terre. Le Rêve. La Bête humaine. L'Argent. La Débâcle. Le Docteur Pascal. Les Personnages des Rougon-Macquart. Lourdes, Rome, Paris: Les trois villes. Fecondité, Travail, Vérité, Justice: Les Quatre évangiles.

Novelas: Contes à Ninon. Nouveaux contes à Ninon. La Confession de Claude. Thérèse Raquin. Madeleine Ferat. Le Capitaine Burle. Les Mystères de Marseille. Naïs Micoulin. Le Vaeu d'une Morte. Les soirées de Médan.

Teatro: Thérèse Raquin. Les Héritiers Rabourdin. Le Bouton de Rose.

Obras criticas: Mes Hains. Le Roman experimental. Le Naturalisme au Theatre. Nos Auteurs dramatiques. La Vérité en marche. Les Romanciers Naturalistes. Documents littéraires. Une campagne (1880-1881). Nouvelle Campagne (1896).

Correspondencia: Lettres de Jeunnesse. Les Lettres el les Arts.

De la mayoría de estas obras existen traducciones españolas más o menos recomendables.

(Emilio Zola, Crítica social, Publicaciones de la Escuela Moderna, Barcelona 1916, páginas 5-9 y 125-126.)

13 Lamennais, Palabras de un creyente, Casa editorial Publicaciones de la Escuela Moderna (Biblioteca popular Los Grandes Pensadores, volumen XIII, segunda serie), Barcelona-Buenos Aires 1916, 120 páginas. 122×180 mm. (“Imp. Elzeviriana. Rambla Cataluña, 12.”)

