Filosofía en español 
Filosofía en español

intelectuales

los intelectuales

1894

«Vamos pues a ocuparnos de estas enfermedades literarias de la decadencia. Por lo que toca a París y para el estudio dividiremos los enfermos en tres clases: 1ª Los intelectuales puros que son solamente neurosténicos o degenerados superiores. 2ª Los sensitivos degenerados, que son ya vesánicos, melomanos, o megalómanos algunos de ellos. 3ª Los extravagantes furiosos. Los intelectuales son los psicólogos ipsuistas, neo-cristianos, etc. Los sensitivos son los simbolistas, decadentes y delicuescentes. Los extravagantes, son los macabraicos, demoníacos, magos, ocultistas, blasfematorios, etc. Por lo que toca a Alemania y a Rusia, comprenderemos estas enfermedades en dos estudios más: El Neobudismo germánico y El Nihilismo ruso.»
«Preguntadles “¿qué es el Magismo?” y os responderán pontificialmente “La Suprema Cultura, la síntesis después de todos los análisis. El más alto resultado de la hipótesis surgiendo de todas las comprensiones. El patriciado de la inteligencia, el conocimiento de la Ciencia y del Arte unidos. En fin, el patrimonio de los espíritus superiores a través del tiempo, del lugar y de la raza, siempre conservado”. Esto es la fórmula suprema que deseamos todos los intelectuales, y esto lo proclaman 5 individuos que jamás hicieron ni un análisis ni una síntesis, que jamás estuvieron en un laboratorio y ni siquiera saben como se hace para empezar una experimentación, ni para formular una hipótesis, gente que no han, no ya brillado, ni tan solo figurado, en Arte, ni en Ciencia alguna. Que esto lo dijeran Berthelot, Tyndall, Sir John Lubbok, Charcot, Nietske, o un Renán, un Spencer, un Darwin, o solamente un Ibsen o un Dumas, pero lo dicen quienes nada saben, nada piensan, nada crean, y quieren erigirse en aristocracia intelectual y consagrarse y pontificar… ¡zuf! Preferimos la democracia literaria con todos sus vulgarismos naturalistas.» (Pompeyo Gener, Literaturas malsanas, estudios de patología literaria contemporánea, Fernando Fe, Madrid 1894 [marzo], págs. 187-188 y 250-251.)

«Subyugado por aquella entonación cariñosa, Guillermo templó su exaltación, y siguió defendiendo su teoría con algo de queja resignada, que busca consuelo. –No, no. Dejemos todo lo personal. No hay que recurrir a ello para confesar que así es la vida. Los tipos intelectuales, no sólo carecen de precio en nuestro mercado, como si dijéramos, sino que ellos mismos se inutilizan casi siempre, faltos de experiencia real, de ese tino que pide el comercio del mundo para saber aprovechar las ocasiones, y aun faltos también de cierta flexibilidad de espinazo, de gustos y de sumisión, que se requiere para hacer camino… No, mire usted. Un intelectual es un refinado: tiene su orgullo, muy inocente por otra parte, y no tolera roces ni imposiciones, ni comunidad de vida con los que valen menos que él. Se aisla y, por tanto, se condena a perpetua inferioridad positiva. Es, además, un ser débil. Le teme al bullicio, al estruendo, a las grandes conmociones; y por caso raro, siendo el producto superior de la evolución moderna, es el que menos sirve para la lucha social.» (Rafael Altamira, «Fatalidad»; en Rafael Altamira, Tomás Carretero y Juan Ochoa, Novelas, Ricardo Fé, Madrid 1894 [mayo], págs. 32-33.)

«En una de las anteriores crónicas dimos cuenta de las conferencias dadas por el Sr. Oloriz acerca de la "Distribución geográfica del índice cefálico en España", añadiendo que las conferencias eran nuncio y prólogo de un libro en que presentaría desarrollado todo el magno trabajo y la gran labor del catedrático de medicina: el libro acabamos de recibirlo con cariñosa dedicatoria, y del mismo sólo podemos decir lo que cuando las conferencias afirmábamos, que es un trabajo de los que marcan época en la historia cicntiíica de un país. […] Por el interés particular que presenta, daremos a conocer a nuestros lectores uno de los capítulos de la primera parte, que es el relativo a las "circunstancias psicológicas de los sujetos". Se encuentra tan arraigado el convencimiento de que, en la cabeza, el continente se modela sobre el contenido y uno y otro se relaciona con las facultades anímicas de los sujetos, que muchas personas cultas no comprenden la utilidad del estudio de la cabeza en el vivo como no sea para deducir las circunstancias psicológicas de los individuos; pero, aun sin caer en estos exclusivismos, que son sin duda reminiscencias de la popular escuela frenológica, es innegable la relación de tamaño y forma generales entre la cabeza viva y el encéfalo, y es racional suponer que si el volumen y la conformación de éste se modifican por la influencia de los agentes psicológicos, tal modificación trascienda al exterior y determine modificaciones en la forma general del cráneo. […] En los hombres honrados u ordinarios es difícil hacer una clasificación psicológica, y más difícil todavía hacer en cada individuo el examen necesario para clasificarlo, por lo cual, ateniéndose el Sr. Oloriz a los datos sobre los reclutas madrileños que forman una serie numerosa y bastante uniforme, y reconociendo desde luego lo incierto de muchos de estos datos, ha reunido los reclutas en tres grupos: los que se dedican habitualmente a trabajos intelectuales, como estudiantes, escribientes, taquígrafos, empleados, etc., los obreros o que tienen oficios manuales, como carpinteros, albañiles, pintores, etc., y los que ejercen profesiones mixtas e inclasificables, como domésticos, cocheros, etc. En términos muy generales puede admitirse que la cultura, por lo que se refiere a lo psicológico, y la comodidad y holgura de la vida por lo que influye en lo físico, serían mayores en el primer grupo que en el segundo e intermedio a los otros dos en el tercero, y que la comparación de los índices cefálicos medios de los tres grupos podía dar alguna luz acerca de la influencia combinada de la cultura y la posición social sobre la forma general de la cabeza. Así, se ve que la talla es más elevada en los intelectuales (1,622) y el índice más alto (78,26); siguen los mixtos, en ambos caracteres, y por fin los obreros con menos talla (1,614) y menos índice (77,83).» (Luis de Hoyos Sainz, «Crónica científica», La España Moderna, Madrid, julio 1894, año VI, nº LXVII, pág. 139.)

