Filosofía en español 
Filosofía en español

Hispanidad

Hispanidad

Hispanidad es término del español clásico que llevaba décadas en desuso a principios del siglo XX. Renació en 1910, maduró durante unos años por Córdoba y floreció a partir de 1926, de la mano principalmente de españoles de procedencia andaluza –Eugenio García Nielfa, Dionisio Pérez– y vasca –Miguel de Unamuno, Luis Araquistain, Zacarías de Vizcarra–, en un proceso en el que también puede advertirse, en los inicios, cierta proximidad con personas y asuntos relacionados con la Argentina.

Hispanidad en Alejo de Venegas, Tratado de ortografía y acentos en las tres lenguas principales, Toledo 1531
Alejo de Venegas, Tratado de ortografía y acentos en las tres lenguas principales,
Toledo 1531 [hoja signatura e ii vuelta, líneas 26-32]

«Tan antigua es esta palabra en su sonido material, que la encontramos en el Tractado de Ortographia y accentos del bachiller Alexo Vanegas, impreso en Toledo, sin paginación, el año 1531 y conservado como preciosidad bibliográfica en la Biblioteca de la Real Academia de la Lengua. "De los oradores –dice Vanegas– M. Tull. y Quinti. son caudillos de la elocuencia, aunque no les faltó un Pollio que hallase hispanidad en Quintiliano", &c. (segunda parte, cap. V).» (Zacarías de Vizcarra, «Origen del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad», El Español, Madrid, 7 octubre 1944, año III, nº 102:1.)

En ese mismo artículo de 1944 transcribe Zacarías de Vizcarra la entrada «hispanidad» tal como figura en la quinta edición del Diccionario de la Academia, la de 1817. Sin duda no tuvo a mano el futuro Obispo auxiliar de Toledo ediciones anteriores del académico diccionario, pues la quinta no hace sino mantener lo que, para tales voces, discurrieron los académicos que redactaron la cuarta, la de 1803, última de las que se publicaron durante el Antiguo Régimen:

Hispanidad en la cuarta edición del Diccionario de la Academia, Madrid 1803Hispanidad en la quinta edición del Diccionario de la Academia, Madrid 1817
Diccionario de la Academia de la Lengua, cuarta edición 1803 y quinta edición 1817

«Hispanidad. s.f.r. Lo mismo que hispanismo.
Hispanismo. s.m. Modo de hablar peculiar de la lengua española, que se aparta de las reglas comunes de la gramática. Idiotismus hispanicus
(Diccionario de la Lengua Castellana, cuarta edición, Madrid 1803, página 464.)

Para escrupulosos: la única variante entre una y otra edición es que la cuarta dice «Hispanidad. s.f.r.» y la quinta «Hispanidad. s.f.ant.» (deshechas las abreviaturas: «substantivo femenino, voz de raro uso», en la cuarta; «sustantivo femenino, voz anticuada», en la quinta). De cualquier modo, «Hispanidad» aparece por el diccionario de la Academia en 1803, pero «Hispanismo» ya figura en el diccionario de autoridades de 1734: «Modo de hablar particular y privativo de la Lengua Española: como Entendido por hombre que entiende...» (tomo cuarto, pág. 162.)

Hispanismo en el Diccionario de Autoridades 1734
Hispanismo en el Diccionario de Autoridades 1734

Miguel de Unamuno utiliza la palabra «hispanidad» en 1910

El 11 de marzo de 1910 publica Miguel de Unamuno un artículo en el periódico La Nación, de Buenos Aires, titulado «Sobre la argentinidad», que comienza:

1910 «En mi correspondencia anterior, primera de las que dedico al libro de Ricardo Rojas La restauración nacionalista, libro henchido de sugestiones, usé de dos palabras que ignoro si han sido o no usadas ya, pero que ciertamente no corren mucho. Son las palabras "americanidad" y "argentinidad". Ya otras veces he usado la de "españolidad" y la de "hispanidad". Y los italianos emplean bastante la voz italianitá.» (Unamuno, Contra esto y aquello, Renacimiento, Madrid 1912.)

Eugenio García Nielfa va madurando el concepto de «hispanidad» en Córdoba

1914 «Sin agresividad para Inglaterra, puede España tener planteada la cuestión de Gibraltar, cuya hispanidad es indudable, no ya por la Historia y la Geografía, sino por las características actuales de los calpenses, quienes siguen hablando español y se siguen apellidando como la mayoría de los españoles, que no en vano son hermanos gemelos de los calpenses que, al ser ocupada Gibraltar por Inglaterra, se refugiaron en los alrededores de la ermita de San Roque y fundaron la población de este nombre.» («La cuestión de Gibraltar», Diario de Córdoba, año LXV, nº 19.836, Córdoba, domingo 8 de noviembre de 1914, pág. 1.)

1915 «En el suntuoso coliseo de la calle de la Alegría se celebró anoche el estreno de 'La muerte en Alba', de Eduardo Marquina. [...] La españolísima figura de la Santa y la hispanidad del ambiente espiritual y material están recogidos de mano maestra. Esa mano de poeta que ha trazado ese cuadro admirable es la misma mano española que con igual inspiración hondamente patriótica ha ido trazando otros cuadros a través de los tiempos, tanto en el papel como en la pintura, y que hace pensar incluso en la que compuso 'Las lanzas'. La obra fue maravillosamente presentada. No cabe más arte ni más delicadeza. María Guerrero, la ilustre trágica española, interpretó admirablemente su papel de Santa Teresa.» («Gran Teatro. La muerte en Alba», Diario de Córdoba, año LXVI, nº 20.025, Córdoba, jueves 27 de mayo de 1915, pág. 2.)

1916 «Lo uno excluye lo otro, y es que hace falta otro entendimiento a lo Canalejas, que dicte y haga cumplir una ley que evite el sacrificio de toros, caballos y hombres ¡para que en algo nos parezcamos a Portugal y para que nos vayamos haciendo dignos de Gibraltar, la única población de Andalucía –hay que insistir en la amarga verdad– donde no se consiente el sacrificio de toros, caballos y hombres! Ello demuestra que la hispanidad de los calpenses o se ha perdido o es muy distinta a la que concede el tono dominante a las regiones peninsulares que sostienen el nombre de España.» («Los pajaritos decomisados», Córdoba. Semanario independiente [dirigido por Pedro Moro = Eugenio García Nielfa], Córdoba, sábado 16 de septiembre de 1916, nº 5,pág. 9)

1917 «En el popular coliseo del paseo del Gran Capitán prosiguió anoche el extraordinario espectáculo de las danzas de Tórtola Valencia, la que vio plenamente confirmado el éxito que alcanzó en la noche de su presentación, y aún aumentado, porque el espectador, mientras más veces contempla a la excepcional artista, mayores bellezas descubre en la labor de esta, y más y mejor la comprende. [...] También nos ofreció la admirable creación de la Maja, de tan fina y delicada hispanidad que bien se quisiera que se le asemejasen al menos las figuras lamentables en que ha venido a parar aquella idea representación de la española.» («Teatro-Circo. Tórtola Valencia», Diario de Córdoba, año LXVIII, nº 20.725, Córdoba, domingo 6 de mayo de 1917, pág. 2.)

1921 «Hispanidad. El señor Ortuño, delegado de España en la Conferencia del tránsito que se celebra en Barcelona, se ha dirigido al Rey manifestándole que, a propuesta del representante de Cuba señor Sala, las delegaciones de Portugal y las naciones de la América hispánica habían adoptado por aclamación el acuerdo de enviarle un respetuoso y entusiástico saludo, considerándolo como la más genuina representación de los pueblos peninsulares e hispano americanos.» («Por telégrafo y teléfono. Madrid», Diario de Córdoba, año LXXII, nº 31.549, Córdoba, domingo 17 de abril de 1921, pág. 1.)

«La madre ante la guerra cumple el deber excelso de alentar al hijo que combate y de aportarle cuanto le pueda ser útil y grato en la vida de campaña, y esta es la misión hermosa que Córdoba viene cumpliendo, pero en términos tan extremados de patriotismo grande, de hispanidad neta y terminante –esta es la característica de la labor de nuestra ciudad en estos momentos decisivos–, que atiende a los soldados más por ser españoles que por haber nacido en Córdoba.» («El Aguinaldo del Soldado. El festival patriótico del Gran Cine», Diario de Córdoba, año LXXII, nº 31.757, Córdoba, viernes 16 de diciembre de 1921, pág. 2.)

1922 «Del percance leve con creces nos compensaba la significación del hecho de que, a solas también, el soldado marchase al combate, representando, no ya la dhesión, sino la hispanidad de los mudéjares de Melilla en la obra que España está llamada a realizar en el Rif.» (E[ugenio] G[arcía] Nielfa, «Impresiones del Rif. El combate por la Escuela de Amesdan», Diario de Córdoba, año LXXIII, nº 31.792, Córdoba, jueves 26 de enero de 1922, pág. 1.)

