José Téllez
Metafísica y ética de Platón
Sucesores de Platón
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Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 6
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Nihil obstat: Alejandro Martínez Gil, Censor. Madrid, 10 de noviembre de 1944.
Imprímase: Casimiro, Obispo Auxiliar y Vicario General.
Gráficas Excelsior - Cristo, 7 - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1944 ]
ZG HF1 § 67
Dios
a) Dios es para Platón el ser absoluto, el bien supremo, la idea creadora de todas las cosas. Así como el sol es el origen y la razón suficiente de la luz y la vida del mundo sensible, así Dios es el origen y la razón suficiente del mundo inteligible o de las Ideas, y del mundo sensible, de la verdad, de la razón, del bien, de la perfección que resplandecen en el primero, a la vez que del orden, de la distinción, de la belleza del segundo.
Causa única, suprema y todopoderosa, Dios es principio, medio y fin de todas las cosas en el orden físico, en cuanto Ser supremo y perfectísimo; en el orden moral, como legislador supremo y suprema justicia.
«Sin embargo –añade Platón equivocadamente–, hay dos cosas que escapan a la acción y más todavía a la causalidad de Dios, y son la materia y el mal.»
b) Dios es, a la vez, realidad suprema, vida suprema, bondad suprema, y en concepto de tal, origen y causa de todo bien, de toda vida, de toda realidad, y, consiguientemente, del mundo y de los seres que contiene. Mas como estos seres son copias, imitaciones y como impresiones de las Ideas –añade– la acción productora de Dios presupone una materia general, alguna cosa capaz de recibir estas impresiones de las Ideas y la acción de Dios. Y concluye de esto el error de que existe una materia no producida, eterna e independiente de la causalidad de Dios. Y así –dice– el mundo es el resultado de tres causas: Dios, la Idea y la materia.
No se sabe qué es para Platón esa extraña materia eterna e increada. Para unos la materia platónica es el espacio; para otros es la nada; para algunos es una entidad imperfecta, informe y puramente potencial parecida a la materia prima de Aristóteles, y para otros, finalmente, es una masa caótica, o como un cuerpo que carece de formas distintivas. La verdad es que en las obras de Platón se encuentran expresiones que justifican todos esos pareceres. Parece que el mismo Platón no llegó a formar concepto claro de esa su materia eterna.
El mundo
a) Según la cosmología platónica, el mundo es eterno por parte de la materia, y su formación por parte de Dios se verificó con dependencia y sujeción a la preexistencia y condiciones necesarias de la materia y con subordinación a las Ideas como arquetipos de las cosas. Esta materia es el origen y causa del mal, y, por consiguiente, éste es independiente de Dios, lo mismo que la materia, su causa. Luego –concluye– el mal es necesario, fatal e inevitable en el mundo. ¡Consecuencia errónea y desesperante!
b) El mundo es único, su figura es esférica y en su centro reside el alma universal, emanación de Dios, por medio de la cual vivifica Éste, gobierna y anima al mundo visible, y con especialidad a los astros, los cuales, por esta razón, pueden denominarse dioses contingentes, dioses menores. Así que –añade– el mundo es un verdadero animal dotado de inteligencia.
La trinidad platónica
En nada es tan ambiguo el pensamiento de Platón como en la doctrina de su Trinidad, tan ponderada por los que se burlan de la Augusta Trinidad cristiana.
La Trinidad de Platón presentase formada por el unum, el logos y el ánima mundi; otras veces por el bonum, el mundo inteligible o arquetipo, y la mente o forma del universo; otras veces por la idea del bien, el conjunto de las demás ideas inteligibles que proceden de la del bien, y, en tercer lugar, por las ideas incorporadas en la materia.
La idea de bien aparece unas veces en las obras de Platón como identificada con la esencia divina, al paso que otras aparece como primer efecto o emanación de esta. Unas veces se nos dice que Dios es el principio único, la causa universal de todas las cosas, así de las inteligibles y eternas como de las sensibles y temporales, desde la primera hasta la última; otras, en cambio, se nos dice que Dios produce solamente la inteligencia primera y el alma universal, las cuales, a su vez, producen las demás cosas inferiores.
