Filosofía en español 
Filosofía en español

Sócrates y su escuela. Platón: vida, escritos; su teoría de las ideas

José Téllez

Sócrates y su escuela
Platón: vida, escritos; su teoría de las ideas

 

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Colección Universo · Ediciones España
Tomo VII · Sistemas Filosóficos · Número 5

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Nihil obstat: Alejandro Martínez Gil, Censor. Madrid, 10 de noviembre de 1944.
Imprímase: Casimiro, Obispo Auxiliar y Vicario General.

Gráficas Excelsior - Cristo, 7 - Madrid, 16 páginas + cubiertas [ 1944 ]
 



ZG HF1 § 54
Con Sócrates comienza el periodo segundo de la filosofía griega

Sócrates nació en Atenas por los años 470 antes de Jesucristo, hijo de un escultor y una partera.

Sócrates es modelo de las más altas virtudes humanas y un ejemplar de vencimiento propio. A pesar de lo cual, el pueblo de Atenas, excitado por los sofistas y seducido por los hombres corrompidos forzó a Sócrates a tomar la cicuta.

Supo morir como había vivido.

Tenemos fe en que mereció de la misericordia de Dios la gracia final a la hora de la muerte.

ZG HF1 § 55

La doctrina de Sócrates se reduce a estos capítulos:

a) El principio generador de la ciencia y su base propia es el conocimiento de sí mismo. El nosce te ipsum del templo de Delfos es el primer principio de la filosofía, según Sócrates.

La filosofía de Sócrates se reduce casi exclusivamente al estudio del hombre y sus deberes morales, religiosos y político-sociales, dando escasa importancia a las ciencias físicas, matemáticas, cosmológicas y aun a las psicológicas y biológicas.

Respecto al mundo y a las ciencias físico-naturales que a él se refieren, Sócrates era escéptico y decía: Sólo sé que no sé nada.

b) El método de Sócrates para aprender consistía en la observación de los fenómenos internos, en la reflexión y análisis razonado de los mismos.

Aparentando con frecuencia ignorancia de lo que se trataba, haciendo preguntas intencionadas y bien dirigidas, empleando oportunamente la inducción y la analogía, proponiendo dudas y cuestiones sencillas en apariencia, haciendo frecuente uso del diálogo, Sócrates conducía insensiblemente a sus oyentes al terreno de la verdad. Por el mismo método destruía las predicaciones de los sofistas.

c) Por estos procedimientos llega Sócrates a las siguientes conclusiones:

1.ª El deber moral del hombre y el empleo más propio de sus facultades es investigar el bien y conformar su conducta con este bien moral, una vez conocido. El conocimiento de sí mismo y el esfuerzo constante para dominar sus pasiones, sujetándolas a la razón, son los medios para conseguir este resultado, o sea para adquirir la perfección moral, en la cual consiste la verdadera felicidad del hombre sobre la tierra.

2.ª La prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza son las cuatro virtudes necesarias para la perfección moral del hombre, el cual será tanto más perfecto cuanto más se asemeje a Dios en sus actos, porque Dios es el arquetipo de la virtud y de la perfección moral. «No hemos de cuidarnos –decía– de lo que de nosotros digan muchos, sino de lo que diga ese uno que entiende lo justo y lo injusto, y la misma verdad.»

Lo importante –dice Sócrates– no es vivir, sino vivir bien, o sea vivir conforme a las normas de la rectitud moral y de la justicia. No debemos tomar venganza de las injurias ni volver mal por mal; debemos anteponer la justicia y el amor de la patria y de las leyes a todas las demás cosas, sin excluir los hijos, los padres y la vida misma.

3.ª La justicia entraña la idea y el cumplimiento de nuestros deberes para con otros, siendo parte principal de estos deberes la observancia y la obediencia a las leyes humanas o positivas, y también a las leyes no escritas, es decir, a la ley natural, anterior y superior a aquellas y raíz de toda justicia; pero sobre todo el sacrificio absoluto de nosotros y de nuestras cosas a la patria y a la sumisión incondicional y perfecta a los magistrados.

4.ª La piedad y la oración son dos virtudes muy importantes, por medio de las cuales tributamos a Dios honor y reverencia, al mismo tiempo que buscamos el remedio de nuestras necesidades. La mejor oración es la resignación en las contrariedades y la sumisión a la voluntad divina.