«De toda Berbería, Italia ocupa Trípoli; Francia posee en plena soberanía la Argelia y ejerce el protectorado sobre Túnez y la casi totalidad de Marruecos; sólo ha correspondido a España el Norte del extinguido Imperio Jerifiano y aún sufre la indeterminación de Tánger, cuya hispanidad no puede ser discutida seriamente –ella es sede de la Mauritania Tingitana que el romano Otán incorporó a la Península–, y la también mermada zona del Sur, en la que aún no ha sido dable ni fijar de nuevo la planta en la evocadora Santa Cruz de Mar Pequeña, y se trata de una aspiración nacional representada particularmente por vitales intereses de provincia tan ricamente hispánica como Canarias.» (E[ugenio] G[arcía] Nielfa, «El problema de Marruecos. Europa y Berbería», Diario de Córdoba, año LXXIII, nº 31.826, Córdoba, martes 7 de marzo de 1922, pág. 1.)

«No lo conocimos personalmente ni sabemos que hubiera estado en Córdoba ni que con ella sostuviera relación de ninguna clase, pero él era una preclara figura de España, un caudillo de las empresas nacionales de la ocupación y reconquista de Berbería, y la hispanidad de la ciudad nuestra se siente conmovida por la muerte del jefe heroico que acudió de los primeros, al frente de los musulmanes lealísimos de Ceuta, en socorro de la plaza de Melilla [...]. Córdoba, que es cuna de la Caballería española, y que a favor de los exaltados sentimientos de su hispanidad purísima sigue con alma y vida el desenvolvimiento de la empresa de Africa, siente la muerte del caudillo heroico, como si él fuese nieto del Gran Capitán, y emocionada se asocia al dolor sin consuelo de la Patria por la pérdida del jefe caballeroso, denodado, bueno y modesto que fue de los primeros en acudir con los musulmanes lealísimos de Ceuta –en versos admirables cantados por el gran poeta cordobés Blanco Belmonte– en defensa de la plaza de Melilla.» («El caudillo González Tablas», Diario de Córdoba, año LXXIII, nº 31.884, Córdoba, martes 16 de mayo de 1922, pág. 1.)

1923 «Cuando se dice de España que es el país más fuerte del mundo por cuanto no han podido concluir con ella la agresión de los extraños en colaboración estrecha con el abandono de los propios peninsulares, más las discordias internas y demás factores siempre puestos en juego para acabar con ella, se piensa en la hispanidad indudable de Córdoba.» («Intereses locales. La cuestión del agua», Diario de Córdoba, nº 32.278, Córdoba, jueves 28 de junio de 1923, pág. 1.)

«Abramos el pecho a la esperanza y correspondamos con nuestra emoción sentida al entusiasmo vivísimo con que ha sido roto el asedio de Tifarauin. [...] Aquel anuncio de que la victoria de Francia representaba para el mundo el triunfo de la Libertad, la Justicia y el Derecho, ha producido en Marruecos la conclusión de que este es un Imperio sobre cuyo territorio total ejerce la soberanía un Sultán protegido de Francia. Luego Tánger cae bajo esta jurisdicción y también la zona española de Marruecos, puesto que esta no ha sido apartada de la soberanía del Sultán, sino que, a nombre y en representación de éste, la ejerce el Jalifa. Esta complicada exposición se reduce a una traducción muy sencilla: Marruecos para Marruecos... protegido de Francia. Esta suerte de monroísmo no es nueva. Ha sido practicada en toda ocasión y momento y Francia, desde su punto de vista imperialista, hace bien. Es España la que hace mal, cuando no opone hispanidad al afrancesamiento. De acuerdo con Francia, algunos españoles abogan por el abandono del Marruecos mediterráneo, porque no vale nada: no tiene más que piedras, piedras y piedras. [...] Ya no es atrevido decir que la exigua zona de Marruecos asignada al protectorado de España está llamada a ser un emporio. Si así no fuera, ¿por qué había de sernos tan disputada?» («La victoria de Tifarauin», Diario de Córdoba, nº 32.326, Córdoba, jueves 23 de agosto de 1923, pág. 1.)

«La Fiesta de la Raza. [...] ¿Cual es el templo de la Raza hispana, de la Raza más definida y más floreciente hasta ahora, a despecho del destino? ¿Cual es el tabernáculo de hispanidad del pueblo que más Raza ha elaborado en sus entrañas? Nos tranquiliza a los españoles la conciencia de nuestra procreación: no necesitamos como los franceses engañar la maternidad del mundo moderno con este concepto: «latinismo». Hemos sido excelsamente prolíficos. Pero ¿dónde nuestro Capitolio? [...] Este templo es Numancia. ¿Hay alguna expresión de hispanidad más elevada que Numancia? Colón es la idea fecundidad; pero la idea genuina de raza es Numancia. Al menos para nosotros. Sólo hay otro hecho en que culmina idénticamente el espíritu hispánico: Hernán Cortés quemando sus naves.» (Fernando Vázquez, «La Fiesta de la Raza en Córdoba», Diario de Córdoba, año LXXIV, nº 32.370, Córdoba, sábado 13 de octubre de 1923, pág. 1.)

1925 «Don Mariano Rubio, presidente de la Sociedad barcelonesa de Atracción de Forasteros, envió al alcalde de Córdoba don José Cruz Conde copia de la exposición dirigida por aquella entidad al Gobierno en solicitud de que se atendiera a la realización del proyecto de circuito nacional de excursionismo. A la vez, solicitaba la adhesión del Ayuntamiento de Córdoba. Seguidamente, el señor Cruz Conde envió al Gobierno la exposición que a continuación reproducimos, una vez publicada la solicitud de la Asociación barcelonesa de Atracción de Forasteros, en cuyo proyecto de circuito de excursionismo se comprende a Córdoba y, en nuestra provincia, a la ciudad de Cabra: [...] En la brillante y razonada exposición que el Sindicato de Iniciativas ha dirigido a V. E., se proclama a Andalucía como la principal atracción que España tiene para los extranjeros. Inspirada por el acendrado sentimiento de Hispanidad que en todo momento ha profesado, Córdoba rendidamente agradece por su parte este reconocimiento y proclamación de una verdad gratísima. [...] » («Córdoba y el circuito nacional del excursionismo», Diario de Córdoba, año LXXVI, nº 26.656, Córdoba, viernes 2 de enero de 1925, pág. 1.)

«Antecedente inmediato del homenaje nacional tributado al Rey en Madrid, fue el que pocos días antes entusiásticamente se le rindiera en Córdoba. [...] De este modo, el nombre de Córdoba tiene reafirmado su valor nacional, su prestigio, su alta significación de siempre. Es evocación y es, al mismo tiempo, esperanza. Así, pues, cuando ahora ha concurrido en Madrid al homenaje nacional tributado al Rey, ha figurado entre las preferidas por el entusiasmo público, por el cariño del gran concurso español que realizó la admirable demostración de hispanidad del 23 de Enero.» («Córdoba y su alcalde», Diario de Córdoba, nº 26.680, Córdoba, jueves 29 enero 1925, pág. 1.)

«Spaventa no es un extraño; menos todavía, un desconocido. Es uno de tantos artistas del Nuevo Mundo que vienen a obtener en España la confirmación de sus méritos, cual Aristo Téllez, el laureado autor del cartel de la nueva Feria de Córdoba. Así como éste es argentino de origen español, Spaventa lo es de procedencia italiana. Las Penínsulas admirables, ambas descubridoras y pobladoras, madres de naciones las dos, la una en la antigüedad espléndida de Roma, la otra en la deslumbradora resurrección universal del Descubrimiento, prosiguen su desbordadora vida exterior, vertiendo su sangre sobre el Nuevo Mundo, confundiéndola en las naciones donde se elabora el porvenir de la humanidad. No en vano constituyeron un todo en remotas edades, cuando en la cordobesa Colonia Patricia florecieron los espíritus de Lucano y Séneca y la sevillana Itálica producía la voluntad inteligente de nuevos emperadores romanos; no en vano el primer Almirante decía en Córdoba y Granada a los Reyes de España que procedía de la italiana Génova; no en vano Américo Vespucio, que realmente vino de la italiana Florencia, se hizo español en Sevilla. Los dos caudales que confluyen en el mar humano de la Argentina proceden de ríos de igual origen, de los mismos manantiales. Es decir que eran a su vez hermanos los ascendientes de los italianos y los españoles reunidos en la misma patria nueva de las riberas del Plata. Puede decirse de ellos que son hermanos, mas no gemelos. No llegan a la identidad, natural y afortunadamente. Conservan vivas diferencias de origen. La interpretación italiana de la Argentina es bien distinta de la española. Los argentinos aman exaltadamente a su patria, mas se precian de su abolengo peninsular –italiano en unos, español en otros–, hermanados por el nacimiento y el idioma, que es en todo caso el castellano. La italianidad o la hispanidad fulgen siempre en el alma de este patriotismo nuevo. Tales son los nuevos argentinos.» (Eugenio G[arcía] Nielfa, «De la nueva Argentina: Spaventa», Diario de Córdoba, nº 26.741, Córdoba, miércoles 22 abril 1925, pág. 1.)

