Filosofía en español 
Filosofía en español

Sistemas filosóficos del pueblo hebreo y del pueblo griego

[ José Téllez ]

Sistemas filosóficos del pueblo hebreo
y del pueblo griego

 

——

Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 3

——

[ Adviértase la variación entre el título de cubierta y el de la página 3 ]
Gráficas Halar - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1944 ]
 



ZG HF1 § 24
Filosofía del pueblo hebreo

Tampoco el pueblo hebreo, como los pueblos iranios y egipcio, tiene otra filosofía que la filosofía religiosa. No obstante, obstante, al final de su historia nacional aparecieron algunos vestigios de sistemas filosóficos distintos del religioso.

El pueblo hebreo, pueblo privilegiado y favorecido con la permanencia de la divina revelación y especialmente asistido por la divina Providencia, posee el sistema filosófico-religioso más sabio y más puro de la antigüedad, a gran distancia en perfección de todos los sistemas antiguos, incluyendo los griegos y romanos.

Ese sistema filosófico se puede resumir de esta manera:

“a) El pueblo hebreo, enseñado por la palabra divina, afirma la existencia de un Dios único, personal, vivo, eterno, trascendente, distinto y superior al mundo, inteligente, libre, omnipotente e infinitamente santo, justo y misericordioso para el hombre.

b) Sólo el pueblo hebreo en toda la antigüedad, iluminado por Dios, sabe y afirma que el mundo y los seres que lo constituyen fueron producidos y sacados de la nada en cuanto a toda su sustancia, mediante la acción omnipotente, libre e infinita de Dios.

c) Dios, pues, es principio y causa del mundo y de todos seres, no sólo en cuanto a su forma, distinción y orden, sino también en cuanto a la materia, y, por consiguiente, es causa, principio y razón suficiente de todo lo que constituye el Universo-mundo, sin que por eso el mundo sea parte de su sustancia, ni Dios dependa en nada ni para nada del mundo, sin el cual existió desde la eternidad.

d) Dios es actor, creador y padre común de todos los hombres, los cuales, todos, sin distinción de razas, pueblos ni personas, son iguales entre sí, porque son hechos a imagen y semejanza de Dios; son hermanos e iguales, porque son hijos del mismo padre terreno y celestial, llevan impreso el sello divino y están destinados todos a la vida eterna en Dios.

e) La inmortalidad del alma y el premio o castigo de ésta después de la muerte y hasta la resurrección del cuerpo, son verdades que, además de desprenderse e inferirse lógicamente de otros dogmas, principios y sentencias de la Biblia hebrea, se hallan consignadas terminantemente en varios pasajes de la misma, bastando recordar y citar al efecto lo que se lee en el Eclesiástico, lee en el Eclesiástico, en el libro de Job y en el de de los Macabeos, principalmente al narrar en los últimos el martirio de los siete hermanos.

f) Moisés enseña que el mal trae su origen de la voluntad finita y creada, o sea del abuso de la libertad concedida a los ángeles y al hombre, única teoría en que es dable conciliar con la bondad infinita y creadora de Dios la existencia y origen del mal moral.”

ZG HF1 § 25
Filosofía moral y político-social de los hebreos

La moral de los demás pueblos antiguos, a vuelta de algunos preceptos puros y elevados, contiene siempre máximas y reglas, o inmorales o ridículas, o que tienden a la idolatría. La moral del pueblo hebreo, compendiada en los diez preceptos del Decálogo, es la expresión más filosófica y práctica de la ley natural; excluye toda inmoralidad y toda tendencia idolátrica o politeísta, y se coloca a distancia inmensa de todos los códigos morales de los demás pueblos al establecer, como primer precepto y base de todos los demás, el amor de Dios sobre todas las cosas y el amor general del prójimo.

En la nación hebrea fue dividida la propiedad entre las tribus y familias con perfecta igualdad. “El país, dice Dios a Moisés y éste al pueblo, será dividido y repartido por partes entre los hijos de Israel, por familias y tribus, de manera que se dará una mayor porción a los que sean en mayor número y porción menor a los que sean en menor número.” Y para que esta igualdad no desapareciera con el tiempo, se instituyó el año sabático o quincuagésimo, en que las propiedades enajenadas volvían a sus primeros dueños.