[3] Portada. [5-8] C. L., Noticia biográfica. [9-111] Texto. [112] Noticia bibliográfica. [113-116] «Catálogo General. Obras de texto para uso de las Escuelas racionalistas y de carácter progresivo. ENCUADERNADAS: A 2 PESETAS: Las Aventuras de Nono, por Grave, traducción de A. Lorenzo. El Niño y el Adolescente, por Michel Petit. Preludios de la Lucha, por Pi y Arsuaga. Primer Manuscrito (correspondencia escolar y dictados). Origen del Cristianismo, por Malvert. Aritmética Elemental, por Palasi. Elementos de Aritmética, dos tomos, 4 pesetas. Resumen de la Historia de España, por Nicolás Estévanez. Compendio de Historia Universal, por Clemencia Jaquinet, tres tomos, 6 pesetas. Nociones de Idioma francés, por L. Bonard. Geografía Física, por O. de Buen, prefacio de E. Reclus. Pequeña Historia Natural, por O. de Buen, dos tomos, 4 pesetas. Mineralogía, por O. de Buen. Petrografía y Vida actual de la Tierra, por O. de Buen. Edades de la Tierra, por O. de Buen. Nociones sobre las Primeras Edades de la Humanidad, por G. Engerrand. Evolución Super Orgánica (La Naturaleza y el Problema Social) por E. Lluria. Hacia el Porvenir, por E. Lluria. Psicología Etnica, por Ch. Letorneau, traducción de A. Lorenzo, 4 tomos, 8 pesetas. La Substancia Universal, por A. Bloch y Paraf-Javal, traducción de A. Lorenzo. Tierra Libre (cuento) por J. Grave, traducción de A. Lorenzo. La Escuela Nueva, por J. F. Elslander, traducción de A. Lorenzo. Hacia la Unión Libre, por A. Naquet, traducción de A. Lorenzo. República Francesa y Vaticanismo o La Política Religiosa en Francia, por André Mater, traducción de C. Litrán. La Evolución de los Mundos, por M. J. Nergal, traducción de C. Litrán. Historia de la Tierra, por Ch. Souerwein, traducción de C. Litrán. El Origen de la Vida, por J. M. Pargame, traducción de C. Litrán. La Evolución de los Seres Vivientes, por E. Ruben y V. Laverne, traducción de C. Litrán. La Escuela Moderna, por F. Ferrer Guardia. Cómo se forma una inteligencia, por el Dr. Toulouse, traducción de C. Litrán. Las Razas Humanas, por G. Engerrand, un tomo con 13 láminas. La Cultura Alemana contra la civilización, por Vanucci. La Guerra Moderna, según el Estado Mayor Alemán. Cómo haremos la Revolución, por E. Pouget y E. Pataud, consta de 2 tomos a una peseta cada tomo. A 1'50 PESETAS: Sembrando Flores, por F. Urales. Epítome de Gramática Española, por Palasí (en cartoné). El Niño y el Adolescente, por Michel Petit. Tierra Libre, por Grave, trad. de A. Lorenzo. El Catecismo de la Ciencia (Lo que la Ciencia nos enseña) (En cartoné). Las Razas Humanas (En rústica). EN CARTONE: A 1 PESETA: Cartilla, primer libro de lectura. EN RUSTICA: A 1 PESETA: El Niño y el Adolescente, por Michel Petit. Preludios de la Lucha, por F. Pi y Arsuaga. Origen del Cristianismo, por Malvert. Humanidad del Porvenir, por E. Lluria. Las Clases Sociales, por C. Malato, traducción de Anselmo Lorenzo. Tierra Libre, por Grave, traducción de A. Lorenzo. Floreal, drama social en 3 actos, por J. P. Chadon, traducción de A. Lorenzo. El Infierno del Soldado, por Jean de la Hire, traducción de Soledad Gustavo. En Anarquía, por Camille Pert, versión española y prefacio, por A. Lorenzo. Evolución Proletaria, obra póstuma de Anselmo Lorenzo. A VARIOS PRECIOS: Botiquín Escolar, por A. Martínez Vargas, 0'50. Análisis de la Cuestión de la Vida, por Antonio Pellicer Paraire, 0'75. Génesis y Evolución de la Moral, por C. Letorneau, 0'75. La Moral Anarquista, por P. Kropotkin, traducción de A. Cruz, 0'25. En el Café, por E. Malatesta, traducción de L. A. Rodrigo, 0'25. En Guerra, idilio, por C. Malato, traducción de Anselmo Lorenzo, 0'40. La Mujer y la Revolución, por F. Stackelberg, 0'15. Ferrer, páginas para la Historia, 0'20. La Confederación General del Trabajo en Francia, por E. Pouget, 0'30. Estudio Crítico-biográfico de Anselmo Lorenzo, por F. Tarrida del Mármol, 0'25. ¡Dios! por Francisco Suñer y Capdevila, 0'25. La Pedagogía de Francisco Ferrer, por el Dr. Antich, 0'50.» [117-118] «Biblioteca de la Huelga General. El verdadero testamento del cura Meslier, 0'25. El Absurdo político, 0'15. El Sindicato, 0'15. La Anarquía y la Iglesia, 0'15. Declaraciones, 0'15. Criterio libertario, 0'25. Las Bases del Sindicalismo, 0'15. La Mujer pública y privada, 0'15. Postales: Postal Pax, por F. Sagristá, tricomía, 0'15. Postal del Monumento a Ferrer en Bruselas, 0'10. Retratos: Ferrer, en busto y de cuerpo entero, 50×32, 0'60. Kropotkine, 0'60. Joaquín Costa, 0'60. Anselmo Lorenzo, 0'60. Francisco Pi y Margall, 0'60. Emilio Zola, 0'60. Juan Jaures, 0'60. León Tolstoy, 0'60. Víctor Hugo, 0'60. Cervantes, 0'50. Miguel Bakounine, 0'40. Elíseo Reclus, 0'40. || El Hombre y la Tierra, por Elíseo Reclus, traducida por A. Lorenzo y revisada por O. de Buen. Consta de seis tomos. Precio de la obra encuadernada con tapas especiales, 120 pesetas uno. Tomos sueltos, 20 pesetas. Por cuadernos a 0'50 uno. La Gran Revolución (1789-1793) por Pedro Kropotkine. Terminada esta publicación importantísima, puede adquirirse lujosamente encuadernada por el precio de 25 pesetas, o por cuadernos a 0'50 pesetas. La obra consta de 38 cuadernos.» [119] «Biblioteca Popular Los Grandes Pensadores. Tomos de la primera serie […] Forma cada tomo un precioso volumen de más de cien páginas y se vende a 50 céntimos cada uno.» [Contraportada] «Casa Editorial Publicaciones de la Escuela Moderna. Barcelona, Cortes 478. Buenos Aires, Pichincha 1867. Biblioteca popular Los Grandes Pensadores. Tomos publicados. Primera serie […]. Segunda serie. F. Lamennais, Palabras de un creyente. EN PRENSA: P. Kropotkine, Palabras de un rebelde. J. J. Rousseau, El contrato social. H. Spencer, Creación y evolución. J. Jaurés, El Socialismo. Stuart Mill, El utilitarismo. C. Volney, Las ruinas de Palmira. Ch. Darwin, El Hombre y su origen. L. Tolstoy, La gran tragedia. Ch. Dickens, Los tiempos difíciles. M. Gorki, Los vencidos. H. Ibsen, Amor y Odio. A fin de facilitar la adquisición de esta Biblioteca Popular hemos establecido repartos a domicilio en todas las capitales y poblaciones importantes de la Argentina y Uruguay, al precio de 40 Centavos cada volúmen para la Argentina y de 20 Centésimos para el Uruguay. Representante exclusivo en la Argentina y Uruguay, David Solé Miralles, Pichincha 1867, BUENOS AIRES. Depósito general de todas las obras de esta Casa Editorial. Todos los pedidos al por mayor y menor deben formularse a dicho representante.»

