“Escolástica hispana”
Supuestamente, Leibniz, en las notas preparatorias a una carta a Nicolas Remond en agosto de 1714, se refiere a la filosofía escolástica como “philosophiae hispaniae” (en latín). Pero la expresión exacta “escolástica hispana” se debe al historiador del pensamiento económico Oreste Popescu y su discípulo Alejandro A. Chafuen.
El historiador argentino de origen rumano Oreste Popescu la emplea en 1982:
1982 «Desde su cátedra en la Universidad de Salamanca entre 1526 y 1544, Francisco de Vitoria (1480-1546) da nuevo impulso a la Escolástica (de aquí la expresión ‘Escolástica Hispana’ mucho más adecuada que la de ‘Escuela de Salamanca’ acuñada en el mundo anglosajón) a través de sus escritos y sobre todo de sus discípulos. Verdadero maestro de maestros, su esfuerzo encontró respuesta en el brillante desempeño de tres de sus alumnos: Diego de Covarrubias y Leyva (1512-1577), el Doctor Navarro (Martín de Azpilcueta) (1493-1586) y Domingo de Soto (1495-1560), cuyos escritos, junto al de otro maestro salmantino, Juan de Medina (1490-1560), se encuentran sobre la mesa de trabajo de Matienzo y son consultados y citados en forma asidua. Son precisamente los escritos de estos autores, seguidos por una docena de otros grandes que continuarán sus esfuerzos, que también en nuestros días serán objeto de atenta consulta y estudio por parte de los historiadores del pensamiento económico de la escolástica hispana.» (Oreste Popescu, “Aspectos analíticos en la doctrina del Justo Precio de Juan de Matienzo (1520-1579)”, en La Economía como Disciplina Científica: Ensayos en Honor del Profesor Dr. Francisco Valsecchi, Macchi, Buenos Aires, pág. 96, n. 36, 1982).
Y, en 1986, vuelve a emplearla en sus Estudios en la historia del pensamiento económico latinoamericano (publicados en español en Colombia), al tiempo que Chafuen lo hace en Christians for Freedom: Late-Scholastic Economics (publicado en inglés en San Francisco, E.U.A.):
1986 «Algunos historiadores utilizaron el término ‘Escuela de Salamanca’ al referirse a los escolásticos hispanos. Marjorie Grice-Hutchinson dedicó un capítulo entero de su libro El pensamiento económico en España, 1177-1740 a la Escuela de Salamanca. Raymond de Roover también habla de ‘la famosa Escuela de Salamanca’. Aunque es cierto que muchos de los escolásticos hispanos estudiaron o enseñaron en Salamanca, no es menos cierto que otros estudiaron en otras universidades de importancia, tales como la Complutense, en Alcalá de Henares. Por esta razón es más apropiado utilizar el término ‘escolástica hispana’ para referirse a estos autores {nota 5: En su excelente ensayo, «Aspectos analíticos en la doctrina del Justo Precio de Juan de Matienzo (1520-1579)», 1982, el profesor Oreste Popescu cuestiona el uso de la etiqueta ‘Escuela de Salamanca’. Los argumentos del doctor Popescu son la fuente de mi preferencia por el término ‘escolástica hispana’.}» (citamos por la traducción al español publicada por Rialp en 1991: Alejandro A. Chafuen, Economía y ética. Raíces cristianas de la economía de libre mercado, 1986).
A nuestro entender, el rótulo “escolástica hispana” hace mayor justicia que el resto de rótulos (“segunda escolástica”, “escolástica española”, “escolástica católica moderna”, etc.) al hecho de que los principales autores de la nueva escolástica pertenecieron a la Escuela de Salamanca concebida en sentido amplio, es decir, a una red donde se teje y desteje el tomismo salmantino cuyo núcleo fue el convento de San Esteban y la Universidad de Salamanca, pero cuyo cuerpo cursa de Salamanca a Alcalá (donde Cano implantó el método didáctico de Vitoria, consistente en dictar apuntes en vez de repetir y memorizar), Coímbra (donde Martín de Ledesma, alumno de Vitoria, cambió las Sentencias por la Suma, y donde Carlos V envió a enseñar a Martín de Azpilcueta en 1538, tras la refundación de esta universidad por Juan III en 1537, al igual que Felipe II enviaría posteriormente a Suárez), Roma (con Francisco de Toledo, alumno de Soto, en el Colegio Romano de los jesuitas), Alemania (con Gregorio de Valencia, jesuita y estudiante salmantino, que fue el primer rector de la Universidad de Ingolstadt y también estuvo en la Universidad de Dilinga, donde ejerció el dominico Pedro de Soto) y, por supuesto, América, con la bautizada -también por Oreste Popescu- “escolástica indiana”.
El desbordamiento de la Escuela de Salamanca hacia el otro hemisferio no sólo se produjo por medio del modelo institucional, pues las Universidades de Santo Domingo, México y Lima copiaron la organización de la de Salamanca, sino también en el tomismo salmantino, de la pluma de Alonso de la Veracruz (agustino discípulo de Vitoria y primer catedrático de la Universidad de México), Tomás de Mercado o Bartolomé de Ledesma, presente en México y Lima. Recíprocamente, estos centros que orbitaban en torno a Salamanca produjeron figuras que dieron lustre a la escolástica hispana. Pongamos por caso a Luis de Molina (jesuita formado en Coímbra y Évora) o a Juan de Santo Tomás (dominico educado en Coímbra y Lovaina, que terminó siendo profesor en Alcalá y confesor de Felipe IV).
En suma, la etiqueta “escolástica hispana” refleja mejor la realidad histórica de una corriente filosófica y teológica que rebasaba con creces la Península Ibérica, poseyendo el adjetivo la virtualidad de poder referir tanto a España como a Portugal, Nápoles, Flandes o las Indias, pues todos estos reinos formaban parte de la Monarquía Hispánica, del orbe hispánico.
★ Sobre la escolástica hispana en el proyecto Filosofía en español
★Bibliografía sobre la escolástica hispana
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Madrid Casado, Carlos M. (2024): “A vueltas con la filosofía española y la filosofía en español”, Jot Down (artículo dentro de La querella española, 8 de diciembre de 2024).
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