Es muy común decir que el gobierno del pueblo israelita fue teocrático, afirmación muy inexacta ciertamente a no ser que por teocracia se entienda el reconocimiento del dominio supremo de Dios sobre todo reino, como lo tiene sobre todo el mundo.

“Muy extraño, escribe el pastor protestante Brunel, que se haya llamado al mosaísmo una teocracia, puesto que más bien es la única y verdadera democracia de la antigüedad. Es verdad que Dios sólo reina en Israel; pero su representante humano, su oráculo, por decirlo así, no es el sacerdocio, sino el pueblo; no es el sacerdote, sino el ciudadano… El pueblo es el que gobierna, o por sí mismo o por medio de jueces, y otras veces con el carácter de reyes… Mientras que el sacerdote egipcio lo posee todo, el sacerdote hebreo –¡cosa notable!– nada posee, y, lejos de alimentar a los demás hombres, espera y recibe de ellos su subsistencia.”

* * *

Excusado es decir, porque es bien sabido, que la condición de la mujer, del hijo y hasta de los esclavos entre los israelitas, era muy superior y muy diferente de la que tenían entre las naciones que carecían de la luz de la revelación mosaica, y que, tanto en esta parte como en otros muchos puntos, el mosaísmo fue la preparación del Cristianismo y el prólogo del Evangelio.

Y nótese bien que esta moral tan pura y superior a la de las demás naciones arranca, en el terreno histórico, de un hombre que había nacido, se había educado y crecido en medio de un pueblo cuya moral y cuyas costumbres eran la antítesis del Decálogo, como sus ideas y prácticas religiosas eran la antítesis del monoteísmo hebreo. Las descripciones que encontramos en Heródoto y en otros antiguos historiadores acerca de la moral y religión de los pueblos de Caldea, demuestran bien claramente que cuando el ilustre emigrado de Ur de los los Caldeos, Abraham, abandonó su patria y se separó de sus conciudadanos, éstos no se hallaban en estado de inculcarle las ideas morales y religiosas que enseñó a sus hijos y descendientes. La verdad es que este fenómeno histórico, la vocación de Abraham, constituye una prueba, la más convincente de la realidad y existencia de la revelación divina. Preciso es que interviniera aquí una iluminación divina y superior, una influencia sobrenatural: porque sólo así se comprende que el hombre del fetiquismo, el hombre nacido y educado en la más grosera idolatría, se convirtiera repentinamente en padre de los creyentes, en el progenitor de un pueblo que afirma, defiende y practica la idea monoteísta, rodeado, perseguido y acosado por pueblos politeístas.

La moral pura y el culto monoteísta del pueblo de Abraham sólo decae y degenera de una manera permanente, ostensible, doctrinal, por decirlo así, a consecuencia del largo roce con naciones extrañas durante la cautividad de Babilonia. De entonces aparecen en el seno del pueblo judío gérmenes visibles de descomposición, encarnados de una manera permanente en el culto de la letra y en el formalismo externo de los fariseos; en el ascetismo ultramístico de los esenios, y más todavía en la secta de los saduceos con sus doctrinas negativas y su indiferencia religiosa. La doctrina y la moral del pueblo de Abraham, de Moisés y de los profetas se hallaban seriamente amenazados en su existencia cuando el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros para restituirlas a su pureza primitiva y sobre todo para desenvolverlas y completarlas…

ZG HF1 § 26
Sistemas filosóficos del pueblo griego

Grecia es el país filósofo por excelencia. Grecia es filosofía y es arte. Sobre ellas creó Grecia una civilización superior a cuantas la habían precedido en la Historia.

Mil doscientos años antes de Jesucristo aparece ya en Grecia un cuerpo de doctrinas, que son precursoras de sus sistemas filosóficos. Ellas se hallan contenidas en los poemas homéricos, de insuperable belleza literaria; en los himnos religiosos; en las sentencias morales y en las concepciones cosmogónicas de Orfeo.