5.ª El orden, armonía y belleza que resplandecen en el mundo y en el hombre atestiguan y demuestran la existencia de un Dios supremo, primer autor de la ley moral y de su sanción suprema. Dios es un ser inteligente e invisible, que se manifiesta en sus obras, su providencia abraza todas las cosas y principalmente se ejerce sobre el hombre, pues está en todas partes, ve todas las cosas y penetra los pensamientos más secretos.

6.ª La inconstancia y las miserias de todo género que pesan sobre la vida presente la harían despreciable y aborrecible si no existiera una vida futura en que, desapareciendo estos males, llegara el alma a la posesión plena del bien. El justo debe tener confianza plena en Dios, cuya providencia no le abandonará en la muerte.

ZG HF1 § 57
Discípulos de Sócrates

Sócrates no formó escuela propiamente dicha. La gran amplitud de sus enseñanzas y la gran variedad de discípulos que tuvo dieron, en cambio, origen a escuelas varias. Sócrates trataba a los varios alumnos a tenor de las aficiones y facultades de cada uno.

Unos accedían a las enseñanzas de Sócrates, no con el carácter de alumnos, pues eran hombres formados con doctrinas propias, como Cheferón, Antístenes y Critón.

Otros acudían para aprender solamente el arte de gobernar, como Jenofonte y Alcibiades, con los que discutía sobré el fin y constitución del Estado, sobre la democracia y la aristocracia, sobre las leyes y la constitución social.

Otros discípulos tenían verdaderas aficiones y capacidad filosóficas, como Fedón, Aristipo, Euclides y Platón, el primer discípulo de Sócrates.

Las escuelas nacidas de Sócrates son: la cirenaica, fundada por Aristipo; la cínica, que fundó Antístenes; la megárica, por Euclides; la de Elis, representada por Fedón, y la de Eretria, representada por Meredemo.

ZG HF1 § 58
Escuela cirenaica

Llámase así de la ciudad de Cirene, colonia griega de África, donde nació Aristipo por los años 380 antes de Jesucristo y donde fundó su escuela Aristipo. Salió expresamente de su patria para Atenas con el fin de ser discípulo de Sócrates. Fue asiduo oyente de las lecciones de éste hasta la muerte del maestro. Viajó después mucho, y corrompió sus enseñanzas de Atenas el contacto con tan diferentes países.

Sócrates había enseñado que la felicidad es el objeto y fin último de la vida humana. A esta premisa añadió Aristipo esta otra: «es así que la felicidad del hombre consiste en los placeres»; y concluía: «luego el placer es el fin último de la vida humana». Verdad es que Aristipo dio preferencia a los placeres del espíritu, como el de la amistad, el de la sabiduría, el de las artes, el del amor paterno y filial...; mas pronto degeneró en un culto de los placeres materiales. Por esto se llamó también escuela hedonista.

En el orden especulativo, los cirenaicos profesaban un idealismo escéptico. No podemos –dicen– conocer los objetos en sí mismos.

El error de la escuela cirenaica o sensualista consiste en haber confundido la idea abstracta y general de la felicidad, de Sócrates, con el goce sensual.

Uno de sus secuaces, Hegesias, parece que fue el primer apologista del suicidio.

ZG HF1 § 59
Escuela cínica

Es la antítesis de la escuela cirenaica, también por corrupción de la doctrina de Sócrates. Sus partidarios fueron llamados cínicos, sea porque la escuela se fundó en el llamado Cynosargo, en Atenas, sea por la rudeza de sus costumbres sociales.

Su fundador fue Antístenes, nacido en Atenas, hacia el año 422 antes de Jesucristo.

Había enseñado Sócrates que en la virtud consiste el bien real, verdadero y único del hombre. Exagerando este bellísimo principio, afirmaba Antístenes que las riquezas, los honores, el poder y los demás bienes son cosas indiferentes en el orden moral; son despreciables y hasta aborrecibles. El placer sensual, lejos de ser la felicidad del hombre, es en realidad un mal y un mal de los mayores, por los vicios que arrastra.

El hombre virtuoso debe limitarse a satisfacer de una manera sencilla y natural las escasas necesidades que le impone la Naturaleza.

Pecaron los cínicos por exceso de austeridad.

ZG HF1 § 60
Discípulos de Antístenes

El inmediato sucesor de Antístenes fue Diógenes, más conocido por sus extravagancias y modo arrastrado de vivir que por su doctrina.