«¡Cuadro admirable! En esta plaza de los Dolores, donde confluyen lugares sagrados para formar como un templo al aire libre, el Prelado y el Seminarista quedan frente al Cristo de los Desagravios, hispanísima imagen de piedra. Ambas cabezas se alzan hacia un mismo motivo de veneración. Es una blanca, de níveos cabellos y ojos azules; es la otra de bronce, de cabellos negros y ojos oscuros. Representa el grupo a los dos elementos fundamentales de Santo Domingo –el aborigen y el criollo– que en todo tiempo impidieron la negrificación de la Española y mantuvieron su clara y neta hispanidad. Francia, apoyada sobre Haití, importó tal cantidad de negros, que rompió el equilibrio de razas establecido por España en Santo Domingo. Por tal causa, el fenómeno de fusión desarrollado en el resto de la América ibera, es en aquella isla de disgregación, de separación. Los dominicanos, víctimas un día de las hordas de Toussaint Louverture, el Napoleón Negro, han de vivir atentos a la amenaza del atrasado y oscuro Haití.» («El Arzobispo de la Española. Monseñor Noel en Córdoba», Diario de Córdoba, año LXXVI, nº 26.782, Córdoba, martes 21 de julio de 1925, pág. 1.)

Habib Estéfano habría utilizado «hispanidad» en 1925 como paralelo de «arabidad»

Según Rodolfo Gil Benumeya (1901-1975) habría sido el ideólogo de origen libanés Habib Estéfano, entonces recién hispanizado (más adelante hasta se casó con la hispanocubana Mary Morandeyra Estévez, autoproclamaba «Poetisa de la Raza»), el creador de la palabra «Hispanidad» en 1925, como paralela a la de «Arabidad». Sabemos que entre finales de mayo y principios de junio de 1925 anduvo Habib Estéfano por Córdoba, por lo que resulta más verosímil deducir en todo caso un «contagio», en personalidad dispuesta y receptiva, que suponer otro descubrimiento del Mediterráneo por el libanés...

«Por otra parte, en el Líbano, la Siria de Damasco y Palestina (con algunas pequeñas extensiones hacia el Iraq y Norte de Arabia), la presión turca aumentó durante el último tercio del siglo XIX, provocando el movimiento emigratorio que llevó al continente americano más de seiscientos mil expatriados árabes declarados (y acaso cerca de un millón contando con los clandestinos). Esto puso a muchos de esos próximo-orientales desplazados en contacto con las culturas hispanas modernas de las naciones americanas de lenguas española y portuguesa, hacia las cuales llegaron a derivar los contingentes más numerosos de emigrantes; y entre algunos de sus principales portavoces. Este contacto dio lugar a que se forjasen programas de identificación entre los espiritualismos de los países de los dos grupos arábigos e hispano. El ex presidente de la Academia Árabe de Damasco, Dr. Habib Estéfano, fue quien más se distinguió en el empeño identificador desde que en 1925 creó la palabra «Hispanidad» como paralela a la de «Arabidad» (correspondiente a la palabra árabe Urubah). Estéfano fue delegado del general Primo de Rivera para atracción de la exposición de Sevilla, porque creía providencial el hecho de que las ciudades andaluzas del Guadalquivir donde estuvieron las sedes de los Jalifatos e Imperios musulmanes sobre España y el Norte de África, fuesen luego cabecera del descubrimiento y la colonización de América. Como las mismas capitales del Guadalquivir fueron antiguas fundaciones en España de las colonizaciones [42] sirias y libanesas, Estéfano establecía una continuidad entre los siglos fenicios y la emigración moderna a América; siempre a través de España como eje invariable.» (Rodolfo Gil Benumeya, «Sobre las líneas generales de las relaciones hispano-árabes en su evolución actual», Cuadernos de estudios africanos y orientales, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1955 [4º trimestre], nº 32, págs. 41-42.)

Plus Ultra: el concepto de «hispanidad» florece imparable a partir de 1926

Al artículo de 1910 donde Unamuno recupera pionero el término «hispanidad» (artículo recogido en 1912 en Contra esto y aquello y vuelto a editar en la recopilación de sus Ensayos, Residencia de Estudiantes, 1916-1918) sucedió una lenta maduración del concepto, que en Córdoba fue haciendo el periodista Eugenio García Nielfa, quien lo fue perfilando en más de una docena de usos precisos hasta 1925. A partir de 1926 podemos ya advertir su florecimiento y expansión: cada vez se hará más frecuente e irá ya adquiriendo una presencia imparable. Simbólicamente podemos fijar como punto de inflexión, nada gratuito, la hazaña que el comandante Ramón Franco Bahamonde, el capitán Julio Ruiz de Alda y el mecánico Pablo Rada culminaron el 10 de febrero de 1926, cuando amerizaron en Buenos Aires a bordo del hidroavión Plus Ultra, de la Aeronaútica Militar Española, en el que habían despegado el 22 de enero, precisamente desde Palos de la Frontera, «cuna del descubrimiento de América». Tampoco es casualidad que el Plus Ultra, donado por Alfonso XIII a la Armada Argentina, se conserve hoy en el museo provincial de Luján, junto a la rica basílica donde habita la Virgen que es Patrona de la Argentina y junto al modesto monumento que señala el «kilómetro cero de la Argentinidad».

1926 «El triunfo del 'Plus Ultra'. Manifestaciones de entusiasmo en Córdoba. La noticia del feliz arribo del 'Plus Ultra' al puerto de Buenos Aires, recibida en Córdoba poco después de las cuatro, extendiose rápidamente por la ciudad entera y produjo exaltado entusiasmo. El Centro de la Compañía Nacional de Teléfonos, primero en el conocimiento de la buena noticia, colocó seguidamente colgaduras en sus balcones de la calle del Conde de Gondomar. Igual hicieron los casinos y también fueron adornadas con colgaduras muchas casas particulares. En los edificios del Ayuntamiento, los Gobiernos Civil y Militar, la Audiencia y otros de carácter oficial izaron la bandera de España y asimismo se colocó colgaduras. Esperose la confirmación oficial de la fausta noticia y al oscurecer las campanas de la Catedral fueron echadas a vuelo, secundando el repique todos los templos de la ciudad. El carrillón de San Pablo interpretó la Marcha Real. La animación crecía por momentos en las calles. [...] Con intensa satisfacción consignamos estas noticias del entusiasmo de Córdoba por el triunfo nacional de los aviadores españoles que han realizado la proeza del viaje aéreo a América. En esta ocasión, como en todas, nuestra ciudad ha demostrado plenamente su patriotismo, su exaltada hispanidad, expresando el júbilo de todos por la hazaña gloriosa que extiende por el mundo entero el nombre de España, en alas de una victoria rotunda conquistada en empresa de paz y a beneficio del progreso del mundo.» (Diario de Córdoba, nº 26.957, Córdoba, jueves 11 de febrero de 1926, pág. 1.)

«De espaldas a la vana palabrería, a las posturas solemnes, a la coacción, la mocedad limpia y honrada de nuestra Córdoba –estudiantes, menestrales, cortesanos, campesinos– ha recorrido las calles en hermosa procesión civil, con el corazón henchido del sentimiento de la nueva España; la que el presidente Alvear, cabeza de la hispanidad de América, ha besado en la frente soñadora del comandante Franco, con esta bella exclamación auspicial: "¡Oh, querida España!...".» (Fausto Melhiel, «De número a número. Medalla cordobesa» [glosa la llegada del Plus Ultra a Buenos Aires], Córdoba Gráfica, Córdoba [España], 15 febrero 1926, nº 33, pág. 14.)

El médico Avelino Gutiérrez, nacido en España pero asentado en Argentina, en su «Carta abierta a D. José María Salaverría», fechada en Buenos Aires en marzo de 1926 (y publicada en Madrid por El Sol, el 20 de abril de 1926), enfrenta ya, en un plano político y cultural, el concepto de hispanidad –y el de italianidad– al de latinidad, introducido por franceses y afrancesados, mediado el siglo XIX, para justificar ideológicamente el ansia imperial, económica y cultural, de Francia por nuestra América (recuérdese la «Iniciativa de la América», de Francisco Bilbao en 1856; «Las dos Américas», de José María Torres Caicedo en 1857; la «Carta a Napoleón III», del Conde de Pozos Dulces en 1858, &c.). Más adelante los intereses italianos, a ambos lados del Atlántico, también abundarán en ese latinismo anti hispánico.