Cuatrocientos años después, o sea ochocientos años antes de Jesucristo, Hesíodo con sus teorías cosmogónicas y teogónicas, y Epiménides y los siete sabios de Grecia, con sus sentencias morales, ético-sociales y políticas, hacían dar un nuevo paso a la filosofía griega.

Este período puede llamarse de incubación de la filosofía griega.

Cierto es que los filósofos griegos fueron imbuidos en otras literaturas más antiguas de la India, Persia, China y Egipto, cuyos territorios habían recorrido y a cuyos misterios se habían acercado o en ellos habían sido iniciados. Pero el genio griego era creador, y, si bien pudo sentir el estímulo de aquellos aprendizajes y doctrinas, es cierto que sus sistemas filosóficos tienen mucha originalidad, principalmente en los sistemas de los grandes maestros Sócrates, Platón y Aristóteles.

ZG HF1 § 27
División general de la filosofía griega

Todos los autores convienen en distinguir tres periodos en la historia de la filosofía griega:

a) El período presocrático, que abarca desde Tales de Mileto, fundador de la primera escuela, hasta Sócrates inclusive.

b) El comprendido desde Sócrates hasta la difusión y propagación de la filosofía griega.

c) Desde esta fecha hasta la clausura de la escuela filosófica de Atenas, por el Emperador Justiniano, en el siglo VI de la Era cristiana.

El primer periodo abarca desde el año 600 hasta el 400 antes de Jesucristo, o sea doscientos años.

El segundo período duró otros doscientos años, terminando hacia el 200 antes de Jesucristo.

El tercero duró hasta el año 529 de la Era cristiana.

* * *

El primer período puede llamarse cosmogónico, porque en él preocuparon principalmente los problemas del universo.

El segundo período es principalmente antropológico, porque en él predominó el estudio de la Lógica, de la Psicología y de la Moral.

El tercero, por fin, es principalmente periodo teosófico, porque en él predominó la investigación de la idea del Ser Absoluto.

ZG HF1 § 28
Escuela jónica

El primer periodo de la filosofía griega comprende cuatro sistemas, que corresponden a las escuelas jónica, itálica o pitagórica, eleática y atomística.

La escuela jónica resuelve el problema cosmológico, o sea sobre el origen y formación del universo, diciendo que el ser sustancial, la esencia de las cosas consiste en una materia prima, agua, aire, fuego, tierra, ora solos, ora unidos.

Pero como la materia es de suyo inerte e inmóvil y las cosas varían, se transforman y se distinguen unas de otras, es preciso que esa materia entrañe, o un principio de vida (el sistema que afirma esto se llama hylozoísmo) o, al menos, de movimientos varios (mecanismo), dando lugar ambos sistemas a dos distintos matices en los secuaces de esta escuela.

Esta escuela puede dividirse en dos secciones: la representada por los tres primeros filósofos de ella, Tales, Anaximandro y Anaxímenes, y la segunda, representada por Heráclito, Anaxágoras y sus secuaces.

ZG HF1 § 29
Tales

Fue el fundador de la escuela jónica y el primer filósofo sistematizado de la Grecia. Nació en Mileto por el año 640 antes de Jesucristo.

Según testimonio de Aristóteles, ya que no se puede acudir directamente a sus obras, que no se conservan, afirmaba Tales que el agua es principio, causa y sustancia primitiva de todas las cosas, ya que ella suministra alimento a todas las que existen.

También le atribuye Aristóteles las siguientes teorías:

a) Que la tierra flota en el agua o se halla como sumergida en este elemento.

b) Que el imán es un ser animado, ya que atrae al hierro.

Tales cultivó también las Matemáticas y la Astronomía. Se le atribuye el descubrimiento y resolución de los primeros problemas geométricos de mayor importancia.

Tales consideraba a la naturaleza o a la materia como animada por una fuerza interna viva (hylozoísmo), lo cual dio lugar a poblar el universo de divinidades, que no eran propiamente divinidades que pudieran dar origen a un verdadero politeísmo religioso, sino manifestaciones más o menos perfectas, más o menos sutiles de esa fuerza viva que constituye, según Tales, la sustancia y el fondo real de todas las cosas. Y probablemente el mismo origen tienen todas las mitologías del mundo y, cualquiera que sea el sentir de los pueblos incultos, es esta probablemente la verdadera concepción de las teorías politeístas religiosas, que en el fondo no son politeísmo, sino pura sensibilización de los innumerables matices como se presenta para la inteligencia humana el Ser Superior, único y absoluto, a quien adora y teme.