De ahí las reyertas y contradicciones que reinaron en todo tiempo entre los discípulos de Platón, en torno a la concepción trinitaria del maestro,
No hay duda, sin embargo, que, sea por reminiscencias de la primitiva revelación, sea por un esfuerzo de la poderosa inteligencia del gran filósofo griego, algún parecido hay entre el unum, el logos y el anima mundi, y el Dios Padre, el Verbo o Dios Hijo y el Espíritu Santo. Unum, o principio unificativo en la unidad de Divinidad; logos o Verbo; ánima mundi, o principio vivificante del mundo, que lo es también –aunque de diversa manera– el Espíritu Santo. Digo solamente algo parecido porque en el fondo –aparte de que la trinidad cristina es misterio no puede ser alcanzado por la razón humana– dista enormemente la Trinidad platónica de la Trinidad cristiana; en la Trinidad platónica no hay nada que se parezca a la distinción real e hipostática de las tres personas divinas, y mucho menos nada que se parezca a la igualdad absoluta, consustancial y esencial de las mismas. Otra distinción es que los otros dos términos de la Trinidad platónica proceden del primero o por emanación, o, a lo más, por creación, pero no por esa procesión especial que caracteriza a la Trinidad cristiana.
El alma humana
a) El alma humana –según Platón– es derivación o emanación del alma universal. En el alma humana hay que distinguir dos elementos: uno divino, o sea el alma propiamente racional e inteligente que existía antes de unirse con el cuerpo, y otro, elemento animal, que resulta o se manifiesta en el alma o espíritu en fuerza de su unión con el cuerpo.
De otra manera. El alma del hombre es un espíritu que antes de unirse al cuerpo vivía en la región pura de las Ideas, y que, al unirse con el cuerpo, pierde parte de su pureza espiritual para hacerse sensitiva, terrena y animal. La parte superior es inmortal y recobra su perfección al separarse del cuerpo, mientras que la inferior deja de existir con la muerte. La parte superior o racional del alma reside en la cabeza: la inferior se divide en dos partes o manifestaciones, de las cuales la concupiscible tiene su asiento en el hígado y partes abdominales; la parte irascible, en el pecho o corazón.
b) El alma racional es una sustancia que se mueve a sí misma, una, esencia dotada de facultades afectivas y cognoscitivas, inferiores y superiores. Todas ellas, y particularmente las cognoscitivas, pierden su vigor y se oscurecen a causa de la unión, o mejor dicho de la inclusión, del alma en el cuerpo; pues –dice Platón– no hay verdadera unión sustancial entre el alma y el cuerpo, sino unión accidental, unión del motor al móvil, unión de la causa principal al instrumento. De aquí la oscuridad e insuficiencia del conocimiento humano, mientras que no se eleva y pasa de la sensación y de la percepción de las cosas sensibles y singulares, a la intuición racional y superior de las Ideas. Ello la expresaba Platón textualmente con estas palabras:
«Imaginaos una caverna iluminada con un gran fuego, con una sola puerta abierta del lado por donde entra el sol, y, en esa caverna, a varios hombres encadenados, con la espalda envuelta a la puerta, viendo las sombras y figuras que aparecen y desaparecen en el muro, en relación con los objetos que pasan por la puerta y oyendo el eco de voces confusas de los que se hallan fuera, pero sin percibir lo que dicen. He aquí la imagen de la condición del hombre sobre la tierra en general, y con particularidad en orden a la naturaleza y objeto de sus conocimientos. La cueva es la tierra; la hoguera son los sentidos y la inteligencia; la región luminosa fuera de la caverna es la región de las Ideas iluminada por Dios, que es la idea suprema y el sol de este mundo ideal; la visión de las figuras fantásticas y sombras que aparecen en el mundo y las voces confusas representan la percepción de los objetos mediante los sentidos; los prisioneros, en fin, encadenados y sentados con la espalda vuelta a la región de la luz son las almas sepultadas en el cuerpo y separadas de la región luminosa de las ideas.»