Noticia biográfica

[ Lamennais ]

Los grandes pensadores, volumen 13: Lamennais, Palabras de un creyente, Barcelona 1916

Felicidad, Roberto de Lamennais, nació en Saint-Malo el 19 junio (1782).

Era rebelde de carácter, observador por temperamento. Su tío, un noble, para castigar sus rebeldías, con frecuencia le encerrada en su bien surtida biblioteca, en la que se encontraban las obras de todos los filósofos del siglo XVIII. En aquellos libros, llenos de la rebeldía contra todo, que es la característica de aquel siglo de renovación, una marcada etapa de esos grandes periódicos mudos por que pasa el humano espíritu, se nutrió el joven de Lamennais.

Apasionado desde buen principio por Rousseau, valióle la afición a las obras del filósofo ginebrino, que se aplazase su primera comunión hasta la edad de veinticuatro años.

En colaboración con su hermano Jean-Marie publicó por aquel entonces un libro titulado Reflexions sur l'Etat de l'Eglise en France pendant le XVIII siècle et sur sa situation actuelle. Publicó, además, la obra Tradition de l'Institution des Evêques en France, que le creó no pocos enemigos en el alto clero.

Apremiado por su hermano, que era ya sacerdote, recibió la tonsura en Rennes; pero durante seis años vaciló en dar un paso más en la carrera de la Iglesia. Decidióse sólo a ello merced a la autoridad del Abate Caron, a quien conoció en Inglaterra, país en el que se refugió durante el período llamado de los Cent Jours, temeroso de la policía imperial, que perseguía su libro La Tradition de l'Institution des Evêques en France, y un folleto contra la Universidad.

Desde 1816 a 1834, Lamennais aparece al servicio de la Iglesia católica; pero el espíritu de rebeldía que llevaba en su seno desde la infancia, seguía suscitando la suspicacia del clero, a quien espantaban las ideas innovadoras de su colega.

Liberal católico, más cristiano puro que católico, Lamennais llegó a formar escuela, congregándose a su derredor muchos hombres de talento: Rohrbacher, Gerbet, Montalembert, Lacordaire, Cazalès, de Carvé, Meurice, Guérin y otros más.

Los trabajos de Lamennais, de estilo vivo y originalísimo, eran leídos con fruición por el bajo clero; el alto clero le odiaba en cambio, y en Roma se temía al innovador audaz, que intentaba nada menos que instaurar en el mundo moderno el cristianismo antiguo, humanitario, poético.

Queriendo tener un órgano transmisor de su doctrina, fundó el periódico L'Avenir, cuyo lema era «Dieu et Liberté».

La prevención eclesiástica contra Lamennais se convirtió en tanto en odio clerical, y tuvo que suspender la publicación del periódico, marchando a Roma a entrevistarse con el Papa. De aquella entrevista nació la Encíclica Mirari vos, que lleva la fecha del 15 agosto 1832.

Aparentemente, Lamennais y los suyos se sometieron al Pontífice; pero en realidad el filósofo de Saint-Malo se sintió divorciado en absoluto de la Iglesia. Pruébalo su libro PALABRAS DE UN CREYENTE, obra que, aunque impregnada de un misticismo extraordinario, contiene afirmaciones de un radicalismo tal, que sólo por los pensadores ácratas ha sido igualado en nuestros tiempos.

PALABRAS DE UN CREYENTE, que publicamos hoy, compulsando y corrigiendo con el original francés a la vista una de las mejores traducciones castellanas, es la respuesta altiva de Lamennais a la Encíclica del Pontífice.

Tal impresión produjo el libro, que Gregorio XVI se creyó en el deber de condenarlo en su Encíclica Singulari nos.