ZG HF1 § 30
Anaximandro

Este filósofo dio una forma panteístico-materialista al problema cosmológico que pretende resolver la escuela jónica.

Porque, según Anaximandro, no es el agua, como decía Tales, el principio de todas las cosas, sino lo infinito, es decir, la materia considerada como unidad primitiva, potencial e indiferente respecto de los seres varios que van saliendo de ese fondo o sustancia común. Gracias a la antítesis u oposición –dice Anaxágoras– entre el calor y el frío, la humedad y la sequedad, van saliendo sucesivamente del fondo de ese infinito los diferentes seres del universo para volver a entrar después en ese infinito-materia.

Es decir, que ese infinito-materia-principio de Anaximandro explica el origen de las cosas por medio de una emanación y reemanación panteístico-materialista. De suerte que el universo, para Anaximandro, es un conjunto de desarrollos y reversiones o de una serie indefinida de evoluciones e involuciones del infinito-materia, sin que sepamos en concreto cuál es la esencia de este principio de todas las cosas.

Y siguiendo en su desenvolvimiento el sistema cosmológico de Anaximandro, la tierra con su atmósfera se ha situado en el centro del mundo rodeada por todas partes y como sumergida en una sustancia sutil o etérea; en el periodo de su formación se encontró en estado líquido. Las estrellas y las divinidades celestes están formadas del fuego y del aire. El alma humana es una sustancia etérea, y todos los animales tuvieron su origen en el agua, en donde se formaron las primeras especies animadas de las cuales procedieron por transformaciones sucesivas las especies superiores, incluso el hombre, que trae su origen de un pez. Sólo es permanente el infinito, o sea la materia-principio, que posee vitalidad perpetua; los individuos y las especies, que emanan de su seno, varían incesantemente.

Anaximandro es también hylozoísta, porque su materia-infinito lleva en sus entrañas un principio vital.

Anaximandro era también astrónomo y geógrafo. Introdujo entre los griegos el uso del reloj de sol, que era ya muy conocido de los caldeos.

ZG HF1 § 31
Anaxímenes y Diógenes de Apolonia

Para Anaxémenes, el principio de todas las cosas es el aire, del cual es transformación y modificación todo lo que existe.

Pero se ignora qué aire es ése, si el atmosférico u otro especial. Y esas transformaciones y modificaciones son movimientos perpetuos de condensación y dilatación. Y así –dice– el fuego no es más que el aire enrarecido; el agua y sus varios estados de nieve, nubes, hielo, &c., son el aire en diversos estados de condensación, y, condensando más, se obtiene la tierra, los metales…

Para Anaxímenes, el alma es también una transformación del aire.

La divinidad, para Anaxímenes, es el aire inmenso, infinito y en perpetuo movimiento. Ese es el Dios sumo.

Diógenes de Apolonia, natural de Creta, discípulo de Anaxímenes, fue contemporáneo de Anaxágoras. Diógenes defendía que el principio y esencia de todas las cosas es el aire, lo mismo que Anaxímenes, sin excluir tampoco al alma. Tuvo, sin embargo, algunas explicaciones del pensamiento humano donde se observa alguna influencia de su contemporáneo Anaxágoras.

ZG HF1 § 32
Heráclito

Este filósofo floreció hacia el año 500 antes del Cristianismo. Pertenece a la escuela jónica por su patria (Éfeso) y por el fondo de su doctrina.

Sin embargo, se elevó mucho más alto que sus predecesores, introduciendo en el campo filosófico pensamientos nuevos.

La doctrina de este filósofo la condensa hermosamente Fray Ceferino González con estas palabras:

“Según Heráclito:

1.º La sustancia común y el elemento primordial de todas las cosas es el fuego, o una sustancia etérea, ígnea y sutil; sustancia que, a juzgar por las propiedades y efectos que le atribuye, es principio, medio y fin de las cosas.