Vivió con gran extravagancia y murió en la condición de esclavo, vendido a Xeniades de Corinto.

Otro fue Crates, natural de Jebos, principal discípulo de Diógenes y continuador de su vida. Se enamoro de Hiparchía, notable por su belleza, con quien casó y vivieron juntos vida perfectamente cínica.

ZG HF1 § 62
Escuela de Megara

A la muerte de Sócrates sus discípulos se dispersaron a sus respectivas patrias, entre ellos Euclides, que se estableció en Megara, su patria, y allí fundó su escuela.

La idea fundamental de Euclides y de su escuela es la unidad del bien, el cual está fuera del alcance de los sentidos y sólo es conocido por la razón.

Vese en esta doctrina la influencia de la escuela eleática, a la que había pertenecido Euclides antes de ser discípulo de Sócrates. La unidad absoluta del ser, identificado con el bien, fuera del cual nada real existe, constituye el fondo de la escuela megárica.

ZG HF1 § 63
Escuelas de Elis y de Eretria

La escuela de Elis debe su origen a Fedón, que es el del diálogo de Platón sobre la inmortalidad del alma.

Esta escuela la trasladó de Elis a Eretria, Menedemo, discípulo de Platón.

Ambos se limitaron a enseñar y desarrollar el aspecto moral de la filosofía socrática. Parece que es fundamental de ambas escuelas el concepto equivocado de la identidad entre la verdad y la virtud, entre lo verdadero y lo bueno.

ZG HF1 § 64
Desarrollo y complemento de la filosofía socrática

La llamada restauración socrática no tuvo verdadero complemento hasta la llegada de los primeros filósofos de la Grecia, Platón y Aristóteles.

Sócrates no fue más que el iniciador.

La inició creando y practicando el método inductivo-deductivo, señalando a la ciencia su verdadero camino que es el de la observación psicológica y el de la razón refleja, y purgándola de los elementos poéticos y mitológicos que la habían desfigurado.

Pero la filosofía socrática fue incompleta. No fue Sócrates un metafísico; fue más bien un moralista. O, si se quiere, tocó, y tocó bien, de la metafísica la teodicea. Dialéctico y metódico lo fue bueno también. Las escuelas que fundaron sus discípulos hasta aquí mencionados fueron incompletas también, y degeneraron mucho de la perfección del maestro.

Fue necesario que vinieran los grandes genios del paganismo, Platón y Aristóteles, para que, inspirados por el aliento socrático, crearan una filosofía completa, a la cual falta poco para ser la verdadera.

La vida y doctrina de esos dos grandes hombres las expondremos con alguna mayor extensión.

ZG HF1 § 65
Platón: su vida

Platón es uno de los primeros filósofos de todos los tiempos.

De familia ilustre y emparentada con la de Codro y Solón, nació Platón en Atenas, hacia el año 427 antes de Jesucristo.

Desde los veinte años se dedico al estudio de la filosofía bajo el magisterio de Sócrates. Platón siguió la escuela socrática durante ocho años, o sea hasta la muerte de su maestro; después se retiró a Megara.

En Megara pasó algún tiempo al lado de Euclides para perfeccionarse en la dialéctica. Desde allí emprendió Platón diversos viajes y peregrinaciones.

Pasó algún tiempo en Egipto, instruyéndose en sus ciencias y en sus misterios hieráticos. Viajó por Italia y Sicilia, comenzó con los discípulos de Pitágoras y con los eleáticos, visitó a Dionisio el Tirano y a Dión.

Rico, y cargado con todo el saber de Oriente y Occidente, regresó Platón a Atenas, donde abrió escuela pública en sitio ameno y frondoso, perteneciente a su amigo Academo, de donde tomó su escuela el nombre de Academia. El estudio y la enseñanza absorbieron totalmente su espíritu hasta los ochenta y un años de edad, cuando falleció en Atenas.


Sus obras

Platón es el único filósofo de la antigüedad cuyos escritos han llegado íntegros hasta nosotros, lo cual ha contribuido a su celebridad y al mejor conocimiento de su doctrina, sin perjuicio de que su pensamiento, oscuro y dudoso en muchos puntos, no hayamos podido alcanzarlo todavía con claridad.

Se atribuyeron a Platón las siguientes obras:

Hiparco, sobre la codicia del lucro.

De la Filosofía, o los amadores.