«Él era, como se ve, el indómito impulsivo de otras veces, el de Paraná, el de después, el de toda la vida: un intelectual entusiasta, pero dada su estructura íntima, jamás un intelectual austero.» (Lucio Vitorio Mansilla, Retratos y recuerdos, Pablo E. Coni e Hijos, Buenos Aires 1894 [30 octubre], pág. 256.)

1896

«Senado. Vicepresidentes. […] conde de Torreanaz, un intelectual, un respetable, un veterano en las luchas del partido conservador, digno hace tiempo de la cartera.» (Nuevo Mundo, Madrid, 25 de junio de 1896, pág. 9.)

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1897

«El público que asiste a algunas de las conferencias parece escogido de entre lo más selecto de la ciencia, de la política y de la literatura. La aristocracia social ha respondido al llamamiento de la aristocracia de los intelectuales, y por las tardes, a la hora de comenzar la conferencia de turno, larga fila de coches va deteniéndose en la calle del Prado, para dejar a la puerta del Ateneo a las damas más linajudas y más encopetadas.» («Emilia Pardo Bazán en el Ateneo», El Liberal, Madrid, miércoles 27 de enero de 1897.)

«La fisonomía del anciano no era la de un hombre cualquiera: era la del que hoy, con mejor o peor gramática, se llama un intelectual. Un hombre de talento, que por los años y la miseria había venido a menos y estaba a punto de no ser nada. Como que tendría unos setenta y cinco años» (José Echegaray, «Las últimas rosquillas; apuntes para un cuento», El Liberal, 16 mayo 1897.)

«Y el caso es que vulgo, es todo el mundo aquí en España en este punto. Seguimos como en los tiempos de Fígaro. Escribir cosas modernistas en España, es escribir para unos cuantos jóvenes educados en Francia o Inglaterra. Se han hecho ensayos, se hacen, se seguirán haciendo; pero estériles. ¡Váyale usted al castellano viejo con comiditas en francés, y sin puchero! ¿Se llegará por fin? ¿Llegará un día en que se aumente el número de los intelectuales, los espíritus enfermos del mal del siglo, que se interesen en nuestra patria por este modalismo?» (Gil Blas de Santillana, «Academias, por Carlos Reyles», El Día, Madrid, martes 15 de junio de 1897.)

«Hace algunos años que Letamendi púsose enfermo y la dolencia amenguó su actividad prodigiosa. Cesaron aquellas veladas que organizara el insigne médico en obsequio de sus compañeros; interrumpió sus discursos; tuvo que alejarse de los centros donde se reúnen los intelectuales, y empezó como lenta agonía la disminución de los trabajos heterogéneos, a los cuales ha puesto ayer la muerte eterno fin.» («El Dr. Letamendi», El Globo, Madrid, miércoles 7 de junio de 1897.)

«Para [Rafael] Delorme. Lo que ofrece Blasco. Tras de Benlliure, Blasco: uno con el cincel y el otro con la pluma vienen a perpetuar la memoria de un intelectual que fué al mismo tiempo un hombre bueno y de este modo se justifican estas frases dichas el otro día por nuestro querido Dicenta: no sólo debe de glorificarse a los grandes que tras la lucha triunfan, sino tambito a los hombres de alma grande, que sucumben antes de llegar.» (El País. Diario republicano-socialista-revolucionario, Madrid, viernes 3 de diciembre de 1897.)

«Los intelectuales son, por naturaleza y por obra de la especialidad de su trabajo, hombres de condición particularmente excitable, para quienes todo rozamiento conviértese en rudo choque, cualquier alfilerazo en terrible herida. El desgaste nervioso que esto les ocasiona prodúceles cierto temor a las causas de que procede, y origina en ellos un principio de retraimiento. Por otra parte, la superioridad que en sí mismos reconocen respecto de la masa –cuyos cuidados y apetitos repugnan por groseros y vulgares, o por conturbadores del reposo que exige la producción artística– apártanlos igualmente, creando en ellos un cierto misantropismo, más o menos acentuado; pero como ese apartamiento es imposible en todo rigor la mayor parte de las veces; como la misma sociedad de que huyen por un lado les atrae por otro, ya con necesidades ineludibles, ya con problemas de extraordinario interés intelectual, esa doble corriente, ese continuo choque, ese disgusto de lo real, ese gasto constante y excesivo de fuerzas, les hacen desear más y más el reposo, la paz del alma, y a ella tienden, ora buscándola por diversos caminos, ora tan sólo apeteciéndola como cosa inasequible.» (Rafael Altamira, «La literatura del reposo», Album Salón, Barcelona, 19 de diciembre de 1897, año I, nº 5, pág. 51.)

1898

Emile Zola, J'Accuse
Émile Zola, «J'Accuse…!», L'Aurore, París, jueves 13 de enero de 1898.

«Sin duda habría bastado, a un espíritu libre y despreocupado, observar que un clerical argentino ama más a un clerical chileno que a un masón argentino; que un socialista chileno odia a su amo chuleno y mira como hermano a un socialista argentino; que un intelectual chileno ama a un intelectual argentino y odia a un burgués chileno; que un capitalista argentino asocia su capital en un sindicato de capitalistas chilenos antes que asociarlo en una cooperativa de obreros argentinos.» (José Ingegnieros, Cuestión Argentino-Chilena. La mentira patriótica, el militarismo y la guerra, Librería Obrera, Buenos Aires 1898, pág. 21.)