2.º Todos los seres deben considerarse, y son en el fondo, nuevas transformaciones y derivaciones del fuego primitivo, y, a su vez, estas mismas sustancias se convierten en fuego etéreo por medio de combinaciones varias y de transformaciones, ya depurativas, ya descendentes.

3.º Estas transformaciones son fatales y universales: fatales, porque están sujetas al Destino, o sea a una ley fatal e indeclinable, la cual es independiente de los dioses y de los hombres; son universales, por cuanto se extienden a todos los hombres sin excepción.

4.º El éter o fuego, que es Dios mismo, y que constituye el fondo esencial y la sustancia primera del mundo, permanece eternamente; pero la colección o conjunto de los seres que constituyen el universo aparece y desaparece periódicamente; desde este punto de vista, el mundo nace y muere, comienza y acaba a intervalos determinados y periódicos.

5.º Así como en el momento que concebimos pro priori a la primera derivación, o sea al desarrollo del primer mundo, sólo existía el fuego primitivo, eterno y divino, (Dios), así cada vez que un mundo desaparece por la combustión, una vez terminada su evolución periódica, sólo queda Dios, o sea el fuego divino y eterno en su estado primitivo, en el cual y por medio del cual comienza la formación del mundo segundo, al cual sucederá un tercero, y así sucesivamente desde la eternidad y hasta la eternidad. De aquí se infiere que la esencia de las cosas, en cuanto distintas del fuego primitivo, el ser del universo, en cuanto conjunto de naturalezas finitas, determinadas y especiales, consiste en el flujo y reflujo perpetuo, en el movimiento continuo de las mismas; es un ser-movimiento, fluens semper, como dice Aristóteles.

El mundo como ser permanente es una mera ilusión de los sentidos. La esencia de las cosas consiste en el cambio continuo, en el hacerse (fieri), en el tránsito perenne del no ser al ser, o mejor, en la amalgama transeúnte y variada a cada instante del ser y del no ser.

6.º La vida vegetal, la animal y la intelectual son manifestaciones diferentes del fuego celeste o primitivo, resultantes del choque y de la combinación de las dos corrientes (de arriba abajo y viceversa) que se desarrollan en el seno de aquella sustancia primordial y que constituyen su ley general. El bien y el mal, la vida y la muerte, el ser y el no ser, se confunden e identifican en la armonía universal, la cual resulta de la lucha y contradicción de las dos corrientes contrarias ya indicadas, de las cuales la una tiende a transformar el éter en materia terrestre y la otra tiende a transformar ésta y sus derivados en fuego etéreo, en ser divino.

7.º El alma humana es una emanación superior del fuego celeste y primitivo; es más perfecta a medida que es más seca, etérea y sutil, y se renueva, se desarrolla y conserva unida a ese fuego primitivo por medio de la sensación y respiración. Lo mismo, en proporción, debe decirse de los dioses, genios y demonios que pueblan el mundo.

8.º Además de los sentidos, el alma humana posee la razón, que es como una semejanza y derivación inmediata de la razón divina (el fuego primitivo) y un órgano de percepción superior a los sentidos.

9.º Por medio de esta razón el hombre puede percibir lo verdadero, lo que es eterno y permanente en el perpetuo flujo de las cosas, es decir, el fuego primitivo y la ley fatal del Destino

10.º Toda vez que los sentidos perciben solamente las cosas que pasan o varían sin cesar, son incapaces de percibir la verdad, y toda ciencia que se apoye en el testimonio y percepción de los sentidos es de suyo falsa y engañosa.”

* * *

ZG HF1 § 33

La doctrina de Heráclito contiene en germen muchos sistemas, también falsos, de filosofía posterior.

La idea central de la concepción de Heráclito es el fieri de las cosas, ese perpetuo mudar de los seres en medio de la permanencia, inmutabilidad y eternidad del Ser.