Incluido en el Index de Roma PALABRAS DE UN CREYENTE, tiene conquistado, aparte de su valía filosófica, el derecho a figurar en nuestra Biblioteca de «Los Grandes Pensadores».

Lamennais, que profesaba un cristianismo adaptado al espíritu democrático, era un innovador; quería substituir la Iglesia constituida sobre una complicada red de jerarquías, por la asociación del género humano en una esencia; vano empeño, aunque generoso.

Después de las jornadas de febrero (1848), formidable manifestación del espíritu socialista revolucionario con cierto barniz de misticismo cristiano, fundó Lamennais el diario Le Peuple Constituant, y fue elegido por el departamento del Seine representante del pueblo en la Asamblea Nacional, figurando entre los hombres de la extrema izquierda.

Republicano convencido, aun después del golpe de Estado del 2 de diciembre, conservóse fiel a sus ideas, dejando un testamento que prueba hasta qué punto aquel creyente en Cristo, estaba divorciado de la Iglesia que se llama depositaria de su doctrina.

«Quiero, decía, ser enterrado en medio de los pobres, y como lo son los pobres, sin que se coloque nada sobre mi fosa, ni siquiera una lápida. Mi cuerpo debe ser directamente conducido al Cementerio sin intervención de ninguna Iglesia.»

Lamennais murió en París el 27 de febrero de 1854, y fue inhumado en el Cementerio del Père-Lachaise, conforme disponía en su última voluntad.

C. L.


Noticia bibliográfica

Essai sur l'indifférence en matiére de Religion. – La Religion dans ses rapports avec l'ordre civil. – Les Progrés de la Revolution et de la Guerre contre l'Eglise. – L'Imitation de Jésu-Christ (traducción). – Les Affaires de Rome. – Le Livre du Peuple. – Paroles d'un Croyant. – Une voix de prison. – La tradition de l'Institution des Evêques en France. – Le Deuil de la Pologne. – Questions Politiques et Philosophiques. – De l'Art et du Beau. – Les Evangiles (traducción). – La Divine Comédie (traducción). – Esquisse de Philosophie, y otras.

(Lamennais, Palabras de un creyente, Publicaciones de la Escuela Moderna, Barcelona 1916, páginas 5-8 y 112.)

16 H. Spencer, Creación y Evolución, Casa editorial Publicaciones de la Escuela Moderna (Biblioteca popular Los Grandes Pensadores, volumen XVI, segunda serie), Barcelona, Buenos Aires s.f. [1917], 96 páginas. 122×180 mm.

[3] Portada. [5-10] C. L., Noticia biográfica. [11-50] Creación y Evolución. [51-78] La especie humana. [79-95] El dominio de la Biología. [96] Noticia Bibliográfica. Tabla de materias. [Contraportada] «Casa Editorial Publicaciones de la Escuela Moderna. Barcelona, Cortes 478. Buenos Aires, Pichincha 1867. Biblioteca popular Los grandes pensadores. Esta interesante Biblioteca por su meritoria labor de divulgación científica, filosófica y literaria, debe figurar en todas las Sociedades obreras, políticas instructivas y de carácter progresivo y en la biblioteca de todos los amantes de la cultura y del progreso. Tomos publicados. Primera Serie: Víctor Hugo, Páginas escogidas (Nobre. 1915) […]. Segunda Serie: F. Lamennais, Palabras de un creyente (Nobre. 1916) […]. En prensa: J. Jaurés, El Socialismo. Stuart Mill, El utilitarismo. C. Volney, Las ruinas de Palmira. Ch. Darwin, El Hombre y su origen. L. Tolstoy, La gran tragedia. Ch. Dickens, Los tiempos difíciles. M. Gorki, Los vencidos. H. Ibsen, Amor y Odio. Se publica el segundo sábado de cada mes. Cada tomo 50 cts. Suscripción: Un año; o sean 12 volúmenes, 5 pesetas. Seis meses, o sean 6 volúmenes, 2,75. Exterior. Un año, 6. La suscripción puede empezar cualquier mes del año. El pago de cada suscripción deberá hacerse por anticipado, remitiendo el importe por giro postal o cualquier otro medio. TOMOS ENCUADERNADOS. Los doce tomos publicados divididos en 2 elegantes volúmenes conteniendo 6 tomos cada uno, encuadernados con lujosas tapas a varias tintas, se venden a 4 pesetas cada volumen. Cada tomo separadamente encuadernado con tapas de tela inglesa, se vende a una peseta.»