Theages, de la sabiduría.

Menón, de la virtud.

Alcibíades primero, de la naturaleza del hombre.

Alcibíades segundo, del voto.

Minos, de la ley.

Eutrifo, de la santidad.

Parménides, de un solo principio de las cosas.

Filebo, del sumo bien del hombre.

Hipias mayor, de lo bello.

Lisis, de la amistad.

Teeteto, de la ciencia.

Io, del furor poético.

Sofista, del reino.

Civil, del reino.

Protágoras, contra los sofistas.

Eutidemo, o el litigioso.

Hipias menor, de la mentira.

Quernudes, de la templanza.

Laches, de la fortaleza.

Clitofón, exhortatorio.

Cratilo, de la recta razón de los nombres.

Gorgias, de la retórica.

Convite de Platón, del amor.

Fedro, de lo bello.

Apología de Sócrates.

Critón, de lo que se ha de hacer.

Fedón, del alma.

Menexeno, oración fúnebre.

Diez libros de República.

Timeo, de la generación del mundo.

Critias, de la guerra Atlántida.

Diez libros de las leyes.

Epinamis, o apéndice de las leyes o el filósofo.

Axioco.

Doce cartas de Platón.

Se ha disputado mucho acerca de la autenticidad de todas esas obras atribuidas a Platón. Son de indiscutible autenticidad, el Fedón, el Fedro, el Convite, el Gorgias, el Timeo, el Teeteto, los diez libros de República y el tratado de las Leyes.

Parecen también indiscutibles el Critón y la Apología de Sócrates.

Son generalmente considerados como apócrifos el Hiparco, el Miros, el Alcibíades segundo y el Axioco. Ofrecen alguna duda las cartas, el Epinomis, el Theages, el Hipias mayor, el Alcibíades primero, el Parménides, el Cratilo y el Filebo.

ZG HF1 § 66
Teoría de las Ideas

El punto culminante en la filosofía platónica y la clave de su doctrina es la famosa teoría de las Ideas.

Esta teoría puede reducirse a los puntos siguientes:

1.º La ciencia tiene por objeto lo necesario, lo inmutable: las cosas pasajeras, mudables y contingentes no pueden ser objeto de la ciencia.

2.º El objeto, pues de la ciencia son las Ideas, las cuales contienen y representan lo que hay de necesario, inmutable y absoluto en las cosas. Estas ideas independientes, anteriores y superiores al espacio, al tiempo, a los individuos y al mundo visible, contienen y representan las esencias.

Pero a la vez que realidades superiores, eternas, ingenerables, son también nociones universales de las cosas, pero nociones innatas, que no traen su origen de los sentidos ni de las abstracciones y comparaciones del entendimiento.

3.º Estas mismas Ideas son a la vez tipos, modelos y ejemplares primitivos de las cosas singulares y sensibles, las cuales vienen a ser como impresiones, imágenes, imitaciones y participaciones de las Ideas universales, inmutables, inteligibles y eternas. Por tanto, las Ideas son los verdaderos seres reales; son objetos más reales que los objetos sensibles. De aquí que el mundo visible y material debe considerarse como una nueva imitación y figura, como una conversión parcial, como una imagen imperfecta del mundo inteligible, que es el mundo de las ideas.

4.º Aunque todas las Ideas convienen en los caracteres de necesidad, inmutabilidad, independencia y superioridad con respecto al mundo sensible, lo mismo en ser tipos de las cosas singulares, existe entre ellas cierto orden jerárquico en relación con su universalidad. El lugar supremo entre ellas corresponde a la idea del Bien, la cual contiene debajo de sí a todas las demás. La idea del Bien es, además, el modelo típico, el ejemplo supremo, según el cual Dios llevó a cabo la creación o, mejor, la ordenación del mundo.

5.º Estas Ideas no residen en el mundo sensible y no necesitan del espacio. Pero –añade Platón– que existen por sí mismas, que existen en el mundo inteligible, que existen en la Idea absoluta y suprema del Bien.

6.º En el hombre deben distinguirse dos órdenes de conocimiento: uno, inferior e imperfecto, y otro, superior y propiamente científico.