ZG HF1 § 34
Anaxágoras y sus discípulos

Después de Heráclito, y gracias a la influencia de sus doctrinas, surgieron en el seno de la escuela jónica dos direcciones: la teístico-espiritualista, de Anaxágoras, y la atomístico-materialista, de Leucipo y de Demócrito.

Anaxágoras nació en Clazomenes, hacia el año 494 antes de Jesucristo. Durante toda su vida manifestó un entusiasmo extraordinario por la ciencia, de tal suerte que hacía consistir el destino y la perfección suprema del hombre en la contemplación de las cosas celestiales y en el conocimiento de la naturaleza. Después de haber enseñado Filosofía en su patria, marchó a Atenas, centro entonces de la civilización griega.

Desde este momento se crearon ya fuera de las ciudades de la Jonia, que habían dado nombre a las primeras escuelas de filosofía griega, otras escuelas que brillaron tanto después, principalmente con Platón y Aristóteles.

Perseguido por la envidia y la incultura, que le acusaba de no admitir las esencias politeístas del pueblo, se retiró a Lampsaco, donde murió el año 428 antes de Jesucristo y donde se recuerda su memoria con fiestas religiosas.

He aquí la doctrina de Anaxágoras:

a) Lo Los elementos o primeros principios de las sustancias son más simples y primitivos, son menos compuestos que la tierra, el agua, el aire y el fuego. Según él la variedad de sustancias materiales y las diferencias y diversidad de sus atributos y propiedades, resulta de la combinación varia de estos elementos primitivos dotados de cualidades diferentes; el predominio de ciertos elementos y de las cualidades que les son innatas determina la existencia y manifestación de éstas o aquellas propiedades en el cuerpo.

De aquí que la composición y la destrucción son el origen inmediato de la existencia y destrucción de las sustancias todas, y representan las dos grandes leyes generales de la naturaleza. En su estado originario, los elementos primitivos de las cosas estuvieron confusamente mezclados y como constituyendo una masa o sustancia caótica, hasta que fueron ordenadas por Dios, o sea por la Inteligencia Suprema.

b) La Inteligencia Suprema es principio, no formal, sino eficiente, de la vida en las plantas, del conocimiento en los animales y de la razón en el hombre. Cuando dice Anaxágoras que la organización es la que determina las diferentes manifestaciones de dichas sustancias, sólo quiere significar que convienen en poseer un principio vital, es decir, en ser sustancias animadas.

c) A la razón sola y no a los sentidos pertenece juzgar de las cosas, reconociendo a la primera como criterio de verdad.

La gloria de Anaxágoras está en haber arrancado a la escuela jónica de su estancamiento panteístico-materialista, en el cual le sumía su doctrina de divinizar una fuerza cósmica innata en la materia, principio necesario del movimiento y vida de la misma, de sus combinaciones y transformaciones…; movimiento, combinaciones y transformaciones que obedecían, o a la ciega luz de la casualidad, según unos, o a la fatal del destino, según otros.

Anaxágoras demostró que el acaso y el destino son hipótesis absurdas que carecen de sentido, y establece y demuestra que el orden y la armonía que reinan en el mundo exigen la existencia de una inteligencia superior al mundo e independiente de éste en su ser y esencia. Esta inteligencia nada tiene de común con los demás seres; es eterna, posee poder infinito y es la que ha ordenado el mundo con todos sus seres por medio de los elementos primitivos, eternos e indivisibles y la que rige y gobierna estos mismos seres.

Como se ve, Anaxágoras se aproxima mucho al verdadero concepto de Dios. Pero no concibe la creación y admite la eternidad de la materia.

Respecto a la cosmología en aquellas conclusiones que son principios de las ciencias físicas y naturales, Anaxágoras es víctima del atraso en que en su época estaban esas ciencias. Y así afirma:

1.º Que la luna está habitada lo mismo que la tierra.

2.º Que el sol es una masa de piedra incandescente.

3.º Que el cielo está lleno de piedras, algunas de las cuales caen alguna veces sobre la tierra.

4.º Que las plantas nacieron espontáneamente de gérmenes y semillas contenidas en la atmósfera que rodea la tierra.

5.º El origen de los animales es análogo; pero sus gérmenes, en vez de permanecer en el aire, habían caído del cielo.