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1919

«Puesto que los asuntos humanos no son válidamente regulados más que por la inteligencia humana, pertenece a los intelectuales, ante todo, la intervención para preparar el reino del espíritu.» («La internacional de los intelectuales. El manifiesto del grupo “Claridad”».)

1921

«El papel de los intelectuales. Tal es la situación actual en el mundo: por un lado, todo es peligro; por otro, se hallan elementos que dan esperanza. ¿Cómo pueden traducirse en triunfo definitivo nuestros anhelos, por el advenimiento de un mejor orden de cosas? Las sombras se disiparán; la verdad y la justicia vendrán a esta tierra cuando los intelectuales de todos los países reconozcan su papel y lo cumplan. El término medio entre nuestro problema y su solución, está en un nuevo tipo de intelectual. Ahora bien: ¿cuál es el tipo de intelectual que requieren los tiempos y cuál el papel que debe desempeñar? […] Intelectuales de panteón […] Intelectuales de campaña […] Si en la época del Renacimiento los “Humanistas” vinieron a reemplazar a los antiguos “Escolásticos”, substituyendo los textos originales de la cultura helénica por las trilladas traducciones latinas, ya es tiempo que los intelectuales modernos abran el texto originalísimo de la vida misma y estudien por fin al hombre y sus problemas vitales, no con el antiguo propósito de hacer literatura, sino con el de alcanzar soluciones. […] Algunos intelectuales franceses han dado hace poco tiempo un bello ejemplo a todo el mundo literario, constituyéndose en grupo que han designado “Claridad”, cuya finalidad es propender al desarrollo de un intelectualismo de campaña, de tipo que acabo de bosquejar. Últimamente, ellos han hecho un llamamiento a los intelectuales de todos los países latino-americanos solicitando que se solidaricen con su labor. Por mucho que uno pueda discrepar de ciertos artículos del credo de “Claridad”, tal como lo expone Enrique Barbusse en su libro El Resplandor en el Abismo, es deber de todo hombre educado, apoyar la noble campaña que han iniciado él y Anatole France para despertar la conciencia adormecida de los intelectuales del mundo y arrostrar los problemas actuales de la sociedad.» («Los intelectuales y los nuevos tiempos.» Conferencia pronunciada por el Dr. Juan A. Mackay, en el Teatro de Cajamarca, el 16 de Noviembre de 1921, Mercurio Peruano, Lima, marzo de 1923.)

«En Méjico se celebra actualmente la Asamblea organizada por la Federación de intelectuales iberoamericanos.» («La Federación Ibero Americana», El Sol, Madrid, 29 octubre 1921.)

1923

«El eminente Varona ha sugerido la idea de una práctica y más estrecha unión entre los intelectuales de América. […] Tienen la palabra los intelectuales de América.» (Edwin Elmore, «Idea de un Congreso de Intelectuales Hispano-Americano», Mercurio Peruano, Lima, marzo de 1923.)

1924

«No puede ser más diáfana, en las palabras trascritas, la visión del emparedamiento que amenaza a la personalidad hispánica entre lo que el Sr. Elmore llama la idea francesa y la idea yanqui. Para defenderse de esa doble presión pide un Congreso libre de intelectuales hispanoamericanos (lo de latinoamericanos, como aparece en el título de Social, es probablemente una errata, porque ese concepto comprende, no sólo los pueblos de lengua castellana y portuguesa, sino también los de lenguas francesa e italiana, lo que contradice el pensamiento del Sr. Elmore). Libre, es decir, fuera de todo patrocinio oficial. Y de intelectuales, es decir, restringiendo este equívoco y a veces presuntuoso vocablo a su acepción corriente: de hombres de letras. Porque si intelectual es toda persona dedicada a una de las llamadas profesiones liberales, sería absurdo que en el Congreso propuesto se reuniesen arquitectos, ingenieros, farmacéuticos y todas las demás carreras, incluso sacerdotes y militares, que tampoco son oficios manuales. Todas estas profesiones típicamente técnicas podrían celebrar reuniones hispanoamericanas especiales, como hace poco hicieron los médicos en Sevilla, con plausible ejemplaridad.» (Luis Araquistain, «Un congreso de escritores», El Sol, Madrid, 21 de noviembre de 1924.)

1925

«Tenemos, sin duda, mucho bueno que hacer de acuerdo con España; pero, ello jamás saldrá de Congresos de "intelectuales" –vaga designación, reducida ya a "escritores" por el propio Araquistain– sino de proposiciones concretas, previamente formuladas por las instituciones que ya existen.» (Leopoldo Lugones, «Un Congreso libre de trabajadores intelectuales», El Sol, Madrid, 16 abril 1925.)

«Muchos de los trabajadores intelectuales –abogados, médicos, catedráticos, ingenieros, escritores, &c., &c.– militan ya en el Socialismo, pero son bastantes más que los militantes los que faltan. Y este es el objeto del presente artículo.» (Juan Sánchez-Rivera, «El Socialismo y los “intelectuales”», El Socialista, Madrid, 1 mayo 1925.)

«Al manifiesto de los intelectuales fascistas italianos ha seguido el de los antifascistas, que lleva al pie cuarenta y una firmas, de las cuales las más conocidas en España nos parece que son las de los Sres. Amendola, Bracco, Sem Benelli, Benedetto Croce, Einaudi, Guillermo Ferrero, Giacosa, Matilde Serao y Guido Villa.» (Leopoldo Lugones, «Los intelectuales antifascistas», El Sol, Madrid, 6 mayo 1925.)