«Lo que Francia busca, lo que Francia quiere con esos halagos fascinadores, no es otra cosa que atraer a la América hispana, entrar en ella, y dominarla en provecho propio. Ese es el sentido oculto, y eso es lo que deben ver los hispanoamericanos y los españoles, y en consecuencia, hacer lo que más convenga a sus intereses. Esa expresión no encierra afecto, ni espíritu de protección: es halago, nada más que halago, y, en el fondo, explotación. A los españoles he querido darles la voz de alerta, significándoles que, detrás de todo, están los trabajos y esfuerzos que hacen para asegurarse el dominio. Si Francia se sirviera sólo de palabras y nosotros contrarrestáramos con hechos esa propaganda, bien pronto le ganaríamos la delantera. Es bien sabido que Francia, al ocuparse de América, no tiene para nada en cuenta la hispanidad, ni la italianidad; ella sola asume toda la representación. Eso es muy natural. No debe causarnos la menor extrañeza. Tiene su explicación psicológica y lógica. Lo hacen todos. Lo haríamos nosotros. Cada cual ensalza las propias virtudes y oculta las del prójimo. Nosotros, españoles, debemos percatarnos del oculto significado, y ver que, detrás de todo eso, van los esfuerzos para el logro de sus fines; esfuerzos que debemos contrarrestar por medios eficaces. A la invocación de latinidad, opongámosle nosotros la de hispanidad; pero no nos limitemos a eso. No opongamos palabras a palabras, o, para mejor decir, hechos a hechos, puesto que ellos se sirven principalmente de hechos. Las expresiones de panamericanismo y latinoamericanismo son frases de simulación y disimulación, de engaño, de lisonja y adulación; aparentan protección y ocultan explotación, y nacen de un principio nacionalista y egoísta que no considero reprobable ni de calidad inferior cuando no falta a otros principios, superiores al principio nacionalista.» (Avelino Gutiérrez, «Carta abierta a D. José María Salaverría», El Sol, Madrid, martes 20 de abril de 1926, pág. 2.)

«Durante el acto militar celebrado en el Aeródromo de Cuatro Vientos, el director de los servicios de Aeronaútica don Alfredo Kindelán y el comandante del 'Plus Ultra' don Ramón Franco expusieron la esperanza de que el capitán Estévez, jefe del vuelo a Filipinas, y el mecánico Calvo, perdidos en el Desierto, serían encontrados por los aviadores ingleses. [...] Salieron de la Península el mismo día de la llegada de los aviadores del 'Plus Ultra' y los marinos del 'Buenos Aires'. Esto es: cuando encontrábase España en plena alucinación, al término de desorientación tremenda. Al final del vuelo, otra alucinación habrá de producirse, otro deslumbramiento, otra apoteosis de gloria. Con la escuadrilla del Cano, España volverá a Filipinas. Tengamos en cuenta que en ningún pueblo del mundo podrá ser recibida con entusiasmo mayor que en aquél, a causa de las especiales circunstancias políticas del Archipiélago de Magallanes. Los vítores a España serán como un clamor de libertad política y a la vez y en consecuencia de afirmación rotunda de la hispanidad de Filipinas. El pueblo magallánico quiere ser independiente, como tantos otros de filiación ibérica, desde la Argentina y Chile hasta Méjico. Rechaza, por tanto, la incorporación a una nacionalidad extraña. No quiere seguir la suerte de Puerto Rico, la Florida, California, Tejas y otros Estados unidos a la Federación del Norte. A las adversas circunstancias que determinaron la disgregación del mayor imperio del mundo, sucede un fuerte anhelo de conciliación, de reconstrucción. El sentimiento de independencia de la multitud de pueblos hispánicos esparcidos por el Nuevo Mundo y el Novísimo no se refiere a la Madre Patria, sino a los extraños, tan audaces como absorbentes y poderosos. Este sentimiento de general independencia exprésase con una sola palabra, la más bella del hermoso y rotundo idioma que une a todos. La palabra magnífica es esta: España.» (E[duardo] García Nielfa, «Los aviadores en el Desierto», Diario de Córdoba, nº 27.015, Córdoba, miércoles 21 de abril de 1926, pág. 1.)

Eduardo G. Nielfa, Avelino Gutiérrez, Luis Araquistain, Dionisio Pérez, Víctor Belaúnde, &c.

Al periodista Eduardo García Nielfa y al médico argentino Avelino Gutiérrez se sumarán en 1926 dos periodistas españoles, el socialista Luis Araquistain y el liberal Dionisio Pérez, como nuevos propagadores del concepto (además a través de medios poderosos, pertenecientes a Nicolás María de Urgoiti, como El Sol y La Voz). En 1927 tuvo especial importancia para esta expansión el discurso que pronunció el peruano Víctor Andrés Belaúnde en Madrid, a principios del mes de julio, en el banquete ofrecido por el Gobierno, en el hotel Ritz, al Quinto Congreso de Prensa Latina.

«En cambio, cuando hay verdadera razón para protestar contra un país; cuando, por ejemplo, una nación fuerte se arroja sobre una débil y la unce a su victorioso carro imperial, entonces estos aduaneros de la hispanidad no tienen nada que decir. Ni dicen nada tampoco cuando difaman, no los extranjeros, sino las propias acciones o inacciones.» (Luis Araquistain, «El arte y el nacionalismo», El Sol, Madrid, lunes 14 de junio de 1926, pág. 1.)

«Numerosas veces, España se ha repetido al otro lado de los mares, en variadas figuras, desde Méjico a Chile, en toda la extensión del Nuevo Mundo, sobre el continente vastísimo y en las incontables islas. Forma final es la alcanzada en el Mundo Novísimo con la constitución del pueblo magallánico, por cuya libertad definitiva España aboga con maternal solicitud. Es importantísimo su generoso empeño, por cuanto representa el socorro de la antigua Metrópoli en la pugna que mantiene Filipinas por el sostenimiento de su hispanidad, contra la absorción de los anglosajones. Dos pueblos sostienen esta batalla gigantesca, de universal importancia: el filipino y el mejicano. Este último tiene fijada en forma admirable su aspiración y su derecho. Nos referimos otra vez al estadio de la raza cósmica, del genial pensador Vasconcelos, quien desde la raíz al tronco refuta la pretendida superioridad de los anglosajones, comenzando por las "chabacanerías darwinianas de Spencer", porque esta teoría de la selección, del acomodamiento de la zoología a la humanidad, resulta en beneficio de aquellos. Filipinas es el último y único baluarte de la civilización hispánica en Oceanía. A causa de los españoles, representados por Legazpi y Urdaneta, el pueblo magallánico no es sólo caudillo de la cultura ibérica, respecto a sus dominadores norteamericanos, sino del progreso en general entre todos los países de Malasia. Es Filipinas corazón y cabeza de los archipiélagos que constituyen aquella porción oceánica; quizá sea también la defensora de los malayos del Asia vecina, desde Siam a Malaca, y aún más por uno y otro lado. Merced a Legazpi, posee uno de los idiomas más importantes del mundo: el castellano. Gracias a la evangelización de Urdaneta, su religión es la católica.» (E[duardo] García Nielfa, «La metrópoli», Diario de Córdoba, nº 27.077, Córdoba, sábado 3 de julio de 1926, pág. 1.)

«Lo más importante del hispanoamericanismo en estos momentos es la rectificación histórica, que está creando en los países de América un nuevo concepto de su hispanidad. Cuanto haga España por favorecer el progreso de esta evolución, será poco y pequeño comparado con el beneficio que ha de reportar a la depuración justa nuestras glorias pasadas y al aumento de nuestra fuerza moral y nuestra representación en el mundo.» («La Argentina y España», La Voz, Madrid, 20 de agosto de 1926, pág. 3.)

«Durante muchos años –cerca de veinte ya– venimos abogando en Córdoba porque Andalucía sea ideal de Andalucía, y aún de la Patria por entero, toda vez que lo mudéjar es lo español. Más concretamente, proclamamos a Córdoba ideal de Córdoba, con el objeto de impedir de este modo que su perfume de siglos se pueda desvanecer al rehacerla, al trasvasarla de su antigüedad gloriosa a la vida nueva. [...] Aflora, pues, favorecido por el sentimiento andaluz, un patriotismo exaltadamente español que permite conceder cauce natural al sentimiento y abrir el pecho a la esperanza. [...] Muy enterados algunos de las circunstancias de España y conocedores de su Historia hasta el presente, citan el caso de Cuba y con el suyo lo relacionan. El porvenir les ofrecerá la independencia, pero su hispanidad será acrecentada. No importa la separación política del momento. Igual que en Cuba, se constituirá un poderoso contrafuerte, destacado de España pero en defensa del mundo hispánico. En último término, se producirá el acuerdo entre los pueblos que constituyen la gran nación natural del Extremo Occidente.» (E[duardo] García Nielfa, «Las estrellas negras», Diario de Córdoba, nº 27.135, Córdoba, jueves 9 de septiembre de 1926, pág. 2.)

«Queremos dejar aparte este problema de orden material para señalar el hecho de que frente a la realidad de Cuba, donde Sindicatos yanquis se van apoderando de la propiedad de la tierra y de todas las grandes industrias, plantee la República Dominicana la parcelación de su territorio y lo ponga en mano de familias españolas, que, creando generaciones nuevas, mantendrán y aun acrecentarán la hispanidad de aquel pueblo, que aún todavía a mediados del siglo pasado quiso volver a ser español.» («Editoriales. Invenciones políticas», El Sol, Madrid, 24 de septiembre de 1926, pág. 5.)