La ciencia
La adquisición de la ciencia, considerada ésta en su sentido propio, o sea como conocimiento de la realidad permanente y de la esencia de las cosas, es –según Platón– una mera reminiscencia de ideas y conocimientos preexistentes en el alma antes de su unión con el cuerpo. Porque sabido es que Platón admite la preexistencia de las almas, así como también admite la metempsicosis.
ZG HF1 § 68
Moral de Platón
Escribe Diógenes Laercio:
«De los bienes y males decía Platón que el fin del hombre es la semejanza con Dios; que la virtud es bastante por sí sola para la felicidad, pero necesita de los bienes del cuerpo como instrumentos y auxiliares, por ejemplo: la fortaleza, la salud; y que también necesita de los bienes externos, como son las riquezas, la nobleza, la gloria; pero aunque falten estas cosas, el hombre sabio o virtuoso sería, no obstante, feliz.»
Este pensamiento de hacer consistir la perfección moral del hombre en la imitación de Dios; la importancia que concede a la virtud, al considerarla como el mayor de los bienes humanos; sus ideas acerca de la providencia que Dios tiene de los hombres; su teoría de las cuatro virtudes principales como medio de perfección moral para el individuo y para la sociedad, acreditan la excelencia de la moral platónica desde el punto de vista de sus principios y máximas generales.
Platón enseña y afirma
a) Que la virtud debe anteponerse a las riquezas y a los placeres, que ni siquiera merecen el nombre de bienes en comparación de aquélla.
b) Que no solamente debemos honrar a Dios y pedirle auxilio, sino que debe ser el principio y como el inspirador de nuestras palabras, de nuestros consejos y de nuestras resoluciones.
c) Que el hombre debe abstenerse de hacer mal a otro hombre, aun en el caso de haber recibido injurias y daños del prójimo.
d) Que Dios hace las veces de ley para los sabios, es decir, para los hombres virtuosos, así como los necios o viciosos no tienen más ley que el deleite.
Enseña también Platón que la servidumbre y la libertad inmoderadas o excesivas son cosas detestables, así como son cosas excelentes la servidumbre y la libertad moderadas; pero la servidumbre y la libertad serán moderadas y legítimas cuando se hallen informadas y vivificadas por el principio divino y no por la voluntad del hombre: cuando la ley que las fija o regula, el motivo que las inspira y el fin e intención del sujeto sean la ley eterna, la voluntad santa y justa de Dios y no la voluntad arbitraria del hombre. Cuando Dios es el principio y fin de la servidumbre, ésta será moderada y no envilecerá al hombre: pero no sucederá lo mismo si el principio y el término de esa servidumbre es el hombre, es la voluntad humana.
A pesar de la exactitud de esta moral, cuando Platón desciende de los principios a los casos concretos, se manifiesta el grado de decadencia de la razón humana cuando no es alumbrada por la Revelación. Y así Platón afirma que la vía doméstica debe desaparecer; que la esclavitud es una institución basada en la misma naturaleza y en la inferioridad nativa de ciertos individuos; que las mujeres deben ser comunes; que deben ser abandonados los niños contrahechos o enfermizos; que a un hombre enfermo o imposibilitado no deben suministrársele alimentos ni asistencia; que en la educación de los hijos no deben intervenir los padres. Afortunadamente, estas máximas tan inhumanas se hallan un tanto desvirtuadas por sus doctrinas generales de la más alta moralidad.
Filosofía político-social
Según la filosofía político-social de Platón, la misión del Estado es realizar la justicia, dando a cada ciudadano lo suyo, es decir, haciendo y procurando que las funciones ejercidas por cada miembro de la sociedad se hallen en relación y armonía con sus condiciones, facultades y fuerzas individuales.
