Filosofía en español 
Filosofía en español

“Escuela de Madrid”

Con anterioridad a la aparición del rótulo “Escuela de Madrid”, diversas personas se refirieron a una escuela filosófica crecida alrededor de José Ortega y Gasset. Por ejemplo, en plena Guerra Civil, lo hace Rosa Chacel en las páginas de Hora de España en abril de 1937:

1937 «Ortega es el primer maestro español que crea una escuela pulcra, coherente, y tenaz; no ha podido pasarle lo que al gran Unamumo, que la sucesión de su obra excelsa se ha corrompido pronto en el discipulaje, minado por la impostura, y no ha podido sucederle, porque recurriendo a la definición anterior, su verdad es luminosa y brutal.» (Rosa Chacel, “La nueva vida de «El Viviente» (sobre las Obras completas de José Ortega y Gasset)”, 1937).

Dos años después, en enero de 1939, José Gaos, recién llegado a México, sostiene también la existencia de una “escuela de Ortega” en “La filosofía en España”, artículo publicado en la revista Letras de México:

1939 «La filosofía tenía en España en 1936 un centro notoriamente principal en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid [...] Este centro estaba constituido principalmente a su vez por Ortega y Gasset, los profesores más cercanos en espíritu, en actividad y en afecto a él, y los discípulos de todos: lo que me atrevo a llamar la escuela de Ortega, porque había una unidad de orientación histórica y doctrina, una común valoración de personas y reconocimiento de jerarquías, y una labor articulada, en muchos casos verdadera colaboración.» (José Gaos, “La filosofía en España”, recogido posteriormente en Pensamiento de lengua española, Stylo, México, 1945).

El propio Gaos empleó el rótulo “escuela filosófica de Madrid” en su artículo “Los transterrados españoles en la filosofía de México”, publicado en 1949 en la revista mexicana Filosofía y Letras:

1949 «Sólo en las Universidades de Madrid y Barcelona se podía hacer la carrera completa de Filosofía, fundamental razón para que se pueda hablar de una escuela filosófica de Madrid y otra de Barcelona.» (José Gaos, “Los transterrados españoles en la filosofía de México”, recogido posteriormente en Filosofía mexicana de nuestros días, Imprenta Universitaria, México, 1954).

Pero el término exacto “Escuela de Madrid” fue acuñado por Manuel Granell, que titula precisamente así un ensayo publicado en Caracas en 1953:

1953 «Mas también latía ahora, tras este primer plano de la Universidad madrileña, una misteriosa incitación. Y desde ella, precisamente, pudiera resumirse lo más vivo y mejor del especial espíritu filosófico de la que me complazco en llamar Escuela de Madrid.» (Manuel Granell, “La Escuela de Madrid”, recogido posteriormente en Ortega y su filosofía, Revista de Occidente, Madrid, 1960).

No obstante, la difusión y popularización del rótulo se debe a Julián Marías, con su libro de idéntico título publicado en 1959:

1959 «He elegido para este libro –de estructura naturalmente abierta y en desarrollo– el título La escuela de Madrid. Esta expresión, que he usado sin demasiada formalidad hace muchos años, ha sido utilizada por Ferrater Mora, en la 4ª edición de su Diccionario de Filosofía, en el mismo sentido, dándole así alguna mayor solemnidad. Creo que designa con fidelidad el núcleo de un esfuerzo filosófico que me parece, hoy como hace diez años, una fecunda posibilidad de vida intelectual.» (Julián Marías, La escuela de Madrid. Estudios de filosofía española, Emecé, Buenos Aires, 1959).

En efecto, José Ferrater Mora indicaba, en la 4ª edición de 1958 del Diccionario de Filosofía, que el nombre había sido propuesto por Marías, quien desde 1946 hablaba –como puede leerse en el prólogo a La filosofía española actual (Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1948)– de una “escuela filosófica” forjada por Ortega, Morente y Zubiri, de la cual se honraba en ser uno de sus últimos eslabones. Puede que Ferrater escuchara la etiqueta “Escuela de Madrid” directamente en boca de Marías durante alguna de sus giras por EE.UU. en la década de 1950. A continuación, reproducimos la entrada “Escuela de Madrid” de la 4ª edición del Diccionario [entre corchetes introducimos los nombres de los miembros que se incorporaron a la entrada en la 5ª edición de 1965]:

1958 [1965] “MADRID (ESCUELA DE). Julián Marías ha propuesto este nombre para caracterizar una serie de trabajos filosóficos que han adoptado como punto de partida el pensamiento de Ortega y Gasset o que, de un modo o de otro, han tomado contacto con dicho pensamiento. Ello no significa que la expresión "Escuela de Madrid" sea idéntica a las expresiones "orteguismo" o "filosofía de Ortega". Es posible considerar como pertenecientes a la Escuela a pensadores cuyas doctrinas filosóficas, en muchos puntos decisivos, son distintas a las propuestas por Ortega. Lo importante es haber participado en el movimiento de renovación filosófica impulsado por Ortega y Gasset y haber mantenido, con éste, la necesidad de que el pensamiento filosófico producido en España esté, según su conocida expresión, "a la altura de los tiempos". En este amplio sentido pertenecen a la Escuela de Madrid filósofos como Manuel García Morente, Xavier Zubiri, José Gaos, María Zambrano, Julián Marías [Luis Recaséns Siches]. No son, sin embargo, los únicos; pueden agregarse a ellos los nombres de José Luis L. Aranguren y Pedro Laín Entralgo [Manuel Granell, Paulino Garagorri, Antonio Rodríguez Huéscar]. En algunos casos, a la influencia ejercida sobre ciertos pensadores por Ortega debe agregarse la de Zubiri; así ocurre, por ejemplo, con Julián Marías y, sobre todo, con Pedro Laín Entralgo [y José Luis L. Aranguren], lo cual no significa, por cierto, que los pensamientos de estos últimos autores sean comprensibles únicamente a base de una combinación de tales influencias. El carácter amplio adscrito a la citada Escuela de Madrid prohíbe justamente semejantes interpretaciones mecánicas. Hay que observar, por lo demás, que el radio geográfico de la Escuela en cuestión se extiende con frecuencia y abarca otros filósofos que han trabajado en parte siguiendo distintas tradiciones: es lo que ocurre con Joaquín Xirau, cuya filiación en la Escuela de Barcelona no le impidió sentirse también vinculado estrechamente con el movimiento filosófico suscitado y desarrollado en Madrid, y que ha tenido durante mucho tiempo como principal -aunque no exclusivo- centro de difusión la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de dicha capital.” (José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, 4ª [5ª] edición, Sudamericana, Buenos Aires).