1926

«En los actuales momentos, cuando todavía se comenta y se deplora en toda la América la trágica desaparición, en plena juventud, del brillante escritor peruano Edwin Elmore, abatido a balazos recientemente por el gran poeta Santos Chocano, cuya celebridad como bardo se va eclipsando bajo las sombras que proyectan sobre su personalidad varios hechos criminales y delictuosos, Cuba Contemporánea estima oportuno y de gran interés recoger en sus páginas todos los datos, antecedentes, documentos y cartas –en su mayor parte inéditos– relacionados con la celebración del Congreso Iberoamericano de Intelectuales que, por iniciativa del malogrado Elmore, iba a efectuarse en La Habana con la cooperación de casi todas las más ilustres personalidades hispanoamericanas.» […] «Entre las ideas que venía cultivando, mal que bien, antes de que se abriera en mi vida intelectual el paréntesis a que me refiero, tal vez la que yo más quería era la idea de cohesionar y homogeneizar, en lo posible, el pensamiento de nuestros intelectuales de nota.» («El proyecto de un Congreso Iberoamericano de Intelectuales», Cuba contemporánea, La Habana, enero y febrero 1926.)

1930

«Los intelectuales castellanos han reconocido, con su sola presencia en Barcelona, el hecho diferencial de Cataluña que venían proclamando los catalanes. Los intelectuales catalanes han demostrado a su vez, por el solo hecho de invitar a los castellanos a un acto de confraternidad, que creían posible la solución, dentro del Estado español, del reconocimiento de su personalidad. La solución era armónica: Variedad dentro de la unidad. Ni asimilismo ni separatismo.» (Antonio Puges, «Un libro de Cambó publicado clandestinamente durante la Dictadura», Estampa, Madrid, 15 de abril de 1930.)

1931

«En España, más que en ningún otro pueblo, la intervención de los intelectuales en la política constituye un grueso problema. La crítica es una función peculiarísima de la inteligencia como tal, y desde 1898 apenas si ha circulado por la vida española otra cosa que crítica. Ha sido el período de los intelectuales. En que se han presentado ahí, con una voz y un escalpelo. Como frente a ellos no ha existido sino un régimen en declive, en franca huida, su tarea crítica encontró aceptación en sectores populares, consumándose de este modo la gran faena de edificar negaciones.» (Ramiro Ledesma Ramos, «Los intelectuales y la política», La Conquista del Estado, Madrid, 11 de abril de 1931.)

«La Unión Internacional de Escritores Proletarios Revolucionarios (Sección Iberoamericana), la Federación Hispanoamericana de Estudiantes, los intelectuales y hombres públicos españoles que suscriben protestan enérgicamente contra la prisión y la amenaza de fusilamiento de los subditos suizos, miembros de de la Secretaría Sindical Panpacífica, por las autoridades del Gobierno de Nankin, y en nombre de los principios universales de justicia y libertad, piden su liberación inmediata.» («Una protesta internacional contra la amenaza de muerte del gobierno de Nankin a unos pacifistas suizos», Madrid, septiembre de 1931.)

1932

«Por todo esto es necesario restituir a la palabra «intelectual» su valor verdadero; y nosotros, socialistas, debemos encargarnos de ello. Nuestra posición interesante y de conveniencia estaría aquí. Trabajadores, primero. Y después, trabajador intelectual; trabajador de la inteligencia. Que podía ser trabajar la inteligencia para hacerla aprovechable y dúctil, o trabajar con la inteligencia para el logro de fruto. Pero de cualquier modo, trabajar. Así la palabra «intelectual» sería prestigiada, y el verdadero intelectual sería también verdadero socialista, verdadero trabajador.» (Segundo Serrano Poncela, «Intelectual en España», Renovación, Madrid, 26 de marzo de 1932.)

1934

«Tal es para mí el punto esencial: el intelectual tiene necesidad de la clase obrera para conocerse a sí mismo completamente. Y como el obrero tiene necesidad del intelectual para pensarse a sí mismo, existe entre uno y otro una rigurosa relación de reciprocidad.» (Ramón Fernández, «Carta abierta a André Gide», publicada en Nouvelle Revue Française, abril 1934, traducida en Nueva Cultura, marzo 1935.)

1935

«Estas mujeres de Noreste, intelectuales de España, también intentan plasmarse en su obra, pero nada tan lejos de ser un hecho de plenitud histórica verdadera. Su problema es el de un exhibicionismo superficial a “flor de cutis”, con la vanidad de señoritas de provincia metidas a intelectuales.» (Manuela Ballester, «Mujeres intelectuales», Nueva Cultura, 5:15, junio-julio 1935.)

«Los intelectuales antifascistas de Alicante escriben a Nueva Cultura» (NC, 6:16, agosto-sept 1935.)

«Se ha producido en la política española un escándalo ante el cual la República ha demostrado su eficacia.» Unamuno, Baroja, Castrovido, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Américo Castro, M. Ciges Aparicio, Gonzalo R. Lafora, E. Oliver Pascual, M. Sánchez Arcas, José F. Montesinos, José Bergamín, Corpus Barga. («Un manifiesto. Los intelectuales y la política», 30 octubre 1935.)

«Un movimiento internacional actúa, con vigor creciente, en apoyo moral del pueblo de Etiopía y en protesta contra la vejación que le amenaza.» Teófilo Hernando, Antonio Machado, Fernando de los Ríos, Ángel Ossorio y Gallardo, Roberto Castrovido, Alvaro de Albornoz, Rafael de Buen, Luis Jiménez de Asúa, Federico García Lorca. («Un generoso manifiesto de los intelectuales españoles. Nadie tiene derecho a destruir vidas, bienes e instituciones por el gusto de ejercer una política imperialista, arbitraria y dominadora», 6 noviembre 1935.)

«Los intelectuales del Comité pro Etiopía han publicado un manifiesto regocijante. Nos invitan a todos a ser etíopes. Menos mal que así no gastaremos zapatos. Y eso que entre los firmantes figura García Lorca, autor de La luz de zapatero o como se titule esa tontada.» (Gracia y Justicia, órgano extremista del humorismo popular, Madrid, 9 de noviembre de 1935, pág. 8.)

«Los intelectuales españoles en esta hora» (Nueva Cultura, 9:2-3, diciembre 1935.)