Noticia biográfica

[ Spencer ]

Los grandes pensadores, volumen 16: Spencer, Creación y Evolución, Barcelona 1917 Herbert Spencer, notable filósofo inglés, una de las más altas mentalidades de su época e indudablemente el pensador que más decisiva influencia ha ejercido en la orientación del pensamiento moderno, nació en Derby el 27 de abril de 1820, en el seno de una familia de metodistas, rama de la religión reformada que alcanzó en Inglaterra muchos prosélitos. El padre de Spencer era profesor, su tío pastor protestante. Uno y otro militaban en política en el partido liberal radical, uno de los más avanzados, como su nombre indica.

Las ideas de padre y tío influyeron notablemente en la formación de la mentalidad de Herbert, que se educó en un régimen de libertad la más absoluta, en el que el elemento predominante era el tío.

El niño, desde muy temprana edad, manifestó vocación por las ciencias naturales y los asuntos políticos, pero negándose con rasgos de una independencia instintiva, a someterse al régimen de las Universidades.

A los 17 años se le confió y aceptó el empleo de ingeniero en el ferrocarril de Londres y Birmingham, desempeñando el cargo hasta los veintiséis años, edad en la que hubo de cesar en el cargo a consecuencia de una crisis ferroviaria.

Desde 1848 a 1853, figuró como redactor del periódico The Economist, en el que publicó muy recomendables trabajos que presagiaban la profundidad de su genio.

En 1850 dió a luz su primera obra titulada Social Statics.

Desde entonces en adelante, por afición y tal vez por no gozar de salud muy perfecta, impúsose una vida retirada y de estudio, pasada casi normalmente en el campo.

La vida del filósofo inglés, vida de estudio y de recogimiento como ya hemos dicho, carece de episodios dramáticos, de ese movimiento accidentado que es lo que más interesa al común de las gentes. La existencia de Spencer estuvo consagrada por completo a la investigación de la verdad, al conocimiento que de ella puede tan sólo dar un estudio perseverante y metódico, y a la divulgación generosa de los conocimientos adquiridos. Toda su acción es puramente intelectual, pero Spencer es de los que pueden darse por satisfechos ya que imponiendo su filosofía dirigió el movimiento científico de su época y perdura en la nuestra su método positivista y evolucionista.

En el campo, luchando con la falta de salud y la estrechez económica en que vivía, fue donde concibió su sistema filosófico y desde donde, trabajador infatigable, realizó su obra de Filosofía Sintética desde los años 1860 a 1876.

Ya que para historiar la vida del filósofo inglés hay que hablar de su doctrina, hablemos de ella siquiera sea a grandes rasgos.

En lo filosófico influyeron grandemente en la doctrina de Spencer las enseñanzas de su tío el pastor protestante; en lo político las ideas liberales y radicales que formaban como el ambiente intelectual de su hogar; en lo científico las ideas evolucionistas de Carlos Lyell, el eminente geólogo inglés.

En el terreno de las especulaciones filosóficas declara incognoscibles las llamadas causas primeras, considerando en este respecto un tanto vanas las disputas de los hombres de ciencia, y relegándolas a la esfera de la fe religiosa.

En el orden político expone su pensamiento de hombre liberal en su atrevido libro La Esfera de acción del Gobierno.

Influido seguramente por las doctrinas de Bentham y de los utilitarios, opina que la mejor organización social posible es aquella en que la acción del Estado queda reducida a la más mínima expresión y la libertad sea llevada al más alto grado posible. Reduce, en cuanto al presente, la acción del Estado a la mera y simple cuestión de policía y a la defensa contra el extranjero, concediendo o encomendando todo lo demás en su concepción política, a la acción individual. En cuanto al porvenir, un porvenir remoto, prevé la desaparición de toda clase de Gobierno, conforme en este punto con Godwin y otros sociólogos innovadores.

En el orden de los asuntos económicos, admite la propiedad común para el suelo, de acuerdo con Dove y Stuart Mill, de cuyo economista publicaremos también un volumen en esta Biblioteca. En todos los demás órdenes se declara partidario de la propiedad individual.

En moral rechaza y combate la teoría de Bentham y sus discípulos, que hacen consistir la moral en un cálculo de placeres y reducen la justicia al interés bien entendido.