«No nos preocuparía este crecimiento de la población italiana en la América, cuya hispanidad creemos que importa mucho a España que se conserve y acreciente, si tras las avalanchas de ligures, sardos, lombardos y toscanos no pretendieran ir otras razas, con mayores elementos económicos, con más invasora y captadora organización y con más decidido amparo de sus Gobiernos. Así, en estos días mismos, recorren el interior de la Argentina, después de haber cruzado casi todo el territorio de América del Sur, un ministro austríaco, el Sr. Retschek, y el ex canciller alemán doctor Luther.» («Editorial. Emigración de hombres y de dinero», El Sol, Madrid, 12 de noviembre de 1926, pág. 5.)

«Que Puerto Rico conserve su hispanidad o la pierda depende en mucho de que se restablezca la emigración de españoles a esta isla.» (Luis Araquistain, «Puerto Rico: el drama y sus personajes», El Sol, Madrid, 27 de noviembre de 1926, pág. 1.)

«Este espíritu de hispanidad sería embarazoso en las Asambleas parlamentarias de la Unión.» (Luis Araquistain, «Puerto Rico: la evolución psicológica», El Sol, Madrid, 3 de diciembre de 1926.)

«Y hoy, como recuerdo de aquella época, como documentos históricos del coloniaje y aun del siglo pasado, en que los nuevos Estados políticos conservan el sello de su hispanidad, encontramos esos retratos de criollas [...] que fueron como fruto divino de los desposorios de España con las Indias colombianas.» (Mínimo Español [Dionisio Pérez], «Grabadores en acero. Mujeres de América», El Sol, Madrid, 4 de diciembre de 1926, pág. 3.)

«Este es un síntoma de la hispanidad de esta Antilla, como lo es la donación que ha hecho un portorriqueño hijo de alemán.» «Y entre todos, españoles e hispanoamericanos, levantarán en Madrid la mejor fábrica de hispanoamericanismo, el mejor templo de hispanidad, el mejor monumento a la cultura española. Obras son amores, que no buenas razones.» (Luis Araquistain, «Puerto Rico: la casa del Centro de Estudios Históricos», El Sol, Madrid, 7 de diciembre de 1926.)

1927 «Así veis esta flor delicada, que lleva el nombre de Eugenia de Guzmán, simbolizando la hispanidad en su traje andaluz, cruzando a caballo la agreste serranía donde había de encontrar Próspero Mérimée a Carmen...» (Mínimo Español [Dionisio Pérez], «Estampas de antaño. Eugenia de Guzmán, condesa de Teba», El Sol, Madrid, 5 de febrero de 1927, pág. 3.)

«Entre las cosas nuevas dignas de ser notadas en Córdoba –resumimos y terminamos nuestras impresiones de la obra escolar de doña Luciana Centeno–, figura la Escuela nacional de la calle Rey Heredia. [...] Es decir, que en este laboratorio del futuro de España, en este crisol establecido en Córdoba para gloria de la ciudad, se han fundido las fronteras del pasado y el presente y se fija el rumbo de una hispanidad perfecta, absoluta.» (E[duardo] García Nielfa, «La circulación de la sangre de España», Diario de Córdoba, nº 27.281, Córdoba, domingo 27 febrero 1927, pág. 1.)

«Habilmente, con simpático sentimiento localista, un periódico barcelonés ha formulado esta pregunta: Aparte Madrid, ¿cuál debiera de ser la capital de España? La contestación se daba hecha en la ciudad de los condes: se optaba desde luego por Barcelona. [...] El auge de Barcelona, ratificaría su hispanidad. De otra parte, su sentido autonómico produciría intensa transformación en España. Y no es necesario advertir que es tanta la cohesión del enlace federal como la del centralista. [...] La vigilante Sevilla, que no en vano posee la sensible antena de la Giralda, se ha apresurado a recoger la pregunta de Barcelona para aducir su derecho a la capitalidad. [...] Insistamos una vez mnás en estas evidentes verdades: Grande es Castilla... por Andalucía. Por ella también España se distingue en el mundo. Si se le devolviese la corona y el cetro, reforzaríase la hispanidad de España, su carácter entero, su modo de ser, su concepción singular del alma y la vida. [...] En tal orden, la división natural de España es esta: Península o Madre Patria y Ultramar. [...] Desde luego, la capital de promisión se encuentra fuera del limitado presente. ¡Quién sabe cuál será, si ellas llegan a reunirse, la futura capital de las Españas...!» (E[duardo] García Nielfa, «La capital de las Españas», Diario de Córdoba, nº 27.305, Córdoba, domingo 27 de marzo de 1927, pág. 1.)

«Pues bien: en estos dos retratos de Sevilla, tan concreta y vehemente está afirmada esa hispanidad, y por añadidura, sevillana, que no pueden ser más que andaluces los rostros de ella, bellísima muchacha, fina y espiritual, y de él, un joven del pueblo sevillano.» (Francisco Alcántara, «La vida artística. La pintura de Maria Elena Ramírez en el Lyceum», El Sol, Madrid, 30 de marzo de 1927, pág. 4.)

«Cuando los pueblos de América se han adherido al ideal latino lo han hecho en la inteligencia de que ese ideal no comprometía en nada el vínculo especialísimo que los une con España, sino, antes bien, venía a confirmarlo y a reiterarlo. La comunidad de cultura latina no puede borrar las diferencias que marcan las distintas familias espirituales. Nosotros no vamos al latinismo como unidades incoherentes o aisladas, sino formando ya un grupo familiar. Entramos en el latinismo por el glorioso pórtico de la hispanidad. En la constelación de los pueblos latinos nosotros debemos conservar nuestra fisonomía y nuestro nombre de América española –«Nueva España»–, nombre que consagra la realidad y la historia, nombre del cual estamos orgullosos, nombre, por último, que tiene la ilustre prosapia de haberlo usado para designar el conjunto de nuestras Patrias, en sus cartas y discursos, el genio de Bolívar.» (Víctor A. Belaúnde, «Nuestra madre España», ABC, Madrid, 8 de julio de 1927.)

«Manifestaciones de don Antonio Jaén. Regresó de Madrid, según tenemos consignado, el catedrático don Antonio Jaén, quien representó a Córdoba en el quinto Congreso de la Prensa Latina. [...] Se celebrará el Congreso inmediato en Bucarest y el siguiente en la Habana. Este último será muy importante, en particular para españoles e iberoamericanos. Estos, en el Congreso celebrado en Madrid, han actuado con brillantez grandísima. Ha sobresalido el señor Belaúnde, delegado del Perú, y ha sido emocionante la actitud de los mejicanos, cuando hablaban de la defensa de su hispanidad ante el empuje de los Estados Unidos.» («Acerca del quinto Congreso de Prensa», Diario de Córdoba, nº 27.393, Córdoba, sábado 9 de julio de 1927, pág. 2.)

«Nosotros no vamos al latinismo como unidades incoherentes o aisladas, sino formando ya un grupo familiar. Entramos en el latinismo por el glorioso pórtico de la hispanidad.» («Hispanoamericanismo y Latinismo», discurso de don Víctor A. Belaúnde, ilustre político y periodista del Perú, con ocasión del Congreso de la Prensa Latina..., El Día, nº 3.733, Alicante, sábado 30 de julio de 1927, pág. 1.)

«Nosotros no vamos al latinismo como unidades incoherentes o aisladas, sino formando ya un grupo familiar. Entramos en el latinismo por el glorioso pórtico de la hispanidad.» («Hispanoamericanismo y latinismo», discurso de don Víctor A. Belaúnde, ilustre político y periodista del Perú, con ocasión del Congreso de la Prensa Latina..., La Tierra, nº 1.884, Huesca, jueves 18 de agosto de 1927, pág. 3.)

«Los periodistas de esta región del Pacífico han deslizado algunos comentarios relacionados con el Congreso de la Prensa latina, que ha actuado en Madrid sin la total cooperación del periodismo peninsular. La resistencia opuesta por quienes han entendido servir así de mejor manera sus sentimientos nacionalistas de hispanidad perfecta ha servido a los colegas de El Diario Ilustrado, de Santiago de Chile, por ejemplo, para hablar sin rodeos y lealmente.» (El Bachiller Alcañices [Felipe Aparicio Sarabia], «Comentarios sudamericanos», ABC, Madrid, 19 de agosto de 1927.)

«La pacificación de Marruecos. El homenaje a los militares de Africa. Fiesta de la Raza. En ningún año como este, desde que fue establecida, pudo alcanzar la Fiesta de la Raza una expresión más satisfactoria, puesto que en este día la Metrópoli Inmortal ofrece al mundo español la alegría del triunfo que ha alcanzado en Marruecos. [...] Nuestra ciudad mostrará seguramente su entusiasmo de especialísimo modo, destacando su hispanidad, la importancia de su significación en la nacionalidad española, por sus antecedentes históricos, por su relación con el Descubrimiento, porque fue sede de la civilización de los musulmanes andaluces, porque aún no se había hecho totalmente cristiana cuando recibió al visionario sublime que, con la Patria toda, había de desdoblarla sobre el Nuevo Mundo, produciéndose las Córdobas y Sénecas que de Norte a Sur lo esmaltan, con inextinguibles destellos de belleza y de cultura. Este sí que es gran día de la Fiesta de la Raza, porque al fin ha ganado España la guerra que desde antes de todo esto, de la formación de la América hispánica, tenía entablada con los moros.» (Diario de Córdoba, nº 27.471, Córdoba, miércoles 12 de octubre de 1927, pág. 1.)