1936

Pocas horas después de producirse en España el alzamiento del 18 de julio, la Alianza de Intelectuales Españoles para la Defensa de la Cultura manifiesta su adhesión al gobierno del Frente Popular:

«Entusiasta adhesión de la Alianza de Intelectuales Españoles. La Alianza de Intelectuales Españoles para la defensa de la cultura manifiesta públicamente su entusiasta adhesión al Gobierno del Frente Popular, que, defendiendo victoriosamente a España contra el fascismo, defiende la libertad y el prestigio de la inteligencia y la cultura españolas. –Por el Comité nacional, Ricardo Baeza, Wenceslao Roces, Carlos Montilla, Rafael Alberti, Miguel Pérez Ferrero, Arturo Serrano Plaja, Gustavo Durán y José Bergamín.» (Heraldo de Madrid, lunes 20 julio 1936, pág. 7.)

«La Alianza de Intelectuales se adhiere al Gobierno. Nos comunican que del día 18 al 19, el Gobierno del Frente Popular ha recibido una adhesión concebida en términos parecidos a éstos: La Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura se adhiere con todo entusiasmo al Gobierno del Frente Popular considerando que la lucha victoriosa contra el fascismo, finalidad fundamental de esta Alianza, defiende el prestigio de la inteligencia y de la cultura española. Firman esta adhesión, por el Comité Nacional: Ricardo Baeza, escritor; M. Sánchez Arcas, arquitecto; Carlos Montilla, ingeniero; Gustavo Durán, músico; Wenceslao Roces, catedrático; Arturo Serrano Plaja, escritor; Rafael Alberti, poeta; Eugenio Imaz, escritor; Miguel Pérez Ferrero, periodista; José Bergamin, escritor.» (El Sol, Madrid, domingo 26 de julio de 1936, pág. 3.)

Pocos días después tal Alianza de Intelectuales ha trocado «españoles» por «antifascistas»: la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura (con domicilio en Castellana 18, Madrid) se da a conocer con un «Manifiesto de la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura» (publicado por La Voz, de Madrid, el 30 de julio de 1936, junto con los nombres de 61 primeros firmantes; adviértase que en el título dice escritores y no intelectuales), y en pleno impulso institucional se le asigna el incautado palacio de los marqueses de Heredia Spínola, que se convierte en nueva sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura (calle Marqués del Duero 7, teléfono 52713): el mismo agosto ya dispone de una hoja semanal llamada El Mono Azul, cuyos responsables eran María Teresa León, José Bergamín, Rafael Dieste, Lorenzo Varela, Rafael Alberti, Antonio R. Luna, Arturo Souto y Vicente Salas Viu (El Mono Azul, nº 4, Madrid, 17 septiembre 1936).

«Defensa de la cultura. La Alianza de Intelectuales Antifascistas no es un organismo acabado de nacer al calor de esta espléndida llamarada liberadora que vivimos. Desde antes, desde años atrás, muchos de sus miembros militaban en la Asociación de Escritores Revolucionarios, cuya sede estaba en Moscú. Pasado el tiempo, ante el avance fascista, que representaba la persecución intelectual por los nazis y las diferencias surgidas en el campo de la inteligencia en todos los países, los escritores de las diferentes tendencias del pensamiento se reunieron en París, celebrando un amplio Congreso en julio de 1935. De esta gran asamblea salió la necesidad inmediata, inaplazable, de combatir al fascismo en todas sus formas. Con los hombres más ilustres de todos los países se formó un Comité Internacional, con domicilio en París. Constituyeron este Comité André Gide, Tomás Mann, André Malraux, Romain Rolland, Aldous Huxley, Waldo Frank, &c. La Alianza de Intelectuales Antifascistas se honra con el ofrecimiento magnífico de sus secciones internacionales, que se han reunido para desmentir en sus respectivos países las campañas calumniosas de la Prensa reaccionaria. Milicianos: Lo mejor del pensamiento universal mira vuestro heroísmo. La Alianza de Intelectuales Españoles, no un partido político, sino afiliados y simpatizantes de todos los partidos del Frente Popular, reunidos en un solo fervor, os aseguran que mientras quede en pie un muro y un papel siga en blanco, escribirán, sobre la gran verdad española, la inmensa epopeya de nuestra guerra liberadora, la gloria de ser español, y generosamente colaborarán en este frente antifascista, punto de mira y término de acción de la Alianza de Intelectuales.» (El Mono Azul. Hoja semanal de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, Madrid, s.f., s.n. [nº 1, agosto 1936], pág. 1.)

«—Poco a poco, todo esto se va organizando. ¡Tú no sabes lo difícil que es disciplinar a los que nos llamamos «intelectuales»!» (Rafael Alberti, a Sam, en «Los proyectos de la Alianza de Intelectuales Antifascistas», ABC, Madrid, 18 septiembre 1936.)

«Mitin de los intelectuales antifascistas. El domingo se celebró con gran éxito, en el teatro de la Zarzuela, el primer acto público de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Se leyeron romances del Romancero de la guerra civil, por Altolaguirre, Lorenzo Varela, Pla y Beltrán, Gaos, Alberti y Elena Cortesina. Hicieron uso de la palabra José Bergamín, María Teresa León, Bazán, Tierno, Helios Gómez, Miguel Koltzov –en nombre de los escritores soviéticos–, José Last y el subsecretario de Instrucción pública Wenceslao Roces, que pronunció un interesantísimo discurso acerca de sus planes en dicho ministerio, del cual son las siguientes frases: «Los ministerios han dejado de ser organismos oficiales para convertirse en organismos vivos, por donde corre la sangre del pueblo.» Y luego, refiriéndose al problema de las escuelas, dijo que se crearían, a toda costa, todas las necesarias, y que, si se necesitaban 90 millones de pesetas, se reclamaría esta cantidad. Todas las intervenciones de los oradores coincidieren en que la cultura y la labor de los intelectuales debe tener un sentido profundamente popular y estar siempre ligados al pueblo, que es la verdadera fuente de toda cultura y de todo arte. Al final, el público, en pie, cantó La Internacional.» (Milicia Popular. Diario del 5º regimiento de milicias populares, Madrid, 30 de septiembre de 1936, año I, número 57, pág. 4.)