Con los filósofos escoceses, con Coleridge y Carlyle, opina Spencer que hay un sentido moral, un sentido del bien y del mal irreductible a todos los cálculos y a todos los intereses; y en cuanto a la justicia, trata de explicarla como Adam Smith por la evolución del sentimiento de la simpatía del que deriva.

Su concepto de la justicia adolece del defecto de ser una mezcla de metafísica y filosofía, especialmente de teorías de Schelling y de Hegel, aleada con principios mamados en su educación religiosa bajo la dirección de su tío el pastor protestante.

Los estudios biológicos que Owen realizaba con gran éxito, lleváronle a concebir la vida y el organismo, es decir, el Universo en su conjunto, como una evolución inconsciente que se realiza en el sentido de una individualización y de una armonía cada vez más perfectas, a las que más tarde, al afirmarse en su doctrina evolucionista, llama diferenciación e integración.

Con ello no hace Spencer más que aplicar al Universo los estudios y observaciones de los biólogos sus contemporáneos; y afirmándose en sus ideas evolucionistas, las concreta en la fórmula de Von Baer: el organismo individual evoluciona de la homogeneidad a la heterogeneidad.

Para Spencer tiene esta ley carácter general y en su filosofía la aplica a todo el Universo, como hemos indicado. La ley de la evolución la establece en estos términos: «La evolución es una integración de materia acompañada de una disipación de movimiento durante la cual la materia pasa de una homogeneidad indefinida, incoherente, a una heterogeneidad definida, coherente, y durante la cual el movimiento retenido sufre una transformación paralela.»

En materia de biología sigue las huellas de Darwin, del cual también publicaremos, aunque en fragmentos, algún trabajo en esta Biblioteca, pudiendo decirse que tanto en Biología como en Moral, todo el sistema spenceriano se apoya en la selección natural, en la lucha por la vida y en la ley de la adaptación al medio.

Pero observo que llevado por el entusiasmo por la doctrina del ilustre filósofo inglés, doy a estas líneas una extensión desmedida.

Disimule el lector la libertad que me he tomado, y, si en efecto, los volúmenes de esta Biblioteca han alcanzado el objeto primordial que motivara su publicación: estimular al estudio, desarrollar la afición a leer, consulte las obras fundamentales de Spencer, casi todas traducidas a nuestra lengua, que de esta suerte adquirirá una sólida orientación filosófica, a la par que un copioso caudal de conocimientos.

Herbert Spencer, tras una vida en extremo laboriosa, murió en 1903.

C. L.


Noticia bibliográfica

Sistema de Filosofía sintética, que comprende las siguientes obras: Primeros Principios; Principios de Biología; Principios de Sociología; Principios de Moral. El Progreso, su ley y su causa. La Religión, su pasado y su porvenir. El Individuo contra el Estado. Esducación intelectual, moral y física. Estudios políticos y sociales. Estadística Social y otras más.

(Spencer, Creación y Evolución, Publicaciones de la Escuela Moderna, Barcelona [1917], páginas 5-10 y 96.)

* * *

Culminada con la entrega 24 la segunda serie, inicia en 1918 la Biblioteca popular Los Grandes Pensadores su tercera serie con el volumen 25, una recopilación de textos de Pompeyo Gener bajo el rótulo Filosofemas (que el autor explica en el Prólogo que firma en Barcelona el 21 de abril de 1918). Fechada un día antes que el prólogo va su dedicatoria “A la Sra. Doña María Guardiola y Caravent Vda.” Se trata de la joven viuda de 24 años que en 1916, firmando como “María G. Caravent”, había inaugurado y promovido en Barcelona la institución de las madrinas de guerra epistolares para con los voluntarios catalanes aliadófilos, afrancesados y hasta catalanistas que combatían al lado de Francia en la Gran Guerra “contra los bárbaros que vienen del norte”, “dels nostres voluntaris qui es baten contra el conglomerat boche-bulgar-turc”, ayudando a quienes habían sido “invadits pels súbdits de la kultur” (Maria G. Caravent, “La guerra de les nacions. Els voluntaris catalans a França. Notes del Padrinatge de guerra”, El Poble Catalá, Barcelona, 16 setembre 1916.) [En esa nota la ardorosa viuda incitaba también a los editores, marginando por cierto en su candoroso sectarismo al eficiente José Vilamala Galobardes: “Els editors podríen també contribuir a aquesta bella obra del Padrinatge de guerra. Exceptuant al senyor Josep Vilamana, no's porten pas gaire bé, els editors catalans, amb els nostres voluntaris!”]