«La celebración de la paz. El homenaje de la ciudad de Córdoba a los militares de Marruecos. [...] Los que ahora regresan dejan afirmado el Protectorado de España en el Norte de Marruecos, tan español también como Andalucía. Córdoba la Sultana ha celebrado espléndidamente la gran fiesta española. La asistencia popular, con el entusiasmo y la alegría de todos, se ha mostrado espléndidamente en todo momento. Se ha vitoreado a España de continuo, se ha gritado ¡viva España! en toda la ciudad. Pero no ha sido esto sólo, sino que sentíase Córdoba hacer realmente vivir a España, con su entusiasmo decidido, con una hispanidad tan terminante y exaltada que llegaba la emoción hasta la raíz del ser. ¡Bien por Córdoba! Una vez más gritemos con ella ¡Viva España!» (Diario de Córdoba, nº 27.472, Córdoba, jueves 13 de octubre de 1927, pág. 1.)

«El gobierno, con acuerdo plausible, ha concedido a la provincia de Córdoba categoría de primera clase [...] Tengamos por seguro que, a partir de las dos Exposiciones que en breve plazo ha de celebrar España, en Sevilla la una y en Barcelona la otra, Andalucía quedará colocada en el mismo plano que Cataluña. Luego, la ascensión de aquella hacia el bienestar no será en ningún caso menos rápida que la de la segunda, por el privilegio de su posición geográfica, en la clave de las comunicaciones de la Península entre dos continentes y dos mares, por sus riquezas naturales, por su clima bonancible, por sus bellezas, por el hechizo de sus monumentos y costumbres, por el carácter hospitalario, simpático y ágil de sus moradores, por su hispanidad exaltada, porque toda España está representada aquí, en la reconquistada Andalucía tanto como en la conquistadora Asturias –la unidad nacional en Granada, el descubrimiento de América en Huelva, la vuelta al mundo en Sevilla, el rescoldo inextinguible de las civilizaciones más fulgurantes en Córdoba–; porque es la región más extensa de la Península, incluyendo Portugal.» («La categoría de la provincia de Córdoba», Diario de Córdoba, Córdoba, viernes 11 noviembre 1927, pág. 1.)

«Ya es hora de dividir el hispanoamericanismo, de diferenciar un hispanoamericanismo que agrupe, o simplemente alíe en espíritu, a los hombres de España y América que tengan una aspiración afín de libertad en todas las manifestaciones de la vida. Necesitamos un hispanoamericanismo liberal, por contraposición a ese otro hispanoamericanismo conservador o indiferenciado que coloca la idea de hispanidad –como en otro orden la idea de nacionalidad– por encima de nuestras imperfecciones y nuestras miserias, llevándole a adular todo lo que pertenece a nuestra raza, aunque sea falso, inepto, feo o injusto. El hispanoamericanismo liberal debe ser criba de valores y también, en las partes enfermas, escalpelo y cauterio. Y a quien le duela, que se ponga árnica de enmienda. Ni los españoles hemos de pretender que los hispanoamericanos reverencien todo lo nuestro, ni ellos han de soñar que los hombres libres de España admiren todo lo suyo. Y por encima de unos y otros están la verdad y la justicia. Sin que esto excluya el afecto, pero subordinado a la inteligencia crítica.» (Luis Araquistain, «Hacia un nuevo hispanoamericanismo», El Sol, Madrid, 13 de diciembre de 1927.)

En noviembre de 1927 Unamuno publica el artículo «Hispanidad» en Buenos Aires

El exilado Miguel de Unamuno, desde Hendaya, «oyendo el son de las campanas de Fuenterrabía», titula «Hispanidad» un artículo que firma el 18 de agosto de 1927 y que aparece publicado en el número 6 de la revista Síntesis (Buenos Aires, noviembre de 1927, páginas 305-310), en el que la Hispanidad es entendida como categoría histórica, civil, que «se vertió allende el océano» y se encontró con la americanidad:

«Digo Hispanidad y no Españolidad para atenerme al viejo concepto histórico-geográfico de Hispania, que abarca toda la Península Ibérica. [...] Digo Hispanidad y no Españolidad para incluir a todos los linajes, a todas las razas espirituales, a las que han hecho el alma terrena –terrosa, sería, acaso, mejor– y a la vez celeste de Hispania, de Hesperia [...]. Y quiero decir con Hispanidad una categoría histórica, por lo tanto espiritual, que ha hecho, en unidad, el alma de un territorio, con sus contrastes y contradicciones interiores. Porque no hay unidad visible si no encierra contraposiciones íntimas, luchas intestinas. La Hispanidad, ansiosa de justicia absoluta, se vertió allende el Océano, en busca de su destino, buscándose a sí misma, y dio con otra alma de tierra, con otro cuerpo que era alma, con la Americanidad.» «Y bien, a fin de cuentas, ¿qué es la Hispanidad? Ah, sí yo la supiera… Aunque no, mejor es que no la sepa, sino que la anhele, y la añore, y la busque, y la presienta, porque es el modo de hacerla en mí. Y aquí, en este rincón de mi terruño nativo, sentado sobre la yerba que me da del Pirineo «la ceniza verde», frente a la mar materna, bajo el cielo del Carro, busco en el hondón de mi raza, en mi corazón milenario, al Dios hispánico que me ha de responder de mi destino.» (Miguel de Unamuno, «Hispanidad», Hendaya, 18 de agosto de 1927.)

«Y nada más. Ya volveremos a vernos. En tanto estrechemos la mano generosa de nuestro Balseiro, de un hermano en civilidad hispánica, en hispanidad civil, de un hermano que sabe que la crítica es estudio de amor y que el estudio de amor es poesía.» (Carta de Miguel de Unamuno a Juan Cristóbal, dirigida a los comensales del banquete en honor de J. A. Balseiro, Hendaya 12 marzo 1928; Epistolario americano: 1890-1936, 1996, págs. 527 y 534.)

«He recibido el número 10 de Síntesis que me envió usted y no otro. De la tal revista no conozco sino dos números, el 1º me lo envió Bóveda, y el décimo. Ni siquiera he visto aquel en que se publicó mi artículo Hispanidad. Dígaselo al señor Noel, así como que recibí el pago de ese artículo.» (Carta de Miguel de Unamuno a Manuel Gálvez, en Buenos Aires, Hendaya 15 abril 1928; Epistolario americano: 1890-1936, 1996, pág. 535.)

Once años después, fallecido Unamuno y sumida España en el tercer año de su guerra civil, el hispanista hispanófilo católico francés Roberto Ricard (1900-1984) –autor en 1933 de La 'conquête spirituelle' du Mexique, por lo que algunos le atribuyen gratuitamente el haber acuñado el concepto «conquista espiritual» aplicado a la Nueva España– tradujo este artículo al francés: «Hispanité» (La Vie Intellectuelle, agosto 1938).

* * *

1928 «Dice que su viaje a América significa que en aquellos periódicos ha cesado el deseo de tener en España solamente indagadores y colaboradores; apetecen ya que lleguen hasta ellos periodistas españoles con su pensamiento español. Hay necesidad de llevar allí una gran sinceridad, sin pasiones políticas, e inspirándose sólo en una hispanidad que comprende la vieja patria peninsular y la América desde el Estrecho de Magallanes a Méjico: esto es el significado de mi viaje.» (Crónica de la intervención de Dionisio Pérez tras el banquete que le ofrecieron al marchar a Cuba para trabajar en El País de La Habana, «Homenaje merecido. Anoche se celebró el banquete de despedida a Dionisio Pérez», El Sol, Madrid, martes 13 de marzo de 1928, pág. 8.)

«El significado de su viaje a América es que en aquellos periódicos ha cesado el deseo de tener en España solamente indagadores y colaboradores; apetecen ya que lleguen hasta ellos periodistas españoles con su pensamiento español. Hay necesidad de llevar allí una gran sinceridad, sin pasiones políticas, e inspirándose sólo en una hispanidad que comprende la vieja patria peninsular y la América desde el Estrecho de Magallanes a Méjico: esto es el significado de mi viaje.» (Crónica de la intervención de Dionisio Pérez tras el banquete que le ofrecieron al marchar a Cuba para trabajar en El País de La Habana, «Homenaje a un gran periodista. Banquete de despedida a Don Dionisio Pérez», La Voz, Madrid, martes 13 de marzo de 1928, pág. 4.)