Obreros, campesinos, soldados, intelectuales
«Obreros, campesinos, soldados, intelectuales: reforzad las filas del Partido Comunista», cartel de José Renau Berenguer (1907-1982) para el Partido Comunista de España (1936). José Renau era miembro de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura.

1937

El 4 de julio de 1937 se inauguró, en el salón de sesiones del Ayuntamiento de Valencia, el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, organizado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura.

1938

«¿Quiénes son los máximos responsables de tantos dolores y de tantas desdichas? Para nosotros no cabe la duda: los principales responsables de esta inacabada serie de espeluznantes dramas son los que, desde hace años, se llaman a sí mismos, pedantescamente, “intelectuales”. Estos, los intelectuales y pseudo intelectuales interiores y extranjeros, son los que, tenaz y contumazmente, año tras año, han preparado una campaña de corrupción de los más puros valores éticos, para concluir en el apocalíptico desenlace a que asistimos, como negro epílogo de una infernal labor antipatriótica que, por serlo, pretendía desarraigar del alma española la fe de Cristo y el amor a nuestras legítimas glorias nacionales.» (Enrique Suñer, Los intelectuales y la tragedia española, San Sebastián 1938, 175 págs.)

1945

«Su Santidad llama porfiamente a los intelectuales, es decir, a los hombres de ciencia, a los asiduos cultivadores del saber, a los intelectos iluminados y alumbradores de alta cultura, a los pensadores, a los dirigentes de la humanidad. Que todo esto y nada más que esto viene a significar aquí el vocablo intelectual, tal vez demasiado traído, y no siempre con decoro, por nuestros prohombres de la generación del 98. […] Pocas veces aparece el estilo pontificio tan apremiante y celoso de encender en deseos y obras de apostolado a los intelectuales católicos.» (Luis Rey Altuna, «Llamamiento del Papa Pío XII a los intelectuales», Cristiandad, 15 enero 1945.)

1953

«Es natural y lógico que en un período de transición como el actual surjan intelectuales y políticos inquietos y más o menos legítimamente ambiciosos que, frente a los valores tradicionales en crisis, se dan a la tarea de inventar sucedáneos, fórmulas, panaceas o simples juegos mentales que pretenden elevar a la categoría de sistemas filosóficos y de programas de gobierno.» (Julián Gorkin, «La crisis de los intelectuales y el masoquismo comunista», Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, París, marzo-mayo 1953.)

1954

«¡Trabajadores de la Ciencia, de la Literatura y el Arte! ¡Maestros de la Cultura! ¡Estudiantes! ¡Intelectuales patriotas que deseáis una España independiente y soberana, donde puedan desarrollarse, sin trabas, todos los valores científicos, culturales y artísticos!» […] «Por cuanto los trabajadores intelectuales son una parte integrante del pueblo, la cultura está estrechamente conexionada con los rasgos fundamentales y las peculiaridades del modo de producción de los bienes materiales, modo de producción que condiciona los fenómenos sociales, políticos y espirituales de toda la vida de la sociedad.» (Mensaje del Partido Comunista de España a los intelectuales patriotas, abril 1954.)

«Los intelectuales españoles conquistarán su libertad de expresión y de creación junto pueblo. Crecerán y ascenderán con él. Esta verdad ha penetrado ya en no pocas torres de marfil derrumbándolas, y ha ganado muchas conciencias. Y avanza España adelante. Porque cada vez son más los convencidos de que el servicio al pueblo, a lo progresivo, no empequeñece al intelectual como interesadamente se le ha querido hacer creer, sino que le engrandece; no coarta su libertad de creación sino que la eleva y le da su pleno significado.» (Jesús Izcaray, “El triunfo del hombre. III. La libertad intelectual”, Cuadernos de Cultura, Madrid 1954, nº 16, pág. 15.)

«Lo primero: evitar los errores del anticlericalismo. A este respecto, nosotros comunistas, que nos basamos en la ideología materialista, atea, del marxismo-leninismo, tenemos que decir a todos los intelectuales demócratas que el anticlericalismo es un error grave, cartón y trampa más de una vez del tinglado de la antigua farsa que las clases dominantes contemplaban muy gustosas, ya que desviaba por cauces erróneos algunas de las aspiraciones legítimas de nuestro pueblo.» (Gerardo Medina, “Los intelectuales frente a la ofensiva inquisitorial de la Iglesia”, Cuadernos de Cultura, Madrid 1954, nº 17, págs. 14-16.)

1955

«Todo llama, pues, a la intelectualidad española a ocupar decidida y combativamente el puesto que le corresponde en estos momentos históricos. Y es que, como dijo ante el V Congreso del Partido Comunista de España Dolores Ibárruri: «…los intelectuales “¡Hombres!”, esos hombres con mayúscula a los que corresponde por entero la humana exclamación de Gorki: “¡Hombre! cuán orgullosamente resuena esta palabra”, no pueden resignarse a la miseria intelectual y física a que los ha condenado el franquismo».» (“Los intelectuales en la lucha por la democracia”, Cuadernos de Cultura, Madrid 1955, nº 18, pág. 6.)

