Luis de Molina (1535-1600)Concordia del libre arbitrio, Oviedo 2007

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Luis de Molina

Concordia del libre arbitrio. Parte sexta

Sobre la providencia de Dios

Traducción, introducción y notas de Juan Antonio Hevia Echevarría
Biblioteca Filosofía en Español, Fundación Gustavo Bueno, Oviedo 2007, páginas 559-585
 

Luis de Molina, Concordia del libre arbitrio, Oviedo 2007, parte sexta Artículo I. Disputa I. En la que disputamos qué es la providencia y si Dios la posee.
1. Para que sea evidente qué es la providencia, debemos saber que en las cosas podemos reconocer un doble orden en lo que respecta a la cuestión que estamos tratando. Pues las propias cosas pueden guardar entre sí un orden en ausencia de un fin, aunque se ordenen de este modo a causa de un fin. Este es el orden que las partes de una casa mantienen entre sí; pues los cimientos constituyen la base de la casa, el tejado la parte superior y las paredes la parte intermedia. Este también es el orden que los cuerpos simples mantienen en este universo, que a partir de ellos recibe su unidad; en efecto, los cuerpos más perfectos se sitúan en los lugares más nobles. El segundo orden es el que las cosas mantienen con respecto a un fin, ya sea un fin común a todas las cosas –como la manifestación de la bondad, la sabiduría, la potencia y la justicia divinas–, ya sea un fin particular.
La concepción del primer orden se denomina «disposición en la mente del artífice»; pero el propio orden mandado ejecutar se denomina «disposición de las cosas entre sí o de las partes en su totalidad». La concepción del segundo orden con el propósito de ejecutarlo se denomina «providencia». Por tanto, la providencia divina no es otra cosa que la razón o concepción de un orden de cosas en relación a sus fines y que se encuentra en la mente divina con el propósito de mandarlo ejecutar por Él mismo o por intervención de causas segundas, o bien, como define Boecio en De consolatione philosophiae (IV, prosa 6), es la propia razón divina constituida en príncipe máximo de todas las cosas y que dispone todo. Pero no se refiere, como lo interpreta Santo Tomás en este pasaje, a la disposición que acabamos de explicar, sino a la disposición de las cosas en razón de sus fines. Pues la palabra «disposición» suele usarse de las dos maneras, como dice Santo Tomás.

Parte sexta. Sobre la providencia de Dios. Comentarios a la cuestión 22 sobre la providencia

Artículo I, 559

Disputa I. En la que disputamos qué es la providencia y si Dios la posee, 559

Disputa II. ¿Alcanzan siempre las cosas el fin al que la providencia divina las ordena?, 561

Artículo II. ¿Está todo sujeto a la providencia divina?, 574

Artículo III. ¿Provee Dios todas las cosas con inmediatez?, 576

Artículo IV. ¿Impone la providencia divina una necesidad a las cosas provistas?, 576

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