«Sin que La Esfera pueda ni quiera arrogarse una representación nacional, hagamos de estos homenajes a la Infanta Isabel un suceso que ocupe la atención pública en toda la Nación, y aún que repercuta en el apasionado hispanismo de los núcleos españoles emigrados en América. [...] El 20 de noviembre próximo cumplirá setenta y siete años. Hija mayor de la Reina Isabel II, fue Princesa de Asturias hasta el nacimiento de Alfonso XIII. [...] A estas efemérides pudieran agregarse otras dos: fue madrina en el bautizo de Alfonso XIII, y en 1910 marchó a Buenos Aires, representando a España y representando personalmente al Rey en el centenario glorioso que conmemoraba la Argentina, con tal sugestión de éxito y tal conquistamiento de voluntades y logro de simpatías, que dijérase justamente que fue entonces, y fue por ella, cuando se realizó este milagro histórico a que asistimos de la resurrección de la hispanidad en el corazón de América.» («Homenajes a la infanta Doña Isabel», La Esfera, Madrid, 8 septiembre 1928, nº 766, pág. 6.)

«El mejor propagandista de España en América es el doctor Habib Estéfano, ese árabe de pura sangre, que, con fe apostólica, en un castellano resonante, salpicado del fausto verbal oriental, reparte por las ciudades del Nuevo Mundo, ante públicos que le oyen con devoción, las verdades históricas que fueron adulteradas por los mendaces detractores de nuestra Patria. [...] «A España amar debemos; a España gratitud debemos», ha dicho solemnemente, ante un público representativo de la población de Valparaíso, desarrollando ante él el tema, grato para nosotros, cuya sola enunciación dice lo suficiente: «España, inspiradora de América.» Había ese día en el auditorio verdadera curiosidad por oír a Estéfano. Eran sabidas sus simpatías por nuestro país, pero se deseaba adquirir una noción absoluta acerca de su modo de enjuiciar. Y no salieron defraudados quienes suponían que el insigne orador oriental aprovecharía la ocasión, para infundir en los cerebros doctrinas de digna hispanidad.» (El Bachiller Alcañices [Felipe Aparicio Sarabia], «España ensalzada», ABC, Madrid, 11 de mayo de 1928.)

«El sentimiento de hispanidad de Irigoyen. [...] Esta heredad es la «colonia española»; los núcleos de españoles emigrados, que, como impulsados y espoleados por un designio providencial, continúan la obra de la colonización y mantienen la hispanidad de América, ellos solos, y a veces, aun contra la acción desvariada del Estado español.» (Dionisio Pérez, «El presidente Irigoyen y las colonias hispanas...», Nuevo Mundo, Madrid, 19 de octubre de 1928.)

«La hispanidad gloriosa de José Martí. [...] Fue en el espectáculo de aquella Corte donde Miranda y Bolívar sienten la necesidad de alzarse contra aquel Estado; donde advierten irredimible su tierra natal y desesperanzada de toda justicia, como no se la lograra en la rebelión y en la independencia, esto es, en una nueva hispanidad... [...] Así, no fue ardua tarea convencer a todos de la hispanidad de Bolívar, que proclamé yo en La Esfera y en ABC; hispanidad que el Estado español aceptó y consagró con actos oficiales. [...] Y Martí sigue siendo español, de espíritu español, empapado de hispanidad, como una esponja absorbe el agua. [...] Aceptada por nosotros y proclamada y enaltecida la hispanidad de Martí, no hay suspicacia posible que pueda enturbiar la rectitud del propósito.» (Dionisio Pérez, «La hispanidad gloriosa de José Martí», La Voz, Madrid, 5 de noviembre de 1928.)

1929 «Según leemos en El Diario Español, de Buenos Aires, el escritor español D. Luis Araquistáin, con notoria ligereza, ha publicado en un periódico de la capital argentina una serie de artículos referentes a la situación actual de Méjico, artículos en los que deslizó ciertas afirmaciones en contra de la labor de nuestros compatriotas en la América española, expuestas en términos de generalización, que han movido a aquel diario a exteriorizar su enérgica protesta [...] ...despertar sentimientos fraternales en los corazones de los hispanoamericanos, haciendo posible esa restauración del espíritu de hispanidad en la que reside, para el mundo americano de habla castellana, su mayor fortaleza y el mayor dique contra invasiones extrañas.» (Lober, «Comentarios. Justificada protesta», ABC, Madrid, 25 de enero de 1929.)

«Nada, ciertamente, como aquella tradición de escultura –nada en todo el pasado artístico nacional–, que tan notoriamente se enlace con el cuadro convenido de particularidades pintorescas, que, en el extranjero, y aun por contagio entre nosotros, pasan por compendio, estilo y cifra de las esencias de hispanidad...» (Eugenio d’Ors, «Glosas, Prospecto», ABC, Madrid, 2 de marzo de 1929.)

«Hemos de dedicar asimismo especialísima atención, conforme el espacio nos lo consienta, a la divulgación de la obra, abnegada y constante de nuestros compatriotas en América, a cuyos esfuerzos y patriotismo se deben, a no dudar y en no pequeña parte, el resurgimiento y afianzamiento del espíritu de hispanidad que cada vez más ostensiblemente se advierte en los territorios todos que España descubrió y civilizó en forma que será siempre timbre de gloria para nuestra raza.» («Un año de labor hispanoamericanista», ABC, Madrid, 15 de marzo de 1929.)

Zacarías de Vizcarra y la apropiación católica de la hispanidad

El sacerdote español Zacarías de Vizcarra, que vivió en la Argentina entre 1912 y 1937, pasa frecuentemente por ser el creador de la palabra hispanidad (aunque él mismo se preocupó, en varias ocasiones, de poner las cosas en su sitio: «Origen del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad», El Español, 7 octubre 1944), aunque, sin duda, reclamándose ciertamente descubridor del vocablo: «No he hecho más que descubrirlo, resellarlo con las nuevas acepciones que nos hacían falta y ponerlo en circulación» («La Virgen del Pilar y la Hispanidad», Zaragoza 1946, pág. 84). De lo que no cabe dudar es del superior protagonismo alcanzado por Vizcarra, respecto de Unamuno, por ejemplo, en cuanto «ideólogo» de la hispanidad, y de su influencia directa en «teóricos» como Ramiro de Maeztu, Isidro Gomá, Manuel García Morente o Francisco Gutiérrez Lasanta, en el proceso de construir una idea de la hispanidad no sólo histórico-geográfica, civil, cultural e idiomática, sino también eminentemente católica.

1929 «Hace años que vengo usando en mis escritos la palabra «Hispanidad», siempre que se me presenta ocasión propicia para ello.
Encuentro perfecta analogía entre la palabra «Hispanidad» y otras voces que usamos todos corrientemente: «Humanidad» y «Cristiandad».
Llamamos «Humanidad» al conjunto de todos los hombres del mundo, y denominamos también «humanidad» a la suma de las cualidades propias del hombre. Así decimos que toda la «Humanidad» mira con horror a los que obran sin «humanidad».
De la misma manera llamamos «Cristiandad» al conjunto de todos los pueblos cristianos, y damos también el nombre de «cristiandad» a la suma de las cualidades que debe poseer un cristiano. Por eso decimos que, en la «Cristiandad», hay pueblos que no se distinguen mucho por su «cristiandad».
Esto supuesto, nada más fácil que definir las dos acepciones análogas de la palabra «Hispanidad»: significa, en primer lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico, diseminados por Europa, América, África y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica.» (Zacarías de Vizcarra, «La palabra Hispanidad», La Lectura Dominical, Madrid, 7 diciembre 1929.)

1936 «"Poco feliz y algo impropio", escribió entonces en la revista Criterio el Ilustrísimo Sr. Dr. D. Zacarías de Vizcarra y Arana, "me parece el nombre de Día de la raza", y abogó en distintos artículos por denominarla "Día de la Hispanidad", porque no existe (decía) "unidad de raza fisiológica, no sólo en los pueblos hispánicos de América, Africa y Oceanía, sino tampoco en la misma nación española; aunque también es cierto que la palabra raza se emplea en sentido moral, como cuando Jesucristo llama a los escribas y fariseos raza de víboras, siendo fisiológicamente de la misma raza que el Salvador". [...] Reconocía el doctor Vizcarra que la palabra Hispanidad no se hallaba...» (Valeriano Ruiz Velasco, «El Padre Zacarías de Vizcarra y el ideal de la Hispanidad», Hispanidad, Madrid, 1.º de febrero de 1936.)

1944 «Por las razones que luego indicaré no me satisfacía el nombre de Día de la Raza, que iba adquiriendo cada vez mayor difusión. Era necesario encontrar otro nombre que pudiera reemplazarlo con ventaja. Y no hallé otro mejor que el de «Hispanidad», prescindiendo de su anticuada significación gramatical y remozándola con dos acepciones nuevas, que describía yo así en una revista de Buenos Aires que no tengo a mano ahora en Madrid, pero que encuentro citada en la mencionada revista Hispanidad de Madrid, en el número de 1 de febrero de 1936: "Estoy convencido –decía en ella– de que no existe palabra que pueda sustituir a 'Hispanidad'... para denominar..."» (Zacarías de Vizcarra, «Origen del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad », El Español, Madrid, 7 octubre 1944.)