1956

«Los pastores de almas debemos preocupamos ciertamente de las masas obreras, que son las más; pero no debemos preocuparnos menos de los intelectuales cuyas ideas, cuyas doctrinas, cuyas propagandas son las que engendran luego y modelan los estados sociales. […] y en nuestra España, en la historia civil y política de los cuatro decenios de 1898 a 1938, veremos cómo la desviación de los intelectuales de las doctrinas católicas trascendió el orden político al implantar una legislación (prescindimos como obispos de la forma de gobierno) fundada en el hecho falso de que España había dejado de ser católica, para desembocar en el trágico vandalismo de incendios de iglesias y monumentos de arte y en fusilamientos de millares de inocentes. […] Asimismo reconoce como un don de Dios la sobredotación intelectual que caracteriza a los llamados intelectuales; pero les exige grande responsabilidad en el empleo y uso de sus privilegiadas facultades. […] Los verdaderos hombres intelectuales imitan a las jerarquías angélicas en su función iluminadora de los inferiores. […] Los Metropolitanos españoles nos creemos en el deber de dirigir un cálido llamamiento a los intelectuales españoles para que sean fieles a su altísima misión de conductores espirituales de un pueblo de tan alta espiritualidad como el hispánico, que trasciende luego, de una manera especial, a veinte pueblos de comunidad de religión, de lengua y de civilización. […] Dios es el Señor de las Ciencias y es quien comunica los dones de ciencia y de sabiduría. Sientan toda la responsabilidad los intelectuales del uso que hagan de los dones recibidos.» («Declaración colectiva de los Metropolitanos Españoles», 1º de abril de 1956.)

1957

«Y mezclados con los restos de la División Azul, ha hecho regresar a algunos de sus militantes convenientemente adiestrados en la URSS. Introduce ahora en España a su artillería pesada, es decir a los intelectuales latinoamericanos que ha paseado durante los últimos años por los países satélites o de Congreso en Congreso. Por España han pasado, entre otros, el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el poeta negro cubano Nicolás Guillén y el poeta brasileño Jorge Amado. El poeta chileno Pablo Neruda, Premio Stalin 1953 y primera figura intelectual del comunismo latinoamericano, les ha dirigido una "carta fraternal" a los poetas madrileños anunciándoles su visita.» (Julián Gorkin, La infiltración comunista en España.

1959

«Los abajo firmantes nos dirigimos a V. E. para exponer nuestro parecer acerca de una cuestión que consideramos trascendental. […] Nosotros pensamos que un paso muy necesario y eficaz en este camino, sería la amnistía general para todos los presos políticos y exilados.» (Los intelectuales españoles piden la amnistía para los presos y exilados políticos, abril 1959.)

«Hace veinte años que términó nuestra guerra civil. Como consecuencia de ello gran número de españoles y entre ellos grandes artistas, viven aún separados de la vida cultural del país. Muchos viven en el extranjero con la esperanza del retorno. Algunos han muerto. Otros, en España están desplazados de sus actividades. Pero el pueblo de España y su historia necesitan de su aportación al quehacer intelectual y al enriquecimiento de la tradición cultural.» (Carta de los artistas plásticos al ministro de Justicia, abril 1959.)

«Junto al pueblo, junto al “simple y duradero” pueblo del que Machado dijo que era lo mejor de España, los intelectuales deben –y están demostrando que pueden y saben– desempeñar un papel activo en esas acciones decisivas que se avecinan.» (Significado de un homenaje, mayo.)

1960

«La presente carta, escrita desde distintas dedicaciones intelectuales –novela, poesía, teatro, ciencias, filosofía, ensayo, cinematografía, publicismo, &c.– y también desde distintas convicciones ideológicas, está motivada, sobre todo, por la zozobra, próxima a la exasperación, a que se ve sometida nuestra labor por un sistema de intolerancia, confusión e indeterminación. Nos referimos, de modo especial, al problema que nos plantea la existencia de la censura, problema muy agudo puesto que entorpece el desarrollo de nuestro trabajo.» («El problema de la censura» / «Contra la censura» / [ Protesta contra la censura de más de 300 escritores, artistas e intelectuales españoles ], Madrid 26 de noviembre de 1960.)

1961

«Los abajo firmantes, desde distintas convicciones ideológicas, se dirigen al Secretariado de la Conferencia de Europa Occidental por la Amnistía de los presos y exiliados políticos españoles, para declarar su sentimiento de solidaridad con los fines humanitarios que en esa Conferencia se proponen.» (Un mensaje de adhesión a la Conferencia por la Amnistía firmado por ciento cincuenta intelectuales españoles, marzo 1961.)

1963

«…que quizá se dirigen a nosotros en nuestra calidad, pública y visible, de intelectuales que han manifestado en más de una ocasión su postura humanista, […] ruego que elevamos a V. E. sin otros títulos que los que nos confiere nuestra condición de intelectuales, atentos a la vida y a los sufrimientos de nuestro pueblo.» (Los intelectuales contra la tortura y por las libertades democráticas / Protesta nacional contra la represión.)

«La valoración de la importancia de los gestos de los intelectuales debe guardar proporción con una fundamentación rigurosa de los motivos que los originen. Cuando ello no sucede, y el gesto de los intelectuales es, en sí mismo, más importante o espectacular que los hechos mismos, por ser éstos falsos o inexactos, es evidente que dichos intelectuales son utilizados al servicio de una campaña política, voluntaria o involuntariamente, con desprecio del prestigio de su condición y como meros peones en el tablero de un juego cuyos tácticos permanecen al margen o están infiltrados entre los mismos.» (Fraga Iribarne rebate las acusaciones de un grupo de intelectuales.)

«Cuanto antecede justifica nuestra actitud como intelectuales y como ciudadanos en este caso…» (Nuevo escrito dirigido por 188 intelectuales españoles de todas las tendencias al Ministro de Información Fraga Iribarne · Madrid 31 octubre de 1963.)

1965

«Dos grupos muy diferenciados dentro de esas capas medias son los intelectuales y los estudiantes. No es necesario subrayar la importancia de su acción política en los años últimos, en la fase actual y en la que se abrirá con la liquidación del franquismo.» (Intelectuales y democracia. Documento-plataforma fraccional de Fernando Claudín acompañado de las notas críticas de la redacción de Nuestra bandera.)