25 Pompeyo Gener, Filosofemas (Anotaciones de un pensador), Casa editorial Publicaciones de la “Escuela Moderna”, Cortes 478 (Biblioteca popular Los Grandes Pensadores, volumen XXV, tercera serie), Barcelona [1918], 96 páginas. 122×180 mm.

[1] Portada. [2] “Dedicatoria. A la Sra. Doña María Guardiola y Caravent Vda. ¿A quién mejor que a vos, mi buena amiga del Intelecto, puedo dedicar este pequeño volumen de Filosofemas, ya que de palabra y por escrito hemos departido tantas veces sobre tales asuntos? Aceptadlo, pues, como una leve prueba de la alta consideración y de afecto que os profesa vuestro mejor amigo del alma. Pompeyo GENER. Barcelona 20 de abril de 1918.» [3-4] ***, Biografía. [5-6] Prólogo. Pompeyo Gener, Barcelona 21 de abril de 1918. [7-46] El Evangelio de la Vida. (París, 1898.) [47-57] La dignidad humana y el Cristianismo. (Munich, 1875.) [59-74] Morfología de la Idea de Divinidad en la Mente Humana. (Barcelona, 1875.) [75-81] Filosofía de la Ilusión. (Londres, 1900.) [83-91] Disquisiciones filosóficas sobre el problema social. (Barcelona, 1893.) [95] Índice. [Contracubierta] «Biblioteca popular Los grandes pensadores. Tomos publicados. [del 1 al 25]. Precio de cada tomo: 60 céntimos. || En prensa. El Cristianismo y la Monarquía, por F. Pi Margall. Las Estériles Adoradas, por el Dr. H. Thulié. La Batalla de la Vida, por Carlos Dickens, y otros de renombrados autores. || Obras nuevas. Montjuich. Narración histórica del castillo desde su fundación. Obra de sentimiento liberal, síntesis de la historia revolucionaria del pueblo proletariado barcelonés. Precio: 1'25 Ptas. Lo que debe saber toda joven. Precio: 1 Pta.»

Biografía

[ Pompeyo Gener ]

Los grandes pensadores, volumen 25: Pompeyo Gener, Filosofemas, Barcelona 1918 Imposible dar en esta breve nota una idea cabal de la compleja personalidad de Pompeyo Gener: de su producción abundantísima, de su significación en el campo de la lucha social moderna y de sus orientaciones filosóficas hacia un estado de vida superior.

Nació Pompeyo Gener en Barcelona el día 24 de junio de 1848. –Recordar la tradición heroica de su ascendencia, explicando que sus abuelos paternos fueron marinos de guerra desde los tiempos de Berenguer IV, y oriundos de la costa tarraconense (Cambrils, Salou, &c.), que su madre nació en Barbastro (Huesca), y que era hija del catalán rosellonés Antonio Babot y de la baronesa de Barbastro, es una de sus orgullosas entusiastas satisfacciones.– Estudió Pompeyo Gener, como su padre, la carrera de Farmacia, doctorándose en la misma, y obteniendo después, en Madrid, el título de doctor en ciencias naturales. En París, donde se estableció poco después, conoció y fue amigo de Víctor Hugo, Littré, Renan, Sarah Bernartd, &c., doctorándose en Medicina en 1878. Luego viajó por Holanda, Suiza y Alemania. En 1880 publicó su obra maestra La mort et le Diable (historia y filosofía de las dos negaciones supremas). Planteadas las cuestiones de tolerancia y de sectarismo, Gener, Estasen y Bartrina dieron algunas conferencias en el Ateneo Barcelonés que originaron encendidas protestas. Desde entonces Gener fue considerado por la juventud intelectual como campeón de las ideas nuevas.

Abominando, pero, de derechas e izquierdas, ha combatido todo espíritu de sectarismo y ha predicado el mutuo respeto entre los hombres de los más opuestos ideales. La conmovedora carta abierta que desde las páginas de L' Avenç dirigió en 1892 a su antiguo condiscípulo el Doctor Torras y Bages, es un documento que debería servir de espejo a gran número de gentes faltas de todo espíritu de tolerancia.

A La mort et le Diable siguió la publicación de Literaturas malsanas, obra que, combatida despiadadamente por el crítico Leopoldo Alas (Clarín), motivó que nuestro biografiado publicase su contundente y celebérrimo opúsculo El caso Clarín, modelo curiosísimo de dialéctica y de humorismo.