1946 «En un escrito que publiqué en Buenos Aires el año 1926, titulado «La Hispanidad y su verbo» y ampliamente difundido entre los hispanistas, elevaba a la Real Academia de la Lengua esta modesta súplica: "Si tuviéramos personalidad para ello, pediríamos a la Real Academia que adoptara estas dos acepciones de la palabra "HISPANIDAD" que no figuran en su Diccionario."» (Zacarías de Vizcarra, «La Virgen del Pilar y la Hispanidad», Zaragoza 1946, pág. 86.)

1930 «En la presidencia toman asiento el señor García Morente, subsecretario de Instrucción, en representación del ministro [...]. Finalmente, habla el ministro del Ecuador, D. Ricardo Crespo Ordóñez. Da las gracias a la Universidad por haber reservado a un compatriota de Bolívar las últimas palabras que se pronuncien en el homenaje universitario. Canta las excelencias morales de la figura de Bolívar y alaba la gran hispanidad del caudillo, que amó a la española, guerreó a la española y legisló a la española.» («La Universidad conmemora el centenario de la muerte de Bolívar», ABC, Madrid, 14 de diciembre de 1930.)

1931 «España debe batir ese plan, que lleva consigo el propósito de reducir a cenizas la prosperidad de nuestro pueblo. Y hay que batirlo con estrategia. La más elemental indica que conviene acelerar ese proceso y plantear a Cataluña, en estos minutos de optimismo robusto para el pueblo español, por haber destruido el feudalismo borbónico, el problema de su hispanidad. Derrotar a mano armada sus pretensiones, obligarle a la lucha, provocar, en una palabra, la fase final del plan. Elegir el día y hora de la batalla.» (Ramiro Ledesma Ramos, «España, una e indivisible», La Conquista del Estado, Madrid, 13 de junio de 1931, nº 14, pág. 1.)

Ramiro de Maeztu y la defensa de la hispanidad

Ramiro de Maeztu conoció a Vizcarra en la Argentina, mientras ejerció allí, siendo presidente Hipólito Yrigoyen, como embajador de la España gobernada por el general Miguel Primo de Rivera (presentó sus cartas credenciales ante el gobierno argentino el día 20 de febrero de 1928, y renunció como embajador dos años después, el 19 de febrero de 1930). En enero de 1931 propuso Maeztu llamar Hispanidad a la revista que planeaba junto con Eugenio Vegas Latapie y el Marqués de Quintanar. Pero aunque, ya proclamada la República el 14 de abril, esa revista se acabó llamando Acción Española, se abrió con su artículo «La Hispanidad» (15 diciembre 1931), primero de los que allí fue publicando a lo largo de 1932 y 1933, recopilados luego en su famoso libro Defensa de la Hispanidad (1934):

Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, primera edición, 1934Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, segunda edición, enero 1935Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, tercera edición, 1938

Indice del libro Defensa de la Hispanidad, 2ª ed., enero 1935, última dispuesta por Maeztu:
Número, fecha y título del artículo publicado en Acción Española, del que procede el texto:

PRELUDIO

nº 1, 15 diciembre 1931: «Acción Española.»

 

LA HISPANIDAD Y SU DISPERSIÓN
La separación de América
–La Unidad de la Hispanidad
–Las ideas del siglo XVIII

nº 1, 15 diciembre 1931: «La Hispanidad.»

 

–De la Monarquía católica a la territorial
–La guerra civil en América
–La defensa necesaria
–Las luchas de Hispanoamérica

nº 5, 16 febrero 1932: «La defensa de la Hispanidad.»

 

–Pasado y porvenir

nº 1, 15 diciembre 1931: «La Hispanidad.»

 

EL VALOR DE LA HISPANIDAD
El sentido del hombre en los pueblos hispánicos
–Estoicismo y trascendentalismo
–El humanismo español
–El humanismo moderno
–El humanismo del orgullo

 

–El humanismo materialista
–Nuestro humanismo en las constumbres
–Nuestro humanismo en la historia
–Resumen final

 

Contraste de nuestro ideal
(Libertad, Igualdad, Fraternidad)
–El «eje diamantino»
–La capacidad de conversión
–El «principio del crecimiento»

 

–La igualdad humana
–Fraternidad y hermandad
–La fe y la experiencia

 

La España misionera
–Una obra incomparable
–La acción de los Reyes
–El Concilio de Trento
–Todo un pueblo en misión

 

–Las Misiones guaraníes
–Filipinas y el Oriente
–El fin de las misiones
–La vuelta de las misiones

[ no publicado previamente en Acción Española ]

 

Los españoles de América
–El exito de los aldeanos
–El sistema comanditario
–La actual crisis

 

LA HISPANIDAD EN CRISIS
–Las dos Américas
–El desorientado siglo XIX

nº 17, 16 noviembre 1932: «La Hispanidad en crisis.»

 

–La extranjerización
–El naturalismo

nº 18, 1 diciembre 1932: «La Hispanidad en crisis II.»

 

–Rubén Dario y los talentos
–Entre los yanquis y el soviet

nº 19, 16 diciembre 1932: «La Hispanidad en crisis III.»

 

–Los dioses se van
–La vuelta del pasado

nº 20, 1 enero 1933: «La Hispanidad en crisis IV.»

 

–La historia de España en el extranjero
–La «política indiana»

nº 21, 16 enero 1933: «La Hispanidad en crisis V.»

 

–Contra moros y judíos
–La conquista del Estado

nº 22, 1 febrero 1933: «La Hispanidad en crisis VI.»

 

–Resumen

[ no publicado previamente en Acción Española ]

 

EL SER DE LA HISPANIDAD
–El dilema de ser o valer

nº 27, 16 abril 1933: «El ser de la Hispanidad I.»

 

–La Patria es espíritu

nº 28, 1 mayo 1933: «El ser de la Hispanidad II.»

 

–El deber del patriotismo

nº 29, 16 mayo 1933: «El ser de la Hispanidad III.»

 

–La tradición como escuela

nº 30, 1 junio 1933: «El ser de la Hispanidad IV.»

 

–La busca del no ser

nº 31, 16 junio 1933: «El ser de la Hispanidad V.»

 

–Cuerpo, alma y espíritu

nº 32, 1 julio 1933: «El ser de la Hispanidad VI.»

 

LOS CABALLEROS DE LA HISPANIDAD
Servicio, jerarquía y hermandad
–Las piedras labradas
–La falta de ideal
–Se ama lo que se estima
–Vuelta a nuestra fe
–La misión interrumpida

 

–Un lema de caballeros

 

[ Apología de la Hispanidad, por Isidro Gomá ]

[nº 64, 1 nov 1934, «Apología de la Hispanidad.»]

 

[ en proceso ]

Otros textos relacionados con la hispanidad en el proyecto Filosofía en español

Día de la Hispanidad | Fiesta de la Hispanidad

1932 César González-Ruano, «Goethe ante la Hispanidad» (Acción Española, 1 abril 1932.)

1933 Leopoldo Eulogio Palacios, «Defensa de la Hispanidad, por Ramiro de Maeztu» (Acción Española, 16 mayo 1934.)

1934 «Hispanidad» (El Carbayón, Oviedo, 6 junio 1934.)

1935 Constantino Cabal, «En defensa de la hispanidad, de Maeztu» (El Carbayón, 14 febrero 1935.)

1937 Antonio Vallejo Nágera, Eugenesia de la Hispanidad (Editorial Española, Burgos 1937.)

Federico García Sanchiz, «Triunfo de la Romanidad y demostración de la Hispanidad» (ABC, Sevilla 12 octubre 1937.)

1938 Manuel García Morente, Idea de la Hispanidad (Espasa-Calpe, Buenos Aires 1938)

1939 «La hispanidad triunfa sobre el neo-cristianismo francés» (Región, Oviedo, 12 agosto 1939.)

1941 A. J. Gutiérrez Martín, «La hispanidad en el banquillo» (Signo, 4 enero 1941.)

1944 Zacarías de Vizcarra, «Origen del nombre, concepto y fiesta de la Hispanidad» (El Español, 7 octubre 1944.)

Julio Casares, «La Hispanidad en el Diccionario» (ABC, 16 diciembre 1944.)

1946 Zacarías de Vizcarra, «La Virgen del Pilar y la Hispanidad», Zaragoza 1946.

1947 Rodrigo Fernández Carvajal, «Precisiones sobre la Hispanidad» (Alférez, febrero 1947.)

Julio Ycaza Tigerino, «La Hispanidad en retórica» (Alférez, abril 1947.)

Julio Ycaza Tigerino, «Notas sobre la Hispanidad» (Alférez, octubre-noviembre 1947.)

1948 Oscaldo Lira SS. CC., «¿Hispanidad versus Europa?» (Alférez, octubre 1948.)

1957 «A través de España y utilizando la doctrina de la "Hispanidad", en enlace con el peronismo, Hitler trató de penetrar seriamente en Latinoamérica; el Kremlin intentará una acción semejante en contra principalmente de los Estados Unidos.» (Gorkin, La infiltración comunista en España.)

1959 Lope Mateo, «Vasconcelos y la Hispanidad» (La Vanguardia española, 8 julio 1959.)

1966 José Vila Selma, «Hispanidad» (Enciclopedia de la Cultura Española, tomo 3, pág. 551.)

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