1966

«Los abajo firmantes, intelectuales, artistas, profesionales, &c., identificados con los problemas de los trabajadores españoles, nos adherimos plenamente a las justas peticiones formuladas en el documento adjunto.» (Adhesión de los intelectuales al documento de los trabajadores madrileños.)

1967

«La tesis de la Asamblea, como se ve, es que si bien es innegable que el Congreso recibió en el pasado fondos de la CIA (lo que condena explícitamente), la integridad de los intelectuales que han actuado en aquella época en el Congreso y la obra misma de la institución no está en cuestión. Sobre este punto habrán de centrarse sin duda todas las polémicas futuras.» (Emir Rodríguez Monegal, «La CIA y los intelectuales», Mundo Nuevo, París, agosto 1967.)

1968

«En una época en que el número y el papel de los intelectuales en los procesos sociales son radicalmente diversos de lo que fueron hasta no hace mucho, y ello tanto en el plano de las ciencias y las técnicas, de la producción material y de la gestión, de la formación e información de los hombres, como en el de la creación cultural […] NOSOTROS, Intelectuales venidos de 70 países y reunidos en Congreso en La Habana, proclamamos nuestra activa solidaridad con todos los pueblos en lucha contra el imperialismo, y muy particularmente con el heroico pueblo de Viet Nam.» («Llamamiento de La Habana», Pensamiento crítico, nº 12, págs. 3-4.)

1969

«Los progresistas suelen definir a Dios como intelectual de izquierdas. Se trata de una sutileza muy expresiva que nos ha llegado de Francia.» (Manuel Vicent, «Izquierda y derecha de los intelectuales», Madrid, jueves 6 de febrero de 1969.)

«Excmo. Sr. En estos momentos de creciente confusión política, los que suscriben, creen su deber dirigirse públicamente a V. E. para tratar de contribuir, intentando un diálogo nacional, a la necesaria orientación de todos: gobernantes y gobernados.» (Carta al Presidente del Gobierno, diciembre de 1969, Cuadernos para el Diálogo, Madrid, enero 1970, nº 76, págs. 20-21.)

1974

«Escritores, universitarios, artistas españoles, con profundo respeto por gloria universal que para Uruguay y países hispanoparlantes representa figura Juan Carlos Onetti, esperan, como respuesta al compromiso de amparo derechos humanos en todo país civilizado, inmediata liberación suya y periodistas uruguayos simultáneamente detenidos.» («Telegrama expedido en Madrid el 15 de febrero de 1974» | Juan Carlos Onetti, Cuadernos para el Diálogo, marzo 1974.)

«En nuestro número 388, y bajo el título “Tras las huellas de la subversión (desde las aulas hasta el altar)”, publicábamos un documentado informe en el que, entre otras cuestiones, denunciábamos la labor de subversión que se está practicando en diversos colegios religiosos de España bajo la falsa apariencia de nuevos métodos pedagógicos. Como una prueba más de nuestras afirmaciones publicamos hoy el presente escrito, que firman cuarenta y un antiguos alumnos del colegio de Nuestra Señora del Pilar.» («Tras las huellas de la subversión», Fuerza Nueva, Madrid, 29 de junio de 1974, pág. 30.)

«Con este texto queremos denunciar el atentado de que han sido objeto Distribuciones de Enlace y las editoriales Anagrama, Barral, Cuadernos para el Diálogo, Edicions 62, Fontanella, Laia, Lumen, Península y Tusquets, así como anteriores atentados y amenazas anónimas contra librerías y editoras…» («Agresiones a la cultura», Cuadernos para el Diálogo, agosto 1974.)

«Con motivo de la sexta edición de José Antonio, biografía apasionada, publicada por Fuerza Nueva Editorial, S. A., los abajo firmantes…» («Homenaje a Felipe Ximenez de Sandoval», Fuerza Nueva, Madrid, 14 de diciembre de 1974, pág. 10.)

1987

50 años después la Generalidad Valenciana organiza en Valencia (15 al 20 de junio de 1987) un Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas (presidido por Octavio Paz y dotado de un Comité ejecutivo formado por Juan Cueto Alas, Joan Fuster, Juan Goytisolo, Fernando Savater, Jorge Semprún, Manuel Vázquez Montalbán y Ricardo Muñoz Suay, impulsor inicial del proyecto). Las Actas, recopiladas por Juan Álvarez Valencia (4 volúmenes, Valencia 1989), ofrecen los textos de las ponencias y las transcripciones de las sesiones y mesas redondas que se celebraron. En las actas aparece publicada la ponencia de Gustavo Bueno, que fue invitado a participar en el Congreso pero que se limitó a enviar un texto tras el que, obviamente, no tenía sentido asistir:

«El primer motivo que cabría aducir para considerar a los intelectuales, en tanto se les reúne en una clase, como impostores en el sentido institucional, tiene que ver, desde luego, con la misma denominación cuya crítica ya hemos llevado a efecto en los párrafos anteriores. Evidentemente, la esfera de aplicación de esta crítica se extiende, no ya a los primeros pasos de la institucionalización del nombre, sino a todos aquellos lugares en los cuales el nombre se mantiene, como es el caso de un “Congreso de Intelectuales de todos los países”. Un “grupo pequeñísimo” que se constituye como tal arrogándose la posesión especial de la inteligencia (formato-1) y hablando en nombre de ella (formato-3) para dirigirse al pueblo, aunque sea para ilustrarlo, es un grupo de impostores, de mediadores, tanto más inadmisible cuanto que dentro de ese pueblo viven individuos cuya “inteligencia” está a veces mucho más ejercitada (como inteligencia científica o tecnológica o práctica) que el intelecto de algunos de los individuos de esta ilustre clase de intelectuales formato-1, muchos de los cuales, a juzgar por sus argumentaciones, acaso no rebasarían los 60 puntos del viejo test de Terman.» (Gustavo Bueno, «Los intelectuales: los nuevos impostores», 1987.)