Luis de Molina (1535-1600)Concordia del libre arbitrio, Oviedo 2007

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Luis de Molina

Concordia del libre arbitrio. Parte primera

Sobre las fuerzas del libre arbitrio para obrar el bien

Traducción, introducción y notas de Juan Antonio Hevia Echevarría
Biblioteca Filosofía en Español, Fundación Gustavo Bueno, Oviedo 2007, páginas 31-222
 

Luis de Molina, Concordia del libre arbitrio, Oviedo 2007, parte primera Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas. Comentarios al artículo 8 de la cuestión 14 ¿Es la ciencia de Dios causa de las cosas?
1. Las conclusiones de este artículo son dos. Primera: la ciencia de Dios es causa de las cosas. Segunda: nada procede de ella y, en consecuencia, no es causa en acto, salvo determinada por la voluntad divina, a través de la cual Dios decide y quiere que algo exista.
En nuestros Commentaria in primam D. Thomae partem (q. 25) examinamos si, además de ciencia y voluntad, debemos admitir que Dios posee una potencia ejecutora a través de la cual efectúe inmediatamente algo, del mismo modo que el artífice, además de arte y voluntad, posee otra potencia en virtud de la cual ejecuta la obra de su arte.
2. Las dos conclusiones se coligen claramente de las Sagradas Escrituras. La primera se colige de los siguientes pasajes: Proverbios, III, 19: «El Señor creó la tierra con su sabiduría, estabilizó los cielos con su inteligencia; los océanos brotaron de su sabiduría y las nubes se formaron de rocío»; Salmos, CI, 24: «¡Cuán magníficas son tus obras, Señor! Todo lo hiciste sabiamente»; Sabiduría, VII, 21: «El artífice de todo, esto es, la sabiduría, me enseñó»; Jeremías, LI, 15: «Él dispuso el mundo con su sabiduría y con su inteligencia extendió los cielos». La segunda conclusión se colige de los siguientes pasajes: Epístola a los efesios, I, 11: «Obra todo según la decisión de su voluntad»; Apocalipsis, IV, 11: «Tú creaste todo y por tu voluntad todo existió y fue creado»; Génesis, I, 3: «Dijo Dios: hágase la luz. Y se hizo la luz»; Salmos, XXXII, 9: «Él habló y fue así; ordenó y se hizo». Puesto que Dios no mandó a ningún otro que lo ejecutara, su hablar y su orden no significan otra cosa que la determinación y el decreto con conocimiento previo de los que todo surgió de manera inmediata.

Concordia del libre arbitrio con los dones de la gracia y con la presciencia, providencia, predestinación y reprobación divinas. Comentarios al artículo 8 de la cuestión 14. ¿Es la ciencia de Dios causa de las cosas?, 31

Parte primera. Sobre las fuerzas del libre arbitrio para obrar el bien. Comentarios al artículo 13 de la misma cuestión 14

Disputa I. Sobre los errores acerca de la presciencia divina, nuestro libre arbitrio y la contingencia de las cosas, 35

Disputa II. ¿Qué debe entenderse bajo el nombre de «libre arbitrio»?, 45

Disputa III. Sobre el cuádruple estado de la naturaleza humana y de su libertad de arbitrio, cuya libertad también se extiende a las obras humanas sobrenaturales, 52

Disputa IV. Hasta dónde llegan las fuerzas del libre arbitrio en el estado de inocencia, 57

Disputa V. Qué puede hacer el libre arbitrio una vez abandonado el estado de inocencia y sólo con el concurso general de Dios, con respecto a cada una de las acciones que no transcienden un fin natural, 62

Disputa VI. ¿Puede el libre arbitrio, sólo con el concurso de Dios, hacer algo que conduzca a un fin sobrenatural?, 65

Disputa VII. ¿Puede el libre arbitrio, sólo con el concurso general de Dios, otorgar su asentimiento a la fe en relación tan sólo a la substancia de este acto, es decir, un asentimiento puramente natural?, 70

Disputa VIII. ¿Qué asistencia sobrenatural necesita el libre arbitrio para realizar el acto de creer necesario para alcanzar la justificación?, 77