Según esto, el organismo social ideado por Platón debe contener tres clases fundamentales:
a) Los filósofos o sabios, que representan la cabeza y la inteligencia, en el Estado.
b) Los guerreros, que representan el corazón del Estado.
c) El pueblo o clase inferior, en el cual entran los artesanos, comerciantes, agricultores y sirvientes.
A los primeros debe confiarse el poder legislativo y ejecutivo, o sea el gobierno del Estado; a los segundos debe confiarse la defensa del Estado por medio de la guerra; a los terceros debe confiarse la parte económica de la sociedad.
A continuación sienta Platón esta dura y equivocada doctrina. Todos los bienes y males del ciudadano, todos sus intereses, todas sus aptitudes y afecciones dependen en absoluto del Estado y desaparecen ante el interés y ante la voluntad omnipotente del Estado. Nacimiento y educación, vida y muerte, matrimonio y familia, libertad y esclavitud, arte y ciencia, religión y culto, todo debe amoldarse a las exigencias del Estado, todo debe ceder y cambiar ante el imperio de su voluntad.
Por lo que se refiere a las formas políticas, Platón no se decide por ninguna, aunque tiene cierta preferencia por la monarquía y por el gobierno de muy pocos.
Platón hace consistir la legitimidad y bondad del gobierno del Estado en la bondad, justicia y rectitud de fines por parte del que manda. Si el gobernante es sabio, justo y prudente y trabaja por mejorar la condición de sus súbditos, el gobierno será bueno y justo, sin que importe nada que la sujeción sea voluntaria o involuntaria por parte de los súbditos, ni que el imperante proceda de conformidad con las leyes escritas o prescindiendo de éstas y hasta de las instituciones patrias. Los gobernantes o príncipes no comenten pecado, cualquiera que sea la cosa que hagan, con tal que atiendan al bien de sus súbditos, aunque obren contrariamente a las leyes o costumbres patrias.
Esta doctrina es el apoyo de todos los tiranos. Afortunadamente, en otras partes de sus obras reprueba Platón la tiranía y la arbitrariedad, reconoce la necesidad de leyes que sirvan de norma común y hasta confiesa y afirma que no solamente los ciudadanos particulares, sino también los reyes deben estar sujetos al imperio de las leyes.
ZG HF1 § 70
Discípulos y sucesores de Platón
Haciendo ahora caso omiso de Aristóteles, principal discípulo de Platón, los sucesores de éste en la Academia antigua, y antes que de ella nacieran la Academia media y la nueva, fueron los siguientes:
a) Speusipo, sobrino y sucesor inmediato de Platón, que regentó la Academia desde el año 347 antes de Jesucristo hasta el 339, que fue el de su muerte.
Según Sexto Empírico, admitía Speusipo como criterio de verdad, además de la razón para las cosas inteligibles, los sentidos para las cosas sensibles, en lo cual se apartaba algún tanto y moderaba la doctrina de su maestro.
Pero el carácter principal de la doctrina de Speusipo es la dirección pitagórica que comunicó a la doctrina de Platón, introduciendo en ella la doctrina pitagórica de la emanación y haciendo frecuentes aplicaciones de la teoría de los números a la filosofía platónica.
Por lo que insinúa Aristóteles, Speusipo desfigura la doctrina de su maestro, opinando que la bondad y la perfección son atributos propios de las cosas producidas, más bien que de Dios y del principio del mundo, y que el origen y producción de las cosas se verifica de lo imperfecto a lo perfecto, y no viceversa, como enseñaba Platón.
De Speusipo, que escribió muchas obras, no ha llegado ninguna a nosotros.
b) El segundo sucesor de Platón en la dirección de la Academia fue Xenócrates, condiscípulo de Speusipo, у acompañó a Platón en sus viajes a Sicilia. Fue natural de Calcedonia y hombre de austeras costumbres y rostro grave; pero era de ingenio tardo. Hablando Platón de Xenócrates y de Aristóteles solía decir: El uno necesita acicate, el otro freno. Murió de edad avanzada, habiendo enseñado en la Academia por espacio de veinticinco años.