A partir de la 22ª edición (1970) de su popular manual Historia de la Filosofía (1ª edición de 1941), Marías desdobló el apartado dedicado a Ortega y su filosofía añadiendo el epígrafe “La Escuela de Madrid”.

Julián Marías empleaba el término “Escuela de Madrid”, a sabiendas de que ni era una escuela ni se circunscribía a Madrid, para referirse a un conjunto borroso de filósofos que compartían ser discípulos inmediatos o indirectos de Ortega y Gasset así como un cierto aire de familia a la hora de filosofar, sin perjuicio de que no terminase de aclarar en qué consistía ese aire de familia, pues el sistema filosófico de Ortega –si concedemos que lo hubo (el raciovitalismo o el raciohistoricismo)– poco tiene que ver con las exploraciones ulteriores de Morente, Zubiri, Zambrano o Gaos (por no mentar a Aranguren o Laín Entralgo). A diferencia de otras escuelas filosóficas (la Escuela de Salamanca o la Escuela de Oviedo), no existe un sistema filosófico (el tomismo o el materialismo filosófico) que funcione como nexo de unión entre las partes, más allá del magisterio de Ortega (o de Francisco de Vitoria o de Gustavo Bueno) y de una mínima implantación institucional (la Universidad de Salamanca, la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, la Fundación Gustavo Bueno). Esta circunstancia determina que la consistencia de la “Escuela de Madrid” sea problemática.

1960 «Las cimas del pensamiento, la literatura o el arte se pueden comparar con las de cualquier país, pero el conjunto del «relieve» intelectual español es decididamente insuficiente. […] La filosofía, sobre todo, que ha creado, con el estímulo de Ortega y Gasset, lo que se llama «la Escuela de Madrid». […] Un carácter original y decisivo de toda esta labor de la inteligencia española es que su centro organizador, por decirlo así, es la filosofía. Entiéndaseme bien: la filosofía auténtica se cultiva hoy en España con intensidad y originalidad, pero en volumen muy pequeño (si no se cuenta lo que, en medio de la indiferencia general, se presenta hoy oficialmente como «filosofía»). Lo interesante es que los filósofos han llevado su punto de vista y su método al estudio de otros temas –sociológicos, históricos, literarios, artísticos, científicos–, y al cabo de unos años ha resultado que los cultivadores de estas últimas disciplinas han utilizado constantemente las perspectivas y los métodos de la filosofía –y sobre todo de la filosofía española de hoy– dentro de sus propios campos. Creo que este fenómeno es único en España –en algún grado se ha extendido a Hispanoamérica–, y puede tener mucho alcance para la renovación de las disciplinas de humanidades e incluso de las ciencias de la naturaleza.» (Julián Marías, “La situación actual de la inteligencia en España”, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, París, número 45, noviembre-diciembre 1960).

1963 «Sin perjuicio de la fuerte originalidad y de la potencia creadora de Zubiri las conclusiones, los problemas, muchos de los términos y la atmósfera de este tratado son aristotélico tomistas. El pensamiento de Zubiri tiene muy poco en común con el de Heidegger y, desde, luego, nada con el de Ortega, a quien no cita ni una sola vez. Clasificarlo bajo la etiqueta poco feliz de «Escuela de Madrid» no tiene ni sentido científico ni justificación rigurosa. Es, o puro confusionismo, o un vano e ingenuo intento de transferir a los mediocres epígonos orteguianos algo del vasto prestigio intelectual y de la poderosa magnitud filosófica de Zubiri.» (Gonzalo Fernández de la Mora, “Sobre la esencia, de Xavier Zubiri”, ABC, viernes 1 de marzo de 1963).

1968 «La ‘escuela de Madrid’, aunque su nombre haya ingresado en el Diccionario de Filosofía, de Ferrater Mora, es demasiado tenue e interesaría destacar las grandes afinidades que hay entre sus posibles miembros en busca de suma y continuación. […] La Escuela de Madrid, si llega a consolidarse, ha de ser, por fuerza, un área de tolerancia, un ‘imperio político’ dotado de interés por lo ajeno y distinto, y sin que una estimación suponga –con tosco ‘espíritu de partido’– otras desestimaciones.» (Paulino Garragorri, Unamuno, Ortega y Zubiri en la filosofía actual, Plenitud, Madrid, págs. 196 y 202, 1968).

1991 La Escuela de Madrid. Un ensayo de filosofía, José Luis Abellán y Tomás Mallo, Asamblea de Madrid, Madrid.

 
Sobre la Escuela de Madrid en el proyecto Filosofía en español

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