Sus libros Amigos y maestros, Herejías, Cosas de España, Inducciones y sus estudios acerca de Miguel Servet, Cyrano de Bergerac, &c., dánle crédito de filósofo y de crítico personalísimo. Su actividad, no obstante, le ha permitido rebasar los límites extensos del libro. Ha sido uno de los primeros redactores de la Revista Contemporánea; ha colaborado en las principales ilustraciones y diarios y en La Nación de Buenos Aires, del cual ha sido corresponsal científico. Fundó en París la revista Le Livre, de la casa Quantin, y ha escrito asiduamente para las grandes publicaciones extranjeras. Presentes están sus campañas famosas en la revista catalana Joventut, en cuya redacción rejuvenecióse y en la cual publicó cerca de un centenar de vibrantes artículos que en más de una ocasión removieron los espíritus dormidos de los cenáculos literarios. Además, ha publicado trabajos sobre la Persia primitiva y referentes al Intel-lecte grec antic; estudios y cantos lenguadocianos; fascículos arcaicos, novelas, dramas, sainetes, monólogos, sátiras...

En la obra titulada Penseurs, philosophes et savants, publicada en París Londres y Munich, figuran treinta y cinco celebridades del último cuarto del siglo XIX, de las cuales sólo dos son españolas: Ramón y Cajal (savant) y Gener (penseur). Gener es miembro de la Sociedad Antropológica, de París y de otras muchas Sociedades francesas y belgas; fue delegado en la Exposición Internacional de Amsterdam en 1883; comisario de Barcelona y Baleares en la de París de 1889; delegado en varias asambleas políticas, &c., &c.

En los ágapes de los Juegos Florales, en los estrenos del Teatro Catalán, en todas las solemnidades literarias y en todos los cenáculos de la vida intelectual barcelonesa, se ha destacado siempre la presencia, a la vez preeminente y amable, del insustituible y querido maestro Pompeyo Gener.

* * *

(Gener, Filosofemas, Publicaciones de la Escuela Moderna, Barcelona [1918], páginas 3-4.)

La contracubierta de la entrega 25 anuncia en prensa El Cristianismo y la Monarquía de Pi Margall (que aparecerá como volumen 26), y otros dos títulos que no llegan a ser publicados en esta colección: Las Estériles Adoradas del Dr. H. Thulié y La Batalla de la Vida de Carlos Dickens. Cristóbal Litrán estaba preparando en efecto una versión castellana de textos del médico francés Henri Thulié (1832-1916), que bajo ese título de Las estériles adoradas será publicada en 1921 como volumen 8 de la Biblioteca Popular Progreso (Alfredo M. Roglan, Barcelona 1921, 126 páginas).

Otros grandes pensadores anunciados por esta Biblioteca pero no publicados

NO año autor α ω título L anunciado
----Castelar, Pi, Echegaray18321899La libertad religiosa en las Cortes españolasespt2 en prensa
----D'Alembert17171783--frat2 t9
----Max Nordau18491923--frat2
----Jovellanos17441811--espt2
----Teófilo Braga18431924--port2
----Costa18461911--espt2
----Comte17981857--frat2 t9
----Littré18011881--frat2 t9
----Haeckel18341919--alet2
----Kant17241804--alet2 t9
----Lombroso18351909--itat2
----Ferri18561929--itat2
----Laplace17491827--frat2 t9
----Goethe17491832--alet2
----Karl Marx18181883--alet2
----Draper18111882--ingt2
----Moleschöt18221893--itat2
----Hertzen18121870--rust2
----Büchner18241899--alet2
----Dupuys17421809--frat2
----Schopenhauer17881860--alet2
----Roberto Robert18271873--espt2
----D'Amicis18461908--itat2
----Hartmann18421906--espt2
----Topinard18301911--frat2
----Luys18281897--frat2
----Magalhaes Lima18501928--port2
----Heine17971856--alet2
----Carlyle17951881--ingt2 t9
----Dickens18121870Los tiempos difícilesingt13 t16 en prensa
----Gorki18681936Los vencidosrust13 t16 en prensa CUB
----Ibsen18281906Amor y Odionort13 t16 en prensa CUB
----Thulié18321916Las estériles adoradasfrat25 en prensa
----Dickens18121870La batalla de la vidaingt25 en prensa

Las columnas de esta tabla se pueden reordenar en sentido directo e inverso.

GBS