Disputa IX. En Dios está el inicio de la fe y de los demás actos pertinentes para alcanzar la justificación; también se explica en esta disputa en qué medida la justificación y la concesión del propio inicio de la fe dependen de nuestro arbitrio y del concurso de la Iglesia, 82

Disputa X. ¿Confiere siempre Dios auxilios suficientes para alcanzar la fe y la justificación a aquel que hace todo lo que está en él o, por el contrario, a causa de sus graves pecados, a veces se los deniega a alguien?, 87

Disputa XI. También se puede incurrir en pecado de infidelidad, aunque el libre arbitrio no reciba la gracia previniente, 96

Disputa XII. ¿Depende sólo de la gracia previniente que un hombre se convierta y otro no?, 97

Disputa XIII. Sobre la esperanza y por qué no es necesario tratar de la dilección de Dios al margen de la contrición, 108

Disputa XIV. ¿Puede el libre arbitrio, sólo con el concurso general de Dios, realizar la atrición y la contrición de manera substancial?, 109

Miembro I. Parecer común de los escolásticos que responden de modo afirmativo, 109

Miembro II. En el que se explica el parecer contrario y sus fundamentos, 113

Miembro III. Debemos admitir que, entre la dilección eficaz de Dios y la veleidad, puede haber una dilección absoluta ineficaz, 116

Miembro IV. Qué dilección está incluida en la contrición y qué debe decirse sobre la cuestión propuesta, 122

Miembro V. En el que se refutan las objeciones contra el parecer común de los escolásticos, 126

Disputa XV . En la que se expone el parecer de algunos Concilios antiguos sobre lo que hemos dicho hasta ahora y se demuestra la libertad de arbitrio para realizar cada una de las acciones sobrenaturales, 132

Disputa XVI. Sobre las fuerzas del libre arbitrio para cumplir toda la ley, incluida la que obliga bajo pecado venial, 140

Disputa XVII. Sobre las fuerzas del libre arbitrio para cumplir toda la ley que obliga bajo pecado mortal y para cumplir cada una de sus partes, 142

Disputa XVIII. En la que explicamos, en función de lo que hemos expuesto en las dos disputas anteriores, algunos testimonios de las Sagradas Escrituras que parecen negar la libertad de arbitrio, 148

Disputa XIX. Sobre las fuerzas del libre arbitrio, sólo con el concurso general, para no sucumbir en cualquier momento a las fuertes tentaciones y para superar cada una de las restantes dificultades puramente naturales, 150

Miembro I. En el que explicamos dónde radica la dificultad y ofrecemos el primer parecer sobre la misma, 151

Miembro II. En el que presentamos el segundo parecer sobre esta cuestión, 154

Miembro III. Qué se puede aducir contra el primer parecer y en pro del segundo, 161

Miembro IV. Razones en pro del primer parecer y contrarias al segundo, 166

Miembro V. Qué puede responderse a las razones aducidas contra el segundo parecer, 167

Miembro VI. Qué debe pensarse sobre la dificultad propuesta y refutación de los argumentos propuestos contra el primer parecer, 170

Disputa XX. Cómo conciliar la potencia para evitar en cada caso cada uno de los pecados, tanto veniales, como mortales, con la impotencia para evitarlos todos en conjunto, 176

Disputa XXI. En la que explicamos otros pasajes de las Sagradas Escrituras y mostramos que no son contrarios a la libertad de arbitrio, 184

Disputa XXII. En la que explicamos el parecer de San Agustín acerca de la libertad para hacer el bien que perdimos por el pecado del primer padre, 186

Disputa XXIII. En la que demostramos la libertad del arbitrio humano, 192

Miembro I. En el que presentamos razones basadas en la luz natural, 192

Miembro II. En el que explicamos lo mismo con testimonios de las Sagradas Escrituras, 195

Miembro III. En el que demostramos la misma verdad con pasajes de los Sagrados Concilios, 198

Miembro IV. En el que demostramos que el parecer de los Padres sobre el libre arbitrio es el mismo, 199

Disputa XXIV. En el instante en que la voluntad quiere algo, ¿es libre para no quererlo o rechazarlo y viceversa?, 218

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