Lo que principalmente caracteriza la doctrina de Xenócrates es su predilección por las fórmulas matemáticas, pudiendo decirse que su filosofía representa un paso más en este camino iniciado por Speusipo. Xenócrates empequeñeció la doctrina platónica, comprimiéndolas en estrechas fórmulas matemáticas sin perdonar a la divinidad. Así, le vemos hablar de un dios macho y de un dios hembra, el primero de los cuales representa y es significado por la unidad, y el segundo, por la dualidad. El dios masculino, que es el dios verdadero o superior, Júpiter, la razón, es el número impar; el dios femenino, dios inferior, es la madre de los demás dioses y el alma que vivifica y anima todas las cosas.
c) Después de Xenócrates, regentaron la Academia Polemón, natural de Atenas, y Crates, natural de Triasio. Polemón solía decir que conviene ejercitarse en sus obras y no en las especulaciones dialécticas. Estos dos filósofos vivieron juntos en la misma casa y fueron enterrados en el mismo sepulcro.
ZG HF1 § 69
Crítica de las doctrinas de Platón
Lo más desastroso de las doctrinas de Platón es sus enseñanzas políticas y su defensa del más avasallador absolutismo del Estado.
Terrible y funesta es la República de Platón, en la que el hijo no conoce a la madre ni la madre al hijo; en que el hijo es arrebatado desde sus primeros años a la patria potestad y entregado al Estado; en que el hombre carece de potestad para seguir su vocación y elegir estado; en que la vida de familia es ahogada en su origen merced a la comunidad de mujeres; en que el infanticidio deja de ser crimen para convertirse en deber; en que la propiedad, la familia y la libertad de la conciencia humana son calculadas y anuladas.
La absorción del individuo por el Estado no se limita a las relaciones del hombre con lo finito, sino que se extiende a sus relaciones con lo infinito; no se limita a la esfera política, sino que alcanza la esfera religiosa; no se limita a los fines e intereses temporales, civiles, naturales y transitorios, sino que hasta los intereses y fines religiosos, sobrenaturales y eternos son sacrificados al Estado. Esta República de Platón dista infinitamente de la República de la Iglesia y del Estado cristiano, que defiende la libertad y la dignidad de la conciencia del hombre en la esfera religiosa, la incompetencia del Estado para dirigir al hombre a su fin eterno, la superioridad del orden sobrenatural y divino sobre el natural y humano... La doctrina política de Platón es totalmente recusable.
Por lo que se refiere a la teodicea de Platón, este filósofo llegó a un concepto de Dios al que no había llegado ningún filósofo anterior. Sin embargo, ese concepto de Dios dista todavía mucho de ser el verdadero, al conceder eternidad a la materia, independizándola de la causalidad de Dios e independizando de él también las Ideas.
La psicología de Platón es también magnífica cuando nos habla del origen divino del alma humana, de su espiritualidad e inmortalidad, y coloca la esencia de la ciencia y la posesión de la verdad en el conocimiento de lo necesario, de lo eterno, de lo inmutable; pero yerra cuando habla de la preexistencia de las almas y de las Ideas, de la metempsícosis, de la unión accidental del alma con el cuerpo, y hace consistir la adquisición de la ciencia en una sola reminiscencia.
Otro de los defectos de la filosofía platónica es su idealismo. La filosofía de Platón es la ciencia de las Ideas, es la ciencia de las intuiciones a priori; en ella nada significan los hechos sensibles, los seres individuales, la observación y la experiencia. De ahí sus aficiones matemáticas y sus predilecciones geométricas. Justo es decir, sin embargo, que el idealismo de Platón es muy distinto del idealismo de la filosofía moderna; éste es subjetivo y escéptico, mientras que el de Platón tiene mucho de objetivo. Las Ideas de Platón no son resultado ni meras modificaciones de las facultades cognoscitivas sin contenido real y objetivo, como afirman algunos idealistas modernos, sino esencias objetivas y subsistentes.