El primero comprende las sensaciones y la percepción de los objetos singulares y sensibles con sus imágenes o representaciones. Este conocimiento no alcanza ni penetra a lo que hay de inmutable y permanente, o sea a la esencia de las cosas, y, por lo mismo, no merece el nombre de ciencia, sino solamente el de opinión, porque carece de necesidad objetiva, de claridad y certeza. Sin embargo sirve para excitar, dirigir y concretar la razón, que es la facultad superior del alma, sobre las Ideas, que pre-existen en el espíritu, aunque adormecidas y en estado latente. La intuición de estas Ideas es lo que constituye el segundo conocimiento, el conocimiento inteligible, la ciencia. De ahí que, para Platón, la ciencia no es sino una reminiscencia de Ideas inteligibles, preexistentes y conocidas de antemano, no una adquisición real de conocimientos o verdades desconocidas.

Resumiendo:

La famosa teoría de las Ideas de Platón se condensa de esta manera:

La Idea, con relación a Dios, es su inteligencia; con relación al hombre, es el objeto primero y real del entendimiento; con relación al mundo externo y sensible en el arquetipo, el modelo ejemplar; con relación a sí misma, es la esencia de las cosas; con relación a la materia, es la medida, su sigilación, su principio, su impresión.

Y aplicando la teoría de las Ideas a la teoría del conocimiento, diremos con Platón:

Hay dos mundos: uno, eterno, inteligible, inmutable e insensible; otro, material, mudable, visible y contingente. A estos dos mundos objetivos corresponden cuatro grados de conocimiento por parte del hombre:

a) La imaginación, que percibe especies y representaciones de los objetos sensibles

b) La fe (fides), por medio de la cual asentimos a la realidad objetiva del mundo externo y conocemos las cosas sensibles como singulares y contingentes.

c) La ciencia racional (ratio) o demostrativa, por medio de la cual conocemos las Ideas en cuanto constituyen y representan las verdades y objetos del orden matemático.

d) La ciencia intelectual (intellectus) o superior, la inteligencia intuitiva de las Ideas y principalmente del Ser absoluto, principio universal de los mundos, o sea de la Idea del Bien que es al mundo inteligible lo que el sol material es al mundo visible. Porque en la teoría de Platón esta Idea del Bien es el ser de los seres, la esencia superior a todas las esencias, el principio real de la verdad de la ciencia y hasta de la inteligencia; en una palabra: es el mismo Dios, principio y razón suficiente de todas las cosas, pero superior y distinto de todas ellas. Por grandes que sean, añade Platón, la belleza y excelencia de la verdad y de la ciencia, puede asegurarse, sin peligro de error, que la Idea del Bien es distinta de las mismas y las sobrepuja en belleza; lejos de identificarse realmente con el Bien, deben considerarse como imágenes y reflejos de aquel, así como en el mundo sensible la visión y la luz no se identifican con el sol, aunque tienen alguna analogía con el mismo y son como derivaciones del astro del día.

La teoría del conocimiento de Platón podemos, pues, resumirla así:

a) El objeto propio general del conocimiento humano, como conocimiento científico de las cosas en sí, como conocimiento perfecto, real y posesivo de la verdad, es el mundo suprasensible de las Ideas, mundo permanente, eterno e inmutable, como lo son las esencias de las cosas contenidas, o mejor, identificadas con las Ideas.

b) El objeto propio general del conocimiento humano, como conocimiento inseguro, mudable e imperfecto, es el mundo sensible, el mundo de los cuerpos singulares, mundo contingente, variable e imperfecto, como lo son los elementos o seres de que consta.

c) Al mundo suprasensible de las Ideas, como objeto cognoscible, corresponde como facultad cognoscente en el hombre la inteligencia, y al mundo sensible como objeto cognoscible corresponde, a su vez, la opinión como facultad cognoscente. Pero en una y otra deben distinguirse dos grados: porque la inteligencia, o es conocimiento superior de las Ideas como tales y como esencias de las cosas en sí mismas y en sus relaciones con el mundo sensible e inferior, y entonces se llama, ora mente, ora sabiduría, ora inteligencia simplemente; o es conocimiento de las Ideas que constituyen el mundo y las verdades del orden matemático, y entonces se llama razón y algunas veces pensamiento o ciencia. A su vez, la opinión, en cuanto es percepción y asentimiento a la existencia de los objetos sensibles singulares, se llama fe o creencia, pero en cuanto y cuando es percepción de las representaciones, imágenes, sombras o especies de los objetos, recibe el nombre de representación, que algunos llaman imaginación, y que otros apellidan conjetura.